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21.7.24

Dos hermanas se suicidan... hay multitud de estudios que prueban los efectos devastadores de los procesos de desahucios en la salud mental y física de las personas... Bajo el relato canónico que hoy impera en los medios de comunicación, con sus leyes de Amnistía, sus Begoñas Gómez y sus CGPJ, existe una humanidad doliente que gime (y muere) bajo el yugo de una economía de mercado implacable. La pregunta es sencilla: ¿Algún día vamos a decidirnos a ser radicales?

 "El mes de julio se estrenó con la enésima muerte por desahucio. El mismo día 1, dos hermanas residentes en Barcelona acabaron con su vida arrojándose al vacío. Un método expeditivo, que no precisa de ningún otro aditamento o accesorio, y por ello, el más primario, el más cercano a la pura y simple desesperación. Las hermanas se lanzaron al patio interior del edificio donde vivían, en la calle Navas de Tolosa, dejando muy claro los motivos de su decisión: se encontró una nota junto al oficio del juzgado que ordenaba el primer intento de lanzamiento por impago de alquiler, que se iba a ejecutar horas más tarde. Tenían, respectivamente, 64 y 54 años.

Hay dos formas de leer los hechos. Una es la que ofrece el diario El País en su edición del 2 de julio, y que retrata el caso como el resultado casi inevitable de una serie de fatalidades: Tras la muerte de la madre por covid, en febrero de 2021, las hermanas quedaron solas y por estas fechas comenzó el impago de la renta. Los vecinos, por su parte, las describen como personas aisladas, sobre todo la hermana menor, que apenas salía de la casa. Y fuentes municipales relatan que el juzgado requirió al Ayuntamiento un análisis y un informe de vulnerabilidad, pero no fue posible recabarlos porque, pese a que la unidad municipal que media para evitar los lanzamientos (SIPHO) se presentó varias veces en el domicilio, llegando a dejar incluso varios mensajes, nunca se pudo contactar con nadie. El Consistorio alertó al juzgado de que no se había podido realizar el informe, pese a lo cual la intención era asistir al primer intento de desahucio. Pero la guinda es la observación final con que acaba la noticia: “Los especialistas recuerdan que el suicidio no suele tener un único detonante, sino que es el resultado de factores psicológicos, biológicos y sociales que tienen tratamiento”.

Conclusión: Eran raras. Tuvieron su oportunidad, pero no contestaban al teléfono ni al timbre de casa. El Ayuntamiento hizo lo que pudo. Además, un suicidio puede deberse a muchas causas. En definitiva,  no vaya usted a pensar que el implacable sistema económico en que vivimos -el capitalismo-, basado en la propiedad privada y su uso desaforado; en la codicia que no conoce más ley que el propio beneficio, tiene la menor responsabilidad.

Pero esa responsabilidad existe. Es la otra forma de leer los hechos, la radical, por cuanto va a la raíz del problema. Ningún gobierno mínimamente decente permitiría que, en época de hambruna, alguien acaparara alimentos para luego revenderlos al doble o el triple de precio. Pero los gobiernos sí permiten que un bien esencial como la Vivienda -igual de necesario que el alimento- sea objeto de una especulación brutal, arruinando así multitud de vidas: trabajadores en la isla de Ibiza que deben alquilar un balcón o un sofá para poder dormir. Cuarentones y hasta cincuentones convertidos en eternos peterpanes porque tienen que compartir piso como si fueran becarios Erasmus. Personas que no pueden llevar una vida de pareja ni criar hijos, vecinos expulsados de sus barrios. O unas hermanas barcelonesas que prefieren la muerte al desahucio.

Igual que Segundo, vecino del barrio de Sants quien, tras perder su empleo y todo tipo de prestación social, decidió tirarse por la ventana ante  la comitiva judicial que iba a echarlo, el 14 de junio de 2021. O aquel vecino de Puerto del Rosario (Fuerteventura) que, cuatro días más tarde, se ahorcó en la baranda del sótano donde residía, tras ser desahuciado. No olvidamos, no, sus nombres y el motivo de sus muertes, pese a que a que el Instituto Nacional de Estadística (INE) no proporciona datos desagregados sobre las causas de suicidio, por lo que no existen cifras fiables sobre qué porcentaje de ellos puede atribuirse a los desahucios. Aunque sí hay multitud de estudios que prueban los efectos devastadores de los procesos de lanzamiento en la salud mental y física de las personas.

En la misma edición de El País, podía leerse que durante el primer trimestre de 2024, el precio medio del alquiler en Barcelona había marcado un nuevo récord histórico al alcanzar los 1.193 euros al mes, es decir, 59 euros más que el Salario Mínimo Interprofesional (SMI), fijado en 1.134 euros. Bajo el relato canónico que hoy impera en los medios de comunicación, con sus leyes de Amnistía, sus Begoñas Gómez y sus CGPJ, existe una humanidad doliente que gime (y muere) bajo el yugo de una economía de mercado implacable. La pregunta es sencilla: ¿Algún día vamos a decidirnos a ser radicales?"              (Luis Caldeiro, el Triangle, 18/09/24)

11.12.23

Lo de A Coruña, ¿Crimen machista? Demasiado fácil... No es la primera vez que parejas ancianas y enfermas son noticia porque una de las dos personas –en todos los casos que recuerdo había sido el marido- mata a la otra y luego se suicida... El que sea el hombre el que primero mata y luego se suicida no me hace pensar que estemos ante un acto de violencia machista... A veces hay un pacto en la pareja y otras, una desesperación que rebasa todos los límites... Todas deberíamos tener acceso a un método dulce para terminar, y poner fin a la propia vida no debería ser algo tan difícil

 "Este es el notición: no figuraban en las bases de datos municipales de Servizos Sociales ni del Servizo de Axuda no Fogar. Manuel tenía 88 años, y vivía solo con su esposa Encarna de 80, que sufría movilidad reducida, parkinson y alzheimer. Rebuscando en periódicos de Galiza, aparece el testimonio de una vecina “Hai unha semana coincidín con el no autobús a Santiago, e pregunteille por ela, e díxome que estaba moi mal”. También aparece el dato de que el marido, “hace años” había pedido una rampa en el portal para facilitar las salidas de Encarna. Por tanto, la situación de deterioro de ella venía de lejos.

Según la prensa gallega, la nuera acudía al domicilio todos los días, no hay más detalles. El lunes, los encontró sin vida. Él le había dado muerte a ella a cuchilladas y luego se mató de la misma manera. La foto de las autoridades alineadas en la acera en virtuosa repulsa por lo que califican de asesinato machista es repugnante. La concentración feminista en Vigo calificando el suceso de “terrorismo machista” encoge el corazón.

A partir de aquí dejo de referirme al caso concreto, del que conocemos poco. No es la primera vez que parejas ancianas y enfermas son noticia porque una de las dos personas –en todos los casos que recuerdo había sido el marido- mata a la otra y luego se suicida. Estremece la manera de dar muerte o morir, porque en ocasiones se usan métodos (asfixia, acuchillamiento…) que probablemente hayan hecho sufrir a una o a las dos personas. Todas deberíamos tener acceso a un método dulce para terminar, y poner fin a la propia vida no debería ser algo tan difícil.

El que sea el hombre el que primero mata y luego se suicida no me hace pensar que estemos ante un acto de violencia machista. A veces hay un pacto en la pareja y otras, una desesperación que rebasa todos los límites. Alguna vez, hablando entre feministas, se ha argumentado que sí que hay violencia machista en esos casos, porque cuando en una pareja es el hombre quien está más enfermo o dependiente, las mujeres cuidamos hasta el final, no matamos. Creo que es verdad, ellas no lo suelen hacer, al menos no de la manera en la que una termina en los periódicos. Pero que la conducta no sea habitual en las mujeres no me parece argumento suficiente para censurarla por machista, a no ser que estemos ratificando el principio de que hay que cuidar hasta inmolarse.

Lo primero que me sugiere este asunto es que también hay hombres a los que el patriarcado capitalista aplasta al desentenderse del cuidado y atribuirlo a la esfera familiar. La acción de matar y morir a cuchilladas habla de descontrol sobre la propia vida y de una desesperación ante la que no parece oportuno situarse en el mismo lado de la acera que las autoridades. De la misma forma que ya hace tiempo que las feministas hemos conseguido que la violencia de los hombres hacia las mujeres deje de considerarse un asunto privado aunque se produzca dentro de la casa y en familia, la atención a la dependencia en la vejez tampoco debería considerarse un asunto íntimo. No se puede tratar como tal, y a la vista está.

Lo que sí es un asunto íntimo es la libre decisión sobre el momento de la propia muerte, derecho que se niega imponiendo unas creencias religiosas o una ética que no son las de todas. Aunque claro, la prohibición de disponer de la propia vida puede no seguirse cuando la persona a la que ayudar a bien morir tiene los contactos necesarios en la clase médica. Este privilegio sí que es un crimen."                  (Isabel Otxoa, Viento Sur, 05/12/23)

6.9.23

¿Por qué Gran Bretaña está tan deprimida? La anatomía de la melancolía habla de nuestro malestar político actual... el Estado británico está, si no deprimido, consumido por la melancolía. Se intuye la fatalidad en el horizonte, pero el esfuerzo de voluntad necesario para evitarla ya no se ve posible, ni siquiera deseable... La depresión y la ansiedad son ahora las principales causas del desempleo de larga duración, y el suicidio es la causa más común de muerte entre los jóvenes británicos... la causa más obvia es material: la inseguridad inherente al tambaleante modelo económico británico. Los inquilinos sufren depresión al doble que los propietarios de viviendas, mientras que la disminución de los ahorros y el aumento de la deuda se corresponden fuertemente con mayores tasas de angustia mental... El cuerpo político y la salud personal están entrelazados: la disfunción económica británica está deprimiendo a la gente y el deterioro de la salud mental está lastrando la productividad. Pero ¿cómo reformar un sistema de gobierno tan infeliz?

 "Cualquiera que haya padecido una depresión reconocerá los síntomas que se aproximan: un adormecimiento de los sentimientos o punzadas de melancólica nostalgia por una satisfacción perdida que ahora resulta imposible imaginar. Una nube negra de letargo sin afecto vacía la vida de propósito, haciendo imposible cualquier esfuerzo. Este letargo, esta sensación de incapacidad para detener el destino, domina las descripciones de la melancolía anteriores al siglo XX, el antepasado premedicalizado de nuestra depresión moderna.

Como dice el escritor Philip Pullman en su introducción de 2005 a La anatomía de la melancolía, la sonora y digresiva obra maestra de Robert Burton del siglo XVII, "aquellos lectores que tengan alguna experiencia del trastorno de la mente que ahora llamamos depresión sabrán que lo contrario de ese estado calamitoso no es la felicidad, sino la energía".

 Según esta definición, podríamos decir que el Estado británico está, si no deprimido, consumido por la melancolía. Se intuye la fatalidad en el horizonte, pero el esfuerzo de voluntad necesario para evitarla ya no se ve posible, ni siquiera deseable. El Estado británico yace en cama mirando al techo, esperando la muerte. No puede construir casas, no puede construir ferrocarriles; no puede cavar un agujero en el suelo y llenarlo de agua; no puede arreglar las escuelas que se están cayendo. La tarea más sencilla es demasiado difícil y, de todos modos, ¿para qué molestarse? Siempre se encuentran razones por las que cualquier esfuerzo es inútil, por las que la impotencia es una política sensata. No es de extrañar que, como los hijos de un padre deprimido, los jóvenes británicos anhelen ahora huir de la atmósfera opresiva del hogar. Sin embargo, el texto de Burton, reeditado con motivo de su cuarto centenario, nos recuerda que ya hemos estado aquí antes.

Hoy en día, la anatomía se lee con mayor frecuencia como un libro de autoayuda premoderno. Sin embargo, contiene en su interior, rara vez discutida, una lectura astuta de la disfunción política de la nación que sorprendentemente se hace eco del presente. "Los reinos, las provincias y los organismos políticos están sujetos de la misma manera a esta enfermedad", dice Burton, y el cuerpo político exhibe los mismos síntomas de lo que escritores posteriores denominarían "la enfermedad inglesa". Porque donde “veréis muchos descontentos, agravios comunes, quejas, pobreza… ciudades decadentes, pueblos viles y pobres… la gente escuálida, fea, incívica; ese reino, ese país, debe estar necesariamente descontento, melancólico, tiene un cuerpo enfermo y necesita ser reformado”.

 El diagnóstico de Burton es alarmantemente adecuado para la Gran Bretaña moderna. Según las estadísticas de la ONS, alrededor de uno de cada seis adultos británicos sufrió síntomas de depresión de moderados a graves el otoño pasado, mientras que el 17% de los adultos británicos están tomando antidepresivos; pero entre los que tienen entre 16 y 29 años, las tasas de depresión alcanzan el 28%, y entre los menores de 24 años, hasta el 46%. La depresión y la ansiedad son ahora las principales causas del desempleo de larga duración, y el suicidio es la causa más común de muerte entre los jóvenes británicos. Cualesquiera que sean las heridas psíquicas de la posmodernidad o las redes sociales, la causa más obvia es material: la inseguridad inherente al tambaleante modelo económico británico. Los inquilinos sufren depresión al doble que los propietarios de viviendas, mientras que la disminución de los ahorros y el aumento de la deuda se corresponden fuertemente con mayores tasas de angustia mental, y la falta de vivienda va en aumento. El cuerpo político y la salud personal están entrelazados: la disfunción económica británica está deprimiendo a la gente y el deterioro de la salud mental está lastrando la productividad. Pero ¿cómo reformar un sistema de gobierno tan infeliz? Como señaló el historiador William Mueller en su libro olvidado de 1952 sobre Burton como teórico político: “Un estado angustiado y un individuo enfermo, macrocosmos y microcosmos, pueden buscar curas similares”. Burton consideraba la inestabilidad económica de Inglaterra como una de las principales causas de la melancolía de su época, por lo que "el énfasis en la reforma económica recorre toda la Utopía de Burton, subrayando su afirmación de que un antídoto eficaz contra la melancolía de Inglaterra reside en el avance económico".

 Mueller sitúa a Burton en un contexto social no tan diferente del nuestro, donde, como él dice, la sustitución del régimen económico estable del orden agrícola por el nacimiento del capitalismo moderno condujo a un empleo inestable en los mercados laborales industriales y comerciales que fluctuaban con condiciones mundiales: las disputas internacionales privarían a la industria inglesa de sus mercados extranjeros, mientras que una afluencia de capital extranjero, con una distribución interna tremendamente desigual, “causó una inflación de los valores de la tierra, las rentas y las mercancías, que afectó no sólo a los desempleados sino también a los empleados”. , cuyos salarios no aumentaron proporcionalmente a los precios”.

 Como un yimby del siglo XVII, al comparar las ciudades prósperas y ordenadas del continente cercano con nuestros propios páramos urbanos, Burton contrastó “aquellas provincias ricas y unidas de Holanda, Zelanda, etc., frente a nosotros; esas ciudades limpias y pueblos populosos” con “nuestras ciudades delgadas, y esas viles, pobres y feas de contemplar con respecto a las suyas, nuestros comercios decayeron”, nuestro “uso beneficioso del transporte, totalmente descuidado”. Burton, un defensor de la nivelación de su época, deploró que “entre nuestras ciudades, sólo hay Londres que tiene la cara de una ciudad... y, sin embargo, en mi juicio limitado, defectuosa en muchas cosas. El resto (con excepción de unos pocos) están en una situación miserable, ruinosa en su mayor parte, pobres y llenos de mendigos, a causa de sus oficios decadentes, el abandono o la mala política, la ociosidad de sus habitantes.” Como ocurre hoy en cualquier ciudad de provincias, o incluso en la deprimente principal vía comercial de Londres, la melancolía de la nación estaba escrita en la sombría vista de sus calles.

 ¿Por qué Inglaterra sufrió este triste letargo? Fundamentalmente, la cuestión era la de “un mal gobierno, que procede de magistrados poco hábiles, perezosos, quejosos, codiciosos, injustos, imprudentes o tiranizantes... incapaces o no aptos para administrar tales cargos”: un sentimiento moderno inmediatamente reconocible en el siglo XVII. prosa. Al igual que los intentos de reforma modernos, desde Thatcher hasta Truss, sus fallidos intentos de curar la enfermedad sólo la habían empeorado, de modo que “el Estado era como un cuerpo enfermo que últimamente había tomado medicina... y se había debilitado tanto mediante la purga, que nada quedó, sólo la melancolía”.

 Pero el triste estado de Inglaterra se debió a algo más que a políticos ineptos. Burton, un melancólico que escribía tanto para curar como para revolcarse en su propia infelicidad, estaba cansado de lo que hoy llamaríamos "el discurso", la "vasta confusión de... nuevas paradojas, opiniones, cismas, herejías, controversias en filosofía, religión y ”, lo que distrajo la atención del buen gobierno. Como señalan los historiadores de la melancolía, el medio calvinista en el que Burton escribió era una “sociedad sospechosa e inquisitorial, constantemente alerta para espiar los pecados de los demás y suprimir todas las desviaciones del verdadero camino”; sin duda, el lector moderno sentirá empatía. .

 Defensor de "pocas leyes, pero las que se cumplen con severidad", Burton condenó la acumulación de intrigas legalistas y abogados autopromocionados que, entonces como ahora, obstaculizaron un gobierno ejecutivo fuerte :" harán más trabajo para ellos mismos y para ese cuerpo político enfermo, que de otra manera era sólido". En cambio, como observa Mueller, " políticamente, tendría un estado altamente centralizado gobernado por un monarca sabio y amable, una especie de rey filósofo."Socialmente, Burton propuso un proto-estado de bienestar para los pobres que lo merecen, y trabajo forzado para los ociosos voluntariamente. Burton propuso prohibir las costosas guerras ofensivas, manteniendo una armada y un ejército fuertes para la defensa nacional.

Económicamente, Burton era un mercantilista, que creía que la ruta hacia la prosperidad inglesa, y por lo tanto la felicidad, estaba en una balanza comercial favorable con una economía de exportación fuerte y un empleo seguro y bien remunerado para los trabajadores ingleses. "La industria es una piedra de carga para dibujar todas las cosas buenas; solo eso hace que los países florezcan, las ciudades sean pobladas, y hará cumplir, en razón de mucho estiércol, que necesariamente sigue, un suelo estéril para ser fértil y bueno, como ovejas: reparar un mal pasto."El ascenso de China, y la contra tendencia reactiva de pánico hacia la política industrial en casi todas partes en Occidente, pero en Gran Bretaña apática, hace que esta posición, hasta hace poco considerada curiosamente arcaica, parezca sorprendentemente relevante.

 Dividido entre el afecto por el orden social perdido y estable del feudalismo y el deseo de crecimiento económico y prosperidad derivados de una industria bien planificada y ciudades en rápida expansión, es posible leer a Burton como el antecedente de las tendencias políticas modernas, una especie de postliberal antes de que se inventara el liberalismo. Esta interpretación de Burton, como teórico político y económico disidente con lecciones para hoy, no es tan quijotesca como puede parecer a primera vista. Los historiadores modernos de la melancolía y la depresión han colocado durante mucho tiempo ambas condiciones infelices en un contexto político y económico, en particular el sociólogo alemán Wolf Lepenies, quien, como observa la filósofa Jennifer Radden, argumenta que "la melancolía, o al menos una nostalgia y aburrimiento enervantes, ha sido el destino de clases enteras de personas inactivas por arreglos sociales, políticos y económicos".

 Para el historiador Matthew Bell, la melancolía—" la ausencia espectral de políticas significativas "- encuentra expresión en el fenómeno del" retraimiento "cuyos seguidores" no son rebeldes; no intentan perturbar o deshacer la sociedad. Tampoco son forasteros que se establecen más allá de las normas sociales. Los retratistas se retiran de la sociedad mientras permanecen dentro de ella. Forman una oposición silenciosa y desconectada."Tal posición seguramente describe el punto de vista de los votantes británicos, hostiles a las disfunciones del sistema de Westminster, mientras que cada vez está más seguro de que es tan resistente a la reforma que no tiene sentido votar. ¿Por qué, dice la seductora voz interior de melancolía, molestarse? Freud atribuyó al depresivo "un ojo más agudo para la verdad", y ¿qué votante británico de hoy, examinando las opciones que le permitía Westminster, no se sentiría melancólico?

 Sin embargo, no tiene por qué ser así. "Nuestra tierra es fértil, no podemos negarlo, llena de todas las cosas buenas, y ¿por qué no abunda en ciudades, así como en Italia, Francia, Alemania, los países Bajos?"pregunta Burton. "Porque su política ha sido de otra manera, y nosotros no somos tan ahorrativos, circunspectos, industriosos; la ociosidad es el malus Genius [genio malvado] de nuestra nación."Su consejo final de sacudirse el enervante agarre de la melancolía, de "no estar ocioso" se ha hecho famoso como un axioma de autoayuda, pero también es una doctrina política. No fue bueno para el propio Burton, ni para la Inglaterra de su época: murió, tal vez por su propia mano, en 1640, dos años antes de que la nación se sumergiera en la guerra civil, pero tal vez aún no sea demasiado tarde para Gran Bretaña. La fatalidad aún puede ser evitada, el letargo derrotado, si solo se hace el esfuerzo finalmente. Los lazos de la disfunción todavía pueden, tal vez, sacudirse a través de un esfuerzo vigoroso y reformista.

 Tal vez sea difícil, al ver el carrusel giratorio de nulidades que regresan al parlamento esta semana, creer que la nube alguna vez se levantará, pero aún no es demasiado tarde, nos recuerda Burton: porque " La esperanza refresca, tanto como la miseria deprime; los comienzos difíciles tienen muchas veces eventos prósperos, y eso puede suceder al final, lo que nunca fue todavía.”                  ( , UnHerd, 04/09/23; traducción Yandex) 

30.8.23

Estados Unidos bate un nuevo récord en suicidios... Explicar estos actos desesperados pasa por el entorno, un tejido socio-político en pleno proceso de desmoronamiento tan sui generis que no tiene parangón en otros puntos del llamado mundo desarrollado... Falta de prestaciones sociales, sanidad orientada al lucro y no al bienestar ciudadano, trabajos no acompañados por derechos laborales, políticos comprados, armas por doquier… Todo ello moldea un paisaje que, sin necesidad de que caigan bombas, por momentos remite a indicadores de guerra, la conflagración desatada por unas élites que decidieron hace no tantos años dejar caer al resto

 "Cada uno de nosotros hubiera podido suicidarse, a unos se lo podíamos leer siempre antes con claridad en el rostro, a otros no, pero rara vez nos equivocábamos”. Extraigo esta cita del primer tomo de los Relatos autobiográficos (Anagrama, 2023) del escritor austríaco Thomas Bernard, El origen. Aquí narra con una dureza excepcional su infancia en un internado de Salzburgo en mitad de la II Guerra Mundial, época tenebrosa, marcada por nazismo, donde la muerte por voluntad propia se volvió tan prevalente que casi constituye en sí misma un personaje.

Bernhard anunciaba contundente: “el suicida no es culpable de nada, la culpa es de su entorno”, indicando que las circunstancias adversas desgarraban a las personas hasta el punto de conducirlas a no querer vivir más. La belleza áspera de su prosa transmite un hecho que pocos negarían: la autolisis no debería considerarse un arrebato aislado; siempre hay factores externos que arrastran al individuo al abismo, y la lid aglutina muchos de ellos.

Ahora quiero viajar en el tiempo y el espacio hasta situarme en los Estados Unidos de América actuales, un país que cuenta con la tasa de suicidios más alta de su historia desde, precisamente, los primeros años de la II Guerra Mundial. Así lo han confirmado los datos provisionales del Centro de Prevención y Control de Enfermedades (CDC): 2022 fue el año más deletéreo en cuanto a quitarse la vida se refiere de las últimas ocho décadas: 49.449 personas fenecieron por esta causa, 14,9 por cada 100.000 habitantes, superando el anterior récord reciente de 2018: 14,2, unas cifras que se pueden considerar alarmantes para tratarse de tiempos de paz. Explicar estos actos desesperados pasa, como decía Bernhard, por el entorno, un tejido socio-político en pleno proceso de desmoronamiento tan sui generis que no tiene parangón en otros puntos del llamado mundo desarrollado.

 Una gran mayoría de expertos coinciden en señalar la ubicuidad de las armas, cuya venta aumentó sustancialmente durante la pandemia, como factor de peso. Más de la mitad de los suicidios en 2022 fueron por armas de fuego, tendencia que se ha repetido en años anteriores. Según un estudio de la Universidad de Johns Hopkins, realizado con los mismos datos del CDC (provisionales hasta final de año, pero considerados bastante exactos por la comunidad científica), casi 27.000 de esas muertes las desataron las balas, superando a las más de 19.500 clasificadas como homicidios.

El crimen (los asesinatos) no ha parado de crecer, de manera generalizada, en los últimos tiempos, pero el daño autoinfligido lo sobrepasa, y además, por primera vez, el suicidio con arma de fuego afectó a más niños y adolescentes negros que blancos, siendo estos últimos más numerosos en población. Que la disponibilidad de armas incrementa los fallecimientos por autolisis, debido a su letalidad, parece casi una obviedad. Aun así, un grupo de investigadores de la Universidad de Stanford dedicó 12 años a examinar dicha relación en una población de 26 millones de habitantes. Sus esfuerzos arrojaron las siguientes conclusiones: la posesión de armas en hombres incrementa la probabilidad de suicidio ocho veces; en mujeres, el número es 35.

Muertes por desesperación

Existe otro problema de fondo, estrechamente vinculado al anterior: la esperanza de vida en EE.UU. no ha parado de caer en los últimos años, nos dice el Council on Foreign Relations, y actualmente es de 77 años, entre las más bajas de los países ricos (la de España se sitúa en 82,4 años, cercana a la de Francia, Suecia, Italia o Irlanda, mientras que la nación norteamericana se asemejaría a Eslovaquia -77 años- o a Colombia -76,7-). Esta tendencia, preocupante desde antes de la pandemia, despertó la curiosidad del Premio Nobel e investigador Angus Deaton y la también investigadora Anne Case, que desgranaron los motivos en el libro Deaths of Despair (2020) o Muertes por desesperación: aquéllas resultantes del suicidio, la sobredosis y el alcoholismo, devastación contra uno mismo que rebasa el margen causal del gatillo y exige una indagación más profunda.

 En una de sus conferencias, Deaton matizó el contenido del volumen para responsabilizar directamente a las políticas neoliberales surgidas de la Escuela de Chicago por estas vidas perdidas. Específicamente, el Nobel culpó al conglomerado sanitario, cuyos lobbies controlan en buena medida lo que se aprueba en Congreso; “un sistema [que] hace un uso excesivo de procedimientos que son mejores en optimar los beneficios económicos que la salud”.

La crisis de los opiáceos, causante de más de 100.000 muertes anuales, constituiría un ejemplo claro: creada artificialmente por la codicia de las farmacéuticas –concretamente Purdue Pharma, a la que Deaton señala–, logró producir millones de pacientes adictos que, privados más tarde de las recetas médicas, se lanzaron al mercado negro en busca de estupefacientes.

A la nefasta gestión sanitaria, privatizada, excesivamente cara tanto para las arcas públicas como para los clientes, se suma un mercado de trabajo desigual que no ofrece seguro médico a los empleados con menos formación, o directamente los condena al ostracismo al externalizar puestos o automatizarlos: “contemplamos este desastre de mercado laboral como una de las fuerzas más poderosas que amplifican las muertes por desesperación entre la clase trabajadora estadounidense” –aseguró Deaton.

 Falta de prestaciones sociales, sanidad orientada al lucro y no al bienestar ciudadano, trabajos no acompañados por derechos laborales, políticos comprados, armas por doquier… Todo ello moldea un paisaje que, sin necesidad de que caigan bombas, por momentos remite a indicadores de guerra, la conflagración desatada por unas élites que decidieron hace no tantos años dejar caer al resto."                     (Azahara Palomeque , La Marea, 28/08/23)

31.3.23

¿Cuál es la otra pandemia que nos está matando? Cerca de mil millones de personas sufren de depresión, bipolaridad, ansiedad, miedo, aislamiento, demencia, consumo de estupefacientes y alcohol, esquizofrenia y desórdenes alimenticios... La depresión, por ejemplo, es la principal causa de discapacidad. Y el suicidio ocupa el cuarto lugar en la lista de las causas de muerte de personas entre los 15 y los 29 años... el 14,3% de las muertes que ocurren en el mundo cada año, ocho millones de personas, son atribuibles a desórdenes mentales

 "Los gobiernos del mundo le están dedicando gran atención e ingentes recursos a contener la covid y sus mutaciones. Afortunadamente, están teniendo éxito. Pero, lamentablemente, están descuidando otra pandemia que lleva tiempo cobrándose millones de vidas cada año y discapacitando a millares de personas: las enfermedades mentales.

Las pandemias se caracterizan por esparcirse rápidamente y atacar a un gran número de habitantes. Este es el caso de los problemas de salud mental.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) cerca de mil millones de personas sufren de depresión, bipolaridad, ansiedad, miedo, aislamiento, demencia, consumo de estupefacientes y alcohol, esquizofrenia y desórdenes alimenticios (anorexia y bulimia) entre otros problemas. 14,3% de las muertes que ocurren en el mundo cada año, aproximadamente ocho millones de personas, son atribuibles a desórdenes mentales.

 La depresión, por ejemplo, es la principal causa de discapacidad. Y el suicidio ocupa el cuarto lugar en la lista de las causas de muerte de personas entre los 15 y los 29 años. Según el Project Hope (Proyecto Esperanza), una ONG que se especializa en estos temas, en el mundo se suicida una persona cada 40 segundos. Los hombres se suicidan al doble de la frecuencia con la que se quitan la vida las mujeres. A su vez, la depresión en las mujeres duplica la frecuencia con la que se deprimen los hombres. Si bien el suicidio es una realidad global, su mayor incidencia es en países de menores ingresos. En 2019, por ejemplo, el 77% de los suicidios en el mundo ocurrieron en países con ingresos bajos o medianos.

La covid produjo un aumento de un 25% en el número de personas que sufren ansiedad y depresión. Pero la crisis en la salud mental era ya una realidad preexistente. Jonathan Haidt, un prestigioso psicólogo social, mantiene que el aumento de las enfermedades mentales en adolescentes en Estados Unidos comenzó en 2012. Según él, “esta crisis está relacionada en gran medida con la transición hacia una infancia y adolescencia basadas en teléfonos y, con especial énfasis, en redes sociales”.

La evidencia de la crisis en EE UU es abrumadora. Entre 2004 y 2020 los adolescentes de ese país que sufren de una depresión mayor aumentaron un 145% entre las niñas y un 161% entre los niños. Desde el 2010, los estudiantes universitarios que sufren de ansiedad aumentaron un 134% y los que tienen trastornos bipolares un 57%. Entre 2010 y 2020 los suicidios de niñas adolescentes aumentaron un 82%. El Centro para el Control de Enfermedades (CDC) de EE UU reportó que entre 2011 y 2021 el número de mujeres jóvenes que se sienten persistentemente desesperanzadas y tristes aumentó un 60%. Cerca del 15% de las adolescentes entrevistadas por el CDC revelaron haber sido forzadas a tener relaciones sexuales, un aumento del 27% en dos años. La Academia Estadounidense de Pediatría, la Asociación de Hospitales de Niños y otras instituciones médicas de EE UU han declarado un “estado de emergencia nacional” con respecto a la salud mental de los niños.

Por otro lado, el mal uso y el abuso enfermizo de las tecnologías digitales no son hábitos exclusivos de los jóvenes. Hombres y mujeres de mediana edad y ancianos también evidencian el impacto negativo de las redes sociales en sus vidas cuando estas tecnologías son usadas de manera abusiva o tóxica.

 Esta es una crisis mundial. Las estadísticas y estudios en otros países muestran las mismas tendencias generales. El Estado Mental del Mundo es un reporte del 2022 basado en encuestas a más de 220.000 personas en 34 países. El estudio muestra un deterioro en la salud mental de todos los grupos etarios y de género. También encontró que los países de habla inglesa tienen los menores niveles de bienestar mental y que, en términos de edad, el grupo de 18 a 24 años sufre la peor salud mental de entre todos los demás grupos encuestados.

Lamentablemente, la escasez de psiquiatras, psicólogos y otros profesionales de la salud mental es la norma mundial. Según Project Hope, dos tercios de quienes necesitan ayuda no la reciben, aunque existen tratamientos eficaces para tratar su dolencia. Muchos países de menores ingresos cuentan con menos de un especialista en salud mental por cada 100.000 habitantes.

Factores culturales e institucionales dificultan la atención al paciente. En muchos países y culturas tener problemas de salud mental es una vergüenza que es mejor esconder. Sufrir de problemas de salud mental puede hacer que se pierda el trabajo, la pareja o las amistades. Desde el punto de vista institucional está la dificultad de acceder al seguro de salud, especialmente cuando es privado y, para muchos, prohibitivamente costoso.

Afortunadamente, las cosas están cambiando. La inteligencia artificial y el tratamiento remoto vía internet permitirá el acceso al sistema de salud a pacientes que ahora no lo tienen. Hay prometedores avances en medicinas y tratamientos. En muchos países la vergüenza está siendo reemplazada por el activismo que busca darles visibilidad y recursos a estos problemas. Ningún problema puede ser resuelto si antes no ha sido reconocido, estudiado y debatido. La salud mental es una crisis pandémica que requiere de más visibilidad y debate"                  (Moisés Naím , El País, 19/02/23)

28.1.23

Radiografía del suicidio en España: es la primera causa de muerte extrema en España... once personas al día... un dato que aumenta cada año y donde tres de cada cuatro son hombres

 "Si hace una década los accidentes de tráfico eran la primera causa de muerte extrema en España, desde hace unos años el primer puesto lo ocupan los suicidios. Más de la mitad de las provincias presentan datos superiores a la media mundial de la Organización Mundial de la Salud (OMS), aunque el promedio nacional se mantiene unas décimas por debajo.

Un informe titulado Evolución del suicidio en España en este milenio (2000-2021) revela datos preocupantes en muchos puntos del país, ya que además la media nacional lleva desde 2018 en constante aumento. 4.003 personas se quitaron la vida en España durante 2021, once personas al día.

Si la media mundial, según la OMS, es de nueve suicidios al año por cada 100.000 habitantes, el dato nacional está establecido en 8,45, aunque hay regiones que superan con creces los diez puntos. En 2018 la media nacional era de 7,57, casi un punto menos.

En este aumento se identifica, además, un disparado incremento en algunas provincias de España. Las subidas más significativas se dieron en Melilla (29,1%), Lleida (26,1%), Palencia (22,5%), Zamora (22,5%) y Navarra (16,8%). 

Hay provincias con datos muy altos respecto a la media mundial. Lugo (15,6), Zamora (14,2) y Jaén (13,1) presentan los promedios más altos de España, que tiene 26 provincias por encima de esos nueve suicidios por cada 100.000 habitantes.

Además, al analizar los datos en clave de género, se identifica que tres de cada cuatro personas que se suicidaron fueron hombres (2.982); la mitad (2.016) de los fallecidos tenía entre 40-64 años, franja con la que además la pandemia se cebó más, ya que el crecimiento de los suicidios en estas edades ha sido del 7,7%. El incremento anual en hombres ha sido del 3,7% entre 2019 y 2021, y un 5,3% entre las mujeres.

Respecto a las demás franjas etarias, un 31% de los fallecidos tenía 65 años o más, un 13.8% tenía entre 25 y 39 años y un 5% entre 10 y 24 años. El estudio no identifica ningún caso de suicidio en menores de 10 años durante el último curso. El estudio identifica un crecimiento de casi el 25% en mortalidad por suicidio en personas migrantes, números que convierten a este grupo en el más afectado por la pandemia de la covid-19.

Las tasas más altas de suicidio por comunidades autónomas se dieron en Galicia, en Asturias, Castilla y León, Aragón, Catalunya y Andalucía. El mes del año donde se acentúan más los suicidios es en julio. Durante ese mes de 2021 fallecieron más de 400 personas.  

En este sentido, un 32% de las personas fallecidas vivían en capitales de provincia. Casi un cuarto de los fallecidos vivía en zonas rurales —municipios de menos de 10.000 habitantes— o municipios urbanos de entre 10.001-50.000 habitantes (24,6% y 24,7%, respectivamente). El resto vivía en ciudades
grandes."      
          (Jose Carmona, Público, 27/01/23)

18.7.22

Cartas de suicidio ante los desahucios... Esta es de Luisa (nombre ficticio), una arquitecta pacense en paro que tuvo que afrontar la muerte de su marido por leucemia y una hipoteca que no pudo pagar. El estrés por los impagos le provocó diferentes problemas psiquiátricos que nunca antes había sufrido. Los servicios sociales le quitaron la custodia de sus dos niños de 7 y 12 años un mes antes del desahucio. Dejó un sobre con 1800 euros para los críos y esta carta de despedida para su mejor amiga que escribió 4 días antes del desalojo. Después se ahorcó en la cocina... en España, el terrorismo financiero ha provocado 13.300 suicidios desde 2008 hasta 2015

 "La PAH dio a conocer algunas cartas de suicidio en 2016. Esta es de Luisa (nombre ficticio), una arquitecta pacense en paro que tuvo que afrontar la muerte de su marido por leucemia y una hipoteca que no pudo pagar. El estrés por los impagos le provocó diferentes problemas psiquiátricos que nunca antes había sufrido. Los servicios sociales le quitaron la custodia de sus dos niños de 7 y 12 años un mes antes del desahucio. 

Dejó un sobre con 1800 euros para los críos y esta carta de despedida para su mejor amiga que escribió 4 días antes del desalojo. Después se ahorcó en la cocina. Tras su prosa desordenada, uno puede descubrir una poderosa y desesperada verdad: somos seres que teníamos todo para construir un mundo en el que ser felices y preferimos construir un mundo en el que competir.

 “Nos recuerdo en la playa hace 4 años. Tan felices, tan ajenos a todo. Mamen, no entiendo nada de lo que ha pasado estos 4 años. Todo se ha derrumbado en tan poco tiempo…

No puedo más. Sabéis que he hecho todo lo que he podido. Pero este mundo se me ha hecho muy extraño. Llevo un año en el infierno, con un nudo en la garganta que me recuerda cada día mi fracaso. Como persona, como arquitecta, como madre. No soy capaz de levantar cabeza. Incluso me da ya igual que todo sea tan injusto y tan aleatorio. Eso lo hace todo más incomprensible, más doloroso, eso lo hace todo peor.

Estoy muy cansada de seguir. Ya no siento nada positivo. Solo quiero irme y dejar de sufrir esta angustia. No duermo, no como, no soy persona. No puedo ayudar a mis hijos. No puedo darles amor y con eso si que no puedo vivir. Solo quiero irme a ese sitio en el que éramos felices y ya sé que nunca podré volver a él. Digo tonterías, perdóname, Pero lo que voy a hacer ahora no es ninguna tontería. Sé que nunca lo entenderéis, la única forma en que podrías entenderlo sería sintiendo todo lo que llevo dentro ahora. Si pudieseis sentirlo, os juro que todos tomaríais la misma decisión.”

Cada cinco horas se produce un desahucio en España.

Un estudio de la Universidad de Granada revela que el 88% de los desahuciados presentan ansiedad y nueve de cada diez sufren depresión. El Salto Diario revelaba que el crack financiero de finales de la década pasada produjo un aumento de suicidios del 8% entre 2005 y 2010, casi todos relacionados con los desahucios. Ese 8% se tornó en 17% en los siguientes cinco años. Después, se dejaron de tomar datos. Los sucesivos gobiernos no se sienten cómodos con los estudios de una problemática gravísima en el país que lidera mundialmente el consumo de antidepresivos y ansiolíticos.

Pero la PAH ha seguido investigando, caso por caso, e imputa al denominado terrorismo financiero más de 13.300 suicidios desde 2008 hasta 2015. Esta dura cifra representa algo menos del cincuenta por ciento de todos los que hay en el país. Lo que significa que la mala situación económica de los afectados o de sus familias es, en casi la mitad de las ocasiones, el origen de tan dramática decisión.

Es imposible negar la relación entre las consecuencias del capitalismo y la inmolación personal.

Los bancos han tenido un papel esencial en todo esto. No han activado fórmulas de ayuda social de ningún tipo para ayudar a personas que, no lo olvidemos, no dejan de ser clientes que, hasta donde pudieron, cumplieron con unas condiciones que, en España, son especialmente draconianas. Entidades a las que todos salvamos el culo en los peores momentos de las dos crisis, ejercen su sociopatía monstruosa, ayudados por una ley que siempre se pone de su lado. Una ley que no tiene en cuenta que, detrás de cada caso hay vidas, hay niños, hay muchísimo dolor y hay botones que al ser pulsados pueden convertirse en trágicas muertes. Es una forma de terrorismo. Sin duda lo es. Un terrorismo que solo cada trimestre, en este país, mata el equivalente a 40 años de ETA.

Un terrorismo que poco importa a los políticos. VOX y PP ya han votado en contra de las ayudas a la prevención del suicidio y a todo tipo de medidas contra los desahucios. Este terrorismo no da votos y eliminarlo, sería morder la mano que te da de comer o, lo que es peor, atacar a tu deudor.
Vivimos en un sistema malvado, creado y sostenido por gente malvada. Un caldo de cultivo de pura sociopatía, que nos hace crear barreras para evadirnos en nuestros cómodos mundos, pensando que ninguna de esas desgracias podría ocurrirnos a nosotros, tildando de irresponsables a los que se metieron en esas hipotecas.

“Nos recuerdo en la playa hace 4 años. Tan felices, tan ajenos a todo”. No hay más que bucear un poco en la realidad, para descubrir que nuestra alegría se asienta sobre cimientos muy frágiles y que, a veces, un pequeño error o una casualidad, puede transformar nuestro porvenir en un drama. Votamos y actuamos con la finalidad de mantener esa playa, con el objetivo de no tener que salir de ella. Ojalá todos quisiéramos hacer esa playa cada vez más y más grande, para que nunca nadie, tuviese que abandonarla."          

 "Dani Méndez 20 de mayo a la 1:27 Publicado en facebook de PAH MADRID , ATTAC España, 03/06/22)

3.6.22

El suicidio de Alberto tras su desahucio de un piso protegido: “Ha sido él, pero podría haber sido cualquiera del barrio” El hombre que se quitó la vida se quedó sin vivienda tras fallecer su madre, que era la titular del contrato de alquiler. El miedo a una expulsión por esta causa es frecuente en Bon Pastor, el barrio de Barcelona con más vivienda de protección oficial

 "Las calles del barrio del Bon Pastor de Barcelona están llenas de corrillos de vecinos y vecinas que se congregan a comentar el suceso. Este lunes Alberto se tiró del balcón, de espaldas y profiriendo un grito, justo después de que los operarios municipales acabaran de cambiar las cerraduras de su casa, finiquitando la ejecución de su desahucio. Vivía en un piso de protección oficial propiedad del Ayuntamiento de Barcelona y sobre él pesaban años de amenazas de expulsión después que su madre, titular del contrato, muriera en 2018. 

 Tenía 63 años y llevaba varios en paro. El retorno al mundo laboral se le complicaba debido a su edad, así que apenas tenía más ingresos que los provenientes de un subsidio. Por ello, no podía hacer frente al alquiler –de 94 euros al mes– y a las facturas. Cuando el Ayuntamiento se percató de los impagos, entró en contacto con Alberto para ofrecerle una alternativa habitacional porque, al no ser él el titular del contrato –acuerdo vitalicio a nombre de su madre–, no podía permanecer en la que era su casa.

 En ese momento empezó un periplo que duraría cuatro años, durante los cuales el consistorio instó a Alberto a acceder a Servicios Sociales para encontrarle una solución habitacional, apoyo al que que no se acogió. “Al final, le propusieron irse a un albergue. Eso no es vida y es normal que no quisiera lo que le ofrecían”, dicen vecinos del barrio.

Desde el consistorio apuntan que la opción inicial es regularizar a la persona en su propia vivienda, pero como Alberto jamás aceptó la ayuda de Servicios Sociales, “no pudimos establecer una relación para evaluar su situación personal ni económica”, apunta. Así que, finalmente, el Ayuntamiento interpuso a principios de 2020 una demanda contra Alberto y el Tribunal aceptó ejecutar su desahucio, que se acabó produciendo el lunes, con el peor desenlace posible.

Vivía en el número 23 de la calle Sèquia Madriguera, donde se hallan unos grandes edificios de protección oficial. Desde sus ventanas asoman vecinos que comentan los hechos del día anterior, formando conversaciones cruzadas sobre el balcón del cuarto piso, desde el que se precipitó Alberto, y en el que sólo queda un viejo tendedero y la silla que usó para saltar.

En el portal, junto al lugar en el que cayó su cuerpo, se reúnen diversos vecinos del bloque que no quieren hablar con medios. Aun así, antes de irse, concluyen: “No era conflictivo. Para nada. Era un hombre encantador”. Hacen referencia a las acusaciones vertidas sobre Alberto por parte del Ayuntamiento, que ha señalado que el administrador de la finca comunicó que en el piso de la víctima había “ruidos, peleas y entradas y salidas recurrentes de personas”. Pero todos los vecinos con los que ha hablado este medio coinciden en que Alberto “no era de los que arman jaleo”.

Así lo afirma Montse, una vecina que conoció a Alberto a través del puesto de bacalao que tenía en el Mercat de Bon Pastor. Le vendió género durante años, después de haber atendido muchas décadas a su madre. “Era un hombre con problemas. La vida no le trató bien, pero como a mucha gente de este barrio”, dice Montse, que tiene apuntados en su memoria de tendera todos los miembros de la familia que conoció. Además de su madre, Alberto tenía un hermano, una hija y nietos. Pero todos ellos viven fuera de Barcelona y, según cuentan en el barrio, perdieron la relación.

“Estaba jodido y solo, pero era una persona maravillosa. Educado y amable, aunque la vida no lo fue con él. Si estuviera vivo, estaría aquí sentado en la barra, con su gorra”, apuntan los integrantes de la mesa de un bar frecuentado por la víctima. Después de un breve silencio, alzan los quintos con los que acompañan la comida y brindan. “¡Por Alberto!”. Quienes le recuerdan son Chus, Jose, Salva y Sandra, cuatro de sus amigos, con los que compartió buena parte de su vida.

El trayecto vital de Alberto no fue fácil. Marcada por la precariedad económica, su vida se desmontó cuando se quedó en paro. Le quedaba ya poco para jubilarse y cobrar la pensión cuando se mudó con su madre, algún tiempo antes de morir ella. Mientras intentaba infructuosamente encontrar un trabajo, tuvo que ir haciendo apaños. “Unos más buenos que otros”, dicen sus amigos. Así, se convirtió en el manitas del barrio, el que lo arreglaba todo. “Desde un enchufe hasta la cremallera de una mochila”, cuentan.

Según la descripción de quienes le conocieron, Alberto era bueno, pero también un pillo. “La picaresca es lo que tiene, era un licántropo, como nosotros”, dice Jose, quien cuenta que algunas veces, además de lo que cobraba por el apaño, pedía dinero para los materiales que necesitaba. “Pero luego te lo encontrabas comiéndose un bocata y tomando una caña con ese dinero. El hambre es lo que tiene”, explican los feligreses del bar, entre risas. “Eso sí, tarde o temprano, te lo devolvía”, admiten.

Estos son los trapicheos “buenos”, pero luego los hubo peores y delictivos. Alberto pasó por la cárcel debido a su relación con las drogas. Muchos de los vecinos cuentan que consumía alcohol y estupefacientes. “Pero eso no es nada raro en el barrio. Cada quién se anestesia de su mierda de vida como puede”, cuenta una vecina.

Pero Alberto había llegado más allá del consumo. Según cuentan diversas personas del Bon Pastor, la historia que perseguía al hombre era que le engañaron para hacer de mula. “Lo pillaron llegando al barrio. Venía cargado de... jamón dulce. Pero no muy cargado, esa era la cosa. Lo usaron de anzuelo y le vendieron. Así, mientras lo cogían a él, pudo entrar otro con todo el paquete”, explican en el bar. “¿Y qué iba a hacer? Si se chivaba a la poli, lo mataban en la cárcel, así que se comió lo que le tocó”, recuerda Chus.

Este es un tema espinoso entre los amigos de Alberto, pero no lo ocultan. Reconocen que traficar no es una actividad de la que enorgullecerse, pero también asumen que es el único camino para muchos. “Se trata de sobrevivir”, añaden.

 Sobrevivir también fue lo que impulsó a Alberto a realquilar dos de las habitaciones de su casa a una pareja. Algunos vecinos del barrio no ven bien que se “lucrara” con un piso de protección oficial y, de hecho, este fue otro de los motivos esgrimidos por el Ayuntamiento para desahuciarlo. “Hacía un uso ilícito y fraudulento de la vivienda”, dice la concejala de Vivienda. Desde el consistorio, además, aseguran que una de las inquilinas de Alberto fue a Servicios Sociales a denunciar que este la echó del piso sin previo aviso, hecho que permitió al Ayuntamiento constatar que, efectivamente, estaba realquilando habitaciones, cosa que no está permitida en pisos de protección oficial.

La expulsión de los inquilinos coincide, según los amigos de Alberto, con el inicio del proceso de desahucio. Y así lo corrobora también la cronología de los hechos, puesto que la demanda se interpuso en febrero de 2020 y la expulsión de los inquilinos fue en octubre. Pero la cuadrilla de la víctima no puede afirmar nada de este proceso judicial a ciencia cierta, puesto que “nunca nos dijo que lo iban a echar de casa. Era una de esas personas que se lo guardaba todo”, explica Chus.

Ninguno de sus amigos sabía nada de ese desahucio que acabaría con la muerte de Alberto. “Si nos lo hubiera dicho, habríamos intentado ayudarle. Porque su situación también es la nuestra. Hoy ha sido él quien se ha suicidado, pero podría haber sido cualquiera del barrio”, explica, afligida, Sandra. Habla por experiencia, ya que se encuentra en un caso similar.

Ella vive en las llamadas casas baratas, unas viviendas bajas unifamiliares construidas en 1920, los habitantes de las cuales están siendo realojados en edificios como el que habitaba Alberto. Con ellos, el Distrito de Sant Andreu es el que más vivienda de protección oficial tiene en Barcelona (un cuarto del total) y Bon Pastor el barrio con más plazas, casi 350. Pero el proceso de realojamiento va lento y, mientras, las viviendas se van destartalando.

“Muchas noches de tormenta, te despierta el aguacero que cae del techo. Así que, mueves el colchón, le das la vuelta y a dormir. Y ya te ocuparás mañana”, relata Jose, mientras sus amigos asienten. Los hay que han tenido más suerte, como Chus, que fue realojado junto a su madre en un piso de protección oficial de nueva construcción como el de Alberto. Pero, como en el caso de su amigo fallecido, la titular del contrato es su madre.

“Cuando ella muera, estaré jodido. Me van a echar de casa como a Alberto. Tengo un contrato fijo, pero no puedo hacer frente a un alquiler con lo que cobro. ¿Me condenarán a compartir habitación con la edad que tengo? ¿Me echarán de mi casa?”, se pregunta Chus.

Mientras estas dudas van aflorando, el ambiente del bar se caldea. Diversas personas se han acercado a la mesa en la que se está recordando a Alberto y se suman a denunciar la precariedad habitacional que lo llevó al suicidio y que muchos comparten. “¡Que nos defiendan!”, exclama una. “Una persona sin casa no es nada. Si te quitan el techo, te lo quitan todo”, añade otro. Eso le pasó a Alberto, pero él “se quitó la vida en su propia casa, así que no le echaron del todo”, reivindica otro amigo. "               (Sandra Vicente , eldiario.es, 31/05/2022)

23.11.21

Las ayudas económicas mitigaron las ideas suicidas en lo peor de la pandemia... los pagos de compensación a los trabajadores y empresas afectados económicamente por la covid “tienen beneficios adicionales para aliviar la angustia y los problemas de salud mental”

 "Los estragos de la pandemia de covid se notan en la salud mental en todo el mundo, pero a veces no es fácil identificar los escenarios que contribuyen a ese deterioro o a mitigarlo. Un estudio que publica este miércoles la revista Nature ha encontrado un enfoque que puede resultar muy valioso: los millones de llamadas que se realizaron durante esos meses a las líneas telefónicas de atención psicológica.

 Gracias a esa cantidad ingente de información, los investigadores han podido deducir cambios en la salud mental de los países en función de las oleadas de contagios y las medidas impuestas por las autoridades. Y algo queda claro: las ayudas económicas desarrolladas por los gobiernos sirvieron para mitigar las ideas suicidas en lo peor de la pandemia.

“Este es un tema de primer orden para los legisladores”, indican los investigadores en su estudio, “ya que las intervenciones diseñadas para contener infecciones también pueden afectar la salud mental al exacerbar el desempleo, el estrés financiero, la soledad, los problemas relaciones y las vulnerabilidades mentales preexistentes”. Y advierten: “Estos son, a su vez, factores de riesgo de suicidio bien reconocidos”. Un hilo conecta los contagios, el miedo a la enfermedad, las inseguridades económicas y la salud mental. Y la evolución de los telefonazos a estas líneas de ayuda lo muestran.

La dinámica general de todos los países fue similar en los primeros momentos tras el trauma pandémico: los investigadores observaron un pico en el volumen de llamadas unas seis semanas después del estallido de la pandemia, que superó el nivel previo en un 35%. En el estudio, cuentan con los datos que proporcionan ocho millones de llamadas individuales a líneas de ayuda de una veintena de países (14 europeos, entre los que no está España, pero sí Francia, Italia y Portugal; más EE UU, China, Hong Kong, Israel y Líbano).

Economía y salud mental

Al determinar los motivos de las llamadas, no obstante, el estudio indica que en principio no hubo un aumento de las peticiones de ayuda relacionadas con esos pensamientos suicidas. Los resultados muestran que el aumento observado en las llamadas a las líneas de ayuda durante la primera ola de la pandemia de covid se debió en gran medida a los temores sobre el virus en sí y a la soledad, en el contexto de las restricciones y los confinamientos, más que a la violencia doméstica, las adicciones o las intenciones de quitarse la vida.

Es decir, las inquietudes iniciales de quienes llamaban estaban más ligadas a la pandemia en sí. Y la ansiedad aumentaba con las prohibiciones y otras medidas restrictivas. “Descubrimos que las medidas más estrictas se asociaron con un mayor número de llamadas debido al miedo, la soledad y las tendencias suicidas”, explican los autores, “pero que un apoyo a los ingresos más generoso tuvo el efecto contrario”. Esto implica que los pagos de compensación a los trabajadores y empresas afectados económicamente por la covid “tienen beneficios adicionales para aliviar la angustia y los problemas de salud mental”.

O dicho de un modo más claro: a las políticas de ayudas económicas más generosas les siguieron caídas en el número de llamadas a las líneas de ayuda relacionadas con el suicidio, según el estudio. “Nuestros hallazgos sugieren que los pagos públicos en compensación por las pérdidas inducidas por la pandemia no solo reducen las dificultades económicas, sino que también tienen beneficios más amplios: un apoyo a los ingresos más generoso conduce a menos llamadas en torno al miedo, problemas de salud física y, como se esperaba, ansiedad económica”, indican los autores del trabajo que publica Nature. (...)

Diferencias por países y grupos

Lo que muestra el estudio que publica Nature es que el volumen de llamadas volvió a crecer en la segunda mitad de 2020, en paralelo con un aumento de las infecciones y un endurecimiento de las intervenciones no farmacéuticas. Ahí empiezan a notarse las diferencias por países, debido a las particularidades en el desarrollo nacional de la epidemia: mientras que en Alemania el volumen de llamadas aumentó continuamente hasta principios de 2021, en Francia volvió a caer tras del pico de diciembre de 2020. “Estos patrones divergentes se correlacionan con aumentos y retrocesos más fuertes tanto en las infecciones como con el rigor de las medidas gubernamentales en los dos países”, explica el estudio sobre las dos naciones europeas con más datos. Aunque los cambios son de pocos puntos porcentuales, los investigadores consideran que son “robustos” para detectar tendencias significativas.

Al desglosar los cambios en función del género y los grupos de edad, los investigadores observaron que el aumento de las llamadas relacionadas con el miedo fue impulsado en su totalidad por los mayores de 30 años, tanto hombres como mujeres. Esto tendría que ver no solo con una menor percepción del riesgo que en general presentan las personas más jóvenes, sino también con la importante correlación entre edad y riesgo de sufrir una covid grave, explican los autores del estudio, de las universidades de Lausana y Friburgo y el Centro de Investigaciones Políticas y Económicas de Londres.

Por ejemplo, la proporción de llamadas relacionadas con el suicidio realizadas por hombres menores de 30 años se redujo de manera particularmente fuerte. Entre las mujeres menores de 30 años aumentó levemente la proporción de llamadas relacionadas con la violencia “a pesar de que bien pudo haber sido más difícil, bajo órdenes de quedarse en casa, hacer llamadas a la línea de ayuda en situaciones de violencia doméstica”, apunta el estudio."                   (Javier Salas, El País, 17/11/21)

14.9.21

Alarma por el incremento de suicidios en España... El suicidio se convirtió en la primera causa de muerte por factores no naturales, duplicando los fallecimientos por accidentes de tráfico, superando once veces los homicidios y 80 veces a los de violencia de género. Produce estupor saber que cada dos horas y media una persona se quita la vida, sin que de momento ni el Estado ni los medios de comunicación se pronuncien seriamente al respecto...

 "Sin mayor eco en los medios de comunicación hegemónicos, el suicido en España se ha convertido en la primera causa de muerte violenta. La gravedad de esta realidad la refleja el estudio elaborado por el Instituto Nacional de Estadística (INE) que informó un total de 3.671 personas fallecidas por esta causa en el transcurso de 2019; un número que ha ido en crecimiento elevando la tasa a una de las más altas de la Comunidad Europea.

La alienación, la pérdida de valores de la sociedad y la influencia de los medios de comunicación provocan inestabilidad emocional y comportamientos autodestructivos que en muchas ocasiones acaban en suicidio. La Red Nacional de Prevención del Suicidio recibe entre 4 y seis llamados de personas que verbalizan su intención de acabar con su vida. Al año son 90 mil las personas que lo han intentado sin éxito, gracias a una adecuada atención psiquiátrica. Sin embargo las cifras no descienden y desde la Red Nacional de Prevención del Suicidio reconocen que el sistema sanitario español es incapaz de satisfacer la necesidad de atención que requieren estas personas. (...)

En España, de las personas fallecidas por esta causa, 2.771 fueron hombres y 900 fueron mujeres, por lo que continúan falleciendo el triple de hombres que de mujeres por esta razón. Por edad, el mayor número de fallecimientos se produjo en la franja de los 30 a los 39 años, seguida por la franja de 50 a 54 y de 45 a 49 años. El mayor número de defunciones se produjo en pueblos pequeños de hasta 10.000 habitantes, y en las capitales, con 858 y 1165, respectivamente.

El incremento -ya de por sí dramático- de casos de suicidio en España, se ha visto agravado en el último año y medio a causa del COVID-19. Diversas organizaciones internacionales aseguran que los casos de suicidio durante la pandemia han aumentado por pérdida de empleo, dificultades económicas, el encierro y el distanciamiento social. La Organización Internacional del Trabajo ha constatado que la pandemia ha producido que la mitad de los jóvenes de entre 18 y 29 años sufran depresión y ansiedad, y que el 20% de los trabajadores sanitarios la padezcan de igual manera. (...)

El suicidio se convirtió en la primera causa de muerte por factores no naturales, duplicando los fallecimientos por accidentes de tráfico, superando once veces los homicidios y 80 veces a los de violencia de género. Produce estupor saber que cada dos horas y media una persona se quita la vida, sin que de momento ni el Estado ni los medios de comunicación se pronuncien seriamente al respecto."                  (Walter C. Medina, Nueva Tribuna, 08/09/21)

16.8.21

El suicidio de médicos residentes en los últimos meses debería hacernos reflexionar sobre la presión, el estrés, la ansiedad y la carga de trabajo al que están sometidos nuestros MIR... Ya son varios los casos de suicidios entre el colectivo de médicos residentes en los últimos meses...

Íñigo Errejón @ierrejon

 El suicidio de médicos residentes en los últimos meses debería hacernos reflexionar sobre la presión, el estrés, la ansiedad y la carga de trabajo al que están sometidos nuestros MIR. La salud mental es salud, también de quienes trabajan por protegerla. 

12:02 p. m. · 30 jul. 2021
247 Retweets 14 Tweets citados 735 Me gusta

Asociación MIR España @AsociacionMIRe

 Ya son varios los casos de suicidios entre el colectivo de médicos residentes en los últimos meses. Se habla poco de la salud mental de los MIR, a los cuales se les exige como especialistas (cuando no debería) y se les obliga a trabajar 24h seguidas. DEP compañero

BordeEspiculado @nexcampos

 Hoy a decidido acabar con su vida. Era nuestro R2. Nadie fue capaz de ver su tristeza. Descansa en paz compañero

8:36 a. m. · 29 jul. 2021
1.336 Retweets 325 Tweets citados 12,7 mil Me gusta

12:47 p. m. · 29 jul. 2021
409 Retweets 21 Tweets citados 777 Me gusta

3.8.21

La precariedad laboral provoca depresión, ansiedad e intentos de suicidio

 "La precariedad laboral está muy relacionada con los problemas de salud mental que padecen muchas personas a día de hoy. Así lo ha afirmado la vicepresidenta segunda del Gobierno y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, en una entrevista concedida al diario Público. «Una de las razones principales de la afectación a la Salud Mental en nuestro país tiene que ver con la precariedad laboral», ha lamentado Díaz a la hora de analizar los posibles mecanismos a aplicar para modernizar el mercado de trabajo en España.

«Una madre que tiene un hijo o una hija, que trabaja tres horas (es decir, que es precaria); un joven que tiene que pagar el alquiler… la pregunta que me hago yo: ¿cómo no va a tener una enfermedad mental? ¿Cómo no va a tener una neurosis o una depresión?», ha planteado durante la entrevista la ministra de Trabajo, que ha aprovechado para anunciar que, desde septiembre, el Ministerio analizará la magnitud de su impacto.

Precariedad y trastornos

De tal forma lo ha expresado Díaz en Público: «Una de las causas próximas que llamamos en derecho de la salud mental es la propia precariedad. Crearemos un grupo de trabajo para que ponga el foco en esto». Porque, como ha denunciado, es «vergonzante tener a jóvenes trabajando por 400, 500, 600 euros; tener a mujeres que trabajan dos o tres horas al día y luego hacen horas complementarias». La ministra considera que esto no tiene que ver con «ser de izquierdas o de derechas», sino con «un pacto de país para restaurar esto».

Ya días atrás, Díaz defendió la necesidad de situar como ejes prioritarios de su Ministerio -y en esta línea del Gobierno de coalición- la negociación sobre la reforma fiscal, garantizar el acceso a la vivienda con medidas que permitan un alquiler asequible, el despliegue de políticas que acaben con la crisis de los cuidados, que garanticen las prestaciones mínimas a la población y que combatan la precariedad laboral."             (Alma Lorenzo, Diario16, 02/08/21)

27.7.21

El suicidio se convierte en la primera causa de muerte entre los jóvenes en 2019, algo que nunca había pasado. La pandemia ha deteriorado gravemente su salud mental y duplicado las urgencias psiquiátricas.

 "El suicidio se ha convertido en la primera causa de muerte en los jóvenes españoles, algo que nunca había pasado en la historia desde que se dispone de estadísticas

En 2019 se quitaron la vida 309 personas de edades comprendidas entre los 15 y 29 años, una cifra que se sitúa ligeramente por delante de los accidentes de tráfico, que sumaron 307 defunciones, según datos de la Fundación Española para la Prevención del Suicidio. 

El presidente de esta organización, Andoni Anseán, se muestra cauto a la hora de evaluar los números y asegura que el fenómeno obedece en parte a la paulatina reducción de los fallecimientos por siniestros de circulación, que han bajado un 40% desde 2010, mientras que los suicidios han crecido un 30% en el mismo periodo.

La tercera causa de mortalidad, el cáncer, se ha desplomado también un 33% en una década. "Estos datos hay que cogerlos con pinzas. Hay que ver lo que pasa en el año 2020, en el que seguramente se registre una disminución a causa del confinamiento, dado que en casa los intentos suicidio son mucho menores. La existencia de gente es el mayor factor de protección. Lo que no sabemos es si después, en 2021, afloró de nuevo, porque todavía no existen cifras", apunta Anseán.

 Es cierto que por ahora no se tienen números oficiales, pero la percepción entre los jefes de servicio de psiquiatría de los hospitales es que durante los últimos meses las urgencias en este campo se han disparado. De acuerdo con la Asociación Española de Pediatría (AEP), este tipo de atención en menores se ha duplicado desde el inicio de la pandemia, lo que se ha traducido en un agravamiento de los trastornos de conducta alimentaria y un aumento de los casos de ansiedad, alteraciones obsesivo-compulsivas, depresión, autolesiones e intentos de suicido en adolescentes.

La Sociedad de Psiquiatría Infantil (SPI) de la organización de pediatras argumenta que la avalancha de noticias negativas, unida a los ritmos irregulares del sueño, menoscaba la salud mental de los menores. ¿Qué está ocurriendo para que se produzca este deterioro de la salud mental a edades tan tempranas? La creciente incertidumbre económica, la falta de expectativas y el desempleo rampante abonan el terreno de la precariedad. En esta tesitura, la emancipación se antoja imposible.

Para Anseán, el perfil de los pacientes ingresados en centros sanitarios ha cambiado. Si antes predominaban los internamientos de mujeres que intentaban suicidarse mediante la ingesta de medicamentos, ahora abundan personas más jóvenes que utilizan métodos bastante drásticos para desaparecer del mapa. "Ahora se están viendo muchos casos de menores".

 Uno de los pocos estudios que da fe de esta de esta subida de tentativas suicidas y autolesiones es el coordinado por la jefa del área de Salud Mental del Hospital Sant Joan de Déu de Espluges de Llobregat (Barcelona), Montse Dolz, quien ha constado un crecimiento de los intentos, especialmente de adolescentes, en su centro. Según el trabajo, este tipo de empeños se elevó a un 27% en el primer trimestre de 2021."                 (Antonio Paniagua, Heraldo de Aragón, 25/07/21) 

 

"El suicidio, la amenaza silenciosa tras la pandemia: “Es algo que te rompe por dentro”. Diez personas se quitan la vida cada día y España suspende en prevención. 

 El pasado septiembre, la hermana de Míriam Farelo se quitó la vida. Unos años antes había perdido a su otro hermano, de un infarto, pero asegura que esto es distinto. Se topó con la rabia, la culpa, el estigma y con “una tristeza muy bestia”. “Es algo que te rompe por dentro”, dice esta profesora de secundaria de 39 años que vive en Arenys de Munt (Barcelona).

 “Ana tenía depresión crónica y le angustiaba muchísimo pensar que en la residencia de mi madre estallara un brote y no poder verla. Creo que fue la gota que colmó el vaso. Nunca piensas que va a pasar algo así. En junio tuvo un primer intento pero entonces creímos que fue un accidente”, explica. “No estamos preparados. Hay que prevenir y hablar de ello”, repite, “hay que romper el tabú”. Echa en falta recursos en la sanidad pública, más seguimiento de los pacientes. Pero en esa materia España suspende.

Cada día hay una media de 10 suicidios en el país. Uno cada dos horas y media. Fueron 3.671 en 2019, según el Instituto Nacional de Estadística. Es la principal causa de muerte no natural desde que en 2008 superó a los accidentes de tráfico —a los que ahora doblan—. Pese a ello, España carece de un plan nacional de prevención del suicidio, no hay coordinación en las respuestas autonómicas, ni campañas de sensibilización a nivel estatal. 

 Los datos provisionales para los cinco primeros meses de 2020 apuntan a una reducción respecto al año anterior, debido al primer confinamiento, coinciden los psiquiatras y psicólogos consultados. Pero temen un repunte: la pandemia ha sacudido la salud mental de la población y han aumentado las autolesiones e intentos de suicidio entre los jóvenes.

A mediados de julio, varios mensajes publicados en las redes sociales por una joven que vivía en el País Vasco y que se había suicidado posteriormente mandaban una señal de alerta: criticaba un trato “degradante y horrible” en salud mental y pedía recursos. Denunciaba un déficit estructural. En España, cinco de cada 100 euros invertidos en sanidad van para salud mental, explica Celso Arango, presidente de la Sociedad Española de Psiquiatría, y la media europea son siete.

 “Es el único país del entorno que no tiene un plan nacional de prevención del suicidio, hace ocho años que la estrategia de salud mental está caducada y es el único país de la Unión Europea sin especialidad en psiquiatría de infancia y adolescencia”, enumera el psiquiatra.  (...)

Míriam Farelo reclama que los recursos en salud mental no sean un “privilegio” de quienes tienen dinero. “El psiquiatra de mi hermana era de 10, pero no todos son así. Y no disponen del tiempo que sería necesario. Los hay que se limitan a revisar la medicación y a citar a los seis meses, no les da para más. Quizás ella necesitó eso, hablar más con gente especializada”, lamenta. Su hermana tenía 44 años. “Dejó un hijo de 17, un marido y una madre que no lo supo hasta seis meses después”. 

La madre vivía en una residencia, donde estalló un brote cuando todo ocurrió y los psicólogos consideraron que era lo mejor. En aquellos momentos Farelo también se encontró sin recursos públicos a los que acudir: “El psicólogo que fue el primer día no volvió a llamar”, recuerda.

La Organización Mundial de la Salud calcula que cada suicidio causa un impacto serio en al menos seis personas. Farelo ha vivido tres duelos muy seguidos: primero, su hermano; después, su hermana Ana; y hace unos días, su madre, que estaba enferma. El peor, el de Ana. “Te queda la culpa, muchas preguntas. Se despidió de mí, pero en ese momento no fui consciente. Vino a casa y me trajo una piedra de un pueblo de la Vall d’Aran que me encanta, me dio un abrazo y me dijo que me quería mucho. Yo no lo entendí en su momento, luego ya sí”, afirma. “Los ‘y si’ son horribles: ¿y si la hubiera llamado? Luego esto lo vas trabajando y ves que la culpa no es de nadie”.

En la Confederación Salud Mental España sostienen que las “causas del comportamiento suicida son numerosas y complejas y, en su mayoría, están relacionadas con situaciones vitales, bien constantes o circunstanciales”. Añaden que algunos de estos condicionantes pueden ser la pobreza, el desempleo, el abuso de alcohol y estupefacientes, malos tratos en la infancia, trastornos mentales, etc. En nueve de cada diez casos de suicidios había algún problema de salud mental asociado.

No hay datos agregados en España de tentativas de suicidio, pero las cifras que se van conociendo evidencian una subida entre los jóvenes. La Fundación ANAR recibió un 145% más de llamadas por planes o intento de suicidio de menores en 2020 que en 2019. En Baleares tuvieron un aumento del 25% al 30% entre los jóvenes. El Código Riesgo Suicidio de Cataluña, un programa de prevención que reporta las tentativas y habilita un circuito específico para tratar estos casos, detectó en 2020 un incremento del 27% en menores de 18 años (601 casos del total de 4.285 reportados). Arango, que es también jefe de Psiquiatría en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid, sostiene que “el estrago que ha causado el confinamiento en esta población es mayor que lo que cualquier experto hubiera sido capaz de prever”.

 En una carta publicada en la revista Journal of Affective Disorders, Diego Palao, director de Psiquiatría del Parc Taulí de Sabadell, reportó un incremento de tentativas en chicas adolescentes tras la vuelta a clase en Cataluña, de septiembre de 2020 al pasado marzo: los casos mensuales se triplicaron desde agosto, llegando a 90 en febrero. Mientras, entre los chicos, la evolución se mantuvo estable, con entre 10 y 20 tentativas por mes. 

Para todos esos pensamientos y planes suicidas hay salida, repite Palao: “Lo primero que hay que hacer es buscar ayuda, que llamen a alguno de los teléfonos. Cuando atendemos a una persona y logramos ayudarla, luego lo agradece. Al 90% de las personas incluidas en el Código Riesgo Suicidio las vemos antes de 10 días”. Entre el 14% y el 20% de las personas reinciden al año del primer intento, por eso es clave, aseguran los expertos, la asistencia precoz y la monitorización durante un tiempo para evitar recaídas. (...)

Andrés Colao forma parte del movimiento asociativo de la salud mental desde que, en 2013, tuvo un intento de suicidio. Este vecino de Riberas (Asturias) asegura que hablar con naturalidad es el primer paso para prevenirlo. Ese año fue “fatídico”. Tenía 38 años y pasó a cobrar una pensión, el 55% de su sueldo como conductor del servicio de recogida de residuos, después de que le quitaran el carné tras un ataque epiléptico.

 “Esa fue mi condena: de estar de aquí para allá, a verme sin nada. Murió mi madre, me separé. Me quedé solo en casa”, explica. Le diagnosticaron un trastorno ansioso depresivo. “Pensé que no quería ser una carga. Cuando iba a hacerlo, vi oportuno llamar a un familiar para despedirme y me dijo: ‘Espérame’. Esperé y aquí estoy”, dice. Buscó a más gente en su situación, descubrió “que ayudar, ayuda”. Pide a quien tenga ideas suicidas que lo comparta con alguien, y a quien escuche ese mensaje, “que evite el ‘no digas tonterías’, que sea empático y que le dé importancia”. (...)

Ansean es muy crítico y asegura que puede hacerse. “Hay otros asuntos en los que hay campañas muy potentes a nivel nacional”, insiste. Arango, por su parte, pone el ejemplo de Dinamarca: “Tenía una de las ratios de suicidio más altas de toda Europa. Hicieron una política muy agresiva, con inversión, una estrategia, campañas de sensibilización, teléfonos, intervención en colegios, incluyeron los medios de comunicación… La tasa bajó mucho. Han demostrado lo que sabíamos: el suicidio se puede prevenir”, explica.

Pero en España hay tantas acciones contra el suicidio como comunidades autónomas. (...)

A falta de un teléfono específico y común de prevención del suicidio, brotan las iniciativas de entidades y Administraciones locales. José María Sánchez, secretario técnico del Teléfono de la Esperanza (717 003 717), que atiende 24 horas, siete días a la semana, resume gráficamente su papel: “Nosotros somos una tirita en mitad de un problemón, hacemos lo que podemos con nuestros recursos limitados”. Cuentan con 1.650 voluntarios a los que se da formación y con 300 psicólogos en las sedes presenciales. El año pasado recibieron más de 160.000 llamadas, un incremento del 38% respecto a 2019. De ellas, 4.935 eran de temática suicida, 205 con el suicidio en curso, es decir, que se había iniciado alguna acción con el fin de quitarse la vida. (...)

El suicidio es un problema de país, coinciden las voces consultadas, y faltan respuestas para las víctimas y también para sus familiares. Cecilia Borràs perdió a su hijo, de 19 años, en 2009. “Me sentí muy sola. Estuve dos años en terapia individual, pasé un año sin poder pronunciar la palabra suicidio”. No encontró a nadie que hubiera vivido lo mismo que ella, “ni había casi formación en duelo por suicidio”. 

Así que ella, psicóloga, se puso a estudiar y fundó la asociación Después del Suicidio. En los últimos años han proliferado estas asociaciones de supervivientes, un lugar donde sentirse escuchados, comprendidos, no juzgados. Pero hace falta mucho más, reclama Borràs. “Cuando ocurre, y esto es muy doloroso, muchas veces te das cuenta de que hubo señales, pequeñas conductas o verbalizaciones, como expresiones de desesperanza o un futuro muy negro, que no estamos entrenados para ver”, dice. “Para prevenir el cáncer de mama, nos hacemos exploraciones. Pero no estamos orientados para prevenir el suicidio”.                    (María Sosa Troya , Jessica Mouzo , El País, 26/07/21)