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27.1.26

¿Las pensiones son una “estafa piramidal”? ¿Los mayores le están “robando” el futuro a los jóvenes? Las pensiones no son sólo gasto, son motor económico... constituyen un mecanismo de transferencia de rentas que financia el consumo autónomo –el que no depende directamente del nivel de producción–, contribuyendo así a reforzar la demanda y el empleo, y a estabilizar el ciclo económico... muestran un multiplicador superior a 1 –el consumo de los pensionistas genera más actividad de lo que gasta la Seguridad Social en ellos– y, por cada euro gastado, el Estado recupera 42 céntimos... El desafío futuro es asumible. Hoy gastamos en pensiones el 12,7% del PIB y la Airef estima que en 2050 dicho gasto ascenderá al 16%, para ir descendiendo después. ¿Esto es insostenible? Actualmente Austria gasta ya el 14,8% de su PIB en pensiones, e Italia el 16,2%. ¿Realmente alguien se puede creer que España no tendrá capacidad de afrontar, dentro de 25 años, lo que ya hoy asume la Italia de Meloni? Quien apueste por desmontar el sistema público de pensiones como opción ideológica, que no lo esconda detrás de una supuesta insostenibilidad... Redistribuir hacia los jóvenes es necesario. Quienes están preocupados por la falta de inversión en políticas de juventud tienen razón. Pero lo que está roto no es el pacto generacional, sino el pacto social. Reconstruirlo no pasa por espolear el conflicto entre jóvenes y mayores, sino por redistribuir desde quien tiene más capacidad económica hacia quien tiene menos. Podemos empezar, por ejemplo, recuperando la contribución de los grandes grupos empresariales en el Impuesto de Sociedades... Si esta figura tributaria mantuviese actualmente la misma capacidad recaudatoria que tuvo entre 1995 y 2007, las administraciones contarían con 30.000 millones adicionales para políticas de juventud (Nacho Álvarez)

Nacho Álvarez @nachoalvarez_

¿Las pensiones son una “estafa piramidal”? ¿Los mayores le están “robando” el futuro a los jóvenes? Este debate está contaminado por narrativas muy sesgadas. Es necesaria una conversación pública más rigurosa y, para ello, conviene tener en cuenta las siguientes claves 

1. El reto es innegable. 

España tiene hoy ~10 millones de personas mayores de 65 años. En 2050 serán ~15 millones. Garantizar pensiones a esos ‘boomers’ será un desafío real. No hay soluciones mágicas.

2. El reto es asumible. 

 Hoy gastamos el 12,7% del PIB en pensiones. En 2050 será el 16%, según la AIREF. Austria hoy ya gasta el 14,8%, e Italia el 16,2%. ¿Alguien se cree que España no podrá hacer en 25 años lo que Italia puede hacer ahora?

 Llamemos a las cosas por su nombre: quien apueste por desmontar el sistema público de pensiones como opción ideológica, que no lo esconda detrás de una supuesta “insostenibilidad” que no se sostiene empíricamente.

 3. Que aumente el gasto es razonable. 

Si hay más personas mayores, es lógico que destinemos más recursos a garantizar su bienestar. El Estado de Bienestar no se disfruta "por edades", dado todos pasaremos a lo largo de nuestro ciclo vital por sus distintas prestaciones.

 4. Las (autoproclamadas) reformas "pro-juventud” perjudicarían más a los jóvenes. 

Calcular la pensión con toda la vida laboral, o aplicar cuentas nocionales, reduciría más las futuras pensiones de quienes hoy son jóvenes que las prestaciones de los 'boomers'.

 5. La “vida cañón” no llega a la mayoría de pensionistas. 

Según la Seguridad Social, el 40% cobra menos de 1.000 €/mes y el 60% menos de 1.500 €. Solo el 17% supera 2.500 €. Según la ECV, más de la mitad de los mayores de 65 tiene rentas inferiores a los 1.500 €/mes.

6. Las previsiones a 30 años suelen fallar. 

En 1990s, los expertos preveían que en 2025 tendríamos 40 millones de habitantes, 16,7 millones de afiliados a SS y una ratio pensionistas/afiliados del 64%. Sin embargo, somos 49 millones, 21,8 millones de afilados y una ratio del 48%

 Justificar recortes hoy con escenarios futuros tan inciertos es temerario. 

Mejor reforzar ingresos e impulsar políticas que mantengan ritmo de creación de empleo, mejoren productividad, faciliten saldos migratorios... Las proyecciones sirven para prepararse, no para resignarse.

 7. Las pensiones no son sólo gasto, son motor económico. 

 Recientes investigaciones muestran multiplicador superior a 1 –el consumo de los pensionistas genera más actividad de lo que gasta la Seguridad Social en ellos– y, por cada euro gastado, el Estado recupera 42 céntimos.

 8. Redistribuir hacia los jóvenes es necesario. 

Lo que hoy está roto no es el pacto generacional, sino el pacto social. Reconstruirlo no pasa por espolear el conflicto entre jóvenes y mayores, sino por redistribuir desde quien tiene más renta y riqueza hacia quien tiene menos.

 Un ejemplo claro, para empezar: el Impuesto de Sociedades hoy recauda menos que en 2007, pese a que los beneficios empresariales son un 55% superiores. Si recaudase como en la década de 1995-2007, habría 30.000 millones extra para juventud: vivienda, empleo, futuro.

 Desarrollo estas ideas en este artículo, en @CincoDiascom

1:09 p. m. · 22 ene. 2026 64,1 mil Visualizaciones

"Ocho tesis sobre las pensiones.

 Hay temas que difícilmente entran en la agenda política. Y otros, como las pensiones, que nunca salen. Y es comprensible, porque esta partida supone casi un tercio del gasto público total. Sin embargo, el debate sobre esta materia se apoya en narrativas cada vez más sesgadas. La extrema derecha y el discurso anti-boomer hoy se miran de reojo. Los primeros señalan que el sistema de pensiones es “una estafa piramidal” insostenible, que habría que eliminar (en palabras de Silvia Orriols, de Aliança Catalana). Los segundos consideran que en España se está produciendo un atraco, un robo generacional perpetrado por las personas mayores contra los jóvenes. Sus discursos no son iguales, pero a veces se funden y confunden.

Frente a estas narrativas tan sesgadas, resulta necesario que el debate público sobre este pilar esencial de nuestro Estado del Bienestar sea algo más riguroso. Convendría para ello tener en cuenta al menos las siguientes claves.

Primero. El desafío futuro es indiscutible. Hoy hay en España casi 10 millones de personas mayores de 65 años, y el envejecimiento poblacional hará que sean 15 millones en 2050. Garantizar pensiones a todos esos baby boomers será un reto, y no hay varitas mágicas.

Segundo. El desafío futuro es asumible. Hoy gastamos en pensiones el 12,7% del PIB y la Airef estima que en 2050 dicho gasto ascenderá al 16%, para ir descendiendo después. ¿Esto es insostenible? Actualmente Austria gasta ya el 14,8% de su PIB en pensiones, e Italia el 16,2%. ¿Realmente alguien se puede creer que España no tendrá capacidad de afrontar, dentro de 25 años, lo que ya hoy asume la Italia de Meloni? Quien apueste por desmontar el sistema público de pensiones como opción ideológica, que no lo esconda detrás de una supuesta insostenibilidad.

Tercero. Que aumente el gasto en pensiones es sensato. Muchos liberales y anti-boomers reconocen que el sistema es perfectamente sostenible pero argumentan, legítimamente, que a costa de transferir excesivos recursos públicos a los pensionistas. Esta es sin duda una cuestión opinable, sujeta a las preferencias que cada uno pueda tener. Desde mi punto de vista, parece lógico que en una sociedad en la que aumenta transitoriamente el porcentaje de personas mayores, puedan aumentar también las partidas del Estado del Bienestar necesarias para garantizar su capacidad adquisitiva y su bienestar. El Estado de Bienestar no se disfruta por tramos de edad, ya que todos vamos a pasar a lo largo de nuestro ciclo vital por sus distintas prestaciones.

Cuarto. Si se aplicasen las reformas de pensiones que habitualmente se plantean para “favorecer a la juventud”, estas penalizarían más las futuras prestaciones de quienes hoy son jóvenes que las de los baby boomers. Esto se debe a que las reformas suelen introducirse en el sistema progresivamente, afectando menos a quienes hoy se jubilan que a quienes lo harán en el futuro. Así sucede, por ejemplo, con las propuestas para calcular la pensión en función de toda la vida laboral, con las llamadas cuentas nocionales, o con medidas similares al factor de sostenibilidad de la reforma de 2013. Estas propuestas resultarían en pensiones más bajas, pero sobre todo para las futuras generaciones.

Quinto. Meter en el mismo saco a todos los pensionistas es un error. La “vida cañón” no llega a la mayoría de ellos. De los 6,6 millones de pensiones de jubilación que paga la Seguridad Social, el 40% está por debajo de los 1.000 euros mensuales, el 60% es inferior a 1.500 euros y sólo un 17% supera los 2.500 euros al mes. De los 2,3 millones de pensiones de viudedad existentes, el 66% está por debajo de los 1.000 euros al mes. Si atendemos a la Encuesta de Condiciones de Vida, más de la mitad de los mayores de 65 años tienen una renta mensual inferior a 1.500 euros, mientras que un 22% supera los 2.500 euros al mes.

Sexto. Como decía el premio Nobel Niels Bohr, “hacer predicciones es muy difícil, especialmente sobre el futuro”. Sabemos con bastante exactitud cuánta población se jubilará durante las próximas décadas pero, para estimar el futuro gasto en pensiones, debemos además asumir supuestos sobre la evolución del PIB, el empleo, los flujos migratorios o la productividad en los que seguramente nos equivoquemos. De hecho, conviene revisar las hemerotecas. Algunos de los mejores expertos del país (‘La reforma de las pensiones en España’, Perspectivas del Sistema Financiero nº 56, 1996, José A. Herce) preveían hace treinta años que en 2025 tendríamos 40 millones de habitantes, 16,7 millones de afiliados a la Seguridad Social y una ratio entre pensiones y afiliados del 64%. La realidad, sin embargo, es que en España hoy hay 49 millones de habitantes, 21,8 millones de afiliados y una ratio pensiones/afiliados del 48%. Las propias proyecciones de población del INE para 2050 contemplan escenarios muy distintos –con diferencias entre ellos de hasta 16 millones de personas– reconociendo que, sencillamente, no sabemos qué pasará.

Equivocarse en previsiones a tan largo plazo es comprensible y precisamente por ello conviene tomarlas con prudencia. Sería temerario justificar recortes en el presente por un impacto futuro que no conocemos bien. Particularmente después de que las reformas del Gobierno de Coalición hayan reforzado sensiblemente los ingresos de la Seguridad Social para las próximas décadas.

Las proyecciones nos ayudan a gestionar –con incertidumbre y cautela– determinados escenarios futuros. Pero la materialización de dichos escenarios dependerá de las decisiones de política económica que hoy se adopten. Impulsar medidas orientadas a mantener las actuales tasas de crecimiento, a elevar la productividad y la tasa de empleo, o a conseguir saldos migratorios positivos, reducirán el impacto de las pensiones en las próximas décadas. Las proyecciones son útiles para indicarnos cómo debemos prepararnos, no para asumirlas de forma determinista.

Séptimo. Las pensiones públicas no son un mero “gasto”, son un motor económico. De hecho, constituyen un mecanismo de transferencia de rentas que financia el consumo autónomo –el que no depende directamente del nivel de producción–, contribuyendo así a reforzar la demanda y el empleo, y a estabilizar el ciclo económico. Una reciente investigación de la Universidad de Castilla-La-Mancha (Pensions as an Engine of Growth. An Approach to the Spanish Case, Based on the Sraffian Supermultiplier, de E. Febrero y F. Bermejo), revela que el gasto en pensiones en España presenta un efecto multiplicador superior a 1 –el consumo de los pensionistas genera más actividad de lo que gasta la Seguridad Social en ellos– y, por cada euro gastado, el Estado recupera 42 céntimos en impuestos.

Octavo. Redistribuir hacia los jóvenes es necesario. Quienes están preocupados por la falta de inversión en políticas de juventud tienen razón. Pero lo que está roto no es el pacto generacional, sino el pacto social. Reconstruirlo no pasa por espolear el conflicto entre jóvenes y mayores, sino por redistribuir desde quien tiene más capacidad económica hacia quien tiene menos. Podemos empezar, por ejemplo, recuperando la contribución de los grandes grupos empresariales en el Impuesto de Sociedades.

Este impuesto hoy aún presenta una recaudación inferior a la de 2007, a pesar de que los beneficios empresariales son un 55% superiores a los de entonces. En la década previa a 2007 el tipo efectivo del impuesto oscilaba en torno al 20%. Tras la reforma de 2014 se introdujeron nuevas deducciones e incentivos fiscales particularmente favorables para los grandes grupos empresariales, y el tipo efectivo se redujo hasta el 10-11%, nivel en el que aún se sitúa hoy. Si esta figura tributaria mantuviese actualmente la misma capacidad recaudatoria que tuvo entre 1995 y 2007, las administraciones contarían con 30.000 millones adicionales para políticas de juventud. Esto supondría, por ejemplo, multiplicar por tres el actual presupuesto público en materia de vivienda, principal preocupación de los jóvenes. Además, mientras que el ahorro derivado de posibles recortes en las pensiones tardaría décadas en materializarse, una reforma del Impuesto de Sociedades produciría ingresos al día siguiente." 

(Nacho Álvarez, Cinco Días, 03/01/26)

9.12.25

¿Es insostenible el sistema actual de pensiones? En general, se invoca simplemente la llamada “ratio de dependencia”, un indicador puramente demográfico que relaciona la población en edad de trabajar (habitualmente de 16 a 65 años) con la que ya ha cumplido los 65 años. De su evolución, se deriva la conclusión de que habrá cada vez menos cotizantes por cada pensionista. Se olvida que no todos los que tienen edad de trabajar están efectivamente ocupados y cotizando y de que existe margen para que se mantenga o incluso aumente el número de ocupados, aunque disminuya la población en edad de trabajar. Por ejemplo, la llegada de las mujeres al mercado de trabajo ha aumentado considerablemente la proporción de los cotizantes, y la población ha aumentado más que nunca gracias a la llegada de inmigrantes, que alimentan directamente la población en edad de trabajar... La necesidad de recortar ahora las pensiones se argumenta con proyecciones de gasto a treinta o más años vista, pero no contemplan para el futuro lo que ha sucedido hasta ahora: que la llegada de de inmigrantes ha suplido con holgura la escasez de autóctonos... Si, por razones demográficas, las empresas no pudieran cubrir sus necesidades de mano de obra, las consecuencias para España serían desastrosas y superarían ampliamente el ámbito de las pensiones. Es por lo tanto necesario que se elaboren proyecciones demográficas que tengan en cuenta el mercado de trabajo como determinante de los flujos de llegada de inmigrantes, para poder estimar con mayor exactitud el porcentaje del PIB que se prevé dedicar al pago de las pensiones en los próximos años (Juan Antonio Fernández Cordón, Un. París)

 "El debate sobre un supuesto “problema de las pensiones”, que promueven los bancos y las aseguradoras, a través de sus servicios de estudio y de una cohorte de expertos ligados a estos organismos, lleva muchos años presente en España y en otros países. Desde mediados de los años noventa vienen vaticinando la inminente ruina del sistema público, por una causa casi única: el envejecimiento demográfico. Como es fácil de constatar, esta profecía no se ha cumplido en España. Pero esto no impide que sigan intentando alarmar a la población con el mismo anuncio, ahora expresado como “necesidad de garantizar la sostenibilidad futura del sistema”. Este discurso catastrofista se mantiene, a pesar de que la realidad lo desmiente, en gran parte por la enorme capacidad de difusión de la que disponen los interesados en recortar las pensiones públicas, pero también porque no existe un discurso alternativo articulado que justifique el sistema actual y que desmonte la falsedad de los argumentos del lobby recortador. Para desarrollar esa alternativa es necesario reflexionar y actuar en tres direcciones principales: una profundización teórica del sistema público de reparto que sustituya la referencia implícita al sistema de capitalización que fundamenta la mayoría de las críticas y propuestas, un análisis de las proyecciones de gasto que deje claro el modesto papel que juega la demografía en el futuro del sistema y restablezca la importancia de la evolución del mercado de trabajo y de la distribución de la riqueza y, finalmente, sería conveniente artícular fórmulas políticas y legales para blindar las pensiones y ponerlas al abrigo de posibles reformas draconianas, como la de 2013, aprobada gracias a la mayoría absoluta del PP.

¿Qué es un sistema de reparto?

Es cada vez más habitual referirse a este sistema, que es el más antiguo y el más extendido en el mundo, como una forma incompleta y no eficiente, del sistema de capitalización. Así, se le designa, en inglés, como “unfunded system” en oposición negativa a los sistemas de capitalización que son “funded system”. El primero no estaría respaldado por ningún activo financiero, mientras el segundo sí lo está, lo que le otorgaría, según esta visión, mayor garantía. Lo primero que hay que decir es que cualquier sistema de pensiones es una forma, socialmente organizada, de transferir recursos de los activos actuales a los jubilados actuales. No existe, en la práctica, ninguna manera de organizar individualmente el traspaso de recursos de la edad activa al período de jubilación: Robinson no hubiera llegado a viejo en su isla. De manera que hay que preguntarse qué principios y qué mecanismos utiliza cada sistema de pensiones para organizar esta transferencia de recursos. La base de la modalidad de reparto es bien conocida: las cotizaciones de los trabajadores sirven para pagar las pensiones de los jubilados en cada momento, en nombre de la solidaridad entre generaciones. Es el sistema más parecido al que imperaba en las familias extensas donde los mayores se beneficiaban de los recursos aportados por los más jóvenes. Cuando cambió el modelo de familia, intervino el Estado, como intermediario y garante, ingresando las contribuciones de los que trabajan y repartiéndolas a los jubilados. El sistema resultante es contributivo, no porque cada uno ahorre para su pensión futura, sino porque contribuye, en la medida de sus posibilidades (salario), a aportar recursos a los mayores. El importe de la pensión que recibe el jubilado está relacionado con su contribución anterior, pero no determinado mecanicamente por ella, lo que permite introducir una cierta dosis de redistribución en el sistema. Su sostenibilidad financiera depende de la evolución del monto cotizado frente al gasto en pensiones de cada año. Suponiendo que la tasa de cotización sea la adecuada para los parámetros estructurales del sistema, importa la situación del mercado de trabajo y el reparto del PIB entre rendimientos del capital y rendimientos del trabajo, ya que solo de estos últimos salen las cotizaciones. Por su parte, el sistema de capitalización se basa en la compra por los trabajadores de activos financieros con la intención de venderlos a los trabajadores que existan cuando a ellos les llegue la hora de jubilarse. Admitiendo que, en aquel momento, seguirá existiendo un mercado de títulos financieros, se plantean tres tipos de incertidumbre. El primer peligro sería colocar sus ahorros en un activo equivocado, cuya cotización habrá disminuído cuando llega el momento de venderlo. Por ello existen fondos de pensiones que permiten diversificar los activos y diluir ese riesgo entre todos los partícipes, aunque las comisiones de gestión y el beneficio de las entidades gestoras suponen un coste para el ahorrador. El segundo peligro es que el momento de la jubilación coincida con un período de crisis o, simplemente, un momento bajo del ciclo económico, que provoque una disminución generalizada del valor de los activos financieros. El tercer peligro es que el ahorrador viva más de lo que había previsto y tenga que estirar el capital acumulado o asumir el coste de una renta vitalicia. En los modelos basados en la capitalización, todos los riesgos son asumidos por el jubilado. Las ventajas que se les atribuyen son que promueven el ahorro y que los activos que los respaldan son inversiones que favorecen el crecimiento económico, aunque no necesariamente en el país del ahorrador. Sin embargo, hay que tener en cuenta que, cuando un sistema de capitalización alcanza su regimen de crucero, su funcionamiento no difiere mucho del de un sistema de reparto: las aportaciones de un año compensan lo que se paga a los jubilados de ese año. La diferencia es que un sistema de capitalización habrá acumulado un capital que proviene del tiempo que media entre las aportaciones de los primeros partícipes y el pago de las pensiones correspondientes. Durante aproximadamente cuarenta años, este sistema ingresa sin tener que pagar, lo que le impide, en la práctica, sustituir fácilmente a un sistema de reparto en funcionamiento, pero explica que exista un capital acumulado que genera intereses y, eventualmente, plusvalías, que se añaden a la pensión que recibirá el ahorrador (lo que no deja de ser una forma de detraer recursos existentes, por otras vías).

Estas son algunas de las cuestiones en las que sería necesario profundizar para poder analizar el sistema público actual según su propia lógica y no asimilandolo a otro distinto, que ni siquiera se describe tal como es en realidad.

¿Es insostenible el sistema actual?

El diagnóstico de no sostenibilidad se apoya en la evolución demográfica proyectada, sin entrar en los mecanismos concretos por los que se transmiten los cambios demográficos al equilibrio financiero del sistema público. En general, se invoca simplemente la llamada “ratio de dependencia”, un indicador puramente demográfico que relaciona la población en edad de trabajar (habitualmente de 16 a 65 años) con la que ya ha cumplido los 65 años. De su evolución, se deriva la conclusión de que habrá cada vez menos cotizantes por cada pensionista. Se olvida de que no todos los que tienen edad de trabajar están efectivamente ocupados y cotizando y de que existe margen para que se mantenga o incluso aumente el número de ocupados, aunque disminuya la población en edad de trabajar. Por ejemplo, la llegada de las mujeres al mercado de trabajo ha aumentado considerablemente la proporción de los cotizantes entre los que tienen edad de trabajar y la reducción del paro tiene un efecto similar. Se olvida también de que, a pesar de que hace cuarenta años que la natalidad en España no basta para renovar la población, esta ha aumentado más que nunca gracias a la llegada de inmigrantes, que alimentan directamente la población en edad de trabajar. La “ratio de dependencia” no tiene tampoco en cuenta que una parte de los mayores no depende del sistema de pensiones y que sus recursos pueden provenir de prestaciones llamadas no contributivas, que se pagan con cargo a los ingresos generales del Estado. Un único factor demográfico es relevante para el gasto en pensiones: el aumento de la esperanza de vida de los jubilados. En un sistema de capitalización, como lo es el sistema de cuentas nocionales, por ejemplo, el riesgo de vivir más de lo esperado recae sobre el jubilado, que verá mermada su pensión mensual. Es necesario abrir una reflexión sobre la mejor manera de hacer frente a los costes de este aumento de nuestros años de vida, sin olvidar que es el fruto de un proyecto social de mejora general, que no tienen por qué pagar solo los jubilados, ni olvidar tampoco sus beneficios, que son muchos.

La necesidad de recortar ahora las pensiones se argumenta con proyecciones de gasto a treinta o más años vista. Las que se publican en el Ageing Report, un informe de la Comisión Europea, subestiman considerablemente la capacidad productiva futura de nuestra economía, al transmitir mecanicamente la disminución de la población en edad de trabajar que anuncian las proyecciones demográficas, a la población efectivamente ocupada. No contempla para el futuro lo que ha sucedido hasta ahora: que la llegada de de inmigrantes ha suplido con holgura la escasez de autóctonos. De hecho, es más bien la población ocupada, que depende de la demanda de las empresas, la que determina la población en edad de trabajar, por la llegada de inmigrantes, y no al revés. Si, por razones demográficas, las empresas no pudieran cubrir sus necesidades de mano de obra, las consecuencias para España serían desastrosas y superarían ampliamente el ámbito de las pensiones. Es por lo tanto necesario que se elaboren proyecciones demográficas que tengan en cuenta el mercado de trabajo como determinante de los flujos de llegada de inmigrantes, para poder estimar con mayor exactitud el porcentaje del PIB que se prevé dedicar al pago de las pensiones en los próximos años.

Prevenir reformas futuras indebidas.

Podemos anticipar actualmente tres niveles de amenaza para el futuro. En lo inmediato, existe la posibilidad de que la Comisión Europea obligue a realizar un ajuste, si prevalecen las proyecciones del Ageing Report que, como ya se ha visto, se basan en supuestos erróneos sobre la economía española. Más adelante, de aquí a unos dos años, la posibilidad de un cambio de mayoría política abriría la puerta a reformas, llamadas paramétricas, para modificar la edad de jubilación, el cálculo de la pensión inicial (alterando el período de cómputo de la base reguladora o introduciendo un factor para disminuirla si aumenta la esperanza de vida) y la fórmula de revalorización anual. Finalmente, a medio plazo, las entidades financieras y su entorno académico proponen con insistencia la implantación del sistema de cuentas nocionales, que tiene todos los inconvenientes para los trabajadores de un sistema de capitalización, con el agravante de que incluye mecanismos automáticos para eliminar, antes de que se produzcan, los déficits eventuales anticipados, mediante una disminución de las pensiones, tanto las que se están pagando en ese momento, como las futuras.

Las pensiones representan un frente de batalla importantísimo. El extraordinario empeño por reducirlas se debe, en primer lugar, a que son el elemento de la retribución de los trabajadores que, hasta ahora, mejor ha resistido la presión a la baja, al contrario de los salarios, que llevan en España veinticinco años congelados en términos reales, y, en segundo lugar, que un sistema público con simples pensiones de subsistencia, favorecería sobremanera el gran negocio de los fondos privados, del que se benefician los bancos y las aseguradoras.

La única forma, o al menos la más eficaz, de prevenir estos peligros sería incluir en nuestra Constitución una serie de restricciones a eventuales reformas del sistema público. En su defecto, sería posible plantear una Ley Orgánica de Pensiones renovada, en la que figuren los mecanismos necesarios, y las restricciones a reformas eventuales, para asegurar la sostenibilidad social del sistema. El objetivo sería la garantía de una pensión digna, que permita al jubilado mantener su nivel de vida anterior, teniendo en cuenta la nueva situación, lo que podría traducirse en fijar la pensión inicial utilizando una tasa de reemplazo calculada en función de los ingresos anteriores y de la posible disminución de las necesidades en la situación de jubilado. De esta manera, la tasa de sustitución de ingresos pasaría a ser un parámetro esencial en el sistema de reparto, que permitiría valorar el impacto de cualquier reforma y sería el objeto principal de la negociación entre las partes implicadas.

Conclusión

El debate en torno a las pensiones va a seguir y la ofensiva contra el sistema público se acrecienta en España debido a que la serie de reformas promovidas por el actual gobierno de coalición han tenido, por primera vez, más en cuenta el interés de los que se jubilan que el de las entidades que buscan hacer negocio. Frente a los medios de que disponen los partidarios de reformas a la baja, que han conseguido que sus tesis se erijan en pensamiento dominante, si no único, es necesario elaborar un discurso a la vez crítico y propositivo. Los comentarios anteriores se enmarcan en los tres ejes principales que, en nuestra opinión, deben estructurar un discurso progresista sobre las pensiones. A la incesante marea de estudios y opiniones que pretenden demostrar que el sistema no es sostenible y, por tanto, que es necesario reformarlo reduciendo el gasto, debe oponerse un discurso coherente, bien argumentado y apoyado en hechos, que no esté contaminado por los intereses del mundo financiero y, al contrario, tenga en cuenta con claridad el objetivo de una pensión digna para todos y elementos tan importantes como la evolución del reparto de la renta y de la riqueza y el aumento inquietante de las desigualdades." 

( 

20.11.25

Se viene difundiendo reiteradamente la idea de que nuestro sistema de pensiones es excesivamente generoso, con el argumento de que los pensionistas reciben bastante más de lo que aportaron, proponiendo que es necesario rebajar las pensiones, si queremos que el sistema sea justo y sostenible a largo plazo... Sin embargo, estas tesis realmente no son ciertas y los datos demuestran que nuestro sistema de pensiones contributivas es sostenible, solidario y equilibrado en el largo plazo... Para verificarlo hemos cuantificado el valor actual de las cotizaciones de los trabajadores/as que se jubilan en 2025 y las hemos comparado con el valor actual de las pensiones que van a percibir, ellos y sus beneficiarios (por viudedad, orfandad y en favor de familiares) durante los años de su esperanza de vida... La comparativa confirma que los valores son prácticamente equivalentes... El indicador que mide esta equivalencia (Factor de Equidad Actuarial) es 1,01, lo que revalida que el sistema está equilibrado. Es decir, da en pensiones aproximadamente el mismo valor que lo aportado en cotizaciones, por lo que es plenamente sostenible (Fernando de Miguel Lázaro)

 "Numerosos informes y artículos de opinión vienen difundiendo reiteradamente la idea de que nuestro sistema de pensiones es excesivamente generoso, con el argumento de que los pensionistas reciben bastante más de lo que aportaron, proponiendo que es necesario rebajar las pensiones, si queremos que el sistema sea justo y sostenible a largo plazo.    

Sin embargo, estas tesis realmente no son ciertas y los datos demuestran que nuestro sistema de pensiones contributivas es sostenible, solidario y equilibrado en el largo plazo.

Es más, el sistema, con sus últimas reformas, consigue fortalecer estos objetivos, incluso a pesar de que los importantísimos superávits que produjo en el periodo 1977-2011 no se guardaron para la atención de las pensiones futuras, que era su finalidad, sino que se incorporaron a los Presupuestos Generales para financiar las necesidades generales. De hecho, ésta es la razón principal de los déficits actuales, con independencia de su equilibrio a largo plazo (1).

Para verificarlo hemos cuantificado el valor actual de las cotizaciones de los trabajadores/as que se jubilan en 2025 y las hemos comparado con el valor actual de las pensiones que van a percibir, ellos y sus beneficiarios (por viudedad, orfandad y en favor de familiares) durante los años de su esperanza de vida, estableciendo hipótesis sobre la evolución económica y demográfica futura basadas en datos de periodos largos que abarcan distintas coyunturas.

Se ha tenido en cuenta las cotizaciones de los jubilados con 65 años y un mínimo 38,5 años cotizados, las de jubilación ordinaria de 66,7 años y las de las jubilaciones anticipadas o por invalidez, teniendo en cuenta sus años medios de cotización. También, a los que cotizaron con una base mayor a la pensión máxima, a los que les correspondería una pensión mayor, pero reciben la pensión máxima y, por tanto, contribuyen solidariamente.

En el cálculo de las pensiones, se ha tenido en cuenta la esperanza de vida separadamente de hombres y mujeres, para recoger las pensiones de viudedad, en general de mujeres, por su mayor esperanza de vida, así como las de orfandad o en favor de familiares, ambas de importes poco significativos.

La comparativa confirma que los valores son prácticamente equivalentes, como se detalla en el cuadro adjunto. El indicador que mide esta equivalencia (Factor de Equidad Actuarial) es 1,01 (2), lo que revalida que el sistema está equilibrado. Es decir, da en pensiones aproximadamente el mismo valor que lo aportado en cotizaciones, por lo que es plenamente sostenible.

El sistema es algo menos generoso con quienes han tenido carreras largas e ininterrumpidas de cotización, especialmente si cotizaron por encima de la pensión máxima y más generoso con quienes sufren una incapacidad permanente o tienen carreras cortas o lagunas de cotización, pero, en conjunto, el sistema, además de solidario, es sostenible y está actuarialmente equilibrado.

Debe remarcarse que no se incluye en estos cálculos las modificaciones de la reforma de 2023, que fortalecen la sostenibilidad del sistema de pensiones: el Mecanismo de Equidad Intergeneracional, la Cuota de Solidaridad y los incentivos para incrementar los años de cotización. 

Y si esto es así, ¿por qué intentan, casi a diario, convencernos de lo contrario?

Además del carácter interesado que puedan tener muchos informes y opiniones, algunos se presentan como estudios técnicos independientes y fiables, como el que publicó hace unos meses el Instituto de Actuarios Españoles (3). Estas publicaciones exigen un especial análisis crítico, porque son la base para artículos periodísticos o declaraciones, que difunden, sin revisión suficiente, sus conclusiones.

Este estudio de los actuarios está realizado sobre una muestra de individuos tipo que también se jubilan en 2025, con cotización ininterrumpida y bases medias de cotización, pero llegan a un Factor de Equidad Actuarial de 1,61. Es decir, que, aparentemente, los jubilados recibirían la equivalencia de 1,61 euros de pensión por cada euro cotizado (un 61% más). Así, según este estudio, la pensión media de jubilación actual de 1.506€, debería rebajarse hasta los 935€ para ser equilibrada (?).

Estas conclusiones se presentan como una verdad matemática irrefutable, anticipo del colapso del sistema público de pensiones, que sufrirán las generaciones más jóvenes.

Pero, claramente, estas conclusiones no son ciertas.

Por un lado, se sostiene que el crecimiento del PIB en el futuro será muchísimo más bajo (poco más de la mitad) que el crecimiento medio de los últimos cuarenta años, pese al notable crecimiento actual, por un supuesto estancamiento poblacional, en contradicción con el fuerte crecimiento existente y las proyecciones del INE, que estima un crecimiento poblacional sostenido. Esta hipótesis, totalmente forzada, incrementa injustificadamente el desequilibrio que plantean.

Por otro lado, a pesar de que la muestra, como hemos dicho, es solo de individuos que se jubilan en 2025 habiendo cotizado de forma ininterrumpida y con bases medias de cotización y se les estima la esperanza de vida media de hombres y mujeres, sin embargo, para calcular sus pensiones solo se tienen en cuenta el 57,7% de sus cotizaciones, para llegar finalmente a la conclusión de que reciben un 61% más por cada euro cotizado.

Justifican esta decisión en que solo analizan la “contingencia de jubilación” y no el resto de las pensiones (invalidez, viudedad, orfandad y familiares) y por eso solo aplican un porcentaje de lo cotizado, igual al porcentaje del gasto en pensiones de jubilación sobre el gasto total de pensiones que, según ellos, es del 57,7% (4).

Sin embargo, este razonamiento carece totalmente de sentido, puesto que los componentes de esta muestra, tal como está efectuada, no van a percibir pensión de invalidez, es sumamente improbable que sus posibles beneficiarios perciban las de orfandad o de familiares, ni tampoco las de viudedad, porque se ha calculado la duración de la pensión según la supervivencia media de hombres y mujeres. Por lo tanto, la parte de las cotizaciones no tenidas en cuenta (casi la mitad) no percibirán prácticamente ninguna contraprestación.

Esta inconsistencia no se tiene en cuenta en este estudio. Si se tuviera en cuenta el efecto de la totalidad de las cotizaciones, su Factor de Equidad Actuarial en lugar de ser el 1,61 que establecen, sería inferior a la unidad, desmontando el argumento, El estudio presenta, por tanto, una visión claramente sesgada e induce al lector a posiciones totalmente erróneas.

En conclusión, la única forma razonable de validar la equidad de nuestras pensiones contributivas es comparar la totalidad de las cotizaciones y las prestaciones de sus usuarios, como se ha detallado más arriba, lo que da como resultado que el sistema es solidario, sostenible y equilibrado. Por tanto, el legítimo derecho de los pensionistas a no ver recortadas sus pensiones por pura justicia social, es, además, un derecho avalado por sus propias cotizaciones.

(1) Sobre este tema véase nuestro artículo https://economistasfrentealacrisis.com/la-generacion-del-baby-boom-si-financio-sus-pensiones-futuras/ (WEB Economistas Frente a la Crisis).

(2) El Factor de Equidad Actuarial es el indicador que mide el equilibrio actuarial de las pensiones con las cotizaciones. Cuando es igual a uno quiere decir que lo que se recibe es financieramente equivalente a lo que se aporta.

(3) https://actuarios.org/wpcontent/uploads/2025/03/InformeInstitutoActuariosPensionesFeb25.pdf

(4) Los datos medios de las altas de enero a junio 2025 de la Seguridad Social arrojan porcentajes significativamente más altos del 57,7% de este estudio."

(Fernando de Miguel Lázaro y José María Diez-Picazo, Economistas frente a la crisis, 05/11/25)

 

"Ni las pensiones en España son más generosas, ni la renta de los pensionistas españoles es más elevada.

 Antes de las vacaciones algunos medios de comunicación se hicieron eco de la publicación por la Fundación BBVA y el IVIE de un extenso e interesante trabajo que lleva por título Formación, transición digital y calidad de vida de los mayores en España. La recopilación de datos nacionales y las comparaciones con otros países europeos acerca de las condiciones de vida de las personas mayores en España, así como de su evolución en los últimos años, constituyen un esfuerzo interesante en muchos aspectos y de recomendable lectura.

Sin embargo, algunos medios de comunicación se han hecho eco de algunos datos e interpretaciones[i] que, a pesar de sus llamativos titulares, no se ajustan, en mi opinión, a un análisis riguroso de los datos, y llevan a los lectores a conclusiones erróneas. Esencialmente que las pensiones en España son tan elevadas y generosas que hacen que los jubilados españoles sean más ricos que los europeos. Y que, además, esa “excesiva generosidad” de las pensiones ocasiona que muy pocos jubilados españoles quieran seguir trabajando, al contrario que en los restantes países de nuestro entorno.

Estas noticias se enmarcan, además, en una campaña un tanto grosera de ataques injustificados y carentes de rigor a las pensiones en España.

Analicemos punto por punto las dos afirmaciones literales (que se destacan en los titulares de las noticias), y veamos algunas objeciones y puntualizaciones que merecen.

  1. “La generosidad del sistema público de las pensiones español, y la revalorización de estas con el IPC, para evitar la pérdida de poder adquisitivo por la crisis de inflación [han conducido a] que nuestros jubilados son ya un 6,4% más ricos que los vecinos del entorno comunitario”.

En primer lugar, ¿son tan generosas las pensiones públicas españolas? ¿Qué dicen los datos?

Las llamadas tasas de reemplazo de las pensiones que se utilizan a menudo para medir esa “generosidad” comparada de las pensiones se definen, en la descripción de Eurostat utilizada por el trabajo que estamos comentando, como: la relación entre la mediana de las pensiones brutas de las personas de 65 a 74 años, excluyendo otras prestaciones sociales, y la mediana de los ingresos brutos de las personas de 50 a 59 años, ambas igualadas por las paridades de poder de compra.

Este indicador era en España, a comienzos de la década de 2010 (como se observa claramente en la tabla siguiente), inferior a la media europea y también a la mayoría de los países occidentales de la Unión Europea (UE-15) con los que debemos hacer, por homogeneidad económica y social, la comparación (que suponen el 77% de la población de la UE). Sin embargo, ahora los datos de Eurostat calculan que sucede todo lo contrario: esas tasas españolas han pasado a ser “de golpe” unas de las dos mayores de la UE. Significativa, y en buena medida sorprendentemente, sólo por detrás de Grecia cuyas pensiones ocupan el primer puesto (¿?) en materia de generosidad de estos países de la Unión Europea.

¿Qué ha pasado con las tasas de reemplazo en España (y también en Grecia) entre 2010 y 2023, para que pasmosamente hayan pasado en sólo unos pocos años de ser de las más bajas a las más generosas de Europa? La respuesta es NADA que tenga que ver con un aumento de la generosidad de las pensiones, más bien todo lo contrario: se trata en realidad del efecto aritmético de la tasa vinculado con los cambios en las variables (fundamentalmente en su denominador: la mediana de los ingresos brutos de las personas de 50 a 59 años) que se han producido en este periodo.

Sobre ello, en el caso de España se deben distinguir dos periodos. 1.- Entre 2010 y 2020 se producen reformas de las pensiones en 2011 y 2013 que conllevan, ambas, reducciones de sus cuantías respecto a su tendencia anterior, por lo que el aumento de la tasa de reemplazo sólo es coherente con una caída muy intensa del denominador: los ingresos de las personas de entre 50 y 59 años, que es exactamente lo que se produjo durante los años de la crisis financiera debido al fuerte incremento del paro también entre las personas de más edad y por el derrumbamiento de sus salarios, lo que elevó la tasa de reemplazo sin que se produjera mejora alguna de las pensiones. 2.- Entre 2021 y 2023 operan dos fenómenos. Por un lado, se restablece la revalorización de las pensiones con la inflación, eliminada en 2013, coincidiendo además con el periodo fuertemente inflacionista a partir de la invasión de Ucrania por Rusia. Y por otro, los ingresos de las personas de entre 50 y 59 años (el denominador de la tasa) se ven nuevamente mermados por la depresión de los salarios reales (nuevamente por el efecto de la elevada inflación) que se produce con mucha mayor intensidad que en otros países.

En definitiva, la mayor parte del avance de las tasas de reemplazo de las pensiones en España se ha producido por la caída de los ingresos reflejada en el denominador de la tasa y no indica por lo tanto que las pensiones españolas se hayan vuelto repentinamente «muy generosas» (otros indicadores como, entre otros que se citarán más adelante, la elevada tasa de pobreza de los pensionistas españoles así lo muestran), sino que en otros países no se ha producido, al contrario que en España, con esa magnitud el fenómeno de caída de los ingresos de las personas de entre 50 y 59 años (antes de la jubilación) durante un largo periodo de años, lo que ha conducido a que la relación entre las pensiones de los ya jubilados y los ingresos de las personas cercanas a la jubilación no aumente como en nuestro caso.

Con toda probabilidad se trata de un fenómeno muy similar al que ha provocado que la tasa de reemplazo de las pensiones en Grecia haya pasado, en los años de fuerte depresión económica provocada por las impuestas políticas de ajuste, de ser muy baja en 2010 a ser la más alta de la UE en 2023.

Hay un segundo aspecto relacionado con esa imaginaria “generosidad” hacia los pensionistas españoles que no forma parte de la medición en sí misma de la tasa de reemplazo: los pensionistas de cada país reciben, además de sus pensiones, otras prestaciones públicas que se suman a las pensiones y… estas son (igualadas por las paridades de poder de compra) mucho mayores en la mayoría de los países que en España. Por lo que una adecuada medición del grado de generosidad de las pensiones debería considerar todas las rentas públicas que reciben las personas en la etapa de su jubilación.

En efecto, esas otras prestaciones dinerarias son superiores a las españolas en el promedio de la UE-27 y en la Eurozona, y mucho mayores (incluso más que las duplican), como se observa en la tabla siguiente, en ocho de los catorce países occidentales de Europa.

https://economistasfrentealacrisis.com/ni-las-pensiones-en-espana-son-mas-generosas-ni-la-renta-de-los-pensionistas-espanoles-es-mas-elevada/

Por último, es preciso analizar el supuesto “sorpasso” de la renta (corregida por las paridades de poder de compra de cada país) de los pensionistas españoles, que al parecer serían ahora un 6,4% más ricos que los europeos.

Se trata de un dato que, en primer lugar, sólo responde a que la comparación se realiza con los Veintisiete países de la UE, de los que muchos de ellos corresponden a los países del este de Europa de nivel económico y renta por habitante muy inferior al de España. Pero, si esa comparación se realiza con los países del entorno al que verdaderamente pertenecemos en la UE (ver la siguiente tabla), los occidentales o de la UE-14 (que suponen, como se señaló antes, el 77% de la población de la UE), la situación es muy diferente.

Por debajo de España en esa tabla mencionada se sitúan sólo Suecia, Dinamarca, Finlandia (todos bastante cerca de nuestro país) y Portugal y Grecia (bastante más lejos). Y por encima están Luxemburgo, Austria, Alemania, Francia, Holanda, Irlanda, Bélgica e Italia. Por lo tanto, los países que bajan la media europea y sitúan a España por encima de esta serían fundamentalmente los del este de Europa.

Así, en este caso, la comparación con la media europea –y el exagerado y manipulador mensaje que pretende resaltarse: que los pensionistas españoles ya son incluso más “ricos” que los europeos- pierde su significación. Porque, más allá de ese 6,4%, en sí mismo verdaderamente trivial y seguramente puntual y cambiante, la renta mediana de los jubilados españoles sigue siendo inferior a la de la mayoría de los países de nuestro verdadero entorno.

En segundo lugar, dado que la medición se realiza en paridades de poder de compra (PPS), esto supone que los niveles de renta y de pensiones de los pensionistas de la mayoría de los países comparables de la UE (los occidentales) están muy por encima de los españoles, porque sus niveles de precios, claramente muy superiores a los españoles, hacen que la comparación, siendo adecuada para expresar teóricamente niveles de consumo, no indique expresamente que las pensiones españolas sean como se pretende de cuantías más elevadas.

Por otro lado, se ofrece (tabla siguiente) la medición exclusivamente del conjunto de las pensiones (asimismo en paridades de poder de compra) por habitante, tanto contributivas como mínimas y no contributivas, pero sin contar, como sí lo hacía la comparación anterior, con otras fuentes de renta distintas de las pensiones y no vinculadas con ellas.

Además, en esta nueva tabla se facilitan los datos en términos medios y no de renta mediana, porque esta última supone una medición que, por una parte, no contempla de la misma manera las pensiones más altas, que son mucho más frecuentes en otros países que en el nuestro, y por otro, la información de esta nueva tabla deja fuera las otras fuentes de renta que pueden distorsionar la comparación estricta de las pensiones.

Con esta nueva medición se obtienen los datos comparados directos de las pensiones en el conjunto de los países considerados (el 77% de la población de la UE). Los resultados son evidentes: las pensiones en España se encuentran en el penúltimo lugar, sólo por encima de Irlanda, y netamente inferiores incluso a la media de los Veintisiete.

  1. “La formación contribuye a prolongar la vida activa de los trabajadores sénior, sin embargo, la tasa de actividad de los mayores de 65 en España apenas llega al 3,7%, frente a la media europea del 6,6%”.

La segunda de las afirmaciones de los artículos mencionados se refiere a una supuesta menor tasa de actividad laboral de los pensionistas españoles respecto a los demás europeos. Nuevamente nos encontramos con un dato que ofrece una idea equívoca de la situación de los mayores, es decir, de las personas pertenecientes al grupo de edad de la jubilación.

En realidad, los datos muestran que las tasas de actividad de los españoles mayores de 65 años son muy similares a las de la media de los europeos. Veámoslo más claramente analizando el inverso de esas tasas. Los inactivos con más de 65 años son en España el 96,3%, y en el conjunto de la UE el 93,4%, la diferencia no llega ni a tres puntos porcentuales. En ambos casos, más de nueve de cada diez personas en edad de jubilación son inactivas, precisamente porque –como resulta bastante lógico y comprensible- han terminado su etapa de actividad laboral y han pasado a ser pensionistas.

¿Qué se pretende decir destacando unas diferencias tan absolutamente irrisorias como que menos de tres de cada cien europeos mayores son laboralmente más activos que los españoles? ¿Quizá nuevamente que las pensiones en España son tan elevadas y generosas que desincentivan a trabajar después de la jubilación? Nada de esto, como analizaremos a continuación, tiene ni sentido ni relevancia.

La afirmación anterior respecto a la supuestamente menor tasa de actividad de los pensionistas en España se conjuga en los medios con otro dato. A saber: que la tasa de Ninis (aquellas personas sin empleo que ni estudian ni trabajan) se eleva hasta el 38,1% en el colectivo de 55 a 64 años, edades previas al momento de la jubilación, y se dispara al 90,4% en el caso de los mayores de entre 65 y 74 años, siendo en ambos casos muy superior a la de los jóvenes.

Como ya se ha dicho, parece bastante lógico que eso suceda en el caso de los mayores de 65 años que precisamente han llegado al momento de su jubilación. Por su parte, la comparación entre la proporción de ninis en los jóvenes y las personas en la misma situación con edades previas a la jubilación (55 a 64 años) merece, sin embargo, un comentario aparte.

Las personas mayores de 55 años que han sido expulsadas del mercado de trabajo no tienen apenas ninguna oportunidad en España de conseguir un empleo. Porque son mayoritariamente de baja formación y empleos poco cualificados, porque en las empresas opera claramente un “edadismo” que les margina de cualquier posibilidad de contratación, y porque finalmente (para redondear su desgracia) no cuentan con políticas de empleo que les ayuden (las Políticas Activas de Empleo son extremadamente débiles e ineficaces, y van dirigidas, todas ellas, pero en especial las de formación, a los más jóvenes y escasísimamente a los mayores, a los que se margina de las posibilidades de volver al empleo). Esta es la razón por la que, a pesar de contar con subsidios de desempleo muy inferiores al SMI y al umbral de pobreza, parezca que estas personas se han desentendido del empleo cuando nada de eso es cierto en la inmensa mayoría de los casos: han sido rechazados y abandonados.

Pero, como nos temíamos más arriba, todo esto (al igual que antes el asunto de la baja actividad de las personas jubiladas), en las noticias mencionadas termina por atribuirse a la supuesta generosidad de las pensiones, verdadero objetivo que pretenden transmitir esas publicaciones: “unas pensiones relativamente generosas respecto al salario, con una pensión mediana próxima al 80% del salario mediano de los mayores en España frente a menos del 60% para la media EU-27” son las causas imputadas.

  1. En conclusión

Un estudio amplio e interesante sobre la situación de los mayores en España en comparación con los europeos ha terminado por generar algunas ideas equivocadas cuando se ha pretendido demostrar que las pensiones en España son tan en exceso generosas que los jubilados españoles ya son más ricos que los europeos, lo que además causaría problemas sobre el empleo de los mayores.

Pero, todo esto no se ajusta a la evidencia disponible como se ha ido analizando punto por punto. El resumen de todo ello permite destacar una serie de conclusiones.

  1. El estudio analizado utiliza comparaciones en términos de ingresos de las personas mayores y no solamente de pensiones, lo que no es equivalente y no permite extraer conclusiones claras sobre estas.
  2. Las comparaciones, cuando se hacen en términos de la mediana de rentas obvian las grandes diferencias que existen en España respecto a los demás países en la mitad superior de la población, cuyas rentas totales (no sólo las pensiones, que también) son mucho más elevadas que en nuestro caso.
  3. Esas comparaciones se hacen, además, con el promedio de los Veintisiete países de la UE, lastrado por un amplio conjunto de países de rentas y pensiones muy bajas (los del este de la Unión), lo que en este caso distorsiona claramente la realidad. Si el contraste se realiza con los países de nuestro verdadero entorno (cuya población es el 77% de la UE), que representan mejor el contexto de desarrollo económico y social al que pertenece España, tanto las rentas de nuestros mayores como sus pensiones están a la cola de esos países con los que debemos compararnos.
  4. Si la comparación se realiza centrándose de forma exclusiva en las pensiones medias en paridades de poder de compra, sin introducir otras fuentes de renta ajenas a las mismas, las pensiones españolas se sitúan las penúltimas del grupo de los catorce países de la parte occidental de la UE.
  5. La tasa de reemplazo (en la definición de Eurostat) no muestra una alta generosidad de las pensiones españolas, sino esencialmente la caída mucho mayor que la de los países comparables y durante muchos años de los niveles de ingresos de las personas de 50 a 59 años especialmente durante los años de la gran crisis financiera.
  6. Para comparar si las pensiones son o no son altas hay que añadir también las restantes prestaciones públicas que reciben las personas jubiladas, que elevan sustancialmente la pensión en muchos países, y mucho más que en España.
  7. En la perspectiva de la actividad laboral, las tasas de actividad, así como las situaciones en las que las personas mayores no trabajan ni estudian, no pueden compararse con las de las generaciones más jóvenes: son momentos vitales distintos. En el caso de las personas ya jubiladas, las tasas de actividad son tan bajas como en los demás países europeos. En el de las personas mayores con edades previas a la jubilación (de 55 a 64 años), en España una proporción mucho mayor que en otros países se encuentra desempleada y marginada del empleo por la negativa de las empresas y por una absoluta falta de ayudas por parte de las políticas de empleo.
  8. Todas estas situaciones, en definitiva, nada tienen que ver con una supuesta generosidad de las pensiones. Primero, porque para las personas ya jubiladas la muy mayoritaria situación de inactividad en España no es en absoluto diferente de la de los restantes países europeos. Y segundo, porque poco pueden influir las pensiones sobre el grado de actividad de las personas que no han alcanzado la edad de jubilación" 

( 

18.8.25

Nos cuentan que el problema es “financiero”. Que la hucha de las pensiones se vacía, que el sistema se hunde… Nos mienten y entretienen con falsos dilemas financieros y presupuestarios: el verdadero reto está en lo productivo, no en lo contable... sin producir un excedente real de bienes y servicios, no hay pensiones... el problema es: ¿cómo garantizar excedente productivo para una población creciente de jubilados? La retórica del déficit y el colapso sirve para vender planes privados. Negocio redondo: asustar para privatizar... El ratio afiliados/pensionistas está estancado. La demografía no ayuda. Sí, hay retos. Pero convertirlos en excusa para recortar y precarizar es trampa... el debate real es cómo producir y repartir excedente. Esto lleva a un debate más amplio sobre políticas de Pleno Empleo y sus aspectos políticos... ¿Queremos pensiones seguras? Entonces necesitamos pleno empleo, políticas de cuidados, mejor trato a la juventud y, sí, soberanía monetaria... El problema NO es “no hay dinero” El problema es: ¿hay recursos reales suficientes? Ese es el debate, todo lo demás es ruido interesado. Las pensiones se pagan con excedente productivo y voluntad política. El resto es propaganda (Esteban Cruz)

Esteban Cruz @Evanshm

1/ Hilo sobre pensiones. Nos cuentan que el problema es “financiero”. Que la hucha se vacía, que el sistema se hunde… Nos mienten y entretienen con falsos dilemas financieros y presupuestarios: el verdadero reto está en lo productivo, no en lo contable. #Pensiones

 2/ Sin Estado no hay capital. Sin gasto público no hay impuestos. Sin inversión no hay ahorro. Y sin producir un excedente real de bienes y servicios, no hay pensiones. ¿Dinero? Siempre hay, es una convención social, una tecnología creada para movilizar recursos reales.

 3/ ¿Quiero decir que no hay límites o problemas a su emisión? NO, pero entender esto ayuda a centrar la atención en los verdaderos problemas. En cuanto a las pensiones, el problema es: ¿cómo garantizar excedente productivo para una población creciente de jubilados?

 4/ El BCE podría pagar pensiones con nuevas emisiones. Pero los recursos reales no se "imprimen". La sostenibilidad de las pensiones NO se mide en euros, sino en pan, energía, cuidados, viviendas. Los pensionistas no comen papel ni depósitos bancarios.  #LearnMMT

 5/ Entonces, ¿por qué tanto miedo a la “hucha vacía”?  Porque la retórica del déficit y el colapso sirve para vender planes privados. Negocio redondo: asustar para privatizar . Los falsos dilemas presupuestarios sirven además para hacer hueco a sanidad y educación privadas

6/ El ratio afiliados/pensionistas está estancado. La demografía no ayuda. Sí, hay retos. Pero convertirlos en excusa para recortar y precarizar es trampa.  #Pensiones Los economistas neoclásicos, guardianes del "sentido común", solo ofrecen soluciones en este sentido.
 
 7/ Parchear con subidas de impuestos o bajar cotizaciones es como mover dinero de un bolsillo a otro. No soluciona nada: el debate real es cómo producir y repartir excedente.  Esto lleva a un debate más amplio sobre políticas de Pleno Empleo y sus aspectos políticos
 
 8/ ¿Y la inflación?  Si hubiera exceso de poder adquisitivo, los Estados siempre pueden ajustar vía impuestos. El límite no es financiero, sino la capacidad real de la economía. El gasto siempre va antes. Los impuestos no financian nada: destruyen dinero antes introducido

 9/ La famosa “hucha de las pensiones” es un invento neoliberal para encadenar al Estado con reglas absurdas.  ¿Queremos pensiones seguras? Entonces necesitamos pleno empleo, políticas de cuidados, mejor trato a la juventud y, sí, soberanía monetaria #TrabajoGarantizado

 10/ En resumen:  El problema NO es “no hay dinero”  El problema es: ¿hay recursos reales suficientes? Ese es el debate, todo lo demás es ruido interesado.  Las pensiones se pagan con excedente productivo y voluntad política. El resto es propaganda.  #Pensiones #LearnMMT

2:46 p. m. · 18 ago. 2025 150 Visualizaciones  

7.1.24

El 80% quiere blindar las pensiones en la Constitución

 "Para situarnos en cuáles son los retos y qué debemos esperar del 2024 para las pensiones, hay que hacer primero un poco de memoria, para saber cómo hemos llegado hasta aquí, cómo ha evolucionado el sentir mayoritario de la sociedad

En el 2010, el gobierno de Zapatero anunciaba una reforma que elevaría a 67 años la edad de jubilación y aumentó el periodo de cálculo para tener la pensión completa, de 15 a 25 años, lo que reduciría las pensiones hasta en un 10%. Pocos meses después, decenas de organizaciones se lanzaron a la calle para responder a estas medidas.

En el 2013, el gobierno de Rajoy puso en marcha una nueva reforma que tuvo como eje principal el Índice de Revalorización de las Pensiones, el famoso 0,25%, que implicó la congelación y la pérdida de poder adquisitivo. En menos de cinco años, la oposición fue tal que finalmente la reforma quedó revertida.

Y en 2021, el gobierno de Pedro Sánchez, puso en marcha la última reforma de las pensiones en dos bloques. En el primero se recuperó la revalorización según el IPC y se aprobaron los planes de empresa, planes de pensiones de titularidad pública pero gestionados por fondos privados. VidaCaixa, BBVA, Caser, Santander e Ibercaja gestionarán 15 fondos de pensiones, con la participación de gigantes europeos como BNP Paribas.

El mecanismo de control de Bruselas

En el segundo bloque se reforzaron los ingresos de la Seguridad Social, principalmente aumentando las cotizaciones sociales de los salarios más altos, y se puso en marcha un mecanismo de control automático de la reforma exigido por Bruselas y aceptado por el gobierno que nos lleva a que cada 3 años puedan imponerse más reformas y aplicarse nuevos recortes. La primera cita será en 2025.

Este año las pensiones subirán un 3,8%, el 6,9% las no contributivas y hasta un 14% las de viudedad. Una subida, que aunque no permite recuperar todo el poder adquisitivo perdido, es una buena noticia en medio del tsunami de la inflación.

Aprovechar el 2024 es preparar el 2025

En paralelo a todo este proceso, ha ido creciendo en la sociedad la conciencia de que es necesario blindar las pensiones en la Constitución para que no dependan de los gobiernos de turno o de las presiones de Bruselas. Lo que más hemos de temer en el 2024 no es lo que haga el Gobierno, sino lo que pretendan obligarle a hacer. No hay más que leer las recomendaciones europeas a España en materia de pensiones y la advertencia con la que cierra el año: vuelve la austeridad y serán necesarios ajustes para reducir el gasto.

Precisamente es en 2011 cuando se empiezan a dar los primeros pasos de lo que en 2013 acabaría siendo la Mesa Estatal por el Blindaje de las Pensiones (MERP). A día de hoy, no hay análisis o debate que pretenda abordar el futuro inmediato de las pensiones de forma sería, que no aborde del objetivo exigido por la MERP: una reforma de la Constitución que prohíba de forma explícita la privatización de las pensiones y la pérdida de poder adquisitivo, pasando a ser consideradas un derecho fundamental.

Así lo refleja de forma contundente el barómetro anual que presentó recientemente la Unión Democrática de Pensionistas. Según el estudio, el 80% de los mayores de 55 años consideran que el futuro de las pensiones pasa por blindarlas como un derecho fundamental en la Constitución. No hay ninguna otra medida entre las que se les ofrece a los encuestados que obtenga tanto apoyo.

En esta dirección, un 26% de los encuestados consideran que las pensiones públicas van a ser privatizadas, y otro 34% consideran que es probable que no, aunque no con total seguridad. El barómetro de la empresa Simple Lógica tiene un porcentaje de fiabilidad del 97%. Existe la necesidad, porque existe el riesgo.

El blindaje constitucional de las pensiones es ya una exigencia mayoritaria en la sociedad y, teniendo en cuenta que el 2025 será el año de la revisión a la que nos someterá Bruselas, el 2024 debe ser el año en el que avanzar en este objetivo. Por eso la Mesa Estatal por el Blindaje de las Pensiones prepara un llamamiento a la movilización, al mismo tiempo que trabaja por llevar al Congreso un debate con los portavoces del Pacto de Toledo, tal y como hizo en el 2019. Según portavoces de la plataforma, podemos esperar noticias a principios de año."                 (Juanen Cunyat, De Verdad Digital, 03/01/24)

14.4.23

Michael Roberts : ¿Cuál es el problema con las pensiones? El déficit de las pensiones en Francia es minúsculo comparado con el coste de las medidas introducidas en respuesta a la pandemia (165.000 millones de euros) y la crisis energética (alrededor de 100.000 millones de euros), así como los compromisos del presidente Macron de invertir más en energía nuclear (50.000 millones de euros) y defensa (100.000 millones de euros para 2030)... en todo caso, "Hay recursos suficientes si se organizan adecuadamente y se utilizan plenamente. Es tanto una opción política como una cuestión de organización económica. ¿Quiere un país utilizar sus recursos para que la gente deje de trabajar a los 60 o 65 años y tenga ingresos suficientes para vivir con una comodidad razonable, o no? Se puede hacer"... Depende de dos cosas: en primer lugar, que una economía cree suficientes recursos y se expanda lo suficiente para atender a su población anciana... y en segundo lugar, teniendo en cuenta que los recursos son finitos, se pueden proporcionar pensiones decentes recortando otras partidas de los ingresos públicos, como en el rescate de los bancos, en el aumento del gasto en armamento... Hace diez años, demostré que un aumento sostenido del 1% del PIB real per cápita en las principales economías podría proporcionar suficientes ingresos adicionales a los gobiernos para mantener fácilmente los niveles y condiciones actuales de las pensiones... por cierto, los planes de pensiones privados son un timo y, de todos modos, la mayoría de los trabajadores no tienen ninguno

 "Las recientes manifestaciones masivas contra el gobierno de Macron en Francia forzando las llamadas reformas de las pensiones revelan los intentos decididos de los gobiernos pro-capitalistas en todas las principales economías de recortar los salarios reales cuando seamos viejos y ya no podamos trabajar.

 El Gobierno de Macron ha forzado por decreto una "reforma" que eleva la edad de jubilación de 62 años a 64.  En España, donde la edad de jubilación está fijada en 65 años desde hace décadas, el Gobierno opta por una solución alternativa al llamado problema de las pensiones.  Va a aumentar las cotizaciones de los ingresos de los jóvenes con mayores ingresos para pagar a los jubilados de más edad.

Las pensiones son en realidad salarios diferidos, deducciones de los ingresos del trabajo para pagar unos ingresos decentes cuando la gente se jubila.  Tras décadas de trabajo (y explotación), los trabajadores, hombres y mujeres, deberían tener derecho a parar y disfrutar de la última década de vida sin trabajar y sin vivir en la pobreza.  Literalmente, se lo habrán ganado. Pero el capitalismo del siglo XXI no puede "permitirse" pagar unos ingresos decentes como pensiones estatales cuando los trabajadores se jubilan.  ¿Por qué?  Bueno, los argumentos principales son varios.

En primer lugar, las tendencias demográficas, sobre todo en las economías capitalistas avanzadas, hacen que cada vez haya más personas en edad de jubilarse y menos en edad de trabajar.  Por lo tanto, el aumento de las "tasas de dependencia de la edad" significa que los que trabajan tienen que pagar más impuestos por los que no trabajan.  Por ejemplo, en España hay tres personas en edad de trabajar por cada pensionista; en 2050 esa tasa de dependencia será sólo de 1,7 a uno.

El segundo argumento es que la esperanza de vida ha aumentado tanto y la gente está mucho más sana, que los "años de diferencia" entre dejar de trabajar y morir han aumentado demasiado.  Por ejemplo, la esperanza de vida en España es de 83 años, una de las más altas del mundo. Así que la gente debería trabajar más tiempo para reducir esa brecha a donde estaba antes.

La cruel ironía es que los recortes de las pensiones que los gobiernos francés y español pretenden imponer por razones demográficas tienen lugar cuando la esperanza de vida en las principales economías ha empezado a descender.  En la primera década de este siglo, la esperanza de vida aumentó casi tres años cada década. Pero ahora la esperanza de vida al jubilarse es dos años menor de lo previsto.

Y lo que no se tiene en cuenta es la enorme disparidad de esperanza de vida entre las personas con ingresos más bajos que se jubilan y dependen mucho de las pensiones del Estado y las personas más acomodadas con pensiones complementarias de empresa.  Por ejemplo, casi ocho años separan la esperanza de vida de los jubilados que viven en zonas exclusivas de Londres como Kensington y Chelsea de los que viven en Glasgow. Un hombre de 60 años en la ciudad escocesa podría vivir 19 años más. Para su coetáneo londinense, la esperanza se eleva a 27 años. En ambos lugares, las mujeres viven casi tres años más que los hombres. De hecho, el descenso de la esperanza de vida en el Reino Unido ha obligado al Gobierno a retrasar hasta 2026 el aumento de la edad de jubilación (que ya está en 67 años) hasta los 68 años.

Y el tercer argumento es el coste para el erario público.  El argumento es que se destina demasiado dinero público a los pensionistas, lo que reduce los fondos disponibles para otros servicios y prestaciones públicas importantes.  Los gobiernos se ven obligados a incurrir en déficits presupuestarios que incrementan la deuda pública y, por tanto, aumentan los costes de los intereses que se comen el gasto público. Es cierto que las pensiones en Francia son más altas que en la mayoría de los países de la UE.  Y la media de los ingresos netos previos a la jubilación en España, del 80%, es en realidad superior a la de Francia, del 74%, y a la media del 62% de la OCDE.

Pero, ¿significa eso que el objetivo debe ser "nivelar a la baja" las pensiones a las del Reino Unido, por ejemplo, que tiene una de las pensiones estatales más bajas en relación con los ingresos medios de la OCDE?  El objetivo debería ser "igualar" a los mejores.

Y el déficit de las pensiones en Francia es minúsculo comparado con el coste de las medidas introducidas en respuesta a la pandemia (165.000 millones de euros) y la crisis energética (alrededor de 100.000 millones de euros), así como los compromisos del presidente Macron de invertir más en energía nuclear (50.000 millones de euros) y defensa (100.000 millones de euros para 2030).

Sin embargo, los economistas de la corriente dominante siguen considerando que el "problema de las pensiones" es la causa de un gasto público y un déficit excesivos.  He aquí lo que dice uno de estos análisis al apoyar enérgicamente el ataque de Macron a las pensiones públicas francesas. "La reforma de las pensiones en Francia, centrada en la prolongación de la edad de jubilación de 62 a 64 años, debería garantizar el reequilibrio progresivo del sistema de pensiones para 2030, dadas las tendencias demográficas desfavorables y el aumento del déficit. La reforma envía una señal clara a los socios europeos y a las instituciones internacionales de la intención de Francia de preservar la sostenibilidad fiscal a medio plazo e introducir reformas por el lado de la oferta."  Así que es para animar a los demás a nivelar a la baja.

Del mismo modo, ese periódico para la estrategia capitalista, el británico Financial Times, calificó de "indispensable" la medida de Macron. "Tapar un agujero en el sistema de pensiones es un indicador de credibilidad para Bruselas y para los mercados financieros, que vuelven a penalizar la mala disciplina".  El FT prosiguió: "Si no se modifica, el sistema de pensiones (francés) registrará déficits anuales de entre el 0,4% y el 0,8% del producto interior bruto durante el próximo cuarto de siglo; (hay escenarios más benignos de equilibrio, pero éstos suponen un milagro de productividad). No es un agujero catastrófico: la cotización mínima para una pensión completa ya es bastante exigente, 41,5 años, y está subiendo a 43, aunque una edad de jubilación de 62 años parezca generosa. Sin embargo, es un agujero que hay que llenar".

Aquí hay dos cosas.  ¿Hay que tapar este agujero deficitario (no tan grande)?  Incluso si aceptamos que es así, ¿por qué hay que llenarlo obligando a la gente a trabajar más tiempo o a cotizar más de su salario ahora para pagar las pensiones más adelante?  Y también, observen que "hay escenarios más benignos, pero suponen un milagro de productividad".  Y este es el quid del 'problema de las pensiones'.  Sin reconocerlo, el FT expone los argumentos de la corriente dominante como falsos.

Hace diez años, califiqué de mito la "crisis de las pensiones" (sí, entonces estaba en boca de todos). Entonces lo expresé de la siguiente manera: "Hay recursos suficientes si se organizan adecuadamente y se utilizan plenamente. Es tanto una opción política como una cuestión de organización económica.  ¿Quiere un país utilizar sus recursos para que la gente deje de trabajar a los 60 o 65 años y tenga ingresos suficientes para vivir con una comodidad razonable, o no?  Se puede hacer".

Depende de dos cosas: en primer lugar, que una economía cree suficientes recursos y se expanda lo suficiente para atender a su población anciana, que también puede estar aumentando en proporción a la población.  Y en segundo lugar, teniendo en cuenta que los recursos son finitos, se pueden proporcionar pensiones decentes recortando otras partidas de los ingresos públicos, como en el rescate de los bancos, en el aumento del gasto en armamento, en las subvenciones a las empresas privadas para que inviertan en combustibles fósiles, y en el bajar los impuestos a los que más ganan y a las empresas, etc.

No se trata de elegir entre buenas pensiones o un buen servicio sanitario o sistema educativo. Hace diez años, demostré que un aumento sostenido del 1% del PIB real per cápita en las principales economías podría proporcionar suficientes ingresos adicionales a los gobiernos para mantener fácilmente los niveles y condiciones actuales de las pensiones con algo de sobra.  Y ello sin modificar la asignación de fondos públicos a defensa (que ahora se prevé que aumente en todas las economías de la UE hasta al menos el 2% del PIB cada año) ni perseguir los paraísos fiscales y los sistemas de evasión mediante los cuales las empresas y los particulares ricos hacen perder a los gobiernos hasta un 10% de ingresos al año.

Y subrayo la palabra un aumento "sostenido" del crecimiento real del PIB.  Cada 8-10 años, las economías capitalistas sufren caídas en la producción y la inversión que afectan significativamente a los ingresos públicos y a menudo conducen a importantes rescates de bancos y multinacionales, reduciendo aún más los ingresos para pagar los servicios públicos y las pensiones.  Una economía planificada, en la que la producción no se base en la rentabilidad y no esté sujeta a crisis periódicas y recurrentes, pronto podría "permitirse" unas pensiones decentes.

En cambio, en el siglo XXI, las economías capitalistas están experimentando una ralentización del crecimiento económico y ya van tres caídas, con la perspectiva de otra ahora mismo.  El Banco Mundial acaba de publicar un informe realmente estremecedor sobre las perspectivas de la economía mundial para el resto de esta década.  El Banco calcula que la tasa máxima de crecimiento mundial a largo plazo caerá a su nivel más bajo en tres décadas de aquí a 2030.  Entre 2022 y 2030 se espera que el crecimiento potencial medio del PIB mundial disminuya aproximadamente un tercio con respecto a la tasa que prevaleció en la primera década de este siglo, hasta el 2,2% anual. En países como Francia, la tasa de crecimiento se situará muy por debajo del 2%, de hecho sólo un 1,2% anual.

Dado que la población en edad de trabajar en Francia, al igual que en muchas otras economías avanzadas del Norte Global, va a seguir disminuyendo en lo que queda de esta década, el crecimiento depende de una mayor productividad de una mano de obra cada vez menor (a menos que los gobiernos obliguen a la gente a permanecer en el trabajo más tiempo o a trabajar más horas).  Pero el crecimiento de la productividad se está ralentizando hasta casi desaparecer a medida que se estanca la inversión en los sectores de creación de valor de las economías.  Así pues, es poco probable que el aumento de la productividad compense el descenso de la población activa.

Y la privatización de las pensiones no es la solución.  Los planes de pensiones de las empresas ya no satisfacen las necesidades de los trabajadores.  En primer lugar, los gestores privados de pensiones se llevan una importante tajada en comisiones por gestionar los fondos de pensiones.

En segundo lugar, estos gestores de inversiones no pueden ofrecer rendimientos suficientes al invertir en acciones y bonos, por lo que los fondos de pensiones privados suelen entrar en déficit.  Y los gestores de fondos de pensiones recurren a inversiones arriesgadas para intentar aumentar la rentabilidad.  Esto puede provocar crisis y pérdidas: por ejemplo, el hundimiento de los fondos de pensiones del Reino Unido en los llamados planes de "inversión basada en el pasivo" (LDI) el año pasado, cuando los rendimientos de los bonos se dispararon, obligando al Banco de Inglaterra a conceder créditos de emergencia por valor de 65.000 millones de libras.

Y en tercer lugar, la mayoría de los planes privados ya no son de "salario final", es decir, las pensiones se basan en el salario en el momento de la jubilación, sino en el importe de las cotizaciones que se van realizando a partir del salario, por lo que dependen de los gestores de los fondos de pensiones para invertir sabiamente.  Los planes de pensiones privados son un timo y, de todos modos, la mayoría de los trabajadores no tienen ninguno.

La opción francesa para las pensiones estatales es aumentar la edad de jubilación para que la gente tenga que trabajar más tiempo.  Y eso incluye a quienes realizan un trabajo duro, física o mentalmente, estresante, que no puede prolongarse más de unas décadas, si acaso. Algunos dirán que incluso 64 años está bien, porque en muchos países la edad de jubilación es mucho más alta (67 años en el Reino Unido ahora).  Pero la mayoría de los franceses no están de acuerdo. Para ellos, la edad de jubilación es un derecho por el que se ha luchado mucho, junto con mejores servicios sociales que la gente no quiere perder.

En palabras de un sociólogo francés "Desde hace 40 años, los sucesivos gobiernos piden a los franceses que acepten 'reformas' que reducen los derechos sociales. Éstas han degradado los servicios públicos de sanidad, educación, transportes, etc., al tiempo que han erosionado el poder adquisitivo y empeorado las condiciones de trabajo... Los franceses están hartos".

(Michael Roberts, Brave new Europe, 31/03/23; Traducción realizada con la versión gratuita del traductor www.DeepL.com/Translator)

11.5.21

Comparando los distintos tipo de pensiones en Suecia, Dinamarca, Alemania y Holanda... sus pensiones son públicas, pagadas con Impuestos y no hay nada de sistemas mixtos ni rollos patateros. Y lo dice la Comisión Europea y la Seguridad Social Sueca.

Carlos Cagigal @CcagigalNeira

 Con el análisis de las pensiones de Dinamarca y Suecia, quise dejar claro que los economistas conservadores y pseudoliberales, no conocían esos sistemas ni sabían de lo que hablaban. Sobre los sistemas de pensiones de otros países como Alemania u Holanda, sólo unos apuntes.

Carlos Cagigal @CcagigalNeira

 Va siendo hora que abordemos el asunto de las pensiones en Dinamarca y Suecia para comprobar todas las falsedades y desconocimiento en las informaciones sobre estos sistemas por parte de los economistas de siempre y los medios pseudoliberales de siempre. @DavidAlberte

2- Primero las fuentes. No, no son LibreMercado, Lacalle y demás sector pseudoliberal gloogleador... Comisión Europea con la seguridad social de cada país.

3- Vamos con las pensiones en Suecia, como se cotizan, gestionan y financian. Primera mentira de la información de periodistas y economistas sobre el sistema de pensiones sueco: no es un sistema mixto de capitalización y reparto. Los que hablan desde el catetismo sacan de equicio

4- En Suecia existente nada menos que TRES pensiones -Lacalle le estalla la cabeza-; 1- La Pensión basada en Cotizaciones -la española 100% pública- 2- Pensión por Primas de Reserva. 3- Y una Pensión Mínima Garantizada. SÍ, hay pensión mínima garantizada...

5- La archifamosa pensión sueca por 'capitalización" se reduce a un mísero 2'5% y avisan que además de las fluctuaciones de los fondos los gastos de gestión también afectan. Esta es la "capitalización" del "sistema mixto sueco"! Más bien parece un regalillo a los bancos...

6- Lo que no cuentan en España -seguramente al catetismo pseudoliberal- es que la Pensión Social sueca es netamente pública -97,5%- y que, en cualquier caso, hay una pensión mínima garantizada para "todo residente" en Suecia. Pensión Mínima mensual que en 2019 "rozará" los 1000€

7- Para rematar el sistema de Suecia y pasar al de Dinamarca sólo vamos a decir como se financian las pensiones en Suecia y toda su Seguridad Social. Esto "sí" es mixto: se paga con cotizaciones e impuestos y, por supuesto, los empresarios también pagan por cada trabajador.

8- El resumen del sistema de pensiones sueco es que no sólo no es mixto capitalización-reparto sino que las dos pensiones existentes son públicas, pagadas con cotizaciones e impuestos y que la Pensión Mínima Garantizada para todo residente es de 1000€ mensuales.

9- Vamos a pasar al otro tema, exponerlo y analizarlo. Resulta cansino que algunos economistas y periodistas -de muy dudoso conocimiento y capacidad- mencionen como ejemplo el sistema público de pensiones danés cuándo evidencian desconocimiento...

10- Pensiones en Dinamarca. Empecemos por decir que en Dinamarca las pensiones se financian con Impuestos.

11- Además de un suntuoso sistema de prestaciones sociales que en España envidiariamos, existen DOS pensiones: 1- Pensión Social -general y pública, la de España...- 2- Y una "Pensión Extraordinaria" complementaria para los trabajadores por cuenta ajena que cumplan requisitos.

12- Creo que ya aclarando los tipos de pensión y refiriendo a esa "Pensión Extraordinaria" en la que cumplir unos requisitos bastante exigentes queda todo dicho. La pensión general o "social" que cobran todos daneses y residentes es pública y se paga con Impuestos...

13- En España técnicos de dudoso conocimiento como Rallo o Lacalle llevan años con falsedades e imprecisiones sobre pensiones en estos países, también algunos medios. Ahora bien, este es el funcionamiento/financiación real descrito por CC y seguridad social de Suecia y Dinamarca.

14- Y después de saber por qué en estos países los jubilados perciben buenas pensiones es cuando debería empezarse a entender el por qué en estos países la carga impositiva es tan alta. Las respuestas son obviedades... 

7:08 p. m. · 17 jul. 2019
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2- Dato para que sea evidente el nivel tan malo sobre pensiones de los políticos y pseudoexpertos: "el Bundestag alemán el 2 de julio de 2020 y el Consejo Federal el 3 de julio de 2020, aprueban la ley para una pensión básica pública entrará en vigor en Enero de 2021".

3- Lo que acababa de aprobar Alemania en Julio de 2020 es una pensión básica "pública" como complemento de la pensión de jubilación dada por el GRV si los ingresos están por debajo de la media (-80%).

4- O sea, que además de desconocer un hecho tan reciente de nuestro país vecino, encima desconocen como funciona el sistema de pensiones alemán, que o no lo saben o dicen que es privado. El hecho es que Alemania se ve obligada a crear una pensión pública complementaria.

5- Pero es que la creación de está pensión pública es para compensar la pensión privada? Ésta es más gorda... digna del nivel de economistas y técnicos que hablan de pensiones y se les definen como expertos.

6- La pensión en Alemania no es privada: es el GRV, seguro obligatorio de pensiones que una estructura dentro del sistema de seguridad social alemán. Las pensiones en Alemania es de "sistema de reparto" (como España...) financiada con cotizaciones sociales e impuestos.

7- Anualmente el gobierno alemán financia a través de su presupuesto el seguro obligatorio de pensiones de forma variable, según las necesidades del seguro pero que, en cualquier caso, esas aportaciones llegan a ser 1/3 del gasto anual en pensiones.

8- Aún así, el Bundestag alemán, para proteger la pérdida de poder adquisitivo de los jubilados alemanes, aprueba la creación de una pensión pública que complemente la pensión principal a percibir para quien su pensión no llegue al 80% de la renta media.

9- Pero, en España, te sale todo un ejército de técnicos, economistas y pseudoexpertos con una serie de cuentos y problemas proponiendo que la única solución es recortar pensiones. Cuando la ignorancia es la que predomina en la toma de decisiones, nada bueno puede venir...

10- Holanda tiene 3 pensiones: - La AOW, la pensión pública, que es el pilar principal del sistema de pensiones. Es ajustada anualmente en base al SMI neerlandés. - Plan de pensiones de empresa. Aproximadamente el 90% de los empleadores tienen un plan de pensiones complementario.

11- Con este plan de pensiones, reciben un beneficio adicional complementario a la AOW. Perdonen las erratas pero estoy escribiendo de memoria...

12- Estos planes de pensiones de empresa, "sorpresa:, se financia entre empresario y el empleado siendo la aportación de la empresa al plan del trabajador "2/3 del total de las primas de pensión" y los empleados 1/3 parte. Pensión pública y plan de pensión pagado por la empresa.

13- La tercera pensión consiste es seguros individuales. El plan de pensión individual que bancos y aseguradoras venden en España...

14- Es bueno recordar a todo este ejército de economistas y pseudoexpertos que comparen el gasto de España en pensiones en relación al PIB con todos los países similares de nuestro entorno... Y que luego digan si las pensiones es un problema real o es la nueva moto a vender.

Por cierto, los economistas y pseudoexpertos que también dicen que "Suiza tiene sistema de pensiones privado", son otros que no tienen ni idea... No hay tiempo suficiente para dedicar a tanta ignorancia.

12:35 a. m. · 2 may. 2021
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23.4.21

Hay que preguntarse por qué hay una tesorería general de la SS y no una tesorería general de las carreteras del Estado, de la Justicia, o de la Defensa... Hay que sacar el debate sobre las pensiones del ámbito financiero, donde quieren ponerlo los economistas neoclásicos, y llevarlo al ámbito de los recursos reales. En España hay recursos reales suficientes para asegurar un nivel de vida más digno de lo que permiten nuestro mezquino sistema de pensiones públicas

Stuart Medina Miltim @SMiltim

 El pensamiento económico más rancio, el Banco de España, la banca, los ministros Escrivá y Balaguer, la Comisión Europea están embarcados en una campaña para reducir las pensiones y generar inquietud sobre la sostenibilidad de las pensiones. Abro hilo:

1. Como sociedad hemos decidido que los niños y los mayores años no trabajen. Esa es una decisión que caracteriza a una sociedad democrática y civilizada. A principios del siglo XX había niños trabajando desde los 6 años y también personas mayores trabajando hasta que se morían.

2. Para ello hemos decidido que las personas dependientes perciban una renta que les permite accedan a excedentes productivos que produce la población trabajadora.

3. Lo que debe hacer sostenible una sistema de pensiones no son consideraciones financieras sino el tamaño del excedente productivo y las tasas de dependencia (la ratio entre personas dependientes y trabajadoras).

4. Si tu economía es poco productiva quizá pueda soportar un población dependiente menor. Si es muy productiva podrá soportar una tasa de dependencia mayor.

5. En España hay recursos reales suficientes para asegurar un nivel de vida más digno de lo que permiten nuestro mezquino sistema de pensiones públicas.

6. Lo que debe preocupar a un gobierno informado por la TMM es si hay suficiente excedente productivo y recursos para atender a las personas mayores: residencias de mayores, gerontólogos, enfermeros, etc...

7. La peor forma de asegurar ese excedente es lo que hace ahora la UE: políticas de austeridad que dejan a millones de personas sin producir y socavan el crecimiento de la productividad de nuestra economía.

8. El problema financiero de las pensiones solo es relevante para países que han renunciado a su soberanía monetaria como España y otros países de la zona euro.

9. Para otros países como EEUU, Reino Unido, Nueva Zelanda, etc.. el problema se limita al análisis de las tasas de dependencia para planificar la atención a las personas dependientes; la disponibilidad de recursos, poner a la población activa a producir, etc..

10. No es lo mismo una sociedad envejecida, que una que experimenta una alta tasa de natalidad. En el segundo caso habrá que tener en cuenta la necesidad de construir escuela, etc. En el primero más resiencias, etc...

11. Esa planificación es lo que distingue una política inteligente de una política estúpida (recortar pensiones, subir cotizaciones, retrasar jubiliaciones).

12. En la zona euro lo que debe hacer el Gobierno de España es dejar de enredar con los años de cotización y las bonificaciones para retrasar la jubilación y poner a la gente a trabajar, inversión pública en residencias, contratar personal sanitario etc...

13. Si consideran que hay un problema financiero, como Estado miembro de la UE que plantee en el Consejo una reforma en profundidad del papel del BCE para que asegure la financiación adecuada de nuestro Estado.

14. Si no fuera posible (que yo creo que no lo es), que se dejen de engañar a la población y que nos saquen del euro.

15. Escrivá, saca tus sucias manos de nuestro sistema de pensiones.

16. Hay que sacar el debate sobre las pensiones del ámbito financiero, donde quieren ponerlo los economistas neoclásicos, y llevarlo al ámbito de los recursos reales.

17. Por ejemplo preguntarse por qué hay una tesorería general de la SS y no una tesorería general de las carreteras del Estado, de la Justicia, de la Casa Real o de la Defensa.

18. No es inocente poner siempre en la picota a las pensiones públicas con pactos de Toledo, tesorerías separadas, etc...

19. Y también hay que destapar las operaciones de desinformación que lanzan la banca, la AIREF y el Banco de España sobre el tema. 

3:49 p. m. · 13 abr. 2021
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