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12.6.26

El Informe sobre Justicia Global... la propuesta que visualiza un mundo justo y sostenible... un plan completamente cuantificado que avance en esta dirección, combinando cuatro dimensiones que los debates actuales a menudo tratan por separado: la redistribución a escala mundial, una reforma profunda del orden financiero y económico internacional, una transformación radical de los sistemas energéticos y cambios sustanciales en los patrones de consumo... El ingreso nacional bruto mensual promedio per cápita (Euros PPA 2025) aumenta a 5.000 Euros en todos los países para 2100... Las horas de trabajo anuales por persona empleada caen de aproximadamente 2.100 horas hoy a unas 1.000 horas para 2100... El gasto educativo per cápita aumenta a 8.400 Euros al año en todos los países para 2100. El gasto en salud aumenta a 14.400 Euros... Mujeres y hombres convergen en cantidades iguales de trabajo económico y doméstico y en igualdad de salario promedio... La escala de ingresos se comprime a 1 a 5, y la escala de riqueza a 1 a 10... Los gastos anuales (incluyendo dividendos por país y flujos de inversión) alcanzan el 10.3% del PIB mundial anual en promedio durante el período 2026-2060... Una cartera activa de activos sostenibles que alcanza el 10% del stock de capital mundial (o equivalentemente, el 60% del PIB mundial). La acumulación inicial de activos proviene de reinvertir una gran parte de los ingresos fiscales globales sobre la riqueza y la renta durante el período 2026-2035... Un impuesto global a la riqueza (que aumenta del 0% en 10 veces la riqueza media mundial al 20% anual para los multimillonarios) y un impuesto global a la renta (que alcanza el 90% en la cúspide), ambos dirigidos a aproximadamente el 1% de la población mundial... Alrededor del 89% del mundo duplicará su ingreso monetario entre 2026 y 2100; más del 95% gana en el Sur global, y entre el 85-95% en el Norte global... Todos los habitantes del mundo tienen la misma voz política en el Fondo de Justicia Global y el nuevo orden internacional... La participación de la riqueza global del 50% inferior aumenta del 2% al 30% (×15), mientras que la participación del 0.001% superior (clase multimillonaria) cae del 6% al 0.05%... se crea una Cámara de Compensación Internacional y una nueva moneda internacional para poner fin a los privilegios exorbitantes... Y así el calentamiento alcanza 1.8°C bajo una convergencia sostenible y descarbonización rápida, frente a más de 4°C bajo desigualdad persistente y descarbonización lenta (Thomas Piketty)

Thomas Piketty @PikettyWIL

Una semana después del lanzamiento del #GlobalJusticeReport, hemos recibido una amplia gama de reacciones. Agradecemos los muchos comentarios, críticas y preguntas que hemos recibido hasta ahora, y esperamos que las discusiones continúen en las semanas venideras. Vemos el informe como una contribución a un debate público más amplio. Aquí hay tres críticas comunes que nos gustaría abordar: 1) “El informe propone una agenda radical de decrecimiento” 2) "El informe utiliza un escenario de calentamiento de 4,5 °C irrealistamente pesimista." 3) "El informe es un sueño utópico." 

1) “El informe propone una agenda radical de decrecimiento” Nuestro escenario propuesto de “Convergencia Sostenible” es uno en el que los ingresos mensuales promedio per cápita convergen a €5000 en todas las regiones del mundo. Un escenario en el que todos, excepto los muy ricos, verían duplicarse sus ingresos para 2100. El tamaño total de la economía global sería 4 veces mayor que el de hoy (en términos de volumen). ¡Difícilmente suena como “decrecimiento” para nosotros! Encontramos que bajo condiciones estrictas, este objetivo es alcanzable dentro del presupuesto de carbono. ¡Lo que realmente importa es el contenido del crecimiento! Por eso, el informe se basa en un modelado sectorial detallado y aboga por un cambio alejándose de los sectores materiales, en lugar de una fetichización ciega de los agregados monetarios. Abogamos por un mundo con más salud, más educación, más servicios públicos, más ingresos para el 99%, pero menos autos, no más multimillonarios y no yates de lujo.

 2) "El informe se basa en un escenario de calentamiento de 4,5 °C irrealistamente pesimista." El informe no utiliza el escenario RCP8.5. Las proyecciones de temperatura en nuestros "escenarios macroeconómicos centrados en el crecimiento" se basan en nuestro propio marco de modelado y no están pensadas para ser trayectorias de "negocios como siempre" o "política actual". Más bien, están diseñadas para ilustrar las consecuencias de una narrativa futura que prioriza el crecimiento agregado rápido mientras no acelera la transición energética ni adopta otras políticas de reducción de emisiones. Específicamente, estos escenarios asumen un crecimiento económico a gran escala continuo (el tamaño de la economía en 2100 es 8 veces la economía mundial actual), un consumo sectorial global sin cambios y desarrollos energéticos que son ampliamente consistentes con las trayectorias de política actual de la Agencia Internacional de Energía (extendidas hasta 2100). Esto resulta en cifras de emisiones muy grandes y proyecciones de aumento de temperatura. No abogamos por estos escenarios, sino que simplemente los utilizamos para descomponer los impulsores de la reducción de emisiones: la suficiencia (horas laborales reducidas, cambio sectorial, reforestación) es tan importante como la transición energética (fin de los combustibles fósiles, electrificación, mejoras en la eficiencia energética) para mantenerse dentro de los 2 grados.

 3) «El informe es un sueño utópico». El Informe sobre Justicia Global propone escenarios ambiciosos para reconciliar la prosperidad para todos y la habitabilidad planetaria. Esperamos que estos puedan respaldar el debate democrático para desarrollar políticas hacia un futuro más equitativo y sostenible. Aunque en el discurso tecno-distópico actual el informe pueda parecer utópico, las propuestas son en realidad demasiado moderadas o gradualistas según baremos importantes. Un ejemplo: A través del Fondo de Justicia Global, el informe propone inversiones de alrededor del 10% del PIB global por año hasta 2060 para ampliar el acceso a la educación y la atención sanitaria y financiar la transición climática. Esto está muy por debajo de lo que se requeriría para lograr igualdad de oportunidades de inmediato. Proporcionar educación y atención sanitaria a todas las regiones al nivel de los países de altos ingresos requeriría inversiones de alrededor del 40% del PIB global a partir de hoy. Las transferencias anuales también son insuficientes para compensar adecuadamente los daños históricos coloniales y climáticos. Como señaló el Editorial de @guardian a principios de esta semana: «Los críticos [del Informe sobre Justicia Global] dirán que el informe es un sueño utópico. [...] La pregunta es por qué un trato tan atractivo se ha vuelto tan difícil de vender».

El Informe Global de Justicia tiene un sitio web dedicado con: -Informe y Resumen -Investigación de Antecedentes y Documentos Técnicos -Series de Datos y Figuras -Conjunto Completo de Códigos de Computadora Léalo, compártalo y únase al debate. globaljusticeproject.wid.world

(traducción google)

7:23 p. m. · 11 jun. 2026 ·6.254 Visualizaciones

  

 "Informe sobre Justicia Global: Un plan para la igualdad y la prosperidad dentro de los límites planetarios.

**Medio ambiente, Derechos humanos, Movimientos, EstrategiaGlobalNewswire**

El Informe sobre Justicia Global intenta esbozar una nueva visión para el progreso global en el siglo XXI: fundamentar el desarrollo humano y la igualdad en la habitabilidad planetaria. Explora las condiciones bajo las cuales el mundo podría avanzar hacia este horizonte y traza una trayectoria de transición económica y ecológicamente consistente desde 2026 hasta 2100.

Su conclusión principal es simple: es posible conciliar la habitabilidad planetaria y un alto bienestar para todos, pero solo si la transformación descansa sobre tres pilares simultáneamente. Es necesaria una descarbonización rápida de los sistemas energéticos. Pero también necesitamos un cambio importante hacia la suficiencia —entendida como una fuerte reducción de las horas de trabajo y la huella material, junto con grandes cambios en los patrones de consumo, hábitos alimenticios, uso del suelo y cobertura forestal—. Además, ni la descarbonización ni la suficiencia pueden financiarse y sostenerse políticamente sin una reducción drástica de la desigualdad de ingresos, riqueza y poder, tanto entre países como dentro de ellos. La compresión de la desigualdad global no solo es compatible con una descarbonización profunda; es una condición necesaria para la prosperidad compartida en un planeta finito.

El Informe sobre Justicia Global es el primer intento de proponer un plan completamente cuantificado que avance en esta dirección, combinando cuatro dimensiones que los debates actuales a menudo tratan por separado: la redistribución a escala mundial, una reforma profunda del orden financiero y económico internacional, una transformación radical de los sistemas energéticos y cambios sustanciales en los patrones de consumo. En comparación con la mayoría de los escenarios climáticos, incluidos los del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), la principal novedad es que modelamos las cuatro dimensiones juntas y situamos la desigualdad y la suficiencia en el centro del análisis.

Concretamente: El ingreso nacional mensual per cápita converge a 5.000 € en todos los países, cerrando una brecha de 16 veces. La participación de la mitad inferior de la riqueza mundial aumenta del 2% al 30%, mientras que la participación de la clase multimillonaria disminuye del 6% al 0.05%. Casi el 90% de la población mundial duplica sus ingresos mientras trabaja aproximadamente la mitad de las horas que trabaja hoy. El calentamiento alcanza 1.8°C para 2100, en lugar de superar los 4°C según las tendencias macroeconómicas y de políticas de referencia.

El Informe sobre Justicia Global es parte de una agenda internacional más amplia para la habitabilidad planetaria, la justicia social y la reforma de la arquitectura financiera global, que incluye: la Iniciativa de Bridgetown lanzada por Barbados en 2022, que combina reforma monetaria internacional, impuestos globales a la riqueza y financiación climática; el reciente Compromiso de Sevilla sobre financiación para el desarrollo; el proceso de la Convención Fiscal de la ONU; y las iniciativas del G20 lideradas por Brasil y Sudáfrica sobre la desigualdad global y el reequilibrio de la riqueza y el poder dentro de los límites planetarios. La principal contribución de este informe es situar estas propuestas dentro de un marco institucional cuantificado, modelando la convergencia socioeconómica, el cambio de temperatura y las trayectorias distributivas hasta 2100. Nuestra conclusión general es que es posible concebir un plan cuantitativamente consistente para el desarrollo sostenible a escala global basado en propuestas como la Iniciativa de Bridgetown y otras plataformas recientes.

**Recuadro 1: Combinando Igualdad Global y Habitabilidad Planetaria**
El Informe sobre Justicia Global describe escenarios futuros deseables que combinan dos objetivos clave: la igualdad socioeconómica (incluyendo la igualdad plena entre países, la igualdad de género total en horas de trabajo y salario, una compresión drástica de las escalas de ingresos y riqueza dentro de los países, combinada con acceso justo a educación, salud y voz política), y la habitabilidad planetaria (alineando el uso de recursos globales dentro de los límites ecológicos, incluyendo la limitación del aumento de la temperatura global por debajo de 2°C).

Para evitar catástrofes climáticas, demostramos que se requiere suficiencia: una transformación estructural de la economía que implique jornadas laborales más cortas, una menor huella material, un cambio de sectores intensivos en materiales hacia sectores relativamente inmateriales como la educación y la salud, y cambios importantes en los sistemas alimentarios y el uso del suelo. También es necesaria una descarbonización rápida de los sistemas energéticos, al igual que la compresión drástica de la desigualdad de ingresos y riqueza. Esta compresión es tanto un objetivo de justicia social como una condición para financiar las inversiones climáticas y el gasto en capital humano necesarios, y para mantener el apoyo político de las clases de ingresos bajos y medios tanto del Norte como del Sur.

**Recuadro 2: Contabilidad Material y Monetaria para el Debate Democrático**
El Informe sobre Justicia Global utiliza indicadores multidimensionales para medir el progreso social. Establecemos objetivos cuantitativos sobre la justicia socioeconómica global, que formulamos combinando la contabilidad material (usando el lenguaje de horas de trabajo, participación sectorial, educación y salud, sistemas energéticos, emisiones de GEI, uso del suelo, cobertura forestal, aumento de temperatura, etc.) y la contabilidad monetaria (usando el lenguaje de escalas de ingresos y riqueza entre países y dentro de ellos, y fiscalidad progresiva). El informe se basa en dos siglos de datos históricos y en la literatura reciente sobre reparaciones climáticas y coloniales.

La Plataforma de Justicia Global propone un paso cuantitativa e institucionalmente fundamentado hacia la justicia global. No busca cerrar el debate: ofrece una base transparente sobre la cual los ciudadanos, sindicatos, parlamentos y organismos internacionales puedan debatir, impugnar y decidir el curso de las próximas décadas.

**Justicia Global para 2100 de un Vistazo**

- **Igualdad entre países:** El ingreso nacional bruto mensual promedio per cápita (Euros PPA 2025) aumenta a 5.000 Euros en todos los países para 2100. Hoy, oscila entre 290 Euros en África subsahariana y 4.590 Euros en América del Norte/Oceanía (una brecha de 16 veces).
- **Menos trabajo, más emancipación:** Las horas de trabajo anuales por persona empleada caen de aproximadamente 2.100 horas hoy a unas 1.000 horas para 2100, continuando la tendencia histórica hacia jornadas laborales más cortas.
- **Educación y salud para todos:** El gasto educativo per cápita aumenta a 8.400 Euros al año en todos los países para 2100. Hoy, oscila entre 210 y 4.140 Euros. El gasto en salud aumenta a 14.400 Euros. Hoy oscila entre 110 Euros y 8.300 Euros. La proporción de las horas de trabajo globales dedicadas a la educación y la salud aumenta del 11% actual al 43% en 2100.
- **Igualdad de género total:** Mujeres y hombres convergen en cantidades iguales de trabajo económico y doméstico y en igualdad de salario promedio.
- **Un mundo por debajo de 2°C:** El calentamiento alcanza 1.8°C bajo una convergencia sostenible y descarbonización rápida, frente a más de 4°C bajo desigualdad persistente y descarbonización lenta (políticas actuales).
- **Compresión de la desigualdad:** La escala de ingresos se comprime a 1 a 5, y la escala de riqueza a 1 a 10. Esto representa una compresión importante de la desigualdad de ingresos global, de escala similar a la reducción lograda en Europa occidental y nórdica durante el siglo XX.
- **Redistribución de la riqueza:** La participación de la riqueza global del 50% inferior aumenta del 2% al 30% (×15), mientras que la participación del 0.001% superior (clase multimillonaria) cae del 6% al 0.05% (÷100), una redistribución asombrosa.
- **Fondo de Justicia Global:** Los gastos anuales (incluyendo dividendos por país y flujos de inversión) alcanzan el 10.3% del PIB mundial anual en promedio durante el período 2026-2060. En comparación, la ayuda oficial al desarrollo actual y los presupuestos combinados de la ONU, el FMI y el Banco Mundial representan menos del 0.4% del PIB mundial. Esto se justifica por el hecho de que solo las nuevas inversiones climáticas representarán entre el 3 y el 4% del PIB mundial anual en las próximas décadas y deberán complementarse con un gran impulso en el gasto en educación y salud para fomentar la convergencia global.
- **Fondo Soberano Mundial:** Una cartera activa de activos sostenibles que alcanza el 10% del stock de capital mundial (o equivalentemente, el 60% del PIB mundial). La acumulación inicial de activos proviene de reinvertir una gran parte de los ingresos fiscales globales sobre la riqueza y la renta durante el período 2026-2035.
- **Impuestos globales sobre riqueza y renta:** Un impuesto global a la riqueza (que aumenta del 0% en 10 veces la riqueza media mundial al 20% anual para los multimillonarios) y un impuesto global a la renta (que alcanza el 90% en la cúspide), ambos dirigidos a aproximadamente el 1% de la población mundial.
- **Una gran mayoría se beneficia en cada región:** Alrededor del 89% del mundo duplicará su ingreso monetario entre 2026 y 2100; más del 95% gana en el Sur global, y entre el 85-95% en el Norte global. Más del 99% de la población está mejor cuando se incluye la valoración del ocio y la habitabilidad planetaria.
- **De la plutocracia global a la democracia global:** Todos los habitantes del mundo tienen la misma voz política en el Fondo de Justicia Global y el nuevo orden internacional. Actualmente, Europa y América del Norte/Oceanía tienen 4 veces más votos en el FMI y el Banco Mundial que su proporción de población, mientras que África subsahariana y Asia del Sur y Sudeste tienen 4 veces menos votos que su proporción de población.
- **Fin de los privilegios exorbitantes:** La creación de una Cámara de Compensación Internacional y una nueva moneda internacional para poner fin a los privilegios exorbitantes, es decir, el hecho de que los países ricos se benefician de mayores rendimientos sobre sus activos externos de lo que pagan por su deuda externa, recibiendo así una transferencia financiera de los países pobres (0.6-0.8% del PIB mundial anual en promedio durante el período 2000-2025, aproximadamente el doble de la ayuda total al desarrollo).

**Garantizando Igualdad y Prosperidad para Todos**

El objetivo básico de igualdad y prosperidad de la Plataforma de Justicia Global es la convergencia total del ingreso entre países para 2100. Hoy, el ingreso nacional bruto mensual per cápita oscila entre 290 Euros en África subsahariana y 4.590 Euros en América del Norte/Oceanía (una brecha de 16 veces), con un promedio mundial de 1.410 Euros. Para 2100, todos los países convergerán a 5.000 Euros mensuales (Figura 1). Esto corresponde a un objetivo de 60.000 Euros per cápita anuales. Alcanzar este objetivo implica tasas de crecimiento del PIB per cápita anual de alrededor del 0-0.5% en las regiones más ricas actuales (América del Norte/Oceanía, Europa) y alrededor del 3-4% en las regiones más pobres actuales (África subsahariana, Asia del Sur y Sudeste), estas últimas comparables a la tasa de crecimiento promedio de Asia Oriental en los últimos 75 años.

Hay dos razones principales para este objetivo. Primero, todos los países del Sur global aspiran a la prosperidad económica, y cualquier marco creíble para la cooperación climática global debe tener en cuenta esa aspiración. Al mismo tiempo, converger a un nivel más alto no encajaría en un presupuesto de carbono de 2°C. El objetivo de 5.000 Euros y el límite de crecimiento resultante en los países ricos se encuentran en la intersección de estas dos restricciones.

El crecimiento casi nulo en los países más ricos de hoy no significa que su nivel de vida se estanque. Desde la perspectiva únicamente del ingreso monetario, una gran parte de la población de los países ricos seguirá viendo aumentar sus ingresos en las próximas décadas, gracias a la fuerte compresión de la desigualdad de riqueza e ingresos dentro de los países. Teniendo en cuenta el valor del tiempo libre adicional y los costos evitados de los daños climáticos en comparación con escenarios de alto crecimiento y alto calentamiento, incluso los países más ricos de hoy disfrutarán de un aumento sustancial en los indicadores integrales de bienestar.

**Trabajar Menos, Alcanzar la Igualdad de Género**

El primer elemento de suficiencia en la Plataforma de Justicia Global es una gran reducción de las horas de trabajo: de aproximadamente 2.100 horas a 1.000 horas anuales por persona empleada, entre 2025 y 2100 (Figura 2). Como se observa en episodios históricos de reducción del tiempo de trabajo, el crecimiento de la productividad hace posibles tales reducciones.

Históricamente, los países han utilizado una parte significativa de sus ganancias de productividad a largo plazo para disfrutar de más ocio en lugar de consumir más bienes, y las crecientes amenazas a la habitabilidad planetaria proporcionan ahora una razón adicional para limitar la huella material de la economía. El ritmo requerido es solo ligeramente más ambicioso que lo ocurrido entre 1860 y 1980, el apogeo de la movilización de la clase trabajadora en este tema. Por supuesto, el hecho de que las proyecciones sean consistentes con experiencias pasadas no implica que sean fáciles de implementar. La reducción de las horas de trabajo dependió de una movilización colectiva y una acción legislativa muy fuertes en el pasado, y probablemente se necesitará lo mismo en el futuro.

Además de reducir las horas de trabajo, todos los países convergen hacia la igualdad de género total en el mercado laboral, con tasas de empleo similares para mujeres y hombres, igualdad de horas de trabajo económico y doméstico, e igualdad salarial promedio (Figura 3). La igualdad de género es un objetivo ampliamente respaldado entre las generaciones más jóvenes de todo el mundo, al igual que la reducción del tiempo de trabajo y la preservación de la habitabilidad planetaria, pero lograrlo también requiere una enorme movilización política y cambios de gran alcance en las instituciones, las políticas públicas y las normas sociales. Es necesario sistematizar y reforzar la igualdad en las bajas parentales, las normas contra la discriminación y las cuotas de género para los ascensos; es probable que se necesiten herramientas más radicales, incluida la igualación fiscal de los ingresos entre mujeres y hombres, para reequilibrar las relaciones de poder dentro de los hogares. La compresión de las escalas de ingresos y riqueza presentada más adelante también es complementaria a los objetivos de igualdad de género, dada la pronunciada sobrerrepresentación de los hombres en la cúspide de estas distribuciones.

La reducción de las horas de trabajo también debe ir acompañada de un cambio significativo de los sectores materiales a los inmateriales. La proporción de las horas de trabajo globales dedicadas a la educación y la salud aumenta del 11% en 2025 al 43% en 2100 (Figura 4). Si bien este aumento puede parecer grande, vale la pena señalar que países como Noruega y Suecia ya asignan alrededor del 30-35% de las horas de trabajo a estos sectores hoy en día. Dada la escala de las necesidades futuras en salud y educación, impulsadas por el envejecimiento de la población y la ampliación del acceso a la educación superior entre las generaciones más jóvenes, incluso el aumento proyectado al 43% bien podría resultar insuficiente.

**Manteniéndose por Debajo de 2°C**

La única forma de mantener el calentamiento por debajo de 2°C mientras se logran nuestros objetivos de igualdad y prosperidad compartida es combinar la suficiencia y una transición energética rápida (Figura 5). La suficiencia incluye una fuerte reducción de las horas de trabajo y la huella material, un gran cambio en el consumo de sectores materiales a inmateriales (educación/salud), y un cambio sustancial en los hábitos alimenticios, permitiendo una prohibición estricta de la deforestación y un retorno gradual de la cobertura forestal global al nivel de 1900. La transformación de los sistemas energéticos implica la electrificación de la demanda energética, un cambio a combustibles bajos en carbono en sectores como el acero y el cemento, y la descarbonización de la generación eléctrica. Solo una descarbonización rápida y urgente puede reducir la participación de los combustibles fósiles a menos del 20% de la demanda energética mundial para 2050 y a cero antes de finales de siglo, con la electricidad representando casi el 80% de la demanda energética total y generada íntegramente a partir de fuentes bajas en carbono a mediados de siglo. Esto requiere una inversión masiva en nueva infraestructura, alrededor del 3-4% del PIB mundial anualmente durante las próximas tres décadas, financiada principalmente por los ricos globales, quienes se beneficiaron desproporcionadamente del crecimiento económico global en las últimas décadas y tienen una gran responsabilidad por las emisiones históricas.

Solo mediante la combinación de suficiencia y una transición energética la humanidad puede mantenerse por debajo de 2°C (Figura 6). De lo contrario, el mundo se dirige hacia una catástrofe climática, con un calentamiento global superior a 4°C para 2100. En particular, bajo las políticas actuales, los combustibles fósiles aún satisfacen aproximadamente la mitad de la demanda energética mundial en 2100. Bajo los compromisos actuales, aún satisfacen alrededor del 40%. También encontramos que la suficiencia específica puede ser más efectiva que el decrecimiento agregado. Por ejemplo, un objetivo de PIB per cápita de 60.000 Euros con un gran cambio de consumo hacia sectores inmateriales, cambio en los hábitos alimenticios y la reforestación implícita conduce a un aumento de temperatura de 1.8°C en 2100, es decir, menos que los 1.9°C asociados con un gran decrecimiento uniforme (15.000 Euros para todos en 2100) pero sin suficiencia y transformación estructural (Figura 7).

**Construyendo la Plataforma de Justicia Global**

El Fondo de Justicia Global (GJF) es la pieza central de la Plataforma de Justicia Global y la institución clave responsable de abordar estos desafíos. Está diseñado como una nueva institución internacional dedicada a la convergencia socioeconómica global y la financiación del desarrollo sostenible y la transición energética a escala global. Su objetivo clave es garantizar oportunidades de desarrollo equitativas para todos los países al tiempo que limita el calentamiento global a menos de 2°C.

El GJF es responsable de recaudar ingresos adecuados (mediante impuestos globales a la riqueza y la renta), gestionar un Fondo Soberano Mundial (compuesto por ingresos fiscales previamente acumulados) y distribuir dividendos por país (asignados a cada país sobre una base per cápita igual y utilizados para financiar la inversión climática, el gasto en educación y salud) (Figura 8). Los impuestos globales a la riqueza y la renta se suman a los sistemas fiscales nacionales y se dirigen solo a la cúspide de la distribución mundial, alrededor del 1% de la población mundial.

En los primeros años de la plataforma, el impuesto global a la riqueza realiza la mayor parte del trabajo, obteniendo pagos sustanciales de los multimillonarios, centimillonarios y decamillonarios del mundo y canalizándolos hacia el Fondo Soberano Mundial. El Fondo acumula activos equivalentes a aproximadamente el 60% del PIB mundial, o alrededor del 10% del stock de capital mundial, y se estabiliza en torno a ese nivel (Figura 9). Una vez constituido, el ingreso de esos activos reemplaza gradualmente los ingresos fiscales como la principal fuente de financiación de la plataforma: para 2050, los ingresos por inversiones ya representan tres cuartas partes de los recursos del GJF; para 2100, representan la totalidad.

En el lado de los gastos, los dividendos por país se distribuyen sobre una base per cápita igual y, por lo tanto, representan una menor participación del PIB en los países ricos que en los pobres, en promedio alrededor del 2-3% del PIB en Europa y América del Norte/Oceanía durante 2026-2100, frente al 5% en Asia del Sur y Sudeste y el 9% en África subsahariana. Vienen acompañados de fuertes condicionalidades: objetivos climáticos (inversión en energía baja en carbono, emisiones de gases de efecto invernadero verificables, fin de la deforestación), objetivos de capital humano (gasto en educación y salud) y objetivos de desigualdad (distribución del ingreso y la riqueza). Más allá de financiar los dividendos por país, el Fondo Soberano Mundial también sirve para un segundo propósito clave: una participación pública permanente de aproximadamente el 10% del stock de capital mundial, que contribuye a la reorientación de la inversión mundial hacia el desarrollo sostenible.

**Financiándolo a la Escala Adecuada**

Los gastos anuales del Fondo de Justicia Global promedian el 10.3% del PIB mundial anual durante el período 2026-2060. Esto supera con creces el total de recursos combinados actualmente asignados a la ayuda al desarrollo y las organizaciones internacionales (menos del 0.4% del PIB mundial) (Figura 10). Esto se debe a que la escala del desafío no tiene precedentes: solo la inversión climática asciende al 3-4% del PIB mundial anual en las próximas décadas, y el GJF también necesita ayudar a financiar el gasto en capital humano para fomentar la convergencia sostenible global (Figura 11).

Un objetivo central de la Plataforma de Justicia Global es el acceso igualitario a educación y salud de alta calidad para todos. El gasto total en educación y salud aumenta del 13% del PIB mundial actual, con grandes disparidades entre regiones, a aproximadamente el 38% del PIB mundial en todas partes para 2100. El Fondo de Justicia Global financia el impulso inicial: entre 2026 y 2050, ayuda a los países pobres a cerrar las brechas más extremas en el gasto en educación y salud. El gasto educativo per cápita actual oscila entre 210 Euros en África subsahariana y 4.140 Euros en América del Norte/Oceanía, una brecha de 1 a 20 (Figura 12), y el gasto en salud oscila entre 110 Euros y 8.300 Euros, una brecha de más de 1 a 70. Para 2100, todos los países convergerán a 8.400 Euros por persona para educación y 14.400 Euros para salud, pero esto llevará décadas de lograr un acceso igualitario a la educación y la salud. Para 2050, se proyecta que las brechas en educación y salud aún serán de alrededor de 1 a 3 en nuestro escenario de referencia.

Esto refleja el hecho de que la Plataforma de Justicia Global es una plataforma relativamente moderada y gradualista (posiblemente demasiado moderada y gradualista). Lograr un acceso igualitario inmediato a los niveles de educación y salud de los países ricos de hoy requeriría un Fondo de Justicia Global aproximadamente cuatro veces mayor, alrededor del 40% del PIB mundial, en lugar del 10%. Nuestras propuestas de referencia equilibran la ambición con la viabilidad política y están abiertas a ser ampliadas.

**Comprimiendo la Escala de Ingresos y Riqueza**

La Plataforma de Justicia Global apunta a una compresión sustancial de las escalas de ingreso y riqueza nacionales entre 2026 y 2100. Los impuestos globales a la riqueza y la renta están diseñados tanto para recaudar los recursos necesarios para el Fondo de Justicia Global como para frenar la concentración de ingresos, riqueza y poder en la cúspide de la distribución mundial. Se espera que las políticas a nivel nacional (impuestos progresivos, salarios mínimos, regulaciones de escalas salariales, normas del mercado laboral, representación de los trabajadores en los consejos de administración) desempeñen el papel principal en la remodelación de la distribución del ingreso de cada país a largo plazo. Se proyecta que la escala de ingresos dentro de cada país converja a 1 a 5 para 2100; la escala de riqueza en estado estacionario correspondiente a aproximadamente 1 a 10. El efecto combinado de la convergencia entre países y la compresión dentro de los países reduce la participación del 10% superior global en el ingreso después de impuestos del 52% actual al 18% en 2100, mientras que la participación del 50% inferior aumenta del 8% al 38% (Figura 13).

El panorama de la riqueza es aún más marcado. La participación del 50% inferior de la distribución de la riqueza mundial aumenta de aproximadamente el 2% actual a aproximadamente el 30% para 2100, un aumento de 15 veces (Figura 14). La participación en la riqueza de la clase multimillonaria mundial cae del 6.4% al 0.05%, una disminución de más de cien veces (Figura 15).

La compresión proyectada de las escalas de ingresos y riqueza es consistente con las tendencias a largo plazo observadas en algunos de los países más ricos del mundo, particularmente en Europa occidental y nórdica. Por ejemplo, la relación entre el umbral de ingreso después de impuestos del percentil 99 y el del percentil 10 (P99/P10) disminuyó de aproximadamente 32 en 1900 a 3.9 en 1990 en Europa nórdica, y se proyecta que disminuya de aproximadamente 37 en promedio actualmente a nivel mundial a 3.3 para 2100. La historia sugiere que este tipo de compresión no se produce a expensas de la prosperidad. Los países que experimentaron la reducción más sustancial de la desigualdad en la cúspide en el siglo XX (Europa nórdica y occidental) son también los que experimentaron algunas de las ganancias de productividad más impresionantes. Estados Unidos, donde la desigualdad en la cúspide aumentó notablemente después de las décadas de 1980 y 1990, no disfrutó de un crecimiento de la productividad más rápido que el de Europa occidental y nórdica durante el mismo período.

**Construyendo Coaliciones Nacionales y Globales**

Una gran mayoría de la población (aproximadamente el 95-98% en el Sur global y el 85-95% en el Norte global) se beneficia de la Plataforma de Justicia Global en términos puramente monetarios (Figura 16). A nivel global, el 89% de la población ve más que duplicar su ingreso monetario anual entre 2025 y 2100, mientras que menos del 2% experimenta una disminución de sus ingresos. En las regiones más pobres, las ganancias son casi universales: aproximadamente el 99% de la población ve un crecimiento superior al 100% en el ingreso monetario, prácticamente sin disminución de ingresos.

En las regiones más ricas, las ganancias son menores, pero la mayoría aún se beneficia. Alrededor del 45% de la población en América del Norte/Oceanía y el 28% en Europa al menos duplican su ingreso monetario; una minoría (14% en América del Norte/Oceanía y 6% en Europa) ve disminuir su ingreso monetario. Los perdedores se sitúan esencialmente en la cúspide de la distribución del ingreso de cada país. La base y la mitad de la distribución salen ganando, tanto a través del aumento de los ingresos monetarios como a través de sistemas de educación y salud mejor financiados por los dividendos por país.

Estos beneficios materiales se suman a otros no monetarios importantes: más ocio, menos calentamiento, una transición energética financiada y la moderación de los efectos desestabilizadores de la desigualdad extrema. Una vez que se tiene en cuenta el valor del ocio y la habitabilidad planetaria (con toda la prudencia debida), más del 99% de la población mundial está mejor en 2100 que hoy, incluso en las regiones más ricas.

Sin embargo, es probable que la plataforma enfrente una feroz oposición política, y no solo por parte de los ultrarricos. En los países ricos, entre el 10% y el 20% de la población estaría al borde de perder, especialmente al comparar su situación con trayectorias alternativas de alto crecimiento y alto calentamiento. Se les podría convencer de que la suficiencia, el tiempo libre y la habitabilidad planetaria no merecen la pena. Por lo tanto, la batalla cultural e intelectual no es solo sobre los impuestos a los multimillonarios y multimillonarios; es también sobre el valor que asignamos a la suficiencia, el tiempo libre y la habitabilidad planetaria en sí mismos, y el fin de la "ecología sin clases".

**Construyendo un Orden Mundial Democrático**

La Plataforma de Justicia Global requiere no solo la creación del Fondo de Justicia Global (GJF), sino una transformación y democratización más amplia del sistema económico y monetario internacional. El propio GJF debe concebirse como una nueva institución internacional, gobernada por estrictas reglas de democracia y transparencia, con decisiones presupuestarias periódicas tomadas bajo una regla de doble mayoría: el 55% de los países que representen el 60% de la población mundial.

Esto contrasta marcadamente con el actual sistema plutocrático. En el FMI y el Banco Mundial, la votación basada en el PIB otorga a Europa y América del Norte/Oceanía aproximadamente cuatro veces su proporción de la población mundial. Al mismo tiempo, Asia del Sur y Sudeste y África subsahariana tienen solo aproximadamente una cuarta parte de la suya. La Plataforma de Justicia Global propone una transición a una persona, un voto, de inmediato o a más tardar para 2050 (Figura 17). Más allá del GJF, esto implica reformas más amplias del sistema monetario y comercial internacional, incluida la creación de una Cámara de Compensación Internacional y la transformación del FMI en un Banco Central de las Naciones Unidas que emita una nueva moneda de reserva internacional para poner fin a los privilegios financieros exorbitantes.

En gran medida, el actual sistema plutocrático global se asemeja a los sistemas de votación basados en la riqueza y los ingresos que se aplicaron en muchos países de Europa y en otros lugares en el siglo XIX y hasta principios del siglo XX (incluidos países como Suecia, donde la desigualdad estaba entonces profundamente arraigada en el sistema político). El cambio de la plutocracia global a la democracia global, que imaginamos para el siglo XXI en el contexto de la Plataforma de Justicia Global, tiene el mismo estatus que el cambio de la plutocracia nacional a la democracia nacional que ocurrió en el siglo XX. Es tanto un objetivo como un medio.

La Plataforma de Justicia Global se basa en principios universalistas de futuro, con dividendos por país per cápita iguales para todos los países y calendarios fiscales idénticos en todas partes: todos los multimillonarios pagan lo mismo, ya sea que vengan del Norte o del Sur. Debido a que los dividendos por país representan una mayor parte del PIB en el Sur, y los ricos globales provienen predominantemente del Norte, la Plataforma de Justicia Global (GJP) también implica una forma de justicia reparatoria basada en la clase. En la práctica, sin embargo, las transferencias Norte-Sur implicadas por la GJP son relativamente modestas: alrededor del 0.8% del PIB mundial anual durante el período 2026-2100. Esto es significativamente menos que la magnitud de las transferencias anuales que serían necesarias para compensar los daños coloniales y climáticos acumulados impuestos por Europa y América del Norte/Oceanía entre 1800 y 2025 (alrededor del 3%) (Figura 18).

Esto sugiere que la GJP necesitaría ser ampliada para dar cuenta plenamente de las responsabilidades históricas y para acercarse mejor a un acceso universal e igualitario a la educación y la salud. La ampliación podría provenir de calendarios fiscales y dividendos por país más progresivos, o mediante reparaciones directas que complementen las políticas universales.

Si es necesario, la Plataforma de Justicia Global puede implementarse con una coalición incompleta de países, incluyendo la ausencia de Estados Unidos y/o China. Según nuestras proyecciones, los daños climáticos impuestos por Estados Unidos a otros países serían de aproximadamente el 3% del PIB mundial anual, en promedio, durante el período 2026-2100 si Estados Unidos no participa en la GJP. Bajo supuestos simplificadores, otros países deberían imponer un impuesto correctivo de aproximadamente el 80% a todas las exportaciones estadounidenses para recaudar ingresos fiscales aproximadamente equivalentes al daño. Dada la disminución proyectada de la participación de Estados Unidos en el PIB mundial (del 30% en 1945 al 15% en 2025 y al 5-10% para 2100), es probable que tales aranceles induzcan a Estados Unidos a unirse a la GJP. La misma conclusión se aplica al caso de China, pero con un arancel más alto (180% o más).

Para concluir, la Plataforma de Justicia Global encuentra que un siglo XXI habitable e igualitario es materialmente posible. El presupuesto de carbono lo permite, y la historia ofrece precedentes a escalas comparables, desde el surgimiento del sufragio universal hasta la universalización de la salud y la educación, pasando por la compresión de la desigualdad del siglo XX. Lo que se interpone en el camino no es una imposibilidad técnica, sino la elección política y el trabajo duro pero crucial de construir una coalición detrás de ella." 

 ( Global Justice Project,  MRonline, 1206/26, traducción Deep Seek, enlaces y gráficos en el original)

21.4.26

Es posible «un alto grado de bienestar» sin crecimiento económico... el desarrollo perpetuo no es necesario si se prioriza la redistribución de la riqueza y la producción de los recursos esenciales... mediante una redistribución justa, es posible vivir de manera digna y con todas nuestras necesidades cubiertas sin incrementar la producción... implica redistribuir y reestructurar la economía para proporcionar lo esencial, que garantice un nivel de vida digno para todas las personas, manteniendo el consumo adicional no esencial dentro de niveles compatibles con los límites planetarios. Esto exige reducir sustancialmente las desigualdades actuales... gran parte del crecimiento que vemos hoy en día se sostiene, podría argumentarse, mediante la presión sobre las clases pobres y medias por parte de las clases rentistas y los ricos... lo principal de lo que nos debemos deshacer es "la posibilidad de acumulación ilimitada de poder y recursos por parte de una minoría" (Adhik Arrilucea)

" El crecimiento económico y el desarrollo sostenible son el compás de las sociedades occidentales que buscan mantener sus tendencias al alza de acumulación de recursos y riqueza. Pero este no es el único paradigma que existe. De un tiempo a esta parte, se han popularizado nuevas formas de imaginar otros mundos posibles. Así, los movimientos sociales, la ciencia y la filosofía han desplegado la investigación sobre el decrecimiento. Al contrario de las políticas actuales, este enfoque atiende a los límites del planeta y defiende que, mediante una redistribución justa, es posible vivir de manera digna y con todas nuestras necesidades cubiertas sin incrementar la producción.

Una redistribución basada en la justicia social

¿A qué debemos renunciar?

(Adhik Arrilucea , Público, 17/03/26) 

25.3.26

La guerra de Irán entra en su cuarta semana. Una vez más, para evitar un pánico y hundimiento generalizado de las bolsas al abrir la sesión del lunes, se ha tenido que inventar una noticia para apaciguar al mercado. En este caso, Donald Trump ha decretado una tregua de 5 días... Estamos en tiempo de descuento. En las próximas semanas llegarán los últimos buques que salieron de Ormuz antes del cierre, y cuando esto suceda, la escasez de manifestará con toda su crudeza e intensidad... La lista de países que están sufriendo problemas de suministro de combustible o incluso han impuesto medidas de racionamiento (Japón, Australia, Nueva Zelanda, India, Tailandia…)... en este momento una de las cosas que más escasea es el diésel, y eso afecta a absolutamente todo, a la cadena de suministros de todo tipo de materias primas... Todo apunta a que se va causar un daño estructural inmenso en el edificio de la economía mundial... No hay ninguna buena salida si Ormuz sigue cerrado. Que el mundo no se precipite en un abismo depende solamente de que se reabra esa vía crítica... Aún así, la mayor preocupación es cómo garantizar que el hundimiento del capitalismo no se convierta en una hecatombe con millones de muertos... Dadas las circunstancias, las medidas que se tendrían que estar promulgando a diestro y siniestro tendrían que ir de soberanía alimentaria, de garantizar mínimos vitales, de definir sectores estratégicos, de supeditar todos los bienes al objetivo común de garantizar la supervivencia de todo el mundo, de adaptarnos lo más rápido posible a estos tiempos de tribulación y zozobra que se nos van a echar encima. Pero no. Nada eso está en la hoja de ruta (Antonio Turiel)

 "Queridos lectores:La guerra de Irán entra en su cuarta semana. Una vez más, para evitar un pánico y hundimiento generalizado de las bolsas al abrir la sesión del lunes, se ha tenido que inventar una noticia para apaciguar al mercado. En este caso, Donald Trump ha decretado una tregua de 5 días (solo de la parte americana, Israel va a la suya), según él, gracias a fructíferas conversaciones con Irán durante este fin de semana (conversaciones ya desmentidas por las autoridades iraníes).

Estamos en tiempo de descuento. En las próximas semanas llegarán los últimos buques que salieron de Ormuz antes del cierre, y cuando esto suceda, la escasez de manifestará con toda su crudeza e intensidad. De hecho, las cosas ya están yendo horriblemente mal. La lista de países que están sufriendo problemas de suministro de combustible o incluso han impuesto medidas de racionamiento (Japón, Australia, Nueva Zelanda, India, Tailandia…) va creciendo a medida que pasan los días. China ha restringido la exportación de fertilizantes, y en los EE.UU. se estima que en esta campaña faltarán entre el 25 y el 35% de los fertilizantes que habitualmente se usan. La escasez de helio va a causar una fuerte caída de la producción de chips en unas semanas, y por no hablar de la desastrosa situación del aluminio o del cobre, por citar un par de materias primas. Pero en realidad todo está afectado. De manera para nada sorprendente para los lectores tradicionales de este blog, en este momento una de las cosas que más escasea es el diésel, y eso afecta a absolutamente todo, a la cadena de suministros de todo tipo de materias primas.

No parece haber una solución sencilla. Irán no va a cejar si no hay un compromiso de no agresión creíble por parte de EE.UU. y de Israel, garantizado por grandes potencias como Rusia y China, y una reparación de guerra a la altura del daño que se ha causado. No puede hacerlo por menos, pues sabe que si cede ahora, dentro de unos meses volverán a atacarle, tras rearmarse. Pero esas condiciones son completamente inaceptables para EE.UU. e Israel. Realmente, no hay ningún tipo de salida sencilla para este atolladero. Todo apunta a que se va causar un daño estructural inmenso en el edificio de la economía mundial.

Poniéndome ahora en el contexto de España y de Europa, siendo honestos, salvo que suceda algo ahora mismo inimaginable (literalmente un milagro) nos vamos a estrellar. No es imaginable ningún otro desenlace. Vamos a sufrir una pérdida muy duradera, quizá incluso permanente, de un 25% o más de nuestro consumo energético, y va a suceder durante los próximos meses. Vamos a ver como una buena parte de nuestras industrias se hunden para nunca jamás recuperarse. Vamos a ver como el paro de dispara. Y en fases avanzadas de esta debacle, vamos a ver escasez de combustibles y hasta de alimentos.

Quizá los amos del mundo tienen resortes que no somos capaces de imaginar, quizá tienen manera de detener en seco esta guerra y con ella este desastre. No lo sé. Yo ni sé ni puedo saber estas cosas. Sí que sé que, sin un cambio radical de rumbo, nos vamos a hundir, y muy hondo. E incluso si se produjera ese milagro, solamente por el destrozo que ya se ha causado, las consecuencias ya serían bastante duras en los próximos años. Aunque, claro, nada por comparación con el hundimiento actual.

Ahora mismo estamos perdiendo alrededor de 20 millones de barriles diarios de petróleo y productos petrolíferos, que es como el 20% del consumo mundial y, lo que más nos importa a nosotros, eso representa un 40% del petróleo disponible para la exportación. Falta también como el 20% del gas natural licuado, el 30% de los fertilizantes nitrogenados, el 30% del helio, el 30% del aluminio, el 30% del azufre (se necesita para hacer ácido sulfúrico para procesos industriales, incluyendo la obtención de cobre)… Hay un atasco de contenedores increíble en la zona. La falta de petróleo crudo medio de la zona del Golfo Pérsico afecta especialmente a la producción de diésel. Y también a la de queroseno. De hecho, algunas compañías aéreas comienzan a cancelar vuelos. Lo que le pase después al turismo, Dios dirá.

Esto no va a ser una crisis más. Esto va a ser una catástrofe económica. Combinada con el estallido de las burbujas financieras desmesuradas que se han inflado durante los últimos años, resulta difícil alcanzar a comprender la magnitud de lo que va a pasar.

Esto es pura aritmética. No hay ninguna buena salida si Ormuz sigue cerrado. Que el mundo no se precipite en un abismo depende solamente de que se reabra esa vía crítica.

Ciertamente, el cierre de Ormuz deletrea todas las letras del fin del capitalismo necroterminal, sistema destructivo y voraz al que no echaremos de menos. El problema no es tanto el fin del capitalismo, sino el cómo se va a producir este fin. Porque en vez de pasar a un sistema de redes de resiliencia preparadas para acoger a la Humanidad, en la mayor parte de este planeta caeremos literalmente sin red.

Probablemente esto es lo mejor que podía pasar. Con un Cambio Climático desbocado y multitud de otros problemas ambientales, no podíamos hacernos ilusiones de que se produjera un descenso ordenado y controlado. Probablemente tenía que pasar algo así, drástico, una detención violenta, si tenía que haber algún margen de poder construir algo en el futuro. Aún así, la mayor preocupación es cómo garantizar que el hundimiento del capitalismo no se convierta en una hecatombe con millones de muertos.

Dadas las circunstancias, las medidas que se tendrían que estar promulgando a diestro y siniestro tendrían que ir de soberanía alimentaria, de garantizar mínimos vitales, de definir sectores estratégicos, de supeditar todos los bienes al objetivo común de garantizar la supervivencia de todo el mundo, de adaptarnos lo más rápido posible a estos tiempos de tribulación y zozobra que se nos van a echar encima.

Pero no. Nada eso está en la hoja de ruta.

Ayer pasé una parte de la tarde revisando las líneas principales del decreto de medidas urgentes que el gobierno de España ha propuesto para hacerle frente a esta nueva crisis trumpiana. Lo cierto es que no me esperaba encontrarme ninguna sorpresa, y así la mayoría de las medidas iban por los derroteros esperables. Por un lado, rebaja a la fiscalidad de la energía, una medida poco útil y de efecto limitado en el tiempo, ya que al bajar el precio aumenta la demanda y el precio vuelve a subir hasta ajustarse a la oferta posible, con lo que se vuelve al mismo precio de partida al cabo de un par de semanas, con la diferencia de que las empresas se quedan con un margen mayor y el Estado con uno menor. Por el otro, medidas para acelerar la transición energética, siempre dentro del modelo de la Renovable Eléctrica Industrial (REI), aunque ya hay alguna mención a los gases renovables – de burbuja en burbuja. Algunas sorpresas agradables es que se recupera la distancia de 5 km para definir las comunidades energéticas, que se había intentando introducir en el decreto antiapagón del año pasado; y otras que no lo son tanto, como es la creación de Zonas de Aceleración Renovable, donde se pretende aplicar el rodillo para que de desplieguen rápidamente las macroplantas eólicas y fotovoltaicas.

Leía las medidas y pensaba: ¿y para qué? ¿y qué más da? Estos días, mientras me entrevistaban para diversos medios, volvía a salir el tema de la transición energética y cómo la mayor penetración renovable de España le ha garantizado de momento menores precios de la electricidad que Europa. Menores precios ahora que aún no ha empezado la escasez: ya veremos qué pasa cuando los socios europeos se empiecen a dar bofetadas por el gas. En la mayoría de las entrevistas, se daba por hecho de que el cierre del Estrecho de Ormuz va a favorecer la transición energética, sin entender que todo el sistema depende de una megamáquina industrial que produce todo lo que se necesita para el REI, desde el cemento hasta el metacrilato, los marcos de aluminio o la fibra de vidrio de las aspas, usando cantidades ingentes de combustibles fósiles. Y es esa misma megamáquina industrial la que se va a detener ahora, y no vamos a tener opción ni de fabricar un tornillo.

En medio de la situación que tenemos, plantearse que la respuesta es la transición renovable es como si se declarase un incendio en casa y piensas que es un buen momento para llamar a un albañil para que te instale puertas cortafuegos. Eso podría haber sido útil en otro momento, pero ahora ya no. Ya no hay tiempo para eso. Ahora tenemos que prepararnos de verdad para el impacto. El sistema aún está en pié y sigue dando pasos, pero está muerto, y en cualquier momento va a desplomarse. Deberíamos estar preparándonos para eso.

Y si Vd., querido lector, está pensando que ojalá se produzca el milagro y se reactive el flujo energético y material a través de Ormuz, piense que eso garantizaría un caída peor más tarde. En realidad, lo que ya no puede esperar es organizar el futuro más allá del capitalismo extractivista.

Salu2:

AMT"                     (Antonio Turiel , blog, 23/03/26)

4.12.25

El 82 por ciento de los ingleses (y de los norteamericanos), están de acuerdo en: reducir la producción y el consumo perjudiciales e innecesarios... reducir el poder adquisitivo de los ricos... establecer servicios públicos universales y una garantía de empleo público para reorganizar la producción en función de las necesidades... democratizar el control sobre las finanzas y los medios de producción... poner fin a la apropiación imperialista del Sur global a través del intercambio desigual (Jason Hickel)

Jason Hickel @jasonhickel

Me complace anunciar este nuevo estudio, publicado en The Lancet Planetary Health, que explora el apoyo público al decrecimiento y la transformación ecosocialista. Los hallazgos son bastante sorprendentes. 

Encuestamos a más de 5000 personas en el Reino Unido y Estados Unidos, utilizando muestras demográficamente representativas y dos diseños de estudio distintos. 

Aquí presentaré los resultados del Reino Unido, pero los de Estados Unidos son similares.

 Primero, presentamos a la gente una propuesta completa para la transformación ecosocialista decrecentista, pero sin usar ninguna etiqueta. 

Esta incluía: 

-reducir la producción y el consumo perjudiciales e innecesarios 

-reducir el poder adquisitivo de los ricos 

-establecer servicios públicos universales y una garantía de empleo público para reorganizar la producción en función de las necesidades 

-democratizar el control sobre las finanzas y los medios de producción 

-poner fin a la apropiación imperialista del Sur global a través del intercambio desigual

 Descubrimos que el 82% de la gente lo apoyaba. A continuación, presentamos a la gente diversas etiquetas, entre ellas “decrecimiento”, “ecosocialismo” y “economía del bienestar”, sin ninguna descripción. 

Descubrimos que el "decrecimiento" contaba con el apoyo del 20-26%, dependiendo del estudio, pero también atraía mucha oposición (16-34 %) . El "ecosocialismo" tuvo un mayor apoyo, entre un 36 y un 58 por ciento, y una oposición mucho menor (11-16 %). La "economía del bienestar" tuvo un apoyo aún mayor (51-81 %) y una oposición mínima (hablaremos más sobre esto más adelante). 

A continuación, presentamos la propuesta completa, pero esta vez con diferentes etiquetas. Observamos que el apoyo fue alto, independientemente de la etiqueta, con mayorías muy sólidas. 

¿Qué podemos concluir de todo esto? Para mí, estas son las principales conclusiones: 

En primer lugar, la visión y las políticas transformadoras propuestas por los defensores del decrecimiento-ecosocialismo son extremadamente populares y pueden formar la base de una campaña política ganadora. 

En segundo lugar, la palabra "decrecimiento" es un término analítico y científico crucial, pero -dependiendo del contexto- quizá menos útil como eslogan político público, ya que es fácil malinterpretarlo. ... A MENOS QUE tengas la capacidad de educar a la gente sobre lo que significa el término y lo que implicaría tal transformación. 

En tercer lugar, el término ecosocialismo es sustancialmente más popular y creo que puede crear un apoyo político más amplio (no probamos términos relacionados, como socialismo, socialismo democrático o comunismo... ¡pero esto sería interesante!). 

¿Qué hay de la "economía del bienestar"? Es popular y muy útil en ciertos contextos, pero también es apolítica y puede ser fácilmente cooptada por los capitalistas. Para mí, es importante tener claro el antagonismo político en juego: se trata de una guerra de clases. 

El ecosocialismo cumple esta función (aunque otros términos podrían funcionar igual o mejor). Pero en última instancia, lo que demuestra este estudio es que no necesitamos necesariamente un único mandato: lo que importa es la sustancia política y las políticas concretas. 

Y debemos recordar que la lucha no consiste en decidir la terminología y el marco adecuados. Consiste en construir poder. Esto debe ser prioritario. El artículo es de acceso abierto y pondré un enlace en la respuesta.

 The Lancet: "Assessing public support for degrowth: survey-based experimental and predictive studies" Ver AQUÍ

 ( I'm excited to announce this new study, published in The Lancet Planetary Health, which explores public support for degrowth and ecosocialist transformation. The findings are quite surprising. We surveyed more than 5,000 people in the UK and US, using demographically representative samples and two separate study designs. Here I'll report results for the UK, but the US is similar. First, we presented people with a full proposal for degrowth-ecosocialist transformation, but without using any label. This included: -scaling down damaging and unnecessary production/consumption -cutting the purchasing power of the rich -establishing universal public services and a public job guarantee to reorganize production around needs -democratizing control over finance and the means of production -ending imperialist appropriation from the global South through unequal exchange We found that 82% of people supported it. Next, we presented people with various labels - including "degrowth", "ecosocialism", and "well-being economy" - without any description. We found that "degrowth" was supported by 20-26%, depending on the study, but also attracted a lot of opposition (16-34%). "Ecosocialism" had higher support, at 36-58%, and much lower opposition (11-16%). "Well-being economy" had even higher support (51-81%) and very minimal opposition (more on this later). Next, we gave people the full proposal but this time together with various different labels. We found that support was high regardless of the label, with very strong majorities. So what can we make of all this? For me, here are the main takeaways: First, the transformative vision and policies advanced by advocates of degrowth-ecosocialism are extremely popular and can form the basis of a winning political campaign. Second, the word "degrowth" is a crucial analytical and scientific term, but - depending on the context - perhaps less useful as a public-facing political slogan, as it is easily misunderstood.... ...UNLESS you have the capacity to educate people about what the term means and what such a transformation would entail. Third, the term ecosocialism is substantially more popular and I think can create broader political support (we didn't test related terms, like socialism or democratic socialism or communism... but this would be interesting!). What about "well-being economy"? It's popular and very useful in certain contexts, but it is also apolitical and can easily be co-opted by capitalists. To me it's important to be clear about the political antagonism that is at stake: this is a class war. Ecosocialism does this job (but other terms may work just as well or better). But ultimately, what this study shows is that we don't necessarily need a single term; it's the political substance and the concrete policies that matter. And we must remember that the struggle does not consist in deciding on the right terminology and framing. It consists in building power. This must remain front and centre. The paper is open-access, and I'll put a link in the reply.)

9:32 a. m. · 2 dic. 2025 38,1 mil Visualizaciones

6.11.25

¿Qué aportaría el decrecimiento? Se centra en reducir las formas de producción dañinas e innecesarias que no benefician a la mayoría de la gente y reorganizarlas en torno a las necesidades sociales y ecológicas. Y sobre todo se dirige a los países del norte global, donde producimos muchos todoterrenos, mansiones, aviones privados y moda rápida. Esto consume mucha energía, es muy destructivo y no satisface las necesidades humanas... Ya sabemos que la población quiere energía renovable, transporte público, vivienda asequible o alimentos nutritivos. Podemos imponer reglas a los bancos comerciales para orientar la inversión en esa dirección. Y deberíamos tener asambleas ciudadanas que representen a la población geográficamente y que puedan decidir de forma efectiva qué es perjudicial y qué necesario... Una solución muy fácil es promover un programa público de empleo garantizado para lo que ya sabemos que mejora a la sociedad... en las zonas rurales de España conviven una degradación masiva del suelo y un desempleo masivo. No hay razón para no dar trabajo en agricultura regenerativa. En nuestra economía actual, creen que la única manera de abordar el desempleo es mediante el crecimiento, pero estas políticas públicas ya se aplicaron en EE UU en la Gran Depresión y en el Reino Unido tras la Segunda Guerra Mundial... Con un mecanismo de financiación pública... existe una limitación: si se emite moneda para producir demasiado y compite con la producción privada, impulsará la inflación. Así que hay que combatir la inflación mediante el decrecimiento, reduciendo las industrias dañinas e innecesarias, gravando a los ricos o disminuyendo el consumo en las élites... y limitar así su control sobre nuestra capacidad productiva (Jason Hickel)

 "Cuenta que cuando era pequeño, la rejilla delantera del coche se le llenaba de bichos cuando viajaba por su Esuatini natal, antes Suazilandia. Y ahora, el catedrático y antropólogo económico Jason Hickel (42 años) apenas ve ni la mitad de insectos en el país africano. Es sintomático. “El calentamiento global es extremadamente peligroso. Es un fracaso de nuestras clases dirigentes”, declara en Madrid unas horas antes de participar en la conferencia Más allá del Crecimiento, en el Congreso de los Diputados. El autor de Menos es más. Cómo el decrecimiento salvará al mundo (Capitán Swing) establece que el capitalismo se basa en enriquecer brutalmente a los más ricos a costa de generar desigualdad y destrozar el planeta, y que el PIB no mide el bienestar real de la población. Él propone soluciones.

Pregunta. ¿Cómo dimensiona que cada vez haya menos insectos?              

Respuesta. Es inaceptable. Y es solo la punta del iceberg. El colapso ecológico es una emergencia y necesitamos una respuesta. La política para la reducción de emisiones es muy inadecuada y el capitalismo es incapaz de resolver esta crisis porque su propósito no es satisfacer las necesidades humanas ni alcanzar objetivos ecológicos. Es únicamente maximizar y acumular ganancias. Mientras el capital controle la producción, tendremos resultados perversos.

P. ¿Qué implica este capitalismo?

R. Los mercados, los negocios y el comercio existieron miles de años antes del capitalismo. No hay nada malo en ello. Pero este capitalismo es un sistema basado en la antidemocracia. Las decisiones sobre qué producir y cómo utilizar nuestro trabajo y recursos las toma el capital: las grandes empresas financieras, las grandes corporaciones y el 1% más rico, que posee la mayor parte de los activos de inversión. Producen solo lo que les da beneficios a ellos, incluso si es perjudicial para la población o el planeta.

P. También el capitalismo ha podido inocular en las personas que vales por lo que tienes, no por lo que eres. Y eso arrastra al consumismo.

R. En gran medida es por la publicidad. Nos convencen de que no valemos nada a menos que tengamos algún artículo o marca en particular. Esto provoca ansiedad e infelicidad. Y al final ese consumo es para el beneficio de las grandes empresas. Tenemos muchos estudios de ciudades que han prohibido la publicidad, donde la gente termina siendo mucho más feliz y viviendo vidas más plenas, con menos ansiedad, menos autolesiones, menos enfermedades mentales, etc. Así que debemos entender que el comportamiento del consumidor es, en realidad, consecuencia de la producción. Es consecuencia del capital.

P. ¿Y qué aportaría el decrecimiento?

R. Se centra en reducir las formas de producción dañinas e innecesarias que no benefician a la mayoría de la gente y reorganizarlas en torno a las necesidades sociales y ecológicas. Y sobre todo se dirige a los países del norte global, donde producimos muchos todoterrenos, mansiones, aviones privados y moda rápida. Esto consume mucha energía, es muy destructivo y no satisface las necesidades humanas.

R. ¿Quién decidiría qué producir?

R. Debería ser democráticamente. Ya sabemos que la población quiere energía renovable, transporte público, vivienda asequible o alimentos nutritivos. Podemos imponer reglas a los bancos comerciales para orientar la inversión en esa dirección. Y deberíamos tener asambleas ciudadanas que representen a la población geográficamente y que puedan decidir de forma efectiva qué es perjudicial y qué necesario.

P. ¿Por qué no se hace?

R. Lo que veo es que la voluntad popular está ahí. Pero la acción política no. Y la razón es que la mayoría de nuestros políticos y gobiernos están alineados con los intereses del capital, no con los de la gente.

P. ¿Y qué responde a quiénes le dicen que qué pasaría con los puestos de trabajo de los artículos innecesarios o de los productos con obsolescencia programada?

R. Una solución muy fácil es promover un programa público de empleo garantizado para lo que ya sabemos que mejora a la sociedad. Y sería con salarios dignos, con una semana laboral más corta…. Por ejemplo, en las zonas rurales de España conviven una degradación masiva del suelo y un desempleo masivo. No hay razón para no dar trabajo en agricultura regenerativa. En nuestra economía actual, creen que la única manera de abordar el desempleo es mediante el crecimiento, pero estas políticas públicas ya se aplicaron en EE UU en la Gran Depresión y en el Reino Unido tras la Segunda Guerra Mundial.

P. ¿Y cómo se financiaría ahora?

R. Con un mecanismo de financiación pública. Por supuesto, existe una limitación: si se emite moneda para producir demasiado y compite con la producción privada, impulsará la inflación. Así que hay que combatir la inflación mediante el decrecimiento, reduciendo las industrias dañinas e innecesarias, gravando a los ricos o disminuyendo el consumo en las élites... y limitar así su control sobre nuestra capacidad productiva.

P. En España, la derecha acaba de tumbar la ley para reducir la jornada laboral.

R. Me parece terrible. Puede ser extremadamente beneficiosa para las personas y para el planeta. Está demostrado." 

(Entrevista a Jason Hickel,  Ángeles Lucas , El País, 15/10/25)

1.1.25

¿Qué nos espera en 2025? Un año tumultuoso por delante... Asistimos a una lucha mundial por los recursos, la energía, las rutas comerciales y a una creciente inestabilidad financiera... nos espera una larguísima carrera hacia el abismo. La civilización industrial -basada en recursos finitos y contaminantes- es insostenible... La única manera de superar este cuello de botella será a través de la colaboración, la autosuficiencia, las pequeñas economías locales y la construcción de estructuras democráticas a pequeña escala... en 2025 deberíamos esperar más de lo mismo... Una crisis energética cada vez más profunda... una mayor desindustrialización... aumento de la inflación y descenso del nivel de vida, y no sólo en la UE... menos democracia y más teatro político para ocultar el verdadero alcance del malestar de Occidente... las deudas contraídas por los Estados occidentales ya no pueden reembolsarse sobre la base del crecimiento económico (real)... el aislamiento permanente de la energía barata y los recursos de Rusia podría hacer inevitable el colapso económico de la UE... El bloque continental ha perdido hace tiempo todas sus ventajas competitivas y ya está ocupado convirtiéndose en un mausoleo... sin energía asequible, no hay economía... una advertencia. Si un país pobre como Yemen puede detener todo el transporte marítimo en el Mar Rojo, ¿alguien se imagina lo que podría hacer Irán con el comercio mundial de petróleo en caso de apuro? Irán, a diferencia de los Estados occidentales, dispone de armas hipersónicas de largo alcance y podría acabar fácilmente con el comercio mundial de petróleo... Vivimos tiempos peligrosos... Una guerra en Oriente Medio. Pico en la producción de petróleo de EE.UU. Una amenaza de interrupción en el comercio mundial de petróleo. No sé, pero a mí me parece que estamos otra vez en 1973... ¿podrán las potencias orientales y occidentales llegar a un entendimiento mutuo en lo que respecta a los intereses de la humanidad? (The Honest Sorcerer)

 "En primer lugar, permítanme desearles un Feliz Año Nuevo, y agradecerles todo el apoyo que me han brindado a lo largo de 2024. Lo aprecio sinceramente. Vivimos tiempos increíblemente interesantes -por no decir otra cosa- y 2025 no será diferente. El orden mundial posterior a la Segunda Guerra Mundial ha llegado definitivamente a su fin, y la economía mundial se enfrenta a enormes desafíos en medio de una polarización y una agitación geopolítica crecientes. Asistimos a una lucha mundial por los recursos, la energía, las rutas comerciales y a una creciente inestabilidad financiera. Las potencias occidentales y euroasiáticas están en guerra entre sí en múltiples frentes. Sin embargo, no se trata de una guerra entre el bien y el mal en la que gana el bando de los buenos y todos viven felices. Tal y como están las cosas hoy, nos espera una larguísima carrera hacia el abismo. La civilización industrial -basada en recursos finitos y contaminantes- es insostenible, por mucho que queramos que triunfe y vivamos donde vivamos. La vida va a ser extremadamente dura sin tanta tecnología y, en última instancia, dará igual a qué equipo apoyes. La única manera de superar este cuello de botella (si es que lo hay) será a través de la colaboración, la autosuficiencia, las pequeñas economías locales y la construcción de estructuras democráticas a pequeña escala. Las grandes entidades geopolíticas están en vías de desaparición, e incluso el superviviente más fuerte acabará cayendo. (...)

Estamos viviendo el colapso de la modernidad, que, a diferencia de las películas, tardará décadas en desarrollarse en un choque de trenes a cámara lenta. Nadie saldrá en televisión y admitirá que nos estamos quedando sin cosas y que la única forma de superar este enorme cuello de botella es la colaboración. En su lugar, oiremos más retórica que aboga por más guerra, más competencia entre grandes potencias, «eliminación de la burocracia» y cosas por el estilo. Así pues, traten lo que oigan, vean y lean con ligereza, y tengan siempre presente este contexto más amplio. Prepárense para un 2025 tumultuoso.

Europa

Quizá no sea demasiado arriesgado empezar diciendo que en 2025 deberíamos esperar más de lo mismo. Una crisis energética cada vez más profunda, que conducirá a una mayor desindustrialización, despidos y cierres de fábricas. Aumento de la inflación y descenso del nivel de vida, y no sólo en la UE. Desplome acelerado del gasto discrecional (vehículos, ocio, productos de consumo, etc.). Menos democracia y más teatro político para ocultar el verdadero alcance del malestar de Occidente. Inicio de conversaciones de paz entre EE.UU. y Rusia, sin que cesen los combates y con los europeos relegados a un segundo plano.

«Oh tío... la mierda se amontonaba tan rápido, que necesitabas alas para mantenerte por encima de ella».      Apocalypse Now, 1979

La guerra en Ucrania llegará a su punto final en 2025. Se alcanzará algún tipo de solución al conflicto: si no a través de un proceso político / negociador, entonces a través de un colapso militar forzado. Desgraciadamente, en Occidente sigue habiendo muchos malentendidos y desinformación sobre lo que está en juego, aunque el panorama se aclara cada día (incluso para los consumidores de noticias de la corriente dominante). Contrariamente a la (vieja) narrativa que ahora se disuelve lentamente, esta guerra nunca se trató de una «apropiación de tierras» o de la «reconstrucción del imperio», sino de esferas de influencia económica, militar y política en conflicto. Y eso incluye recursos minerales, mano de obra y mercados para Occidente, y preocupaciones de seguridad para Rusia. Todo ello en una zona controlada por este último durante siglos, y que se suma a varias invasiones de Occidente (primero durante las guerras napoleónicas, y luego en la Primera y la Segunda Guerra Mundial). Garantizar un estatus neutral y no nuclear para Ucrania sigue siendo, por tanto, primordial para los rusos, pero apoderarse de todo el país no lo es. De hecho, todo el mundo estaría mucho mejor con un Estado nación independiente, no nuclear y desmilitarizado entre la OTAN y Rusia.

El panorama no es realmente complicado: Occidente quiere recursos, Rusia quiere paz. Los Estados normales, en tiempos normales, podrían resolver fácilmente este «enigma» mediante dos ingeniosos inventos: el comercio y el control de armamentos, que en el pasado funcionaban a las mil maravillas. Sin embargo, los buenos tiempos se han acabado. Al haberse ido agotando poco a poco los recursos baratos de producir y al haber trasladado sus industrias al extranjero, las deudas contraídas por los Estados occidentales ya no podían reembolsarse sobre la base del crecimiento económico (real). Las élites tenían dos opciones: seguir fingiendo que no pasaba nada o intentar hacerse con el control de los recursos en el extranjero (que servían de garantía). (Admitir que el actual arreglo económico nunca fue sostenible y que sólo había conducido a un aumento vertiginoso de la desigualdad nunca fue una opción). Como fingir sólo ha llevado a que la imprenta de dinero se desbocara, la única opción que quedaba era provocar guerras y cambiar tantos regímenes por otros favorables como fuera posible. («Let's just fight» - como solía decir un antiguo primer ministro del Reino Unido).

Sin embargo, en vista de la insostenible situación militar en Europa, la próxima administración estadounidense podría iniciar una revisión tardía de la arquitectura de seguridad europea (retirando bases militares y de misiles junto con armas nucleares), invirtiendo las políticas de las últimas tres décadas. Sin embargo, hay un inconveniente: mientras que Rusia está totalmente de acuerdo con este enfoque de desescalada, parece totalmente desinteresada en restablecer las relaciones económicas con Europa. Este aislamiento permanente de la energía barata y los recursos de Siberia podría hacer inevitable el colapso económico de la UE. El bloque continental ha perdido hace tiempo todas sus ventajas competitivas y ya está ocupado convirtiéndose en un mausoleo, una tumba de imperios muertos hace tiempo. Sin energía y recursos baratos, la UE acabará yaciendo en uno de esos sarcófagos. Y aunque una Europa en lenta desindustrialización y remilitarización seguirá siendo sin duda un mercado lucrativo para las armas y el combustible fabricados en Estados Unidos durante algunos años, es posible que en el proceso la UE se vuelva demasiado pobre para comprar nada a Estados Unidos. Y entonces, quizás mucho antes de lo que nadie espera, Europa podría encontrarse de repente defendiéndose de Rusia ella sola, cosa que no podrá hacer. De nuevo, sin energía asequible, no hay economía. Sin economía, no hay ejército. Así de simple.

Sin embargo, para suerte de la élite europea, o debería decir: consternación, Rusia no está interesada en conquistar el continente. En primer lugar, no mejoraría ni un ápice su seguridad, sino todo lo contrario. Segundo: ya no quedan recursos baratos, y pronto tampoco habrá un mercado rico al que servir, sólo 450 millones de ancianos descontentos y llenos de odio. ¿Quién en su sano juicio querría controlar semejante territorio...? Así que, a falta de recursos para luchar, Europa terminará de levantar su nuevo telón de acero. Una barrera física y mental aún más hermética que la anterior. Sin tránsito de pasajeros, coches, aviones o camiones. Aislamiento total. Militares mirándose fijamente desde atalayas tras líneas de defensas fortificadas, fortines y trincheras. En los próximos años, Europa podría acabar pareciéndose a la península de Corea girada 90 grados en el sentido contrario a las agujas del reloj: con un Oeste esclerótico políticamente inmóvil y un Este todavía vibrante. La línea de demarcación no sólo atravesará Ucrania, sino todo el continente: desde el extremo norte de Noruega hasta el Mar Negro.

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Esta situación, por calamitosa que sea, no puede durar eternamente. Europa acabará desintegrándose por completo bajo las crecientes presiones de sus muchas contradicciones internas: la falta de energía asequible, de una industria viable y de una economía que merezca la pena salvar (por no hablar de la propia democracia, que para entonces habrá desaparecido hace tiempo). Como europeo, sólo puedo esperar que entremos en razón antes de que este futuro se desarrolle, y desmantelemos pacíficamente este proyecto fallido antes de que nos entierre vivos. (Aunque, como siempre, tengo mis dudas.) Una vez más, realmente no importa lo que pensemos que está bien o mal. El declive que se avecina en la producción mundial de energía (empezando por el petróleo) hará imposible mantener unidos estos proyectos cada vez más aislados, cada vez más complejos y con mayor consumo energético, especialmente en una península hambrienta de recursos en el extremo occidental de la masa continental euroasiática. La civilización, y en especial su variante industrial, es una empresa altamente autolimitada que se basa por completo en la disponibilidad de recursos no renovables baratos y fáciles de obtener, y la única forma de que su desaparición sea menos dolorosa es manteniendo buenas relaciones con nuestros vecinos. El colapso y sus estrategias de mitigación son invariables a escala: del mismo modo que uno necesita una buena colaboración dentro de su pequeña comunidad, las naciones necesitan trabajar juntas para evitar las peores consecuencias del declive de la civilización industrial.

No estoy versado en la política interna de Estados Unidos, aunque disfruto viendo el reality show que se monta allí al otro lado del charco. En cambio, imponer aranceles a las importaciones no es especialmente difícil de entender. Añadidos al precio de un artículo importado, los aranceles son más una carga fiscal adicional para el consumidor que un elemento disuasorio para los adversarios. (Si pensaban que los precios seguirían siendo los mismos después de iniciarlos, les insto a que lo piensen de nuevo). También en este caso, las élites occidentales siguen sin comprender el hecho de que ya no son el mayor bloque comercial del planeta. Los países BRICS+ controlan una parte mucho mayor de la economía mundial de lo que nadie en Occidente cree, superando incluso la producción combinada de las naciones del G7. (Sobre todo si se tiene en cuenta que el PIB estadounidense y europeo está masivamente sobreinflado por los servicios financieros, jurídicos, de seguros, bancarios, sanitarios y de otro tipo...).

Y aunque China sentiría sin duda la pérdida del mercado estadounidense -ya fuera debido a una guerra comercial o a un colapso financiero-, aún podría recuperarse comerciando más con sus socios afines de Asia, África y América Latina. Sin embargo, no podría decirse lo mismo de la economía estadounidense: sin las importaciones chinas y los insumos minerales, la fabricación de toda una serie de bienes (incluido el armamento y la medicina) se haría imposible, lo que dificultaría enormemente la vida. Así que, aunque sobre el papel parece bien, los aranceles sólo pueden aplicarse eficazmente contra una entidad geopolítica: la UE, para facilitar más ventas de combustibles fósiles y atraer a las empresas automovilísticas europeas para que instalen sus fábricas en Estados Unidos.

¿Se convertirá entonces EE.UU. en un poderoso petroestado? ¿Regresará el «drill baby drill»? Difícilmente. Una vez más, las élites políticas no comprenden la realidad: La revolución del esquisto ha terminado. Al igual que el milagro saudí, también ha entrado en su fase de vaca lechera, en la que las inversiones se limitan ahora a fusiones y en la que todas las miradas se centran en maximizar los beneficios de los accionistas, antes de que la fiesta termine inevitablemente. Si mientras tanto sube el precio del petróleo, habrá más dinero para recomprar acciones o adquirir otras empresas más pequeñas. Si no, el recorte de costes generará beneficios. Y si todo lo demás falla, se declararán quiebras y se cerrarán tiendas, lo que marcará el final de un negocio antaño prometedor. De nuevo, no hay nada nuevo en esto, los libros de historia están llenos de ejemplos.

La producción estadounidense de petróleo y gas está alcanzando su punto máximo y, tras una breve meseta de 2-3 años, también empezará a disminuir. De forma permanente. No queda nada que perforar a estos precios y, como hemos visto, los mercados no pueden soportar precios mucho más altos de lo que una bolsa de papel podría aguantar el carbón encendido. Nos encontramos en un momento crítico de la producción mundial de petróleo, y Estados Unidos no es una excepción. Estados Unidos volverá a depender en gran medida de las importaciones de petróleo, lo que le tentará a hacerse con el control de los puntos de estrangulamiento del comercio y de la producción fuera de sus fronteras. Sin embargo, las realidades militares sobre el terreno echarán por tierra este plan (si es que alguna vez existió).

Se están gestando problemas en torno a Irán. Por desgracia, el establishment de defensa occidental sigue creyendo por alguna razón que puede tomar el control de la situación si estallara una guerra entre Irán e Israel. ¿No han aprendido nada de su aventura con el pequeño y pobre Yemen, que está bloqueando con éxito todo el Mar Rojo desde hace un año? Ansar Allah (llamados los Houthis yemeníes por Occidente) han conseguido que el transporte de petróleo (y otros productos) a través del Mar Rojo sea extremadamente arriesgado (si no imposible) en respuesta al apoyo occidental a la guerra que asola Oriente Próximo. Aunque la mayor parte del petróleo de Europa tendría que pasar por allí (junto con el petróleo ruso sancionado que regresa de la India como combustible refinado), estos barcos ahora tienen que dar un largo rodeo por África -o correr el riesgo de ser alcanzados por un avión no tripulado o un misil-, lo que encarece mucho el petróleo para Europa.

Ahora que Siria se ha sumido en el caos tras la caída del régimen de Assad, el proyectado gasoducto Qatar-Siria-Turquía-Europa, que suministrará gas barato a Europa, también podría aplazarse indefinidamente. El país sigue siendo activamente bombardeado y desmilitarizado por los aliados de EE.UU. en la región, eliminando de hecho todas sus defensas aéreas y depósito de armas; prestando a Siria a ser dividida con grandes trozos de ella pasando a formar parte del segundo Imperio Otomano de Turquía, y con su zona sur ocupada por Israel (1). ¿Se utilizarán estos territorios como base para un posible ataque contra Irán? Lo veremos en 2025.

Aquí hay una advertencia. Si un país pobre como Yemen puede detener todo el transporte marítimo en el Mar Rojo, ¿alguien se imagina lo que podría hacer Irán con el comercio mundial de petróleo en caso de apuro? No es inimaginable que, en lugar de limitarse a cerrar el Estrecho de Ormuz, prefieran atacar las infraestructuras petrolíferas de todas las demás monarquías del Golfo como represalia, una amenaza del nivel de disponer de bombas nucleares. Irán, a diferencia de los Estados occidentales, dispone de armas hipersónicas de largo alcance y podría acabar fácilmente con el comercio mundial de petróleo, además de hundir cualquier barco extranjero (de carga o militar) con cohetes lanzados desde las profundidades de su país. ¿Alguien ha previsto esta contingencia cuando se habla de atacar la infraestructura iraní? Supongo que ya conocen la respuesta.

La era del dominio marítimo ha terminado. Los grandes y caros buques de guerra en general, y los grupos de combate de portaaviones en particular, son como la caballería de la Primera Guerra Mundial: bonitos y relucientes, pero inútiles en última instancia frente a las nuevas armas (ametralladoras entonces, misiles hipersónicos de largo alcance ahora). Lo mismo ocurre con el poder aéreo: aviones caros, cuya fabricación cuesta uno o dos miles de millones, no son rivales para los modernos misiles de defensa antiaérea, capaces de derribarlos a 500 km de distancia. (Estos sistemas también pueden identificar y rastrear aviones furtivos, lo que reduce su eficacia para penetrar en el espacio aéreo defendido). No es de extrañar que no haya noticias de campañas de bombardeo exitosas contra Irán, aunque algunos altos cargos tienden a creer que ya han derribado las defensas aéreas del país y que ahora es el momento adecuado para atacar. Me temo que se avecina un peligroso error de cálculo.

Lo mismo ocurre con el estrecho de Malaca: China dispone de suficientes misiles hipersónicos antibuque de largo alcance para hundir cualquier buque de guerra que intente bloquear este vital punto de estrangulamiento comercial. Lo mismo ocurre con Taiwán: el «Ejército Popular de Liberación» podría literalmente arrasar toda la isla en cuestión de días, mucho antes de que los buques de reabastecimiento de las bases estadounidenses cercanas pudieran llegar a su destino. Sólo me queda esperar que ambas partes tengan esto en cuenta en sus cálculos. Perder un tercio del comercio de petróleo o las fábricas de chips de gama alta del mundo no es ninguna broma, sino una catástrofe a escala mundial. Sólo me queda esperar que nada de esto ocurra ni en 2025 ni después.

 Conclusión

Vivimos tiempos peligrosos. Llevamos tres años en una guerra cada vez más desesperada por los recursos y el control financiero y económico de lo que una vez fue una economía mundial globalizada. Ahora que la producción de petróleo (tanto por razones de oferta como de demanda) se aproxima a su fase de declive, el juego está servido para controlar el último territorio rico en petróleo que queda en el planeta, Asia Occidental. Con la guerra de Ucrania llegando lentamente a su fin en 2025 (ya sea por el uso de la fuerza o la diplomacia) y con la caída de Siria, una potencial guerra contra Irán está claramente en el horizonte.

Sin embargo, el orden mundial occidental liderado por Estados Unidos se enfrenta a más desafíos de los que podría manejar, incluso a medida que su dominio militar marítimo se desvanece en la memoria. La única disuasión con la que cuenta es la nuclear, una clase de armas que sencillamente no puede utilizarse sin enfrentarse a una represalia del mismo tipo. Y aunque Irán no dispone de tales armas (todavía), bien podría hundir la economía mundial destruyendo la infraestructura petrolera de los monarcas del Golfo. Dicen que la historia no se repite, pero sí rima... Una guerra en Oriente Medio. Pico en la producción de petróleo de EE.UU. Una amenaza de interrupción en el comercio mundial de petróleo. No sé tú, querido lector, pero a mí me parece que estamos otra vez en 1973...

Si nos alejamos un poco, el próximo declive mundial de la civilización industrial y la brutal destrucción ecológica que está dejando tras de sí perseguirán a la humanidad durante generaciones. A largo plazo, ni Occidente ni Oriente podrán mantener su estatus civilizado, y cuanto antes se den cuenta de ello, mejor podrán prepararse para un mundo post-combustibles fósiles. ¿Obligará 2025 a las potencias mundiales a reconsiderar sus opciones basándose en la realidad? Y dadas estas relaciones de enfrentamiento, ¿podrán las potencias orientales y occidentales llegar a un entendimiento mutuo en lo que respecta a los intereses de la humanidad? Como siempre, tengo mis dudas, pero ya veremos.


Hasta la próxima,"

( The Honest Sorcerer , blog, 31/12/24, traducción DEEPL, enlaces en el original)