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23.2.26

El PP lo dice claro. Quiere eliminar Patrimonio, Sucesiones y el impuesto a banca... Patrimonio lo pagaron 192.041 personas y recaudó 1.961 M, aprox. 0,40% de la población... con una herencia de 1.000.000€, se pagan 140.000€ en Asturias, 110.000€ en Aragón, 70.000€ en Cataluña (y en varias CCAA, cero)... el gravamen Banca+energéticas aportó 2.859 M€ en 2024. Ese mismo año la gran banca ganó 31.768 millones de euros (récord) y las grandes energéticas 11.249 millones... el PP, solo busca bajar los impuestos a los más ricos. ¿Cómo se sostendrá esa bajada de la recaudación? O pagaremos todos o recortes. Así de sencillo (Julen Bollain)

Julen Bollain @JulenBollain

El PP lo dice claro. Quiere eliminar Patrimonio, Sucesiones y el impuesto a banca. 

Veamos: Patrimonio (2023): lo pagaron 192.041 personas y recaudó 1.961 M€ → aprox. 0,40% de la población (4 de cada 1.000 personas. 

Sucesiones: con una herencia de 500.000€ por hijo se paga aprox. 14.500€ en Castilla-La Mancha, 12.400€ en Cataluña, 5.200€ en Navarra; con 1.000.000€, 140.000€ en Asturias, 110.000€ en Aragón, 70.000€ en Cataluña (y en varias CCAA es cero en esos escenarios).

 Banca+energéticas: el gravamen aportó 2.859 M€ en 2024. Ese mismo año la gran banca ganó 31.768 millones de euros (récord) y las grandes energéticas 11.249 millones. ¡Casi nada! 

Es decir, el PP, como siempre, solo busca bajar los impuestos a los más ricos. ¿Cómo se sostendrá esa bajada de la recaudación? O pagaremos todos o recortes. Así de sencillo.

"Juan Bravo (PP): “Tenemos que desterrar Patrimonio, Sucesiones y el impuesto a la banca para recaudar más" (Demócrata)

Última edición9:07 a. m. · 23 feb. 2026 ·23 mil Visualizaciones

18.2.26

IU plantea una reforma fiscal para aumentar la recaudación en 111.000 millones de euros anuales... en los rendimientos superiores a los 300.000 euros anuales, el promedio en la escala estatal pasaría del 14% al 20%... eliminación de beneficios fiscales a las Sociedades Anónimas Cotizadas de Inversión en el Mercado Inmobiliario (SOCIMI)... eliminación de las deducciones a los planes de pensiones privados... eliminación de los topes máximos de cotización a la Seguridad Social... la reforma del Impuesto a las Grandes Fortunas obligaría a su presentación a los patrimonios netos (descontadas deudas) superiores a 1 millón de euros; la aplicación de una escala progresiva en este impuesto produciría una recaudación adicional de 11.415 millones de euros a las arcas públicas... se plantea en el IRPF un aumento de la progresividad de las rentas del trabajo: en el tramo 300.000-600.000 euros estaría gravado a un tipo marginal estatal del 28% (actualmente se halla en el 24,5%); y a partir de los 600.000 euros, el tipo marginal estatal se situaría en el 30%... fortalecer la imposición a las transacciones financieras; en concreto, “gravar no sólo la compra de acciones, sino también los derivados financieros con un 0,3%”... un Impuesto a las Grandes Herencias que impida las exenciones a herencias y donaciones por encima de 1 millón de euros... y mejorando la lucha contra el fraude, España dejó de recaudar 30.000 millones de euros entre 2016 y 2021 por la elusión fiscal de las grandes corporaciones... si España hubiese recaudado durante los últimos 25 años el 40,6% del PIB como la media de la Eurozona, se habrían obtenido 1,46 billones de euros adicionales (Enric Llopis)

 "Defiende la Reforma del Impuesto a las Grandes Fortunas, aumentar la progresividad en los tipos a las rentas del capital y una tributación mínima del 20% al resultado contable de las empresas

¿Cómo evoluciona la fortuna de los multimillonarios del estado español? Su patrimonio aumentó un 21,5% en 2025, hasta alcanzar los 213.100 millones de dólares, detalla el informe Billionaire Ambitions-2025 del banco suizo UBS; el número de ultrarricos españoles ha pasado de ocho a 32; entre los capitales que crecieron, figura el del principal accionista de la multinacional Inditex, Amancio Ortega.

El informe Las brechas salariales de las grandes empresas, publicado por OXFAM Intermón, apunta que en 2024 el primer ejecutivo del Banco Santander ganó 367 veces el salario medio de la entidad financiera; 347 veces en el caso de CIE Automotive y 196 veces en Inditex; el promedio de las 40 empresas analizadas es de 89 veces.

Además, la Encuesta de Condiciones de Vida del INE (febrero de 2026) señala que el porcentaje de población en riesgo de pobreza o exclusión social se situó en el 25,7% en 2025; en Andalucía se alcanzó el 34,7%, en Castilla-La Mancha el 34% y el 32,5% en Murcia. Se da la circunstancia que, en el caso de los menores de 16 años, el dato de riesgo de pobreza o exclusión social se acerca al 34%.

Son tal vez algunas coordenadas en las que podrían ubicarse las Propuestas para una reforma fiscal justa, presentadas por Izquierda Unida (IU) con el subtítulo de Hacia la suficiencia, la equidad y la lucha contra el fraude.

El conjunto de medidas permitiría recaudar anualmente, según Izquierda Unida, 111.000 millones de euros adicionales (el 7% del PIB); la propuesta fue presentada en noviembre por el coordinador federal de IU, Antonio Maíllo, y el doctor en Economía y miembro de la organización, Carlos Sánchez Mato.  

El documento subraya la necesidad “urgente” de una reforma fiscal; entre otras razones, por los datos comparativos de la presión fiscal detallados en la estadística de Eurostat: 41,2% del PIB en la Eurozona entre 2019 y 2024, frente al 37,1% en el estado español durante el mismo periodo.

“Si España hubiese recaudado durante los últimos 25 años el 40,6% del PIB como la media de la Eurozona, se habrían obtenido 1,46 billones de euros adicionales, un 16% más”, argumenta IU (la presión fiscal en 2024 en Dinamarca, Francia y Bélgica fue superior al 45% del PIB).

Otro punto destacado en el diagnóstico es el peso de los diferentes tributos; según los datos de la Agencia Tributaria, la recaudación del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF) aumentó un 77,8% entre 2007 y 2024; la del IVA, un 62% durante el mismo periodo, mientras que la recaudación por la vía del Impuesto de Sociedades -que grava los beneficios de las empresas- se redujo un 12,8%.

La recaudación tributaria en el estado español por IRPF en 2024 sumó 133.443 millones de euros; 90.541 millones en concepto de IVA y 39.096 millones por el Impuesto de Sociedades.

Además, el tipo medio efectivo del Impuesto de Sociedades sobre resultado contable positivo pasó del 22% en 2000 al 10,8% en 2024.

En apartado de las alternativas, el documento de IU plantea la reforma de una parte de la tributación existente; el Impuesto Temporal de Solidaridad de las Grandes Fortunas grava sólo los patrimonios netos que superen los 3 millones de euros; en 2024, recaudó cerca de 40 millones de euros.

La reforma del Impuesto a las Grandes Fortunas obligaría a su presentación a los patrimonios netos (descontadas deudas) superiores a 1 millón de euros; la aplicación de una escala progresiva en este impuesto produciría una recaudación adicional de 11.415 millones de euros a las arcas públicas.

Otra de las propuestas es la modificación del tipo impositivo actual sobre los depósitos bancarios, del 0,03%, que llegaría al 1%.

Por otra parte, además de eliminar los topes máximos de cotización a la Seguridad Social, también para aumentar la recaudación, se plantea en el IRPF un aumento de la progresividad de las rentas del trabajo: entre 200.000 y 300.000 euros se gravarían a un tipo marginal del 26%; además, en el tramo 300.000-600.000 euros estaría gravado a un tipo marginal estatal del 28% (actualmente se halla en el 24,5%); y a partir de los 600.000 euros, el tipo marginal estatal se situaría en el 30%.

Asimismo IU propone un incremento de la progresividad en los tipos para las rentas del capital; por ejemplo, en los rendimientos superiores a los 300.000 euros anuales, el promedio en la escala estatal pasaría del 14% al 20%.

Otro punto relevante del documento es la eliminación de las deducciones a los planes de pensiones privados; se trata de deducciones regresivas: “Mientras que los ciudadanos con una renta inferior a los 30.000 euros se benefician del 29,3% de las reducciones fiscales, los que ganan a partir de 60.000 euros disfrutan del 70,7% de las mismas”.

En cuanto al Impuesto de Sociedades, se ha producido una caída notable de la recaudación -en relación con la riqueza, medida en términos de PIB- desde 2007; el tipo efectivo medio de las 26 multinacionales españolas que menos porcentaje pagaron en 2021 fue el 2,9%; entre las propuestas del informe figura la implantación de una tributación mínima del 20% del resultado contable de las empresas, y no de la base imponible.

A ello se agregarían medidas como la eliminación de beneficios fiscales a las Sociedades Anónimas Cotizadas de Inversión en el Mercado Inmobiliario (SOCIMI), sociedades de alquiler de viviendas y sociedades de inversión.

Asimismo, en línea con la propuesta del economista James Tobin -seguida por colectivos como ATTAC-, Izquierda Unida aboga por fortalecer la imposición a las transacciones financieras; en concreto, “gravar no sólo la compra de acciones, sino también los derivados financieros con un 0,3%”.

Uno de los apartados destacados del informe es el dedicado a las nuevas figuras tributarias; así, en relación con la fiscalidad ecológica, Izquierda Unida plantea un Impuesto sobre Actividades Extractivas Mineras, que podría recaudar más de 470 millones de euros anuales; un Impuesto sobre el Carbono; y la reforma de la imposición sobre hidrocarburos, con la igualación de los tipos para la gasolina y el diésel.

La propuesta de reforma fiscal incluye un Impuesto a las Grandes Herencias -“con un esquema similar al de las grandes fortunas”-, que impida las exenciones a herencias y donaciones por encima de 1 millón de euros; asimismo, formula la idea de un mínimo y máximo estatal de las deducciones, bonificaciones y exenciones en el Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones, con el fin de evitar la competencia fiscal entre autonomías; a este gravamen se añadiría otro, a las Grandes Propiedades Inmobiliarias.

Las medidas mencionadas tendrían que complementarse, según el documento de IU, con la lucha contra el fraude; el Estado español dejó de recaudar 30.000 millones de euros entre 2016 y 2021 por la elusión fiscal de las grandes corporaciones, según el informe State of Tax Justice-2025 de la organización Tax Justice Network.

En este contexto, una de las iniciativas planteadas es equiparar en seis años la plantilla de la Agencia Tributaria estatal a la media de los países europeos; asimismo, igualar el plazo de prescripción tributaria y penal a cinco años (en el caso de los delitos fiscales agravados la prescripción se produce a los 10 años); IU defiende también al coordinación entre la Agencia Tributaria estatal y las administraciones tributarias autonómicas." 

Enric Llopis , Rebelión, 18/02/26) 

15.5.25

Bernie Sanders: Una sentencia de muerte para miles y miles de personas... la legislación de Trump ofrece enormes exenciones fiscales al 1% más rico y a las grandes empresas de nuestro país, y paga estos recortes fiscales recortando Medicaid, la Ley de Asistencia Sanitaria Asequible, la nutrición, la educación y otros programas que son de vida o muerte para las familias trabajadoras... recorta Medicaid y la Ley de Asistencia Sanitaria Asequible en 715.000 millones de dólares, lo que la Oficina Presupuestaria del Congreso ha calculado que eliminaría el seguro médico para más de 13,7 millones de estadounidenses... Si aprobáramos este proyecto de ley, el número de estadounidenses que no tendrían seguro o tendrían un seguro insuficiente aumentaría a casi 100 millones de estadounidenses... obliga a millones de beneficiarios de Medicaid que ganan tan sólo 16.000 dólares al año a pagar un copago de 35 dólares cada vez que visitan a un médico cuando enferman - hasta el 5% de sus ingresos anuales. ¿Qué consecuencias tendrá esto? Según un estudio de la Universidad de Yale, unos 68.000 estadounidenses mueren cada año por no acudir a tiempo al médico... si usted es un estadounidense con bajos ingresos, ese copago de 35 dólares puede ser demasiado, y el resultado es que no visita al médico cuando debería... también están hablando de hacer recortes masivos a los centros de salud comunitarios que proporcionan atención médica primaria a más de 32 millones de estadounidenses de bajos ingresos y de clase trabajadora... En todo el país, los hospitales rurales están cerrando y se enfrentan a una enorme presión financiera. Esta legislación no hará sino acelerar esos cierres y aumentar las dificultades de la América rural... Cuando Medicaid proporciona más del 60% de los ingresos de los que dependen las residencias de ancianos, recortar Medicaid será un desastre para las personas mayores y discapacitadas que necesitan vivir en residencias de ancianos... recorta 290.000 millones de dólares de los programas de nutrición, lo que privaría de alimentos a unos 4 millones de niños y alrededor de medio millón de ancianos... Me parece que este proyecto de ley refleja exactamente lo que está mal en nuestro corrupto sistema político actual... Cuando niños y ancianos pasan hambre aquí, en el país más rico de la Tierra, nuestro trabajo debería ser garantizar que todos los estadounidenses tengan la nutrición que necesitan para llevar una vida sana, no aumentar el nivel de hambre en nuestro país

 "El pueblo estadounidense, ya sean demócratas, republicanos o independientes, comprende que tenemos un sistema corrupto de financiación de campañas que permite a los multimillonarios y a sus grupos de presión desempeñar un papel enormemente poderoso en la elección de candidatos, en la derrota de candidatos y en la elaboración de leyes. Esto es cierto en el Partido Demócrata y en el Partido Republicano.

Hoy, con los republicanos en el control de la Casa Blanca, el Senado y la Cámara de Representantes de Estados Unidos, estamos viendo cómo este proceso corrupto juega a favor de las prioridades del partido republicano y de sus multimillonarios contribuyentes de campaña.

Este llamado proyecto de ley de reconciliación, el «gran y hermoso proyecto de ley» del presidente Trump que los republicanos están apresurando a través de la Cámara en este momento es una pieza legislativa bastante extraordinaria. En muchos aspectos, dadas las crisis a las que se enfrenta nuestro país, esta legislación hace exactamente lo contrario de lo que debería hacerse.

No es ningún secreto que la desigualdad de ingresos y riqueza en nuestro país es mayor que nunca.

Hoy en día, el hombre más rico del mundo, el Sr. Elon Musk, que ahora vale más de 400.000 millones de dólares, posee más riqueza que el 52% más pobre de la sociedad estadounidense. El 1% más rico posee más riqueza que el 93% más pobre. Y los directores ejecutivos de las grandes empresas ganan ahora más de 350 veces lo que ganan sus trabajadores.

Increíblemente, según la RAND Corporation, en los últimos 50 años se han redistribuido casi 80 billones de dólares en riqueza del 90% más pobre de la población estadounidense al 1% más rico.

 Lo que hemos visto es que las personas más ricas de Estados Unidos se están haciendo mucho más ricas mientras que, al mismo tiempo, el 60% de los estadounidenses viven al día y muchos millones de familias luchan por llevar comida a la mesa. Esa es la realidad económica de hoy.

¿Qué hacen el proyecto de ley de reconciliación del presidente Trump y los republicanos para abordar esta situación tan injusta e inestable? ¿Qué están haciendo cuando los muy ricos se están haciendo mucho más ricos mientras las familias trabajadoras luchan?

Aquí está la respuesta: esta legislación hace que los ricos y los ricos contribuyentes de campaña sean aún más ricos, mientras que hace la vida más difícil y más estresante para las familias trabajadoras de nuestro país.

Esta legislación ofrece enormes exenciones fiscales al 1% más rico y a las grandes empresas de nuestro país, y paga estos recortes fiscales recortando Medicaid, la Ley de Asistencia Sanitaria Asequible, la nutrición, la educación y otros programas que son de vida o muerte para las familias trabajadoras.

Permítanme darles un ejemplo de lo escandalosa que es esta legislación.

En su redacción actual, este proyecto de ley ofrece una exención fiscal de 235.000 millones de dólares a las dos décimas partes más altas del 1% al aumentar la exención del impuesto de sucesiones para las parejas a 30 millones de dólares.

El impuesto de sucesiones sólo se aplica a las personas más ricas de este país que heredan importantes sumas de dinero de un familiar.

 En virtud de esta disposición, una pareja que herede 30 millones de dólares pasaría a pagar CERO impuestos por esa herencia. Una vez más, esta disposición sólo se aplica a las dos décimas partes superiores del 1% de los estadounidenses, las personas más ricas de este país. El 99,8% de los estadounidenses no se beneficiaría ni un céntimo de esta disposición.

Además, esta legislación proporcionaría una exención fiscal de 420.000 millones de dólares a las grandes empresas rentables que están acumulando sus beneficios en las Islas Caimán y otros paraísos fiscales y que, por cierto, están sustituyendo a los trabajadores estadounidenses por robots.

En resumen: Las disposiciones fiscales del proyecto de ley de conciliación proporcionan enormes beneficios a las personas de nuestro país que menos los necesitan, mientras que perjudican enormemente a los estadounidenses de a pie.

Tanto si eres demócrata, republicano o independiente, sabes que nuestro actual sistema sanitario está roto, es disfuncional, cruel y tremendamente caro.

A pesar de gastar casi el doble per cápita en sanidad que cualquier otro gran país, unos 85 millones de estadounidenses no tienen seguro o tienen un seguro insuficiente. Y seguimos siendo el único gran país del mundo que no garantiza la asistencia sanitaria a todos como un derecho humano.

 Así pues, dada esta realidad, ¿cómo aborda este proyecto de ley de conciliación la terrible crisis de la atención sanitaria en Estados Unidos? ¿Amplía la asistencia sanitaria a más estadounidenses y reduce el número de personas sin seguro? ¿Se enfrenta a la codicia de las compañías de seguros y farmacéuticas que ganan decenas y decenas de miles de millones de dólares cada año estafando a los ciudadanos de nuestro país? ¿Es eso lo que hace este proyecto de ley de conciliación? Pues no.

Lo que hace esta ley es recortar Medicaid y la Ley de Asistencia Sanitaria Asequible en 715.000 millones de dólares, lo que la Oficina Presupuestaria del Congreso ha calculado que eliminaría el seguro médico para más de 13,7 millones de estadounidenses. En otras palabras, esta legislación empeora catastróficamente una situación muy mala, en términos de nuestra crisis sanitaria.

Si aprobáramos este proyecto de ley, el número de estadounidenses que no tendrían seguro o tendrían un seguro insuficiente aumentaría a casi 100 millones de estadounidenses. En otras palabras, en lugar de reducir el número de personas sin seguro o con seguro insuficiente en este país, este proyecto de ley aumenta considerablemente ese número. Pero eso no es todo lo que hace esta legislación.

Este proyecto de ley obliga a millones de beneficiarios de Medicaid que ganan tan sólo 16.000 dólares al año a pagar un copago de 35 dólares cada vez que visitan a un médico cuando enferman - hasta el 5% de sus ingresos anuales. ¿Qué consecuencias tendrá esto?

Según un estudio de la Universidad de Yale, unos 68.000 estadounidenses mueren cada año por no acudir a tiempo al médico.

 Ahora bien, si ganas un par de cientos de miles de dólares al año, lo más probable es que un copago de 35 dólares no te disuada de ir al médico. Puede que no te guste, pero pagas los 35 dólares para ir al médico cuando estás enfermo.

Pero si usted es un estadounidense con bajos ingresos y está luchando por pagar el alquiler, o está luchando por comprar comida para sus hijos o pagar la guardería, ese copago de 35 dólares puede ser demasiado - y el resultado es que usted no visita al médico cuando debería.

Cuando se expulsa a casi 14 millones de estadounidenses del seguro médico que tienen y se obliga a las personas con bajos ingresos a pagar un copago de 35 dólares que no pueden permitirse, nadie puede negar que muchos miles de estadounidenses más morirán si este proyecto de ley se convierte en ley.

Este proyecto de ley es una sentencia de muerte para muchos miles y miles de personas.

Además, cuando Trump y los republicanos en la Cámara hacen recortes masivos a Medicaid, también están hablando de hacer recortes masivos a los centros de salud comunitarios que proporcionan atención médica primaria a más de 32 millones de estadounidenses de bajos ingresos y de clase trabajadora.

Los centros de salud comunitarios dependen de Medicaid para el 43% de sus ingresos. Cuando se hacen recortes masivos a Medicaid se está recortando significativamente el acceso que millones de estadounidenses de bajos ingresos y de clase trabajadora tendrán a la atención primaria de salud.

 No sólo los centros de salud comunitarios se verían devastados por esta legislación. En todo el país, los hospitales rurales están cerrando y se enfrentan a una enorme presión financiera. Esta legislación no hará sino acelerar esos cierres y aumentar las dificultades de la América rural en un momento en que ésta ya tiene bastantes problemas.

Esto es lo que dijo Rick Pollack, presidente y director general de la Asociación Americana de Hospitales: «Estos recortes propuestos no harán que el programa Medicaid funcione mejor para los 72 millones de estadounidenses que dependen de él. Por el contrario, harán que millones de estadounidenses trabajadores pierdan el acceso a la atención sanitaria y que muchos de los hospitales de nuestro país luchen por mantener los servicios y permanecer abiertos para sus comunidades.»

Además, espero que mis colegas escuchen lo que Bruce Siegel, presidente y director general de America's Essential Hospitals, dijo en oposición a este proyecto de ley: «Los hospitales, que ya operan con márgenes estrechos, no pueden absorber tales pérdidas sin reducir servicios o cerrar sus puertas por completo».

Eso es exactamente lo que la América rural no necesita. No necesitamos que cierren más hospitales. No podemos permitirlo.

Y seamos claros: no sólo los hospitales y los centros de salud comunitarios se oponen a esta legislación. Los médicos de todo el país también se han opuesto firmemente a esta ley.

Permítanme leer una declaración emitida hoy en oposición a este proyecto de ley por la Academia Americana de Médicos de Familia, la Academia Americana de Pediatría, el Colegio Americano de Obstetras y Ginecólogos, el Colegio Americano de Médicos y la Asociación Psiquiátrica Americana: «Nuestras organizaciones, que representan a más de 400.000 médicos que atienden a millones de pacientes, están alarmadas por las propuestas de aplicar recortes u otros cambios estructurales a Medicaid durante el proceso de conciliación presupuestaria. Los recortes a Medicaid tendrán graves consecuencias para los pacientes, las comunidades y todo el sistema sanitario. Con la reducción de la financiación federal, será más difícil para los pacientes acceder a la atención, los estados se verán obligados a dar de baja a los afiliados de la cobertura, y se limitarán los servicios de atención sanitaria a los que pueden acceder los pacientes y se reducirán las tasas de pago... El impacto de los recortes a la financiación de Medicaid es significativo y de gran alcance, y debe ser reconsiderado».

Eso es lo que dicen las organizaciones médicas de nuestro país, que representan a 400.000 médicos, sobre esta desastrosa legislación.

Además, en un momento en el que el 22% de nuestros mayores intentan sobrevivir con menos de 15.000 dólares al año, esta legislación hará mucho más difícil que los mayores y las personas con discapacidad reciban los cuidados que necesitan desesperadamente en las residencias de ancianos. Cuando Medicaid proporciona más del 60% de los ingresos de los que dependen las residencias de ancianos, recortar Medicaid será un desastre para las personas mayores y discapacitadas que necesitan vivir en residencias de ancianos.

 Y eso no es todo lo que hace esta legislación.

Para la gran mayoría de los estadounidenses, entre los que me incluyo, que creen que las mujeres deben tener derecho a controlar su propio cuerpo, este proyecto de ley básicamente desfinancia Planned Parenthood, que proporciona una atención sanitaria vital a millones de mujeres.

Pero no sólo nuestro sistema sanitario quedaría devastado por esta ley.

Mientras que este proyecto de ley ofrece enormes exenciones fiscales a los multimillonarios, recortaría 290.000 millones de dólares de los programas de nutrición, lo que privaría de alimentos a unos 4 millones de niños y alrededor de medio millón de ancianos.

No sé si hay alguna religión en este mundo en la que sería moralmente apropiado quitar comida de la boca de niños hambrientos y ancianos frágiles para proporcionar más exenciones fiscales a los multimillonarios.

Además, para los muchos jóvenes de nuestro país que luchan con la deuda estudiantil y otros que se preguntan cómo podrán permitirse ir a la universidad, este proyecto de ley recorta la financiación federal para la educación en más de 350.000 millones de dólares.

¿Qué significa esto? Entre otras cosas, significa que el prestatario medio de préstamos estudiantiles con una licenciatura en Estados Unidos vería aumentar los pagos de sus préstamos en unos 3.000 dólares al año, o unos 244 dólares al mes.

En un momento en que la universidad es ahora inasequible para millones de jóvenes, en un momento en que necesitamos desesperadamente una población bien educada y la mano de obra mejor formada del mundo, este proyecto de ley nos lleva en la dirección equivocada.

 Por último, en un momento en que ya gastamos más en el ejército que las nueve naciones siguientes juntas y cuando todo el mundo sabe que hay un despilfarro y un fraude masivos en el Pentágono, este proyecto de ley aumenta el gasto en defensa en 150.000 millones de dólares.

Y esto es sólo parte de lo que contiene este terrible proyecto de ley. Hay muchas otras disposiciones horribles que son igualmente perjudiciales y que no he mencionado.

Me parece que este proyecto de ley refleja exactamente lo que está mal en nuestro corrupto sistema político actual. Cuando tenemos una desigualdad masiva de ingresos y riqueza, nuestro trabajo es exigir que los ricos y las grandes empresas empiecen a pagar su parte justa de impuestos, no dar enormes exenciones fiscales a los muy ricos.

Cuando 85 millones de estadounidenses no tienen seguro o tienen un seguro insuficiente, nuestra labor debería ser garantizar la asistencia sanitaria a todos los hombres, mujeres y niños de este país, no expulsar a 13 millones de estadounidenses de la asistencia sanitaria que tienen actualmente.

Cuando niños y ancianos pasan hambre aquí, en el país más rico de la Tierra, nuestro trabajo debería ser garantizar que todos los estadounidenses tengan la nutrición que necesitan para llevar una vida sana, no aumentar el nivel de hambre en nuestro país.

En muchos aspectos, este proyecto de ley representa exactamente por qué muchos estadounidenses renuncian a la democracia y sienten tanto desprecio por el Congreso. En un momento en que los más ricos nunca lo han tenido tan bien, ven a los líderes republicanos trabajar horas extras para hacer aún más rica a la clase multimillonaria.

 En un momento en que la mayoría de los estadounidenses están luchando para poner comida en la mesa y pagar la atención médica, ven que el liderazgo republicano hace la vida aún más difícil para los estadounidenses promedio."

(senador estadounidense,

20.2.25

¿Hasta qué punto les preocupan a los estadounidenses las fortunas multimillonarias? Casi la mitad querría ver un límite a la «acumulación de riqueza»... alrededor del 58 por ciento de los estadounidenses piensan que «Los multimillonarios se están pareciendo cada vez más a dictadores”... el Partido de Izquierda alemán, Die Linke, ha propuesto un detallado conjunto en cinco pasos para reducir a los súper ricos a un tamaño democrático: un «impuesto sobre el patrimonio», con un gravamen anual que comenzaría en el 1% sobre el patrimonio superior a 1 millón de euros, y aumentarlo hasta el 12% para los patrimonios superiores a 1.000 millones... se añadiría un impuesto especial sobre el patrimonio, también escalonado, que sólo afectaría a los alemanes con fortunas superiores a 2 millones de euros. El tipo máximo de este gravamen alcanzaría el 30% para los alemanes más acaudalados en el tramo de riqueza más alto de la propuesta... los superricos alemanes también verían incrementado el impuesto de sucesiones sobre el patrimonio que dejen tras de sí... En cuanto a los ingresos anuales, los altos ejecutivos de empresas y otras personas con grandes ingresos se enfrentarían a un tipo impositivo del 75% sobre sus ingresos superiores a un millón de euros... El quinto y último punto del plan de Die Linke es sustituir el actual impuesto único del 25% sobre las plusvalías -los ingresos procedentes de la venta de activos financieros y de otro tipo- por una escala gradual de tipos... el objetivo sería reducir a la mitad el patrimonio de los más ricos de Alemania durante la próxima década... en 1944, los más ricos estadounidenses se enfrentaron a un impuesto del 94% sobre sus ingresos más elevados... Ese tipo impositivo máximo rondaría el 90% durante las dos décadas siguientes (Sam Pizzigati)

 "A los estadounidenses no les gustan mucho los multimillonarios. Los ultrarricos, en su inmensa mayoría, creen que no pagan suficientes impuestos. Una encuesta realizada a principios de este mes reveló que casi tres cuartas partes de los votantes más probables del país -el 74%- creen que los multimillonarios pagan «demasiado poco» a la hora de pagar impuestos.
    
¿Hasta qué punto les preocupan a los estadounidenses las fortunas multimillonarias? Casi la mitad de nosotros en general, según la encuesta Harris del verano pasado, querría ver un límite a la «acumulación de riqueza». Entre la Generación Z, ese apoyo a los límites a las fortunas multimillonarias llega hasta el 65%.

«Los multimillonarios», coincidieron alrededor del 58 por ciento de los estadounidenses en esa misma encuesta de Harris, “se están pareciendo cada vez más a dictadores”.

Es muy probable que la proporción de estadounidenses que equiparan a los multimillonarios con dictadores -dado el actual papel dominante de Elon Musk en la nueva Casa Blanca de Trump- sea aún mayor hoy en día.

¿La mejor manera de contrarrestar nuestro golpe multimillonario en curso? Puede que queramos mirar hacia el este en busca de algunas respuestas. En vísperas de las elecciones parlamentarias del 23 de febrero en Alemania, el Partido de Izquierda de ese país, Die Linke, ha propuesto un detallado conjunto de iniciativas en cinco pasos diseñadas para reducir a los súper ricos a un tamaño democrático.

«Creemos», señala simplemente Jan van Aken, copresidente de Die Linke, en la introducción al nuevo plan de su partido, “que no debería haber multimillonarios”.

 Pero van Aken y Die Linke entienden muy bien que ningún gobierno puede chasquear los dedos de repente y hacer desaparecer a los multimillonarios. En su lugar, el partido ha fusionado ideas de todo el mundo en un paquete coherente y de sentido común.

El primer paso del plan de Die Linke: restablecer un «impuesto sobre el patrimonio». Alemania carece de él desde que el Tribunal Supremo anuló el impuesto sobre el patrimonio vigente en 1995. La nueva versión propuesta giraría en torno a un gravamen anual que comenzaría en el 1% sobre el patrimonio superior a 1 millón de euros -el equivalente a unos 1,03 millones de dólares- y aumentaría hasta el 12% sobre las concentraciones patrimoniales superiores a 1.000 millones de euros.

A esto se añadiría un impuesto especial sobre el patrimonio, también escalonado, que sólo afectaría a los alemanes con fortunas superiores a 2 millones de euros. El tipo máximo de este gravamen alcanzaría el 30% para los alemanes más acaudalados en el tramo de riqueza más alto de la propuesta.

Con el plan de Die Linke, los superricos alemanes también verían incrementado el impuesto de sucesiones sobre el patrimonio que dejen tras de sí. En cuanto a los ingresos anuales, los altos ejecutivos de empresas y otras personas con grandes ingresos se enfrentarían a un tipo impositivo del 75% sobre sus ingresos superiores a un millón de euros.

El quinto y último punto del plan de Die Linke es sustituir el actual impuesto único del 25% sobre las plusvalías -los ingresos procedentes de la venta de activos financieros y de otro tipo- por una escala gradual de tipos.

 El objetivo general del plan fiscal de Die Linke: reducir a la mitad el patrimonio de los más ricos de Alemania durante la próxima década. Otros tres partidos de la izquierda política alemana también apoyan subidas de impuestos a los ricos, pero a niveles no tan significativos como Die Linke.

El partido alemán favorito de Elon Musk, por su parte, no ve nada malo en aumentar la fortuna de los más afortunados de Alemania. El partido ultraderechista Alternative für Deutschland, apoyado por Musk, promete una mayor desgravación fiscal para las ganancias de capital y el fin del actual impuesto de sucesiones alemán.

Según las encuestas, el ex banquero Friedrich Merz es el favorito para convertirse en el próximo Canciller alemán. Su partido conservador, la Unión Cristianodemócrata, está a favor de reducir el impuesto de sociedades y cuenta con el apoyo de casi el 30% de los votantes alemanes. Las encuestas sitúan al partido antiinmigración AfD por encima del 20%.

Die Linke ha estado subiendo en las encuestas preelectorales desde que el partido dio a conocer su plan fiscal, y el partido ganó 11.000 nuevos miembros en enero. Los analistas ven ahora probable que el partido termine con alrededor del 6% del recuento total de votos, quizá suficiente para impedir que los derechistas alemanes formen un nuevo gobierno. En cualquier caso, el audaz plan fiscal del partido no tiene ninguna posibilidad de convertirse en ley en la próxima legislatura alemana.

 Sin embargo, lo que en una generación no parece más que una quimera impositiva para los ricos puede convertirse en una política fiscal real en la siguiente. En 1917, por ejemplo, un audaz grupo de progresistas estadounidenses propuso un tipo impositivo del 100% sobre los ingresos anuales superiores a 100.000 dólares, el equivalente a casi 2,5 millones de dólares actuales. Una generación más tarde, en 1942, el Presidente Franklin Roosevelt pidió al Congreso que aplicara ese mismo tipo impositivo del 100% a los más ricos de Estados Unidos.

Los legisladores no aceptaron el tipo máximo del 100% propuesto por Roosevelt, pero aprobaron una ley por la que, en 1944, los más ricos se enfrentaban a un impuesto del 94% sobre sus ingresos más elevados. Ese tipo impositivo máximo rondaría el 90% durante las dos décadas siguientes, años en los que Estados Unidos se convertiría en la primera nación de clase media masiva del mundo."

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18.6.24

Sam Pizzigati: En la próxima década, una cuarta parte de los ricos del mundo legarán "casi 31 billones de dólares" a sus allegados... el mundo asistirá en los próximos diez años a "la transferencia de un asombroso nivel de riqueza", y los altos ejecutivos de las empresas estadounidenses estarán sentados justo en el centro de esa transferencia... el mes pasado se preguntó a los posibles votantes sobre una una subida de impuestos a las empresas que paguen a sus consejeros delegados 50 veces o más de lo que pagan a sus empleados más típicos. Alrededor del 80% de los encuestados apoyaron esa idea, "incluidas grandes mayorías en todos los grupos políticos"... ¿Podrían prosperar en el Congreso medidas como gravar con impuestos a las empresas que pagan a sus altos ejecutivos mucho más que a sus trabajadores? Tal vez... Los directores ejecutivos estadounidenses nos están legando un futuro espantosamente desigual

 "Según las encuestas, el 87% de los estadounidenses considera que la creciente diferencia entre la remuneración de los directivos y la de los trabajadores es un serio motivo de preocupación nacional.

Esa diferencia se ha convertido también en motivo de preocupación mundial. Las diferencias salariales entre directivos y trabajadores en Estados Unidos, como ponen de manifiesto los datos de un nuevo informe de Altrata, están consolidando la actual "colosal" mala distribución de la renta y la riqueza en el mundo.

Según las previsiones del informe Altrata, en la próxima década, más de una cuarta parte de los ricos del mundo con un patrimonio de al menos 5 millones de dólares legarán "casi 31 billones de dólares" a sus allegados. Alrededor del 64% de esos 31 billones de dólares provendrán de los más ricos entre los ricos, los "ultra ricos" con más de 30 millones de dólares cada uno.

Los ejecutivos de empresas, calcula Altrata, representarán más del 71% de esos "ultra ricos" mundiales. Otro 21% de estos ultras serán empresarios que fundaron o cofundaron sus propios imperios empresariales. Y casi la mitad de todos estos ejecutivos y empresarios, añaden los investigadores de Altrata, serán almas adineradas que viven en Estados Unidos, "un testimonio" de que este país sigue siendo la nación con la mayor población de ultra ricos del mundo.

En otras palabras, el mundo asistirá en los próximos diez años a "la transferencia de un asombroso nivel de riqueza", y los altos ejecutivos de las empresas estadounidenses estarán sentados justo en el centro de esa transferencia. Los miles de millones que estos ejecutivos han amasado desde principios de la década de 1980 -años en los que la remuneración de los directores ejecutivos comenzó a dispararse- ampliarán enormemente las filas de quienes poseen enormes cantidades de riqueza heredada.

Nada de esto, por supuesto, debería ser una sorpresa. Los niveles salariales de los CEO en Estados Unidos han sido noticia durante más de cuatro décadas. Y este año esas estadísticas de retribución de ejecutivos muestran lo que el New York Times ha bautizado como una "nueva arruga".

Desde hace media docena de años, en virtud de la Ley Dodd-Frank de 2010, la Comisión Federal del Mercado de Valores exige a las empresas que cotizan en bolsa que publiquen anualmente la relación entre la retribución de sus consejeros delegados y la retribución media de sus empleados. Hasta ahora, el valor de las recompensas en acciones en la retribución de los CEO reflejaba el valor de las acciones cuando los CEO las recibieron.

Por supuesto, el valor de las acciones puede aumentar sustancialmente con el tiempo. La normativa original de la SEC sobre la relación salarial no exigía a las empresas que tuvieran en cuenta ese aumento del valor de las acciones en la relación salarial entre CEO y trabajadores. Las nuevas normas de la SEC sí exigen que las empresas "revelen cuánto aumentan las acciones de los CEO cuando sube el mercado".

La diferencia entre el planteamiento original y la "nueva arruga" puede ser sustancial.

Con el enfoque original, los diez directores ejecutivos mejor pagados de Estados Unidos cobraron el año pasado entre 510 y 3.769 veces lo que ganaba el empleado más típico de su empresa, y el director ejecutivo mejor pagado cobró 199 millones de dólares.

Según el enfoque contable "de nuevo cuño" de la SEC, los diez directores ejecutivos estadounidenses mejor pagados en 2023 percibirán una retribución superior a los 199 millones de dólares. Los analistas de Equilar calculan que cuatro de los diez primeros superarán los 600 millones de dólares y otros dos los 300 millones.

En cualquier caso, los CEO estadounidenses actuales ganan muchísimo más que sus homólogos de mediados del siglo XX. En la década de 1960, según el Economic Policy Institute, los directores ejecutivos de las principales empresas estadounidenses rara vez se embolsaban más de 20 veces el salario de sus trabajadores. Desde entonces, la diferencia salarial entre directivos y trabajadores se ha cuadruplicado, y vuelto a cuadruplicar.

La "nueva arruga" que la SEC ha añadido a la divulgación anual de las retribuciones pretende dar al público estadounidense una idea más precisa de lo escandalosamente amplia que es ahora la brecha salarial entre CEO y trabajadores. Los defensores de la divulgación parecen creer que las nuevas cifras harán un mejor trabajo a la hora de obligar a los consejos de administración de las empresas a aplicar el sentido común en materia de retribución.

El planteamiento original de la SEC en materia de divulgación de información no era muy vergonzoso. Las empresas que han hecho públicos sus ratios de retribución entre CEO y trabajadores con ese enfoque original no han visto "ningún cambio significativo en el nivel de retribución de los CEO", señala Bryce Schonberger, de la escuela de negocios de la Universidad de Colorado, coautor de un reciente estudio sobre la retribución de los directores ejecutivos.

Desgraciadamente, el planteamiento de la "nueva arruga" tampoco parece que vaya a producir un "cambio significativo". Los defensores de una remuneración empresarial más justa afirman que necesitamos algo más que información. Necesitamos consecuencias. ¿Cuáles podrían ser esas consecuencias? Algunos de los principales expertos en retribución de directivos del país analizaron esta cuestión a principios de semana en la primera audiencia de la Comisión de Presupuestos del Senado de EE.UU. sobre las extralimitaciones en la retribución de los directivos.

Entre los testigos: Sarah Anderson, directora del Programa de Economía Global del Instituto de Estudios Políticos. En una encuesta nacional realizada el mes pasado, Anderson explicó al panel del Senado que se preguntó a los posibles votantes sobre una posible consecuencia prometedora que podrían perseguir los legisladores: una subida de impuestos a las empresas que paguen a sus consejeros delegados 50 veces o más de lo que pagan a sus empleados más típicos.

Alrededor del 80% de los encuestados, señaló Anderson, apoyaron esa idea, "incluidas grandes mayorías en todos los grupos políticos".

Los impuestos a las empresas con diferencias salariales escandalosamente grandes entre CEO y trabajadores, añadió Anderson, dan a las empresas con enormes disparidades salariales internas dos opciones básicas: o reducen sus diferencias salariales o se enfrentan a una mayor factura del IRS a la hora de pagar impuestos. "Una empresa en la que la mitad de los empleados ganan menos de 60.000 dólares, por ejemplo, tendría que limitar la remuneración del CEO a no más de 3 millones de dólares o aumentar la remuneración de los trabajadores para evitar impuestos más altos", explicó Anderson en su testimonio. "En 2022, la retribución media de los CEO del S&P 500 alcanzó los 16,7 millones de dólares".

¿Podrían prosperar en el Congreso medidas como gravar con impuestos a las empresas que pagan a sus altos ejecutivos mucho más que a sus trabajadores? Tal vez. Algunos legisladores ya respaldan esa idea. El presidente del Comité Presupuestario del Senado, Sheldon Whitehouse, de Rhode Island, es uno de ellos.

"Nuestro código tributario está corrompido y podrido, puesto patas arriba por intereses especiales", denunció el senador en la audiencia de su panel celebrada el 12 de junio.

¿Qué podemos hacer contra esa corrupción? Whitehouse propuso varias soluciones. Entre ellas: Subir los impuestos a "las empresas que pagan a sus consejeros delegados más de 50 veces lo que pagan a su trabajador medio"."

( Institute for Policy Studies,

29.2.24

En el reciente Foro de Davos se han escuchado manifestaciones radicales en relación a los impuestos: ¡subirlos!... Mientras en España y otros países europeos, las opciones conservadoras y de ultraderecha abogan por bajar los impuestos a los más acaudalados, 250 milmillonarios han redactado una carta con un título ilustrativo: “Orgullosos por pagar más”... la joven heredera del imperio BASF, Marlene Engelhorn, que afirma que ha recibido una herencia de más de 4.000 millones de euros sin mérito alguno, añade una queja insólita: “y el gobierno no quiere que pague el impuesto de sucesiones”... para alcanzar objetivos razonables de bienestar se necesita dinero. Este no escasea, el tema radica en su justa redistribución... y las políticas tributarias directas, sobre renta, patrimonio y sucesiones, forman una estrategia esencial para corregir los desequilibrios que provocan las artimañas legales para eludir el pago de impuestos

 "Mientras en España y otros países europeos, las opciones conservadoras y de ultraderecha abogan por bajar los impuestos a los más acaudalados, y de hecho lo hacen cuando tienen ocasión, en otros lares se expresan opiniones contrarias. Así, en España las comunidades autónomas regentadas por las derechas han hecho efectivos sustanciales recortes tributarios en patrimonio y renta para las franjas más ricas. Se dejan de ingresar recursos fundamentales para actuar en políticas públicas que resulten porosas para el conjunto de la sociedad. Pero, como decía, en otros ámbitos las cosas no se piensan igual. En el reciente Foro de Davos se han escuchado manifestaciones radicales en relación a los impuestos: ¡subirlos! Los emisores de tales mensajes no han sido socialistas, comunistas, ecologistas o feministas, sino personajes con chequeras amplias, profundas, abundantes. Estamos ante gentes que, aunque vivieran cien vidas, no podrían gastar todo el dinero que acumulan sus múltiples activos. 

En efecto, 250 milmillonarios han redactado, en Davos, una carta con un título ilustrativo: “Orgullosos por pagar más”. Tras esa soflama, se defiende la urgente necesidad –indican, sin tapujos, los firmantes– de que los gobiernos les hagan pagar más impuestos. Una de las signatarias es la joven heredera del imperio BASF, Marlene Engelhorn, que afirma que ha recibido una herencia de más de 4.000 millones de euros sin mérito alguno, añadiendo una queja insólita: “y el gobierno no quiere que pague el impuesto de sucesiones”. Tras esta espectacular declaración, la idea de activar políticas redistributivas se refuerza en el actual proceso de nueva globalización. En esta, los retos son enormes, de perfil civilizatorio, con la desigualdad creciente como telón de fondo. Y para alcanzar objetivos razonables de bienestar se necesita dinero. Este no escasea, el tema radica en su justa redistribución. 

En un libro reciente publicado por dos reputados economistas, Emmanuel Saez y Gabriel Zucman (El triunfo de la injusticia, Taurus, 2022), se enfatizan mecanismos de evasión fiscal de las franjas más ricas de la población, y se arguyen que, entre otras herramientas, las políticas tributarias directas, sobre renta, patrimonio y sucesiones, forman una estrategia esencial para corregir los desequilibrios que provocan las artimañas legales para eludir el pago de impuestos. A su vez, Zucman, junto a Lucas Chancel y Thomas Piketty, es codirector del más reciente trabajo que se ha realizado sobre la desigualdad global, publicado en 2022 (https://dds.cepal.org/redesoc/publicacion?id=5585). Los datos y análisis presentados se basan en el trabajo de más de 100 investigadores durante cuatro años, en todos los continentes.  Contribuyen a la base de datos de Desigualdad Mundial, una vasta red que colabora con instituciones estadísticas, autoridades fiscales, universidades y organizaciones internacionales para armonizar, analizar y difundir datos internacionales comparables sobre desigualdad. 

Empresarios muy ricos y académicos muy acreditados coinciden en el diagnóstico. Incluso en la posología del medicamento. Hacen falta los galenos que lo apliquen. "

(Carles Manera, Catedrático de Historia e Instituciones Económicas, en el departamento de Economía Aplicada de la Universitat de les Illes Balears, Economistas frente a la crisis, 22/01/24)

18.1.24

¿Quién paga los impuestos que perdonamos a los ricos? El PP propone que las Comunidades Autónomas sean compensadas por el Estado por la pérdida de ingresos, unos 2.800 millones de euros, que su propuesta para la desaparición del Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones implicaría... ¿De dónde saldrían? Naturalmente, de la aportación fiscal de toda la sociedad... o sea, se trata de que la totalidad de los contribuyentes paguemos la reducción de impuestos de los más ricos. Es, sin más, una transferencia de rentas de abajo arriba... esto ocurriría también si la pérdida de ingresos se saldara con un empeoramiento de servicios públicos, pero que en esta ocasión se especifique quién correrá con el coste de la fiesta nos lo hace ver con una claridad digna de agradecer (Ricardo Rodríguez)

 "El pasado septiembre el PP volvió a presentar en el Senado una proposición de ley para la eliminación completa en toda España del Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones. Es un empeño sobre el que la derecha vuelve cada cierto tiempo y que ha convertido en una de sus principales banderas, si bien en esta ocasión con la novedad de que la mayoría de que goza en la Cámara Alta le podría permitir que la iniciativa llegase al Congreso, en donde no sería improbable que dos de los grupos nacionalistas tradicionalmente favorables a la supresión de este gravamen, Junts y el PNV, la votaran a favor.

Si tal cosa sucediera, alguna pregunta ingrata debería formularse tal vez el Gobierno acerca de sus alianzas. Sea como fuere, diciembre ha dejado aún abierta la disputa procedimental con el Consejo de Ministros, que pretende que la iniciativa no sea tomada en consideración habida cuenta de que, según dispone el artículo 134.6 de la Constitución, su coste presupuestario exige para su tramitación la conformidad del Gobierno, que no ha sido prestada.

Nos debería asombrar la vehemencia y persistencia de esta disputa si nos fijáramos en exclusiva en el escaso peso cuantitativo que en el conjunto de ingresos fiscales del Estado alcanzan los dos tributos directos cedidos a las Comunidades recurrentemente cuestionados, el de Sucesiones y Donaciones y el de Patrimonio. De manera muy significativa, en cambio, el de Transmisiones Patrimoniales, impuesto indirecto que grava determinadas operaciones entre particulares, no parece estorbar a nadie. De hecho, tan parva cuantía es uno de los argumentos esgrimidos por el PP para su supresión. Y cierto es que no supondría un quebranto irreparable para las arcas públicas dejar de cobrarlo, pero, por el mismo motivo, y dado que ambos gravan principalmente los más elevados patrimonios, podría argüirse que no parece que su existencia resulte tan asfixiante.

Sin duda, el grueso de modificaciones de una reforma estructural de nuestro sistema tributario que permitiera lograr financiación suficiente para los servicios públicos y una mayor justicia social habría de afectar a los grandes impuestos: el IRPF, en el que habría que caminar hacia la desaparición de la tributación privilegiada de las rentas de capital sobre los rendimientos de trabajo, el IVA, cuyo volumen de fraude sigue siendo alarmante, y el Impuesto sobre Sociedades.

Se ha de añadir, no obstante, que los dos tributos polémicos cumplen funciones estratégicas en el sistema diferentes de la meramente recaudatoria, lo que eleva su trascendencia por encima de los ingresos que propicien. Con el de Patrimonio se persigue captar parte de las plusvalías latentes que genera el capital y que eluden la tributación, desempeña una función de censo de la riqueza, en tanto que fuente de renta, y adecuadamente gestionado posee la capacidad de estimular un uso de la propiedad más productivo y provechoso para el conjunto de la sociedad, en concordancia con el mandato de los artículos 33.2 y 128.1 de la Constitución. El de Sucesiones y Donaciones busca que no se perpetúen y ensanchen generación tras generación las desigualdades de riqueza hasta el punto de convertirse en un lastre para la prosperidad general.

En el desempeño de estas funciones ejercen como figuras auxiliares del Impuesto sobre la Renta, alcanzando a donde éste no llega y armando junto a él la triada que constituye la columna vertebral de la progresividad del conjunto del ordenamiento tributario. Ésa es y no otra la razón de la ira que provocan en las élites económicas, a las que jamás se les despintó que vivimos en una sociedad de clases. 

Sus posibilidades han vuelto a ser explicadas en estos años de forma documentada y pedagógica por el economista Thomas Piketty, pero en realidad, mucho antes de que el autor de 'Capital e ideología' lo hiciese, ya se encontraban perfectamente plasmadas en el documento económico de los Pactos de la Moncloa y en las exposiciones de motivos y las presentaciones de la reforma fiscal impulsada por UCD en 1977 que respaldó la práctica totalidad de partidos políticos, incluidos quienes hoy aspiran a su eliminación.

Pero hay dos aspectos derivados de la propuesta principal en la proposición de ley del PP que arrojan una inesperada luz sobre el fondo que se debate.

Del primero hablé en un artículo publicado por este mismo medio hace ya más de cuatro años ('La paradoja del Impuesto de Sucesiones: suprimirlo podría obligar a los herederos a pagar mucho más').

Efectivamente, si las ganancias patrimoniales obtenidas a título gratuito (herencias, legados, donaciones o determinadas prestaciones de seguros de vida) no son gravadas por un impuesto específico, pasarán a tributar de manera natural por el IRPF, cuyo hecho imponible es la totalidad de las rentas obtenidas en todo el mundo por las personas físicas. Las ganancias patrimoniales se configuran como una de las cuatro fuentes de renta y no hay razón alguna para que las que se obtienen a título oneroso (la ganancia obtenida al vender nuestra casa, por ejemplo) y algunas de las gratuitas (como los premios) sí se graven y no se haga con las provenientes de herencia o donación.

La vigente ley de renta las declara no sujetas porque ya lo están a un impuesto específico, que por cierto ofrece a estas ganancias un tratamiento bastante menos oneroso del que recibirían del IRPF. Pero si el impuesto específico deja de existir, quedarán sujetas en la medida en que se encuadran en el hecho imponible del tributo general.

Naturalmente esto es algo que en el PP saben. Por ello en su proposición de ley incluyen sendas disposiciones finales que declaran expresamente no sujetas al IRPF y al IRNR (el de renta de no residentes) las ganancias obtenidas por herencia, legado, donación o seguros de vida no contratados por su beneficiario. 

Ahora interesa reparar en lo que esto significa.

Queda desmontada la pertinaz patraña de la doble imposición. Pues, en efecto, se trata de rentas que no habían sido gravadas con anterioridad (con independencia de lo que por ellas pudieron pagar otros contribuyentes) y que, en ausencia de un gravamen específico, han de tributar en IRPF como cualquier otra renta. Y para que esto no suceda la ley ha de hacer una excepción expresa. En mi opinión ni siquiera es técnicamente correcta para el caso la figura de la no sujeción. Para lograr con rigor jurídico lo que el PP pretende la figura adecuada es la exención, con la que se deja fuera de tributación hechos o negocios que entran en la definición del hecho imponible del tributo, pero a los que, por la razón que sea, social o de otro tipo, se exime de pago.

Y es que ante un privilegio estaríamos, contrario a mi juicio al principio de igualdad ordenado por el artículo 31.1 de la Constitución para esta materia. ¿Qué razón y de qué índole justifica que una persona que reciba por herencia, donación o legado más de cuatro millones de euros, pongamos por caso, no contribuya ni con un céntimo al bien común y quien gane apenas 25.000 euros al año gracias a su trabajo deba pagar más de 2.000 euros? Aún más, ¿dónde queda la dichosa aspiración a una sociedad meritocrática que los promotores de estos cambios fiscales enarbolan cuando, de todas las rentas, son precisamente aquellas que se logran sin coste las que se quieren excluir de contribución?

Y hay un segundo aspecto de interés. 

El PP propone que las Comunidades Autónomas sean compensadas por el Estado por la pérdida de ingresos, unos 2.800 millones de euros, que la desaparición del tributo implicaría. La compensación debería mantenerse hasta que se reformara el sistema de financiación autonómico, se entiende que para establecer alguna fuente sustitutiva de recursos.

Habría que apuntar que si tan pobre es la recaudación obtenida como el mismo PP asegura para fundamentar su propuesta, tampoco debería ser muy preocupante para las Comunidades el menoscabo. Pero lo más importante es preguntarse de dónde saldrían los 2.800 millones de euros de compensación. Naturalmente, de la aportación fiscal de toda la sociedad.

Y éste es el fondo de la cuestión. De esto se hablaba desde el principio, aunque quedase velado por la retórica. No se trata de reducir impuestos a todo el mundo, sino de que la totalidad de los contribuyentes paguemos la reducción de impuestos de los más ricos. Es, sin más, una transferencia de rentas de abajo arriba. En el fondo, esto ocurriría también si la pérdida de ingresos se saldara con un empeoramiento de servicios públicos, pero que en esta ocasión se especifique quién correrá con el coste de la fiesta nos lo hace ver con una claridad digna de agradecer."                 (Ricardo Rosríguez, eldiario.es, 13/01/24)

13.7.23

El capitalismo financiarizado ha alcanzado su sueño, trabajadores empobrecidos que son a la vez consumidores activos. La clave de esta alquimia ya la conocemos, porque la sufrimos. El endeudamiento de las familias para poder acceder a bienes básicos como la vivienda. Y el endeudamiento de los estados, esquilmados por los procesos de privatización y desfiscalización, lo que merma su poder político en beneficio de los mercados de capitales... Ese es el modelo que saltó por los aires con la gran recesión del 2008, sin que hasta este momento aparezca en el horizonte una alternativa... Especialmente en España, el país de la UE en el que más ha crecido, entre otras cosas por la devaluación salarial y reducción de prestaciones impuesta por el gobierno Rajoy. A pesar de que las políticas del gobierno de coalición -subida del salario mínimo y reforma laboral, entre otras- han conseguido revertir la tendencia, el mar de fondo de la desigualdad continúa muy bravo... La propuesta de herencia universal presentada por Sumar ha causado revuelo. Bienvenido sea el debate, si remueve las plácidas aguas de la ortodoxia... Quizás ayudaría a explicar y legitimar la propuesta si no se presenta solo vinculada a la emancipación de los jóvenes y se insiste también en su objetivo disruptivo con relación a la brutal concentración de la riqueza. Se trata de socializar una parte de las herencias de grandes patrimonios, que ahora se quedan en el ámbito intrafamiliar, para dedicarlo a distribuir la riqueza entre los jóvenes, a una edad en la que se pueda usar como factor de emancipación... La herencia universal es una medida imperfecta, pero si yo hubiera tenido 20K a esa edad jamás habría emigrado

Azahara Palomeque @Zahr_Bloom

La herencia universal es una medida imperfecta, pero también es lo mejor que se ha ofrecido a los jóvenes en los últimos años. Si yo hubiera tenido 20K a esa edad jamás habría emigrado.

6:52 a. m. · 4 jul. 2023 16,9 mil Reproducciones
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"Una de las consecuencias más negativas del neoliberalismo, en realidad ultra intervencionismo de clase, ha sido el brutal aumento de las desigualdades. De renta y de riqueza. 

En todos los países, incluso en aquellos que han conseguido reducir sus niveles de pobreza. (...)

 En este contexto, el capitalismo financiarizado ha alcanzado su sueño húmedo, trabajadores empobrecidos que son a la vez consumidores activos. La clave de esta alquimia ya la conocemos, porque la sufrimos. El endeudamiento de las familias para poder acceder a bienes básicos como la vivienda. Y el endeudamiento de los estados, esquilmados por los procesos de privatización y desfiscalización, lo que merma su poder político en beneficio de los mercados de capitales.  

Ese es el modelo que saltó por los aires con la gran recesión del 2008, sin que hasta este momento aparezca en el horizonte una alternativa. Al contrario, nos ha dejado graves efectos colaterales en forma de mayor desigualdad. Especialmente en España, el país de la UE en el que más ha crecido, entre otras cosas por la devaluación salarial y reducción de prestaciones impuesta por el gobierno Rajoy. A pesar de que las políticas del gobierno de coalición -subida del salario mínimo y reforma laboral, entre otras- han conseguido revertir la tendencia, el mar de fondo de la desigualdad continúa muy bravo.  

En su trabajo de investigación, “Radiografía de medio siglo de desigualdad en España”, Luis Ayala y Olga Cantó analizan las causas e identifican sus consecuencias. Un menor crecimiento económico, impactos regresivos en el acceso a la salud, educación y vivienda. También democráticos en forma de desigualdad política y desafección. Constatan, además, que la cronificación de la desigualdad conlleva la transmisión intergeneracional de la pobreza. 

 A pesar de sus graves consecuencias, la desigualdad ha estado ausente hasta hace poco de la agenda política. Una prueba más de la hegemonía ideológica del neoliberalismo que justifica la desigualdad como necesaria para el crecimiento económico, al tiempo que defiende a ultranza la propiedad como un derecho absoluto, sin límites ni función social. Todo, dulcificado por el placebo de la meritocracia que se ha convertido en el principal legitimador ideológico de la desigualdad. 

Algo parece estar cambiando, pero solo en apariencia. De la desigualdad se habla mucho, pero se conoce poco y se combate menos. Nos hemos instalado en un fariseísmo insufrible. (...)

Desde el año 1980, el 1% más rico ha capturado el 50% del crecimiento de la renta global del mundo. Además, las proyecciones hasta el 2050 apuntan a que, si no se adoptan reformas drásticas, las clases medias continuarán perdiendo participación en la riqueza.

España no es una excepción, desde el 2008 no ha hecho más que crecer la concentración de la riqueza en el 10% de los más ricos. 

Las consecuencias de este aumento de la desigualdad de renta y riqueza no son solo económicas, un menor crecimiento. Tiene también un fuerte impacto social y democrático. 

En términos de salud, la desigualdad genera una brecha en esperanza y calidad de vida, incluso en hábitats de mucha proximidad territorial como el de las ciudades. En Barcelona la diferencia en esperanza de vida entre los barrios más ricos y los más pobres supera los 7 años. Desigualdad que se agrava si medimos la calidad de vida en los últimos años, como recogen los datos de la Agencia de Salud Pública de Barcelona. 

La desigualdad en el derecho a la educación, relacionada con el nivel de renta y riqueza, se produce a todos los niveles. (...)

Por último, la desigualdad económica es una fabrica de desigualdad política. A menor renta y riqueza, menor participación en los procesos electorales. Y también mayor nivel de desafección en relación con la democracia. 

Hoy, constatamos que las instituciones puestas en marcha en el marco del contrato social de la segunda mitad del siglo XX han perdido buena parte de su capacidad de redistribuir renta y riqueza y de reducción de las desigualdades. Lo que llamamos ascensor social ha dejado de funcionar. Nuestra sociedad está cada vez más estratificada, con trazos propios de la división social en castas y con muchas dificultades para la movilidad intergeneracional. Solo el 12% de las personas que nacen en familias del quintil más pobre de la población consiguen a lo largo de su vida acceder al quintil de mayor renta. Y, por el contrario, el 33% del quintil más rico tienen garantizado continuar en él durante toda su vida. 

Esta cruda realidad nos obliga a abandonar la rutina intelectual y política, si de verdad queremos detener esta gangrena social. Urge reflexionar e imaginar políticas e instituciones distintas para una sociedad que ya no es la del siglo XX. (...)

Nuestro gran reto es detener la acumulación de riqueza, concentrada cada vez en menos manos, revirtiendo este proceso y sus consecuencias. La riqueza y la pobreza se heredan, se transmiten, reproducen y multiplican en el tránsito entre generaciones. Para intentarlo deberemos adentrarnos en un verdadero triángulo de las Bermudas social, el que configuran la concentración de la riqueza, la herencia y la fiscalidad progresiva. 

Especialmente en España, donde un 53,8% de los multimillonarios acceden a su estatus social a través de la herencia. Un dato que nos diferencia de otros países de nuestro entorno, en el que juegan un mayor papel otros factores, como la iniciativa empresarial. 

La propuesta de herencia universal presentada por Sumar ha causado revuelo. Bienvenido sea el debate, si remueve las plácidas aguas de la ortodoxia, aunque me temo que el período electoral no es propicio para una conversación pública serena. 

Algo parecido le sucedió a Piketty, cuando en el libro “Capital e ideología” se atrevió a formular sus propuestas, entre ellas la de “una dotación de capital universal”. Algunas voces se fijaron en los detalles, incluso en las anécdotas, para descalificar la propuesta, obviando lo fundamental. 

En mi opinión, el debate y las propuestas no deben ir encaminadas únicamente al objetivo de la igualdad de oportunidades y la emancipación de los jóvenes. Ni presentarse, como hacen algunos de sus críticos, como alternativas a otras políticas públicas, sean prestaciones universales o transferencias económicas. Aunque es cierto que una obligación de la política es fijar prioridades. 

 Entre las objeciones planteadas a la propuesta, las hay que impugnan el acceso universal a esta política por su supuesto impacto regresivo. Eso sería así si se ignora que la fuente de financiación debe ser una imposición progresiva sobre grandes patrimonios y herencias. 

Algunas voces, después de tachar la propuesta de liberal, plantean como alternativa la concesión de créditos a los jóvenes. Reincidir en la formula del endeudamiento para acceder a derechos es lo que me parece más neoliberal de todo. Además, recientes experiencias como la de los créditos universitarios en EUA, que hoy constituyen la segunda causa de morosidad después de las hipotecas, permiten dudar de su utilidad. 

Hay objeciones a la propuesta que carecen de auctoritas moral. La critican por desincentivar la cultura del esfuerzo, algunos que, al mismo tiempo, plantean la desaparición del impuesto de sucesiones, al que califican de impuesto de la muerte. Queda claro que eso de la meritocracia y la cultura del esfuerzo es solo para los pobres, los ricos tienen reconocido el acceso a la riqueza por derecho natural y a la herencia por prescripción divina. 

Quizás ayudaría a explicar y legitimar la propuesta si no se presenta solo vinculada a la emancipación de los jóvenes y se insiste también en su objetivo disruptivo con relación a la brutal concentración de la riqueza. Se trata de socializar una parte de las herencias de grandes patrimonios, que ahora se quedan en el ámbito intrafamiliar, para dedicarlo a distribuir la riqueza entre los jóvenes, a una edad en la que se pueda usar como factor de emancipación. Vaya, como hacen algunos “altruistas” donantes con sus fundaciones privadas, pero en este caso bajo la responsabilidad de la sociedad, a través del estado.

 La sociedad no debería, una vez pasadas las elecciones, abandonar esta reflexión. Es tan compleja de articular, técnica y políticamente, como necesaria socialmente. La reducción de las grandes desigualdades de renta y riqueza, al tiempo que se facilita la emancipación de los jóvenes, son objetivos que merecen abrirse paso."                (Joan Coscubiela, eldiario.es, 6 de julio de 2023)

1.2.23

Existen motivos muy sólidos para proponer la recuperación de la imposición al patrimonio (o a la riqueza)... Imaginémonos que heredo la empresa familiar, valorada en 200.000 euros. En el Impuesto sobre Patrimonio no pagaré absolutamente nada. En el Impuesto sobre Sucesiones, si cumplo con el requisito de permanencia, se aplicará una reducción del 95%, de modo que irán a base liquidable solamente 10.000 euros... según la tarifa actualmente vigente para Sucesiones en Madrid, tributaríamos por un tipo medio aproximado del 20%. En consecuencia, nos resultaría una cuota íntegra por la empresa familiar de 2.000 euros. Pero, dado que entre padres e hijos existe una bonificación en cuota del 99%, en realidad sólo pagaríamos 20 euros... 20 euros al heredar una empresa valorada en 200.000 euros por Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones, nada por Impuesto sobre Patrimonio y nada por IRPF... ¿Saben cuánto pagarían por IRPF si ganaran esos 200.000 euros trabajando durante todo el año? Un tipo medio de entre el 30 y el 35%. Es decir, entre 60.000 y 70.000 euros... Para la mayoría de la población de este país, el Impuesto sobre Patrimonio y el de Sucesiones constituye un saqueo intolerable del Estado... o sea, pagar 20 euros por una empresa valorada en 200.000 euros que heredamos, y no pagar 70.000 por haber ganado esa misma cantidad gracias a nuestro trabajo... mientras el impuesto sobre plusvalía (Incremento del Valor de los Terrenos de Naturaleza Urbana) sí resulta en muchas ocasiones excesivo e injusto y a menudo ahoga a familias humildes... De tal modo que tenemos a ciudadanos modestos manifestándose contra un impuesto que jamás pagarán y sin rechistar por otro que sí les va a golpear con dureza cuando reciban las exiguas herencias que les correspondan de sus progenitores

 "En los más de 31 años que llevo ya trabajando en la Hacienda Pública española, jamás había vivido momento de mayor divorcio entre la realidad del sistema tributario y el debate político y periodístico acerca de impuestos que el actual. Jamás había presenciado mayor dosis de demagogia, de irresponsabilidad y de simpleza. Nunca se había hablado tanto y con tan poco conocimiento de causa sobre fiscalidad.

No se hacen propuestas razonadas. Se levantan banderas en torno a las cuales aglutinar a los partidarios y desde las cuales poder señalar a los enemigos. Todo es propaganda, fundada en las ocurrencias que cada semana se le pasan por la cabeza a cada quien y que se puedan ver como suficientes para una nota de prensa vistosa.

Así es imposible ningún debate serio acerca de un asunto que es muy serio.

Resulta realmente muy difícil saber, por ejemplo, a qué se refería recientemente el señor Lobato, del PSOE de la Comunidad de Madrid, cuando aludía al “patrimonio productivo” que propone eximir de pago del Impuesto sobre Patrimonio y del de Sucesiones y Donaciones. Imagino que no estará pensando en todo patrimonio que no sea delictivo o que entrañe evasión fiscal. Los impuestos recaen siempre, por su propia naturaleza, sobre riqueza legítima (entiéndase legítimamente adquirida); la riqueza ilegítima no paga impuestos, hay que recuperarla íntegra.

De otra parte, si lo que se sugiere es la posibilidad de librar de todo gravamen a quienes no trasladen sus activos a paraísos fiscales, en cierto modo lo que se les estará ofreciendo es traer el paraíso fiscal a casa. Opción cuya ventaja para la Hacienda Pública no queda muy clara, y a decir verdad tampoco para la economía en general, dado que, como es sabido, la radicación en nuestro país del titular del patrimonio –pues es la localización de la residencia del propietario la que determina la sujeción a este impuesto- no significa necesariamente que aquí vaya a invertir sus capitales si le es más rentable hacerlo en otro lugar, con mayor motivo aun cuando hablamos de su patrimonio intangible (acciones, bonos y derechos de toda índole).

Si a lo que nos referimos es a la diferencia entre capital ocioso y capital afecto a actividad económica, ya en la Ley estatal se había pensado en lo que ahora al señor Lobato se le ha ocurrido. La empresa familiar está exenta de pagar Impuesto sobre Patrimonio, y también lo están las participaciones en entidades jurídicas que dediquen la mayor parte de su capital a actividad económica (que no sean meras gestoras de patrimonio), siempre que la misma constituya la principal fuente de ingresos del contribuyente. Se deja muy a propósito y en exclusiva fuera de la exención lo que los clásicos llamaban capital rentista. La no tributación alcanza incluso a los inmuebles arrendados, con la condición de que su alquiler pueda ser considerado una actividad económica (para lo cual, desde el 1 de enero de 2015, basta tener a un solo empleado a jornada completa). En el Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones hay una muy lucrativa bonificación del 95%.

Un ejemplo puede permitir que se vea a qué me refiero. Imaginémonos que heredo de mis padres la empresa familiar, a la que se atribuye un valor neto de 200.000 euros. En el Impuesto sobre Patrimonio no pagaré absolutamente nada. En el Impuesto sobre Sucesiones, si cumplo con el requisito de permanencia (no venderla por un periodo que en Madrid es de 5 años), se aplicará una reducción del 95%, de modo que irán a base liquidable solamente 10.000 euros.

Supongamos que, aparte de la empresa y excluida también, entre otros bienes, la vivienda habitual, mis padres son dueños de un patrimonio, si no multimillonario, sí lo suficientemente desahogado como para que cada uno de los herederos nos llevemos una porción valorada en aproximadamente 400.000 euros (netos, restadas deudas y pasivo). No está del todo mal, ¿verdad?

En tal caso, según la tarifa actualmente vigente para Sucesiones en Madrid, tributaríamos por un tipo medio aproximado del 20%. En consecuencia, nos resultaría una cuota íntegra por la empresa familiar de 2.000 euros. Pero, dado que entre padres e hijos existe una bonificación en cuota del 99%, en realidad sólo pagaríamos 20 euros. 20 euros al heredar una empresa valorada en 200.000 euros por Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones, nada por Impuesto sobre Patrimonio y nada por IRPF.

Y tampoco es cosa solo de Madrid, que se diría que únicamente tuviéramos a la señora Ayuso en nuestros corazones. En ningún lugar de España se pagaría Patrimonio, dado que la exención procede de la Ley estatal. En Sucesiones no se pagarían ni 20 euros en Andalucía, Galicia, Asturias, Euskadi o Castilla y León, debido a los mínimos exentos existentes en esas regiones. En Castilla La Mancha el mínimo exento está en 175.000 euros si no fallan mis referencias y, por encima de esa cantidad, hay una cuantiosa reducción que empieza en el 95% y va menguando a medida que aumenta la base.

¿Saben cuánto pagarían por IRPF si ganaran esos 200.000 euros trabajando durante todo el año? Pues, dependiendo de la existencia de otros ingresos, reducciones, exenciones, situación familiar y otras circunstancias, no sería extraño que alcanzaran un tipo medio de entre el 30 y el 35%. Y aún esto con suerte. Es decir, entre 60.000 y 70.000 euros.

Y resulta, sin embargo, que no sólo para el señor Lobato, sino (a juzgar por la cantidad de mensajes que he visto en redes llamando robo al Impuesto sobre Patrimonio y al de Sucesiones) para la mayoría de la población de este país, lo que constituye un saqueo intolerable del Estado a los ciudadanos es pagar 20 euros por una empresa valorada en 200.000 euros que heredamos y no pagar 70.000 por haber ganado esa misma cantidad gracias a nuestro trabajo.

La desinformación alcanza al punto de que varias personas que conozco anduviesen furiosas con el Impuesto sobre Sucesiones tras gestionar los trámites de una herencia, a pesar de que en realidad nada habían pagado por Sucesiones, tributo que confundían, lo que no es infrecuente, con el Impuesto sobre el Incremento del Valor de los Terrenos de Naturaleza Urbana (el IIVTNU, más conocido como plusvalía), impuesto éste que sí resulta en muchas ocasiones a mi juicio excesivo e injusto y que a menudo ahoga a familias humildes, por lo que habría que plantearse en numerosos supuestos una rebaja considerable o al menos un diferimiento al momento en que de verdad se obtenga aprovechamiento económico. De tal modo que tenemos a ciudadanos modestos manifestándose contra un impuesto que jamás pagarán y sin rechistar por otro que sí les va a golpear con dureza cuando reciban las exiguas herencias que les correspondan de sus progenitores. Así es la vida. (...)

Una alegación usual contra la imposición al patrimonio es que por la riqueza por la que tributamos en este impuesto ya habíamos pagado al adquirirla. Pero esto es algo que sucede en multitud de ocasiones más sin que por lo visto nos llame la atención. Cuando compramos una bicicleta, pagamos su precio con un dinero por el que habíamos tributado al ganarlo, y aún así volvemos a tributar por un impuesto indirecto, el IVA. Si echamos gasolina al coche, igualmente usaremos un dinero por el que ya habíamos tributado, volveremos a tributar (por el Impuesto sobre Hidrocarburos) y este segundo impuesto será incluso base imponible de un tercero, el IVA. Aún más: al cobrar mi sueldo, pago un impuesto por un dinero por el que el empresario que me contrata ya había pagado cuando lo ganó; al comprar la bicicleta pago un impuesto indirecto y el vendedor deberá pagar un impuesto directo por el beneficio que obtiene; si la tienda de bicicletas está a nombre de una sociedad, el vendedor volverá a pagar renta al repartir beneficio, y aún volverá a pagar otra vez más si el sábado se regala el gusto de cenar con su familia fuera de casa. Y vuelta a empezar.

No hay doble ni triple ni cuádruple imposición, porque el hecho imponible (esto es, la manifestación de capacidad económica o de pago que se grava) es diferente cada vez, aunque por el mismo capital u objeto de imposición se tribute muchas veces. Pero no es el capital o la riqueza la que paga impuestos; somos las personas las que pagamos por la capacidad económica que adquirimos. De otro modo sería imposible la subsistencia del sector público en una sociedad de producción y circulación de bienes y servicios.

 (...) la teoría clásica de la Hacienda Pública estructura la imposición sobre cuatro manifestaciones de capacidad económica: la renta, el patrimonio, el consumo y el tráfico. Se solía decir que lo ideal sería una distribución equivalente entre todas ellas. En cambio, recurriendo a argumentos cada vez más sofisticadamente tramposos, la tendencia invariable de los últimos lustros ha sido la de concentrar casi la totalidad de la carga tributaria sobre la renta del trabajo y sobre el consumo. ¡Y los trabajadores nos lo hemos tragado con la mayor de las inocencias!

Hay una fundamentación clásica de la imposición al patrimonio elaborada en los años 70 del pasado siglo por el economista Lester Thurow. La idea es que el impuesto sobre el patrimonio (o sobre la riqueza, si preferimos llamarlo así) permite recobrar por un lado parte de la tributación eludida por los rendimientos de capital y, por otro, compensa la desigualdad de trato que, en detrimento de las rentas más bajas, generan los impuestos al consumo. Con lo que cumple una función esencial en el logro de una mayor equidad y justicia económica, acerca de la cual Thurow aportó reflexiones de mucho interés en un artículo de 1973.

Hay otras razones de no menor peso que aconsejan su establecimiento. Evidentemente, no dispone de la misma capacidad de pago quien gana 20.000 euros al año, pero dispone de 30 millones ahorrados en el banco, que quien gana la misma cantidad pero tiene su cuenta bancaria en números rojos. Ello ofrece al primero la oportunidad de un mayor ahorro sobre sus ingresos corrientes y de la obtención ulterior de rendimientos de capital sobre el ahorro nuevo. El impuesto sobre patrimonio grava esa capacidad de pago residual y adicional, ciertamente que a tipos muy bajos, porque se trata de no castigar el ahorro pero también estimular que el capital acumulado se destine, al menos en parte, a inversión o a consumo que genere nueva actividad económica. Y ésta es otra de sus funciones, el incentivo para la movilización del capital ocioso, y lo que explica que aquella parte del patrimonio que se invierte en actividad quede eximida de tributación.

Finalmente, hay una función del tributo no recaudatoria pero de mucha importancia, que es la de censar la riqueza, herramienta clave para controlar en la renta de los grandes patrimonios las fuentes de ingresos.

Todas estas funciones de la tributación sobre el patrimonio fueron elaboradas durante décadas en los sistemas tributarios europeos y llegaron a ser más o menos aceptadas por la mayor parte de la doctrina. Que hayamos oído hablar tantas veces de doble imposición referida al Impuesto sobre Patrimonio y al de Sucesiones y no al IVA y los Impuestos Especiales se debe a un único motivo real: a que los primeros son impuestos que pagan los dueños de grandes fortunas y los segundos los pagamos todos. Y los grandes propietarios, hoy como siempre, disponen de muchos más medios que la mayoría de la gente para difundir las ideas que convienen a sus intereses. Eso explica también las feroces campañas contra la imposición patrimonial desarrolladas en todas partes desde los años 90, la complicidad en tales campañas de la mayoría del mundo académico y de los grandes despachos de asesoría fiscal, y que en tantos países se lograra que fuesen eliminados los gravámenes a la riqueza.

Sin embargo, la crisis económica, primero, y la catástrofe de la pandemia, después, ha hecho que instituciones tan poco sospechosas como la OCDE y un número aún escaso pero creciente de economistas se estén planteando su recuperación. Resulta, a propósito de economistas, muy reveladora la lectura de la argumentación a favor del Impuesto sobre Patrimonio del economista Thomas Piketty[ii], célebre referencia actual de la izquierda, para percatarse de que se trata casi de una reproducción de la que expuso, en una sesión del Congreso de octubre de 1977, el ministro Francisco Fernández Ordóñez en nombre de un gobierno de centro derecha[iii]. Lo que nos permite medir la dimensión asombrosa alcanzada por el deslizamiento político de las ideas económicas a lo largo del tiempo.

En todo caso, existen motivos de fondo, y muy sólidos, para al menos proponer a la sociedad el debate de la recuperación de la imposición al patrimonio (o a la riqueza), sin que nadie se rasgue las vestiduras y sin necesidad también de acudir a un lenguaje superficialmente radical sobre los ricos y los pobres que más que del marxismo parece sacado de una película de Robin Hood. No se trata ni de un acto de desagravio ni de pedir un donativo por dos años. La palabra clave es justicia, que es además la que tiene amparo en nuestra Constitución.

Y también hay que hacer las reformas con el suficiente sosiego como para que no se derrumben dentro de dos o tres o cinco años en los tribunales. La reforma del sistema tributario no se hace a golpe de titular de prensa, porque así sólo nacen creaciones frágiles y perfectamente ineficaces, de las que ya llevamos unas cuantas amontonadas, o se pierde por un cabo lo que se gana por otro, y más. Si figuras tributarias de esta naturaleza son jurídicamente endebles, cuando se anulen habrá que devolver un dineral a una minoría de multimillonarios con, como mínimo a día de hoy, un 4,06% de interés de demora. Se trata de crear una imposición sólida y estructural a la riqueza, no de tener la oportunidad de presumir de haberla creado en campaña electoral. Trabajamos con la aportación al fondo común de toda la sociedad. Algo que para mí, que llevo haciéndolo toda mi vida profesional, ha sido siempre sagrado. Y que exijo que también lo sea para cuantas personas gestionan recursos públicos

En mi opinión, en alguna otra ocasión lo he dicho, el ya célebre Impuesto Temporal de Solidaridad de las Grandes Fortunas es, en el mejor de los casos, jurídicamente cuestionable. (...)"              ( Ricardo Rodríguez , El viejo Topo, 25/01/23)

1.11.22

El Banco Central Europeo pide un impuesto sobre el patrimonio... «Desde el punto de vista de la equidad, pero también desde el punto de vista macroeconómico, los gobiernos deberían apoyar la renta y el consumo de las familias y empresas que más sufren»... la cuestión es cómo financiarlo. Lo más sencillo es que esto se haga contratando nuevos préstamos. Según el BCE, no es una medida adecuada en la situación actual... es mejor impuestos que más deudas... «Si se apoya a los necesitados y se financia con impuestos más altos, es menos inflacionista que si se amplía el déficit»... La cuestión es, entonces, a quién se va a gravar. La elección de Philip R. Lane (miembro del Consejo Directivo del BCE) es clara: es mejor en este momento ir a buscar el dinero donde está, más concretamente, entre los ricos... Podría tratarse de una subida de impuestos para las rentas altas o para las industrias y empresas que son muy rentables a pesar del choque energético

 "Un alto ejecutivo del Banco Central Europeo aboga en una notable entrevista por un impuesto sobre el patrimonio para hacer frente a la crisis energética. El hecho de que incluso una institución tan consolidada pida ya que se grave a los ricos demuestra la gravedad de la crisis a la que nos enfrentamos.

¿Deudas o impuestos?

Esta entrevista notable se publicó en el periódico austríaco Der Standard. El entrevistado, Philip R. Lane, no es un hombre cualquiera, es miembro del Consejo Directivo del Banco Central Europeo (BCE).

Parte de la observación de que el choque energético que estamos experimentando es enorme y que está afectando más a las personas más pobres de la sociedad. Por esta razón y también para evitar que muchas empresas quiebren los gobiernos deben actuar con urgencia. «Desde el punto de vista de la equidad, pero también desde el punto de vista macroeconómico, los gobiernos deberían apoyar la renta y el consumo de las familias y empresas que más sufren».

Esto es lo que ahora está en pleno apogeo en distintos países de Europa, algunos con más generosidad que otros. Sin embargo, la cuestión es cómo financiarlo. Lo más sencillo es que esto se haga contratando nuevos préstamos.

Según el BCE, no es una medida adecuada en la situación actual. De hecho, el Banco Central está intentando atajar la inflación con tipos de interés más altos, lo que solamente es factible cuando la carga de la deuda de los países no es demasiado alta, de lo contrario se provocará una crisis de la deuda en algunos países. Así que es mejor impuestos que más deudas. «Si se apoya a los necesitados y se financia con impuestos más altos, es menos inflacionista que si se amplía el déficit».

La cuestión es, entonces, a quién se va a gravar. La elección de Philip R. Lane es clara: es mejor en este momento ir a buscar el dinero donde está, más concretamente, entre los ricos. No solo piensa en gravar el posible exceso de beneficios de los gigantes de la energía, sino que también quiere apelar a los más pudientes de nuestra sociedad. “La gran pregunta es si una parte de estas ayudas no debería financiarse aumentando los impuestos a los que están en mejor situación. Podría tratarse de una subida de impuestos para las rentas altas o para las industrias y empresas que son muy rentables a pesar del choque energético».

Cunde el miedo

Al BCE difícilmente se le puede acusar de ser una institución de izquierdas o progresista. En los países capitalistas los bancos centrales se crearon y se crean para servir a los intereses de las mayores corporaciones y bancos, digamos el 1%. Están en una posición ideal para servir a esos intereses porque son independientes tanto del poder ejecutivo como del judicial y del legislativo.

El hecho de que una institución tan poderosa abogue por un impuesto sobre el patrimonio significa que el establishment siente verdadero pavor. Con la actual crisis energética y la inflación galopante los expertos afirman que podemos estar ante el mayor asalto al nivel de vida en una generación, lo cual es el caldo de cultivo perfecto para una gran agitación social e inestabilidad política. Hace unos años, el movimiento de los chalecos amarillas puso a Francia en un aprieto. Los elevados precios de la energía que motivaron las protestas de entonces no son nada comparados con las subidas de precios actuales.

La crisis financiera de 2008 se trasladó a los trabajadores. El resultado fue el resurgimiento de partidos populistas de derecha y antieuropeos en muchos países. No es ninguna coincidencia que en estos momentos le vaya tan bien a la extrema derecha en Suecia e Italia.

Junto con el establishment, el BCE quiere evitar el caos político y social. Por ello opta por una receta drástica.

Si incluso una institución de este tipo opta por un impuesto sobre el patrimonio, ¿a qué esperamos en Europa? Tal vez sea necesario que los sindicatos y la sociedad civil presionen para que nuestros gobiernos se pongan manos a la obra. A pesar del frío que se avecina, será sin duda un otoño caluroso."

( Marc Vandepitte  , Rebelión, 01/10/2022; Fuente: https://www.dewereldmorgen.be/artikel/2022/09/29/energiecrisis-de-europese-centrale-bank-pleit-voor-een-rijkentaks-waar-wacht-belgie-op/