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11.9.26

La Jornada: Trump: demolición de la democracia... Trump se comprometió a enviar un cheque por 5 mil dólares a cada adulto estadunidense si el Partido Republicano mantiene el control de la Cámara de Representantes y el Senado en las elecciones de mitad de mandato... El intento de soborno del magnate al electorado tiene un componente delirante y otro preocupante. Hay un delirio en la pretensión de que el gobierno estadunidense tiene recursos para repartir libremente un billón 375 mil millones con una deuda pública de 40 billones... Lo preocupante es que eso supone la demolición de los restos de democracia que pudieran quedar en esa nación.... en cualquier otro país, una declaración semejante sería un escándalo, pero en el Washington de Trump es sólo un día más... hace tiempo que Estados Unidos es una plutocracia, porque el voto no lo decide la voluntad libre e informada de los ciudadanos, sino la capacidad de la oligarquía para invertir en las campañas como un negocio más... en Estados Unidos los grupos criminales tienen las puertas abiertas para financiar legalmente a un político y nadie puede preguntar de dónde salió el dinero

"El presidente Donald Trump se comprometió el miércoles a enviar un cheque por 5 mil dólares a cada adulto estadunidense si el Partido Republicano mantiene el control de la Cámara de Representantes y el Senado en las elecciones de mitad de mandato que tendrán lugar el próximo 3 de noviembre. El mandatario comparó su oferta de compra de votos con los pagos de una corporación a sus accionistas, por lo que la denominó “dividendos Trump”, y aludió a “nuestra enorme fortaleza y éxito económicos”. Según aseguró, la única condición será que el dinero se gaste dentro de Estados Unidos, pero no especificó cómo se verificará esto.

El intento de soborno del magnate al electorado tiene un componente delirante y otro preocupante. Hay un delirio en la pretensión de que el gobierno estadunidense tiene recursos para repartir libremente: en estos momentos su deuda pública de 40 billones (millones de millones) de dólares ya representa 120 por ciento del producto interno bruto y cada año se añaden 1.8 billones adicionales, por lo que no se entiende de dónde sacaría el billón 375 mil millones necesario para entregar 5 mil dólares a 275 millones de adultos. Lo preocupante es que, cumpla o no con su promesa, el hecho de ofrecer un pago directo a cambio del triunfo electoral de su partido supone la demolición de los restos de democracia que pudieran quedar en esa nación. La muestra más clara del deterioro de la institucionalidad estadunidense es que, en cualquier otro momento y en cualquier otro país, una declaración semejante sería un escándalo mayúsculo que derivaría en sanciones y posiblemente pondría fin a la carrera política del implicado, pero en el Washington de Trump es sólo un día más.

Con todo, es importante remarcar que el desmantelamiento de la democracia ha sido acelerado por el magnate, pero comenzó décadas atrás. Desde hace medio siglo, sucesivas sentencias de la Suprema Corte han destruido todos los controles sobre el financiamiento electoral, de tal modo que hoy día la normalidad estadunidense sería considerada corrupción en el resto del mundo. En 1976, el máximo tribunal equiparó al dinero con una opinión y determinó que limitar el gasto en campañas viola la libertad de expresión. Desde entonces, no hay límite alguno al gasto independiente ni al dinero que un candidato puede gastar de su propio bolsillo. En junio pasado, eliminó también los límites sobre la cantidad que los partidos políticos pueden gastar en publicidad y otros conceptos en coordinación con los candidatos. Entre una y otra sentencia, la Suprema Corte permitió también donaciones ilimitadas por parte de individuos y el uso de recursos donados para que los candidatos se paguen a sí mismos todos los recursos propios que hayan destinado a la campaña. Es decir, un aspirante puede comprarse el cargo con su dinero y luego recaudar fondos de los interesados en ser “amigos” de un senador, gobernador o presidente. Además, cualquier organización con registro sin fines de lucro puede gastar sin ningún tope en las elecciones y reservar la identidad de sus donantes. Es decir, en Estados Unidos los grupos criminales a los que Washington dice combatir tienen las puertas abiertas para financiar legalmente a un político y nadie puede preguntar de dónde salió el dinero.

En suma, hace tiempo que Estados Unidos es una plutocracia, porque el voto no lo decide la voluntad libre e informada de los ciudadanos, sino la capacidad de la oligarquía para invertir en las campañas como un negocio más. El desprecio de Trump por las leyes y las formas que suelen regir la conducta de los servidores públicos ha puesto a la vista de todos la degradación de la vida pública. Frente a ese desastre, es causa de alivio que el proceso electoral iniciado ayer en México sea mucho más democrático, verificable y transparente y que no se encuentre reducido a la grotesca e impúdica subasta que son hoy los comicios en el país vecino del norte." 

(Editorial de La Jornada , 11/09/26) 

Donald Trump ha afirmado que, si los republicanos ganan las elecciones de mitad de mandato, dará a cada norteamericano 5.000 dólares... se trata de un compromiso de gasto de un billón de dólares... Trump está utilizando su cargo de presidente para sobornar a los votantes... pero considerando los aspectos económicos de la propuesta, Trump propone lo que Milton Friedman denominó «dinero desde un helicóptero»... dinero que un gobierno distribuye masivamente entre la población de una economía, independientemente de que dicha economía tenga capacidad para absorber ese gasto adicional... no existe ninguna razón técnica que impida entregar 5.000 dólares a cada hogar estadounidense... pero alguien debe asumir el pasivo resultante: su propio gobierno, cuya deuda aumentaría en un billón de dólares como consecuencia. Si se mantiene la relación actual entre el gobierno de EE. UU. y los mercados financieros, es probable que aumente el tipo de interés que este deba pagar. Además, crear dinero cuando tal vez no haya nada que comprar con él garantiza prácticamente la inflación, no habrá más bienes y servicios disponibles para comprar que los que existían antes de la creación del dinero (Richard Murphy)

 "El «dinero desde un helicóptero» de Trump provocaría un desastre económico

Donald Trump ha afirmado que, si los republicanos ganan las elecciones de mitad de mandato, mejorará la situación económica de cada adulto en Estados Unidos en 5.000 dólares. A efectos prácticos, se trata de un compromiso de gasto de un billón de dólares.

JD Vance, en su calidad de vicepresidente, ha matizado ligeramente la oferta desde entonces, pero no ha negado que Trump la hiciera.

Dejemos de lado por un momento el hecho de que Trump parece estar utilizando simplemente su cargo de presidente para sobornar a los votantes y consideremos, en cambio, los aspectos económicos de la propuesta.

Lo que Trump propone es lo que Milton Friedman denominó «dinero desde un helicóptero» (*helicopter money*): dinero que un gobierno distribuye masivamente entre la población de una economía, independientemente de que dicha economía tenga capacidad para absorber ese gasto adicional. Algunas personas que no tienen interés en comprender la Teoría Monetaria Moderna (TMM), como Ann Pettifor, sugieren que esto es lo que propone la TMM, cuando nada más lejos de la realidad.

Dicho esto, cabe subrayar que la propuesta de Trump deja claro que la creación de dinero a voluntad está totalmente al alcance del gobierno de EE. UU. a través de la Reserva Federal. No existe ninguna razón técnica que impida entregar 5.000 dólares a cada hogar estadounidense, aunque hacerlo carezca por completo de sentido.

En primer lugar, como Trump sabría si comprendiera la naturaleza de las finanzas públicas, si pretende aumentar el patrimonio de cada hogar estadounidense de esta manera, alguien debe asumir el pasivo resultante: su propio gobierno, cuya deuda aumentaría en un billón de dólares como consecuencia. En consecuencia, si se mantiene la relación actual entre el gobierno de EE. UU. y los mercados financieros, es probable que aumente el tipo de interés que este deba pagar. Además, podrían derivarse toda una serie de efectos económicos adversos en los que, al parecer, él no ha reparado.

En segundo lugar, si bien algunos receptores de este dinero podrían utilizarlo prudentemente para saldar deudas y otros podrían ahorrarlo, es muy probable que muchos decidan gastarlo casi de inmediato; la consecuencia inevitable de ello será la inflación, ya que no habrá más bienes y servicios disponibles para comprar que los que existían antes de la creación del dinero. En esta cuestión, me encuentro en la extraña situación de estar de acuerdo con Milton Friedman.

En tercer lugar, es difícil predecir el impacto de esta decisión sobre el dólar, cuya posición como moneda de reserva mundial ya se encuentra amenazada. No obstante, los mercados no suelen recompensar la irracionalidad económica de este tipo, especialmente cuando el motivo para llevarla a cabo roza el fraude electoral.

En cuarto lugar, es posible que muchas personas en Estados Unidos se sientan igualmente alarmadas por esta irracionalidad. Por lo general, pocas personas rechazarían 5.000 dólares. Sin embargo, cuando una oferta conlleva tantos inconvenientes evidentes, podría bastar para convencer a la gente de que Trump es realmente corrupto y no está capacitado para el cargo. Como resultado, podrían decidir votar en contra de su partido o abstenerse de votar. Considero que una reacción electoral negativa es tan probable como el apoyo a esta locura, dado que los republicanos llevan mucho tiempo diciendo a los estadounidenses que la deuda es su enemiga, aunque en la mayoría de los casos eso no sea cierto.

En quinto lugar, la injusticia de la medida podría escandalizar a muchos. Estoy seguro de que hay muchas personas en Estados Unidos para quienes 5.000 dólares supondrían un cambio radical en sus vidas. A otras muchas les resultará indiferente; personas como Elon Musk ni siquiera lo notarán. El hecho de que el dinero vaya supuestamente destinado a todo el mundo, independientemente de sus necesidades, podría indignar a muchos.

Como deja claro la Teoría Monetaria Moderna (MMT), crear dinero cuando tal vez no haya nada que comprar con él garantiza prácticamente la inflación —algo que la MMT se obsesiona por evitar—, y sin embargo, eso es precisamente lo que está haciendo Trump. En este caso, la MMT ofrece el único marco económico que explica tanto cómo puede hacerlo como por qué no debería hacerlo.

Es hora de que la gente se tome esta teoría en serio."

 (Richard Murphy, blog, 11/09/26, traducción google)

2.9.26

Las próximas elecciones podrían ser las últimas. Donald Trump está decidido a sabotear las elecciones de mitad de legislatura... Trump ha puesto en marcha una serie de mecanismos para manipular o invalidar las elecciones de mitad de legislatura. El Congreso no nos salvará. Los tribunales no nos salvarán... Si se aplican las medidas defendidas por la Administración Trump, se invocarán los poderes de emergencia para ejercer un control federal sin precedentes sobre la votación... Los requisitos de identificación federal y de documentos de ciudadanía privarán del derecho al voto a millones de votantes con derecho a ello, incluidos los estadounidenses con bajos ingresos que carecen de acceso a los documentos requeridos y las mujeres casadas cuyos nombres actuales no coinciden con los que figuran en sus registros de ciudadanía... Se desplegarán tropas federales y agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) en los colegios electorales o en sus inmediaciones que cuenten con una mayoría tradicional del Partido Demócrata... La supervisión del fraude electoral masivo correrá a cargo de leales colocados por la Administración Trump en las oficinas electorales estatales y federales... Trump y sus partidarios en Silicon Valley son plenamente conscientes de que el nivel de su corrupción y su desdén por la democracia —sin precedentes en la historia de EE. UU.— les hace vulnerables en caso de que pierdan el poder. No tienen intención alguna de permitir que esto suceda, por muy graves que sean las violaciones constitucionales (Chris Hedges)

"La Casa Blanca de Trump ha puesto en marcha una serie de mecanismos para manipular o invalidar las elecciones de mitad de legislatura. El Congreso no nos salvará. Los tribunales no nos salvarán. Nuestra única esperanza —en caso de que las elecciones sean amañadas o robadas— son las huelgas a nivel nacional. Nuestra única esperanza es paralizar la maquinaria del comercio y del Gobierno, aunque esta militancia se enfrentará a una represión estatal salvaje.

De lo contrario, estamos condenados. No habrá salida.

Si se aplican las medidas defendidas por la Administración Trump, se invocarán los poderes de emergencia para ejercer un control federal sin precedentes sobre la votación. Los agentes federales confiscarán el material electoral. Ya han confiscado papeletas de elecciones anteriores.

El Servicio Postal de EE. UU. solo enviará papeletas a quienes figuren en las listas de elegibilidad aprobadas a nivel federal, elaboradas a partir de los censos electorales estatales. Estos censos, sujetos a comprobaciones de ciudadanía, denegarán por completo los servicios de correo electoral en aquellos estados que se nieguen a cumplir las exigencias de la Administración en cuanto a los datos de los votantes.

La manipulación de circunscripciones respaldada por Trump a mediados de la década ya ha desmantelado distritos controlados por los demócratas y ha creado otros nuevos para los republicanos.

Los requisitos de identificación federal y de documentos de ciudadanía privarán del derecho al voto a millones de votantes con derecho a ello, incluidos los estadounidenses con bajos ingresos que carecen de acceso a los documentos requeridos y las mujeres casadas cuyos nombres actuales no coinciden con los que figuran en sus registros de ciudadanía.

Se desplegarán tropas federales y agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) —con 113 500 millones de dólares en financiación adicional asignada por el Congreso hasta septiembre de 2029— en los colegios electorales o en sus inmediaciones que cuenten con una mayoría tradicional del Partido Demócrata. Aquellos tildados de «anticapitalistas» y «anticristianos» o acusados de pertenecer a antifa serán intimidados o se les impedirá votar.

La mayoría republicana en la Cámara de Representantes —independientemente del resultado de la votación— utilizará su autoridad para certificar los resultados electorales con el fin de retener el poder, manipulando el Colegio Electoral y negándose a admitir a los miembros de la oposición recién elegidos.

La supervisión del fraude electoral masivo correrá a cargo de leales colocados por la Administración Trump en las oficinas electorales estatales y federales.

Trump —quien intentó anular los resultados de las elecciones de 2020 y afirmó que se negaría a aceptar el resultado de las elecciones de 2024 si perdía— reflexiona sobre la posibilidad de desafiar la Constitución con el fin de ejercer un tercer mandato. También ha planteado la idea de cancelar las próximas elecciones, declarando a Reuters: «Si lo piensa bien, ni siquiera deberíamos celebrar elecciones».

Cuando Volodymyr Zelensky —cuyo mandato presidencial finalizó en mayo de 2024— informó a Trump de que no se celebrarían elecciones en Ucrania debido a la guerra, Trump respondió: «Así que está diciendo que, durante la guerra, no se pueden celebrar elecciones… Permítame decirle algo: dentro de tres años y medio, ¿quiere decir que, si por casualidad estamos en guerra con alguien, no habrá más elecciones? Oh, eso está bien».

Trump declaró a The New York Times en enero que lamentaba no haber ordenado a la Guardia Nacional que confiscara las máquinas de votación tras las elecciones de 2020. Trump no solo quiere abolir el voto por correo —los demócratas votan por correo en mayor número que los republicanos—, sino también las máquinas de votación y los recontadores que permiten a las juntas electorales publicar los resultados la misma noche de las elecciones.

Trump sentó las bases para la injerencia federal en su discurso nacional de julio sobre el fraude electoral, al afirmar que las elecciones están peligrosamente expuestas al «hackeo, la manipulación y la injerencia extranjera».

Este ataque lleva décadas gestándose. No comenzó con Trump.

Ya advertí sobre el movimiento nacionalista cristiano y su fascismo latente en mi libro «American Fascists: The Christian Right and the War on America». Estos fascistas cristianos son enemigos de la sociedad abierta. Pretenden privar del derecho al voto a amplios sectores de la población, exigen la desregulación de la industria y la eliminación de todos los servicios sociales, incluida la educación pública, los programas de salud pública y la protección del consumidor. Consideran que las únicas funciones propias del Gobierno federal son la recaudación de impuestos, la guerra y la seguridad interior.

Estos objetivos se exponen con un detalle técnico abrumador en el Proyecto 2025.

El poder —como en todas las dictaduras— debe ser permanente. Se configurará para enriquecer al círculo más cercano de Trump y su familia, quienes han ganado al menos 2.3 mil millones de dólares con sus inversiones en criptomonedas durante el primer año de Trump desde su regreso a la presidencia. La clase multimillonaria y las grandes empresas seguirán pagando pocos o ningún impuesto sobre la renta. No tendrán restricciones ni supervisión externas mientras explotan a la ciudadanía y contaminan y envenenan la tierra.

El resto de nosotros, bajo constante vigilancia estatal y privados de cualquier recurso legal, quedaremos reducidos a la condición de siervos.

La disidencia será tipificada como delito. Los medios de comunicación se convertirán en una cámara de eco de la dictadura. La educación —desde la guardería hasta los estudios de posgrado— será adoctrinamiento. La cultura quedará reducida a su mínimo común denominador: el kitsch sentimental. Se emplearán tropos, iconografía y símbolos cristianos para sacralizar la supremacía blanca, el capitalismo, la guerra sin fin y el imperio, al tiempo que se demoniza a quienes se encuentran en los márgenes de la sociedad.

A Trump ya se le ha otorgado el poder absoluto. En 2024, el Tribunal Supremo concedió a Trump inmunidad frente a cualquier proceso judicial por actos realizados en el marco de su autoridad constitucional «concluyente y excluyente». En su opinión disidente, la magistrada Sonia Sotomayor denunció que, como consecuencia de la decisión del tribunal, «en cada ejercicio del poder oficial, el presidente es ahora un rey por encima de la ley».

Trump y sus partidarios en Silicon Valley son plenamente conscientes de que el nivel de su corrupción y su desdén por la democracia —sin precedentes en la historia de EE. UU.— les hace vulnerables en caso de que pierdan el poder. No tienen intención alguna de permitir que esto suceda, por muy graves que sean las violaciones constitucionales. Pretenden extinguir los últimos vestigios de la democracia. Creen, tal y como escribió en 2009 Peter Thiel, cofundador de PayPal y Palantir, que «la libertad y la democracia» no son «compatibles».

Thiel está recopilando toda nuestra información obtenida de los registros fiscales del Gobierno, médicos y de las fuerzas del orden. Esta información se está enviando a bases de datos que pueden explotarse con fines de control estatal y lucro. Thiel y su círculo de multimillonarios tecnócratas están llevando a cabo la agenda que él previó hace 16 años: convertir la tecnología en una «alternativa a la política».

«Los populistas se quedan con el himnario anti-woke de MAGA», escriben Mark Medish y Joel McCleary en su serie «Dancing in the Dark» de The Spectator sobre las próximas elecciones:

Los señores de la nube se quedan con los contratos y la desregulación; el presidente se queda con la adulación, el dinero, las herramientas para destruir a sus enemigos y el dominio de todos los medios de comunicación. Cada uno de los socios cree que está utilizando hábilmente a los demás. Todos ellos necesitan esta alianza para sobrevivir este noviembre y consolidar aún más su poder.

Agentes del FBI incautaron papeletas originales de 2020, imágenes de papeletas y censos electorales en Georgia. El Departamento de Justicia incautó papeletas de 2024 en Míchigan. Y Chad Bianco, el sheriff del condado de Riverside, en California, tal y como señalan Medish y McCleary, «incautó en marzo unas 650 000 papeletas a raíz de una denuncia presentada por un grupo local de “integridad electoral” que se está organizando para replicar la maniobra en media docena de condados más durante este ciclo electoral».

Esto es, supongo, un anticipo de las incautaciones generalizadas de papeletas que se producirán en noviembre.

Los Documentos de Acción Presidencial de Emergencia (PEAD), que son «órdenes de emergencia redactadas previamente en caso de un ataque al territorio nacional», esperan «solo una decisión y una firma para convertirse en ley operativa por necesidad», señalan Medish y McCleary, lo que otorga a Trump el poder unilateral de suspender las libertades civiles en caso de crisis interna.

Creadas por primera vez bajo el mandato del presidente Dwight Eisenhower, estas directivas secretas han sido desde entonces periódicamente revisadas y ampliadas por sucesivas administraciones.

«Existen al menos cincuenta y seis de estos PEAD, según el último recuento fiable», continúan Medish y McCleary. «Ninguno ha sido jamás publicado, filtrado, invocado, revisado por el Congreso ni sometido a prueba en ningún tribunal. Entre los temas que, según se informa, abordan se incluyen la suspensión del hábeas corpus, la ley marcial, la censura, la detención de ciudadanos “considerados peligrosos” [y] la incautación de bienes».

La debilidad de los poderes legislativo y judicial, unida a la transformación de las agencias federales en apéndices de la Casa Blanca de Trump —incluidos el Departamento de Justicia y el Departamento de Seguridad Nacional—, hace que estas instituciones carezcan de fiabilidad.

Solo podemos salvarnos a nosotros mismos.

Esto significa paralizar el país.

Millones de nosotros debemos estar preparados para salir a la calle; de lo contrario, las puertas de hierro del fascismo se cerrarán de golpe." 

(Chris Hedges , blog, 31/08/26, traducción Salvador L. Arnal)

8.8.26

Los demócratas tienen un 87 de 100 de probabilidades de ganar el control de la Cámara de Representantes. Necesitan 218 escaños; ahora mismo tienen 215, así que es bastante alcanzable. Puedo explicar por qué. Y que los demócratas tienen un 54 de 100 de probabilidades de ganar el control del Senado. Así que es un territorio puramente de empate técnico en el Senado. Allí necesitan ganar 51 escaños; actualmente tienen 47... si las elecciones se celebraran hoy... creo que eso califica como una gran ola azul, realmente... así pues, los demócratas son muy favoritos para tomar la Cámara, el Senado está en juego, y todavía deberíamos temer a los multimillonarios como Elon Musk (G. Elliott Morris)

"Conversación con G. Elliott Morris sobre las elecciones de mitad de mandato

**Paul Krugman:** Vuelvo para otra de las múltiples conversaciones con G. Elliott Morris, a quien considero el analista de datos políticos y de sondeos más informativo que existe. Y por un par de razones: acabo de tener las primarias en Míchigan, tenemos muchos números, y el modelo de mitad de mandato de Strength in Numbers ya está disponible. Así que tenemos nuestras primeras lecturas sobre las mejores estimaciones de lo que va a pasar. Así que hay mucho de lo que me gustaría hablar.

**G. Elliott Morris:** Hola, Paul. Sí, pongámonos muy técnicos con la predicción electoral. Me alegra volver.

**Krugman:** Sí, empecemos con el modelo. Tienes una primera predicción que es bastante alentadora para los demócratas. Pero ¿por qué no hablamos de lo que dice la predicción y luego de los posibles temas que podrían surgir al respecto?

**Morris:** Claro. La predicción, que la gente puede encontrar en fiftyplusone.news—que es una especie de publicación hermana de Strength in Numbers que dirijo con un par de amigos—es un esfuerzo de equipo, así que tenemos una dinámica diferente a la de un podcast en solitario. Esa predicción, a fecha de grabación (jueves por la tarde), dice que los demócratas tienen un 87 de 100 de probabilidades de ganar el control de la Cámara de Representantes. Necesitan 218 escaños; ahora mismo tienen 215, así que es bastante alcanzable. Puedo explicar por qué. Y que los demócratas tienen un 54 de 100 de probabilidades de ganar el control del Senado. Así que es un territorio puramente de empate técnico en el Senado. Allí necesitan ganar 51 escaños; actualmente tienen 47.

**Krugman:** Esto es, por supuesto, en un mapa de la Cámara que incluye el gerrymandering extremo, todos los intentos de inclinar la balanza. Y dices que, a pesar de eso, los demócratas no tienen asegurado, obviamente. Pero supongo que sin el gerrymandering, las ganancias en la Cámara serían aún mayores.

**Morris:** Sí. Quiero decir, sin el gerrymandering, calculo que tendrían cerca del 95 o 96% de probabilidades de tomarla. Nuestra mejor estimación es que el gerrymandering le cuesta a los demócratas 5 o 6 escaños en la Cámara. Eso combina bastante gerrymandering en Texas—que probablemente les cuesta unos tres escaños allí—y luego de 3 a 4 escaños en otros estados del sur. Tennessee es uno; Luisiana, 1 o 2; Alabama, probablemente uno allí. Florida también—un gran golpe en Florida. Y luego, por supuesto, tiene en cuenta algo de gerrymandering a favor de los demócratas en California, y un escaño con suerte que consiguieron en Utah con una redistritación ordenada por los tribunales. Los demócratas seguro que ganan un escaño en Utah. Así que, sí, creo que obtendrán 231 escaños de media hoy, pero esa cifra debería estar cerca de 237 sin las trampas a mitad de la década.

**Krugman:** Has dicho que necesitaban algo así como una ventaja de cuatro puntos porcentuales en el voto popular.

**Morris:** Sí, escribiremos más sobre eso. Creo que la cifra en la predicción ahora está cerca de tres y medio. Es un poco más optimista teniendo en cuenta cosas como que el reclutamiento de candidatos fue realmente bueno para los demócratas en algunos lugares. Sus cifras de sondeos y recaudación de fondos están muy bien en esos distritos competitivos. Así que, ya sabes, si los patrones históricos son correctos, los demócratas ganan terreno en la papeleta genérica, y los predictores son tan fiables como suelen ser en las elecciones de mitad de mandato, entonces debería ser una victoria bastante fácil para ellos. Predeciríamos una mayoría demócrata en la Cámara bastante fácil y amplia, con 230 escaños.

**Krugman:** Pero solo para hablar del Senado—eso es un objetivo mucho más difícil, ¿verdad? Creo que sé por qué, pero ¿por qué no me das tu versión de cuál es el asunto?

**Morris:** Sí, bueno, en el Senado, los demócratas controlan actualmente 47 escaños. Necesitan 51, así que tienen que encontrar cuatro escaños que voltear en algún lado. Los demócratas son muy favoritos para ganar el escaño en Carolina del Norte. El exgobernador Roy Cooper se presenta—un demócrata. Se enfrenta al actual presidente del Comité Nacional Republicano, Michael Wheatley. Y Roy Cooper es ese tipo de políticos que tiene una buena conexión con su estado y puede superar esos indicadores fundamentales en el estado. Me refiero al patrón de voto típico del estado. Así que muy probablemente ganarán ese escaño—quizás un 85% de probabilidades les dimos.

Así que necesitan tres más. Y los demócratas también están defendiendo un escaño en Míchigan, por si sirve de algo. Los otros tres escaños que los demócratas podrían conseguir son Maine, Texas, Alaska y Ohio. Los cuatro son de empate técnico, con inclinación demócrata en Maine, aunque nos faltan muchos datos en Maine con el nuevo nominado, el nuevo candidato demócrata. Así que ese es realmente el territorio. Se podría argumentar que Iowa parece potencialmente competitivo según los primeros datos, pero es algo escaso. Los demócratas de Georgia buscan desbancar al senador demócrata titular, Jon Ossoff, pero no creo que tengan muchas posibilidades allí.

**Krugman:** Sí. Y lo del Senado, hay dos cosas estructurales, ¿verdad? En primer lugar, solo un tercio de los escaños están en juego este año, así que los demócratas tienen que ganar un gran porcentaje de los escaños que realmente están sobre la mesa—donde realmente se celebran elecciones este año.

**Morris:** Correcto.

**Krugman:** Y luego el Senado da a Wyoming—cuya población es básicamente el equivalente a un barrio de Brooklyn—y a California el mismo número de senadores. Y eso juega a favor de los republicanos, ¿verdad?

**Morris:** Quiero decir, si los cuentas, hay 6 o 7 escaños competitivos del lado republicano que los republicanos controlan actualmente. Y como mencioné, los demócratas necesitan ganar cuatro de esos. Así que estás hablando de que los demócratas tienen que conseguir aproximadamente dos tercios de los escaños competitivos para obtener la mayoría si defienden ese escaño en Míchigan—que no es seguro. Creo que los sondeos quizás están subestimando a los demócratas allí, pero no apostaría por eso. Es solo una corazonada basada en los sondeos y otros escaños.

**Krugman:** De acuerdo. Pero hablemos de Míchigan. Tuvimos estas primarias extremadamente polémicas. Y, ya sabes, Charlie Cook aparece en mi feed diciendo que las posibilidades demócratas de tomar el Senado se han desvanecido. Y luego te leo a ti diciendo que realmente no importa o no importa mucho que El-Sayed haya ganado. Así que hablemos de esto. Hay diferencias metodológicas interesantes.

**Morris:** Supongo que el gran Charlie Cook habría dicho eso, sí.

Mira, creo que hay una verdadera falta de humildad epistémica en cuanto a las posibilidades de Abdul El-Sayed de ganar en Míchigan. Hay mucha sabiduría convencional que dice, digámoslo sin rodeos: que un candidato musulmán no puede ganar el Senado de EE.UU. en Míchigan, que Medicare para Todos y otras posiciones progresistas le van a perjudicar. Y francamente, gran parte de este comentario político proviene de esos demócratas de centro-izquierda que deberían estar a favor de que esos candidatos ganen. Así que también hay una dinámica de autoboicot. Pero si realmente miras los sondeos—y escribí sobre esto en Strength in Numbers—si miras esos sondeos que enfrentan a Abdul El-Sayed, el actual nominado, contra Mike Rogers, el candidato republicano, y luego los comparas con cómo le habría ido a Haley Stevens en esos mismos sondeos de enfrentamiento, la diferencia entre los dos candidatos demócratas, o posibles candidatos demócratas, es estadísticamente indistinguible de cero. Es, de media, cero. Quizás es tan grande como tres puntos en dirección a cualquiera de los candidatos. Pero si eres Charlie Cook y dices que las posibilidades demócratas se han desvanecido, te estás apoyando fuertemente en otras creencias previas o en otros comentarios políticos y no realmente en los datos.

**Krugman:** Así que hay dos aspectos en esto, uno de los cuales tomo con pruebas estadísticas bastante sólidas de tu parte y uno de los cuales es un "no sé", pero... Uno de ellos es decir que El-Sayed es demasiado de izquierdas, y básicamente has dicho que esa es una dimensión que existe en la mente de los comentaristas políticos, pero no en el mundo real o entre los votantes.

**Morris:** Sí, aquí también hay una falacia de estratega. Hay una sobreponderación de la percepción de Abdul El-Sayed como un candidato radical de izquierdas del DSA. Para que conste, ni siquiera es miembro de los Socialistas Democráticos de América que han estado ganando tantos escaños. Y hay un rechazo por defecto a la idea de que un demócrata más de izquierdas que moderado pueda ganar en Míchigan. Sin embargo, no hay un escepticismo similar sobre la probabilidad de que un republicano de extrema derecha gane Míchigan—Donald Trump en este caso, que acaba de ganarlo. Así que claramente, esta sobreponderación de la ideología por parte de la clase de comentaristas y estrategas tiene, creo, muy poca repercusión en los resultados electorales reales.

**Krugman:** Sí. Lo que aprendo mucho de ti es que la idea de "Bueno, Medicare para Todos, es una política de izquierdas, y la gente va a estar en contra"—no está claro que el público siquiera lo considere una política de izquierdas, o incluso que el público tenga una concepción de izquierda versus derecha excepto como una visión caricaturesca. Así que...

**Morris:** Sí. Una opción pública para la atención sanitaria, si quieres llamarlo así, tiene muy buenos sondeos. La idea de atención sanitaria universal del 60-65% y la expansión de Medicaid tiene sondeos del 75-80%. La gente quiere más participación del gobierno en los seguros de salud. También vi muchas entrevistas con jóvenes en Míchigan. Y, ya sabes, las anécdotas son anécdotas, pero aún así, la mayoría de los relatos de estos jóvenes sobre por qué apoyaban a Abdul El-Sayed estaban relacionados con la atención sanitaria—que querían alguna garantía de seguro médico.

Así que creo que todos llevamos muchos sesgos en la cabeza sobre lo que es posible políticamente. Y eso ha cambiado mucho en la última década con el aumento del partidismo y una demanda de cambio desde Washington. Solo una estadística más, y termino: en nuestros sondeos, el 60% de la gente dice que el sistema político necesita cambios estructurales importantes; que hay que derribarlo y reconstruirlo. Eso es similar al sentimiento del DSA sobre que la economía no funciona, ¿verdad? Así que puedes imaginar por qué el atractivo estaría ahí para los candidatos antisistema como Abdul El-Sayed.

**Krugman:** Siempre me ha sorprendido que los sondeos de organizaciones como KFF muestren un apoyo público muy, muy fuerte a Medicaid, muy comparable a Medicare. Y siempre me he preguntado cuánto de eso es porque la gente quizás no conoce la diferencia.

**Morris:** No podría decirte, pero creo que tu instinto es el correcto. Hay mucho apoyo público a que el gobierno proporcione seguro médico a quien lo necesita. Y luego hay mucha definición sobre quién lo necesita por parte de la derecha, especialmente en las campañas contra estos beneficios. Sé que has escrito mucho sobre eso.

**Krugman:** Sí, pero es interesante. Me gustaría decir "al público le encanta Medicaid", pero no estoy del todo seguro de que la gente no piense que es lo mismo que Medicare o, ya sabes, no sepa que uno de ellos tiene requisitos de ingresos. Pero lo único que me da que pensar es que me preocupa la idea de "no tendría ningún reparo si alguien tuviera las mismas posiciones que El-Sayed, pero se llamara John Smith".

**Morris:** Sí.

**Krugman:** Y nadie parece querer hablar de cómo...

**Morris:** Sí, no quieren hablar del factor Mahoma en todo esto. Y eso parece realmente relevante para nuestras creencias previas en la política estadounidense actual. Quiero decir, ¿cuántos artículos idénticos se escribieron sobre cómo Barack Obama era demasiado de izquierdas para convertirse en presidente de Estados Unidos? Y Barack Obama no era un senador de extrema izquierda. Con la perspectiva debería ser ridículo. Si gana y gana por 5 o 6 puntos, quizás digamos que todo esto fue en vano. Por otro lado, si pierde, la gente señalará su origen étnico y su nombre como una razón, y como algo que los demócratas deberían evitar en el futuro. Estoy seguro de eso.

**Krugman:** Sí. Ya sabes, Obama era, de hecho, muy centrista, muy moderado. A veces me preocupaba que por su nombre sintiera que tenía que serlo y que fue demasiado cauteloso en algunos temas políticos.

**Morris:** Bueno, no conozco al tipo.

**Krugman:** Bueno, yo sí, aunque no mucho. Pero hubo algunas reuniones con economistas que querían que adoptara una postura más dura con Wall Street, y banqueros diciéndole que no debía hacerlo. Y los banqueros ganaron todos los argumentos.

**Morris:** ¿Qué hay de nuevo?

**Krugman:** Pero sí. Y entonces realmente dijiste que Stevens contra El-Sayed no supone ninguna diferencia en tu probabilidad de que los demócratas controlen el Senado.

**Morris:** No. Y esa es la otra cosa: si realmente estás dividiendo cabellos sobre la probabilidad de ganar Míchigan, entonces hay un efecto medio de que Abdul El-Sayed gane. Es del orden de 4 o 5 puntos porcentuales. Para explicarlo: nuestra predicción actual, incluyendo a Abdul El-Sayed, es que los demócratas tienen un 64 o 65% de probabilidades de ganar el escaño en Míchigan. Mientras que si reemplazas los indicadores cuantitativos para El-Sayed, como los sondeos y otros factores, con los que tendrías en una elección hipotética con Stevens, Stevens tiene un 69% de probabilidades de ganar. Así que hay una diferencia de cinco puntos.

Si, sin embargo, lo que te importa es la probabilidad de controlar el Senado, esto es insignificante; es menos de un punto porcentual. Los demócratas en nuestra predicción tienen un 55% de probabilidades de ganar la cámara hoy. Tenían un 55% de probabilidades de ganar la cámara el lunes [antes de las primarias]. Y, francamente, según los datos cuantitativos que tenemos ahora mismo, simplemente no importa quién sea ese candidato. Pero quizás eso cambie, ¿verdad? Los demócratas se han metido en problemas recientemente nominando candidatos que no habían sido examinados antes, que no se habían presentado a cargos públicos. No sabemos qué pasará en el futuro. Pero a día de hoy, no parece importar quién sea ese candidato en Míchigan.

**Krugman:** De acuerdo. Así que el telón de fondo de todo esto es la impopularidad de Trump y sus políticas. Eso es lo que hace que esto sea una realidad. Creo que ha habido un nuevo descenso notable en la aprobación de Trump. ¿Es así?

**Morris:** Sí.

**Krugman:** ¿Es básicamente después de Irán, o hay algo más que eso?

**Morris:** Bueno, la guerra en Irán definitivamente erosionó el apoyo a Trump al principio, que supongo que fue el 1 de marzo de este año, donde en nuestra media teníamos un 37% de aprobación. Luego, durante el mes siguiente, su aprobación cayó al 36% bajo. Y en el otro lado, su desaprobación aumentó del 55-56% al 60%. Así que hubo cierta consolidación, especialmente en la oposición a Trump entre esos votantes, ya sabes, quizás escépticos con Trump o indecisos. Ha habido un mayor deterioro desde entonces. Quiero decir, la aprobación de Donald Trump estaba casi en el 35% hace un par de días, y su desaprobación se acercaba al 62%. Desde entonces ha fluctuado un poco; hay algo de ruido en los datos de los sondeos, así que la media fluctúa un poco. Pero su aprobación está en un mínimo histórico—neto de algo así como -25 o -24.

Pero lo que hacemos es comparar la aprobación de Trump en los temas con su aprobación general el día que se publican las encuestas temáticas. Y a medida que cambia la aprobación general de Trump, predecimos cuál sería la aprobación en un tema dado, ya sabes, sea cual sea su aprobación ese día en la media. Así que lo que realmente hacemos es observar la diferencia entre su aprobación en temas como los precios y su aprobación general, y predecir eso hasta que haya nuevos datos de aprobación temática. Quiero decir, en este punto, hay datos de aprobación temática cada dos días; los encuestadores han empezado a preguntar por ello. Quizás parece que les da mucha atención publicar un número realmente malo sobre la inflación, por ejemplo. Así que hay muchos datos, al menos sobre los grandes temas.

**Krugman:** De acuerdo, pero hay una especie de jerarquía de temas que son realmente malos para Trump y temas que son—en este punto, supongo que no hay ninguno realmente bueno, pero hay grados de maldad. Creo que cualquiera puede mirar tu sitio o fiftyplusone.news, pero dime cuáles son los peores y los mejores, y qué sabemos sobre ellos.

**Morris:** Sí, los "grados de maldad" es una forma divertida de decirlo. Ya sabes, me entrevistaron en WNYC hace un par de horas, así que tengo los números frescos en la cabeza. La aprobación de Trump está en algún punto entre lo que tenía Richard Nixon la semana en que renunció a la presidencia en desgracia (alrededor del 32%) y George W. Bush en 2006, en medio de la guerra de Irak—creo que justo después del escándalo de Abu Ghraib—donde estaba alrededor del 38%. Así que las calificaciones de Donald Trump hoy, incluso con la cantidad de polarización política que tenemos y la cantidad de alineamiento partidista que hemos tenido en los últimos 20 años, tiene, ya sabes, la aprobación de algunos de los períodos más oscuros de la historia estadounidense en términos de evaluaciones del presidente. Así que es muy malo. Quiero decir, a pesar de lo que quiere decir en las redes sociales sobre tener las mejores encuestas de la historia, tiene una aprobación casi de las peores para cualquier momento de una presidencia.

**Krugman:** Por cierto, lo de la polarización política no todo el mundo lo entenderá. Quiero decir, lo que estás diciendo es básicamente que cuando Richard Nixon era presidente, la gente podía ser persuadida—los republicanos podían ser persuadidos de que un presidente republicano podría ser malo. Y, bueno, pensábamos que ya no estábamos en ese tipo de mundo. Pero dices que a pesar de eso, ¿estamos llegando a eso?

**Morris:** Sí. La aprobación y el seguimiento de Gallup para el partido fuera del poder—el otro partido que no es el del presidente, en este caso para Nixon, los demócratas—solía poder llegar hasta el 50, 60%. El votante estadounidense era más flexible ideológicamente y más dispuesto a dar crédito a presidentes del otro partido, especialmente al principio de su mandato cuando hay un llamado efecto de luna de miel para ese presidente cuando empieza. En comparación hoy, nunca ves una encuesta con el partido fuera del poder aprobando más del 15%, incluso al principio. Y ahora está más cerca del cinco. Aproximadamente el 5% de los demócratas dice que aprueba cómo Donald Trump está manejando la presidencia. Imagino que gran parte de eso, por cierto, es error de medición al identificar quién es demócrata. Pero...

El punto es que eso hace muy difícil que un presidente tenga alta aprobación. El presidente tiene un suelo más alto y un techo mucho más bajo. Así que es muy difícil persuadir a miembros del otro partido para que lo aprueben. Igualmente, los miembros de su partido tienden a aprobarlo independientemente de lo que haga. Así que el hecho de que la aprobación de Trump sea tan baja como lo fue en algunos de estos momentos realmente oscuros de la historia estadounidense—para la presidencia, al menos—realmente dice algo sobre lo bajas que son esas cifras.

**Krugman:** Empezó bastante positivo, a pesar de todo esto, con inmigración, deportaciones, todo eso. Y eso se ha vuelto negativo. ¿Es solo parte del declive general, o hay algo especial en las deportaciones?

**Morris:** Ya sabes, me es imposible decir con los datos que tenemos ahora si alguien diría que desaprueba a Trump en inmigración ahora puramente por la política de inmigración. Así que no quiero exagerar el caso, pero el hecho es que Donald Trump y el Partido Republicano tenían, creo, una ventaja de 15 puntos porcentuales en confianza para manejar la inmigración y las deportaciones en las elecciones de 2024. Y ahora están empatados o por debajo. Así que, ya sabes, quizás quieras ajustar en tu cabeza el hecho de que este número está afectando también al Partido Republicano; no es solo Trump en general. Probablemente no es solo un factor, diría yo, de que la aprobación de Trump esté bajando en general, porque ha habido esta otra tendencia observada a la baja en la confianza en los republicanos. Quiero decir, has estado escribiendo mucho sobre...

**Krugman:** Trump tiene un neto negativo de -25 o así en aprobación. Y la papeleta genérica tiene una diferencia mucho menor a favor de los demócratas. ¿Y eso de qué viene?

**Morris:** Son principalmente republicanos que dicen que desaprueban el manejo de la presidencia por parte de Trump—ya sabes, su aprobación general. Pero estas personas siguen siendo republicanas, ¿verdad? La mayoría de ellos se llaman a sí mismos republicanos y conservadores. La gran mayoría de esas personas que dicen que votarán por republicanos en la papeleta genérica, pero desaprueban a Trump, votaron por Trump en 2024. En un par de columnas los he llamado "republicanos de armario". El hecho es que son realmente republicanos; puede que ni siquiera estén en el armario. Dicen que votarán por republicanos de nuevo. Así que no podemos esperar que cada persona que desaprueba al presidente cambie su voto en una elección al Congreso.

**Krugman:** También fue cierto para Biden y los demócratas en 2022.

**Morris:** Así es.

**Krugman:** En realidad, a los demócratas les fue bastante bien en las elecciones de mitad de mandato de 2022.

**Morris:** Correcto.

**Krugman:** O mejor de lo que se podría esperar, dado lo impopular que era Biden.

**Morris:** Sí, sí.

**Krugman:** Alguien—y creo que es YouGov—en realidad divide a los republicanos en MAGA y no MAGA. Es bastante llamativo. Básicamente, los republicanos no MAGA, que podrían ser algo así como el grupo del que hablas, son en muchos aspectos mucho más cercanos en opiniones a los independientes y demócratas.

**Morris:** Bueno, ya que lo has mencionado: en su último sondeo, ya sea esta semana o la pasada, en realidad han desglosado la aprobación de Trump entre los republicanos que se llaman a sí mismos MAGA—si les preguntas "¿Te identificas con el movimiento MAGA?" Creo que esa es la redacción de la pregunta—y los que no. Y la aprobación de Trump entre los republicanos no MAGA se ha deteriorado realmente. Quiero decir, eso es probablemente responsable de gran parte, si no de la mayor parte, de su deterioro en su aprobación general. Pero si miras la aprobación de Trump entre los republicanos no MAGA al principio de su mandato, es casi idéntica a su aprobación entre los republicanos que se llaman MAGA. Ahora está por debajo en, creo, 5 o 10 puntos porcentuales. Así que realmente ha perdido mucho terreno entre ese grupo que no se identifica con su movimiento.

**Krugman:** Tenías un mapa que realmente me llamó la atención, y estoy planeando hacer algunas estadísticas yo mismo sobre él, donde de nuevo, este enfoque sintético en el que intentas producir una estimación de cuál es la aprobación neta en deportaciones—creo que era específicamente deportaciones por estado. ¿Cómo se hace eso? ¿Cómo lo haces?

**Morris:** En resumen, estos mapas de opinión—aprobación a nivel estatal para este caso de deportaciones—se generan con un modelo estadístico que se llama regresión multinivel y post-estratificación. Lo que hacemos es tomar nuestros datos nacionales de sondeos—en este caso, los nuestros son de Strength in Numbers y el sitio de mi socio encuestador. Y estos datos nacionales de sondeos son de unas 20,000 personas. Y observamos sus características demográficas y a quién votaron en las últimas elecciones. Y luego predecimos cómo respondería a nuestra encuesta cada persona en un estado dado—digamos, Texas—si la hubiéramos entrevistado en su lugar. Y conocemos las características demográficas de Texas por el Censo, y conocemos las características políticas de Texas por el comportamiento de voto pasado en las últimas elecciones. Así que sabemos que estas estimaciones están arraigadas en la demografía y la política. También equilibramos por distrito del Congreso, no solo a nivel estatal. En realidad somos un poco más sofisticados que eso; tenemos conocimiento a nivel local sobre dónde vive esta gente y cuáles son las características políticas en su estado. Pero hablar de eso sería ponernos demasiado técnicos.

**Krugman:** Pero si miras el mapa, los lugares donde todavía hay aprobación positiva en deportaciones es lo que yo llamo—y estoy patentando esto—"el cinturón del ICE", que es más o menos desde Luisiana hasta Virginia Occidental. Si sabes algo sobre la geografía de la inmigración en Estados Unidos, estos resultan ser lugares donde hay muy pocos inmigrantes.

Pero supongo que por la forma en que lo construyes, no estás preguntando directamente a la gente su opinión sobre las deportaciones, así que no estoy seguro de que esto proporcione realmente una verificación independiente de la hipótesis de que la gente es realmente hostil a la inmigración si nunca ha visto a un inmigrante.

**Morris:** Te proporcionaré algunos estudios. Estuve en el Pew Research Center en 2017, y alguien allí estaba publicando un análisis sobre si, controlando por todos sus factores demográficos y políticos, eras más pro-inmigrante si habías estado rodeado de más inmigrantes. Y en este caso, estaban analizando el apoyo a la construcción del muro fronterizo. Y encontraron que la proximidad al muro fronterizo en realidad disminuía tu apoyo al muro fronterizo. Los estados más pro-muro fronterizo eran Montana, Idaho, Dakota del Norte, Dakota del Sur—los estados más alejados de la frontera entre EE.UU. y México. Así que eso podría proporcionarte alguna evidencia sugerente, Paul.

**Krugman:** Sí, porque me di cuenta de que en realidad no puedo usar tus datos para esto, pero bueno, eso sería útil. Quiero decir, tengo dos tipos favoritos de correos electrónicos que recibo. Uno es de gente, típicamente en el suroeste, no muy lejos de la frontera, que son muy anti-inmigración. Y recibo cartas que dicen: "¿Cómo te sentirías si la ciudad de Nueva York estuviera llena de inmigrantes?"

**Morris:** ¿Han estado en la ciudad de Nueva York?

**Krugman:** Supongo que un número sorprendente de personas no. Pero el otro es—y esto es un poco más esotérico, pero—"¿Cómo te sentirías si muchos puestos de profesorado fueran para inmigrantes?" Y si alguna vez has mirado el listado de un departamento de economía conocido...

**Morris:** ...y definitivamente no mires el departamento de ciencias de la computación de tu universidad pública local.

**Krugman:** Sí. Así que es algo curioso. Pero me gustaría creer que la familiaridad hace que veas a los inmigrantes como personas, pero quizás eso es demasiado romántico.

**Morris:** Sí, quizás sea demasiado optimista, Paul.

**Krugman:** De acuerdo. Lo que todo el mundo se pregunta es: si las elecciones de mitad de mandato se celebraran hoy, podemos estar razonablemente seguros de que los demócratas tomarían la Cámara. Luego el Senado es una subida mucho más difícil y también más peculiar. ¿Cuánto pueden cambiar las cosas, o cuánto afectan a la predicción las cosas que sabemos que podrían cambiar? Históricamente, ¿qué tan definidas están las elecciones de mitad de mandato en este punto? En realidad no sé la respuesta a eso.

**Morris:** Tendré que hacer una entrada de blog sobre eso, porque no sé la respuesta a la pregunta en términos de, como, con qué frecuencia el partido que va adelante termina perdiendo en términos binarios. Pero la razón por la que hacemos estas predicciones, al menos en Fifty Plus One, es para contextualizar realmente los sondeos y, junto con eso, la otra información que tenemos sobre las elecciones. Así que esos indicadores fundamentales—con lo que quiero decir, como, la forma en que un estado suele votar y si hay o no un titular en la carrera—contextualizan las calificaciones de los expertos electorales de gente como Cook Political Report y Sabato's Crystal Ball. Y la probabilidad de la predicción en nuestro sitio web tiene en cuenta la cantidad habitual de cambio en las elecciones, o más bien, los límites superiores del cambio histórico en las elecciones. Para eso es nuestro intervalo de confianza, nuestra incertidumbre. Quiero decir, toda la razón por la que realmente lo hacemos es para medir la incertidumbre en los sondeos y otros indicadores hoy para ver qué podría pasar si cambian o si se equivocan en la cantidad que los sondeos típicamente han cambiado o se han equivocado.

**Krugman:** Bien. Así que cuando dices 87%, eso no es 87% de control demócrata de la Cámara si las elecciones se celebraran hoy, ¿verdad?

**Morris:** Correcto. Pero también incluye ese tipo de movimiento normal adicional en contra del partido que ocupa la Casa Blanca, pero también la incertidumbre de los eventos. Nuestra predicción, que es diferente de otras predicciones que puedas ver, proyecta la cantidad de cambio que suele haber en la papeleta genérica. Así que la ventaja que los demócratas en este caso obtendrían durante el transcurso de la elección—generalmente el partido fuera del poder gana alrededor de uno o dos puntos en los sondeos entre ahora y noviembre. Y eso marca una gran diferencia en tu probabilidad estimada de que en este caso los demócratas ganen la Cámara y la posición que tendrían en el Senado cuando llegue noviembre. Pero esa es la forma correcta de hacerlo.

Hay un gráfico en nuestra página de metodología que muestra la tendencia de la papeleta genérica a lo largo del año electoral para cada elección de mitad de mandato desde 2006. Y es bastante claro: alrededor de la marca de los 60 días—el Día del Trabajo—siempre ha habido un aumento de 1 a 2 puntos porcentuales en los sondeos. De nuevo, los patrones se rompen con el tiempo, pero es una apuesta bastante segura que a medida que la gente se involucra en las elecciones, llega a la conclusión de que el partido que está a cargo de la Casa Blanca no merece tener el control de la Cámara. Y eso es típicamente lo que ha sucedido.

**Krugman:** De acuerdo. Y mi preocupación específica—ya sabes, ¡la gente no tiene idea de qué partido quiero que gane! Pero bueno, mi preocupación específica aquí es, vale, es posible que esencialmente EE.UU. se haya rendido y que el Estrecho de Ormuz se reabra en los términos de Irán y que los precios de la gasolina bajen y todo eso. Y la cuestión es si eso realmente puede marcar una gran diferencia en el tiempo que queda antes de las elecciones de mitad de mandato.

**Morris:** Bueno, llevaría algún tiempo que el petróleo se enviara de vuelta a América si quedara capacidad de refinación.

**Krugman:** Ese es mi terreno, así que definitivamente he analizado eso. Pero, ya sabes, imagina que de alguna manera los precios de la gasolina cayeran 0.50 dólares en los próximos dos meses, algo así—que ciertamente es posible, aunque quizás no sea la predicción más probable. ¿Cuánta diferencia podría hacer eso en las elecciones?

**Morris:** Sí, escribí sobre esto el viernes pasado. Si simulas un regreso a la gasolina nacional a 3 dólares el galón, parece que eso vale unos diez puntos en la aprobación neta de Trump sobre los precios, y alrededor de un punto, quizás dos puntos si realmente estirándolo, en su aprobación general. Y esa predicción se basa en el cambio en los precios de la gasolina que presenciamos durante gran parte de junio y el cambio en la aprobación que Trump experimentó en junio. De hecho, tuvo un pequeño repunte en junio a medida que el precio de la gasolina bajaba. No volvió completamente a donde estaba cuando la gasolina estaba a cualquier precio que fuera a finales de junio—no recuerdo el precio exacto de la gasolina a finales de junio. Perdóname, perdóname.

**Krugman:** No, está bien. Ahora te preguntaré cuánto cuesta un galón de leche y gobernaremos EE.UU. para siempre a $1.99, creo.

**Morris:** De acuerdo, ahí vamos.

**Krugman:** No, pero hemos tenido un intercambio—tanto cara a cara como en publicaciones de blog interactivas—sobre las opiniones públicas sobre la economía en general y lo que se necesita. Y miro un poco los años de Biden, obviamente. Tuvimos gasolina a $5 por un tiempo en 2022, y luego el precio de la gasolina bajó mucho. La inflación bajó mucho a finales de 2023. Podrías haber dicho: "Bueno, esta parece una situación aceptable en inflación y precios de la gasolina". Pero la aprobación de Biden sobre la economía nunca se recuperó realmente. Y eso es lo que sugiere retrasos realmente largos aquí, ¿verdad?

**Morris:** Sí, creo que ese era el segundo gráfico de mi publicación del viernes pasado también. Si miras cómo la aprobación de Joe Biden subió diez puntos de -20 a -10 desde el pico de inflación, que creo que fue julio de 2022, hasta la primavera siguiente en 2023. Y luego, por supuesto, volvió a bajar y—sí, efectivamente renunció a la presidencia, ¿verdad?

**Krugman:** Sí, quiero decir, creo que en cierto sentido la narrativa ya está establecida. La gente piensa de Trump como alguien que elevó su costo de vida.

**Morris:** Sí. No apostarías a que un presidente obtuviera crédito por el alivio de la inflación, ya sea el IPC o los precios de la gasolina. Incluso si estoy simplificando demasiado nuestras cadenas de publicaciones de blog entrelazadas... Pero parece que la gente reacciona al dolor. Y luego recuerdan el dolor, incluso si los precios dejaron de subir tanto como subían o de hecho bajan. Eso crea una impresión negativa en la mente del público sobre la persona encargada de evitar que ocurran cosas malas en primer lugar.

**Krugman:** Creo que no has dicho exactamente que esto será una elección de "ola", pero has dicho que seguro parece una elección de "ola". ¿Qué quieres decir con eso?

**Morris:** Puedes poner como título de este podcast "G. Elliott Morris dice que es una elección de ola", y lo respaldaré estadísticamente.

**Krugman:** De acuerdo.

Ya sabes, volvemos a ejecutar nuestra predicción históricamente en una prueba retrospectiva donde nuestra predicción predice, en este caso 2018, usando solo los datos que estaban disponibles en el ciclo electoral anterior—es decir, 2016—para evaluar cómo habría reaccionado históricamente nuestro modelo con datos fuera de muestra, de la manera que está reaccionando o debería estar reaccionando este año. Cuando hacemos eso, predecimos en este punto de las elecciones que los demócratas habrían tenido alrededor de un 70-75% de probabilidades de tomar la Cámara y ninguna posibilidad de tomar el Senado en 2018. El mapa estaba demasiado inclinado en su contra en ese entonces. Los demócratas terminaron perdiendo, creo, dos escaños en el Senado en 2018. En comparación, creemos que los demócratas tienen aproximadamente un 85-87% de probabilidades de tomar la Cámara, y podrían muy bien recuperar el Senado. Así que creo que eso califica como una gran ola azul, realmente.

**Krugman:** De acuerdo, pero hay un mundo de diferencia entre tomar y no tomar el Senado.

**Morris:** Bueno, y ya sabes, algo que no tenemos en cuenta, para ser justos, es que el senador de Pensilvania Fetterman cambie su identidad de partido—algo así. Un momento de cisne negro sin precedentes históricos. Simplemente tenemos que dejar eso de lado; no podemos asignar una probabilidad estadística a eso. Aunque, oye, ¡esa es una buena idea para una entrada de blog! Déjame ver cuál sería la predicción si asignas un 50% de probabilidades a que Fetterman cambie su identificación de partido si los demócratas ganan. Podemos hacer ese cálculo.

**Krugman:** Sí, de nuevo, aunque eso es algo donde la diferencia entre 51 y 52 senadores demócratas es, ya sabes—lo siento, pero mi propia obsesión por los detalles dice que esa es una variable endógena allí.

**Morris:** Sí, claro. Y hay una teoría de juegos extraña sobre si cambiaría o no su identidad de partido si eso significara decidir el control del Senado, ¿verdad? Quizás sería mucho menos probable que hiciera eso. Sigue votando mayoritariamente proyectos de ley demócratas, aunque no necesariamente vota en contra de los nominados republicanos. Por ejemplo, a veces bloquea mociones de clausura muy importantes. Pero en su mayor parte, vota en contra de Donald Trump, creo que el 90, 95% de las veces.

**Krugman:** De acuerdo, eso es algo que no sabía. Es interesante, sí.

**Morris:** No quieren perder a un senador demócrata, incluso si va a Fox News todos los días y crea titulares negativos.

**Krugman:** De acuerdo. Hay mucho más que podría preguntar. Pero en realidad, solo una última cosa—pensé que esa era la última pregunta, pero volviendo a Míchigan: había muchísimo dinero... el financiamiento de la campaña estaba muy inclinado contra El-Sayed, lo que parece que no supuso ninguna diferencia real, ¿verdad? ¿Nos está diciendo eso algo sobre este año? Quiero decir, ¿no deberíamos preocuparnos en absoluto por Elon Musk y Ken Griffin?

**Morris:** Odio ser el portador de malas noticias en este frente. El dinero realmente parece importar. Al menos en las elecciones primarias, realmente parece importar, porque en las primarias, nosotros como votantes no tenemos tantas heurísticas partidistas o ideológicas a las que recurrir. Vale, Haley Stevens y Abdul El-Sayed son ambos demócratas liberales. Quizás uno es más moderado que el otro, pero no tienes a un conservador en esa carrera para usar tu identidad ideológica como sustituto. Así que el dinero y la exposición a anuncios—y especialmente a anuncios negativos contra el otro candidato—pueden tener un impacto real.

Y me atrevería a adivinar que los—fueran los que fuesen—55 millones de dólares gastados en la campaña de Haley Stevens, especialmente en la última semana o las últimas dos semanas de la campaña, pueden haber sido incluso una razón por la que los sondeos la subestimaron tan dramáticamente, porque ya eran viejos cuando llegaron las elecciones. Cuesta unos cientos de dólares cambiar un voto en una elección al Senado, esencialmente. Así que Elon Musk está gastando 150 millones de dólares ahí fuera—puedes hacer los cálculos. Si está cambiando unos cientos de miles de votos en los lugares adecuados, eso podría importar realmente si no hay gasto compensatorio. Ahora, en una elección general, la gente tiene sus identidades partidistas a las que recurrir, y el dinero es menos importante. Pero desafortunadamente, los multimillonarios que gastan cientos de millones de dólares en campañas parecen importar, y ese es un problema que la Corte Suprema se ha negado a abordar.

**Krugman:** De acuerdo. Así que supongo que nuestra conclusión es que los demócratas son muy favoritos para tomar la Cámara, el Senado está en juego, y todavía deberíamos temer a los multimillonarios.

**Morris:** Sí. Los demócratas favoritos para tomar la Cámara. Elon Musk podría ser el rey-maker a través de su gasto en publicidad.

**Krugman:** Oh, vaya. Podría ser peor, pero está bien. Bueno saberlo. Y gracias por mantenernos actualizados." 

(Paul Krugman  , blog, 08/08/26, traducción DeepSeek)  

4.8.26

Los estadounidenses tienen 90 días para salvar su democracia... Trump se está tomando muy en serio lo de amañar las elecciones de medio mandato. Además del atroz grado de manipulación de los distritos electorales (que los demócratas han pagado con la misma moneda en algunos lugares), hay en marcha múltiples intentos de negar el derecho a voto a los grupos más propensos a elegir a demócratas, bien limitando el voto por correo, bien exigiendo documentos que prueben la nacionalidad en el momento de votar, o mediante otros trucos legales y burocráticos. Si las elecciones del 3 de noviembre producen un resultado muy igualado en varios distritos electorales que pueden inclinar a un lado u otro el control de la Cámara de Representantes, Trump y los republicanos recurrirán a todo lo que haga falta para descalificar o excluir a los demócratas vencedores... una diferencia de menos de 10 provocaría disputas apasionadas y tal vez incluso violentas... por eso hace falta una avalancha, una derrota aplastante de Donald Trump... si hay una avalancha electoral, el cambio más importante será el psicológico, porque Trump empezará a parecerse a la peor de sus pesadillas: un “perdedor”. Por eso, el aspirante a rey intentará impedir que los demócratas ganen la Cámara de Representantes y, si a pesar de todo lo consiguen, tratará de eludirla y deslegitimarla con todos los medios a su alcance... Lo que está en juego no es el futuro del Partido Demócrata, sino el futuro de la democracia (Timothy Garton Ash)

"En estos tiempos de fenómenos meteorológicos extremos, resulta extraño afirmar que Estados Unidos necesita una avalancha. Pero una avalancha, una derrota aplastante de Donald Trump en las elecciones de mitad de mandato de noviembre, es precisamente lo que hace falta para que el país empiece a enmendar el rápido y deliberado deterioro de la democracia que él ha provocado.

El respetado Instituto Varieties of Democracy (V-Dem) de la Universidad de Gotemburgo sostiene que, en 2025, Estados Unidos sufrió uno de los declives más rápidos de la democracia liberal de la historia. “En Estados Unidos, la democracia”, afirma su Informe sobre la Democracia de 2026, “está en la peor situación de los últimos 60 años”. Ahora que la república imperial está conmemorando el 250º aniversario de su fundación, el peligro que ya vislumbraron en los primeros días de su orden constitucional los antifederalistas como Patrick Henry —que un presidente con demasiado poder abusara de sus potestades ejecutivas e intentara convertirse en un nuevo rey— está más próximo que nunca.

Los analistas de V-Dem destacan que, en 2025, Trump firmó nada menos que 225 órdenes ejecutivas, mientras que el Congreso, controlado por los republicanos, no aprobó más que 49 leyes, la mayoría de ellas sobre cuestiones menores, como la “Modificación del Código de la Hacienda Pública de 1986 para adaptar las normas relativas al aplazamiento de determinados plazos en caso de catástrofes”. El Proyecto 2025 de la Heritage Foundation, redactado para impulsar la denominada “teoría del Ejecutivo unitario”, se ha cumplido ya, según el buscador del propio proyecto, en más de la mitad, con la ayuda de varias sentencias del Tribunal Supremo.

En el manual de cualquier aspirante a autócrata, un capítulo importante es el de amañar las elecciones. Y da la impresión de que Trump se lo está tomando muy en serio. Además del atroz grado de manipulación de los distritos electorales (que los demócratas han pagado con la misma moneda en algunos lugares), hay en marcha múltiples intentos de negar el derecho a voto a los grupos más propensos a elegir a demócratas, bien limitando el voto por correo, bien exigiendo documentos que prueben la nacionalidad en el momento de votar, o mediante otros trucos legales y burocráticos. Si las elecciones del 3 de noviembre producen un resultado muy igualado en varios distritos electorales que pueden inclinar a un lado u otro el control de la Cámara de Representantes, Trump y los republicanos recurrirán a todo lo que haga falta para descalificar o excluir a los demócratas vencedores.

Por eso es imprescindible que haya una victoria aplastante. Como comprobé en Hungría esta primavera, la antipatía popular hacia quien ejerce el gobierno, si está verdaderamente extendida y se encauza hacia un aumento de la participación electoral, arrasa con todos los obstáculos que pueda interponer el aspirante a autócrata; y, a fin de cuentas, esos obstáculos eran mayores en el caso húngaro que en el de Estados Unidos. Es posible que las elecciones no sean limpias; quizá ni siquiera sean del todo libres; pero el resultado es irrefutable y evidente para todos.

Desde luego, si me preguntan quién es el que más está facilitando que haya una victoria aplastante contra Trump, la respuesta está clara: Donald Trump. Después de una campaña que se sostuvo sobre los problemas básicos que preocupan a los ciudadanos en la vida diaria, a la hora de la verdad, su empeño en imponer aranceles y comenzar una guerra en Oriente Próximo ha provocado el aumento del coste de la vida y, en especial, del precio de la gasolina. Se puede decir, siendo benévolos, que no se ve ninguna vía clara hacia la paz y la victoria en una guerra contra Irán que, según las cifras oficiales, ha costado 37.500 millones de dólares y para la que el Gobierno ya ha solicitado otros 67.100 millones de dólares. En las encuestas, la oposición popular a la guerra se acerca al 60%, igual que el índice de desaprobación del presidente. A esa impopularidad contribuye también la flagrante corrupción de su régimen. Según algunas estimaciones, hasta la fecha, su familia y él han incrementado su fortuna aproximadamente en 2.000 millones de dólares. La última revelación es el plan del presidente de la FIFA y compinche de Trump, Gianni Infantino, para vender acciones de la organización del Mundial de fútbol a un fondo de inversión presidido por Joshua Kushner, cuñado de la hija de Trump, Ivanka. El humor más mordaz se queda sin palabras ante la pareja formada por la FIFA y Trump.

Todo esto se traduce, para los demócratas, en el equivalente electoral de disparar contra una portería vacía. ¿Pero dónde está el Lionel Messi o el Harry Kane que meta ese gol? No se ve por ningún lado. Como europeo en Estados Unidos, no dejo de mirar alrededor y preguntarme: “¿Dónde está el líder de la oposición?”. ¿Dónde está, por recordar el ejemplo húngaro, una figura como Péter Magyar, que encabece una campaña nacional disciplinada y eficaz y que responda al sentimiento generalizado de que es necesario un cambio con un “este es el cambio que necesitáis”?

Los amigos que estudian estos temas aquí, en la Universidad de Stanford, me dicen que estoy buscando algo que, en general, no existe todavía a estas alturas. Las elecciones de mitad de mandato de 1994 —en las que el lema del “Contrato con América” del líder de la minoría en la Cámara de Representantes, Newt Gingrich, determinó el rumbo de la campaña en todo el país y contribuyó a la gran victoria republicana— son la excepción que confirma la regla. Las elecciones legislativas de mitad de mandato suelen ser más bien un referéndum sobre el presidente en ejercicio y su partido y lo normal es que el partido en el Gobierno pierda algunos escaños, sobre todo en la Cámara de Representantes. Pero, si analizamos los resultados desde la Segunda Guerra Mundial, el número de escaños perdidos en la Cámara en este tipo de elecciones oscila considerablemente, entre los 54 de 1994 o los 63 de 2010 y los cinco de 1986 o los nueve de 2022. En las de este año, una diferencia de menos de 10 provocaría disputas apasionadas y tal vez incluso violentas.

Aunque en el sistema estadounidense no tiene por qué surgir ningún líder unificador de la oposición como Magyar hasta que se designe al candidato presidencial en 2028, lo cierto es que los demócratas están desaprovechando terriblemente la oportunidad de meter el balón en esa portería vacía. El líder de la minoría en el Senado, Chuck Schumer, de 75 años, no parece precisamente un gran delantero. En las encuestas, compite con Trump en impopularidad. Las energías las aportan hoy, sobre todo, los socialistas democráticos como el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, pero ¿pueden ganar en sitios como Míchigan o Wisconsin? El columnista y podcaster de The New York Times Ezra Klein ha dado vueltas a la idea de que precisamente esa diversidad podría ser una ventaja: se necesita un tipo de candidato en Kansas y otro en Seattle. A cada cual lo suyo. Pero hay muchas probabilidades de que, solo con que se escoja al candidato inapropiado en un par de los 35 escaños del Senado que están en juego esta vez, los demócratas pierdan también su ya escasa posibilidad de hacerse con el control de la Cámara alta.

Lo que está en juego no es el futuro del Partido Demócrata, sino el futuro de la democracia. Que las elecciones legislativas produzcan el cambio habitual en el control de la Cámara de Representantes es el mínimo imprescindible para empezar a contener —e incluso a revertir— el deterioro sin precedentes que está sufriendo la democracia liberal con Trump. Esa contención dependerá, en parte, de que el Congreso empiece a hacer uso de sus poderes constitucionales para supervisar los fondos del Gobierno, emprender investigaciones e iniciar un proceso de destitución. Ahora bien, si hay una avalancha electoral, el cambio más importante será el psicológico, porque Trump empezará a parecerse a la peor de sus pesadillas: un “perdedor”. Precisamente por eso, el aspirante a rey intentará impedir que los demócratas ganen la Cámara de Representantes y, si a pesar de todo lo consiguen, tratará de eludirla y deslegitimarla con todos los medios a su alcance. Pero ese sería el final del principio.

El verano pasado escribí un artículo en el que sostenía que los estadounidenses tenían 400 días para salvar su democracia. Ahora quedan poco más de 90."

 (Timothy Garton Ash , El País, 03/08/26)   

19.7.26

El Informe de la CIA no confirma el fraude en las elecciones de Venezuela que dieron el triunfo a Maduro... las agencias estadounidenses investigaron durante años la posibilidad de que Venezuela desarrollara capacidades para intervenir sistemas electorales electrónicos, pero las mismas evaluaciones del organismo de inteligencia demostraron que "otros factores explicaban mejor los resultados electorales"... el análisis de inteligencia tomó en cuenta otros factores políticos que influyeron en el resultado electoral. Entre ellos, la decisión de los principales partidos opositores de no participar en los comicios, debido a sus cuestionamientos sobre las condiciones electorales... La evaluación señaló que esta situación redujo la competencia electoral y la presencia opositora en las urnas, por lo que el gobierno de Nicolás Maduro no habría tenido la misma necesidad de recurrir a una operación de fraude electrónico para obtener una victoria (Ariana Hernández)

"El Informe de la CIA no confirma el fraude en las elecciones de Venezuela. Documentos desclasificados contradicen las afirmaciones de Trump sobre los comicios

La administración de Donald Trump publicó una serie de documentos de inteligencia elaborados entre 2004 y 2020 que analizan supuestas capacidades de Venezuela para manipular sistemas de voto electrónico; aunque el presidente estadounidense aseguró que evidencian intentos de interferencia electoral, los reportes no confirman que algún resultado haya sido alterado.

La publicación generó un debate luego de que el presidente Trump afirmara que los archivos demostraban que Venezuela había desarrollado mecanismos para manipular elecciones y que esa información había sido ignorada por organismos estadounidenses durante años. Sin embargo, una revisión del contenido divulgado muestra que los informes contienen reportes de inteligencia y análisis sobre “posibles escenarios”, pero no presentan pruebas concluyentes de que Venezuela haya alterado elecciones en Estados Unidos ni de que haya modificado resultados electorales venezolanos.

Los archivos, agrupados bajo el título “Resumen de informes de inteligencia seleccionados de 2004 a 2020 sobre las capacidades de Venezuela para manipular el voto electrónico”, incluyen evaluaciones sobre los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, así como referencias a posibles intentos de influencia extranjera en procesos electorales fuera del país, incluyendo Estados Unidos.

En su alocución el mandatario estadounidense afirmó que los archivos demostraban que Venezuela había construido capacidades para manipular sistemas electorales mediante tecnología. No obstante, el contenido de los documentos presenta una diferencia entre las declaraciones del presidente estadounidense y las conclusiones de los informes de inteligencia. En ellos se puede evidenciar reportes, evaluaciones y sospechas recopiladas por agencias estadounidenses, pero no establecen como hecho comprobado que Venezuela haya alterado resultados electorales.

¿Qué dicen los informes desclasificados de la CIA sobre Venezuela?

Los documentos de la CIA incluyen reportes elaborados entre 2004 y 2020 sobre las capacidades tecnológicas de Venezuela para intervenir sistemas de votación electrónica y posibles intentos de influencia electoral.

Uno de los primeros informes corresponde a 2004, durante el gobierno de Hugo Chávez. Según la documentación, funcionarios estadounidenses recibieron información sobre una supuesta intención del mandatario venezolano de influir en las elecciones presidenciales de Estados Unidos de ese año, en las que George W. Bush buscaba la reelección.

En ese contexto, la CIA también analizó la adquisición de la empresa estadounidense Sequoia Voting Systems por parte de Smartmatic, compañía que participó en procesos electorales venezolanos entre 2004 y 2017.

Aunque los documentos reflejaron preocupaciones sobre los vínculos entre la empresa y el gobierno venezolano, no establecieron que Smartmatic hubiera utilizado sus sistemas para alterar elecciones en Estados Unidos.

El caso de las elecciones venezolanas de 2012

Otro de los reportes se refiere a las elecciones presidenciales venezolanas de 2012, en las que Hugo Chávez resultó ganador frente a Henrique Capriles.

La CIA recopiló información de fuentes de inteligencia que señalaban un supuesto plan para alterar resultados mediante máquinas de votación modificadas. Según el reporte, la operación habría contemplado la instalación de equipos preprogramados en zonas con respaldo tradicional al oficialismo.

Sin embargo, el documento no presentó pruebas que confirmaran que ese mecanismo fue ejecutado ni que los resultados electorales de 2012 hubieran sido modificados.

El informe sobre las elecciones parlamentarias de 2020

Los documentos también incluyen un reporte sobre los comicios parlamentarios venezolanos de 2020. La CIA registró información sobre un supuesto sistema tecnológico que permitiría sustituir máquinas electorales y modificar datos del conteo en tiempo real.

No obstante, el análisis de inteligencia tomó en cuenta otros factores políticos que influyeron en el resultado electoral. Entre ellos, la decisión de los principales partidos opositores de no participar en los comicios, debido a sus cuestionamientos sobre las condiciones electorales.

La evaluación señaló que esta situación redujo la competencia electoral y la presencia opositora en las urnas, por lo que el gobierno de Nicolás Maduro no habría tenido la misma necesidad de recurrir a una operación de fraude electrónico para obtener una victoria.

¿Venezuela manipuló elecciones? Lo que realmente dicen los documentos

El punto central del debate tras la publicación de los archivos es la diferencia entre una amenaza identificada por inteligencia y una operación comprobada. Los documentos de la CIA no concluyen que Venezuela haya cambiado el resultado de las elecciones tanto estadounidenses como venezolanas

Los informes describen escenarios teóricos, información recibida por fuentes de “inteligencia” y evaluaciones sobre capacidades tecnológicas, pero no presentan pruebas verificables de una operación ejecutada.

Medios estadounidenses que analizaron la documentación señalaron que los archivos no demuestran una interferencia electoral efectiva y sostienen que las declaraciones no son coherentes con la información difundida.

Inteligencia no equivale a pruebas

Los archivos desclasificados por la administración Trump muestran que las agencias estadounidenses investigaron durante años la posibilidad de que Venezuela desarrollara capacidades para intervenir sistemas electorales electrónicos.

El analista sénior de inteligencia de amenazas para América Latina, Geoff Ramsey, explicó a través de su cuenta en X que el informe publicado por la Agencia Central de Inteligencia (CIA), aunque la CIA identificó "preocupaciones siginificativas", las mismas evaluaciones del organismo de inteligencia demostraron que "otros factores explicaban mejor los resultados electorales". 

Lo que indica que una evaluación de inteligencia no representa una sentencia ni una confirmación definitivas.

 (Ariana Hernández, CiudadCCS, 17/07/26)

13.7.26

Trump destituye a dos miembros demócratas de la comisión electoral en su intento de reformar el voto en EEUU... Trump ha intentado repetidamente remodelar las normas de votación, aunque la Constitución de Estados Unidos otorga el control de las elecciones a los estados y no al presidente... la comisión se negó con anterioridad a modificar el formulario nacional de inscripción de votantes para exigir documentación de ciudadanía estadounidense a los solicitantes, como Trump instó en una amplia orden ejecutiva de marzo de 2025 sobre las elecciones en Estados Unidos... “El presidente Trump trata de desmantelar otra barrera independiente de nuestra democracia diseñada para mantener las elecciones justas y seguras”, señalaron el senador demócrata por California Alex Padilla (Bill Barrow)

"El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, destituyó a dos miembros de una comisión federal electoral bipartidista que se resistió a sus esfuerzos por exigir que los posibles votantes documenten su ciudadanía estadounidense antes de inscribirse.

La Casa Blanca confirmó el viernes la medida ejecutiva contra miembros de la Comisión de Asistencia Electoral (EAC, por sus siglas en inglés), que distribuye subvenciones federales a los estados, supervisa las pruebas de los sistemas de votación y mantiene el formulario nacional de inscripción de votantes.

Aunque es probable que la medida no tenga efectos importantes en las elecciones legislativas de mitad de mandato, que se realizarán en noviembre, es el ejemplo más reciente de los intentos del presidente republicano de ejercer la influencia de la Casa Blanca sobre cómo se llevan a cabo las elecciones en Estados Unidos, y es la primera prueba de su poder presidencial recientemente ampliado, después de que la Corte Suprema dictaminara hace poco que el mandatario puede despedir sin causa a miembros de juntas de agencias independientes.

“El presidente, y titular del Poder Ejecutivo, se reserva el derecho de destituir a personas que podrían no estar totalmente alineadas con la importante tarea de asegurar las elecciones de Estados Unidos y garantizar que se cuente cada voto legal. La decisión Slaughter otorga al presidente precedencia para hacerlo”, dijo la Casa Blanca a la AP.

El presidente destituyó a Thomas Hicks y Benjamin Hovland, los dos miembros demócratas de la comisión, que tiene cuatro puestos. La integrante republicana del panel, Christy McCormick, renunció. El excomisionado republicano Donald Palmer ya había dejado su cargo voluntariamente a principios de este año. Los cambios fueron informados primero por VoteBeat, un medio que cubre las elecciones y la votación en todo Estados Unidos,

Trump ha intentado repetidamente remodelar las normas de votación, aunque la Constitución de Estados Unidos otorga el control de las elecciones a los estados y no al presidente. Al citar esa separación de poderes, los tribunales han bloqueado la mayor parte de las dos órdenes ejecutivas de Trump que buscaban reformar la votación. El mandatario también ha iniciado una investigación acerca de su derrota en 2020, sobre la que sigue insistiendo falsamente que se debió a un fraude, y esta semana su gobierno amenazó a los estados si no intentaban eliminar de sus padrones electorales a personas que, según funcionarios federales, no son ciudadanas estadounidenses.

Aun así, Trump ha sido incapaz en gran medida de cambiar los procesos electorales por decreto, y David Becker, un exabogado del Departamento de Justicia que dirige el Center for Election Innovation & Research, señaló que su purga de la EAC no alteraría eso.

“Esto realmente no cambia nada sobre cómo se llevarán a cabo nuestras elecciones, y sobre cómo los estados garantizan con éxito la realización de elecciones seguras, convenientes y confiables”, escribió Becker el viernes por la mañana en la red social BlueSky.

Los críticos acusan a Trump de dañar la confianza de los votantes

En el Capitolio, los principales demócratas con responsabilidad de supervisión electoral afirmaron que Trump, en lugar de reforzar la integridad electoral en Estados Unidos, está politizando aún más el proceso de votación.

“El presidente Trump trata de desmantelar otra barrera independiente de nuestra democracia diseñada para mantener las elecciones justas y seguras”, señalaron el senador demócrata por California Alex Padilla y el representante demócrata por Nueva York Joe Morelle. “Depurar a los comisionados a pocos meses de las elecciones de mitad de mandato y recortar aún más el apoyo a nuestros funcionarios electorales estatales y locales es una parte descarada de su plan para politizar nuestras elecciones y permitir una interferencia electoral más ilegal y peligrosa”.

Padilla es el miembro de mayor rango del Comité de Reglas del Senado, y Morelle es el miembro de mayor rango del Comité de Administración de la Cámara de Representantes.

Los legisladores señalaron que la mayoría conservadora de la Corte Suprema posibilitó la medida de Trump con su decisión de “poner patas arriba décadas de poder ejecutivo para complacer al presidente”.

Hasta el viernes, el personal de la Comisión de Asistencia Electoral no había respondido a una solicitud de comentarios sobre el funcionamiento de la agencia en adelante.

Aunque en el comunicado de la Casa Blanca no se ofrece una razón específica para la acción de Trump, la comisión se negó con anterioridad a modificar el formulario nacional de inscripción de votantes para exigir documentación de ciudadanía estadounidense a los solicitantes, como Trump instó en una amplia orden ejecutiva de marzo de 2025 sobre las elecciones en Estados Unidos. Aunque el formulario en sí no exige documentos de ciudadanía, los materiales de inscripción de votantes de la agencia sí indican claramente que ya es ilegal afirmar falsamente que se tiene la ciudadanía estadounidense para votar.

Un juez federal bloqueó la orden al dictaminar que excedía la autoridad del presidente, ya que la Constitución de Estados Unidos otorga la autoridad sobre la administración y supervisión de las elecciones al Congreso y a los estados. El gobierno ha indicado que apelará.

Trump no ha dicho si elegirá nuevos miembros

No se sabe si Trump planea nominar nuevos miembros de inmediato o dejar los puestos vacantes, una medida que, a pocos meses de las elecciones de mitad de mandato, podría impedir que la agencia distribuya nuevas subvenciones a oficinas electorales estatales o locales y quizá complique su papel en la supervisión de las pruebas y la certificación de los sistemas de votación en todo el país.

“El gobierno ha trabajado desde el inicio en todas las agencias y con socios locales para proteger las elecciones contra el fraude y el abuso, e invertido en una infraestructura sólida para sostener esa misión, especialmente en las elecciones de mitad de mandato”, afirmó la Casa Blanca.

El Congreso creó la comisión como parte de la Ley Help America Vote, una norma bipartidista promulgada por el presidente republicano George W. Bush en 2002. La ley exige que la comisión incluya a dos demócratas y dos republicanos, nominados por el presidente y confirmados por el Senado. Hicks y McCormick fueron designados por el presidente Barack Obama. Trump nombró a Hovland durante su primera presidencia.

Según VoteBeat, Hicks y Hovland fueron notificados de su destitución mediante un correo electrónico firmado por Morgan DeWitt Snow, subdirector de personal presidencial en la Oficina Ejecutiva del presidente.

Siempre son posibles más batallas judiciales

Hicks y Hovland podrían impugnar sus destituciones, pero eso, en última instancia, podría requerir que la Corte Suprema vuelva a revisar dos decisiones que acaba de emitir sobre el poder del presidente sobre las agencias independientes.

El tribunal falló 6 a 3 el mes pasado en el caso de la exintegrante de la Comisión Federal de Comercio Rebecca Slaughter, al determinar que Trump tenía una amplia autoridad ejecutiva para despedir a designados políticos de agencias ejecutivas independientes. El presidente había despedido a Slaughter sin causa pese a una disposición de la ley federal que exigía un motivo y a un precedente de la Corte Suprema de casi un siglo que protegía a los jefes de agencias independientes de los caprichos presidenciales.

Los seis magistrados conservadores señalaron que las restricciones anteriores a las prerrogativas presidenciales violaban la separación de poderes de la Constitución. Esa lógica se extiende a otras agencias, entre ellas, la Junta Nacional de Relaciones Laborales, la Junta de Protección de Sistemas de Mérito y la Comisión de Seguridad de Productos del Consumidor, donde Trump también ha despedido a miembros de juntas.

En el caso separado de la integrante de la Junta de la Reserva Federal Lisa Cook, a quien Trump había intentado despedir, una mayoría de 5 a 4 se apartó de la decisión Slaughter y dictaminó que el presidente no podía despedir sin causa a los gobernadores del banco central. El presidente del tribunal, John Roberts, y el magistrado Brett Kavanaugh se alinearon con los tres liberales de la Corte en el caso Cook. Justificaron su excepción a su razonamiento de Slaughter al citar la estructura única del banco central como una institución cuasi privada, independiente pero creada por el Congreso, cuya “apariencia de independencia es clave para el diseño de la Reserva Federal” y para su papel en la fijación de la política monetaria que moldea la economía de Estados Unidos y del mundo." 

(BILL BARROW, , AP, 10/07/26)  

7.7.26

Reed Brody, ex-fiscal de Nueva York: Las elecciones de noviembre podrían privar a Donald Trump del control absoluto de Washington. Y es precisamente por eso por lo que las propias elecciones se han convertido en un objetivo político... Trump ya ha advertido de que solo aceptará los resultados de noviembre si considera que las elecciones han sido “honestas”... ¿Qué puede ocurrir? Que acusaciones infundadas de fraude sirvan para justificar nuevas intervenciones federales. Que ciudadanos armados aparezcan para “vigilar” colegios electorales. Que Steve Bannon vea cumplida su promesa de “rodear los colegios electorales con el ICE”. Que el Departamento de Justicia bloquee la certificación de comicios decisivos incautando las papeletas, con el pretexto de investigar “irregularidades”... El peligro no es un fraude masivo. Es una niebla organizada... El 11 de junio, más de un centenar de agentes del FBI irrumpieron en las oficinas de la Ohio Organizing Collaborative (Coordinadora de Organización de Ohio), en Cleveland, y en los domicilios de sus responsables. Esta asociación ayuda, entre otras cosas, a inscribir en el censo electoral a habitantes de barrios desfavorecidos. Su finalidad no era tanto encontrar pruebas como sembrar miedo: recordar a quienes inscriben votantes, y a quienes votan, que participar tiene un precio... Trump ha presionado a Estados gobernados por republicanos para el rediseño partidista de los distritos electorales... Trump pidió, sin éxito, a los republicanos del Congreso que “nacionalizaran” el voto, aunque la Constitución reserva la organización de las elecciones a los Estados. La Cámara de Representantes sí aprobó la Ley de Salvaguardia de la Idoneidad del Votante Estadounidense (SAVE Act), que exigiría una prueba documental de ciudadanía para registrarse como votante. Millones de estadounidenses carecen de ella

 "Las elecciones de mitad de mandato siempre han sido una prueba importante para cualquier presidente de los Estados Unidos. Funcionan como un referéndum sobre el poder en ejercicio y, a menudo, corrigen el rumbo político del país. Pero las del próximo 3 de noviembre tienen una importancia distinta.

Para millones de estadounidenses, representan una de las últimas oportunidades de imponer límites democráticos a un presidente que ha dedicado el último año y medio a debilitar precisamente las instituciones llamadas a controlarlo. Los tribunales siguen resistiendo en ocasiones. Los Estados conservan importantes espacios de autonomía. La sociedad civil está cada vez más movilizada. Pero el instrumento de control más poderoso sigue siendo el voto.

Las elecciones de noviembre podrían privar a Donald Trump del control absoluto de Washington, reactivar la supervisión del Congreso y devolver parte del equilibrio perdido al sistema político estadounidense. Y es precisamente por eso por lo que las propias elecciones se han convertido en un objetivo político.

El 11 de junio, más de un centenar de agentes del FBI irrumpieron en las oficinas de la Ohio Organizing Collaborative (Coordinadora de Organización de Ohio), en Cleveland, y en los domicilios de sus responsables. Esta asociación ayuda, entre otras cosas, a inscribir en el censo electoral a habitantes de barrios desfavorecidos. Los agentes se incautaron de ordenadores, exhibieron citaciones e interrogaron a voluntarios. No era un episodio aislado, sino una manifestación más de una tendencia de fondo. Su finalidad no era tanto encontrar pruebas como sembrar miedo: recordar a quienes inscriben votantes, y a quienes votan, que participar tiene un precio.

Las elecciones de mitad de mandato suelen castigar al partido que ocupa la Casa Blanca. Trump lo sabe bien: en 2018 los demócratas ganaron 40 escaños y recuperaron la Cámara de Representantes. Con una popularidad por los suelos, la inflación al alza y una guerra que no convence, la posibilidad de una derrota electoral es real. De ahí los esfuerzos por reducir la incertidumbre del voto mediante ventajas construidas de antemano.

Una de ellas es el rediseño partidista de los distritos electorales. Trump ha presionado a Estados gobernados por republicanos para reforzar su ventaja estructural, mientras los demócratas han respondido en algunos lugares, como California, con estrategias similares. El resultado es un sistema cada vez menos competitivo y una ventaja inicial de alrededor de una decena de escaños para los republicanos.

La Administración busca también modificar las reglas electorales. En febrero, Trump pidió, sin éxito, a los republicanos del Congreso que “nacionalizaran” el voto, aunque la Constitución reserva la organización de las elecciones a los Estados. La Cámara de Representantes sí aprobó la Ley de Salvaguardia de la Idoneidad del Votante Estadounidense (SAVE Act), que exigiría una prueba documental de ciudadanía para registrarse como votante. Millones de estadounidenses carecen de ella. Por ahora, la medida sigue bloqueada en el Senado, pero Trump no renuncia: ha hecho de la sospecha sobre el voto un instrumento de poder.

He dedicado mi carrera a perseguir a dictadores y a documentar cómo se degradan las democracias. He aprendido que el desmantelamiento rara vez llega de golpe: avanza paso a paso, hasta que un día lo irreversible parece normal. Lo que ocurre hoy en mi país no son episodios sueltos, sino un patrón que conozco bien.

Conviene recordar lo ocurrido en 2020. Tras perder las elecciones, Trump intentó mantenerse en el poder mediante una combinación de presiones políticas, falsos compromisarios y campañas de desinformación que culminaron en el asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021. Aquel esfuerzo fracasó porque los contrapesos institucionales resistieron. Pero muchos de los funcionarios, fiscales y responsables de seguridad electoral que desempeñaron entonces un papel decisivo han sido apartados o sustituidos por personas leales al presidente.

Como ocurrió en 2020, el problema ya no es solo la competencia electoral. Es la creciente disposición a considerar ilegítimo cualquier resultado adverso. El escenario se repite. En Atlanta (Georgia), el FBI incautó a finales de enero las papeletas de 2020 del condado de Fulton, bastión demócrata, y ha destinado 260 analistas a esa investigación “prioritaria”.

Trump persigue un doble objetivo: alimentar el mito fundacional de una elección robada y, desde ahí, minar la confianza en las siguientes.

En Míchigan, el Departamento de Justicia multiplica las peticiones de documentos electorales. En California, el fiscal nombrado por Trump abrió investigaciones por supuesto fraude tras las elecciones primarias en junio.

Al mismo tiempo, la Administración intenta obligar a los Estados a entregar sus registros electorales, un paso hacia la creación de una base de datos nacional de votantes que dictaría quién tiene derecho a votar.

Trump ya ha advertido de que solo aceptará los resultados de noviembre si considera que las elecciones han sido “honestas”. Y citó Detroit, Filadelfia y Atlanta, tres ciudades demócratas de Estados decisivos que hoy se encuentran en el punto de mira federal.

¿Qué puede ocurrir ahora? No hace falta imaginar una ruptura espectacular del orden constitucional. El riesgo es más sutil. Que acusaciones infundadas de fraude sirvan para justificar nuevas intervenciones federales. Que ciudadanos armados aparezcan para “vigilar” colegios electorales. Que Steve Bannon vea cumplida su promesa de “rodear los colegios electorales con el ICE”. Que el Departamento de Justicia bloquee la certificación de comicios decisivos incautando las papeletas, con el pretexto de investigar “irregularidades”.

La votación se decide Estado por Estado y distrito electoral por distrito electoral. Basta con introducir suficiente confusión para impugnar después los resultados que resulten desfavorables a los republicanos. El peligro no es un fraude masivo. Es una niebla organizada.

Sin embargo, no todo está decidido. Los tribunales han frenado ya algunos de los intentos de la Administración de intervenir en los registros electorales. La estructura descentralizada del sistema electoral estadounidense sigue ofreciendo protección. Miles de funcionarios locales organizan las elecciones y muchos se preparan ya para posibles injerencias. La sociedad civil permanece vigilante. Y una prensa asediada pero todavía libre continúa documentando los hechos.

La pregunta no es solo si Donald Trump aceptará unos resultados adversos. Es también si los estadounidenses conservarán la posibilidad real de producirlos. De eso dependerá no solo la composición del próximo Congreso, sino la capacidad de nuestra democracia para corregirse a sí misma para que siga siendo verdad lo que los padres fundadores proclamaron evidente por sí mismo hace 250 años: que los gobiernos derivan sus justos poderes del consentimiento de los gobernados."

 (Reed Brody , El País, 06/07/26)