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11.9.26

La Jornada: Trump: demolición de la democracia... Trump se comprometió a enviar un cheque por 5 mil dólares a cada adulto estadunidense si el Partido Republicano mantiene el control de la Cámara de Representantes y el Senado en las elecciones de mitad de mandato... El intento de soborno del magnate al electorado tiene un componente delirante y otro preocupante. Hay un delirio en la pretensión de que el gobierno estadunidense tiene recursos para repartir libremente un billón 375 mil millones con una deuda pública de 40 billones... Lo preocupante es que eso supone la demolición de los restos de democracia que pudieran quedar en esa nación.... en cualquier otro país, una declaración semejante sería un escándalo, pero en el Washington de Trump es sólo un día más... hace tiempo que Estados Unidos es una plutocracia, porque el voto no lo decide la voluntad libre e informada de los ciudadanos, sino la capacidad de la oligarquía para invertir en las campañas como un negocio más... en Estados Unidos los grupos criminales tienen las puertas abiertas para financiar legalmente a un político y nadie puede preguntar de dónde salió el dinero

"El presidente Donald Trump se comprometió el miércoles a enviar un cheque por 5 mil dólares a cada adulto estadunidense si el Partido Republicano mantiene el control de la Cámara de Representantes y el Senado en las elecciones de mitad de mandato que tendrán lugar el próximo 3 de noviembre. El mandatario comparó su oferta de compra de votos con los pagos de una corporación a sus accionistas, por lo que la denominó “dividendos Trump”, y aludió a “nuestra enorme fortaleza y éxito económicos”. Según aseguró, la única condición será que el dinero se gaste dentro de Estados Unidos, pero no especificó cómo se verificará esto.

El intento de soborno del magnate al electorado tiene un componente delirante y otro preocupante. Hay un delirio en la pretensión de que el gobierno estadunidense tiene recursos para repartir libremente: en estos momentos su deuda pública de 40 billones (millones de millones) de dólares ya representa 120 por ciento del producto interno bruto y cada año se añaden 1.8 billones adicionales, por lo que no se entiende de dónde sacaría el billón 375 mil millones necesario para entregar 5 mil dólares a 275 millones de adultos. Lo preocupante es que, cumpla o no con su promesa, el hecho de ofrecer un pago directo a cambio del triunfo electoral de su partido supone la demolición de los restos de democracia que pudieran quedar en esa nación. La muestra más clara del deterioro de la institucionalidad estadunidense es que, en cualquier otro momento y en cualquier otro país, una declaración semejante sería un escándalo mayúsculo que derivaría en sanciones y posiblemente pondría fin a la carrera política del implicado, pero en el Washington de Trump es sólo un día más.

Con todo, es importante remarcar que el desmantelamiento de la democracia ha sido acelerado por el magnate, pero comenzó décadas atrás. Desde hace medio siglo, sucesivas sentencias de la Suprema Corte han destruido todos los controles sobre el financiamiento electoral, de tal modo que hoy día la normalidad estadunidense sería considerada corrupción en el resto del mundo. En 1976, el máximo tribunal equiparó al dinero con una opinión y determinó que limitar el gasto en campañas viola la libertad de expresión. Desde entonces, no hay límite alguno al gasto independiente ni al dinero que un candidato puede gastar de su propio bolsillo. En junio pasado, eliminó también los límites sobre la cantidad que los partidos políticos pueden gastar en publicidad y otros conceptos en coordinación con los candidatos. Entre una y otra sentencia, la Suprema Corte permitió también donaciones ilimitadas por parte de individuos y el uso de recursos donados para que los candidatos se paguen a sí mismos todos los recursos propios que hayan destinado a la campaña. Es decir, un aspirante puede comprarse el cargo con su dinero y luego recaudar fondos de los interesados en ser “amigos” de un senador, gobernador o presidente. Además, cualquier organización con registro sin fines de lucro puede gastar sin ningún tope en las elecciones y reservar la identidad de sus donantes. Es decir, en Estados Unidos los grupos criminales a los que Washington dice combatir tienen las puertas abiertas para financiar legalmente a un político y nadie puede preguntar de dónde salió el dinero.

En suma, hace tiempo que Estados Unidos es una plutocracia, porque el voto no lo decide la voluntad libre e informada de los ciudadanos, sino la capacidad de la oligarquía para invertir en las campañas como un negocio más. El desprecio de Trump por las leyes y las formas que suelen regir la conducta de los servidores públicos ha puesto a la vista de todos la degradación de la vida pública. Frente a ese desastre, es causa de alivio que el proceso electoral iniciado ayer en México sea mucho más democrático, verificable y transparente y que no se encuentre reducido a la grotesca e impúdica subasta que son hoy los comicios en el país vecino del norte." 

(Editorial de La Jornada , 11/09/26) 

Donald Trump ha afirmado que, si los republicanos ganan las elecciones de mitad de mandato, dará a cada norteamericano 5.000 dólares... se trata de un compromiso de gasto de un billón de dólares... Trump está utilizando su cargo de presidente para sobornar a los votantes... pero considerando los aspectos económicos de la propuesta, Trump propone lo que Milton Friedman denominó «dinero desde un helicóptero»... dinero que un gobierno distribuye masivamente entre la población de una economía, independientemente de que dicha economía tenga capacidad para absorber ese gasto adicional... no existe ninguna razón técnica que impida entregar 5.000 dólares a cada hogar estadounidense... pero alguien debe asumir el pasivo resultante: su propio gobierno, cuya deuda aumentaría en un billón de dólares como consecuencia. Si se mantiene la relación actual entre el gobierno de EE. UU. y los mercados financieros, es probable que aumente el tipo de interés que este deba pagar. Además, crear dinero cuando tal vez no haya nada que comprar con él garantiza prácticamente la inflación, no habrá más bienes y servicios disponibles para comprar que los que existían antes de la creación del dinero (Richard Murphy)

 "El «dinero desde un helicóptero» de Trump provocaría un desastre económico

Donald Trump ha afirmado que, si los republicanos ganan las elecciones de mitad de mandato, mejorará la situación económica de cada adulto en Estados Unidos en 5.000 dólares. A efectos prácticos, se trata de un compromiso de gasto de un billón de dólares.

JD Vance, en su calidad de vicepresidente, ha matizado ligeramente la oferta desde entonces, pero no ha negado que Trump la hiciera.

Dejemos de lado por un momento el hecho de que Trump parece estar utilizando simplemente su cargo de presidente para sobornar a los votantes y consideremos, en cambio, los aspectos económicos de la propuesta.

Lo que Trump propone es lo que Milton Friedman denominó «dinero desde un helicóptero» (*helicopter money*): dinero que un gobierno distribuye masivamente entre la población de una economía, independientemente de que dicha economía tenga capacidad para absorber ese gasto adicional. Algunas personas que no tienen interés en comprender la Teoría Monetaria Moderna (TMM), como Ann Pettifor, sugieren que esto es lo que propone la TMM, cuando nada más lejos de la realidad.

Dicho esto, cabe subrayar que la propuesta de Trump deja claro que la creación de dinero a voluntad está totalmente al alcance del gobierno de EE. UU. a través de la Reserva Federal. No existe ninguna razón técnica que impida entregar 5.000 dólares a cada hogar estadounidense, aunque hacerlo carezca por completo de sentido.

En primer lugar, como Trump sabría si comprendiera la naturaleza de las finanzas públicas, si pretende aumentar el patrimonio de cada hogar estadounidense de esta manera, alguien debe asumir el pasivo resultante: su propio gobierno, cuya deuda aumentaría en un billón de dólares como consecuencia. En consecuencia, si se mantiene la relación actual entre el gobierno de EE. UU. y los mercados financieros, es probable que aumente el tipo de interés que este deba pagar. Además, podrían derivarse toda una serie de efectos económicos adversos en los que, al parecer, él no ha reparado.

En segundo lugar, si bien algunos receptores de este dinero podrían utilizarlo prudentemente para saldar deudas y otros podrían ahorrarlo, es muy probable que muchos decidan gastarlo casi de inmediato; la consecuencia inevitable de ello será la inflación, ya que no habrá más bienes y servicios disponibles para comprar que los que existían antes de la creación del dinero. En esta cuestión, me encuentro en la extraña situación de estar de acuerdo con Milton Friedman.

En tercer lugar, es difícil predecir el impacto de esta decisión sobre el dólar, cuya posición como moneda de reserva mundial ya se encuentra amenazada. No obstante, los mercados no suelen recompensar la irracionalidad económica de este tipo, especialmente cuando el motivo para llevarla a cabo roza el fraude electoral.

En cuarto lugar, es posible que muchas personas en Estados Unidos se sientan igualmente alarmadas por esta irracionalidad. Por lo general, pocas personas rechazarían 5.000 dólares. Sin embargo, cuando una oferta conlleva tantos inconvenientes evidentes, podría bastar para convencer a la gente de que Trump es realmente corrupto y no está capacitado para el cargo. Como resultado, podrían decidir votar en contra de su partido o abstenerse de votar. Considero que una reacción electoral negativa es tan probable como el apoyo a esta locura, dado que los republicanos llevan mucho tiempo diciendo a los estadounidenses que la deuda es su enemiga, aunque en la mayoría de los casos eso no sea cierto.

En quinto lugar, la injusticia de la medida podría escandalizar a muchos. Estoy seguro de que hay muchas personas en Estados Unidos para quienes 5.000 dólares supondrían un cambio radical en sus vidas. A otras muchas les resultará indiferente; personas como Elon Musk ni siquiera lo notarán. El hecho de que el dinero vaya supuestamente destinado a todo el mundo, independientemente de sus necesidades, podría indignar a muchos.

Como deja claro la Teoría Monetaria Moderna (MMT), crear dinero cuando tal vez no haya nada que comprar con él garantiza prácticamente la inflación —algo que la MMT se obsesiona por evitar—, y sin embargo, eso es precisamente lo que está haciendo Trump. En este caso, la MMT ofrece el único marco económico que explica tanto cómo puede hacerlo como por qué no debería hacerlo.

Es hora de que la gente se tome esta teoría en serio."

 (Richard Murphy, blog, 11/09/26, traducción google)

4.7.26

El alquiler de los 250 metros cuadrados del ‘pisito’ de Feijóo, en lo que la jerga inmobiliaria denomina “la muy exclusiva” colonia de El Viso, según Idealistas, oscila entre los 5.000 y los 20.000 euros mensuales. Es decir, el presupuesto anual destinado a vivir bajo uno de esos techos va desde los 48.000 a los 240.000 euros... así que los ingresos netos (o sea, lo que le queda después de que la rapiña de la Hacienda sanchista lo desplume) necesarios para vivir al lado de la Koplowitz tienen que rozar los 150.000 euros en el más favorable de los casos y de 750.000 en el menor. Por mucho que la declaración de intereses en las instituciones españolas sean un género de ficción, los ingresos declarados de Alberto Núñez Feijóo no se acercan a cualquiera de esas cantidades... “Obviamente lo paga mi familia" dijo… y ciertamente, de lo que no hay duda es de la identidad del casero. El propietario es Abanca, por persona física o por sociedad participada, que a su manera no deja de ser “la familia”

"La dimensión del problema de la vivienda en España la describe perfectamente la situación del líder de la oposición y presidente del partido que la gente de antes llamaba “el de los ricos”. El piso se lo tiene que pagar “la familia”, según ha confesado, entre confuso y avergonzado. Una situación similar a la de tantos estudiantes universitarios que tienen que sufragar un piso compartido precariamente amueblado. 

El piso

Según fuentes varias, el alquiler de los 250 metros cuadrados de vivienda, en lo que la jerga inmobiliaria denomina “la muy exclusiva” colonia de El Viso, asciende a 4.000 euros mensuales. Eso es lo mismo que cuesta una casa en la Ciudad Jardín de A Coruña, así que consulto la web Idealista (que se llame así la web inmobiliaria de referencia ya da una idea de la confusión conceptual de la clase emprendedora española) y compruebo que las residencias de esas características en El Viso oscilan entre los 5.000 y los 20.000 euros mensuales. Es decir, el presupuesto anual destinado a vivir bajo uno de esos techos va desde los 48.000 a los 240.000 euros. El elevado porcentaje medio que una familia española destina a ese fin no baja del 30%, así que los ingresos netos (o sea, lo que le queda después de que la rapiña de la Hacienda sanchista lo desplume) necesarios para vivir al lado de la Koplowitz tienen que rozar los 150.000 euros en el más favorable de los casos y de 750.000 en el menor. Por mucho que la declaración de intereses en las instituciones españolas sean un género de ficción (menor, pero fértil), los ingresos declarados de Alberto Núñez Feijóo no se acercan a cualquiera de esas cantidades.

Cierto es que no carece de patrimonio (unos pisos aquí y allá, unas acciones de esto y lo otro) y que la dedicación a la política no le ha distraído de la gestión de lo suyo. Su patrimonio, en 2019, en su última toma de posesión en el parlamento de Galicia, era de 319.593 euros, que se convirtieron en 930.972 euros en 2023, según declaró –con año y medio de retraso, pero declaró– al arribar al Senado y la presidencia del PP.

Pero, como todo el mundo sabe, y particularmente los propietarios de viviendas en sitios sin crecimiento demográfico, una cosa es el patrimonio y otra el cash disponible.

La familia

A pesar de que no es el “niño campesino” que saca a relucir cuando le conviene, la familia de Feijóo no era una familia pudiente. Bien es cierto que, como dicen que se dice en la política mexicana, “yo no quiero que me den, sino que me pongan donde hay”. Mientras crecían las dudas sobre quién pagaba la vivienda, el inquilino arrojó luz sobre el asunto: “Obviamente lo paga mi familia… [pausa dramática] Y creo que dentro de mi familia estoy yo, es decir, mi pareja y yo”.

La pareja es Eva Cárdenas Botas, aunque quizás un sector considerable de los votantes conservadores no la consideren como tal, dada la inexistencia de un vínculo matrimonial, legal o religioso. Eva Cárdenas es la madre de Alberto Núñez Cárdenas, el hijo de nueve años de ambos (y que contra lo que argumenta su padre para defender la intimidad de su hogar, no vive allí, que se sepa, porque este año pasado estuvo escolarizado en A Coruña) y es además hija de Antonio Cárdenas, que fue director de personal en la extinta Caixa Galicia (como diría Guillem Martínez, quédense con el dato para después), y de Cristina Botas, una familia de raigambre falangista y farmacéutica, sin que una cosa quitase la otra, sino todo lo contrario: lo primero benefició económicamente lo segundo.

Eva Cárdenas, después de picotear en varias multinacionales de la alimentación y la perfumería, recaló en 2003 en Inditex, donde fue, con 38 años, directora de la filial más reciente, Zara Home. Una historia de éxito que finalizó en 2018, con un cese por motivos personales (y una indemnización, ni desmentida ni confirmada, de dos millones y medio de euros). Fue consultora externa de Sargadelos (hasta que las relaciones de la firma con la Xunta aconsejaron que dejase de serlo) y de Mango, pero su principal ocupación empresarial actual es Niebla Azul, una sociedad inmobiliaria que arroja unos beneficios anuales de unos 150.000 euros (lo que no está mal, con una administrativa como única empleada).

Eva Cárdenas es hermana de, entre otros, Ignacio Cárdenas, director comercial de Universal Support, una empresa de telemarketing, sin relación con el sector de la salud que, a pesar de presentar la oferta más cara, obtuvo 19,2 millones en contratos de la administración sanitaria gallega para atención telefónica y rastreo de casos de infección durante la pandemia de la covid.

Otro caso de estar en el sitio justo en el momento justo (“donde hay”) es el de la única hermana del líder de la oposición. Micaela Núñez Feijóo era delegada en Pontevedra de Eulen, pero acabó siendo la directora del área noroeste después. En los 13 años en los que su hermano presidió la Xunta, Eulen obtuvo contratos por valor de 37 millones de euros. Tan solo de 2018 a 2024, fueron 1.566 adjudicaciones de distintos órganos de la administración, la mayoría a dedo, fragmentados en partidas de menos de 30.000 euros. Y desde 2023, los sucesores de Feijóo le adjudicaron otros 17 millones. Desde que el hermano mayor de Micaela accedió al mando en la calle Génova, Eulen aumentó sustancialmente las contrataciones de administraciones como las comunidades de Andalucía y Madrid, o el ayuntamiento de la capital.

Volviendo a los Cárdenas, y a los Botas. Otro de los hermanos de Eva e Ignacio, Antonio Raimundo, ha ocupado varios cargos en Abanca, y forma parte del comité de control del fondo de pensiones del banco. Feijóo era presidente de la Xunta cuando el diktat del Banco de España determinó que las dos cajas gallegas –Caixa Galicia y Caixanova– se fusionaran primero y se privatizaran después. La nueva entidad, que sumaba más del cincuenta por ciento del mercado financiero gallego y la mayoría de los ahorros, se vendió por 700 millones de euros a un banquero venezolano entonces desconocido, llamado Juan Carlos Escotet (que los recuperó sin prácticamente haberlos desembolsado desprendiéndose de sociedades participadas).

El ganador de la pugna con rivales como Caixabank había metido el pie en el sector financiero gallego a través de un pequeño banco coruñés, Etcheverría (el Etcheverría y otra entidad coruñesa, el Banco Pastor, eran los únicos en España que manejaron en su día ducados y euros, antes de desaparecer). El entonces director general del Etcheverría y actual CEO de Abanca es Francisco Botas Ratera. Efectivamente, primo hermano de Eva Cárdenas.

El casero

Mientras Feijóo o el PP no desgranen los pormenores del inquilinato de El Viso con el mismo detalle que lo tuvo que hacer Pablo Iglesias sobre el casoplón de Galapagar, de lo que no hay duda es de la identidad del casero. El propietario es Abanca, por persona física o por sociedad participada, que a su manera no deja de ser “la familia”.

Y cuando se hagan públicos los detalles, que se repita el proceso con la mansión de su socio prioritario, Santiago Abascal, que tampoco se sabe, para no salirnos de Madrid y como decía el cuplé La chica del 17, “de dónde saca, pá tanto como destaca”."

(Xosé Manuel Pereiro  , CTXT, 03/07/26)

29.6.26

Contratos públicos millonarios (y opacos) para el entramado empresarial del cuñado de Feijóo... La comisión de investigación del Congreso sobre los contratos de emergencia durante la pandemia pidió un requerimiento exhaustivo de documentación a la Xunta de Galicia, que abarcaba los expedientes de Universal Support, Sum Talk Iniciativas y Nervo Group, empresas vinculadas al entorno familiar de Alberto Núñez Feijóo, situando el caso gallego entre los más cuestionados por su volumen, urgencia y vínculos familiares... la documentación remitida fue calificada de ‘parcial e incompleta’... Sesenta millones de euros. Esa cifra incluye contratos de material sanitario, servicios de rastreo, call centers y otros encargos de emergencia que el Gobierno gallego tramitó por la vía rápida en los meses más duros de la Covid-19. En el centro de esa trama aparece el nombre de Ignacio Cárdenas Botas, hermano de Eva Cárdenas, pareja de Feijóo, directivo del grupo Konecta y director comercial y de retail de Universal Support S.A., una empresa coruñesa de telemarketing propiedad de Konecta... Universal Support no es una pyme local que pasara casualmente por allí: es la empresa que, según un informe del Consello de Contas de Galicia, más dinero recibió de la Xunta por servicios vinculados directamente a la gestión de la pandemia. ¿Se lleva algo Feijóo por adjudicar contratos públicos a su cuñado? Es una pregunta que lanzo al aire. No lo sabemos (Cristina Papin Marcote)

"La comisión de investigación del Congreso sobre los contratos de emergencia durante la pandemia —creada por el Pleno el 21 de marzo de 2024 y formalmente constituida el 2 de abril de 2024— incluyó entre sus primeras actuaciones un requerimiento exhaustivo de documentación a la Xunta de Galicia. Este requerimiento abarcaba los expedientes de Universal Support, Sum Talk Iniciativas y Nervo Group, empresas vinculadas al entorno familiar de Alberto Núñez Feijóo, presidente autonómico durante los años investigados.

La comisión pidió contratos, adjudicaciones, comunicaciones internas y cualquier documento acerca de la relación entre la Xunta y el entramado empresarial del cuñado de Feijóo, Ignacio Cárdenas Botas. Sin embargo, como ya había sucedido en la comisión de investigación del Parlamento gallego, la documentación remitida fue calificada de ‘parcial e incompleta’.

Faltan documentos, más de 1.100 contratos menores adjudicados al Grupo Eulen —donde la hermana de Feijóo desempeña un cargo directivo— no fueron enviados a la comisión. En los contratos que sí se remitieron, el objeto aparece en muchos casos bajo la etiqueta genérica de ‘otros’, imposibilitando conocer qué bienes o servicios se estaban financiando con dinero público. Esta opacidad alimentó las sospechas de un intento deliberado de limitar el alcance del control parlamentario.

La comisión de investigación del Congreso continuó con peticiones adicionales y comparecencias centradas en los contratos realizados durante la pandemia, situando el caso gallego entre los más cuestionados por su volumen, urgencia y vínculos familiares.

En Galicia, la oposición reclamó en varias ocasiones que la Xunta completara la entrega de documentación, incluidos los más de 1.100 contratos menores omitidos, pero la mayoría absoluta del PP bloqueó cualquier nuevo requerimiento.

Sesenta millones de euros. Esa cifra incluye contratos de material sanitario, servicios de rastreo, call centers y otros encargos de emergencia que el Gobierno gallego tramitó por la vía rápida en los meses más duros de la Covid-19.

En el centro de esa trama aparece el nombre de Ignacio Cárdenas Botas, directivo del grupo Konecta y director comercial y de retail de Universal Support S.A., una empresa coruñesa de telemarketing propiedad de Konecta.

La concentración de adjudicaciones en una sola empresa, vinculada familiarmente al presidente autonómico de entonces, resulta difícil de compatibilizar con los principios de libre concurrencia y de prevención de conflictos de interés

Cárdenas es, además, hermano de Eva Cárdenas, pareja de Feijóo, lo que convierte cada euro público adjudicado a las compañías que dirige o con las que colabora en un caso de potencial conflicto de intereses que en cualquier democracia exigente dispararía todas las alarmas. ¿Se lleva algo Feijóo por adjudicar contratos públicos a su cuñado? Es una pregunta que lanzo al aire. No lo sabemos.

Universal Support no es una pyme local que pasara casualmente por allí: es la empresa que, según un informe del Consello de Contas de Galicia, más dinero recibió de la Xunta por servicios vinculados directamente a la gestión de la pandemia.

Entre 2020 y 2021, esta filial de Konecta facturó a la administración gallega 15,2 millones de euros procedentes de fondos Covid por servicios de atención telefónica, rastreo de contactos y otros encargos ligados a la emergencia sanitaria.

El detalle es todavía más incómodo: de esos 15,2 millones, 9,76 millones proceden de 12 contratos del Servizo Galego de Saúde (Sergas) tramitados por la vía de urgencia, sin concurso abierto competitivo

Universal Support se convirtió así en la principal beneficiaria de los contratos de call center y rastreo impulsados por la Xunta, concentrando una parte desproporcionada del negocio público en plena crisis sanitaria.

En paralelo a los contratos de emergencia, Universal Support dio un salto cualitativo: en abril de 2022 ganó un concurso del Sergas para gestionar el servicio telefónico de información sobre la covid por 4.058.533,72 euros, pese a presentar la oferta más cara de las finalistas.

Además, la compañía del cuñado de Feijóo carecía de experiencia previa en servicios sanitarios cuando comenzó a recibir estos encargos millonarios.

Si se suman los 15,2 millones en contratos de emergencia y fondos covid a los más de 4 millones del concurso de 2022, Universal Support alcanza ya los 19,2 millones de euros adjudicados por la Xunta solo en el ámbito de la pandemia, sin contar otros contratos anteriores o ajenos a la covid.

Esta cifra, que se repite en diversas investigaciones periodísticas, dibuja una relación continuada y estructural entre el Gobierno gallego y la empresa del cuñado del hoy líder de la oposición.

Pero la historia no se agota en los grandes números. Universal Support obtuvo además unos 200.000 euros en contratos menores y adjudicaciones directas "a dedo" de la Xunta mientras Feijóo era presidente, sin concurrencia pública y con un retraso de cuatro meses a la hora de publicar esos expedientes en el portal de transparencia.

El Gobierno gallego incumplió así los plazos de la Ley de Transparencia precisamente cuando se trataba de contratos especialmente sensibles por sus vínculos familiares.

La documentación presentada en la comisión de investigación del Congreso eleva todavía más el número de contratos: en el Diario de Sesiones de junio de 2024 se habla de hasta 42 contratos relacionados con la Covid concentrados en Universal Support, buena parte de ellos en el año 2021.

Esta concentración de adjudicaciones en una sola empresa, vinculada familiarmente al presidente autonómico de entonces, resulta difícil de compatibilizar con los principios de libre concurrencia y de prevención de conflictos de interés que marcan tanto la legislación europea como la estatal.

El argumento oficial de la Xunta, defendido por el exconselleiro de Sanidade Julio García Comesaña ante la comisión de investigación, es que todos los contratos se firmaron con arreglo a la ley y en un contexto de urgencia extrema, y que Universal Support ya trabajaba para el Samur en Madrid y fue capaz de poner 75 teleoperadores a disposición del Sergas en cuestión de días.

Pero la legalidad formal de un procedimiento no elimina por sí sola la sombra de trato de favor cuando el beneficiario es el cuñado del máximo responsable político que decide la contratación.

Los contratos con Universal Support se enmarcan además en un ecosistema empresarial más amplio, donde aparecen otras sociedades vinculadas al grupo Konecta y al propio Ignacio Cárdenas. La comisión del Congreso ha exigido a la Xunta toda la documentación sobre contratos, comunicaciones, subvenciones y ayudas concedidas entre 2008 y 2023 a Universal Support S.A., Sum Talk Iniciativas S.A. y Nervo Group Investment, todas ellas relacionadas con el mismo entramado empresarial

La solicitud incluye no solo los expedientes de contratación sino también correos, actas de reuniones y cualquier rastro de interlocución con esos grupos empresariales.

Varios medios gallegos han explicado que Ignacio Cárdenas ha ocupado cargos de dirección o apoderamiento en sociedades como Sum Talk Iniciativas S.A. o STD Multiopción, además de su posición en Universal Support, lo que refuerza la idea de un grupo de empresas que actúan en red para concurrir a diversos contratos públicos.

La documentación pedida por el Congreso pretende aclarar si esa red de sociedades operó de forma coordinada para maximizar la facturación pública en Galicia durante los años de gobierno de Feijóo.

El caso de Telemark‑Coremain, la UTE que gestiona el 112 en Galicia, añade otra capa de opacidad al cuadro. Telemark‑Coremain, vinculada también al entorno de Ignacio Cárdenas, recibió más de 15 millones de euros de la Xunta para la gestión del número único de emergencias.

Esta cifra incluye, entre otros, un contrato de 7.417.289,26 euros adjudicado en 2018 para el servicio de gestión del Centro Integrado de Atención de Emerxencias 112 Galicia.

La estrategia defensiva del PP se ha centrado en dos ideas: que todo fue legal y que, en plena pandemia, no había tiempo para más garantías procedimentales

La propia empresa Coremain reconoce en su web corporativa que participa en UTE con Telemark en el proyecto de gestión operativa del 112 de la Axencia Galega de Emerxencias (AXEGA), lo que confirma el peso de este consorcio en la externalización de un servicio tan crítico como la atención a emergencias.

La combinación de altas cuantías, contratos de larga duración y vínculos empresariales con el entorno del poder político de Alberto Núñez Feijóo dibuja un mapa de riesgos que, de nuevo, cualquier sistema serio de integridad pública debería haber analizado y mitigado.

La oposición gallega ha denunciado que, tanto en el caso de Universal Support como en el de Telemark‑Coremain, la Xunta construyó un sistema de externalización masiva de servicios públicos sin controles suficientes y con una clara puerta giratoria entre lo privado y lo institucional.

Ese modelo habría permitido a un puñado de empresas afines o vinculadas al entorno familiar de Feijóo concentrar decenas de millones de euros en contratos, mientras la administración reducía capacidad propia y se blindaba tras la excusa de la “gestión eficiente” y de la urgencia sanitaria.

En paralelo a la investigación parlamentaria estatal, el Parlamento de Galicia aprobó la creación de una comisión sobre contratación pública cuya ponencia final, recogida en el Boletín Oficial de enero de 2025, constata problemas de transparencia y control en el conjunto del sistema, aunque evita entrar a fondo en la dimensión familiar y de posible conflicto de intereses de los contratos vinculados a Universal Support o Eulen 

La lectura de ese dictamen sugiere una voluntad de cerrar en falso el debate en Galicia mientras el foco político se desplaza a Madrid.

La comisión del Congreso, sin embargo, ha ido más allá al exigir no solo contratos y expedientes, sino también todas las comunicaciones y relaciones laborales, comerciales o mercantiles entre el hermano de la pareja de Feijóo y cualquiera de las empresas del grupo Konecta con la Xunta. Esa ampliación apunta a aclarar si hubo un uso sistemático de la posición de poder para favorecer a empresas del entorno familiar, más allá de la estricta literalidad de la legislación de contratos.

La Xunta también pagó en 2020 sobreprecios de hasta el 37% por la compra de material sanitario a Mape Asesores, la empresa gallega que propició ese año la comisión de 2 millones de euros a Alberto González Amador, pareja de Isabel Díaz Ayuso, por intermediar en la compraventa de ese tipo de material en lo peor de la pandemia.

En este contexto, la estrategia defensiva del PP se ha centrado en dos ideas: que todo fue legal y que, en plena pandemia, no había tiempo para más garantías procedimentales. Pero los hechos recogidos por las investigaciones periodísticas y por la propia documentación oficial —concentración de contratos, retrasos en la publicación, empresas sin experiencia sanitaria previa que se convierten en proveedores casi exclusivos— apuntan a un patrón de captura de lo público que excede con mucho las necesidades de urgencia.

Quedan, en todo caso, demasiadas zonas oscuras: no se conocen aún en detalle todos los importes y contratos con filiales como Sum Talk Iniciativas S.A. o Nervo Group Investment, aunque la documentación pedida por la comisión de investigación incluye expresamente esos nombres. Tampoco se ha esclarecido públicamente cuál ha sido exactamente el papel personal de Ignacio Cárdenas en la negociación de los contratos ni qué canales informales se utilizaron para que su empresa se situara siempre en la pole position de las adjudicaciones.

Lo que sí sabemos ya es que la Xunta de Feijóo levantó un ecosistema de contratos públicos en el que la línea entre el interés general y el interés familiar se volvió peligrosamente borrosa.

Y que, una vez estalló el escándalo, la reacción del aparato político no fue abrir ventanas y entregar toda la información, sino retrasar publicaciones, minimizar cifras y refugiarse en la coartada de la emergencia.

Frente a esa cultura del favor y de la opacidad, la exigencia democrática es clara: auditorías independientes, publicación íntegra y accesible de todos los expedientes, identificación de los beneficiarios últimos de las empresas adjudicatarias y, si se confirman las sospechas de trato de favor, depuración de responsabilidades políticas además de las eventuales responsabilidades penales. 

Porque lo que está en juego no son solo los contratos de la Covid, sino la confianza de la ciudadanía en que los recursos públicos no se convierten en un negocio privado para el entorno familiar de algunos representantes del poder político." 

(Cristina Papin Marcote  , InfoLibre, 03/12/25) 

10.6.26

El hijo de Trump posee en secreto una participación en una startup de refinería de petróleo en Texas que aseguró una inversión de nueve cifras de la familia Ambani: Donald Trump Jr. adquirió en secreto una participación en America First Refining, una startup de refinería de petróleo en Texas que estaba luchando y que posteriormente recibió una inversión de nueve cifras de Reliance Industries de India—propiedad de la familia Ambani, cuyo patriarca había sido atacado públicamente por la administración Trump debido a las compras de petróleo ruso solo unos meses antes—según una nueva investigación de ProPublica. La inversión coincidió con una serie de victorias políticas de EE. UU. para Reliance, incluyendo una drástica reducción de tarifas para India, una licencia para comprar petróleo venezolano y una exención de sanciones para comprar crudo ruso (Drop Site News)

 "(...) Trump Jr. posee en secreto una participación en una startup de refinería de petróleo en Texas que aseguró una inversión de nueve cifras de la familia Ambani: Donald Trump Jr. adquirió en secreto una participación en America First Refining, una startup de refinería de petróleo en Texas que estaba luchando y que posteriormente recibió una inversión de nueve cifras de Reliance Industries de India—propiedad de la familia Ambani, cuyo patriarca había sido atacado públicamente por la administración Trump debido a las compras de petróleo ruso solo unos meses antes—según una nueva investigación de ProPublica. La inversión coincidió con una serie de victorias políticas de EE. UU. para Reliance, incluyendo una drástica reducción de tarifas para India, una licencia para comprar petróleo venezolano y una exención de sanciones para comprar crudo ruso. Lee más sobre la conexión Trump-Ambani aquí.(...)"

(Drop site News, 09/06/26, traducción Quillbot) 

6.6.26

El delito de apellidarse Sánchez Pérez-Castejón... ¿Su principal delito? Ser hermano del presidente del Gobierno... El hermano del presidente del Gobierno es director de orquesta. Estudió en una de las escuelas de música más prestigiosas y antiguas del mundo: el Conservatorio Estatal Rimsky-Kosakov de San Petersburgo. Trabajó durante años como director de orquesta en esa ciudad rusa. En 2015, el diario El Mundo lo calificaba como “uno de los directores de orquesta españoles más reconocidos en el extranjero”... El juicio que se celebra estos días en la Audiencia Provincial de Badajoz es completamente anómalo porque ni siquiera hay pruebas solventes de que realmente David Sánchez fuera enchufado. Y los pocos indicios que había han quedado desarbolados esta semana, durante las declaraciones de los testigos. Es un nuevo proceso de Kafka... A la convocatoria de la Diputación se presentaron 11 personas. David Sánchez Pérez-Castejón obtuvo la valoración más alta: 90 puntos sobre 100... lógico en uno de los mejores directores de orquesta españoles... Otros testigos del juicio han desmontado también otras de las acusaciones contra David Sánchez: que no trabajaba o que el puesto era innecesario... No ha aparecido una sola prueba que demuestre ese “tráfico de influencias” para ese puesto... Si esto fuera un juicio normal, es muy dudoso que hubiera podido llegar siquiera a juicio. A estas alturas, cuesta creer que tantas anomalías simultáneas en tantos tribunales españoles sean culpa del azar (Ignacio Escolar)

 "El principal acusado se llama David Sánchez Pérez-Castejón, y eso es un hecho probado. Se juega ir a la cárcel: se sienta en el banquillo acusado de tráfico de influencias y prevaricación. Esta misma semana, la acusación popular ha decidido duplicar la petición de condena para él. Organizaciones como Manos Limpias, Abogados Cristianos, Hazte Oír, PP o Vox pedían tres años de cárcel. Les pareció poco. Ahora piden seis. 

¿Su principal delito? Ser hermano del presidente del Gobierno, el tan odiado por la derecha Pedro Sánchez Pérez-Castejón. Porque si el acusado no tuviera esos apellidos, dudo que hubiéramos llegado hasta aquí. 

El juicio que se celebra estos días en la Audiencia Provincial de Badajoz es completamente anómalo, por tres razones.

La primera, porque es muy raro encontrar un proceso penal por un supuesto enchufe. Lo habitual con las oposiciones amañadas, los contratos a dedo o los puestos de trabajo ficticios es que se juzguen por la vía contencioso-administrativa: sin condenas de cárcel. Incluso en los casos más graves y flagrantes, que en ocasiones sí van por lo penal, la condena al cargo público suele ser la inhabilitación, no la prisión. 

La segunda, porque es aún más inusual que se juzgue al enchufado. 

La tercera, porque ni siquiera hay pruebas solventes de que realmente David Sánchez fuera enchufado. Y los pocos indicios que había han quedado desarbolados esta semana, durante las declaraciones de los testigos.

Es un nuevo proceso de Kafka. El proceso Sánchez Pérez-Castejón. 

Vayamos primero a los precedentes. 

De la Universidad al Tribunal de Cuentas

En el Supremo hay decenas de sentencias que anulan plazas universitarias decididas ilegalmente. Casos donde el perfil estaba redactado a la medida de un candidato, donde los méritos que se piden coinciden sospechosamente con los del enchufado o donde la comisión de selección fue arbitraria. Todas esas sentencias terminan igual: con la anulación de la plaza y la repetición del procedimiento. Casi nunca se juzga al enchufado, que a lo más que se arriesga es a perder el puesto. Son procesos administrativos, no penales. Es lo que pasó, por ejemplo, con esta plaza en la Universidad de Oviedo.

Otro caso de enchufismo, en una institución donde el nepotismo es más que una sombra: el Tribunal de Cuentas. De 700 empleados, más de un centenar tenían lazos familiares con los altos cargos y consejeros de este organismo, según una investigación publicada en 2014 por El País.

Entre 2014 y 2017, el Supremo desmontó uno de estos enchufes: una plaza de subdirector adjudicada al hermano de Javier Medina Guijarro, entonces vicepresidente y consejero del Tribunal de Cuentas a propuesta del PP. 

Primero se colocó a dedo al hermano de Medina en el cargo de subdirector en comisión de servicios. Después se modificaron los requisitos para el puesto mediante una supuesta “corrección de errores” que eliminaba exigencias que el enchufado no cumplía, como saber inglés y francés. Más tarde se dejó la convocatoria desierta, para que siguiera el hermano. Por último, se volvió a convocar otra vez la plaza, de nuevo a su medida, que así ganó.

El caso se resolvió por la vía contencioso-administrativa, no por la penal. El Supremo anuló una tras otra esas actuaciones. Hicieron falta cuatro sentencias y dos autos, entre 2014 y 2017, para que el Tribunal de Cuentas desistiera del enchufe y convocara la plaza de forma legal. En una de estas sentencias, el Supremo concluyó que estos movimientos eran una “desviación de poder” que tenían “una finalidad torcida”: que el puesto lo ganara el hermano de Javier Medina, no el candidato más idóneo. 

¿La condena? En la práctica, solo las costas judiciales: 38.000 euros en total, que tuvo que pagar el Tribunal de Cuentas (no su vicepresidente). El hermano ni siquiera tuvo que devolver el dinero cobrado desde que fue enchufado hasta que su nombramiento se anuló.

No era siquiera el primer indicio de nepotismo. Casualmente, Javier Medina tenía entonces trabajando en el Tribunal de Cuentas a su hermana, a su mujer, a un familiar de su mujer… y a su hermano.

Hubo un intento de juzgar como prevaricación ese enchufe, pero la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo archivó la querella presentada contra Javier Medina. ¿Los argumentos? Que una ilegalidad administrativa no es lo mismo que un delito de prevaricación: hace falta que sea una arbitrariedad grosera sin ninguna justificación, dijo el Supremo (con dos votos particulares en contra que sí pidieron investigar). Ni siquiera ante un ejemplo así, se vieron indicios suficientes para abrir una causa por lo penal. 

Hay que esforzarse mucho para que un enchufe se convierta en un juicio penal. Para que haya delito, dice la jurisprudencia del Supremo, hace falta un enchufe campanudo y a las bravas. Como lo que hacía Baltar en la Diputación de Ourense.

Las cacicadas de Baltar

José Luis Baltar Pumar, expresidente de la Diputación de Ourense, sí fue juzgado y condenado por lo penal: por contratar ilegalmente a 104 personas. Todas a dedo: sin publicidad ni concurrencia, sin el más mínimo respeto por el procedimiento legal. 

En aquellos años, la Diputación de Ourense llegó a tener 33 porteros en nómina para un edificio con solo tres puertas.

Los 104 enchufados eran en su mayoría familiares y cargos vinculados al aparato local del PP. Todos esos contratos ilegales se firmaron en apenas tres meses: entre enero y marzo de 2010. La fecha no es casual: en ese mismo periodo, el PP de Ourense celebraba un reñido congreso provincial. Uno clave, porque Baltar padre se retiraba y pretendía dejar en herencia el cargo de presidente de la Diputación a su hijo, José Manuel Baltar.

Los enchufes cumplieron su función. Baltar hijo ganó el congreso del PP y sucedió a Baltar padre como presidente provincial del partido y de la Diputación. Entre padre e hijo, sumaron 33 años al frente de esa institución. Tuvo que llegar un radar de la DGT que pilló a José Manuel Baltar conduciendo a más de 200 kilómetros por hora para que la saga familiar perdiera la Diputación. 

Aquellos enchufes se juzgaron por lo penal. ¿La sentencia? José Luis Baltar fue condenado a 9 años de inhabilitación. Un chiste, porque para entonces Baltar padre ya estaba jubilado: no ocupaba cargo público ni tampoco aspiraba a ninguno. En la práctica, la condena no tuvo ningún efecto. 

Los enchufados de Baltar no fueron juzgados. Tampoco esos cargos del PP local que aceptaron este trato de favor para ellos o sus familiares. Tampoco el beneficiado indirecto de los enchufes, su hijo y sucesor. La sentencia tampoco obligó a los enchufados a devolver el dinero cobrado de la Diputación. 

En aquellos años, el máximo responsable del PP gallego era Alberto Núñez Feijóo. Hoy es el líder nacional de un partido que pide cuatro años de cárcel para Miguel Gallardo, el expresidente de la Diputación de Badajoz. 

La hermana de Moreno Bonilla

Otro ejemplo. En 2019, al poco de ganar Juan Manuel Moreno Bonilla la presidencia de la Junta de Andalucía, su hermana se llevó una plaza pública que dependía de esta administración: directora del conservatorio superior de danza de Málaga. Otra candidata denunció el nombramiento ante la Fiscalía. En el concurso de méritos, ella tenía 49,5 puntos. La hermana de Moreno Bonilla, solo 38,2.

El caso se cerró sin llegar siquiera a juicio. La Junta defendió que la elección de la hermana de Moreno Bonilla no dependía solo de esa puntuación y que la Inspección Educativa desaconsejó el nombramiento de la otra candidata. La Fiscalía archivó la investigación. 

Un último precedente, aún más reciente y donde muy pronto habrá sentencia: el proceso penal contra José Luis Ábalos por, entre otros motivos, enchufar a su entonces pareja, Jessica Rodríguez, en una empresa pública a la que no consta que fuera a trabajar. 

¿Está siquiera imputada Jessica Rodríguez? Por supuesto que no. 

De San Petersburgo a Badajoz

Vistos los precedentes, es difícil sostener una acusación penal contra David Sánchez. Incluso si hubiera sido enchufado. Pero es que ni siquiera hay evidencia de que tal enchufe sea real.

El hermano del presidente del Gobierno es director de orquesta. Estudió en una de las escuelas de música más prestigiosas y antiguas del mundo: el Conservatorio Estatal Rimsky-Kosakov de San Petersburgo. Trabajó durante años como director de orquesta en esa ciudad rusa. En 2015, antes de que fuera acusado de enchufe, el diario El Mundo lo calificaba como “uno de los directores de orquesta españoles más reconocidos en el extranjero”.

En 2017, fue contratado por la Diputación de Badajoz como “coordinador de actividades de los conservatorios de música”. Más tarde su puesto fue modificado y pasó a denominarse “jefe de la oficina de artes escénicas”. Hoy está siendo juzgado por los presuntos delitos de “tráfico de influencias” y “prevaricación”.

La denuncia inicial fue de Manos Limpias. Llena de mentiras, como que tenía 1,4 millones de euros en acciones del BBVA (falso, eran 71.000 euros). O que no iba a trabajar (falso, como están demostrando las declaraciones de los testigos). O incluso que vivía en Portugal (en Elvas, a media hora de su trabajo), como si eso también fuera un delito.

La jueza de instrucción que ha procesado penalmente a David Sánchez –en contra del criterio de la Fiscalía– se llama Beatriz Biedma. Su acusación es que esa plaza de la Diputación se creó a medida porque David era el hermano del secretario general del PSOE. Que ese puesto no era necesario y se diseñó específicamente para él. 

Es la misma teoría que alentó esta semana en el juicio el teniente coronel de la UCO Antonio Balas: “Entendemos que [la decisión de crear el puesto] partió de un nivel superior con capacidad política”. A Balas también “le llamó la atención” la “urgencia” para crear esa plaza. Las acusaciones argumentan que esa plaza siempre fue “con bicho”: que fue creada solo con el afán de contratar al hermano del hoy presidente del Gobierno.

Hay un problema: las fechas de cuándo se crea esa plaza no cuadran con el enchufe.

David Sánchez fue contratado en julio de 2017: poco después de que su hermano recuperara la secretaria general del PSOE, tras su victoria en las primarias de 2017. Pero la creación de ese puesto de coordinador de los conservatorios es del año anterior. La propuesta aparece por primera vez el 17 de octubre de 2016 y la dotación presupuestaria se aprueba el 4 de noviembre de ese mismo año.

Cuando se crea esa plaza, Pedro Sánchez es un apestado en el PSOE.

Unas semanas antes, el 1 de octubre de 2016, el Comité Federal del PSOE había forzado su salida como secretario general. Y en el proceso interno que se vivió después, Miguel Ángel Gallardo apoyaba a Susana Díaz. No parece que en el otoño de 2016, el presidente de la Diputación de Badajoz tuviera razón alguna para enchufar al hermano del entonces defenestrado secretario general.

Contra lo que algunos creen, tampoco era una plaza de funcionario de carrera: fue un puesto de personal laboral de alta dirección. El detalle es importante: era un trabajo del que después te pueden despedir con relativa facilidad. Y que también tiene requisitos más laxos para la contratación. 

A la convocatoria de la Diputación se presentaron 11 personas. Tras las entrevistas, cinco candidatos fueron considerados no aptos para el desempeño del puesto y seis aptos. Entre estos últimos estaba David Sánchez Pérez-Castejón, que obtuvo la valoración más alta: 90 puntos sobre 100.  

¿El resto de las pruebas contra él? Que se interesó por los pisos en Badajoz antes de ganar la plaza –algo lógico si estás ante la posibilidad de que la puedas lograr–. Y también un correo electrónico sobre la convocatoria de la plaza de Evaristo Valentí, director del Conservatorio Superior de Badajoz, que utilizó la palabra “hermanísimo” el 17 de mayo de 2017. Valentí explicó ante el tribunal que usó ese término porque había “rumores” de que se presentaría a esa convocatoria, no de que la fuera a ganar; que utilizó el término en tono jocoso. Y que conocía a David Sánchez igual que al 80% de los candidatos que se presentaban a ese puesto. 

Otros testigos del juicio han desmontado también otras de las acusaciones contra David Sánchez: que no trabajaba o que el puesto era innecesario.

Si esto fuera un juicio normal, tras estos testimonios, es muy dudoso que pudiera acabar con una condena. No ha aparecido una sola prueba que demuestre ese “tráfico de influencias” para ese puesto. Menos aún que ese delito lo haya cometido el propio David Sánchez.                  

Pero si esto fuera un proceso penal normal, también es muy dudoso que hubiera podido llegar siquiera a juicio. A estas alturas, cuesta creer que tantas anomalías simultáneas en tantos tribunales españoles sean culpa del azar."

 (Ignacio Escolar, Gaceta Crítica, 06/06/26, fuente eldiario.es)

 

17.3.26

Elecciones en Castilla y León: la pequeña burguesía empresarial, un bloque terrateniente propietario y una capa social urbana más o menos acomodada netamente dependiente del rentismo y funcionariado, dan forma a un armazón granítico capaz de levantar tras décadas una visión para entender, ser y ordenar el mundo tanto en Castilla como en León. Un entramado clientelar donde los antiguos regímenes caciquiles operan, pero que para ser entendida debemos observarla esencialmente como un engranaje político e ideológico. Donde lo institucional, lo empresarial y lo religioso se entremezclan infiltrándose por los intersticios sociales de la región... Se identifica ya un claro patrón en el interior peninsular que puede reconocerse recientemente en las elecciones de Extremadura y Aragón. Vox se afirma como el partido de los pequeños terratenientes de las pequeñas ciudades marcadas por la agroindustria. Grandes superficies de cultivo intensivo tan dependientes de mano de obra migrante como de las ayudas europeas y los mercados internacionales, en los que la descomposición de las comunidades tradicionales avanza ( Víctor de la Fuente)

"León y especialmente Castilla han vuelto a hacer lo que mejor saben, como remarcaba Azorín en sus versos sobre esta tierra, busca frenar el tiempo, perpetuar lo momentáneo. “Del pasado dichoso sólo podemos conservar el recuerdo; es decir, la fragancia del vaso”. El bipartidismo sale reforzado en todas sus expresiones, zonas rurales y urbanas, renta y edad apenas permiten distinguir entre los dos grandes partidos que dominan en todas las franjas. Tras estas elecciones el Partido Popular cumplirá más de cuarenta años gobernando ininterrumpidamente.

Es una demostración vigente de eso que llamamos hegemonía. Que no es sino la capacidad de una clase social para generar consenso en torno a sus propias ideas e intereses. Haciendo de sus intereses particulares un marco común para gran parte de la sociedad que los asume como propios. La conjugación armada entre la pequeña burguesía empresarial, un bloque terrateniente propietario y una capa social urbana más o menos acomodada netamente dependiente del rentismo y funcionariado, dan forma a un armazón granítico capaz de levantar tras décadas una visión para entender, ser y ordenar el mundo tanto en Castilla como en León. Un entramado clientelar donde los antiguos regímenes caciquiles operan, pero que para ser entendida debemos observarla esencialmente como un engranaje político e ideológico. Donde lo institucional, lo empresarial y lo religioso se entremezclan infiltrándose por los intersticios sociales de la región más extensa de todo el Estado español y la tercera de Europa.

Sobre estos pilares sociales se levantará un nuevo gobierno del Partido Popular y Vox. Un terreno en disputa donde Vox ha encontrado un anclaje fuerte. Se identifica ya un claro patrón en el interior peninsular que puede reconocerse recientemente en las elecciones de Extremadura y Aragón. Vox se afirma como el partido de los pequeños terratenientes de las pequeñas ciudades marcadas por la agroindustria. Grandes superficies de cultivo intensivo tan dependientes de mano de obra migrante como de las ayudas europeas y los mercados internacionales, en los que la descomposición de las comunidades tradicionales avanza. Municipios que concentran una parte importante de población y donde la disputa con el PP es más abierta que en los municipios muy pequeños, los de menos de 500 habitantes que son la mayoría (1.800 de 2.246) en toda la comunidad.
El alcalde de Soria sale triunfante

A pesar de la victoria de la derecha, uno de los grandes triunfadores de la noche ha sido el cuatro veces alcalde de Soria, Carlos Martínez. Este ha conseguido romper la tendencia de caída abrupta que venía sufriendo el PSOE. Acercándose a uno de los mejores resultados de los socialistas en Castilla y León. Si bien la diferencia de votos del PSOE respecto al PP se amplía comparado con las anteriores elecciones de 2022, la buena campaña de los socialistas, el papel de su candidato y la absorción de las candidaturas de IU y de Podemos a su izquierda, le han permitido alcanzar un buen resultado.

Posiblemente el “No a la guerra” de Sánchez y la ayuda siempre inestimable del leonés José Luis Rodríguez Zapatero, han ayudado a los socialistas. Pero haríamos mal en exagerar y sacar conclusiones apresuradas de los efectos de estos movimientos, más aún en una región profundamente viciada por la dinámica social y política propia, una tierra obsesionada con que los tiempos no corran demasiado rápido.

El leonesismo sigue vivo, sin embargo no se cumplieron las expectativas marcadas por las encuestas. Unión del Pueblo Leonés (UPL) se asienta como tercera fuerza en la provincia de León tras un empate casi perfecto del PSOE y el PP. Reafirma así una realidad que a pesar de los esfuerzos propagandísticos de la Junta no deja de salir a la luz, la inoperancia de una identidad autonómica artificial que no es reconocida por una parte importante de la sociedad.
No basta con que todo arda

Una de las paradojas de esta jornada electoral la reflejan las cenizas de los incendios del pasado verano. Una oleada de llamas histórica que arrasó parajes naturales únicos, bosques y pueblos reducidos a cenizas tras días de llamas como expresión más visible del cambio climático. Sin embargo, este desastre que arrasa en horas lo que tardó décadas e incluso siglos en levantarse, no es suficiente para remover la hegemonía conservadora que entierra sus raíces a gran profundidad. La realidad es mucho más compleja que esperar a que cuando se posen las cenizas es suficiente con llegar y esperar recoger los restos del desastre bajo los cabreos y la indignación del vecindario.

Zamora es posiblemente el mejor ejemplo de ello. Es la provincia más afectada por los incendios en los últimos años y una de las regiones que más sufre la despoblación y la pobreza estructural en toda Europa. Sin embargo, el Partido Popular continúa siendo la fuerza política dominante en la provincia. Mañueco no es querido, pero garantiza un mínimo suficiente como para no arriesgarse a cualquier tipo de cambio. El PSOE no recoge en la mayor parte de estas comarcas el impacto de los incendios. Mucho menos se benefician las opciones a su izquierda, quienes han insistido en el desmantelamiento de unos servicios públicos casi inexistentes en las zonas rurales, quienes vienen denunciando la destrucción de los servicios de extinción de incendios y hablando de ecologismo y cambio climático, desaparecen completamente de Castilla y León.

Para una tierra como esta diez años no son nada. Un tiempo demasiado corto para un lugar donde el tiempo pasa tan despacio. Sin embargo, esta década ha sido suficiente para que Podemos pierda 150.000 votos, que son la diferencia entre su resultado en 2015 y los recientes comicios. Lo mínimo exigible sería una reflexión profunda sobre el principal hito de la izquierda parlamentaria en esta franja de tiempo. ¿Qué ha mejorado la presencia de Podemos e Izquierda Unida en un gobierno supeditado al PSOE? Lo cierto es que la respuesta a las dos grandes disyuntivas de esta pregunta tienen un mismo resultado: en nada.


Ni los grandes problemas que asolan a la clase trabajadora han vivido algún viso de mejora, principalmente en el terreno de la asequibilidad (el aumento de la pobreza, la escalada especulativa de la vivienda y la degradación de los servicios públicos). Ni la izquierda se ha visto reforzada política y socialmente por su participación en el cogobierno. Los resultados electorales son una prueba nítida de ello. El desastre electoral sólo refleja la descomposición política de un proyecto cuya única propuesta es replicar el cogobierno estatal, asentado sobre el miedo a la extrema derecha e incapaz de afrontar al menos las consecuencias, no digamos ya las causas, de los grandes conflictos estructurales que atravesamos.

El problema central no es de simple aritmética electoral, ni lo resolverá la demoscopia, sino de claridad política. Es necesario abrir un debate entre todas aquellas personas, colectivos sociales, sindicales y políticos que se sitúen a este lado de la necesidad de una ruptura con el capitalismo. Romper con la vorágine de derrota y descomposición provincia a provincia, comarca a comarca, tanto en León como en Castilla para superar la tendencia al folclorismo y la resignación. Una vía que nacerá inevitablemente como pequeña pero que sitúe al menos la necesidad y posibilidad de una alternativa política a un progresismo en descomposición. Un debate que debemos alimentar, que sitúe la iniciativa como una posibilidad real en el marco de la lucha de clases que se desarrolla cotidianamente tanto en Castilla, como en León y que reconozca el derecho democrático a articularse. Será sin prisa, no hay otra forma, pero marcando un horizonte claro en esta tierra tan ancha."

23.2.26

Trump ha utilizado la política exterior estadounidense principalmente para aumentar su propia riqueza, reforzar su estatus y beneficiar personalmente a un pequeño círculo de familiares, amigos y leales. La política exterior estadounidense ahora está en gran medida subordinada a los intereses privados del presidente y sus simpatizantes... la disposición de Trump no es meramente patrimonial; es cleptocrática. En las cleptocracias, la corrupción es el fin; el objetivo de ocupar y conservar el cargo es enriquecer al gobernante y a su círculo íntimo. La regulación, la aplicación de la ley, la contratación pública e incluso la diplomacia se convierten en medios de autocontratación: de extraer recursos, controlar los flujos de ingresos y desviar la riqueza hacia familiares, amigos y aliados... bajo el gobierno de Trump, la cleptocracia y la ideología están inextricablemente entrelazadas. Y eso aumenta la probabilidad de que la gobernanza cleptocrática, tanto en política nacional como exterior, perdure incluso después de que deje el cargo (Alexander Cooley)

 "Los analistas han tenido dificultades durante mucho tiempo para caracterizar la política exterior del presidente estadounidense Donald Trump. Dado que Trump rechaza rotundamente las sensibilidades liberal-internacionalistas, muchos lo han asociado con cierta forma de realismo, entendido como la búsqueda del interés nacional definido enteramente en términos de poder. Durante su primer mandato, después de que su Estrategia de Seguridad Nacional de 2017 invocara la "competencia entre grandes potencias", la comunidad de política exterior utilizó la frase como un decodificador para justificar sus maniobras. Más recientemente, muchos han afirmado que, por el contrario, Trump claramente favorece un mundo en el que las grandes potencias coluden para dividir el mundo en esferas de influencia. A lo largo de todo este tiempo, la única interpretación constante ha sido que Trump tiene un enfoque "transaccional" de la política internacional: el "arte del trato" como gran estrategia.

Pero todas estas evaluaciones se basan en un error de categoría. Parten de la premisa de que el objetivo principal de la administración Trump es, como insiste su Estrategia de Seguridad Nacional 2025, promover los "intereses nacionales fundamentales" de Estados Unidos. De hecho, los debates estadounidenses sobre política exterior, seguridad nacional y gran estrategia dan por sentado que los líderes diseñan políticas para servir al bien público —incluso si su visión del interés público es errónea— en lugar de enriquecerse o inflar su gloria personal. Por eso, tantos análisis de política exterior argumentan que "Estados Unidos" o "Washington" deberían adoptar una política específica. Asumen que Estados Unidos tiene intereses que trascienden los partidos y que sus funcionarios ocupan sus cargos como una confianza pública.

Sin embargo, la administración Trump ha destruido esta premisa. Especialmente en su segundo mandato, Trump ha utilizado la política exterior estadounidense principalmente para aumentar su propia riqueza, reforzar su estatus y beneficiar personalmente a un pequeño círculo de familiares, amigos y leales. La política exterior estadounidense ahora está en gran medida subordinada a los intereses privados del presidente y sus simpatizantes. Estos intereses pueden, en ocasiones, coincidir con una comprensión plausible del bien público. Sin embargo, con mucha más frecuencia, la administración Trump invoca los intereses nacionales de Estados Unidos para desviar la atención de sus intereses personales, erosionando la distinción entre sus intereses privados y los del pueblo estadounidense.

Muchos informes de prensa sobre cómo los acuerdos exteriores de Trump llenarán los bolsillos de sus partidarios aún tratan dichos acuerdos como pagos secundarios, no como el propósito principal de su arte de gobernar. Pero si la política exterior de la administración no fuera fundamentalmente cleptocrática, no estaría intentando sistemáticamente subvertir la independencia de, o simplemente inhabilitar, las instituciones que durante mucho tiempo han hecho la política exterior de EE. UU., incluido el Consejo de Seguridad Nacional, el Departamento de Estado y el Departamento de Defensa. Esta desinstitucionalización casi con seguridad socavará la formulación de políticas estadounidenses durante al menos una década. No se basaría en una práctica que podría llamarse "agrupación transaccional", que colapsa intencionalmente la resolución de conflictos, las negociaciones económicas y los acuerdos que benefician a los compinches de Trump en grandiosos megaacuerdos que son difíciles o imposibles de escrutar. Y no habría desmantelado sistemáticamente décadas de esfuerzos bipartidistas para combatir la corrupción internacional.

Es tentador considerar los negocios corruptos de Trump menos importantes que la adopción de la ideología de extrema derecha por parte de su administración. Al fin y al cabo, la derecha reaccionaria sí tiene una visión del interés nacional, aunque fascista y destructiva. Pero bajo el gobierno de Trump, la cleptocracia y la ideología están inextricablemente entrelazadas. Y eso aumenta la probabilidad de que la gobernanza cleptocrática, tanto en política nacional como exterior, perdure incluso después de que deje el cargo.

Ola gigante

Los politólogos Stephen Hanson y Jeffrey Kopstein argumentan que el trumpismo forma parte de una "ola patrimonial" global que también ha arrasado países como Hungría, Israel, Rusia y Turquía. En todos estos países —aunque con distintos grados de éxito— los líderes han buscado reconfigurar los estados modernos, burocráticos y, a menudo, democráticos, para convertirlos en extensiones de su autoridad personal o la de sus partidos políticos. Estos regímenes "neopatrimoniales" conservan la apariencia de procedimientos imparciales y la parafernalia de una burocracia profesional. Pero sus líderes nombran a sus compinches para puestos políticos especializados, subvierten la independencia de la función pública y reorientan los engranajes de la administración para recompensar a sus partidarios y castigar a sus rivales.

En un sistema neopatrimonial, la corrupción puede ser un medio para un fin: una forma de mantener la lealtad, construir coaliciones y consolidar el poder. Pero la disposición de Trump no es meramente patrimonial; es cleptocrática. En las cleptocracias, la corrupción es el fin; el objetivo de ocupar y conservar el cargo es enriquecer al gobernante y a su círculo íntimo. La regulación, la aplicación de la ley, la contratación pública e incluso la diplomacia se convierten en medios de autocontratación: de extraer recursos, controlar los flujos de ingresos y desviar la riqueza hacia familiares, amigos y aliados.

La historia política estadounidense está repleta de ejemplos de corrupción. Sin embargo, con el tiempo, Estados Unidos construyó sólidas protecciones contra la cleptocracia abierta, especialmente a nivel nacional, incluyendo tribunales independientes y supervisión legislativa. La histórica Ley Pendleton de 1883 limitó el sistema de compensación al instituir un servicio civil meritocrático. Con el tiempo, reformas adicionales —como normas estrictas para la contratación pública, requisitos de divulgación financiera y la creación de inspectores generales— redujeron aún más las oportunidades de corrupción.

Estados Unidos no estableció un Servicio Exterior moderno y unificado hasta 1924, cuando exigió a los solicitantes aprobar un examen exhaustivo. Con el tiempo, este Servicio Exterior profesionalizado amplió su infraestructura para la formación de oficiales en idiomas extranjeros y asuntos técnicos. A medida que los altos funcionarios transmitían sus conocimientos y experiencia a los más jóvenes, Estados Unidos acumuló un capital diplomático inigualable.

No obstante, Estados Unidos siguió siendo una excepción entre otras democracias consolidadas: los presidentes estadounidenses designaban rutinariamente a donantes políticos adinerados para puestos de embajadores y ocupaban más puestos de liderazgo con nombramientos políticos. Aun así, durante décadas antes del segundo mandato de Trump, Washington se apoyó en un aparato de política exterior altamente institucionalizado, en parte para intentar garantizar que la estrategia estadounidense en el exterior reflejara los intereses nacionales. Si bien el presidente gozaba de amplio margen para definir dichos intereses, no podía simplemente dictarlos. Los presidentes excedían los límites de su autoridad, por supuesto, pero tanto los legisladores republicanos como los demócratas consideraban su deber proteger las prerrogativas del Congreso de las intrusiones de una presidencia imperial.

La política exterior fue desarrollada por diversas agencias burocráticas, como el Departamento de Estado, el Departamento de Defensa, la CIA y la Administración Nacional de Seguridad Nuclear. Todas estas agencias estaban compuestas principalmente por funcionarios públicos y militares. Su labor se basaba en la experiencia de funcionarios de carrera especializados en temas, países o regiones específicas. Los expertos deliberaban en un sistema coordinado por el Consejo de Seguridad Nacional. Si bien podía resultar engorroso, este sistema ofrecía numerosas ventajas, como mantener la continuidad de las políticas entre administraciones, lo que permitía a Estados Unidos comprometerse con credibilidad con tratados a largo plazo. También facultaba a funcionarios públicos no partidistas para plantear inquietudes sobre si los acuerdos propuestos servían al bien público, cuestionar su viabilidad o legalidad, o denunciar conductas poco éticas.

Los funcionarios de Trump afirman que quieren erradicar la intención del "estado profundo" de sabotear las iniciativas políticas del presidente. Pero en realidad, la administración quiere más que un personal meramente dócil. Quiere desmantelar por completo el aparato de política exterior del gobierno. Este hecho se hizo más evidente con el desmantelamiento completo de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), que durante décadas supervisó y dirigió los programas de ayuda exterior de Washington. Pero el esfuerzo ha sido más amplio. En 2025, dentro del Departamento de Estado, más de 1350 empleados de carrera y funcionarios del servicio exterior fueron despedidos en nombre de la lucha contra la inflación. La administración ha reducido el Consejo de Seguridad Nacional (NSC) de forma aún más agresiva. Le dio al secretario de Estado, Marco Rubio, el control de la institución en lugar de permitir que operara de forma independiente. En julio, Politico informó que "menos de 100 personas" trabajaban en el NSC, en comparación con las aproximadamente 350 durante el mandato del presidente Joe Biden, y que el NSC estaba organizando muchas menos reuniones interinstitucionales. A fines de diciembre, el Departamento de Estado anunció un retiro masivo de embajadores estadounidenses, todos ellos funcionarios de carrera del Servicio Exterior, presentando falsamente esta medida como un procedimiento normal.

Bombas en paquetes

Tales maniobras han dado paso a una política exterior dirigida por un puñado de amigos y simpatizantes del presidente. Consideremos al principal diplomático de facto de Trump, Steve Witkoff. La mayoría de los presidentes designan a un veterano profesional en política exterior o a un político de alto nivel como su enviado principal (generalmente, el secretario de Estado). Trump eligió a Witkoff, un magnate inmobiliario neoyorquino sin experiencia gubernamental ni diplomática. Lo que sí tenía eran años de amistad personal con Trump, y para este presidente, eso era suficiente. Trump envió a Witkoff a negociar con los Emiratos Árabes Unidos (EAU), Irán, Hamás e Israel, y Rusia y Ucrania, a menudo en solitario.

Los otros enviados principales de Trump también son contactos personales. A menudo envía a su yerno Jared Kushner en viajes diplomáticos. Nombró a Massad Boulos, suegro de su hija Tiffany, asesor principal para Asuntos Árabes y Africanos, asesor principal del presidente para Asuntos Árabes y de Oriente Medio y asesor principal para África, todo a la vez, encargándole la intermediación de la paz entre la República Democrática del Congo y los rebeldes respaldados por Ruanda. Estos enviados reciben títulos y mandatos ambiguos que no dan lugar a los requisitos de divulgación financiera que se suelen exigir a los altos funcionarios: declaraciones que revelan sus inversiones personales, intereses comerciales y posibles conflictos de intereses. Sin dichas divulgaciones, es difícil saber si el acuerdo de diciembre de 2025 que Boulos ayudó a negociar —que implica un acuerdo de asociación estratégica bilateral entre Washington y Kinshasa que otorga a las empresas estadounidenses acceso preferencial a los minerales críticos congoleños— generó conflictos de intereses para él, para Trump o para otros funcionarios de la administración. Boulos afirmó que el acuerdo no sería "privado ni secreto de ningún modo". Pero en la ceremonia de firma, Trump celebró abiertamente una posible ganancia inesperada, prometiendo que "todos ganarán mucho dinero".

Estos acuerdos se asemejan más a acuerdos interpersonales que a acuerdos vinculantes entre estados soberanos. Suelen ser deliberadamente vagos: algunos aspectos se anuncian públicamente, mientras que otros se revelan posteriormente o se ocultan por completo. Además, suelen ser transacciones agrupadas, que engloban diversas demandas, inversiones, acuerdos comerciales, pagos privados y acuerdos de defensa en un solo paquete.

La política exterior, por supuesto, siempre ha sido transaccional: los estados hacen concesiones a cambio de beneficios, y los presidentes estadounidenses anteriores buscaron promesas de inversión y compromisos económicos junto con acuerdos diplomáticos. Sin embargo, estos acuerdos se negociaron a través de canales institucionales establecidos, con supervisión legal integrada y una clara separación entre el interés nacional y los asuntos personales de los negociadores. En el método distintivo de Trump, la publicidad de enormes cantidades totales de dólares eclipsa el análisis de los detalles, al igual que la práctica de agrupar diferentes tipos de acuerdos en lugar de revelarlos por separado, lo que dificulta mucho saber si alguno de ellos se concretó después de que una empresa ofreciera a un miembro de Trump una parte de las ganancias. Los funcionarios de Trump describen todos los componentes como ganancias inesperadas que beneficiarán al trabajador estadounidense, incluso cuando las ganancias se canalizan hacia cortesanos o empresas que han respaldado al presidente. Los paquetes resultantes están diseñados no solo para facilitar la corrupción, sino para ocultarla sistemáticamente.

Los paquetes transaccionales que la administración anunció tras la gira de Trump por Oriente Medio en mayo de 2025 ilustran este patrón. La administración pregonó el compromiso saudí de invertir 600.000 millones de dólares en la economía estadounidense, aunque las inversiones previstas en la hoja informativa de la Casa Blanca no alcanzaron esta cifra y algunas iniciativas comenzaron bajo el mandato de Biden. Para noviembre, ese total de inversión se había incrementado hasta un billón de dólares. Si bien las grandes ventas de armas —como la de los F-35, codiciadas desde hacía tiempo por Riad y bloqueadas previamente por Washington por motivos de seguridad nacional— forman parte claramente del intercambio, el alcance total del acuerdo sigue siendo incierto. De igual manera, la Casa Blanca anunció un acuerdo con Qatar que incluyó un pedido de 96.000 millones de dólares de Qatar Airways para aviones Boeing (el mayor pedido de aviones Boeing de fuselaje ancho de la historia), 42.000 millones de dólares en acuerdos de defensa con empresas como Raytheon y General Atomics, y una modernización de 38.000 millones de dólares de la base aérea catarí que alberga a las fuerzas estadounidenses.

Junto con estos acuerdos se incluyen acuerdos que obviamente benefician personalmente a Trump y a su familia. En mayo pasado, el secretario de Defensa de EE. UU., Pete Hegseth, reveló que Qatar le había regalado a Trump un avión de lujo Boeing, cuya modernización costará a los contribuyentes estadounidenses aproximadamente mil millones de dólares y que Trump pretende conservar tras dejar el cargo. Los Trump forman parte de acuerdos de arrendamiento de marca y de un resort de golf de lujo vinculado a Qatari Diar, una inmobiliaria respaldada por el fondo soberano de inversión del país. Además de los acuerdos oficiales de Washington con los Emiratos Árabes Unidos, la Organización Trump ha ampliado su presencia en el emirato mediante nuevos megaproyectos inmobiliarios; en abril de 2025, el hijo de Trump, Eric, anunció planes para la construcción de una Torre Trump de 80 pisos en Dubái.

Los acuerdos de Witkoff también parecen combinar intereses nacionales y personales. Lideró un acuerdo para levantar las restricciones estadounidenses a la exportación de semiconductores de alta gama a una empresa tecnológica presidida por el jeque Tahnoon bin Zayed Al Nahyan, asesor de seguridad nacional de los Emiratos Árabes Unidos. Funcionarios estadounidenses habían bloqueado previamente dicha venta, creyendo que ayudaría a China a hacerse con la tecnología. Casi al mismo tiempo, MGX, una firma de inversión presidida por Tahnoon, compró 2.000 millones de dólares en stablecoins, una forma de criptomoneda, a World Liberty Financial, cuyos cofundadores incluyen a Witkoff, sus dos hijos, Trump y los tres hijos de Trump. (La Casa Blanca afirmó que Witkoff no participó directamente en la intermediación del acuerdo de chips. "Steve Witkoff nunca ha utilizado su puesto en el gobierno para beneficiar a World Liberty Financial", afirmó la compañía en un comunicado). Este acuerdo formó parte de un acuerdo a tres bandas en el que MGX invirtió la stablecoin en Binance, una empresa de criptomonedas cuyo fundador, Changpeng Zhao, cumplía una condena de prisión en Estados Unidos por violar las regulaciones estadounidenses contra el lavado de dinero.

El enfoque de Trump incluso convierte la resolución de conflictos en una oportunidad para obtener rentas. Un amplio reportaje en The Wall Street Journal sugiere firmemente que tanto Witkoff como Kushner —quienes han ayudado a liderar las negociaciones sobre la guerra en Ucrania— están interesados ​​en las oportunidades de negocio que podrían surgir de un gran acuerdo entre Estados Unidos y Rusia, como el acceso a 300 000 millones de dólares en activos congelados del banco central ruso para proyectos conjuntos entre Estados Unidos y Rusia en exploración espacial, acuerdos minerales en el Ártico y desarrollo energético.

Incluso si ni Kushner ni Witkoff están mezclando intencionalmente sus negocios personales con negociaciones que podrían alterar permanentemente los cimientos de la seguridad estadounidense y europea, el hecho de que estén liderando dichas negociaciones crea un ambiente permisivo para que los aliados políticos se beneficien. El empresario Ronald Lauder, amigo personal de Trump, ha presionado al presidente estadounidense para que adquiera el territorio danés de Groenlandia y, durante el primer mandato de Trump, se ofreció a servir como "enviado secreto" a Dinamarca, según The New Yorker . En diciembre, el periódico danés Politiken informó que Lauder ha invertido en una compañía de agua mineral groenlandesa copropiedad de un funcionario local. (Lauder no respondió a una solicitud de comentarios que el periódico le envió a través de asociados). Y en enero, Ucrania otorgó los derechos mineros de uno de sus depósitos de litio más grandes a un consorcio que incluye a Lauder. “Al cultivar vínculos con inversores vinculados a [Trump] y su administración, Kiev se posiciona favorablemente ante el líder estadounidense, al tiempo que busca su respaldo en las conversaciones de paz con Rusia”, señaló The New York Times en un informe sobre el acuerdo. (Lauder no respondió a la solicitud de comentarios del Times ).

Demolición controlada

Quienes apoyan a la administración Trump más que su desagrado por la corrupción pública encuentran maneras de excusar sus ataques al Estado de derecho. Tejen fábulas sobre un heroico disruptor, un cruzado que erradica la corrupción del Estado profundo y sus funcionarios gorrones. La propia retórica de Trump también insensibiliza al público: tanto en sus negocios como en su vida política, el propio Trump ha equiparado desde hace tiempo el cumplimiento de las normas con "ser estafado", redefiniendo el autocontrato y la evasión fiscal como una forma astuta de negociar.

Pero el enfoque cleptocrático del equipo de Trump en política exterior ha desbaratado los esfuerzos cruciales, aunque incompletos, de Washington para contrarrestar el problema de la corrupción global, que se está extendiendo por todo el mundo. Durante las últimas tres décadas, las políticas diseñadas para impulsar el crecimiento facilitando la movilidad del capital han permitido a cleptócratas y oligarcas blanquear dinero y depositarlo en paraísos fiscales. Esa riqueza se convirtió entonces en un vector de influencia extranjera maligna en las políticas públicas y electorales de las democracias consolidadas. Numerosos informes sugieren que el dinero ruso contribuyó al éxito del referéndum del Brexit de 2016, cuyo resultado socavó la prosperidad del Reino Unido. En 2022, el Departamento de Justicia de Estados Unidos acusó al oligarca ruso Andrey Muraviev de canalizar ilegalmente un millón de dólares a través de representantes estadounidenses para influir en las elecciones intermedias de 2018.

Tales desafíos exigieron la creación de herramientas como la Ley Magnitsky de 2012, que autorizó la congelación de activos y la prohibición de viajes a funcionarios extranjeros con acusaciones creíbles de corrupción a gran escala. Durante el primer mandato de Trump, Washington hizo de la lucha contra la corrupción un elemento clave de sus críticas a la Iniciativa del Cinturón y la Ruta de China. A pesar de la oposición de Trump, el Congreso mantuvo sus esfuerzos anticorrupción al aprobar la Ley para Contrarrestar a los Adversarios de Estados Unidos Mediante Sanciones de 2017 (que reforzó la capacidad de Washington para identificar y sancionar a funcionarios corruptos en Irán, Corea del Norte y Rusia) con una mayoría a prueba de veto. La Ley de Política de Derechos Humanos de los Uigures de 2020 impuso sanciones a entidades involucradas en abusos de derechos humanos y permitió la congelación de activos de funcionarios chinos sancionados. La Ley de Transparencia Corporativa de 2021 exigió que las empresas fantasma anónimas identificaran a sus beneficiarios reales.

El gobierno de Biden priorizó la seguridad nacional al combatir la "corrupción estratégica" de China y Rusia, utilizando una frase acuñada en estas páginas en 2020 por Eric Edelman, Philip Zelikow y sus coautores, exfuncionarios del gobierno de George W. Bush. Respaldó iniciativas alternativas como el Corredor Económico India-Oriente Medio-Europa, que priorizaba la estandarización de los procedimientos de contratación y buscaba evitar la trampa de la deuda que conllevaban los préstamos chinos para infraestructura. En marzo de 2022, poco después de la invasión rusa de Ucrania, el Departamento de Justicia de Estados Unidos formó un grupo de trabajo interinstitucional, "KleptoCapture", para encontrar e incautar los activos de los oligarcas rusos en Estados Unidos; el gobierno estadounidense también coordinó esfuerzos globales para congelar sus activos internacionales.

Sin embargo, en su segundo mandato, Trump revirtió decisivamente esta trayectoria. En febrero de 2025, el gobierno dejó de aplicar la Ley de Prácticas Corruptas en el Extranjero (FCPA), la ley antisoborno emblemática de Estados Unidos. Aunque el gobierno alegó que la implementación problemática de la ley había perjudicado la competitividad económica estadounidense, la medida permitió a las empresas estadounidenses participar en sobornos en el extranjero sin temor a un procesamiento federal. Posteriormente, en marzo, el Departamento del Tesoro de Trump debilitó la Ley de Transparencia Corporativa al suspender su aplicación a las empresas estadounidenses.

La Casa Blanca también restringió la supervisión de las criptomonedas, una industria que obtiene importantes beneficios facilitando el blanqueo de capitales. En febrero de 2025, la Comisión de Bolsa y Valores (SEC) retiró o resolvió muchas de sus acciones en curso contra entidades de criptomonedas. Posteriormente, en abril, el gobierno disolvió el Equipo Nacional de Control de Criptomonedas del Departamento de Justicia y ordenó a su Unidad de Integridad del Mercado y Fraudes Graves que cesara las investigaciones sobre el sector.

Trump ha utilizado su poder de indulto para desmantelar las normas anticorrupción estadounidenses con aún más descaro. Entre los beneficiarios se incluyen personas directamente involucradas en actividades que el gobierno promociona como amenazas existenciales para la población estadounidense, como el narcotráfico. Ross Ulbricht, operador de Silk Road, el mercado de la dark web que servía como centro para la venta de drogas ilegales, y el expresidente hondureño Juan Orlando Hernández, condenado por contrabando de drogas a gran escala a Estados Unidos, recibieron indultos. En octubre pasado, Trump indultó a Zhao, fundador de Binance; cuando Zhao se declaró culpable en 2023, el Departamento de Justicia publicó un comunicado de la secretaria del Tesoro, Janet Yellen, en el que afirmaba que Binance había "permitido que el dinero fluyera a terroristas, ciberdelincuentes y abusadores de menores a través de su plataforma".

Hermandad de ladrones

Una de las mejores razones para dotar a las burocracias de profesionales —y elegir a personas con conocimientos para elaborar acuerdos de paz— es garantizar un lenguaje preciso con implicaciones prácticas y construir la infraestructura intergubernamental necesaria para una implementación exitosa. Los acuerdos apresurados e imprecisos tienden a fracasar. De hecho, el acuerdo de alto el fuego de junio de 2025 en el Congo, que dejó a Trump regodeándose, no detuvo los avances de las fuerzas rebeldes del M23, que continuaron tomando el control de ciudades congoleñas clave. En octubre, Trump se atribuyó el mérito del "acuerdo de paz" firmado por Camboya y Tailandia. Pero este acuerdo fue simplemente una declaración conjunta que dejó sin resolver importantes cuestiones de demarcación fronteriza y sin especificar los mecanismos de monitoreo; como era de esperar, unas semanas después se reanudaron los enfrentamientos transfronterizos.

Las transacciones combinadas de la administración Trump se asemejan a los acuerdos que China ha pactado con países de todo el mundo, acuerdos que Trump criticó agresivamente durante su primer mandato. Estos combinan inversiones gubernamentales con acuerdos privados para empresas chinas. Y, a menudo, estos paquetes se complementan, de forma menos pública, con acuerdos adicionales para las élites chinas y sus clientes políticos locales, como cuando Pekín acordó inflar el coste de sus proyectos de infraestructura en Malasia para canalizar fondos al corrupto y en crisis fondo soberano de inversión del país.

Pero a pesar de sus importantes contribuciones a la corrupción global, China no ha abandonado por completo el orden internacional basado en normas. Pekín mantiene una estrecha colaboración tanto con las instituciones multilaterales más antiguas como con su propio y floreciente ecosistema alternativo de organizaciones. China también sigue valorando la gobernanza tecnocrática y la supervisión experta, invirtiendo importantes recursos en educación superior e investigación y desarrollo, una postura que la ha convertido en líder de la transición energética mundial hacia energías limpias.

La administración Trump, en cambio, intenta activamente socavar cualquier sentido de orden con sus ejecuciones extrajudiciales en aguas internacionales y el incumplimiento de las obligaciones de los tratados estadounidenses por parte de sus regímenes arancelarios. Se esfuerza por sabotear muchas de las ventajas —incluyendo una sólida red de alianzas, un programa de asistencia exterior eficaz y respetado, y una asociación con un buen gobierno— que alguna vez esperó que le ayudaran a prevalecer en su rivalidad con China. Si los instintos cleptocráticos que impulsan a Trump y su círculo fueran el único problema, su salida del escenario a principios de 2029 podría ser un alivio. Pero la desinstitucionalización de la política exterior estadounidense probablemente socavará la formulación de políticas estadounidenses durante al menos una década.

La fusión de la cleptocracia con el extremismo de extrema derecha también hará que la corrupción sea más duradera. Esta unión, en Estados Unidos, trasciende ahora una mera alianza entre Trump y provocadores de derecha. Quienes con más probabilidades de tomar el relevo de Trump —personas como el vicepresidente J.D. Vance y el asesor de Seguridad Nacional, Stephen Miller— tienen una visión del interés nacional, una visión etnonacionalista basada en la restauración de las jerarquías "tradicionales" de raza, clase y género. También están comprometidos con el afianzamiento de las concentraciones oligárquicas de riqueza y la expropiación de rentas de países supuestamente inferiores.

La alianza entre la política exterior cleptocrática y el extremismo de derecha no sorprende. A la mayoría de la gente le disgusta la corrupción política, por lo que los cleptócratas necesitan chivos expiatorios para justificar el robo al público. Las minorías étnicas, raciales y sexuales sirven como culpables convenientes. Los ideólogos verdaderamente reaccionarios, por su parte, suelen estar encantados de servir como "tropas de choque" políticas de los cleptócratas a cambio de un poderoso aliado en su guerra contra sus verdaderos enemigos: los liberales, los moderados y la democracia pluralista. Debido a su fundamentalmente utópico, los extremistas de derecha tienden a no preocuparse por destrozar las instituciones y los acuerdos políticos.

Todo esto facilita que los cleptócratas extranjeros se aprovechen de Estados Unidos, un fenómeno que probablemente no cese cuando Trump deje la Casa Blanca. La transformación de la política exterior estadounidense en un instrumento de corrupción ya está creando un círculo vicioso que se retroalimenta. En lugar de intentar frenar la corrupción extranjera, Washington la fomenta. A su vez, la corrupción en el extranjero alimenta la corrupción interna.

Esta es la razón por la que los países de la Unión Europea , junto con otros miembros clave del sistema de alianzas de los Estados Unidos posterior a la Segunda Guerra Mundial, necesitan tratar al régimen de Trump como un peligro grave e inmediato para sus propios sistemas políticos. Necesitan moverse mucho más rápido para corregir las brechas en sus propios sistemas regulatorios que facilitan la corrupción internacional. Necesitan dejar de usar la riqueza offshore de oligarcas, cleptócratas y regímenes rentistas para subsidiar su propia subinversión. Las democracias del estado de derecho no pueden darse el lujo de dar marcha atrás ante las amenazas de represalias de los Estados Unidos. La administración Trump claramente prefiere otros regímenes neopatrimoniales a las democracias europeas, y figuras como Vance se están moviendo para impulsar a los partidos europeos de derecha que disfrutan del apoyo de la riqueza cleptocrática.

Dado que es improbable que el Congreso ejerza sus poderes para poner fin a estas prácticas, el daño a la seguridad y la prosperidad del pueblo estadounidense seguirá acelerándose. Pero hay algo que los analistas de política exterior pueden hacer: dejar de ofuscar la realidad de la política exterior de Trump llamándola realismo, competencia entre grandes potencias o mero transaccionalismo. La política exterior de Trump constituye una amenaza existencial no solo para la posibilidad de reconstruir una república constitucional en Estados Unidos, sino también para la supervivencia de las democracias en el extranjero. Cada intento de normalizar la política exterior de Trump, cada evaluación de su "gran estrategia" que deja de lado su lógica explícita e implícita, solo exacerba el peligro." 

(Alexander Cooley* y Daniel Nexon, Other news, 19/02/26)