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27.12.21

¿Resucita Asturias? En el Principado crece la sensación de que hay motivos para el optimismo con respecto a enterrar la crisis aparentemente interminable que desangra a la región desde hace 40 años

 "(...) Puede que haya un futuro para Asturias, después de todo; el proporcionado por el boom del turismo, la conclusión de la faraónica Variante de Pajares –que, además de acortar el tiempo de los trayectos de pasajeros, mejorará destacablemente el tráfico de mercancías– o las inversiones descarbonizadoras por valor de mil millones de euros que parecen garantía –celebrada como tal por los sindicatos– del futuro de ArcelorMittal, responsable directa del 12% del PIB asturiano: la construcción, en la planta de Gijón, de una planta de DRI alimentada con mineral de hierro, pero también con hidrógeno verde, que reducirá el consumo de mineral de hierro, e instalación de un nuevo horno de arco eléctrico; inversiones que recortarán a la mitad las emisiones de carbono en cinco años.

Las perspectivas mejoran también en lo demográfico, aunque sea por motivos de los que no quepa alegrarse: la extensión del teletrabajo es uno, la COVID-19 es otro, y tal vez el principal sea el cambio climático.

Un relevo generacional

A Asturias afluyen ya de manera notable foráneos atraídos por su clima bonancible, su belleza natural o la calidad de sus servicios públicos, demostrada durante la pandemia: el Principado fue desde el primer momento la comunidad con mejor ritmo de vacunación. Aldeas remotas de concejos al borde de la extinción poblacional reverdecen ya con este aporte de neorrurales a quienes los meses de confinamiento terminaron por espantar de la gran ciudad. 

La periodista Elena Plaza, buena conocedora de este fenómeno, menciona sobre esto último “el efecto dominó de alguna avanzadilla que viene, se enamora de Asturias y lo recomienda a sus amigos, fascinados por la calidad de vida o que tengas el monte y la mar tan cerca”. Cualquier distancia asturiana parece corta a quien, acostumbrado a “hasta hora y media de transporte público en Madrid», ve que “aquí te plantas desde Oviedo en Ribadedeva”. En Ponga, un concejo recóndito de belleza abrumadora, pero que se cuenta entre los que han sufrido una sangría demográfica más brutal, acaba de abrirse una guardería municipal; algo que hubiera sido insólito hace no tantos años.

La digitalización abre a la España vaciada –y hay una España vaciada en Asturias, que concentra en una estrecha almendra central, el llamado ocho asturiano, el ochenta por ciento de su población– oportunidades que nos confirma María Torres, llegada a Asturias hace 30 años y cuya floristería, establecida en la aldea de Prelo (Boal), florece hoy, valga la redundancia, gracias al novedoso escaparate de las redes sociales y al compás de algunos cambios tanto materiales como sociológicos. 

“Antes –cuenta– pasaba meses muy malos y tenía que dedicar un día a la semana a salir a repartir, porque aquí no subía nadie, se asustaban, pero ahora llevo unos meses que ni salgo, porque la gente quiere subir aquí. Tienen curiosidad. Quieren venir a darse una vuelta en pareja o en familia, conocer la zona, ver el paisaje, comer. He notado un cambio muy grande en ese sentido”. 

La primacía del turismo de sol y playa ha dado paso a una preferencia creciente por los paisajes verdes, los climas templados y un turismo diversificado y basado en las experiencias, justamente aquel que Asturias ofrece: playa, montaña, pueblos encantadores, patrimonio histórico-artístico y una renombrada gastronomía, todo muy cerca. Los últimos veranos han arrojado escenas de masificación en lugares como la ruta del Cares, los lagos de Covadonga o las playas de Llanes

E incluso las más deprimidas áreas industriales van consiguiendo atraer hacia sí a las cohortes turísticas poniendo en valor un patrimonio que tiene su público y que responde bien a ofertas como la del antiguo Pozo Sotón, emblemática explotación de la cuenca del Nalón: “Un paseo por las entrañas de la tierra” durante el cual antiguos mineros ofician como guías. Juan González Ponte, concejal de Cultura y Empleo del Ayuntamiento de Mieres (IU), confirma que la cabeza de la cuenca del Caudal, uno de los epicentros de la crisis postindustrial, batió en 2020 su récord de visitantes, atraídos por un triple señuelo que combina el patrimonio industrial, un programa referente de actividades culturales y la gastronomía.

 Los economistas son cautelosos cuando se les pregunta si pueden certificar con frías estadísticas esta sensación de recuperación. “Sobre brotes verdes, creo que aún es muy pronto para afirmar algo robusto desde el punto de vista técnico”, nos dice Joaquín Lorences, catedrático de Fundamentos del Análisis Económico de la Universidad de Oviedo, que llama a una prudencia atenta a comprobar cómo se concretan los proyectos condicionados a los fondos europeos, así como a no confundir un cambio cíclico –porque es cierto que “en general, la economía asturiana está recuperándose de esta última crisis más rápido que otras regiones, seguramente debido a una mejor gestión de la pandemia y de los recursos económicos empleados”– con un cambio de tendencia. 

En cualquier caso, no deja de haber “señales que anuncian que la siesta se acaba, y, además, en varias direcciones” al decir de un periodista poco sospechoso de no justipreciar la decadencia de la autonomía: Xuan Cándano, quien fuera director de la ya desaparecida revista Atlántica XXII, demonio durante años de los gobiernos socialistas de la región y del sindicato minero SOMA por su rastreo de las presuntas corruptelas y malversaciones que envolvieron la gestión de los fondos mineros. 

Cándano detecta un cambio generacional a mejor “que se nota en todos los sectores de la sociedad y también en las esferas del poder”, y que considera que el presidente Adrián Barbón encarna bien. Este lavianés de 42 años, sucesor, en 2019, del septuagenario Javier Fernández al frente de la autonomía, ha enterrado –afirma Cándano– «a la vieja guardia de la FSA, que era profundamente conservadora», y abandera “un discurso nuevo basado en impulsar la autoestima colectiva, enterrar complejos”, que encuentra su guinda en la proyectada declaración de cooficialidad de la lengua asturiana, que horroriza a Fernández.

“Ambicioso” al decir del periodista, el Gobierno Barbón tiene uno de sus pilares en el robustecimiento del sector de la investigación, objeto de un plan de ayudas y atracción de científicos cuya cabeza, Borja Sánchez, consejero de Ciencia, Innovación y Universidad, ve “una absoluta unanimidad, incluso entre sus rivales políticos”, acerca de su valía. 

Asturias acredita algunos indicadores que la sitúan en una buena posición para la atracción de inversiones en este campo y, entre ellos, un índice históricamente alto —herencia, suele analizarse, del ateneísmo obrero— de población con estudios superiores. Según datos de 2021, Asturias es la cuarta comunidad autónoma en un ranking que lideran autonomías prósperas: País Vasco (53,4%), Madrid (50,2%) y Navarra (48,2%)

Y estos jóvenes preparados lideran hoy el abandono, en favor de la innovación, la creatividad y las soluciones mixtas, de algunos lastres que han caracterizado la gestión asturiana de su propia crisis durante años, entre los cuales Cándano cita la “mentalidad economicista”, la “obsesión por las infraestructuras” o una “mentalidad subsidiada y casi mendicante”, incapaz de imaginar soluciones que no pasaran por la empresa pública o la llegada de una multinacional extranjera que, como un deus ex machina, viniera a remediar la crisis por sí sola.

Comprar una aldea

Por supuesto, no pueden echarse aún las campanas al vuelo. Cuarenta años de anunciados remedios que no lo fueron imponen la cautela. Si bien se ha garantizado el futuro de ArcelorMittal, otras empresas, como Vauste o Alcoa, viven –denuncia Cándano– “procesos de deslocalización escandalosos, a través de empresas fantasmas y empresarios corruptos que llegan para cerrarlas en operaciones que deberían tener responsabilidad penal”. Por su parte, Juan González Ponte comenta una “gran preocupación” que hay motivos para tener: que se repita con los nuevos fondos europeos la opacidad y la corrupción que caracterizaron el reparto de los mineros. “Nadie sabe nada”, denuncia. “La información es escasísima y también detecto una falta de planificación absoluta. Tampoco hay coordinación entre los ayuntamientos. Me consta que estamos a la cola de otras comunidades autónomas que sí hicieron los deberes, como País Vasco o Catalunya”."                   (

También puede suceder, advierten los más prudentes, que el remedio sea en algún sentido peor que la enfermedad. El turismo –señalan– es un gran invento, pero no lo es una economía en la que sobrepase cierto porcentaje del PIB, se convierta en un monocultivo y la amarre a las fluctuaciones de un sector que, en un mundo de zozobras, es de esperar que las sufra cada vez más abruptas. Y en Asturias, además de la ya comentada masificación de lugares emblemáticos, ha llegado a suceder que se ponga en venta una aldea completa, El Mortorio, en el portal inmobiliario Idealista, al precio de 2.375.000 euros. 

Elena Plaza recela de estos desembarcos en el agro que no suelen parecerse a la filosofía del cohousing que a veces dicen abanderar, sino a una especie de colonialismo interior. “No se crea comunidad, ni territorio, sino que se busca una especie de atrezo rural para una vida aislada de los vecinos; abrir la ventana y ver los Picos de Europa o las vacas pasar, pero en una promoción inmobiliaria separada de los del pueblo”.

¿Resucita el Lázaro astur, o vive el espejismo de recuperación por el que pasan algunos moribundos? El tiempo proporcionará la respuesta."                (Pablo Batalla, La Marea, 23/12/21)

9.6.21

Las leyes que ponen la zancadilla al rural

 "El pasado fin de semana se dieron cita en Soria la creme de la creme de los políticos en España. En un momento muy crispado de la actualidad legislativa sorprende ver que durante la IV Feria Nacional para la repoblación de la España rural (Presura) todos los allí presentes parecían tener un objetivo claro: detener la despoblación y aunar fuerzas en torno al impulso del medio rural.

 ¿Es posible que los diferentes partidos políticos se pongan de acuerdo en cuanto a un pacto de Estado rural cuando no pueden hacerlo en otros asuntos como la educación o la pandemia?

“Por fin es un tema de Estado”, comenta Marina Fernández, consultora en innovación empresarial que estuvo en calidad de experta en Presura. 

 (...) se trata de las conclusiones que 50 expertas y 50 expertos han hecho de la legislación que se aplica en España que puede ser un lastre o una oportunidad para el rural. Una forma de ponerse las gafas no urbanitas de las leyes que se hacen desde los centros del poder y que nunca se había hecho hasta ahora de manera integral. (...)

“Será el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico quien tenga que poner en marcha estas recomendaciones para seguir los pasos que otros países en el norte de Europa ya llevan dados”, puntualiza Joaquín Alcalde, el director de la feria y del Hueco, un espacio de encuentro y coworking por el desarrollo rural en Soria.

 “Hay que legislar con las gafas de lo rural. Luego hay que legislar haciendo microcirugía, el café para todos no sirve. La realidad de las comarcas es muy diferente, un traje a la medida”, explica Alcalde en referencia al rural proofing o mecanismo rural de garantía, como se ha traducido. No es más ni menos que garantizar que las leyes se hagan para todos y todas, independientemente de donde se viva.

 “Uno de los ejemplos de legislación pensada solo para lo urbano y que más me impactó es la LOGSE”, comenta Fernández. (...) mientras para una persona que vive en la ciudad no hay problema en que sus hijos de 12 años pasen del colegio al instituto, en el rural esto es un problema. (...) en la ciudad solo implica cambiar de edificio, en el rural significa que los niños y niñas que con 12 años son aún pequeños tengan que recorrer todos los días kilómetros para ir al instituto más cercano (...)

“El sello ecológico, por ejemplo, no entiendo por qué tienen que pagarlo los productores sostenibles. Es mucho más fácil poner una industria contaminante que una sostenible y, encima, hay que pagar un sello”, comenta la socióloga, que explica que su labor en el rural llegó a girar el foco de su ONG de desarrollo para el Tercer Mundo a las zonas despobladas españolas. (...)

“Vimos que en áreas extensas de EE UU, Alemania o Finlandia, por poner solo algunos ejemplos, estaban con los mismos problemas”, cuenta. Problemas de despoblación, de falta de servicios, de malos transportes, mala conexión digital y falta de oportunidades. (...)

Más ejemplos en la legislación que lastran el desarrollo rural. “Por ejemplo, en la producción agrícola o ganadera. No puede ser que si una persona quiere poner un gallinero con 25 animales para vender a pequeña escala tenga que aplicarse la misma legislación que en una granja de 5.000 gallinas”, comenta Alcalde. Y es que el tema de la escala es algo que ya se ha intentado cambiar a nivel autonómico —por ejemplo, en Euskadi— pero no siempre es posible. El caso contrario sería la alfombra roja tendida a las macrogranjas, denunciadas por contaminantes y por ser incluso más dañinas para los animales. “Hay que evitar que una mala legislación bloquee el futuro de nuestros pueblos, no les deje crecer o, en el peor de los casos, acabe con ellos”, reclama el director de Presura.

La vivienda y las actividades mixtas, la clave

Otro de los ejes que recorre las conclusiones del G100 en rural proofing es el tema de la vivienda. “El rural ha perdido la hegemonía cultural en favor del urbano”, comenta Serafín Pazos, coordinador en el grupo de expertos y buen conocedor de la legislación europea. (...) la legislación de promoción de la construcción favorece los bloques y deja a un lado la arquitectura tradicional. “En la campiña francesa no ves bloques de pisos igual que en París, sería hasta ilegal. Y en España pasa”, indica.

 Para él, otro de los males de la Administración española es la ‘hiperlegislación’. Pone el ejemplo de la regulación propuesta por la Unión Europa en materia de los restos de la ganadería. Mientras la ley es igual en Francia, donde la han amoldado pensando en cómo hacer para no dejarlos en el medio ambiente pero tampoco perjudicar a los animales carroñeros que vivían de ellos, en España han sido “más papistas que el papa” y han sido más restrictivos que lo que la propia Europa exigía. “Muchas veces pasa eso, haciendo la vida imposible a la persona que tiene que ponerla en práctica”, señala.

 Respecto a las oportunidades de trabajo que se pueden generar en el rural, Marina Fernández tiene claro que deben ser mixtas y que hay que olvidarse de la contraposición trabajos de ciudad contra trabajos de campo. “Existen la tendencia desde hace un par de años de buscar una alternativa vital al medio urbano y, con la pandemia y el teletrabajo se ha acelerado. Nosotros creemos que hay que aprovechar esa ola, pero seguimos insistiendo que hay que seguir fomentando otras oportunidades”, comenta la experta.

 Tanto ella como Joaquín Alcalde coinciden en que esas nuevas formas de empleabilidad y riqueza no pueden limitarse a la ganadería o la agricultura, que además solo suponen un 5% del PIB. “Para ser sostenible, la economía rural debe ir hacia un mix de sectores”, indica el director de Presura. “Dentro del campo tecnológico —continúa Fernández—, estaría la oportunidad de usar terreno extenso e infrautilizado para hacer tipos de pruebas. Un ejemplo muy concreto sería los drones, si se quiere desarrollar hay que probar en el rural y no es posible en lo urbano”. (...)

El caso escocés, décadas luchando contra la despoblación

Precisamente el empezar a valorar lo que cada región, clima o comarca tiene es lo que ha salvado del despoblamiento a otros países. También el dotar de diversidad las actividades, introduciendo la cultura o la tecnología en el campo. “El ejemplo de las Tierras Altas escocesas es muy inspirador porque está lleno de lógicas. No es un milagro, es entender por qué unas cosas de una determinada manera provocan un determinado efecto. No sirve para todo los mecanismos, pero la lógica sí”. El experto Miguel Martínez Tomey explica de esta manera la posibilidad que supone para España y otros países entender cómo se logró revertir la despoblación en las Highlands. En 1965 el Gobierno puso en marcha un programa para revertir una tendencia que venía de 1747, cuando empezó el éxodo rural. Partían de una situación complicada —ya que las tierras estaban en manos de muy pocos propietarios— pero establecieron lo que llamaron ‘territorios funcionales’. Aldeas, pequeños pueblos y otros núcleos de población se unieron en algo como comarcas que juntas tenían todos los servicios necesarios. “La comarca se considera como una ciudad rural, de manera adaptada”, indica.

Un plan de movilidad adaptado al territorio como el transporte a demanda, un desarrollo holístico en el que se mira caso a caso y la implicación de las personas afectadas. “Cuando implicamos de verdad a toda la población, hombres y mujeres, la implicación es que se aprovechan todos los recursos, hay un plus de creatividad y se comprometen a atajar esos problemas identificados”, comenta a la vez que indica que muchas de las empresas de economía social que hoy triunfan en las Tierras Altas fueron en su inicio asociaciones y el 67% de estas está dirigido por mujeres.

 Además, la Administración contó con agencias repartidas por todo el territorio y lo que ellos llaman ‘catalizadores’. “Son personas en las que tienen confianza los demás. Si no existía ese detonante, no actuaban en las Highlands. Esos pueblos, al ver los cambios en los otros, eran ellos quienes lo pedían, sin provocarlo o forzarlo”, detalla. Estas agencias sobre el terreno, cuenta, también tenían un valor al adaptar cualquier indicación al terreno. Por ejemplo, las inversiones públicas. “Igual —ejemplifica Martínez— en la ciudad no tenía sentido, pero invertir dinero en poner una peluquería en una aldea de 200 habitantes es estratégico. No solo para generar empleo, mantener las escuelas, sino para que los ciudadanos se sientan mejor, valorados”.

De abajo arriba y con consensos sostenidos en el tiempo

Además del trabajo de análisis de la situación actual, el G100 ha puesto sobre la mesa recomendaciones concretas que ayudarían al mundo rural. “Una de las conclusiones de este rural proofing más importante es muy clara: hacer las política de abajo a arriba”, explica Ana Gómez. La socióloga y experta en desarrollo rural considera que hay herramientas suficientes para lograr la participación de la ciudadanía, pero otra cosa es que las personas sigan creyendo que al participarán se tendrá en cuenta su opinión.

Un ejemplo de por dónde deberían ir las cosas es la ley de Castilla-La Mancha de desarrollo urbano territorial y contra el despoblamiento. Se trata de una ley que intenta blindar los servicios públicos, ajustar la fiscalidad, que la norma sea en función del territorio y no la población o generar un pacto de las administraciones a todos los niveles. Una ley tachada de pionera, que además ha llevado un sistema de participación previo.

 “Lo que hay que hacer es integrar todos estos análisis en un mecanismo de coordinación o una agencia, que implique a los diferentes ministerios, los consejos, las comunidades autónomas y los ayuntamientos”, explica Pazos, que además añade el elemento de la gestión profesionalizada y la unión de territorios en entidades como la FEMP.

Pazos, pensando en las Highlands también recuerda que la unión de los políticos de determinado territorio es crucial. También cuando la ideología es diferente. “En Escocia les llamaban ‘la mafia’ porque iban de camino al parlamento y, en el tren, llegaban a acuerdos. Luego, en sus asientos se peleaban, pero habían llegado a acuerdos para sus vecinos”, explica.

 “Escocia lleva desde 1965 trabajando en esto y no han resuelto todos los problemas y otros nuevos”, advierte Martínez, que recuerda el efecto del ‘Brexit’ en los planes de repoblación con extranjeros. “Somos capaces de llegar a acuerdos —comenta el experto— y más cuando hablamos de la sociedad rural. Nadie se puede presentar ahora en el medio rural y decir que no merece invertir en esos lugares. Ahora debemos encontrar buenos anclajes, consensos de Estado”.               (Laura L. Ruiz, El Salto, 05/06/21)

12.5.21

La activación política de la España vacía puede ser una de las novedades si hay alguna fuerza que sepa cómo movilizarla y dirigirla... es evidente que vamos a vivir tensiones en los próximos años en esos territorios... El giro europeo digital y verde puede ser una oportunidad para ir cerrando la brecha entre Madrid, Barcelona, País Vasco y la España perdedora... nos jugamos mucho, porque el mismo lugar que Gijón ocupa en España, España puede ocuparlo pronto respecto de Europa

 "Ahora mismo, el reto es la supervivencia, ni más ni menos. La economía de la ciudad está paralizada y no se está haciendo nada. Se la está dejando morir”. Lo afirmaba un político de Ourense en 2018, en ese tiempo tan lejano en el que ni siquiera pensábamos en la posibilidad de una pandemia. Tres años después, las cicatrices son todavía mayores. Ciudades como León, Jaén, Albacete o tantas otras, además de sufrir los dolorosos estragos que ha causado el covid-19, han de afrontar las heridas económicas.  

Muchas ciudades españolas se han convertido en una desalentadora mezcla de pensionistas, funcionarios, subcontratados de empresas dependientes del dinero público, empleados del sector servicios y establecimientos cerrados. El turismo aparece como último recurso, y no son buenos tiempos para el turismo.

Salamanca es una de esas ciudades. De 2012 a 2018, vivió un pequeño auge en el empleo que le permitió compensar el número de salmantinos que se marchaban, pero en 2019 la tendencia cambió, y se ha intensificado con la pandemia. La pérdida de trabajos, el cierre de empresas y las escasas perspectivas han forzado a emigrar a muchos de sus habitantes, en especial a los jóvenes: la provincia contaba en 2008 con 113.087 residentes en la franja de edad entre 15 y 39 años; en la actualidad, son 79.456.

 El caso de Salamanca es significativo, en la medida en que conservaba alguna esperanza de que ese pequeño éxodo de las grandes capitales que se ha vivido en tiempos del covid le pudiera beneficiar. Provincias cercanas a Madrid, como Ávila, Toledo o Guadalajara, han ganado algo de población por ese motivo, pero Salamanca está demasiado alejada de Madrid. Esto es relevante, en la medida en que subraya los límites de la promesa del teletrabajo

 El factor geográfico continúa siendo importante: aunque haya habitantes de la capital que hayan emigrado a poblaciones más pequeñas, siguen apreciando la cercanía física a la capital. Y la posibilidad de trabajar a distancia aparecía como una de las grandes bazas de eso que se ha dado en llamar la España vaciada. No parece una gran opción.

1. Las ciudades bonitas

La España vacía, un concepto que se sustituyó poco después por la España vaciada, evocaba aldeas en las laderas de las montañas, pequeños pueblos con escasos habitantes y paisajes idílicos. Contenía una carga notable de nostalgia, nacida del poder evocador de tiempos que sabíamos perdidos. Eran entornos en decadencia, que nos generaban cierto pesar, y a los que se miraba con resignación: los tiempos eran así. 

Se trazaron algunas iniciativas para repoblarlos, y se ofrecieron algunos ejemplos de emprendedores rurales exitosos, pero la sensación de que esa era una España en trance de desaparición latía incesantemente. Sin embargo, se trata de una percepción irreal, no porque no existan pueblos de esa clase, sino por el enfoque, entre el sentimentalismo y el absurdo, con que está siendo abordado el problema.

Las deslocalizaciones, la falta de estructura empresarial y la ausencia de planes han provocado que estas ciudades entren en declive

El punto nuclear de esta España vaciada son las ciudades intermedias y pequeñas (entre ellas, pero no solo, las capitales de provincia), cruciales para impulsar su zona de referencia y para fortalecer y dar recorrido a un país. Es en ellas donde más se ha dejado sentir, en sus aspectos más negativos, la nueva arquitectura de la globalización. La excepcionalidad de Madrid y los intentos secesionistas de Barcelona son consecuencia obvia de las nuevas posibilidades que abrió un entorno global: las urbes con más peso y más recursos emprendieron un alejamiento insistente de sus regiones y países con el propósito de conectarse con otras ciudades globales, y tejieron así una red que constituyó el centro del nuevo orden geográfico.

Ese movimiento abrió brechas en todas partes: entre Nueva York y el interior de EEUU, entre Londres y el resto de Gran Bretaña, entre París y Francia, entre Milán y el sur de Italia, entre otros muchos ejemplos. En esa reconfiguración, muchas poblaciones que gozaron décadas atrás de un nivel aceptable de vida entraron en un significativo declive. Las deslocalizaciones hacia Asia, la concentración de la agricultura y la ganadería locales, la falta de estructura empresarial y la ausencia de planes de desarrollo nacional han generado muchos perdedores, y entre ellos figuran en un lugar destacado todas estas ciudades.

Ese declive ocurrió a pesar de todos los esfuerzos que realizaron para integrarse, que fueron muchos. Una visita de fin de semana a cualquiera de estas ciudades, desde Gijón hasta Vigo, desde León hasta Granada, desde Valencia hasta Teruel, sirve para constatar que son poblaciones transformadas en las que se pueden encontrar lugares acogedores, servicios que no desmerecen de los de las grandes urbes, centros urbanos preparados para el turismo, diferentes posibilidades de ocio.

 Tales cambios formaron parte de un intento de reconversión, de un deseo de adaptación a los tiempos, cuyo propósito era resultar atractivas para los visitantes y para futuros habitantes. Por eso pusieron en marcha 'hubs' tecnológicos, museos, “palacios de congresos, nuevos estadios, obras emblemáticas, con un Calatrava u otro arquitecto estrella en su núcleo urbano, y organizaron festivales de música de pop y rock”. Como señala Sergio Andrés en el reciente ‘La España en la que nunca pasa nada’ (Akal), “se interiorizó que no importaba el tamaño, que lo importante era la accesibilidad, la tranquilidad y la proximidad”. A pesar de todos esos esfuerzos, el declive no se ha detenido, y no hay señales de que vaya a hacerlo.

2. Cualquier cosa ayuda

El resultado era esperable, porque tales iniciativas eran parches, no soluciones. Consistían en una suerte de puesta al día, en una renovación estética, pero faltaban inversión, planes de desarrollo, ideas a medio plazo, capacidad de creación. Esa puesta en marcha de una nueva fachada urbana ofrecía a los habitantes de las ciudades la sensación de que se estaba haciendo algo moderno para revertir la tendencia, y aunque resultaba tranquilizadora, distaba mucho de ser suficiente. En buena medida, porque partía de un planteamiento erróneo: en lugar de trazar planes para construir ciudades fuertes, se diseñaron para convertir las ciudades en bellas y vibrantes, como si bastara con una bonita imagen para que la prosperidad regresase.

El problema con los fondos de recuperación, que podrían ser una solución para que por fin algo empezase a cambiar en España, es que esa mentalidad parcial e insuficiente no se ha abandonado. La idea de que con la llegada de la fibra óptica a los lugares más remotos se podrán revitalizar económicamente entornos deteriorados, o de que con el teletrabajo tanto las pequeñas ciudades como los núcleos rurales pueden recuperar población, es quedarse de nuevo en los parches. 

Creer que si se ofrecen lugares más amables, naturales y humanos para residir y trabajar, muchas personas cambiarán de residencia es creer que se participa en un concurso televisivo en el que se compite para ser elegido. No suelen funcionar así las cosas: la gente se muda a lugares en los que hay empleo, no a los que les parecen más agradables; es solo una pequeña minoría la que puede elegir su residencia. 

Esta fórmula es también propugnada para el conjunto de España: ya que habrá muchísimos europeos que quieran vivir en lugares cómodos, amables y con sol, una solución para nuestro país sería la de acoger a esos nómadas digitales. Cualquier cosa ayuda, pero lo que hace falta es algo muy diferente.

 3. Habla Tomás Guitarte

En una sesión de control al Gobierno (de esas que pasan desapercibidas si no interviene Sánchez y se puede aprovechar para la bronca política habitual), Tomás Guitarte, diputado de Teruel Existe, planteó una pregunta muy pertinente. En la sesión, se abordaba el destino de los fondos de recuperación, y Guitarte expuso cuáles eran sus límites. Articular el reparto a partir de la presentación de proyectos significaba adoptar una perspectiva pasiva y escasamente útil para zonas como la suya. La mayoría de los proyectos que se habían desarrollado en Teruel contenía planteamientos interesantes, pero su alcance era muy limitado.

 En un entorno con muchísimos emprendedores, con empresas y puestos de trabajo, es bastante más fácil imaginar posibilidades de futuro que en aquellas regiones en las que falta vitalidad. Y este era el problema esencial: los territorios con músculo endeble no pueden plantear proyectos con la entidad precisa, porque carecen de la capacidad necesaria para dar vida a la zona. De donde no hay no se puede sacar, es preciso crear algo primero. Este era el centro de la petición de Guitarte.

Si una de las posibilidades de desarrollo de los territorios españoles ha sido la inversión para su adecentamiento estético, la otra, ahora que hay fondos, pasa por el impulso de lo existente en el ámbito de la digitalización y de la economía verde. Pero si la idea es potenciar lo que ya hay, el problema de muchas zonas es que hay muy poco.

 Lo que Guitarte afirmaba es que hacía falta un impulso exterior, fundamentalmente estatal, que permitiera que esas regiones arrancasen, ya que por sí mismas no podían hacerlo. La respuesta de la ministra tuvo un tono displicente, cuya traducción vino a ser algo como “no sé de qué me estás hablando”.

 4. Los vascos y Biden

Existen diferentes posibilidades de acción que permitirían abandonar esos marcos parcialmente fallidos. Tenemos un ejemplo en el País Vasco, en la época de su desindustrialización, cuando se invirtieron cantidades importantes en generar atractivo para sus ciudades: el Guggenheim y el cambio de Bilbao son el mejor ejemplo. Pero los políticos vascos no estaban satisfechos con ese giro, porque convertirse en un destino turístico no encajaba ni con su idiosincrasia ni con sus aspiraciones: les había distinguido su configuración como zona industrial y querían seguir siéndolo. 

Con ese objetivo, crearon una red importante, impulsada por el Gobierno vasco y por una caja de ahorros, a través de los cuales readaptaron la industria que quedaba y crearon nuevas áreas de desarrollo. Gracias a ello, generaron puestos de trabajo decentemente retribuidos, conservaron un nivel de vida elevado en comparación con el resto de España y se dotaron de un recorrido del que carecieron otras zonas. Fueron una suerte de Corea del Sur española, pero no lo podrían haber logrado sin el impulso institucional.

Hay muchas iniciativas que podrían ponerse en marcha en España en este sentido, pero para lograrlas hay que pensar en otros términos. Sin ir más lejos, en los de Biden. Al margen del destino que finalmente tengan sus planes, están tejidos desde una perspectiva muy apropiada. 

El Estado toma las riendas, invierte, concede un propósito al dinero, le otorga una orientación productiva y pone en marcha una reconstrucción nacional que sitúa el acento en las zonas deterioradas, y específicamente en el interior de EEUU. Y no se trata únicamente de mejorar infraestructuras, o de crearlas, sino de que estas sean aprovechadas; también en términos de reindustrialización, de empleo, de aumento en el nivel de vida de sus ciudadanos, de recorrido futuro. EEUU necesita una acción de esta clase para asentar el país y para competir estratégicamente en el nuevo entorno geopolítico. 

Es una lógica que se ha olvidado estos años, pero que resulta indispensable en este escenario: hay que fortalecer el interior si se quiere competir en el exterior, y eso implica tanto activar el mercado interno como generar estabilidad a través del aumento en el nivel de vida. Y para eso, hay que crear empleos. Lo afirmó Biden ayer: “Cuando pienso en el cambio climático, pienso en el empleo. No hay ninguna razón por la que las turbinas eólicas se construyan en Pekín en lugar de en Pittsburgh. Ninguna”.

 Este es el planteamiento correcto, con todo lo que ello implica. De poco sirve invertir en digitalización y en economía verde si no se generan empleos y vitalidad económica a medio y largo plazo. Es una mirada que sería especialmente útil para España y que concedería una posibilidad real a buena parte de los territorios nacionales, esos que ahora perciben que su declive no parece tener fin.

5. La lectura política

La vertiente política de este deterioro no es soslayable, porque tendrá su importancia. De momento, las ciudades pequeñas e intermedias se caracterizan por su conservadurismo. No porque voten a partidos conservadores, sino por el humor que circula en ellas: suelen ser localidades resignadas, donde las estridencias no reinan, en las que sus habitantes han tratado de encontrar una salida individual, en general marchándose de allí. Han actuado de forma adaptativa a los cambios, siguiendo las tendencias dominantes, copiando las ideas que estaban en boga, precisamente porque carecen de iniciativa rupturista.

En lo político, hasta ahora, estos territorios se han caracterizado por su fidelidad en el voto (casi siempre suelen ganar los mismos partidos, sean de izquierda o de derecha) y por su escasa afición a las opciones diferentes. Es normal, teniendo en cuenta que son poblaciones con muchos jubilados y con bastante empleo público, sectores poco favorables tradicionalmente a las grandes transformaciones, y con unas élites locales imbricadas con el poder político.

 Sin embargo, esa tranquilidad política puede acabarse pronto si no perciben un giro que les brinde alguna esperanza para el futuro. Se trata de territorios sometidos a presión, y acabarán liberándola por algún sitio. Teruel Existe es una de esas posibilidades, un partido centrado en lo pragmático, en conseguir algo tangible para la provincia, y están surgiendo otros semejantes, que quizá puedan concurrir conjuntamente a las próximas elecciones generales. Sería normal, toda vez que esa demanda de visibilidad y apoyo es común a muchas otras zonas

 La otra posibilidad que se percibe es la vinculación con los populismos de derechas: Reino Unido, Francia o EEUU son una muestra evidente de cómo las poblaciones de las ciudades interiores, que se han visto olvidadas, han acabado por constituir una fuerza política ineludible, que ha propugnado un nacionalismo fuerte que les hiciera sentir tenidos en cuenta. 

En todo caso, y más allá de la dirección que tome, es evidente que vamos a vivir tensiones en los próximos años en esos territorios. La activación política de la España vacía puede ser una de las novedades si hay alguna fuerza que sepa cómo movilizarla y dirigirla. A España, las tendencias internacionales llegan demasiado pronto o demasiado tarde, pero acaban llegando.

6. España como ciudad intermedia

De fondo, sin embargo, está el elemento simbólico, con todo lo que nos dice acerca de la realidad nacional, e incluso de la europea. No hemos reparado en lo mucho que se parece esta España interior a España en sí misma. Somos una suerte de ciudad intermedia en el entorno global: cada vez somos más un país de jubilados, del que los jóvenes emigran, en el que los trabajos provienen del funcionariado, de los servicios, del pequeño comercio y del turismo.

La actividad industrial está escasamente presente, tanto en sectores tradicionales como en los innovadores, y es un diseño productivo que nos aboca a los mismos males que aquejan a las ciudades pequeñas e intermedias: un laberinto de deuda, desempleo, inversión escasa y dependencia del sector servicios.

Nos jugamos mucho en esta época: el mismo lugar que Gijón ocupa en España, España puede ocuparlo pronto respecto de Europa

De ese callejón no se sale haciendo reformas que conviertan esos problemas en más acuciantes, sino adoptando otras fórmulas, planificando para lograr una España más cohesiva, teniendo la iniciativa suficiente como para crear allí donde no hay e impulsando aquello que podría crecer. Pero eso requiere otra perspectiva, una que tenga visión de Estado en la mente, que sepa cómo conectarse a Europa de otra manera (y no simplemente como su balneario o su lugar de fiesta estival), y que sepa potenciar todo lo que tenemos, que no es poco. 

El giro europeo digital y verde puede ser una oportunidad para ir cerrando la brecha entre Madrid, Barcelona, País Vasco y la España perdedora, pero también para abrirla todavía más. Y sería un error, porque solo un país que crece en conjunto tiene posibilidad de jugar en el tablero global. Nos jugamos mucho en esta época. El mismo lugar que Gijón ocupa en España, España puede ocuparlo pronto respecto de Europa: población envejecida, muchos pensionistas, escasa actividad, emigración de los jóvenes, poca esperanza de futuro."                   (Esteban Hernández, El Confidencial, 04/05/21)