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11.11.20

El peligroso interregno de Estados Unidos... ¿Será como el de Roosevelt, que duró cuatro meses? Cuando tomó posesión, el sistema bancario y toda la economía estaban prácticamente paralizados... pasará lo mismo con el Covid19 y Trump

 "(...) El año era 1932 y la transición de Herbert Hoover a Franklin D. Roosevelt ocurrió en medio de una depresión económica y una crisis bancaria sin parangón. 

El presidente saliente, Hoover, sentía una intensa aversión por su sucesor, cuya incapacidad preocupante no era una falta de agudeza mental, sino más bien la parálisis parcial de Roosevelt. Llamaba a FDR “camaleón a cuadros” y lo acusaba de lidiar “desde el fondo del mazo”.

 Durante su campaña y después, Hoover insinuaba que las tendencias socialistas de FDR pondrían al país en un “sendero hacia Moscú”.En aquel momento, el interregno duró cuatro meses, durante los cuales el presidente derrotado y el Congreso hicieron poco o nada para resolver la crisis en curso. 

Las corridas bancarias y el pánico se propagaban de manera contagiosa, obligando a los gobernadores estaduales, uno tras otro, a cerrar sus sistemas bancarios. Pero Hoover se negó a declarar un feriado bancario unilateralmente. Para cuando FDR asumió la presidencia en marzo de 1933, el sistema bancario y toda la economía estaban prácticamente paralizados. (...)

Ahora se puede esperar un comportamiento similar del presidente derrotado de Estados Unidos, Donald Trump. Por ideología y despecho, es probable que Trump se niegue a hacer algo sobre el coronavirus arrollador. La pregunta es hasta dónde llegará para impedir los esfuerzos del presidente electo, Joe Biden, por ocuparse del tema apenas asuma la presidencia. ¿Trump les prohibirá a los miembros de su grupo de trabajo sobre el coronavirus y a otros responsables informar al equipo de transición? ¿Retendrá información sobre la Operación Máxima Velocidad, el esfuerzo del gobierno para producir una vacuna contra el COVID-19? 

Al no ver ninguna necesidad de nuevas políticas, Hoover hizo todo lo que estaba en su poder para limitar las opciones del presidente entrante. Como ferviente creyente en la santidad del patrón oro, le pidió a FDR que emitiera una declaración apoyando su permanencia, como una manera de fomentar la confianza. Alentó al presidente electo a apoyar, y hasta recomendar, a miembros de la delegación de Estados Unidos designada por Hoover para la conferencia internacional programada para discutir las deudas de guerra europeas y el restablecimiento mundial del patrón oro. 

FDR reconoció el peligro de atarse las manos y se negó a comprometerse antes de asumir la presidencia. Ante el desaire del presidente electo, Hoover, furioso, difundió copias de sus comunicaciones, atizando a la opinión pública. De la misma manera, podemos esperar que Biden rechace las súplicas de Trump- si las hay- y evite compromisos que limiten su espacio de maniobra política. 

Pero Trump ya lo ha limitado de otras maneras. En particular, los nombramientos judiciales de Trump plantearán un desafío para el esfuerzo del nuevo presidente de hacer política a través de órdenes ejecutivas y directivas regulatorias. Mientras tanto, los esfuerzos por proponer legislación y confirmar a los nominados para puestos administrativos probablemente se vean frustrados por el líder de la mayoría en el Senado, Mitch McConnell, suponiendo que no haya ninguna otra sorpresa electoral proveniente de Georgia (un estado que Biden parece haber ganado y en el que en enero se llevarán a cabo elecciones de segunda vuelta para dos bancas en el Senado). 

La transición de Hoover a Roosevelt tuvo lugar en un momento peligroso. Las movilizaciones políticas espontáneas de todo tipo estaban en aumento. Un Ejército de los Bonos (Bonus Army) de más de 43.000 veteranos de la Primera Guerra Mundial y sus familias había descendido a Washington, a mediados de 1932, exigiendo el pago de certificados de servicio a sus veteranos. 

Los manifestantes fueron dispersados de manera violenta, con pérdidas de vidas, por la policía de Washington y el Ejército de Estados Unidos bajo el liderazgo del general Douglas MacArthur. Ese episodio no fue irrelevante en la derrota electoral de Hoover (un resultado que podría haber servido como advertencia para Trump, que también llamó a las tropas para dispersar a los manifestantes). 

 Por otra parte, había protestas, algunas violentas, contra las ejecuciones hipotecarias que tenían lugar en las escaleras de los tribunales en todo el país. Había un creciente respaldo popular de políticos extremistas como Huey Long de Louisiana. Las penurias, el desempleo y la desesperanza económica formaban el telón de fondo frente al cual Giuseppe Zangara, un albañil desempleado con problemas físicos y mentales y opiniones anti-sistema extremas, intentó asesinar a Roosevelt 17 días antes de la asunción.  

Hay dos lecciones en todo esto. El presidente electo y quienes lo rodean necesitan tomar precauciones adicionales para su seguridad personal, dado el clima político encendido y los continuos esfuerzos por parte de Trump por avivar las llamas. Y Biden ahora, al igual que FDR entonces, debe reiterar su mensaje de esperanza y unidad como un antídoto para el coronavirus y la división política.

 En 1933, era “el propio miedo” lo que los norteamericanos tenían que superar. Hoy, cuando es el miedo mutuo lo que los norteamericanos deben superar, la afirmación de Biden de que “no hay estados rojos o azules, sólo Estados Unidos” es un buen comienzo."                  (

1.10.20

Juan Torres López: La concentración financiera como la que supone la fusión entre Bankia y Caixabank es ineficiente, un peligro más para la economía española y un nuevo robo al Estado. No hay en España una institución que haya costado y esté costando al Estado más dinero que la banca privada

"La fusión de Bankia con Caixabank es el último episodio, de momento, del gran expolio al Estado que supuso la última crisis financiera.

Todo tipo de instituciones y analistas han demostrado hasta la saciedad que la hipertrofia del sector financiero y la creciente concentración bancaria son un factor indiscutible de inestabilidad macroeconómica, de freno de la actividad y de ineficiencia. Un estudio del nada sospechoso Fondo Monetario Internacional demostró en 2012 (aquí) que cuanto mayor es el peso del sector financiero en el PIB más alta es la volatilidad de las economías y más ineficiente la asignación de recursos. Sin embargo, y en contra de todas las evidencias disponibles, se sigue incentivando la concentración bancaria y la generación de deuda como motor de las economías que son las fuentes que alimentan el crecimiento desproporcionado de las finanzas.

Nadie en su sano juicio pone en cuestión la importancia vital que tiene el sector financiero en cualquier tipo de economía porque suministra la savia, la sangre que se necesita para que haya actividad económica. Pero, precisamente porque debe prestar un servicio de interés público fundamental, es por lo que se debe impedir que se desarrolle como un lastre para el resto de la economía que es lo que viene ocurriendo en las últimas décadas, cuando se ha dado pleno poder de decisión y actuación a los directivos de los bancos y responsables de las finanzas internacionales.

El crecimiento tan exagerado del sector financiero es muy negativo porque no implica que haya más y mejor financiación para la economía real sino que la banca actúe como un rentista que gana dinero sin crear riqueza, simplemente explotando como un fin en sí mismo la deuda que genera para hacer frente a la deuda generada antes y gracias al privilegio que tiene de crear dinero de la nada cada vez que se concede un crédito (lo explico sencillamente aquí).

Un estudio de 2018 (aquí) demostró que el excesivo y mal funcionamiento del sector financiero le costó al Reino Unido la friolera de 5,1 billones de libras de 1995 a 2015 en recursos, habilidades e inversiones que beneficiaron al sector financiero en lugar de destinarse a las actividades más productivas de la sociedad. Y eso, sin tener en cuenta que, como demostró la National Audit Office, la financiación privada de los proyectos públicos es un 40% más cara que la pública (aquí).

La concentración financiera como la que supone la fusión entre Bankia y Caixabank es ineficiente, un peligro más para la economía española y un nuevo robo al Estado.

Ahora, una nueva concentración bancaria a costa del dinero y del interés público como la que supone la fusión entre Bankia y Caixabank, no sólo va a traer, como he dicho, menos actividad económica, peor financiación, más ineficiencia y más volatilidad y riesgo de crisis económica, como han demostrado los análisis empíricos. Supone, además, un peligro para nuestra democracia ya de por sí limitada.

La banca internacional no es sólo un colaborador necesario de las grandes organizaciones y mafias criminales y terroristas, cuyo dinero blanquean, tal y como de nuevo se acaba de descubrir en los últimos días. Es ella misma una fuente constante de actividad criminal como demuestran las docenas de casos que se han descubierto en los últimos años dentro y fuera de España: la manipulación del Libor, la evasión fiscal, la malversación de fondos, la venta de hipotecas basura, el fraude de las acciones preferentes, el continuo falseamiento de la información a la clientela, el cobro de comisiones abusivas o indebidas, la manipulación de cuentas con la ayuda de las auditoras... por no hablar del dinero clara u ocultamente recibido de los Estados y que nunca se devuelve. (...)

Escribió hace años el economista Thorstein Veblen que "los financieros buscan activamente controlar y dominar los mercados para maximizar sus ganancias, incluso si eso significaba adoptar prácticas comerciales anticompetitivas, inmorales y ocasionalmente ilegales". Lo que hemos visto que ha ocurrido en España y en otros países en los últimos años, o el nuevo descubrimiento hace unos días del masivo blanqueo de capitales que realizan los bancos internacionales para ayudar a todo tipo de organizaciones criminales y terroristas, son una buena prueba de ello. 
 
Pero el caso Bankia, como antes la forma en que se actuó ante la crisis financiera, nos vuelven lamentablemente a demostrar que ni existen en España auténticos poderes públicos dispuestos a hacer frente al sabotaje del interés colectivo que permanentemente lleva a cabo el poder financiero, dueño y señor de la política en casi todos los países del mundo, ni una sociedad informada, valiente y dispuesta a ser dueña de sus destinos. Y así nos va." (Juan Torres López, Público, 25/09/20)

19.5.20

Mientras no se afronten estos factores continuados de perturbación, mientras no se ponga coto a la especulación financiera y a la acumulación vertiginosa de la riqueza en tan pocas manos, la salida a esta crisis no podrá ser otra que una sucesión de otras nuevas. No será ni en "V", ni en "U" y ni siquiera en "W", sino en una sucesión de subidas y bajadas, de crisis frenéticas que pueden herir de muerte al planeta.

"Los economistas, gobiernos y organismos internacionales están tratando de predecir cómo será la salida de la crisis, una vez que se haya detenido la propagación del virus. (...)

Según un estudio que realiza desde hace años la escuela de negocios ESADE, el mayor error en la previsión de crecimiento del PIB de 2019 para nuestro país lo tuvieron, por este orden, el Banco de España, el BBVA, la OCDE, la Comisión Europea y el Gobierno. Aunque es verdad que el grado de acierto de casi todos ellos es muy variable a lo largo del tiempo, es bastante significativo que quien más directamente tiene que ver con la aplicación de las políticas sea quien más se ha equivocado. Así que tengan esto en cuenta antes de creerse a pies juntillas sus previsiones. (...)

De la crisis del coronavirus se saldrá en los próximos meses porque el confinamiento no va a ser eterno y porque los gobiernos de los países más poderosos están tomando medidas para garantizar que la mayor parte de las empresas puedan sobrevivir a esta fase de encierro. 

Algunos, si lo hacen bien, podrán utilizarla para reformar sus modelos de crecimiento, se adaptarán mucho mejor a las condiciones cambiantes que se están abriendo paso en la economía internacional e incluso pueden salir reforzados. Pero es muy ingenuo creer que eso es lo que va a ocurrir de manera general. Algunos, como Estados Unidos, Italia o España, por no hablar de los más débiles de América Latina o Asia, van a tener muchas dificultades para salir adelante sin un gran destrozo, pues no están adoptando todas las medidas que hubieran podido evitar la destrucción tan grande de sus aparatos productivos que se está comenzando a producir. 

Y, con independencia de ello, aunque todos los países hubieran tenido el acierto y la posibilidad de aplicar las mejores medidas posibles, lo cierto es que ni siquiera así se podría evitar que la salida a la crisis sea más traumática de lo que señalan las predicciones que se vienen realizando.

Lo mismo que en el planeta se padece ahora una pandemia provocada por el coronavirus, la economía internacional viene sufriendo desde los años setenta del siglo pasado otro tipo de "pandemia" de la que apenas se habla, para que no se vean las vergüenzas de las políticas económicas neoliberales que se aplican desde entonces. Me refiero a la "pandemia" de crisis financieras que se han registrado en los últimos cincuenta casi sin parar. 

Según un estudio del Fondo Monetario Internacional (aquí), desde 1970 a 2017 se habían producido 151 episodios de crisis bancarias sistémicas, 74 de deuda soberana y 236 de divisas en todo el mundo. Es cierto que muchas de ellas se entremezclan, pero lo cierto es que si se sumaran todas darían un total de 461, es decir nada más y nada menos que 9,8 crisis por año.

Las investigaciones que se han realizado sobre todas ellas han puesto de relieve una correlación estrechísima entre su frecuencia y dos factores principales: la liberalización de los movimientos de capital y la desigualdad. Cuanta más libertad tiene el capital para realizar operaciones en todo el mundo y cuanta más desigualdad se registra en el planeta, mayor número de crisis financieras se producen. 

Los datos no dejan lugar a dudas sobre ello. Es muy significativo, por ejemplo, que de 1945 a 1970 casi no se produjera ni una sola crisis financieras en todo el mundo (muy pocas en las economías más atrasadas y prácticamente ninguna en las avanzadas, según el mismo estudio). Algo que pudo ocurrir gracias a que había controles muy estrictos a los movimientos de capital, porque apenas se producía la especulación financiera y porque había mucha más igualdad.

En los últimos años, esos factores que van a unidos a la mayor frecuencia de crisis financieras se han reforzado: cada día hay mayor desigualdad y están aumentado las fuentes de la volatilidad de los capitales, como la deuda, la especulación bursátil, la pérdida de rentabilidad del capital material, la crisis del comercio internacional y de los sistemas monetarios, y la insolvencia generalizada de la banca internacional.

Para colmo, además de esos detonantes de crisis financieras, en los últimos tiempos se están abriendo otras fracturas en nuestras economías y sociedades que también producen crisis económicas: en especial, las que tienen que ver con el mal uso que hacemos del medio ambiente y de los recursos naturales (la pandemia de coronavirus, querámoslo o no, es una expresión de ello). (...)

Nadie sabe cómo será nuestro futuro. Aunque sí podemos estar seguros de algo: mientras no se afronten estos factores continuados de perturbación, mientras no se ponga coto a la especulación financiera y a la acumulación vertiginosa de la riqueza en tan pocas manos, la salida a esta crisis no podrá ser otra que una sucesión de otras nuevas. No será ni en "V", ni en "U" y ni siquiera en "W", sino en una sucesión de subidas y bajadas, de crisis frenéticas que pueden herir de muerte al planeta.

Afortunadamente, sabemos qué se podría hacer para evitarlo y esta misma crisis que estamos viviendo nos lo indica cuando nos muestra el valor esencial de los servicios públicos, del cuidado, de respetar las leyes de la naturaleza y no jugar con ella, de anteponer la lógica de la vida a la del beneficio, la necesidad de contar con sistemas seguros para el aprovisionamiento de los bienes, servicios o financiación que nos resultan esenciales, o que la creación de riqueza que debemos promover es la que satisface las necesidades de los seres humanos y no sólo los privilegios de las finanzas. Sólo si tomamos conciencia de esto podremos empezar a vivir con menos sobresaltos."                 (Juan Torres López, Público, 05/05/20)

11.7.19

En los últimos 30 años, el capital financiero se ha convertido en dominante en las principales economías capitalistas, superando a la élite industrial en poder e influencia. Esta evolución ha llevado a que el sector productivo se vea cada vez más sometido a la dinámica volátil del sector financiero...

"En los últimos 30 años, el capital financiero se ha convertido en dominante en las principales economías capitalistas, superando a la élite industrial en poder e influencia. Esta evolución ha llevado a que el sector productivo se vea cada vez más sometido a la dinámica volátil del sector financiero.

La centralidad de las finanzas en la actual economía mundial se pone de manifiesto por la creciente frecuencia de las grandes crisis financieras, a las que inevitablemente han seguido las recesiones. Desde que se inició la liberalización de los mercados de capitales durante la era Thatcher-Reagan a principios de los años ochenta, se han producido al menos 12 grandes crisis financieras.

 La más reciente ha sido la crisis mundial de 2007-2008, que también provocó lo que ahora se conoce como la Gran Recesión, de la que muchas de las economías desarrolladas no se han recuperado todavía. 

Se considera que el proceso y la característica más distintiva del capitalismo contemporáneo es la financierización. En la época de Marx, la financierización como mecanismo clave para crear beneficios se consideraba una aberración periódica. En los últimos años, sin embargo, se ha convertido en la forma dominante de extraer beneficios. ¿Cómo ha ocurrido esto?

La financierización se deriva esencialmente de la crisis de la producción que comenzó a finales de los años setenta. Esto tomó la forma de una crisis de sobreproducción que superó a la economía capitalista global después de los llamados Treinta años gloriosos de expansión después de la Segunda Guerra Mundial.

La sobreproducción tenía sus raíces en la rápida y exitosa reconstrucción económica de Alemania y Japón y en el rápido crecimiento de economías en vías de industrialización como Brasil, Corea del Sur y Taiwán. Esto añadió una enorme capacidad productiva y una mayor competencia mundial, mientras que la desigualdad en los ingresos dentro de los países y entre ellos limitó el crecimiento del poder adquisitivo y de la demanda efectiva. Esta crisis clásica de sobreproducción –o subconsumo, por utilizar la formulación de Paul Sweezy– llevó a una disminución de la rentabilidad.

Hubo tres salidas de la crisis de rentabilidad que sufrió el capital: la reestructuración neoliberal, la globalización y la financierización. La reestructuración neoliberal significaba esencialmente redistribuir los ingresos de la clase media a los ricos para incentivar a estos últimos a invertir en la producción. 

La globalización de la producción implicó la ubicación de instalaciones de producción en países con salarios bajos para aumentar la rentabilidad. Si bien estas dos estrategias trajeron consigo un aumento de la rentabilidad a corto plazo, a medio y largo plazo fueron contraproducentes, ya que provocaron un descenso de la demanda efectiva al recortar o impedir el aumento de los salarios de los trabajadores.

Dimensiones clave de la financierización

Eso nos deja la financierización, que tenía una serie de aspectos clave, pero hay que destacar tres.
En primer lugar, la financierización implicaba la creación masiva de endeudamiento en la población para sustituir los ingresos estancados con el fin de crear demanda de bienes y servicios. Gran parte de esta deuda fue financiada por la inyección de dinero prestado por los gobiernos asiáticos reciclando dinero en efectivo a los Estados Unidos procedente de los excedentes comerciales de los que disfrutaban con este último.

 La principal vía fue a través de la provisión de los llamados préstamos de vivienda de alto riesgo a una gran parte de la población. Se trataba de préstamos que se concedían indiscriminadamente a compradores de viviendas con poca capacidad de reembolso, por lo que eran esencialmente bombas de relojería.

En segundo lugar, la financierización implicaba las llamadas innovaciones en ingeniería financiera que facilitaría la liquidez. Uno de los más importantes –y, en última instancia, el más perjudicial– fue la titulización, que consistía en hacer que los contratos tradicionalmente inmóviles, como las hipotecas, fueran líquidos o móviles y negociables. Las hipotecas titulizadas, que podrían negociarse, llevarían a la desaparición de la originaria relación acreedor-deudor.

Además, la ingeniería financiera permitió que la hipoteca de alto riesgo original se combinara con hipotecas de mejor calidad y se vendiera como valores más complejos. Pero incluso cuando los valores hipotecarios se combinaban y recombinaban y se negociaban de una institución a otra no podían escapar a su cualidad subyacente. 

Cuando millones de propietarios de las hipotecas de alto riesgo ya no podían hacer frente a sus pagos debido a sus bajos ingresos, esta evolución se extendió como una reacción en cadena a los billones de títulos hipotecarios que se negociaban en todo el mundo, perjudicando su calidad y llevando a la bancarrota a quienes poseían cantidades significativas de ellos, como el banco de inversión de Wall Street, Lehman Brothers. 

Los títulos avalados por hipoteca (o MBS, mortgage-backed security) fueron solo un ejemplo de las innovaciones de la ingeniería financiera, conocidas como “derivados”, que tenían por objeto facilitar la liquidez, pero que terminaron alentando el endeudamiento masivo sobre el frágil supuesto de capital o de riqueza real. Los operadores del mercado caracterizados por una elevada proporción entre deuda y capital propio fueron descritos como “muy apalancados”. El alto nivel de apalancamiento de Wall Street antes de la crisis quedó demostrado por el hecho de que el valor del volumen total de instrumentos financieros derivados se estimaba en 740 billones, en comparación con un PIB mundial de 70 billones de dólares.

Los matemáticos contratados por las instituciones de Wall Street formularon las ecuaciones más complejas para fomentar la ilusión de calidad cuando en realidad los valores descansaban sobre activos de valor cuestionable.

La tercera característica clave de la financierización fue que muchos de los operadores, instituciones y productos clave que se encontraban a la vanguardia del proceso no estaban regulados o estaban mal regulados. Así surgió la llamada “industria bancaria en la sombra” junto con la industria bancaria tradicional regulada, con instituciones financieras no tradicionales como Goldman Sachs, Morgan Stanley y American International Group (AIG) que sirvieron como la primera ola masiva de un tsunami que trajo consigo la introducción de la titulización, la ingeniería financiera y productos novedosos como los MBS, las obligaciones de deuda colateral (CDO) y los swaps de incumplimiento crediticio (CDS).

La implosión de las hipotecas de alto riesgo de 2007 reveló la dinámica esencial de la financierización como motor de la economía, es decir, que dependía de la creación e inflación de burbujas especulativas. La obtención de beneficios se basaba en la creación de una deuda masiva con una base muy débil sobre el valor real o sobre el capital. 

Mientras persistía la ilusión de que los MBS eran valores sólidos, Wall Street funcionaba como un casino, con inversores que utilizaban diferentes productos financieros para apostar por los movimientos de los valores de los activos y sus productos derivados con el fin de hacer una fortuna.

Una masacre significaba comprar valores al “precio justo” en el “momento justo”, y luego venderlos una vez que su precio había aumentado significativamente y antes de que decayeran. Sin embargo, una vez que los acontecimientos pusieron al descubierto los frágiles cimientos de los valores de alto riesgo, los operadores del mercado entraron en pánico y salieron corriendo, vendiendo sus activos lo antes posible para recuperar algo de valor, un proceso que aceleró el hundimiento de los valores a un nivel negativo.  (...)"                 (Walden Bello, CTXT, 18/06/19)

1.12.16

Se acaba a fase expansiva de un ciclo de Kondratiev, que se inició en 1994, y comienza su fase recesiva... eso es todo

"(...) En nuestro libro Globalización, dependencia y neoliberalismo en América Latina (2011) afirmamos que la coyuntura mundial contemporánea debería ser entendida por la combinación de tres movimientos de larga duración:

 a) la revolución científico-técnica que, desde los años 1970, impone la crisis del capitalismo como modo de producción, al convertir el conocimiento y, por lo tanto, el aumento del valor de la fuerza de trabajo, en el elemento más dinámico e importante de las fuerzas productivas.

 b) La crisis de hegemonía de los Estados Unidos (...) que opta por la estrategia de financierización utilizando su poder sobre la moneda mundial para crear valor ficticio y reducir las presiones del trabajo sobre la acumulación  (...)

c) La fase expansiva de un ciclo de Kondratiev, que se inicia en 1994 y debe agotarse en esta década, impulsada, por un lado, por la proyección y la integración de China en la economía mundial y, por el otro, por la recuperación de la tasa de ganancia en los países centrales después de la imposición de una profunda derrota a la clase trabajadora a partir de la combinación entre financierización y cambios radicales en la base tecnológica y en los patrones organizacionales de las empresas y de las políticas estatales.  (...)

La transferencia acelerada de competitividad internacional hacia el Este asiático, las presiones financieras del déficit público sobre el welfare y la derrota contundente del proletariado fordista abrieron el espacio para desplazar el eje del capitalismo atlantista y centrarlo en la tasa de ganancia por medio de un nuevo ciclo de Kondratiev. (...)

La incapacidad de restablecer tasas de crecimiento económico típicas de las fases expansivas del Kondratiev impone un fuerte obstáculo para el centrismo de izquierda, que parece entrar en declive acelerado por la incapacidad de conciliar el interés de diversos grupos sociales, como rentistas, grandes oligopolios, pequeños y medianos industriales y trabajadores.

 Todo apunta a que la fase expansiva del Kondratiev en curso ya se agotó en los Estados Unidos y en Europa Occidental desde la crisis de 2008, y en la economía mundial deberá agotarse aún en esta década con la desaceleración en curso en China.  (...)

La crisis de los centrismos de izquierda que gestionaron la onda larga expansiva iniciada en 1994 lleva a dos tipos de desdoblamientos: de un lado, a la presión de los movimientos sociales para que las izquierdas rompan sus compromisos con el rentismo, el capital financiero y el neoliberalismo, dando prioridad al combate de la desigualdad y la profundización de la democracia, vinculándolos a distintos proyectos de desarrollo que promuevan la articulación entre la soberanía nacional y la cooperación internacional.

 Del otro lado, a la reacción de la derecha a los movimientos sociales contra la desigualdad que se vienen acumulando en baja intensidad durante la larga onda expansiva y que ahora amenazan cambiar su ritmo. Frente a esta posibilidad, la derecha echa mano de otra agenda donde pone la escasez como una realidad inexorable, y reivindica la desigualdad y el proteccionismo para mantener privilegios contra las presiones competitivas de la globalización oriundas del comercio y de la migración.

 Se trata de preservar los polos de riqueza y poder contra el declive, interpretado como producto de presiones competitivas de los excluidos del mundo por la redistribución del excedente: inmigrantes oriundos de la periferia, minorías étnicas, trabajadores, Estados o grupos que realizan políticas anti-imperiales y Estados que desplazan el eje del poder económico mundial.

 De esta manera, la derecha elabora un proyecto populista y neofascista que, al mismo tiempo que la exime de ser la causante de la desigualdad, le adjudica la responsabilidad del declive del hombre europeo, blanco, heteronormativo a un presunto "enemigo externo/interno". 

Claro que se pueden hacer algunos ajustes y modificaciones puntuales a ese proyecto cultural, pero sin modificar su esencia anti-multiculturalista. Se trata de establecer un proteccionismo con base en la capas medias en contra de aspectos de la economía mundial, como la presión competitiva proveniente del comercio y la deslocalización de la producción, preservándose, sin embargo, la desreglamentación financiera por la cual los países centrales del eje atlantista de poder capturan parte del capital circulante del mundo mediante la sobrevaloración de sus monedas.  (...)"             (Carlos Eduardo Martins , Rebelión, 29/11/16)

27.4.16

La polémica sobre esta nueva era de letargo económico se ha organizado superficialmente en dos polos: innovaciones técnicas o crisis financieras

"(...) La polémica sobre esta nueva era de letargo económico se ha organizado alrededor de dos polos. Por un lado se discute si ya se agotaron las posibilidades de una oleada de innovaciones técnicas capaz de sustentar una nueva fase de acumulación de capital o si, por el contrario, estamos en vísperas de una nueva revolución tecnológica.

 La verdad es que entre la realidad de la telefonía celular y las promesas demagógicas de los fanáticos de las nanotecnologías hay una gran distancia. No es evidente que viene en camino una nueva serie de tecnologías parecidas a la máquina de vapor o el automóvil.

Estas innovaciones con justicia reciben el nombre de innovaciones básicas, por haber transformado todo el sistema económico. No sólo cambiaron la matriz de relaciones inter-industriales de manera radical, sino redefinieron la construcción de obras de infraestructura y reorganizaron el espacio público.

 Pero no se puede transformar el sistema económico cada cinco años, y por ello muchos piensan que nada comparable existe en el horizonte tecnológico actual. De acuerdo con esa visión el capitalismo estaría condenado a sufrir un ritmo de expansión mediocre con innovaciones derivadas de tecnologías introducidas hace décadas.

Para muchos otros analistas el estancamiento secular sería sólo una consecuencia de la crisis financiera. Por ejemplo, Kenneth Rogoff y Carmen Reinhart piensan que el festín de endeudamiento duró demasiado como para pensar que las cicatrices podrían borrarse rápido y sin dolor.

Pero estos dos autores creen ingenuamente que antes de 2007 las principales economías capitalistas gozaban en lo esencial de buena salud. Para ellos, más allá de los abusos en el sector financiero, todo marchaba más o menos bien.

En realidad la polarización del debate es artificial porque una nueva oleada de innovaciones capaz de sostener un ritmo de crecimiento estable necesitaría estructuras financieras adecuadas.

 Esa es una de las principales lecciones de la tesis de doctorado de Hyman Minsky sobre inversiones inducidas y ciclos de negocios. Esa tesis se inició en Harvard bajo la supervisión de Schumpeter, pero la muerte de este último en 1950 obligó a Minsky a concluir la investigación bajo la dirección de Leontief. (...)

De esta insatisfacción con la teoría de los ciclos de Schumpeter nace el minucioso análisis de Minsky sobre las fuentes de inestabilidad asociadas a una economía en la que el sistema bancario comercial privado se encarga de la tarea de creación monetaria.

Especialmente importante para Minsky es la tendencia pro-cíclica de la actividad bancaria: cuando las cosas van bien, el crédito se multiplica y se genera inestabilidad.

 Al contrario, cuando todo pinta mal, el crédito se restringe y se hace más pronunciada la caída en la inversión y el empleo. Por esta razón Minsky está más cerca de las perspectivas de Keynes sobre la volatilidad en las expectativas y la preferencia de liquidez.

Así las cosas, la polémica actual sobre el estancamiento secular no puede limitarse a una discusión simplona sobre fuentes del cambio técnico o sobre los efectos relacionados con la debacle financiera iniciada en 2007.

Quizás el problema principal de esta polarización del debate sobre estancamiento secular es que se deja de lado todo lo relacionado con las causas estructurales de la crisis, comenzando con la distribución del ingreso y el conflicto social derivado de la desigualdad. Como si todo eso nada tuviera que ver con las perspectivas futuras del capitalismo."         (Alejandro Nadal, La Jornada, en Jaque al neocolonialismo, 30/03/16)

14.8.15

La trampa de la deuda, causante de la década perdida latinoamericana

"(...) Recuerdo, recién licenciado, mis primeros años en el Servicio de Estudios del Banco de España, años setenta, coincidiendo con las llamadas crisis del petróleo que provocaron una enorme subida de precios de este producto y numerosos desequilibrios en las balanzas de pagos, con la excepcional acumulación de recursos en manos de los países productores. 

El profesor Rojo, entonces director general del Servicio de Estudios, veía el fenómeno con gran preocupación, anunciaba la parálisis del sistema financiero internacional y el colapso de los medios de pago, ya que parecía imposible reciclar toda esa ingente cantidad acumulada de dólares (petrodólares).

La solución que el ínclito profesor no era capaz de vislumbrar, parece que los agentes financieros no tardaron mucho en intuirla. Los países productores colocaron los recursos en la banca internacional y esta encontró pronto acomodo para ellos, prestándolos a los países subdesarrollados, principalmente de América Latina, con la complicidad de sus gobiernos en su mayoría corruptos.

Desde ese momento, y puesto que los créditos estaban nominados en dólares, los países quedaron a expensas de sus acreedores y de su máximo representante, el FMI, que les suministraba fondos de los que las sociedades no veían ni un dólar porque iban directamente a los bancos acreedores, aunque, eso sí, sufrían las graves consecuencias de las políticas que se les imponían siguiendo lo que se llamaba “el consenso de Washington”, en la línea más dura del neoliberalismo económico, incluida por supuesto la libre circulación de capitales. El resultado era la depresión económica, la huida de recursos y la necesidad de más y más endeudamiento.

El círculo vicioso se rompió tan solo cuando los acreedores llegaron al convencimiento de que era imposible que los deudores hiciesen frente a sus compromisos y que se precisaba un nuevo acuerdo que reorganizase la deuda, ya que mejor era cobrar algo que nada. 

La década perdida de América Latina es un claro ejemplo de cómo el endeudamiento exterior nominado en una moneda extranjera deteriora la soberanía de los Estados y los deja en manos de los acreedores internacionales o de aquellos poderes que ocupan su lugar. (...)"              (Juan Francisco Martín Seco, República.com, 26/07/2015)

27.2.08

La crisis, a las claras

“Todo comenzó en 2001, con el estallido de la burbuja de Internet. Para preservar a los inversores, Alan Greenspan, presidente entonces de la FED, decidió orientar la inversión hacia los valores mobiliarios (3). Mediante una política de tipos de interés muy bajos y de abaratamiento de los gastos financieros, exhorta a los intermediarios financieros e inmobiliarios a incitar a una clientela cada vez más amplia a invertir en “el ladrillo”.

Se pone así en marcha el sistema de los subprimes, créditos hipotecarios de alto riesgo y de tasa variable concedidos a familias económicamente muy frágiles. Pero cuando, en 2005, la FED aumenta los intereses del dinero, deteriora la máquina y acarrea un desastrosos efecto dominó que a partir de agosto de 2007, va a hacer tambalearse el sistema bancario internacional.

La amenaza de insolvencia de cerca de tres millones de hogares, endeudados en unos 200.000 millones de euros, provoca la quiebra de importantes establecimientos de crédito estadounidenses. Para protegerse contra ese riesgo, éstos habían vendido una parte de sus hipotecas dudosas a otros bancos que los habían cedido a fondos de inversión especulativos los cuales, a su vez, los habían diseminado por bancos del mundo entero. (…)

Resultado: como una fulgurante epidemia, la crisis se ha extendido al conjunto del sistema bancario. (…)

No se conoce todavía la amplitud exacta del desastre. Desde agosto de 2007, los bancos centrales norteamericano, europeo, británico, suizo y japonés han inyectado a la economía centenares de miles de millones de euros. Sin conseguir restablecer la confianza.

La crisis se propagará, con seguridad, de la economía financiera a la economía real.”

(3) Leer: Crises financièresà repetition: quelles explications ? Fondation Res Publica, París, 2008.

(Ignacio Ramonet: ¿’Crack’ 2008?. Le Monde Diplomatique, ed. española, nº 148, Febrero, 2008, Portada)

28.1.08

¿Quién era el frágil? ¿ Kerviel o la Sociéte Genérale?

Le han cargado el muerto. En Société Générale, gente de su entorno recuerda que trabajaba duro, hasta la noche. Los directivos creen, según el diario norteamericano The Wall Street Journal, que Kerviel pudo estar horas para saltarse los sistemas informáticos del banco y eliminar los números de control que hubieran dado pistas sobre sus apuestas millonarias. Supuestamente usaba las contraseñas de otros compañeros para borrar su rastro, y mientras acumuló ganancias, nadie notó nada. Luego empezó a perder mucho dinero, hasta que el viernes saltaron las alarmas.” (El País, ed. Galicia, Economía, 26/01/2008, p. 19)

“El Gobierno francés no es el único que recela de todo lo relacionado con el agujero del segundo mayor banco galo. La incredulidad y las sospechas se acumulaban ayer sobre la versión ofrecida por Société Générale. La cuestión que más preocupa a los expertos es saber hasta qué punto, entre el pasado lunes 21 de enero y el miércoles 23, al poner en el mercado los valores por el equivalente a 50.000 millones que había comprometido Kerviel, Société Générale se convirtió en un actor decisivo en el desplome de las Bolsas que forzó a la Reserva Federal norteamericana a bajar los tipos en tres cuartos de punto.

Los expertos dudan abiertamente de que fuera posible que un solo hombre, que ocupaba una posición no especialmente relevante, pudiera embarcarse en operaciones de tal magnitud. Varios fueron ayer los analistas financieros que no ocultaron sus sospechas de que Société pudiera haber "inflado el globo" del fraude cometido por Kerviel para ocultar las pérdidas sufridas por las hipotecas basura en EE UU.” (El País, ed. Galicia, Economía, 26/01/2008, p. 19)

“La entidad hizo oficial la cifra total que arriesgó el operador Jérôme Kerviel: 50.000 millones de euros. Esta impresionante cantidad es lo que gana este banco en 10 años y supone 6.000 millones más que el Producto Interior Bruto de Marruecos. Tras conocer el fraude, el banco se deshizo de todas las operaciones y se anotó una pérdida de 4.900 millones.

Société Générale también ofreció ayer una cronología de los pasos que dio tras las primeras sospechas de operaciones fraudulentas descubiertas el 18 de enero.

El comunicado del banco afirmaba que comenzó a deshacer las posiciones del operador en un mercado "desfavorable" a partir del 21 de enero y que completó la operación dos días después. Kerviel se entregó a las autoridades este sábado, tres días después de que el prestigioso banco revelara el mayor fraude bancario conocido hasta ahora.

El banco acusó a su operador de tomar Posiciones "fraudulentas masivas" en 2007 y 2008 en los índices de valores europeos, que produjeron enormes pérdidas al intentar deshacerlas a comienzos de la semana pasada con unos mercados en caída libre.

El banco también dice que sus ventas masivas no hundieron las Bolsas, ya que en la noche del 20 al 21 de enero "hubo una significativa caída en los mercados asiáticos, antes de la apertura de las plazas europeas". Para demostrarlo, apuntan que la ponderación de Société Générale en los índices bursátiles fue inferior al 9%. Tras el fraude, se han establecido nuevos sistemas de control, que impedirían que se reprodujera, dice la empresa.” (El País, ed. Galicia, Economía, 28-01-08)

Kerviel: "Mientras ganaba dinero, mis superiores hacían la vista gorda"

"No puedo creer que mis superiores no tuvieran conciencia de las cantidades que invertía, es imposible generar tales beneficios [declaró 55 millones en 2007] con posiciones pequeñas. Mientras estaba en positivo, mis superiores hacían la vista gorda", sostuvo Kerviel durante el interrogatorio del sábado.

"Lo que tenía en la cabeza era hacer ganar dinero a mi banco, en ningún caso enriquecerme personalmente", afirmóKerviel, que llega a definirse como "un generador de cash". (…)

"Las técnicas que yo utilizaban no son sofisticadas", mantuvo Kerviel, en oposición a los que le describen como un genio de la informática. "Utilicé una función de nuestro sistema de mensajería interna que me permitía reutilizar el encabezamiento de un mail que me habían mandado, cambiando el texto . Escribía el texto que yo necesitaba y el correo tenía entonces toda la apariencia de un correo original", aseguró

Kerviel respondió con estos correos, que daban la apariencia de que un banco internacional confirmaba sus operaciones, cuando SG planteaba dudas sobre su procedimiento. E insistió en que sus superiores, ya destituidos, tampoco pusieron mucho empeño en investigarlo. "Mientras ganamos y no se ve demasiado y conviene, no dicen nada", sentenció. El broker aseguró que el back office, la departamento de control, mandó varios correos a su oficina, con preguntas sobre su proceder. Pero no hubo respuesta.(El País, ed. Galicia, Economía, 30/01/2008, p. 26)

Después de tantas crisis seguidas, los chinos y los indios han aprendido a sacarles partido, Elemental

La última fase de la globalización, tal como se está desarrollando, tiene dos características recurrentes. La primera es una acumulación de crisis financieras, de distinta naturaleza, que se repiten cada pocos años: en 1987, el citado crash bursátil; en 1992, el debilitamiento y posterior estallido del Sistema Monetario Europeo; en 1994, la quiebra de México, ejemplo de país emergente que cumplía con los dictados de la economía ortodoxa y del Fondo Monetario Internacional, y el efecto tequila (contagio a muchos otros mercados, muy alejados del mexicano); en 1997, la crisis asiática motivada por una serie de devaluaciones en cadena, que comenzó en la lejana Tailandia y a la que se denominó la primera crisis global; en 1998, la suspensión de pagos de Rusia; ese mismo año y el siguiente, nueva crisis de América Latina, a través de Argentina y Brasil; en 2000, el estallido de la burbuja de Internet y la desaparición del 90% de las empresas puntocom; en 2001, el caso Enron y la multiplicación de los escándalos en la América corporativa, con la complicidad de las compañías auditoras y de los bancos de negocios. Y hoy, las hipotecas subprime, cuyo alcance todavía no se adivina en el horizonte.

En la crisis de las hipotecas locas se dan tres singularidades, que la distinguen de la mayoría de las anteriores convulsiones: la primera, que la contaminación emerge del corazón del sistema -EE UU y la aristocracia financiera de Wall Street-, no de los países emergentes como en muchos de los anteriores episodios. La segunda, que los contaminados son los Estados del primer mundo, fundamentalmente los europeos. La tercera singularidad es la más novedosa: los salvadores de los bancos en crisis con necesidades urgentes de capitalización son los países emergentes a través de los fondos soberanos (sovereign-wealth funds); los fondos soberanos son empresas de capital público de aquellos países (China, Arabia Saudí, Abu Dhabi, ...) que tienen gigantescas reservas de divisas por poseer materias primas con los precios al alza... La paradoja es evidente: la periferia acude en salvación del centro del sistema. (...)

La segunda característica de la globalización realmente existente es la financiarización de la economía. Lo financiero ha pasado a primer plano, es lo hegemónico; lo productivo o lo industrial es subsidiario de lo financiero." (JOAQUÍN ESTEFANÍA: La metástasis, ed. Galicia, Economía, 27/01/2008, p. 24/5)