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4.9.25

El tratamiento obligatorio para la adicción a las drogas puede salvar vidas... Que el gobierno puede dar asistencia a personas con enfermedades mentales graves, aunque se nieguen, es un hecho bien establecido... la alternativa al tratamiento obligatorio en lugares como la ciudad de Nueva York no suele ser el tratamiento voluntario, sino ningún tratamiento: la vida en la calle con la oferta de drogas ilícitas más letal de la historia de Estados Unidos... La adicción reduce la capacidad de las personas para ejercer el autocontrol, sopesar con precisión las consecuencias a largo plazo frente a las de corto plazo y tomar decisiones que les beneficien. Los críticos del tratamiento obligatorio que afirman que la intervención socava la autonomía del individuo olvidan que la propia adicción mina esa autonomía... el tratamiento obligatorio que devuelve a alguien su buen juicio es una restauración de su autonomía, no una violación de la misma... La aplicación reflexiva y cuidadosa de un programa de tratamiento obligatorio puede parecer mucho pedir a una burocracia ya desbordada. Pero la realidad, degradante y peligrosa, de las calles hace inaceptable el statu quo. Si Nueva York puede diseñar una iniciativa de tratamiento obligatorio con recursos y bien diseñada, las personas con adicciones, sus seres queridos y la comunidad en general se beneficiarán enormemente (Keith Humphreys, Un. Stanford)

 "La reciente propuesta de Eric Adams, el alcalde de Nueva York, de obligar a los neoyorquinos con adicciones a someterse a un tratamiento si son un riesgo para sí mismos o para los demás es “terrible”, dijo una activista. Otra persona dijo que el plan le “produce escalofríos”.

Pero el tratamiento obligatorio, si se aplica correctamente, puede ayudar tanto a las personas con adicciones como a las comunidades en las que viven.

Que el gobierno puede dar asistencia a personas con enfermedades mentales graves, aunque se nieguen, es un hecho bien establecido. Las normas que se exigen para ello —usualmente, demostrar que el individuo está gravemente incapacitado o supone una amenaza para la comunidad— pueden variar, pero el principio subyacente es el mismo.

Este tipo de internamiento civil existe desde hace un siglo en Estados Unidos, y los 50 estados tienen leyes que regulan esta práctica. Pero Nueva York se está entre la minoría que no considera la adicción por sí sola un fundamento jurídico suficiente para ordenar la atención.

Debería hacerlo. Porque la alternativa al tratamiento obligatorio en lugares como la ciudad de Nueva York no suele ser el tratamiento voluntario, sino ningún tratamiento: la vida en la calle con la oferta de drogas ilícitas más letal de la historia de Estados Unidos.

Además, uno de los estudios más amplios y a más largo plazo sobre este tema realizó un seguimiento de 2095 pacientes con adicción y descubrió que, un año después del tratamiento, aquellos cuya atención era obligatoria tenían algo más de probabilidades de evitar el consumo de drogas que los que habían iniciado el tratamiento voluntariamente. Además, en comparación con sus homólogos que habían buscado voluntariamente tratamiento en el sistema judicial, los pacientes cuya atención era obligatoria tenían menos probabilidades de volver a ser detenidos. Otros estudios hallaron que los pacientes con atención obligatoria obtienen resultados algo peores o iguales que los pacientes voluntarios. Una nueva revisión de 22 estudios encontró “falta de evidencia de alta calidad” a favor o en contra del tratamiento involuntario de la adicción.

Pero ninguno de esos estudios comparó los resultados del tratamiento involuntario con los resultados de no recibir tratamiento, la comparación más pertinente.

Que los pacientes puedan beneficiarse del tratamiento obligatorio de la adicción solo es sorprendente si se supone que la persona típica que busca tratamiento es alguien que de manera espontánea y con una fuerte motivación interna se despierta un día y decide cambiar de vida. En realidad, esos pacientes son poco frecuentes.

En una muestra nacional de 476 personas que habían buscado tratamiento por un problema con el alcohol, más de nueve de cada 10 declararon haber sido presionadas para dejar de beber o cambiar su forma de beber por su familia, cónyuge o pareja, amigos u otras personas. Así pues, las personas sometidas a presiones legales para buscar asistencia pueden encontrarse en una situación similar a la de otras personas en el mismo programa de tratamiento.

¿Por qué la gente necesita tan a menudo que la presionen para buscar tratamiento cuando las sustancias adictivas están destruyendo su vida? Sencillamente, el consumo de drogas se siente bien, al menos a corto plazo, lo que hace que muchas personas se muestren ambivalentes a la hora de dejarlo. Y el tratamiento requiere un trabajo arduo a corto plazo para superar la atracción visceral de la adicción, antes de aportar alivio a largo plazo.

De hecho, seguir dando prioridad al consumo de sustancias frente al daño es la condición sine qua non de la adicción. La adicción reduce la capacidad de las personas para ejercer el autocontrol, sopesar con precisión las consecuencias a largo plazo frente a las de corto plazo y tomar decisiones que les beneficien. Los críticos del tratamiento obligatorio que afirman que la intervención socava la autonomía del individuo olvidan que la propia adicción mina esa autonomía. De hecho, el tratamiento obligatorio que devuelve a alguien su buen juicio es una restauración de su autonomía, no una violación de la misma.

La otra razón principal para imponer el tratamiento es que las personas con adicción no son las únicas afectadas por su comportamiento. Muchas de las cargas de la adicción recaen sobre otros: seres queridos que esperan despiertos por la noche junto al teléfono con miedo de que suene y miedo de que no suene, personas expuestas a la agresividad que provocan algunas drogas (sobre todo el alcohol y los estimulantes como la metanfetamina), o las comunidades y las empresas invadidas por el consumo público de drogas. Quienes soportan estas cargas tienen todo el derecho a presionar al individuo adicto para que cambie, incluso recurriendo al sistema de justicia penal cuando sea necesario.

Durante décadas, los funcionarios de salud pública se preocuparon por el impacto de la adicción en los hijos, compañeros de trabajo, vecinos y comunidades de los consumidores, así como en los propios consumidores. Una de las razones por las que el campo de la salud pública apoyaba las campañas publicitarias contra el tabaco y las leyes que restringían su consumo, incluso cuando los fumadores se oponían, era porque reducían el daño del humo de segunda mano y ayudaban a persuadir a los no fumadores para que no empezaran a fumar.

Pero muchos activistas de la política de drogas han adoptado en los últimos años una postura parecida a la que se asocia a los activistas del derecho a poseer armas de fuego o a quienes se resisten a las vacunas, concretamente que los deseos individuales de consumir drogas deberían pesar más que las consecuencias para la comunidad.

En San Francisco, los activistas de la reducción de daños y los funcionarios de salud pública colaboraron para colocar carteles publicitarios en los que se presentaba a los consumidores de opiáceos como personas jóvenes, atractivas y con éxito, con la teoría de que esto sería desestigmatizador y los animaría a “hacerlo con amigos” que podrían rescatarlos si sufrían una sobredosis. Esto fue una bofetada a los padres que no querían que sus hijos fueran persuadidos de que el consumo de fentanilo era una actividad deseable, así como a las muchas personas que estaban teniendo interacciones difíciles con consumidores callejeros de fentanilo que no eran de la variedad amistosa, sana e inofensiva retratada en los carteles.

Como dijo recientemente el jefe de policía convertido en investigador de salud pública Brandon Del Pozo: “Si ha habido un punto ciego entre los reformadores de la política de drogas, los activistas de la reducción de daños y sus aliados en los pasillos del gobierno, es la necesidad de abordar compasiva —pero eficazmente— las consecuencias altamente perturbadoras del consumo público de drogas y de prestar atención a lo resentida que se vuelve una comunidad cuando se deja que los problemas se enconen”.

Si los defensores no consideran el valor del tratamiento obligatorio para la comunidad por sus méritos, podrían hacerlo como un ejercicio de realpolitik. La ola de despenalización y reducción de daños que barrió el noroeste del Pacífico a partir de 2020 pasó de ser popular a impopular no solo porque no consiguió reducir las sobredosis, sino también porque aumentaron los delitos violentos y contra la propiedad, incluso cuando disminuyeron a nivel nacional. Ignorar cómo el consumo de drogas y los trastornos asociados pueden perjudicar a quien no las consume es una buena forma de socavar el apoyo popular a todo tu programa de reformas.

Dicho esto, los programas de tratamiento obligatorio solo pueden funcionar si cuentan con los recursos adecuados y se aplican cuidadosamente. En décadas de trabajo con legisladores, he oído muchas propuestas entusiastas para obligar a legiones de personas a participar en programas que ni siquiera satisfacían la demanda actual. Y las iniciativas obligatorias no solo dependen de una cantidad adecuada de tratamiento, sino también de la calidad correcta. Los programas de tratamiento deben guiarse por las mejores evidencias, además de ser limpios, seguros y respetuosos. Los jueces, tanto si evalúan las solicitudes de internamiento involuntario de los profesionales de la salud como si supervisan ellos mismos a pacientes adictos en un tribunal de drogas, deben conocer bien la mejor evidencia científica sobre la naturaleza de la adicción y su tratamiento.

La aplicación reflexiva y cuidadosa de un programa de tratamiento obligatorio puede parecer mucho pedir a una burocracia ya desbordada. Pero la realidad, degradante y peligrosa, de las calles hace inaceptable el statu quo. Si Nueva York puede diseñar una iniciativa de tratamiento obligatorio con recursos y bien diseñada, las personas con adicciones, sus seres queridos y la comunidad en general se beneficiarán enormemente." 

(profesor de psiquiatría en la Universidad de Stanford , The  New York Times, 02/09/25)

24.11.24

El avance del uso terapéutico de las drogas psicodélicas en España: un "futuro muy prometedor" pese a las barreras... Varios ensayos clínicos en marcha en centros sanitarios calibran la eficacia de la psilocibina de los hongos o la ibogaína contra la depresión resistente, el estrés postraumático o las adicciones

 "El uso de las drogas psicodélicas está rompiendo cada vez más barreras en España y en el resto del mundo de la mano de la investigación científica y la medicina, que se sirven de ellas para el tratamiento de diversos problemas de salud mental y adicciones. En Fuerteventura se reúnen este fin de semana unas 300 personas, la mayoría profesionales de la psiquiatría y la psicología, que participan en un encuentro internacional sobre las terapias psicodélicas en el que se abordan los avances en un campo que busca evidencias científicas en medio de muchas trabas legales al uso de sustancias prohibidas.  

Cada vez acuden más personas a ese encuentro, denominado Fuertedélica y que cumple su tercera edición, atraídas por las posibilidades que ofrece la psicodelia en el campo de la salud mental desde diferentes ámbitos y puntos de vista. Este año van a hablar durante dos días de los diferentes usos e investigaciones que se están haciendo con MDMA, ibogaína, ayahuasca o ketamina. "Vivimos en una sociedad cada vez más polarizada, enajenada, y debemos tener en cuenta que la salud comunitaria empieza siempre por la individual. Los psicodélicos ayudan a salir también de esa realidad, a verla desde otra perspectiva. Nos ayudan a resolver conflictos", dice Raúl del Pino, uno de los organizadores del congreso.

La misma Agencia de la Unión Europea sobre Drogas (EUDA), muy reticente a los avances regulatorios, admite que en los últimos años se ha producido "un creciente interés público y clínico" por el posible uso terapéutico de una serie de sustancias psicodélicas. En concreto, la agencia señala que desde 2010 se han llevado a cabo ensayos clínicos y otros estudios en el campo médico con este tipo de drogas, para trastornos de salud mental, en particular aquellos que son resistentes al tratamiento convencional.

Ketamina o esketamina, psilocibina (alcaloide de hongos), MDMA o éxtasis, DMT (componente de la ayahuasca) y LSD son las sustancias psicodélicas que se han investigado y probado con mayor frecuencia, según esta agencia de la UE, para tratar la depresión resistente a otros tratamientos, el trastorno obsesivo compulsivo, los trastornos alimentarios y los causados por consumo de tabaco y alcohol. Y el organismo comunitario afirma que, de acuerdo con los datos disponibles de los ensayos clínicos realizados con estas drogas, "algunos psicodélicos han demostrado ser prometedores para aliviar síntomas específicos asociados con trastornos psiquiátricos difíciles de tratar".

Hasta el momento, sin embargo, los mayores avances en la regulación del uso médico de los psicodélicos han tenido lugar fuera de Europa, fundamentalmente en algunos estados de EEUU y en Australia, que en 2023 autorizó la prescripción médica de MDMA para el trastorno de estrés postraumático y de psilocibina para el de la depresión resistente al tratamiento. En la UE, según la EUDA, se han producido algunos avances en la financiación de los ensayos, sobre todo a principios de este año, cuando el programa Horizonte Europa concedió 6,5 millones de euros para investigar terapias psicodélicas para trastornos mentales resistentes al tratamiento en cuidados paliativos.

El ensayo pionero con MDMA abortado en España

España no es ajena a estas tendencia. Hay en marcha varios ensayos clínicos en diferentes fases sobre la efectividad terapéutica de diversos psicodélicos y también centros de salud mental donde se aplica la medicina psicodélica con terapias en las que se utiliza la ketamina. Esta es una droga disociativa con potencial alucinógeno que está aprobada como anestésico y que también se puede utilizar fuera de indicación por su gran similitud con la esketamina, el único fármaco psicodélico atípico autorizado para su comercialización por la Agencia Europea de Medicamentos, bajo la denominación comercial de Spravato, para el tratamiento de la depresión resistente.

España fue, además, el primer país donde se llevó a cabo un ensayo clínico con MDMA para el tratamiento del estrés postraumático, mucho antes de que se emprendieran trabajos similares en EEUU, Israel, Canadá y Suiza, que ahora se encuentran en la última fase, ya previa a la aprobación definitiva. El psicólogo clínico José Carlos Bouso era, como doctorando de la Universidad Autónoma de Madrid, uno de los investigadores de aquel ensayo que se hizo en 1999 con pacientes del entonces hospital psiquiátrico de la capital de España que sufrían un estrés postraumático. Y aún no se le olvida el enorme chasco que supuso la intromisión de la política en los caminos de la ciencia.

Una información en un periódico sobre el ensayo, con el titular "Sanidad autoriza un ensayo con éxtasis para terapias de violadas", publicado un par de meses después de que dos jóvenes hubiesen muerto por sobredosis de esa droga en una fiesta en Málaga, desató el pánico en las autoridades de entonces en la comunidad madrileña y suspendieron la investigación, según Bouso. "El MDMA hace diez años que podía haber estado en el mercado mundial como tratamiento si nos hubieran dejado trabajar entonces. Nosotros ya vimos que para las personas que sufren un estrés postraumático, con una experiencia fuerte de miedo, el MDMA les permite colocarse en una situación de seguridad emocional: el mundo deja de ser un lugar amenazante para ellas, pueden hacer una introspección sobre lo sucedido, tomar el control, controlando sus emociones desde dentro y no desde fuera", explica a Público el psicólogo clínico y director científico de Iceers.

Los resultados preliminares de aquel ensayo abortado hace 25 años fueron publicados en una revista científica internacional y sirvieron de base para los posteriores trabajos de investigación que se han realizado en EEUU y otros países y que se encuentran ya en su fase final. "Los resultados de los ensayos clínicos son espectaculares, demuestran que el MDMA es un facilitador del proceso terapéutico", asegura Bouso, que también participa como ponente en el encuentro internacional Fuertedélica.

Este psicólogo clínico y doctorado en farmacología terminó el pasado mayo otro ensayo clínico novedoso en el campo de los psicodélicos, en este caso con ibogaína para el tratamiento de personas con adicción a la metadona, un opiáceo utilizado para la deshabituación de la heroína. La ibogaína es el principio activo de un arbusto originario de África central y el estudio se llevó a cabo en el hospital Sant Joan de Reus, Tarragona, con la colaboración de Iceers, con un total de 20 pacientes y durante seis semanas. Sus resultados han sido ya presentados en varios congresos internacionales.

Según José Carlos Bouso, todos los pacientes que participaron en el ensayo redujeron la dosis de metadona y la mayoría incluso dejó de tomarla, pese a tratarse de un opiáceo con un elevado poder adictivo por su larga permanencia en el organismo. "Hemos encontrado -explica- que la ibogaína revierte la tolerancia a los opiáceos y elimina su síndrome de abstinencia. Cada vez necesitan menos cantidad de metadona".

El siguiente paso sería, según Bouso, hacer un estudio con una muestra más amplia de pacientes y con adicciones a diferentes opiáceos, no sólo a la metadona. Si se continuase la investigación clínica, la ibogaína -añade este investigador-, podría llegar a utilizarse incluso de forma preventiva, es decir, que personas adictas a la heroína la tomasen antes de comenzar un tratamiento con metadona para evitar de esa forma que se enganchen a este sustitutivo opiáceo.

Centros con tratamiento con ketamina

En España ya hay centros sanitarios donde se utiliza un psicodélico, la ketamina, para el tratamiento de problemas de salud mental, fundamentalmente la depresión resistente a otras terapias. La clínica privada Synaptica de Barcelona es la primera que puso en marcha en nuestro país un tratamiento que combina la farmacoterapia psicodélica con la psicoterapia. Y en los últimos tres, cuatro años han atendido ya a cerca de 400 pacientes procedentes de muchas partes de España y de otros países, pese a que cada sesión, de unas tres horas de duración, cuesta unos 350 euros.

"La ketamina genera neuroplasticidad, que es, digamos, la capacidad del cerebro para aprender, para generar nuevos circuitos; abre una ventana en la que los cambios pueden ser más fáciles", explica a Público Estefanía Moreno, licenciada en Medicina y psicoterapeuta de Synaptica.

La ketamina se suministra por vía intravenosa, inyectada, y luego un terapeuta acompaña en todo momento al paciente para que explique su vivencia. "Cada viaje es una experiencia única. No hay dos viajes iguales. Accedes a memorias difíciles, contenidos simbólicos, a veces son viajes más metafísicos, pero todo te permite comprender la naturaleza desde otro punto, a comprender el proceso y entender el dolor desde otro punto. El estado modificado de conciencia tiene una función terapéutica, está demostrado. Permite el acceso a recuerdos que, bien trabajado, es muy interesante desde el punto de vista terapéutico", dice Estefanía Moreno.

Según esta psicoterapeuta, la mayoría de los pacientes consiguen mejoras clínicas, unos más modestas y otros de mayor alcance, después de haber fracasado todos ellos con otras terapias y medicamentos. Tan sólo un pequeño porcentaje, asegura, no responde al tratamiento. "Es un cambio de paradigma respecto al tratamiento más tradicional, el sintomático. Aquí lo que se pretende es transformar, con un enfoque más profundo, ir más allá del simple fármaco, y tratar de que el paciente se acerque a un estado de bienestar", añade Moreno.

El avance que ha experimentado el uso médico de los psicodélicos lo prueba también el hecho de que haya una Sociedad Española de Medicina Psicodélica (Sempsi), una organización integrada por más de 50 profesionales en el campo de las neurociencias, principalmente psicólogos, psiquiatras y farmacólogos. Su objetivo, dicen, es funcionar como una plataforma de intercambio para estos profesionales, impulsar la investigación, la formación, la divulgación y la cooperación para "promover las mejores y más seguras prácticas con el uso de psicodélicos como herramienta de tratamiento".

Un futuro “muy prometedor”

Juan Paris, médico especialista en psiquiatría general, de la infancia y la adolescencia y miembro de la junta directiva de Sempsi, destaca que los psicodélicos parten del conocimiento y sabiduría de culturas milenarias que los han utilizado para diferentes motivos desde tiempos ancestrales e incorporan las evidencias que se han obtenido entre el siglo pasado y el actual. Los psicodélicos, a su entender, han planteado un cambio de paradigma en la manera de tratar problemas de salud mental, con experiencias que permiten, por ejemplo, a personas que padecen depresión salir de la prisión interior en la que se encuentran y conectar con el resto de personas y del mundo.

En España se están realizando varios ensayos clínicos en sus última fase, previa a la producción, con psicolocibina y con 5MeO para el tratamiento de depresión resistente a otras terapias, con el objetivo de comprobar si son eficaces, con qué dosis y con qué tipos de protocolo. "El futuro es muy prometedor, porque hay varios centros hospitalarios españoles que están haciendo investigación. Y hay una aceptación mucho mayor a estos trabajos con psicodélicos, tanto de usuarios como de profesionales, lo que podría llevar a su inclusión en el sistema, aunque puedan haber aún barreras", asegura Paris, que participa como investigador en un ensayo en el hospital Parc Sanitari San Joan de Deu.

José Carlos Bouso también ve un futuro prometedor en España con la investigación y el uso terapéutico de los psicodélicos. "La situación -afirma- la veo mejor que nunca, cada día mejor, aunque no deje de haber barreras, porque aunque en el mercado hay medicaciones más peligrosas que el MDMA, al MDMA se le sigue juzgando no por los resultados de los ensayos, sino por lo que ha hecho en el mercado recreativo".

La última barrera cayó como un mazazo el pasado mes de junio, cuando la Agencia del Medicamento de EEUU (FDA) rechazó los resultados de un ensayo con MDMA para autorizar a una empresa farmacéutica su futura comercialización como tratamiento del estrés postraumático, cuya aprobación hubiera abierto las puertas a este psicodélico en buena parte de los sistemas sanitarios del mundo.

No obstante, el director científico de Iceers recela también del poder de la industria farmacéutica, de la llamada Big Pharma, que, a su juicio, es la que tiene secuestrada a las agencias reguladoras de todo el mundo para que regulen a favor de los intereses económicos de ese sector: "me gustaría que el Ministerio de Sanidad empezara a financiar investigación independiente en España para que la investigación no estuviera solo en manos de la industria farmacéutica. Y que luego esa investigación sirviera para promover regulaciones y controlar los precios de los medicamentos que se comercializan. Por ejemplo, un gramo de esketamina no cuesta más de un euro fabricarlo, pero la dosis de 36 miligramos la venden a 300 euros. Si tomamos esto como ejemplo, lo que puede venir es un tremendo negocio con otros productos", concluye Bouso."                  ( Santiago F. Reviejo , Público, 23/11/24) 

9.1.24

Drogas HHC: la marihuana “legal” que prolifera en tiendas, es decir, marihuana y hachís... Los productos de HHC, sustancia psicoactiva que sustituye al THC ilegal, se venden abiertamente en establecimientos físicos y online... mientras no haya una regulación de los productos de THC, probablemente seguirán surgiendo alternativas

 "“Todo esto coloca”, indica la dependienta de la tienda sobre los productos que ofrece. Flores y resinas de HHC, es decir, marihuana y hachís, pueden comprarse con toda normalidad en tiendas físicas y online. Como también pueden comprarse vapeadores o gominolas.

En la Unión Europea es ilegal la producción de cáñamo con una concentración de THC, la sustancia del cannabis que coloca, mayor de un 0,2% (aunque recientemente han aumentado el margen hasta el 0,3%) Por este motivo, el HHC se erige como sustituto y se vende abiertamente (y sin límite de concentración) en establecimientos bajo la atenta mirada de las autoridades europeas.  

El éxito del HHC es innegable. “Estamos viendo que está entrando de manera bastante salvaje”, asegura Mireia Ventura, coordinadora del servicio de análisis de Energy Control, un programa semipúblico de intervención en el ámbito de los consumos recreativos de drogas de la Asociación Bienestar y Desarrollo (ABD).

Cualidades del HHC 

El HHC, o hexahidrocannabinol, es un cannabinoide semisintético; esto es que, aunque se puede encontrar de forma natural en las plantas, aparece en proporciones bajas, por lo que se crea o potencia en un laboratorio a partir de un proceso químico. Se vende como alternativa legal al cannabis de THC, aunque en realidad simplemente es alegal ya que no está fiscalizado, según explica Ventura. 

El informe de abril de 2023 Hexahidrocannabinol (HHC) y sustancias relacionadas, del Observatorio Europeo de las Drogas y Toxicomanía, expone que el HHC tiene efectos muy similares al THC, la principal sustancia psicoactiva del cannabis. 

Sin embargo, el estudio llevado a cabo por científicos italianos Síntesis y actividad farmacológica de los epímeros del hexahidrocannabinol (HHC), publicado en julio de 2023 en la revista científica Nature, revela que investigaciones tempranas sobre la actividad biológica del HHC en animales indican que “el HHC exhibió una menor actividad similar a la de la marihuana en comparación con el THC”. Es decir, que podría ser menos potente.

Los usuarios consultados por El Salto que han probado ambas sustancias indican que los efectos sí son similares: tanto los efectos físicos como ojos rojos o boca seca, como los mentales, como euforia, risa floja o alteración del tiempo. Sin embargo, algunos dicen que el HHC es menos potente que el THC y otros que más. “Depende de la concentración, cuanto más porcentaje de HHC, más coloca”, explica otro comerciante de este producto. 

Se pueden comprar productos con distintos porcentajes de pureza de HHC: desde el 5% en algunos aceites hasta el 99% en algunos vapers. “Los vapers son una pasada”, indica un consumidor habitual de HHC. Este formato es el más potente y a la vez el más discreto, puesto que apenas huele. 

“La concentración importa mucho, si tú tienes una sustancia que es menos potente, pero con una concentración muy alta, coloca más. Normalmente el THC en planta lo encuentras en concentraciones menores”, explica la experta de Energy Control.

Según el Informe Europeo sobre Drogas de 2023 del Observatorio Europeo de las Drogas y Toxicomanía, en el año 2021 el contenido medio de THC de la resina de cannabis era del 20 %, casi el doble que el de la hierba de cannabis, con un 9,5 %. El porcentaje de THC en resinas (hachís) oscila entre el 2% y el 32%, mientras que en la hierba el mínimo es del 2% y el máximo del 14%. 

Los productos de HHC (cogollos, resinas, gominolas, vapers) son más caros que sus homólogos de CBD, que es el cannabinoide no psicoactivo (o sea, que no coloca) que se vende también de forma legal en tiendas. Sin embargo, no tiene un precio mucho mayor que los de THC porque, en función de la cantidad, se pueden encontrar gramos por dos o tres euros. En la calle, la marihuana “tradicional” suele costar cinco euros el gramo, pero también puede llegar a los dos o tres euros si se compra en grandes cantidades. Por su parte, un gramo de CBD puede llegar a valer menos de un euro. 

Al contrario que los productos de THC y CBD, los de HHC no se venden diferenciando entre variedades indica o sativa, ya que “esta distinción solo es válida cuando hablas de plantas naturales y el HHC no proviene de una planta”, explica Ventura. Aunque sí se venden con nombres de variedades similares a los del THC y CBD, como Pineapple Haze o Cherry Kush. 

¿Cómo se crea? 

Según los mencionados expertos italianos en Nature, este compuesto se obtiene “mediante ciclación e hidrogenación del CBD”. Además, indican que “comúnmente se rocía o se mezcla con productos de cannabis comercializados” como en flores de CBD. 

Por otra parte, estos científicos señalan que el HHC no es nuevo, sino fue descrito por primera vez en 1940 por el científico estadounidense Roger Adams, miembro del Departamento de Química de la Universidad de Illinois.

Posibles riesgos de su consumo 

El informe sobre el HHC del Observatorio Europeo de las Drogas y Toxicomanías destaca que las recientes investigaciones han encontrado algunos riesgos. Advierten que, dado que su producción “no necesariamente cumple con las ‘Buenas Prácticas de Fabricación’, las contaminaciones con residuos de extracción o subproductos sintéticos podrían plantear riesgos imprevistos. También pueden estar presentes trazas de metales pesados procedentes del catalizador utilizado para la hidrogenación”. 

“Al obtener el producto de la planta también puede haber metales pesados o pesticidas, pero no están en la misma concentración que si extraemos esta sustancia de manera sintética”, explica la coordinadora de Energy Control. Además, según la experta, también podría existir un potencial peligro en los líquidos utilizados para elaborar los vapers, “o sea, ya no es solo la sustancia per se, sino con qué la mezclas. Todo esto es muy nuevo, por lo tanto, no sabemos lo que puede ocurrir en el largo plazo”. 

Precauciones y recomendaciones de los expertos

Es difícil establecer unos criterios únicos puesto que la casuística es muy variable entre personas: depende de quién lo tome, cuándo, dónde, su estado en el momento de consumir, la vía de administración… Sin embargo, los expertos consultados por este diario destacan una serie de precauciones. 

En primer lugar, debido a sus riesgos y la falta de información, es mejor no consumir esta sustancia o hacerlo de manera esporádica, no convertirlo en algo rutinario. 

Con respecto a los vapers, es mejor elegir uno con una concentración no demasiado alta. Si se elige uno potente, es recomendable esperar entre calada y calada, incluso varios minutos, para que no “suba demasiado de golpe”. Aquellos que no sean consumidores habituales deben tener especial cuidado “normalmente con un tirito es más que suficiente”, indica uno de sus vendedores. 

También hay que tener cuidado al consumir el HHC por vía oral. Una gominola tarda en subir, especialmente después de comer que se puede demorar horas, por lo que hay que tener esto en cuenta para no confiarse y que suba cuando las circunstancias ya no son las propicias. 

Ante los efectos secundarios normales del consumo de cannabinoides, lo que se conoce como amarillo, blancazo, jari o pálida, como una bajada de tensión, las recomendaciones son las de siempre: poner a la persona en posición de seguridad si ha perdido la conciencia, subir las piernas o, si se está mareando, que esté en un sitio tranquilo y, si puede, que coma o beba algo. 

Detección del HHC en Europa y España 

Algunos establecimientos afirman vender productos de HHC desde 2020 o 2021. Aun así, el Observatorio Europeo de las Drogas y Toxicomanías indica que el HHC es el primero de su clase en haber sido notificado en la UE en mayo de 2022 y, desde octubre de ese mismo año, se monitoriza como una nueva sustancia psicoactiva (NSP) por el Sistema de Alerta Temprana (EWS) y es objeto de seguimiento intensivo con el fin de comprender mejor los posibles riesgos para Europa.

A 31 de marzo de 2023, veinte Estados miembros de la UE, incluyendo España, además de Noruega y Suiza, habían notificado identificaciones de HHC. Y, aunque en abril del mismo año el Observatorio advertía que el HHC aún no estaba controlado en la mayoría de los países europeos ni por el sistema de fiscalización internacional de drogas, varios países como Francia, Austria y Finlandia ya lo han prohibido.

En España varios medios se han hecho eco de su presencia durante los últimos años. En noviembre de 2022, La Voz de Cádiz denunció su comercialización en la ciudad, en junio de 2023 La Vanguardia lo encontró en Barcelona y, a comienzos de 2024, El Salto confirma su venta en tiendas madrileñas.

Nuevos cannabinoides

“Desde que se descubrió que con pequeñas modificaciones podían conseguirse moléculas con distintos efectos y que encima no estaban fiscalizadas, surgió un mercado que se aprovechó de esta circunstancia. Esto ha pasado todo tipo de sustancias: las anfetaminas, los psicodélicos, las benzodiacepinas, los opioides…”, explica Ventura. 

Los derivados sintéticos puros, como el JWH-18 que se detectó en 2008, “han dado muchos efectos secundarios que desagradan a los consumidores, por eso los semisintéticos están teniendo más éxito, especialmente después de la pandemia”, señala la coordinadora de Energy Control. 

En octubre de 2023, la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) informó de que “desde 2022, un total de 26 países han notificado cuatro cannabinoides semisintéticos diferentes: hexahidrocannabinol (HHC), acetato de hexahidrocannabinol (HHC-acetato), hexahidrocannabiforol (HHCP) y  CBD hidrogenado o tetrahidrocannabidiol (H4-CBD)”. 

También se venden en tiendas, aunque es menos habitual, vapers con THCP, o tetrahidrocannabiforol, que es un tipo de cannabinoide que ha mostrado propiedades cannabimiméticas mucho más altas que las del THC, según un estudio sobre la sustancia publicado en la revista Nature en 2019. Es decir, que podría producir los mismos efectos, pero de forma más intensa. 

Al final, el mercado de las drogas es un mercado más, que se rige por las leyes de la oferta y la demanda. “Y en el caso del cannabis, hay mucha demanda”, recuerda la experta. 

Según el informe europeo sobre drogas de 2022, el cannabis es la sustancia ilegal más consumida de Europa. Los últimos datos del Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones muestran que en nuestro país también: en 2022 el 40,9% de los adultos entre 15 y 64 años habían consumido cannabis alguna vez en la vida. Y el 10,6% en los últimos 12 meses.  

Profesionales del mundo del cannabis advierten que, mientras no haya una regulación de los productos de THC, probablemente seguirán surgiendo alternativas."               (Lara Zofio, El Salto, 07/01/24)

13.2.23

100 años de un experimento fracasado: ¿Ha llegado el momento de despenalizar las drogas? Los resultados de la prohibición de las drogas están a la vista de todos y sus efectos se extienden por todo el mundo. El resumen es que ha sido un auténtico desastre: adulteración de sustancias que desembocan en accidentes mortales, vidas truncadas por la cárcel o el estigma y un consolidado poder paralelo, el narcotráfico, que no existiría si las drogas fuesen legales. No hablamos solo de Sudamérica: la policía holandesa alertó en 2018 del peligro de que Holanda se convirtiera en un narcoestado... investigaciones prueban que el consumo sensato de drogas puede mejorar la vida y por eso hay un gran número de personas sobrias y honradas en nuestra sociedad que las consumen... Despenalizar las drogas no debería ser ningún experimento, básicamente porque así ha vivido la humanidad durante toda su historia. El experimento fue prohibirlas. Más de 100 años después y constatado su fracaso, ¿tal vez tocaría regresar al punto de partida?

 "Cuando un joven empieza a salir de noche, todavía siendo menor de edad, le puede resultar más sencillo llamar a un camello y comprar una pastilla de éxtasis que entrar a un supermercado e intentar que le vendan una botella de ron. Imaginen qué acabarán eligiendo muchos. 

El ejemplo demuestra que cuando algo es ilegal no significa que esté más o mejor controlado. Tal vez al contrario: hay una serie de requisitos sobre su calidad, su pureza y su acceso que quedan en manos de criminales en lugar de las autoridades. ¿Ha sido efectivo prohibir las drogas?

Hasta finales del siglo XIX (en algunos lugares incluso hasta principios del siglo XX), los ciudadanos eran libres de alterar su conciencia con las sustancias que quisieran. No debería hacer falta usar el manido recurso de que la cocaína y varios opiáceos podían comprarse en la farmacia. Tampoco recordar que la humanidad ha consumido estupefacientes desde tiempos inmemoriales sin rasgarnos las vestiduras. 

En Las Drogas, de los orígenes a la prohibición (Espasa), el pensador Antonio Escohotado documentó cómo las primeras referencias a la adormidera aparecen en tablillas sumerias del tercer milenio antes de Cristo. El opio figura también en jeroglíficos egipcios y en La Odisea de Homero. Se dice que Aristóteles, Platón, Sófocles, Sócrates, Plutarco y muchos más tuvieron experiencias visionarias tomando un concentrado con propiedades similares al LSD en los ritos de los misterios eleusinos. Se presume que Nietzsche era adicto al opio cuando escribió Genealogía de la Moral

¿Cuándo y por qué decidimos perseguir penalmente a las drogas? ¿Ha servido de algo prohibirlas durante más de un siglo? ¿Quién ha sido el principal perjudicado? ¿Es legítimo que el Estado imponga lo que podemos tomar y lo que no? 

 La semana pasada se inició una prueba piloto de tres años en Vancouver (Canadá), donde se permitirá la posesión de cantidades inferiores a 2,5 gramos de cocaína, heroína, éxtasis, morfina… En lugar de multas o arrestos, los usuarios recibirán información o serán derivados a servicios de atención social si así lo desean. En Oregón (EEUU) se tomó una decisión similar hace dos años. 

“El consumo de sustancias es un problema de salud, no un problema penal”, señaló al respecto la ministra de salud mental y adicciones de la región. “Necesitamos dar este paso adelante para abordar la vergüenza y el estigma”.

Los resultados de la prohibición de las drogas están a la vista de todos y sus efectos se extienden por todo el mundo. El resumen es que ha sido un auténtico desastre: adulteración de sustancias que desembocan en accidentes mortales, vidas truncadas por la cárcel o el estigma y un consolidado poder paralelo, el narcotráfico, que no existiría si las drogas fuesen legales.

No hablamos solo de Sudamérica: la policía holandesa alertó en 2018 del peligro de que Holanda se convirtiera en un narco estado ante el poder que las mafias de la droga estaban ganando en el país. La situación en México es todavía más funesta: más de la mitad de la población cree que el crimen organizado es una institución más poderosa que el propio Gobierno. 

Defender la despenalización de las drogas es cada vez una postura menos radical porque la evidencia habla por sí sola. La lista de ex gobernantes y mandatarios que se manifiestan en este sentido no para de crecer: el presidente de Colombia Gustavo Petro, los expresidentes Felipe González y Pepe Mujica, el exsecretario general de la OTAN Javier Solana, el exsecretario de Estado de EEUU George Schultz, también expresidentes de Brasil, Perú, Colombia, Chile… 

Existe, además, consenso entre los historiadores en que las primeras políticas prohibicionistas no estaban basadas en la ciencia ni la salud, sino que tenían un sesgo claramente racista: se buscó criminalizar o aislar a los migrantes chinos fumadores de opio, a los esclavos que consumían cocaína o a los nativos y curanderos sudamericanos que fumaban marihuana.

La prohibición fue también un asunto moral y de clase y lo sigue siendo a día de hoy: la legislación castiga más a los pobres y a los jóvenes que a los ricos y a los mayores, porque tienen donde refugiarse para consumir drogas sin que nadie les juzgue. Hasta hace poco, las penas por poseer crack en EEUU eran 100 veces superiores que las que se imponían por poseer cocaína, a pesar de que farmacológicamente son muy similares. La primera la toman los pobres y la segunda los ricos. 

 Más allá de los efectos negativos que ha tenido la prohibición en tantas capas de la sociedad, del peligro para la salud que supone dejar las drogas en manos del mercado negro, del clasismo que impera en el origen y en la actual legislación sobre drogas, al final hay un motivo que debería ser igual de relevante: tomar o no tomar drogas es una cuestión de libertad individual en la que nadie debería inmiscuirse. 

El filósofo Stuart Mill lo resumió a la perfección hace más de un siglo en su obra Sobre la libertad: los ciudadanos adultos de un país libre tienen todo el derecho a hacer consigo mismo lo que ellos quieran, siempre y cuando no produzca un daño a terceros.

Aunque a algunos les cueste admitirlo, tomar drogas es una expresión de nuestra libertad personal en la búsqueda del placer. ¿Debería el derecho penal imponer la moral por la vía de la fuerza? La respuesta, vistos los resultados, es que no. Una moral impuesta de manera coercitiva es -o debería ser- una contradicción, como ya señaló hace 40 años el prestigioso catedrático Emilio Lamo de Espinosa en su defensa de la despenalización.

Después está otra cuestión. ¿Y si las drogas no fueran tan malas como nos las han pintado? ¿Y si la mayoría de información al respecto, ampliada por los medios de comunicación, partiera de un consolidado sesgo moral impuesto durante décadas? ¿Por qué cuando hablamos de drogas nos centramos solo en el pequeño porcentaje que sufre una adicción, y no en la mayoría que las consume sin que eso suponga ningún problema?

Anne Katrin Schlag, psicóloga, investigadora y durante años profesora del King's College de Londres, analizó la mayoría de estudios y datos oficiales disponibles y concluyó que los consumidores que desarrollan un “consumo problemático” oscilan entre el 25% en el caso de la heroína y un 10% en drogas psicodélicas. La mayoría de datos públicos ofrecen porcentajes similares.

También es malo abusar del azúcar, de la comida basura, de las pantallas, del tabaco o del alcohol. También generan adicción y nadie lo prohíbe, aunque últimamente proliferan regulaciones sobre la publicidad y campañas para concienciar sobre todo a los menores.

Carl Hart es doctor en neurociencia, investigador y profesor de psiquiatría en la Universidad de Columbia (Nueva York). Llegó a ser el jefe del departamento de psicología de esa prestigiosa universidad. Durante casi tres décadas ha investigado los efectos que tienen las drogas en humanos y ratones. Nacido en uno de los barrios más desfavorecidos de Miami, sufrió en primera persona la delincuencia y los estragos sociales vinculados a las drogas en la comunidad negra. Sus conclusiones, sin embargo, escapan de la norma.  

 “Los resultados de una impresionante base de datos de nuestro laboratorio muestran que las drogas producen efectos predominantemente positivos”, explica por correo electrónico. “En pocas palabras, el consumo sensato de drogas puede mejorar la vida y por eso hay un gran número de personas sobrias y honradas en nuestra sociedad que las consumen”.

En su último libro, Drug use for grown-ups (Penguin, por ahora sin traducción al español), Hart lanza una bomba en el prólogo: confiesa que desde hace un lustro consume heroína de vez en cuando. Aún así es un profesional respetadísimo, un adulto funcional y un responsable padre de familia. 

¿Cuántos hay cómo Hart? Los datos disponibles muestran que buena parte de los consumidores de drogas están en esa situación y nadie parece tenerlos en cuenta porque la mayoría permanece en el anonimato. ¿Cuántos prefieren ocultar a la sociedad que de vez en cuando consumen alguna droga por miedo a lo que pensará el resto? ¿Por qué no sucede lo mismo con el alcohol, con tasas de adicción altas y una de las sustancias más difíciles de abandonar?

“Hay mucha más gente que tiene experiencias con drogas de lo que el público sabe, pero la mayoría tiene miedo de reconocer públicamente que las consume”, prosigue Hart en su correo electrónico. “Saben que las comunidades están asediadas de información que solo hace hincapié en sus efectos nocivos, e incluso mortales. También saben que los consumidores de drogas son habitualmente menospreciados”.

Hart cree que los medios de comunicación y los productos culturales hemos ampliado esta visión sesgada del consumo de drogas. “¿Has visto alguna película sobre la heroína que no se centrara en la adicción?”, pregunta. “¿Quién va a querer ver una película o leer un artículo sobre una persona que consume heroína un par de veces al mes, va a trabajar según lo previsto y cumple con sus responsabilidades sin incidentes? Nadie. Sería demasiado aburrido”.

La postura de Hart tiene, evidentemente, muchos detractores y entre ellos se encuentran prestigiosos profesionales. No se trata de banalizar las adicciones ni esconder que un porcentaje de los usuarios de drogas acaba desarrollándolas con graves consecuencias para él y su entorno. Lo que pide este investigador es que se abra la mirada y se tenga una visión que vaya más allá del simplista “droga mala” y admitir que la mayoría de los consumidores obtienen placer de los estupefacientes y pocas contrapartidas negativas. Y, lo más importante: por mucho que estén prohibidos no dejarán de consumirlos.

El verano pasado Josep Rovira, fundador del reputado proyecto de reducción de riesgos Energy Control, me dijo una frase que se me quedó grabada. “Nadie dejará de conducir porque muera gente en la carretera ni dejará de tener sexo por riesgo a contraer una enfermedad”, me explicó. “Pasa lo mismo con las drogas. De lo que se trata es de que todo el mundo tenga información para que lo haga de la manera más segura posible”.

Despenalizar las drogas no debería ser ningún experimento, básicamente porque así ha vivido la humanidad durante toda su historia. El experimento fue prohibirlas. Más de 100 años después y constatado su fracaso, ¿tal vez tocaría regresar al punto de partida?"                       (Pol Pareja , eldiario.es, 11/02/23)

7.6.22

La salud mental está en crisis y las psicoterapias asistidas con psicodélicos podrían ser una solución... La humanidad lleva milenios usando psicodélicos. Nos parece algo nuevo porque en Occidente los abandonamos. Ahora lo estamos retomando adaptándolos a nuestros modelos de salud mental... El hachís y la marihuana pueden tener algunos efectos parecidos... El cannabis es de administración habitual durante el tratamiento, como un antidepresivo o un ansiolítico, e incluso podría llegar a venderse en farmacias

 "Antón Gómez-Escolar (Madrid, 33 años) es máster en Psicofarmacología y Drogas de Abuso, consultor científico y asesor especializado en psicodélicos, nootrópicos y otras sustancias psicoactivas. (...)

P. ¿Y qué son los psicodélicos?

R. Sustancias como la psilocibina, LSD, MDMA o ketamina, capaces de manifestar procesos mentales subconscientes y relajar algunos patrones mentales aprendidos, facilitando su cambio. Y esto es tremendamente útil cuando se está trabajando en conocer y tratar un trastorno mental.

P. ¿Manifiestan la mente o son alucinaciones?

R. Las alucinaciones son una forma más de manifestación de la mente y pueden ser parte del proceso. Los viajes introspectivos o interiores son alucinaciones útiles en terapia.

P. Defina “renacimiento psicodélico”.

R. Es el proceso en el que estamos inmersos desde finales del siglo XX, en el que un número creciente de investigadores en salud mental y neurociencias están sumergiéndose en el estudio de los psicodélicos para aplicarlos en salud mental. Es un renacimiento, porque en los años cincuenta y sesenta ya pasó.

P. ¿Qué despertó el renacimiento precisamente entonces?

R. Entre otras cosas, que llevamos muchos años sin fármacos nuevos para los trastornos mentales, los que tenemos no resultan del todo efectivos en muchas ocasiones y las enfermedades de salud mental están alcanzando dimensiones pandémicas. La salud mental está en crisis y las psicoterapias asistidas con psicodélicos podrían ser una solución.

 

P. ¿Están creciendo o somos más conscientes de ellas?

R. Diría que ambas. Cada vez las vemos más, pero también se extienden más porque la vida moderna nos expone a factores de riesgo, sobre todo durante la pandemia de covid-19.

P. ¿Entonces el objetivo de este renacimiento es encontrar fármacos?

R. Es algo diferente. Es como un catalizador que busca inducir una experiencia psicodélica transformadora de resultados terapéuticos muy duraderos, no tapar los síntomas, y por ello se deben administrar a personas preparadas y en un contexto determinado, siempre bajo supervisión profesional. Lo importante de la psicoterapia asistida con psicodélicos es que es un pack indivisible que incluye ambas cosas.

P. ¿Con “persona preparada” quiere decir gurú?

R. A día de hoy en Occidente lo llamamos terapeuta. No interviene tanto durante la experiencia, sino en la preparación previa e integración posterior, pero mientras acompaña y apoya.

P. ¿Esto no es lo que hacían los hippies en los sesenta?

R. Protocolizado y en un contexto muy diferente. La humanidad lleva milenios usando psicodélicos. Nos parece algo nuevo porque en Occidente los abandonamos. Ahora lo estamos retomando adaptándolos a nuestros modelos de salud mental.

 P. Hasta ahora el pionero en ilegalizar era Estados Unidos, pero da la impresión de que en este momento la legislación en EE UU y Canadá es más progresista que la europea.

R. Fueron pioneros en la ilegalización, pero ahora que han visto que pueden ser una respuesta a la crisis, se han lanzado a investigar para aprovecharlo.

P. En los sesenta la investigación era igual de prometedora y las ilegalizaron.

R. Entonces una serie de movimientos contraculturales contrarios al status quo tomaron los psicodélicos como una herramienta y seña de identidad y se convirtieron en un chivo expiatorio. Tampoco se conocían estas sustancias tan bien como ahora.

P. Se les atribuía una capacidad revolucionaria. ¿Eso se ha perdido?

R. Están apareciendo muchas empresas que están adaptando el uso de los psicodélicos al modelo capitalista. Es un proceso inevitable. De los psicodélicos para romper con el sistema en los sesenta a las “microdosis” para aumentar la productividad en Silicon Valley ahora. Pero estas sustancias tienen algo intrínseco que las hace revolucionarias. Deconstruyen muchas cosas y eso no se puede quitar de los psicodélicos.

P. ¿Y qué pasa en Europa?

R. Europa y, concretamente, España han sido pioneros en esta investigación, pero, como suele pasar, en EEUU apoyaron más el desarrollo y ahora todo apunta a que la FDA aprobará primero estos tratamientos, y luego ya lo hará aquí la Agencia Europea del Medicamento.

P. ¿El hachís y la marihuana son un psicodélico?

R. Pueden tener algunos efectos parecidos. Pero con los psicodélicos hablamos de una o dos administraciones puntuales en un entorno clínico controlado y que tienen efectos durante meses o incluso años, pero el paciente nunca se lo llevaría a casa. El cannabis es de administración habitual durante el tratamiento, como un antidepresivo o un ansiolítico, e incluso podría llegar a venderse en farmacias.

 P. ¿Tan efectivas son?

R. En muchos casos, sí. Son sustancias que han recibido la calificación de “terapia innovadora” por la FDA (agencia de alimentos y medicamentos) estadounidense. Una calificación solo para sustancias con un grandísimo potencial, que están funcionando muy bien, son seguras y que tratan un trastorno que está muy extendido y para el que no hay un tratamiento muy efectivo. Es el caso de la depresión, la ansiedad, las adicciones o el estrés postraumático.

P. ¿40 años clasificadas como inútiles y ahora resulta que son todo lo contrario?

R. Cuando se produce una innovación, al principio hay expectativas infladas, pero luego se ve que no es la panacea. Es lo que se llama un ciclo de sobreexpectación. Pero todo indica que estas sustancias, aun reduciendo su efectividad cuando se empiecen a usar en muchos pacientes, van a seguir siendo más eficaces que los tratamientos actuales.

P. ¿No ha habido aún ensayos a gran escala?

R. Es el momento en el que estamos entrando ahora.

P. ¿A quién se dirigirán los tratamientos?

R. En principio, sería un tratamiento de segunda línea, para pacientes que no hayan experimentado mejoras con los convencionales. Y no serían para cualquiera, porque tienen riesgos psicológicos y psiquiátricos que hay que conocer muy bien para prevenir.

P. Después de medio siglo tratando los psicodélicos como veneno ¿Está la sociedad preparada para esto?

R. Por eso hemos decidido sacar la colección. Queremos que la gente sepa que un psicodélico es una sustancia que se alimenta del contexto y que no es lo mismo un contexto terapéutico, que uno ritual o uno recreativo. Y que los efectos y riesgos son distintos. En uno de ocio la persona se enfrenta a más peligros, porque suele haber menos conocimiento, control y preparación. Las posturas en contra de la investigación clínica con psicodélicos cada vez se están quedando más huérfanas.

P. ¿Esto es un paso antes de una legalización total?

R. No creo. Ahora mismo el renacimiento psicodélico está enfocado en el uso clínico que es el más urgente para Occidente hoy: tener mejores herramientas para combatir y prevenir los problemas de salud mental. Se aboga por un uso terapéutico controlado para no cometer los errores de los años cincuenta y sesenta, que llevaron a la ilegalización y el tabú social.

P. ¿En cuántos años tendremos fármacos psicodélicos?

R. En EE UU todo apunta a que un psicodélico atípico como el MDMA podría estar autorizado en 2023. La Psilocibina, poco después. Canadá ya ha autorizado a determinados médicos a acceder a estas sustancias. En Europa llevamos pocos años de distancia con EE UU. Estamos hablando de que de aquí a cinco años podría haber algún psicodélico autorizado para uso médico. De hecho, ya hay uno que se usa, la ketamina.

P. Si hubiera que prohibir una droga por dañina, ¿sería el alcohol?

R. Las drogas más dañinas son aquellas sobre las que menos sabemos. La ignorancia es lo más peligroso ante cualquier sustancia, y en este sentido la prohibición y el tabú traen más problemas que beneficios. Estoy de acuerdo en que el alcohol o el tabaco son drogas sobre las que la población tiene una percepción de riesgo muy baja para lo tóxicas que son, y que son más peligrosas que algunas drogas ilegales, pero todo siempre depende de muchos factores de persona, contexto y sustancia. Por eso creo que deberíamos tener más información sobre todas las sustancias, legales e ilegales."            (Iñigo López Palacios , El País, 21/05/22)

5.4.21

La Politécnica de Catalunya crea un hub con empresas y centros de investigación, en el que participa la Generalitat, con el fin de fomentar el conocimiento sobre el cáñamo y convertirse en un lobby del sector. Con él, antiguamente se hacían velas para los barcos, papel, ropa, muebles, hasta levantar casas, producir alimentos, cosméticos, bioplásticos, aceites… Es lo que se conoce como cáñamo industrial

 "La Universidad ha decidido entrar de lleno en el campo de la investigación del cannabis para su aplicación en los ámbitos agroalimentario, industrial y farmacéutico.

 El gran paso lo ha dado la Politécnica de Catalunya (UPC), una de las universidades con más prestigio de España en los estudios de ingenierías y ciencias, que ha creado el primer hub de cannabis de Europa con el fin de fomentar el conocimiento sobre los usos industriales de esta planta, mediante la colaboración con empresas e instituciones públicas y privadas que trabajan en el sector.

La planta del cannabis tiene infinitos usos, más allá de los más conocidos como el meramente recreativo o el medicinal. Con ella, antiguamente se hacían velas para los barcos, se puede fabricar papel, ropa, muebles, hasta levantar casas, producir alimentos, cosméticos, bioplásticos, aceites… Es lo que se conoce como cáñamo industrial, cuyo porcentaje de THC (componente psicoactivo) no debe superar el 0,2% para ser considerado como tal y, por tanto, permitido su cultivo y producción, aunque los vericuetos legales que rodean a esta planta continúan siendo tan ambiguos como resbaladizos por la falta de una regulación general clara sobre su uso.

En ese campo del cáñamo es en el que se va a mover el Cannabis Hub que ha creado, en colaboración con la empresa Valenveras de Barcelona, la Universidad Politécnica de Catalunya, una institución pública con 28.000 estudiantes, 9 campus territoriales de ingenierías, ciencias y arquitectura, más de 180 titulaciones y un presupuesto anual de 300 millones de euros, que la sitúan entre las principales de España y en un puesto muy destacado en el ránking internacional universitario. (...)

"Queremos ejercer liderazgo en la investigación en proyectos competitivos y transversales, promover la colaboración entre los socios participantes y convertirnos en el centro de referencia en la captación de talento para la aplicación de tecnología en este sector del cannabis", explica Jordi Berenguer, vicerrector de Transferencia de Conocimiento e Innovación de la UPC, también conocida como BarcelonaTech.

 No es el primer hub que crea la Politécnica de Catalunya, que ya tiene experiencia en montar estos espacios de colaboración con empresas de diferentes sectores, entre ellos el del coche conectado 5G con Seat para conseguir un vehículo autónomo o el de una aplicación de inteligencia artificial para turbinas con Siemens, aunque ésta será la primera vez que va a establecer una relación directa con las entidades participantes.

De momento, son ya 18 los participantes, entre empresas, centros de investigación y asociaciones del sector del cannabis en el campo de la agroalimentación, los nutrientes, la farmacia y otros sectores, los que se han sumado al Cannabis Hub, que contará con un comité de expertos y otro científico de colaboración público y privada. Entre ellos se encuentra el Instituto de Investigación y Tecnología Agroalimentarias (IRTA), adscrito al Departamento de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación de la Generalitat de Catalunya, que cuenta con una licencia de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios del Ministerio de Sanidad para investigación con cultivo de cannabis . Su objetivo es la obtención de variedades de cannabinoides para la industria farmacéutica mediante la aplicación de herramientas para mejorar la genética de las plantas.

 "Nuestro propósito es crear una comunidad, un ecosistema alrededor del cannabis, de innovación, investigación e incluso de ámbito legislativo. Generar conocimiento y generar negocio", explicó Joan Simó, coordinador del ámbito agroalimentario de la UPC, en la presentación del Cannabis Hub. Su diagnóstico fue claro: "el cultivo del cannabis es extraordinario porque tiene un potencial brutal que está infraestudiado en muchos campos".

 Fomentar la investigación en este campo, generar conocimiento, buscar talentos en la universidad para la industria del sector, propiciar el intercambio de experiencias y, también, ayudar a un desarrollo económico sostenible. Según el vicerrector de la UPC, el cáñamo necesita menos agua que el algodón para crecer, por lo cual su uso reduce el coste ecológico en la producción textil, es mucho menos agresivo que el eucalipto para la fabricación de papel y puede ser utilizado como hormigón en la construcción en lugar de otros materiales más contaminantes.

"Queremos que el Cannabis Hub sea un dinamizador de todo esto. Nos ha sorprendido que nada más presentarlo ha despertado mucho interés entre las empresas del sector, pero la cuestión es ir creciendo poco a poco, captar fondos europeos, potenciar las aplicaciones industriales del cáñamo y actuar como un lobby en este ámbito, de acuerdo siempre con las directrices de la UE", explica Jordi Berenguer.

 La empresa Valenveras, que ha colaborado con la UPC en la gestación del Cannabis Hub, se dedica a la innovación en biotecnología para mejorar el proceso productivo de plantas medicinales, entre ellas la marihuana. Su responsable, el ingeniero agrónomo Rubén Valenzuela, considera "muy positiva" la creación de este órgano de colaboración entre empresas e instituciones públicas y privadas en lo que califica como "nueva era de la expansión del cáñamo".

A juicio de Valenzuela, en España hay un gran mercado del cáñamo industrial, con empresas que se dedican a la producción de bloques para construcción, papel, textil, plásticos, productos farmacéuticos, al que se puede facilitar conocimiento, talentos y desarrollo para propiciar su crecimiento. Y en el otro lado se encuentran los estudiantes universitarios, "mentes privilegiadas para proponer nuevas ideas" en esos sectores, dice, como ya están haciendo en algunos de los retos que tienen en marcha con la UPC: introducción de tecnología en drones para hacer lecturas de cultivos en campo abierto, automatización de todo el proceso de trazabilidad desde las semillas hasta la fabricación de un pantalón de fibra de cáñamo o mejora de las analíticas.

"Con el Cannabis Hub se busca poder dar soluciones a todos los agentes de la cadena de valor a través de la investigación y la innovación, para facilitar la producción y la transformación tanto en el ámbito tecnológico como a través de una regulación más clara y sencilla que permita trabajar con esta planta de manera segura", explican sus responsables.

 Otra de las entidades participantes en el Cannabis Hub es Bhalutek Sens, que dispone de otra autorización de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios para el cultivo de cannabis con fines de investigación, y que forma parte también del Polo Tecnológico del Cáñamo que se ha puesto en marcha en Extremadura, otra de las destacadas experiencias de colaboración en el sector en España.

El Polo Tecnológico cuenta con la participación de más de una veintena de entidades, de las cuales cinco son centros de las universidades públicas de Extremadura, Málaga y Alicante, seis empresas con licencias de cultivo de la Agencia Española y de la de Portugal, y una decena de empresas que trabajan en diferentes ámbitos del cáñamo industrial. Este órgano, que funciona como una network para favorecer la aplicación del I+D en la producción del cáñamo industrial, cuenta con el apoyo de la Junta de Extremadura y, entre sus objetivos, se propone impulsar un cambio regulatorio que acabe con la ambigüedad y la inseguridad normativa en este sector, enfrentado a un laberinto de leyes divergentes en los ámbitos de la alimentación, la farmacia, la cosmética, la agricultura y hasta el deporte."         (Santiago F. Reviejo, Público, 02/04/21)

4.12.20

La ONU reconoce los efectos medicinales del cannabis

 "Mediante una mayoría simple necesaria de los 53 Estados de la Comisión de Estupefacientes han decidido retirar el cannabis de la Lista IV de la Convención sobre drogas de 1961 y, de ese modo, también ha reconocido oficialmente su utilidad medicinal.

La votación se ha aprobado con 27 votos a favor, en los que todos los Estados miembro de la Unión Europea, salvo la Hungría de Orban, han apoyado la medida. En cambio, la mayoría de los países de Asia y África votó en contra. Otros países, donde ya existen otro tipo de regulaciones, como Canadá, Colombia, EE UU, México o Uruguay, han votado a favor de sacar la planta de la lista de drogas y de reconocer sus ventajas medicinales. En cambio, el cannabis de tipo recreacional seguirá teniendo el mismo tratamiento por parte del organismo internacional.

En el Estado español, son numerosos los colectivos que llevan años reclamando que el cannabis medicinal se regule, como el Observatorio Español del Cannabis Medicinal. Pero desde el PSOE siguen alegando que “no hay evidencia científica” de lo que la ONU ha ratificado y reconocido."                 (El Salto, 02/12/20)

24.10.08

Los científicos se dopan, pero no van a la cárcel

"Dopaje al servicio de inteligencia. (...)

En el ámbito académico, es un secreto a voces el uso de sustancias que contribuyen a mejorar habilidades cognitivas como la memoria, la concentración y la vigilia. La revista Nature ha dibujado un retrato más preciso con una encuesta informal a la que han respondido más de 1.400 científicos. Un 20% de los encuestados afirmó que tomaba de forma más o menos habitual alguna sustancia para rendir mejor en sus labores intelectuales.

Entre los científicos que consumen este tipo de sustancias, un 62% toma metilfenidato, un medicamento de prescripción que se utiliza sobre todo para tratar a niños que padecen trastorno de déficit de atención con hiperactividad (TDHA), porque potencia la capacidad de concentración actuando, entre otros, sobre un neurotransmisor, la noradrenalina.

Un 44% de los encuestados admitió consumir modafinilo, empleado básicamente para tratar la narcolepsia. Los investigadores lo toman para mantenerse despiertos durante más tiempo y para combatir el jetlag. Este medicamento también lo utilizan algunos trabajadores por turnos. Otro 15% reconoció consumir betabloqueantes como el propanolol, un medicamento que se utiliza para tratar la presión arterial alta y que relaja. El resto manifestó tomar una miscelánea de sustancias. Entre ellas, fármacos inhibidores de la colinesterasa, que se emplean para mejorar la memoria en enfermos de alzhéimer.

Todos ellos son medicamentos que no incrementan directamente la inteligencia, sino que ayudan a rendir más en el trabajo y a manejar mejor el estrés. Forman parte del arsenal de fármacos creados para tratar patologías pero que están pasando a formar parte de la "psiquiatría cosmética", explica Antoni Bulbena, jefe del servicio de psiquiatría del Hospital del Mar de Barcelona. Y con efectos secundarios. Un 69% de los investigadores que respondieron la encuesta de Nature, afirmaron que estaban dispuestos a asumir los efectos secundarios. En definitiva, cuatro de cada cinco, independientemente de tomarlos o no, afirmó que un adulto sano debería tener la libertad de decidir si consumirlos." (El País, ed. Galicia, Sociedad, 21/10/2008, p. 32)