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6.7.26

En 2025, casi 28.000 millones de euros se transfirieron de inquilinos a caseros en España. La cifra se ha duplicado en apenas una década y ya supone alrededor de un 1,6% del PIB... “Llega un punto en el que da la sensación de que más que pagando a una persona por una casa, lo que estás es pagándole un sueldo”... “Hace 7 años pagaba 500 euros por un piso reformado, con ventanas buenas, parqué, una cocina en condiciones, aire acondicionado y calefacción en el centro de Madrid, en Plaza España. Ahora, pago lo mismo por un piso que es tres veces más pequeño, sin ascensor, sin aire acondicionado, y en el extrarradio de Barcelona”... dos quintos del dinero van a parar a caseros que tienen 2 o más viviendas en alquiler (Raúl Sánchez y Ainhoa Díez)

"En 2025, casi 28.000 millones de euros se transfirieron de inquilinos a caseros en España. La cifra se ha duplicado en apenas una década y ya supone alrededor de un 1,6% del PIB. Pero, ¿desde dónde se mueve el dinero y hacia dónde va?

Empecemos por ver quién paga la factura del alquiler. La mayor parte del dinero viene de los inquilinos más jóvenes: más de la mitad procede de menores de 45 años.

Sara es una de estas inquilinas. Vive en Barcelona, tiene 26 años y paga alquiler desde hace 7. Unos 7.700 millones de euros salen de los bolsillos de jóvenes como ella.

¿Y quién lo cobra? Si añadimos el destino del dinero aparece la transferencia completa a nivel generacional. Según una estimación de elDiario.es, el 88% de los alquileres iría a parar a personas físicas que tributan en España.

Como ves, aunque la mayoría del dinero proviene de los inquilinos más jóvenes, son los mayores de 65 quienes reciben más de un tercio de lo que se paga en nuestro país por vivir de alquiler.

El caso de Sara repite el patrón: cuenta que los cuatro caseros que ha tenido en Madrid y Barcelona tenían más de 75 años

Pero no es solo una brecha generacional, sino también de clase. Aunque todos los grupos de renta aportan una cifra similar -principalmente, porque los más ricos tienen alquileres más caros-, la desigualdad se muestra en el destino final de los pagos.

El 10% más rico concentra casi la mitad de lo que se paga por alquiler en España. En total, 12.500 millones de euros procedentes de los bolsillos de los cerca de 10 millones de inquilinos.

A las diferencias por edad o renta, se une además el origen: el 56% de la transferencia proviene de inquilinos extranjeros.

Pero, ¿cómo se vive esta transferencia desde el lado de quienes pagan el alquiler cada mes?

“Llega un punto en el que da la sensación de que más que pagando a una persona por una casa, lo que estás es pagándole un sueldo”, comenta Noemi. Es una de las 10 millones de inquilinas que forman parte de una transferencia que tiene lugar cada año en España, la del alquiler. Y que va de muchas manos a muy pocos bolsillos. 

En la última década, esta gran transferencia se ha duplicado. Una parte se debe al aumento del número de personas que viven de alquiler, pero la principal razón está en la subida de precios que inquilinas como Noemi o Sara han vivido en primera persona. 

“Hace 7 años pagaba 500 euros por un piso reformado, con ventanas buenas, parqué, una cocina en condiciones, aire acondicionado y calefacción en el centro de Madrid, en Plaza España. Ahora, pago lo mismo por un piso que es tres veces más pequeño, sin ascensor, sin aire acondicionado, con ventanas de madera por las que entra el aire y en el extrarradio de Barcelona”, cuenta Sara. 

Si en 2015 se transferían 14.000 millones de euros por el alquiler, en 2025 la cifra ya roza los 28.000 millones de euros, es apróximadamente un 1,6% del PIB. Almudena Martínez, doctora en Sociología, advierte de que el peso creciente del alquiler tiene un coste: “Se reduce la capacidad de consumo de los hogares afectando a otros sectores (educativo, laboral, comercial), a la productividad y a la competitividad”, explica. 

Así se ha duplicado la transferencia del alquiler en España en la última década

Jóvenes como Sara, Noemi o Erik destinan más de un tercio de sus ingresos al alquiler, una realidad que ya es común entre los inquilinos menores de 35 años. Están pagando una hipoteca, solo que por una casa que nunca va a ser suya y que, además, les impide acceder a una vivienda propia. ¿Y quiénes reciben este dinero que pagan cada mes? La mayoría irá a parar a personas físicas que hacen la declaración de la renta en España. 

Para estimar las cantidades que mueve el mercado del alquiler a nivel nacional, en elDiario.es hemos analizado los microdatos de la Encuesta de Condiciones de Vida (ECV), que detalla los alquileres que pagan los hogares españoles, y del Panel de Hogares de la Agencia Tributaria y el Instituto de Estudios Fiscales, que detalla los inmuebles alquilados como vivienda habitual declarados en el IRPF. Al final del artículo tienes la metodología completa de los cálculos.

Según esta estimación, el 12% de la transferencia iría a parar a sociedades públicas, empresas privadas, fondos o alquileres en negro y el grueso del dinero (88%) lo recibirían personas físicas que tributan por el IRPF. En otras palabras, la mayoría del dinero que pagan 10 millones de inquilinos -de los cuales dos millones son menores- lo declararían 2,4 millones de caseros. Si incluimos a todos los que viven en hogares donde al menos uno recibe ingresos por alquiler, sumarían 5,1 millones de personas. Es un dato que no tiene en cuenta a Navarra y Euskadi.

No solo es una transferencia de muchas a pocas manos, también está marcada por las diferencias sociales. (...)

El 10% más rico recibe el 45% de los ingresos por alquiler

A nivel de quiénes pagan, la gran transferencia es similar entre los inquilinos de distintos niveles de renta. La escasa diferencia se explica porque, aunque la mayor parte de la población que vive de alquiler pertenece a los deciles más bajos, sus viviendas tienen un precio inferior a los de la población más rica que también vive de alquiler. 

Sin embargo, si nos fijamos en el destino de los fondos, vemos que casi la mitad de esta transferencia va a parar al 10% más rico de España. A Miguel Artola, investigador postdoctoral de la Universidad Complutense de Madrid, no le sorprende: “Este dato lo que muestra es que al fin y al cabo la vivienda se está convirtiendo en un elemento fundamental de la inversión”. 

“Si algo sabemos sobre los estudios de desigualdad es que la riqueza está muy concentrada. Cuando uno mira los activos financieros y la inversión en bolsa ve que están hiperconcentrados en las rentas más altas, pero es que las rentas procedentes del alquiler ya exceden prácticamente a las financieras”, añade el experto. 

Para los caseros que están en el 30% con más renta, los pagos del alquiler ya suponen un 14% de sus ingresos brutos. Paralelamente, los inquilinos que están entre el 30% más pobre son los que más esfuerzo hacen para pagar un alquiler: se lleva 4 de cada 10 euros de sus ganancias anuales.

“Esto tiene un impacto inevitable a nivel social ya que mientras las posibilidades (vitales, laborales, económicas, etc) de una parte de la población disminuyen, la de otra parte se incrementa a base del beneficio que obtienen de su patrimonio inmobiliario. El resultado es que la vivienda gana importancia como factor de desigualdad y predictor de clase social”, expone Almudena Martínez del Olmo. 

Sara ha pasado por 4 pisos desde que vive de alquiler y, en todos, su casero tenía más de 75 años. Otra característica de la gran transferencia: está marcada por una brecha generacional. Más de un tercio de los ingresos van a parar a caseros que tienen 65 años o más, es decir, unos 9.600 millones de euros.

En el gráfico puedes observar el flujo de dinero para cada grupo de edad. Los dos extremos de la transferencia son prácticamente opuestos: entre quienes pagan el alquiler, la mayor parte del dinero procede de los grupos más jóvenes. Los menores de 35 años y las personas de entre 35 y 44 años aportan, cada uno, alrededor del 27% del total.

La brecha generacional del alquiler: pagan los jóvenes y reciben los mayores

¿Por qué es relevante esta diferencia de edad? “Muestra un cambio de paradigma”, apunta Miguel Artola, “hasta ahora la tendencia era que el pico de riqueza de una persona lo alcanzase más o menos al momento de jubilarse”. A partir de ese momento, se esperaba que la riqueza fuese decreciendo progresivamente hasta el momento de morir. 

Pero ahora, ese pico de riqueza llega cada vez más tarde y, no solo no llega a los 65 años, sino sigue aumentando después de alcanzar esa edad. “Y no está pasando porque crezcan las pensiones, sino otras rentas como las de la vivienda”, apunta el investigador. 

“Ahora mismo diría que casi el 40% de mi sueldo va a parar al alquiler. Es imposible ahorrar si la mayoría de mi dinero se va en pagar dónde vivo”, explica Erik. Los tres jóvenes que hemos entrevistado tienen edades entre los 26 a los 28 años y coinciden en que hacer frente a una renta cada vez más elevada es su principal impedimento para ahorrar y, a largo plazo, tener su propia vivienda. 

Sara añade que, incluso lo poco que consiguen ahorrar, probablemente no vaya destinado a tener una casa propia en un futuro: “Si vives de alquiler y vas encadenando contratos sabes que necesitas un colchón para cuando firmes un nuevo contrato, ¿no? Para pagar los honorarios de agencia o las fianzas, que ahora son casi 3 meses de alquiler. Entonces, bueno, aunque tengas 5.000 euros ahorrados, sabes que si cambias de piso ese dinero va a ir a todos estos asuntos”, explica la joven.

Es una realidad que Noemi pudo poner a prueba. Por motivos personales estuvo tres meses viviendo en casa de unos amigos mientras cambiaba de un piso de alquiler a otro. “Decidieron que solo iba a pagar los gastos y en los tres meses que estuve viviendo con ellos ahorré muchísimo dinero. Ahí es donde se ve que es el alquiler lo que hace que no puedas ahorrar”.

Los menores de 35 años siguen pagando la mayor parte del alquiler

Incluso en una sociedad cada vez más envejecida, las personas menores de 45 siguen aportando más de la mitad de lo que se paga en España de alquiler. Eso sí, las cantidades son mucho mayores. Los inquilinos de menos de 35 años pagaban 4.800 millones de euros en 2012, en 2025 la cantidad ya asciende a casi 7.700 millones. 

Es la pescadilla que se muerde la cola: “Las personas más jóvenes tienen más dificultades para ahorrar. Por ende también acumulan menos patrimonio y van a tardar mucho más tiempo en acumularlo que generaciones pasadas. Y viceversa, los grupos de más edad están acumulando riqueza porque su patrimonio tiene cada vez más valor”, apunta Miguel Artola. 

Entre los inquilinos, otro de los grandes pagadores son los hogares unipersonales de menos de 65 años, que aportan el 25% de todo lo que se pagó en 2025. Son los hogares jóvenes que mayor esfuerzo económico realizan en el tema vivienda porque, a diferencia de las parejas, no comparten los gastos con nadie. 

Si añadimos además a los hogares con menores, aportan aproximadamente tres de cada cinco euros del dinero que mueve el mercado del alquiler. ¿Y quiénes son los principales destinatarios de este dinero? Además de los hogares más mayores, aquellos que no tienen menores y que tienen uno o más adultos.

Los hogares con menores pagan un tercio de lo que se mueve por el alquiler en España

Las familias con menores a cargo, aportan un tercio del dinero que se pagó por alquiler en España. Más de 9.300 millones de euros. Aunque cada vez hay menos niños y menos hogares con menores, su peso en el total de los pagos por alquiler apenas ha cambiado en la última década.

Un factor que se entiende mejor al tener en cuenta la nacionalidad de los inquilinos. Más de la mitad del alquiler en España lo pagan personas nacidas en el extranjero, que son también los que tienen tasas de natalidad más altas. En elDiario.es ya te hemos contado como las personas de origen extranjero se enfrentan a un mercado del alquiler aún más complicado que los nacionales con condiciones abusivas y pisos más deficientes

En el otro lado de la balanza, los ingresos van a parar principalmente a caseros españoles que se quedan con casi 23.000 millones de euros, es decir, más del 80% de la transferencia. 

Más de la mitad del dinero del alquiler en España lo pagan inquilinos extranjeros

¿Grandes tenedores o pequeños propietarios?

Una de las cuestiones que genera más debate en el mercado de la vivienda es si el dinero va a parar a pequeños propietarios o a grandes tenedores. Si miramos el flujo de dinero según el número de viviendas que los caseros tienen alquiladas como residencia habitual — es decir, si tienen más viviendas en propiedad pero no están alquiladas no se tienen en cuenta—, dos quintos del dinero van a parar a caseros que tienen 2 o más viviendas en alquiler. 

A pesar de representar el 75% del total de personas físicas con ingresos por alquiler en España, los propietarios con una única vivienda alquilada recibirán el 45% del dinero. 

Este cálculo se basa en las viviendas que tiene cada persona física, no en los hogares: por ejemplo, si un matrimonio posee una vivienda cada uno, se contabiliza como dos propietarios con una vivienda en alquiler.

Los caseros con una sola vivienda en alquiler reciben más de un 40% del dinero

Pero estas viviendas además de generar ingresos hoy, forman parte del patrimonio que se transmitirá en un futuro. Y es ahí, según advierte Miguel Artola, donde la vivienda vuelve a actuar como un mecanismo de desigualdad contribuyendo a que el acceso a la propiedad resulte cada vez más difícil para una parte de la población. 

“Lo que hablamos hoy es el escenario del mañana”, sostiene Artola. “Cada vez habrá más gente que llegará al final de su vida sin haber acumulado patrimonio inmobiliario. A lo mejor tiene una cuenta corriente, a lo mejor tiene otras cosas, pero no tendrá una vivienda”.

Esto significa que una parte creciente de la población seguirá destinando dos quintos de sus ingresos a pagar por una vivienda que nunca será suya. Una dinámica que, en palabras de Almudena Martínez, puede consolidar “una división crónica entre una minoría propietaria y una masa creciente de inquilinos que verá afectada la satisfacción de otras necesidad básicas y anulada su capacidad de ahorro”." 

(Raúl Sánchez y Ainhoa Díez, eldiario.es, 05/07/26, gráficos en el original)

17.5.26

Había fábrica, pero no producción... El capital se mueve hacia los sectores especulativos: energía fósil, armas… Deja un vacío que se ve en toda Europa... “Si el capital público estatal no quiere sustituirlo, porque está pegado a esos intereses especulativos, ¿quién lo hará? El capital público social. Convertirnos en cooperativa y reindustrializar la fábrica con accionariado popular, una reindustrialización ecológica”... Paneles solares contra el rearme en una fábrica recuperada en Italia... La antigua fábrica de la multinacional GKN en Campi Bisenzio, en la Toscana, lleva ocupada desde julio de 2021 por sus más de 400 trabajadores, que ahora luchan por sacar adelante un proyecto de reindustrialización ecológico y cooperativo (Jose A. Cano)

“Me gustaría decir que este proyecto nació de forma ideológica, pero no es así. Suena bien: un grupo de trabajadores decide que no quiere producir piezas para la guerra sino para la transición ecológica. Pero si cuentas esa historia, parece que es algo que tú eliges. Y en realidad ha sido la misma lógica de querer conservar nuestro trabajo y enfrentarnos al capital la que nos ha llevado a este propuesta”.

Dario Salvetti es uno de los más de 400 trabajadores de la antigua fábrica de la multinacional del automóvil GKN en Campi Bisenzio, en las afueras de Florencia y la muy industrializada región italiana de Toscana. Desde julio de 2021, él y sus compañeros se mantienen en “asamblea permanente” ocupando la fábrica, de la que el fondo de inversión Melrose, propietario de GKN, intentó despedirlos en un proceso considerado ilegal por los tribunales. Casi cinco años después, mantienen su lucha para reconvertir la antigua factoría de semiejes para automóviles a una de paneles solares y cargo-bikes.

“Nuestra existencia fue suficiente para paralizar los despidos, pero no para que el capital volviese atrás. Había fábrica, pero no producción. El capital se mueve hacia los sectores especulativos: energía fósil, armas… Deja un vacío que se ve en toda Europa, donde hemos perdido el 25% de la producción industrial en 30 años”, añade Salvetti.

“Si el capital público estatal no quiere sustituirlo, porque está pegado a esos intereses especulativos, ¿quién lo hará? El capital público social. Convertirnos en cooperativa y reindustrializar la fábrica con accionariado popular. Y si estamos pidiendo ese apoyo ético-social, tenemos que fabricar cosas que sean útiles a la sociedad, que no contribuyan a esa especulación. Una reindustrialización ecológica”, concluye el sindicalista.

La ocupación de los antiguos trabajadores de GKN es ya la “asamblea permanente” más duradera de la historia de las protestas obreras en Italia. Los cinco años exactos se cumplirán el próximo 9 de julio. Ese mismo día, pero de 2021, los 422 empleados de la fábrica y otros 80 pertenecientes a subcontratas habían sido enviados de vacaciones cuando sus representantes sindicales recibieron un correo que informaba del despido de la plantilla al completo.

Era algo esperado. Desde que Melrose adquiriese la propiedad de GKN en 2018 se había barajado un traslado a Polonia, país dentro de la Unión Europa con menores costes salariales. La misma tarde del 9 de julio, más de 100 trabajadores se plantaron en la fábrica, que había sido rodeada por guardas de seguridad, y lograron entrar en ella de forma pacífica y ocuparla, anunciando que se constituían en asamblea permanente.

“Es un ejercicio de resistencia. A la tercera vez que intentaron despedirnos, en abril de 2025, aceptamos, porque así nos quedaba el subsidio de desempleo, pero habíamos estado desde enero de 2024 sin ningún ingreso. La campaña de accionariado popular concluye este verano, en junio o julio, y hemos conseguido una gran cantidad, alrededor de un millón de euros, pero no es suficiente para la reindustrialización. Va a llegar el momento de sentarnos y tomar una decisión, reorganizar el proyecto de manera que mantenga la chispa. Porque la gente se ha ido dispersando, por la falta de ingresos”.

En estos casi cinco años los ya extrabajadores de GKN han mantenido la fábrica ocupada respetando los tres turnos de la antigua organización (de 6h a 14h, de 14h a 22h, de 22h a 6h, y vuelta a empezar), organizado más de una docena de manifestaciones (varias junto a movimientos ecologistas como Fridays for Future), un festival literario ya por su cuarta edición, varios grandes conciertos de año nuevo, apoyado la Global Summud Flotilla y la Flota Nuestra América a Cuba (que transportó varios cargo-bikes), giras internacionales presentando su proyecto en París, Berlín o Bilbao.

Es el modelo de fábrica social integrada: “Reentramos aquí y dijimos que es nuestra casa. Ha sido construida por la comunidad durante décadas y nadie tiene el permiso de cerrarla de esta manera. En 1994 era un área verde que se convirtió en industrial para crear puestos de trabajo. Podemos hacer muchas cosas sin permiso, pero se nos impide un proyecto de reindustrialización cooperativo que es completamente viable en términos económicos”, insiste Salvetti.

“Una ciudad permanentemente bombardeada”

En julio de 2021 comenzó una larga andadura de victorias, derrotas y resistencia que lleva hasta el próximo y decisivo verano. En septiembre de 2021 los trabajadores logran una manifestación de más de 40.000 personas que recorren Florencia —ciudad de 360.000 habitantes— en apoyo a su causa, y también la declaración de nulidad de los despidos por un tribunal. Con el apoyo de investigadores de la Universidad de Pisa, los todavía trabajadores de GKN presentan un plan de reindustrialización basado en la movilidad sostenible. Incluso proponen una ‘Ley Antideslocalizaciones’, que ningún partido con representación parlamentaria asume y no llega a debatirse.

En 2022, el primer giro: el empresario Francesco Borgomeo llega a un acuerdo con GKN y adquiere la fábrica por intermediación del Gobierno italiano, entonces aún presidido por Mario Draghi. Los trabajadores se niegan a disolver la asamblea permanente mientras no se garanticen inversores que mantengan sus puestos, así que la ocupación permanece. En noviembre de 2022, Borgomeo deja de pagar los salarios y en febrero de 2023 pondrá la sociedad en disolución. Será el Estado italiano —ya con Giorgia Meloni como primera ministra— el que asumirá las pérdidas, incluyendo ocho meses de atrasos en los salarios. Entre medias, los sindicatos llevan a cabo nuevas movilizaciones e incluso la ocupación temporal de Palacio Vecchio de Florencia, sede del ayuntamiento.

Es en este periodo cuando los trabajadores se constituyen en Soms Insorgiamo, la sociedad cooperativa que crea el actual proyecto de reindustrialización “desde abajo”. A partir de ahí, el sindicalista Salvetti define la supervivencia de la asamblea como “una ciudad permanentemente bombardeada”. Para él, el gran pecado del proyecto ha sido “destapar la hipocresía de los proyectos de reindustrialización de la Unión Europea”.

En 2022, cuando presentaron su primera propuesta “se suponía que iban a quintuplicar la producción de paneles solares en toda Europa. Ahora, se habla del rearme. Si nos oponemos a la guerra [durante los meses de abril y mayo Soms Insorgiamo ha encabezado una serie de movilizaciones en apoyo a Gaza, contra la guerra de Irán y el rearme italiano] no es solo por ética o sentido humanitario, es porque nos perjudica, como trabajadores”, concluye.

E insiste: “Si mañana llega un inversor y dice que para él dos millones no son nada y quiere invertir para que produzcamos paneles fotovoltaicos, lo puede hacer. No ocurre porque la respuesta que nos dan es que competir contra China es muy caro. Necesitas demasiado capital para eso. Y además nuestro proyecto quiere construir esos paneles adaptados a las necesidades de las comunidades locales, la de nuestro alrededor, no masivos.

El proceso de liquidación de la sociedad iniciado por Borgomeo fue otra batalla. Los trabajadores denunciaron que los liquidadores nunca llegaron a visitar la fábrica, y se inició un segundo proceso de despido para enero de 2024 que no llegó a concretarse. En abril de ese mismo año se llegó a cortar la electricidad de la fábrica. Tras una manifestación en junio, tres trabajadores acampan e inician una huelga de hambre en el centro de Florencia que dura 13 días. Consiguen que el Gobierno de la Región Toscana apruebe ayudas para los empleados sin subsidios y que apoye una petición al Estado para que asuma la propiedad de la empresa.

En octubre del mismo 2024, la jugarreta: se desvela que QF, la firma de Borgomeo, había vendido seis meses atrás la propiedad de la fábrica a dos empresas de inversiones inmobiliarias creadas a finales de 2023 y sin actividad aparente. Mientras tanto, la región Toscana aprueba su propia ley de reindustrialización, pero no se aplica en Campi Bisenzio. Así llega el despido que se acepta y hace efectivo en abril de 2025, dando 12 meses de desempleo y tregua a los más de 400 trabajadores. Esta primavera marca el final de esos ingresos.

Socialmente integrados

“Cada día puede ser el último. Es difícil construir algo si no sabes cuánto tendrás que resistir, y si hubiésemos sabido desde el principio que iba hacer cinco años, habríamos tomado otras decisiones”, explica Salvetti. “Por eso nuestra estructura es muy similar a la de la Florilla. Tenemos una misión, y construimos fuerza para llevarla a cabo. Si no sale, no sale, pero la reconstruiremos”.

Toda la larga entrevista con el sindicalista se ha producido durante un descanso del IV Festival de Literatura Working Class. Junto a la cantina de la fábrica, varios paneles solares sirven de muestra del trabajo que se ha ido sacando a trompicones estos años y de los planes de futuro. La factoría ocupada, en un polígono industrial de Campi Bisenzio que a su vez es las afueras de la turística Florencia, recibe en los días de fin de semana más visitantes al cercano centro comercial I Gigli que a cualquiera de sus fábricas. El sábado, segundo día del certamen, los trabajadores y escritores encabezarán una manifestación contra la guerra hasta las cercanas instalaciones de la armamentística Leonardo.

“Es difícil hablar a futuro, más allá del 11 o 12 de julio. Se convocará una Asamblea Popular del Movimiento de Defensa de la Fábrica y el Movimiento Nacional Popular, para ver qué hacer con nuestro proyecto, a partir de septiembre u octubre”, explica. Siguiendo con el ejemplo de la Flotilla: “Tenemos que decidir en qué momento nos echamos al mar y con cuantos barcos”.

Abundando en esa comparación, Salvetti subraya: “Piensa en cómo es la Flotilla. Se financia de forma privada, pero es pública. Es un acto público. Nuestra fábrica es igual. Es privada porque no es estatal, pero es pública porque no pertenece a una lógica particular, tiene unos objetivos sociales. Igual que me gustaría que la Flotilla fuese estatal y nuestros países pusiesen fin a lo que ocurre en Gaza, me gustaría que la fábrica fuese estatal. Pero trabajamos con lo que existe”."

(Jose A. Cano  , El Salto, 16/05/26) 

16.2.26

Te están usando para joder a tu abuelo... Nadie va a decir abiertamente que quiere recortar las pensiones porque quiere quedarse con ese pastel, tiene que venderlo como una necesidad imperiosa por el equilibro de las cuentas... No existe el conflicto generacional. Es un invento del capital para facilitar el negocio de las pensiones privadas... solo es una estrategia para instaurar otro inmenso expolio de clase y fomentar una nueva etapa de acaparamiento de capital por parte de las capas más privilegiadas... es una retórica que tiene como objetivo mejorar su propia situación personal ayudando a los que quieren que las pensiones públicas desaparezcan para ser sustituidas por el jugoso negocio de las pensiones privadas... Todo discurso que niega el conflicto de clases para sustituirlo por el conflicto generacional tiene como objetivo ser funcional a una futura rebaja de las pensiones... Es propio de trepas y advenedizos y es muy fácil identificarlos porque van buscando aquellos mensajes que favorecen a las elites para poco a poco adaptarlos y encabezarlos para lograr su favor. No es difícil hacer una leve prospección por los espacios mediáticos para identificarlos (Antonio Maestre)

 "Nadie va a decir abiertamente que quiere recortar las pensiones porque quiere quedarse con ese pastel, tiene que venderlo como una necesidad imperiosa por el equilibro de las cuentas, y para llevarlo a cabo necesita aliados dentro de la sociedad

Envejecer con una pensión que no alcanza: “Las cuentas no salen y tengo que pedir ayuda a mis hijos”

No existe el conflicto generacional. Es un invento del capital para facilitar el negocio de las pensiones privadas. Nadie va a decir abiertamente que quiere recortar las pensiones porque quiere quedarse con ese pastel, tiene que venderlo como una necesidad imperiosa por el equilibro de las cuentas, y para llevarlo a cabo necesita aliados dentro de la sociedad. Los principales objetivos para ejercer como quintacolumnistas dentro de la clase trabajadora son los jóvenes que ven muy lejano el momento en el que se harán beneficiarios de una pensión, quien tiene difícil el presente es imposible que piense en el futuro lejano.  

Cada vez que escuches a alguien hablar de Zeta, X, Millenial, Boomer, Alfa o categorizaciones similares basadas únicamente en el año en el que naciste para hablar de política económica échate la mano al bolsillo porque quiere robarte. A veces dirán que lo hacen porque eres víctima, pero solo es una estrategia para instaurar otro inmenso expolio de clase y fomentar una nueva etapa de acaparamiento de capital por parte de las capas más privilegiadas de la estratificación social. No es difícil saber quiénes son: los mismos que para solucionar el problema de la vivienda tienen como única medida relajar los impuestos para construir más sin poner límites a la especulación. 

Todo discurso que niega el conflicto de clases para sustituirlo por el conflicto generacional tiene como objetivo ser funcional a una futura rebaja de las pensiones. Es normal que este debate sea liderado por esas personas que forman parte del colectivo en el que se quiere instaurar el estado de agravio y que sin verse afectados por tener una posición de clase favorable busca el favor del capital para mejorar en esa estratificación de clase. Su actitud es en sí misma una evidencia de que el conflicto es de clase y no generacional. 

No es un discurso que tenga ninguna base intelectual seria ni deba tenerse en cuenta desde el punto de vista narrativo, es una retórica que tiene como objetivo mejorar su propia situación personal ayudando a los que quieren que las pensiones públicas desaparezcan para ser sustituidas por el jugoso negocio de las pensiones privadas. De forma paradójica la negación del conflicto de clases es una manera de confirmarlo porque buscan mejorar su situación profesional y aumentar su capital. Por eso serán acogidos con alborozo por todo el sistema extractivista para usarlo en su beneficio dando unas cuántas migajas al colaboracionista. 

A los jóvenes de clase trabajadora que se sientan cercanos a este mensaje solo lanzarles una advertencia: te están usando para joder a tu abuelo. Es lo único que les interesa, y si eso no te convence porque solo piensas en tu presente, que sepas que un mensaje así no va a mejorar tu presente, pero sí ten claro que va a hipotecar tu futuro. La clase trabajadora que se siente atraída por el discurso de la lucha generacional perderá su juventud antes de que mejore su situación convirtiéndose antes de que se dé cuenta en el enemigo de ese mismo discurso que antes defendía. Los años pasan más rápido que los cambios estructurales a mejor mientras que los recortes de derechos son casi inmediatos.  

Es lamentable asistir a discursos completamente desinformados sobre la estratificación social y que tengan espacio privilegiado en el debate publicado. No pido que desaparezcan los adanistas que se creen que inventan conceptos y relatos, pero al menos que tengan un mínimo de sentido del ridículo y lean lo que se ha escrito antes de provocar bochorno. No es posible hablar de clases sociales o negar las clases sociales sin atender todo lo teorizado por Karl Marx, Max Weber, Talcott Parsons, Ralph Dahrendorf, Pierre Bourdieu, Erik Olin Wright o Michael Savage. Al menos hay que tener un poco de vergüenza y no querer pontificar ante quienes sí los conocen y los han estudiado porque se os ven todas las costuras. 

Personalmente siento un desprecio profundo por esa degeneración individualista que encabeza discursos lesivos para el colectivo solo para el beneficio propio. Es propio de trepas y advenedizos y es muy fácil identificarlos porque van buscando aquellos mensajes que favorecen a las elites para poco a poco adaptarlos y encabezarlos para lograr su favor. No es difícil hacer una leve prospección por los espacios mediáticos para identificarlos."

(Antonio Maestre, blog, 15/02/26

14.12.25

La estrategia de enfrentar a pobres con menos pobres es un clásico del discurso reaccionario... el PP de Andalucía plantea aplicar una desgravación fiscal por el gasto en el gimnasio... y un informe del Instituto Juan de Mariana, señala que la pensión media de jubilación es de 1.760 euros, más alta que el sueldo medio de los menores de 35 (1.670 euros)... así pues, la guerra será entre catalanes a los que no se les concede beca de comedor y andaluces que desgravan por ir al gimnasio, y entre jóvenes que no logran alquilar una vivienda y pensionistas que cobran mil euros de jubilación... porque la ayuda del gimnasio te deja sin beca comedor, y la pensión del anciano te impide acceder a una vivienda... cuando te señalen al enemigo, lo mejor es saber en qué clase social se encuentra, porque quizás en realidad es tu compañero (Pascual Serrano)

"Hace unas semanas fue noticia que el gobierno del PP de Andalucía planteaba aplicar una desgravación fiscal de los gastos veterinarios de las mascotas. Poco después añadió otra desgravación por el gasto en el gimnasio o en centros deportivos, clubes, federaciones deportivas u otras entidades «para el desarrollo de actividades de ejercicio físico o práctica deportiva». No voy a entrar en si me parecen oportunos o no esos beneficios fiscales. Lo que quiero destacar fue la respuesta del independentismo catalán: «Con el dinero de los catalanes, los andaluces subvencionan el gimnasio y el perro de compañía, mientras aquí no le podemos dar ayudas a la beca de comedor o a la dependencia a alguna gente de la clase media trabajadora que es financiadora del Estado de bienestar», dijo el secretario general de Junts, Jordi Turull.


Vayamos ahora a otro debate. Un reciente informe del Instituto Juan de Mariana, señala que en 2002 los menores de 35 años poseían el 7,5% de la riqueza nacional; veinte años más tarde, tienen sólo el 2%. En paralelo, la pensión media de jubilación es de 1.760 euros, más alta que el sueldo medio de los menores de 35 (1.670 euros). Las dificultades de acceso a una primera vivienda son mayores que nunca. La tasa de desempleo juvenil cuadruplica a la de países como Alemania.

La conclusión a la que llegan es clara: se está produciendo una falta de solidaridad intergeneracional, porque el mantenimiento del sistema público de pensiones impide que se tomen las medidas necesarias para fomentar el crecimiento y lo terminan pagando los jóvenes.

Obsérvese la tesis común. Se reconoce que hay sectores sociales necesitados y que son desatendidos. Se arrogan además, tanto Junts como el Instituto Juan de Mariana y sus seguidores, una sensibilidad social y una vocación de justicia. Pero, como en tantas ocasiones en la derecha, buscan al responsable de tu precariedad entre un sector popular que, a su vez, se sentirá ahora amenazado por el más precario.

De este modo, en el primer caso, la guerra será entre catalanes a los que no se les concede beca de comedor y andaluces que desgravan por ir al gimnasio. Y en el segundo, entre jóvenes que no logran alquilar una vivienda y pensionistas que cobran mil euros de jubilación. Porque, como dicen los sembradores de cizaña, la ayuda del gimnasio te deja sin beca comedor, y la pensión del anciano te impide acceder a una vivienda.

Hay más ejemplos de esta estrategia de enfrentamiento de pobres con menos pobres. Como cuando, ante la liberación de la mujer, se planteaba que su incorporación al trabajo amenazaría la oferta de empleos para los hombres. Ojo, también algunas veces la izquierda cae en la trampa del enfrentamiento, por ejemplo al decir a las mujeres que el violador está en su casa. “El violador de la niña está en casa”, titulaba una columna Cristina Fallarás. Pues puede que esté en casa o que no, pero lo más normal es que en casa esté el hombre que recoge a la niña del colegio o a la salida de la discoteca para que no la violen.

O cuando te dicen que el emigrante es tu enemigo porque te quitará el trabajo, y no te explican que el trabajo te lo quita la empresa cuando se deslocaliza llevándosela al país del emigrante pagando un sueldo de miseria. O que el emigrante viene porque tu país bombardeó su Siria o Libia donde vivía.

La estrategia de enfrentar a pobres con menos pobres es un clásico del discurso reaccionario, de ahí que también sea un clásico en la izquierda, reivindicar y trabajar por la unidad de los trabajadores y la centralidad de la lucha de clases frente a cualquier otra. De modo que, cuando te señalen al enemigo, lo mejor es saber en qué clase social se encuentra, porque quizás en realidad es tu compañero."

26.11.25

El mensaje cala: los mayores serían los culpables de la pobreza y precariedad juvenil... emerge la culpabilidad de las pensiones y de los pensionistas... pero la desigualdad creciente no es fundamentalmente un problema entre generaciones, sino entre distintas posiciones en la estructura de clases ¿Y si la brecha intergeneracional está en otro lugar —uno mucho más incómodo de mirar— y poco o nada tiene que ver con las pensiones? La desigualdad creciente en las rentas medias no nace del sistema de pensiones, sino del propio funcionamiento del mercado laboral. Si es un fenómeno que se repite en todas las economías avanzadas, la acusación al sistema de pensiones español pierde fundamento... no se trata de un problema nacional ni de las pensiones, sino de un fenómeno internacional ligado a las dinámicas del mercado laboral... El problema no está en lo que se ha mantenido estable —la revalorización de las pensiones medias para que los pensionistas no pierdan poder adquisitivo—, sino en lo que ha dejado de funcionar: un mercado laboral capaz de garantizar condiciones de vida dignas y equitativas para todos los trabajadores... la desigualdad es mucho mayor cuando miramos por clase social que cuando lo hacemos por edad. Y, en realidad, es puro sentido común: un joven directivo o profesional cualificado gana bastante más que un trabajador manual no cualificado de sesenta años o ya jubilado... Lo sorprendente es, por tanto, el peso mediático que recibe el conflicto entre generaciones —que existe, sí, pero refleja promedios de grupos muy heterogéneos— y el silencio mucho más doloroso sobre las diferencias entre clases sociales.... entre 2002 y 2008 todas las familias con propiedades inmobiliarias vieron cómo su riqueza se multiplicaba como efecto del boom inmobiliario... Este fenómeno explica que «los mayores de 75 años han incrementado de forma sostenida su participación en la riqueza total, pasando de aproximadamente un 8,3% en 2002 a un 18,3% en 2022»... pero el 10% de los hogares más ricos concentran más del 50% de la riqueza en España... No son los jubilados los que devoran a los jóvenes, sino un sistema que permite que la riqueza se concentre arriba mientras el resto se pelea por las migajas... No son los ‘boomers’, los viejos, los ancianos, los jubilados, es el capitalismo (Alberto Garzón Espinosa)

 "El exdirigente de extrema derecha Juan García-Gallardo, de 34 años, ha declarado que «la generación boomer está impidiendo la prosperidad de los jóvenes». Los boomers —los que hoy tienen entre 61 y 79 años— son, en su mayoría, jubilados. El ultraderechista no está solo: la periodista de El País Estefanía Molina, también de 34, asegura que «los pensionistas están devorando a sus hijos». Y Analía Plaza, de 36, acaba de publicar La vida cañón, un libro que apunta a los boomers como «el grupo por edad con mayor riqueza del país» y que describe su vida como más cómoda, más fácil, más segura que la de sus padres o la de sus hijos.

El mensaje cala: los mayores serían los culpables de la pobreza y precariedad juvenil. Pero esa lectura es una trampa, como la ha definido el periodista Carlos Sánchez, de 69 años y mucho más escéptico respecto a este relato. En realidad, los datos avalan que la desigualdad creciente no es fundamentalmente un problema entre generaciones, sino entre distintas posiciones en la estructura de clases. No son los jubilados los que devoran a los jóvenes, sino un sistema que permite que la riqueza se concentre arriba mientras el resto se pelea por las migajas.

El debate tiene dos niveles: uno de diagnóstico y otro propositivo. Respecto al segundo, la mayoría de los análisis culmina con una crítica devastadora al sistema de pensiones públicas, considerado como excesivamente generoso. Molina, por ejemplo, justifica que los jóvenes piensen, según ella, que «es un despropósito la indexación de todas las pensiones a un IPC desbocado» y sugiere que la necesidad de rentas de los nuevos jubilados «quizás no es tan elevada». El economista Gonzalo Bernardos, de 62 años y habitual en los medios de comunicación, ha subrayado que «lo de la generosidad de las actuales pensiones es imposible de mantener», mientras que Plaza concluye sobre las pensiones públicas que «ahora mismo el debate está en que no hay dinero suficiente para pagarlas».

Estas críticas parten de un diagnóstico cada vez más compartido: la existencia de una creciente brecha intergeneracional en España. En los últimos meses, dos trabajos sólidos y completos han apuntado en esa dirección: el informe de J. Ignacio Conde-Ruiz y Francisco García-Rodríguez para Fedea, centrado en la riqueza, y el informe de Javier Martínez Santos y Jorge Galindo para EsadeEcPol, que aborda tanto renta como riqueza. A partir de este diagnóstico emerge –por parte de otros actores, como los citados más arriba– la culpabilidad de las pensiones y de los pensionistas. Pero ¿y si ese diagnóstico no justifica realmente la crítica al sistema de pensiones? ¿Y si la brecha intergeneracional está en otro lugar —uno mucho más incómodo de mirar— y poco o nada tiene que ver con las pensiones? ¿Y si más que la edad lo que determina la desigualdad y nuestras posibilidades es la clase social?

La desigual evolución de la renta

El núcleo del diagnóstico tradicional suele resumirse en un mismo gráfico: la evolución de las rentas netas medias desde 2008. Este indicador, utilizado con ligeras variaciones por la mayoría de los analistas, sirve de base para argumentar la existencia de una creciente brecha generacional que se sostiene principalmente por el enriquecimiento muy superior de las generaciones mayores de 65 años. (...)

Como se puede observar, el grupo de más de 65 años (línea en amarillo oscuro) era el tercero con mayor renta media en el año 2008, pero desde el año 2013 es el primero. Es decir, desde que empezaron a jubilarse los boomers, el grupo de más de 65 años pasó a ser el que disfrutaba de mayor renta en España. El estudio de EsadeEcPol usa estos mismos datos para llegar a la conclusión de que «los mayores de 65 experimentan ingresos medios sustancialmente más elevados en 2024 respecto a 2008, unos 2.500 € más, superando en promedio a todos los grupos de edad más jóvenes». También emplea esos datos el siempre atento Kiko Llaneras, en su artículo «¿Jóvenes contra boomers?», aunque en este caso usando la mediana (más adecuada que la media). El problema es que la elección respecto del indicador, al que recurren todos ellos, es incorrecta.

Ese famoso gráfico mide la renta media per cápita, lo que implica dividir el ingreso del hogar entre el número de miembros. Eso genera un sesgo por tamaño de hogar y heterogeneidad de las rentas dentro de cada grupo, al considerar la aportación de todos los miembros por igual. Por esa razón Eurostat considera por defecto otra forma de medirlo: la renta media por unidad de consumo, que asigna a cada miembro del hogar una ponderación establecida por la OCDE. Si recurrimos a este otro indicador, mucho más adecuado, las tendencias se mantienen, pero la fotografía cambia: (...)

Ahora en ningún momento los mayores de 65 años son el grupo con más renta media. Sigue existiendo un crecimiento de las rentas de este grupo durante los años de crisis, mientras la del resto de los grupos descendía, pero el cambio es mucho más modesto que en la medición anterior. La recuperación tras 2015 se presenta similar y solamente en los últimos años el ritmo de crecimiento de la renta media de los mayores de 65 años es superior. Con todo, en esta nueva fotografía los boomers no parecen ni tan extraordinarios ni tan culpables.

De hecho, lo que observamos no es ninguna anomalía. Las rentas laborales de los trabajadores siempre se mueven al compás del ciclo económico: caen cuando el PIB se contrae y suben cuando la economía se recupera. Son, por naturaleza, endógenas a la actividad. Por el contrario, las transferencias públicas, como las pensiones, no siguen ese vaivén: dependen de decisiones políticas y, por tanto, se comportan de forma más estable. Esa diferencia permitió sostener la demanda agregada durante las recesiones, pero también modificó la distancia entre las rentas medias de unas generaciones y otras.

De este modo cabe argüir que el problema no está en el nivel de las pensiones —que han evolucionado de manera bastante regular y predecible—, sino en el golpe asimétrico que las crisis económicas propinaron a los jóvenes. La precariedad y la inestabilidad laboral hicieron que fueran los primeros expulsados del mercado de trabajo y los últimos en recuperar sus condiciones previas. Los trabajadores de más edad también sufrieron, pero menos, y esa desigualdad en la exposición a la crisis amplió las brechas de renta entre generaciones.

A la diferencia entre la renta de los jóvenes y la de otros grupos la llamamos “brecha intergeneracional”, y puede medirse mediante una ratio: cuando esta aumenta, también lo hace la distancia entre generaciones. Para hacerlo he utilizado distintas fuentes estadísticas, con metodologías algo diferentes, pero todas expresando la misma tendencia: (...)

La línea amarilla expresa la ratio entre la renta del grupo de personas de más de 65 años (al que he llamado ‘jubilados’) y la renta del grupo de los jóvenes, y como hemos visto ya antes, tanto en INE (renta media por unidad de consumo) como Eurostat (renta mediana) es positiva desde 2012. Ese es el momento en el que el grupo de jubilados supera en renta media a los jóvenes. Por otro lado, en INE (renta media per cápita) y LIS (renta media por unidad de consumo) las rentas medias del grupo de jubilados siempre han estado por encima de las de los jóvenes, pero desde 2010 lo han estado mucho más.

La novedad de este gráfico es la incorporación de una nueva ratio (línea azul), que compara las rentas del grupo de 50 a 64 años o trabajadores en su etapa laboral final —a los que denomino ‘seniors’— con las de los jóvenes. Los resultados son reveladores. Salvo en los datos del INE (renta per cápita), en todas las demás fuentes esta ratio es superior a la anterior. Dicho de otro modo: la verdadera brecha generacional no se da entre jóvenes y pensionistas, sino entre jóvenes y quienes están en la fase final de su carrera laboral. Si tienes 30 años, tu diferencial con un trabajador de 60 es mayor que con un jubilado de 70.

Los datos de The Luxemburg Income Study (...) refuerzan esta idea. Su metodología está armonizada para permitir comparaciones a nivel internacional, y de ahí las ligeras diferencias con EU-SILC e INE. Usando los datos de LIS, Gabriele Guaitoli y Roberto Pancrazi analizaron la brecha intergeneracional en medio centenar de países y hallaron un patrón claro: la brecha crece en todas las economías ricas, y lo hace especialmente entre los jóvenes que se incorporan al mercado laboral y los trabajadores seniors. En otras palabras, la desigualdad creciente en las rentas medias no nace del sistema de pensiones, sino del propio funcionamiento del mercado laboral. Si es un fenómeno que se repite en todas las economías avanzadas, la acusación al sistema de pensiones español pierde fundamento.

En este sentido, gran parte del diagnóstico sobre la brecha generacional en rentas sigue siendo válido, pero el foco debe desplazarse: no se trata de un problema nacional ni de las pensiones, sino de un fenómeno internacional ligado a las dinámicas del mercado laboral. Por eso, muchos de los discursos anti-pensiones que escuchamos a diario parten de un diagnóstico equivocado. El problema no está en lo que se ha mantenido estable —la revalorización de las pensiones medias para que los pensionistas no pierdan poder adquisitivo—, sino en lo que ha dejado de funcionar: un mercado laboral capaz de garantizar condiciones de vida dignas y equitativas para todos los trabajadores.

Si queremos evaluar las causas profundas de la desigualdad, es mucho más apropiado mirar la posición de clase. El análisis de clase perdió fuerza en los años noventa, pero está recuperando protagonismo en las últimas décadas. Un reciente estudio para la Comisión Europea realizado por un equipo estupendo de investigadores españoles ha puesto de relieve la importancia de mirar a la clase como factor diferencial. Para destacar su importancia en este debate, he construido una clasificación de clases sociales utilizado los datos de la última Encuesta de Condiciones de Vida y he comparado la desigualdad de clase con la de edad. Este es el resultado: (...)

Como puede ver a simple vista, la desigualdad es mucho mayor cuando miramos por clase social que cuando lo hacemos por edad. Y, en realidad, es puro sentido común: un joven directivo o profesional cualificado gana bastante más que un trabajador manual no cualificado de sesenta años o ya jubilado (a estos últimos, jubilados o desempleados, les he asignado la clase correspondiente a su último empleo). Lo sorprendente es, por tanto, el peso mediático que recibe el conflicto entre generaciones —que existe, sí, pero refleja promedios de grupos muy heterogéneos— y el silencio mucho más doloroso sobre las diferencias entre clases sociales.

Ahora bien, como subrayan con acierto los informes de EsadeEcPol y, con particular brillantez, el de Fedea, hay otra brecha igual o más preocupante y aún más estructural: la de la riqueza.

Desigualdad de riqueza

En condiciones normales, la riqueza se hereda o es el producto de la acumulación de rentas, por lo que una gran desigualdad de estas últimas apunta a una creciente desigualdad de riqueza –en ausencia de políticas redistributivas eficaces. En España, además, se da la circunstancia de que el patrimonio principal de la mayoría de los hogares es la vivienda, cuyo acceso no sólo depende de las rentas y la riqueza sino también de la ‘suerte’: aquellas familias que pudieron acceder a una vivienda cuando el mercado inmobiliario era asequible disfrutan hoy de una riqueza que se presenta inalcanzable para las generaciones actuales.

Como explican Conde-Ruíz y García-Rodríguez, entre 2002 y 2008 todas las familias con propiedades inmobiliarias vieron cómo su riqueza se multiplicaba como efecto del boom inmobiliario. Por ejemplo, las personas entre 55 y 64 años llegaron a ver aumentada su riqueza un 67,4%. Ese es el componente de ‘suerte’, que favoreció particularmente a las personas que adquirieron viviendas en los noventa. Aunque la crisis de 2008-2014 desvalorizó esas viviendas –y, por lo tanto, su riqueza–, la recuperación económica posterior está siendo una carrera desigual entre grupos de edad: algunos comenzaron teniendo ya vivienda, adquirida cuando era asequible y en general ya sin deudas hipotecarias, y otros grupos –como los jóvenes– o bien no pueden adquirirlas o bien lo hacen a costa de un endeudamiento enorme. Actualmente tienen una propiedad inmobiliaria el 60% de los mayores de 65 años, frente a poco más del 20% de los menores de 35 años.

Este fenómeno explica que «los mayores de 75 años han incrementado de forma sostenida su participación en la riqueza total, pasando de aproximadamente un 8,3% en 2002 a un 18,3% en 2022», como recuerda el citado informe de Fedea. Al mismo tiempo, «los menores de 35 años han reducido de forma continua su peso en la riqueza neta total, pasando de 8,2% en 2002 a apenas 2,1% en 2022, lo que indica crecientes dificultades para acceder a la propiedad o construir patrimonio desde edades tempranas». Además, con mayor patrimonio y rentas es más fácil acumular nuevos activos (otras propiedades, productos financieros, etc.), lo que ayuda a explicar por qué los mayores de 65 años tienen de promedio más de 2 propiedades frente a menos de un 0,5 para el caso de los menores de 35 años.

Todas estas desigualdades entre generaciones son grandes y evidentes. Pero, como ocurría con el caso de la renta, ocultan otros fenómenos aún más importantes. Al fin y al cabo, las variables de edad no pueden explicar lo que el informe de Fedea pone negro sobre blanco: «el 1% más rico ha concentrado de forma sostenida una fracción significativa del patrimonio total –en torno al 21,1% en 2022– seguido de los percentiles 91-99, cuya participación también ha aumentado en los últimos años hasta el 32,6%». Esto es lo mismo que decir que el 10% de los hogares más ricos concentran más del 50% de la riqueza en España. La contracara es que la mitad más pobre de la población española solo tiene un 7,1% de la riqueza patrimonial total en España.

¿Qué está pasando aquí? Sencillamente que la desigualdad de riqueza está aumentando por mecanismos endógenos que, de nuevo, nada tienen que ver con las pensiones ni con las transferencias públicas. Al margen de la dinámica del mercado laboral (donde ya vimos que las clases altas reciben significativamente mejores rentas), los hogares más ricos –y las personas que viven en ellos– tienen muchas más oportunidades para enriquecerse aún más. Lo hacen a través de la adquisición de otras propiedades inmobiliarias (para obtener rentas por alquileres, especulación, etc.) y de productos financieros que ofrecen rendimientos fáciles.

Hace unas semanas, el nuevo dirigente británico del partido verde, Zack Polanski, atrajo gran atención mediática al denunciar en un vídeo –magnífico, por cierto– que había gente que se enriquecía mientras dormía, en oposición a quienes viven de las rentas laborales y apenas lograban conciliar el sueño. Lo que Polanski estaba señalando es lo que hace diez años Thomas Piketty denominó capitalismo patrimonial –y que en otros lugares se ha llamado “capitalismo rentista”–. Es decir, un sistema institucional en el que la desigualdad de renta y de riqueza se refuerzan mutuamente cuando el Estado no interviene para corregirlas. En la actualidad esta dinámica está alimentada por una economía profundamente financiarizada y en la que vivienda funciona como un activo especulativo más.

En España los datos más fidedignos a los que podemos recurrir para medir este fenómeno son también los de la Encuesta de Condiciones de Vida. Según su última publicación, un 16% de los hogares (unos tres millones) reciben ingresos por el alquiler de propiedades y un 32% (unos seis millones) reciben rentas del capital en forma de intereses, dividendos, etc. Estos componentes de la renta son los que he definido como “cuota rentista”, ya que se trata de ingresos que “caen del cielo” solo por el sencillo hecho de tener propiedades. Pero, claro, ahí se incluye al que alquila una vivienda en un pueblo rural para obtener unos pocos ingresos complementarios, y el multipropietario que se permite vivir a cuerpo de rey gracias únicamente a esa actividad. Así que la pregunta es: ¿cómo se distribuye en la sociedad esta cuota rentista?

Por no alargarme más, iré al grano: es captada en su mayoría por los más ricos. Prácticamente la mitad de los ingresos por alquiler del año 2024 fueron captados por el 20% de los hogares más ricos de España, quienes también se hicieron con el 65% de los ingresos derivados de intereses, dividendos y otros productos financieros. Por el contrario, el 60% más pobre de los hogares España no captura ni el 30% de los ingresos de alquiler y ni el 20% de las rentas del capital. Estos datos son coherentes con los de la Encuesta Financiera de las Familias analizados en el informe de Fedea, que demuestran una muchísimo mayor presencia de activos financieros entre las familias más ricas.

Por otro lado, cuando pasamos a observar la distribución de los ingresos rentistas por edad o clase social tenemos que hacer el análisis a nivel individual y no de hogares. En este caso no tiene sentido medir la concentración, porque cada grupo está formado por un número distinto de personas (por ejemplo, hay muchos más jubilados y trabajadores no manuales). Sin embargo, podemos medir la prevalencia, es decir, el porcentaje de personas dentro de cada grupo que dispone de ingresos rentistas (por alquiler o por rentas del capital). El gráfico resultante es coherente con el análisis hasta ahora:

Como se puede observar, son las clases altas (profesionales y directivos) los que disponen en mayor medida de ingresos rentistas, mucho más que los trabajadores no cualificados o trabajadores manuales. Y desde luego, la desigualdad entre clases es mucho más pronunciada que entre grupos de edad, donde también esperábamos encontrar una mayor proporción de ingresos rentistas entre los grupos mayores (porque debido al ciclo vital son capaces de acumular más activos desde los que extraer ingresos rentistas).

 ( Alberto Garzón Espinosa, eldiario.es, 25/11/25, gráficos en el original)

3.11.25

Conflicto generacional, un debate tramposo... El argumento de que el gasto en pensiones va en detrimento de otras necesidades parte de la tramposa premisa de que la riqueza no puede crecer y no se puede distribuir más equitativamente vía un mercado de trabajo más justo y una fiscalidad más redistributiva... A partir de una realidad indiscutible, la precarización laboral y vital de buena parte de las personas jóvenes, se enfrenta a estos con los mayores en una lógica de agravio comparativo, que hace desaparecer las clases sociales y el conflicto entre capital y trabajo de los análisis... En el imaginario de la confrontación intergeneracional como epicentro del conflicto social, la clase y la responsabilidad del capital, en forma de precariedad laboral o especulación, no existen, han desaparecido... En términos económicos lo que resulta insostenible es que por la vía de los beneficios fiscales las arcas públicas dejen de ingresar unos 45.000 millones de euros (PGE 2023), eso sin sumar los de las CCAA. Son recursos que en parte podrían servir para paliar los niveles de pobreza infantil extrema... Debemos preguntarnos: ¿Es posible aumentar la riqueza que generamos como sociedad? ¿Es posible reducir los niveles de pobreza infantil y juvenil? ¿Qué modelo productivo necesitamos para ello? Si se pretende sinceramente abordar la precariedad vital de las personas jóvenes urge transformar un sistema socioeconómico que ha convertido un derecho fundamental como la vivienda en un bien de inversión sometido a las lógicas de mercados globales (Joan Coscubiela)

 "El argumento de que el gasto en pensiones va en detrimento de otras necesidades parte de la tramposa premisa de que la riqueza no puede crecer y no se puede distribuir más equitativamente vía un mercado de trabajo más justo y una fiscalidad más redistributiva

En los últimos tiempos proliferan análisis que sitúan la confrontación entre generaciones como el epicentro del conflicto social. A partir de una realidad indiscutible, la precarización laboral y vital de buena parte de las personas jóvenes, se enfrenta a estos con los mayores en una lógica de agravio comparativo, que hace desaparecer las clases sociales y el conflicto entre capital y trabajo de los análisis. 

Este imaginario forma parte de la estrategia del neoliberalismo, que ha impuesto su hegemonía ideológica, incluso entre sectores de la izquierda, hasta hacernos creer que los conflictos de clase son cosas de nostálgicos izquierdosos anclados en el pasado. 

Es cierto que las sociedades y sus conflictos se han hecho más complejas, aunque en realidad siempre lo fueron, como saben bien las mujeres. Entre esta complejidad aparecen fracturas generacionales fruto de un aumento de los desequilibrios en el reparto de la riqueza entre trabajo y capital, especialmente el rentista. 

Pero clases sociales “haberlas haylas”. Lo explicó con provocadora sinceridad el magnate Warren Buffet: “Hay una guerra de clases, es cierto, pero es mi clase, la clase de los ricos, la que está haciendo la guerra. Y vamos ganando. La clase trabajadora está perdiendo” 

Se utiliza la precariedad laboral y vital de los jóvenes como coartada para presentar a las personas jubiladas como privilegiadas -los más descarados incluso les culpan de la precariedad de sus hijos y nietos. En estos análisis se presenta la generación cómo una categoría social compacta sin diversidad en su composición. 

Es cierto que en los últimos años se ha reducido la tasa de pobreza de las personas mayores mientras aumenta la infantil y juvenil, especialmente en familias monomarentales con un solo ingreso. Pero ese cambio no responde a lógicas de vasos comunicantes. Mientras la reducción de la pobreza entre los pensionistas se ha conseguido gracias a políticas progresistas concertadas con el sindicalismo confederal, los recursos públicos destinados a reducir la pobreza infantil y juvenil han sido insuficientes ante un “libre mercado” que fabrica precariedad laboral, habitacional y vital a espuertas. 

Con los datos en la mesa no se puede afirmar que los pensionistas estén sobreprotegidos. En agosto 2025 el 48,6% del total de pensiones (el 63,3% en las mujeres) es inferior a 1.000 euros/mes. En las de jubilación la pensión media está situada en 1.507,63 euros/mes (1.572 los hombres y 1.081,33 euros/mes las mujeres) mientras un 39% (el 60% las mujeres) de los jubilados perciben menos de 1.000 euros/mes. 

Por supuesto no ignoro las dificultades -casi imposibilidad- de acceder a una vivienda por parte especialmente de los jóvenes, pero aquí también son evidentes las diferencias de clase. Mientras muchos jóvenes ven como se atrasa cada vez más la edad de su emancipación, algunos disfrutan por 2.000 euros al mes de una plaza en residencias de estudiantes. Al tiempo que la precariedad habitacional afecta también a personas mayores con bajos ingresos como se comprueba en las imágenes de algunos desahucios.

En el imaginario de la confrontación intergeneracional como epicentro del conflicto social, la clase y la responsabilidad del capital, en forma de precariedad laboral o especulación, no existen, han desaparecido de sus tramposos análisis.

En realidad, el debate está siendo instrumentalizado al servicio de otro dogma, el de la insostenibilidad económica del sistema de seguridad social, por la imposibilidad, se afirma, de dedicar tantos recursos a pagar las pensiones públicas. 

Aunque el resultado final va a depender de la evolución económica y demográfica, las previsiones de gasto para el 2050, incluyendo pensiones no contributivas y clases pasivas, se sitúan entre el 15,8% y el 17% del PIB. La sociedad española debe decidir si considera oportuno dedicar esta proporción de la riqueza a financiar las pensiones de una población que en el 2050 será el 30% del total. 

El argumento de que el gasto en pensiones va en detrimento de otras necesidades parte de la tramposa premisa de que la riqueza no puede crecer y no se puede distribuir más equitativamente vía un mercado de trabajo más justo y una fiscalidad más redistributiva.  

En términos económicos lo que resulta insostenible es que por la vía de los beneficios fiscales las arcas públicas dejen de ingresar unos 45.000 millones de euros (PGE 2023), eso sin sumar los de las CCAA. Son recursos que en parte podrían servir para paliar los niveles de pobreza infantil extrema

Lo que es insostenible socialmente es obligar a las personas jubiladas a continuar trabajando para complementar sus pensiones de mínimos, como ya sucede en Alemania con más de un millón de “minijobs” de 556 euros al mes.

Otra de las trampas del debate sobre la sostenibilidad de las pensiones consiste en presentar nuestro sistema de seguridad social con la lógica actuarial de los seguros privados. Se afirma que los ingresos por cotizaciones son insuficientes para garantizar las pensiones, obviando que en ningún sitio está escrito -el Pacto de Toledo dice justo lo contrario- que la financiación de la seguridad social deba recaer exclusivamente en el factor trabajo. Recordemos que las cotizaciones, también las empresariales, son salario. 

Presentan la aportación fiscal del estado como déficit cuando en realidad se trata de implicar –aún de manera insuficiente- a otros factores productivos en la financiación de una estructura social como las pensiones.

En esta maraña en la que se mezclan análisis serios, se comparta o discrepe de ellos, con “cuñadísmo retribuido”, algunas voces han planteado una reformulación del debate. ¿Qué sistema de jubilación podemos permitirnos hoy con la riqueza que generamos? 

Sugiero recoger el guante, aunque como el orden de las preguntas determina siempre el terreno del debate y condiciona las respuestas propongo ordenarlo a partir de estos otros interrogantes. 

¿Es posible aumentar la riqueza que generamos como sociedad? ¿Es posible reducir los niveles de pobreza infantil y juvenil? ¿Qué modelo productivo necesitamos para ello? ¿Es sostenible económica ecológica y socialmente nuestro sistema socioeconómico?

Creo que sí, que tenemos margen para aumentar la riqueza colectiva, también para dedicar más recursos públicos a reducir la pobreza infantil y juvenil, aunque sea difícil mientras se mantengan las lógicas de “libre mercado” que tanta precariedad laboral y vital están provocando. 

Para conseguirlo hay que abordar algunas transformaciones de calado. Entre ellas, trabajar para que nuestro sistema productivo deje de malgastar tanto potencial humano, después de los esfuerzos personales y colectivos dedicados a la formación. O combatir la idea de que las empresas para subsistir requieren de precarización salarial y vital, con largas jornadas de trabajo. 

Para aumentar la riqueza es imprescindible mejorar la productividad del capital, incrementando la inversión. Pero eso casa mal con un sistema productivo en el que los beneficios empresariales en sectores como el turismo son muy superiores a otros que requieren de niveles mucho más importantes de inversión y riesgo. 

Para que este crecimiento de la riqueza sea sostenible hay que abandonar un modelo de competitividad construido sobre la externalización de riesgos y costes sociales y ecológicos a terceros. Como sucede, entre otros, en el sector de la logística, con los explotados autónomos del transporte y el uso ineficiente de la carretera en detrimento del ferrocarril.

Si se pretende sinceramente abordar la precariedad vital de las personas jóvenes urge transformar un sistema socioeconómico que ha convertido un derecho fundamental como la vivienda en un bien de inversión sometido a las lógicas de mercados globales.

Si se quiere hacer debates rigurosos sobre la precarización laboral y vital de los jóvenes y sobre la sostenibilidad del gasto en pensiones, sin utilizar la tramposa confrontación entre generaciones, hagámoslos. Con algunas condiciones, que la clase social y los conflictos entre capital y trabajo no desaparezcan del debate y que no eludamos las preguntas sobre la sostenibilidad de nuestro sistema socioeconómico. "

(Joan Coscubiela, eldiario.es) 

17.9.25

Resulta que el jubilado alemán es el causante de la miseria de sus nietos... ahora resulta que los "baby boomers" viven por encima de sus posibilidades... así que proponen un "impuesto de solidaridad para la generación del baby boom", un gravamen especial del 10% sobre todos los ingresos de las personas mayores de 65 años... La justificación sería la supuesta "ruptura del contrato intergeneracional"... y también introducir un servicio social obligatorio para los baby boomers después de la jubilación, quizás en el ámbito de la enfermería o el servicio público... o sea, que son los jubilados los culpables de la precariedad, y no los conflictos geopolíticos y geoeconómicos, peligros derivados del progreso tecnológico, retroceso de la democracia y manipulación por parte de los superricos (Peter Bofinger

 "Criticar a la generación del baby boom se ha convertido en la última moda intelectual en Alemania. En su nuevo libro ‘Nach uns die Zukunft’ (Después de nosotros, el futuro), Marcel Fratzscher, presidente del Instituto Alemán de Investigación Económica, lanza una contundente acusación: casi ninguna generación desde la Ilustración y la Revolución Industrial ha privado a sus hijos y nietos de tantas oportunidades para una vida buena y autodeterminada como la generación de los baby boomers de hoy. Declara que el contrato intergeneracional está roto, esa promesa fundamental de que cada generación estaría mejor que la anterior.

Una crítica tan fundamental exige pruebas contundentes. Sin embargo, la comparación histórica de Fratzscher invita inmediatamente al escepticismo: ¿ha pasado por alto de alguna manera las dos guerras mundiales? En su libro, Fratzscher destaca que el 84% de los alemanes, incluida la gran mayoría de los propios baby boomers, creen que las generaciones futuras estarán peor que las actuales. Él lo llama "una señal de alarma". Sin embargo, para un científico, parece extraño pronosticar el desarrollo económico a través de encuestas de opinión en lugar de teorías y hechos.

El argumento se derrumba por sus propias inconsistencias lógicas. Muchas de las amenazas que Fratzscher identifica —conflictos geopolíticos y geoeconómicos, peligros derivados del progreso tecnológico, retroceso de la democracia, manipulación por parte de los superricos— no pueden atribuirse razonablemente a la generación de los baby boomers alemanes. Además, debemos preguntarnos cuánta responsabilidad tienen realmente los "baby boomers", nacidos entre 1955 y 1969, por el bienestar de las generaciones futuras. Si el contrato intergeneracional implica que los hijos deben prosperar más que sus padres, entonces los hijos de la generación baby boomer, que ahora tienen entre 30 y 40 años, ya han tenido éxito.

La paradoja de la prosperidad

Las evidencias económicas cuentan una historia sorprendentemente diferente a la narrativa de Fratzscher. Entre 1980 y 1991, el producto interno bruto real per cápita de Alemania Occidental aumentó un 17 por ciento. Desde 1991, ha aumentado otro 41 por ciento en toda la Alemania unificada. Consideremos las transformaciones cotidianas: hace cuatro décadas, las llamadas de larga distancia eran prohibitivamente caras, y mucha gente hacía cola en las cabinas telefónicas porque los teléfonos privados seguían siendo un lujo. El acceso a la música era prácticamente inasequible para los ciudadanos más pobres: en 1980, un LP costaba alrededor de 36 euros en poder adquisitivo actual.

Los baby boomers contribuyeron a lo largo de sus vidas laborales a la creación de la prosperidad material sustancialmente mayor de hoy en día. A cambio, aceptaron jornadas laborales más largas que las que afrontan los empleados de hoy en día.

Los "baby boomers" alemanes también ahorraron considerablemente más que sus vecinos franceses o los hogares estadounidenses, lo que contradice las afirmaciones de Monika Schnitzer, presidenta del Consejo Alemán de Expertos Económicos, de que los "baby boomers" vivían por encima de sus posibilidades.

 Esta responsabilidad fiscal se refleja claramente en la balanza por cuenta corriente de Alemania, que muestra el superávit de ingresos sobre gastos del país. Desde 1980, ha mostrado superávits muy elevados en su mayor parte. Solo entre 1991 y 2001 aparecieron déficits relativamente pequeños, directamente atribuibles a los costes extraordinarios de la reunificación alemana.

Uno de los logros históricos de los baby boomers fue la reunificación alemana. En 1991, aproximadamente 61 millones de alemanes occidentales tuvieron que integrar económicamente a 16 millones de ciudadanos de Alemania Oriental de la noche a la mañana, garantizándoles desde el primer día las elevadas prestaciones sociales de la República Federal. A esto le siguieron inversiones masivas en la infraestructura obsoleta del este de Alemania.

Estas cargas exigieron sacrificios extraordinarios. Los tipos del impuesto sobre la renta se dispararon; en 1997, el tipo máximo, incluyendo el recargo de solidaridad, llegó a casi el 57 por ciento. Las contribuciones a la seguridad social aumentaron considerablemente para financiar las prestaciones del este. Sugerir, como hace Fratzscher, que los "baby boomers" 'se regodearon en la gloria de su éxito económico' equivale a un insulto, particularmente para los trabajadores de bajos ingresos que soportaron estos costes.

La llegada a la edad de jubilación de la generación del baby boom sin duda planteará considerables desafíos financieros. Sin embargo, la edad media de jubilación ha aumentado significativamente, pasando de 62,3 años en 2000 a 64,7 en 2023. Simultáneamente, el nivel de las pensiones ha disminuido del 52,9% al 48%. La edad de jubilación seguirá aumentando hasta 2031.

El legado de una década dorada

A pesar de su retórica crítica contra la generación del baby boom, incluso Fratzscher debe reconocer que esta generación deja Alemania en una situación notablemente buena. En los últimos 15 años, casi todas las regiones han experimentado un crecimiento económico significativo. “Alemania nunca ha tenido más gente trabajando que ahora”, admite. “La economía alemana experimentó una década dorada en los años posteriores a 2010…” Numerosas empresas obtuvieron beneficios. Los grupos industriales lograron aumentar sus cuotas de mercado globales, y en algunos casos los salarios también aumentaron significativamente. A pesar de muchos pronósticos funestos, aún no hay señales de desindustrialización.

En este contexto, las propuestas políticas de Fratzscher parecen cada vez más extrañas. Sugiere introducir un servicio social obligatorio para los baby boomers después de la jubilación, quizás en el ámbito de la enfermería o el servicio público. Su "solución sencilla" movilizaría a los "baby boomers" que completaron el servicio militar para defender Europa, una propuesta que ya ha sido objeto de burlas en el programa satírico Heute-Show.

Aún más problemático es su propuesto "impuesto de solidaridad para la generación del baby boom", un gravamen especial del 10% sobre todos los ingresos de las personas mayores de 65 años. Implementar esto de manera consistente requeriría gravar no solo las pensiones, sino todos los ingresos, incluyendo los activos y las participaciones en empresas. Esto violaría el principio fundamental de la tributación según la capacidad económica. La justificación constitucional basada en la supuesta "ruptura del contrato intergeneracional" por parte de Fratzscher parece altamente improbable.

 El libro de Fratzscher logra precisamente lo que pretende combatir: envenenar los debates sobre el estado del bienestar con un peligroso populismo que enfrenta a los grupos vulnerables entre sí. Divide la sociedad entre los "baby boomers" y sus supuestas víctimas. La acusación de que los "baby boomers" han roto el contrato intergeneracional, un cargo grave que se suele utilizar mal en el debate público, se vuelve particularmente negligente cuando se basa en pura especulación en lugar de en hechos económicos.

El propio Fratzscher reconoce que explotar los miedos conlleva consecuencias catastróficas. Polariza a la sociedad y dificulta cada vez más la búsqueda de compromisos y soluciones. Sin embargo, su propio trabajo ejemplifica este mismo problema, sustituyendo el enfrentamiento generacional por los debates políticos serios que Alemania necesita sobre pensiones, inversión y cohesión social.

El verdadero desafío intergeneracional no radica en asignar culpas, sino en reconocer cómo las contribuciones y sacrificios de cada generación han dado forma a la prosperidad actual. El legado de la generación baby boomer alemana es complejo: ni el desastre que describe Fratzscher ni una historia de éxito inmaculada. Comprender este matiz, en lugar de caer en la búsqueda de chivos expiatorios generacionales, ofrece el único camino hacia políticas que puedan garantizar verdaderamente la prosperidad para todas las generaciones."

(Peter Bofinger , IPS, 16/09/25, traducción Quillbot)