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16.12.19

¿Cómo lidiar con la próxima crisis financiera? Las lecciones de Islandia... diez años después todavía no se han incorporado a la legislación del resto de los países afectados

"Han pasado diez años desde la recesión mundial, y la oportunidad perfecta para repensar y reevaluar la crisis con el beneficio del tiempo. (...)

Gran parte del enfoque hasta ahora se ha centrado en los fracasos económicos o políticos, con la cuestión de la responsabilidad excluida de la discusión. En marcado contraste con los llamados de base para castigar a los responsables, los líderes políticos no estaban demasiado preocupados con la responsabilidad, dejando a los banqueros sin castigo. Eso fue un error. 

Para dar solo un ejemplo, en los EEUU y el Reino Unido, esta impunidad posterior a la crisis, junto con otros factores políticos, ha tenido efectos nocivos en la política democrática, preparando el escenario para que surjan demagogos y surjan una marea de descontento popular. 

Islandia procedió de otra manera y este país de 330,000 habitantes, ofrece lecciones valiosas sobre la importancia de la rendición de cuentas. Días después del colapso del 97% de su industria bancaria, las autoridades islandesas diseñaron una política integral de responsabilidad, basada en dos objetivos superpuestos: establecer la verdad y castigar a los responsables. Se encargó a una comisión de la verdad independiente que documentara las causas de la crisis, y la recién establecida Oficina del Fiscal Especial se encargó de investigar a fondo y enjuiciar a los responsables de cualquier delito cometido en el período previo a la crisis. Ambos mecanismos han sido notablemente exitosos. 

Publicado en 2010, el informe de 2.200 páginas de la comisión de la verdad no solo documentó las múltiples fallas del sistema financiero sino que también ofreció recomendaciones específicas para proteger a las instituciones estatales de una crisis futura. El informe se convirtió instantáneamente en un éxito de ventas, con copias vendidas en supermercados. Fue un regalo popular: los padres incluso se lo dieron a sus hijos para ayudarlos a evitar cometer los mismos errores. 

La Oficina del Fiscal Especial procesó con éxito a 40 ejecutivos bancarios. Esto es notable, especialmente dada la pequeña población de la isla y la experiencia comparativa de otros países europeos afectados por la recesión, como Irlanda, Chipre o el Reino Unido (...)

Estos son los cuatro pasos clave que hicieron a raíz de la recesión global, de las que otros países pueden aprender. 

1. Establecer recursos para investigaciones especiales.
Aunque el poder judicial es independiente, los políticos pueden tomar medidas para aumentar la efectividad de los fiscales. La asunción de riesgos excesiva o imprudente no siempre es punible por ley, por lo que los fiscales deben probar que los banqueros tienen la intención de violar la ley. Esto significa que la experiencia en delitos de cuello blanco es indispensable para una investigación criminal. Islandia tenía esta capacidad, pero la mayoría de los otros países afectados por la crisis no. 

2. Cuando lo que importa es la verdad, la justicia avanza. Descubrir la verdad y castigar a los responsables son objetivos igualmente valiosos. Pero pueden reforzarse mutuamente solo en una secuencia particular: la verdad conduce y la justicia sigue. Por ejemplo, la comisión islandesa creó un espacio seguro para que los participantes revelaran toda la verdad, basándose en el entendimiento de que sus pruebas no serían utilizadas en los tribunales. Los banqueros habrían sido comprensiblemente reacios a compartir información confidencial sobre sus actividades si los procesos judiciales fueran paralelos a la comisión.
Una comisión similar en Chipre, compuesta por tres ex jueces y con un mandato legalista, resultó en testimonios cautelosos y ocultamiento en lugar de revelación de la verdad. Sin embargo, en Islandia, una vez que el informe de la comisión reveló los impactantes detalles de las quiebras de los bancos, el impulso resultante permitió que el fiscal especial comenzara a presentar cargos. 

3. Uso de tecnologías forenses. La aplicación de tecnologías forenses es el verdadero secreto de la historia de éxito de Islandia. Al analizar millones de puntos de datos, los comisionados reconstruyeron patrones de actividad en el período previo a la crisis. Además, mientras que los fiscales irlandeses y chipriotas tuvieron dificultades para explicar los detalles técnicos de los casos de cuello blanco a un juez o jurado, en entrevistas descubrí que la Oficina del Fiscal Especial de Islandia desarrolló un simulador capaz de reconstruir las interacciones bancarias. La conversión de datos en imágenes proporcionó suficiente claridad para garantizar condenas. 

4. No enjuiciar a los políticos. Islandia no tenía razón en todo. El error más importante fue la decisión de establecer un tribunal especial para el ex primer ministro, el primer y único líder político en el mundo occidental condenado por su papel en la crisis, por "negligencia grave", al no informar a su gabinete de los principales desarrollos en la crisis, que llevaron a la quiebra de tres bancos nacionales. Incluso los políticos de la oposición ahora reconocen que fue un error que polarizó innecesariamente la política islandesa. 

La experiencia comparativa de otros países, como Grecia, muestra que el enjuiciamiento de los políticos puede tener efectos nocivos en la tan necesaria construcción de consensos en tiempos de crisis. Un juego de culpa sin fin tendrá un impacto adverso en la recuperación económica. Los líderes políticos deben ser castigados en las urnas, no en una sala del tribunal. 

El logro más notable de Islandia es que los demagogos no han aparecido. Es cierto que otros factores han jugado un papel importante en la protección de la política democrática del surgimiento de líderes populistas. Sin embargo, al buscar la rendición de cuentas, el estado señaló que estaba cumpliendo con su deber de defender el estado de derecho y, al hacerlo, puede haber protegido la política democrática en las próximas décadas.

En una era política posterior a la verdad, un informe de la Comisión Especial de Investigación (SIC) en Islandia estableció la verdad sobre las causas de la crisis. Esto limitó "el rango de mentiras permitidas", por citar a Michael Ignatieff, el famoso académico canadiense, y frustra las teorías de la conspiración. (...)

Las recomendaciones de política de la comisión prepararon el escenario para un conjunto integral de reformas institucionales, orientadas a proteger a las instituciones democráticas de un futuro Al mismo tiempo, la Oficina del Fiscal Especial desarrolló una experiencia incomparable en la investigación de delitos de cuello blanco. En contraste, otros países europeos no tienen una mejor capacidad para investigar crímenes corporativos ahora que hace diez años.

La experiencia de Islandia muestra que las políticas de rendición de cuentas después de una crisis pueden proteger a las democracias de la inestabilidad política y fortalecer las instituciones estatales, protegiendo así a ese país de una crisis futura. Un ejemplo a seguir!" (Denton Daily , Jaque al neoliberalismo, 10/12/19)

12.9.18

Islandia: 38 banqueros islandeses fueron condenados a un centenar de años de cárcel por su responsabilidad en la crisis. Los políticos, en cambio, se salvaron... solo Islandia ha ido de forma sistemática a por los peces gordos

"i Ólafur Hauksson fue nombrado fiscal fue porque ninguno de los 330.000 islandeses restantes quería el cargo. En 2008, ese puesto de nueva creación desde el que se debía perseguir a los responsables de una crisis que había golpeado al país con inusitada fuerza quedó vacante.

 Un año después, este antiguo comisario de policía de un pequeño pueblo, sin conocimientos financieros previos, se presentó voluntario para ese trabajo. Al hacerse con él, aterrizó en una oficina que, según sus palabras, no tenía “ni ordenadores, ni teléfonos ni nada”.

 “Tuvimos que empezar de cero en algo que no sonaba demasiado atractivo”, asegura desde Reikiavik, al otro lado de la línea de teléfono. Desde ese pequeño despacho que no interesaba a nadie y desde un cargo en el que nadie parecía confiar, Hauksson ha logrado en la última década la condena de 38 banqueros –entre ellos, los más importantes del país-, con penas que en total superan los 100 años. Su equipo de un puñado de colabores fue creciendo hasta superar el centenar en el momento álgido de las investigaciones.

Para rastrear años de abusos y malas conductas, los correos electrónicos de los investigados se convirtieron en el instrumento más valioso. “Eran una gran prueba, porque se generaban en tiempo real, no es como un testigo que habla años después de que ocurran los delitos. Con estos emails, pudimos reconstruir prácticamente todo lo ocurrido en los años de la burbuja financiera”, dice con un indisimulado orgullo.  

(...) solo Islandia, donde la banca creció hasta convertirse en un cáncer hipertrofiado, ha ido de forma sistemática a por los peces gordos. Los tres principales ejecutivos de los tres grandes bancos existentes hasta la crisis (Kaupthing, Glitnir y Landsbanki) han acabado condenados.

La situación en EE UU es radicalmente distinta. Según un artículo del Financial Times de hace un año, 324 profesionales –banqueros de pequeñas entidades, brokers, asesores inmobiliarios…- han sido condenados por delitos relacionados con la crisis financiera. ¿Y en este grupo cuántos consejeros delegados de Wall Street había? Cero. En el país de Lehman Brothers, no ha caído ni uno solo de los grandes señores de las finanzas.  (...)

En Islandia, la historia de avaricia y malas prácticas bancarias que derivó en el crash de 2008 quedó simbolizada en un nombre: Hreidar Már Sigurdsson. El que fuera número uno entre 2003 y 2008 de Kaupthing, entonces la mayor entidad financiera del país, fue condenado junto con otros compañeros por manipulación de mercado. 

Pocas semanas antes del colapso del banco, dieron una falsa sensación de seguridad al anunciar la entrada en el capital de un potente inversor catarí. El problema es que esa inyección monetaria se había hecho a través de un préstamo ilegal concedido por el propio grupo. Fue sentenciado a siete años de prisión, la condena más dura de todos los encausados por Hauksson.

Encerrado en la prisión de Kviabryggja, al oeste de la isla, junto a otros compañeros de fechorías financieras y 19 reclusos comunes, ninguno con delitos de sangre, Sigurdsson pasaba los días mirando Internet, yendo al gimnasio u ocupándose de la lavandería del centro penitenciario, según informó Bloomberg en 2016.

Los datos sobre los condenados escasean. El fiscal Hauksson dice que la mayoría –si no todos- de los que entraron en prisión ya la han abandonado. Pero añade que no dispone de más información, ya que esta depende de la administración penal, no de la suya.

Más suerte han tenido los responsables públicos de la crisis. Pese a algunas informaciones que presentaban a Islandia como el país que había encarcelado a banqueros y políticos, estos últimos han pasado de puntillas. Es cierto que un tribunal especial halló culpable a Geir H Haarde, primer ministro entre 2006 y 2009, de no abordar los problemas que afrontaban los bancos islandeses. 

Pero también lo es que no cumplió la sentencia y que al poco tiempo fue enviado como embajador de su país en Washington, destino en el que hoy continúa. “No parece un castigo muy duro”, deja caer el fiscal con ironía.

Una década después de la crisis que colocó a esta remota isla en los informativos de medio mundo, la economía islandesa se ha recuperado. Tras una profunda reestructuración del el sector financiero, el PIB ha crecido con fuerza en los últimos tiempos, favorecido por un boom del turismo que el año pasado llevó a 2,2 millones de personas a una isla con una población inferior a la de la provincia de Burgos. (...)"                         (Luis Doncel, El País, 09/09/18)

20.4.17

Islandia obligará a las empresas de más de 25 trabajadores a demostrar que cumplen con la equidad salarial entre hombres y mujeres

"Ciento dieciocho años. Ese es el tiempo que había calculado el Foro Económico Mundial que tardarían las mujeres de los países occidentales en lograr la equiparación salarial con los hombres. Y eso suponiendo que la línea de progreso fuera siempre ascendente, algo que, dada la experiencia de los últimos años, es mucho suponer. 

De hecho, hay ya datos que demuestran que en los países más castigados por la gran recesión de 2008, como España, las mujeres están saliendo de la crisis en peores condiciones de las que entraron: con más precariedad, más temporalidad y mayor brecha salarial.  (...)

¿Debemos resignarnos a esta larga marcha que puede no tener fin? Islandia ha dicho que no. Y ha decidido dar una nueva vuelta de tuerca a la ya muy avanzada normativa en materia de igualdad, obligando a las empresas de más de 25 trabajadores a demostrar, mediante auditorías externas, que cumplen con la equidad salarial. 

El que las leyes obliguen a la igualdad no es suficiente. Islandia, en concreto, reguló la igualdad salarial hace más de más de medio siglo. Y sin embargo, las mujeres en la isla siguen ganando entre un 14% y un 20% menos que los hombres. Y eso, a pesar de que Islandia es uno de los países con legislación más avanzada en igualdad de género. Su legislación incluye la exigencia de cuotas en los consejos de administración, generosas ayudas para el cuidado de los hijos y largos permisos remunerados por maternidad y paternidad. 

Eso ha permitido que hoy casi la mitad de los parlamentarios sean mujeres, la tasa de ocupación femenina supere el 80% y que, gracias las cuotas obligatorias, casi la mitad de los asientos de los consejos de administración de las empresas estén ocupados por mujeres. Pero la brecha salarial se resiste. De ahí el empujón legislativo que acaba de aprobar. “La historia demuestra que si quieres progreso, lo debes forzar”, ha dicho Thorsteinn Viglundsson, titular de Asuntos Sociales e Igualdad.
No es solo una cuestión de justicia. 

Son muchos los informes que demuestran las ventajas de la igualdad. Aprovechar el potencial creativo y la formación de la mitad femenina de la población debería ser un imperativo económico inexcusable. Pero además, las empresas que practican la igualdad de género tienen ventajas competitivas que las hacen más exitosas. Quienes estén interesados en esta cuestión encontraran un amplio despliegue de datos en el Gender Equality Gobal Raport and Ranking de 1917.

En todo caso, Islandia siempre nos sorprende con iniciativas interesantes que por lo menos reflejan la valentía de una sociedad dispuesta a innovar también en cuestiones de gobernanza. Desde su forma de afrontar la grave crisis bancaria, a contracorriente de lo que se hacía en el resto de Europa, a la experiencia de encargar la reforma de la Constitución a un comité de 25 ciudadanos representativos de la sociedad islandesa elegidos por un sistema mixto de votación y sorteo."             (Milagros Pérez Oliva, El País, 19/04/17)

5.9.16

Islandia crece... la crisis está definitivamente pasada... los tres jefes de los tres principales bancos han sido condenados a 18 meses de cárcel

"(...) El PIB islandés ha progresado el año pasado un 4%, es decir, más de dos veces más rápido que el de la UE y la zona euro, y dos veces más rápido que en 2014. En la Unión Europea, sólo Irlanda presenta un crecimiento superior al de Islandia. 

En mayo, la tasa de paro era de 4,1% (2,2% en datos corregidos por las variaciones estacionales), el nivel más bajo desde hace once años, mientras que la tasa de actividad es del 86,1%. En la zona euro el paro está en un 10,1% con una tasa de actividad del 70%.

Islandia es una economía pequeña, con un PIB de 15.000 millones de euros. Pero es una economía con buena salud. Es uno de los países más ricos de Europa. En 2015, era el octavo del continente en términos de PIB por habitante en paridad con el poder adquisitivo, con un nivel superior en un 17% por encima de Francia y de 24% de la media de la UE.

Sin embargo, la isla nórdica vuelve desde muy lejos. Ha atravesado, desde octubre de 2008, una de las peores crisis financieras de la historia. La gestión de esta crisis es presentada a menudo como un ejemplo, a veces caricatural. Una cosa queda, sin embargo, clara: esta gestión no ha entrado en los cánones de la teoría económica y se ha resuelto, sin embargo, con un éxito. (...)

En 1991 se formó un nuevo gobierno, dirigido por Davið Oddson, jefe del partido de la Independencia que lanzó al país a una ola de liberalización con el modelo irlandés en mente. Diez años más tarde las finanzas islandesas están ampliamente desregularizadas. 

La meta de esta política era atraer a los inversores extranjeros para aumentar la riqueza del país. Islandia se convirtió entonces en un polo financiero mundial que se utilizaba para el carry trade, consistente a grosso modo en tomar prestado en países con tipos bajos (como la zona euro) para colocarlo en países con tipos elevados (como Islandia). 

El dinero abundaba, la Bolsa despegaba, los créditos se multiplicaban, el crecimiento alcanzaba ritmos astronómicos. En 2007, los activos del sector bancario islandés representaban un 1035% del PIB de la isla y el sector bancario pesaba un 10,3% del PIB islandés, tres veces más que en 1997.  (...)

Cuando la crisis financiera mundial estalló en septiembre de 2008, Islandia estaba en primera línea. Los tres grandes bancos del país, Kaupthing, Glitnir y Landsbanki, no podían refinanciarse. Estaban virtualmente en bancarrota. En todas partes, el Estado inyectaba capital en los bancos. En Irlanda el gobierno decidió el 30 de septiembre de 2008 garantizar la integralidad de las deudas bancarias del país, en decir 235% de su PIB (440 mil millones de euros). 

Pero Reykjavik eligió otra vía. El gobierno islandés se contentó con garantizar los depósitos de los islandeses en los bancos islandeses. El resto de los activos fue abandonado a su suerte. Los tres bancos fueron nacionalizados y escindidos en una parte sana y otra toxica. Pero estos “bad banks” no se beneficiaban de la garantía del Estado. Por el contrario, los bancos “sanos” fueron recapitalizados por el Estado en un nivel del 30% del PIB y gestionaron a menudo directamente el número incalculable de empresas en impago.

Contrariamente a lo que escuchamos a menudo, Islandia, por lo tanto, no ha rechazado salvar a los bancos, ha elegido lo que quería salvar de su sector bancario. El país ha decidido preservar su demanda interior antes que sus acreedores internacionales. Ha reducido una carga que, de todas maneras, hubiese sido insostenible para la economía islandesa. 

Esta elección era por lo tanto inevitable. El elemento destacable es que el gobierno y la población mantuvieron  esa política. Cuando fue cuestión de reembolsar a los depositantes británicos y neerlandeses, clientes de la estructura islandesa Icesave, los islandeses rechazaron  hasta dos veces la opción de un reembolso, mediante un referéndum.  (...)

Esta elección entre acreedores no ha permitido evitar la austeridad. Para capitalizar la parte “sana” de los bancos y del Banco Central del país, el Estado ha tenido que pedir prestado 3,2 mil millones de euros al FMI y a sus vecinos escandinavos. La deuda pública ha pasado del 28,5% del PIB en 2007 al 96,4% en 2015. El gasto público también se ha visto reducido en consecuencia. 

Ha habido socialización de los riesgos y transferencia de la deuda privada a la deuda pública, pero ha sido limitada y eso ha permitido que la economía rebote más rápido ya que la carga que ha pesado sobre los agentes económicos ha sido más débil que si Islandia hubiese elegido reembolsar más acreedores de sus bancos.

El otro elemento clave ha sido la depreciación de la corona islandesa. La moneda ha caído de manera vertiginosa. Para un euro, hacían falta 82 coronas islandesas a principios de 2007. Dos años más tarde, hacían falta 182, un retroceso del 55%. 

Esta caída de la moneda ha conducido a una inflación que ha alcanzado el 17% y ha mermado el poder adquisitivo de los hogares que veían sus salarios nominales estancarse. Sin embargo, esta depreciación ha permitido recobrar rápidamente la competitividad externa y, en consecuencia circunscribir los efectos de la crisis.

A pesar de su vía original y su moneda propia, Islandia en 2009-2010 no era un paraíso, ni mucho menos. En el tercer trimestre de 2010, después de nueve trimestres de contracción en ritmo anual, el país volvía al crecimiento. Habrá que esperar, sin embargo, a 2014 para que el PIB islandés superase su nivel de 2008. En 2015 lo superaba en un 5%. 

 ¿La “vía islandesa” era más eficaz que la elegida en la zona euro en 2010? No para Irlanda, que ha salido más rápido de la crisis, pero menos por la política llevada a cabo que por elementos externos. En cambio, Islandia parece haber salido mucho más rápido de la crisis que España, y mucho más que Italia, Grecia o Portugal. 

Sobre todo, Islandia parece mucho menos amenazada que la mayoría de estos países por el riesgo deflacionista y por el crecimiento blando. Las comparaciones son, sin embargo, delicadas en la medida en que estas economías son bastante poco comparables a la de Islandia.

Conviene no sobreinterpretar de más la “vía islandesa”. Primero, lo hemos visto, ha sido más “obligada” que “elegida”. Después, el precio pagado por los hogares islandeses ha sido duro. El nivel de consumo de los hogares es todavía inferior en 2015 en un  4% a su nivel de 2007.

 El crecimiento islandés de después de la crisis es un crecimiento por las exportaciones: de bienes (+28% con respecto a 2007), pero sobretodo de servicios (+52% con respecto a 2007). Son por lo tanto las ganancias en competitividad externa por la compresión de la demanda interior las que han hecho rebotar a Islandia. 

Los dos motores del crecimiento económico del país han sido principalmente la pesca, que se ha beneficiado del alza de los precios y de la demanda de pescado, y los turistas. El número de turistas que han visitado el país ha crecido un  27% en 2015. Esto es fruto de una política activa con, especialmente, un desarrollo de las infraestructuras y del marketing público y privado.

Pero asistimos hoy en día a un reequilibrio rápido: en el primer trimestre, el consumo de los hogares ha progresado en un año un 7,1%. En 2015 el país ha conocido un déficit comercial y es la demanda interior la que ha empujado el crecimiento. La página de la crisis está definitivamente pasada. (...)

Una de las principales originalidades islandesas reside, sobre todo, en el trato “moral” de la crisis. Islandia ha sido uno de los pocos países, con Irlanda, en establecer un proceso judicial a la crisis. Los tres jefes de los tres principales bancos han sido condenados a 18 meses de cárcel, y muchas más condenas han sido efectuadas.

 Hasta el primer ministro en 2008, Geir Haarde, ha sido condenado sin sanción por un tribunal en 2012. A partir de entonces, la sociedad islandesa es muy sensible a los asuntos financieros. Cuando la mujer del actual primer ministro Davið Gunnlaugsson fue citada en el asunto de los Papeles de Panamá, éste se vio obligado a dimitir frente a las manifestaciones gigantes que dieron en Reykjavik.  (...)

Islandia prueba que los intereses bancarios no coinciden del todo con el interés general. Y que es posible liberarse de los primeros en nombre de los segundos sin provocar las catástrofes que los banqueros – es una buena guerra – prometen inicialmente.

 La vía islandesa no es forzosamente mejor que las otras, pero su existencia prueba que un gobierno dispone siempre de una elección en cuanto a las medidas que tomar en caso de crisis. En fin, última lección: un pueblo pequeño puede enseñarle mucho al grande. (...)"             (Romaric Godin, CTXT, 06-07-16)

16.3.16

"En Islandia los responsables del naufragio bancario no pudieron evitar su condena en el juicio"

"Tras su visita a Grecia, que terminó el 8 de diciembre de 2015, el Experto de las Naciones Unidas sobre deuda, Juan Pablo Boholavsky, recomendó al gobierno griego «mejorar los procedimientos jurídicos y administrativos para examinar la responsabilidad de las autoridades del gobierno griego y la de los responsables de tomar las decisiones en el sector privado», y citó el ejemplo de Islandia. 

Ese pequeño país, de 320.000 habitantes, demostró, efectivamente, que es posible enjuiciar a los responsables de la crisis financiera y condenarlos a penas de prisión.

Antes de hablar del papel que tuvo como consejera del Fiscal islandés, ¿podría recordarnos la situación de los bancos islandeses en 2008?

Como los otros países europeos, Islandia fue golpeada por la crisis financiera desencadenada por la crisis de las «subprimes». En septiembre de 2008, los tres principales bancos del país (Kaupthing, Landsbanki y Glitnir) se declararon en quiebra y el Estado tuvo que nacionalizarlos de urgencia. (...)

La quiebra de esos bancos tiene su explicación en la desregulación financiera que comenzó en los años 1990. El sector bancario, que ya en 2003 había sido totalmente privatizado, comenzó una política muy arriesgada con el fin de atraer capitales extranjeros. Los bancos islandeses habían principalmente desarrollado cuentas por internet que permitían ofrecer unos tipos de interés tan elevados que no tenían competencia. 

El resultado fue que, en apenas cuatro años, la deuda externa de esos tres bancos islandeses se había casi quintuplicado: pasó del 200 % del PIB en 2003 al 900 % del PIB en 2007. En 2008, cuando la crisis de las subprime golpea Islandia, esos bancos se vieron totalmente incapaces de reembolsar sus deudas.

Contrariamente a otros países europeos, las deudas del sector bancario no fueron transferidas al sector público, sino soportadas más por sus acreedores que por la población islandesa. Cuestión totalmente normal ya que la gran mayoría de los islandeses e islandesas en absoluto habían sido responsables del comportamiento de dichos bancos.

El rechazo a asumir las deudas de esos bancos provino de la formidable movilización ciudadana que, desgraciadamente, fue silenciada por los grandes medios europeos. Recordemos que en dos referendos sucesivos (marzo de 2010 y abril de 2011), el pueblo islandés rechazó el pago a los acreedores extranjeros, que eran, principalmente, ahorradores británicos y holandeses.

 Estos habían perdido su dinero al quebrar en 2008 el banco por internet Icesave, sucursal “on line” del banco Landsbanki, que ofrecía delirantes tipos de interés. Los resultados de esos referendos fueron respetados por el gobierno islandés, a pesar de las protestas de los gobiernos británico y holandés. Por consiguiente, la población obtuvo una victoria sobre los acreedores.

¿Qué reclamaban los gobiernos holandés y británico?

Exigían que Islandia les pagara unas sumas astronómicas (más de 7.200 millones de euros para el Reino Unido y más de 1.300 millones de euros para los Países Bajos) acompañadas de una tasa de interés del 5,5 %.

 Mientras que los Países Bajos y el Reino Unido acogieron con los brazos abiertos las filiales y sucursales de esos bancos islandeses. Aunque las autoridades de ambos países habían sido alertadas del riesgo que pesaba sobre esos bancos, estimaron que era el Estado islandés quien debía garantizar los depósitos realizados en el Icesave.  (...)

Además de negar sus responsabilidades [1] y de burlarse del derecho europeo, los gobiernos del Reino Unido y de los Países Bajos intentaron imponer el reembolso de esas deudas privadas mediante un chantaje odioso al gobierno islandés. No obstante, el pueblo resistió al chantaje y empujó al presidente de Islandia a recurrir al referéndum [2] con el fin de rechazar las demandas de los acreedores.

¿En qué consistía el chantaje de los acreedores?

En octubre de 2008, el Reino Unido de Gordon Brown tomó una medida de retorsión extrema: la congelación de los haberes del banco Landsbanki y también del Kaupthing, a pesar de que este último no tenía nada que ver con el Icesave, utilizando su legislación antiterrorista. 

Al hacer eso, el gobierno británico ponía a los islandeses en la misma categoría que organizaciones como Al Qaeda. El Reino Unido también utilizó su influencia para que no se concediera a Islandia ninguna «ayuda» internacional (tanto de la UE como del FMI) antes de que ese país pagase las deudas privadas en cuestión.  (...)

Agreguemos a esto que la Comisión Europea se asoció a la demanda presentada por los Países Bajos y el Reino Unido contra Islandia ante el tribunal de la AELC (la Asociación Europea de Libre Comercio).

¿Nos podría resumir la sentencia emitida por ese tribunal?

Ese tribunal dio la razón a Islandia en su rechazo a pagar la deuda reclamada por el Reino Unido y los Países Bajos, y, por lo tanto, no dio lugar a las demandas presentadas por esos países. La sentencia indica claramente que no es responsabilidad del país en el que una sociedad bancaria tiene su sede cubrir los costes de garantías de su sistema bancario. 

Esa sentencia es totalmente conforme con el derecho europeo porque, y yo lo repito: no hay nada en las directivas europeas que obligue a los Estados a auxiliar a los bancos con dinero público.

Y ahora toquemos el asunto penal. ¿Cómo la contactó a usted el gobierno islandés en 2008 para una investigación sobre las responsabilidades en las quiebras bancarias? ¿Cuáles han sido los principales resultados de la investigación?

Previamente, en 2008, hubo un programa de entrevistas en la televisión islandesa en el que participé como experta jurídica sobre los delitos y los crímenes financieros. El periodista presentador de esa emisión me había invitado a su programa porque había leído mi libro Justice under siege, y porque había una fuerte demanda de justicia por parte de la población para identificar y sancionar a los responsables de la crisis. 

Esta emisión despertó un entusiasmo increíble: fue creada una página «Eva Joly» en Facebook y ¡en una noche reunió a 20.000 internautas! También di varias conferencias en las universidades islandesas. 

Ante esa popularidad, el gobierno me pidió que lo asesorara en la investigación de responsabilidades penales con respecto al naufragio bancario. Por lo tanto, hubo una clara voluntad política por parte de las autoridades islandesas, empujadas por la población, de enjuiciar a los responsables de la crisis financiera.

Como el sistema jurídico islandés es muy parecido al sistema noruego [4], acepté la propuesta pero con la condición de disponer, de verdad, de medios humanos para llevar a cabo la investigación.

 Felizmente, el gobierno aceptó y pude trabajar con un amplio equipo de 84 personas, compuesto de varios expertos jurídicos y auditores financieros. Mi misión como consejera del Fiscal especial islandés sobre esas investigaciones duró de enero de 2009 a octubre de 2010.

Con ese equipo, pudimos llevar a cabo registros en las filiales bancarias islandesas, como la filial del Kaupthing en Luxemburgo. Hay que señalar que ese banco obtenía préstamos del Banco Central Europeo (BCE) de manera fraudulenta, puesto que la ratio de solvencia requerida por las Convenciones de Basilea no fue respetada en absoluto y se habían cometido delitos bursátiles. Además, aparecieron otros delitos durante nuestra investigación.

En concreto, esas investigaciones permitieron enjuiciar y condenar a varias decenas de responsables de alto nivel. Hasta hoy, desgraciadamente, no se ha hecho nada equivalente en otros países europeos.

¿Quiénes son esos responsables condenados y por qué motivo lo fueron?

Las personas enjuiciadas y condenadas por los tribunales islandeses ocupaban diferentes puestos clave. Encontramos a presidentes de esos bancos, directores financieros, abogados, grandes accionistas, así como altos funcionarios del Estado.

Las penas impuestas —algunas de ellas fueron apeladas— llegaron hasta los 6 años de prisión. Esos individuos no pudieron «comprar su procesamiento» mediante transacciones financieras para escapar a cualquier sanción, como es a menudo el caso en otros lugares, especialmente en Estados Unidos.

Los motivos de sus condenas son múltiples: manipulación de cotizaciones en bolsa, estafa, delitos correspondientes al manejo de información privilegiada, falsificación de cuentas, concesión de préstamos fraudulentos, etc. Esos casos fueron juzgados en varios tribunales islandeses: el Tribunal Supremo y los tribunales de primera instancia.

Para dar algunos ejemplos de condenas por el Tribunal Supremo de Islandia: el ex jefe de gabinete del ministerio de Finanzas fue condenado a dos años de prisión por un delito referente al manejo de información privilegiada. Este hombre poseía participaciones en el banco Landsbanki y las revendió algunos días antes de la quiebra del banco.

 El ex presidente del banco Byr tuvo una condena de 4 años de prisión y el presidente del banco MP fue condenado a 1 año y medio de prisión por préstamos fraudulentos. En los tribunales de primera instancia, dos ex presidentes del Kaupthing fueron condenados respectivamente a 3 años y medio y a 5 años y medio de prisión. 

Un gran accionista del Kaupthing fue condenado a 3 años de prisión por manipulación de cotizaciones y préstamo fraudulento. Varias de esas personas condenadas apelaron ante el Tribunal Supremo pero, por el momento, continúan en prisión.

Hay también numerosos procedimientos judiciales en curso (unos cuarenta) y expedientes en fase de investigación (cerca de treinta). El combate contra la impunidad está lejos de haber terminado en Islandia. Y ya es hora de que esta voluntad política de llevar ante la justicia a los responsables de la crisis financiera se extienda al resto de países."  

(Entrevista a Eva Joly, diputada europea del grupo de Los Verdes, fue consejera entre 2009 y 2010 del fiscal especial islandés para los procedimientos penales contra los banqueros que arrastraron al país a la quiebra. El salmón contracorriente, 04/03/16, Entrevista realizada por Renaud Vivien (CADTM). Traducido del francés por Griselda Piñero.)

22.12.15

El espejismo islandés, la revolución traicionada

"Lejos del Círculo Polar Ártico, la forma en la que Islandia afrontó la devastadora crisis económica en la que cayó en 2008, encarcelando a banqueros, derrocando al gobierno y procesando al primer ministro, y al negarse supuestamente a pagar parte de su deuda o rescatar a sus bancos, se vio, sobre todo por los movimientos sociales europeos de izquierda, como un modelo a seguir, un ejemplo de democracia real y participativa, la manifestación de un paraíso popular.  (...)

 Pero no es oro todo lo que reluce, la realidad es compleja y la historia no es la misma según quien la cuente.

La islandesa Selma Björt Stefánsdóttir tiene “casi 18 años”, trabaja en un hotel limpiando habitaciones y cuando le planteo esta visión romántica de la “revolución de las cazuelas” se arranca de las orejas perforadas los auriculares del teléfono inteligente y me dice: “para contestarte déjame encenderme otro cigarrillo”. Se lo prende y comienza a hablar con una sonrisa triste. (...)

 “Cuando sucedió aquello yo era muy joven y no entendía bien lo que estaba pasando. Veía a mi familia comprando un montón de cosas y gastando un montón de dinero, pero de repente no había dinero para nadie. Mi familia perdió su casa”, recuerda Selma.

“Cuando yo tenía once años tuve que empezar a trabajar en un hotel. Ahora todo es muy caro. Casi no puedo pagar el alquiler de mi apartamento. Es muy duro. A veces una se pone furiosa de cómo lo jodieron todo, de cómo ahora siendo tan joven todo está frente de ti y no puedes comprar nada. Tienes que trabajar, trabajar, trabajar y nada más que trabajar y todo es carísimo, incluso la comida”, lamenta la joven islandesa, casi independizada de sus padres a tan temprana edad como es normal en estas frías latitudes.

El gobierno de coalición entre el Partido Socialdemócrata y el Verde-Izquierda, que le dio la espalda a los ciudadanos que obligaron a dimitir al gobierno neoliberal y aceptó las draconianas condiciones impuestas por organismos extranjeros, “iba a hacer cosas buenas pero lo fue haciendo peor y cada vez peor. Nuestro sistema de salud era uno de los mejores del mundo y ahora está totalmente jodido. A principios de este año caí muy enferma, tuve que ir al médico y me costó mucho encontrar uno porque la mayoría de ellos se ha ido porque no hay dinero. El sistema está en la ruina, está muerto, y los impuestos son tan altos que casi todo lo que gano se me va en pagar al gobierno”, se queja Selma.  (...)

La profesora de Ciencias Sociales de la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad pública islandesa en Reikiavik, Alyson Bailes, académica británica que ha trabajado en Islandia los últimos nueve años, asegura que la presunción de que los islandeses manejaron la crisis mejor que otros países es lo que “a su presidente y otros políticos les gusta difundir, pero no es un hecho verdadero, como bien han demostrado investigaciones internas y análisis académicos”. (...)

La profesora Bailes reconoce que la alianza de centro izquierda que gobernó entre 2009 y 2013 realizó “un buen trabajo técnico con la ayuda del FMI en áreas como PIB, comercio y empleo, lo que es positivo”, pero que, sin embargo, “esto se consiguió solo con estrictos controles de cambio de divisas contrarios a la práctica moderna internacional y están demostrando ser muy difíciles de superar”.

“Nada se ha hecho sobre la intrínseca debilidad de la moneda islandesa, porque la única alternativa real es el euro, pero las voces anti Unión Europea siguen siendo mayoritarias aquí, y el actual gobierno de centro derecha electo en mayo de 2013 se ha negado a dejar que la gente vote libremente en un referéndum sobre la conveniencia de continuar las negociaciones de adhesión con la UE o no. El proceso de adhesión se ha congelado simplemente por acción ejecutiva de una forma que muchos ciudadanos consideran no democrática”, insiste Bailes.

Para esta profesora británica en Reykiavik, la “dramática victoria” del Partido Social Demócrata y el Partido Izquierda-Verde en 2009 representó una oportunidad para atender las demandas del pueblo islandés, sin embargo, estos gobernantes “perdieron la ocasión y derrocharon su tiempo en medidas excesivamente provocativas y divisorias, mientras fallaban precísamente en esas cosas que la coalición de izquierdas debería haber hecho bien como aliviar el malestar social causado por la crisis”.

“El gobierno de la coalición de izquierdas concluyó sin haber realizado decisivos progresos sobre la constitución y los votantes acabaron extremadamente desencantados”, lamenta, que señala que esta es la explicación para que en las elecciones de 2013 ganaran “exactamente aquellos que gobernaron Islandia durante el período previo a la crisis y cuyas políticas de desregulación, amiguismo con las grandes empresas, y la falta de supervisión, llevó a la burbuja bancaria”.

Actualmente, “durante este gobierno, los bancos han vuelto a empezar a hacer bastante lo que les da la gana, los grandes propietarios de la agricultura y la pesca y los grandes intereses vuelven a tener una excesiva influencia sobre la política, el gasto social ha sido recortado y se han introducido medidas fiscales regresivas”.

Bailes indica que recientemente, ya en 2015, se han producido “interesantes nuevas tendencias”, como el hecho de que un tercio de los islandeses, según encuestas, apoya actualmente al pequeño Partido Pirata, con tres escaños en el Parlamento y que surgió para luchar por las libertades en internet, “y libertades públicas en general”, pero que han desarrollado “sobre la marcha” un programa más abarcador.

El ascenso de nuevos pequeños partidos como Los Piratas supone una potencial pérdida significativa de votantes para los tradicionales, advierte Bailes.

En definitiva, según la académica británica, “la vieja rivalidad derecha-izquierda” ha continuado en Islandia de una “forma destructiva” que impide “una imparcial asignación de culpas y castigos” a unos u otros.

Otro profesor de la Facultad de Economía de la Universidad de Islandia, Thorolfur Matthiasson, es menos crítico con el gobierno de izquierdas que lideró Sigurðardóttir, y asegura que Islandia hizo las cosas mal sobre todo antes de la crisis.

Después del colapso de la economía en 2008, “Islandia puso en marcha el programa más completo de alivio de la deuda para las familias y las empresas que en cualquier otro lugar” y emprendió “un proceso constitutivo ejemplar que el actual gobierno no está respaldando”.

Matthiasson defiende que “el juicio contra el Primer Ministro y el encarcelamiento de los banqueros fue parte de un programa de reconstrucción de la confianza entre el público con respecto al sistema social y legal en el país”. Sin embargo, reconoce, el juicio al primer ministro “se convirtió en un teatro político que no fue bueno para la reputación de nadie”.

Pero no a todos los islandeses les fue mal durante la crisis. “A nosotros, de hecho, nos fue muy bien”, dice el dueño de un humilde restaurante del sur islandés que prefiere que su nombre no aparezca en este reportaje. “Con la devaluación de la moneda, el turismo creció enormemente y comenzaron a venir cada vez más extranjeros”, celebra el pequeño empresario.

La economía islandesa se basa actualmente en el turismo, la pesca y el aluminio, cuyos precios en alza a principios de la crisis ayudaron a que la situación no fuera todavía peor de lo que fue, explica Bailes.

En Islandia, lo único que parece barato es la energía, que los islandeses aprendieron a encauzar desde sus numerosos volcanes. Por ello, uno de los países donde resulta más económico procesar el aluminio es este. Hasta China procesa aluminio en Islandia. Ahora, la economía islandesa depende sobre todo del precio del aluminio. Pero “a hora, hay preocupaciones serias sobre los precios del aluminio”, señala Bailes.

Selma apaga su cigarrillo y concluye orgullosa y decidida: “sé que es a mi generación a la que le corresponde cambiar todo aquello que se hizo tan mal y lo vamos a hacer”.        (Iñaki Estívaliz , Rebelión,  16/12/15)

3.11.15

¿En qué situación se encontrarían Grecia, España y Portugal si hubiesen seguido el camino de Islandia? Difícilmente se encontraría en condiciones peores que las actuales

"Hace algunos días, un comunicado del FMI informaba de que Islandia había devuelto por adelantado la cantidad pendiente de pago (con distintos vencimientos escalonados desde el 16 de octubre de 2015 al 25 de agosto de 2016) del préstamo concedido a este país por la quiebra de sus bancos. 

De esta manera, se libra definitivamente de la tutela del FMI y se confirma que ha salido de la crisis financiera que lo golpeó como a ningún otro país en el pasado. Las cifras previstas por el propio Fondo así lo indican. El PIB crecerá este año en términos reales el 4,1%, la tasa de paro se situará en el pleno empleo, el 3,7% de la población activa, los sueldos crecerán nada menos que el 8,3% nominal y el 5,95% en términos reales, ya que se espera una inflación del 2,3%. 

Por último, también se prevé que el sector público presente un superávit del 0,8% del PIB. Panorama idílico que ya quisieran para sí la mayoría por no decir la totalidad de los países europeos, tanto más sorprendente dada la situación crítica en la que se encontraba la economía islandesa al comienzo de la crisis. (...)

En la década anterior a la quiebra de Lehman Brothers, Islandia se había convertido en el paradigma del laissez faire y llevó los principios del neoliberalismo económico al extremo: desregulación, libre circulación de capitales, privatizaciones y carencia de supervisión y control. La banca islandesa se embarcó en una descomunal expansión exterior comprando toda clase de activos financieros. 

Al estallar la crisis de las hipotecas subprime, los tres grandes bancos, Glitnir, Landsbanki y Kaupthing, se encontraron con que habían acumulado en sus balances una cantidad ingente de activos tóxicos y tuvieron que suspender pagos; entre los tres contaban con una deuda de 60.000 millones de euros.

 Para percatarse de la gravedad del problema hay que considerar que Islandia es un país muy pequeño, con 300.000 habitantes y un PIB anual de 14.000 millones de euros. Es decir, que la deuda de su sistema financiero superaba en cuatro veces su PIB anual.

Islandia se transformó de este modo en la manifestación más clara de las contradicciones y desatinos que componen eso que llamamos globalización. Entre las incoherencias no es menor la de defender que los bancos y las empresas son internacionales, pero considerarlos nacionales tan pronto comienza una crisis; e incoherencia es también la desproporción que se da en algunos países pequeños entre las dimensiones del Estado y sus entidades financieras, y de las que difícilmente van a poder responder.

Pero paradójicamente la respuesta, tal vez por necesidad, que iba a dar Islandia a los problemas de sus entidades financieras se separa radicalmente de la ortodoxia y de la que han implementado EE. UU. y el resto de países europeos. 

Nacionalizó, sí, los tres bancos citados y garantizó los depósitos de los islandeses pero, en lugar de inyectarles miles de millones de euros, les dejó suspender pagos y permitió que no hiciesen frente a sus deudas externas, que en su mayoría lo eran con bancos europeos y norteamericanos que terminaron admitiendo una quita del 70%.  

Especial repercusión internacional tuvo la quiebra de Icesave, banco online filial de Landsbanki que se había dedicado a operar en Europa, especialmente en Gran Bretaña y Holanda. Los gobiernos de estos países tuvieron que indemnizar a los depositantes y exigieron a la isla del Norte el pago de la deuda.

 El Gobierno islandés firmó un acuerdo con el Reino Unido y Holanda, según el cual Islandia tenía que abonar a ambos países 4.000 millones de euros en 15 años y al 5,5% de interés, lo que se traducía en una carga aproximada de unos 12.000 euros para cada uno de los contribuyentes. El presidente de la República se negó a refrendar el convenio suscrito por el Gobierno y decidió someterlo a referéndum. Los electores, en dos ocasiones sucesivas, votaron a favor de no pagar las deudas.

Es perfectamente imaginable el discurso catastrofista de los organismos internacionales, de los gobiernos y de los comentaristas políticos y económicos del stablishment mundial ante tal desafío a la ortodoxia y a las leyes del sistema. Es el mismo discurso con el que se ha coaccionado a los países del Sur de Europa para que aceptasen los rescates y las condiciones draconianas de la Troika, y para hacer recaer sobre los contribuyentes respectivos el peso de miles de millones de euros orientados a salvar los bancos, o más bien a los acreedores extranjeros; la diferencia es que Islandia no se sometió al chantaje.

No hay por qué negar que la situación económica de este país atravesó una etapa crítica. En dos años perdió el 8% de su riqueza y la tasa de paro se disparó al 11,9%, cifra a la que Islandia no estaba acostumbrada. Se vio obligada a pedir ayuda al FMI y a los países nórdicos por valor de 2.100 y 2.500 millones de dólares, respectivamente.

 Pero el Gobierno tuvo la habilidad de que las condiciones pactadas no atacasen el Estado del bienestar, puesto que no se orientaban fundamentalmente al recorte del gasto público, sino al incremento de los ingresos, mediante la reintroducción del impuesto de patrimonio y la subida de los gravámenes de sociedades, renta e IVA. No obstante, muchos islandeses se vieron en la obligación de emigrar.

Frente a este escenario, Islandia, gracias a que no estaba en el euro, pudo devaluar su moneda, que pasó, desde principios de 2008 a finales de 2009, de 90 a 189 coronas por euro, medida que fue fundamental para recobrar competitividad y retornar al crecimiento. 

Al mismo tiempo, para evitar la evasión del dinero, se limitó la libre circulación de capitales estableciéndose los necesarios controles, controles que aún permanecen y que Islandia, una vez que la situación se ha estabilizado, está pensando en levantar, demostrándose que el famoso “corralito” no tiene el carácter trágico que algunos quieren darle con la finalidad de que se sienta como una amenaza.

En febrero pasado, el presidente de la República de Islandia, Olafur Ragnar Grimsson, en rueda de prensa con los periodistas tras la conferencia pronunciada en la escuela de negocios IESE, sostuvo que la recuperación de su país se debía en parte a no haber escuchado los requerimientos de los organismos internacionales, en especial de la Comisión Europea, para implantar una política de austeridad, y al hecho de haber situado la democracia por encima de los intereses económicos. 

A pesar de que sus palabras fueron prudentes y evitó dar consejos a otros países, no pudo por menos que preguntarse que si la UE se había equivocado con ellos, por qué no se iba a equivocar con otras economías.

Ciertamente las condiciones de todos los países no son las mismas. Islandia, por una parte, es un país pequeño y está lejos de constituir un riesgo sistémico y, por otra, cuenta con una gran ventaja al no formar parte del euro.

 No es lo mismo salirse de la Unión Monetaria que no haber pertenecido nunca a ella. Pero en cualquier caso la comparación con Grecia y con el resto de los países del Sur resulta una tentación extremadamente fuerte como para no plantearse la pregunta de en qué situación estaría el país heleno de haberse arriesgado por un camino parecido al de Islandia. 

Difícilmente se encontraría en condiciones peores que las actuales. En cuanto a Irlanda, Portugal y España, economías que se supone que están saliendo de la crisis, el grado de devastación en lo social y en lo económico en que han quedado nada tiene que ver con las circunstancias actuales de Islandia aun cuando mantenga el “corralito”.                (Juan Francisco Martín Seco, República de las ideas, 20/10/2015)

2.7.15

Islandia dejó quebrar sus bancos, garantizó los depósitos, pero no socializó las pérdidas, estableció un control de capitales, y no pagó la deuda externa injusta. Ya salió de la crisis

"Un país pequeño como Islandia, con algunas características peculiares, está emergiendo como un paradigma diferente entre los nubarrones de la ortodoxia que imponen las teorías neoclásicas.

Tras una crisis bancaria brutal, prefirió no inyectar fondos públicos y dejó caer a una serie de bancos, lo que provocó la suspensión de pagos de algunos de ellos, es decir los ciudadanos islandeses apenas tuvieron que aportar fondos para salvar a entidades que en muchos casos habían sido responsables del colapso financiero. 

Los tres principales bancos llegaron a acumular activos que sumaban 13 veces lo que producía ese país en un año. En medio de la debacle financiera internacional, el Gobierno islandés nacionalizó Kaupthing, Glitnir y Landsbanki para evitar el colapso financiero y la ruina total del país.

Islandia es un buen ejemplo de cómo gestionar una crisis bancaria con equidad

El gobierno optó por garantizar los depósitos y decidió que no pagaran sus deudas externas, lo que generó una convulsión inicial realmente notable: la corona islandesa ya había perdido un 58% de su valor, la inflación se disparó hasta el 19% en enero de 2009 y ese mismo año la economía se contrajo un 7%. El primer ministro, Geir Haarde, fue obligado a dimitir en enero de 2009 y ahora se enfrenta a los tribunales, con serias posibilidades de ir a prisión.

Además de todo esto, Islandia impuso una restricción de movimientos de capital, que aún perdura hoy día, pero que es esencial en casos como este de graves crisis bancarias, algo que sorprende no se haya llevada a cabo en Grecia, por ejemplo.

La situación económica hoy es manifiestamente mejor que en aquellos días tan lúgubres. Han recibido ayudas cuantiosas del FMI, Rusia y los países nórdicos, y gracias a su apuesta por la industria, han mejorado sustancialmente la situación macroeconómica. 

Se enfrentan, eso sí, a unas denuncias por parte de Reino Unido y Holanda por el impago de una parte de la deuda externa, decisión ratificada en referéndum dos veces por la ciudadanía, lo que sin duda ha abierto un precedente que seguramente habría que incorporar como práctica habitual para este tipo de conflictos.

Este año Islandia podría crecer más del 4%, la tasa de paro cerrará el ejercicio en el 3,7%, lo salarios aumentarán un 8,3% nominal, mientras que la inflación apenas superará el 2%. Cualquier estamento sensato alabaría este comportamiento y alentaría a que se mantuviese, máxime si encima pudiese alcanzar un superávit del 0,8% del PIB. Pero como cualquier aguafiestas, el FMI ya ha lanzado las señales de alarma pertinentes: se acerca un recalentamiento y el descontrol de la inflación. Los culpables de todo esto: los salarios.

En un país donde la desigualdad es manifiestamente menor que otras economías, incluso controlando por tamaño, se antoja ridículo que el gran problema de un país tan castigado como Islandia se intente frenar simplemente la recuperación del nivel salarial previo al colapso económico de 2008. 

Esta táctica del FMI, que también es del agrado de la Comisión Europea y el Eurogrupo, solo esconde una atribución teórica errónea a la función del dinero como variable exógena, y no endógena. 

La psicosis de la inflación salarial, como mantra de todos los males de la economía occidental, lo único que revela es una preferencia por el mantenimiento de la desigualdad salarial y por la entrada y mantenimiento de una parte no desdeñable de la sociedad en los umbrales de pobreza.  (...)

Pero a pesar de todo, la lección de cómo encarar una crisis bancaria sin apelar a la socialización de pérdidas y el buen uso de quitas de deuda, son pequeñas victorias que algunos se empeñan en ocultar. Si además, el país es sensible a la idea de que bajando salarios y creando guetos de pobreza permanentes, como en España, Portugal o Grecia, no se consigue nada, aunque se equilibren las cuentas públicas, al menos habremos ganado una pequeña batalla. Nos queda la gran guerra."             (Alejandro Inurrieta, Vox Populi, 28/06/2015)

24.6.15

Islandia, una historia con final feliz

"Creo que fui el primero de los analistas en darse cuenta, hace años, de que algo curioso estaba pasando en Islandia. El país que se suponía que era la zona cero del desastre financiero en realidad estaba pasando por una crisis mucho más leve que muchos otros gracias a sus políticas heterodoxas: rechazo de la deuda, controles sobre el capital y devaluación masiva.

 Ahora, como ha señalado recientemente Matthew Yglesias en Vox, Islandia se está preparando para levantar los controles sobre el capital, y su experiencia desde la crisis financiera sigue pareciendo increíblemente buena considerando las circunstancias.


Y, como decía Yglesias, el contrapunto interesante es Irlanda, al que ahora se alaba como una historia con final feliz para la austeridad porque la situación económica del país por fin ha dejado de empeorar y últimamente ha estado mejorando un poco. Es lo que se llama bajar el listón.

Me imagino que alguien preguntará por las posibles similitudes con Grecia. Bueno, si Grecia se ve obligada a salir del euro, el país estará en condiciones de intentar una devaluación al estilo de Islandia (y seguro que impondrá controles al capital). Si la cosa funcionará tan bien como en Islandia o no es una cuestión abierta. 

Para empezar, salir del euro es muy diferente de no haberse unido nunca a él, y todavía tengo la esperanza de que todo esto de la Grexit [salida de Grecia del euro] se pueda evitar.

Por el momento, baste decir que a veces la heterodoxia es mucho más eficaz de lo que los ortodoxos admitirán nunca. (...)"       (   , El País 19 JUN 2015)

6.5.15

La vía islandesa ante la crisis financiera. O como salvar al pueblo a costa de los banqueros

"(...) En muchos sentidos, Islandia ocupó un lugar importante en los titulares durante la última crisis. La crisis golpeó a ese país con mucha más fuerza que a otros.

 En 2008, la acumulación de deudas –en el apogeo de la crisis– era mucho más grande que en los países del sur de la Unión Europea. Mientras que en Grecia la deudas se elevaban al 175% del Producto Interno Bruto (PIB), las deudas de Islandia –principalmente las de los bancos– eran 10 veces superiores al PIB, o sea 1000%, conformando un escenario realmente catastrófico. Sin embargo, 7 años después, Islandia presenta nuevamente una economía relativamente saludable. ¿Cómo se explica eso?  (...)

Durante los años finales del anterior milenio, Islandia se caracterizaba por sus muy altas tasas de crecimiento. Aquello no tenía nada que ver con los resultados de la pesca sino con los tres grandes bancos de Islandia, que se habían implicado en un arriesgado juego y habían convertido la isla en una plaza financiera global. 

Estos tres grandes bancos islandeses atraían, por ejemplo, diversos fondos de ahorros extranjeros proponiéndoles tasas de interés elevadísimas y con aquel dinero emprendían inversiones de alto riesgo en el mundo entero. Al principio, lo hicieron con éxito. 

Los responsables de aquellos bancos asumieron una imagen de «modernos» y «abiertos» y rompieron con las tradiciones de sus propios bancos y de la profesión bancaria, hasta que se cumplió el proverbio que dice que «tanto va el cántaro a la fuente hasta que se rompe».

La ruptura y la caída se produjeron hace 7 años, desembocando rápidamente en la quiebra de los tres grandes bancos de Islandia.

Existía una controversia en cuanto a la manera de enfrentar las deudas exteriores de los tres bancos islandeses. Según la doctrina occidental, el Estado y los contribuyentes tenían que asumir la responsabilidad, al menos en parte. Se trataba principalmente de los fondos llamados Icesave. Como filial online de la nacionalizada Landsbanki, durante años Icesave había atraído con elevadas tasas de interés a numerosos pequeños ahorristas extranjeros cuyo dinero no estaba cubierto por el seguro de depósitos islandés.

Principalmente Gran Bretaña y los Países Bajos, de donde venían la mayor parte de los fondos extranjeros, exigieron que el Estado islandés reembolsara esos fondos. Eran unos 4 000 millones de euros: alrededor de 12 000 euros por cada habitante de Islandia. El gobierno islandés negoció con ambos países y estos concedieron tasas bajas y alargaron los plazos para el reembolso. El Parlamento islandés aceptó el resultado de las negociaciones y adoptó, el 30 de diciembre de 2009, una ley que regulaba las modalidades de reembolso.

Pero entonces el pueblo islandés salió a las calles con sus cacerolas y expresó su inconformidad por tener que echarse a cuestas una responsabilidad que no era suya. Los especuladores extranjeros tenían que enfrentar las consecuencias de sus propios actos. En definitiva, esos especuladores habían obtenido como mínimo un 10% de su dinero.

Las pancartas y pasquines de los manifestantes planteaban la siguiente interrogante: «¿Es moral y jurídicamente justificable atribuir simplemente el riesgo al Estado y los contribuyentes?».

 La inicitiava ciudadana Defence organizó manifestaciones oponiéndose a la medida. Recogió más de 60 000 firmas –entre 350 habitantes– y exigió un referéndum popular. La ciudadanía asedió la residencia presidencial encendiendo bengalas rojas, para dar de la manera más visible posible una señal de «Alto» a aquella política.

El presidente de la República, Olaf Ragnar Grimsson, oyó la voz del pueblo y ordenó la organización del referéndum. «La base de nuestro Estado islandés consiste en que el Pueblo es el juez supremo de la validez de las leyes. Por tanto he decidido, de conformidad con la Constitución, transferir la decisión sobre la ley en cuestión al pueblo», anunció el presidente de la República. En marzo de 2010, el 93% de los votantes dijeron «No» al pago de las deudas bancarias por el Estado islandés.

Gran Bretaña y los Países Bajos aceptaron entonces, a falta de algo mejor, la renegociación del pago de las deudas de los bancos. En un nuevo acuerdo, Islandia obtuvo concesiones suplementarias y mejores condiciones de pago. 

El pago se alargó hasta 2046, lo cual implicaba que la próxima generación también tendría que asumirlo. El Parlamento islandés aceptó, el presidente de la República convocó un nuevo referéndum popular. En abril de 2011, el pueblo rechazó también la nueva proposición. ¿Qué hacer?

Los islandeses resolvieron el problema de los bancos de la siguiente manera:

- los 3 grandes bancos tuvieron que anunciar su quiebra;
- Landsbanki y su banco online fueron nacionalizados;
- los dos otros bancos fueron divididos en un «Nuevo Banco» y un «Viejo Banco»;
- el «Nuevo Banco» –dotado de nuevos capitales– asumió actividades necesarias dentro del país, como las operaciones de pago, el funcionamiento de los cajeros automáticos (ATM), un servicio de otorgamiento de créditos, etc.;
- el «Viejo Banco» heredó montones de deudas y todos los negocios extranjeros con una gran cantidad de activos tóxicos, cuya liquidación se concretó mediante un procedimiento de quiebra.

De esa manera, se mantuvo el acceso de la población a sus ahorros y los cajeros automáticos siguieron funcionando en todo momento. Los bancos fueron rebautizados. El banco Kaupthing hoy se llama Arion y el banco Glitinir ahora se llama Islandsbanki. Los tres bancos, hoy parcialmente en manos extranjeras, ahora se limitan a la realización de operaciones bancarias tradicionales dentro del país. (...)

La vida se había hecho difícil en Islandia desde el inicio de la crisis. La corona islandesa perdió su valor. Aumentaron los precios y disminuyó el salario real. Se disparó el costo de la vida. Aumentó el desempleo. 

Los resultados económicos ya habían disminuido en un 7% en 2009. El gobierno necesitó un préstamo del FMI, ascendente a 10 000 millones de dólares, para sobrevivir en aquellos tiempos difíciles. Y, como de costumbre, el FMI puso condiciones. Pero el gobierno de los socialistas y verdes rechazó una política de liquidación en el sector social. A pesar de ello logró cumplir el programa del FMI.

Países amigos, como Noruega y Suecia, ayudaron aportando dinero. Hubo aumentos de los impuestos para la población, se acentuó la progresión del impuesto sobre los ingresos y se aplicó una serie de medidas poco ortodoxas para reducir las deudas. Por ejemplo, todos los créditos vinculados a monedas extranjeras fueron declarados ilegales. 

El gobierno ofreció a las empresas programas especiales de restructuración de sus deudas. Hubo reducciones de deudas para los créditos inmobiliarios. Los pequeños propietarios obtuvieron reducciones de los pagos que debían realizar. Para proteger la moneda e impedir la fuga de capitales, el gobierno introdujo controles de la circulación de los capitales, controles que aún se mantienen en vigor. Las personas que salen del país sólo pueden cambiar una cantidad limitada de euros.  (...)

La crisis no duró mucho en Islandia. La política enérgica, respaldada por el pueblo, arrojó resultados rápidamente. El turismo y la industria pesquera se beneficiaron grandemente con la reducción de la moneda islandesa. Islandia se volvió barata. Importó menos bienes de consumo caros pero aumentó la producción nacional.

 Tres años después de la caída en un 7% que se había registrado en 2009, se produjo un aumento de 3% –más que la media de la Unión Europea. Desapareció la inflación y la tasa de desempleo es hoy de un 4% –como en Suiza. Ya no hay desempleo entre los jóvenes, contrariamente a lo que sucede en otros países. La agencia Fitch aumentó de nuevo la nota de solvencia de Islandia, lo cual justificó resaltando «el éxito alcanzado mediante respuestas poco ortodoxas a la crisis».

Por otro lado, la decisión tomada en 2013 por el Tribunal de la Asociación Europea de Libre Comercio –que por una vez se pronunció a favor del pueblo– fue de gran utilidad ya que fue rechazada la responsabilidad del Estado en las deudas bancarias extranjeras.

¿Por qué Islandia se recuperó con tanta rapidez? La voz del pueblo fue un factor decisivo. Los islandeses no sólo tomaron las decisiones correctas en los dos referendos. La población también participó activamente en los acontecimientos y siempre lo hizo de forma no violenta.

 Creando sitios web originales, la ciudadanía se defendió de los intentos de Gran Bretaña tendientes a presentar a los islandeses como terroristas para poder congelar sus cuentas bancarias en territorio británico. Además, los islandeses pusieron manos a la obra y lograron meter en cintura su economía nacional.

La población también impidió que los responsables de los malos manejos de los bancos recibiesen, como en otros países, enormes sumas de dinero al dejar sus cargos. Muchos de ellos hoy enfrentan graves acusaciones ante los tribunales. Una comisión investigadora del Parlamento publicó un informe de 2 000 páginas que señala a una treintena de dirigentes de bancos, miembros del gobierno y del Banco Central como principales responsables de la debacle financiera.

 La Corte Suprema juzgó recientemente a 4 de ellos condenándolos a penas de entre 5 y 6 años de cárcel por haber realizado manipulaciones fraudulentas del mercado y por abuso de confianza, siendo estos los castigos más duros que se hayan pronunciado nunca antes en Islandia en materia de criminalidad económica.

La propia moneda fue decisiva en el salvamento del país. El drástico descenso de la corona islandesa no condujo al naufragio que auguraban algunos profetas financieros sino que fue la condición previa decisiva para el rápido restablecimiento. Actualmente, la corona islandesa se ha estabilizado en alrededor de un 30% por debajo de su valor anterior a la crisis. ¡Otros países podrían inspirarse en ese resultado! Para un miembro de la eurozona, abandonar la moneda común europea abriría un camino similar.

El éxito de la vía islandesa para salir de la crisis bancaria se diferencia radicalmente de la vía centralista de la Unión Europea, dirigida desde arriba, que consiste en salvar los bancos y «administrar las deudas» y que mantiene artificialmente vivos los bancos quebrados y hace caer la responsabilidad sobre los hombros de los contribuyentes.

Islandia contradice claramente la idea de que no existe otra alternativa que el salvamento de los grandes bancos, considerados como «Too big to fail» [Demasiado grandes para quebrar]. Pero si otros países no pueden copiar exactamente la vía de Islandia, esta los inspira a buscar valientemente nuevos caminos. Y también muestra cómo un pequeño país puede, con su propia moneda, conservar con orgullo su lugar en el mundo globalizado de la finanza.

Los problemas financieros no pueden ser resueltos por una pequeña élite y a puertas cerradas. (...)"            (Werner Wüthrich, Red Voltaire  , en Jaque al neoliberalismo, 02/05/2015)

24.2.15

Islandia: rechazó aplicar la austeridad que le pedía la Comisión Europea... y se recuperó. Y Grecia no

"El colapso de la banca a finales de 2008 llevó a Islandia a una pérdida del 8% de su riqueza en dos años y a una inédita tasa de paro del 11,9%. La economía de la isla dio un giro a partir de 2011. 

Basándose sobre todo en el turismo, las exportaciones pesqueras y la industria del aluminio, Islandia recuperó el terreno perdido, la tasa de paro oscila entre el 3% y el 4% y el Gobierno ha previsto una expansión del Producto Interior Bruto (PIB) del 3,3%. 

El presidente del país, Olafur Ragnar Grimsson, ha atribuido en parte esa recuperación a haber desoído los consejos de los organismos internacionales, en particular la Comisión Europea, para que aplicara medidas de austeridad. 

A pesar de que ha rechazado dar consejos a Grecia, el presidente islandés ha destacado que la UE se equivocó con su caso. “¿Por qué deberían tener razón en otros?”, ha planteado.

 Olafur Ragnar Grimsson ha recomendado a la UE que saque sus conclusiones sobre la crisis y la recuperación de Islandia y ha reclamado mantener los equilibrios entre “la democracia” y los “intereses económicos”. “Los intereses económicos en una mano y la democracia en la otra”, ha sostenido.

 El presidente ha rechazado que la población deba sufrir con medidas de duros recortes presupuestarios y ha abogado por la combinación que empleó el país, que pasó por renegociar la deuda (el país rechazó en un referéndum pagar por los errores de sus bancos) y una devaluación de la moneda.

 El país, sin embargo, mantiene severos controles de capital desde 2008 y es sólo ahora cuando empieza a plantearse si debe eliminar o no las restricciones que bloquean la libre circulación de fondos por una cuantía que equivale al 50% del PIB. (...)

El presidente de Islandia ha explicado que hoy el turismo y las exportaciones de pescado, sobre todo de bacalao, son los puntales del país. La industria turística lleva tres años creciendo a un ritmo de entre el 15% y el 20%, lo cual al principio se debió a la devaluación de la moneda y luego a las campañas turísticas que se han lanzado.

 En un país de 320.000 habitantes, cada año se reciben ya un millón de turistas, procedentes sobre todo de Europa y Estados Unidos, pero ahora también de Asia. “En los próximos 5 o 10 años el reto es seguir con la misma experiencia sin hacer daño al medio ambiente”, ha sostenido el presidente islandés. Este ha destacado que la crisis financiera llevó a trabajadores de ese a otros sectores, lo cual ha fomentado la creatividad y la innovación."       ( /   , El País, Barcelona 18 FEB 2015)

18.1.15

Las reestructuraciones de la deuda de Ecuador e Islandia

"(...) Por el contrario, se equivoca (Piketty) cuando no considera seriamente una anulación o suspensión del pago de la deuda decidida por el país deudor, con sus condiciones y bajo control de su ciudadanía. Es lo que hicieron en contextos diferentes Ecuador, en 2008-2009, e Islandia a partir de 2008. 

Ecuador, basándose en una auditoría organizada por las autoridades del país y realizada con una participación ciudadana activa entre 2007 y 2008, suspendió unilateralmente el pago de una parte de su deuda, la que estaba en forma de títulos que tenían fecha de vencimiento en 2012 y 2030, cuyos principales tenedores eran bancos extranjeros. |23| El resultado fue positivo: Ecuador pudo recomprar el 91 % de los títulos mencionados a un 35 % de su valor. 

Y como consecuencia, habiéndose ahorrado ese dinero que correspondía al pago de la deuda, pudo aumentar en forma notable los gastos sociales, especialmente en los ámbitos de la educación y de la sanidad pública. Sin embargo, en el caso de Ecuador, no debemos tomar como modelo la experiencia que se está desarrollando, y es indispensable conservar una mirada crítica sobre ella.

 No obstante, la experiencia ecuatoriana en auditoría y suspensión unilateral del reembolso de la deuda demuestra que es perfectamente posible para un país plantear un acto unilateral fundamentado con argumentos sólidos y, en consecuencia, tener la posibilidad de mejorar los gastos públicos en ámbitos como educación y sanidad.

Por su parte, Islandia rechazó en forma unilateral, a partir de 2008, asumir las deudas de los bancos privados que habían quebrado por su exposición en el exterior. Esto se hizo en un clima de fuertes movilizaciones ciudadanas que presionaron al gobierno islandés para que no cediera ante las exigencias de los acreedores extranjeros, en particular del Reino Unido y de los Países Bajos.

Y, ¿qué pasó luego en Islandia? Debido al desplome del sistema bancario en 2008, Islandia se negó a indemnizar a los ciudadanos de Países Bajos y Reino Unido que habían colocado fondos en las filiales de bancos islandeses, que acababan de quebrar, por un total de 3.900 millones de euros. 

Fueron las mismas autoridades británicas y neerlandesas las que indemnizaron a sus ciudadanos y exigieron el reembolso de esas indemnizaciones a Islandia. Bajo la presión popular (manifestaciones, ocupaciones de plazas, referéndum), las autoridades de Reykiavik rechazaron esa demanda. 

Y eso tuvo como consecuencia la inscripción de Islandia en la lista de organizaciones terroristas, la congelación de los haberes islandeses en Reino Unido y la presentación de una denuncia de Londres y La Haya contra Reykiavik ante el Tribunal de la Asociación Europea de Libre Comercio (AELC o EFTA por sus siglas en inglés). |24|

 Por otro lado, Islandia bloqueó totalmente la salida de capitales del país. Finalmente, ha salido del conflicto mucho mejor que otros países europeos que aceptaron las exigencias de los acreedores… Por supuesto, hay que evitar hacer de Islandia un modelo pero podemos sacar enseñanzas de su experiencia.

Los casos de Ecuador y de Islandia constituyen dos experiencias recientes que deben estudiarse seriamente ya que demuestran que al lado del haircut a la griega u otras formas de reestructuración, existen otras soluciones para la anulación de una deuda. |25| Estos dos ejemplos muestran que desobedecer a los acreedores no es una catástrofe y de ninguna manera acarrea el desmoronamiento del país. (...)"             (Eric Toussaint, Viento Sur, en Jaque al neoliberalismo, 16/01/2015)

9.9.14

Comparando: lo que hicieron los islandeses, y se salvaron... y lo que hicimos nosotros, y nos hundimos

"(...) Al igual que otras economías europeas, Islandia experimentó importantes tasas de crecimiento económico entre 2004 y 2008, al unir a su negocio tradicional (la exportación de recursos pesqueros), una frenética actividad especulativa. 

A partir de 2004 la banca islandesa registró un intenso crecimiento meramente especulativo, basado en la captación de ahorros de los ciudadanos y la emisión masiva de bonos. Tres bancos privados (Glitnir, Lansdbanki y Kaupthing) obtuvieron ingentes recursos en los mercados internacionales mediante depósitos de dudosa transparencia no garantizados por las autoridades del país.

Pero esta estrategia de casino no tardó en fracasar: el colapso financiero mundial que se produjo con la crisis de las hipotecas “subprime” (agosto de 2007) y la quiebra de Lehman Brothers (septiembre de 2008) trajo consigo la quiebra de la banca privada islandesa y en 2008 los activos en que se había invertido el dinero ya no valían nada.

 El Gobierno de coalición (conservadores + socialdemócratas) optó por nacionalizar los tres bancos y restringir la retirada de fondos. Pero ya era tarde: en un alarde de perspicacia financiera, y adivinando la que se les venía encima, los espabilados banqueros habían vaciado lo poco que quedaba en la caja días antes de ser intervenidos: igualito que en Argentina justo antes del “corralito”.

La reacción de los especuladores institucionales, y también la de miles de ingenuos ahorradores entusiasmados con la magia de la burbuja financiera, no se hizo esperar: exigieron ser indemnizados… y se lo exigieron al Gobierno islandés, no a los banqueros saqueadores, a pesar de que los activos emitidos por esos bancos carecían del respaldo del Gobierno de Islandia, al no tratarse de depósitos tradicionales. 

El Gobierno británico, liderado entonces por el laborista Gordon Brown, llegó incluso a hacer uso de la legislación antiterrorista para congelar activos islandeses depositados en instituciones británicas y garantizarse el cobro de las indemnizaciones millonarias.

En enero de 2009 las movilizaciones ciudadanas provocaron la dimisión del primer ministro islandés (el conservador Geir Haarde) y la convocatoria de elecciones anticipadas, ganadas por una coalición de centro-izquierda. Ante la imposibilidad de devolver el dinero con los fondos encontrados en las cajas de los bancos, el nuevo Gobierno islandés, plegándose a las presiones de los especuladores, planteó indemnizarles con cargo al presupuesto del país, endeudándose en 3.500 millones de euros.

 En apoyo a tal propuesta, los poderes fácticos enarbolaron un discurso de sobra conocido en España: plegarse a las exigencias de los mercados financieros es el mejor camino para restaurar la confianza de los mercados.

El escándalo político fue mayúsculo porque cada ciudadano islandés tendría que contribuir con unos 11.000€ a pagar la gestión delictiva de tres bancos privados. Además, se solicitaría un préstamo adicional de 2.100 millones de dólares al FMI con el consiguiente programa de ajuste neoliberal.

La aprobación de dicha ley de indemnización provocó una nueva oleada de protestas y en enero de 2010 el presidente del país, el excomunista Ólafur Ragnar Grímsson, se negó a ratificarla convocando un referéndum para que la ciudadanía se pronunciase al respecto. En dicho referéndum, celebrado el 6 de marzo de 2010, el 93% de los votantes dijo “NO” al plan gubernamental: los ciudadanos islandeses no resarcirían a los  especuladores británicos y holandeses por la mala gestión de los banqueros. 

Es más: se inició un proceso judicial contra los gestores de los bancos citados en los que incluía a 160 imputados. Asimismo, se procedió a convocar una asamblea constituyente para reformar la Constitución del país. Bajo el liderazgo del presidente Grímsson, la política económica de Islandia daba un esperanzador giro hacia la heterodoxia.

Por aquel entonces España vivía una situación similar (...)

A partir de 2010 la crisis se recrudece con el escándalo de la falsa Contabilidad Nacional griega. Y es ahí donde España e Islandia divergen definitivamente en el diseño de sus respectivas políticas económicas.

España abandona el tímido keynesianismo del “Plan-E” y su política económica se hace cada vez más ortodoxa en un intento de lograr la anuencia de los mercados financieros: se incrementó el IVA, se redujeron los salarios de los empleados públicos y se recortó el gasto público con el ánimo de contener un creciente déficit público cada vez más difícil y costoso de financiar. 

Pero cuanto más contractiva era la política fiscal más caía el PIB y mayor era el déficit público debido a los menguantes ingresos tributarios. (...)

Pero quizá la medida más degradante para el conjunto del país fue la reforma de la Constitución pactada por PP y PSOE a instancias del BCE: lejos de atender a los guiños del Gobierno español, los mercados financieros y particularmente su mayor adalid, el BCE, amenazaban con abandonar a su suerte a la economía española, salvo que mediante una reforma constitucional y sin respaldo popular (no hubo referéndum), se salvaguardasen los intereses de los tenedores de deuda pública española.

Con la llegada al poder del señor Rajoy en 2011 se endurecen las mismas políticas implementadas por el presidente Zapatero y se despliega un amplio programa de rescate bancario. Nuevo guiño a los mercados: salvando a los bancos hundidos por sus prácticas especulativas se esperaba recuperar la confianza de los mercados financieros y estabilizar la economía.  

Es evidente que las políticas de Islandia y España han sido divergentes aun cuando el problema de fondo era el mismo: recomponer una economía rota por las prácticas especulativas.

La estrategia de Islandia pasaba por la confrontación del Gobierno con los mercados, un gobierno ampliamente respaldado por el pueblo en permanente movilización. La estrategia de España, cuyos gobernantes nunca anunciaron sus intenciones antes de cada convocatoria electoral, fue de servidumbre: aceptar las imposiciones de los mercados financieros para evitar el caos.

¿Cuáles han sido los resultados de políticas tan disímiles?

En Islandia, lejos de producirse el caos financiero que auguraba la propaganda neoliberal, la economía ha ido estabilizándose tras un breve brote inflacionista. El crecimiento económico logró pronto recuperar tasas importantes, de hecho 2013 cerró con un crecimiento del PIB del +3,3% mientras que en España caía a una tasa del -1,2%. Para el año en curso se espera que la economía islandesa crezca un +3,1% frente al +1,1% de España. Gracias a la política económica implementada en Islandia hoy la crisis está prácticamente superada
 En junio de 2012, se firma por el Gobierno español y la troika (Comisión Europea + BCE + FMI) un plan de rescate bautizado con el ampuloso nombre de “Memorándum de Entendimiento” (MoU), en virtud del cual se otorga una línea de crédito de 100.000 millones de euros a España, pero con condiciones políticas muy precisas y onerosas: la principal, que el dinero será empleado para rescatar bancos y que los clientes víctimas de estafas como las “participaciones preferentes” no recuperarían ni un céntimo: su PIB per cápita es sólo tres puntos inferior al que disfrutaban los islandeses antes de la crisis.

 En España el camino por recorrer hasta recuperar los niveles de bienestar previos a la crisis es mucho mayor: nuestro PIB per cápita es todavía siete puntos inferior.

La experiencia demuestra que hay vida al margen del euro: mientras en España el abandono del euro es un tema tabú, para los islandeses la no pertenencia al euro ha sido una bendición, ya que les ha permitido ganar competitividad y poner límites a los movimientos de capital especulativos.

La posibilidad de devaluar la moneda e implementar una política monetaria autónoma y expansiva han permitido que hoy la tasa de paro islandesa sea del 5%, frente al 25% de la española. La negativa a implementar recortes presupuestarios no sólo ha permitido a los islandeses superar la crisis, sino hacerlo con un reducido coste social: en Islandia la tasa de pobreza es del 13% frente al 28% de España; y la desigualdad de renta (indicador S80/S20) es del 3,4 frente al 6,3 de España.

Otro de los temores azuzados desde el poder anunciaba a la debacle de las finanzas públicas, que seguiría al abandono del euro. Falso: el nivel de endeudamiento de Islandia es inferior al de España (91% frente al 100% del PIB), y su situación es más saneada, puesto que exhiben un déficit público del -2,1% del PIB frente a nuestro -7,1%.

 Al implementar políticas económicas que impulsan el crecimiento, las arcas públicas se nutren de recursos tributarios, el déficit público se reduce y el endeudamiento se hace más llevadero. (...)"             (José Francisco Bellod Redondo, Público, 07/09/2014)