Mostrando entradas con la etiqueta o. Arabia Saudi. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta o. Arabia Saudi. Mostrar todas las entradas

18.9.26

No habrá que esperar mucho para ver hacia dónde se inclina la balanza... La milicia yemení puede alterar la seguridad en todas la región... ni Irán ni ninguno de sus peones del llamado “eje de resistencia” pueden derrotar a Estados Unidos en un choque militar frontal. Pero, como ahora demuestran tanto Teherán como el grupo hutí Ansar Allah en su ofensiva en las provincias del suroeste de Yemen, sí pueden desbaratar los planes tanto de Washington y Tel Aviv como los de muchas de las capitales del Golfo. Les basta con resistir los golpes y, por otro, con disponer de la capacidad para perturbar selectivamente las rutas terrestres y marítimas por las que fluye el petróleo y el gas. Y eso es precisamente lo que está haciendo Irán con su control del estrecho de Ormuz, y también Ansar Allah en el de Bab el Mandeb.... La consecuencia directa —con ataques puntuales contra naves e infraestructuras de producción y comercialización— es la declaración de “fuerza mayor” por parte de algunos de los países que reciben dichos ataques, como Bahréin, Irak, Qatar y Kuwait; es decir, la suspensión de entregas comprometidas anteriormente y, por tanto, el incremento de los precios de los hidrocarburos a escala planetaria... además, Arabia Saudí queda retratada como un actor incapaz... pues los portavoces hutíes amenazan a los países vecinos (incluida Jordania) con represalias si vuelven a tomar partido en su contra, lo que coloca a Arabia Saudí en una posición inquietante... y Trump cuenta con buenas opciones a corto plazo, atenazado entre las limitaciones de sus propios arsenales para lanzar una campaña militar amplia y su urgencia por anular los efectos negativos de la inflación entre sus simpatizantes (Jesús A. Núñez)

 "La milicia yemení puede alterar la seguridad en todas la región y preocupa en muchas de las capitales del Golfo. Le basta con resistir los golpes y disponer de la capacidad para perturbar selectivamente las rutas terrestres y marítimas por las que fluye el petróleo y el gas

El avance relámpago de los hutíes pone en jaque otra ruta clave del comercio global: por qué importa lo que está pasando en Yemen

Ni Irán ni ninguno de sus peones del llamado “eje de resistencia” pueden derrotar a Estados Unidos en un choque militar frontal. Pero, como ahora demuestran tanto Teherán como el grupo hutí Ansar Allah en su ofensiva en las provincias del suroeste de Yemen, sí pueden desbaratar los planes tanto de Washington y Tel Aviv como los de muchas de las capitales del Golfo.

Les basta, por un lado, con resistir los golpes y, por otro, con disponer de la capacidad para perturbar selectivamente las rutas terrestres y marítimas por las que fluye el petróleo y el gas. Y eso es precisamente lo que está haciendo Irán con su control del estrecho de Ormuz, y también Ansar Allah en el de Bab el Mandeb.

Doscientos días después del ataque israelo-estadounidense contra Irán, no solo es bien visible que Teherán ha resistido la embestida, sino que, gracias a su (incompleto) control de Ormuz, ha encontrado la manera de revertir la situación optando por una estrategia que apunta directamente a las bases del sistema económico global: petróleo y gas. (...)

Como resultado de sus acciones selectivas, la situación actual determina que tan solo unos 19 buques son capaces de atravesar esas aguas diariamente, cuando hasta el pasado 28 de febrero circulaban unos 120. Y para eso no necesitan lograr la superioridad aérea ni naval en la zona, sino que les basta con crear un clima generalizado de temor, provocando que los armadores y las aseguradoras no se atrevan a aventurarse hasta el punto de poner en peligro a sus barcos y sus tripulaciones.

La consecuencia directa —con ataques puntuales contra naves e infraestructuras de producción y comercialización— es la declaración de “fuerza mayor” por parte de algunos de los países que reciben dichos ataques, como Bahréin, Irak, Qatar y Kuwait; es decir, la suspensión de entregas comprometidas anteriormente y, por tanto, el incremento de los precios de los hidrocarburos a escala planetaria.

Por su parte, Ansar Allah se ha sumado a esa estrategia, reforzando sus efectos con dos acciones coordinadas. La primera se ha concretado en una ofensiva general para controlar en apenas unos días la costa occidental yemení, incluida la ciudad de Mokha, a tan solo 70 kilómetros del estrecho de Bab el Mandeb, y la isla de Perim. Invalidando la equivocada imagen de que se trata de una milicia desorganizada de desarrapados, las huestes de Abdelmalik al Houthi han sabido aprovechar la debilidad y escasa operatividad de la coalición militar liderada por Arabia Saudí para controlar un territorio desde el que pueden, como mínimo, trastornar drásticamente el tráfico marítimo en el mar Rojo.

Invalidando la equivocada imagen de que se trata de una milicia desorganizada de desarrapados, las huestes de Abdelmalik al Houthi han sabido aprovechar la debilidad y escasa operatividad de la coalición militar liderada por Arabia Saudí para controlar un territorio desde el que pueden, como mínimo, trastornar drásticamente el tráfico marítimo en el mar Rojo

A la espera de comprobar si las fuerzas yemeníes leales a Rashad al Alimi, presidente del Consejo del Liderazgo Presidencial del Yemen —reconocido internacionalmente como la autoridad legítima de Yemen— son capaces de evitar, con el apoyo de Riad, que los hutíes consoliden sus actuales posiciones, la ofensiva hutí supone un golpe brutal para los planes del príncipe heredero saudí, Mohamed bin Salman.

Un golpe que se ve agravado aún más con los ataques al oleoducto Este-Oeste que le servía parcialmente a Riad como alternativa al bloqueo de Ormuz. Las últimas noticias dan a entender que el flujo de petróleo que llegaba a Yanbu, en el mar Rojo, ha quedado interrumpido, mientras los buques que todavía puedan cargar en dicho puerto acaban por tomar rumbo hacia el Canal de Suez para dar la vuelta completa al continente africano en su ruta hacia sus clientes asiáticos. Una situación que ha llevado a Riad a registrar el nivel más bajo de exportaciones petrolíferas de las últimas tres décadas, con apenas unos 3,2 millones de barriles al día.

De ese modo, Teherán y sus peones están creando una situación muy difícilmente sostenible para sus vecinos y para EEUU. Arabia Saudí queda retratada como un actor incapaz de estabilizar su frontera meridional, tras nueve años de apuesta militarista contra los hutíes. Por el camino pone en cuestión su ambiciosa “Visión 2030”, planeada por Mohamed bin Salman para encontrar una salida al momento en que los hidrocarburos dejen de tener la importancia actual.

Además, se ha encontrado con la renuncia de Donald Trump a implicarse militarmente en una contraofensiva contra Ansar Allah (con quien Washington mantiene formalmente una tregua desde mayo del pasado año) y tampoco se ve a Pakistán y Turquía muy deseosos de implicarse en auxilio de Riad en el marco del reciente Pacto de la Meca entre los tres países.

Arabia Saudí queda retratada como un actor incapaz de estabilizar su frontera meridional, tras nueve años de apuesta militarista contra los hutíes. Por el camino pone en cuestión su ambiciosa “Visión 2030”, planeada por Mohamed bin Salman para encontrar una salida al momento en que los hidrocarburos dejen de tener la importancia actual

Todo ello, mientras los portavoces hutíes amenazan a los países vecinos (incluida Jordania) con represalias si vuelven a tomar partido en su contra, coloca a Arabia Saudí en una posición inquietante. A pesar de su aparente fortaleza militar —lleva años siendo el principal importador mundial de armas—, es muy evidente que no cuenta con unas fuerzas armadas realmente operativas. Unas fuerzas armadas que estén en condiciones de hacer lo que no han hecho desde su irrupción en el campo de batalla yemení en marzo de 2015. De ahí que suene artificioso el argumento que trata de presentar lo ocurrido como una trampa saudí en la que los hutíes habrían caído al salir de sus reductos montañosos hasta las tierras llanas de la costa, donde se supone que serán fácilmente eliminadas en campo abierto.

Y tampoco Trump cuenta con buenas opciones a corto plazo, atenazado entre las limitaciones de sus propios arsenales para lanzar una campaña militar amplia y su urgencia por anular los efectos negativos de la inflación entre sus simpatizantes, cuando ya están a la vuelta de la esquina las elecciones de medio término, fijadas para el 3 de noviembre. No habrá que esperar mucho para ver hacia dónde se inclina la balanza."

(Jesús A. Núñez, eldiario.es, 15/09/26, gráfico en el original)

19.4.25

La última campaña militar de Washington entra en su segundo mes contra Yemen, único país árabe con dignidad y defensor del derecho internacional... Saná vincula su estrategia militar a la resistencia de Gaza... sus operaciones militares han ido en paralelo a los acontecimientos en Palestina... Saná ha pagado un alto precio por esta postura... Estados Unidos ha ofrecido incentivos económicos a cambio de la neutralidad, ofertas que han sido aceptadas de buen grado por los Estados árabes de toda la región, pero Saná se ha negado a ceder... Los socios de la coalición árabe, Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos, no han acogido bien la decisión de Yemen, y le impusieron sanciones por apoyar a Gaza... las capacidades de Yemen se han ampliado. Ahora posee misiles hipersónicos y tecnologías de drones cada vez más sofisticadas. Y es precisamente debido a estos avances que Washington no ha logrado obligar al Golfo a reanudar la guerra, nada que proteja los campos petrolíferos, la infraestructura crítica o las rutas comerciales de Arabia Saudí de las represalias... los ataques aéreos de Estados Unidos y Reino Unido no han logrado frenar la capacidad de Yemen para atacar en el interior de Israel, o para detener los ataques yemeníes contra buques vinculados a Israel (Bandar Hetar)

 "La guerra de Estados Unidos contra Yemen, ahora en su segunda ronda, ha superado el mes de duración sin avances claros y sin un calendario para el éxito. En cambio, lo que se perfila es un riesgo creciente de escalada, que podría obligar a los actores regionales, en particular a Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos, a una confrontación directa.

Aun así, varios factores podrían retrasar o incluso impedir que se produzca ese escenario, al igual que ocurrió el año pasado. Para comprender hacia dónde se dirige esta guerra es necesario conocer bien el terreno: cómo ve Yemen el conflicto, cómo están reaccionando sus vecinos del Golfo Pérsico y qué podría desencadenar una escalada más amplia o un retroceso negociado.    

Saná vincula su estrategia militar a la resistencia de Gaza

Incluso en los círculos occidentales, hay poco desacuerdo en que la guerra contra Yemen está ahora profundamente entrelazada con la brutal guerra de Israel contra Gaza. Washington intentó, bajo el mandato del expresidente estadounidense Joe Biden, separar ambas guerras. Pero la realidad sobre el terreno cuenta una historia diferente, en la que las operaciones militares de Saná han ido en paralelo a los acontecimientos en Palestina.

Ese vínculo se hizo aún más evidente tras el alto el fuego de enero de 2025 entre Hamás e Israel, que provocó una pausa en los ataques de Yemen, hasta que Tel Aviv, como era de esperar, se retractó de sus compromisos. El regreso del presidente estadounidense Donald Trump a la Casa Blanca trajo consigo la reanudación de los ataques contra Yemen, con el pretexto de defender el transporte marítimo internacional.

Sin embargo, esos ataques no habrían tenido lugar si Estados Unidos no se hubiera comprometido ya a proteger los buques israelíes. La nueva Administración, a diferencia de la anterior, no hace ningún intento real por disimular la superposición entre los dos frentes.

La estrategia de Yemen ha sido clara desde el principio: su actividad militar está calibrada con la resistencia en Gaza. Las facciones palestinas determinan el ritmo de la escalada o la calma, mientras que Yemen se mantiene preparado para absorber las consecuencias.

Saná ha pagado un alto precio por esta postura. Washington ha decidido congelar las negociaciones económicas entre Yemen y Arabia Saudí, castigando de hecho al primero por negarse a abandonar su apoyo militar a Gaza. Estados Unidos ha ofrecido incentivos económicos a cambio de la neutralidad, ofertas que han sido aceptadas de buen grado por los Estados árabes de toda la región, pero Saná se ha negado a ceder.

Ante una elección binaria —mantener su apoyo a Palestina y aceptar la congelación de los acuerdos internos, o abrir un segundo frente con Riad y Abu Dabi—, Yemen optó por mantener el rumbo.

Esa decisión se basaba en tres creencias fundamentales: que se debe apoyar incondicionalmente a Palestina, incluso si ello supone sacrificar intereses nacionales urgentes; que la identidad política de Ansarallah se basa en la oposición a la hegemonía israelí y, por lo tanto, es incompatible con cualquier alineamiento con la normalización del Golfo Pérsico; y que Yemen debe negar a Washington y Tel Aviv la oportunidad de distraerlo con guerras secundarias destinadas a debilitar su enfoque estratégico.

Aumenta la frustración del Golfo por el desafío de Yemen

Los socios de la coalición árabe, Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos, no han acogido bien la decisión de Yemen. Ambos países han aprovechado el momento para dar marcha atrás en la tregua de abril de 2022 e imponer sanciones a Saná por apoyar a Gaza.

La imagen no ha favorecido a ninguna de las monarquías del Golfo. Abu Dabi ha normalizado completamente sus relaciones con Israel, mientras que Riad se está acercando cada vez más. Yemén, por su parte, aún marcado por años de agresión saudí y emiratí, se ha apresurado a respaldar la causa palestina. El contraste no podría ser más marcado: el Estado árabe más brutalizado por Riad y Abu Dabi defiende ahora a Palestina, mientras que los agresores miran hacia otro lado.

La postura de Yemen también choca con la alineación geopolítica más amplia de ambos Estados del Golfo Pérsico, que siguen profundamente arraigados en la órbita de Washington. Pero su frustración se ha limitado en su mayor parte a la retórica.

A pesar de su papel en la denominada alianza «Prosperity Guardian», ni Arabia Saudí ni los Emiratos Árabes Unidos han realizado movimientos militares importantes contra Yemen desde que comenzó la nueva ronda de ataques aéreos estadounidenses. Inicialmente, Riad intentó vincular las operaciones marítimas de Yemen en el Mar Rojo con la guerra de Gaza, pero ese planteamiento pronto dio paso a vagas referencias a amenazas al transporte comercial, un eufemismo para referirse a un retroceso.

El mensaje político saudí cambió radicalmente en enero, cuando se negó a participar en los bombardeos conjuntos de Estados Unidos y Reino Unido. Su Ministerio de Defensa se apresuró a desmentir las informaciones que afirmaban que el espacio aéreo saudí se había abierto a los ataques estadounidenses y, posteriormente, se distanció de cualquier implicación israelí. El mensaje de Riad era claro: no quiere verse arrastrada a otra guerra a gran escala con Yemen, al menos por ahora.

Yemen contraataca con una política de contención

A pesar del retroceso de Arabia Saudí respecto a sus compromisos anteriores, Yemen ha animado activamente a Riad y Abu Dabi a mantener una postura de neutralidad. No se trata de optimismo, sino de pragmatismo: evitar una guerra más amplia con el Golfo Pérsico impediría una peligrosa explosión regional. El objetivo de Saná ha sido alejar la toma de decisiones de Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos de la confrontación militar, la movilización de proxies o la escalada económica.

Este último punto casi inclinó la balanza en julio de 2024, cuando Riad ordenó a su Gobierno títere en Adén que trasladara los bancos centrales de Yemen desde Saná. Se trataba de una clara provocación económica y una línea roja.

En cuestión de días, el líder de Ansarallah, Abdul Malik al-Huzíes, lanzó una severa advertencia, enmarcando la medida saudí como parte de un plan israelí-estadounidense. «Los estadounidenses están tratando de enredaros [Arabia Saudí], y si eso es lo que queréis, adelante… La escalada agresiva contra nuestro país es algo que nunca podremos aceptar», reveló en un discurso pronunciado el 7 de julio de 2024.

Advirtió a Riad que caer en esta trampa sería «un terrible error y un gran fracaso, y que es nuestro derecho natural contrarrestar cualquier medida agresiva».

Saná respondió con una ecuación disuasoria inequívoca: «bancos por bancos, el aeropuerto de Riad por el de Saná, puertos por puertos».

La maniobra saudí podría haber sido una prueba para la determinación de Yemen, posiblemente basada en la suposición de que Saná estaba demasiado agotada —enfrentada a una coalición liderada por Estados Unidos y a una espiral de dificultades internas— como para responder con decisión.

De ser así, Riad calculó mal. La respuesta de los huzíes fue contundente:

«No se trata de permitirles destruir a este pueblo y empujarlo al colapso total para que no surjan problemas. Que surjan mil problemas. Que la situación se agrave todo lo que sea necesario».

Ni Riad ni Abu Dabi desean una guerra sin garantías

El día después de la advertencia de los huzíes, estallaron protestas masivas en todo Yemen. Millones de personas marcharon para condenar las provocaciones saudíes, lo que constituyó la señal más clara hasta la fecha de que la opinión pública estaba firmemente alineada con la resistencia y dispuesta a intensificar la lucha.

Riad lo sabe. Incluso antes de la última crisis, gran parte de la sociedad yemení consideraba a Arabia Saudí y a los Emiratos Árabes Unidos responsables de lo que incluso la ONU calificó como el peor desastre humanitario del mundo. Cualquier nuevo conflicto no haría más que agravar esa ira.

Ante la amenaza de represalias directas, Riad dio marcha atrás en su estrategia bancaria. El recuerdo de los ataques yemeníes contra instalaciones petroleras saudíes, especialmente los ocurridos entre 2019 y 2021, sigue acechando a los dirigentes saudíes.

Hoy en día, las capacidades de Yemen se han ampliado. Ahora posee misiles hipersónicos y tecnologías de drones cada vez más sofisticadas. Y es precisamente debido a estos avances que Washington no ha logrado obligar al Golfo a reanudar la guerra. No hay garantías de seguridad significativas por parte de Estados Unidos sobre la mesa, nada que proteja los campos petrolíferos, la infraestructura crítica o las rutas comerciales de Arabia Saudí de las represalias.

Los fracasos ya son evidentes. La coalición «Prosperity Guardian» ha hecho poco para detener los ataques yemeníes contra buques vinculados a Israel, y los ataques aéreos de Estados Unidos y Reino Unido no han logrado frenar la capacidad de Yemen para atacar en el interior de Israel. Estas realidades del campo de batalla han cambiado los cálculos en Riad y Abu Dabi. Por ahora, la escalada está descartada.

Las líneas rojas de Yemen se están ampliando

Eso no significa que Washington haya dejado de intentar arrastrar a Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos a la lucha. La administración Biden no lo ha conseguido. Sin embargo, se considera que el equipo de Trump es más agresivo y más propenso a proporcionar sistemas de armas avanzados que podrían tentar a Riad y Abu Dabi a dar el paso.

Entre las élites del Golfo también existe la percepción de que se trata de una oportunidad estratégica: el colapso de Siria, el supuesto declive de Hezbolá y los cambios en la dinámica regional podrían ofrecer una oportunidad única para redibujar el mapa.

Pero para los saudíes, Yemen sigue siendo la principal preocupación. Un Estado liberado e ideológicamente desafiante en su frontera sur es una amenaza existencial, no solo para la seguridad, sino también para el proyecto de renovación cultural en el que el reino ha invertido tanto. Los Emiratos Árabes Unidos comparten inquietudes similares. El auge del Eje de Resistencia Yemení amenaza su imagen cuidadosamente construida como actor regional en sintonía con los intereses israelíes y occidentales.

Por eso Saná ha puesto sus fuerzas en alerta máxima. Ansarallah está vigilando cada movimiento de Riad, Abu Dabi y sus representantes locales, muchos de los cuales están deseosos de unirse a la guerra. Estos grupos han manifestado su disposición a participar en una coalición internacional para «proteger el transporte marítimo» y ya se han reunido directamente con responsables militares y políticos estadounidenses.

Sin embargo, el Gobierno de Saná sabe que estas facciones no actuarían sin órdenes. Si se movilizan para una amplia ofensiva terrestre, Yemen responderá atacando a las potencias que las respaldan. Cualquier guerra terrestre se considerará una iniciativa saudí-emiratí, no local. La misma lógica se aplica a la reanudación de los ataques aéreos o a una guerra económica más profunda. Estas son las líneas rojas de Saná.

Una advertencia al Eje de la Normalización

Abdul Malik al-Huzíes lo dejó claro durante un discurso pronunciado el 4 de abril: «Les aconsejo a todos ustedes [los Estados árabes vecinos de Yemen] y, al mismo tiempo, les advierto: no se involucren con los estadounidenses en el apoyo a los israelíes. El enemigo estadounidense está agrediendo a nuestro país en apoyo del enemigo israelí. La batalla es entre nosotros y el enemigo israelí.

Los estadounidenses lo apoyan, lo protegen y lo respaldan. No se involucren en apoyar al enemigo israelí… cualquier cooperación con los estadounidenses en la agresión contra nuestro país, en cualquier forma, es apoyo al enemigo israelí, es cooperación con el enemigo israelí, es conspiración contra la causa palestina».

Y fue más allá: «Si cooperan con los estadounidenses, ya sea permitiéndoles atacarnos desde bases en sus países, con apoyo financiero, logístico o informativo, eso es apoyo al enemigo israelí, defensa del enemigo israelí y respaldo al enemigo israelí».

No se trataba solo de una advertencia, sino de una declaración estratégica. Cualquier país que cruce estas líneas será tratado como participante activo en la guerra y estará sujeto a represalias.

El mensaje no solo va dirigido a Riad y Abu Dabi, sino también a otros Estados árabes y africanos que podrían verse tentados a unirse a la contienda con el pretexto de «proteger la navegación internacional».

Yemen se está preparando para todos los escenarios. No se dejará sorprender. Y esta vez no luchará solo."                     

(Bandar Hetar , The Craddle, 15/04/25, traducción DEEPL, enlaces en el original)

7.2.25

Bhadrakumar, ex-diplomático hindú: Netanyahu atrapa a Trump en un atolladero... la mirada triunfalista de Netanyahu junto a Trump rezumaba una medida de la confianza en que tiene un trato con Trump... la «vista marítima» de Gaza está fascinando al presidente Donald Trump y a su enviado especial para Oriente Medio, Steve Witkoff, dos grandes promotores inmobiliarios... La costa de Gaza tiene 40 km. de largo y Trump espera transformarla en un abrevadero para ricos y famosos, lo que significará muchos trabajos de baja categoría en el sector servicios para los palestinos... dos maestros constructores que visualizan el potencial perfecto de matar muchos pájaros de un solo tiro: en primer lugar, fortalecer la seguridad de Israel mediante la limpieza étnica y el reasentamiento en Gaza; en segundo lugar, restaurar el dominio regional de Israel en la región en una perspectiva a medio y largo plazo; en tercer lugar, una solución al intratable problema palestino; cuatro, dejar obsoletas las diversas ideas extravagantes como la «solución de dos Estados»; cinco, enterrar la noción misma de un Estado palestino; seis, la integración regional de Israel a través de los Acuerdos de Abraham; y, sobre todo, una enorme repercusión comercial para las empresas estadounidenses en las próximas décadas a partir del desarrollo de la «Riviera de Oriente Medio»... Estados Unidos, que no tiene antecedentes de construcción de naciones, se está embarcando en una empresa de alcance desalentador e imposible de lograr... A primera vista, Netanyahu atrajo a Trump a una trampa al seducirlo con un escenario seductor de negocios lucrativos masivos en la reconstrucción de Gaza. La imaginación de Trump está desbocada, completamente desconectada de la realidad. Tal ingenuidad está cargada de un peligro real de explotarle en la cara más pronto que tarde y convertirse en una carga para su presidencia. Esto tiene todas las características de un atolladero para la administración Trump. Netanyahu es el ganador aquí. De hecho, la cámara lo captó sonriendo más de una vez mientras Trump hablaba de su proyecto soñado de la «Riviera de Oriente Medio»

 "Rara vez, si es que alguna vez, uno puede retomar lo que había escrito hace tres días como conjeturas. Pero mi pronóstico de que la «vista marítima» de Gaza está fascinando al presidente Donald Trump y a su enviado especial para Oriente Medio, Steve Witkoff, dos grandes promotores inmobiliarios de los tiempos modernos, es literalmente así. Véase mi blog Trump turn is bad news for West Asia, Indian punchline, 3 de febrero de 2025.

No hay duda de que en las conversaciones con el presidente Donald Trump en el Despacho Oval el martes, el primer ministro israelí en visita, Benjamin Netanyahu, logró con creces el mayor éxito de sus tumultuosos 17 años en el poder como el primer ministro más antiguo de su país al plantear la atrevida propuesta de que una solución a largo plazo para la Franja de Gaza radica en la toma de control de toda esa zona por parte de EE.UU. y transformarla en la «Riviera de Oriente Medio» (Palabras de Trump).

Por lo que ha trascendido en la rueda de prensa de la Casa Blanca del martes, Estados Unidos, que no tiene antecedentes de construcción de naciones, se está embarcando en una empresa de alcance desalentador e imposible de lograr. No importa, la mirada triunfalista de Netanyahu junto a Trump rezumaba una medida de confianza en que tiene un trato con Trump.

El acuerdo se basa en la controvertida idea de vaciar la Franja de Gaza de su población y reasentar a los 1,8 millones de habitantes palestinos en ciertos países no especificados y la reconstrucción de las tierras desocupadas, que tienen aproximadamente la misma superficie que Las Vegas o el doble del tamaño de Washington, DC. La costa de Gaza tiene 40 km. de largo y Trump espera transformarla en un abrevadero para ricos y famosos, lo que significará muchos trabajos de baja categoría en el sector servicios para los palestinos.

Trump utilizó la expresión «apoderarse» de la Franja de Gaza. No dio más detalles. Trump y Witkoff son dos maestros constructores y visualizan el potencial perfecto de matar muchos pájaros de un solo tiro: en primer lugar, fortalecer la seguridad de Israel mediante la limpieza étnica y el reasentamiento en Gaza; en segundo lugar, restaurar el dominio regional de Israel en la región en una perspectiva a medio y largo plazo; en tercer lugar, una solución al intratable problema palestino; cuatro, dejar obsoletas las diversas ideas extravagantes como la «solución de dos Estados»; cinco, enterrar la noción misma de un Estado palestino; seis, la integración regional de Israel a través de los Acuerdos de Abraham; y, sobre todo, una enorme repercusión comercial para las empresas estadounidenses en las próximas décadas a partir del desarrollo de la «Riviera de Oriente Medio».

La estrategia de EE. UU. es, en esencia, una continuación de lo que Trump persiguió en su primer mandato con una participación activa en la región de Asia occidental y el reinicio de su influencia como mediador en la región que culminó con la firma de los Acuerdos de Abraham entre Israel y un grupo de oligarquías árabes. Esta vez, el papel de EE. UU. será el de un protagonista de pleno derecho, lo que también puede implicar una presencia militar a largo plazo en el Levante. Trump ya ha indicado que no tiene prisa por retirar las tropas estadounidenses de Siria. En Beirut, Estados Unidos está construyendo una de sus embajadas más grandes del mundo.

Trump habló con dureza sobre Irán e insinuó que está dispuesto a utilizar medios militares, si es necesario, para garantizar que Teherán no desarrolle armas nucleares bajo ninguna circunstancia. Trump redobló la apuesta por la estrategia de «máxima presión» para reducir a cero las exportaciones de petróleo de Irán. Por otro lado, dejó la puerta abierta a las negociaciones, siempre que Irán esté dispuesto a aceptar las condiciones estadounidenses. El pensamiento de Trump se basa en la creencia de que las operaciones militares israelíes contra Hamás y Hezbolá y el cambio de régimen en Siria han debilitado significativamente la capacidad de Irán para mostrar su fuerza.

Trump elogió el papel positivo de Arabia Saudí y anticipó que su reconocimiento de Israel era una posibilidad clara. Trump afirmó que varios estados de la región también están dispuestos a sumarse a los Acuerdos de Abraham.

Obviamente, esto es solo el principio. Netanyahu reveló que Trump consultará a sus asesores sobre cómo desarrollar el concepto. Mientras tanto, indicó vagamente que no socavará el plan de tres etapas para el alto el fuego en Gaza, aunque la degradación de Hamás seguirá siendo un trabajo en curso.

Sin duda, Hamás rechazará de plano el plan estadounidense-israelí. Una delegación de Hamás encabezada por el vicepresidente del politburó, Mousa Abu Marzook, viajó a Moscú el fin de semana. El Ministerio de Asuntos Exteriores ruso dijo el lunes que el enviado especial presidencial para Oriente Medio y África, el viceministro de Asuntos Exteriores Mikhail Bogdanov, recibió a la delegación de Hamás y que ambas partes «destacaron la importancia de continuar los esfuerzos sistemáticos para lograr la unidad interpalestina lo antes posible, centrándose en el marco político de la Organización para la Liberación de Palestina, que prevé el establecimiento de un Estado palestino independiente dentro de las fronteras de 1967, con Jerusalén Este como capital».

Claramente, los rusos no tenían ni idea del inminente anuncio de Trump. Bogdanov también recibió a la embajadora israelí Simona Halperin más tarde el lunes. El Ministerio de Asuntos Exteriores dijo que «se prestó especial atención a la aplicación del acuerdo entre Israel y el movimiento Hamas sobre un alto el fuego en la Franja de Gaza y el intercambio de rehenes. La parte rusa confirmó su compromiso de continuar los enérgicos esfuerzos encaminados a la pronta liberación de los detenidos en el enclave».

Arabia Saudí ha reaccionado con dureza afirmando que no establecerá lazos con Israel sin la creación de un Estado palestino, subrayando que su posición sobre este asunto es «firme, innegociable e inquebrantable». La declaración saudí afirma que el príncipe heredero Mohammed bin Salman ha subrayado la posición del Reino de «una manera clara y explícita que no permite ninguna interpretación bajo ninguna circunstancia».

La inusualmente larga declaración saudí decía que el príncipe heredero declaró que Arabia Saudí «no cesará en su incansable labor para garantizar el establecimiento de un Estado palestino independiente con Jerusalén Este como capital. El Reino no establecerá relaciones diplomáticas con Israel sin esto».

La declaración reiteró el «rechazo categórico del Reino a la violación de los derechos legítimos del pueblo palestino por las políticas de asentamiento, anexión y desplazamiento de Israel». Añadió: «La comunidad internacional tiene el deber hoy de aliviar la profunda crisis humanitaria que sufre el pueblo palestino. El pueblo seguirá aferrándose a su tierra y su determinación no se verá sacudida».

Además, la declaración subrayaba que «no se puede lograr una paz permanente y justa sin que el pueblo palestino reciba sus derechos legítimos de acuerdo con las resoluciones internacionales, y este asunto se ha estipulado claramente a la administración estadounidense anterior y actual».

Ha habido una avalancha de críticas en todo el mundo. A primera vista, Netanyahu atrajo a Trump a una trampa al seducirlo con un escenario seductor de negocios lucrativos masivos en la reconstrucción de Gaza. La imaginación de Trump está desbocada, completamente desconectada de la realidad. Tal ingenuidad está cargada de un peligro real de explotarle en la cara más pronto que tarde y convertirse en una carga para su presidencia. Esto tiene todas las características de un atolladero para la administración Trump.

Netanyahu es el ganador aquí. De hecho, la cámara lo captó sonriendo más de una vez mientras Trump hablaba de su proyecto soñado de la «Riviera de Oriente Medio».

Sin embargo, el único logro tangible para Netanyahu de todo esto es que una reducción de gastos de EE. UU. en Asia Occidental está simplemente fuera de discusión ahora y, en segundo lugar, puede afirmar, de vuelta en Tel Aviv, que Trump le respalda. El superviviente empedernido probablemente tenga otra oportunidad en las aguas infestadas de tiburones de la política israelí."

(

2.10.24

Loretta Napoleoni: Oriente Medio está en llamas ¿Por qué? El elemento ausente en el "Medio Oriente en llamas"... El gran cambio se produjo en Arabia Saudí con la llegada al poder de Mohammed bin Salman, y sus reformas de carácter puramente «occidental»... Arabia Saudí está saliendo del caparazón represivo del wahabismo, que ensalzaba la yihad contra Occidente, y va camino de convertirse en un destino exótico para el turismo mundial, y una economía empeñada en la reconversión industrial ecológica... hay cada vez menos espacio para el odio hacia Israel, por el contrario, la cooperación comercial y económica con esta nación sería un corolario del proceso de modernización planeado por MBS... Hamás era muy consciente de estos cambios y con el atentado del 7 de octubre quiso cambiar la narrativa, retrotraer a toda la región al cambio de siglo. Pero el apoyo del bloque suní nunca llegó... hoy, el consenso depende cada vez más del bienestar de la población y de la capacidad de hacerla «distraerse», ya sea con el deporte, la música o el liderazgo femenino. El apoyo a Hamás ha procedido de Irán... Algunos analistas están convencidos de que Irán no es indiferente al proceso de modernización de sus vecinos... a la luz de la respuesta con misiles de ayer, la nueva cúpula de la teocracia iraní preferiría no entrar en una guerra total con Israel sino hacer tiempo, hasta las elecciones estadounidenses, para decidir cómo posicionarse para la paz y el reingreso en la comunidad internacional

 "Oriente Medio está en llamas, leemos en los titulares, la guerra de Israel contra sus enemigos se extiende como un reguero de pólvora, nos dicen los comentaristas, y sin embargo, aunque todo esto es en parte cierto, en este conflicto falta un componente importante de los conflictos que lo precedieron, el terrorismo.

¿Por qué?

 Para responder a esta pregunta, es necesario comprender las principales etapas del proceso que tiene lugar en Oriente Medio desde hace al menos una década, un proceso que está remodelando el orden geopolítico y alterando los equilibrios internos y externos de toda la región

El primer gran cambio se produjo en Arabia Saudí con la llegada al poder de Mohammed bin Salman (MBS). Joven vástago de la familia real, MBS ha conseguido erigirse en heredero legítimo de la monarquía absoluta saudí y remodelar su consenso popular. Si antes éste se basaba en los principios tradicionales del wahabismo y tenía, por tanto, una connotación «divina», trascendental y, reconozcámoslo, irracional, hoy el consenso se deriva de una serie de concesiones y reformas de carácter puramente «occidental». Desde las mujeres al volante a los acontecimientos deportivos, pasando por los conciertos en el desierto donde mujeres y hombres bailan juntos, Arabia Saudí está saliendo del caparazón represivo del wahabismo, que ensalzaba la yihad contra Occidente, y va camino de convertirse en un destino exótico para el turismo mundial, un centro neurálgico de tecnología para la región, un país futurista y una economía empeñada en la reconversión industrial ecológica.

 Con el telón de fondo de estos cambios de época llega, durante la administración Trump, el proceso de reconocimiento del Estado de Israel, del que forman parte integrante los Acuerdos de Abraham. En la Arabia Saudí del siglo XXI, por lo tanto, hay cada vez menos espacio para el odio hacia el puesto de avanzada occidental en la región, es decir, Israel, por el contrario, la cooperación comercial y económica con esta nación sería un corolario del proceso de modernización planeado por MBS.

Por supuesto, para que estos cambios tomaran forma necesitaban profundas transformaciones dentro de la sociedad saudí, las más significativas de las cuales fueron, por un lado, obligar a la élite saudí a devolver grandes sumas de dinero a la corona y forzarla a renunciar a una serie de privilegios adquiridos durante los últimos treinta o cuarenta años y, por otro, reducir el poder de las autoridades religiosas wahabíes. La concomitancia de estos dos fenómenos ha secado la financiación de los grupos armados del fundamentalismo islámico y ha reducido drásticamente el proselitismo wahabí antioccidental.

Hamás era muy consciente de estos cambios y con el atentado del 7 de octubre quiso cambiar la narrativa, retrotraer a toda la región al cambio de siglo y reactivar el terrorismo del fundamentalismo islámico. Pero el apoyo del bloque suní, un apoyo concreto, nunca llegó.

Tras la modernización de Arabia Saudí, los países del Golfo también han iniciado un proceso similar. Si en los años ochenta la consigna para mantener el consenso era enviar a los exaltados a Afganistán para librar la guerra santa, la yihad antisoviética; y en los noventa se promovió la movilización para liberar a Kuwait del opresor Sadam Husein; y tras el 11-S se financiaron las guerras proxy de Al Zarqaui en Irak y del Estado Islámico en Siria; hoy, el consenso depende cada vez más del bienestar de la población y de la capacidad de hacerla «distraerse», ya sea con el deporte, la música o el liderazgo femenino.

El apoyo a Hamás ha procedido de Irán, Hezbolá y, en cierta medida, también de los Houthi, el frente chií. El primero ha actuado como patrocinador de guerras de poder clásicas.  Pero no es seguro que Irán quiera, tras la derrota de Hezbolá, entrar abiertamente en guerra con Israel, y ello a pesar de que lanzó una lluvia de misiles en respuesta a la entrada de tropas israelíes en Líbano. Militarmente, Teherán no es capaz de hacer frente a Tel Aviv, y en una confrontación directa probablemente sería derrotado. Es posible, por tanto, que el lanzamiento de misiles sea un movimiento propagandístico y no una declaración de guerra.

Algunos analistas están convencidos de que Irán no es indiferente al proceso de modernización de sus vecinos. Mientras al otro lado del Golfo Pérsico el consenso crece y va de la mano de la prosperidad generada por la interrelación con el resto del mundo, Irán se enfrenta a las sanciones económicas que llevan años erosionándolo. Utilizar el puño duro de la represión religiosa no funcionará durante mucho más tiempo, así que ¿por qué no probar la otra fórmula?

El cambio de guardia en la cúpula del poder que se produjo tras el accidente hace un mes del helicóptero del presidente Ebrahim Raisi puede haber representado una oportunidad para cambiar de rumbo. Según esta interpretación, también a la luz de la respuesta con misiles de ayer, la nueva cúpula de la teocracia iraní preferiría no entrar en una guerra total con Israel sino hacer tiempo, hasta las elecciones estadounidenses, para decidir cómo posicionarse para la paz y el reingreso en la comunidad internacional.

Israel lo sabe y quiere aprovecharlo al máximo. La apertura del frente libanés formaría parte de esta estrategia. En las próximas semanas podremos ver si esta interpretación es correcta."

(Loretta Napoleoni , L'Antidiplomatico, 02/10/24, traducción DEEPL)

12.12.23

Por qué los Estados árabes no utilizan el petróleo como arma contra Israel

 "Durante la guerra del Yom Kippur en 1973, los productores árabes de petróleo cortaron las exportaciones a los aliados de Israel. Pero ante la actual guerra israelí contra Gaza, los Estados del Golfo descartan la idea de utilizar el «arma del petróleo», un índice de hasta qué punto han abandonado la causa palestina.

El 8 de noviembre, el ministro saudí de Inversiones, Khalid Al-Falih, compareció en el Foro de la Nueva Economía de Bloomberg en Singapur. Stephanie Flanders, redactora jefe de economía de la cadena, le preguntó cómo podrían responder las autoridades saudíes a la guerra en Oriente Medio:

P: ¿Consideraría herramientas económicas, el precio del petróleo por ejemplo, para lograr un alto el fuego en Gaza?
R: [Risas, vacila] En primer lugar, ése no es mi mandato hoy. . .
P: Entre nosotros.
R: Puedo decirle que eso no está hoy sobre la mesa. Arabia Saudí está tratando de encontrar la paz mediante conversaciones pacíficas.

Cuando se produjo este intercambio, Israel, apoyado por Estados Unidos y los principales países europeos, ya llevaba un mes bombardeando indiscriminadamente a la población civil de Gaza, en respuesta al ataque del 7 de octubre dirigido por Hamás. La pregunta de Flanders tenía sentido en el contexto de una guerra que ha acaparado la atención de los medios de comunicación de todo el mundo, con unos diez mil muertos civiles palestinos ya en el momento de este debate. También tenía sentido dado el precedente histórico de la utilización del suministro de petróleo como arma política. Entonces, ¿por qué su pregunta fue motivo de risa?

El petróleo árabe como arma

El episodio citado por la periodista británica se remonta exactamente a cincuenta años atrás. En 1973, trece años después de su fundación, la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) poseía y controlaba la mayor parte de la producción y el comercio internacional de petróleo. La mayor parte de su poder para determinar la producción y el precio estaba en manos de sus miembros árabes, ya que los Estados del Golfo eran entonces la veta madre de la extracción de petróleo y gas.

 El 6 de octubre de ese año, en plena Guerra Fría, el Egipto de Anwar el-Sadat y la Siria de Hafez al-Assad lanzaron una ofensiva para recuperar algunos de sus territorios que Israel había ocupado durante la guerra de junio de 1967, concretamente el Sinaí y los Altos del Golán.

En represalia por la decisión del presidente Richard Nixon de apoyar a Israel durante su guerra contra los palestinos y los árabes, los Estados árabes de la OPEP, incluida la Arabia Saudí del rey Faisal, impusieron un embargo a las exportaciones de crudo a Estados Unidos y sus aliados.

En una reunión celebrada en Kuwait el 17 de octubre de 1973, los miembros árabes de la OPEP decidieron bloquear las exportaciones a los Estados occidentales y reducir la producción de petróleo un 5% al mes hasta que los israelíes se retiraran de los territorios árabes ocupados. El precio del barril de petróleo se cuadruplicó. Fue la primera crisis del petróleo que provocó grandes pérdidas en las economías occidentales. (...)

Evidentemente, la guerra árabe-israelí de octubre de 1973 es diferente de la guerra de Gaza de 2023. Mientras que la primera enfrentó a dos ejércitos regulares contra un ejército de ocupación, con fuertes aliados apoyando a cada bando, esta guerra reciente es extremadamente asimétrica, enfrentando a uno de los ejércitos más poderosos y mejor equipados del mundo contra las armas que puede reunir la resistencia de Hamás.
En el primer conflicto, el bando de los países árabes contó con el apoyo de las naciones petroleras árabes. En la guerra actual, la población civil de Gaza, 2,3 millones antes del lanzamiento del ataque genocida israelí, está abandonada a su suerte, enfrentada a bombardeos indiscriminados contra zonas residenciales, mezquitas, iglesias, hospitales y escuelas de las Naciones Unidas. (...)

Estados Unidos, sacudido durante la crisis del petróleo de 1973, se ha convertido desde entonces en el primer productor mundial de petróleo. (...)

Aunque el arma del petróleo puede resultar ineficaz contra Washington, podría haber disuadido a varios gobiernos europeos de su apoyo incondicional a los crímenes israelíes en Gaza y Cisjordania.

La Unión Europea (UE) se ha encontrado desprovista de suministros energéticos fiables desde el estallido de la guerra en Ucrania en febrero de 2022 y la prohibición de las importaciones marítimas de crudo y gas rusos. 

 La segunda razón por la que el ministro saudí podría haberse reído es que Israel, que fue un enemigo para Riad en el pasado, se ha convertido ahora en un amigo. Mientras que el rey saudí Faisal mostraba su odio hacia el sionismo, hoy los altos funcionarios y líderes políticos de los Estados del Golfo ven a Israel como un aliado estratégico con el que pueden intercambiar palabras de elogio y visitas amistosas. 

Tras sellar acuerdos de paz con Egipto y Jordania en 1978 y 1994, respectivamente, en 2020 el gobierno sionista de extrema derecha de Benjamín Netanyahu concluyó los llamados Acuerdos de Abraham con Emiratos Árabes Unidos (EAU), Bahréin, Marruecos y Sudán. (...)

 El ministro de Asuntos Exteriores de los Emiratos Árabes Unidos explicó, antes de firmar el acuerdo en Washington el 15 de septiembre de 2020, que: “Este acuerdo nos permitirá seguir al lado del pueblo palestino y hacer realidad sus esperanzas de un Estado independiente dentro de una región estable y próspera. Este acuerdo se basa en anteriores acuerdos de paz firmados por naciones árabes con el Estado de Israel. El objetivo de todos estos tratados es trabajar por la estabilidad y el desarrollo sostenible.” (...)

Sin embargo, contrariamente a lo que afirma el ministro emiratí, los Acuerdos de Abraham -y otras iniciativas de «normalización ecológica» que negocian acuerdos con Israel sobre energía y agua- han provocado más represión contra los palestinos.

La académica palestina Manal Shqair, en su capítulo de Dismantling Green Colonialism dedicado a la eco-normalización, analiza las repercusiones que estos proyectos árabe-israelíes en curso tienen sobre los palestinos -en la Cisjordania ocupada, en la Franja de Gaza, en los Altos del Golán sirios anexionados, e incluso en los territorios palestinos colonizados en 1948, donde impera un brutal apartheid.

Para Shqair, «independientemente de las formas que adopten los proyectos energéticos en el Mediterráneo e Israel, hay dos hechos importantes». En primer lugar, vincula la violencia y la deshumanización que soportan los pescadores palestinos y la población asediada de Gaza con los depósitos de gas altamente militarizados que Israel controla en el Mediterráneo y los proyectos vinculados a ellos, donde los petrodólares del Golfo son una baza importante. En segundo lugar, sostiene que la UE está mostrando una vez más su hipocresía: al importar gas israelí como parte de los esfuerzos para responsabilizar a Rusia por su invasión de Ucrania, las naciones europeas están tratando descaradamente a los pueblos palestino y de Jawlani (es decir, los Altos del Golán) como menos humanos que los ucranianos. (...)

La risa del ministro saudí fue, dirían algunos, sólo una risa. Pero es un signo sombrío del cinismo de los Estados del Golfo y otros regímenes árabes, que siguen asistiendo a la masacre sionista de los árabes palestinos con una indiferencia cómplice, cobarde y criminal."

(Hafawa Rebhi es una periodista tunecina. Escribe sobre agua, cuestiones climáticas y justicia social. JACOBIN, 12/10/23; traducción DEEPL)

26.4.23

Matrimonios de conveniencia en Medio Oriente... Los intereses geopolíticos y la supervivencia de los regímenes siempre están por encima de las identidades religiosas. Esto ayuda a explicar por qué los regímenes árabes conservadores mostraron una capacidad sorprendente para resistir tanto la agitación interna —por ejemplo la rotunda derrota de la fuerzas prodemocráticas durante la primavera árabe— como las presiones externas... los estados depredadores como Irak e Irán, se preocupan mucho más por el comercio y los acuerdos discretos de seguridad que por la ideología... Una demostración especialmente llamativa de ese pragmatismo diplomático tuvo lugar el mes pasado, cuando Arabia Saudita, líder del mundo sunita, restableció relaciones con el Irán chiita... los israelíes deben entender lo que ya comprenden los árabes, turcos e iraníes: los acuerdos pragmáticos serán mucho mejores que la búsqueda de una imposible victoria total... Mientras que otros países de Medio Oriente se adaptan a las condiciones estratégicas actuales, Israel sigue comprometido con la «guerra entre sombras» contra Irán, con ataques encubiertos que incluyen acometidas con drones y ciberataques, además de ataques aéreos contra objetivos iraníes en Siria... la falta de visión y coraje de los líderes israelíes implica que es poco probable que vayan a pasar pronto por el altar (Shlomo Ben-Ami)

 "Mientras Estados Unidos se centra en su enfrentamiento con Rusia en Ucrania y la creciente competencia con China, Medio Oriente volvió a aplicar a sus asuntos las soluciones de siempre: matrimonios de conveniencia entre las potencias rivales. No se trata de «matrimonios sagrados» al estilo católico, integrales y permanentes, sino de tranquilos acuerdos pragmáticos para sobrevivir mediante relaciones de corto plazo, acordes con las cambiantes condiciones estratégicas. Si tan solo Israel pudiera entenderlo. 

 Por supuesto, un factor relativamente constante —la religión— sí juega un papel importante en la clasificación de los países de la región como rivales o aliados, pero la brecha entre suníes y chiitas recibió un peso excesivo en las evaluaciones de los cambios diplomáticos de la región. Los intereses geopolíticos y la supervivencia de los regímenes siempre están por encima de las identidades religiosas. Esto ayuda a explicar por qué los regímenes árabes conservadores mostraron una capacidad sorprendente para resistir tanto la agitación interna —por ejemplo la rotunda derrota de la fuerzas prodemocráticas durante la primavera árabe— como las presiones externas. 

Los países del Golfo son un ejemplo de este enfoque obstinado. orientados a los negocios y a la sombra de estados depredadores como Irak e Irán, se preocupan mucho más por el comercio y los acuerdos discretos de seguridad que por la ideología. Una demostración especialmente llamativa de ese pragmatismo diplomático tuvo lugar el mes pasado, cuando Arabia Saudita, líder del mundo sunita, restableció relaciones con el Irán chiita.

 Más allá de los titulares que anunciaron con bombos y platillos el papel de China como mediador en el acercamiento, la lógica detrás del cambio es clara: para Irán —desesperado por salir de las crisis económicas y sociales que impulsaron los levantamientos populares de los últimos meses— Arabia Saudita es una línea salvavidas muy necesaria; para los sauditas, el fracaso de la campaña de «máxima presión» estadounidense contra Irán —principalmente debido a la alianza de la República Islámica con China y Rusia— y el inminente surgimiento de Irán como estado nuclear obligan a la distensión. Es muy probable que Arabia Saudita también se haya visto motivada por la perspectiva de poner fin a la guerra en Yemen, donde sufrió derrotas humillantes a manos de los hutíes, representantes de Irán. Con paz, el Reino podría centrarse en diversificar la economía para reducir el predominio del petróleo y los petroquímicos. 

Arabia Saudita, una economía que depende del comercio, solo puede prosperar en un contexto de paz y seguridad. Su apertura hacia Irán es parte de un arreglo regional mayor. Los Emiratos Árabes Unidos restablecieron las relaciones diplomáticas con Irán el año pasado y se espera que Bahréin los imite pronto. Turquía se ha comunicado tanto con Siria como con Israel, y los estados árabes parecen estar permitiendo que Siria —con el baazismo, su particular régimen laico y nacionalista— vuelva al redil. El mes pasado, el presidente sirio Bashar al-Ássad, rechazado y convertido en paria desde hace mucho, visitó los EAU, y hay expectativas de una reconciliación entre los sauditas y el «carnicero de Damasco».

 También en este caso, el principio rector fue el pragmatismo. Las situaciones distintas requieren políticas distintas, y en un momento en que EE. UU. —el archienemigo internacional principal de Ássad— se muestra menos asertivo en la región, Siria se ve como un socio legítimo. Pero nadie debiera esperar que la Liga Árabe reciba a Siria si solo se compromete a reducir el despliegue militar iraní en su territorio. Una característica clave de los matrimonios de conveniencia en Medio Oriente es que no conllevan cambios políticos que reflejen los intereses centrales de las partes. Irán no reducirá el apoyo a Hizbulá en el Líbano, independientemente de que tenga o no embajadas en Arabia Saudita. De igual manera, el acercamiento entre sauditas e iraníes no cambiará el hecho de que EE. UU. es el garante en última instancia de la seguridad de Arabia Saudita. Tampoco lleva a descartar un acuerdo de paz entre sauditas e israelíes, la familia Saúd siempre está interesada en diversificar sus opciones estratégicas.

 Antes de que pueda lograrse un acuerdo entre sauditas e israelíes, sin embargo, Israel tendrá que poner en orden su situación política, evitar escaladas en los territorios ocupados, congelar la expansión de los asentamientos y recuperar su relación con EE. UU. Más fundamental aún es que los israelíes deben entender lo que ya comprenden los árabes, turcos e iraníes: los acuerdos pragmáticos serán mucho mejores que la búsqueda de una imposible victoria total. El Acuerdo de Abraham, que normalizó las relaciones diplomáticas entre Israel, los EAU, Bahréin, Marruecos y Sudán, fue más el resultado de la presión estadounidense que de la experiencia diplomática israelí. Y, para sus nuevos socios árabes, la situación israelí ya se está deteriorando, no solo por la crisis local, sino también porque se negó a repensar su estrategia frente a Irán. Mientras que otros países de Medio Oriente se adaptan a las condiciones estratégicas actuales, Israel sigue comprometido con la «guerra entre sombras» contra Irán, con ataques encubiertos que incluyen acometidas con drones y ciberataques, además de ataques aéreos contra objetivos iraníes en Siria. A pesar de la plétora de matrimonios recientes, la falta de visión y coraje de los líderes israelíes implica que es poco probable que vayan a pasar pronto por el altar."                               (

22.3.23

Acuerdo de China EximBank con el Banco Nacional Saudí: comienza la desdolarización... y atestigua de forma incontrovertible la salida de Arabia Saudí de la órbita occidental y estadounidense para acercarse de forma preocupante (desde el punto de vista occidental) a Moscú y Pekín... supone un verdadero atentado contra la seguridad y el bienestar de EEUU y Europa... esa es precisamente la razón por la que Estados Unidos seguirá desgastando a Rusia en la guerra de Ucrania... estamos viviendo un momento histórico que probablemente cambiará la estructura de las relaciones internacionales trazando nuevas alianzas, nuevas rutas comerciales y nuevas formas de pago de bienes y servicios en todo el mundo

 "Cada vez es más evidente, incluso a los ojos de quienes quizá no siguen en profundidad los acontecimientos políticos internacionales, que estamos viviendo un momento histórico que probablemente cambiará la estructura de las relaciones internacionales trazando nuevas alianzas, nuevas rutas comerciales y nuevas formas de pago de bienes y servicios en todo el mundo.

No me parece descabellado afirmar que la noticia que más da idea de la enormidad de los cambios que se están produciendo es la de la reanudación de las relaciones diplomáticas entre Irán y Arabia Saudí. Este anuncio se produjo tras cuatro días de conversaciones celebradas entre el 6 y el 10 de marzo en Pekín. La noticia, ya de por sí asombrosa, de la reconciliación entre los dos gigantes islámicos -el suní y el chií- cobra aún más importancia por el lugar donde se celebraron las conversaciones: Pekín. Obviamente, fueron patrocinadas por el gobierno de la República Popular China, que se presenta a los ojos del mundo en el papel de "Gran Pacificador", quizá también en contraste con el papel de "Gran Belicista" que se atribuye fácilmente a Washington.

Según el Washington Post, el Acuerdo de Pekín se redactó en farsi, árabe y chino, y no en inglés, lo que simbólicamente pone en tela de juicio la hegemonía anglosajona, también desde el punto de vista lingüístico. No sólo prevé la reanudación de las relaciones diplomáticas entre Riad y Teherán, sino también inversiones, cooperación en la extracción de gas en los yacimientos del Golfo Pérsico y, sobre todo, un compromiso recíproco para estabilizar el conflicto en Yemen, donde Irán y Arabia Saudí se enfrentan de hecho tras las facciones locales.

Como es fácil adivinar, este acuerdo no sólo es histórico para las relaciones en el mundo islámico, sino también un verdadero triunfo para la diplomacia china, que aumenta cada vez más su influencia en Asia, Oriente Medio y África, situándose así en un nivel de liderazgo a la altura de Estados Unidos, si no -incluso- en un nivel superior.

Por si la noticia del acuerdo entre Teherán y Riad no fuera suficientemente perturbadora, ayer el EximBank de China anunció que había llegado a un acuerdo con el Banco Nacional Saudí (el mayor banco saudí) para emitir un bono denominado en yuanes con el fin de facilitar la cooperación financiera entre Arabia Saudí y China Popular en el marco de la Iniciativa china Belt & Road (BRI), permitiendo así la financiación del comercio en la ruta de la nueva Ruta de la Seda planeada por Pekín (1). Se trata del primer acuerdo de este tipo entre Arabia Saudí y China Popular desde la visita de Xi Jinping a Riad en diciembre de 2022, que concluyó con el anuncio de una asociación estratégica en la que también estaba claramente escrito que el comercio bilateral pasaría progresivamente a utilizar el yuan en lugar del dólar.

 Y esta emisión de bonos es la primera manifestación concreta de la asociación que resultó de la visita de diciembre, precisamente porque el bono se denominó en yuanes y no en dólares ni en ninguna otra moneda occidental. Es un hecho de trascendencia histórica, porque sanciona el fin del monopolio del dólar en los asuntos de Arabia Saudí, que, recordemos, no es un país como los demás, sino el país garante de la existencia de lo que informalmente se denomina el petrodólar, que se basa en el hecho de que Arabia Saudí cobraba hasta ahora su petróleo en moneda estadounidense y reinvertía la inmensa mayoría de su riqueza en Estados Unidos y Occidente.

Cada vez más, el mundo que nació del famoso anuncio de Richard Nixon en agosto de 1971 de que el dólar no era convertible en oro y que se basaba en el eje entre Riad y Washington con la denominación de los precios del petróleo en dólares está llegando a su fin y avanza hacia una desdolarización al menos parcial.

En otras palabras, el antiguo eje Riad-Washington está siendo sustituido por el eje Riad-Pekín con la adición de Moscú, que ahora está sustituyendo el dólar por el yuan, no sólo en las transacciones comerciales internacionales, sino también en el ahorro interno con la oferta por parte de los bancos rusos a sus clientes de productos financieros denominados a menudo en yuanes (2).

El eje tripartito entre Pekín, Moscú y Riad también es cada vez más evidente por la coordinación entre saudíes y rusos sobre la producción de petróleo decidida en el seno de la Opec y el abandono de la estrecha colaboración entre el complejo militar-industrial estadounidense y europeo y el holding saudí fabricante de armas Scopa. Un movimiento este en beneficio de las empresas chinas y rusas del sector, que han sustituido a las estadounidenses como socios técnicos de Scopa (3).

Todos estos son signos que atestiguan de forma incontrovertible la salida de Arabia Saudí de la órbita occidental y estadounidense para acercarse de forma preocupante (desde el punto de vista occidental) a Moscú y Pekín. Se trata de un hecho geopolítico de trascendencia histórica que está sacudiendo globalmente las relaciones internacionales y, para ser precisos, también la economía mundial, ya que la desdolarización no pactada con Washington supone un verdadero atentado contra la seguridad y el bienestar de EEUU y Europa. Y esa es precisamente la razón por la que Estados Unidos y sus vasallos occidentales seguirán desgastando a Rusia en la guerra de Ucrania (quizás incluso esperando a abrir otro frente en el Cáucaso Sur) y provocando a China a propósito de Taiwán."      
            (Giuseppe Masala , L'Antidiplomatico, 17/03/23; traducción DEEPL)

9.11.22

Lo que faltaba... los embajadores de la UE llegaron a un acuerdo que crea la base legal para establecer un precio topado para el precio del petróleo ruso.... pero Rusia ha movido ficha en el marco de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), así sus miembros acordaron un ajuste a la baja en la producción global, de dos millones de barriles diarios a partir de noviembre... Los precios del crudo podrían alcanzar los 100 dólares por barril, desde los 94 euros actuales... Karine Jean-Pierre, portavoz de la Casa Blanca, calificó la decisión de los productores como un favor a Rusia... pues todo bien

 "En la noche del martes los embajadores de la UE llegaron a un acuerdo que crea la base legal para establecer un precio topado para el precio del petróleo ruso. Forma parte del octavo paquete de sanciones propuesto por las instituciones europeas desde que Rusia invadió Ucrania. De este modo, la UE adopta la medida que había propuesto el G7, grupo que engloba a las grandes economías euroatlánticas, y que habían criticado distintos países con puertos de mar, muy especialmente Malta, Grecia y Chipre, en cuanto supondrá una merma de sus ingresos. (...)

La medida fue avanzada en septiembre por el grupo de los siete (formado por Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y Reino Unido) que tiene pendiente definir el precio real o el rango de precios del límite propuesto. El objetivo es que la bajada obligatoria de precios disminuya los ingresos del Gobierno ruso por la presión en el mercado a favor de los descuentos que pueda ejercer uno de los grandes compradores de petróleo ruso, China. Según ha publicado Reuters, el rango estaría entre 40 —el coste marginal al que lo produce Rusia— hasta 60 dólares por barril de crudo.

Sin embargo, ante la más que posible entrada en vigor de este acuerdo, Rusia ha movido ficha en el marco de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP). Este grupo, formado por los países productores de cuatro de cada diez barriles, que acumulan el 80% de las reservas mundiales, está encabezado por Arabia Saudí, mayor productor mundial de petróleo, que también controla las reservas.

Reunidos en Viena el 5 de octubre, los miembros de la OPEP acordaron un ajuste a la baja la producción global de dos millones de barriles diarios a partir del próximo mes de noviembre, sobre el volumen actual limitado a 43,85 millones de barriles diarios, que no aplica a Venezuela, Irán y Libia. Se trata de una medida que contrarresta el tope aprobado por el G7, visto como un peligroso precedente por los países alineados en la OPEP.

La decisión fue tomada, según la organización de productores “a la luz de la incertidumbre que rodea a las perspectivas de la economía mundial y el mercado del petróleo” y para mejorar “la orientación a largo plazo para el mercado del petróleo”. Los precios del crudo podrían alcanzar los 100 dólares por barril según una fuente citada por Bussiness Insider; actualmente el barril de Brent está en torno a los 94 euros, su precio más alto desde el 14 de septiembre pero lejos de los 128 euros a los que se llegó a situar en marzo.

Nuevas amistades

Esta reducción de la oferta ha sido interpretada por el Gobierno de Estados Unidos como un favor a Putin de parte del flamante primer ministro de Arabia Saudí, el príncipe heredero Mohamed Bin Salman. Karine Jean-Pierre, portavoz de la Casa Blanca, calificó la decisión de los productores como un favor a Rusia.

Aunque a priori el escenario de mayor oferta favorece a un país productor como Estados Unidos, el espaldarazo de la OPEP a Rusia supone un problema para la Administración de Joe Biden que, al margen de las sanciones a Rusia que ha promovido, basa su política interna —y las opciones de los demócratas en las elecciones mid term de noviembre— en contener los precios de la gasolina en el escenario de inflación.

Biden ha pedido “que sigan bajando los precios de los surtidores” a las empresas energéticas que, a pesar de la hostilidad manifiesta hacia el Demócrata han obtenido beneficios récord durante su mandato. Además, su administración ordenará al Departamento de Energía que libere otros 10 millones de barriles de petróleo de la Reserva Estratégica de Petróleo el próximo mes.

Tras 99 días consecutivos de descenso en el precio del galón en Estados Unidos, el aumento del precio en la última semana y la “promesa” por parte de la Casa Blanca de seguir dirigiendo sus productos energéticos a Europa son una amenaza política, en especial en Estados en disputa como Arizona o California.

Al margen del impacto interno de la ofensiva aprobada por los productores sobre Estados Unidos y la Unión Europea, el movimiento de Arabia Saudí cobra especial relevancia por la tradicional alineación de intereses entre Riad y Washington. La diplomacia saudí, recordaba esta semana The Guardian, no ha condenado la invasión de Ucrania iniciada en febrero, del mismo modo que el Gobierno ruso tampoco ha hecho declaraciones sobre la invasión de Yemen, iniciada en 2014."               (Pablo Elorduy, El Salto, 07/10/22)

23.3.20

El “niet” ruso, la trampa saudí y un Nuevo Orden de Petróleo

"El 6 de marzo, Rusia sorprendió a la OPEP al rechazar la propuesta del Reino de Arabia Saudí (RAS) de disminuir la producción en millón y medio de barriles por día (mbd) ante la desaceleración de la economía en Europa y EEUU y la brusca caída de la demanda en China, hasta un 20%, agravadas por el brote del coronavirus. Como resultado, los precios se derrumbaron en un 30%, la mayor caída desde la segunda guerra del Golfo Pérsico en 1991, situándose en torno a los 32 dólares.


Los jeques saudíes enfadados reaccionaron de modo aún más sorprendente, casi "antinatural": anunciaron inundar el mercado, con más crudo y más barato, ofreciendo un descuento de 5 dólares a los compradores asiáticos, 6 a los estadounidenses y 8 a los europeos, clientes tradicionales de Rusia; anunciando además que a partir del 1 de abril los miembros de la OPEP pueden producir la cantidad de petróleo que deseasen(¡otra cosa es venderla!), a pesar de que el mercado está sobre abastecido y las posibilidades de almacenar -conocido como "contango"- tampoco son infinitas.

Así, Moscú apuso fin (provisional) al juego de la "Ruleta rusa" de cooperar con la OPEP, iniciada en 2016, cuando pactaron recloratr la producción para subir los precios, que habían caído de unos 80 dólares a la mitad. Lo cierto es que, ayunque Moscú hubiera aceptado estos recortes, los precios no habrían subido mucho.


Tenido en cuenta que el precio del petróleo lo determina la política que no la ley de oferta y demanda del mercado, veamos los motivos de las dos superpotencias energéticas que juntos producen 21 mbd de crudo.


Los motivos reales de los saudíes
  1. Arruinar la economía rusa, beneficiando, de paso, al petróleo esquisto de su aliado estadounidense, que tuvo compasión con RAS tras el vil asesinato de Khashoggie, y cumplió con su gran petición que fue imponer sanciones de su archienemigo Irán. Riad hizo lo mismo en noviembre del 1986, bajando los precios en un 75%, ¡10 dólares el barril!, asestando un golpe mortal a la economía soviética que en parte por ser planificado no puedo reaccionar. Para ver hasta qué punto este mercado es político, el 5 de julio del 2018, un Donald Trump preocupado por los votos en las elecciones parlamentarias del noviembre y el precio del barril 85 dólares, ordenó al rey Salman "¡Bajad el precio del petróleo ahora!", y ante la negativa de Riad le amenazó: "Podría no estar [en el trono] en dos semanas". Y su majestad tuvo que bajarlo a 67 dólares.
  2. Ante la crisis económica actual y la volatilidad del mercado, Ras pretende recuperar su liderazgo.
  3. Reducir el espacio del petróleo esquisto de un EEUU, que ya produce 13.1 mbd de los que exporta 4.15 mbd.
  4. Hundir aún más a su archienemigo Iraní, que encima sufre una brutal sanciones de EEUU sobre su industria petrolífera.
Los motivos de Rusia
  1. Mandar a la quiebra la industria del esquisto bituminoso de EEUU, que con la actual tecnología no podrá sobrevivir con precios por debajo de 45 dólares.
  2. Capturar los clientes de EEUU.
  3. Reducir la capacidad de Washington en imponer sanciones a Rusia: la construcción casi terminada del gaseoducto Nord Stream 2, que llevaría el gas ruso a Europa, sigue paralizada.
  4. Ampliar su clientela, tener en cuenta la ausencia de Irán y Venezuela en el mercado, así como las interrupciones en los suministros desde Nigeria y Libia.
Consecuencia de esta guerra de precios
  1. Esta guerra de precios puede provocar la quiebra y/o la fusión forzada de los productores del petróleo esquisto de EEUU, y enviar al paro de miles de sus trabajadores en un año electoral para Donald Trump, cuya política energética difiere de sus antecesores. El presidente ha ordenado al Departamento de Tesoro comprar abundantes cantidades del petróleo barato para la Reserva Estratégica de Petróleo con el fin de asegurarse el apoyo de los multimillonarios Chevron y ExxonMobil, que no a cientos de pequeños y medianos inversores de esquisto altamente endeudada o en bancarrota sólo en Tejas. Para más inri, lo ha hecho cuando el coronavirus está atacando y una mayoría de la población de su país carece de un seguro médico. Según Greenpeace esta compra podría costar los 2.6 mil millones de dólares cuando la ayuda para las familias trabajadoras que serán afectadas por el COVID-19 serían unos 1.7 mil millones.
  2. Un mayor déficit presupuestario en el RAS: Aunque el coste de la producción del petróleo del país ronda sobre 3 dólares por barril, el reino -que ya sufre un déficit fiscal de 50.000 millones de dólares-, necesita un precio de curdo de al menos 80 dólares no sólo para equilibrar su presupuesto, sino también para continuar con la matanza de los yemeníes. Es más, tendrá que enfrentarse con un descontento social que va en aumento. La detención de la semana pasada de unas 300 personas, entre príncipes, militares y funcionarios, muestra la frágil poder de los jeques.
  3. La caída libre de las acciones de Saudí Aramco (que el año pasado sufrió un extraño atentado) en un 9%, situándose por debajo de su precio de oferta pública inicial. Entre sus efectos: a) el descontento de miles de ciudadanos, un 20% de la población, que compraron las acciones, algunos pidiendo incluso préstamo para convertirse en el inversor de la empresa; b) tener que prolongar las medidas de austeridad en los salarios de los trabajadores; c) golpe al prestigio, si lo tuvo alguna vez, del heredero Mohammad Bin Salman, promotor de la ambiciosa Vision 2030, proyecto de grandes infraestructuras que iba a reducir la dependencia del país al petróleo y ahora se queda sin ingresos suficientes para su financiación. Este movimiento pormovido por un príncipe gafe y perdedor, que destruye todo lo que toca, contra un veterano y astuto ajedrecista como V. Putin ha sido una estrategia demasiada arriesgada: a ver se sobrevive a ello.
  4. A pesar de que Rusia ha reducido parte de su dependencia a la renta del petróleo, y desde el 2018 basa su presupuesto en los 45 dólares el barril (RAS lo habia hecho sobre los 65 dólares), los precios bajos no sólo perjudicarán a su economía sino a la propia persona del presidente Putin; fue gracias al auge del precio del petróleo en la década de 2000 que consiguió importantes reformas económicas y el apoyo de su pueblo. Ahora que aspira gobernar hasta 2036 necesita un barril por encima de 60 dólares.
  5. Perjudica enormemente a Irán, que sufre unas brutales sanciones de EEUU sobre su industria petrolífera. Ha solicitado 5.000 millones de dólares al FMI para luchar contra el coronavirus que si los obtiene, serán parte de la maldita deuda de un país inmensamente rico a las instituciones financieras.
  6. Asesina directamente a la OPEP, por tres razones: a) Ahora, cada miembro podrá ir por libre, b) sus miembros perderán miles de millones de beneficio y c) Separa a Rusia del cartel.
  7. Benéfica a China, que consume 13% de los barriles de petróleo que produce el mundo, y tiene tanto a Rusia como a RAS entre sus proveedores.
La guerra de Arabia Saudí contra Rusia, y la de Rusia contra EEUU pueden intensificarse provocando nuevos cambios en el mapa geopolíticos de energía hasta establecer un "nuevo orden petrolero" que se presenta lleno de incógnitas."                      (Nazanín Armanian, Público, 18/03/20)

8.7.19

“Bombardear Irán” ha sido una exigencia del Reino de Arabia Saudí (RAS) a EEUU desde hace años. Arabia Saudí-lrán: los ocho motivos de un odio “sunnita-chiita” poco religioso

"Bombardear Irán” ha sido una exigencia del Reino de Arabia Saudí (RAS) a EEUU desde hace años. Para conseguirlo, contribuyó a la campaña electoral de Donald Trump, invirtió ingentes millones en la economía militar de EEUU, e incluso adaptó el suministro del petróleo de la OPEP al mercado mundial a los intereses de Washington. ¿Piensa que el presidente de EEUU tiene “un precio” o es su sicario?

Pero, ¿Por qué el principal país islámico-sunnita del mundo, Indonesia, mantiene buenas relaciones con la República Islámica-chiita de Irán pero el RAS sueña con convertirlo en un montón de cenizas?
  1. Pasan catorce siglos de la invasión de los árabes procedentes de las actuales tierras de Arabia Saudí a un Imperio Persa agotado y decadente. Ni las bolas de cristal de su rey de reyes le avisaron del devastador ataque que iba a destruir Irán del único espacio a su alrededor que no conquistó (por desértico), ni del Oro Negro que ocultaba bajo sus arenas. Durante los dos siglos del dominio árabe sobre Irán, sucedieron numerosos movimientos populares y políticos para expulsar a los ocupantes del poder. Aunque lo consiguieron, y un Irán cristiano, mitraísta, budista y zoroástrico fue islamizado, se negó a arabizarse, manteniendo su lengua, su cultura y sus milenarias tradiciones, los derrotados se atrevieron a iranizar el islam: crearon el chiismo, marcado por algunos elementos de la mitología persa, como los 12 apóstoles del Ormuz y la llegada de un Salvador cuando el mundo llegue a su fin. Así, en 1501 el chiismo sale de la clandestinidad para convertirse en la religión oficial del Estado, desbancando el sunismo («Tradicionalismo»). Será por decreto ley a mano del guerrero azerbaiyano Ismael I (1487 – 1524), fundador de la dinastía Safávidas «Los sufles».
El objetivo de Ismael I, hijo de la princesa Marta (nieta de la griega Teodora), al fusionar dos identidades, -la “iraniedad” y el “chiismo”- fue levantar una rígida frontera con el principal enemigo de Irán: los “turcos-sunnitas” del imperio otomano (los árabes se encontraban bajo el dominio turco). Ser iraní-chiita era y es una identidad única, que no se encuentra en otro estado. 

El afán de derrotar a los otomanos fue tal que el monarca Shah Abbas I Safávidas (1571 — 1629) buscó alianza en la Europa cristiana: envió una delegación a la corte de Felipe III, para negociar un posible pacto. El viaje tuvo una curiosa anécdota: uno de los integrantes de la comitiva, Uruch Beg, apodado “el Don Juan de Persia” fue asesinado en Valladolid, por causas desconocidas. 

De hasta qué punto la religión es un instrumento del poder, y los pueblos no eligen su credo, aquí otro dato: en 1736, Nader Shah (1688 —1747), el rey de Irán suspendió el chiismo como la religión oficial del estado, y además lo declaró una escuela más del sunismo; pretendía así pacificar las relaciones con el vecino otomano, aunque tuvo que retroceder, debido a la resistencia del alto clérigo chií, que no estaba dispuesto a sacrificar su estatus y sus intereses ni por una causa suprema. La batalla entre estas dos identidades incompatibles tuvo su máxima manifestación durante el reinado de Reza Pahlavi (1925- 1941). 

Su golpe de estado coincide con el inicio de la formación del RAS. La dictadura Pan-Iranista de Pahlavi es modernizadora, semilaica, y anti-árabe, y en el centro de sus reformas capitalistas está una visceral lucha contra la casta clerical, considerada en la milenaria literatura persa símbolo de la corrupción moral, hipocresía y gandulismo. Los castigos crueles de este rey a los opositores -sobre todo a los comunistas e intelectuales progresistas–, alcanzaban también a los clérigo islámicos: son sometidos a “khal-e lebas” («despojados de la sotana»), y serán afeitados en público de barba y bigote (símbolos de la hombría). 

Aquel rey desmanteló los tribunales religiosos, reformó la Ley de Familia, abrió universidades, promovió el cine, teatro, música, aunque la joya de su corona fue en 1935 prohibir el velo como un paso decisivo del tránsito social de la Edad Media al siglo XX, dejando que las mujeres entrasen en el mercado de trabajo en los centros académicos, artísticos y científicos. Cambiar el nombre de Persia por el de Irán, «la Tierra de los Arios», en la Sociedad de Naciones fue la culminación de su afán de recuperar la “grandeza” del Irán preislámico

En el RAS, el proceso político es al revés: nace como resultado de la alianza entre la tribu Al Saud y la escuela fundamentalista wahabí. No habrá un “estado” con sus instituciones, sino una empresa privada perteneciente a una familia de corte feudal, cuya ambición no irá más allá de aumentar el peso del oro de sus propiedades.

En esta época, las relaciones entre ambos países son tensas. Los ataques a los peregrinos iraníes en la Meca por los saudíes (que consideran al chiismo una herejía) e incluso la decapitación de uno de ellos, harán que Teherán cierre la embajada de Arabia en Teherán y prohíba a los creyentes iraníes viajar a la ciudad santa.

El protagonismo de EEUU en la región, después de la Segunda Guerra Mundial, forzará a Mohammad Reza Pahlavi y al rey Faisal a acercarse: estarán unidos por la lucha anticomunista y crearán instituciones islámicas globales, como la Organización del Congreso Mundial Islámico, La Liga Mundial de Musulmanes y la Organización de la Conferencia Islámica. El número de mezquitas en Irán se dispara en la década de los 1970 como una barrera para frenar el aumento de la simpatía de los jóvenes hacia los postulados de la izquierda.

Richard Nixon convertirá a Irán y a la RAS en “Twin Pillars” (Doble pilar) de los intereses de EEUU en la región más petrolífera del mundo. El Sha será el encargado de hacer de “Gendarme del Golfo Pérsico”: así recupera para Irán las tres islas de Gran Tomb, Pequeño Tomb. y Abu Musa, que habían sido ocupadas por Gran Bretaña en el siglo XIX y cedidas a los Emiratos Árabes en 1968, y a petición de los ingleses enviará en 1973 al ejército iraní a Omán, para aplastar a la guerrilla marxista de Dhofar, que soñaba con un segundo país árabe socialista (el primero fue Yemen del Sur. La amistad de los sultanes de Omán con Irán perdura hasta hoy.

Múltiple impacto de la caída del Sha sobre Riad
  1. La caída del “último emperador” de Irán en 1979, y sobre todo el fin de la monarquía milenaria más poderosa de la región, provocará pánico en Riad, que teme su efecto mariposa. En la región, las repúblicas iban ganado terreno a las monarquías caducas: antes de Irán, Afganistán (1973), Libia (1969), Yemen (1962), Irak (1958) y Egipto (1952) derrocaron a sus reyes.
  2. Que el sistema político de Irán, al contrario de otras repúblicas semiseculares del “mundo islámico”, se proclamase “islámico” presentaba un nuevo desafío a Riad: por primera vez tendrá un competidor. El ayatola Jomeini no era ningún “republicano”. Su propuesta inicial fue instaurar un okumat-e eslami «Estado islámico), un califato religioso a la semejanza del gobierno de Mahoma. Fue la presión de millones de iraníes que exigían una república, para poder elegir y cambiar al jefe de estado, lo que obligó al ayatola a poner el adjetivo de “república” a una criatura sin precedentes en la historia: un califato dirigido por un clérigo todo poderoso y no elegido que gestionará Welayat-e Faghih, la «Tutela del Jurista Islámico», con capacidad legal de suspender el parlamento y al presidente “electo” (que debe ser varón, chiita, y fiel al Tutor), y en un sistema basado en la Sharia  chii , en el que los habitantes del país tendrán derechos distintos en virtud a su sexo, nacionalidad, religión y la fidelidad hacia el “Tutor”, figura que, por razones desconocidas, es denominada por la prensa occidental como “Líder espiritual”.
  3. Que Jomeini presentase el nuevo estado como una república “islámica; que no “chiita”, y tachara a los saudíes de ” adulterar el islam”, de “ser peones de Israel y de EEUU”, “infieles” o “corruptos y criminales”, arrebataba el monopolio que reclamaban los Saud sobre los “musulmanes sunnitas” del mundo, que son cerca del 80% de la comunidad.
  4. Una comparación rápida entre la RAS y la RI transmitía la idea de que el islam iraní permite el arte, las elecciones, o ciertas libertades a las mujeres, sin tener en cuenta la historia del propio país (que incluso tuvo ministras antes de la RI), presentando a la teocracia saudí como sistema menos desarrollado que la chiita. Al ser Irán un país más avanzado que RAS, sus fundamentalistas también los son.
  5. La carga “social” de la revolución iraní, recogida por Jomeini, quien en un principio, y bajo la gran influencia de la izquierda iraní, prometió justicia a los “desheredados”, introduciendo el factor “lucha de clases” en la comunidad religiosa, que suele dar prioridad a la fe del creyente frente a su cuenta bancaria. Sobre la marcha, se descubrirá que el ayatolá se refería a la “igualdad de los musulmanes ante dios”, insistiendo en que la “propiedad es sagrada en el islam”; y para disipar dudas, en respuesta a los trabajadores que pedían una vida digna sentenció: “preocuparse por el estómago (o sea, la economía) es cosa de animales”. Al final no hubo una teología chiita de liberación, confirmando el principio de que la justicia social es posible sólo en un sistema socialista de producción y distribución justas de los recursos, y sólo bajo la dirección de las fuerzas de izquierda.
  6. El aumento de la influencia de la RI en la región pondrá en jaque a los saudíes, que además, tienen fieles al chiismo en su propio país, que para más inri habitan la región más petrolífera del país.
  7. El intento de la RI en desarrollar un programa nuclear. En 2002, el Consejo de Seguridad de la ONU impone duras sanciones contra Irán.
A partir de la RI, las batallas en la región, que tenían tinte nacional (árabe-israelí, irano-árabe, etc.), pasarán por primera vez por líneas religiosas chiita-sunnita, dividiendo aún más a los trabajadores de la región frente a sus enemigos. Palestina fue la primera víctima de esta nueva situación. La Organización para la Liberación Palestina perderá su fuerza: además de luchar contra la ocupación israelí debe protegerse de los ataques de grupos religiosos patrocinados por la RI y RAS.
La respuesta de Riad al desafío de la RI
  • Financiar la guerra de Sadam Husein contra Irán entre 1980-1988.
  • Fundar el Consejo de Cooperación del Golfo en 1981 como sistema de seguridad “anti-chiita”, y promover con EEUU una “OTAN sunnita”.
  • Consolidar su control sobre el precio del petróleo y la OPEP.
  • Impedir, junto con Turquía e Israel, que en Irak los iraníes pudiesen aprovechar el “error” de Bush de implantar un gobierno chiita tras derrocar al sunnita Saddam Husein. Es la primera vez que Irán obtiene una influencia de envergadura en un país árabe.
  • Enviar a miles de “Yihadistas” a Siria, para derrocar a Bashar al Asad el único aliado de la RI en la región.
  • Planear en 2009 el desarrollo de un programa nuclear, mientras “ayuda” a Pakistán para mantener su bomba atómica.
  • Pedir a los gobiernos de Bush y de Obama bombardear Irán.
  • Patrocinar la campaña electoral de Trump a cambio de que rompiese el acuerdo nuclear de EEUU firmado en 2015, a pesar de beneficiar a Arabia (y a Israel), pues el levantamiento de las sanciones económicas sobre Irán fue el último golpe a las esperanzas de los saudíes de una acción bélica de Washington contra Irán. El acuerdo permitía a Teherán normalizar su relación con el mundo, aumentar sus mercados, y también su zona de influencia en perjuicio de sus competidores regionales, justo cuando Arabia estaba sufriendo un déficit presupuestario de 87.000 millones de dólares y planteaba vender ARAMCO, su empresa estatal de petróleo y gas. Según el FMI, el país árabe puede quedarse sin activos financieros en pocos años. Le urgía a Riad, que se ha convertido en el primer comprador de armas del mundo, hacer desaparecer a Irán como potencia. Y para ello, ha empezado por pagar millones de euros a la prensa y a “Google” para borrar el adjetivo “Pérsico” al golfo que lleva este nombre, antes de la aparición de Arabia, cuando la antigua Grecia lo denominaba “Limen Persikos”. De allí “la Guerra del Golfo”, de un golfo sin nombre y ubicación geográfica.
Y estas no son las únicas amenazas percibidas por Riad:
  • Los extremistas sunnitas le acusan de ser poco islámico. permitir en las tierras sagradas del islam, por ejemplo, piscinas mixtas en la base militar de EEUU.
  • Los sectores liberales “sunnitas” -como el periodista Jamal Khashoggi, las mujeres feministas y jóvenes seculares, como el bloguero Raif Badawi o el poeta palestino Ashraf Fayadh, acusados de apostasía.
  • Y del propio EEUU, que le amenazó con eliminarle en dos semanas.
Pasa un siglo del Tratado de Sykes-Picote, que repartió Oriente Próximo entre las superpotencias del momento, Francia y Gran Bretaña. Ahora EEUU busca una nueva arquitectura geopolítica que garantice sus intereses a largo plazo en esta estratégica región del planeta, y Arabia Saudí no es más que una herramienta en sus manos en ejecutar este proyecto.

 Este conflicto entre las dos teocracias está tenido lugar en el Estrecho de Ormuz, y en  el suelo de terceros países como Irak, Siria, Líbano y Afganistán: se trata de un juego  de suma cero, y no sólo por la incompatibilidad de sus intereses, sino también por su mirada metafísica que distorsiona la realidad que les rodea."                   (Nazaním Armanian, Público, 30/06/19)

5.11.18

La familia de Ben Salman se jacta de tener “en el bolsillo” a Jared Kushner, el yerno de Trump y el hombre de Israel en la Casa Blanca, porque habían comprado una planta de la Torre Trump y uno de los yates del magnate para sacarle de un apuro económico en los años noventa. De allí el “Amo a los saudíes” del presidente. Ben Salman secuestró a 200 príncipes en el hotel Ritz de Riad, y les obligó con palizas y torturas a entregarle cientos de miles de millones. Antes de la llegada de Khashoggi de EEUU a Turquía, el MI6 conocía los planes de Ben Salman para su secuestro; también Washington Post publica que la inteligencia estadounidense conocía este plan. Es posible que el heredero haya caído en una trampa

"(...) La élite de la superpotencia ha abandonado al falso heredero y el golpista Mohammed Bin Salman (MBS)  – apodado “Mohammed Bone Sawman” (en referencia al uso de sierra de hueso utilizada para desmembrar a Khashoggi), aprovecha la incapacidad del presidente para gestionar la primera gran crisis en las relaciones entre EEUU y el Reino de Arabia Saudí (RAS), y el fracaso de Mike Pompeo en convencer a los turcos en encubrir juntos el atroz asesinato. 

Este tipo debe marcharse” sentenció el senador republicano Lindsey Graham. Los adversarios demócratas de Trump, en la víspera de los comicios parlamentarias de noviembre, pretenden utilizar las relaciones del presidente (ya tachado de poco menos que “agente de Rusia” y pervertido sexual) con los “asesinos saudíes” para forzar su dimisión. 

La familia de Salman, que se jacta de tener “en el bolsillo” a Jared Kushner, el yerno de Trump y el hombre de Israel en la Casa Blanca, habían comprado una planta de la Torre Trump y uno de los yates del magnate para sacarle de un apuro económico en los años noventa. De allí el “Amo a los saudíes” del presidente.

El crimen mal planeado y peor ejecutado de Khashoggi, el hombre de la Hermandad Musulmana (HM), rival del wahabismo, y quien en una entrevista había afirmado que “Los saudíes merecemos algo mejor” que los actuales gobernantes, ha sido la copa de nieve necesaria para producir el alud que está arrollando la familia de Samlan. 

Decía Friedrich Engels, al explicar la “Ley del tránsito de la cantidad a la cualidad”, que cuando unos cambios cuantitativos adquieren un nivel crítico, se produce inevitablemente un cambio cualitativo.

 Y hay un antes y después de Khashoggi en la historia de RAS.

Afirma el diario británico Express que tres semanas antes de la llegada de Khashoggi de EEUU a Turquía, el MI6 conocía los planes de MBS para su secuestro; también Washington Post publica que la inteligencia estadounidense conocía este plan. 

Es posible que el heredero haya caído en una trampa parecida a en la que EEUU tendió a Sadam Husein en 1990: el 30 de julio Sadam informó a la embajadora de EEUU en Bagdad April Glaspie de su intención de invadir Kuwait. Ella le respondió que su país no tiene ninguna opinión respecto a los conflictos inter-árabes (¿una luz verde?). 

Luego, el secretario de Estado adjunto, John Nelly, a la pregunta de si EEUU ayudaría a Kuwait en caso de un ataque de Irak, responde: No tenemos tratados de defensa con ningún país del Golfo”. Bush padre, iba a sacrificar a Irak en una devastadora agresión para agradecer a los dioses el fin de la Unión Soviética y anunciar sobre las cenizas de Irak el  Nuevo Orden Mundial.

La CIA apoya al que fue el verdadero príncipe heredero Mohammed bin Nayef, , en arresto domiciliario desde el 2015. Es consciente de que MBS no tiene el apoyo de la Guardia Nacional de Arabia Saudí (SANG), en el que EEUU ha destinado 4.000 millones de dólares para su “capacitación”, ni del clérigo wahabita, ni de los tres miles príncipes (a unos 200 de ellos les secuestró en la peculiar Noche de Cristales Rotos Saudíes, en el hotel Ritz de Riad, y les obligó con palizas y torturas a entregarle cientos de miles de millones), ni mucho menos de millones de hombres y mujeres jóvenes que sueñan con un país moderno.

 El declive de la economía, se agrava con la fuga de capitales y de cerebros y la paralización de la salida a la bolsa de la petrolera estatal Aramco, debido a la incapacidad del régimen de presentar unas cuentas transparentes.

Mohammed, de 33 años, ha desmantelado el gobierno tradicional, concentrando la totalidad del poder en sus manos. El caso Khashoggi ha revelado la farsa de la estabilidad del reino bajo el mando del “reformador” MBS: recuerda las palabras Jeimmy Carter en diciembre de 1977 cuando calificaba al Irán del Sha como una “isla de estabilidad”. Un año después, el Sha preparaba las maletas.
Choque entre dos modelos

Si bien es cierto que EEUU para preservar su hegemonía sobre el Golfo Pérsico debe asociarse con Arabia Saudita o con Irán, también lo es que la caída del régimen del Sha en 1978 ha generado serias discrepancias en establishment de EEUU acerca de cómo hacerlo, en una región que 1) es la principal reserva mundial del petróleo y gas, y 2) está próximo a las dos capitales rivales: Moscú y Pekín, y muy lejos de Washington.

Una facción apuesta por reconfigurar el mapa de la zona, destruyendo los países poderosos y convertirlos en mini estados controlables mediante devastadoras guerras, la ocupación militar, y un regreso al colonialismo. Línea representada por los Bush, Clinton y Trump, que hoy pretende:
  • Contener a Irán. Trump es el único presidente de EEUU que ha realizado su primer viaje al extranjero, visitando a Riad y Tel Aviv, los archienemigos de Irán, y está promoviendo una “OTAN sunnita” para una guerra “delegada” contra los persas, a los que ha impuesto un embargo de petróleo con la esperanza de que los saudíes consigan llenar el vacío que dejaría Irán en el mercado.
  • Dividir a los propios países “sunnitas”: el Caso Khashoggi ha aumentado la tensión entre Ankara y Riad. Ahora, Erdogan – quien sabe dónde está el cuerpo de Khashoggi-, busca un acercamiento a Washington y hace que el péndulo de poder regional se incline hacia Turquía. No hace mucho, Trump también provocó un conflicto entre Arabia y Qatar, y sólo invocó la paz cuando recibió del pequeño país un cheque por el valor de 12.000 millones de dólares para la compra de 36 aviones F-15. La política de Trump ha sido fortalecer el eje Riad-El Cairo- Dubái, y enfrentarlo a Ankara-Doha, gobernados por la HM.
  • Sacar miles de millones de dólares de los saudíes, con amenazas: sólo un día antes del asesinato de Khashoggi, Trump advirtió al rey Salman: “Sin nosotros no duraríais ni dos semanas”, ya que Riad se había negado bajar los precios del petróleo. Tras el crimen de Estambul, el destino del régimen de Arabia Saudita está completamente en manos del presidente de EEUU. Además, Washington no estaba nada contento con la visita de Salman a Moscú el octubre del 2017: ¿había tratado con Vladimir Putin desvincular el petróleo del dólar? ¡Ni se le ocurra! Trump miente al decir que las posibles sanciones a Arabia pondrían en peligro su contrato de 110.000 millones de dólares en ventas de armas, y empujarán a Riad a comprarlas de Rusia o China: este “contrato” fue negociado con Obama y aún está por concretar. Además, RAS sí o sí tendrá que comprar armas a EEUU dentro de al menos diez años, rehén de los recambios, municiones, entrenamiento, etc. que necesitará para sus aviones y misiles y que ningún otro país se los podrá suministrar. Lo que le preocupa al presidente es la ingente comisión que cobran los intermediarios de estos contratos.
Frente a esta política, la facción liderada por Barak Obama– quien calificaba a los saudíes de “llamados aliados“-, considera a la Casa Saud socios venenosos que perjudican los intereses de EEUU, y aboga por un equilibrio entre Irán, Turquía, Israel y RAS, para así volcarse con la contención del principal enemigo: China. 

La advertencia de Obama de que los saudíes tenían que “compartir” el Medio Oriente con Irán, provocó el desaire de la monarquía que en la vista del presidente al reino el 21 de abril del 2016 no negó a recibirle en el aeropuerto

La política de EEUU para esta región falló cuando en 2003 Bush reemplazó el régimen semi secular y árabe-sunnita de Sadam Husein por una teocracia-chiita, provocando la ira de Israel, Turquía y Arabia. Por lo que, propone:
  • Recuperar el acuerdo nuclear con Irán, o al menos permitir que Europa haga del “Occidente bueno”, y suavice las relaciones con Teherán. No todas las compañías estadounidenses son vendedoras de armas. Trump ha suspendido, por ejemplo, la venta de 73 aviones Boeing a Irán, y ha hecho que sean Rusia y China quienes dominen el mercado petrolífero iraní.
  • Potenciar al otro islamismo reaccionario: la HM, debilitando el wahabismo. Obama abortó la Primavera árabe de Egipto al patrocinar a Mohammed Mursi, quien fue derrocado con el dinero saudí pagado al general Al Sisi.
  • Ahora que los países árabes se acercan a Israel (Netanyahu acaba de visitar Omán), EEUU no necesita de Riad para sacar a Tel Aviv del aislamiento.
  • Rescatar los llamados “valores occidentales” -que Trump ni siquiera los usa como pretexto-, para condenar a Riad, si no ¿cómo podrían condenar a Rusia o China por el pisoteo de los derechos humanos?
  • Apartar al Jack el destripador saudí, por confundir el estatus de su país ante EEUU con el de Israel: en enero del 2010, seis agentes del Mosad, disfrazados con pelucas y gorros, asesinaron al líder de Hamas, Mahmud al Mabhuh en un hotel de Dubái. ¡No fue portada de ningún periódico! Hay que buscarle un sustituto, ya que MBS, no ha hecho más que acumular fiascos en:
    • Impedir que Irán aumentase su influencia en la zona. Todo lo contrario: Qatar, Omán y Kuwait ven en Teherán la garantía de un equilibrio regional y mantener su soberanía, amenazada por las tentaciones saudíes.
    • La guerra contra Yemen
    • Aislar a Qatar.
    • No conseguir la expulsión de Hizbolá del gobierno de coalición libanés, a pesar de secuestrar al primer ministro Saad Hariri y obligarle a renunciar de su cargo. Francia reprobó a Arabia y restituyó a Hariri en su puesto.
    • La inaudita reacción a las críticas: cuando el gobierno canadiense le criticó el agosto pasado por el encarcelamiento de las activistas en Arabia Saudí expulsó al embajador, congeló todo el comercio bilateral, canceló los vuelos entre ambos países, y ordenó que los 16.000 estudiantes becarios saudíes regresasen al país. Semanas después, “crucificó” a un hombre y luego exhibió su cuerpo decapitado en una plaza de Riad.
Salvar a Arabia de los Salman

Los occidentales ya no podrán apretar la mano de MBS, e impera la necesidad de reformar la teocracia medieval saudí, que ha pasado de ser un socio incómodo a insoportable.

Ya en 1964, cuando las fuerzas progresistas habían derrocados sus monarquías en la mayoría de los países árabes, Gran Bretaña organizó a través de la SANG un golpe de estado contra el rey inmovilista Saud Bin Abdulaziz en favor de su hermano pequeño Faisal, evitando una revolución, que en el sur de Yemen, país vecino, terminó llevando a los marxistas al poder, y aun hoy sigue siendo la única república de la Península Arábiga. 

El golpe reforzó el papel del wahabismo panislamista. En 1969, los militares, respaldados por un sector del Pentágono, intentaron otro golpe, planeando bombardear el Palacio Real, matar al rey y los príncipes, e instalar la República de la Península Arábiga.

Dicha reforma en Arabia le urge para el Occidente, tanto para maquillar su tenebroso rostro, como para impedir revueltas sociales: “la evolución para evitar la revolución”. Rusia (que ha aceptado la versión saudí del crimen) amplía su influencia en la región, y sobre dos países que tradicionalmente estaban en la órbita de EEUU: Turquía e Irán. Y la presencia de MBS en la primera fila impide realizar ambos objetivos. Y si no va por las buenas, EEUU podrá:
  • Congelar la venta de armas a Riad, en virtud de la Ley de Control de Exportación de Armas de 1976, y así de paso poner fin de la guerra contra Yemen ahora que el MBS, no ha podido ganarla, en parte por la ayuda inestimable de algunos príncipes saudíes a los Hutíes. De hecho, ya hay movimientos: el propio Pompeo acaba de “pedir” a Riad un alto el fuego, y empiezan las negociaciones (secretas) entre Riad y Teherán.
  • Utilizar la Ley de Justicia contra Patrocinadores del Terrorismo (JASTA) que permite a los ciudadanos de EEUU demandar a gobiernos extranjeros por cooperar en ataques terroristas en éste país, persiguiendo a Arabia por su papel en los atentados del 11S.
Lo que desconocen es la imposibilidad de modernizar una teocracia."                   (Nazanín Armanian, Público, 02/11/18)