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14.11.25

POLITICO: Casi la mitad de los votantes occidentales cree que la democracia está fallando, excepto en Suecia, según una encuesta internacional... Ipsos constata que la decepción con la política electoral y los temores sobre su futuro predominan en la percepción de la democracia por parte de los votantes en nueve países (Reino Unido, Francia, Estados Unidos, España, Italia, Suecia, Croacia, los Países Bajos y Polonia)... Los votantes en Francia (86 por ciento) y España (80 por ciento) estaban más preocupados por lo que significarían los próximos cinco años para sus sistemas democráticos... En EE. UU., el 61 por ciento de los votantes pensaba que el estado de la democracia había empeorado desde 2020... En la mayoría de los países hay un deseo de cambio radical... En ninguno de los nueve países encuestados, la mayoría de los votantes creía que su gobierno nacional estaba representando bien sus puntos de vista... En Francia y los Países Bajos, los niveles de satisfacción han caído en el último año en respuesta a la agitación política

 "Los votantes de todo el mundo occidental están alarmados por las amenazas a la democracia, preocupados de que los partidos extremistas, las noticias falsas y la corrupción socaven las elecciones.

Una encuesta importante de Ipsos a casi 10,000 votantes en nueve países — siete en la Unión Europea, más el Reino Unido y los Estados Unidos — encontró que aproximadamente la mitad de los votantes están insatisfechos con el funcionamiento de la democracia.

Con la excepción de Suecia, donde la gente cree que la política democrática está funcionando bien, una clara mayoría se preocupa por los riesgos para sus sistemas de autogobierno en los próximos cinco años, según la encuesta compartida exclusivamente con POLITICO.

"Hay una preocupación generalizada sobre el funcionamiento de la democracia, con la gente sintiéndose no representada, particularmente por sus gobiernos nacionales," dijo Gideon Skinner, director senior de política del Reino Unido en Ipsos, a POLITICO. "[Hay] preocupaciones particulares en torno al impacto de las noticias falsas, la desinformación, la falta de responsabilidad de los políticos y el extremismo." En la mayoría de los países hay un deseo de cambio radical.

La encuesta llega en medio de una creciente preocupación de que la democracia en Occidente está bajo amenaza. La desigualdad de riqueza en todo el mundo está impulsando el apoyo a partidos extremistas, socavando el debate y preparando el terreno para el autoritarismo, según un informe reciente para el G20.

Esta semana, la Comisión Europea presentó sus planes para fortalecer la democracia en los 27 países de la UE. Pero los críticos dijeron que su propuesta para abordar la interferencia extranjera en las elecciones europeas era demasiado débil, con la participación voluntaria en todo el bloque. Las autoridades han identificado desinformación rusa e interferencia en elecciones en muchos países europeos durante el último año, desde Rumanía hasta Alemania.

 Para la nueva encuesta, Ipsos interrogó a más de 9,800 votantes en el Reino Unido, Francia, Estados Unidos, España, Italia, Suecia, Croacia, los Países Bajos y Polonia entre el 12 y el 29 de septiembre. Los encuestadores encontraron que un promedio del 45 por ciento de los encuestados en los nueve países examinados estaban insatisfechos con el funcionamiento de la democracia, dijo Skinner.

Los votantes que se identificaban como pertenecientes a los extremos políticos —tanto en la extrema izquierda como en la extrema derecha— eran los más propensos a decir que la democracia estaba fracasando.

En Francia y los Países Bajos, los niveles de satisfacción han caído en el último año en respuesta a la agitación política. El gobierno francés se ha colapsado repetidamente en medio de una crisis continua sobre el presupuesto nacional, mientras que la coalición holandesa se desmoronó a principios de este año, lo que provocó una elección que se celebró en octubre.
 

En ninguno de los nueve países encuestados, la mayoría de los votantes creía que su gobierno nacional estaba representando bien sus puntos de vista. Los votantes en Croacia y el Reino Unido eran los menos propensos a estar de acuerdo en que sus gobiernos los representaban de manera efectiva, con solo un 23 por ciento diciendo lo mismo en ambos casos.

En todos los países encuestados, excepto Polonia — que tuvo una alta participación en las elecciones presidenciales de este año — más votantes dijeron que la forma en que funcionaba la democracia había empeorado en los últimos cinco años que los que dijeron que había mejorado. En EE. UU., el 61 por ciento de los votantes pensaba que el estado de la democracia había empeorado desde 2020.

Los votantes en Francia (86 por ciento) y España (80 por ciento) estaban más preocupados por lo que significarían los próximos cinco años para sus sistemas democráticos. Los encuestados identificaron los mayores riesgos para la democracia como la desinformación, la corrupción, la falta de responsabilidad de los políticos y el auge de la política extremista.

En general, la mayoría de las personas encuestadas seguían apoyando firmemente los ideales democráticos, aunque en Croacia más de la mitad (51 por ciento) dijo que mantener la democracia solo valía la pena si proporcionaba una buena calidad de vida.

Ipsos encontró que los encuestados apoyan acciones para proteger la democracia, especialmente leyes y su aplicación para combatir la corrupción, proteger la independencia de los tribunales, una mejor educación cívica en las escuelas y regulaciones contra las noticias falsas y el discurso de odio en las redes sociales." 

Tim Ross , POLITICO, 14/11/25, traducción Quillbot)

24.10.25

Lo que está ocurriendo en el mundo occidental es que el déficit democrático está creciendo cada vez más, y que nos enfrentamos, por primera vez a gran escala, a un vacío en el que el funcionamiento real de la democracia es irreal y sólo ocurre en la forma... el colapso de Wall Street en 2008 no produjo reformas serias dentro del sistema, reformas sistémicas. Ese proceso sigue en marcha y la gente tiene muchas dificultades para adaptarse. No siempre pueden articular el porqué, pero sienten que es muy difícil seguir así... Hay dos procesos en marcha. Uno es el de los jóvenes, de entre 18 y 30 años, que no confían en ninguna política. El otro es el de la clase trabajadora, que antes creía que los partidos socialdemócratas harían algo por ellos, y ya no es así. Estas son las personas que se han desplazado hacia la derecha... no son los mismos sectores sociales: son dos capas distintas... Unos están hartos y luego están los jóvenes que simplemente no se sienten atraídos por la política, y con ellos hay que hacer algo especial para involucrarlos. No son personas que tradicionalmente irían hacia la derecha... Lo que ocurre en Gaza es otra razón para el deterioro de la democracia. Incluso en Alemania, las encuestas muestran que una gran parte de la población está en contra del genocidio. En Reino Unido, Italia, Francia, igual. El pueblo está de un lado y los gobiernos del otro. Y al no poder influirlos, la gente se pregunta: “¿para qué votar? ¿para qué hacer nada?”. Empiezan a pensar que sus políticos están enfermos o corrompidos... Así que hemos creado un mundo más anárquico... Lo que ha ocurrido es que, con la desindustrialización deliberada del capitalismo estadounidense y europeo —buscando otros mercados, especialmente en China—, la clase trabajadora se ha debilitado (Tariq Alí)

 "Tariq Alí en la XIII Feria Internacional del Libro del Zócalo de la Ciudad de Mexico en 2013 / Antonio Nava | Secretaria de Cultura de México     
Pocas voces han reflexionado con tanta profundidad sobre la política internacional como la de Tariq Ali. Escritor e historiador anglo-pakistaní, además de cineasta y activista político, lleva más de medio siglo siendo una referencia del pensamiento crítico de izquierda. Desde los años sesenta, cuando se convirtió en una figura visible de las protestas londinenses contra la guerra de Vietnam, Ali ha analizado las tensiones del poder global con una mirada lúcida y combativa. Editor de la revista New Left Review, ha escrito extensamente sobre política, imperialismo y cultura, y su influencia ha alcanzado incluso a figuras como John Lennon o los Rolling Stones. El título de su más reciente obra autobiográfica, No puedes complacer a todos: Memorias 1980-2024, resume bien su trayectoria y su firme compromiso con las ideas que defiende.En un momento marcado por la escalada bélica y el retroceso de los valores democráticos, Tariq Ali abrirá el Congreso “Autoritarismo y guerra. En defensa de los valores democráticos y la cultura de la paz”, organizado por la Fundación 1º de Mayo, que se celebrará en Gijón los días 17 y 18 de octubre. El encuentro busca analizar las causas y consecuencias de la creciente militarización del mundo y contará, además, con la participación de destacados ponentes como los magistrados Joaquim Bosch Grau y Victoria Rosell, el catedrático Javier Pérez Royo, la periodista Patricia Simón, el sociólogo Imanol Zubero y la politóloga Cristina Monge, entre otros.

P. El congreso de la Fundación 1º de Mayo girará en torno al deterioro de los valores democráticos y cómo esto está teniendo un impacto en la paz mundial. ¿Cuál es la situación actual sobre esta pérdida de credibilidad de la democracia?

R. Llevo años argumentando, en algunos de mis libros y ensayos, que lo que está ocurriendo en el mundo occidental es que el déficit democrático está creciendo cada vez más, y que nos enfrentamos, por primera vez a gran escala, a un vacío en el que el funcionamiento real de la democracia es irreal y sólo ocurre en la forma. Una gran cantidad de personas, de todo tipo —no solo de izquierdas, sino también de derechas, jóvenes y mayores— están abandonando la política tradicional y buscando otras alternativas. Por supuesto, esto no es universal, pero sin duda es cierto en muchos lugares.

Con los cambios que se han producido en Estados Unidos, en partes de Europa y, en particular, en el Reino Unido —aunque no solo allí—, vemos tendencias similares. Sobre todo en Alemania, donde parece que dos o tres partidos determinan las agendas políticas y aplican políticas sociales impopulares. Debido a esa impopularidad, ha crecido la extrema derecha: la gente siente que no se ha hecho lo suficiente por ellos, que los políticos están básicamente aliados con el gran capital y que no hay esperanza para ellos. En esa sensación de desesperanza, muchos piensan que tal vez la extrema derecha pueda ofrecerles algo. Trump en Estados Unidos, el auge tanto de la derecha fascista como de la no fascista en el Reino Unido, el crecimiento repentino de Vox en España, el hecho de que ahora tengamos gobiernos de extrema derecha en Italia, el centro alemán que atraviesa una situación crítica y el ascenso de AfD… son tendencias bastante universales. Y mi primer punto, que quiero subrayar, es que el colapso de Wall Street en 2008 no produjo reformas serias dentro del sistema, reformas sistémicas. Ese proceso sigue en marcha y la gente tiene muchas dificultades para adaptarse. No siempre pueden articular el porqué, pero sienten que es muy difícil seguir así. Si observamos la ceremonia inaugural de Trump, estaba dominada por multimillonarios tecnológicos. En muchos sentidos, se comportaban como si todo les perteneciera. Elon Musk, particularmente estúpido y de extrema derecha, es un ejemplo, pero incluso los demás jugaban ese juego de fingir ser liberales. Esta simbiosis entre los multimillonarios tecnológicos y la presidencia en Estados Unidos es un signo de lo que está ocurriendo, más silenciosamente, en otras partes del mundo.

P. ¿Qué quiere decir exactamente cuando dice que hay gente que “abandona la política tradicional”, yendo hacia la extrema derecha? 

R. Hay dos procesos en marcha. Uno es el de los jóvenes, de entre 18 y 30 años, que no confían en ninguna política. El otro es el de la clase trabajadora, que antes creía que los partidos socialdemócratas harían algo por ellos, y ya no es así. Estas son las personas que se han desplazado hacia la derecha. En Estados Unidos, el fracaso de Obama; en Francia, el completo fracaso de Macron, han enviado a muchos hacia los partidos de extrema derecha. Pero no son los mismos sectores sociales: son dos capas distintas. Unos están hartos y dicen: “la izquierda no hace nada por nosotros, démosle una oportunidad a la derecha”. Y luego están los jóvenes que simplemente no se sienten atraídos por la política, y con ellos hay que hacer algo especial para involucrarlos. No son personas que tradicionalmente irían hacia la derecha. En Reino Unido, por ejemplo, la campaña contra el gobierno derechista de Starmer ha llevado a seis miembros del Parlamento a formar otro partido, llamando a la gente a registrarse y unirse al nuevo proyecto de Jeremy Corbyn. Casi un millón de personas ya lo ha hecho.
En Estados Unidos, la campaña de Zohran Mamdani para la alcaldía de Nueva York, que divide a la derecha del liberalismo de centroizquierda, ha sido un desarrollo muy positivo en los últimos años. Así que no es que no haya resistencia. España es un caso especial, donde el gobierno fue impopular por algunos temas y hubo un desplazamiento hacia Vox, aunque por lo que sé, eso se ha contenido en cierta medida.

A esto hay que añadir la posición adoptada por Estados Unidos y sus aliados europeos respecto a Gaza, que ha tenido un gran impacto. En EE.UU., enfrentan ese impacto despidiendo a profesores universitarios o exigiendo listas de nombres de supuestos antisemitas, incluso en universidades liberales como Berkeley. En el Reino Unido están prohibiendo organizaciones no violentas como Palestine Action, calificándolas de terroristas, cuando sus miembros son totalmente pacíficos. Cientos de personas, en su mayoría de unos 60 años, han sido arrestadas.

Gaza se ha convertido ahora en un barómetro de muchas cosas: derechos humanos, definición de genocidio, etc. España e Irlanda son los dos países europeos que más claramente han mostrado una posición firme, España probablemente más que nadie, gracias en parte a un gobierno socialista apoyado por grupos menores, con cierta comprensión histórica sobre lo ocurrido con los judíos y musulmanes en el pasado. Aunque no sea lo mismo que lo que ocurre en Gaza, esas memorias siguen vivas en la cultura española. Así que la política y la cultura españolas han demostrado ser más resilientes ante el asalto israelí. Pero en Alemania, por ejemplo, los ataques contra manifestantes han sido brutalmente violentos, lo que ha impactado a los jóvenes, que ven la masacre transmitida en directo en sus teléfonos y se preguntan: “¿por qué nuestro gobierno no hace nada?”. Esto expone la hipocresía de los dirigentes, sobre todo cuando Occidente se muestra tan agresivo con Putin por Ucrania, mientras cosas peores ocurren en Gaza. Todo esto está teniendo un efecto en la conciencia política, y veremos dónde terminamos en cinco o diez años.

P. ¿En qué ejemplos concretos podemos ver este deterioro democrático del que estamos hablando?

R. En algunos países, el sistema electoral hace prácticamente imposible que terceros partidos entren en escena. Este es el caso de Estados Unidos y Reino Unido, donde no existe representación proporcional. Pero ese es solo un signo del problema. Más importante aún, en algunos casos, es el papel de los medios de comunicación, que se han convertido en pilares centrales de la ideología dominante. Sobre el colapso de 2008, sobre la crisis social continua en Europa —en Francia, Alemania y Reino Unido—, hay unanimidad total. Yo solía leer El País con regularidad, y aunque sigue siendo mejor que Le Monde o The Guardian, noté que el nivel de debate y disidencia ha disminuido. Las cadenas de televisión ya ni siquiera necesitan muchas voces: una sola puede hablar por todos los propietarios. La cobertura de la BBC ha degenerado considerablemente, lo mismo que CNN y otros medios privados.

Le doy un ejemplo: hace años, antes de esta guerra en Gaza, uno de mis libros iba a ser presentado en Francia. Había una entrevista acordada en la radio con tres críticos, pero un alto ejecutivo de la emisora canceló mi participación porque me había escuchado en otro país decir cosas “pro-palestinas”. Así que dijeron que no iban a entrevistarme sobre la novela, que no tenía nada que ver con Palestina. El debate aún tuvo lugar y fue favorable para la novela pero a mí se me canceló. Este tipo de censura selectiva se ha convertido casi en un arte. Saben perfectamente a quién no preguntar o invitar. He notado este cambio sobre todo en Alemania, donde medios antes críticos han dejado de publicar voces disidentes. Así es como el público queda desinformado o directamente no informado. Gaza lo demuestra de nuevo: la cobertura del New York Times, The Guardian, Le Monde ha sido pésima. A veces uno se siente como en la antigua Unión Soviética bajo Brézhnev: no matan a nadie, pero los medios están bajo control estricto. Eso también ha afectado a la cultura: qué obras se escriben, qué películas se hacen. No todo el mundo occidental está así, pero crece la autocensura. En el Festival de Venecia, por ejemplo, una película sobre Palestina recibió una ovación de 23 minutos, pero no le dieron el premio. Todos con los que he hablado dicen que la mayoría de la gente allí quería que esta película ganara el premio. Ya sabes, estos son los ejemplos, y no pinta que las cosas vayan a ir a mejor. Incluso si no fuera Gaza, sería otra cosa que no quieren. Y qué efecto va a tener esto, ya lo veremos.

P. ¿Qué es lo que hace a Israel tan poderoso?

R. Son dos cosas. La más importante es el apoyo de Estados Unidos. Las instituciones estadounidenses —el Congreso, el Senado y la Cámara de Representantes— le han dado a Israel un cheque en blanco para hacer lo que quiera, cuando quiera. Personas que en Europa serían consideradas criminales de guerra —Netanyahu y sus ministros de gabinete, abiertamente fascistas, no hay otra palabra— son recibidas en Estados Unidos con todos los honores. No sé cuántas veces Netanyahu ha hablado ante sesiones conjuntas del Senado y la Cámara, pero sin duda más de una. Sin el respaldo de Estados Unidos, Israel no podría comportarse así; no es un poder independiente. Su poder proviene del poder de Estados Unidos. Washington podría haber detenido este genocidio hace mucho tiempo. En el pasado, los presidentes estadounidenses lograron controlar a Israel: desde Truman tras la guerra, hasta Reagan —que no era de izquierdas en absoluto—, quien en su momento dijo “basta de bombardeos”, y se detuvieron. Bush padre también impuso cierto control. Podrían hacerlo si quisieran, pero este presidente, y no sólo este, también Biden, básicamente le han dado a Israel luz verde para hacer lo que quiera. Y los medios mintieron como si todo hubiera comenzado el 7 de octubre de 2023.

Luego hay un factor secundario —importante, pero no decisivo—: muchos parlamentarios estadounidenses de ambos partidos reciben dinero de Israel. El lobby israelí AIPAC les da dinero abiertamente, no es un secreto. Lo mismo ocurre, en cierta medida, en Reino Unido, Francia y otros países. Tienen mucho dinero y lo gastan con ese propósito. No son los únicos, pero lo hacen de manera sistemática. Eso mantiene a la gente en silencio.

La combinación del poder estadounidense, que considera a Israel un actor clave en la región, y el uso instrumental de ese poder, explica su comportamiento. Se ha revelado que Israel sabía que Irán no estaba fabricando un arma nuclear, pero usó eso como excusa para tratar de destruir la estructura política iraní e imponer un cambio de régimen. Todos lo sabían, pero ahora lo admiten y no pasa nada. Así que, país árabe tras país árabe, ha sido destruido (por Israel). Esa es la importancia de Israel para Estados Unidos: lo utilizan como su brazo operativo cuando otros aliados dudan.

P. ¿Y cuál será el coste para las democracias occidentales que están presenciando este genocidio y no hacen nada?

R. Lo que ocurre en Gaza es otra razón para el deterioro de la democracia. Incluso en Alemania, las encuestas muestran que una gran parte de la población está en contra del genocidio. En Reino Unido, Italia, Francia, igual. El pueblo está de un lado y los gobiernos del otro. Y al no poder influirlos, la gente se pregunta: “¿para qué votar? ¿para qué hacer nada?”. Empiezan a pensar que sus políticos están enfermos o corrompidos. Más peligrosamente aún, el hecho de que Estados Unidos y sus aliados ignoren todas las normas internacionales establecidas después de la Segunda Guerra Mundial significa que cualquiera puede hacerlo. Putin, por ejemplo, dice: “Nosotros solo intervenimos en un país vecino que antes fue parte de Rusia. Visto lo que hacen los estadounidenses en Oriente Medio, ¿cuál es el problema?”. Y nadie puede responderle, porque tiene razón. Podemos oponernos, sí, pero no decirle “no puedes hacer eso” cuando dejamos que Estados Unidos haga lo que quiere. Así que hemos creado un mundo más anárquico. Y eso afectará también a cómo la gente reaccione ante figuras como Donald Trump.

P. Ha mencionado que se ha roto el marco legal establecido tras la Segunda Guerra Mundial. Algunos dicen que la situación actual se parece a la de antes de esa guerra. ¿Cree que nos dirigimos a un escenario similar?

R. La situación entre la Primera y la Segunda Guerra Mundial era muy diferente. ¿Por qué? Porque la Revolución Rusa de 1917 y la creación de la Unión Soviética asustaron a todas las potencias capitalistas, que sintieron que había que hacer algo. Así que la victoria de Franco en España, el ascenso de Hitler y Mussolini fueron, en gran medida, una respuesta a la Revolución Rusa: no podían permitir que el bolchevismo se extendiera. Estaban dispuestos a pactar con los fascistas porque ellos mismos no podían detenerlo. Durante mucho tiempo, Occidente —liderado por Francia y Gran Bretaña, con Estados Unidos observando— intentó llegar a acuerdos con Hitler para que atacara primero a la URSS, sin darse cuenta de que, de lograrlo, tomaría después toda Europa. De hecho, casi lo hizo, hasta que los rusos quebraron el poder del ejército alemán. España también podría haberse librado de Franco si Churchill no hubiera hecho un trato con él, nuevamente para frenar al comunismo. Esa situación ya no existe. Hoy no hay una gran amenaza que los obligue a fingir ser más democráticos de lo que son. No vemos a Francia, Alemania o Reino Unido decir “queremos ser independientes de Estados Unidos”. Al contrario: se acercan más a él. Gaza lo ha demostrado.

Trump usó Ucrania para decirles “peleen su propia guerra y gasten su propio dinero”. Eso ha llevado a un aumento del gasto militar en Europa, lo que podría tener efectos imprevisibles. Y, al igual que antes de la Segunda Guerra Mundial, el país más importante de Europa sigue siendo Alemania. Lo que haga Alemania será clave. Por ahora, pese a que Estados Unidos autorizó el sabotaje del gasoducto Nord Stream —que afectó principalmente a Alemania—, el gobierno alemán no se quejó. La élite alemana parece haber aceptado que no puede romper con Estados Unidos. Así que tenemos un mundo occidental prácticamente unificado, con la OTAN como cemento, estrechamente ligado a Washington. No hay señales de independencia. Esa es la gran diferencia. Y en lugar de buscar autonomía, Occidente usa el “peligro chino” para asustar a su población. China nunca ha dicho que quiera desempeñar el mismo papel global que Estados Unidos. Quien lea sus documentos o libros lo sabe perfectamente.

P. ¿Entonces es poco problable que veamos un conflicto global?

R. Creo que, pese a toda la fanfarronería y las amenazas, una guerra global sería muy difícil. Hoy hablar de guerra significa hablar de guerra nuclear. Putin ha dicho que Rusia no dudaría en usar armas nucleares. Francia y Reino Unido hacen declaraciones similares, pero tienen limitaciones. El sistema nuclear británico está bajo control de Estados Unidos; no pueden usarlo sin su permiso. Francia no tiene esa restricción, pero es muy improbable que se arriesgue a una guerra nuclear. Rusia sigue siendo lo bastante fuerte como para golpear a cualquier país de la UE si quisiera. Por eso, una guerra de ese tipo es muy poco probable. Pero el hecho de que se hable de ello, que se utilicen estas amenazas, indica que están preparando a la población para posibles guerras limitadas, lo cual es muy peligroso. Y, nuevamente, nada ocurrirá sin la aprobación de Estados Unidos.

P. En este contexto de belicismo creciente, ¿Cómo ve usted el papel de los sindicatos como actores relevantes, capaces de contrarrestar el auge de la extrema derecha?

R. Lo que ha ocurrido es que, con la desindustrialización deliberada del capitalismo estadounidense y europeo —buscando otros mercados, especialmente en China—, la clase trabajadora se ha debilitado. El número de afiliados sindicales ha disminuido en todas partes, y eso no se discute. Solo recientemente los sindicatos están intentando recuperarse, incluso volviéndose más politizados. Vemos ejemplos en la lucha de los trabajadores jóvenes por sindicalizar Amazon. En Estados Unidos y otros países, ese movimiento ha tenido cierto éxito. La idea del sindicato no ha desaparecido, y está resurgiendo en las nuevas industrias tecnológicas. Eso es positivo. Y me sorprendió gratamente ver el apoyo masivo en Génova y otro puerto italiano a la flotilla humanitaria hacia Gaza, desafiando el bloqueo israelí. Los estibadores genoveses dijeron que, si se intenta destruir esa flotilla, responderán a nivel europeo. No sé si realmente establecieron esos contactos, pero fue alentador oírlo: trabajadores diciendo que no seguirán apoyando este genocidio.

En mi opinión, los sindicatos tienen un papel muy importante que desempeñar. La limitación de su poder por parte de gobiernos sucesivos ha funcionado hasta cierto punto, pero ahora hay una nueva generación de trabajadores jóvenes que ven el mundo con otros ojos. Y eso es muy positivo. Recuerdo que, tras la derrota total de la clase trabajadora británica bajo Thatcher, hubo una huelga en Corea del Sur contra fábricas japonesas que no permitían sindicatos. Algunos sindicatos británicos, durante la era Thatcher, habían pactado con los japoneses renunciando a derechos sindicales a cambio de empleos. Los trabajadores surcoreanos llevaron una pancarta que nunca olvidaré:  “No pueden derrotarnos. No somos trabajadores británicos.”  Eso, para mí, fue un signo del verdadero internacionalismo."

 (Entrevista a Tariq Ali, 

24.9.25

Jason Hickel: En la mayoría de los países, la gente no cree que su sistema sea justo… con una excepción: China... Los resultados de China pueden parecer sorprendentes, dado que este país tiene una desigualdad de ingresos bastante alta, según el coeficiente de Gini, y solo se han producido reducciones marginales en los últimos años. Por otro lado, en las últimas dos décadas se han producido mejoras materiales espectaculares en la vida de la mayoría de la población. Los salarios de los trabajadores del sector manufacturero se han multiplicado por ocho desde 2005, y el Gobierno ha tomado medidas enérgicas para reducir la pobreza y garantizar el acceso universal a una vivienda, una alimentación, una asistencia sanitaria y una educación de calidad. Es razonable suponer que estos cambios han influido en la percepción que tiene la población de su sistema... hay una realidad importante con la que debemos lidiar: el pueblo chino tiene una opinión mucho más favorable de su sistema político y económico de lo que tiende a suponer la población occidental

 "¿Es justo su sistema? Esta es la pregunta que ocupa a los investigadores que trabajan en el campo de la teoría de la justificación del sistema. Quieren comprender si —y por qué— las personas consideran que el sistema económico y político en el que viven es justo, equitativo y legítimo.

Para medir esto, se realizan encuestas en las que se presentan cuatro afirmaciones a los encuestados:

•⁠ ⁠«En general, considero que la sociedad es justa».

•⁠ ⁠«En general, el sistema político de mi país funciona como debería».

•⁠ ⁠«Todo el mundo en mi país tiene las mismas oportunidades de alcanzar la riqueza y la felicidad».

•⁠ ⁠ «La sociedad de mi país está organizada de tal manera que las personas suelen obtener lo que se merecen».

Por lo general, se pide a las personas que respondan en una escala del 1 al 7: Totalmente en desacuerdo —> En desacuerdo —> Algo en desacuerdo —> Neutral —> Algo de acuerdo —> De acuerdo —> Totalmente de acuerdo.

Un estudio reciente, publicado el año pasado en la revista Political Psychology, analizó los datos de una encuesta realizada a 24 000 personas en 42 países de todo el mundo. Los resultados muestran que, en promedio, las personas no justifican el sistema en el que viven. La respuesta media en todos los países de la muestra es 3,2, cercana a «algo en desacuerdo».

Si desglosamos aún más estos datos, vemos que en 26 de los países, las personas, en promedio, están algo en desacuerdo con que su sistema sea justo. Este es el caso, por ejemplo, de Nigeria (2,5), Italia (2,8) y Taiwán (3,4). En 15 de los países, la respuesta media se sitúa en la parte baja del rango neutral, incluidos el Reino Unido (3,6) y los Estados Unidos (3,7), mientras que Nueva Zelanda (4) se sitúa justo en el medio.
Solo hay un país en el que los resultados de la encuesta indican que los ciudadanos dicen en general que el sistema en el que viven es justo, y ese es China. China tiene una puntuación media de 4,8, con un intervalo de confianza del 95 % de 4,7-4,9, lo que indica «algo de acuerdo». De hecho, China tiene la puntuación más alta de la muestra por un margen considerable. Cabe destacar que no hay ningún país en el que la respuesta media sea «de acuerdo» o «totalmente de acuerdo», lo que indica que hay mucho que mejorar en todos los ámbitos.

Los resultados de China pueden parecer sorprendentes, dado que este país tiene una desigualdad de ingresos bastante alta, según el coeficiente de Gini, y solo se han producido reducciones marginales en los últimos años. Por otro lado, en las últimas dos décadas se han producido mejoras materiales espectaculares en la vida de la mayoría de la población. Los salarios de los trabajadores del sector manufacturero se han multiplicado por ocho desde 2005, y el Gobierno ha tomado medidas enérgicas para reducir la pobreza y garantizar el acceso universal a una vivienda, una alimentación, una asistencia sanitaria y una educación de calidad. Es razonable suponer que estos cambios han influido en la percepción que tiene la población de su sistema.

En estudios anteriores —uno del Ash Center de Harvard y otro de la Alianza de Democracias— se observan valoraciones positivas similares, ya que se concluye que la población china está cada vez más satisfecha con su Gobierno, cree que este es democrático y sirve a los intereses del pueblo, y considera que garantiza la igualdad de derechos ante la ley, hasta el punto de superar a Estados Unidos y a la mayoría de los países europeos en estos aspectos.

Una posible crítica es que los ciudadanos chinos pueden ser reacios a decir cosas negativas sobre su sistema por temor a la represión. Estos estudios están diseñados para evitar este tipo de sesgo. Sin embargo, si la metodología subyacente fuera vulnerable en este sentido, cabría esperar resultados igualmente positivos en países que a menudo se consideran represivos, pero esto no ocurre.

Como he señalado anteriormente, esto no quiere decir que China no tenga problemas y contradicciones internas que deban superarse. Los tiene, al igual que todos los países, y es evidente que nos gustaría ver puntuaciones aún más altas en las evaluaciones. Pero estos estudios apuntan a una realidad importante con la que debemos lidiar: el pueblo chino tiene una opinión mucho más favorable de su sistema político y económico de lo que tiende a suponer la población occidental.

 (Jason Hickel, blog, 21/09/25, traducción DEEPL)

10.9.25

Los actuales dirigentes de las democracias occidentales, en general, suelen ser impopulares. El descontento con el gobernante también alimenta la abstención, los partidos nuevos, el voto nulo o a actores extrasistémicos... la gobernabilidad se vuelve mucho más complicada. Francia es el último ejemplo... el retrato de la política occidental señala que algo profundo está cambiando, y en todas partes... la aparición constante de líderes nuevos con un punto de insurgencia, cuando no antiestablishment, es producto de las dinámicas occidentales. El votante está buscando caminos de salida a situaciones que entiende muy negativas y busca fórmulas diferentes... La incapacidad de las opciones políticas para generar confianza entre las poblaciones provoca que el voto se reparta en tres direcciones: la de sectores politizados, cada vez más reducidos en número, y cada vez más enfrentados; una masa de la población que no cree en la política, que vota a la opción que percibe como el mal menor y que se alejará de los nuevos gobernantes rápido; y la de la abstención... Argentina y Francia son interesantes porque muestran los espacios por los que la política se rompe. En Francia, los sectores populares, en especial los de fuera de las grandes ciudades, eligen a la derecha lepenista. Ocurre igual con clases medias bajas. En las elecciones de Ciudad de Buenos Aires, celebradas en mayo de este año, las clases populares que habían apostado por Milei en las presidenciales se alejaron rápidamente de él. En Provincia de Buenos Aires, los peronistas vivieron su mayor avance entre las clases medias bajas, que notaron mucho los ajustes. Son los sectores que más sufren con la presión económica los más dados a buscar nuevas opciones, a izquierda o derecha... Los demócratas estadounidenses comenzaron a perder las elecciones al no reconocer la brecha abierta entre la macro y la micro. A Milei le ocurrió igual, porque insistía en que las cosas se estaban arreglando por arriba, pero en el medio y por abajo se percibe de una manera muy distinta. En Francia, que saben lo que supone un presupuesto restrictivo al tiempo que se aumenta el gasto en defensa, ambos lados del espectro político hacen muy complicada la gobernabilidad. Este es un elemento esencial que también causará problemas a Trump (Esteban Hernández)

 "Los actuales dirigentes de las democracias occidentales, en general, suelen ser impopulares. Gobernar suele desgastar, pero en los últimos años bastante más, al parecer. Una diferencia respecto de tiempos no tan lejanos es que la caída en el aprecio popular de un presidente no alimenta de modo directo a los líderes opositores. Lo que antes se parecía bastante a un juego de suma cero, ahora recorre caminos más tortuosos. El descontento con el gobernante también alimenta la abstención, los partidos nuevos, el voto nulo o a actores extrasistémicos. No solo los opositores sacan partido. La fragmentación se multiplica, la gobernabilidad se vuelve mucho más complicada. Francia es el último ejemplo.

Las dificultades para generar estabilidad política dependen de varios factores, y el sistema electoral es muy relevante para ese objetivo. Allí donde se fomenta que los partidos pequeños tengan representación parlamentaria, la fragmentación es mayor, lo que conduce a complicados acuerdos poselectorales. España es un ejemplo evidente. Pero un sistema que favorece que “el ganador se lo lleve todo” tampoco es garantía. En el Reino Unido, los últimos años han consistido en el ascenso abrumador de los tories y su declive, el auge de Starmer y su pérdida de popularidad casi inmediata, con Farage asomando por el horizonte. Tampoco en los países donde los acuerdos entre partidos parecen sólidos, como Alemania, la inestabilidad desaparece; Scholz tuvo que sobreponerse a muchos obstáculos creados por sus socios, y a Merz le está creciendo AfD; veremos cómo reaccionan sus aliados. En definitiva, el retrato de la política occidental señala que algo profundo está cambiando, y en todas partes.

El plan B

El caso argentino, por más que pueda parecer ajeno a la política europea, muestra algunas de las constantes electorales de los últimos tiempos. Los resultados de los comicios del pasado domingo en Provincia de Buenos Aires, territorio en el que reside casi el 40% de la población del país, ofrecen algunas enseñanzas.

Han sido elecciones con nombres propios: el del ganador, Axel Kicillof, y el del perdedor, Javier Milei. Partían de momentos muy diferentes. Kicillof se había rebelado contra su partido cuando decidió separar las elecciones de Provincia de Buenos Aires del resto de legislativas, que tendrán lugar el 26 de octubre. Ni Cristina ni Máximo Kichner eran partidarios de ese movimiento y presionaron para que no se produjera. Kicillof ganó el pulso. Le salió bien, si no muy bien.

Kicillof se ha convertido en el candidato peronista. Si su partido prefiere a otro, tendrá que derribarle del pedestal

El gobernador de la provincia de Buenos Aires pertenecía a la segunda fila del peronismo, y era considerado por los suyos como demasiado controvertido para optar a una candidatura presidencial. Kicillof había advertido al establishment de su partido de que no podían ser como las viejas bandas de rock, que repiten los mismos éxitos una y otra vez. Algunas estrellas de rock siguen llenando estadios, pero de esa clase quedan muy pocas; la gran mayoría de las bandas actúan en pequeñas salas porque el público que quiere escuchar las viejas canciones es cada vez más reducido. CFK creyó que el peronismo continuaría llenando estadios solo con adaptar un poco el sonido de las canciones a los tiempos, y su partido apostó por Sergio Massa como candidato, un perfil moderado. Kicillof aseguró que era la hora de grabar nuevas canciones. Le ignoraron, y ahora suenan mucho más los nuevos temas que los viejos éxitos.

Milei fue capaz de llevar una música completamente distinta a las derechas. El PRO, los macristas, aceptaron su subordinación al líder y optaron por concurrir a las elecciones bajo el paraguas de La Libertad Avanza. Habían sido convencidos de que LLA era la marca que producía éxitos, que el respaldo de Milei era su mejor baza y que los candidatos concretos importaban mucho menos. El presidente optó por encarar las elecciones como una confrontación personal y aseguró iba a poner el último clavo en el ataúd del peronismo. Los 13 puntos de ventaja que obtuvo Fuerza Patria han resonado con fuerza en la Casa Rosada.

El entorno de Provincias Unidas es la vía de salida para las fuerzas de la derecha en el caso de que Milei pierda tirón

El 26 de octubre se celebrarán las elecciones legislativas, en las que se elegirán 24 senadores y 127 de los 257 diputados. Serán interesantes por muchos motivos. Queda por constatar la capacidad de resistencia de La Libertad Avanza, cómo funciona el peronismo fuera de Buenos Aires y, muy especialmente, el papel que jugará el entorno de Provincias Unidas, la vía de salida para las fuerzas de la derecha en el caso de que Milei pierda tirón. El establishment argentino, lo que han denominado ‘el círculo rojo’, observa con atención. Nunca ha confiado en el presidente, y necesita un plan B. Kicillof observará muy atentamente, porque se ha convertido en el candidato peronista. Si para las presidenciales su partido quiere presentar a otro, tendrá que derribarle del pedestal, porque ya se ha subido a él.

Enfrentarse a los suyos

La llegada al poder de Milei y el auge actual de Kicillof reflejan una constante en la política occidental: los outsiders, los que vienen de fuera, o los que combaten a su partido, son quienes más posibilidad de éxito electoral poseen. Ha ocurrido más en la derecha que en la izquierda, pero esa es la tendencia. Boris Johnson resultaba un personaje risible y despreciado por los suyo cuando era alcalde de Londres, pero llegó al 10 de Downing Street; qué decir de Trump. Meloni venía de fuera del sistema y ahora es la presidenta. En Francia, Macron creó un nuevo partido y llegó al poder para evitar que lo tomase Marine Le Pen, otra figura que impuso nueva música al viejo grupo que lideraba su padre. Sánchez tuvo que enfrentarse a todos, empezando por su partido, y eso fue lo que llevó a la presidencia.

Esta aparición constante de líderes nuevos con un punto de insurgencia, cuando no antiestablishment, es producto de las dinámicas occidentales. El votante está buscando caminos de salida a situaciones que entiende muy negativas y busca fórmulas diferentes. Desde la crisis de 2008, las democracias occidentales están cada vez más fragmentadas y generan menos confianza. Valga el ejemplo que describe, respecto de Francia, Jérôme Fourquet: en junio de 2012, al inicio del mandato de Hollande, 21 de las 50 personalidades analizadas en aquel momento eran valoradas positivamente por un 50% de la opinión pública. En junio de 2017, con Macron recién llegado al gobierno, solo quedaban 8. Hoy, ninguna de las figuras políticas francesas llega a ese 50%.

Cuando crecen tanto el malestar con la política como el alejamiento de la misma, es lógico que los votantes busquen una promesa distinta

En un contexto en el que aumenta la insatisfacción con las instituciones, en el que crecen tanto el malestar con la política como el alejamiento de la misma, y en el que existe inseguridad respecto del futuro, es lógico que los votantes busquen una promesa distinta. La política antiestablishment crece en eficacia electoral.

Sin embargo, es difícil estar a la altura de lo prometido cuando se llega al poder. Muchas de las esperanzas activadas se esfuman. El primero en pagar ese precio fue Tsipras, y desde entonces, los vaivenes en los gobiernos han sido constantes. Gobernar suele ser sinónimo de perder.

El lugar por el que todo se rompe

El gobierno de Milei es otro ejemplo de poblaciones defraudadas. El líder de LLA llegó al poder prometiendo tiempos duros, lágrimas y sacrificio antes de la curación. Era previsible que, si transcurrían los meses y la situación no cambiaba favorablemente, la paciencia de quienes sufren los ajustes se agotara. Con un programa tan duro como el implantado, era inevitable que ese malestar apareciese en algún momento. Ha ocurrido antes de lo esperado, lo que debería ser una señal que el gobierno argentino tomase muy en cuenta. Sus declaraciones indican todo lo contrario: en la medida en que se responsabiliza de la derrota a una mala campaña, a problemas internos, al escándalo de corrupción de Karina Milei o a la negativa del pueblo argentino a premiar la buena marcha macro del país, es todavía más difícil que tome nota de la situación de fondo.

En las elecciones del domingo, los peronistas vivieron su mayor avance entre las clases medias bajas, que notaron mucho los ajustes

No es un problema del gobierno argentino. En Europa es inusual que un gobierno genere estabilidad. La incapacidad de las opciones políticas para generar confianza entre las poblaciones provoca que el voto se reparta en tres direcciones: la de sectores politizados, cada vez más reducidos en número, y cada vez más enfrentados; una masa de la población que no cree en la política, que vota a la opción que percibe como el mal menor y que se alejará de los nuevos gobernantes rápido; y la de la abstención.

Y todo esto ocurre cuando no hay centro al que regresar: no hay un espacio en el que se puedan crear consensos, como ocurría en décadas pasadas. Argentina y Francia son interesantes porque muestran los espacios por los que la política se rompe. En Francia, los sectores populares, en especial los de fuera de las grandes ciudades, eligen a la derecha lepenista. Ocurre igual con clases medias bajas. En las elecciones de Ciudad de Buenos Aires, celebradas en mayo de este año, las clases populares que habían apostado por Milei en las presidenciales se alejaron rápidamente de él. En Provincia de Buenos Aires, los peronistas vivieron su mayor avance entre las clases medias bajas, que notaron mucho los ajustes. Son los sectores que más sufren con la presión económica los más dados a buscar nuevas opciones, a izquierda o derecha.

Es natural. Por más que se insista en los números macroeconómicos, la economía cotidiana continúa siendo la dominante. Los demócratas estadounidenses comenzaron a perder las elecciones al no reconocer la brecha abierta entre la macro y la micro. A Milei le ocurrió igual, porque insistía en que las cosas se estaban arreglando por arriba, pero en el medio y por abajo se percibe de una manera muy distinta. En Francia, que saben lo que supone un presupuesto restrictivo al tiempo que se aumenta el gasto en defensa, ambos lados del espectro político hacen muy complicada la gobernabilidad. Este es un elemento esencial que también causará problemas a Trump, aunque EEUU, dado que es el país dominante, cuenta con posibilidades de las que los demás carecen.

Milei diseñó un programa idóneo para los acreedores, pero que causa mucho daño en los deudores. El retroceso político de los mileístas era cuestión de tiempo. Es también una señal para los tiempos europeos que vienen. Starmer ha llegado al gobierno con un tipo de gestión económica alineada con los mercados, pero eso no le libra de los riesgos. Francia afrontará complicaciones similares, así como España e Italia, porque la deuda volverá a ser un problema. La falta de equilibrio entre las necesidades de la población y las necesidades (ahora también geopolíticas) de los mercados son la causa primera de la inestabilidad. Sin solucionar ese desencaje, pocas cosas en la política actual tienen solución."

(Esteban Hernández, El Confidencial, 10/09/25)

7.9.25

La manipulación de los distritos electorales socava la libertad de los trabajadores... sienta las bases para la manipulación electoral, la creación deliberada de distritos legislativos y congresionales para beneficiar a un partido político en particular... se ha descubierto que algunas empresas financian campañas legislativas para manipular la redistribución de distritos y las agendas legislativas, lo que en última instancia oprime a los trabajadores... Los trabajadores siguen indignados por los desastrosos recortes a Medicaid y otros servicios esenciales. Temiendo que este enfado les cueste a los republicanos el control de la Cámara de Representantes en las elecciones de mitad de mandato de 2026, Trump exigió que la legislatura de Texas amañara el proceso mediante una redistribución de distritos ad hoc en agosto de 2025... la mayoría republicana del estado respondió ideando un mapa que exprimía cinco escaños congresionales más favorables a los republicanos, marginando aún más a los oponentes... las artimañas incluían dividir grupos de trabajadores, demócratas y votantes similares entre múltiples distritos, diluyendo sus votos y silenciando sus voces... esto desencadenó una frenética manipulación electoral en todo el país, con las legislaturas de otros estados apresurándose ahora a rediseñar sus propios mapas para beneficiar a un partido u otro (David McCall)

 "Jay McMurran se enfureció hace varios años cuando se dio cuenta de que la manipulación electoral descontrolada en Michigan ponía en riesgo su libertad.

La redistribución de distritos puramente partidista ha trastocado todo el proceso político, permitiendo a los funcionarios dictar a los votantes y permanecer en el cargo sin importar el daño que inflijan a millones de trabajadores.

McMurran sabía que era hora de abolir este sistema amañado. En 2018, se unió a la exitosa lucha que arrebató el poder de la redistribución de distritos a políticos egoístas y puso la responsabilidad de trazar los distritos legislativos y congresionales en manos de miembros de sindicatos y otros votantes comunes.

Fue una victoria para la democracia que los votantes de otros estados comenzaron a emular. Pero McMurran ve cómo todos esos avances se desvanecen ahora que los republicanos de Texas están descartando los distritos actuales del estado y creando otros nuevos con un propósito descaradamente político e injusto: reforzar el control de Donald Trump sobre el poder.

"Este no es un asunto republicano ni demócrata", dijo McMurran, miembro desde hace mucho tiempo de United Steelworkers (USW), enfatizando la necesidad de que todos los ciudadanos, independientemente de sus opiniones políticas, se opongan al ataque a la libertad por parte de los republicanos de Texas.

“Se trata de Estados Unidos”, añadió McMurran, señalando que las organizaciones laborales de todo el país se oponen a la maniobra debido a las consecuencias políticas y económicas a largo plazo para las familias trabajadoras. "Para mí, este es el fin de Estados Unidos, si queremos vivir en una democracia."

Texas se encuentra entre las decenas de estados que aún se aferran a un enfoque retrógrado, permitiendo que los legisladores estatales, en lugar de los ciudadanos, dirijan el proceso de redistribución de distritos electorales.

Esto sienta las bases para la manipulación electoral, la creación deliberada de distritos legislativos y congresionales para beneficiar a un partido político en particular y a intereses especiales.

El gerrymandering es una forma en que los políticos procorporativos silencian a los votantes a los que temen o desaprueban, incluidos millones de trabajadores que tienen un gran poder cuando votan al unísono. Incluso se ha descubierto que algunas empresas financian campañas legislativas para manipular la redistribución de distritos y las agendas legislativas, lo que en última instancia oprime a los trabajadores.

Los trabajadores siguen indignados por los desastrosos recortes a Medicaid y otros servicios esenciales. Temiendo que este enfado les cueste a los republicanos el control de la Cámara de Representantes en las elecciones de mitad de mandato de 2026, Trump exigió que la legislatura de Texas amañara el proceso mediante una redistribución de distritos ad hoc en agosto de 2025.

Lamentablemente, la mayoría republicana del estado respondió a la situación con cobardía, no con entereza. En lugar de adoptar una postura patriótica y decirle que no a Trump, idearon un mapa que exprimía cinco escaños congresionales más favorables a los republicanos, marginando aún más a los oponentes.

Su capitulación ante Trump también desencadenó una frenética manipulación electoral en todo el país, con las legislaturas de otros estados apresurándose ahora a rediseñar sus propios mapas para beneficiar a un partido u otro.

 El pueblo estadounidense no quiere nada de esto, recalcó McMurran, señalando que una abrumadora mayoría bipartidista de los votantes de Michigan aprobó el referéndum de 2018 que creó la Comisión Independiente de Redistribución de Distritos Electorales debido al profundo disgusto con el tipo de juegos que están practicando ahora los republicanos de Texas.

Michigan llegó a estar entre los estados con mayor manipulación electoral del país, con legisladores republicanos reuniéndose en secreto para trazar mapas destinados a mantenerlos en el poder y promover intereses particulares a expensas de sus electores. Sus artimañas incluían dividir grupos de trabajadores, demócratas y votantes similares entre múltiples distritos, diluyendo sus votos y silenciando sus voces.

El momento más crítico para McMurran se produjo cuando los republicanos procorporativos utilizaron este engaño para impulsar una legislación que atacaba a los sindicatos y a los trabajadores que los apoyaban.

Comprendió que crear un proceso de redistribución de distritos justo era un primer paso necesario para lograr una mayoría de legisladores dispuestos a acabar con estos abusos y a priorizar a los trabajadores. Se volcó en la batalla para crear la comisión independiente de redistribución de distritos electorales, trabajando a través del programa de respuesta rápida legislativa y de defensa de la USW para conseguir apoyo para la propuesta entre los votantes sindicalizados.

Los republicanos intentaron todas las artimañas posibles para descarrilar la comisión, pero fracasaron. Hoy en día, según McMurran, cada voto cuenta, gracias al compromiso de la comisión de trazar nuevos distritos legislativos y congresionales no para el beneficio político de nadie, sino simplemente para tener en cuenta los cambios demográficos documentados en el censo.

El panel celebra reuniones públicas, prescindiendo de las negociaciones a puerta cerrada que caracterizaban la manipulación de los distritos electorales. La comisión está integrada por 13 votantes, cuatro republicanos, cuatro demócratas y cinco sin afiliación política, todos ellos seleccionados aleatoriamente entre miles de solicitantes.

Se prohíbe la participación de residentes con estrechos vínculos con la política, como funcionarios electos y empleados de la legislatura. Los ciudadanos seleccionados para formar parte de la comisión no podrán presentarse a cargos políticos durante cinco años después, una medida de protección contra posibles conflictos de intereses mientras realizan su trabajo.

La redistribución de distritos electorales logró exactamente lo que McMurran y millones de otros residentes de Michigan esperaban, generando contiendas más competitivas en todo el estado.

Observadores políticos imparciales, incluyendo grupos como PlanScore y Common Cause, elogiaron tanto la transparencia como la imparcialidad de la comisión. Y los votantes de Michigan ahora ven batallas reales, tanto por escaños individuales como por el control de la legislatura, en cada ciclo electoral.

"Me parece justo", dijo McMurran.

“No fue solo una victoria”, dijo sobre la comisión. "Fue una gran victoria."

Los votantes de Michigan mostraron al resto del país un camino a seguir. Desafortunadamente, a los republicanos de Texas les importa más congraciarse con Trump que defender la democracia y servir a la clase trabajadora.

“La gente quiere que sus políticos sean honestos”, explicó McMurran. "Están cansados de la política de siempre."           

14.8.25

Desde la “crisis de las hipotecas subprime” hasta el actual genocidio palestino retransmitido en todo el mundo, lo que llama la atención es la clara manifestación del fracaso histórico de las democracias liberales... En una atmósfera cultural liberal , que promueve el egoísmo individual y la competencia ilimitada, al tiempo que denigra toda forma de valor objetivo, deber moral y fundamento ideal y religioso, no hay razón en el mundo para esperar que un representante electo haga otra cosa que ocuparse de sus propios asuntos... Así pues, no hay ningún misterio en el hecho de que siga funcionando un sistema en el que los beneficios se privatizan y las pérdidas se cargan al público (véase la crisis de las subprime), en el que desde el referéndum griego de 2015 hasta el rearme europeo actual , la voluntad del pueblo cuenta tan poco como dos de espadas... incluso cuando esta brecha entre los intereses de la mayoría y las acciones de la clase dominante parece completamente clara, nada cambia . Hoy triunfa en todas las redes el espectáculo de la impotencia absoluta de los pueblos democráticos liberales... Y mientras tanto, de las maneras más descaradas , las «instituciones» están trabajando para silenciar incluso esos pocos elementos residuales de disturbios , de protestas callejeras , de contestación en las redes sociales (Andrea Zhok)

 "Desde la “crisis de las hipotecas subprime” hasta el actual genocidio palestino retransmitido en todo el mundo, lo que llama la atención es la clara manifestación del fracaso histórico de las democracias liberales .

Antes de profundizar en el tema, es necesario reflexionar un momento sobre qué haría, en principio, que un régimen democrático fuera cualitativamente mejor que las alternativas autocráticas u oligárquicas .

La ventaja teórica de los sistemas democráticos reside en su potencial mayor flexibilidad y capacidad de respuesta a las necesidades de la mayoría . Dicho de otro modo, se puede decir que un sistema democrático es comparativamente mejor en la medida en que facilita la comunicación entre los altos y bajos , entre los individuos menos influyentes y los más influyentes , entre quienes no ostentan el poder y quienes sí lo tienen .

Los sistemas autocráticos u oligárquicos tienen el defecto de hacer que escuchar a los débiles sea una opción para quienes están en la cima. Dado que no existen sistemas de comunicación efectivos de abajo hacia arriba (existían cosas como las «audiencias reales», pero obviamente eran improvisadas ) , es necesario confiar en los intereses y la benevolencia de quienes están en la cima para garantizar que se atiendan los intereses del pueblo .

Ahora bien, sería erróneo pensar que tales situaciones de interés y benevolencia desde arriba fueran raras en la historia, sin embargo los elementos de arbitrariedad  y accidentalidad eran evidentes, y un  emperador, rey o gobernante ilustrado podía ser sucedido por uno insensible, obtuso, belicista, etc.

La ventaja comparativa del modelo democrático parece evidente, pero es importante entender que se basa en UN Y SÓLO UN PUNTO , es decir, en la alta permeabilidad de la comunicación entre arriba y abajo y del control de abajo hacia arriba .

Una vez eliminado este elemento, otros factores, como la linealidad en la toma de decisiones , pueden inclinar la balanza a favor de los gobiernos autocráticos , que siempre tienen la ventaja de poder implementar las decisiones del poder ejecutivo con mayor facilidad que las democracias (esta es la razón por la que en estados de guerraincluso los sistemas democráticos prevén la centralización del poder en un órgano de decisión).

Sin embargo, la democracia ideal es la democracia directa , que sólo puede funcionar en escalas limitadas , donde tanto el debate personal como la toma de decisiones públicas pueden tener lugar de forma directa y efectiva .

Quizás hoy, mediante algún tipo de apoyo tecnológico , sería posible ampliar el número de personas involucradas en una forma de democracia directa mucho más allá de las dimensiones clásicas del Ágora . Sin embargo, es ilusorio pensar que se puede prescindir de la intermediación cuando las cifras involucradas son del orden de millones . Por lo tanto, las democracias modernas son democracias representativas .

Y aquí surge un conocido problema ético-político : ¿por qué un representante elegido debe actuar en interés de quienes lo eligieron ?

Es importante entender que un control generalizado desde abajo sobre los representantes es técnicamente imposible .

La asimetría de información entre quienes gestionan el poder y quienes tienen que llegar a fin de mes es insalvable .

A quienes detentan el poder no les cuesta nada simular que sus finesy motivos de acción son diferentes de los reales (“basta con una pizca de cuestiones sociales”, decía recientemente un supuesto defensor de las reivindicaciones populares ).

E incluso si a la larga se descubre el ocultamiento , las posibilidades de represalias son extremadamente limitadas : después de 4 ó 5 años uno puede abstenerse de apoyarlo .

Ya sabes lo aterrador que es.

Esta deriva sólo puede ser limitada por el clima moral del elegido , por su profundidad ideal .

Pero aquí nos encontramos ante un  problema colosal relacionado específicamente con las democracias LIBERALES .

El liberalismo , neto de los significados secundarios y tal vez loables que puedan extraerse del sombrero de la historia, es esencialmente una ideología que promueve el egoísmo individualista y la competencia de todos contra todos .

Lo hace sistemáticamente .

Es la primera y única teoría moral que afirma que la búsqueda individual de los propios intereses , sin peros ni condiciones, en última instancia beneficiará a todos (la «mano invisible» del mercado ).

Esta teoría es un disparate demostrablemente perjudicial .

En una atmósfera cultural liberal , que promueve el egoísmo individual y la competencia ilimitada, al tiempo que denigra toda forma de valor objetivo, deber moral y fundamento ideal y religioso, no hay razón en el mundo para esperar que un representante electo haga otra cosa que ocuparse de sus propios asuntos .

Obviamente no todo el mundo sigue el canon liberal , pero estadísticamente prevalece en las democracias liberales .

Lo que sigue es banal: cuanto más dura una democracia liberal , más tienden a debilitarse los residuos de creencias éticas diferentes y más espacio se crea para una clase de representantes autorreferenciales, en venta al mejor postor y esencialmente confabulados entre sí para preservar sus posiciones de poder .

Así pues, no hay ningún misterio en el hecho de que siga funcionando un sistema en el que los beneficios se privatizan y las pérdidas se cargan al público (véase la crisis de las subprime), en el que desde el referéndum griego de 2015 hasta el rearme europeo actual , la voluntad del pueblo cuenta tan poco como dos de espadas , en el que puede haber enormes multitudes protestando durante años contra el genocidio palestino mientras los jefes de Estado se toman selfies con Netanyahu , etc.

A menudo ni siquiera notamos estas divergencias de intereses y valores, porque los recuperadores de «información pública» logran moldear una opinión pública cansada y distraída (no todos tienen tiempo para realizar investigaciones privadas sobre cada noticia)

Pero incluso cuando esta brecha entre los intereses de la mayoría y las acciones de la clase dominante parece completamente clara, nada cambia .

Hoy triunfa en todas las redes el espectáculo de la impotencia absoluta de los pueblos democráticos liberales .

Y mientras tanto, de las maneras más descaradas , las «instituciones» están trabajando para silenciar incluso esos pocos elementos residuales de disturbios , de protestas callejeras , de contestación en las redes sociales .

Y los «retrievers» con el periódico en la boca les explican que el acoso y la difamación ocurren en nombre de la inclusión; que la censura y las sanciones ocurren en nombre de la información; que las cargas con porras y los disparos de cañones de agua tienen lugar para defender la seguridad pública; que las provocaciones y las carreras armamentistas son necesarias en nombre de la paz , etc., etc."

(Andrea Zhok, Observatorio de la crisis, 11/08/25) 

9.7.25

El Sr. Trump se convirtió en una rareza, un candidato republicano muy firme en su defensa de la paz... Recuerden: "Voy a poner fin a las guerras eternas en Oriente Medio, etc." No lo ha hecho... inició una tercera guerra en esa parte del mundo. No detuvo las otras dos... Si fuera cierto que el Sr. Trump creía que podría haber uranio nuclear enriquecido y lanzó sobre ellos las bombas más potentes que tenemos, lo que podría haber ocurrido es que las bombas hicieran estallar el material nuclear, en cuyo caso ¿qué habríamos tenido? Otro Chernóbil... Quizás sabía que allí no había nada, y tendríamos más pruebas de que todo es un montaje... Hay una reacción que va más allá, es la expresión honesta de una población que sabe que la están estafando económica, política e ideológicamente... El sistema ha destruido la base de su propio apoyo popular... La política dominante en casi todos los países se ha basado en enmarcar el problema de forma que distraiga la atención de lo que a la mayoría de los votantes les importa: la economía y la estructura de la sociedad... Existe la percepción, la realidad, de que el sistema político de ambos partidos está corrompido, al igual que los partidos políticos europeos están corrompidos al apoyar a la OTAN y la guerra en Rusia, en contra del voto de su propia población, en contra de la guerra de la OTAN, en contra de todas las encuestas electorales. Desde Estados Unidos hasta Europa, tenemos la política contra los votantes. Esto no es democrático. Es la antítesis de la democracia. Eso es lo que está en juego... en Europa el teatro es tan evidente que creo que cabe esperar que los europeos nos ofrezcan eventos como Mamdani en Nueva York pronto... El problema es que, con los altos costos de la energía, estos idiotas sancionaron a Rusia y no compraron su petróleo y gas. Ahora tienen que pagar demasiado. Se están desindustrializando. Sus empresas se están yendo. Tienen que detener eso. De lo contrario, se convierten literalmente en una atracción turística y algo más. Así que ahora han encontrado la solución. Van a subvencionar la industria nacional mediante un enorme keynesianismo militar. Y para disimularlo, para que funcione políticamente, montan el teatro de la malvada Rusia que nos pone en peligro... Tenemos un sistema político teatral que ya no es tolerable (Michael Hudson y Richard Wolff)

 "(...) RICHARD WOLFF: Quiero presentar otra dimensión de todo esto para que lo hayamos discutido y su público pueda reflexionar sobre lo que considere razonable. El Sr. Trump se convirtió en una rareza, un candidato republicano muy firme en su defensa de la paz. Se acercó mucho a lo que Michael acaba de mencionar.

Prometió que pondría fin a la guerra en Ucrania. Creo que dijo: «O la pongo fin en una semana o en un día». Una de sus típicas exageraciones. Estoy siendo educado. Dijo prácticamente lo mismo sobre Israel en Gaza. Parecía reconocer que, con mucho, la guerra más destructiva en la época en que se postulaba a la presidencia era la guerra en Gaza. En otras palabras, los israelíes mataban gente a un ritmo diario muy superior al que Rusia y Ucrania se infligían mutuamente.

Así que, en todo caso, nos estaba dando a entender que entendía esa diferencia y que pondría fin a las guerras. Recuerden: "Voy a poner fin a las guerras eternas en Oriente Medio, etc." No lo ha hecho. Nos ha dado un escenario para hacerlo: intermitente. No se quedará con Zelenski en Ucrania. Lo hará. Ahora se reunirá con él. No se reunirá. Increíble.

Pero algo sabemos: la guerra no ha terminado. E incluso si se retira, está animando a los europeos a continuar esta guerra, algo que parecen preocupados, porque viven en el mismo escenario que nosotros en este país. Tienen líderes que luchan contra Rusia, pero la mayoría de esa gente no se siente parte de ella, no quiere la guerra en Ucrania y no participará en ella. Mientras tanto, los líderes siguen haciendo lo que hacen porque están metidos en un teatro. Están haciendo un teatro de las malvadas intenciones de Rusia, para lo cual no hay pruebas ni fundamento.

¿Qué hizo con la guerra en Gaza? Nada. Se quedó de brazos cruzados, como el Sr. Biden, y permitió que Netanyahu siguiera usando dinero y armas estadounidenses para librar la más terrible de las guerras existentes. Pero ha ido más allá. Ahora ha atacado a Irán, con quien antes no había guerra.

Se le atribuye todo el mérito por iniciar una tercera guerra en esa parte del mundo. No detuvo las otras dos. Las creó. Ahora tenemos un alto el fuego. Ambas partes se reorganizarán, porque sería una locura que Israel diera por sentado que Irán no la bombardeará, o viceversa. Así que estamos sentados sobre un nuevo escenario, pero ahora, el mayor escenario de todos, del que no se puede hablar.

Si fuera cierto que el Sr. Trump creía que podría haber uranio nuclear enriquecido, lo suficientemente enriquecido como para fabricar armas, en esos tres sitios de Irán, y lanzó sobre ellos las bombas más potentes que tenemos, lo que podría haber ocurrido es que las bombas hicieran estallar el material nuclear, en cuyo caso ¿qué habríamos tenido? Otro Chernóbil. Si le creemos, el riesgo que corrió debería destituirlo. Se arriesgó a una catástrofe nuclear, algo que no tenía por qué ocurrir. Irán no le estaba haciendo nada a Estados Unidos en ese momento.

Quizás sabía que allí no había nada parecido, que podía defenderse. Pero si lo hiciera, tendríamos más pruebas de que todo es un montaje. Ahora que tenemos indicios de que los iraníes sabían que debían sacar sus pertenencias de esos sitios, tal como les dijeron a los estadounidenses antes de atacar la base en Qatar que debían irse, lo cual hicieron.

Nos encontramos en un punto que prefiguró una película de Dustin Hoffman de hace muchos años llamada "Wag the Dog". Su idea era: se simuló una guerra. No sé si la han visto, pero si no, véanla. Hollywood simula una guerra para lograr los objetivos políticos y de otro tipo de quienes pagan por el cine. Ahí es donde estamos. Por eso ganó Mamdani.

Hay una reacción que va más allá de los detalles de Israel, el judaísmo o cualquier otra cosa. Es la expresión honesta de una población que sabe que la están estafando económica, política e ideológicamente. Quien pueda salir de este mal momento con un poco de honestidad genuina le irá muy bien. Ahora mismo, para mis compatriotas estadounidenses de centro-izquierda, Bernie tiene eso, y AOC tiene eso, y ahora Mamdani tiene eso, de lo cual deben extraerse ciertas lecciones para todos ustedes en cuanto a pensar en las estrategias que deben seguir para intentar sacar provecho de esta situación.

El Sr. Trump es presidente porque se dio cuenta de que nadie, ni en el Partido Republicano ni en el Partido Demócrata, sentía compasión por las víctimas de 40 años de globalización neoliberal: trabajadores sindicalizados blancos, hombres y cristianos. Eran los olvidados. Eran los insignificantes. Y se dirigió a ellos: «Soy suyo».

Y fue brillante. Los centró no en los ejecutivos corporativos, cuyas decisiones de trasladar la producción a China, automatizar y traer inmigrantes, estaban exentas. Sabía a quién tenía que complacer. Sabía quién era. Así que ideó la solución. Son esos horribles demócratas los que han estado favoreciendo a las personas negras, morenas y mujeres a costa de ustedes. Por eso están jodidos. Por eso no tienen trabajo ni futuro. En lugar de ser un maquinista sindicalizado, son recepcionistas en Walmart.

Así que dirige tu ira, dirige tu amargura contra la gente negra, la gente morena, las mujeres, todos los beneficiarios de la DEI. Son tu enemigo. Clásico. "Vota por mí. Yo lo arreglaré". ¿Qué arregla? Nada. ¿Qué resuelve? Nada. Tenemos más guerra en Oriente Medio que cuando él llegó. Pero sabía que podía sacar provecho.

Les digo que aprendan la lección. Mandani, AOC, Bernie, nos han enseñado algo. El sistema ha destruido la base de su propio apoyo popular. Tenemos que actuar si queremos convertirnos en los herederos de la reacción contra la situación en la que se encuentra este país.

MICHAEL HUDSON: Creo que lo que Richard ha descrito tan maravillosamente como el teatro de "¿cómo enmarcar el problema?" y "¿cómo enmarcar el problema de una manera que evite hablar de lo que realmente significa para los asalariados en la economía?" es el teatro del engaño.

Se puede decir que las Naciones Unidas —y Nima, sus invitados— han señalado cómo la Autoridad Internacional de Energía Atómica ha sido un escenario de engaños, pretendiendo proteger al mundo de una guerra económica y nuclear. Pues bien, según la documentación iraní, [el Director General del OIEA, Rafael Mariano] Grossi simplemente actuó como espía de la CIA e Israel para entregarle los nombres de los científicos atómicos con el fin de asesinarlos y para localizar los lugares donde hemos inspeccionado los verdaderos almacenes de uranio, para que estadounidenses e israelíes los bombardeen y los israelíes los bombardeen.

Todo este enfoque engañoso se ve desmentido por la intuición de los votantes estadounidenses, y apuesto a que también de los votantes de todo el mundo, de comprender que todo esto es un engaño. La política dominante en casi todos los países se ha basado en enmarcar el problema de forma que distraiga la atención de lo que a la mayoría de los votantes les importa: la economía y la estructura de la sociedad.

¿De qué se trata todo esto realmente? Se trata de qué tipo de sistema económico, qué tipo de sistema político vamos a tener. Existe la percepción, la realidad, de que el sistema político de ambos partidos está corrompido, al igual que los partidos políticos europeos están corrompidos al apoyar a la OTAN y la guerra en Rusia, en contra del voto de su propia población, en contra de la guerra de la OTAN, en contra de todas las encuestas electorales. Desde Estados Unidos hasta Europa, tenemos la política contra los votantes. Esto no es democrático. Es la antítesis de la democracia. Eso es lo que está en juego. 

RICHARD WOLFF: Quiero retomar la cuestión de Europa que Michael acaba de plantear. El teatro allí es tan evidente que creo que cabe esperar que los europeos nos ofrezcan eventos como Mamdani en Nueva York pronto.

Este es el escenario: con Estados Unidos, Ucrania es derrotada por Rusia. Llevamos tres años observando esto, y no va a cambiar. Sin un compromiso total con Estados Unidos, los europeos tienen aún menos posibilidades. Entonces, ¿por qué se demoniza a Rusia? ¿Qué está pasando? La respuesta: Rusia ya no necesita que Europa le venda su petróleo y gas. Puede vender petróleo y gas a India y China indefinidamente y obtener buenos resultados en el proceso, además de consolidar una alianza política: los BRICS, crucial para todos ellos.

Entonces, ¿cuál es el plan europeo? Exageran el peligro ruso. ¿Por qué? Para poder desviar el gasto público de las prestaciones sociales al militarismo. Lo que estamos viendo es un programa clásico de keynesianismo militar. El gobierno va a intervenir. Fíjense en [el canciller Friedrich] Merz en Alemania, un rearme de 80 mil millones de dólares al año ¿para qué? ¿Van a luchar contra Rusia? Van a perder otra vez.

Los europeos no tienen estómago para eso. No hay suficiente dinero. Y, sea lo que sea que puedan hacer, permítanme recordarles: 80 mil millones de dólares es la asignación alemana. Estados Unidos asigna diez veces esa cantidad en un año. No van a amenazar ni poner en peligro a Estados Unidos, y tampoco van a hacer eso con Rusia ni con China. Es demasiado tarde, pero no les importa, porque ese no es el punto.

El problema es que, con los altos costos de la energía, estos idiotas sancionaron a Rusia y no compraron su petróleo y gas. Ahora tienen que pagar demasiado. Se están desindustrializando. Sus empresas se están yendo, recorriendo Europa, Estados Unidos, a cualquier parte. Tienen que detener eso. De lo contrario, se convierten literalmente en una atracción turística y algo más.

Así que ahora han encontrado la solución. Van a subvencionar la industria nacional mediante un enorme keynesianismo militar. Y para disimularlo, para que funcione políticamente, montan el teatro de la malvada Rusia que nos pone en peligro a todos, incluso debajo de nuestras camas por las noches. De lo contrario, habría que explicar lo absurdo de atacar a Rusia. Rusia no es la razón. Su función es ser el actor, el símbolo en el teatro de lo que es necesario.

A eso me refiero. Son representaciones teatrales diseñadas para encubrir con un lenguaje aceptable un proyecto que no se atreven a presentar honestamente. Tenemos un sistema político teatral que ya no es tolerable. Incluso gran parte de Europa no cree en sus propios líderes.

NIMA ALKHORSHID: Exactamente. Muchas gracias, Richard y Michael, por estar con nosotros hoy. Un placer, como siempre.

RICHARD WOLFF: Gracias. Gracias a todos.

NIMA ALKHORSHID: Nos vemos pronto. Adiós.

https://www.youtube.com/watch?v=-fCOefH-Fnw " 

(Entrevista a  Michael Hudson y Richard Wolff, La casa de mi tía, 08/07/25, fuente Michael Hudson)

3.2.24

La amenaza emergente del fascismo... El lenguaje ha perdido su capacidad de despertar conciencias bajo el peso asfixiante del espectáculo y el vocabulario enloquecido de los demagogos. Estamos viendo un deslizamiento hacia una política fascista que presagia la muerte de la idea de democracia en Estados Unidos... La moral se derrumba cada vez más bajo el peso de la amnesia histórica, la represión de la disidencia y la ruina de la cultura cívica... El Partido Republicano es ahora sobre todo un vehículo para la política fascista... El nacionalismo cristiano blanco se fusiona con los elementos más extremos del capitalismo para imponer políticas crueles y despiadadas de desposesión, eliminación y una política de desechabilidad... ¿Cómo si no explicar la afirmación abiertamente fascista de Trump de que planea, una vez elegido, encarcelar a los disidentes políticos en los campos de prisioneros? El espíritu de la Confederación, junto con una versión mejorada y americanizada del fascismo, ha vuelto (Henry A. Giroux)

 "La política del tiempo de emergencia y la amenaza emergente del fascismo-

 El trasfondo de la violencia contemporánea es el colonialismo, la política de la desechabilidad, el fundamentalismo religioso, el neoliberalismo y el militarismo crudo.  La violencia parece haber envuelto la tierra como una tormenta de arena cegadora. Los niños son asesinados en masa en Gaza, la falta de vivienda se extiende cada vez más entre los jóvenes de muchos países, la desigualdad alcanza niveles asombrosos y la cultura de la justicia ha sido sustituida por una cultura global de guerra. El capitalismo gángster está librando una guerra contra la clase trabajadora, los derechos reproductivos de las mujeres, los derechos de los homosexuales, la gente de color y la propia democracia, envolviéndose descaradamente en el discurso del fascismo.

 La moral se derrumba cada vez más bajo el peso de la amnesia histórica, la represión de la disidencia y la ruina de la cultura cívica. El lenguaje ha perdido su capacidad de despertar conciencias bajo el peso asfixiante del espectáculo y el vocabulario enloquecido de los demagogos. La responsabilidad social va a la deriva y ya no se asocia al funcionamiento de la sociedad estadounidense. Los políticos y empresarios de la muerte ignoran la sangre que producen sus armas e invierten fuertemente sin rendir cuentas en el terrorismo de Estado y mundial. Familias enteras, niños, escuelas, hospitales y lugares de culto son bombardeados, y mujeres y niños son asesinados mientras los bárbaros del fascismo y las industrias armamentísticas se regodean en sus crecientes beneficios obtenidos del derramamiento de sangre y de un sufrimiento inimaginable. [Como ha argumentado Chris Hedges, el capitalismo de gánsteres ha llegado a su conclusión lógica y tóxica, "fertilizado por la desesperación generalizada, los sentimientos de exclusión, inutilidad, impotencia y privación económica"[2] El resultado es un deslizamiento hacia una política fascista que presagia la muerte de la idea de democracia en Estados Unidos.

  Los periodistas y los medios de comunicación de Vichy ahora más que nunca comercian con la "objetividad" y las llamadas a la imparcialidad mientras la violencia se intensifica en todos los niveles de la sociedad[3] Trump es tratado como un candidato normal a la presidencia a pesar de abrazar formas nihilistas de anarquía. Vomita racismo, odio e interminables amenazas de violencia, indiferente a los llamamientos a la rendición de cuentas, por tímidos que sean. La cobardía se esconde tras la falsa apelación a una tambaleante noción de equilibrio. Los medios de comunicación dominantes tienen más afinidad por el resultado final que por la verdad[4] Su silencio equivale a una forma de complicidad.

 El Partido Republicano es ahora sobre todo un vehículo para la política fascista[5]. Estados Unidos ha llegado al punto final de un cruel sistema económico y político que se asemeja a un muerto andante: una política zombi que se nutre de la explotación de la clase trabajadora, los inmigrantes, los pobres, los desposeídos y los niños indefensos que mueren bajo los escombros bombardeados por el terrorismo de Estado. El nacionalismo cristiano blanco se fusiona con los elementos más extremos del capitalismo para imponer políticas crueles y despiadadas de desposesión, eliminación y una política de desechabilidad. Bocanadas de sangre saturan el lenguaje del autoritarismo, al que siguen políticas de destrucción, explotación y desesperación absoluta. El tiempo público basado en nociones de igualdad, bien común y justicia se desvanece en el basurero de una historia blanqueada. Como señaló James Baldwin en una ocasión, hasta que los nazis llaman a su puerta, estos tipos de "seamos equilibrados" se niegan a tener el valor de nombrar al fascismo por lo que es.

 Frente al tiempo de emergencia, es crucial desarrollar un gran despertar de la conciencia, un movimiento masivo de base amplia para la defensa de los bienes públicos, y una movilización de educadores y jóvenes que puedan tanto decir no como luchar por una democracia socialista.  La lucha contra el fascismo no puede tener lugar sin nuevas ideas, visión y la capacidad de traducirlas en acción. Los recuerdos peligrosos y la resucitación de la conciencia histórica ayudan. Y son aún más necesarios a medida que la democracia se ahoga en la inmundicia de los demagogos, el nacionalismo blanco, la guerra de clases, el militarismo y el nacionalismo cristiano.  Los estadounidenses que creen en la democracia y la justicia no pueden seguir aceptando que se les reduzca a una nación de espectadores; no pueden seguir definiendo la democracia reduciéndola a una máquina de votar controlada por los ricos; ni pueden equipararla al cadáver del capitalismo; no pueden seguir permitiendo que el silencio de la prensa funcione como una máquina de desimaginación que funciona para despolitizar en gran medida al público; no pueden seguir permitiendo que se impulse la educación como una maquinaria de analfabetismo, amnesia histórica e ignorancia.

  No estoy incurriendo en un pesimismo paralizante, sino subrayando la urgencia de un momento histórico que está a punto de deletrear la sentencia de muerte de Estados Unidos como idea, como promesa de lo que una democracia radical podría presumir para el futuro. Vivimos en una época de emergencia, una época de crisis en la que el tiempo se ha convertido en una desventaja y el tiempo público en una necesidad y una llamada al pensamiento y la acción militantes. Sin agencia no hay posibilidad de imaginar un futuro que no se haga eco del fascismo del pasado, sin posibilidad no hay razón para reconocer las amenazas materiales e ideológicas muy reales a las que se enfrentan ahora Estados Unidos y el resto del mundo.

 El fascismo ya no está enterrado en la historia. Se está reproduciendo el espíritu de Weimar 1933. ¿Cómo si no explicar la afirmación abiertamente fascista de Trump de que planea, una vez elegido, encarcelar a los disidentes políticos en los campos de prisioneros? O su promesa de "erradicar a los comunistas, marxistas, fascistas y a los matones de la izquierda radical que viven como alimañas dentro de los confines de nuestro país, que mienten y roban y hacen trampas en las elecciones y harán todo lo posible -harán todo lo posible, ya sea legal o ilegalmente- para destruir América y destruir el sueño americano". La retórica beligerante de Trump fusiona un vocabulario de deshumanización con un lenguaje de limpieza racial y repetidas amenazas de violencia. Afirma que los inmigrantes están "envenenando la sangre de nuestro país", afirma que "el antiguo jefe del Estado Mayor Conjunto merece ser ejecutado, y para disuadir a los ladrones insta a los agentes de policía a dispararles". Afirma abiertamente con una sonrisa en la cara que quiere ser dictador[6]. Para los políticos de extrema derecha y MAGA, la política fascista se exhibe y promulga ahora como una insignia de honor. Hay más en juego aquí que un eco de antiguos regímenes autoritarios. Las consiguientes amenazas de Trump y sus tipos guerreros-soldados conducen directamente a los Gulags y campos en una era anterior de autoritarismo.

 El espíritu de la Confederación, junto con una versión mejorada y americanizada del fascismo, ha vuelto. Las ortodoxias cadavéricas del militarismo, la limpieza racial y el fascismo neoliberal apuntan tanto a la bancarrota de la conciencia como a un caso en el que el lenguaje falla y la moralidad se derrumba en la barbarie, y cualquier vestigio de democracia es tanto objeto de burla como de ataque. A medida que se acerca el nuevo año, quiero terminar con una nota de posibilidad aportando una cita de Howard Zinn, mi antiguo mentor y amigo. Escribe:

Tener esperanza en los malos tiempos no es sólo una tontería romántica. Se basa en el hecho de que la historia humana es una historia no sólo de crueldad, sino también de compasión, sacrificio, valor y bondad. Lo que decidamos destacar en esta compleja historia determinará nuestras vidas. Si sólo vemos lo peor, se destruye nuestra capacidad de hacer algo. Si recordamos aquellos momentos y lugares -y hay tantos- en los que la gente se ha comportado magníficamente, eso nos da la energía para actuar y, al menos, la posibilidad de enviar esta peonza de mundo en una dirección diferente. Y si actuamos, por poco que sea, no tenemos que esperar a un gran futuro utópico. El futuro es una sucesión infinita de presentes, y vivir ahora como creemos que deben vivir los seres humanos, desafiando todo lo malo que nos rodea, es en sí mismo una maravillosa victoria."                   

 (Henry A. Giroux actualmente ocupa la Cátedra de Becas de Interés Público de la Universidad McMaster, Brave New Europe, 02/01/24; traducción DEEPL)

9.12.23

Destruyen la democracia en Estados Unidos... incluso en un diario tan conservador como The Washington Post, se reconoció «el miedo a una inminente dictadura de Donald Trump». Objetivo al que justamente se orientan muchas nuevas leyes... De enero a octubre de 2023 se habían aprobado en Estados Unidos 17 leyes restrictivas del voto en 14 estados, mientras que había 325 proyectos de ley de ese tipo en otros 45... En los últimos censos electorales se han eliminado más de 19 millones de registros de las listas de votantes, y no más del 20% de esas bajas estaba justificada por cambios en la situación objetiva de los votantes... (Juan Torres López)

 "Estados Unidos tiene unas 750 bases militares en más de 80 países y se dice que existen para garantizar la democracia en el mundo. Una justificación con muy poco fundamento.

De 1945 a 2022, Estados Unidos ha impulsado o apoyado 350 operaciones destinadas a acabar con gobiernos instituidos en diferentes partes del mundo. De todos ellas, sólo el 12,5 % buscaron promover o trajeron la democracia. Quizá ocurra eso porque nadie puede exportar hacia fuera lo que no tiene en su interior.

No voy a referirme a las múltiples manifestaciones de falta de democracia que tiene el régimen político estadounidense (campañas billonarias financiadas por las grandes fortunas y corporaciones, sistema electoral que permite ganar a quien no tiene mayoría de votos, o que las políticas sanitarias, educativas o fiscales que se aplican sean contrarias a las preferencias manifestadas reiteradamente en encuestas por más de las tres cuartas parte de la población, entre otras). Hoy sólo mencionaré la que quizá sea la más patente y lacerante: la creciente exclusión del derecho al voto de quien se presume que no va a votar lo que interesa al poder económico.

Según el Centro Brennan para la Justicia, tan sólo de enero a octubre de 2023 se habían aprobado en Estados Unidos 17 leyes restrictivas del voto en 14 estados, mientras que había 325 proyectos de ley de ese tipo en otros 45.

Lo que buscan estas normas es hacer cada vez más difícil que los estadounidenses elegibles emitan libremente su voto al establecer restricciones al emitido por correo o anticipado, una identificación de votantes más estricta que afecta desproporcionadamente a los de color y a las personas con discapacidades, reasignando zonas electorales para favorecer a los republicanos en el cómputo final, o -entre otras- disminuyendo el número de colegios en las zonas de presumible mayoría de voto demócrata, para que emitirlo comporte mucha más incomodidad.

En los últimos censos electorales se han eliminado más de 19 millones de registros de las listas de votantes, y no más del 20% de esas bajas estaba justificada por cambios en la situación objetiva de los votantes.

La estrategia de restringir el derecho al voto, sobre todo, a la población negra, de origen inmigrante o a los jóvenes, no es nueva, aunque el Partido Republicano la ha exagerado en los últimos años. Uno de los fundadores de la muy influyente Fundación Heritage, Paul Weyrich, lo dijo ya muy claro en 1980: «No quiero que todos voten (…) nuestra influencia en las elecciones aumenta claramente a medida que disminuye la población votante». Y las reformas legales para restringir el voto no son, desde luego, una simple ocurrencia de los republicanos. Las campañas para aprobarlas las financian grandes empresas, sobre todo de la industria de los combustibles fósiles, gastando para ello muchos millones de dólares.

Lo más bárbaro de todo esto quizá fue lo de Georgia: se criminalizó proporcionar alimentos y agua a las personas que, por los motivos que he mencionado, tenían que hacer colas durante largas horas para votar.

No es de extrañar que, incluso en un diario tan conservador como The Washington Post, se reconociera hace unos días «el miedo a una inminente dictadura de Donald Trump» (traducido aquí). Objetivo al que justamente se orientan todas estas nuevas leyes.

Quienes hacen todo eso con el voto y la democracia en Estados Unidos son los que dicen que van a llevar la democracia el resto del mundo y hay millones de personas ingenuas que se lo creen.

Cuánta razón llevaba Paulo Freire cuando decía en Pedagogía del oprimido que se estimula la ingenuidad para satisfacer los intereses de los opresores."                  (Juan Torres López, blog, 07/12/23)

18.9.23

Izquierda y nacionalismo: ¿En qué democracia europea vimos los derechos de las oposiciones parlamentarias quebrados? En Cataluña el 6 y 7 de septiembre de 2017. ¿En qué democracia europea vimos una consulta sin sobres, sin censo electoral, sin cabinas electorales? En Cataluña el 1 de octubre de 2017... Imaginemos por un momento que un Gobierno europeo -pongamos como ejemplo el húngaro, el polaco o el actual Gobierno italiano- haga lo que se ha hecho en Cataluña en el otoño de 2017. ¡Menuda tormenta política y moral se desataría! Pues bien, eso ha ocurrido aquí y todos parecen haberlo olvidado... ¿Qué le pasa al sistema político español para que así sea? Pues le pasa algo muy corriente en todas nuestras democracias. Una enfermedad moral y jurídica que se llama partitocracia. Los partidos políticos se han convertido en meras máquinas de poder... Lo grave de todo eso es que el fenómeno no es estrictamente español. Es una crisis generalizada de nuestras democracias. Basta con mirar a EEUU o a Francia, donde la Constitución está cada vez más forzada en un sentido antipolítico (Benoît Pellistrandi, historiador)

"(...) España ha sido, por su trayectoria histórica desde hace más de medio siglo, un ejemplo sin par de la grandeza de la idea democrática. Ya en tiempos del franquismo, las oposiciones españolas fueron capaces de construir las bases de la democracia que era preciso construir. Gracias a este trabajo clandestino, intelectual, sindical, social y político, la Transición democrática pudo resolver problemas pendientes del país desde el siglo XIX y eso, dentro de la convivencia -a pesar de ETA y gracias a una movilización extraordinaria de la sociedad española contra esta política del terror (¿cabría preguntarse si fue así también en la sociedad vasca?) - y del pluralismo. Los españoles se pusieron de acuerdo para construir el marco civil en el cual podrían discrepar civil y legalmente.

Esta historia es un legado para toda la historia europea. Fue un ejemplo en la transición de los países del Este del comunismo a la democracia. Fue como un rejuvenecimiento de la idea democrática. Y el entusiasmo español contrastaba a veces con el cansancio de otros pueblos europeos.

 Todo este legado, hoy por hoy, se está echando a perder. Por dos razones. La primera es el papel de los nacionalismos excluyentes, especialmente el catalán desde 2010. El segundo es la partitocracia, culpa del PSOE y del PP, pero también de los partidos dominantes en sus feudos como el PNV, CiU ahora Junts, ERC y pronto Bildu...

¿En qué democracia europea vimos los derechos de las oposiciones parlamentarias quebrados? En Cataluña el 6 y 7 de septiembre de 2017. ¿En qué democracia europea vimos una consulta sin sobres, sin censo electoral, sin cabinas electorales? En Cataluña el 1 de octubre de 2017.

Imaginemos por un momento que un Gobierno europeo -pongamos como ejemplo el húngaro, el polaco o el actual Gobierno italiano- haga lo que se ha hecho en Cataluña en el otoño de 2017. ¡Menuda tormenta política y moral se desataría! Pues bien -y eso subraya la irrelevancia de España- eso ha ocurrido aquí y todos parecen haberlo olvidado... empezando por los propios españoles. Y aquí vuelve a resurgir mi asombro. ¿Será posible que la crisis más grave que España ha conocido desde la Guerra Civil esté ya olvidada? ¿Qué le pasa al sistema político español para que así sea?

Pues le pasa algo muy corriente en todas nuestras democracias. Una enfermedad moral y jurídica que se llama partitocracia. Los partidos políticos se han convertido en meras máquinas de poder, distribuyendo prebendas y favores, usando los presupuestos públicos para orientarlos a fines electoralistas y partidistas. De ahí lo patético de las descalificaciones que los dos grandes partidos se echan en cara. ¡Corrupto tú... y tú más! Y no hay ninguno que tenga vergüenza al acordarse o bien de la financiación irregular de su partido o bien de los desvíos de fondos públicos. Los españoles lo sienten y, aunque votan masivamente, no creen en la capacidad de la política de resolver sus problemas.

 Pero hay aún algo más grave. Las instituciones del Estado están ya fragilizadas por esta competición a ultranza por el poder.  (...)

No estamos asistiendo a una batalla política por y para España, sino a una lucha encarnizada entre bloques interesados en hacerse con el control de los mandos del poder, es decir los presupuestos y el poder de nombramiento. Política sin principios y sin moral.

Como hispanista me duele ver esta deriva de España, que supo mostrar que la política podía ser la herramienta de la resolución de los problemas, mediante una Constitución bien equilibrada que expresaba un consenso para poder vivir los desacuerdos normales en toda sociedad, y que hoy nos está demostrando que la política puede añadir problemas a los ya existentes.

Lo grave de todo eso es que el fenómeno no es estrictamente español. Es una crisis generalizada de nuestras democracias. Basta con mirar a EEUU o a Francia, donde la Constitución está cada vez más forzada en un sentido antipolítico. No debemos resignarnos a ver fragilizado nuestro legado más importante. Debemos exigir a los que pretenden representarnos que cumplan con sus deberes constitucionales."             

(Benoît Pellistrandi es historiador y autor de 'El laberinto catalán. Arqueología de un conflicto superable', Revista de prensa, 14/09/23; Este artículo se publicó originalmente en El Mundo)

15.9.23

La mejor carta que Sánchez puede jugar con Puigdemont para ser investido... El regateo forma parte de las negociaciones... Lo habitual es que una parte eleve el precio en el inicio, este puede ser el caso... Puigdemont Ha fijado un marco continuista con 2017 como arranque, y a partir de ahí, y tras el 11 de septiembre, llegará el momento de las negociaciones en serio... los términos de partida son difícilmente aceptables para el bloque socialista, en la medida en que no se renuncia al “volveremos a hacerlo”, en que carga la culpa sobre el Estado de lo ocurrido y en que pretende que se constate que el referéndum de 2017 fue legal y legítimo. De no moverse Junts de estas posiciones, el resultado sería la repetición electoral... Las negociaciones, sin embargo, no ocurren en el vacío. Y esa es la mayor baza de Sánchez para lograr que Junts ayude en la investidura sin que el precio sea excesivo, probablemente limitado a la amnistía y a una promesa de una revisión futura de la organización territorial del Estado... La otra opción es la repetición de elecciones. Y es una opción arriesgada para todas las partes, pero mucho más para Junts... serán los de Puigdemont los que sean percibidos como responsables, sobre todo, si ganan las derechas... Junts quedaría aislado socialmente... sería percibido como la fuerza política que habría impedido una solución razonable para Cataluña, con el añadido de que muchos de los suyos serían sancionados administrativa o penalmente y el humor social que los comicios transparentaron fue el de la necesidad de poner freno definitivo a las tensiones surgidas de 2017... Eso no significa que el acuerdo de investidura vaya a llegar, porque el factor humano es relevante, pero lo vuelve mucho más probable (Esteban Hernández)

 "Las negociaciones son procesos dinámicos, y no cabe tomar sus distintos momentos como si fueran la totalidad. Las exigencias de Puigdemont son un punto de partida, no el de llegada, y es algo que debería tenerse en mente a la hora de analizar sus peticiones, ya que su concreción, de darse, solo tendría lugar al final del camino.

El regateo forma parte de las negociaciones. Puede ser de diferentes maneras. Lo habitual es que una parte eleve el precio en el inicio, sabedora de que la contraparte lo intentará rebajar al máximo. Como señala Antonio Fernández, este puede ser el caso. Puigdemont ha querido dar la imagen de president legítimo en el exilio, y su discurso pretendía tener recorrido interno de cara a la Diada, en que no desea que Junts sea abucheado por los suyos, como le ha ocurrido a ERC. Ha fijado un marco continuista con 2017 como arranque, y a partir de ahí, y tras el 11 de septiembre, llegará el momento de las negociaciones en serio y de las cesiones que comportarán. Es una posibilidad. En cualquier caso, los términos de partida son difícilmente aceptables para el bloque socialista, en la medida en que no se renuncia al “volveremos a hacerlo”, en que carga la culpa sobre el Estado de lo ocurrido y en que pretende que se constate que el referéndum de 2017 fue legal y legítimo. De no moverse Junts de estas posiciones, el resultado sería la repetición electoral.

 En ese proceso negociador, también podría ocurrir que el regateo se parezca a eso que ahora llaman precios dinámicos, es decir, un sistema según el cual cada vez que se echa un vistazo a una página para comprar un billete de avión o la entrada de un concierto, el precio sube. Esa forma de regateo unilateral es otra posibilidad, y quizá Puigdemont y los suyos perciban cierto beneficio en poner las cosas más difíciles y optar por el programa de máximos.

La posición negociadora

Las negociaciones, sin embargo, no ocurren en el vacío ni dependen de la pura voluntad de las partes. Las constricciones estructurales y el momento en que se producen son muy relevantes. No determinan el resultado, porque el margen de acción humana está siempre ahí, pero lo condicionan. Y esa es la mayor baza de Sánchez para lograr que Junts ayude en la investidura sin que el precio sea excesivo, probablemente limitado a la amnistía y a una promesa de una revisión futura de la organización territorial del Estado.

No hay que olvidar que Junts ha perdido mucho poder local (ayuntamientos y diputaciones), con lo que eso significa de menoscabo económico

Junts está en una situación complicada, en la que influyen tres factores: la posición del ala dura, que quiere persistir en el marco de 2017, el deseo de sectores del partido de regresar a posiciones convergentes que hagan más fácil el futuro, rebajando los elementos identitarios y priorizando un enfoque más económico, y la situación procesal de dirigentes y cuadros. Y todo esto sin olvidar que Junts ha perdido mucho poder local (ayuntamientos y diputaciones), con lo que eso significa de menoscabo económico.

La oportunidad

En ese contexto debe tomarse la decisión sobre la investidura de Sánchez. La otra opción es la repetición de elecciones. Y es una opción arriesgada para todas las partes, pero mucho más para Junts. El PSOE ha mostrado desde hace tiempo una predisposición indiscutible a la negociación: está aceptando de antemano términos como amnistía, que no es un asunto menor, y ha declarado repetidamente que es el momento de arreglar el problema catalán. Esa postura puede generarle algunas críticas internas, y granjearle la animadversión de los partidos opositores nacionales, pero fija una voluntad significativa. En Cataluña, se percibe como una oportunidad difícilmente repetible.

El riesgo para Junts no es perder apoyo en una repetición electoral, sino que ganen las derechas

Es decir, si las exigencias de Junts son lo suficientemente duras como para romper las negociaciones, y la repetición electoral se produce, serán los de Puigdemont los que sean percibidos como responsables. En primera instancia, a los independentistas podría no molestarles, e incluso les permitiría crecer en escaños, porque habrían mostrado una voluntad firme. Pero sería poco relevante: que tengan mayor o menor presencia en el Parlamento es asunto secundario respecto del problema de fondo.

 El gran riesgo para Junts es que exista repetición electoral y ganen las derechas. En ese caso, no solo no habrá negociación, sino que esa solución de las situaciones procesales se esfumaría. La hostilidad previsible de un Gobierno de ese color contra el independentismo pondría mucho más difíciles las cosas a Junts, y además sus dirigentes serían percibidos como los grandes causantes de la pérdida de una importante oportunidad.

Las elecciones catalanas

Cataluña ha votado masivamente a favor del PSOE y en contra de un Gobierno PP-Vox. El independentismo ha perdido mucho peso en las elecciones generales, y el humor social que los comicios transparentaron fue el de la necesidad de poner freno definitivo a las tensiones surgidas de 2017. Habrá elecciones catalanas en breve, y si se fuerza una repetición de las generales cuyo resultado fuera en contra del sentir social dominante en Cataluña, Junts concurriría a las autonómicas como el gran responsable del desastre.

 Hay quienes piensan que, en realidad, este sería el marco idóneo para que el independentismo resurgiera con fuerza, en la medida en que un Gobierno de derechas participado por Vox lo beneficiaría. Quizá sí a largo plazo, pero a corto los resultados serían muy difíciles de sobrellevar: el PSC saldría muy reforzado y Junts quedaría aislado socialmente, con independencia de que le fuera un poco mejor o un poco peor en los diversos comicios: sería percibido como la fuerza política que habría impedido una solución razonable para Cataluña, con el añadido de que muchos de los suyos serían sancionados administrativa o penalmente. Les colocaría en una situación en la que el resurgir del independentismo resultaría improbable a corto plazo.

Jugar la baza de la repetición electoral contiene un riesgo muy elevado para Junts, bastante más que para el PSOE. El escenario social, el equilibrio inestable de las fuerzas parlamentarias y la situación interna de JxCAT van a condicionar las decisiones que Puigdemont y los suyos tomen. Eso no significa que el acuerdo de investidura vaya a llegar, porque el factor humano es relevante, pero lo vuelve mucho más probable."          (Esteban Hernández, El Confidencial , 08/09/23)