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2.12.24

Cualquier país, desde Marruecos hasta China, desde Arabia Saudí hasta India, tenía claro que la victoria de Trump era probable y contaba con un plan para el cambio de gobierno. Sin embargo, en Berlín o en París, lo que ha habido, y persiste, es una preocupante desorientación. Europa que vive en un mundo que ha huido y, lo que es peor, no quiere afrontar el actual. Berlín sigue extraviado en la bruma, París continúa con sus sueños de grandeza y Madrid persiste en la guerra local... España, y Moncloa en primer lugar, debería estar trabajando en un plan para el futuro, no para 2050, sino para 2025. Es urgente un nuevo mapa de país que ponga todo el énfasis en reforzar nuestras capacidades, en impulsar la industria y la economía... suena absurdo que el Estado no juegue un papel importante a la hora de movilizar el capital nacional, entre otras cosas, a la hora de desarrollar la industria. Buena parte de los recursos españoles son invertidos en la esfera financiera anglosajona o son destinados a la compra de activos inmobiliarios... Suena ridículo que España carezca de peso en sus empresas estratégicas... Suena absurdo, además, que las grandes empresas destinen sus beneficios a dividendos y recompras en lugar de a la (cada vez más escasa) inversión productiva. Es el momento de impulsar la actividad y crear empleo; el Estado debería ejercer un papel relevante a la hora de alentar ese giro... Es evidente que un impulso a las renovables es imprescindible si se quiere generar energía en abundancia y a buen precio, lo que ofrecería una menor dependencia de los suministros exteriores. Pero, además de asegurar una parte propia de suministro, hay que aprovechar las opciones de crecimiento que ofrece. La industria necesita energía barata y España puede proporcionársela si hace las cosas correctamente... Todavía hay quienes argumentan que una acción firme del Estado sería catastrófica para la economía. Hay malas noticias para ellos. Todos los países importantes del mundo han dejado de lado esa dirección... Hay medianas empresas, y algunas pequeñas, que se han posicionado bien en sectores con posibilidades. Hay que impulsarlas. Hay ámbitos en los que tenemos potencialidad. Hay que impulsarlos. Es hora de dejar de pensar únicamente en el Ibex y de certificar que la capacidad de crecimiento viene, en buena medida, desde esos terrenos intermedios que hoy están relegados a la invisibilidad. Esa tarea de identificación, refuerzo y fomento solo se puede hacer desde el Estado (Esteban Hernández)

 "Hay un cambio en España, y especialmente entre quienes se la toman en serio, que aparece cada vez con más frecuencia en las conversaciones privadas. Es llamativo que mucho de lo que dicen tomando un café o en una comida no lo expresen en público. A veces lo apuntan, pero con tono suave y matizando mucho las afirmaciones. Y es más significativo aún cuando quienes lo formulan son personas con responsabilidades públicas o privadas, y no menores. En esa contradicción entre lo que se piensa y lo que se expresa, se está jugando la suerte de nuestro país.

La entonación rebajada es comprensible: hay un cúmulo de verdades que se han instalado en la mente de quienes cuentan con poder de decisión, de la esfera pública y privada, con las que resulta complicado confrontar de manera directa. En parte por la negativa a cambiar de visión, en parte por interés, en parte porque viven en una nebulosa, en parte porque implicaría asumir que se han equivocado: hay cosas que no quieren oír. Pero todo se abre paso, aunque sea a un volumen reducido.

Perdidos en la niebla

Un primer hecho. Frente a esa narrativa oficial según la cual Europa, forzada por las circunstancias, está tomando conciencia del momento y vive un gran despertar (una nueva y amplificada versión del "saldremos más fuertes") afirman, quienes saben de esto, que Europa está envuelta en una nebulosa. Cualquier país, desde Marruecos hasta China, desde Arabia Saudí hasta India, tenía claro que la victoria de Trump era probable y contaba con un plan para el cambio de gobierno. Sin embargo, en Berlín o en París, lo que ha habido, y persiste, es una preocupante desorientación. Europa que vive en un mundo que ha huido y, lo que es peor, no quiere afrontar el actual.

Mientras tanto, Berlín sigue extraviado en la bruma, París continúa con sus sueños de grandeza y Madrid persiste en la guerra local

Repasemos el contexto. El mundo que nos rodea señala que EEUU se está reforzando en términos nacionales, en especial a costa de sus viejos socios; que China sigue creciendo y que su fuerza y su influencia internacionales serán mayores en los tiempos que vienen, en especial en el Sur Global y quizá en Europa; que países como Arabia Saudí llevan años inmersos en una reconversión, para la que cuentan con grandes cantidades de capital, que están transformando su economía y se están preparando a marchas forzadas para el futuro; que India puede ser un gigante; que toda clase de actores con cierto peso, desde Turquía hasta Rusia, están reorganizándose para el nuevo contexto internacional.

Mientras tanto, Berlín sigue perdida en la bruma y París continúa con sus sueños de grandeza. Dicen, quienes saben de esto, que Alemania reaccionará pronto y lo hará en términos propios, con una gran insistencia en su recuperación nacional y mucha menos en la UE. En definitiva, en un tiempo de notable fragmentación, cada Estado está intentando hacer valer las bazas que le refuerzan.

En Madrid, sin embargo, se vive un momento distinto, ese que definen Aldama, la asistente de la mujer del presidente, las especulaciones acerca de qué estaba haciendo Mazón, sobre si Lobato tal o cual y sobre el papel de los jueces. En esa lucha por el poder interno, las prioridades se pierden de vista de un modo preocupante.

El momento estratégico

España, y Moncloa en primer lugar, debería estar trabajando en un plan para el futuro. No para 2030, no para 2050, sino para 2025. Es decir, debería estar intentando, al menos, ponerse a la altura de lo que el resto de países importantes está haciendo. La fórmula estándar, y la que prefieren todavía buena parte de nuestras élites, consiste en buscar espacios en los que recortar. Pero no es la época de empequeñecer, sino de reforzar y de impulsar, de ir hacia delante en lugar de regresar a los viejos y buenos tiempos. La nostalgia de las clases dirigentes, liberales de antiguo formato, es especialmente dañina hoy.

Es urgente un nuevo mapa de país que ponga todo el énfasis en reforzar nuestras capacidades, en impulsar la industria y la economía

La pregunta es evidente: mientras los Estados importantes se están reforzando en términos nacionales, ¿qué estamos haciendo nosotros? Es urgente un nuevo dibujo de país que ponga todo el énfasis posible en reforzar nuestras capacidades, en impulsar nuestra industria, en potenciar nuestra economía. Partiendo de una base innegable: un Estado, cualquiera, pero más aquel que desea tener algún papel en el nuevo escenario, necesita asentar sus capacidades estratégicas.

La hora de la inteligencia económica

Suena ridículo que España carezca de peso en sus empresas estratégicas. Si un Estado no aporta los recursos necesarios para tener poder de decisión sobre ellas, ni tampoco logra movilizar el capital nacional que pueda ejercer de protector cuando fondos extranjeros intentan tomarlas (hay varios casos recientes), es que no está entendiendo las reglas de juego contemporáneas.

Del mismo modo, suena absurdo que el Estado no juegue un papel importante a la hora de movilizar el capital nacional, entre otras cosas, a la hora de desarrollar la industria. Buena parte de los recursos españoles son invertidos en la esfera financiera anglosajona o son destinados a la compra de activos inmobiliarios, dentro y fuera de nuestro país. Es hora de poner el capital a producir, porque es el aspecto esencial que puede movilizar nuestra economía, en lugar de favorecer su huida a entornos irrelevantes. Suena absurdo, además, que las grandes empresas destinen sus beneficios a dividendos y recompras en lugar de a la (cada vez más escasa) inversión productiva. Es el momento de impulsar la actividad y crear empleo; el Estado debería ejercer un papel relevante a la hora de alentar ese giro.

El petróleo y el gas van a seguir siendo necesarios durante mucho tiempo y España carece de ellos. Sin embargo, tiene sol, viento y tierras

La diferencia entre los países que cuentan y los que no, en un entorno donde el poder es decisivo, reside en varios factores, pero uno de ellos, y de los más importantes hoy, es la industria. Es la hora de tomárselo en serio, y España cuenta con posibilidades al respecto.

La energía brinda una oportunidad. Es un elemento esencial, y más en este contexto. El petróleo y el gas van a seguir siendo necesarios durante mucho tiempo y España carece de ellos. Sin embargo, tiene sol, viento y tierras. Es evidente que un impulso a las renovables es imprescindible si se quiere generar energía en abundancia y a buen precio, lo que ofrecería una menor dependencia de los suministros exteriores. Pero, además de asegurar una parte propia de suministro, hay que aprovechar las opciones de crecimiento que ofrece.

La industria necesita energía barata y España puede proporcionársela si hace las cosas correctamente. No se puede pensar el desarrollo de las renovables sin una estrategia para que beneficie al conjunto de España. Y, para ese fin, es preciso cambiar muchas cosas desde ya. La estructura de precios es una de ellas. La red es otra. No puede haber escasez de subestaciones por motivos que no aciertan a comprenderse. España debe tener mirada larga, y eso significa un plan decidido, enérgico y pragmático para aprovechar la baza energética, que sepa evitar las trabas burocráticas, también de las comunidades autónomas, y las de intereses que no respondan a los del país, para sacar partido de ella en un instante crucial.

Hay medianas empresas, y algunas pequeñas, que se han posicionado bien en sectores con posibilidades. Hay que impulsarlas

Si la economía siempre es importante, a partir de ahora lo será aún más. Con cada país, incluidos los europeos, librados a la búsqueda de un reforzamiento interno, la capacidad de un Estado para impulsar sus fortalezas será clave. Es la hora de la inteligencia económica. Eso significa conocer los límites y ampliar las posibilidades. En tecnología, es altamente improbable que España desarrolle empresas como Google y Amazon, pero hay sectores dentro de la cadena en los que contamos con empresas que están haciendo una tarea relevante. Habría que impulsarlos. Hay medianas empresas, y algunas pequeñas, que se han posicionado bien en sectores con posibilidades. Hay que impulsarlas. Hay ámbitos en los que tenemos potencialidad. Hay que impulsarlos. Es hora de dejar de pensar únicamente en el Ibex y de certificar que la capacidad de crecimiento viene, en buena medida, desde esos terrenos intermedios que hoy están relegados a la invisibilidad. Esa tarea de identificación, refuerzo y fomento solo se puede hacer desde el Estado.

Lo que no se quiere aceptar

Es hora, pues, de repensar España desde el lenguaje que se habla hoy en el ámbito internacional, y debe hacerse con urgencia. Esto implica muchas resistencias, porque significa pensar de otra manera en muchos sentidos, por ejemplo a la hora de otorgar beneficios al capital productivo para que cree actividad y empleo, y penalizar al especulativo que pretende rentas extractivas. Implica que el Estado pase de ser un árbitro distante de un mercado que funciona por sí mismo a que se convierta en un actor, generalmente vinculado a la colaboración público-privada, que sea capaz de aumentar nuestras capacidades. Implica desvincularse de la ortodoxia económica dominante, que es justo la que ha conducido a Europa a una situación muy complicada.

Todavía hay quienes argumentan que una acción firme del Estado sería catastrófica para la economía. Hay malas noticias para ellos

Todo esto es muy mal visto por los liberales de viejo formato, esos que se han quedado anclados en el libre mercado, el mundo basado en reglas y el libre comercio como motor de la paz mundial. Un ideal muy loable, pero que ha fracasado. Es hora de constatarlo: ese mundo solo vive en la mente de las élites europeas.

Todavía hay quienes argumentan que una acción poderosa del Estado sería catastrófica para la economía. Hay muy malas noticias para ellos. Todos los países importantes del mundo han dejado de lado esa dirección. Incluso EEUU, el garante del orden internacional basado en reglas, lleva desde 2016 dando pasos por el camino opuesto. El IRA pretendía llevarse empresas europeas a su territorio y los aranceles aspiran a abrir más los mercados a las necesidades de las firmas estadounidenses, financieras y tecnológicas principalmente. China continúa potenciando a sus empresas. Y así sucesivamente. De modo que esos hermosos y angelicales ideales chocan con una realidad que dice algo muy distinto. Persistir en el error significa concurrir al mercado global para competir con actores dopados, lo que coloca, a quien no anota ese hecho, en una situación de inferioridad que le conduce a la irrelevancia. El problema de los liberales de viejo y noble cuño no es que estén desapareciendo de los lugares de poder en el mundo; es que, con su persistencia en Europa, nos están arrastrando hacia la nada.

Este reforzamiento de las capacidades nacionales puede dar lugar a salidas ideológicas hacia la derecha o hacia la izquierda

Y todo esto no implica, como suele argumentarse, un repliegue sobre las economías puramente nacionales, lo que sería imposible. Se trata de estar en buenas condiciones para las alianzas. Ocurre en la UE: las asociaciones solo se realizan en términos positivos cuando se aporta algo a ella. Y para eso hace falta potencia, de manera que se puedan conseguir mejores condiciones en el tablero de juego actual. Lo demás es sentarse a la mesa para poner la firma en términos que redactan otros.

Es evidente, en este sentido, que la insistencia en que Europa debe asumir su defensa y que debe invertir más en armamento es una impugnación de raíz a las políticas económicas que hasta ahora se han considerado como las más adecuadas. Armamento implica gasto público. Se afirma que este es indispensable, dada la situación, y que, por tanto, debe hacerse una excepción que construya una vigorosa capacidad bélica en los países europeos. Pero si esto es así, por qué limitarse solo a la defensa. La guerra a la que Trump y China abocan es principalmente económica, por lo que debería ponerse el acento en todas las capacidades que permitirían afrontar los cambios, y no solo en una de ellas que, por importante que sea, dista mucho de ser la única. Que los Estados deban actuar para reforzar sus ejércitos y no su economía es una contradicción difícilmente salvable. Todo esto se está diciendo en España, sotto voce, pero cada vez con más frecuencia. Quizá sea el momento de que se atrevan a levantar la voz.

Una última advertencia, de carácter político. Este reforzamiento de las capacidades nacionales puede dar lugar a salidas ideológicas hacia la derecha o hacia la izquierda. Buena parte de la derecha internacional está en ello, la española se centra en derribar al gobierno y su modelo para el futuro es Argentina. La izquierda internacional todavía no ha anotado las reglas de juego del mundo en el que vivimos, y la española prefiere combatir el fascismo y los bulos."

 (Esteban Hernández , El Confidencial, 01/12/24)

8.11.23

Estudiantes gallegos de tecnología del IES Rego da Trabe, diseñan soluciones tras escuchar las necesidades de los enfermos de parálisis cerebral... que ya pueden apagar las velas para celebrar cada año que cumplen, gracias a un soplador mecánico elaborado con ventiladores de ordenadores estropeados, y una impresora 3D

 "Los pelos se le pusieron de punta a Beatriz Méndez Mareque el día que vio cómo sus alumnos escuchaban los problemas cotidianos con los que lidian las personas con parálisis cerebral que visitaron su instituto. Esos adolescentes inquietos a los que suele lanzar “miradas asesinas” para que callen y atiendan parecían hipnotizados, recuerda esta profesora de Tecnología en el IES Rego de Trabe de Culleredo (A Coruña). Los usuarios de la Asociación de Familiares de Personas con Parálisis Cerebral de A Coruña (Aspace) les contaron que nunca habían podido soplar las velas de su tarta de cumpleaños. 

Les relataron la odisea que les supone buscar una de las plazas de aparcamiento que los municipios reservan a los discapacitados. O sus esfuerzos imposibles para que el botón de encendido de un ordenador responda a sus limitaciones de movilidad. Esta charla es el punto de partida cada curso de un singular proyecto del centro de investigación CITIC de la Universidad de A Coruña llamado Talentos Inclusivos. Consiste en que los afectados por este trastorno lancen retos a los alumnos de ESO y Bachillerato para que discurran e inventen algo que les ayude a superar las barreras en su día a día. 

Los usuarios del centro de día y residencia de Aspace ya pueden apagar las velas para celebrar cada año que cumplen. Los chavales del IES Rego de Trabe idearon un soplador mecánico elaborado con materiales reciclados. Usaron desde ventiladores de ordenadores estropeados a una impresora 3D. En el proceso, tutorizados por los investigadores del CITIC, se reunieron con los afectados por estos trastornos para plantearles las dudas que les iban surgiendo. Por ejemplo, si querían uno o dos pulsadores, o si necesitaban que el artefacto fuera regulable en altura para que se adaptara a distintos tipos de tarta. Finalmente, se usó el mecanismo de una vieja sombrilla de playa para que fuera eficaz con velas clavadas en pasteles de cualquier tamaño.

Los alumnos de Tecnología de este centro de Culleredo han diseñado también un geolocalizador para que las personas con parálisis cerebral puedan saber dónde están exactamente los aparcamientos reservados para ellos en los ayuntamientos de A Coruña, Sada, Oleiros y Cambre. Además de la labor de programación, afrontaron un reto no tecnológico pero si cabe más complicado: sobrevivir al laberinto burocrático de recopilar los datos de ubicación de las plazas ante cada uno de los consistorios. Ahora se plantean mejoras, entre ellas que la aplicación incluya información sobre si el estacionamiento está libre. También inventaron un intercomunicador para que quienes no puedan hablar emitan peticiones básicas como “quiero agua”. O un poncho elaborado con textiles inteligentes que permite a los niños aprender las diversas partes del cuerpo: cuando tocan una, las telas conductoras funcionan como un interruptor y lanzan un mensaje pregrabado.

El primer poncho que idearon los muchachos no valía, tuvieron que modificarlo porque era imposible usarlo sentado en una silla de ruedas. “Este proyecto les obliga a ponerse en la piel del otro. Desarrollan primero la empatía y luego aplican el conocimiento”, explica la profesora Méndez Mareque. La docente destaca también que Talentos Inclusivos enseña a los adolescentes que la tecnología “vale para hacer cosas buenas” y les suscita un compromiso enorme: “Ellos saben que esto lo tienen que hacer bien porque va a ser usado por personas a las que conocen y han escuchado. Hay una exigencia personal muy interesante y esa vinculación es muy emocionante”.

María José, usuaria de Aspace, está “contentísima” porque ya tiene un pulsador especial que le permite encender y apagar el ordenador. Lucía también disfruta del licornio que le diseñaron los estudiantes a medida. Se trata de un casco con una varilla que le permite lanzar las bolas en su juego favorito: la bocha, un deporte paralímpico parecido a la petanca. Al comienzo del curso, las personas atendidas en Aspace realizan una “lluvia de ideas alrededor de las necesidades que les van surgiendo en su día a día”, señala Iria Robles, coordinadora de la asociación coruñesa. En los grupos de trabajo entre los chavales de los institutos y los afectados por parálisis cerebral se ha establecido “un vínculo sorprendente, se tratan como amigos”. “La sensibilización que pretendíamos la hemos logrado”, celebra Robles.

De la mente de estos adolescentes inventores han salido una treintena de soluciones tecnológicas que mejoran la vida cotidiana de personas con problemas de movilidad. Han creado un bingo adaptado o un mezclador de dados con pulsador. Han reprogramado videojuegos clásicos como los de Mario Bros o los comecocos para que los saltos y demás reacciones en pantalla se provoquen moviendo menos el mando.

Promover vocaciones

El Centro de Investigación en Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (CITIC) lleva 15 años trabajando en tecnología inclusiva, es decir, en elaborar diseños tecnológicos universales que piensen en todo tipo de personas y que ayuden a personas con discapacidad a mejorar su día a día y participar de lleno en la vida pública. Talentos Inclusivos busca “promover vocaciones en jóvenes y hacer cosas que tengan impacto directo en la sociedad”, explica Javier Pereira, subdirector del CITIC. Él cree que puede ayudar a reducir el “preocupante” sesgo de género que sufren las carreras tecnológicas: solo el 13% del alumnado de la Facultad de Ingeniería Informática de A Coruña son mujeres.

En el caso de Xiana y Lucía ha surtido efecto. Son alumnas de Bachillerato del IES Rego de Trabe y participaron en el diseño del geolocalizador de aparcamientos. Talentos Inclusivos ha servido a Xiana como “inspiración” y ahora tiene claro que quiere estudiar Informática. “Me ha permitido conocer la realidad de las personas con parálisis cerebral, ponerme en su lugar y hacer algo útil para sus vidas. Es muy bonito”, explica. Lucía, que ha visto a usuarios de Aspace llorar de emoción mientras les explicaban su invento, pensaba estudiar Física o Química, pero ha cambiado de opinión y se decantará por una carrera tecnológica. “Fue una experiencia única, maravillosa”, esgrime. “Ahora siento que con la tecnología puedo ayudar a los demás”.

Talentos Inclusivos enfila estos días su cuarta edición. Se acaba de abrir el plazo para que se inscriban los centros. Arrancó con ocho institutos y el año pasado participaron 12 y un total de 200 estudiantes y 27 usuarios de Aspace. La profesora de Tecnología Méndez Mareque cree que el éxito de este programa entre los chavales está detrás del incremento de matriculados que ha experimentado su asignatura: “Mis alumnos ya me han preguntado este curso que cuándo empezamos”."                   (Sonia Vizoso, El País, 04/11/23)

6.10.21

Ciencia a la sombra de un baobab: el triunfo de 25 años de cooperación hispanoafricana... el dinero público español ha sido determinante para impulsar el Centro de Investigación en Salud de Manhiça o CISM: uno de los más eminentes espacios consagrados a la innovación médica y científica de África... que ha desarrollado la vacuna RTS,S (Mosquirix por su nombre comercial) contra la malaria

 "No crecen baobabs en el sur de Mozambique. Excepto en un soleado jardín, apenas un patio interior bien disimulado en uno de los miles de fincas de la ciudad de Manhiça. Allí, robusto y orgulloso, muestra sus peladas ramas un ejemplar tan único como el lugar que lo acoge, el Centro de Investigación en Salud de Manhiça o CISM: uno de los más eminentes espacios consagrados a la innovación médica y científica de África. 

La institución cumple 25 años este 2021 como pionero ejemplo de éxito de la colaboración en igualdad de condiciones entre el Gobierno de un país rico y el de uno pobre: un mano a mano donde se ha cumplido a rajatabla el “tanto monta, monta tanto” de los católicos reyes Isabel y Fernando.

 Desde sus primeros pasos en 1996 hasta ahora ha aportado destacados avances en el campo de la investigación médica. Entre ellos, la vacuna RTS,S (Mosquirix por su nombre comercial) contra la malaria, pues aquí fue donde se realizaron las primeras pruebas de concepto y una parte importante de su desarrollo clínico; aquí, por primera vez, se demostró que se podía proteger a los niños africanos. Los estudios dentro y fuera del continente demostraron una reducción del 36% de los casos en niños vacunados a partir de cinco meses.

Tras finalizar un programa piloto de administración masiva de la Organización Mundial de la Salud (OMS) implementado desde 2019 en tres países –Kenia, Ghana y Malawi– con 800.000 menores de edad, es previsible que en los próximos días este organismo emita una recomendación para su utilización a gran escala como herramienta complementaria para prevenir el paludismo. Será la primera vez que la OMS recomiende el uso a gran escala de una vacuna contra la malaria, una decisión histórica que vendrá avalada por la evaluación previa de la Agencia Europea del Medicamento, que en 2015 dio una opinión positiva.

 Hoy, el CISM es un hervidero de médicos, epidemiólogos, demógrafos y técnicos de laboratorio –entre otras especialidades– volcados en la búsqueda de curas definitivas para la tuberculosis, el VIH y otras enfermedades de la pobreza. Es la famosa brecha 10/90 que el doctor Pedro Alonso, cofundador del CISM y actual director del Programa Mundial de la Malaria de la OMS, contaba a todo el que quería escucharle hace un cuarto de siglo, cuando elucubraba con crear un centro de investigación de referencia en África. “Si cuantificabas la carga de enfermedad en el mundo, el 90% estaba en los países en vías de desarrollo y solo el 10% en los desarrollados. Pero el presupuesto mundial de investigación va a las enfermedades de los países ricos, y solo el 10% se dedica a las enfermedades de la pobreza”, contextualiza.

 Corría el año 1994 y Manhiça solo era un punto en el mapa de un país que acababa de salir de una larga guerra civil y que figuraba entre los tres o cuatro más pobres del mundo. A miles de kilómetros, el doctor Alonso y la también doctora Clara Menéndez llegaban al Hospital Clínic de Barcelona para contribuir al pequeño núcleo de salud internacional que unos años después sería el primer servicio de salud internacional de un hospital de España. “Me dieron vía libre mientras fuera un trabajo de calidad”, recuerda Alonso. “Clara y yo insistíamos en que la investigación en salud era imprescindible para el desarrollo económico y social y, por tanto, una herramienta clave en la cooperación internacional”. Con ese argumento arrancaron el “proyecto Manhiça”: establecer un centro de esas características en Mozambique. ¿Y por qué allí? Por la misma razón por la que uno encuentra langostinos sobre su mesa en cada Navidad: este país del África austral ha sido uno de los principales socios comerciales de España desde la época colonial gracias a la pesca y también, o quizá por eso, país prioritario para la Cooperación Española, la Aecid, que es la puerta a la que los doctores fueron a llamar en busca de apoyo económico.

 Alonso se plantó en Mozambique cual director de cine a la caza de localizaciones para su siguiente película. Querían una zona rural, pero cercana a un aeropuerto, para facilitar las cuestiones logísticas y poder instalar laboratorios. “Debía ser un lugar donde se pudiera lograr que la investigación clínica y la epidemiológica fueran como en España. Nuestro mantra siempre ha sido: ‘lo mismo que se puede hacer en España se tiene que hacer aquí”, afirma Menéndez.

Manhiça poseía un hospital desangelado, con demasiados pacientes y escasos médicos, pero era capital de distrito, lo que facilitaba cuestiones administrativas. Con esto y sus apenas 80 kilómetros de distancia de Maputo, fue la elegida.

En aquellos tiempos de post conflicto, la situación sanitaria era preocupante. La mortalidad infantil era muy alta por las frecuentes epidemias de malaria y las diarreas, y el acceso a servicios esenciales de salud era mínimo. “Era común ver enfermerías enteras llenas de niños malnutridos. Poníamos en la misma cama hasta tres porque no había espacio para todos”, relata el actual director del CISM, Francisco Saúte, el primer mozambiqueño que se unió al proyecto cuando era un jovencísimo licenciado en Medicina.

Con este panorama, el CISM nació con tres ejes indisolubles: asistencial, de formación y de investigación. “No podíamos estar y no contribuir” afirma Alonso. “Y teníamos clarísimo desde el primer día que queríamos tener gente joven mozambiqueña que se formara”.

 Francisco Saúte dio sus primeros pasos en el CISM a las órdenes de Alonso, que dirigió la institución hasta 2009, y recuerda aquellos días de principiante. “Entonces trabajábamos en un cuarto del centro de salud, que ni siquiera era hospital distrital. Manhiça era más rural que ahora, la electricidad era irregular, no había teléfonos en las casas y debías ir a la oficina de correos para hacer una llamada… Era otro mundo. Nada hacía pensar que íbamos a estar aquí 25 años”.

 A pesar de las dificultades, echaron a andar. Los investigadores pudieron ocupar al poco tiempo una escuela de enfermería contigua que estaba en desuso, y a partir de ahí todo fue crecer: laboratorios, despachos e instalaciones de todo tipo florecieron como floreció aquel baobab que años después los doctores Alonso y Menéndez plantarían allí mismo.

El nacimiento de una vacuna histórica

A toro pasado, uno de los principales hitos en la historia del centro ha sido su contribución en el ámbito de las políticas de salud. Sus trabajos ayudaron a la implementación en el sistema sanitario nacional de las vacunas contra la neumonía y la diarrea, dos de las principales causas de mortalidad infantil. También nació aquí la técnica de las autopsias mínimamente invasivas para determinar las verdaderas causas de muerte en niños y poder atajarlas. Asimismo, se han desarrollado estrategias novedosas para prevenir la malaria en embarazadas que hoy se pueden leer entre las recomendaciones de la OMS.

Pero el hallazgo más conocido es el de la vacuna de la malaria, una enfermedad que mata anualmente a una media de 400.000 personas, la mayoría niños menores de cinco años en la región de África subsahariana. Esta llegó tras la visita de la entonces directora de la Iniciativa de Vacunación contra la Malaria, Regina Rabinovich. “No estábamos muy preparados, pero rápidamente nos arremangamos. Se corrió mucho, debo decir: tenía que hacerse el primer ensayo de una vacuna de malaria de nuestros tiempos. Fue en 60 niños y fue difícil porque el país no estaba acostumbrado a estas cosas… Hubo un trabajo muy intenso y fue, de alguna manera el punto de partida de nuestro crecimiento”, considera Eusebio Macete, director del CISM entre 2009 y 2021 y presente también desde los primeros tiempos.

 Se han conjurado infinidad de factores y actores que han propiciado que los investigadores de Manhiça hayan llevado sus trabajos a buen término, pero hay dos que todos mencionan. Por una parte, la colaboración ciudadana. “Disponemos de una plataforma de vigilancia de morbilidad en el hospital y otra de demografía de la comunidad. Por tanto, tenemos el distrito entero censado; es una cohorte de 25 años ideal para cualquier investigación porque tienen una muestra concreta”, explica Saúte. Leonardo Simão, presidente de la Fundación Manhiça y ministro de Exteriores cuando se fundó el centro, se enorgullece de ello: “En ocasiones, la población no acepta la investigación científica, la gente piensa que va a ser utilizada como cobaya. Pero nosotros tenemos una confianza que se fue construyendo y consolidando”.

El escenario que ofrece Manhiça para la investigación es otro de sus mayores atractivos. “Hay una preocupación internacional por reducir los problemas de los países en vías de desarrollo: la mortalidad neonatal, las muertes por malaria y por tuberculosis... Pues Manhiça está donde esos problemas existen”, contempla Macete.

Un “tanto monta, monta tanto” entre España y Mozambique

Es de justicia decir que el dinero público español ha sido determinante para impulsar este proyecto. Primero, como un proyecto de cooperación y luego, mediante un convenio, hoy en día España aporta de manera regular alrededor de 1,5 millones de euros anuales a través de la Aecid. El CISM maneja hasta 14 millones de euros de presupuesto anual. “Con cada euro que pone el Gobierno de España nosotros atraemos diez euros de fuera, y empleamos 700 personas de media”, afirma Macete.

 Por el lado mozambiqueño, destaca la apuesta por el proyecto desde los inicios a pesar de que invertir en ciencia no es algo muy popular. Y menos en un país paupérrimo. En el año 1994 era muy difícil explicar que con tan pocos médicos como había debían destinar una parte a la labor investigadora. Tuvieron suerte, sostiene Pedro Alonso, porque les tocó tratar con una élite política muy cultivada. Recuerda al ex primer ministro Pascoal Mocumbi, uno de los padres fundadores de la Frelimo (Frente de Liberación de Mozambique, partido gobernante desde la independencia en 1975) y que pasó por los cargos de ministro de Sanidad y ministro de Exteriores antes de llegar a primer ministro. Con él contactó Alonso en el año 98 para pedirle apoyo. “Me recomendaron que hablara con Mocumbi. ¿Pero cómo iba a hablar yo a este señor? Yo era un mindundi”, ríe al recordar. “Cuando le conocí, encontré a un señor extraordinariamente lúcido. Me dijo: ‘mira Pedro, no me tienes que convencer. ¿Sabes por qué necesitamos investigar? Porque somos pobres”, relata Alonso.

Descolonizando la salud global

La independencia de la institución siempre ha sido el faro que ha orientado las decisiones que se han tomado. Por eso, cualquier oferta de colaboración con una entidad externa se acepta siempre y cuando esta sea relevante para Mozambique. Y se ha hecho así desde los orígenes, en contraposición a otras academias e instituciones instaladas en África, pero utilizadas como “anclajes de colonización científica”, en palabras de Macete. “Eso es malo porque las instituciones no llegan a crecer y si no las dejas crecer, no las dejas pensar, no creas espacio para que los problemas locales sean pensados con los locales”, reflexiona el exdirector del CISM. Por ese espíritu, en el año 2008 el CISM se convirtió en algo más grande: la Fundación Manhiça, ya en manos cien por cien mozambiqueña y declarada de utilidad pública.

El CISM cuenta con socios, parceiros se dice en Mozambique, de todas partes del mundo. La clave de la confianza no son las buenas palabras, sino los resultados. “Si un proyecto se lleva a cabo, se ejecuta adecuadamente y hay unos resultados publicados, eso demuestra que se están haciendo las cosas bien. Pero para eso hay que estar muy alerta, mantener la calidad y no acomodarte”, advierte Menéndez, actual directora de Iniciativa de Salud Materna, Infantil y Reproductiva del Instituto de Salud Global de Barcelona.

El salto a la excelencia

Mucho ha cambiado el centro desde aquellos inicios circunscritos a un cuarto mal iluminado del hospital de Manhiça donde Clara Menéndez, Pedro Alonso y Francisco Saúte instalaron sus primeros ordenadores. Ahora, solamente una puerta enrejada con la pintura blanca ya carcomida es de lo poco que se conserva de esos tiempos.

De lunes a domingo, el CISM bulle actividad. A las siete de la mañana, el personal hace cola en la entrada para la toma de temperatura consabida en estos tiempos pandémicos. A las siete de la tarde, que en Mozambique acostumbra a ser noche cerrada, siempre queda alguna estancia encendida con algún técnico de bata blanca escudriñando a través del microscopio. En los pabellones destinados a la investigación en tuberculosis, el equipo de los doctores Sozinho Acácio y Alberto García-Basteiro hacen planes para expandir su reino en las dependencias del hospital; así lo requiere su creciente labor investigadora: ahora están enfrascados en una nueva herramienta para diagnosticar tuberculosis a niños, en otra para hallar mejor la variedad resistente de la enfermedad a partir de placas de petri coloridas.

 Enfrente, la veterana técnica de laboratorio Samira Sirage busca parásitos y microbios en unas muestras nada atractivas de heces, de sangre, de orina y de esputos. Más lejos, unas estancias cerradas a cal y canto con doble puerta almacenan infinitos ejemplares de la hembra del mosquito Anopheles, el transmisor de la malaria, que han sido previamente capturados por los chicos que dirige el doctor Pedro Aide, uno de los mayores expertos en paludismo, coordinador del área de investigación de esta enfermedad endémica y en buena parte responsable del éxito de la vacuna RTS,S.

Un cuarto de siglo después es innegable el impacto del CISM en Manhiça. Primero, el socioeconómico. También en la salud de la comunidad, porque el hospital atiende a muchos enfermos que, en otras circunstancias, tendrían que ser referidos a un hospital de Maputo y porque, si bien los problemas más prevalentes son los mismos que en los inicios, la mortalidad ha bajado notablemente en las últimas décadas. “Existe un ambiente profesional muy favorable a la investigación y hay una relación muy fuerte con el distrito de Manhiça, con sus líderes del distrito, con la sociedad civil… Dan importancia a la investigación y colaboran. Todos están en un ambiente que facilitan mucho la investigación”, opina el exministro Simão.

 Además, se ha expandido. Hay más centros de salud distritales y están presentes en las ciudades de Quelimane y Mopeia, donde ahora se estudian nuevas técnicas de prevención de la malaria. Hasta España llega su sombra, pues dio pie al nacimiento del Instituto de Salud Global de Barcelona, dependiente también del Hospital Clínic.

Desafío: no morir de éxito

Hace 25 años, el CISM era uno de los dos o tres proyectos en África que aspiraba a convertirse en institución de referencia, pero ahora que lo ha logrado el reto pasa por reinventarse constantemente “Tenemos 67 proyectos activos en este momento, y el equipo es más o menos el mismo que había hace siete años”, expone el director Saúte, consciente de que existe también un riesgo de dispersión que los lleve a perder calidad. Por eso, en su recién estrenado cargo quiere centrarse en reconsiderar las prioridades. “Debemos revisar qué hacemos y qué debemos hacer”.

Uno de los rostros habituales en el trajín diario del CISM es Inácio Mandomando. Actual coordinador del área de enfermedades bacterianas, virales y otras enfermedades tropicales desatendidas, fue también uno de los primeros médicos instruidos aquí y hoy devuelve ese legado formando a los epidemiólogos más jóvenes. A su juicio, y pese al aumento del personal entrenado, siguen siendo pocos investigadores. “Uno de los retos es continuar buscando talentos y retenerlos, y hemos de identificar cómo lograrlo”, propone.

 Aquel baobab que llegó como un esqueje de apenas 30 centímetros vigila como el primer día la animada confuçao –vocablo que sirve para casi todo en Mozambique– que se desarrolla en las blancas dependencias del CISM. Le acompaña un enorme mango, regalo de Graça Machel a la institución, y una la gigantesca palhota –cenador de techo de paja– circular plantada en plena entrada, símbolo de identidad de la sede de Manhiça.

Los éxitos y fracasos; las bienvenidas y los adioses; la concentración de quienes ocupan los laboratorios y la pericia de quienes hacen trabajo de campo; la solemnidad de unos, la espontaneidad de otros… El CISM son aquellos pioneros que soñaron con crear un centro de excelencia científica en medio de la nada más absoluta hace 25 años. También son los recién llegados, la mayoría jóvenes científicos, que pasan los días aprendiendo de sus mentores y las noches de los jueves compartiendo cervezas 2M y frango –pollo– frito en el cercano restaurante Casa Fresca. Desde un primer ministro como Mocumbi hasta una encuestadora, como Samira Sirage cuando comenzó, unos y otros han construido esta inusual historia de éxito. En sus manos, y en sus mentes, sobre todo, recae ahora la responsabilidad de continuar con este legado."                         (Lola Hierro, El País, 04/10/21)

26.4.19

Votaré a quién nombre un robot como Ministro del Futuro... algunas propuestas escandinavas dejan en manos de software algunas ‘decisiones’ de interés público...

"(...) Por primera vez en la historia es imposible saber a que se dedicarán nuestros hijos. Dentro de 15 años el mundo laboral que conocemos será una litografía en color sepia. Lo grave es que nadie está trabajando para evitar que ese parto sea doloroso. 

Lo evidencia cada vez más el tinglado que montan los partidos políticos en campaña electoral. Sus meriendas pre-organizadas y sus discursos diseñados al milímetro. Permitidme que sonría cuando escucho esto último: ‘discursos diseñados al milímetro’. Menos mal que los preparan, si no serían de aurora boreal.
 
Votes lo que votes, no votaras a nadie que ahora mismo esté teniendo en cuenta lo que va a pasar en unos pocos años. A veces me acuerdo cuando hace doce años pensaba lo mismo y nadie hacía caso. Es de cataclismo intelectual comprobar el modo en el que se preocupan de los debates televisados, de las redes sociales, de la gestión de datos o del uso que ‘dicen’ hacer de la inteligencia artificial y luego comprobar como nada de eso está en sus programas, en su plan político. No lo tienen en cuenta. Permitidme que dude de que usen nada de eso. (...)

Ahí va un resumen muy simple a lo visto hasta ahora en la campaña electoral que se arrastra estos días por la geografía española, cansina, a ritmo de procesiones, con las saetas de siempre y la ensalada de encuestas tan interesantes como interesadas.

 Tenemos un partido de color rojo que se esconde porque todo le va genial mientras obvia la tormenta económica que se avecina. 

 Hay otro de color azul que incapaz de empatizar con los problemas reales de todo un país que aun no percibe que ha salido de la crisis en términos generales.

 El de color naranja es el que nos ha descubierto el centro político. El centro era un punto intermedio desde que lo dijera Euclides hace miles de años. Ahora ya no, el centro es un lugar entre la derecha y la derecha. 

Un cuarto partido de color morado es capaz de defender a las clases populares desde su mansión con hipoteca concedida por la banca ética. Que no se diga. 

El de color verde no es ecologista. El verde es el quinto partido en liza. Es la irrupción de la denominada ultraderecha. Una urticaria naturalizada en el resto de Europa y que en realidad es la escisión natural del sector más conservador del antiguo partido que controlaba la derecha en su conjunto. 

Hay más. Desde un partido que defiende a los animales con posiciones de vergüenza ajena, al listado habitual de partidos con intereses territoriales que amenazan con imponer voluntades locales si alguien quiere o necesita su apoyo. En general, el mismo arcoíris.

Me pregunto sobre los ‘expertos’ de los partidos de siempre. ¿Dónde se han pasado los últimos diez años los estrategas de partido, los directores de comunicación y táctica política?¿De qué leches hablan cuando plantean estrategias a sus clientes? Es divertidísimo leer las propuestas de algunas consultoras políticas sobre eso de ‘estrategia de partido’ en redes sociales o ver como muchos ‘políticos’ se ven la mar de actuales poniendo un ‘@’ delante de su nombre un ‘#’ en sus eslóganes. 

Es que esto ya no es lo que era. Digamos que la gente va decidiendo lo que votar por otros canales que no tienen mucho que ver con la estrategia (mejor dicho, táctica) de los que llevan tanto tiempo en un sillón de alcántara, del cual, cuando se levanten no habrá manera de que regrese a su forma original del tiempo y peso que lleva sufriendo el pobre asiento.

Te guste o no, la sociedad en red (que sí, también consume tele), se nutre del debate entre las ideas que se derivan y no de la visualización de unos teatros que simulan ser nutritivos. Esos espacios, esa estrategia orgánica y viva, que no depende de órdenes directas sino de su voracidad distribuida, de que la tecnología y su enlace con lo analógico permita canalizarse, aun no ha empezado a detectar el desastre económico y social al que nos encaminamos sin remedio. Un descontento social que espera a que la ‘tele’ explique que volvemos a estar en ‘crisis’ y no una ligera ‘desaceleración’.

 Esto no va de mensaje, ni de líderes, es un tema más complejo. Los americanos lo inventaron pero quienes mejor lo manejan ahora son los escandinavos. Creas un entorno, derivas un mensaje, utilizas la tecnología y la dejas fluir. Luego, sólo tienes que dejar que los datos y su gestión capaciten tus decisiones electorales y tus acciones de gobierno. Se sorprenderían el uso básico e ineficiente que se está haciendo ahora mismo de todo eso en la mayoría de países europeos y la mayoría de latinoamericanos.

Pero lo importante es económico y de lo económico no se habla. Mejor dicho, si se habla no se emite y si se emite no se escucha. Da igual como lo digas. Da lo mismo que expliques la mutación de nuestro entorno. 

Ya no escribimos cartas, no elaboramos álbumes de fotos, nos reunimos sin estar juntos, no compramos entradas en ninguna taquilla, no se utilizan mapas callejeros, las guías turísticas son reliquias, no compramos periódicos, no visitamos tiendas de música, no conservamos nada en papel, no programamos un aparato para poder ver más tarde una película, no vamos al banco, leemos libros en pantallas digitales, conversamos en cualquier momento con personas que están a miles de kilómetros sin coste y en idiomas que desconocemos a tiempo real y las ciudades se gestionan por sistemas expertos que lo regulan todo de forma automática. Todo es distinto, pero la política se mantiene voluntariamente igual. Hierática ante los cambios que se suceden en el exterior de su burbuja.

Pero les llegará. Hoy en día las decisiones políticas se toman en base a tres criterios: presupuesto, interés partidista y capacidad de gestión. La primera la gestionaría increíblemente mejor un software inteligente que una docena de ministros de economía visto lo visto. Lo segundo, más divertido, un gestor de datos masivos capaz de trabajar en base a variables de bienestar social no dependiente de votos, podría gobernar sin esperar ‘encuestas’ o lo que fuera. La tercera es pura evidencia.

 ¿Quién más eficiente que un software aséptico? La política del futuro también será tecnológica y de verdad. Ya hay síntomas en algunas propuestas escandinavas que dejan en manos de software algunas ‘decisiones’ de interés público. En un par de décadas el escenario político también será muy distinto.

 Tal vez antes. No hablo de ideología, nuevos actores, ni tan siquiera de líderes modernos ofreciendo respuestas modernas. Me refiero a que, a la política, también le llegará la disrupción, su transformación digital poco tendrá que ver con los procesos técnicos, que también, sino con los modelos de decisión y estrategia ejecutiva. Tardará porque se van a defender, pero llegará.

El camino será el mismo del de otras ‘industrias’. Pasaremos de un escenario en el que los partidos proponen y la sociedad dispone, a otro en el que la sociedad exigirá y los partidos se adaptarán a esas peticiones. Para ello hará falta mucha democracia, viva y constante, automatizaciones, aceptación de que las deducciones estratégicas y políticas pueden establecerse mucho mejor a partir de la interpretación de los datos masivos y de la inteligencia artificial. No es ciencia ficción. 

Tiene poco de ficción y mucho de ciencia. Como ejemplo decir que existen compañías cotizadas en Japón que están siendo dirigidas por un software. En concreto hablo del caso del cerebro digital ‘Vital’ de la empresa Aging Analytics. Un CEO digital que gobierna una multinacional y que tiene voto de valor en un consejo de administración que está a sus órdenes. Por cierto, el incremento de facturación y beneficios ha permitido que se le renueve el contrato indefinidamente.

La convivencia entre lo tecnológico aplicado a la política es potencialmente viable. ¿Por qué van a ser los políticos los únicos a los que no les afecte ese futuro mundo sin empleo? Yo lo tengo claro visto lo visto. Yo votaría a un robot. 

Seguramente falta tiempo para que pueda depositar mi voto en una urna digital para votar a un software con una ‘ideología’ técnica, pero, mientras eso no llega, veamos a qué se dedican los actuales ‘líderes’. Les llamamos líderes vete tú a saber por qué, pues su lejanía de lo que sucede es de tal calibre que probablemente cuando todo esto se los lleve por delante pasarán años hasta que se den cuenta. 

Ellos seguirán yendo a su puesto de trabajo como si nada hubiera pasado, como en un guión de Asimov entrarán en su despacho rodeados de máquinas, se sentarán a ‘gestionar’ y nadie se dará cuenta de su presencia. Tanto tiempo ralentizando el mundo, tanto tiempo derivando sus responsabilidades, jugando a sus juegos de tertuliano de bar, tanto tiempo hablando de ellos mismos, que nada cambiaría con su presencia. Fin del juego.

Propuse hace tiempo que se considere la opción de crear un Ministerio del Futuro. Parece absurdo pero no lo es. Hay países que tienen cosas parecidas. Un departamento transversal que analice de manera objetiva la que se nos viene encima.

 ¿Quién mejor que un software inteligente para llevarlo a cabo? ¿Quién mejor que un robot para un cometido como ese? No estoy de coña, es que corren tiempos nuevos que nadie interpreta correctamente. Seguimos con ideas de siempre (todos), estrategias de pena (la mayoría) y tácticas de gente desconectada de la realidad (en general).

 Cuando la realidad haga ‘turn on’, va a ser divertido. El mundo sigue su curso hacia un escenario con poco empleo o hacia un tipo de empleo muy distinto. Todo lo que pueda ser automatizable, lo será. Periódicos sin periodistas, bibliotecas sin bibliotecarios, bares sin camareros, tiendas sin vendedores, empresas sin directores, taxis sin taxistas, hoteles sin recepcionistas, transporte sin transportistas, clínicas sin doctores y, quien sabe, parlamentos sin políticos. ¿Para qué se precisa un político humano?"                        (Marc Vidal, blog, 22/04/19)

12.6.18

Marc Vidal: Le pido a Pedro Sánchez que revise los planes actuales de I+D, que se deje de análisis pues crea parálisis. Que se ponga en lo que importa ahora y aquí. Sin una reconversión absoluta de la estructura económica de esta país no vamos a poder pagar nada

"(...) Lo que se ve a primera vista es una guerra intensa por como afrontar el Pacto de Toledo, las pensiones, el Fondo de Reserva, el déficit de la Seguridad Social, la mejora del Salario Mínimo Interprofesional, los recortes para alcanzar el déficit cero a finales de 2020, rebajar la deuda al 97%, justificar internacionalmente la ‘tasa Google’, la privatización de Bankia, la transición energética, el rescate de las autopistas, la ‘operación Chamartín’ que blinda el mundo del taxi ante la inexorable llegada de las plataformas como Uber o Cabify, un plan de carreteras muy revisable, una ampliación de los dos principales aeropuertos españoles, una reconversión del sector turístico si quiere enfrentarse con garantías al futuro inmediato, una agenda digital que ya nace vieja y unos acuerdos en materias agrícola y pesquera que tampoco son muy favorables a nuestros intereses.

 Eso, es lo que se ve en el horizonte más cercano.

Pero, ¿y la estrategia futura? ¿cómo se va a estructurar la entrada de nuestro país en el futuro? No se habla de hecho digital más que para incorporar tasas, costes o eventos diversos. 

Sin embargo debemos advertir al futuro nuevo ejecutivo que lo digital no sólo es algo que afecte a modelos de negocio, sino que lo hace en todos los aspectos y modelos sociales. Esta revolución tecnológica que empezó hace años, aunque algunos ni siquiera lo hayan percibido en gran medida, es como otras que ya sucedieron. Por lo menos como las que fueron relevantes.

 Esta tendrá como resultado un modelo nuevo de organización social donde conceptos como propiedad, empleo, libertad o estado deberán repensarse. Además, si esto sucede como siempre lo ha hecho, estamos ante una inminente lucha de tipo social que exija corregir los desajustes y riesgos que toda revolución tecnológica e industrial conlleva.

Y mientras unos seguimos dando vueltas al tiovivo otros están manos a la obra. En Francia, el presidente Macron presentó hace unos meses un plan nacional de Inteligencia Artificial. Suena a película pero no es ficción. Se trata de afrontar el futuro con sus propias herramientas. El mismo presidente galo apareció en Wired explicando para que era ese plan y que perseguía. 

Dijo que esta revolución tecnológica era en realidad una revolución política. Y tiene razón. Es evidente que cuesta imaginarse una entrevista en un medio como ese, aportando registros de valor, a cualquier político español. Por lo menos de momento.

Y no porque no sepan o puedan, es porque realmente no se dan cuenta de la dimensión de la tragedia. Una tragedia que se debería convertir en reto. La necesidad de transformar algunas ciudades en verdaderos hubs de atracción de talento y tecnología. Francia lo tiene claro y lo centrará en París, Lyon y Toulouse. 

Macron decía en esa entrevista que quería ‘un país liderando esta revolución desde una perspectiva multidisciplinar, con matemáticas, ciencias sociales, tecnología y filosofía trabajando en común’. ¡Que envidia!

Envidia y temor. Si unos están en ese tren, otros seguimos en el andén. Los franceses están concentrando centros de investigación y desarrollo de Google, Facebook, Fujitsu, Samsung, IBM y otros. En Barcelona nos alegramos porque se ha instalado un ‘call center’ de Facebook. Así nos va. Así nos irá. 

Macron no es el único de nuestro entorno que se ha empollado las Buzznews de turno o se ha pasado un montón de horas leyendo blogs tecnológicos. Hay otros. Merkel impulsó medidas anticíclicas en su día cuando apareció el concepto Industria 4.0. De hecho, es Alemania quien bautizó este momento con ese nombre. Pocos lo entendieron, pocos lo vieron factible. Invirtieron un 20% más en I+D que antes, en plena crisis. 

Desplegaron los centros tecnológicos Fraunhofer, una especie de plan vinculado a aprovechar el empleo potencial de automatizarlo todo. De hecho, el país con mayor cantidad de robots per cápita de Europa es Alemania y es el que más cerca está del pleno empleo. Y Alemania salió de la crisis antes que nadie y más fuerte que nadie. (...)

 Finlandia planea crear un contrato laboral universal de apenas media jornada y estimular la renta básica a partir de automatizar su estructura económica. Austria lidera la inversión en I+D por PIB en Europa. Portugal ha despegado y se avecina a los modelos de crecimiento tecnológico que se inspiran en los que disfruta Irlanda.

Le pido a Pedro Sánchez que se tome esto en serio. En España no hay quien hable desde el escenario político sobre esto. No hay liderazgo ni equipo vinculado a tal transformación. La sociedad civil, los agentes sociales, los partidos, la prensa y las finanzas siguen preocupados por mantener los pasivos de siempre como pensiones y estado del bienestar, renunciando a la creación de un arquetipo que sujete la construcción de activos a partir de un mundo en el que el modelo productivo no va a ser el actual.

Le pido a Pedro Sánchez que no se deje llevar por el ruido del arroyo que se debe escuchar cada mañana al leer los clips de prensa en Moncloa. Que intente averiguar como suena el rio donde desemboca. Que no piense que la política industrial es algo que se debe dejar en manos solo de la empresa o que por el contrario la riqueza es algo que se reparte automáticamente.

 No es así. Las reconversiones industriales, tecnológica ahora, es una obligación política y debe marcarse políticamente. La riqueza, para repartirla, hay que crearla antes. De ahí deriva la libertad económica con liderazgo político.

Le pido a Pedro Sánchez que revise los planes actuales de I+D o de apoyo emprendedor que solo son partidas presupuestarias. Es preciso conceptualizarlas más allá de los ceros que las componen. De momento son acciones tácticas sin estructura conectada. Son ayudas, subsidios empresariales. No son estímulos, herramientas competitivas. 

Le pido al nuevo presidente que aumente el esfuerzo público en I+D y que logre que se ejecute todo hasta el último céntimo y que se haga bien. Ahora sólo es el 30% de lo previsto. Una vergüenza. Que reduzca la burocracia como han hecho otros países. Que le devuelva a este país lo que se invertía en desarrollo tecnológico. Hoy no llega ni al 15% de lo que se invertía hace 10 años. Así no vamos a ninguna parte. Bueno, sí. Al desastre.

La tecnología es un activo, un activo político. Le pido a Pedro Sánchez que hable con Quim Torra y le cuente esto. Que de momento igual podemos esperar sobre algunos temas que por importantes que sean, podrían quedar en anécdotas ante la que se nos viene encima. Que le diga que hay que ponerse en marcha. Que somos muchos los que estamos dispuestos a ayudar. Que en esto va el futuro de nuestros hijos. 

Que el mundo que ahora diseñemos debe ejecutarse rápido. Que va de innovación, de conectar un sistema que ahora está desconectado. Que el progreso no depende en nuestro país de las materias primas sino del talento que captemos y de la tecnología que desarrollemos. Que para competir no basta con hacer algo, hay que hacerlo bien. Que debemos empujar todos y juntos. Es urgente e imprescindible.

A Pedro Sánchez que se deje de análisis pues crea parálisis. Que se ponga en lo que importa ahora y aquí. Sin una reconversión absoluta de la estructura económica de esta país no vamos a poder pagar nada.

 En 2020 tendremos menos para gastar debido al cumplimiento del déficit previsto. El paro podría empezar a crecer de manera importante pues la llegada de los robots que ahora se están construyendo según pedidos son para esa fecha. 

A medida que se desplieguen desaparecerán empleos porque nadie está trabajando en una nueva sociedad que debe dar respuesta a eso. En Francia, Austria, Eslovenia, Estados Unidos, China, Finlandia, etc., sí lo hacen. ¿Y aquí? Pensando en lo de siempre. Disculpad, empieza Supervivientes, os tengo que dejar…·                (Marc Vidal, 04/06/18)

29.1.18

El Estado emprendedor: Podemos debe presentar un programa de gobierno que abandere la innovación económica, la innovación ecológica, la innovación social y la innovación democrática, construyendo un laboratorio de gobernanza

"(...) A nuestro juicio, lo más interesante de la obra de Mazzucato es su marco conceptual y el conjunto de instrumentos e instituciones propuestos que pueden ser aplicados a otros campos de innovación (como la innovación en el sector público). 

Es central la idea de construir un “ecosistema de innovación simbiótico” entendido como un “liderazgo público participado que genera soluciones novedosas ―en materia de bienes, servicios y procesos― orientados a resolver necesidades sociales complejas ―que busquen mayor efectividad que las soluciones tradicionales― y que conlleven al final del camino tanto un cambio en las relaciones sociales como una generación de valor público”(1)

Ecosistema innovador que requiere, para operar, instituciones de intermediación e impulso: las agencias de desarrollo e innovación pública y los laboratorios de políticas públicas. Estas instituciones se definen por ser públicas e independientes, con una misión, visión y competencias estatutariamente establecidas, con una estructura técnica potente basada en un consejo asesor de expertos y unos cuadros técnicos bien formados en cada materia.

 Con el objetivo de alcanzar suficiente prestigio y legitimidad como para ser, por un lado, considerados por los actores como mediadores legítimos y por el otro, atraer al mejor talento humano. Las agencias y los laboratorios deben ser entendidos como una nueva institucionalidad democrática que sirve de palanca y motor para garantizar la innovación permanente: ambas instituciones son parte del Estado emprendedor. 

En este sentido, una fuerza política como Podemos, si quiere ser hegemónica no sólo en lo discursivo sino también en lo gubernamental, debe abanderar este nuevo arte de gobierno, que algunos autores como Pascual Esteve llaman “Gobernanza Democrática”(2) y que incorpora una nueva constelación de conceptos, estrategias, instituciones y políticas: co-diseño y co-producción de políticas públicas, innovación social, políticas basadas en la evidencia, proyectos piloto, participación ciudadana, partenariados público-privados, transparencia, colaboración público-comunitaria, gestión relacional, cultura de la evaluación, etc. 

Aterrizando este marco conceptual en, por ejemplo, el caso madrileño y aprovechando las próximas elecciones autonómicas como oportunidad para plasmar las anteriores críticas en propuestas políticas, la Comunidad de Madrid y el conjunto de los municipios que forman parte de ella, en especial el Ayuntamiento de la capital, deberían colocar la innovación en el centro de su proyecto. 

Para ello podrían partir de la búsqueda de la innovación en cuatro campos distintos: innovación económica, innovación democrática, innovación ecológica e innovación social. Siendo indiscutible el enorme potencial del binomio Ayuntamiento-Comunidad para impulsar este cambio, analicemos a continuación cómo se traduciría esto a nivel programático: 

1) Un programa de gobierno que abandere la innovación económica debe construir una agencia de desarrollo e innovación económica, al estilo de la exitosa Barcelona Activa, que persiga tanto objetivos de proceso (fomentando  espacios de colaboración público-privada con organizaciones empresariales, sindicales y del tercer sector y colaborando con una red de municipios madrileños); como objetivos de resultado, que estimulen el desarrollo económico equilibrado y la cohesión territorial, incorporando el fomento estratégico de otro modelo empresarial como el cooperativo ―la democracia en la empresa―, incentivando el triple balance en las empresas: económico, ecológico y social ―en contraposición al modelo filantrópico de la RSC―, promoviendo incubadoras de startups de emprendimiento social, proveyendo de formación y asesoramiento a cooperativas y autónomos, etc.

 En definitiva, el fomento de la economía social y cooperativa como modelo estratégico para Podemos Madrid. 

2) Un programa de gobierno que abandere la innovación democrática debe construir un laboratorio de gobernanza, es decir, una unidad especializada que forme, asesore y guíe a la administración para generar inteligencia institucional convirtiendo los datos en aprendizajes  que permitan a los dirigentes públicos gobernar a través de la evidencia empírica. 

Laboratorios como estos pueden servir para innovar en políticas de participación ciudadana, impulsando por ejemplo el Crowdlaw, una nueva política de participación que ha desarrollado uno de los centros de innovación democrática más potentes del mundo: el Governance Lab de la New York University

Este centro, dirigido por Beth Noveck, propone incorporar la participación de la ciudadanía en todas las fases del proceso de toma de decisiones, tanto en la esfera legislativa como en la ejecutiva, con el objetivo de aumentar el compromiso de los ciudadanos para mejorar la calidad, la efectividad y la legitimidad de la democracia. En síntesis, impulsar políticas públicas innovadoras en participación ciudadana es la concreción del mandato político de las plazas, parte fundante del ADN de Podemos. 

3) Un programa de gobierno que abandere la innovación ecológica debe construir una agencia de innovación ecológica, con un potente equipo de I+D que actúe en colaboración con el sector privado y el espacio universitario madrileño, para desarrollar energía fotovoltaica, no solo produciendo y comercializando energías renovables sino incentivando además la demanda de energías limpias, como la solar, ayudando a “convertir Madrid en la capital europea de la energía solar” como sugiere Estrada.

 Una agencia de innovación ecológica madrileña tendría en su agenda el fomento de la economía circular, la innovación en gestión de residuos y el impulso de la eficiencia energética. La capacidad real de aumentar la soberanía energética limpia y de diversificar nuestro mix energético convierte a esta política no en una opción, sino en una obligación si queremos preservar nuestro planeta

4) Un programa de gobierno que abandere la innovación social debe construir un laboratorio de políticas sociales, que (al igual que con la innovación democrática) sirva de think tank de la administración.

 Esta unidad especializada en análisis de datos tendría como objetivo la mejora de las políticas sociales de reducción de la pobreza y la desigualdad, el impulso de la innovación en el modelo de los servicios sociales, la promoción de la contratación con cláusulas sociales, el fomento de la colaboración socio-sanitaria y, sobre todo, los experimentos de políticas sociales innovadoras como el Housing First ―modelo de atención al sinhogarismo― o la Renta Básica Incondicional, como ya se está haciendo en otros países europeos, o sin ir más lejos, el experimento del B-MINCOME en Barcelona. Podemos debe demostrar que otras políticas sociales no solo son posibles sino que son más eficientes.   

En definitiva, rumbo a 2019 Podemos no solo debe construir un discurso atractivo que constituya una nueva voluntad colectiva, sino que debe ofrecer un proyecto político sólido a la altura de los tiempos, generando un nuevo arte de gobierno vanguardista en lugar de incrementalista(3), y creando una administración innovadora en vez de reproductora(4): la fórmula concreta de construir un Estado emprendedor en Madrid debería ser un objetivo prioritario."                (Victòria Alsina/Eduardo González de Molina / Daniel Vila, CTXT, 24/01/18)

13.12.17

La economía española sigue lejos de haberse recuperado a pesar de lo que digan algunas cifras que, retorcidas a gusto del emisor, pueden incluso llegar a parecer extraordinarias. Pero no lo eran, no lo son, y lo peor, no lo serán...

"(...) La economía española sigue lejos de haberse recuperado a pesar de lo que digan algunas cifras que, retorcidas a gusto del emisor, pueden incluso llegar a parecer extraordinarias. Pero no lo eran, no lo son, y lo peor, no lo serán. No lo van a ser por dos razones complementarias. 

Por un lado porque no estamos haciendo nada realmente profundo que pueda considerarse efectivo en el cambio de ciclo económico y por otro lado porque tampoco se ha aprovechado esa teórica recuperación para iniciar un cambio de modelo de crecimiento que modificara la dependencia en sectores cíclicos.

Y en eso estamos. Todos mirando al punto de fuga catalán y pocos, casi ninguno, descifrando la nueva bola de estiércol que se acerca por el horizonte. Y llegará. Y encima ahora tendrán una gran excusa. La caída del PIB motivado por el ‘tema catalán’ y por la inestabilidad que genera es cierta pero también es una garantía de encontrar culpables. 

Obviamente afectará mucho y por supuesto que ‘el tema’ se lo va a llevar todo por delante. Sin embargo, no es la causa, es una acelerador. El incendio ya prendía, pero faltaba combustible para que lo hiciera con mayor virulencia y velocidad.

Lo que iba a pasar en tres o cuatro años, si nadie lo remedia y parece que no hay mucha intención de hacerlo, nos explotará en la cara en la mitad de tiempo. Poco o nada tiene que ver con aspectos inmobiliarios, no soplaremos suficientemente para inflar una nueva burbuja, nos quedaremos sin aire antes. Poco que ver con un problema financiero. Los bancos ya tienen sus propios líos con un futuro que les cuesta reconocer o afrontar. El sector turístico seguirá apretando costes a costa de salarios y pérdida de margen por culpa de la competencia cada vez más preparada en nuestro entorno.

El problema esta vez es sistémico y redunda en la falta de políticas al respecto. El Informe sobre Competitividad Global 2017-2018 del Foro Económico Mundial es una clasificación sobre la situación de la innovación en un total de 137 países. En él figuran Suiza como el primer clasificado, Estados Unidos segundo e Israel el tercero. Finlandia (4), Alemania (5), Países Bajos (6) y Suecia (7) son las naciones de la UE más avanzadas en innovación, junto a Dinamarca en el puesto 10.  (...)

Finalmente aparece España ocupando el puesto 42. Un síntoma más de cual es la apuesta económica de futuro y cual no en nuestro país.  

Si no se proyecta dentro de un cambio de modelo de crecimiento vinculado a la tecnología, el futuro inmediato es ya muy negro. No nos va a salir bien. La imprescindible y urgente puesta en común de un plan integral que estimule la nueva economía es mucho más que un río de millones que no persiguen modelos estratégicos de crecimiento y sí una montaña hueca de titulares acerca de ‘las ayudas a emprendedores’.

Los cambios tecnológicos crean oportunidades y retos sin precedentes y el avance en innovación precisa de un entorno que favorezca su despliegue. Un paisaje que no se vive en España al nivel que otros países. Se debe tener una inversión mayor en I+D, la existencia de instituciones científicas de alta calidad, una extensa colaboración entre universidades e industria y una buena protección de la propiedad intelectual. Todo ello estimula la innovación.

Pero también hay otros factores que levantan muros hacia una hipotética recuperación. Se trata de la caída relativa del poder adquisitivo en un país que no para de incrementar la presión fiscal a quienes estimulan el consumo profesional y doméstico. Quienes ayudaron a remontar el peor repecho de la mal llamada ‘crisis’ reciente, los autónomos, son a los que ahora se les toma el pelo mientras miramos hacia otra parte. Es como un chiste. ‘Mira, mira ese burro volando’. El burro es el burro catalán por cierto.

Los autónomos, tal y como publicó el BOE hace unos días mientras seguíamos mirando los burros volar, tendrán menos capacidad de inversión y gasto debido a que las desgravaciones previstas por la nueva reforma lo imposibilita. Del 30% se pasa a un 9% por ejemplo en temas como agua, electricidad, teléfono, internet, etc. La voluntad de recaudar irá creciendo debido a que la caja (o cajas) públicas se van a ir secando.

 Los costes de tener una sociedad que va envejeciendo, una reserva de pensiones seca, una participación desde la seguridad social a la baja debido a que los sueldos y contratos cada vez son de menor calidad y una dependencia peligrosísima de sectores con un valor añadido territorial relativo, lo complican todo y mucho.

Pero el burro sigue volando. Ahora todo se enfoca a tres días antes de nochebuena. El consumo caerá, especialmente en Catalunya, lo que poco a poco irá repercutiendo en toda España. Es el peso plomizo de la realidad económica conectada. Una realidad que pocas veces se afronta con un sentido estratégico. Cuando hubo vacas muy gordas en este país, a diferencia de lo que otros países sí hicieron, aquí se gastó en ladrillo tonto. 

A diferencia de lo que sí se hizo en otros territorios, el volumen de inversión en futuro tecnológico y en el cambio de modelo de crecimiento económico, aquí se derramó por la dimensión desconocida.

Cuando las vacas adelgazaron todo fueron excusas. No se hizo nada, pero ahora con la crisis haremos menos. Y así nos va, así nos va a ir. Repito, otros sí lo previeron y algunos está ahora mismo cerca del pleno empleo, con una dependencia de la economía innovadora y tecnológica muy importante y unos sectores básicos muy modernizados y competitivos.

 No es cierto que no se pueda hacer nada, es cuestión de estrategia, liderazgo y de aceptar rodearse de quienes pueden ayudarte asumiendo que, probablemente, de hacia donde el va el mundo, no tengas mucho conocimiento ni tú ni los tuyos.

Pero, como decía, ya tenemos excusa para cuando las malas cifras lleguen, que llegarán, y culpables para un desastre económico, que sin ser como el que tuvimos hace unos años, sí va a ser de obligada gestión urgente y creativa.

 La oportunidad para ser un país próspero y de vanguardia sigue ahí, pero con esa afición que tenemos por las carreras de burros voladores probablemente entremos en una especie de encefalograma plano de la economía española durante los próximos años. Los trenes, como digo hace tiempo, pasan pocas veces. Avisan que es el último pero suelen haber más. No muchos."                   (Marc Vidal, 06/11/17)

29.6.10

La inexistente competitividad de la economía española

"En el último informe de la Fundación Cotec, presentado hace una semana, se describe el problema del siguiente modo: en el año 2007, la productividad española del trabajo era un 25% más baja que la de EE UU y un 20% que la de la Unión Europea (UE) de 15 miembros, una diferencia verdaderamente notable a la hora de competir.

Pero es que, además, esa productividad ha ido creciendo menos que la de otras economías europeas. La productividad total de los factores, que es lo que indica el paso relativo a la economía del conocimiento, fue en España seis veces menor que, por ejemplo, países como Francia, Alemania o Reino Unido.

¿Cómo afecta nuestro viejo modelo a esa falta de competitividad? Está basado en tecnologías muy convencionales; es intensivo en trabajo y en empleo poco cualificado; está escasamente basado en el conocimiento; el mercado de trabajo es dual, de poco valor añadido y baja productividad; y hay un predominio neto de la pequeña y mediana empresa, un colectivo que se caracteriza por su baja capacidad para adaptarse a los cambios porque no tiene el tamaño suficiente para aprovecharse del empleo cualificado ni de las economías de escala (las pymes dan ocupación en España al 90% del total de los trabajadores y generan algo más del 87% del PIB).

Pues bien, el peso de los sectores de alta tecnología (electrónica, farmacia,...) en el PIB es tres veces menor en España que en los países con los que nos comparamos, mientras que es la mitad en los sectores de tecnologías media alta (química, automoción o maquinaria).

Hace apenas un año, la Fundación Cotec lanzó un SOS para preservar al menos, dentro de la crisis económica, al núcleo del sistema español de innovación que debería ser el fundamento del nuevo modelo de crecimiento. El agobio de la coyuntura impidió que se escuchase la llamada.

Pero ese sistema, pese a su evolución positiva y rápida de los últimos años, es minifundista: apenas 11.000 empresas privadas y un millar de grupos públicos de investigación (universidades) basan su competitividad en la investigación propia, lo que significa poco más de 133.000 investigadores." (JOAQUÍN ESTEFANÍA: La gripe y el cáncer. El País, ed. Galicia, economía, 28/06/2010, p. 25)