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9.7.24

El hecho de negar la ayuda al otro... Eso, extraordinariamente singular y excepcional, es precisamente lo que pasó hace cuatro años, cuando, en una pandemia, dos gobiernos europeos negaron, por escrito, la asistencia al débil. Hannah Arendt hablaba de la muerte de la empatía humana como uno de los primeros y más reveladores signos de una cultura a punto de caer en la barbarie. Y eso es lo que pasó hace cuatro años... Cuatro años después de aquella excepcionalidad, están pasando cosas en Europa y en el mundo, ya no excepcionales, sino que explican lo cotidiano... Y creo que todo ello ya es la barbarie de la que habla Arendt

 "Recuerdo que, cuando era muy pequeño, entre las visitas que venían a casa, había una mujer anciana, pero vivaracha. Ágil, rápida, con el pelo corto y completamente blanco, tenía los ojos –y esa era la única particularidad física que me llamaba la atención– absolutamente diminutos. Vestía de negro. Como todas las mujeres de mi familia, cuando traspasaban cierta edad. Hoy, todas ellas han desaparecido. Todos éramos primos, y nos llamábamos así. Lo que no era cierto. En ocasiones ni siquiera había consanguinidad alguna entre nosotros, lo que nos permite ser, aún en este instante, una familia extensa y, a la vez, extinta. Aquella mujer venía agarrada de la mano de su hermana, que también vestía de negro, si bien su comportamiento y actitud eran diferentes. Parecía mayor que ella, y se quedaba a hablar con los adultos. Su hermana pequeña, por lo contrario, apenas les saludaba, sino que venía directamente con nosotros, con el ansia del juego en la mirada, aquel lenguaje mudo de los niños, que evita protocolos, tiempo y palabras ante el juego. La recuerdo jugando con nosotros toda la tarde, apasionada, si bien inventándose y cambiando las reglas de los juegos en cada momento. Cuando veía un tebeo que le gustaba de una manera particular, lo escondía debajo de su falda, como si no viéramos lo que hacía. Solo años después, ya adulto, un día que hablaba con mi madre de esos recuerdos incompletos y en blanco y negro, mi madre me explicó que se trataba de una prima con síndrome de Down. Me sorprendió, y a la vez me complació, que nunca se me hubiera comunicado ese u otro dato sobre ella en la niñez. Tampoco se lo habían comunicado, lo comprendía en ese momento, a ella. Por su ropa –negra, como la de todas ellas– se veía que había sido tratada con igualdad. Por los tebeos robados, sabía que carecía de especial control, acecho o vigilancia. Por sus ganas imparables de jugar, sabía que era feliz, de manera innegociable. Por el hecho mismo de su dominio del lenguaje, de que pudiera hacer trampas, inventarse reglas nuevas en los juegos, sabía que había sido educada y dotada del tesoro de la palabra, supongo que en su propia casa, algo poco común en su generación. Por todo ello, supe que aquella mujer era algo más profundo que, incluso, ella misma. Era, tal vez, un mensaje antiguo. 

Por entonces, había visto mensajes parecidos en puntos lejanos de Sudamérica y Asia. Hombres, mujeres, nacidos diferentes, y cuidados con deferencia y predilección, en ocasiones con un tratamiento divino. A veces, desconocidos se arrodillaban ante ellos, a su paso, y les besaban las manos, suplicantes, pidiéndoles algo intangible, que parecían recibir. De alguna manera, esas personas eran una muestra, un mensaje de los dioses con el que nos explicaban algo sobre nosotros mismos, que se cuidaron muy mucho de comunicárnoslo de manera diáfana y con palabras. Las primeras tumbas encontradas de Sapiens con más cromosomas de lo habitual no son muy antiguas. Unos 5.000 años. Se trata de niños de pocos meses, tratados con consideración y respeto, como es perceptible en sus enterramientos, diferenciados y más detallistas de lo común. Los restos más antiguos del género Homo no son de nuestra especie, sino neandertales. Recientemente se ha comunicado el hallazgo de los restos, de entre 146.000 y 250.000 años, de un niño neandertal con síndrome de Down, que llegó a alcanzar los seis años de edad –algo sorprendente; hasta inicios del siglo XX la media de edad de un individuo con síndrome de Down era de nueve años–. Se trata de un niño cuyos huesos hablan de una vida de imposible autonomía, que tuvo que ser cuidado por todo el grupo. Se podría pensar, por tanto, que cuidar de la persona sin autonomía es una seña de nuestro género, los humanos. Pero parece ser una huella anterior. En 2014 se documentó otro caso de entrega, que antecede a nuestra especie de manera más rigurosa. Se trata de un chimpancé con síndrome de Down, que no fue rechazado por su grupo –los chimpancés, que pueden matar, sorpresivamente y con acopio de violencia, a cualquiera de sus miembros, respetaron y aceptaron a aquel pequeño chimpancé–. Su madre, además, dejó de ser cuadrúpeda, para pasar a ser trípode, con el fin de transportar asida, todo el rato, a su cría, que no podía aprehenderse por sí sola. Esa postura, antinatural y continuada, impidió a la madre alimentarse de manera razonable. Solo pudo hacerlo gracias a otra hija, que –nunca se había documentado eso– tutelaba a su hermana, mientras su madre se alimentaba. La cría llegó a vivir 23 meses, algo inusitado. Se podría pensar, por todo ello, que hay un hilo incuestionable de piedad, de empatía, que nos recorre desde mucho antes de ser bípedos. O no, tal vez solo disponemos, desde tiempos inmemoriales, de la posibilidad de ese fabuloso compromiso con el débil. Llegados a la eventualidad de un contacto con alguien que, en ese sentido, es diferente a nosotros, tendemos a reconocer al diferente como humano, de manera que tan solo observamos que tiene, por ejemplo, los ojos más pequeños. Y no tomamos la decisión de cuidarle, sino que, simplemente, lo hacemos. La ternura no sería, entonces, una decisión, un compromiso, un innegociable feroz, sino tan sólo la probabilidad más habitual y menos estridente, una suerte de hábito milenario. La comprensión de un mensaje antiguo, que por lo que sea nos caló y copó, antes ya de la palabra. La decisión, la apuesta, lo sorprendente, sería más bien lo contrario, la negación de la ayuda y del cuidado, el desprecio del mensaje antiguo. He empezado a escribir estas líneas para, precisamente, recordar la importancia de este comportamiento carente de épica, poco espectacular, que otorga, por sí mismo, la épica y la espectacularidad a su contrario, a su aplazamiento: al hecho de negar la ayuda y el juego al otro.

Eso, extraordinariamente singular y excepcional, es precisamente lo que pasó hace cuatro años, cuando, en una pandemia, dos gobiernos europeos negaron, por escrito, la asistencia al débil. Hannah Arendt hablaba de la muerte de la empatía humana como uno de los primeros y más reveladores signos de una cultura a punto de caer en la barbarie. Y eso es lo que pasó hace cuatro años. Lo que es algo sumamente importante, al punto que he utilizado fósiles y los fósiles de mi propia memoria, para visualizar la excepcionalidad de lo ocurrido. Cuatro años después de aquella excepcionalidad, están pasando cosas en Europa y en el mundo, ya no excepcionales, sino que explican lo cotidiano. Y creo, y tengo fósiles para ver esa evolución, que todo ello ya es la barbarie de la que habla Arendt."             (Guillem Martínez, CTXT, 07/07/24)

24.6.24

Milei ha venido para que Ayuso le explique cómo se puede dejar morir a miles de personas sin atención médica y ganar unas elecciones, porque Milei va a dejar morir a cientos de miles de personas en Argentina sin atención médica y sin acceso a medicamentos... Milei llega a España hoy para que Ayuso le de una medalla, en su país deja morir a miles de personas por falta de tratamiento oncológico. Lo irónico es que el premio se lo da quien dejo morir a 7921 personas mayores sin atención médica. El mismo patrón psicópata

Indignad@s!!  @Sentid2016Comun

Milei ha venido para que Ayuso le explique cómo se puede dejar morir a miles de personas sin atención médica y ganar unas elecciones, porque Milei va a dejar morir a cientos de miles de personas en Argentina sin atención médica y sin acceso a medicamentos.

https://x.com/i/status/1804262240306032906

De Indignad@s!!

11:16 p. m. · 21 jun. 2024 87,8 mil Reproducciones


Malamente® @MalaMalamente

Mientras Milei llega a España hoy para que Ayuso le de una medalla, en su país deja morir a miles de personas por falta de tratamiento oncológico. Lo irónico es que el premio se lo da quien dejo morir a 7921 personas mayores sin atención médica. El mismo patrón psicópata.

9:05 a. m. · 21 jun. 2024 520 mil Reproducciones

12.2.24

Juan Torres López: ¿Quién ha matado a los guardias civiles de Barbate? Los han matado la falta de recursos adecuados, los recortes de gasto público y el doble criterio que la derecha liberal defiende sin decirlo a la hora de utilizar el dinero en nuestra sociedad: generosidad cuando es para dárselo a los millonarios, restricciones cuando se trata de servir a la mayoría... David Pérez y Miguel Angel González han muerto por la misma causa que otros muchos guardias civiles y policías que han tenido que actuar sin disponer de medios suficientes. La misma que ha matado también a miles de personas que han muerto por no recibir la atención sanitaria que necesitaban, por el maltrato de algunas administraciones en residencias de mayores, o quizá desesperadas cuando han perdido sus empleos y subsidios o sus viviendas por deber a los bancos unos pocos cientos de euros... Y lo voy a decir más claramente todavía: a estos dos guardias civiles los han matado los políticos que se llaman a sí mismos patriotas y que reducen los ingresos del Estado en favor de los ricos, diciendo que lo que hay que hacer es bajar los impuestos y dejando a los servicios públicos y a las fuerzas de seguridad del Estado sin medios suficientes... y los han matado también los millones de personas que, llevadas por su ignorancia o irreflexión, votan a quien hacen esas políticas, cada vez que hay elecciones. Los impuestos y el gasto público que el Partido Popular, Vox y a veces el PSOE se empeñan en recortar en exclusivo beneficio de los ricos son, justamente, lo que puede evitar muertes como las de estos dos guardias civiles y de otras muchas miles de personas inocentes

 "Lo fácil es decir que los guardias civiles David Pérez Carracero y Miguel Ángel González Gómez han muerto en acto de servicio en Barbate (Cádiz) porque han sido embestidos por una lancha de narcotraficantes criminales. Algún acto oficial, quizá alguna medalla póstuma y el dolor inconsolable de sus familias y compañeros de servicio podría poner fin a la desgracia. Pero dejarlo así me parece muy injusto y simplista. Digamos la verdad.

Según he podido leer, ambos guardias civiles murieron tras enfrentarse a los narcotraficantes con una gran inferioridad de medios, mucho más limitados que los que habitualmente disponen los criminales a los que persiguen. Una situación que ahora ha provocado la muerte de dos servidores públicos y que viene siendo denunciada desde hace tiempo por asociaciones de la guardia civil y de otros cuerpos de seguridad del Estado, según se puede comprobar fácilmente en internet.

Yo sé que es fuerte decirlo, pero los responsables últimos de estas muertes no son los narcotraficantes. A los guardias civiles David y Miguel Angel los han matado la falta de recursos adecuados, los recortes de gasto público y el doble criterio que la derecha liberal defiende sin decirlo a la hora de utilizar el dinero en nuestra sociedad: generosidad cuando es para dárselo a los millonarios, restricciones cuando se trata de servir a la mayoría. No lo digo yo, lo dicen muchos estudios científicos. Las politicas de austeridad mal entendida de los últimos años, de rebajas de impuestos y falta de financiación de servicios públicos esenciales matan a millones de personas. Ahora, a estos dos guardias civiles que trataban de cumplir con profesionalidad, generosidad y honestidad con su función de defensores del interés público.

David Pérez y Miguel Angel González han muerto por la misma causa que otros muchos guardias civiles y policías que han tenido que actuar sin disponer de medios suficientes. La misma que ha matado también a miles de personas que han muerto por no recibir la atención sanitaria que necesitaban, por el maltrato de algunas administraciones en residencias de mayores, o quizá desesperadas cuando han perdido sus empleos y subsidios o sus viviendas por deber a los bancos unos pocos cientos de euros.

Y lo voy a decir más claramente todavía: a estos dos guardias civiles los han matado los políticos que se llaman a sí mismos patriotas y que reducen los ingresos del Estado en favor de los ricos, diciendo que lo que hay que hacer es bajar los impuestos y dejando a los servicios públicos y a las fuerzas de seguridad del Estado sin medios suficientes (salvo cuando se trata de perseguir, eso sí, a quienes denunciamos todo esto); y los han matado también los millones de personas que, llevadas por su ignorancia o irreflexión, votan a quien hacen esas políticas, cada vez que hay elecciones.

Los impuestos y el gasto público que el Partido Popular, Vox y a veces el PSOE se empeñan en recortar en exclusivo beneficio de los ricos son, justamente, lo que puede evitar muertes como las de estos dos guardias civiles y de otras muchas miles de personas inocentes. Insisto, porque hay que decirlo claramente: las políticas liberales de destrucción de los servicios públicos matan. Y de esas muertes son tan responsables quienes toman las decisiones como quienes, con su voto, los llevan a los gobiernos.

No es una fatalidad. Es un crimen organizado que se lleva a cabo porque demasiada gente se tapa los ojos, no piensa, o se deja engañar y se cruza de brazos."                      (Juan Torres López, blog, 11/02/24)

24.9.23

"La pandemia mostró que la austeridad había debilitado una de las mejores sanidades del mundo"... Las medidas de austeridad demostraron realmente que no se puede desinvertir en el sistema de salud cuando hay una crisis. Al menos ese aprendizaje ya lo hemos tenido... Nos hemos dado cuenta de que el sistema no ha respondido como debería y de que tenemos unos profesionales que hicieron maravillas. Nos salvó mucho la suerte que tenemos con ellos. No hay que olvidarlo. Tenemos que conseguir que sea una profesión a la que la gente quiera volver a dedicarse

  "Es profesora de Salud Pública en la Escuela de Medicina Tropical e Higiene de Londres y en la Universidad Nacional de Singapur, ha publicado numerosos estudios en revistas del grupo The Lancet y en el British Medical Journal y también ha sido la única española que ha formado parte del panel independiente impulsado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para evaluar la respuesta nacional e internacional a la crisis del covid-19. Helena Legido-Quigley (Barcelona, 1977), a pesar de todo ello, también ha tenido tiempo para "poner de acuerdo" a distintas personalidades de la política y la ciencia españolas para firmar, juntos, un artículo en The Lancet en el que proponen una reforma integral del sistema sanitario español. (...)

Decía que esto es sólo una reflexión a la que le hace falta un proceso más serio. ¿Cree que hay compromiso suficiente para aterrizar estas palabras como 'equidad' o 'eficiencia'?

Esto es sólo un primer paso. Cuando publicamos el artículo pensé que los medios lo iban a cubrir un poco más, pero parece que las noticias buenas no tienen demasiada repercusión. Fue un poco decepcionante. En cuanto a la orientación del sistema, está clarísimo que éste tiene que estar centrado en la equidad y, sobre todo, en las personas. Por eso insistimos tanto en incluir a los pacientes, a eso que llamamos comunidad, en la toma de decisiones. Tienen que decir ellos cómo quieren reformar su sistema de salud. Hemos enfatizado también en el tema de la calidad, la eficiencia, la efectividad y la competitividad. En general estábamos de acuerdo en que hay que reorientar el sistema de salud y reforzar la idea de salud pública, que ha estado muy separada del sistema. Hay que integrarla, lo hemos visto durante la pandemia. 

 La iniciativa ha sido un acuerdo entre instituciones y ciencia, ¿son ámbitos que habitualmente se muevan por caminos diferentes? ¿Cuesta aglutinarlos en algo común?

Sí, completamente. Una de las mayores críticas que he hecho sobre nuestro papel durante la pandemia ha sido esta. Los científicos y científicas no supimos colaborar de una manera positiva con el Gobierno. Es una responsabilidad de las dos partes y una cosa muy importante que tiene que mejorar. Sabemos que los países a los que les ha ido mejor son los que escuchaban a la ciencia, los que trabajaban con ella. Yo creo que España escuchó, pero sobre todo al principio no supo integrar a las sociedades y nosotros no supimos contribuir a cómo trabajar juntos. Ahora hay que encontrar espacios comunes y este artículo es un ejemplo de colaboración, de que sí se puede. Todos estamos deseando ayudar y sabemos que en salud pública tenemos la evidencia, pero los políticos son los que tienen que tomar las decisiones. La idea de una nueva agencia de salud pública, que tiene que ser independiente, podría ayudar mucho. En mi experiencia en Singapur o en Reino Unido he visto que la relación es mucho más cercana, allí por ejemplo voy en muchas ocasiones al Ministerio a presentar mis resultados.

 Porque ¿se prevén nuevas pandemias?

Claro. Nosotros ahora tenemos que prepararnos porque los riesgos están ahí. Yo he tenido ahora una comisión de The Lancet que versa justamente sobre cómo evaluar y monitorear si los países están preparados o no para afrontar pandemias. Ahora estamos proponiendo indicadores para ver cómo medirlo porque los que teníamos fallaron. Todos apuntaban a Estados Unidos e Inglaterra como los países más preparados, y luego se vio que no era así. Nos hemos dado cuenta de que factores como el liderazgo o la confianza de la población son fundamentales, y eso hay que tenerlo en cuenta. Aunque ya nadie quiere escuchar nada sobre esto, y es entendible porque la gente está cansada, los profesionales y los que trabajan en el Gobierno tienen que estar preparando planes pandémicos. (...)

Más allá de la preparación hacia otra posible pandemia, ¿cuál es el principal reto al que se enfrenta la sanidad de nuestro país en la próxima década?

Hemos identificado varios. El primero es el tema de la gobernanza. Tiene que haber un liderazgo fuerte en la coordinación de medidas entre las comunidades autónomas y el Gobierno. Durante la pandemia hemos aprendido que los líderes que lo hicieron mejor escuchaban y eran humildes. Aun así, en el análisis que hice de 28 países comprobé que, a nivel general, casi ningún país tuvo un buen liderazgo. Por otro lado, en España tenemos dos problemas en cuanto a los profesionales. Hay que conseguir retenerlos y reclutar nuevos, para lo que proponemos una mejora de las condiciones laborales, incidiendo en mejorar el balance trabajo-vida personal, que es algo muy valorado por los jóvenes, y la salud mental. Hay que ofrecerles más apoyo. Todo ello encaja con otro reto, que es el de la financiación. En España gastamos en sanidad el 7,3% del PIB, cuando la media europea es del 8,1%. Realmente podemos tener un gasto mayor. Además, por otro lado, hay que reformar la financiación a las comunidades. Existe un sistema de pagos que desde 2014 no se ha revisado, pero es que desde entonces las circunstancias han cambiado. Por último, el cuarto reto pasa por poner en valor la atención primaria. Y eso no es de izquierdas ni de derechas, hasta el Banco Mundial y la OMS creen que un sistema de salud tiene que estar basado en una atención primaria fuerte.

 ¿En qué sentido?

Pues una de las evidencias más claras es que la continuidad del médico de familia ayuda mucho a mejorar los indicadores de salud, incluso a reducir la mortalidad. Ese modelo hay que fortalecerlo, tener confianza con tu médico o médica es fundamental porque en muchas enfermedades hay que tener en cuenta, por ejemplo, cómo afecta una medicación u otra. El seguimiento es importantísimo. Además, hemos hablado de nuevos roles. Apostamos porque las enfermeras puedan prescribir y porque en la atención primaria haya nutricionistas y psicólogos, e integrarlo todo. También la primaria con el sistema hospitalario y con la salud pública. Y hacer uso de las nuevas tecnologías, pero no para que en 20 años sólo pueda acudir al médico quien se lo pueda permitir. Al final, es una visión de la salud desde una óptica más amplia que el sistema. La salud también es tener en cuenta la de los animales y la del planeta, por ejemplo.

Mencionaba el seguimiento del médico de familia. ¿Eso va en la línea de lo que explica el artículo de que la sanidad tiene que ser más preventiva y dedicarse menos a curar? ¿Cómo se puede concretar ese cambio?

Sí, queremos que la primaria tenga un rol más preventivo y de promoción de la salud. Es sorprendente comprobar que muchos países, ahora mismo, trabajan en cómo reformar y mejorar la atención primaria, y una de las cosas más importantes es precisamente esa. Por poner un ejemplo: estuve trabajando en un pueblecito de Buenos Aires y pude ver cómo desde el centro de primaria plantaban lechugas, organizaban paseos para la comunidad, visitas a la piscina... Hay que ampliar lo estrictamente médico, y ahí las enfermeras pueden tener un papel fundamental.

Esto al final casa con esa idea de poner a la persona en el centro, ¿cómo se ha hecho hasta ahora? ¿Qué es lo que había en el centro?

Ahí entran dos factores. Por un lado, hay que tener en cuenta a la persona, no a su enfermedad. Y por otro, a su familia, su entorno y sus determinantes sociales, que son muy importantes. Es decir, no sólo hay que mirar su salud, sino todas sus condiciones. Para eso, el médico o médica de familia tiene que escuchar, que es algo que se hacía antiguamente mucho más que ahora. En este sentido hemos hablado también de la idea de los cinco minutos de consulta, de que es fundamental tener más tiempo para atender a la persona y no tener que mirar tanto la pantalla. Hay que volver a ese papel. Está demostrado que los pacientes lo valoran y que incide en su salud. Y luego otro aspecto fundamental es la integración de todo esto con las residencias, que tienen que mejorar mucho. (...)

Acaba de decir que el sistema sanitario español "había sido considerado uno de los mejores del mundo". ¿Ya no es así?

Trabajé mucho en temas de las medidas de austeridad. Desgraciadamente en España pasó lo mismo que en la época de Thatcher. Teníamos un sistema que se consideraba de los mejores del mundo y las medidas austeridad lo debilitaron. Eso quedó patente en la pandemia. Si hubiésemos continuado financiando como entonces, no hubiéramos sabido reaccionar de la manera que deberíamos. Las medidas de austeridad demostraron realmente que no se puede desinvertir en el sistema de salud cuando hay una crisis. Al menos ese aprendizaje ya lo hemos tenido. Pero ahora hay que seguir fortaleciendo, porque cuando desinviertes en salud durante años luego cuesta mucho recuperarse.

Y ahora hay que aprovechar el aprendizaje que nos ha dado la pandemia...

Es un momento de oportunidad. Nos hemos dado cuenta de que el sistema no ha respondido como debería y de que tenemos unos profesionales que hicieron maravillas. Nos salvó mucho la suerte que tenemos con ellos. No hay que olvidarlo. Tenemos que conseguir que sea una profesión a la que la gente quiera volver a dedicarse.

El artículo en The Lancet está firmado por los políticos: Sara Jaurrieta (responsable de sanidad del Partit dels Socialistes de Catalunya), Muriel Larrea (presidenta del Partido Popular de Gipuzkoa y miembro de la Comisión de sanidad vasca), Javier Padilla (portavoz de Sanidad de Más Madrid) e Itxaso Berrojalbiz (portavoz de Sanidad del Partido Nacionalista Vasco en el Parlamento autonómico hasta las pasadas elecciones de mayo y, actualmente, diputada foral).

Y por los científicos: Montserrat Gea-Sánchez (Spain and Health-Care Research Group & exdirectora general de profesionales sanitarios de la Generalitat de Catalunya), lManuel Franco (Johns Hopkins Bloomberg School of Public Health), Sergio Minue (specialist in Family and Community Medicine), José María Valderas (Prof. Medicine, Division of Family Medicine, Yong Loo Lin School of Medicine) y Tomás Zapata (director de recursos humanos de la Organización Mundial de la Salud)."             

(Entrevista a Helene Lejido-Quigley, Lara Carrasco, InfoLibre, 23/09/23)

27.7.22

El Hospital Clínico suspende el envío de tratamientos a domicilio a personas con problemas de movilidad... David Espinosa, un mostoleño con esclerosis múltiple y problemas de movilidad, ha tenido que contratar un servicio de mensajería, después de que le invitaran a “hacerse cargo” de los costes

 "David Espinosa tiene 41 años y desde hace 21 convive con la esclerosis múltiple, una enfermedad autoinmune y degenerativa que a él, entre otras secuelas, le ha dejado problemas de movilidad. Vive en Móstoles, pero recibe tratamiento en el Hospital Clínico San Carlos, en la capital. Su medicación le permite mantener a raya los brotes que caracterizan a esta enfermedad. Al estallar la pandemia, el hospital comenzó a enviársela directamente a casa para evitar que estos pacientes, vulnerables, se expusieran al COVID-19.

 El miércoles 20 de julio David recibió una llamada de su hospital. “Me han dicho que han recibido una orden de Dirección que se suspendía el envío sea cual sea su condición [la del paciente]”, explica. Un portavoz del Clínico reconoce que “una vez superada la fase aguda de la pandemia, el servicio se ha interrumpido” e insiste en la “excepcionalidad” de la decisión de hacer esos envíos a domicilio.

Efectivamente, de forma excepcional, todas las Comunidades Autónomas comenzaron a realizar estas “entregas informadas”, como se conocen técnicamente. Básicamente, “se hace llegar al paciente su medicación a casa y luego se le hace un seguimiento médico telefónico”, explican desde la Sociedad Española de Farmacia Hospitalaria (SEFH). Se trata de compuestos que no se pueden conseguir en las boticas, sino que se suministran a los pacientes directamente desde los hospitales.

“Algunas Comunidades optaron por enviarlos [los tratamientos] a las oficinas de farmacia; otras, por trasladar la recogida a los centros de salud -más próximos al domicilio-; y, otras, como Madrid, por enviarlas a través de empresas de mensajería”, explican desde esta sociedad científica. En el caso madrileño fueron los hospitales los que contrataron de forma descentralizada esos servicios, que en la mayoría de casos se mantienen, vistos los beneficios para los pacientes.

No hay servicio, pero sí un contrato

No es el caso del Hospital Clínico, aunque “se están buscando alternativas para seguir proporcionando ese servicio a los pacientes”, aseguran desde el centro. Lo más extraño del caso es que en el Portal de Contratación de la Comunidad de Madrid sí existe un contrato para que una empresa privada lo preste. Se formalizó el 12 de abril y se adjudicó a COGESA S.L., una empresa especializada en logística sanitaria, por un importe máximo de 46.219,77 euros, impuestos incluidos. Tiene una duración de un año, así que aparentemente debería estar en vigor. (...)

De momento, lo que es seguro es que David se ha quedado sin ese servicio, cuya interrupción -según la SEFH- solo se explicaría “por razones presupuestarias”. “En caso necesario –insisten desde el Hospital Clínico- los pacientes pueden autorizar a otra persona a recoger su medicación en el hospital, igual que se hacía antes de la pandemia”. No es una solución para este mostoleño, que reside a 26 kilómetros del centro médico: “Vivo solo y me es muy difícil que otra persona vaya a recogerla”, cuenta. “Tampoco -lamenta- me dejan recoger la medicina en el Hospital Universitario de Móstoles”.

David asegura que en esa comunicación telefónica solo le ofrecieron una alternativa: pagar el transporte de su bolsillo. “La única solución que me han dado es que yo me ponga en contacto con alguna agencia de transporte para que vaya a recogerlo al hospital y que sea yo el que me haga cargo del servicio de mensajería”, denuncia. Dicho y hecho. Esta semana David volverá a recibir su medicación en casa. Se la llevará MRW, previo pago, y gracias a que él se lo puede permitir."             (Javier Alonso , SER, 25/07/22)

18.7.22

Cartas de suicidio ante los desahucios... Esta es de Luisa (nombre ficticio), una arquitecta pacense en paro que tuvo que afrontar la muerte de su marido por leucemia y una hipoteca que no pudo pagar. El estrés por los impagos le provocó diferentes problemas psiquiátricos que nunca antes había sufrido. Los servicios sociales le quitaron la custodia de sus dos niños de 7 y 12 años un mes antes del desahucio. Dejó un sobre con 1800 euros para los críos y esta carta de despedida para su mejor amiga que escribió 4 días antes del desalojo. Después se ahorcó en la cocina... en España, el terrorismo financiero ha provocado 13.300 suicidios desde 2008 hasta 2015

 "La PAH dio a conocer algunas cartas de suicidio en 2016. Esta es de Luisa (nombre ficticio), una arquitecta pacense en paro que tuvo que afrontar la muerte de su marido por leucemia y una hipoteca que no pudo pagar. El estrés por los impagos le provocó diferentes problemas psiquiátricos que nunca antes había sufrido. Los servicios sociales le quitaron la custodia de sus dos niños de 7 y 12 años un mes antes del desahucio. 

Dejó un sobre con 1800 euros para los críos y esta carta de despedida para su mejor amiga que escribió 4 días antes del desalojo. Después se ahorcó en la cocina. Tras su prosa desordenada, uno puede descubrir una poderosa y desesperada verdad: somos seres que teníamos todo para construir un mundo en el que ser felices y preferimos construir un mundo en el que competir.

 “Nos recuerdo en la playa hace 4 años. Tan felices, tan ajenos a todo. Mamen, no entiendo nada de lo que ha pasado estos 4 años. Todo se ha derrumbado en tan poco tiempo…

No puedo más. Sabéis que he hecho todo lo que he podido. Pero este mundo se me ha hecho muy extraño. Llevo un año en el infierno, con un nudo en la garganta que me recuerda cada día mi fracaso. Como persona, como arquitecta, como madre. No soy capaz de levantar cabeza. Incluso me da ya igual que todo sea tan injusto y tan aleatorio. Eso lo hace todo más incomprensible, más doloroso, eso lo hace todo peor.

Estoy muy cansada de seguir. Ya no siento nada positivo. Solo quiero irme y dejar de sufrir esta angustia. No duermo, no como, no soy persona. No puedo ayudar a mis hijos. No puedo darles amor y con eso si que no puedo vivir. Solo quiero irme a ese sitio en el que éramos felices y ya sé que nunca podré volver a él. Digo tonterías, perdóname, Pero lo que voy a hacer ahora no es ninguna tontería. Sé que nunca lo entenderéis, la única forma en que podrías entenderlo sería sintiendo todo lo que llevo dentro ahora. Si pudieseis sentirlo, os juro que todos tomaríais la misma decisión.”

Cada cinco horas se produce un desahucio en España.

Un estudio de la Universidad de Granada revela que el 88% de los desahuciados presentan ansiedad y nueve de cada diez sufren depresión. El Salto Diario revelaba que el crack financiero de finales de la década pasada produjo un aumento de suicidios del 8% entre 2005 y 2010, casi todos relacionados con los desahucios. Ese 8% se tornó en 17% en los siguientes cinco años. Después, se dejaron de tomar datos. Los sucesivos gobiernos no se sienten cómodos con los estudios de una problemática gravísima en el país que lidera mundialmente el consumo de antidepresivos y ansiolíticos.

Pero la PAH ha seguido investigando, caso por caso, e imputa al denominado terrorismo financiero más de 13.300 suicidios desde 2008 hasta 2015. Esta dura cifra representa algo menos del cincuenta por ciento de todos los que hay en el país. Lo que significa que la mala situación económica de los afectados o de sus familias es, en casi la mitad de las ocasiones, el origen de tan dramática decisión.

Es imposible negar la relación entre las consecuencias del capitalismo y la inmolación personal.

Los bancos han tenido un papel esencial en todo esto. No han activado fórmulas de ayuda social de ningún tipo para ayudar a personas que, no lo olvidemos, no dejan de ser clientes que, hasta donde pudieron, cumplieron con unas condiciones que, en España, son especialmente draconianas. Entidades a las que todos salvamos el culo en los peores momentos de las dos crisis, ejercen su sociopatía monstruosa, ayudados por una ley que siempre se pone de su lado. Una ley que no tiene en cuenta que, detrás de cada caso hay vidas, hay niños, hay muchísimo dolor y hay botones que al ser pulsados pueden convertirse en trágicas muertes. Es una forma de terrorismo. Sin duda lo es. Un terrorismo que solo cada trimestre, en este país, mata el equivalente a 40 años de ETA.

Un terrorismo que poco importa a los políticos. VOX y PP ya han votado en contra de las ayudas a la prevención del suicidio y a todo tipo de medidas contra los desahucios. Este terrorismo no da votos y eliminarlo, sería morder la mano que te da de comer o, lo que es peor, atacar a tu deudor.
Vivimos en un sistema malvado, creado y sostenido por gente malvada. Un caldo de cultivo de pura sociopatía, que nos hace crear barreras para evadirnos en nuestros cómodos mundos, pensando que ninguna de esas desgracias podría ocurrirnos a nosotros, tildando de irresponsables a los que se metieron en esas hipotecas.

“Nos recuerdo en la playa hace 4 años. Tan felices, tan ajenos a todo”. No hay más que bucear un poco en la realidad, para descubrir que nuestra alegría se asienta sobre cimientos muy frágiles y que, a veces, un pequeño error o una casualidad, puede transformar nuestro porvenir en un drama. Votamos y actuamos con la finalidad de mantener esa playa, con el objetivo de no tener que salir de ella. Ojalá todos quisiéramos hacer esa playa cada vez más y más grande, para que nunca nadie, tuviese que abandonarla."          

 "Dani Méndez 20 de mayo a la 1:27 Publicado en facebook de PAH MADRID , ATTAC España, 03/06/22)

7.7.22

Un estudio de la Universidad de Oxford relaciona la privatización sanitaria con el aumento de la mortalidad evitable en Inglaterra... “Un incremento anual de un punto porcentual en las externalizaciones al sector privado con afán de lucro se corresponde con un incremento de la mortalidad evitable del 0,38% o 0,29 muertes por 100.000 habitantes al año siguiente”

 "La privatización de servicios en los sistemas sanitarios públicos ha sido motivo de intensos debates en los países que han apostado por estas políticas durante las últimas décadas. La necesidad de dar mayor peso al sector privado en la sanidad pública en busca de mejoras en la gestión y eficiencia ha sido uno de los argumentos más utilizados por los gobiernos a la hora de aprobar unas medidas que se han topado con una fuerte contestación social. Los detractores rechazan que uno de los pilares del Estado de bienestar se ponga en manos de empresas con afán de lucro que pueden tener otras prioridades que la mejora de la salud de la población.

Un estudio elaborado por investigadores de la Universidad de Oxford y publicado el viernes en la prestigiosa revista The Lancet Public Health ha agitado ahora con fuerza las aguas de esta controversia. El trabajo, que analiza en su totalidad el impacto de la privatización de servicios por casi 240.000 millones de euros en 173 áreas sanitarias de Inglaterra entre 2013 y 2020, relaciona esta medida con un “empeoramiento de la asistencia sanitaria” y un incremento de la mortalidad evitable entre la población. Se considera un fallecimiento como evitable si el paciente hubiera sobrevivido con un diagnóstico temprano y una buena atención sanitaria.

“Un incremento anual de un punto porcentual en las externalizaciones al sector privado con afán de lucro se corresponde con un incremento de la mortalidad evitable del 0,38% o 0,29 muertes por 100.000 habitantes al año siguiente”, recogen las conclusiones de la investigación. En total, los autores estiman que las privatizaciones impulsadas a partir de 2012 por el Gobierno conservador de David Cameron se relacionan con “557 muertes evitables adicionales en las 173 áreas estudiadas”.

El estudio ha tenido un fuerte impacto en la opinión pública británica y los investigadores sanitarios. “Pienso que si nuestro trabajo está recibiendo tanta atención es porque es el primero que analiza el impacto agregado de las externalizaciones en el Sistema Nacional de Salud (NHS, en sus siglas en inglés). Hasta ahora no sabíamos si las privatizaciones habían mejorado o empeorado la calidad de la asistencia. Es un asunto que también tiene una importante repercusión política en Inglaterra, con mucha gente realmente preocupada ante cualquier paso hacia la privatización del NHS”, explica uno de los autores del estudio, Benjamin Goodair.

“Es un estudio rompedor por la calidad de la investigación, el prestigio de los autores, la entidad de la revista que lo publica y las conclusiones. Llevamos años hablando del impacto de las privatizaciones, pero aún nos faltan muchas evidencias. Este trabajo es un primer paso y muestra la necesidad de seguir investigando en la evaluación del resultado de las privatizaciones”, añade Sergio García Vicente, miembro de la junta directiva de la Asociación Economía y Salud (AES).

Como sucede en este tipo de estudios observacionales, el trabajo no llega a establecer una relación directa de causalidad entre los fallecimientos y las privatizaciones. “Para hacerlo deberíamos hacer un experimento aleatorio y enviar a pacientes a distintos proveedores sanitarios para medir a continuación los resultados, algo que obviamente no sería ético”, explica Goodair.

Pero lo que sí pueden hacer los autores es analizar con posterioridad los resultados obtenidos por pacientes reales en las áreas con más servicios privatizados y compararlos con los logrados en aquellas donde apenas hay servicios sanitarios en manos privadas. Esto permite plantear hipótesis avaladas por las evidencias encontradas. Unas hipótesis cuyo interés destaca José Ramón Repullo, profesor de Planificación y Economía de la Salud de la Escuela Nacional de Sanidad.

“No se trata tanto de un efecto directo, por mala calidad asistencial de los servicios privatizados, sino posiblemente de un complejo efecto indirecto. Como dice el estudio, la subcontratación incrementa la presión general sobre el sistema. Las empresas con afán de lucro se quedan con los servicios más rentables y los pacientes con menor riesgo y comorbilidades. Esto produce un drenaje que deja a los centros públicos con menos recursos y la responsabilidad de atender a los pacientes con más necesidades y peor pronóstico. Este empobrecimiento dinámico de los proveedores públicos configura una hipótesis verosímil para desarrollar nuevos estudios y para situarlo en la agenda pública y política”, valora Repullo.

Este hecho ilustra la dificultad con la que se encuentran muchos investigadores a la hora de analizar los resultados de la asistencia pública y privada en países como España. “Los estudios realizados que comparan los hospitales privatizados con el modelo Alzira en la Comunidad Valenciana con los de proveedores públicos no han encontrado hasta el momento diferencias de calidad relevantes. Pero, por ejemplo, si tú no sabes a cuántos pacientes complejos ha rechazado el hospital privatizado y han terminado en la pública, hay un sesgo en los datos. Por esto es importante una mayor transparencia”, explica Sergio García Vicente.

Este experto considera que hay que ser cauto a la hora de trasladar los resultados obtenidos por la Universidad de Oxford a otros países. “En Inglaterra la parte del sistema privatizada es relativamente pequeña. En los años estudiados crece, pero lo hace del 4% a algo más del 6% del total del gasto sanitario. En España, el sector privado tiene desde hace décadas un peso mucho mayor y está más integrado con el sistema público. Es algo que arranca con Muface [la cobertura privada que cubre a más de 1,5 millones de funcionarios] y se ha consolidado en muchas comunidades”.

Repullo sí destaca que hay riesgos comunes: “La externalización de procedimientos diagnósticos o terapéuticos singularizados tienden a fragmentar la atención sanitaria, mientras la calidad asistencial tiene un componente importante en la integración de todos los niveles asistenciales. Si optamos por un modelo de supermercado en el que el usuario picotea de diferentes proveedores sanitarios, podemos llegar a tener unos excelentes procedimientos individuales y una mala medicina general. Por ello, es verosímil pensar que una mayor externalización de servicios asistenciales no va a ser beneficiosa. Si a esto añadimos conductas oportunistas de proveedores externos con ánimo de lucro y una falta de control del cumplimiento de los contratos, el riesgo de gastar mucho y obtener poco en salud se amplía considerablemente”.

 La Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública (FADSP) es una de las entidades que desde hace más de dos décadas rechaza con mayor vehemencia las privatizaciones. “El estudio es importante porque confirma lo que otros estudios parciales habían avanzado y lo que hemos podido observar en la evolución del sistema sanitario en los últimos años. Los recursos económicos destinados a las privatizaciones debilitan la sanidad pública y favorecen otros intereses. Lo deseable sería reinvertirlos en el sistema para hacerlo más fuerte y eficaz”, explica el portavoz de la organización, Marciano Sánchez Bayle. (...)"                     (Oriol Güell , El País, 06/07/22)

14.1.22

La sexta ola está mostrando las consecuencias de las políticas neoliberales de destrucción del sistema sanitario

 "El COVID-19, con la variante ómicron y su gran capacidad de contagio, demuestra una vez más que en España los sistemas públicos de salud no están lo suficientemente dotados para hacer frente a los picos de atención que se les requiere.

En esta sexta ola de la pandemia se han incrementado exponencialmente las demandas a la atención primaria, tanto para pruebas diagnósticas como para confirmar y gestionar la baja laboral tras los resultados positivos de los test de antígenos que se adquieren en las farmacias.

El comienzo de la actividad docente y el retorno al trabajo tras las vacaciones de Navidad están incrementando los casos donde las personas trabajadoras contagiadas requieren atención sanitaria, además de la gestión de las bajas para justificar su ausencia en las empresas.

El sistema público sanitario está desbordado, se atiende telefónicamente y con gran demora. En alguna comunidad autónoma, incluso, se ha optado por que las farmacias hagan el proceso de inclusión en las historias clínicas informatizadas de los sistemas públicos de salud de los casos detectados de personas positivas.

Las clases medias y las trabajadoras en particular no pueden quedar en indefensión ante su situación de salud. No solo necesitan asistencia y tratamiento sanitario sino que han de justificar las ausencias al trabajo con los partes de baja.

Desde el sindicato CCOO han sido contundentes al afirmar que «no estamos conformes con que sean las farmacias las que tramiten los procesos para la incapacidad temporal, ni con medidas que no garanticen al máximo tanto la seguridad jurídica como los derechos de las personas trabajadoras». Y tienen razón.

El parte de baja es el documento administrativo que expide el facultativo del sistema público de salud después de realizar el reconocimiento médico del trabajador, justificando que el estado de salud es incompatible con la actividad laboral y precisa la baja. Para este procedimiento se utilizan los modelos legales que figuran en la Orden ESS/1187/2015, de 15 de junio, que desarrolla el Real Decreto 625/2014, de 18 de julio. 

 Para CCOO es imprescindible, para garantizar la seguridad jurídica de trabajadores y trabajadoras y aliviar realmente de esta gestión a los Servicios de Atención Primaria, que el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones implemente en el sistema un nuevo «Parte de baja COVID» que, de manera coyuntural y mientras perdure la pandemia, cubra los 7 días de baja, según las recomendaciones adoptadas en el marco del Consejo Interterritorial de Salud.

Esta solución que propone CCOO ayudaría a homogeneizar las distintas situaciones y soluciones que se están dando en las comunidades autónomas como soluciones transitorias y puntuales a la pandemia ante el aluvión de contagios. En todo caso, hay que comprobar esa transitoriedad y que la medida no se consolide a futuro, ya que es un tema de salud y de prestaciones públicas del sistema de protección.

El sindicato ha anunciado que esta propuesta la trasladarán al Ministerio en la reunión de diálogo social en materia de Seguridad Social que se celebrará esta tarde.

Lo que la sociedad española, en general, y las clases medias y trabajadoras, en particular, demandan es un sistema con las salvaguardas suficientes para las personas trabajadoras y que proporcione seguridad jurídica respecto a las prestaciones que se derivan en el sistema de la Seguridad Social.

Por ello, los procesos de confirmación de la infección y la baja médica tienen que tener la supervisión de personal facultativo, con refuerzo del administrativo, que proporcione la garantía necesaria de que la baja está correctamente justificada y gestionada, lo que da derecho subsiguiente prestación económica del sistema de la Seguridad Social."                (José Antonio Gómez, Diario16, 13/01/22)

31.8.21

La muerte sin duelo: cómo la pandemia ha transformado la percepción del fallecimiento... Las cifras de víctimas difundidas a diario, mezcladas con la falta de duelos públicos durante meses y con la casi total ausencia de imágenes de fallecidos han producido un efecto de anestesia...

 "Como ocurre durante una guerra, una pandemia obliga a aprender a convivir con la muerte. El primer fallecido oficial por coronavirus en España fue un viajero proveniente de Nepal, el 13 de febrero de 2020, aunque se descubrió bastante tiempo después.

 Para muchos la enfermedad era todavía un rumor lejano, que se iba extendiendo desde el otro lado del mundo, pero que no se había convertido aún en una espeluznante realidad que iba a paralizar las vidas. Sin embargo, a partir del 3 de marzo, empieza el conteo oficial y las cifras suben rápidamente: el número de hospitalizados, de ingresados en las UCI y de víctimas mortales irrumpen en la contidianidad y se convierten en una rutina siniestra, diaria, de números.

 Las peores jornadas se vivieron entre el 30 de marzo y el 4 de abril cuando, según los recuentos oficiales, se superaron los 900 decesos diarios. Eran cifras que llegaban cuando todavía no había mascarillas disponibles, ni gel hidroalcohólico, ni respiradores suficientes, ni se conocía bien la enfermedad y todos estábamos encerrados en nuestras casas, pendientes obsesivamente de unas noticias que parecían provenir de otro tiempo, incluso de otro país. Era como si la realidad le ocurriese a otras personas. 

El mundo había vivido guerras, desastres, cataclismos y atentados masivos, pero era la primera pandemia de esas dimensiones en un siglo. Según los datos oficiales, más 80.000 personas han muerto por la covid en España. Nadie duda de que los datos reales son muy superiores. (...)

Pese al goteo diario, se ha tratado de una muerte ausente y lejana, salvo para aquellos que la han sufrido directamente en sus familias, un 11,7% de los españoles, según una encuesta del CIS de febrero. “Las pandemias, y en general las catástrofes naturales, se viven de forma diferente a atentados como el 11-M o el 11-S”, explica Víctor Pérez, psiquiatra del Hospital del Mar de Barcelona y presidente de la Sociedad Española de Psiquiatría Biológica, además de investigador principal de Cibersam. “Los primeros días nos atormentábamos por 100 fallecidos y, poco tiempo después, morían casi 1.000 personas al día y llegamos a acostumbrarnos. 

 Había jornadas que eran como si se hubiesen estrellado varios aviones y, de alguna manera, esos golpes no te crujían como al principio. Cuando las causas son naturales, la tolerancia es bastante mejor. Cuando es por la mano del hombre puedes generar odio, ver un culpable, pero en las catástrofes naturales es muy difícil”.

Rituales funerarios

La muerte, en todas las culturas del mundo, está codificada a través de rituales más o menos complejos, en los que la sociedad se reconoce y consuela. En algunos lugares, de forma muy radical, como entre los Toraja de Indonesia, que sacan a pasear a sus fallecidos y les dejan secarse al sol en sus ataúdes y se fotografían con ellos años después de su fallecimiento.

 En muchos países occidentales, ser acompañados en el duelo es un ritual esencial para los allegados en su despedida. La prohibición, por miedo al contagio, de los funerales y velatorios durante la primera ola fue, para Víctor Pérez, el error que lamenta más profundamente de aquellas primeras semanas de pandemia.

“Fue una línea roja que no debimos cruzar”, explica el psiquiatra del Hospital del Mar, sobre la prohibición de funerales y velatorios durante el estado de alarma. “Asustados por el contagio, por la falta de trajes de protección, el comité de crisis del hospital decidió que no se permitía algo que culturalmente es sagrado, como es el duelo y el hecho de que la familia pueda estar cerca. Es lo que más me ha quitado el sueño, a mí y a los que estábamos en ese comité.

 No murieron solos, porque el personal de enfermería hizo un trabajo espectacular, pero pagaba un precio enorme. Algo no estábamos haciendo bien cuando nos saltamos una de las cosas más sagradas que tenemos en la sociedad. Ahora estamos intentando evaluar qué repercusiones tuvo en el duelo poder despedirse o no”.

 Las cifras de víctimas difundidas a diario, mezcladas con la falta de duelos públicos durante meses y con la casi total ausencia de imágenes de fallecidos han producido un efecto de anestesia. Paradójicamente, la muerte ha estado más presente que nunca en los últimos tiempos y, a la vez, socialmente ausente salvo para aquellos que no la han sufrido en su primer círculo.

María Ángeles Durán, catedrática de Sociología y profesora de Investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) que ha publicado trabajos sobre la sociología de la muerte, señala: “Parte de la anestesia se ha producido porque se trata de cifras muy concentradas en gente mayor y con patologías. Mucha gente pensaba ‘yo no soy como los que se están muriendo, no corro tanto peligro’. Sí hubo algunos momentos de mucho miedo al principio, sobre todo en los primeros momentos cuando no había respiradores y se llenaron las UCI”.

 “La pandemia ha traído un cambio no tanto en nuestra relación con la muerte”, prosigue Durán, “como con la vulnerabilidad y la fragilidad: de nuestros empleos, en la capacidad de la ciencia, en nuestras organizaciones políticas y sociales. Aunque la fe casi religiosa en la ciencia se ha recuperado en parte con las vacunas, ha quedado la sensación de que la medicina no nos protege de todo”.

 “Una sociedad se puede acostumbrar a que muera tanta gente”, explica esta socióloga, que recuerda que el gran escritor portugués Miguel Torga relataba que, en su juventud, había dos tipos de toques a muerte: por una persona adulta, y se paraba el trabajo en el campo, y por un niño, y entonces se seguía laborando como si nada, porque la mortalidad infantil era muy elevada.

La pandemia ha roto una tendencia que, desde hace más de medio siglo, se había asentado en Occidente: el alejamiento de la muerte. Vivimos en una sociedad que, como escribió el historiador francés Philippe Ariès en su clásico Historia de la muerte en Occidente (Acantilado), ha intentado “domesticar” a la muerte y que prefiere no hablar de este tema. En inglés, es casi una grosería incluso nombrarla y se utiliza la expresión “pass away”, algo así como “pasar más allá”, para no recurrir a la palabra maldita.

“Es morboso, hacemos como si no existiese”, escribe Arriès. “Solo hay personas que desaparecen y de las que no hablamos. Hablaremos más tarde, cuando hayamos olvidado que están muertos”, prosigue. Por otro lado, la muerte también provoca una mezcla de miedo y fascinación: casi siempre se cuela en las listas de libros más vendidos y está presente en los cuentos y películas infantiles (de Bambi a El rey León). Pero se trata de fallecimientos individuales e identificados con accidentes, ataques o enfermedades que todavía siguen derrotando a la medicina. La pandemia, sin embargo, nos ha arrastrado a unos tiempos en los que la muerte formaba parte de la vida cotidiana: con el coronavirus irrumpió con una presencia desconocida en Occidente desde hace décadas.

Actitud ante la muerte

“Durante la anterior pandemia, la actitud ante la muerte era muy diferente”, sostiene la escritora y periodista Laura Spinney, autora de El jinete pálido, un libro sobre la mal llamada gripe española, que causó entre 50 y 100 millones de muertos entre 1918 y 1920, justo después de la Primera Guerra Mundial. “Se trataba de una época anterior a los antibióticos, cuando las infecciones mataban a muchísima gente. Las enfermedades mortales son ahora muy diferentes y la esperanza de vida es mucho más elevada. La gente estaba entonces muy acostumbrada a la muerte, incluso a la de sus hijos. No es que fuese menos trágica, pero ocurría mucho. Existía menos temor a la muerte, porque formaba parte de la vida”.

Todo esto no quiere decir que el miedo a la muerte no haya estado muy presente en la sociedad durante los largos meses de la covid-19. La citada encuesta del CIS sobre la salud mental de los españoles durante la pandemia revelaba que el 23,4% de la población había sentido mucho o bastante “miedo a morir debido al coronavirus”, un 18,4% entre los hombres y un 28,3% entre las mujeres. Por edad, los que más miedo han sentido a morir fueron las personas de 55 a 64 años (un 26,2%). En cambio, una encuesta del CIS de 2002 señalaba que la muerte no estaba entre los principales pensamientos de los españoles: solo el 14,1% de la población pensaba en ella de manera muy frecuente y el 18,6% nunca pensaban en ella.

 La pandemia ha roto no solo un tabú, sino una falsa sensación de seguridad, que alejaba cada vez más a la muerte de la mayor parte de nuestra vida. La escritora y ensayista francesa Simone de Beauvoir dedicó un libro al fallecimiento de su madre, Una muerte muy dulce, en el que reflexiona sobre cómo siempre había pensado que el fallecimiento de las personas mayores formaba parte de la vida y no entendía el dolor de amigos suyos cuando fallecían sus padres en la vejez. Sin embargo, explica Beauvoir, todas sus teorías se derrumbaron cuando fue su madre la que murió. 

La pandemia ha obligado a miles de familias a pasar por esa experiencia brutal. “No morimos de haber nacido, ni de haber vivido, ni de vejez. Morimos de algo”, escribe Beauvoir. “No hay una muerte natural: nada de lo que ocurre al hombre es natural porque su sola presencia pone la naturaleza en cuestión. Todos los hombres son mortales, pero para cada uno su muerte es un accidente e, incluso si la conoce y consiente, una violencia inusitada”. Pese al éxito de la campaña de vacunación, esa violencia no se ha detenido."                                 (Guillermo Altares, El País, 29/08/21)

10.12.20

Un hombre desahuciado de 59 años muere en un parque en Villalba

 "Un hombre de 59 años de edad que había sido desahuciado hace unos meses sin que se le ofreciera alternativa habitacional ha sido hallado muerto este pasado viernes en un parque de la localidad de Collado Villalba, municipio madrileño en el que vivía. La información, recogida por ElSaltodiario, explica que Alfonso, había sido desahuciado hace un año y que desde hace meses vivía en la calle

Este domingo, medio centenar de personas se reunieron a las puertas de la Casa de los Maestros en Collado Villalba para recordar y homenajear a este vecino y para recordar que "no tener casa, mata".

Desde hacía  meses, Alfonso dormía en la calle a pesar de que los vecinos denuncian que existe una numerosa cantidad de viviendas en manos del Ayuntamiento que permanecen cerradas, sin uso y deteriorándose. Sobre todo ahora que se han desplomado las temperaturas y que dormir en calles y parques sin alternativa a una vivienda supone riesgo de muerte. 

Desde la Asamblea de Vivienda han advertido que hay "numerosas familias y gente que no perciben ni las ayudas ni la orientación que la Concejalía de Servicios Sociales debería ofrecer", y es por eso que instan al Ayuntamiento "a que haga informes de vulnerabilidad social sin que un juez se los tenga que solicitar cada vez que hay un desahucio. En invierno nadie tendría que vivir en la calle, porque puede morir, como demuestra este caso. Los municipios tienen que tener planes para vivienda social porque aquí es un problema grave", afirmó.

​Jesús Santo Gimeno, vicepresidente de la Mancomunidad Sur y teniente de alcalde de Alcorcón ha manifestado en su cuenta de Twitter sobre este caso que "los ayuntamientos necesitamos más vivienda pública para atender a casos de emergencia social. Se trata de salvar vidas, la Comunidad de Madrid debe contribuir a ello".

 Jesús Santos Gimeno @jesussantosalc

 Es una desgracia lo ocurrido en Collado Villalba, donde un vecino ha fallecido por no tener dónde refugiarse. Los Ayuntamientos necesitamos más vivienda pública para atender a casos de emergencia social. Se trata de salvar vidas, la Comunidad de Madrid debe contribuir a ello.

 

11:40 a. m. · 6 dic. 2020
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No es la primera vez que se señala la actuación del Ayuntamiento de Collado Villalba en relación a la vivienda. La alcaldesa, Mariola Vargas, que ostenta el cargo desde noviembre de 2014 tras haber sido concejala de Servicios Sociales con el PP, ya ha recibido en dos ocasiones el premio Corazón de piedra. Se traga de un galardón otorgado por la Asociación Estatal de Directoras y Gerentes en Servicios Sociales, para señalar a quienes muestran una menor sensibilidad social y cuyas opiniones o actuaciones produzcan mayor desamparo y sufrimiento a los ciudadanos y familias más vulnerables.

La Casa de los Maestros, el lugar donde se realizó la concentración, es un edificio de propiedad municipal en desuso que los colectivos piden que se acondicione para fines sociales. Se trata de cuatro pisos grandes que llevan una década sin ser utilizados y que sólo necesitas reformas menores para ser habilitados. Organizaciones sociales llevan varios años pidiendo que se rehabiliten para que sean usados en caso de emergencia habitacional. Una moción presentada en el Ayuntamiento, a la que el PP se opuso, salió refrendada con los votos de Ciudadanos. Sin embargo no se ha avanzado en las obras."                     (Público, 08/12/20)

8.4.20

Guillén del Barrio, enfermero: "Me atacan porque no tienen argumentos, sus recortes nos han costado vidas"




"Guillén del Barrio (Madrid, 1989) se ha convertido durante la emergencia del coronavirus en uno de los rostros visibles del personal sanitario en numerosos medios de comunicación.

 Enfermero de las urgencias del Hospital Universitario la Paz de Madrid y delegado sindical del Movimiento Asambleario de Trabajadores (MATS), se atrevió a decir en directo en RTVE que Madrid había perdido 2.100 camas hospitalarias en los últimos diez años, lo que le convirtió en enemigo número uno del PP, que no ha dudado en tratar de desacreditarlo afirmado que es un militante de Podemos y que no ha trabajado como enfermero en los últimos años. El acoso en redes ha sido enorme, reconoce, pero sigue manteniendo su postura y no rehuye de las entrevistas.  (...)

¿Cuál es la situación actual en tu hospital?


En urgencias va mejorando desde hace una semana. Se ha cerrado alguna sala y se están desinfectando para que vuelvan a ser salas para pacientes sin coronavirus. En las UCI también empieza a verse la luz al final del túnel. Algunos hospitales ya tienen camas libres y pueden evitar aplicar los criterios de atención de cuando no había camas para todos. Lo peor es que seguimos teniendo equipos de protección insuficientes. 

Ha caído muchísima gente enferma en varios hospitales y laboratorios de la región. Como no había equipos de protección para todos, se ha priorizado en los sitios más visibles y se ha dejado sin equipos a sitios donde también hacían falta, como laboratorios y otros hospitales más pequeños. Es una cuestión sangrante que sigue sin solucionarse.


De hecho, España lidera la tasa de contagios entre profesionales.


Sí, supera el 14%, frente al 4% de China y el 8% de Italia. (...)

Personalmente, se te está atacando desde la derecha por tus críticas a la gestión sanitaria madrileña. Te llaman “el enfermero disfrazado de Podemos”. ¿Cómo lo valoras?


Resumiendo mucho: ladran, luego cabalgamos. Es normal que se pongan así de nerviosos. Señalamos un problema que llevamos años denunciando todos los profesionales de la sanidad: los recortes y la privatización. No hay respuesta posible por parte de los privatizadores ante lo que yo denunciaba y llevamos diciendo tantos años: sus recortes nos han costado vidas. Cuando alguien dice esa verdad, no hay argumentos con los que responder y solo les queda el recurso de atacar a la persona que lo dice, matar al mensajero.


¿Hay alguna verdad en lo que dicen de ti?

No. Mi relación con Podemos fue inscribirme cuatro días para apoyar la campaña de Isa Serra en la Comunidad de Madrid. Es una relación de trabajo, pero da igual lo que yo diga porque siguen saliendo mentiras. Se ha dicho que yo iba a ser uno de los portavoces del equipo del Gobierno para la gestión del coronavirus, que llevo cinco años como liberado sindical sin tocar a un paciente, cuando no he sido liberado jamás… No tienen ninguna otra repuesta y no tienen decencia suficiente para callarse.

En tus declaraciones más polémicas has dicho que se han perdido más de 2.000 camas hospitalarias desde el inicio de la privatización. Ayuso asegura que son falsedades. ¿No es cierto?

Ayuso mezcla intencionadamente dos sucesos que ocurrieron el mismo día. Es usar la tinta del calamar. En su carta de protesta a RTVE señala un dato falso por el que la televisión admitió ese mismo día una rectificación pero que yo no dije. RTVE afirmó que la sanidad madrileña había perdido 3.300 profesionales en los últimos años. 

Efectivamente, no es cierto, pero los datos que yo doy sí lo son y están en las propias memorias del Servicio Madrileño de Salud. A quien las pida, se las envío. En sus memorias de 2008 dice que tenía 2.100 camas más que las que tenía operativas en 2018, que es el último año del que tenemos datos. Además, el que ha vivido en Madrid durante los últimos 12 años no tiene dudas de que hemos sido pasto de los recortes y la privatización.


Otro de los datos que defiende el Gobierno madrileño es que no hay recortes porque se ha incrementado el gasto sanitario por paciente, y es de los más altos de España. ¿Esto es real?


Es muy bueno que digan eso, aunque no se den cuenta ellos mismo de por qué. La mayoría de ese dinero se ha ido sobrecostes y privatizaciones. Además del modelo 100% público hay en Madrid otros dos modelos de financiación de la sanidad. Uno en el que la empresa que construye el hospital y gestiona la totalidad del personal del mismo. Eso genera unos sobrecostes espantosos que ha señalado incluso el Tribunal de Cuentas. 

Otro modelo consiste en que quien construye el hospital, además, gestiona los servicios no sanitarios del mismo, como ocurre con el de Puerta de Hierro. También se ha demostrado que causa unos sobrecostes de en torno al 25%. Y luego están los conciertos con hospitales privados. El contrato con la Fundación Jiménez Díaz arroja sobrecostes en tratamientos de algunas enfermedades que son de seis veces lo que cuesta tratar esa misma enfermedad en el Hospital Clínico, que está exactamente al lado.

Efectivamente se ha dedicado más dinero que antes a que muchas empresas cobren por dar un servicio. Pero ni siquiera así ha mejorado el gasto sanitario por persona, porque Madrid ha ganado medio millón de habitantes estos años. Se puede torturar salvajemente cualquier estadística para que confiese lo que quieras. Pero la realidad es que Madrid ha perdido camas y profesionales y ha privatizado con sobrecostes y malos resultados.


Uno de los reportajes que más impacto ha tenido es el de los "enfermeros kamikazes" de The New York Times. ¿Qué impresión se llevó el periódico más prestigioso del mundo de la situación en España?


Se habrían horrorizado más si no fuera porque en Nueva York ya se están produciendo escenas parecidas. Esos mismo días ya se estaba leyendo que había enfermeras haciendo equipos de protección con bolsas de basura en EEUU. Es un escándalo mundial. La situación de España es particularmente grave, pero todos los servicios sanitarios debilitados por falta de recursos o con estructura privatizada, como la estadounidense, están teniendo problemas muy similares.

Siempre has sido crítico con la gestión de tu hospital, sobre todo con las urgencias, pero en esta ocasión siempre has trasladado una buena opinión del servicio en La Paz, ¿qué ha cambiado?

Creo que la lucha que hemos mantenido durante los últimos años ha puesto el foco social y mediático en el servicio de mi hospital, en urgencias. Y también coincide en el tiempo el ascenso de otro tipo de gestores en mi hospital. Los supervisores de mi servicio son nuevos y se está notando mucho su forma de hacer las cosas. 

El director médico, Juan José Ríos, llevaba apenas unos meses en el cargo y está haciendo un trabajo más que notable. Ayuda ser el hospital que sale en la tele por cualquier circunstancia y también los individuos que están al mando. Espero que esta tendencia siga, que cada vez haya más gestores médicos y no cargos políticos. 

Al gerente del hospital La Paz no le hemos visto el pelo en ningún momento. Si nos dijeran que no tenemos gerente también nos lo creeríamos. Ni siquiera nos ha escrito un e-mail a los trabajadores que nos estamos dejando la piel. Este es el tipo de gestión que llevamos padeciendo en Madrid durante 20 años.


¿Crees que esta crisis traerá cambios obligados en el sistema de salud madrileño y español?

La clave es esta precisamente. Espero que el cambio no sea solo madrileño ni español. Esto es el resultado de las políticas neoliberales que han causado estragos en todos los países del mundo, en mayor o menor medida. Vemos el sufrimiento en Italia, lo que pasa en EEUU… Mi esperanza, y es la razón por la que trabajamos duramente, es que la sociedad recuerde después de esto para qué sirven los servicios públicos y por qué es tan mala idea recortar y privatizar.(...)"           (Jairo Vargas, Público, 07/04/20)

2.4.20

Cinco crisis sanitarias en una... hospitales desbordados, médicos sin medidas de protección y test que no acaban de llegar

"Mientras España se aproxima o se encuentra ya en el pico de casos de coronavirus y los hospitales se desbordan de pacientes graves que necesitan ingreso en planta o en las UCI, los sanitarios que cuidan de estos enfermos se ven desamparados. 

Relatan a diario, en redes sociales o a través de sus representantes sindicales, cómo improvisan batas de protección con sábanas quirúrgicas o cómo reutilizan material como las mascarillas, que son desechables. Los test rápidos que el Gobierno lleva días prometiendo no han empezado a usarse en los hospitales, que continúan con la técnica lenta, aunque mucho más segura, de la PCR. 

En los territorios más golpeados por la crisis, como Madrid y Cataluña, se la hacen solo a los enfermos graves y al personal sanitario, lo que impide saber cuántos contagios hay realmente.  (...)

Un hospital grande puede llegar a consumir 5.000 mascarillas quirúrgicas (las más sencillas) en un día, lo que da la medida de la ingente cantidad de este tipo de material, además de batas, guantes o gafas de protección, que se necesitan para que el personal médico y, sobre todo, enfermeras y auxiliares atiendan a los enfermos infectados. (...)

Varias organizaciones han recurrido a los tribunales para exigir esos equipos de protección. Un juzgado de Madrid aceptó la petición de una asociación de médicos para que dotara de protección a todos sus sanitarios. El Tribunal Supremo, en cambio, rechazó este miércoles obligar al Ministerio de Sanidad a suministrar en 24 horas a todos los centros sanitarios de España públicos y privados el material. 

Desestimó la petición de la Confederación Estatal de Sindicatos Médicos porque aunque entiende “la labor decisiva” que están realizando los sanitarios y que “deben contar con todos los medios necesarios” para atender a los pacientes, “no consta ninguna actuación contraria a esa exigencia evidente y sí son notorias las manifestaciones de los responsables públicos insistiendo en que se están desplegando toda suerte de iniciativas para satisfacerla”.  (...)

La pregunta más repetida estos días —¿por qué no había en España una reserva estratégica de material sanitario para posibles amenazas?— sigue sin respuesta. Los expertos consultados, que piden anonimato, apuntan a que no solo España, sino el resto de países europeos, no tomaron nota de los brotes de SARS y MERS como sí hicieron los asiáticos.

 Por eso no había material almacenado para una posible pandemia y cuando se quiso comprar, la agresiva competencia mundial lo hizo muy complicado. Varias autonomías han acusado al Gobierno de reaccionar tarde, pero ellas tampoco compraron stock. La presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, que hace unos días prometió que llegarían dos aviones cargados de material para Madrid, tuvo que reconocer este miércoles en una entrevista en Telecinco que “comprar material en otros países es francamente complicado en estos momentos”. (...)

Lo cierto es que los muy anunciados test rápidos apenas han llegado con cuentagotas a algunas comunidades autónomas. En hospitales de otras regiones todavía no los han visto. (...)

Mientras tanto, los saturados laboratorios de microbiología de los hospitales públicos están haciendo hasta 800 determinaciones a diario con el sistema PCR, muy fiable pero que se demora unas cuatro horas y requiere maquinaria y personal muy especializado.  (...)

Los pacientes graves con coronavirus desarrollan una neumonía bilateral que en muchos casos les impide respirar por sí mismos. Necesitan respiradores en una cantidad con la que ningún hospital contaba antes de esta crisis. De ahí que estos elementos sean de los más buscados en el mercado internacional.Sin embargo, como ocurre con las mascarillas y el resto de material que forma los EPI (equipo de protección individual) hay pocas existencias y muchos potenciales compradores. Todos los países están intentando a la vez abastecerse de material médico.  (...)

Mientras tanto, algunos hospitales están comprando directamente, sin pasar por las consejerías de Sanidad ni por el ministerio. Así lo ha hecho en días recientes La Paz, en Madrid, que ha celebrado contratos por procedimiento de emergencia (compra directa, sin publicidad ni licitación alguna) para abastecerse de varios respiradores fabricados por Philips, electrocardiógrafos y mobiliario móvil específico para atender a los pacientes de coronavirus.  (...)"                  (Elena G. Sevillano, Elena, Troya, El País, 26/03/20)

27.3.20

e-notícies: ¿Es verdad que todavía había tres plantas cerradas en Bellvitge por los recortes? La consellera Vergés no contesta

"La consellera de Salud, Alba Vergés, no ha contestado a una pregunta de e-noticias sobre si "es verdad que todavía hay tres plantas cerradas en Bellvitge por los recortes" a pesar de la falta de equipamientos sanitarios en Cataluña debido a la epidemia del coronavirus.

Vergés ha dicho que "todos los centros han puesto en marcha sus planes de contingencias. Todos los centros están ampliando las capacidades, hasta doblarse las". "Por tanto, no. Todo lo que está disponible, tanto pública como privada, está a disposición de la misma red de salud bajo coordinación del Servicio Catalán de la Salud", ha añadido.

Finalmente, la consellera de Esquerra expuso que "este aumento de Unidades de Cuidados Intensivos no sería posible como tampoco lo sería el de otros ámbitos de hospitalización necesarios".        (e-notícies, 26/03/20)