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30.3.23

Estas son las argucias de Sanidad y la industria farmacéutica para mantener en secreto el precio de los medicamentos

"La compra de nuevos medicamentos es como un agujero negro: una región donde los poderes que actúan son tan intensos que ni la luz puede escapar de ellos. Aunque la ley obliga a que todos los contratos públicos sean transparentes, en la sanidad pública la realidad es bien distinta. Desde 2017 hemos peleado para evitar la opacidad, buscando en miles de contratos públicos y compartiendo en abierto los datos sobre los precios reales de vacunas, del fármaco Sovaldi o de las terapias CAR-T. Y también luchando en tres juicios diferentes para que el dinero público que se destina a la compra de cada nuevo medicamento deje de ser un auténtico misterio, un agujero negro donde literalmente sea imposible que entre la luz.

A partir de 2019, comenzamos a pedir al Ministerio de Sanidad, vía solicitud de acceso a la información pública, un documento importantísimo: la resolución que debe emitir antes de que un nuevo medicamento empiece a ser financiado por la sanidad pública. En este papel se plasman dos detalles esenciales: el precio real y las condiciones de financiación de cada nuevo medicamento, que han sido negociados en secreto entre la administración y cada compañía farmacéutica. Y es que ya no sólo vale saber el precio que abonan las arcas públicas por cada nuevo tratamiento, sino también las condiciones de pago que han sido pactadas con la industria sin luz ni taquígrafos. Pero, en todas las solicitudes al Ministerio de Sanidad, nos topamos con lo mismo: según contamos el pasado mes de julio, siempre hemos recibido un portazo como respuesta.

En 2020, obtuvimos la primera victoria: el Consejo de Transparencia y Buen Gobierno se puso de nuestro lado y reconoció que los precios que se abonan por los medicamentos no deben ser confidenciales. Y en los dos años siguientes volvió a darnos la razón en sus resoluciones (que puedes leer aquí y aquí). Durante estos más de seis años de lucha, la respuesta del Ministerio de Sanidad y de la industria farmacéutica ha sido, como mínimo, sorprendente. Estas son algunas de las argucias que nos hemos encontrado por el camino:

  • La farmacéutica Gilead Sciences nos acusó de “antisistema”, alimentando la conspiranoia.

  • El bufete que representa a la multinacional Novartis pidió la modificación de la Ley del Medicamento para que la confidencialidad fuese absoluta respecto a la compra pública de fármacos.

  • Aunque el artículo 97 de la Ley del Medicamento dice que sólo es confidencial la documentación que la administración “obtenga” de los laboratorios mientras se negocia el precio, el Ministerio quiere que ese secretismo se aplique también a sus propias resoluciones.

  • Además, el Gobierno dice que dar acceso a esa información pública vulneraría los intereses económicos y comerciales, cuando los medicamentos que investigamos gozan de exclusividad comercial y, por ello, no tienen competidores en el mercado.

  • El Ministerio de Sanidad también alerta, sin pruebas, de que la transparencia vulneraría los intereses nacionales y haría subir el gasto farmacéutico.

  • En resumen, lo que hacen es repetir, punto por punto, los argumentos de la industria farmacéutica: que la confidencialidad es necesaria porque, así, cuanto más rico es un país, más dinero paga por los medicamentos (spoiler: sabemos que no).

Desde Civio pensamos que, por culpa de ese oscurantismo, el Gobierno no sólo negocia a ciegas, sino que también lo hace peor. Por este motivo, seguiremos peleando, como llevamos haciendo desde 2017, para combatir la falta de transparencia, vigilar a los poderes públicos y exigir rendición de cuentas, también en los temas sanitarios. Vamos a seguir luchando, cueste lo que cueste, llegando al Tribunal Supremo si hace falta, para conocer en detalle no sólo el precio, sino también las condiciones de financiación acordadas en secreto. Y para que podamos compartir estos datos en abierto, contribuyendo al debate informado sobre el acceso a la salud, es decir, sobre lo que realmente nos importa a todas y todos."                   (Civio, 22/03/23)

2.12.20

Antes de la pandemia las grandes compañías farmacéuticas invertían poco en vacunas, pero gracias al covid19 pueden ganar miles de millones con ellas... así ha surgido un lote de vacunas disponibles en los próximos meses ¿Cómo ha sido posible tan rápido? No fue gracias a la investigación de las grandes farmacéuticas, sino por el trabajo entregado de los científicos de las universidades... y porque el gobierno chino proporcionó rápidamente las secuencias de ADN necesarias para analizar el virus... unos pocos miles de millones de dólares al año gastados en investigación básica podrían evitar mil veces más pérdidas en muertes, enfermedades y destrucción económica

 "Antes de que la pandemia de COVID-19 se extendiera por el mundo, las grandes compañías farmacéuticas invertían poco en vacunas para enfermedades y virus globales. Simplemente no era rentable. De las 18 compañías farmacéuticas más grandes de Estados Unidos, 15 habían abandonado totalmente ese objetivo. 

Los medicamentos para el corazón, los tranquilizantes adictivos y los tratamientos para la impotencia masculina eran el grueso de sus ganancias, no el tratamiento de las infecciones hospitalarias, las nuevas enfermedades y los asesinos tropicales tradicionales. Una vacuna universal contra la gripe, es decir, una vacuna que se dirija a las partes inmutables de las proteínas de la superficie del virus, ha sido una posibilidad durante décadas, pero nunca se consideró lo suficientemente rentable como para ser una prioridad. Todos los años nos ponen vacunas que son solo un 50% eficientes.

Pero la pandemia de COVID-19 ha cambiado la actitud de las grandes farmacéuticas. Ahora se pueden ganar miles de millones vendiendo vacunas eficaces a los gobiernos y los sistemas sanitarios. Y en la mitad de tiempo ha surgido un lote de vacunas aparentemente efectivas con todas las perspectivas de que estén disponibles para las personas dentro de los próximos tres a seis meses, algo sin precedentes. 

¿Cómo ha sido posible tan rápido? No fue gracias a que las grandes farmacéuticas lograran la solución mediante su investigación científica. Para crear las fórmulas de la vacuna dependen de algunos entregados científicos que trabajan en universidades e institutos gubernamentales. Y fue posible porque el gobierno chino proporcionó rápidamente las secuencias de ADN necesarias para analizar el virus. En resumen, fueron el dinero y los fondos públicos los que proporcionaron la solución médica.

Los Institutos Nacionales de Salud (NIH), el Departamento de Defensa y los laboratorios académicos financiados con fondos federales realizan la investigación básica de las vacunas estadounidenses. Las vacunas fabricadas por Pfizer y Moderna se basan en gran medida en dos descubrimientos fundamentales que surgieron de la investigación financiada con fondos federales: la proteína viral diseñada por los NIH; y el concepto de modificación del ARN desarrollado por primera vez en la Universidad de Pennsylvania. De hecho, los fundadores de Moderna en 2010 dieron nombre a su empresa a partir de este concepto: “Modificado” + “ARN” = Moderna.

Por lo tanto, la vacuna de Moderna no ha salido de la nada. Moderna había estado trabajando en vacunas de mARN durante años con el Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas (NIAID), una parte de los NIH. El acuerdo consistió en cierto nivel de financiación de Moderna al NIH, junto con una hoja de ruta para que los investigadores del NIAID y Moderna colaboren en la investigación básica de las vacunas de mARN y, finalmente, en el desarrollo de dicha vacuna.

El gobierno de los Estados Unidos ha invertido 10,5 mil millones $ adicionales en varias compañías de vacunas desde que la pandemia comenzó para acelerar la entrega de sus productos. La vacuna de Moderna surgió directamente de una asociación entre Moderna y el laboratorio de los NIH.

El gobierno de los EEUU y dos agencias en particular, el NIH y la  Autoridad de Investigación y Desarrollo Biomédico Avanzado (BARDA), han invertido mucho en el desarrollo de la vacuna. BARDA es una rama del Departamento de Salud y Servicios Humanos que se formó en 2006 en respuesta al esperado SARS-CoV-1  (y otras amenazas para la salud). Proporciona  inversión directa en tecnologías a las empresas, pero también participa en asociaciones público-privadas (APP) y coordina agencias. Una parte específica de la misión de BARDA es desarrollar las tecnologías a través del "valle de la muerte" entre su creación y la comercialización.

El gobierno alemán invirtió fondos en BioNTech por una suma de 375 millones €, con otros € 252 millones para apoyar el desarrollo de CureVac. Alemania también aumentó su contribución a la Coalición para las Innovaciones en la Preparación de Epidemias (CEPI) en 140 millones de euros y planea aportar 90 millones de euros adicionales el próximo año. CEPI se lanzó en Davos, Suiza, en 2017 como una asociación global innovadora entre organizaciones públicas, privadas, filantrópicas y de la sociedad civil para desarrollar vacunas para contrarrestar epidemias, y Alemania prometió 10 millones de euros anuales durante un período de cuatro años para apoyar la iniciativa. CureVac es uno de los nueve institutos y empresas comisionados por CEPI para investigar una vacuna para el COVID-19. Uno de sus accionistas es el banco estatal Kreditanstalt für Wiederaufbau (KfW).

Pero son las grandes farmacéuticas las que desarrollan la vacuna a partir del trabajo científico de los institutos públicos. Son ellas las que toman las decisiones. Las compañías farmacéuticas realizan los ensayos clínicos globales, luego producen y comercializan el resultado. Y venden las vacunas a los gobiernos con enormes ganancias. Así es como se hacían las cosas antes de la pandemia y también ahora. En los EEUU, en el período de 10 años entre 1988 y 1997, los gastos del sector público para la compra de vacunas se duplicaron de $ 100 a $ 200 por niño hasta los 6 años. El costo acumulado del sector público se duplicó nuevamente en menos de 5 años entre 1997 y 2001 , de $ 200 a casi $ 400 por niño.

Todavía se sabe muy poco sobre los términos de los contratos de vacuna para el COVID-19 que los gobiernos de la UE han firmado con grupos farmacéuticos como AstraZeneca, Pfizer-BioNTech, Sanofi-GlaxoSmithKline y CureVac. Pero una vez que se elimine el secreto, lo que veremos es una privatización masiva de miles de millones de dólares de fondos gubernamentales. Se calcula que AstraZeneca ha vendido su vacuna a los gobiernos por unos $ 3 a $ 4 la dosis, mientras que la inyección de Johnson & Johnson y la vacuna desarrollada conjuntamente por Sanofi y GSK tenían un precio de unos $ 10 la dosis. AstraZeneca ha prometido no beneficiarse de su vacuna durante la pandemia, pero eso se aplica solo hasta julio de 2021. Después podrán cobrar. La biotecnología estadounidense Moderna cobrará $ 37 por dosis, o $ 50 a $ 60 por el tratamiento de dos inyecciones.

Es probable que las vacunas contra el coronavirus valgan miles de millones para la industria farmacéutica si resultan seguras y eficaces. Se necesitarían hasta 14 mil millones de vacunas para inmunizar a todos en el mundo contra el COVID-19. Si, como anticipan muchos científicos, disminuye la inmunidad producida por la vacuna, se podrían vender miles de millones de dosis más como dosis de refuerzo en los próximos años. Y los laboratorios de tecnología y producción mantenidos con la ayuda de toda esta generosidad gubernamental podrían dar lugar a otras vacunas y medicamentos rentables.

Así que, aunque gran parte del trabajo pionero sobre las vacunas de mARN se ha llevado a cabo con dinero público, los fabricantes de medicamentos de propiedad privada obtendrán grandes ganancias, mientras que los gobiernos pagan por las vacunas que ayudaron desarrollo ayudaron a financiar.

La lección de la respuesta a la vacuna contra el coronavirus es que unos pocos miles de millones de dólares al año gastados en investigación básica adicional podrían evitar mil veces más pérdidas en muertes, enfermedades y destrucción económica. En una conferencia de prensa, el asesor de salud de EEUU, Anthony Fauci, destacó el trabajo innovador en proteínas. “No debemos subestimar el valor de la investigación en biología básica”, dijo Fauci. Exactamente. Como han demostrado muchos autores, como Mariana Mazzacuto , la financiación y la investigación estatales han sido vitales para el desarrollo de tales productos.

¿Qué mejor lección podemos aprender de la experiencia de la vacuna para el COVID que las compañías farmacéuticas multinacionales deben ser de propiedad pública para que la investigación y el desarrollo puedan dirigirse a satisfacer las necesidades médicas y de salud de las personas y no los beneficios de estas compañías? Y además, las vacunas necesarias pueden llegar a miles de millones de personas en los países y sectores más pobres en lugar de solo a aquellos países y personas que pueden pagar los precios establecidos por estas empresas.

“Esta es una vacuna del pueblo”, señaló Peter Maybarduk, director del programa de Acceso a los Medicamentos de Public Citizen, criticando a las empresas. “Los científicos federales ayudaron a inventarlo y los contribuyentes están financiando su desarrollo... Debería pertenecer a la humanidad".                       (Michael Roberts  , Sin Permiso, 28/11/2020)

9.10.19

La mal llamada "epidemia" de los opiáceos más bien ha sido en buena medida una auténtica drogodependencia diseminada desde el mismo corazón de la industria farmaceútica... esa "epidemia" ha sido inoculada, y parece ser que incluso planificada, o conociendo las consecuencias que el asunto podría llegar a infligir a la población

"A estas alturas de la pesadilla, parece que hablar como hablábamos hace unos años de la epidemia de opiáceos es, en cierta manera, banalizar el tema como si fuese consecuencia de un factor exógeno. Pero no, realmente de exógeno no tiene absolutamente nada; más bien es todo lo contrario: es un factor muy (pero que muy) endógeno. (...)

Y en este caso ya hay una farmaceútica declarada en bancarrota por las indemnizaciones a las que tiene que hacer frente, tras toda esta catástrofe socio-sanitaria de proporciones imponderables. (...)

A pesar de ser un término que desde aquí también llegamos a utilizar, pero sin ocultar ni un ápice de la evidente culpabilidad que en realidad había tras ella, la mal llamada "epidemia" más bien ha sido en buena medida una auténtica drogodependencia diseminada desde el mismo corazón de la industria farmaceútica, y por ende, desde muy adentro desde nuestros propios sistemas socioeconómicos. 

Las cifras son literalmente apabullantes, tal y como ya expusieron en el pasado nuestros compañeros de Xataka Magnet. Y los números no dan tregua: actualmente siguen muriendo de media 130 estadounidenses al día por sobredosis de opiáceos. Una auténtica barbaridad cuyas cifras se han disparado a raíz de este tema, y que en varios indicadores incluso han batido las siniestras marcas de los heroinómanos años 80. 

 Y no, no ha sido un virus o un germen, esa "epidemia" ha sido (al menos parcialmente) inoculada, y parece ser que incluso podría haber sido de forma macabramente planificada, o, al menos, conociendo a priori las consecuencias que el asunto podría llegar a infligir a la población. Tenemos así que esa "epidemia" sólo es admisible llamarla como tal por la auténtica dimensión masiva que este caso de drogodependencia ha adquirido. ¿Y cómo ha podido llegarse a esto? Pues con el claro agravante de que, al ser prescrito el famoso opiáceo OxyContin y otros por los propios médicos tan alegremente (al parecer, "alentados" desde algunas famaceúticas), el consumidor se entregaba totalmente confiado y, a la postre, desprotegido al tener baja la guardia ante el que era propio médico.

El desarrollo de los acontencimientos se ha repetido sistemáticamente una y otra vez hasta la saciedad, paciente tras paciente, individuo tras individuo, adicto tras adicto, vida tras vida, sobredosis tras sobredosis. Cuando el dolor a mitigar desaparecía y el médico dejaba de ver necesario seguir recetando el funesto OxyContin o similares, el paciente, acostumbrado a una opiácea sensación de bienestar de la cual ya le resultaba difícil prescindir, pasaba a comprar la misma medicación en el mercado negro. Pero lo que tienen los opiáceos es que el cuerpo recuerda y ansía lograr el mismo nivel de "cuelgue" sensorial, y por otro lado el cuerpo se habitúa muy rápidamente a ellos, con lo que la misma dosis en poco tiempo ya no "coloca" lo mismo. Ése es el punto crítico y el verdadero salto al abismo en esta "epidemia".

Ante el elevado precio de los medicamentos opiáceos en el mercado ilegal, algún "elemento" de su entorno, les acaba recomendando dar el salto a la siempre siniestra heroína. Misma opiácea sensación, pero con muchos menos decigramos por la potencia de este estupefaciente. Aunque de nuevo la heroína hace honor a su opiácea condición, y la dosis necesaria para conseguir la misma intensidad de paraíso artificial va subiendo y subiendo, hasta llegar al orden de los gramos cada un paréntesis de varias horas o pocos días. Y claro, la heroína en esas dosis tiene un coste desorbitado. 

(...) esta "epidemia" de opiáceos no ha sido ni de lejos exclusivamente una moda de adolescentes, ni un hábito propio de zonas de discotecas, ni una adicción de ciertos estratos sociales excluídos de la sociedad que buscan refugio donde no lo hay, ni una auto-lesiva tendencia de ciertos individuos con claros síntomas de auto-destrucción... No, con el OxyContin han caído en el mundo de la heroína innumerables padres y madres de familia con una vida estable, con hijos, con un cierto nivel de madurez, y con un entorno en general poco propicio para elegir por voluntad propia la auto-destrucción. Y no es que su vida valga más que la de los otros grupos sociales, pero ello demuestra que el drama es (al menos parcialmente) inoculado en vena contra su voluntad, y además alcanza una dimensión personal y familiar indescriptible.   (...)

No se puede satanizar automáticamente a unos fármacos que han aportado mucho a la asistencia sanitaria y a la calidad de vida de muchos enfermos, que además generalmente lo son de enfermedades especialmente graves o dolorosas. Las unidades del dolor son esenciales especialmente en el caso de enfermos terminales. No se lleven de este artículo la idea de que los opiáceos no hay que tomarlos jamás de los jamases. Lo único que hay que hacer es tomarlos sólo cuando estén indicados (de verdad), y bajo un escrupuloso seguimiento médico que permita detectar ciertos efectos secundarios y potenciales dependencias antes de que sea demasiado tarde.

Pero eso es precisamente lo que ha fallado en la mal llamada "epidemia" de opiáceos de EEUU. Y claro, el riesgo además es que el narcótico mal se está extendiendo de país en país, especialmente cuando EEUU marca muchas veces tendencia en múltiples planos socioeconómicos. Así, la heroína se ha puesto de moda otra vez en ciertas esferas también de otros tantos lugares: las cifras de heroinómanos también (des)cotizan al alza en nuestro país.


Que conste que, para que el mal se extendiese tan rápida y masivamente, han coincidido en el tiempo una serie de factores que han hecho que el lobbying de opiáceos haya sido como echar gasolina al fuego, sin que ellos dejen de ser ni un ápice unos auténticos pirómanos de libro. Para poder valorar todo el panorama en su conjunto, hay que remontarse a la época de la Gran Recesión. Si bien los opiáceos estaban presentes en el mercado y en las consultas desde hacía tiempo, y ya suponían una amenaza para la salud nacional, fue especialmente a raíz de las deplorables condiciones socioeconómicas que sobrevinieron a muchas familias con la temible crisis subprime con las que también fueron empujadas masivamente a querer escapar de una realidad que ya era ciertamente terrible de por sí.

Ése fue el tortuoso sendero que muchos recorrieron con más ansiedad y desesperación que consciencia, especialmente tras hacer probado la sensación de los paraísos artificiales de la mano de una receta legal, pero que, al buscar la salida a sus problemas financieros y laborales donde no estaba, sus vidas pasaron de aquellos terribles problemas a ser ahora un auténtico infierno.

(...) una proporción relevante de la población en edad de trabajar ya no es ni tan apenas apta para hacerlo, mientras que muchas empresas no pueden cubrir sus necesidades de trabajadores. De hecho, hasta la FED tomó cartas en el asunto e hizo unas significativas declaraciones al respecto.

(...)  ya tenemos a Purdue Pharma, la fabricante del OxyContin y primer responsable en caer del entramado de "promoción" y lobbying de analgésicos opiáceos entre la comunidad médica, bajo una complicada situación judicial y legal

Esta compañía en cuestión está sucumbiendo bajo un auténtico aluvión de miles de indemnizaciones millonarias, cada una por parte de un estado, ciudad, o condado que representa a su vez a miles o millones de ciudadanos afectados. Ello marca una gran distancia con otros litigios comparables del pasado, y hacen de éste un caso legal verdaderamente único y sin precedentes. Desde la compañía tratan desesperadamente de cerrar todos estos litigios, no sin polémica y desacuerdos, y que le han llevado a la citada bancarrota.

Mientras tanto, la familia propietaria, los Sackler, están incomprensiblemente pudiéndose llevar cientos de millones de dólares a cuentas suizas y de otros países. Así, el daño es doble para los afectados: no sólo les han destrozado la vida, sino que además puede acabar no habiendo el dinero que debiera para que cobren ni una mínima fracción del daño que les han ocasionado tan despiadadamente. Pero hay otras empresas farmaceúticas bajo sospecha, y susceptibles de acabar sufriendo en sus propias carnes una situación similar.(...)

 Con la bancarrota de Purdue Pharma se cierra un ciclo, pero sólo en el plano socio-sanitario y judicial. El ciclo socioeconómico tardará años en limpiar los restos de la epidémica adicción de sus venas.  (...)"                     ( , El blog salmón, 08/10/19)

29.6.17

BARNACLINIC, S.A. La fórmula ilegal de connivencia público-privada en un hospital público

"La invención de Barnaclínic S.A, fue una “prueba piloto” engendrada entre políticos y élites médicas, para hacer posible la convivencia de la atención privada dentro de las instalaciones de un centro sanitario público, el prestigioso Hospital Clínico y Provincial de Barcelona.

Durante más de 17 años, esta clínica privada, utilizando los recursos materiales, de personal y las propias estructuras del hospital, financiado con presupuestos públicos, sirvió básicamente para llenar los bolsillos de algunos médicos y gestores. Tanto éstos últimos, como los responsables políticos cómplices del contubernio, justificaban la existencia de la clínica privada alegando ser el medio para nutrir financieramente al centro sanitario público, que no podía sobrevivir únicamente de los ingresos que recibía de la Generalitat.

Sin embargo, en las conversaciones de proximidad, pero también en declaraciones públicas,[1] los propios gestores reconocían, haciendo uso de neolenguaje político, que esa era la manera de “retener el talento”. Sin los sobresueldos ilegales que recibían algunos profesionales sanitarios, el “talento” se iba a otro lugar, a otra parte. Nos quedábamos sin los profesionales talentosos formados en nuestros hospitales y universidades públicas.

Puede que, por ese motivo, y tal vez debido a las numerosas protestas y denuncias ciudadanas que se han ido sucediendo con asombrosa persistencia en el tiempo, el anterior director del Hospital Clínico, Dr. Piqué, emigró a Andorra, a privatizar el sistema de salud andorrano, gracias el talento que había adquirido en el hospital y a la connivencia exitosa, usando recursos públicos, de la endogámica clínica privada[2]. (...)

Durante todos estos años, mientras los recursos destinados a la sanidad pública descendían año tras año, en inversa proporción se incrementaba el dinero público destinado a financiar centros privados o “sinanimodelucro”, otro neologismo enmascarador de las diversas entidades, empresas, fundaciones y otras fórmulas empresariales que se han ido creando para no estar sometidas al molesto y burocrático control público.

Para corromper un sistema hay que pervertir a los agentes


Se trataba también de potenciar la famosa “autonomía de gestión”, que apelando a la eficiencia y la eficacia en la gestión y a la diversidad “biológica” de los multitudinarios proveedores del sistema, ha ido propiciado numerosos casos de ilegalidad y corrupción. También ha puesto en evidencia las “puertas giratorias”[4] y los conflictos de interés existentes entre los gestores públicos y los intereses privados, no únicamente de amigos y familiares, sino de la industria y de los negocios ligados a la sanidad, nutridos gracias a ser alimentados con dinero público.[5] (...)

Pero para favorecer intereses privados a cargo al dinero público, otro fenómeno debía producirse simultáneamente. Se trataba de la creación de las élites sanitarias.

Mientras las condiciones laborales de la mayoría de los profesionales se iban paulatina e inexorablemente deteriorando y precarizando, potenciaban y favorecía, a la vez, el crecimiento de unas élites médicas y gestoras con condiciones y sueldos superiores incluso a los oficiales del Conseller de Salut o del propio President de la Generalitat.

A estas minorías elegidas, se les permitía no solo preservar su “talento”, sino tener el don de la ubicuidad. Un repaso somero de los profesionales talentosos que trabajan en Barnaclínic, SA muestra cómo se puede ejercer simultáneamente en el Hospital, en la Universidad, en otras clínicas de la ciudad y del extrarradio, a la vez que en sus propias consultas privadas. [7]

Los elegidos, médicos y gestores del sistema, constituyen ahora los “Círculos de salud” y los lobbies de presión, que, amparándose en un pretendido bien común y una mayor eficiencia de la gestión privada del sistema público, nunca demostrada, defienden en realidad sus propios intereses. Esta circunstancia resulta también evidente haciendo un sucinto repaso a los nombres de quienes forman parte de estos círculos de virtuosos.[8]

Las élites médicas que se mantienen ligadas al beneficio privado y a las industrias farmacéuticas y de tecnología sanitaria, han demostrado ser el principal impedimento para implantar sistemas sanitarios públicos y universales.[9],[10],[11]. (...)

La Sindicatura de Cuentas de Catalunya señala lo que los activistas por la sanidad pública y algunos trabajadores del Hospital han estado reclamando y denunciando en infinidad de ocasiones y desde hace mucho tiempo[15] : La fórmula Barnaclínic, no “tiene amparo en la normativa legal.” Se ha utilizado la ley de empresa pública o privada a conveniencia, se han generado “beneficios negativos”, se han producido “irregularidades“ en la facturación, en la normativa patrimonial, en la contratación, en la opacidad de sueldos… en el cobro de los servicios… 
Se ha priorizado la atención de los “clientes” sobre los usuarios, utilizando horarios y recursos de atención públicos… y otro largo etcétera. Pero sobre todo y muy importante, se ha establecido la inequidad, favoreciendo prioritariamente la atención privada sobre la atención pública, tal como se les señala en el propio contrato de trabajo a los profesionales y también indica la Sindicatura, generando con ello, un alarmante precedente ético y de equidad. 
Todo ello ha sido posible gracias a utilizar los recursos del hospital que pagamos entre todas y todos. Los considerados “usuarios” y no “clientes”, sí tenemos que soportar insoportables listas de espera y estancias bochornosas en los servicios de urgencias, convertidos en campos de concentración de enfermos. Siendo como somos los propietarios del sistema.

Barnaclínic, S.A., ha sido un modelo de éxito para “retener el talento” de aquellos que quieren enriquecerse, mercantilizar la sanidad y la salud y usar el dinero público para su interés privado.

Barnaclínic, S.A sería “un caso aislado” e ilegal de “prueba piloto” si no fuera porque no lo es y porque el flamante Conseller de Salud, Sr. Comín, sin ninguna experiencia profesional previa en el sector sanitario, pretende blindar ese modelo con una nueva “fórmula de gestión” para la Clínica privada que tiene la finalidad de mantenerla fuera del control público y para poder legalizar definitivamente el ejercicio privado en los centros públicos.

Es lo que le reclaman sus asesores y gestores neoliberales y lobistas de otros hospitales públicos, como es el caso del Hospital del Mar, por poner otro ejemplo de proximidad en la ciudad, en donde, como en el caso de Barnaclínic SA se pretende además potenciar el turismo sanitario. 
En el Hospital de Palamós, ya hace tiempo que funciona el Hospital-Clínico Costa Brava [16]. Otros gestores ambidiestros por su capacidad de cruzar puertas rotatorias, ocupar altos cargos en la administración pública, favoreciendo simultáneamente a sus empresas privadas, con absoluta impunidad, ya hace bastante tiempo también que se frotan las manos. (...)" (Assemblea d’usuàries i treballadores Tancada-Resistència Clínic , Sin Permiso, 17/06/2017)

23.9.11

¿Estaría la gente de la derecha dispuesta a dejar morir por falta de asistencia a aquellos que no están asegurados aunque no sea culpa suya? La respuesta es un sonoro ¡¡SÍ!!. Pues, piense en los niños

"Me refiero, como supondrán, a lo que ha pasado durante el debate presidencial del Partido Republicano del lunes. Wolf Blitzer, de la CNN, le preguntó al representante Ron Paul por lo que deberíamos hacer si un hombre de 30 años que hubiese decidido no contratar un seguro sanitario de repente se encontrase en la necesidad de pasar seis meses en cuidados intensivos.

Paul contestó: "En eso consiste la libertad, en asumir nuestros propios riesgos". Blitzer volvió a insistirle y preguntó si "la sociedad debía limitarse a dejarle morir". Y la multitud estalló en vítores y gritos de "¡sí!".

El incidente subrayaba algo que no creo que la mayoría de los analistas políticos hayan asimilado plenamente: en este momento, la política estadounidense es básicamente una cuestión de opiniones morales diferentes. (...)

Ahora bien, hay dos cosas que deberían saber sobre el intercambio entre Blitzer y Paul. La primera es que, después de que la multitud interviniese, Paul esencialmente intentó eludir la pregunta, afirmando que los médicos afectuosos y los individuos caritativos siempre se asegurarían de que las personas recibiesen la asistencia que necesitasen; o, al menos, lo harían si no los hubiese corrompido el Estado del bienestar.

Lo siento, pero eso son fantasías. Las personas que no pueden permitirse la asistencia sanitaria básica por lo general no la consiguen -y siempre ha sido así- y a veces mueren como consecuencia de ello.

La segunda es que muy pocos de los que mueren por falta de asistencia sanitaria se parecen al individuo hipotético de Blitzer, que podía contratar un seguro y debería haberlo hecho.

En realidad, la mayoría de los estadounidenses no asegurados tienen pocos ingresos y no pueden permitirse un seguro, o bien son rechazados por las aseguradoras porque padecen enfermedades crónicas.

Entonces, ¿estaría la gente de la derecha dispuesta a dejar morir por falta de asistencia a aquellos que no están asegurados aunque no sea culpa suya? La respuesta, si nos basamos en la historia reciente, es un sonoro "¡sí!".
Piensen, en particular, en los niños.(...)

¿He mencionado que uno de cada seis niños de Texas carece de seguro sanitario, la segunda tasa más alta del país?

Así que la libertad para morir se extiende, en la práctica, a los niños y a los desafortunados, así como a los poco previsores. Y el hecho de que la derecha apruebe esa idea indica un cambio importante en la naturaleza de la política estadounidense. (...)

Ahora, sin embargo, la compasión no está de moda; de hecho, la falta de compasión se ha convertido en una cuestión de principios, al menos entre las bases del Partido Republicano. (...)

¿Están los votantes dispuestos a asumir ese rechazo radical hacia la clase de nación en la que todos hemos crecido? Supongo que lo averiguaremos el año que viene." (PAUL KRUGMAN: Libres para morir, El País, Negocios, 18/09/2011, p. 27)

21.4.10

La reforma sanitaria de Obama... pues vaya reforma

"La otra gran ampliación es el denominado mandato individual que básicamente dice a la gente que tienen que adquirir un seguro privado. Es decir, si actualmente tienes un seguro a través de tu patrón tienes que conservarlo, tanto si te gusta como si no. Si no tienes ningún seguro estarás obligado a revertir miles de dólares a las compañías de seguros médicos.

Bajo los nuevos “intercambios” establecidos por la ley para que los no asegurados adquieran un seguro, la gente tendrá que gastar un 9,5 % de su renta para pólizas que cubren solamente el 70% de los costes sanitarios. Por lo tanto nos encontramos todavía en la situación de que tenemos un seguro tan raquítico que será difícil tener los cuidados necesarios cuando ello haga falta.

Como sabe, Massachusetts es el prototipo de esta reforma. Si mira en Internet nuestro sistema de seguro se llama Massachusetts Connector.

Para alguien de entre 50-60 años, la política más barata que cumple el mandato respecto a alguien que está pagando la tasa completa –es decir, quienes cobran más de 33.000 $ de renta anual –cuesta más de 5.000 $ anuales en primas. Si te pones enfermo tienes una deducción de 2.000 $, o sea, que tienes que poner otros 2.000 $ de tu bolsillo antes de que el seguro actúe. Luego, por los restantes 15.000 $ de gastos médicos, eres responsable del 20% de todos los gastos, 3.000 $.

Por lo tanto, si te pones enfermo y tienes que utilizarlo una vez lo has adquirido, resulta muy caro. Esto significa que mucha gente carecerá todavía de acceso a los cuidados médicos porqué no les será posible hacer uso de su seguro, incluso teniéndolo. (...)

Por ejemplo, hay una prohibición de la llamada política de rescisión. En esencia, significa que una vez tienes un seguro, si enfermas y utilizas tu seguro la compañía de seguros no puede volverse atrás y cancelar. Esto se llamaría rescisión.

Pero lo que la ley dice es que la compañía no puede hacer una rescisión a no ser que haya habido fraude. Bien, esto es lo que las compañías siempre dicen cuando hacen una rescisión. Siempre ha sido ilegal, bajo la ley de contratos, acordar hacer algo y luego no hacerlo. Por lo tanto las rescisiones siempre se basaban en que las compañías de seguros alegaban que el asegurado había cometido fraude.

Suena bien decir “nada de rescisiones a no ser que haya fraude”, pero la escapatoria, respecto al fraude, es grande. Pueden decirte, “Era fraude porque usted olvidó decirnos hace 20 años que una vez tuvo una citología anormal. ¡Oh! Usted no nos dijo que una vez, hace 10 años, su presión sanguínea fue alta, aunque después siempre haya sido normal”.

Rastrean y buscan en los archivos para encontrar cosas que no les dijiste. Puede que las hayas olvidado, pero ellos alegan que cometiste fraude no contándoles que tuviste esta citología anormal o esta presión anormal. Esto es una gran laguna y, por desgracia, esto significa que el reglamento contra las rescisiones no está cerrado." (SinPermiso, 18/04/2010; citando "La reforma sanitaria de EEUU deja a los enfermos sin tratamiento". Entrevista Steffie Woolhandler)

25.10.09

La miseria sanitaria... de un país rico... el más rico de todos



"Un millar de personas espera bajo el frío rocío de las montañas, llegados desde muy distintos rincones de la América más pobre. Algunos han conducido durante horas y han dormido en sus coches. Están enfermos. Muchos no acuden al médico desde hace años. Carecen de seguro en un país sin sistema de salud público, una condena que comparten con otros 50 millones de ciudadanos. Son las víctimas colaterales de la ley de la oferta y la demanda, aplicada a la sanidad.

Son las tres de la madrugada del sábado, tres de octubre. Los voluntarios de la organización Remote Area Medical (RAM) dan turnos para la clínica móvil gratuita que han instalado en el instituto de Grundy, en la cordillera de los Apalaches, uno de los lugares más pobres del país. Esta es una ciudad fantasma apartada del sueño americano, aletargada durante décadas en el seno de una industria, la del carbón, que muere lentamente.

La ansiedad típica de los pasillos de hospital planea sobre la gente que espera en el aparcamiento. "¿Qué voy a hacer si me dicen que tengo algo grave? No tengo seguro", se queja una mujer, cigarrillo en boca, antes de rechazar identificarse o responder a más preguntas.

Deborah Wojeiechowicz, camarera de 38 años, sabe muy bien a dónde lleva ese callejón sin salida. Sufre de piedras en el riñón. No puede respirar bien. Necesita dientes nuevos. Y vive al día, de los 600 dólares (400 euros) mensuales que le da su empleo. Dice no cumplir los requisitos para obtener el seguro público para gente pobre del Gobierno. Madre de tres hijos, sólo va al médico en caso de emergencia.

Gracias a una ley de 1986, los hospitales no pueden rechazar a pacientes que acudan a urgencias, aunque carezcan de seguro. De ese modo ha nacido un sistema sanitario en la sombra, en el que los pobres acuden al hospital sólo en casos de extremo dolor. Sus facturas impagadas se acumulan. Por un puñado de visitas por sus piedras en el riñón, Deborah debe 17.000 euros. No las pagará. El hospital lo sabe y aún así la llevará a juicio. Llega el doctor Joseph Smiddy, radiografía en mano. "No hay nada extremadamente preocupante. Cuídese, deje de fumar, vuelva el año que viene". En este día, el doctor ha dado muchas malas noticias. "Enfisemas. Fibrosis. Ha habido incluso un caso de tuberculosis que hemos tenido que aislar", explica.

Este neumólogo sabe como pocos lo injusto que es el sistema sanitario norteamericano. Trata de forma gratuita a quien se lo pide y se puede permitir un viaje hasta Kingsport, en Tennessee, donde tiene su consulta. Pero incluso eso le sabe a poco. Ha montado un cuarto de revelado de radiografías, sellado a la luz, en una camioneta, y acude con él allá adonde se le necesita, sin cobrar. "Es duro decirle a alguien que puede sufrir cáncer", comenta.

Smiddy, con su abnegado altruismo, es una nota al margen en un cruel sistema sanitario que cuesta más de un billón y medio de euros. Como él, cientos de voluntarios acuden a la llamada de san Stan Brock, un hombre de 72 años que ofrece mucho más que esperanza. Desde 1982 lleva a su organización, RAM, a lugares donde era imposible encontrar médicos. Comenzó a operar en el Amazonas. En los noventa, sin embargo, decidió hacer un par de expediciones a Tennessee, en EE UU, donde había una carencia total de doctores. Se quedó. Desde entonces ha montado unas 600 clínicas temporales. En los Apalaches se le venera. Los pacientes le piden autógrafos. Salva vidas. (...)

Brock mantiene la calma ante dramas personales que a otros les harían llorar. Pero hay algo que le enerva. "En este país existe una norma ilógica que impide a médicos de un Estado prestar servicio gratuito en otro. Por esa medida, siempre vamos cortos de médicos. Sólo hay una excepción: Tennessee, donde cambiaron las leyes después de que yo insistiera mucho". Hasta la caridad es una cláusula más en el gran contrato feroz que es la sanidad en EE UU." (El País, ed. Galicia, Sociedad, 11/10/2009, p. 40)