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21.7.25

El caso Montoro es un agravio personal para una generación entera... Robar, qué duda cabe, es inexcusable y está muy feo. Pero llevarte por delante la vida de millones de personas para robar a manos llenas es jugar en otra liga de codicia y crueldad... Muchos de nosotros, millennials y no tan millennials, seguimos hoy, en 2025, sin haber logrado desembarazarnos por completo de la alargada sombra de aquella época horrenda... Se fue instalando la idea perversa de que la gente común había cometido un pecado o un crimen que debía pagar muy caro. Habíamos vivido por encima de nuestras posibilidades... Junto con la criminalización de una generación entera y la autoayuda, la caridad más repulsiva encontró su espacio... en el programa 'Entre todos', se mendigaba dinero de la audiencia para ayudar a personas en quiebra a montar negocios humildes, en su mayoría destinados al fracaso... el PP aprobó, según los titulares de la época, el mayor ajuste presupuestario y fiscal de la democracia... Montoro lo calificó de “medidas ponderadas en términos económicos y sociales”... el Gobierno anunciaba un recorte adicional de 10.000 millones, a repartir entre Educación (3.000 millones) y Sanidad (7.000)... Andrea Fabra, diputada del PP, exclamó desde su bancada “¡Que se jodan!”... En diciembre de 2012, el desempleo alcanzó al 26% de la población, y al 55% de los jóvenes... cuatro mil enfermos de hepatitis fueron condenados a muerte porque se decidió que sus vidas no valían el dinero que costaba el medicamento que podía curarlos... llegó un punto en el que rendirse era la única opción a la que te podías acoger... Pienso en el proyecto vital que se volvió irrealizable –emparejarse, formar una familia, vivir como un adulto– porque la única solución era un cuarto en casa de nuestros padres... Pienso en la experiencia migratoria, tristemente familiar para muchos de nosotros... lo que ha hecho Montoro, ministro de Hacienda durante los dos mandatos de Rajoy, va mucho más allá de una mera mordida... El caso Montoro es un asunto personal... Lo he vivido como un agravio, como un escupitajo en la cara... No existe castigo les redima por esto, no tienen manera de devolvernos lo que nos han quitado, no reparación posibles... para poder devolvernos lo que nos han quitado, tendrían que arreglárselas para traer de vuelta aquellos que iban a ser los mejores años de nuestras vidas (Adriana T.)

 "Robar, qué duda cabe, es inexcusable y está muy feo. Pero llevarte por delante la vida de millones de personas para robar a manos llenas es jugar en otra liga de codicia y crueldad.

No sé en qué año datar la crisis de 2008. Sé que es una afirmación extraña. Entiéndanme. No sé en qué año datar el momento en el que me volví aguda, dolorosamente consciente, de lo en serio que iba la crisis de 2008. De las consecuencias que iba a tener sobre nuestro futuro. Sobre toda nuestra vida adulta. Muchos de nosotros, millennials y no tan millennials, seguimos hoy, en 2025, sin haber logrado desembarazarnos por completo de la alargada sombra de aquella época horrenda. 17 años no son nada en términos históricos. Dentro de un siglo, solo los historiadores más expertos sabrán diferenciar la crisis de 2008 de la crisis del covid de 2020. Se considerará el típico ejercicio de los de ir a pillar en las pruebas de Selectividad. Ya saben. Enumere las consecuencias sociales y económicas en el Estado español de la primera crisis del siglo XXI. Jolines, profe. Yo qué sé. ¿Esa fue en la que emigró todo el mundo, o eso ocurrió en la segunda? No, José Miguel, acuérdate del truco nemotécnico que vimos: en la segunda crisis no te dejaban salir de casa, así que migrar tampoco.  

17 años, en términos de una vida humana, son muchísimos. Hay condenas por homicidio que han durado menos. 17 años abarcan toda mi juventud, toda la juventud de la gente de mi generación. Dos años antes del inicio de la crisis, en 2006, tuvo lugar mi graduación del bachillerato. El profesor a cargo de dar el discurso durante la entrega de diplomas, a la sazón director de mi instituto, pronunció unas palabras que todavía están atornilladas en algún lugar de mi hipocampo: dijo que todo el mundo recuerda la época de la veintena como una de las más felices. Dijo que siempre pensaríamos en los años que estaban por venir como los mejores de nuestras vidas. Dijo que teníamos que aprovechar y exprimirle todo el jugo a nuestra efervescente juventud. 

Lo que vino después difícilmente puede ser recordado como una buena época para la mayoría de nosotros. Se fue instalando de manera gradual, insidiosa, la idea perversa de que la gente común había cometido un pecado o un crimen que debía pagar muy caro. Habíamos vivido por encima de nuestras posibilidades, ese era el mantra que se repetía una y otra vez, en alusión esencialmente a los curritos que cometieron la osadía de meterse en hipotecas salvajes para tener un lugar donde vivir en mitad de una burbuja inmobiliaria terrorífica. Los medios de comunicación, siempre serviles con el poder, se sumaron encantados a aquella fiesta. Recuerdo asqueada que algunos de los programas más populares del prime time iban sobre disciplinar a los ninis: el nombre que recibieron los jóvenes que ni estudiaban ni trabajaban, es decir, una gran parte de los veinteañeros de España en aquel momento. En lugar de explicar aquella crisis como un problema estructural, relacionado con decisiones políticas de muy difícil justificación, se resolvió convertirlo en una cuestión de alcance estrictamente individual. Sálvese quien pueda. Tonto el último. Entre 2008 y 2011, Cuatro emitió un programa llamado Ajuste de cuentas, en el que cada semana una familia en bancarrota recibía los consejos de un vendehumos experto. Por si no lo recuerdan y tienen curiosidad, las soluciones para superar su delicada situación siempre consistían en trabajar más y gastar menos, no había más ciencia. Junto con la criminalización de una generación entera y la autoayuda, la caridad más repulsiva encontró también su espacio, y nada menos que en la televisión pública: entre 2013 y 2014 se estuvo emitiendo cada tarde el programa Entre todos, en el que se mendigaba dinero de la audiencia para ayudar a personas en quiebra a montar negocios humildes, en su mayoría destinados al fracaso.  

Lo que veíamos por la tele tenía consecuencias en nuestra manera de interpretar la realidad. A principios de 2010 me encontré por la calle con un antiguo compañero del instituto, un tipo majete que hasta entonces siempre me había caído bien. Nos pusimos hablar de tonterías, y de pronto le brotó de las entrañas un discurso furibundo en el que me aseguró que no se creía que una persona que dedicara ocho horas diarias a encontrar trabajo pudiera seguir en paro. La tasa de desempleo para los menores de 25 cerró aquel año en un flamante 43,4%, mientras que la tasa total era del 20,33%, el dato más alto desde 1997. Y ese no fue el récord. 

En 2011 se produjo el cambio de Gobierno. Zapatero adelantó las elecciones al 20 de noviembre, elecciones que el PP ganó con 186 escaños, diez más de los que se necesitan para tener la mayoría absoluta en el Congreso. Ellos, eficaces gestores y totalmente libres para actuar, nos sacarían de aquel entuerto en un periquete, se nos dijo. 

El Gobierno de Mariano Rajoy se puso a trabajar de inmediato con la seriedad y la eficacia que caracterizan al Partido Popular. 

El 11 de enero de 2012, el PP aprobó, según los titulares de la época, el mayor ajuste presupuestario y fiscal de la democracia. Se anunció la subida del IRPF y del IBI durante dos años, la congelación de los sueldos de los funcionarios y un recorte de gasto de 8.900 millones. Podemos leer en la pieza enlazada que el ministro Montoro las calificó de “medidas ponderadas en términos económicos y sociales”, y aseguró que “no afectaban ni recaían sobre los sectores más débiles de la sociedad”. También añadió que se trataba de “decisiones neutrales”, necesarias para recuperar la credibilidad de España. 

Un par de semanas después, el 27 de enero, el Consejo de Ministros aprobaba el establecimiento de techos de gasto para todas las administraciones. El anteproyecto de ley recogía la posibilidad, anunció el ministro Montoro, de multar con el 0,2% de su PIB nominal a las comunidades autónomas que no corrigieran sus déficits en seis meses.

El 10 de febrero de 2012, la ministra de Trabajo Fátima Báñez presentó el decreto-ley de una reforma laboral (“extremadamente agresiva”, en palabras de Luis de Guindos, ministro de Economía) por la que se abarataba y facilitaba –todavía más– el despido. 

El 7 de marzo, el ministro de Economía, Luis de Guindos, anunció que la inversión pública en 2012 se reduciría un 40% debido a la necesidad de compensar la “falta de responsabilidad” de sus antecesores socialistas.

El 30 de marzo de 2012, Cristóbal Montoro presentó el proyecto de Presupuestos Generales del Estado, que establecía un recorte de gasto público de 13.400 millones de euros. Se incluyó también una amnistía fiscal, no encontraron un momento más adecuado para ello. 

Algo más de una semana después, el 9 de abril, el Gobierno anunciaba un recorte adicional de 10.000 millones, a repartir entre Educación (3.000 millones) y Sanidad (7.000).

El listado de recortes y despropósitos se mantuvo durante los meses siguientes: se implantó el copago farmacéutico, se eliminó el derecho a la asistencia sanitaria a casi un millón de personas migrantes, subió el IVA…

El 11 de julio de 2012, con el país ya en shock, Mariano Rajoy compareció en el Congreso para comunicar que se iba a proceder a una revisión de la prestación por desempleo “para garantizar que las prestaciones no generasen efectos desincentivadores en la búsqueda de trabajo”. Andrea Fabra, diputada del PP por la provincia de Castellón, exclamó desde su bancada “¡Que se jodan!”. 

En diciembre de 2012, el desempleo alcanzó al 26% de la población, y al 55% de los jóvenes. 1.833.700 hogares tenían a todos sus miembros en paro. Pero tener la suerte de trabajar a jornada completa tampoco era garantía de poder pagar comida, alquileres o facturas: en esa misma fecha, el salario mínimo interprofesional se fijó en 645,30 euros al mes. Emergió un fenómeno nuevo: familias enteras vivían de la exigua pensión de un abuelo o abuela jubilados

Si es duro leer los titulares de aquella época, mucho peor es pensar en la traducción que tuvieron en nuestras vidas aquellos Consejos de Ministros.

Pienso, en primer lugar, en la gente que ni siquiera está aquí para contarlo. En los cuatro mil enfermos de hepatitis que fueron condenados a muerte porque se decidió que sus vidas no valían el dinero que costaba el medicamento que podía curarlos. En las cifras de suicidios por desahucios, una de las expresiones más violentas en las que se encarna la ideología neoliberal, y una lacra de la que seguimos sin librarnos. 

Pero los que salimos con vida de aquello lo hicimos muy tocados. A mucha gente de mi generación se nos pone un nudo en el pecho al pensar en los años en blanco en el currículum y en el informe de vida laboral de la Seguridad Social, en la experiencia perdida dando tumbos por trabajos precarios espantosos, en los años de cotización esfumados de los que nos vamos a acordar cuando lleguemos a la edad de jubilación dentro de tres décadas. 

Pienso en los estudios inacabados, en los títulos universitarios que no llevan nuestro nombre porque llegó un punto en el que rendirse era la única opción a la que te podías acoger

Pienso en el proyecto vital que se volvió irrealizable –emparejarse, formar una familia, mudarse a otra ciudad, vivir como un adulto– porque la única solución habitacional con la que contábamos era un cuarto en casa de nuestros padres, cuarto al que mucha gente tuvo que regresar de manera forzada en aquella época. Cuarto del que muchos no pudieron salir durante años.

Pienso en la gente que no pudo comprar un piso en aquella época, o perdió el que tenía. Ahora que se está produciendo una nueva burbuja inmobiliaria, tal vez todavía más atroz que la anterior, pienso en cómo la crisis de 2008 los mantiene atrapados en 2025 en un bucle de alquileres inasumibles, pisos compartidos y la incertidumbre ante nuevas subidas y terminaciones unilaterales de contrato. 

Pienso en la experiencia migratoria, tristemente familiar para muchos de nosotros. En la desazón inefable que se siente cuando una despliega ante sí un mapa de Europa, u otro lugar aún más lejano, y empieza a hacer cábalas con toda la frialdad de la que se es capaz en una situación así. Aquí el sueldo es más alto, pero ese idioma es complicado de aprender. Aquí parecen más tolerantes con los españoles, pero dicen que el clima es horrible. Aquí no nos quieren mucho y los salarios son reguleros, lo dejo como última opción, aunque nunca se sabe

Que un alto cargo público, nos da igual de qué partido político o ideología, utilice su posición privilegiada para robar, malversar o desfalcar dinero público es, por supuesto, inadmisible. No me detendré en ahondar en esa obviedad. 

Pero, sin restarle importancia a ese tipo de corruptelas, lo que parece haber hecho Cristóbal Montoro, ministro de Hacienda durante los dos mandatos de Mariano Rajoy, así como en la segunda legislatura de Aznar, va mucho más allá de una mera mordida, un contratito público colocado a dedo o un reparto de dinero de dudosa procedencia. 

Según la investigación llevada a cabo durante los últimos siete años por un juez de Tarragona, en aquellos años horribles en los que muchos pasábamos noches enteras comiendo techo presas de la ansiedad, el exministro, junto con una trama que por el momento alcanza a casi una treintena de personas físicas y jurídicas, se dedicó a emplear los poderes del Estado para hundir en la miseria a un país entero a través de una legislación creada ah hoc con el propósito de favorecer a los clientes de su empresa de consultoría. Todavía están por conocerse todos los detalles de este caso, y es muy probable que durante las próximas semanas se sucedan toda clase de revelaciones escandalosas, pero todo parece indicar que numerosos miembros del Gobierno de Rajoy utilizaron todo el aparato estatal a su alcance para hacer y deshacer a su antojo, como si los ministerios de turno fueran su cortijo particular. No solo robaron: institucionalizaron el robo a través de marcos normativos expresamente ideados para ello mientras el país atravesaba una situación extraordinariamente delicada.  

Decir que muchos estamos tristes y asqueados es quedarse muy corta. La mayoría de nosotros hemos aprendido a leer o escuchar las noticias tomando distancia con respecto a los hechos noticiables. Pensamos con indiferencia vaya, otro al que han cogido con las manos en la masa, ya no te puedes fiar de nadie, apuramos el café y bajamos a la calle a tomar el autobús que nos lleva al trabajo. Para cuando conseguimos pillar un asiento en el transporte público, nuestra mente ya está sobrevolando otros temas desde hace rato. Pero este asunto, para mí, para muchas personas de mi edad, en general para todos los que sufrimos en su día y seguimos sufriendo hoy las consecuencias de la crisis, es diferente. Lo he vivido como un agravio, como un escupitajo en la cara. El caso Montoro es un asunto personal. Robar, qué duda cabe, es inexcusable y está muy feo. Pero llevarte por delante la vida de millones de personas para robar a manos llenas es jugar en otra liga de codicia y crueldad. 

No existe castigo o expiación que les redima por esto, no tienen manera de devolvernos lo que nos han quitado, no hay justicia o reparación posibles. Porque, para eso, para poder devolvernos lo que nos han quitado, tendrían que arreglárselas para traer de vuelta aquellos que iban a ser los mejores años de nuestras vidas."

Adriana T.  , CTXT, 20/07/2025)

28.3.23

España es la segunda democracia de la UE que salió más "dañada" de la etapa de austeridad y recortes... España, junto con Grecia y Chipre, son las las tres únicas sociedades de la UE que más de una década después de la crisis, aún no habían recuperado los niveles de satisfacción democrática previos... hay una relación significativa entre el crecimiento de la insatisfacción y diversos factores económicos, como la desigualdad y la pobreza, pero también con la "calidad del gobierno" y su "respuesta" a la crisis... La imagen que ofrece España a la luz del estudio no es sólo la de un país que fue duramente golpeado por la crisis, sino también la de un país cuyo Gobierno democrático no respondió a la crisis de forma que hiciera sentir a los ciudadanos que contaba con una herramienta útil

 "La Gran Recesión no sólo dejó una cuenta económica que en muchos países se cifró en deuda, déficit y retroceso del poder adquisitivo de los salarios. También dejó una factura democrática. La mayoría de sociedades ya han terminado de pagar esta segunda factura.

España, en cambio, no.

Una investigación de Alejandro Tirado, doctor en Ciencias Políticas y profesor de la Universidad Carlos III de Madrid, sitúa a España como una de las tres únicas sociedades de la UE que más de una década después de la crisis aún no habían recuperado los niveles de satisfacción democrática previos.

Los resultados del trabajo suponen una alerta sobre el riesgo para la democracia de las políticas de recortes y devaluación salarial que ahora la UE y el Gobierno de España tratan de evitar en la respuesta a las crisis de la pandemia, la inflación y la guerra de Ucrania.

Democracias indemnes (Dinamarca), recuperadas (Irlanda) y dañadas (España)

El artículo, titulado Resiliencia democrática: evaluación ciudadana del desempeño democrático durante la Gran Recesión en la Unión Europea y publicado por la revista Democratization, parte de la medición de la "satisfacción democrática" en los 27 países de la UE y el Reino Unido entre 2002 y 2019. Una "baja satisfacción" se concreta en sólo 1 punto. En el otro extremo, 4 puntos muestran una "alta satisfacción".

La evolución de esta nota en los 28 países permite medir el impacto sobre la satisfacción democrática de la Gran Recesión, que empieza en 2008, así como de las políticas posteriores, todo ello con datos del Eurobarómetro y las bases Varieties of Democracy Dataset y Comparative Political Data Set.

Finalmente el investigador crea tres grupos de democracias:

1) Democracias resistentes. No hubo una erosión significativa de la satisfacción ni procesos de deslegitimación democrática. Ahí están, ordenadas de mayor a menor satisfacción en 2019 Dinamarca (3,46), Luxemburgo (3,14), Holanda (3,04), Suecia (3,03), Finlandia (3), Alemania (2,79), Polonia (2,69), Estonia (2,66) y Eslovaquia (2,48).

2) Democracias recuperadas. Experimentaron un retroceso "sustancial", pero acabaron por restablecer los niveles de satisfacción precrisis [ver nota metodológica]. "Las instituciones lograron encontrar soluciones [...]. El sistema fue lo suficientemente resistente", anota el autor. Es el grupo más nutrido, con 16 países: Irlanda (3,04), Austria (2,98), Malta (2,71), Portugal (2,66), Bélgica (2,65), República Checa (2,63), Hungría (2,55), Letonia (2,53), Reino Unido (2,5), Francia (2,49), Italia (2,46), Eslovenia (2,46), Lituania (2,44), Rumanía (2,27), Bulgaria (2,23) y Croacia (2,14).

3) Democracias dañadas. No han recuperado el nivel de satisfacción democrática previo a la recesión. "Aunque esto no significa necesariamente que el daño esté destinado a ser permanente, la recuperación política llevará como mínimo más tiempo que el proceso de recuperación de la propia crisis económica", concluye Tirado. Los países en esta categoría son Chipre (2,47), España (2,43) y Grecia (2,15).

Como es sencillo comprobar mirando las puntuaciones de los países en los tres grupos, hay casos que se encuentran en el primer grupo –por ejemplo, Polonia– con puntuaciones más bajas que otros que se encuentran en el segundo –por ejemplo, Austria–. Del mismo modo, hay democracias recuperadas –Rumanía, por citar una– con niveles de satisfacción peores que los de las democracias dañadas –ejemplo: España–. ¿La explicación? Lo que lleva a integrar a una democracia en un grupo u otro no es el nivel de satisfacción, que tiene a Dinamarca en la cima y a Croacia en la cola, sino si este nivel es más alto o no que antes de la crisis. En España el dato es mejor que en Rumanía o Bulgaria, pero a diferencia de estos países, aún no ha recuperado los niveles precrisis. 

Sólo mejor evolución que Grecia

En 2019 sólo quedaban ya tres países con la asignatura pendiente: Grecia, España y Chipre, cuya satisfacción democrática está "lejos de recuperarse", señala Tirado.Tres, de 28. Conclusión: somos una anomalía.

Estos mapas permiten ver cómo España se ha ido quedando en un grupo cada vez más reducido de democracias "dañadas".

En estos tres países la evolución ha sido esta:

– España: tenía 2,77 antes de la crisis y 2,43 en 2019. La caída de la nota es del 12,27%.

– Grecia: 2,61 frente a 2,15. La satisfacción cae un 17,62%.

– Chipre: 2,76 frente a 2,47. La bajada es de un 10,5%.

Así que España es el segundo país en el que más ha bajado la satisfacción con la democracia. Sólo en Grecia, la economía más castigada tanto por la crisis como por las políticas de "austeridad" posteriores, cayó más.

Entre Irlanda y los PIGS

Europa central y oriental presenta resultados aceptables en cuanto a satisfacción democrática, algo que puede considerarse contraintuitivo. Como estos países partían de puntuaciones bajas previas a la Gran Recesión, se podía esperar un derrumbamiento. Pero no ha sido así. Al contrario, el deterioro no fue grave en general, salvo en el caso de Eslovenia, y en todos los países se han recuperado los niveles precrisis. En cuanto a Europa central y septentrional, las trayectorias son las más estables. Destaca la fuerte capacidad de resistencia de las democracias nórdicas. La excepción a la estabilidad en el norte de Europa es Irlanda, donde ha habido recuperación, sí, pero tras una fuerte caída.

La explicación del bajón inicial en Irlanda, señala Tirado, hay que buscarla en su condición de economía rescatada. Eso nos lleva a mirar a los países del sur de Europa, los que más sufrieron el impacto tanto del crac económico como de las políticas posteriores. El estudio detecta una pauta en las naciones meridionales, que se vieron "profundamente perjudicadas no sólo económicamente, sino también en términos de satisfacción democrática". En los países del sur, los famosos PIGS, acrónimo en inglés de Portugal, Italy, Greece y Spain que a su vez significa "cerdos", es donde mayor intensidad alcanzó el "resentimiento", alimentado tanto por la gravedad de la crisis como por unas élites cuyas decisiones fueron percibidas como dictadas por la UE, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Central Europeo o todos ellos a la vez.

No es sólo la economía, también la política

La investigación de Tirado vincula el empobrecimiento y la desigualdad con la insatisfacción democrática. Los países del sur son un perfecto ejemplo. A conclusiones similares ha llegado en América Latina Diego Sánchez-Ancochea, catedrático de Economía y director del Departamento de Desarrollo Internacional de la Universidad de Oxford, en su ensayo El coste de la desigualdad. Lecciones y advertencias de América Latina para el mundo (Ariel, 2022). Pero, ojo, el trabajo de Tirado pone de relieve que el deterioro socioeconómico por sí solo no explica la desconexión democrática. El investigador comprueba que no sólo influye la economía en sí, sino también la percepción sobre la respuesta política a dicha situación.

 Tirado comprueba cómo hay una relación significativa entre el crecimiento de la insatisfacción y diversos factores económicos, como la desigualdad y la pobreza, pero también con la "calidad del gobierno" y su "respuesta" a la crisis. Las "democracias más receptivas" a las demandas ciudadanas se muestran como "mejor equipadas" para gestionar los "riesgos políticos" de las crisis, entre ellos la desconexión democrática. La imagen que ofrece España a la luz del estudio no es sólo la de un país que fue duramente golpeado por la crisis, sino también la de un país cuyo Gobierno democrático no respondió a la crisis de forma que hiciera sentir a los ciudadanos que contaba con una herramienta útil. El trabajo es en cierta forma un sello de fracaso de las recetas de austeridad y alienta a pensar que la distinta respuesta –tanto a nivel UE como en España– a la crisis del coronavirus provocará daños menores, si los provoca, en el apego ciudadano por la democracia.

En conversación con infoLibre, Tirado resume: "La gestión de la Gran Recesión en España provocó graves daños en la satisfacción con la democracia en España. Muchas veces al explicar el descontento democrático sólo se cita la desigualdad, el PIB, el paro... Pero no es sólo eso. Influyen también factores como la calidad del Gobierno, es decir, que haya una administración fuerte, eficaz, estable y poco corrupta".

Para ilustrar su explicación, Tirado pone a Portugal como ejemplo contrario al de España, a pesar de haber sufrido un impacto parecido de la crisis económica. El país luso partía de un índice de satisfacción más bajo que el de España. Al igual que España, el índice cayó con fuerza durante la etapa de gobierno conservador, pero empezó la remontada antes, coincidiendo con el acceso al poder de la coalición de izquierdas liderada por António Costa.

La insatisfacción, "preludio" del deterioro

Tirado no evalúa la calidad democrática en sí, sino la satisfacción popular con la misma. No es lo mismo. Un pueblo puede presentar una mayor satisfacción con su democracia presentando esta un nivel de deterioro formal superior al de otras con mucha mayor insatisfacción. Ahí están los casos de Hungría y Polonia, objeto de preocupación tanto de la UE como de las principales instituciones medidoras de la calidad democrática desde una óptica liberal, pero que al mismo tiempo han mostrado capacidad de recuperación de la satisfacción. No hay que olvidar que esta satisfacción es una "percepción", que dentro de las fronteras de un país puede estar condicionada por la existencia de una institución externa vista como un desafío a la propia soberanía, en este caso la UE, que está adoptando medidas contra ambos Estados.

El autor del artículo utiliza el caso húngaro para ejemplificar cómo la insatisfacción democrática puede ser "preludio" de un deterioro democrático real. Viktor Orbán, primer ministro, que está adoptando múltiples medidas con tintes autoritarios, xenófobos y homófobos, llegó al poder en 2010, con la satisfacción en su mínimo de toda la serie: 1,90. "En Hungría la crisis institucional y la corrupción habían golpeado incluso antes que la crisis económica", recalca Tirado. De modo que, analiza el autor, la insatisfacción con el sistema pudo aupar al poder a Orbán, que a pesar de que ha tomado medidas antidemocráticas gobierna un país donde la nota de satisfacción ha mejorado. Eso sitúa a Hungría (2,55) por delante en satisfacción democrática no sólo de España (2,43), sino también de Francia (2,46), a pesar de que la deriva autoritaria de su sistema político está más que acreditada.

La incógnita de la resistencia

El artículo no incluye datos de la etapa covid. Lo que sabemos del caso de España es que la satisfacción creció muy leve y lentamente y con altibajos desde 2009 hasta 2019. Precisamente su mayor subida tuvo lugar en 2019, cuando rebotó desde 2,19 a 2,43, con el PP apartado del poder. Tirado no se atreve a aventurarse sobre cómo ha podido impactar el covid, al considerar que no hay suficiente perspectiva aún.

Lo que sí tiene claro Tirado, autor de otra investigación que prueba el sesgo histórico a favor de la clase alta de las políticas en España, es que la Gran Recesión está detrás de la fuerte sacudida al tablero político en los últimos diez años, con la irrupción de partidos como Podemos, Cs –hoy en riesgo de desaparición– y Vox, formación esta última que cuestiona consensos democráticos básicos. Tirado, aunque no ve hoy por hoy en riesgo la democracia española, cita a la politóloga Pippa Norris para introducir en su artículo una advertencia: "Los regímenes pueden parecer resistentes hasta que dejan de serlo".

Un paso previo para que dejen de serlo es la laminación del apego popular hacia esos sistemas de obligaciones, derechos, libertades, poderes y contrapoderes que llamamos democracias. Y ese apego, como demuestra la recesión, se pierde a chorros cuando "un gobierno no escucha", en palabras de Tirado.

Fue eso lo que ocurrió en España. La democracia aún está pagando esa factura."            (Ángel Munárriz , InfoLibre, 26 de febrero de 2023)

10.12.20

"Definitivamente me despido de la investigación, lo dejo... Desde que volví de Roma tras doctorarme con honores en medicina molecular del cáncer no he parado de buscar Postdoc en diferentes laboratorios y todos me han respondido lo mismo: nos encantaría, pero no tenemos pasta... Lo han conseguido: abandono, tiro la toalla"

S de Siensia @sdesiensia

 Definitivamente me despido de la investigación, lo dejo. Ayer se publicó la lista de adjudicados de los contratos para jóvenes doctores de la @AndaluciaJunta. Contra todo pronóstico, no me la han concedido. (sigo)

Llevaba desde junio esperando con ilusión poder continuar mi currículum investigador, aportando mi granito de arena a la ciencia española. Pues bien, lo han conseguido: abandono, tiro la toalla.

Desde que volví de Roma tras doctorarme con honores en medicina molecular del cáncer no he parado de buscar Postdoc en diferentes laboratorios y todos me han respondido lo mismo: nos encantaría, pero no tenemos pasta.

Esto es lo que nos queda, un país de personas sobrecualificadas que no pueden desarrollarse laboralmente en aquello para lo que han estudiado. Y tú, que estás empezando ahora en el maravilloso mundo universitario, tenlo siempre presente.

Mi consejo para ti es que juegues muy bien tus cartas, porque el día de mañana nadie te va a regalar nada y tendrás que sacarte las castañas del fuego tu sol@. No quiero quitarte la ilusión por el camino que vas a emprender, quiero darte las armas con las que defenderte mañana.

Para finalizar, vaya desde aquí mi más sincera enhorabuena a aquell@s poc@s que habéis conseguido la plaza, vuestros méritos y logros dan cuenta de que lo merecéis. Intentad mantener a flote el barco porque yo me borro. 

12:24 p. m. · 14 nov. 2020 de Palomares del Río, España
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27.11.20

“Echas la solicitud y prácticamente no hay entrevista de trabajo. Estaban más pendientes de gustarme a mí que de examinarme. Es evidente la necesidad que tienen de encontrar enfermeros”. Esa fue la sensación de Juan Fernández cuando solicitó una plaza en un hospital universitario de Múnich, donde ahora trabaja en la UCI con pacientes con covid-19. Fernández llegó a Alemania hace año y medio, antes de declararse la pandemia y cuando la falta de personal sanitario ya era un problema grave en un país que necesita urgentemente trabajadores, en especial enfermeros. Patricia Vila trabaja en una UCI de cardiología en Baviera. Con la pandemia la han llamado del servicio gallego de Salud para ofrecerle un puesto durante dos meses y medio. “Yo no puedo dejar mi trabajo fijo por uno así”

 "(...) “Echas la solicitud y prácticamente no hay entrevista de trabajo. Estaban más pendientes de gustarme a mí que de examinarme. Es evidente la necesidad que tienen de encontrar enfermeros”. 

Esa fue la sensación de Juan Fernández cuando solicitó una plaza en un hospital universitario de Múnich, donde ahora trabaja en la UCI con pacientes con covid-19. Fernández llegó a Alemania hace año y medio, antes de declararse la pandemia y cuando la falta de personal sanitario ya era un problema grave en un país que necesita urgentemente trabajadores, en especial enfermeros. (...) 

“Los hospitales tienen todavía capacidad y en caso de necesidad se pueden trasladar enfermos de un Estado a otro. Nuestro mayor problema no son las camas de UCI, sino las personas que se encargan de los enfermos”, explica por teléfono Franz Wagner, director de la Asociación Alemana de Profesionales de la Enfermería (DBFK, por sus siglas en alemán). “Tenemos un problema general de falta de personal con experiencia. Cuando se va un trabajador, estamos tardando medio año en cubrir el puesto. Hay hospitales que tienen que cerrar unidades enteras por falta de personal”, añade. (...)

Los cálculos de la DBFK indican que harían falta unos 100.000 profesionales de enfermería en todo el país. La Asociación Alemana de Cuidados Intensivos y Emergencias (DIVI) calcula que en las UCI la cifra de puestos que faltan por cubrir oscila entre 3.500 y 4.000. (...)

Conoce bien la situación Borja López de Castro, director en Enfermeras Alemania, una consultora de empleo que ayuda a unos 80 enfermeros cada año a trabajar en los principales hospitales alemanes. España, América Latina e Italia son los principales países con los que trabajan. Confirma que la demanda de enfermeros de fuera es ahora mayor ―“hay más plazas de las que podemos cubrir”―, pero que no ha dejado de crecer desde que ellos empezaron en 2012.

 “La población alemana envejece y muchos profesionales se jubilan. Además, hay mucha movilidad dentro del país, donde la gente cambia de trabajo porque hay demanda”, explica López de Castro. Su empresa también ofrece primas de hasta 2.000 euros para ayudar a los candidatos extranjeros que acuden a la veintena de hospitales públicos alemanes con los que trabajan.

3.500 sanitarios españoles en Alemania

López de Castro confirma el mito de que “los enfermeros españoles están muy bien valorados en Alemania. Gusta mucho la energía y la base científica con la que vienen”. Datos de la Agencia alemana de Empleo indican que hay más de 3.500 españoles trabajando en la sanidad alemana, aunque no precisan el tipo de posición. En la consultora se encuentran con muchos casos de enfermeros que vuelven a España después de haber trabajado unos años en Alemania. Lo intentan en España y pasado el tiempo, vuelven a contactarles, incapaces de encontrar un empleo estable en España. “La estabilidad laboral en Alemania es muy atractiva para los profesionales”, asegura.

Es justo lo que le pasó a Fernández, el enfermero de Fuengirola que trabaja en Múnich en una UCI con otros tres españoles, cuatro italianos y cuatro bosnios. Cuando terminó la carrera en 2013 trató de colocarse en España, pero acabó trabajando en Decathlon y con un contrato en prácticas como técnico de laboratorio por 200 euros la media jornada. Un año después, hizo las maletas y se trasladó a Alemania a trabajar en una empresa de cuidados a domicilio, donde le pagaron un curso de alemán de seis meses.  (...)

De ahí dio el salto a un hospital, donde estuvo dos años y medio. Pero en 2016, cuando parecía que el mercado laboral español se movía, decidió intentarlo de nuevo en España. “Echas de menos a la familia, a los amigos…, pero no fue lo que esperaba”, asegura Fernández, de 30 años.

 En un hospital privado donde le cogieron trabajó con contratos mes a mes, en turno de noche cobrando unos 1.300 euros. “Echaba muchas horas con sustituciones en días libres y no podía decir que no, porque entonces no me llamaban al mes siguiente. Acabé bastante quemado”, asegura. Luego consiguió una media jornada en un centro en el que le trataban bien, pero no lograba ahorrar, y en 2019 decidió darle una segunda oportunidad a Alemania.

En el hospital le hicieron contrato fijo y le facilitan un pequeño apartamento por 260 euros al mes cerca del centro de Múnich. Cobra unos 2.500 euros netos mensuales con 13 pagas en una UCI, donde el trabajo es más parecido al de enfermería en España, aunque también es más duro, porque explica que aquí tienen que asumir también las labores de los auxiliares de enfermería. Fernández se ríe cuando se le pregunta si los españoles están bien valorados. “Sí, pero aquí la necesidad es tal que te contratarían igual si no estuviéramos bien preparados”.

Este enfermero andaluz no se plantea volver a España, como tampoco Patricia Vila, que trabaja en una UCI de cardiología también en Baviera. Con la pandemia, explica que la han llamado de la bolsa de trabajo del servicio gallego de Salud para ofrecerle un puesto durante dos meses y medio. “Yo no puedo dejar mi trabajo fijo por uno así”, comenta Vila, quien afirma que le ha pasado lo mismo a otros enfermeros españoles que conoce. En Ourense, antes de trasladarse hace año y medio, tuvo contratos por días y haciendo suplencias. Trabajó cinco años, que al final le puntuaron como dos.

Cuando llegó a Alemania, le pagaron un curso de alemán y le hicieron contrato fijo desde el principio, a pesar de que los tres primeros meses los pasó de formación, aprendiendo al lado de una enfermera. “La falta de personal aquí se nota mucho, es impresionante. No hacen más que preguntarnos si conocemos a alguien que quiera venir”, asegura Vila. Con la llegada de la covid-19, la posibilidad de regresar a ayudar a su país volvió a plantearse. “Pero es que da mucha rabia. Prácticamente nos han echado”.

 Alejandro Cisneros tiene 30 años y trabaja de enfermero rotando en distintos hospitales de Berlín, y asegura que nunca le falta trabajo. En las UCI se encuentra con muchos extranjeros, entre ellos también españoles. “El otro día me encontré incluso con una compañera de la universidad”. Él trabaja en una empresa que suministra enfermeros a los hospitales. Hace 10 turnos al mes por los que asegura que cobra lo mismo que su madre, enfermera en un hospital público español. Dice que la necesidad de personal es tal, que a él le dan un suplemento si consigue llevar a algún amigo enfermero para trabajar. Cuando se le pregunta si se plantea volver a España, responde: “No soy ningún héroe”.          (Ana Carbajosa, El País, 26/11/20)

10.2.20

Cristina Gil-Lamaignere trabajó con un Nobel y ahora cursa un grado de FP porque no ha podido acreditar su labor científica. La crisis ha ahogado a los grupos pequeños

"Cuando me metí en Tenerife elegí sin saberlo la muerte de mi carrera profesional. Me da muchísima pena, mi línea de investigación tenía mucho potencial según me dijeron médicos”.

 Quien habla es Cristina Gil-Lamaignere (Madrid, 1970), una bióloga molecular que investigaba el cáncer en ratones, y que ha pasado de tener un currículum envidiable —trabajar con un Nobel— a vivir con su hijo en casa de su madre y trabajar en una empresa informática mientras cursa a distancia un grado de FP superior en Programación. 

Entremedias, ha sobrevivido con la pensión materna, encadenando trabajillos muy precarios en un país, España, que ha menguado su inversión en I+D+i en 2.400 millones anuales desde 2008. El fin de la crisis no ha supuesto una vuelta a la inversión.

Gil-Lamaignere se ha quedado fuera del sistema y no espera volver. Y no es la única. “El mayor problema que tiene la ciencia es que con la crisis se han perdido la mitad de los grupos de investigación”, se lamenta el secretario general de Universidades, José Manuel Pingarrón

Unos equipos de investigación, ahogados, han optado por fusionarse para ser fuertes; mientras otros, tras la jubilación de su jefe, se han diluido y aquellos que no estaban en plantilla han tenido que emigrar o buscarse otra ocupación, algunos en la universidad privada. Ahora cada plaza libre se cubre en la pública, pero el daño es irreversible.

“Todo el que no puede producir artículos en las magnitudes que ahora se piden para obtener un proyecto competitivo se ha quedado por el camino. Es gente olvidada”, se desespera Ana Crespo, catedrática de Biología Vegetal en la Complutense. “Al haberse reducido el dinero, la salida más habitual es dárselo a los grupos mejores, que son los que tienen unos resultados numéricamente más altos de publicaciones. Si tienes un grupo pequeño —tú y otras dos personas— es muy difícil que puedas alcanzar esas cifras”, explica Crespo, miembro de la Academia de Ciencias.

Ese es el caso de esta bióloga que contrató a dos predoctorales en un grupo que se esfumó. Arrancó con una beca europea su carrera laboral en la Universidad de Tesalónica (1998-2001), donde ganó un disputadísimo premio de la farmacéutica Merck y tres años después leyó la tesis en la Autónoma de Madrid, donde se había licenciado. “Quería ser rápida y me sacaba sangre yo sola los fines de semana —necesitaba donantes para los experimentos— para terminar cuanto antes”. Corrió, pero en España no había trabajo y se marchó a dos universidades alemanas (Wurzburg y Heidelberg).

Allí en 2006 conoció a Bruce Beutler, que obtendría el Nobel de Medicina cinco años más tarde. “Le pregunté si podía trabajar con él y me fui a su laboratorio en La Jolla (California). Luego el Ministerio de Educación me concedió una beca posdoctoral de dos años para estar allí”. Los experimentos de Cristina resultaron infructuosos y por el ansia de publicar —la carrera se para en España si no lo haces— se fue. “Beutler no lo entendió, le sentó mal”, reconoce. Por fin en el laboratorio de Floyd Romesberg logró publicar. Con esta brillante presentación la investigadora, embarazada, logró el primer puesto en Epidemiología en los contratos Ramón y Cajal, diseñados por España para recuperar talento.

No tenía padrino —la mayoría de los cajales trabajan ya en un grupo cuando solicitan el contrato— y en 2008 se instaló donde le ofrecieron trabajo con mejores condiciones: el hospital de la Candelaria en Tenerife. Montó su equipo y obtuvo 120.000 euros para su proyecto. Pero el tiempo pasó y no fue capaz de cerrar otros contratos. Lo atribuye a trifulcas políticas canarias. Cuenta que no logró el de la Asociación Española contra el Cáncer porque los componentes del equipo —jefes de servicio de La Candelaria— no podían acreditar experiencia conjunta.

El contrato del Cajal incluía el compromiso de un contrato estable si se daban las condiciones, pero el hospital alegó en 2013 que no podía asalariarla por la tasa de reposición. El revés final fue pedir la suficiencia investigadora I3, un programa que llevaba asociados casi 300.000 euros para el centro que estabilice al profesional. Obtuvo un no al ser la principal firmante de uno y no dos de los tres artículos requeridos, aunque Cristina compensaba el déficit con los fondos logrados.
Ella no pudo emigrar por motivos familiares, y recurrió el I3 mientras trató de seguir investigando gratis pero no había medios ni para los de dentro de la universidad. En 2015 le otorgaron el I3, pero era tarde. “Es un papelito para enmarcar que no me sirve para nada. Científicamente estoy muerta por no publicar en dos años. Soy tozuda y volveré a la ciencia por la puerta de atrás, programando pruebas genéticas”.                   (Entrevista a Cristina Gil-Lamaignere, Elisa Silió, El País, 03/04/19)

29.11.19

España se enfrenta a la pérdida de una generación de jóvenes investigadores

"Hoy, 28 de noviembre, nace oficialmente el grupo de trabajo Aseica-Joven. Estoy emocionada, ilusionada y orgullosa a la vez que alarmada y preocupada, muy preocupada.  (...)

Aseica-Joven esta formada por estudiantes de doctorado, postdoctorales y líderes de equipos de investigación emergentes. Una de nuestras primeras iniciativas ha sido la puesta en marcha de campañas que reflejen el éxito de nuestros jóvenes investigadores en cuanto a la obtención de financiación para sus proyectos de investigación en convocatorias muy competitivas tanto nacional como internacionalmente. Confieso que me emocioné al ver muchas caras conocidas de mi época de estudiante entre los galardonados. (...)

Estoy encantada al ver que la ciencia joven está motivada, comprometida e ilusionada con su trabajo. ¡Hasta nos han llegado vídeos en los que han colaborado ilustradores gráficos para hacer un cómic! Esto indica que, pese a las dificultades a las que nos enfrentamos, las vocaciones científicas siguen vivas y activas en nuestro país. Esto es un motivo de orgullo y de esperanza puesto que indica que la cantera de científicos, nuestro futuro a corto plazo, sigue ahí con ganas de hacer cosas e inmune al desánimo. 

Estos sentimientos positivos se mezclan, sin embargo, con otros de alarma y de preocupación. Desde Aseica llevamos mucho tiempo alertando de la situación de deterioro en la que se encuentra nuestro sistema científico, en donde el retroceso de los fondos destinados a nuestro sistema de I+D+i han retrocedido a los niveles existentes hace quince años. Sí, no es una errata: quince años. Estos datos me alarman especialmente ya que ponen en riesgo la viabilidad de nuestra ciencia joven. Sí, esa misma que estaba viva y se movía sólo unas líneas más arriba. 

Con este escenario de precariedad, España se enfrenta a la posible pérdida de toda una generación de jóvenes investigadores en cáncer, científicos brillantes, comprometidos y motivados. Pero Aseica-Joven sigue moviéndose porque, sí también, nos negamos a asumir que estos nubarrones no puedan ser combatidos.

Aprovechando la puesta de largo de Aseica-Joven estos días, hemos presentado un documento que refleja la situación en la que nos encontramos muchos investigadores jóvenes. La Radiografía del joven investigador en España es el resultado de una encuesta realizada por Aseica a investigadores menores de 40 años que trabajan dentro y fuera de nuestras fronteras con el fin de conocer sus preocupaciones y expectativas de futuro.   (...)

Empiezo a leer los resultados y la verdad es que, inicialmente, pintan bien. La totalidad de los jóvenes profesionales que investigan en cáncer ha trabajado o trabajará fuera de España durante los primeros años del desempeño de su carrera. La formación en el extranjero es una experiencia muy positiva y enriquecedora tanto a nivel profesional como personal. 

Sin embargo, el 90% de los investigadores españoles que está trabajando actualmente fuera de nuestras fronteras piensa que no podrá volver a trabajar en España en un futuro próximo. Estoy devastada. Devastada porque me viene a la cabeza el momento en el que, estando en Inglaterra y lejos de mi familia, me ofrecieron un puesto de investigadora para volver a España. Uno de los momentos más emocionantes de mi vida, sin duda. Y pensar que el 90% de los jóvenes investigadores han perdido la esperanza de poder sentir esa emoción, me preocupa y mucho. 

Las respuestas de los investigadores que trabajan en nuestro país también han acentuado mi preocupación. El 48% de ellos no cree que el futuro de su línea de investigación esté asegurada y piensa que, si quiere continuar trabajando en investigación, tendrá que hacerlo seguramente fuera de nuestro país. Los miles de puestos de trabajo desaparecidos en los últimos años, la escasa y devaluada convocatoria de empleo público, el deterioro gradual de los sueldos, la pérdida de autonomía laboral y la degradación de las condiciones laborales que se han producido a lo largo de estos quince años representan en la actualidad, una auténtica espada de Damocles que pende sobre los hombros de todos las generaciones de científicos jóvenes de nuestro país.  (...)

Una de las conclusiones que extraigo de los datos que os he presentado es que los jóvenes científicos están empezando a desmotivarse, por tanto están dejando de moverse. No podemos ni debemos permitirlo. Aseica-Joven se ha creado para no conformarse con esta situación y luchar para que cambie. No es tan difícil, si pensamos el pequeño porcentaje de financiación que se requeriría para conseguirlo. Es cuestión de que los líderes del país se conciencien y tomen, ya, cartas sobre el asunto. 
Y yo me pregunto, ¿dónde está el líder? Lamentablemente, es una de las pocas preguntas que la ciencia no puede responder. "

(Verónica Torrano es investigadora UPV/EHU, investigadora asociada CICbioGUNE y miembro de Aseica-Joven. Verónica Torrano, El País, 28/11/19)

8.10.19

Un año de espera para visitar al cardiólogo en el Hospital de Igualada

"Marc Cases espera, desde octubre de 2018, su cita con el cardiólogo. Este paciente de 44 años sufrió un infarto en junio de 2016. Ese mismo mes fue intervenido en el Hospital de Bellvitge, donde le instalaron un stent --malla metálica que se expande dentro de una arteria del corazón, tras realizar una angioplastia coronaria--, y acudió a una revisión con el especialista en su centro de referencia, en Igualada

Un año después, tras ser intervenido de nuevo para colocarle un nuevo dispositivo, en esta ocasión, con medicación, acudió a dos consultas semestrales. Y desde aquella no ha vuelto a pasar ninguna revisión médica pese a tener agendada la cita.

“Días antes me llamaron para posponer la consulta a febrero de 2019”, explica Cases a Crónica Global. A día de hoy todavía no ha sido recibido por ningún cardiólogo. Cuando reclama y pregunta qué sucede le remiten a presentar una queja ante el Defensor del Paciente del Síndic de Greuges.
De cuatro a dos cardiólogos

El centro, que no cuenta con un servicio específico para atender afecciones coronarias, redujo su plantilla de cardiólogos de cuatro a dos en 2017, tal y como denunció el diputado de Cs en el Parlament Jorge Soler. En la actualidad, hay un profesional a jornada completa, y otro a turno partido. 

También cuentan con especialistas que realizan peonadas para realizar ecocardiografías. Según los datos del Servicio Catalán de Salud (CatSalut), la lista de espera para una visita con este especialista en el Hospital de Igualada era de 173 personas en agosto de 2019 --último dato disponible--, similar al mismo mes del año anterior, y por debajo de las de otros centros de referencia. Aún así, Marc lleva un año formando parte de ella. 

Por su parte, trabajadores del centro sanitario confirman que “últimamente --sin especificar desde cuándo-- se ha reducido el número de profesionales y ha aumentado el tiempo de espera” entre los pacientes de cardiología de Igualada. Una situación que sufren otros centros y especialidades, lamentan desde la Federación de Sanidad de CCOO. "Faltan pediatras en atención primaria, también anestesistas. Cuesta encontrar profesionales para cubrir las necesidades", explica Paco Pareja.  (...)

Cases fue sometido a una angioplastia coronaria en 2016. Un procedimiento que sirve para destapar las arterias que pueden presentar diferentes grados de estrechez, que provoca la presencia de placas ateroescleróticas formadas por colesterol, calcio y células inflamatorias --causa de infartos y anginas cuando se rompen o erosionan--. "En contacto con la sangre provocan una trombosis y se forma un coágulo", explica el Dr. Alessandro Sionis, cardiólogo del Hospital Sant Pau.  

Una vez colocado el stent, "el paciente necesita un seguimiento cardiológico para ver cómo ha quedado el corazón tras el infarto, porque una cicratiz muy grande puede afectar a la fuerza del órgano para bombear la sangre suficiente como para abastecer a todo el organismo", señala este especialista. 


Visitas al especialista

Tras esta primera revisión, un mes después de la intervención, lo habitual es que se produzcan controles cardiológicos "periódicos, que se van espaciando a medida que el paciente está más estable", apunta Sionis. "Los controles no se realizan únicamente porque se haya instalado un stent, sino porque el paciente ha tenido un infarto, y se deben supervisar los factores de riesgo que lo han producido", añade.   (...)"                       (Elena Burés, Crónica Global, 27/09/19)

17.5.19

España es el país desarrollado que más empleo productivo ha destruido en la última década, según la OCDE

"(...) Según un reciente informe de la OCDE titulado "Compendio de indicadores de productividad 2019", España es el país desarrollado que mayor porcentaje de empleo ha destruido en los sectores más productivos en la última década (483.000, un 2,5% del total de los trabajadores activos, tanto en 2010, que es la fecha que se usa como referencia, como ahora). Del otro lado, ha creado 354.000 empleos en sectores con una productividad por debajo de la media. (...)

La analista de Funcas María Jesús Fernández apunta varias razones para explicar este comportamiento de la productividad española: la sobreabundancia de mano de obra no cualificada, y la escasa adaptación del sistema educativo a la demanda de puestos técnicos. Algo que a su juicio empeorará cuando "la revolución industrial en la que estamos inmersos", y para la que el mercado laboral no se estaría preparando, advierte, se complete. 

Cita también como motivo del bajo valor añadido del trabajo en España la temporalidad, que impide a los trabajadores adquirir la experiencia necesaria en sus puestos de trabajo, y, sobre todo, el elevado de peso de las pymes. 

Las pequeñas y medianas empresas tienden a invertir menos en i+d que las grandes, tienen menor músculo económico para adoptar la tecnología que las haga más productivas y también peor capacidad para aprovechar las economías de escala, aquellas que permiten producir cada vez más a menor coste.

El frenazo en el crecimiento de la productividad es una tendencia común en todos los países desarrollados, incluso antes de la crisis financiera. Pero en el caso de España, no es que suba menos, sino que se ha estancado.

Según el secretario de Economía de Podemos, Nacho Álvarez, el fuerte crecimiento del empleo en sectores de baja productividad revela que, "lejos de avanzar en la buena dirección, las reformas de los últimos años han hecho que profundicemos nuestra especialización en sectores de poco valor añadido y bajos salarios". A su juicio "nuestro país necesita poner en marcha una verdadera política industrial -ausente durante las últimas décadas- que siente las bases de un nuevo modelo". (...)

Para Nacho Álvarez, la solución podría pasar por un nuevo banco público de inversión para "favorecer el desarrollo de las pymes, una política de clusters (tecnologías en el proceso industrial) avanzada, la digitalización y la I+D, redundando todo ello en mejoras de la productividad".                  Marina Estévez Torreblanca , eldiario.es, 07/05/19)

18.3.19

Pasar consulta con el miedo en el cuerpo. Las agresiones a sanitarios están al alza por la irritación de los pacientes causada por los recortes

""Estaba en mi consulta con la gente esperando y de repente se levantó un señor y dijo 'aquí no pasa nadie más hasta que pase mi madre'. Me pegó un empujón, me insultó y cuando le dije que llamaba a la policía, me dijo '¡la policía soy yo!'. Presenté denuncia y condenaron al agente jubilado a un año y un mes de cárcel".

 El episodio que vivió un médico que pide el anonimato hace cuatro años en un centro de salud de Badajoz es uno de los brotes de violencia que cada año sufren los profesionales de la sanidad. Son miles, de menor a mayor intensidad, desde insultos a palizas, pero cada vez ocurren con más frecuencia o al menos se denuncian más.  

El pasado año se produjeron 6.384 "situaciones violentas", de las que 954 fueron agresiones físicas, el 70% a mujeres, según los datos preliminares del primer Informe Estadístico de Agresiones en el Ámbito Sanitario. (...)

Esta violencia se da sobre todo sobre las mujeres (70%). Se concentra en las consultas (el 28%), las oficinas para la petición de citas (15%) y Urgencias (13%). La edad media de los profesionales agredidos se sitúa entre los 35 y los 55 años y un 70% de los agresores son hombres, sobre todo pacientes (60%).

 "En los casos restantes, los responsables de la agresión son los familiares u otros acompañantes", según el sindicato CSIF, que adelanta los datos de este primer registro de agresiones a nivel nacional, que en su mayoría "se producen porque el paciente está disconforme con la atención recibida (en un 50% de los casos), aunque también se dan por la gestión administrativa u otras razones ajenas a la atención sanitaria".   (...)

La OMC y el sindicato de enfermería SATSE achacan los ataques a los recortes, que han multiplicado las listas de espera y deteriorado la gestión de las urgencias y la atención primaria, foco de tensiones donde los pacientes se irritan a la mínima y culpabilizan a los profesionales de las grietas del sistema.

“La falta de profesionales en atención primaria tiene a la gente crispada. Si el paciente en vez de esperar siete horas espera una, su talante y agresividad será menor frente al médico”, opina Carlos Camacho, responsable de prevención del Sindicato Andaluz de Médicos en Málaga, provincia que suele liderar los indicadores de ataques en esta comunidad.

 “Los pacientes están cada vez más disgustados, solo hay que ver las manifestaciones en la calle por la atención primaria y el déficit de médicos con la masificación de las consultas”, rubrica José Alberto Becerra, coordinador del Observatorio Nacional de la OMC. “Los recortes y las esperas prolongadas agudizan la crispación y generan frustración”, remata Verónica Díaz, del sindicato de enfermería SATSE en la Comunidad de Madrid. (...)

¿Cómo pierden los papeles los pacientes hasta atacar a médicos, enfermeros, auxiliares o celadores? “Son cuestiones banales que la gente tolera mal. Detrás de cada caso hay un ‘no’ o un ‘luego’ en un porcentaje aplastante”, detalla Galache. En la bancada de enfrente, el abogado Javier Saldaña censura que estas agresiones “están sobrepenadas”. 

“Te pueden pedir hasta dos años de cárcel en casos sin agresión física, ni un solo arañazo, y ni un día de baja del médico. Hay que ponerse en el lugar del paciente cuando por ejemplo ha habido una muerte cercana”, ejemplifica el letrado. Desde 2015 agredir a un profesional sanitario sale más caro, ya que el delito de atentado es contra una autoridad y puede acarrear hasta cuatro años de cárcel. El jueves, día mundial contra las agresiones a sanitarios, se pidió que los de la sanidad privada contaran con la misma consideración.Pero ese blindaje no ha frenado los ataques. (...)

El pasado junio en Camarena (Toledo) un paciente atacó con una barra de hierro en la cabeza a un médico y ocho meses después se mantiene en estado crítico. Puede ser la segunda víctima mortal desde la doctora fallecida en Murcia hace una década. El camino por recorrer es muy vasto, coinciden los profesionales sanitarios."                  (Javier Mrtín-Arroyo, El País, 14/03/19)

26.10.17

Rajoy se ha comprometido con la Unión Europea a bajar la inversión educativa hasta el 3,7% del PIB... al nivel de Bulgaria y Rumanía

"(...) La perspectiva es seguir reduciendo la inversión educativa: el Gobierno Rajoy se ha comprometido con la Unión Europea a bajarla hasta el 3,7% del PIB.

 Ello supone la menor inversión de los últimos 20 años y consolidar un recorte de 9.000 millones de euros, que nos deja a un nivel inferior a los de Bulgaria y Rumanía. Y si España invierte poco en educación el gobierno del PP gasta aún menos en Madrid.

Siendo la comunidad con mayor renta per cápita está a la cola en inversión de toda España, junto con Andalucía: en 2014, Madrid invirtió 4.443 euros por alumno, frente a los 8.978 del País Vasco.

 Si además se siguen derivando recursos públicos a la educación privada-concertada, y que dentro de la pública se da más a quien menos lo necesita (centros bilingües o de excelencia), tenemos una radiografía de la desigual realidad educativa que está construyendo el PP. (...)"                (Agustín Moreno, Cuarto Poder, 24/10/17)

13.2.17

Responsabilizan os recortes da morte dunha paciente en Conxo

"Nos últimos meses unha paciente da Unidade de Hospitalización Psiquiátrica do Hospital Médico-Cirúrxico de Conxo suicidouse. Ademais, outra denunciou ter sufrido unha agresión sexual. 

 O Movemento Galego da Saúde Mental (MGSM), que leva anos denunciando a degradación que sofre a atención á saúde mental en Galicia, responsabiliza do sucedido aos recortes de recursos e persoal e ás "formas de xestión sen planificación e obstaculizadoras da participación dos profesionais".

O MGSM sinala que a política desenvolvida nos últimos anos "compromete a calidade asistencial e a seguridade dos pacientes", o que segundo o Movemento se vén de confirmar cos recentes acontecementos, "cuestións de indubidable gravidade que deben entenderse no marco de deterioro" sinalado. 

"Diversos compoñentes da calidade asistencial na sanidade víronse afectados pola xestión que se fixo da crise económica", afirma a entidade, subliñando especialmente "as intolerables carencias na garantía de seguridade das persoas cando reciben atención sanitaria, a vulneración do seu dereito a tratamentos e coidados sanitarios acordes cos coñecementos actuais e en igualdade cos demais pacientes e usuarios, e o escaso respecto aos seus dereitos fundamentais e sanitarios".

A plataforma lembra que leva tempo denunciando publicamente a "escasa dotación" da unidade de atención psiquiátrica, a "frecuente retirada do persoal de Enfermería da mesma para cubrir necesidades doutros servizos do mesmo hospital, tamén debilitados polos recortes de persoal", a "escasa actividade dos pacientes ingresados", a "carencia de Terapeuta Ocupacional no equipo", a falta de medios para a coordinación e elaboración de plans terapéuticos nos que participen e se coordinen todos os profesionais, e "a repetición de agresións ao persoal". 

"Quen ten a obriga de dirección e xestión nada fixo ante estas carencias e advertencias para corrixir o arriscado rumbo que se estaba a seguir", critica. O MGSM salienta que os acontecementos denunciados "non poden aceptarse silenciándoos ou permanecendo pasivos ante os mesmos, e menos aínda por profesionais da saúde mental. 

A sociedade ten dereito a saber o que ocorre nos servizos públicos que sustenta co seu esforzo". "Feitos así deben ser coñecidos publicamente, e tamén deben ser tratados polos responsables do SERGAS como graves indicadores de que algo vai moi mal na atención á saúde mental", engaden.

Para a súa prevención futura, o MGSM pide "a adopción de inmediato das medidas oportunas", recollendo as achegas dos profesionais, en particular de Enfermería, para a mellora da calidade da hospitalización psiquiátrica. 

Pola contra, rexeita que a solución pase por "meras medidas de reforzamento do control dos pacientes ou de aumento da coerción sobre os mesmos". "Esa prevención debe realizarse reforzando a finalidade terapéutica da hospitalización e o respecto aos dereitos fundamentais das persoas, dotando de profesionais suficientes e coa cualificación adecuada", subliña.

Destaca, especialmente, a necesidade de reforzar a Enfermaría e a Terapia Ocupacional e a adopción de "formas de traballo participativas e coordinadas entre todos os profesionais", definindo "protocolos e instrucións de traballo claras ante os potenciais riscos", e rexistrando documentalmente de xeito sistemático a actividade desenvolvida por todos os profesionais que prestan asistencia.

O SERGAS nega os recortes

A Xerencia de Xestión Sanitaria de Santiago negou este xoves que houbera unha "merma" de recursos ou de persoal na área de hospitalización psiquiátrica, e sinalou que os medios son os "adecuados". Pola contra, o MGSM leva anos acusando a Xunta de seguir "criterios económicos e non clínicos" na saúde mental

A plataforma alertou en varias ocasións do peche de camas no Hospital de Conxo sinalando ademais que se estaban a limitar os ingresos psiquiátricos de pacientes en descompensación aguda e a precipitar as altas, "reducíndose temerariamente as estadías hospitalarias", buscando "ocupar un número menor que as prazas libres, para que así se poidan soportar os recortes de persoal sufridos". 

"Noutros ámbitos os efectos dos recortes e da crise económica poden tardar máis tempo en manifestarse, pero na saúde mental o efecto prexudicial da crise é seguro e é importante" explicaba en entrevista con Praza Miguel Anxo García Álvarez, psicólogo clínigo do CHUS e voceiro do MGSM, que reclamaba que "a atención á saúde mental debe ser prioritaria para as políticas sanitarias públicas".

A Asociación de Pacientes e Usuarios do CHUS manifestou este xoves a súa "alarma e indignación mais profunda" por uns feitos que "non son produto da casualidade ou do azar, senón que son a expresión dos efectos que sobre os pacientes está a producir a política de austeridade que desde o ano 2008 está a perpetrarse polas autoridades sanitarias no Sistema Público de Saúde. 

A entidade denuncia que "os pacientes ingresados nos servizos Psiquiátricos de Conxo sofren de forma permanente ás carencias mais esenciais para poder acadar un tratamento adecuado" e explica, por exemplo, que "o persoal especializado é manifestamente insuficiente" pois "para o conxunto do complexo e un total de 200 pacientes tan só hai 7 psiquiatras algún dos cales vese obrigado a facer gardas no Hospital Clínico e no Gil Casares".

 "Este reducido cadro de persoal vese abrumadora pola carga de traballo que soportan e que reverte na desatención e menor vixilancia dos pacientes e na insuficiente terapia rehabilitadora", engaden."            (Praza Pública, 09/02/17)

2.2.17

Tienen expedientes brillantes, con notas medias de sobresaliente, pero hacen un 'crowdfunding' para seguir estudiando tras los recortes de Wert

"En 2013 el ex ministro de Educación José Ignacio Wert pronosticó que, a causa de los recortes en Educación que él mismo puso en marcha, unos 10.000 estudiantes perderían su beca para el pago de las tasas universitarias.

 Cuatro años después ese número abstracto tiene muchas caras, entre ellas las de Nerea, Álvaro, Sandra, Luis, Carla, Alberto, Janna, Diego o Ilda.  Estos nueve estudiantes universitarios son los beneficiarios de Apadrina un becario, una campaña de financiación colectiva o crowdfunding con la que esperan conseguir los fondos necesarios que les permitan seguir estudiando en la universidad. 

 Caridad del siglo XXI para tapar los agujeros de la austeridad.

 Tienen expedientes brillantes, con notas medias de sobresaliente, pero el sistema está a punto de dejarles fuera. Piden 14.000 euros (1.500 para cada uno) para ayudarles con gastos de transporte, residencia o material, porque, como reflejan en la petición, "nuestro sistema educativo, lejos de apostar por la excelencia, ya no es capaz siquiera de garantizar una auténtica igualdad de oportunidades".

 España está entre los países donde más caro sale estudiar una carrera de toda Europa: desde que comenzó la crisis los precios de las matrículas se han incrementado un 45%, mientras que la cuantía de las becas se ha reducido un 21%.
 
Así las cosas el núcleo familiar de algunos alumnos no puede soportar el precio de la educación superior ante un imprevisto. Un progenitor en paro, una emergencia en su entorno, o simplemente ser "gente trabajadora normal y corriente a los que de verdad no les llega" basta para que la carrera universitaria de estos jóvenes corra peligro.

Lo explica a Público Nicolás Valiente, uno de los portavoces de Facultad Invisible, la asociación que ha lanzado la campaña de ayuda para visibilizar la precariedad que atraviesa el sistema de ayudas a la educación español. "Esto es un parche. 

El hecho de que nosotros podamos ayudar a nueve estudiantes; lo primero, a ellos les va a ayudar de forma puntual porque el año que viene van a estar en las mismas circunstancias; y segundo, ayudamos a nueve pero hay miles que se quedan en circunstancias igual de malas", recuerda Valiente.

Facultad Invisible está formada también por estudiantes brillantes. Hasta 160 Premios Nacionales en sus respectivas áreas (alumnos que han terminado la enseñanza universitaria con una nota media de 9 o más) la componen. "Queríamos devolver a la sociedad algo de lo que esta nos había dado, aportando nuestro granito de arena", cuenta Valiente, Premio Nacional en Ingenieria Forestal. (Público, 30/01/17)