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29.1.23

The Guardian alerta de la reacción xenófoba de Feijóo y Abascal ante el asesinato de Algeciras

 "Los comentarios de los líderes de derecha y de ultraderecha en España a cuenta del ataque de este miércoles en Algeciras, en el que el sacristán de la iglesia principal de la localidad fue asesinado y el párroco de otra herido de gravedad, han traspasado fronteras. Este viernes, el británico The Guardian ha dedicado un espacio a alertar de estas palabras antisemitas vertidas por, entre otros, el jefe de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, o el presidente de Vox, Santiago Abascal.

El rotativo destaca cómo se produjeron estos comentarios, “a pesar de que la atrocidad fue condenada y rechazada por grupos cristianos, musulmanes y judíos”. También muestra la repulsa del Gobierno y de miembros de las ONG y la falta de conocimiento de Feijóo. Sobre esto último, citan las palabras de la ministra de Educación y portavoz del PSOE, Pilar Alegría, en su perfil de Twitter: “Hay veces que es mejor permanecer callado y parecer responsable, que hablar así”. 

 Pero no solo se centra en el mensaje de Feijóo, que dijo que “desde hace siglos” no se ve a “cristianos matar en nombre de su religión, como hacen otros pueblos”. The Guardian también ha recogido las palabras de Santiago Abascal.

En su Twitter, el líder de Vox cargó contra los “inmigrantes ilegales” y acusó al Gobierno “abrirles las fronteras” y “regarlos a subvenciones”. “Unos les abren las puertas, otros los financian y el pueblo los sufre. No podemos tolerar que el islamismo avance en nuestro suelo”, cita el medio británico de la red social del político de extrema derecha. El periódico destaca la respuesta de la líder de Unidas Podemos, Ione Belarra, que dijo que esas declaraciones eran el ejemplo perfecto de las políticas de la extrema derecha contra los migrantes.

En contraposición a las palabras de la derecha, The Guardian ha recopilado también la condena de seis ONG al ataque, entre las que se encuentra la Comisión Española de Ayuda al Refugiado y SOS Racismo, que en un comunicado conjunto han destacado que esos discursos están llenos de mensajes “peligrosos, xenófobos, racistas y de odio, sobre orígenes y creencias” y han pedido a los políticos que imiten la respuesta de los ciudadanos de Algeciras a lo sucedido algo, “especialmente necesario” en periodos preelectorales.

También destaca el citado medio, en contra de las afirmaciones de Feijóo y Abascal, las palabras del párroco de la iglesia en la que mataron al sacristán, que hizo referencia a la buena relación entre católicos y musulmanes o a las del portavoz de los obispos españoles que pidió no identificar al terrorismo con ninguna religión."                 (eldiario.es, 27/01/23)

11.9.17

El Barça, a través de las camisetas de los jugadores, ha estado promocionando al Estado de Qatar, una de las dictaduras más crueles existentes en el mundo, que también ha estado financiando al terrorismo yihadista

"(...) es importantes señalar que el excelente discurso hecho por Hafida Oukabir en Ripoll incluía un ruego (diría yo exigencia) de que las instituciones catalanas hicieran una autocrítica sobre el comportamiento que habían tenido todos estos años que antecedieron al ataque terrorista, ruego que ha pasado desapercibido y desatendido por completo.

 Por desgracia, la autocrítica no es una virtud ampliamente practicada en los medios del establishment político-mediático del país, ni de Catalunya ni de España.

 Un mensaje hecho con gran contundencia en la manifestación del sábado 26 de agosto (que se centró en una denuncia del terrorismo y una demanda para que exista la paz) fue un rechazo por parte de amplios sectores de la manifestación a la Monarquía Borbónica por su relación privilegiada con la familia real de Arabia Saudí (una de las cinco monarquías absolutas todavía existentes en el mundo), y al partido gobernante en España (el Partido Popular), por su activa y masiva venta de armas españolas a aquel Estado.

 Aplaudo esta crítica, y solo lamento que no se hubiera hecho mucho antes. Pero me apena que muchos de los protagonistas de estas protestas hayan tenido escasa credibilidad, pues era obvio que su máximo interés era desacreditar a los receptores del mensaje –el Monarca y el gobierno Rajoy- pero, en cambio, parecía importarles poco el argumento que utilizaban para denunciarlos, es decir, la ayuda a los Estados (en este caso, Arabia Saudí) que financiaban el terrorismo. Como indiqué en otro artículo reciente (Ver “Lo que no se está diciendo a raíz del ataque terrorista en Barcelona”, Público, 24.08.17) tales voces, supuestamente escandalizadas con el comportamiento del Rey y del gobierno Rajoy, han mantenido un silencio ensordecedor sobre el apoyo que una institución enormemente importante en Catalunya ha dado a otra dictadura tan absolutista y medieval (y esclavista) como la de Arabia Saudí, que es Qatar, y que es también una de las mayores financiadoras de movimientos yihadistas. 

Esta institución, protegida por el silencio, es nada menos que el Club de Fútbol de Barcelona que, a través de las camisetas de los jugadores ha estado promocionando al Estado de Qatar, una de las monarquías más absolutas y una de las dictaduras más crueles existentes en el mundo, que también ha estado financiando al terrorismo yihadista.

 Me parece bien que un conocido militante independentista apareciera casi al lado del rey Felipe VI con una pancarta en que se leía “Felipe, quien quiere la paz no trafica en armas” (en catalán). Pero tal protesta hubiera tenido más credibilidad si aquel y otros miles de independentistas, así como otros que denunciaban al Rey y al gobierno Rajoy hubieran denunciado al Barça en cada partido de fútbol que se jugaba en su campo, por promocionar Qatar. Nunca vimos tal denuncia o abucheo en el campo del Barça, y ello a pesar de que estuviera lleno de banderas independentistas. 

¿Por qué callaron tanto tiempo?

Y esta incoherencia se mostró también, como era predecible, en los mayores medios de comunicación catalanes. Prácticamente ninguno de ellos denunció la transformación del Barça (al que, con razón, se le presentó durante la dictadura como de “ser más que un club” por facilitar que la gente canalizara su rechazo a la dictadura a través del fútbol, siendo la única expresión colectiva permitida), en un mero instrumento propagandista del Estado de Qatar, una de las dictaduras más crueles, opresivas, esclavistas y apoyadores del terrorismo existentes hoy en el mundo.

Este silencio se convirtió en veto cuando envié a los tres rotativos más importantes de Catalunya un artículo denunciando al Barça por ello, sin que nunca lo publicaran (ver el artículo “El Barça, ¿más que un club?”. ARA, 06.06.16). La censura fue su respuesta. 

Y tampoco apareció tal denuncia en los mayores canales televisivos de Catalunya, que también han silenciado aquella transformación que, mírese como se mire, es una ofensa a todos los que lucharon por la democracia y justicia social durante la dictadura, que ven ahora cómo los propietarios del Barça transformaron tal club defensor de la libertad y de la democracia en el promotor de una dictadura cruel y terrorista.  (...)

Me alegra ver que Jordi Évole en su artículo semanal en El Periódico, días después de que yo denunciara el silencio sobre el Barça, publicara la primera denuncia del Barça en los medios que he visto en la prensa escrita en papel en este país. (...)

A nivel del Estado central la noticia preferente de los mayores medios próximos al partido gobernante en el Estado español era mostrar el deseo de unidad y prevención de la secesión, dando gran hincapié a la necesidad de mantener una coordinación dentro de la unidad, mostrando, de nuevo, gran incoherencia (hipocresía), pues había sido el Estado central el que había mostrado menos cooperación, consecuencia de su jacobismo, ocultando información a las autoridades catalanas que hubiera sido de gran ayuda, tal como ha documentado la prensa internacional.

 Pero los medios públicos de la Generalitat de Catalunya también mostraron claros signos del sesgo informativo -al cual nos tienen acostumbrados- intentando negar la importancia de un aviso recibido de Bruselas sobre el Imán, bajo la pobre excusa de que era una mera nota “informal”.

Pero esta utilización de los mayores medios públicos de la Generalitat de Catalunya, y sobre todo de TV3, para promover la secesión de Catalunya fue la visibilidad preferencial que tal canal dio a la figura del President Puigdemont y al Vicepresident Oriol Junqueras, dejando muy en segundo plano a la alcaldesa Ada Colau. La única diferencia con la televisión pública española es que en aquel canal el Monarca y Rajoy absorbieron la mayoría de visibilidad mediática.

 En ella la alcaldesa Colau tampoco apareció de una manera muy visible. En cualquier otro país demócrata la alcaldesa de la ciudad hubiera liderado la manifestación ciudadana. No así en España. Y la utilización de TV3 para promover el secesionismo alcanzó niveles extremos, como las entrevistas hechas durante la marcha del 26 de agosto en homenaje a las víctimas, a los dos dirigentes del movimiento proindependencia, el Presidente de la ANC y el de Omnium, dándoles un protagonismo que no se le dio a ninguna otra asociación, a pesar de que tenían mucha más centralidad en la crisis terrorista que estos personajes políticos. 

Creo que a la audiencia le hubiera gustado más que se entrevistara a personal del sistema sanitario de urgencias, por ejemplo (que probablemente se habrían quejado, con razón, de la falta de recursos, resultado de los recortes sanitarios del gobierno Junts Pel Sí), que no a tales dirigentes de movimientos secesionistas que aparecen continuamente en tales medios promoviendo la secesión.

 Pero las críticas deberían también extenderse, como bien pedía Hafida Oukabir, a las comunidades religiosas, que actuaron con gran solidaridad durante la crisis, lo cual aplaudo, pero olvidaron en el periodo pre-crisis la responsabilidad que todas ellas tuvieron en contribuir a crear las condiciones para que tal ataque ocurriera. Y es ahí donde debería criticarse a las religiones, o mejor dicho, a las Iglesias (las instituciones humanas que gestionan las religiones) por su actitud moralizante, arrogante y escasamente democrática.  (...)

No puede ser que algunas Iglesias Musulmanas sean “islas de otros países” dentro del país, financiadas desde fuera, transmitiendo una cultura distinta a la del lugar donde residen y viven sus feligreses. Es más, los Imanes deberían hablar el lenguaje de sus feligreses y tener los valores democráticos de la sociedad donde se ubican. Esta normativa, existente ya en otros países, debería aplicarse a todas las Iglesias, y también a la musulmana en España. Y las comunidades musulmanas necesitan presionar para que ello ocurra.

La integración de los jóvenes musulmanes a la sociedad

Pero tales comunidades deberían presionar (junto con toda la sociedad) para que se integre a los jóvenes en la sociedad. Lo que es más importante conocer, de todo lo que ha ocurrido, es saber por qué unos jóvenes que parecían integrados en la sociedad catalana se convirtieron en terroristas. Este es el gran tema del que apenas se ha hablado. Cargar todas las culpas en el Imán es insuficiente. Tan importante es el mensaje como el mensajero.
 ¿Qué es lo que se estuvo transmitiendo a los jóvenes? ¿Era la transmisión de las brutalidades que se están cometiendo en los países de mayoría musulmana en los que los gobiernos occidentales, como España, están bombardeando o ayudando a bombardear a sus poblaciones? ¿O fue su motivación religiosa la de matar a los infieles?(...)"             (Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Pensamiento Crítico” en el diario PÚBLICO, 30 de agosto de 2017, en www.vnavarro.org, 04/09/17)

8.9.16

Los jóvenes que vieron a sus padres y hermanos e hijos morir destrozados bajo las bombas, ¿cuando lleguen a Europa o a Estados Unidos, olvidarán todo lo vivido?


"(...) -OTR: Y junto con Francia han sido los más golpeados por actos de terrorismo recientemente… 

-JM: Claro. Pero veamos que tanto en Estados Unidos como en Europa las víctimas de terrorismo, vistos desde un punto de vista cuantitativo, son infinitesimales en comparación a las víctimas que produjeron en otros países las irresponsables y ambiciosas intervenciones militares, bombardeos y acosos económicos frecuentes.

 En Estados Unidos, las víctimas de terrorismo suman un dos o tres por ciento de las víctimas de otros tiroteos masivos que no alcanzan las primeras planas de la gran prensa, de los creadores de opinión y paranoia colectiva. Por no hablar de las decenas de muertos cada año sólo por armas de fuego. 

Por otro lado debemos considerar varios otros problemas: en alguno de esos atentados en Europa nunca hubo una conexión con grupos terroristas como el ISIS, sino individuos desquiciados, pero la prensa no los presentó de esa forma. Basta con señalar el origen de los asesinos para involucrar a toda una comunidad de gente pacífica. Para ampliar la comprensión de este problema, recomiendo leer los artículos de Javier Couto. 

-OTR: ¿Pero cómo se explica que algunos refugiados puedan atentar contra la sociedad que los recibió, como es el caso de Alemania? 

-JM: Otra vez: son una minoría que hasta ahora se cuentan con los dedos de la mano –y sobran dedos. Pero para comprender el fenómeno, creo que debemos observar algunos factores comunes. Por ejemplo, los dos últimos atentados contra policías en Estados Unidos.

 Si se mira con cuidado, se verá dos elementos comunes a otros atentados en Europa y en los mismos Estados Unidos perpetrados por individuos cuyos orígenes estaban en algún país de Medio Oriente, países hundidos en el conflicto que estamos discutiendo. 

Los asesinos de policías en Texas y Luisiana eran militares, veteranos de guerra estadounidenses de Irak y Afganistán; los dos, afroamericanos. No es raro: cada día más de veinte excombatientes se suicidan en este país y miles se abandonan en las calles y se convierten en indigentes. 

-OTR: ¿Ha conocido personalmente a alguno de ellos? 

-JM: Sí, a varios. Algunos fueron mis alumnos en la universidad, tratando de volver a la vida normal con historias terribles. Mucho de ellos vuelven convencidos que hicieron lo correcto y muchos otros con una fuerte carga de resentimiento contra su país y hasta desafecto hacia sus propios padres, en muchos casos producto de una afección muy común, que es el Trastorno de Estrés Postraumático. 

Muchos viven con esa fuerte carga de frustración, resentimiento y violencia contenida, medicados y contenidos por psiquiatras para que no se agarren a las piñas en un bar o algo peor.

 ¿Alguien podría sorprenderse de que alguno de estos jóvenes en lugar de pegarse un tiro, como lo hace diariamente un gran número, un día decida apuntar hacia otro lado?

 Bueno, lo mismo podemos considerar en esa masa de refugiados: ¿alguien podría pensar que niños y jóvenes que vieron a sus padres y hermanos e hijos morir destrozados bajo las bombas civilizadoras o sobre las bombas de los fanáticos islamistas lleguen un día a Europa o a Estados Unidos y sin ningún tratamiento o consideración olviden todo lo vivido? ¿Quién habla del TEPT de las víctimas civiles?  (...)

-OTR: ¿A quiénes beneficia esta violencia que vemos en Europa? 

-JM: A la derecha xenófoba, sin dudas. Cada vez que ocurre una desgracia donde alguien con un apellido árabe es el responsable, las encuestas muestran un aumento de apoyo de la población a esos partidos. 

 Cada vez que los diarios occidentales llenan sus portadas y las repiten por tres o cuatro días con un atentado que ha dejado tres o cien víctimas, los Donald Trump, los Marine Le Pen y los partidos nazis de Europa se frotan las manos y se golpean el pecho con sus “yo se los dije” en sus cuentas de Twitter o en sus enardecidos discursos.

 Pocos tienen en cuenta que todo el odio hacia los extranjeros y hacia sus propios connacionales con pieles más oscuras que las suyas se va reproduciendo y acumulando durante años en aquellos jóvenes que desde chicos aprenden a considerarse “los otros”, victimas silenciosas del peor de los bullings, tarde o temprano termina por reventar en alguna parte.

 De paso todo ese odio hacia los pobres, a los marginados culturales, a los excluidos por las retoricas nacionalistas, como en la Alemania de los años treinta, sirve para olvidar los problemas reales de injusticia social donde el 0,1 por ciento de un país superrico posee lo mismo que el 90 por ciento y los “fracasados”, hijos del demonio que llenan las cárceles y que, de paso significan un gran negocio en países como Estados Unidos. 

Todo el resto de la historia de las hazañas civilizatorias de las potencias occidentales, todo eso que nos ha llevado a estas desgracias o por lo menos han contribuido en mayor proporción, pues brillan por su ausencia.

 Sin embargo, como ya lo he dicho antes, un acto de terrorismo no se justifica con nada pero se explica con todo. Por otro lado, la respuesta se evalúa por sus resultados: si las bombas fuesen la solución, el mundo sería un mar de paz. 

-OTR: ¿Entonces, cual es la solución? 

-JM: Depende de para quién. 

-OTR: Con respecto a los atentados que vienen ocurriendo en Europa. 

-JM: Basado en lo que dijimos antes lo más inmediato será mantener por el momento el alto control policial y renunciar a las invasiones “preventivas”, que hasta ahora han sido “provocativas”. Junto con eso, la población debe estar alerta y consiente de sus propios pecados, como lo es hacerse responsable del niño, luego de la orgia de decisiones irresponsables y criminales en el plano internacional. 

En cuanto a los asuntos domésticos, al día a día, es necesario estar prevenidos de las consecuencias contaminantes de toda cultura del odio, que no es propiedad de los otros. Estar prevenidos de los políticos y los agitadores de turno, verdaderos buitres de la moral popular. Invertir en diversos programas, sociales y psicológicos para ayudar a aquellos refugiados que lo necesitan.

 Terminar con la secreta cultura del bullying internacional y el bullyng de barrio que golpea a los más débiles y en riesgo de marginación cultural y psicológica desde la primera infancia. Invertir más en cultura y menos en bombas, leer más libros y artículos con contenido y moverse menos por reacciones epidérmicas de los demagogos de turno."           (Entrevista a Jorge Majfud, escritor uruguayo,  OTR-press, en Rebelión, 28/07/16)

29.7.16

Ali David gritó rabioso ¡Yo soy alemán! ¡Extranjeros de mierda! ¡Jodidos turcos! mientras que con su pistola disparaba a diestra y siniestra dispuesto a aniquilar a todas las “razas inferiores”.

"Ali David gritó rabioso ¡Yo soy alemán! ¡Extranjeros de mierda! ¡Jodidos turcos! mientras que con su pistola disparaba a diestra y siniestra dispuesto a aniquilar a todas las “razas inferiores”.

Lo que faltaba y esto ya es el colmo. Desde tiempo atrás veníamos observado con preocupante incredulidad el comportamiento de esos hijos de los inmigrantes, las nuevas generaciones nacidas y educadas en muchos países de Europa o de EE.UU que se han convertido en los más fanáticos defensores del occidente civilizado. 

Y eso a pesar de las claras diferencias étnicas que saltan a la vista y que les llevan a sufrir muchas ocasiones la xenofobia y el racismo. Este es un fenómeno muy similar al síndrome que describe Frantz Fanón en su libro “Piel Negra Máscara Blanca” digno de estudiarse a fondo por psicólogos y siquiatras.

Pero también existe el caso contrario: los inmigrantes nacidos en Europa y EE.UU, totalmente desadaptados que llevan impregnado en sus genes el virus del odio. La historia del colonialismo, la esclavitud y el despojo es imposible esconderla o ignorarla. Por lo tanto en el momento que toman conciencia pueden fácilmente radicalizarse.

 Que es lo que ha sucedido con los miles de voluntarios que se han marchado a combatir en Siria e Irak en las filas de Al Qaeda o el EI. Mientras que en Europa y EE.UU proliferan las células durmientes o “lobos solitarios” decididos a cometer atentados en el momento menos pensado. Esos son los más predecibles, los más sospechosos y proclives a sufrir la persecución policial.

Esa dicotomía amor-odio se traducen en grandes contradicciones. Porque también existen aquellos hijos de inmigrantes o, incluso, inmigrantes recién llegados que se sienten europeos o americanos y se asimilan perfectamente en las sociedades de adopción y asumen como propias la lengua, la cultura, las tradiciones y costumbres. 

Aparte que los países de acogida o asilo ofrecen incontables ayudas sociales para que se integren como ciudadanos de pleno derecho.

Hasta tal punto que muchos de ellos eligen enrolarse en el ejército tanto de EE.UU o de los países del a Unión Europea como una salida que les garantice un futuro económico. Son millones de conversos dispuestos a entregar su vida por las grandes potencias occidentales.  (...)

A pesar de su apariencia racial (indígena, africana, árabe o asiática) sienten la bandera y el himno nacional como propios. Son hijos de la inmigración con apellidos árabes, turcos, persas, paquistaníes, hindúes, afganos, jordanos, sirios, libaneses, suramericanos, magrebíes, africanos, asiáticos, etc. 

Apellidos que muchas veces cambian para negar su procedencia y pasar desapercibidos. Es tal la obsesión por desprenderse de ese maldito estigma (de inmigrantes o extranjeros) que llegan hasta realizarse operaciones de cirugía estética para exorcizar ese complejo de inferioridad.

Como es el caso del francotirador de Munich, un muchacho de apenas 18 años de origen iraní pero nacido en Alemania. Al final se convirtió en un xenófobo racista, quizás en un nazi pues se creía un alemán puro, ¿ario? Profería insultos contra los turcos y los árabes.

 A pesar de ser étnicamente un persa -muy parecido a muchas de las víctimas que asesinó- sentía odio hacia las “razas inferiores” (como las cataloga el nazismo). Pero en su locura asumió el papel de ario, una raza superior llamada a dominar el mundo, según Adolf Hitler.

Ali David fue rechazado en algún momento de su vida en el colegio o en su barrio, quizás lo discriminaron por sus características físicas, no daban la talla de pureza racial y eso provocó una reacción de rencor infinito hacia sí mismo y aquellos que lo humillaron. Un trauma muy tenaz y desgarrador. Su identidad había sido puesta en duda algo que lo llevó a cometer la masacre en el centro comercial Olympia para luego a suicidarse.

Y lo peor de todo es que esto no sólo sucede en Europa o en EE.UU sino que también en Latinoamérica, como en Perú, Ecuador, Colombia, en México donde existen indígenas nazis, mulatos nazis y hasta negros nazis que asumen los postulados del Fuhrer.

 Por increíble que parezca se dan estos monstruosos y delirantes casos. Son mentes lobotizadas por la alienación televisiva o cibernética, por la ignorancia y la brutalidad. De ahí Ali David hijo de una familia iraní, nacido en Alemania, con papeles alemanes, hablando alemán y educado en la cultura alemana se creyera un alemán más. 

Un muchacho que perfectamente podría ser captado por grupos de ultraderecha o participar en el movimiento Pegida. Su metamorfosis lo llevó transformándose en un asesino en serie como los protagonistas de las películas o los videojuegos que a él tanto le gustaban. Su alter ego era nada más ni nada menos que el nazi noruego, Anders Breivik, autor de la matanza de la isla de Utoya.

El hecho racial no significa más que apariencias y las apariencias engañan. Pues en Ecuador he conocido indígenas nazis de las Juventudes Hitlerianas adoradores del Tercer Reich y dedicados a la limpieza social. Esta esquizofrenia, la psicosis la paranoia es algo insólito y difícil de entender. Al fin y al cabo la mente humana es muy compleja y en cualquier momento afloran los fantasmas y los demonios.

La enajenación mental es tan voraz que lleva a los mismísimos negros a creerse blancos y a proferir insultos racistas contra sus propios hermanos porque son pobres, excluidos, refugiados o clandestinos. Simplemente porque ellos ya están instalados en el seno de la sociedad capitalista, tienen una posición social, prestigio, dinero y pertenecen al equipo ganador. Algo que en Suramérica conocemos muy bien con el racismo que ejerce el mestizo sobre el indígena

Esta es una de las paradojas más desquiciantes de la condición humana: el que ayer fue esclavo ahora quiere ser el amo.
Recordemos que el joven terrorista argelino Mohamed Merah, que cometió el atentado de Toulouse en el 2012 no sólo mató judíos en una madrasa, sino que también liquidó “conversos” o “cipayos” alistados en el ejército francés. A estos últimos les tenía más odio que a los propios sionistas.

Ali David cumplió su palabra y llevó a cabo la gran venganza contra esas razas inferiores (turcos o árabes) que un día lo humillaron, contra aquellos que lo insultaban o le recordaban que él no era más que un vulgar inmigrante, un hijo de iraníes y no un ario puro, rubio y de ojos azules. "            (Carlos de Urabá  , Rebelión, 26/07/16)

5.4.16

Dinamarca es el 2º país europeo con mayor porcentaje de yihadistas... así que una extensa red de trabajadores sociales, padres, profesores, y asociaciones juveniles tratan de integrarlos socialmente. Es la propia comunidad musulmana la que trabaja para prevenir el extremismo

"(...) Consideramos que es fundamental acudir a las causas sociales del fenómeno del terrorismo islamista para poder erradicarlo. Recientemente ha sido difundido en los medios de comunicación un vídeo en el que se puede ver a los hermanos Abdeslam bailando y bebiendo en una discoteca de Bruselas.

 Nada hacía prever que ocho meses después estos dos jóvenes perpetrarían y ejecutarían con precisión la matanza que dejó ciento treinta fallecidos en París. Los hermanos Abdeslam nacieron en Bruselas y crecieron en el barrio de Molenbeek. Forman parte de toda una generación de jóvenes musulmanes que a pesar de haber nacido en Europa, no se ha integrado en la sociedad. 

Muchos de estos jóvenes se encuentran en situaciones de marginalidad, de exclusión social y cometen delitos menores. Y algunos de ellos abrazan el extremismo radical buscando un sentido a sus vidas. Viajan a Siria, se enlistan para combatir en las filas de Daesh, son adiestrados militarmente y retornan a Europa para planear y cometer atentados terroristas.

Las medidas de vigilancia y seguridad son necesarias para prevenir futuros ataques, pero deben ir acompañadas de políticas de integración que eviten la radicalización de los jóvenes musulmanes europeos.

 El terrorismo islamista debe comenzar a tratarse como un problema social. En este sentido, es muy interesante el plan de prevención que se está llevando a cabo en la ciudad danesa de Aarhus. 

Dinamarca es, tras Bélgica, el segundo país europeo con mayor porcentaje de jóvenes que han viajado a luchar en Siria o Iraq (27 por cada millón de habitantes). El Modelo Aarhus ofrece a aquellos jóvenes retornados que no han cometido delitos en Siria la posibilidad de reintegrarse en la sociedad. 

También trata de persuadir a los que tienen intención de marcharse a combatir para que finalmente no lo hagan. Se basa en una extensa red de trabajadores sociales, padres, profesores, y asociaciones juveniles que alertan a la policía cuando detectan que una persona está en riesgo de radicalizarse.

 Estos jóvenes reciben atención personalizada y orientación por parte de mentores y pueden acudir además a grupos de autoayuda. Es la propia comunidad musulmana la que trabaja para prevenir el extremismo entre sus jóvenes.

Al hilo de este ejemplo conviene destacar las palabras que pronunció la Alta representante de la Unión para Asuntos exteriores y Política de Seguridad, Federica Mogherini, nada más conocer los atentados de Bruselas: “creemos en el Islam de la paz, la cooperación y el diálogo, que es lo que necesitamos en esta región y en Europa”. Hizo estas declaraciones en Amman, acompañada de su homólogo jordano al que abrazó entre lágrimas al terminar la rueda de prensa. (...) 

Como reconoció en un reciente artículo el escritor Antonio Muñoz Molina, la idea de Europa no se basa en “los lazos místicos de la sangre, ni en una lengua primigenia, ni en la leyenda de una comunidad originaria. Nadie se va a llevar la mano al corazón delante de una bandera europea, ni va a dejar que le corran lágrimas por la cara al escuchar su himno”. 

Sin embargo, Europa representa un horizonte, un auténtico proyecto de futuro basado en los valores de la solidaridad, la tolerancia y la paz. Sólo defendiendo y poniendo en práctica esos valores que propugnó Robert Schuman podremos algún día vencer al terror."                  (Nicolás Hernando de Larramendi, El País, 05/04/16)

30.3.16

«Hay cientos de Molenbeek en Europa»... Y en Molenbeek hay muchos artistas, y vemos que quienes tienen un proyecto vital ligado al arte no se hacen yihadistas

 Marco Martiniello

"Aunque el nombre pueda confundir Marco Martiniello no es italiano. Nació en Bélgica; hijo, eso sí, de inmigrantes napolitanos. Es profesor de Sociología de la Inmigración en la Universidad de Lieja y ha vivido 10 años en Molenbeek, el barrio de Bruselas del que han salido varios de los yihadistas que cometieron los atentados de París y los del martes en la capital belga. Hasta un par de los implicados en los atentados de Madrid del 11-M pasaron por Molenbeek.

Pregunta.– ¿Sufre problemas de integración la comunidad musulmana en Bélgica?

Respuesta.– Sí, existen problemas de integración en Bélgica. La población marroquí y turca es la más importante dentro de los inmigrantes no europeos, y es evidente que tiene problemas. Problemas de discriminación, de falta de acceso a una Educación de calidad, de paro muy elevado, de estar penalizados en el mercado de trabajo… 

Son problemas serios pero, en mi opinión, no existe una conexión directa entre esos problemas y el terrorismo. Los yihadistas, por suerte, son muy pocos y, aunque sea una obviedad decirlo, hay que recordar que la inmensa mayoría de la población musulmana no se hace jamás terrorista.

P.– ¿Los atentados de Bruselas pueden disparar la islamofobia y dar alas a la ultraderecha en Bélgica?

R.– Me temo que existe ese peligro. La población belga está muy polarizada. Por un lado vemos gente muy solidaria, que aboga por unir a todos contra el terrorismo y que estaría representada por todas esas personas que hemos visto estos días en la Plaza de la Bolsa. Pero también hay otra parte de los belgas que tienen miedo y condenan por lo sucedido a toda la comunidad musulmana.  (...)

P.– ¿Sabe que un movimiento de extrema derecha ha convocado una manifestación para el domingo en el barrio de Molenbeek bajo el lema: «Expulsemos a los islamistas»?

R.– Sí, lo sé. Su estrategia es provocar. Le he mandado un email a la alcaldesa de Molenbeek diciéndole que debería de prohibirse absolutamente esa manifestación que lo que busca es desatar el odio contra toda la comunidad musulmana y estigmatizar un barrio convirtiéndolo en campo de batalla xenófobo. Hay que impedir esas situaciones como sea.

P.– ¿Qué se debería hacer con Molenbeek, un nido de yihadistas del que han salido los autores de los atentados de París y de Bruselas?

R.– Yo he vivido 10 años en Molenbeek y voy por allí una vez a la semana. Es una ciudad, no un barrio, piense que tiene 100.000 habitantes. Históricamente era una ciudad industrial donde vivía la clase obrera belga. 

Pero la movilidad social, que hizo que muchos obreros belgas pudiera mudarse a otros barrios mejores, sumada a la llegada de inmigrantes, han hecho de él un lugar donde viven españoles e italianos llegados a Bélgica en los años 40 y 50 junto con una inmigración turca y marroquí.

Es verdad que Molenbeek tiene problemas, que de allí han salido yihadistas, que es un lugar con una alta densidad de población que permite vivir en el anonimato, que allí se ha estructurado un islam en algunas de sus formas más radicales… Pero otras muchas ciudades de Europa como Amberes, París, Londres o la propia Madrid tienen su propio Moleenbeek.

 Existen cientos de Molenbeek en toda Europa. Me parece un error estratégico considerar Molenbeek el centro del yihadismo europeo. Es evidente que es un nido de yihadistas, pero no es el único y no es sólo eso. Es mucho más complejo.

P.– ¿Qué impulsa a un joven que vive en Bélgica a hacerse yihadista?

R.– No existe una respuesta única. Lo primero es que el yihadismo sigue siendo algo marginal, y que sólo se produce si se dan toda una serie de condiciones. Para empezar, no hay duda de que los conflictos en Oriente Próximo juegan un papel: se trata de una realidad que aunque ocurre a miles de kilómetros de aquí tiene una clara influencia en Europa.

Los problemas de racismo, de integración, de paro y de falta de acceso a una educación de calidad que sufre la comunidad musulmana en Bélgica también influyen.

 Asimismo juega un papel importante el sentimiento de muchos musulmanes de no ser parte de esta nación, de haber sido dejados fuera de una sociedad en la que no se reconocen. Pero tampoco eso basta.

 Lo que los sociólogos estamos también observando es que muchos de los yihadistas no tienen una educación religiosa especialmente intensa, no son unos fanáticos del islam, no crecen en las mezquitas, aparte de que hoy uno se puede radicalizar solito delante de su ordenador.

Pero el proyecto yihdista da un sentido a su vida y a su muerte, les da unos valores que nuestra sociedad no les da. Hay un fenómeno similar al de las sectas: hay quienes se dedican a identificar perfiles débiles y atraparlos en el yihadismo. 

Y también vemos un efecto de grupo: muchos de los terroristas islámicos son hermanos, primos, amigos…

P.– ¿Qué se puede hacer para combatir el yihadismo en lugares como Molenbeek?

R.– Por un lado, y aunque no sea de mi agrado, me parece inevitable que se refuerce la seguridad y la presencia policial. Pero eso no es suficiente, porque no actúa sobre las causas profundas.

 Lo más importante para acabar con él es trabajar en integración, educación y cultura, conseguir dar sentido a la vida de esos jóvenes. En Molenbeek, por ejemplo, hay muchos artistas, y vemos que quienes tienen un proyecto vital ligado al arte no se hacen yihadistas.

Hay que trabajar en educación y cultura. Por cada euro gastado en seguridad, se debería gastar un euro en educación y cultura. Por desgracia, las políticas de austeridad han impuesto una reducción en los gastos tanto de seguridad como de cultura y educación. Esas políticas de austeridad tienen efecto en todo y, de algún modo, contribuyen a alimentar el yihadismo."                  (Entrevista a MARCO MARTINIELLO / SOCIÓLOGO DE LA UNIVERSIDAD DE LIEJA – EL MUNDO – 29/03/16)

7.12.15

El régimen saudí es famoso por financiar a las redes yihadistas, ¿bombardeará Francia a Arabia Saudí?

"(...) Francia siempre está en guerra. Sale de una guerra en Afganistán con innumerables civiles asesinados y siguen burlándose los derechos de las mujeres mientras los talibanes reinan en el terreno. 

Sale de una guerra en Libia que deja el país en ruinas, miles de muertos y montones de armas que surten a todas las «yihads». Sale de una intervención en Malí y Los grupos yihadistas vinculados a Al-Qaida no dejan de avanzar y perpetrar masacres. En Bamako Francia protege a un régimen corrupto hasta la médula, igual que en Níger y Gabón. 

¿Los oleoductos de Oriente Medio, el uranio explotado en condiciones monstruosas por Areva o los intereses de Total y Bolloré no tienen nada que ver con esas intervenciones, muy selectivas, que dejan los países devastados? 

En Libia, en la República Centroafricana o en Malí Francia no ha preparado ningún plan para ayudar a las poblaciones a salir del caos. No basta con impartir lecciones de pretendida moral (occidental). ¿Qué esperanza de futuro pueden albergar las poblaciones condenadas a vegetar en los campos o a sobrevivir entre las ruinas? 

¿Francia pretende destruir al Estado Islámico? Con los bombardeos multiplica los yihadistas. Los Rafale matan a civiles tan inocentes como los de Bataclan. Como en Irak, algunos de esos civiles acabarán solidarizándose con los yihadistas, esos bombardeos son bombas de relojería. 

El Estado Islámico es uno de nuestros peores enemigos: masacra, decapitad, viola, oprime a las mujeres, recluta a los niños y destruye el patrimonio de la humanidad. Pero al mismo tiempo Francia vende al régimen saudí, famoso por financiar a las redes yihadistas, helicópteros de combate, barcos patrulleros, centrales nucleares. Arabia Saudí acaba de encargar 3.000 millones de dólares en armamento. 

Ha arreglado la factura de los dos barcos Mistral vendidos al Egipto del mariscal Al Sissi que reprime a los demócratas de la primavera árabe. ¿Acaso no decapitan en Arabia Saudí? ¿No amputan las manos? ¿No viven las mujeres en semiesclavitud? 

En coalición con el régimen de Yemen la aviación saudí bombardea a la población civil destruyendo de paso tesoros arquitectónicos. ¿Bombardeará Francia a Arabia Saudí? ¿O la indignación fluctúa según los acuerdos económicos del momento? 

La guerra a la yihad, marcialmente hablando, también se libra en Francia. ¿Pero cómo evitar que los jóvenes se desvíen, en particular los nacidos en medios populares, si son discriminados en todas partes, en la escuela, en los empleos, en el acceso a la vivienda y por sus creencias? ¿Metiéndolos en la cárcel? ¿Estigmatizándolos de antemano? ¿Hurtándoles otras condiciones de vida? ¿Negándoles la dignidad que reclaman? 

Estamos aquí. La única forma de combatir a nuestros enemigos está aquí, en este país convertido en el segundo vendedor de armas del mundo, rechazando un sistema que en aras del beneficio a corto plazo crea injusticias por todas partes. La violencia de un mundo que hace 14 años Bush hijo nos prometió reconciliado, apaciguado y ordenado, no nació en el cerebro de Bin Laden o del Estado Islámico. 

Nació y prolifera en la miseria y las injusticias que, como muestran los informes de la ONU año tras año, crecen entre los países del Norte y del Sur y dentro de los países denominados ricos. La opulencia de unos tiene la contrapartida de la explotación y la opresión de los demás. No haremos retroceder la violencia sin atacar a sus raíces. No existen atajos mágicos, las bombas no lo son.(...)"              (Libération , en Rebelión, 27/11/15)

23.11.15

La intensidad de los procesos de radicalización yihadista alcanza en Francia cotas sin precedentes, sobre todo entre jóvenes descendientes de inmigrantes musulmanes

"(...) Francia es el blanco preferente de Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI) y sus organizaciones asociadas en la región. Desde que una intervención militar francesa puso fin en 2013 al condominio yihadista que mantuvieron en el norte de Malí durante casi un año, se han sucedido los juramentos de venganza hacia Francia, que en agosto de 2014 extendió al conjunto del Sahel su misión militar contra el terrorismo con la Operación Barkhane.

Hace algunos días, el máximo dirigente de Ansar al Din, una de esas entidades subordinadas a la rama norteafricana de Al Qaeda, emitió una proclama en la que amenazaba a Francia e instaba a la yihad contra los franceses dentro y fuera del territorio maliense. Meses antes había hecho algo muy parecido un destacado miembro de otra organización afín, llamada Al Morabitún, asimismo activa en la zona.  (...)

Entre tanto, la intensidad de los procesos de radicalización yihadista alcanzaba en Francia cotas sin precedentes, sobre todo entre jóvenes, descendientes de inmigrantes musulmanes, afectados por una explosiva combinación de insatisfacción existencial, privación relativa, odio inducido y crisis de identidad. Francia se había convertido, con no menos de 1.550, en el principal país occidental productor de yihadistas extranjeros para el Estado Islámico y el Frente al Nusra. 

A lo largo de 2012, año de los atentados de Toulouse y Motauban, se detuvo en Francia a cerca de 90 sospechosos de estar implicados en actividades de terrorismo yihadista. En 2013 fueron unos 145. En 2014 la cifra se aproximaba a los 188. En 2015 los servicios franceses dedicados a prevenir y combatir el terrorismo yihadista, otrora muy eficaces, estaban ya desbordados. Lo ocurrido el viernes no va a ser lo último."               (   , El País, 14 NOV 2015)

18.11.15

La sombra de la guerra de Argelia en el terrorismo de París

"La identidad franco-argelina de uno de los atacantes demuestra de qué modo la salvaje guerra francesa de 1956-62 en Argelia continúa infectando las atrocidades de hoy. 

La absoluta negativa a contemplar el papel de Arabia Saudita como proveedora de la forma más extrema del islam, la wahabita sunita, en la que cree el Isis, muestra de qué manera nuestros líderes aún rehúsan reconocer los vínculos entre el reino y la organización que atacó a París. 

Y nuestra falta total de voluntad de aceptar que la única fuerza militar regular en combate constante con el Isis es el ejército sirio –que lucha por el régimen que Francia desea destruir– nos impide aliarnos con los inmisericordes soldados que están en acción contra el Isis con mayor ferocidad aún que los kurdos.

Siempre que Occidente es atacado y nuestros inocentes perecen, caemos en borrar el banco de memoria. Por tanto, cuando los reporteros nos dijeron que los 129 muertos en París representaron la peor atrocidad perpetrada en Francia desde la Segunda Guerra Mundial, omitieron mencionar la masacre en París de hasta 200 argelinos que participaban en una marcha ilegal contra la salvaje guerra colonial francesa en Argelia, en 1961. 

La mayoría fueron asesinados por la policía francesa; muchos fueron torturados en el Palais des Sports y sus cuerpos arrojados al Sena. Los franceses sólo reconocieron 40 muertos. El oficial de policía a cargo era Maurice Papon, quien trabajó para la policía colaboracionista de Petain en Vichy en la Segunda Guerra Mundial y deportó a más de mil judíos hacia su muerte.

Omar Ismail Mostafai, uno de los atacantes suicidas en París, era de origen argelino, y acaso también lo eran los otros sospechosos identificados. Said y Cherif Kouachi, los hermanos que asesinaron a los periodistas de Charlie Hebdo, eran descendientes de argelinos. 

Procedían de la comunidad argelina en Francia, integrada por más de 5 millones de personas, para muchas de los cuales la guerra en Argelia nunca terminó, y que hoy viven en los barrios bajos de Saint-Denis y otros enclaves argelinos en París. 

Sin embargo, el origen de los asesinos del 13 de noviembre –y la historia de la nación de la que proceden sus padres– ha sido casi borrado de la narrativa de los horribles sucesos del viernes. Un pasaporte sirio con un sello griego es más emocionante, por razones obvias.

Una guerra colonial de hace medio siglo no justifica un asesinato en masa, pero ofrece un contexto sin el cual cualquier explicación de por qué hoy Francia ha sido tomada de blanco tiene poco sentido. Al igual que la fe sunita-wahabita saudita, que es fundamento del califato islámico y sus asesinos, presuntos practicantes de ese culto.

Mohammed ibn Abdel al Wahab fue el clérigo y filósofo purista cuyo implacable deseo de purgar a los chiítas y otros infieles de Medio Oriente condujo a las masacres del siglo XVIII, en las que la dinastía original al Saud estuvo profundamente involucrada.

El actual reino saudita, que con regularidad decapita a supuestos criminales tras someterlos a juicios injustos, construye un museo en Riad dedicado a las enseñanzas de al Wahab, y la furia del viejo prelado hacia los idólatras y la inmoralidad ha encontrado expresión en la acusación del Isis contra París como centro de prostitución. 

Gran parte del financiamiento del Isis proviene de los sauditas, aunque, una vez más, este hecho ha sido borrado de la historia terrible de la matanza del viernes. (...)"                      (Robert Fisk, La Jornada, en Jaque al neoliberalismo, 17/11/15)

17.11.15

No, no es una guerra y no necesitamos un George Bush francés que nos meta en otra guerra perdida

"François Hollande ha declarado a la guerra a ISIS y como presidente tiene la capacidad de arrastrar a todo su país con ella. “Nuestro enemigo en Siria es Daesh (ISIS). No se trata de contener, sino de destruir esa organización”. (...)

¿Tiene razón Hollande? ¿Es responsabilidad de los países asumir la eliminación contra ISIS como un objetivo prioritario? Estas son algunas de las razones por las que hay que decir que no.

Es un triunfo para ISIS

Declarar la guerra al grupo yihadista supone concederle un triunfo propagandístico de consecuencias difíciles de prever. Es el mismo estatus de combatiente en la guerra contra Occidente que Al Qaeda siempre anheló. 

ISIS no es un Ejército. Las personas que disparan con fusiles de asalto contra civiles en un restaurante o una sala de conciertos no son combatientes ni protagonistas de ninguna guerra. Son asesinos que deben ser perseguidos y detenidos.  (...)

La proclamación de Hollande da a ISIS un estatus que no debería tener y tendrá efectos peligrosos. Los jóvenes musulmanes europeos radicalizados pueden creer que ISIS es la mejor forma de desafiar al Estado.

Contra los disidentes

Las guerras no admiten disidentes. Si la nación está en peligro, aquellos que cuestionen la política del Gobierno y su visión de los conflictos de Oriente Medio acabarán siendo tachados de traidores o cómplices del enemigo. 

Hollande no ha dicho cómo ejecutará su objetivo de aniquilar a ISIS en Siria, pero sí ha desgranado varias propuestas para limitar los derechos civiles, empezando por una reforma constitucional. Los que se opongan a estos últimos cambios tienen muchas papeletas para ser acusados de poner en peligro la seguridad de los franceses.

Una guerra al servicio de intereses políticos

(...) se toman decisiones militares que no tienen una lógica militar, sino política. Un ejemplo de ello es el ataque aéreo francés de la noche del domingo contra la ciudad siria de Raqqa, ocupada por ISIS desde hace casi dos años.

Raqqa ha sido atacada en varias ocasiones por aviones norteamericanos, y en las últimas semanas por aviones rusos. Es de suponer que tras la matanza de ISIS los dirigentes del grupo yihadista no iban a estar esperando a que les cayeran las bombas. 

El bombardeo no degradó la capacidad de ISIS de cometer atentados, a menos que se crea que acabar con un campo de entrenamiento que se compone de una explanada de tierra y unas casetas es un paso dramático para acabar con la amenaza.

Ese ataque fue un gesto político para demostrar que el Gobierno no dejará ningún ataque sin respuesta. Su parte fundamental no fue el daño infligido, sino las imágenes de aviones despegando que aparecieron en los informativos de televisión.

Ignorar el origen de las ideas de ISIS

Lanzar una guerra contra ISIS en Siria es inútil si no nos enfrentamos a la base ideológica que anima a los grupos yihadistas que operan en Siria u otros países. De lo contrario, acabar con ellos será sólo una etapa más en una guerra interminable. Si Hollande es sincero en su intención de acabar con la funesta ideología que está detrás de ISIS, debería señalar al país que ha alentado y financiado la versión más violenta del salafismo en las últimas décadas.

Ese país es Arabia Saudí.  

Nos hace cómplices de otras guerras

¿Cuál es por tanto la credibilidad de Hollande para alentar una gran campaña contra la violencia yihadista si está colaborando en otra guerra en la que los civiles están siendo atacados de forma indiscriminada? Es el caso de Yemen. Francia además no es el único país responsable. 

EEUU acaba de vender munición para que los aviones saudíes continúen bombardeando Yemen (lo que incluye zonas civiles o un hospital de Médicos sin Fronteras). La factura alcanza los 1.300 millones de dólares y permite por ejemplo comprar mil bombas guiadas por láser de cerca de una tonelada. (...)

La guerra de Yemen es otro ejemplo de las prioridades saudíes. (...)

La coalición fantasma

Hollande dice que quiere armar una coalición internacional para hacer frente a ISIS. Como explica Olivier Roy, los países implicados en las guerras de Oriente Medio tienen otros enemigos que les preocupan más. 

 Asad está más preocupado por las otras fuerzas insurgentes que le amenazan directamente. Erdogan tiene en su punto de mira a los kurdos. Los kurdos iraquíes pretenden por encima de todo mantener su estatus casi independiente. Para los saudíes, su enemigo mortal es Irán. (...)

No queremos volver a la guerra de Bush

España y Gran Bretaña sufrieron en la década pasada ataques similares al ocurrido en París. Con ser horrible, esta es una situación por la que hemos pasado antes en Europa. Hemos visto a jóvenes ver sus sueños mutilados, a padres enterrar a sus hijos, a trabajadores asesinados cuando acudían a sus puestos en el transporte público. 

Siempre hemos tenido delante el mismo dilema y, a pesar de haber cometido muchos errores cuyas consecuencias aún estamos pagando, ha persistido en la mayor parte de la opinión pública europea la idea de que restringir al máximo los derechos civiles y embarcarse en aventuras imperiales en Oriente Medio sólo puede agravar nuestra situación. Si no somos como los terroristas, y no lo somos, tenemos que demostrarlo. España lo demostró después del 11M.

Tras 15 meses de bombardeos, el terrorismo islámico dispone de dinero, armas y una gran popularidad en Europa y el resto del mundo

"Quince meses después del inicio de la campaña de bombardeos por parte de la gran coalición del presidente Obama, los seguidores europeos del Estado Islámico (ISIS, en sus siglas en inglés) vuelven a golpear en París y causan una matanza.

 Es evidente que el reclutamiento y la radicalización de los militantes avanzan a buen ritmo. El Estado Islámico no deja de asombrarnos, y las dos cosas que más estupefacción nos producen son la capacidad que tiene de autofinanciarse y lo barata que resulta la radicalización en Europa.

¿Cómo hemos llegado hasta aquí?

Desde hace varios meses, el ISIS está rentabilizando también el éxodo de los refugiados. Son millones y millones de dólares. Este es el último y surrealista giro del conflicto sirio.
Tras el estallido de la guerra civil en Siria, en 2011, el negocio de los secuestros experimentó una enorme expansión. 

Para financiarse, las bandas de delincuentes y los grupos yihadistas secuestraban a sirios acomodados, a veces durante unas horas, para dejarlos en libertad a cambio de jugosos rescates.

 A medida que los sirios más ricos se fueron a Turquía y Líbano, los secuestradores trasladaron su atención a los occidentales, a los que muchas veces revendían a grupos armados más fuertes como el Estado Islámico o Al Nusra, la sucursal de Al Qaeda en Siria. 

Estas organizaciones disponen de la capacidad, la estructura y los fondos necesarios para tenerlos prisioneros incluso durante periodos prolongados, y además saben cómo utilizar los rescates durante las negociaciones con las potencias occidentales. (...)

Es difícil establecer el valor de cada rehén en el mercado sirio, pero los estadounidenses y los británicos son los más caros, y es probable que el ISIS llegara a pagar 100 millones de dólares por James Foley y John Cantlie. Mucho menos debieron de costar los dos japoneses, capturados antes de que el primer ministro Abe prometiera 200 millones de dólares en ayuda humanitaria para los afectados por el conflicto. 

En ese momento, dejaron de ser simples rehenes para convertirse en peones políticos en manos del ISIS.

El negocio de los rehenes occidentales es una fuente de financiación importante para los grupos armados y criminales en Siria desde 2012. Ahora bien, en 2015, se ha vuelto mucho más rentable el tráfico de refugiados. Basta tener en cuenta dos datos: uno, que el viaje hasta Grecia cuesta entre 5.000 y 7.000 euros por persona, según el método de transporte. 

Eso significa un beneficio mensual para los traficantes de aproximadamente 100 millones de euros. Y otro, que a eso se añaden las llamadas economías de escala. Los mismos camiones con los que se traslada a los sirios a través de Turquía vuelven llenos de productos de contrabando que no se encuentran en el mercado sirio, como harina para el pan o pilas eléctricas. La compra se hace con el dinero en efectivo que los refugiados han pagado a los traficantes.

Cada día, una flota de camiones, camionetas, autobuses y automóviles atraviesa los pasos fronterizos entre Siria y Turquía controlados por el ISIS, que cobra una tasa por cada refugiado, obra de arte, barril de petróleo, etcétera, que sale de Siria, y otra por cada cargamento de contrabando que entra. Se calcula que el negocio proporciona al Estado Islámico entre 300.000 y 500.000 euros semanales, según el número de personas y el valor de las mercancías.

Varios negociadores en secuestros de europeos reconocen que la progresiva desestabilización de Siria, Irak y las zonas limítrofes es ventajosa para las finanzas del ISIS y los delincuentes sirios vinculados a él.

A juzgar por los motivos alegados por los autores de los atentados de París, los bombardeos sobre Siria e Irak contribuyen a facilitar el reclutamiento de combatientes en Europa con un coste ridículo. Fuera por el 11-S o por los atentados de 1998 contra las Embajadas estadounidenses en África, el mayor gasto que tenía Al Qaeda era el de la radicalización y el adiestramiento de los terroristas. 

Hoy, el adoctrinamiento del ISIS se lleva a cabo sobre todo en la Red, y con costes peligrosamente cercanos a cero. Los reclutas son europeos, jóvenes y jovencísimos musulmanes, a menudo nacidos en Europa, por lo que no necesitan trasladarse. 

También en la Red se lleva a cabo parte del adiestramiento: es posible planificar un atentado en un chat y entrenarse como guerrillero con una amplia gama de videojuegos. De ahí que el coste unitario de los atentados terroristas en Europa haya descendido.

El califato no necesita utilizar el modelo piramidal de Al Qaeda, con un cerebro central que decidía y financiaba en su totalidad las operaciones. Al contrario, el ISIS utiliza un modelo horizontal y orgánico: deja a los terroristas dispersos por el mundo la libertad de decidir los atentados, cómo realizarlos y cómo financiarlos. 

Todo ello es posible gracias a la tecnología, la amplia oferta de armas a precios muy asequibles y la popularidad del yihadismo en Europa y el resto del mundo. Un balance muy negativo tras 15 meses de bombardeos."               ( , El País , 16 NOV 2015)

16.11.15

¿Es el terrorismo yihadista el más peligroso? Sí, para los musulmanes

"¿Es el terrorismo yihadista el más peligroso?

Sí, para los musulmanes. Hace unos días, ISIS asesinó a 37 civiles en Beirut en una zona habitada en su mayoría por chiíes. En nuestros países, nadie puso en circulación hashtags o campañas de homenaje. Incluso muchos medios titularon que el atentado se había producido en una “zona controlada por Hizbolá”. No se hacen hashtags por Hizbolá.

En las guerras de Irak y Siria decenas o centenares de miles de musulmanes han muerto en esas guerras civiles cuyo punto de arranque fue la invasión norteamericana de Irak. No lo olvidemos. (...)

¿Es ISIS, como antes Al Qaeda, un amenaza real e inminente para los habitantes de Europa y EEUU?

La horrible carnicería de París nos lleva a pensar que el terror tiene en este planeta la forma de un joven musulmán fanático que hará lo que sea para matar a un europeo o norteamericano. La realidad indica que eso no es cierto. En EEUU, es más fácil acabar tiroteado por un compatriota.

Pero hay muertes que no exigen lanzar una guerra universal.

Evidentemente, si el que comete una matanza es un ultra cristiano, no hay que profundizar demasiado. Es sólo un loco. Su odio no representa a nadie y aquí no hay nada más que ver.

¿Nos enfrentamos a una guerra que hay que afrontar como tal y sin contemplaciones?

Desde 2001, los países occidentales han invadido Afganistán e Irak. Han lanzando sus drones sobre Pakistán, Yemen y Somalia en una campaña permanente que nunca tendrá fin. Han impuesto en Libia una zona de exclusión aérea que propició el derrocamiento de Gadafi. Han tolerado la invasión saudí de Yemen. 

Han reconstruido ejércitos como el iraquí que se han revelado como una banda mediocre y corrompida. Han anunciado que el régimen sirio debía desaparecer, ayudado a algunos grupos insurgentes y tolerado que saudíes y turcos armen a los más peligrosos de los enemigos de Asad. 

Han lanzado una campaña de bombardeos contra ISIS que lleva ya 8.125 ataques aéreos hasta el 12 de noviembre (con un coste de 5.000 millones de dólares, una media de 11 millones diarios), a la que ahora se ha sumado Rusia.

No parece que en catorce años la ideología oficial de Occidente haya sido el pacifismo. Sarkozy ha dicho que “nada puede ser como antes, debe ser una guerra total”. Entonces, ¿cómo definiría lo que ya ha ocurrido desde 2001?

¿Es una guerra contra el Islam en la que todos los musulmanes son sospechosos?

Nada gustaría más a los yihadistas que se extendiera esa idea en Europa. No hay que negar que muchos europeos piensan así, de lo contrario Marine Le Pen no insistiría tanto en ello. 

Para ISIS, sí es una guerra de civilizaciones frente al Occidente de los “cruzados” en la que pretenden reclutar a los musulmanes para convencerles de que la “yihad” que les exige su religión no consiste en esforzarse en vivir bajo sus preceptos, sino embarcarse en una guerra permanente contra los infieles.

Precisamente, eso es lo que sostenía una y otra vez Al Qaeda. Pensemos en todos los artículos tras el 11S que nos alertaban de que la organización de Bin Laden pretendía llevar el Islam al corazón de Europa, recuperar “Al Andalus” y sus glorias del pasado. Era la guerra definitiva en la que la típica pusilanimidad europea hacía prever un futuro oscuro.
Nada de eso ocurrió. No hubo ningún Al Andalus yihadista.

 Los musulmanes de Francia, Reino Unido y España no se rebelaron contra sus amos paganos. Bin Laden acabó escondido en un chalé viendo cintas de vídeo, fue eliminado a sangre fría y su cuerpo, tirado al mar. Su organización en Irak fue aniquilada (aunque resucitaría con otro nombre, el de ISIS, gracias a ese Estado fallido que es Irak y a la guerra siria).

Hay otra forma de ver lo que Bin Laden consiguió por si nos da alguna pista sobre lo que pasará con ISIS. En una época en la que a los líderes europeos les cuesta dejar su huella, podríamos preguntar si no es cierto que Bin Laden tendría razones, si siguiera vivo, para presumir de sus logros. 

En cierto modo, esa guerra permanente ha tenido en Occidente un precio terrible en términos políticos, económicos y morales. Nuestros inmaculados valores se defendieron en la prisión de Abú Ghraib desnudando a los presos y colocándoles una correa en el cuello; en Haditha, Irak, asesinando a sangre fría a hombres, mujeres y niños; y en las prisiones ocultas de la CIA aplicando el ‘waterboarding’ a los sospechosos de terrorismo. 

Me pregunto de dónde sacarán algunos que la prosperidad de Occidente nos ha vuelto blandos.

¿Cómo se alimenta la base ideológica del yihadismo?

La superioridad racista y xenófoba que sienten los yihadistas tiene uno de sus principales orígenes contemporáneos en el wahabismo saudí. A partir de aquí, no es necesario escribir más. En estos momentos tan dolorosos sería de mal gusto destacar que los valores republicanos franceses tienen un precio, eso sí, muy alto.

 Francia venderá a Riad todas las armas que necesite, por ejemplo para sostener futuras guerras como la actual de Yemen. Quizá esas armas vuelvan para despertarnos de nuestros sueños dentro de unos años, aunque habrá quien diga que somos inocentes. Lo nuestro sólo eran negocios.

¿Existe una amenaza interior en Occidente, una quinta columna yihadista?

Si fuera así, hace tiempo que atentados como los de Madrid, Londres y París se habrían repetido con una frecuencia insoportable. Pero es cierto que Francia tiene un grave problema. 

Cualquiera que conozca Londres y París conoce las diferencias entre ambas ciudades, sabe que en la capital francesa una generación de jóvenes, hijos y nietos de inmigrantes, ha crecido en su rechazo al Estado y el odio al único organismo público con el que tienen relación, la Policía. No conocen nada de la égalité y fraternité que aparecen en las grandes declaraciones de los políticos. 

Los poderes públicos sí hacen promesas, muchas, sobre la necesidad de que el Estado no abandone a las banlieues. Diez años después de los disturbios de 2005, “nada ha cambiado”.

Muchos de esos jóvenes se conforman con una cierta violencia de baja intensidad con la que responder a las injusticias, sean reales o exageradas. Algunos pueden ir más lejos y el Estado empieza a temer que sean demasiados como para controlarlos.

¿Significan los atentados de París que ISIS está más fuerte que nunca?

En los últimos días, los yihadistas han sufrido claras derrotas en la guerra siria. Una, ante los kurdos de las milicias del YPG, con el apoyo norteamericano, en la localidad de Sinjar, y la segunda en la provincia de Alepo, donde el Ejército ha levantado el sitio de la base de Kuweiris.

No está más fuerte que hace seis meses. No tiene ninguna posibilidad de avanzar hacia Damasco, mucho menos con el apoyo aéreo ruso a Asad. EEUU está aumentando sus suministros a los kurdos, su única manera de debilitar a ISIS sin fortalecer al mismo tiempo a Al Qaeda o Asad.

Pero hay que aceptar que mientras haya una guerra en Siria y el Estado iraquí sea incapaz de controlar su territorio, ISIS seguirá existiendo.

Cabe una posibilidad muy preocupante, que los yihadistas decidan que su “califato” no verá aumentar el territorio que controlan en Siria, y que su próximo campo de batalla está en Europa. Que quieran emular a la Al Qaeda de Bin Laden y su proyecto de atacar al “enemigo lejano”. Causarán mucho dolor, pero correrán el mismo destino."               (Guerra eterna, 15/11/15)

Molenbeek, santuario terrorista en el corazón de Europa, en Bruselas

"«Casi siempre que pasa algo [vinculado con el terrorismo] está relacionado con Molenbeek. Se han tomado muchas iniciativas contra la radicalización pero necesitamos poner el acento más en la represión», añadió Michel. 

Cualquiera que pase más de unos meses en Bruselas sabe que el país tiene un problema con Molenbeek y el radicalismo. Molenbeek es una de las 19 comunas de Bruselas, uno de sus distritos o agrupación de barrios más problemáticos. Es la segunda más pobre y la segunda más joven de toda la capital. 

Se encuadra en el oeste de la ciudad, en una amplia área que alberga a más de 95.000 personas. El porcentaje de extranjeros es superior al 27%. La tasa de paro roza el 31% y la de los jóvenes supera el 40%.

Al barrio se llega tras caminar apenas unos minutos desde la iglesia de Sainte-Catherine y poco más desde la Grand Place. Limita al norte, más o menos, por el parque Elisabeth y por el este con el canal de Charleroi, inaugurado hace casi dos siglos y que evoca el pasado industrial de lo que se conocía como Petit Manchester. 

Una parte histórica y ahora estigmatizada. Con algunas zonas tranquilas, residenciales. Y un núcleo masificado, con una densidad de población disparada de mayoría musulmana. Las zonas que acogieron en los 60 y los 70 a miles de marroquíes y norteafricanos y hoy son un quebradero de cabeza.

Las autoridades han mirado para otro lado durante mucho tiempo, mientras la situación empeoraba y el clima se volvía más irrespirable. De una manera u otra, la lista de los principales atentados europeos del siglo XXI, y el glosario de sus autores, conduce una y otra vez a Molenbeek. 

El 11-M, los atentados de Londres. El ataque al museo judío de Bruselas. Charlie Hebdo. Aquí vivieron los autores o las familias de buena parte de los yihadistas que han ido a combatir a Siria e Irak.  (...)

Hay un problema de recursos, de falta de voluntad, de miedo y de división política. Uno enorme, estructural. «Bruselas es una ciudad relativamente pequeña, de 1,2 millones de habitantes, pero tenemos seis departamentos de policía y 19 autoridades municipales diferentes», se lamentaba Jambon hace apenas unos días en un foro organizado por Politico. «Han dejado morir Molenbeek y más policías no van a arreglarlo. Mire a su alrededor, no hay esperanza», explica un jubilado nacido en las afueras de Rabat.

Es en Molenbeek donde Fouad Belkacem, el líder de Sharia4Belgium, hoy condenado a 12 años de cárcel, captó a decenas de jóvenes para la guerra santa en Siria. Pero el barrio no es una banlieue. 

Françoise Schepmans, la burgomaestre de la comuna, defiende estos días en todas las radios y televisiones que el barrio es «normal» y que los sospechosos y terroristas detenidos en los últimos años «no viven aquí, la mayoría de las veces están de paso». Pero es consciente de que todos, o casi, acaban pasando por ahí. De que su comuna es un santuario donde se sienten seguros, impunes.

Mehdi Nemmouche, el asesino que en 2014 hizo una masacre en el Museo Judío. Igual que Ayoub El-Khazzani, que intentó una carnicería este agosto en un tren en Thalys, y su hermano, condenado en 2009 en Marruecos por intentar un atentado. O Abdelhamid Abaaoud, conocido como Abou Omar Soussi, que se unió al IS. 

La Fiscalía abrió el año pasado casi 200 dosieres sobre terrorismo.Y las fuerzas del orden no han logrado penetrar hasta el corazón del movimiento yihadista. Son una minoría, pero difícil de controlar, registrar y combatir.

Molenbeek no es, todavía, una zona prohibida, donde no se pueda pasear, comprar o incluso entrar. Hay varias salas de conciertos muy conocidas y populares. Hay calles peligrosas y los jóvenes saben que por la noche es mejor evitar pasar, como en cualquier capital. 

Los terroristas y sus cómplices no dominan, pero la radicalización no la niega nadie. Hay imanes que captan combatientes, células durmientes, según avisó ayer el ministro de Exteriores. La deriva era lenta pero se ha acelerado y no hay a la vista fuerzas para frenarlas."                  (El Mundo, 15/11/15)

¿Qué hay que hacer para acabar con esto? Con esto no se acaba... Tenemos una situación como la actual para varias generaciones

"Ganar esta guerra es no perderla.

Pero después de ésta, vendrá otra similar, y luego otra similar también…

Me pregunta mucha gente: ¿Qué hay que hacer para acabar con esto?

Con esto no se acaba:

Tenemos, y, sobre todo, tienen los que vendrán, una situación como la actual o más bien peor para varias generaciones. Digamos, en general, para el siglo XXI. 

Todos esos avances del genoma y la lucha contra el cáncer y etcétera, vendrán, sí. Pero se quedarán para los señoritos del mundo.  

Hemos, y habréis, y habrán de hacerse a la idea de que no se puede acabar con este tipo de guerras. Hay que irlas ganado una a una y, sobre todo, hay que acostumbrarse a vivir en la guerra, a gestionar la guerra.

Durante años el Imperialismo ha sido un pimpampum de feria muy cómodo: Cualquiera, desde cualquier ideología, podía ganarse unos puntos criticándolo. Desde la izquierda antiamericana hasta la Guerra de las Galaxias.

Pero los imperios, desde que se inventaron hace cinco mil años, tenían una virtud: Imponían la paz en un espacio en el que antes, y después, había una pléyade de grupos étnicos dispuestos a zurrarse la badana a modo. 

La Pax Romana sembró de crucificados las vías romanas, pero antes las construyó. Evidentemente ha habido imperios más bestias e imperios más benévolos. Pero el quid de la cuestión es que, en este estado de la humanidad, sin imperio que imponga su paz, hay lo que tenemos. Y ya no quedan imperios.

O sea: esta situación no se acabará hasta que no haya un imperio que se imponga, y el único que se puede vislumbrar, por el momento, es un futuro imperio chino. Quizá nuestros esfuerzos deban estar dedicados a conseguir que los chinos sean lo más civilizados posible.
Hay una alternativa, pero sólo sobre el papel, que lo aguanta todo: el triunfo de la democracia en los diferentes países y consiguientemente la solución de los problemas mediante el diálogo.

Estamos muy lejos de eso, por una razón muy sencilla: Para que en un país triunfe la democracia no basta que haya una minoría urbana que sabe leer y escribir, usa Internet, chamulla mejor o peor el inglés y quiere tener wifi en sus ciudades, y cine americano y música y tiendas de Zara y McDonalds; y que están dispuestos a montar una primavera para pedir todo eso. 

En sus países, por cada demócrata de esos hay diez proletarios rurales a los que todo eso les importa un bledo porque lo que quieren es hacer lo que les dicen sus señoritos (civiles, militares y religiosos) de toda la vida. O sea, como en España, sólo que aquí ya no son rurales.  

Para que en un país triunfe la democracia hace falta una muy respetable mayoría de demócratas. Si no, se va al caciquismo y se regresa a donde ya estaban.

Y para que el mundo esté poblado mayoritariamente de demócratas faltan muchos, muchos años."               (La Lamentable, 16/11/15)

3.2.15

La solución es la tolerancia cultural y religiosa, la integración social, la cooperación internacional. Pero es demasiado tarde. Hemos entrado en la barbarie...

"El bárbaro asesinato de los periodistas de Charlie Hebdo es un atentado contra la libertad de expresión. Y por tanto contra la libertad de cada uno. Todos somos Charlie. 

Aunque algunos pensemos que publicar dibujos de Mahoma con el culo al aire es una provocación de mal gusto que exacerba la rabia de los ofendidos. Pero no puede haber excepciones al ejercicio libre del periodismo, fundamento de una sociedad democrática. Sin embargo, el ataque yihadista de París tiene un significado más profundo: es una escalada en una guerra iniciada hace dos décadas y que ha cambiado el mundo. 

La estrategia diseñada por Bin Laden está dando resultados en gran parte por la falta de inteligencia de los países occidentales que caen en todas las trampas.

El principio es muy sencillo: hurgar en las llagas de la injusticia social, la humillación cultural y los enfrentamientos religiosos hasta desencadenar la violencia entre los bandos resultantes de esa división. Ese fue el objetivo del ataque a Nueva York: provocar a Estados Unidos a llevar la guerra a Afganistán, una guerra de la que no saldrán victoriosos.  (...)

Paralelamente, la estrategia en Europa consistió en aprovechar la discriminación de las minorías musulmanas y el no respeto a su cultura para fomentar la rebelión entre los jóvenes hartos de humillaciones y exclusiones aunque fueran ciudadanos. 

La hostilidad creciente entre jóvenes musulmanes y la mayoría de los ciudadanos se alimentó recíprocamente. Y ahí incidió eficazmente la propaganda yihadista, tanto desde algunas mezquitas como mediante internet. Lo que llevó a estigmatizar las mezquitas (en Suiza se prohibieron los minaretes).  (...)

La otra dimensión clave de la estrategia yihadista ha sido la expansión mundial de los grupos terroristas en forma de red con casi total autonomía de cada nodo en esa red, porque se generan espontáneamente. De ahí la importancia de internet para mantenerse informados y sentirse parte de un movimiento global. La estructura en red hace muy difícil su represión.   (...)

Así se ha establecido un canal permanente de comunicación entre sectores de la juventud musulmana (o conversa) marginada y humillada en Occidente y la tierra liberada en el Oriente Medio. Lo cual conduce a una guerra interminable en los territorios que van cayendo bajo control yihadista por la incompetencia y corrupción de gobiernos como el de Iraq. Y a un estado de alerta permanente en Europa y EE.UU. 

Poco a poco nuestras sociedades se están israelizando, es decir, viviendo en el miedo cotidiano y en el imperativo de la seguridad por encima de todo. Y una parte de los ciudadanos europeos empieza a adoptar la islamofobia (una forma extrema de racismo) como bandera identitaria, como demuestra el auge de Pegida en Alemania.

Por eso el ataque a Charlie Hebdo representa un paso decisivo y ominoso en el proceso de hostilidad recíproca que se retroalimenta con cada acto de violencia. Claro que la solución es la tolerancia cultural y religiosa, la integración social de los jóvenes, la cooperación internacional. Pero es demasiado tarde. Hemos entrado en la barbarie."          (Demasiado tarde, de Manuel Castells en La Vanguardia, en Caffe Reggio, 10/01/2015)