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3.7.24

Los resultados de las elecciones han mostrado un incremento del apoyo popular hacia los partidos ultras... se trata de un fenómeno global que afecta a las principales democracias del mundo... se trata de de una reacción ciudadana frente al sistema impuesto desde las élites empresariales, económicas, financieras y políticas gracias a la crisis de 2008... ese sistema se basa en el incremento de la desigualdad y en el sometimiento de los gobiernos democráticos a los intereses de la minoría privilegiada... La inmensa mayoría de la ciudadanía está en peor situación que antes de ese año y, lo que es peor, los ciclos políticos no generan esperanzas de que el escenario se vaya a revertir... Este es el principal incentivo que tiene la ciudadanía para decantarse por la extrema derecha. No hay tantos millones de fascistas en Europa o en Estados Unidos. No estaban dormidos ni eran abstencionistas. Antes votaban a los distintos partidos del arco ideológico. Sin embargo, la falta de soluciones por parte de la clase política actual ha dejado sin opciones al electorado, sobre todo cuando hay situaciones de extrema vulnerabilidad que sólo es paliada gracias a la economía sumergida o al escudo familiar... A la extrema derecha sólo se la puede parar con un reseteo absoluto del sistema en el que las políticas sean para beneficio del pueblo, caiga quien caiga y las pague quien las tenga que pagar... La extrema derecha seguirá creciendo y terminará gobernando en las principales democracias del mundo si los políticos tradicionales siguen viendo fachas por las esquinas (José Antonio Gómez)

 "No hay mejor alimento para una enfermedad que el error de diagnóstico de un médico, porque mientras se buscan soluciones o se dan al paciente medicamentos equivocados, el virus o la bacteria avanza sin ningún tipo de control. Eso es lo que está sucediendo con el crecimiento de la extrema derecha en Europa y Estados Unidos. Los partidos tradicionales de todo el ámbito ideológico están haciendo un diagnóstico absolutamente erróneo que, finalmente, tiene como consecuencia que estas formaciones populistas y sus líderes continúen creciendo.

Los resultados de las elecciones al Parlamento Europeo del pasado 9 de junio y las legislativas francesas han mostrado un incremento del apoyo popular hacia los partidos ultras, que se refuerzan con las victorias de Javier Milei en Argentina, Nayib Bukele en El Salvador y el liderazgo en las encuestas de Donald Trump en Estados Unidos. Es decir, se trata de un fenómeno global que afecta a las principales democracias del mundo, no una cuestión nacional o regional.

 Desde luego, no se trata de un problema político ni ideológico sino de una reacción ciudadana frente al sistema impuesto desde las élites empresariales, económicas, financieras y políticas gracias a la crisis de 2008. El «éxito» de ese sistema se basa en el incremento de la desigualdad y en el sometimiento de los gobiernos democráticos a los intereses de la minoría privilegiada.

Uno de los problemas sociales y económicos más importantes de las democracias occidentales es el alto nivel de desigualdad en la distribución de ingresos, que se ha disparado desde el año 2008. Una de las razones principales de esta realidad es la menor capacidad redistributiva del sistema de impuestos y prestaciones sociales.

Esta gran desigualdad persiste en el tiempo y hace que las clases medias y trabajadoras sean más vulnerables ante posibles shocks económicos, ya que la desigualdad crece rápidamente cuando la economía está en recesión y se reduce poco cuando se expande. Sin embargo, cuando han empezado los ciclos de recuperación tras la crisis de 2008, los únicos que han recogido los beneficios han sido esas clases privilegiadas. La inmensa mayoría de la ciudadanía está en peor situación que antes de ese año y, lo que es peor, los ciclos políticos no generan esperanzas de que el escenario se vaya a revertir. Todo lo contrario, los dirigentes democráticos demuestran día a día, independientemente del partido o la ideología a la que pertenezcan, que son cómplices.

 Este es el principal incentivo que tiene la ciudadanía para decantarse por la extrema derecha. No hay tantos millones de fascistas en Europa o en Estados Unidos. No estaban dormidos ni eran abstencionistas. Antes votaban a los distintos partidos del arco ideológico. Sin embargo, la falta de soluciones por parte de la clase política actual ha dejado sin opciones al electorado, sobre todo cuando hay situaciones de extrema vulnerabilidad que sólo es paliada gracias a la economía sumergida o al escudo familiar

 

Por tanto, lo que es un problema social, económico y sistémico, los distintos partidos la analizan desde un punto de vista político e ideológico. No hay ni un atisbo de autocrítica y, en consecuencia, no hay esperanza de cambios. No se trata de políticas progresistas o neoliberales, se trata de una cuestión de ruptura con el sistema.

«Estos son mis principios, y si no le gustan, tengo otros». Esta cita mal atribuida a Groucho Marx, dado que su origen se encuentra en un periódico de Nueva Zelanda del año 1873, es la mejor definición posible a la actual clase política. Se adaptan a lo que haga falta porque no trabajan para la ciudadanía, como es su función constitucional, sino para las minorías privilegiadas.

Intentar frenar a la extrema derecha sin autocrítica y con el diagnóstico erróneo de que se trata de cuestiones ideológicas o políticas es un gravísimo error. A la extrema derecha sólo se la puede parar con un reseteo absoluto del sistema en el que las políticas sean para beneficio del pueblo, caiga quien caiga y las pague quien las tenga que pagar. La ciudadanía ya se ha hartado de grandes anuncios que luego no se reflejan en la vida diaria o en las cuestiones cotidianas. Las familias están hartas de escuchar que las economías de los países están creciendo mientras comprueban que las personas son cada vez más pobres o se ven obligadas a aceptar abusos que antes de la crisis de 2008 eran imposibles de ejecutar.

La extrema derecha seguirá creciendo y terminará gobernando en las principales democracias del mundo si los políticos tradicionales siguen viendo fachas por las esquinas."          

 ( , Diario16, 01/07/24)

15.11.18

Solo el 0,8% de los españoles sostiene que se ha salido totalmente de la Gran Recesión... es cierto, no se ha salido, digan lo que digan los economistas. El 92% cree que la responsabilidad de la crisis fue en mucha o bastante medida de los bancos... es cierto, fue culpa de los bancos. El 90% atribuye a los políticos una de las mayores burbujas inmobiliarias en el mundo... es cierto, es lo que hicieron los políticos cuando gobernaban las cajas de ahorros... y el 80% teme la llegada de una nueva recesión... también tienen razón... así que recemos...

"(...) la economía es un estado de ánimo, y la encuesta traslada la sensación de que en la sociedad que deja la crisis los ciudadanos ascienden algo, pero muchos se siguen ahogando: un 31% cree que no se ha salido de la crisis “en absoluto”; un 53,4% nota cierta mejoría pero considera que seguimos en crisis. Y solo el 0,8% sostiene que se ha salido totalmente de la Gran Recesión.

El informe deja claro que las cicatrices siguen a flor de piel, y que el reparto de las cargas está descompensado: el 93,1% de los españoles coincide en que la crisis ha supuesto más sacrificios para los que menos tienen. 

Aunque la gran mayoría considera que todos los grupos de edades se han visto perjudicados, son considerablemente menos los que sostienen que así ha sido para los mayores de 65 años: más del 90% cree que los jóvenes de entre 18 y 34 años, pero también los que tienen entre 35 y 44 y entre 45 y 64 han sufrido “mucho o bastante”, pero ese porcentaje baja hasta el 74,4% para los que están en edad de jubilarse.




Los encuestados consideran que España es hoy un país con más pobreza (73,6%) y menor calidad en el empleo (77,9%), con mayores desigualdades (67,4%) y menor desarrollo económico (58,5%) que hace 10 años. Las estadísticas oficiales reflejan esas impresiones: un tercio de la población sufre riesgo de pobreza y exclusión social, incluidos parte de los asalariados. Y los ingresos de todos los grupos de edad han caído: la única excepción son los mayores de 65 años, según la Agencia Tributaria.

 Lo que la socióloga Belén Barreiro, directora de 40dB, bautizó en su día como “bancofobia” se ve perfectamente reflejado en la encuesta. Ese malestar difuso se concreta en la búsqueda de culpables de la crisis: el 92% de los españoles cree que la responsabilidad de la crisis fue en mucha o bastante medida de los bancos; esa cifra es muy superior a la que arrojan informes similares en otros países europeos. 

La encuesta deja varias ráfagas para el sistema financiero: más del 90% reclama aplicar más regulación a la banca, y casi el 60% cree que las entidades financieras se preocupan ahora menos por el interés general.

La política es el segundo gran culpable: el 91,2% de los encuestados asigna responsabilidades a la clase política; más del 90% la atribuye a una de las mayores burbujas inmobiliarias en el mundo. Entre los responsables figuran también la troika —con las políticas de austeridad impuestas por la Comisión Europea, el BCE y el FMI—, el Banco de España y las grandes empresas. Pero la ciudadanía tampoco elude la autocrítica: 6 de cada 10 españoles (el 59,5%) sostienen que el propio endeudamiento de la ciudadanía forma parte del semillero en el que creció la crisis.

La encuesta deja una crítica rotunda al sistema y a quienes toman las decisiones: el 42,4% cree que el capitalismo no es compatible con la democracia, ya que genera desigualdad y pobreza. La Gran Crisis, además, ha supuesto una sacudida del panorama político: dos tercios de los españoles creen que ha provocado el declive del bipartidismo y el ascenso de Podemos y, en menor medida, de Ciudadanos.

Las secuelas de la experiencia traumática de la crisis aún se dejan sentir: los españoles han vivido estos años con preocupación (63,6%) angustia (16%), irritación (15,5%), miedo (11,2%) o hartazgo (9,4%).

 Porcentajes que sustentan las conclusiones del sociólogo Jean-Paul Fitoussi sobre los efectos secundarios de la Gran Recesión: “Incertidumbre, inseguridad, temor, indignación, desconexión política y explosiones de corte populista”. Y que justifican el hecho de que más del 80% tema la llegada de una nueva recesión —la tercera desde 2008— en menos de un lustro.  (...)

Los datos no dejan lugar a dudas. La crisis económica es responsable de la caída electoral del PP y el PSOE, según el 68% de los encuestados. Ese dato va indisolublemente unido al 66,3% que vincula la aparición de Podemos a la crisis. Ese porcentaje desciende hasta el 51,7% cuando se les pregunta por el surgimiento de Ciudadanos.(...)"                       (El País, 11/11/18)

27.2.18

Nancy Fraser: “Lo que hay que hacer es crear una alternativa de izquierdas a estas dos horribles opciones que se nos presentan, el neoliberalismo progresista y el populismo reaccionario”... el feminismo reciente que se alió con el neoliberalismo progresista fue el feminismo del 1%, y ahora estamos dedicadas a construir un feminismo para el 99%




"(...) Fraser difiere de su colega Jodi Dean en la defensa táctica del populismo. “Lo que hay que hacer es crear una alternativa de izquierdas a estas dos horribles opciones que se nos presentan, el neoliberalismo progresista y el populismo reaccionario”, señala la profesora de la New School for Social Research de Nueva York. 

Y no le duelen prendas en romper con la ortodoxia para hacerlo. “Propongo que llamemos a esta alternativa de izquierdas ‘populismo progresista’, pero lo entiendo como una transición hacia un socialismo democrático, feminista, con conciencia ecológica, antirracista, anti-imperialista”.

En su trabajo, describe la historia del feminismo como un drama en tres actos. Señala cómo el feminismo abandonó sus tendencias más radicalmente transformadoras, y el neoliberalismo fue capaz de amortiguarlas. ¿Cuáles son esos actos, y en qué medida vienen marcados por el cese de las luchas por la redistribución a favor del reconocimiento?

Cuando el feminismo de segunda ola irrumpió en los 60 y 70, formaba parte, claramente, de la Nueva Izquierda, y de la oleada de levantamientos juveniles, del antimperialismo. Era el tiempo de la Guerra de Vietnam, del movimiento por los derechos civiles, del poder negro. El feminismo de segunda ola desarrolló un cariz radicalmente anticapitalista, antimperialista y antirracista  (...)

El feminismo de segunda ola empezó a gravitar en una dirección liberal. Ahora bien, en los Estados Unidos, esa es la posición por defecto de cualquier movimiento social. Somos un país que no tiene un entendimiento estructural robusto de cómo la desigualdad y la opresión y la injusticia están profundamente enraizadas en la estructura de una sociedad capitalista. Pronto, el feminismo de segunda ola se convirtió en lo que yo llamaría un movimiento meritocrático en lugar de uno igualitario.

 La idea es que se intentan desmantelar las formas de discriminación que impiden el ascenso de las “mujeres talentosas” a la cima de la jerarquía corporativa. Según este modelo, la igualdad de género significa, en esencia, que las mujeres de la clase directiva o gerencial sean iguales a los hombres de la clase directiva. No significa realmente desarrollar una sociedad igualitaria para todos.

Sin embargo, su relato no termina ahí. ¿Qué abre la puerta a la posibilidad de un tercer acto?

Con el estallido de la crisis financiera de 2007/2008, de pronto la idea del capitalismo neoliberal, globalizador y financiarizado empezó a ser cuestionada.  (...)

Empezó a tambalearse. Y es esto lo que veo como el tercer acto del drama, una oportunidad para un nuevo tipo de feminismo.

Ha escrito sobre las alianzas peligrosas que el feminismo trazó, a menudo involuntariamente, en sus fases anteriores con la expansión del mercado y la profundización neoliberal. ¿A qué errores concretos se refiere?

 Mientras la socialdemocracia se desmoronaba, y la reemplazaba el neoliberalismo, los postulados y críticas feministas de alguna manera cambiaron de significado. Un ejemplo es la crítica feminista del salario familiar, el modelo del hombre que gana el pan y la mujer ama de casa. (...)

La crítica del modelo del salario familiar se convirtió en lo que hoy llamamos la familia con doble retribución. Eso suena muy bien sobre el papel, pero se ha desarrollado en un contexto en el que se atacaba a los sindicatos, se reducían los salarios reales para todo el mundo, se desindustrializaba el antiguo centro productivo del planeta, redundando en el reemplazo del empleo seguro, sindicado, de salarios altos, por trabajo muy precario en el sector servicios, con salarios bajos.

Dicho de otro modo, la crítica feminista del salario familiar ofreció una cierta legitimidad en la que la liberación de la mujer se entrelazó con los profundos cambios en la economía política del trabajo, que fue muy negativo para la inmensa mayoría de los trabajadores en un país como EE.UU., incluida la inmensa mayoría de las mujeres, cuyos estándares de vida empeoraron.

La crítica del feminismo de segunda ola del paternalismo del estado de bienestar. Esta crítica, también tenía un tirón emancipador en el contexto de la socialdemocracia.

 Pero, cuando la socialdemocracia se desmorona y el neoliberalismo ocupa su lugar, se convierte en la crítica al “papá estado”, la idea de que los mercados son mucho más libres, empoderadores y participativos que la pesada y vertical burocracia. Esa fue otra recuperación irónica de un argumento feminista para propósitos neoliberales.

Pareciera que el espacio para la lucha por la emancipación se cierre con los procesos que describe. Observando el panorama actual, ¿dónde le parece que puede surgir una alternativa?

Lo que nos presentan una y otra vez las élites políticas es una elección entre una emancipación superficial, meritocrática, conectada con la globalización neoliberal de las finanzas… Esa es una opción, que podemos llamar ‘neoliberalismo progresista’.

 Y, del otro lado, tenemos el populismo reaccionario. Esas son las dos opciones, al parecer, el neoliberalismo progresista de, digamos, Hillary Clinton, contra el populismo reaccionario de Donald Trump, que promete proteger a los trabajadores de los destrozos del mercado, pero que está a menudo infectado de un tinte persecutorio, que busca señalar chivos expiatorios.  

En Estados Unidos hubo, por un momento, una tercera opción, que era Bernie Sanders, lo que podríamos llamar populismo progresista, que intentaba proteger a los trabajadores, con una visión emancipadora no persecutoria, que no busca chivos expiatorios, inclusiva, que valida los postulados de la igualdad de género, el antirracismo y todo eso. Desgraciadamente, esa tercera alternativa no superó las primarias en nuestro sistema electoral. (...)

Es un concepto curioso, el del ‘neoliberalismo progresista’. ¿Hasta qué punto tiene que ver con el abandono de batallas articuladas en torno a la diferencia de clase y a la economía? ¿Y en qué medida sirvieron estas para allanar el camino de Trump hasta la Casa Blanca?

Durante más de dos décadas, lo que llamo neoliberalismo progresista ha sido la formación política hegemónica, una alianza que reemplazó a lo que en Estados Unidos se puede llamar la alianza del ‘New Deal’, que incluía a las fuerzas sindicales, los afroamericanos, y las clases medias con nivel educativo alto. Esta nueva alianza pasó a estar formada por las finanzas, la alta tecnología, Hollywood. No son ya los sectores manufactureros, sino los del capitalismo cognitivo.  (...)

Ese asalto a las condiciones materiales de la gente, cuyas vidas estaban ligadas al sector manufacturero, ha creado, en suma, un electorado para que el populismo de derechas, reaccionario, se desarrolle.

Y eso es lo que Donald Trump supo canalizar como un ventrílocuo. A eso le dio voz y, además, empujó lo que era una revuelta populista en una dirección muy fea, conectada con aspectos xenófobos, anti inmigrantes, anti mexicanos, anti musulmanes, excluyentes y persecutorios.

Lo que atrajo a la clase trabajadora, a los obreros blancos desindustrializados fue el hecho de que, a su entender, el antirracismo, el feminismo, los derechos LGTBTQ, los de los inmigrantes, todas estas cuestiones estaban asociadas con el neoliberalismo y la financiarización. Al hacer esa asociación, no estaban del todo equivocados porque fue la alianza progresista con los neoliberales la que dio pie a que eso se produjera.(...)

 Hubo y podría volver a haber versiones de izquierdas, de defensa de los obreros, de esos movimientos.

El neoliberalismo progresista fue sin ninguna duda la condición que propició el ‘trumpismo’ en Estados Unidos, del mismo modo que la neoliberalización del partido socialista francés fue la condición propiciatoria del ascenso de Marine Le Pen, o que el Nuevo Laborismo británico, el ‘blairismo’ fue la condición propiciatoria del ascenso del Brexit y otras formas de “encerrarnos en nosotros mismos y defendernos de los otros”.  (...)

¿Qué gramática debe guiar al feminismo y el resto de movimientos de nuevo cuño para evitar repetir los errores del pasado?
 
Creo que Sanders, en cierta medida, nos mostró el camino. Habló de un sistema amañado contra los pobres. Habló de la clase de los multimillonarios. Empleó, o sugirió, el lenguaje del movimiento Occupy Wall Street.

 Creo que hoy estamos en condiciones de afirmar que el feminismo reciente que se alió con el neoliberalismo progresista fue el feminismo del 1%, y ahora estamos dedicadas a construir un feminismo para el 99%. Creo que tenemos que tenemos que hacer que todos los movimientos sociales rompan con su versión para el 1%.

 Necesitamos un ecologismo para el 99%, un antirracismo para el 99% un movimiento de emancipación LGBTQ para el 99%. Y creo que esa es la alternativa que podríamos llamar populismo progresista que intenta combinar, como hemos dicho antes, la vertiente de la protección social con la vertiente emancipadora."              (Entrevista a Nacy Fraser, IGNASI GOZALO-SALELLAS / ÁLVARO GUZMÁN BASTIDA / HÉCTOR MUNIENTE, CTXT,18/02/18)

14.2.17

Sobran los expertos, que son identificados con la tecnocracia oligáquica y sus políticas neoliberales contra las que se rebelan las clases populares

"(...) La desconfianza, cuando no el desprecio, hacia los expertos forma parte de esa nueva identidad política que emerge tras el referéndum de junio en el Reino Unido. (...)

En noviembre, Glyn Davies, diputado conservador, publicó en Twitter un mensaje: “Personalmente, nunca he considerado a los académicos como expertos. (...)

Apelar al conocimiento experto, en estos tiempos, es un signo de elitismo e implica el rechazo al diálogo en el que se basa la democracia. “Pero la democracia es un sistema de gobierno, no denota un estado de igualdad. Tener los mismos derechos no implica tener las mismas habilidades, talentos o conocimientos”, afirma Tom Nichols en su defensa de los expertos.  (...)

Que posverdad haya sido elegida la palabra del año dice mucho de los tiempos en los que nos movemos. A la manera de la neolengua de Orwell, las mentiras son disfrazadas con un término más elegante, los hechos son ignorados y las opiniones se presentan como verdades contrastadas. 

Con estas bases, el necesario diálogo democrático está siempre limitado, desprovisto de toda apelación al mundo real, mientras que, de forma paradójica, se reprocha a los especialistas su escaso conocimiento de la realidad.

 En este contexto, explica Nichols, “no estar de acuerdo es insultar. Corregir a otro es ser un “hater”. Y negarse a reconocer puntos de vista alternativos, aunque sean fantásticos o estúpidos, es ser intolerante”. (...)

¿De dónde surge este desprecio a los expertos por parte de las nuevas identidades políticas? Si atendemos a los resultados del referéndum del Brexit, parece obvio que la demografía del experto es la del remainer. Las personas con mayores niveles educativos y mayores niveles de renta votaron en su mayoría por la continuidad.

 La metrópoli cosmopolita que es Londres, así como Oxford y Cambridge, votaron por permanecer en la Unión Europea. Los cuatro principales partidos y buena parte de las empresas, bancos y la City de Londres apostaban por la permanencia. 

Y buena parte de sus argumentos venían a apoyarse en las opiniones de expertos, que de este modo se alineaban con el establishment. Frente a esta alianza, personajes como Farage (y Trump en el contexto americano) se presentan como alternativas, outsiders que rechazan alinearse con las posiciones dominantes.  (...)

Los expertos son identificados, así, con la tecnocracia que ha impulsado las políticas neoliberales contra las que se rebelan los discursos de Donald Trump o Marine Le Pen, que prometen proteccionismo económico, control de la inmigración y abandono del multilateralismo. 

Como ha señalado Esteban Hernández, en nuestra época cuando un país no es gestionado eficazmente (según los parámetros neoliberales), se coloca a un tecnócrata al frente (mientras que en el siglo pasado se colocaba a un militar). 

Y, como en el caso italiano, esos expertos llamados a gestionar un país al margen de ideologías no hacen otra cosa que aplicar políticas de austeridad que perjudican a las clases más populares y alimentan su rabia hacia el sistema.  (...)

Muchos han señalado que la  posverdad es una forma elegante de llamar a la mentira. La alta circulación de noticias falsas en la campaña de las elecciones estadounidenses y el grosero uso de las cifras en la campaña del Brexit son buenos ejemplos. 

Pero el rechazo al conocimiento experto tiene sus raíces en un rasgo del comportamiento social que ya advirtió George Lakoff en su clásico panfleto No pienses en un elefante. Mientras que desde la izquierda se intentaba convencer a los potenciales votantes con datos, la derecha había comprendido que lo importante es ganarse el corazón de los votantes, apelar a sus emociones y sentimientos morales, definiendo el marco del discurso en sus propios términos. “Los meros hechos no te dejan el camino expedito. 

Tienes que reconfigurar los marcos en que se discuten los asuntos, antes de que los hechos puedan resultar significativos y hacerse contundentes”.  Como señala Guillermo Fernández Vázquez en su análisis del discurso proteccionista de Marine Le Pen, “el discurso del Frente Nacional conecta con el Make America Great Again de Donald Trump o el ‘Nuevo Día de la Independencia’ que presidió la campaña británica en los días previos al Brexit

El punto decisivo es que todos estos discursos convocan a un pueblo a hacer cosas grandes; y además le piden que lo haga estando juntos”.

Las nuevas identidades políticas articulan un discurso que se opone al establishment y los expertos son vistos como parte integrante del sistema. El lenguaje político de este momento se centra en apelar a “la ciudadanía para recuperar colectivamente todo aquello que se siente a la vez como importante y amenazado”.

 Es la descripción del discurso de Marine Le Pen, pero encaja también con el discurso de Podemos o del Brexit. Se apela a la emoción, a la épica, al miedo y a la nostalgia. Es la época de los oradores y los demagogos, difícilmente la del experto con su arsenal de datos y técnicas que prometen explicar el mundo en términos objetivos. "              (Héctor Fouce, 01/02/17)

26.12.16

Tony Blair: se acaba la capacidad de las élites para seguir convenciendo a la gente... que se irá tanto hacia la extrema derecha como hacia la extrema izquierda

"(...) ¿Se han apoderado también del pensamiento? Usted habla de la "Batalla de las ideas", que se habría desarrollado en paralelo. 

Es evidente que han saltado alarmas. Por un lado, ha habido actuación empresarial en el mundo universitario, sobre todo en el terreno de las ciencias sociales, a partir de las subvenciones y el mecenazgo.

Es evidente que, si tú no eres 'de los buenos', no esperes que te vengan a ofrecer una ayuda para una investigación privada. Por otro lado, hay otro elemento fundamental que es el control de los medios de comunicación. El papel político de los medios es importantísimo. Menos el de la prensa de papel, que cada vez tiene menos actividad. 

Es grande el de la radio, pero sobre todo es importante el de las televisiones. Y está claro que las televisiones privadas tienen unos filtros muy claros respecto a lo que dejan pasar política e intelectualmente. 

Los noticiarios, que constituyen la base de la información que recibe un ciudadano medio, están perfectamente filtrados, hasta extremos a veces ridículos. Evidentemente, detrás están los intereses empresariales, que están claramente presentes.

 En este sentido, ¿cree que los valores ideológicos de las clases privilegiadas se han extendido al conjunto de la población?

La función que ejercen los medios consiste sobre todo en determinar la opinión en cuestiones que tienen que ver con la política inmediata. En cuanto a influir en ideas sobre la sociedad... seguramente su función es más subsidiaria, a pesar de que pueden acabar influyendo.

 Pero tampoco se puede olvidar que, ante el choque entre la realidad y el mundo que te intentan pintar los medios, hay unas formas de rechazo y de repensamiento que se manifiestan, sobre todo, en reacciones desde abajo, en toda esta serie de movimientos de protesta que se producen en el tejido social. 

De hecho, yo diría que una de las grandes esperanzas de futuro reside justamente en esta función crítica que se está produciendo desde abajo, y que tiende a crear formas organizativas, más que en la función que pueden seguir teniendo partidos que, de alguna manera, ejercen una función educadora desde arriba. 

Es decir, que interpretan desde arriba. No puedes estar engañando y envenenando indefinidamente a la gente cuando el contraste con la realidad de cada día les obliga a la fuerza a reflexionar. Ahora, que de todo esto tengan que surgir fuerzas que tengan un peso fundamental en la transformación social, seguramente tendrá que pasar mucho tiempo para que sea así.

 En este sentido, ¿cree que los valores ideológicos de las clases privilegiadas se han extendido al conjunto de la población?

La función que ejercen los medios consiste sobre todo en determinar la opinión en cuestiones que tienen que ver con la política inmediata. En cuanto a influir en ideas sobre la sociedad... seguramente su función es más subsidiaria, a pesar de que pueden acabar influyendo. 

Pero tampoco se puede olvidar que, ante el choque entre la realidad y el mundo que te intentan pintar los medios, hay unas formas de rechazo y de repensamiento que se manifiestan, sobre todo, en reacciones desde abajo, en toda esta serie de movimientos de protesta que se producen en el tejido social. 

De hecho, yo diría que una de las grandes esperanzas de futuro reside justamente en esta función crítica que se está produciendo desde abajo, y que tiende a crear formas organizativas, más que en la función que pueden seguir teniendo partidos que, de alguna manera, ejercen una función educadora desde arriba. 

Es decir, que interpretan desde arriba. No puedes estar engañando y envenenando indefinidamente a la gente cuando el contraste con la realidad de cada día les obliga a la fuerza a reflexionar. Ahora, que de todo esto tengan que surgir fuerzas que tengan un peso fundamental en la transformación social, seguramente tendrá que pasar mucho tiempo para que sea así.  (...)

 ¿Cree que fenómenos como la victoria de Trump en Estados Unidos. o el auge de la extrema derecha en Europa, son otra forma de rechazo popular?

Todo esto que ahora llaman "populismos"... Cuando se produjo el Brexit, una de las personas que lo vio más claro fue el señor Tony Blair, que sabía de qué hablaba, y dijo que se estaba acabando la capacidad de las élites dirigentes para seguir convenciendo a la gente, y que lo que había por debajo se iba tanto hacia la extrema derecha como hacia la extrema izquierda. 

Este es un fenómeno nuevo que muestra que se están produciendo cambios. Cuando se habla de manera simplista de "populismos", creo que no se entiende que lo que hay detrás es mucho más complicado. 

Supongo que esto se acabará viendo en EStados Unido, en donde evidentemente la respuesta ha sido un gran error, como se está viendo en la formación de su gobierno. Hay muchos testigos del mundo rural norteamericano que apoyaron a Trump porque pensaban que acabaría con la corrupción de Washington, y es evidente que lo que hará es establecer una corrupción todavía mayor. Trump subió [al poder] con dos promesas. Una, acabar con la corrupción del sistema. 

Y evidentemente, la idea de los demócratas de presentar como candidata a Hillary Clinton, que representaba lo más corrupto que pudiera haber, fue una equivocación brutal. Y segunda, Trump prometió a los trabajadores que acabaría con la deslocalización, pero no les dijo en ningún momento que acabaría con la evasión de impuestos. Eran promesas elementales que mucha gente entendía.

¿Es más fácil que a las clases populares, descontentas con la situación actual, les lleguen antes estas promesas de la extrema derecha o la derecha populista, por el hecho de ser más elementales, que las de la izquierda?

Evidentemente. Han hecho un tipo de promesas que parecían responder al malestar de la gente. Cuando la señora Le Pen dice: "prohibiremos que vayan a la escuela los hijos de los inmigrantes"... La idea de expulsar a los inmigrantes, y así habrá más puestos de trabajo, es una idea muy primaria. Pero hablamos de esto y la gente se olvida de una cuestión a la que no se presta atención, o que se intenta esconder. 

Y es que el crecimiento de la desigualdad no se produce sólo en el interior de las sociedades desarrolladas, sino también a escala global. Hay un potencial de millones y millones de africanos famélicos, y de gente de toda una área que va desde el Próximo Oriente hasta el Afganistán que están preparados para saltarnos encima. 

Es una idea difícil de obviar, sólo hay que ver los números primarios de la demografía. En estos países, el empobrecimiento no lleva camino de desaparecer. De alguna manera, una de sus expresiones es el yihadismo.
Los teóricos neoliberales dicen justo lo contrario. De hecho, esgrimen como gran punto a favor de la globalización el crecimiento económico de determinados países, sobre todo de Asia.

Han crecido unos países determinados del Este asiático. Del resto, olvídese. El gran crecimiento es el de China, y además se ha producido con unas reglas diferentes, se mantiene con unas reglas diferentes y tiene unos proyectos de futuro diferentes. El crecimiento en India es más complejo. Sí que ha habido crecimiento, pero no disminuye la pobreza. 

Las estadísticas que dicen que la pobreza se ha reducido en el mundo son tramposas, porque la mayor disminución de la pobreza se ha producido en China, y el volumen de población de China las distorsiona. No ha habido disminución de la pobreza en África subsahariana, donde no está claro que haya desarrollo de ningún tipo.

¿Ve también un aumento del autoritarismo en el mundo, o una disminución de las garantías democráticas?

Si se produce un aumento de los movimientos sociales, de actuaciones de base y de protesta, el autoritarismo puede ser una primera respuesta inmediata del sistema, para tratar de mantener el orden. Pero no tiene demasiada capacidad `para el futuro. 

La idea de que un dirigente carismático puede resolver los problemas colectivos creo que cada vez tiene menos recorrido. Las situaciones son complejas, sobre todo cuando los sistemas no son homólogos. 

Tomemos el caso de China. Es evidente el papel dominante del Partido Comunista chino. Pero, por ejemplo, el desarrollo económico de China se produjo a través de mecanismos de descentralización: fueron pasando capacidades de dirección y de planificación a las entidades regionales y locales. Y no hay que olvidar que una de las bases del sistema chino es que las presidencias son temporales y no se repiten, de forma que no favorecen la aparición de líderes carismáticos. 

No se deben hacer transferencias demasiado simples de los tipos de modelo de las sociedades de Europa occidental. El caso de Putin, que en cualquier caso ha sido elegido, tiene que ver con una situación muy compleja, y evidentemente ha tenido mucho que ver con la forma que desde fuera se ha envuelto a Rusia. Estas cosas exigen un análisis muy fino. (...)"                         (Entrevista a Josep Fontana, Público, 21/12/16)

18.2.16

Sanders, un socialdemócrata, puede ganar las elecciones en Estados Unidos... cousas veredes

"La cobertura de lo que está ocurriendo en las elecciones primarias para el cargo de Presidente de EEUU por parte de los mayores medios de información españoles es, con limitadísimas excepciones, muy sesgada, traduciendo la orientación conservadora y/o neoliberal que caracteriza a la gran mayoría de tales medios. (...)

Hoy, la noticia mayor que existe en EEUU es que un candidato a la Presidencia del país, que se presenta (sin tapujos y orgulloso de serlo) como socialista, y que pide una revolución política, utilizando esta expresión en cada uno de sus actos electorales, está causando un tsunami político semejante al que ha ocurrido en España con Podemos o con el candidato laborista británico, el Sr. Corbyn, en el Reino Unido. (...)

El surgimiento de este movimiento antiestablishment, liderado por Bernie Sanders, tiene características semejantes a lo que ha estado pasando en España y en Reino Unido, y responde a una situación común en los tres países: las clases populares están hartas del maridaje entre los intereses económicos y financieros de las grandes empresas que constituyen la clase corporativa (the corporate class) por un lado, y las instituciones representativas por el otro, que las han transformado en meros instrumentos de tal clase. (...)

La consecuencia de este maridaje entre el mundo del capital y las instituciones políticas es que las políticas aprobadas por el Congreso de EEUU (hoy controlado por la ultraderecha estadounidense, financiada masivamente por los elementos estadounidenses comparables al IBEX-35 de España), sistemáticamente favorecen sus intereses a costa de los del mundo del trabajo, que constituye la mayoría de las clases populares de EEUU.  (...)

Resultado de esta situación, la legitimidad y popularidad de las instituciones políticas están por los suelos. La enorme abstención en el proceso electoral de la población, (y muy en particular de las clases populares), es un indicador de esta pérdida de fe en ellas. El “no nos representan” del 15M tuvo una gran resonancia también en EEUU a través del movimiento Occupy Wall Street, inspirado, en parte, por el 15M español. 

De ahí que la llamada del candidato Bernie Sanders a una revolución política que rompa este maridaje entre la corporate class y las instituciones que se definen, sin serlo, como demócratas, son un elemento central de su mensaje. Su tesis, fácilmente sostenible, es que sin tal revolución política no se darán los cambios políticos que está proponiendo, que son, ni más ni menos, que propuestas características de la socialdemocracia  (...)

Entre las propuestas de Sanders, se encuentra la de romper con los grandes bancos, dividiéndolos en entidades más pequeñas que, además, devuelvan el rescate de fondos públicos que los salvó del colapso (con intereses incluidos) medidas todas ellas altamente populares. 

Tiene también en su programa, como medidas estrella, hacer una inversión masiva en obras públicas, facilitando la transición de las fuentes de energía, pasando de ser fósiles a renovables (proponiendo crear 13 millones de puestos de trabajo) y establecer una reforma sanitaria, para garantizar la universalidad del acceso al sistema sanitario (hoy, en EEUU, hay más muertes por falta de acceso a los servicios sanitarios, y no poder pagar las facturas médicas, que por Sida). 

Y el grado de cobertura sanitaria es muy insuficiente: el 45% de personas que se están muriendo (es decir, con enfermedades terminales) expresan preocupación de que no saben cómo ellos o sus familiares pagarán sus facturas médicas.

Otra propuesta muy popular del candidato Sanders es llevar a cabo las reformas que permitan el acceso a todos los niveles del sistema educativo (desde las escuelas de infancia a las universidades), a todos los niños y jóvenes independientemente de la clase social de sus padres, medida muy popular y necesaria pues, debido al enorme encarecimiento tanto de las escuelas de infancia como de las matrículas universitarias (tanto públicas como privadas), el acceso a tales centros por parte de las clases populares ha disminuido de una manera muy marcada. De ahí que el 80% de las personas de 18 a 30 años apoyaron a Sanders en las primarias de Iowa 

(...) según las principales encuestas (la última, Real Clear Politics Average), el candidato Sanders ganaría a Donald Trump y Ted Cruz -los dos candidatos republicanos con mayor apoyo electoral- con un margen de victoria sobre estos candidatos mayor que el sostenido por la otra candidata del Partido Demócrata, la Sra. Hillary Clinton, que cuenta con el claro apoyo del establishment del Partido Demócrata.   (...)

¿Podrían pagarse las propuestas de Sanders?

Este argumento se reitera constantemente, en cualquier país, por voces conservadoras y neoliberales, como objeción a medidas que requieran una expansión del gasto público social. Es interesante subrayar que nunca se hizo la pregunta, por parte de las mismas voces que señalan que no hay recursos para la expansión del gasto social, si el país tenía dinero para pagar el rescate de sus bancos. 

De haberse hecho ésta, se podría haber contestado ahora de la misma forma. Si el país tuvo dinero para rescatar a los bancos, también lo tenía para rescatar a la población (y la misma respuesta aplica a España).

Y en EEUU (y en España) los fondos existen. Y así lo muestra el candidato Sanders: reduciendo el gasto militar significativamente, prohibiendo las inversiones de las empresas (del organismo equivalente al IBEX-35) en los paraísos fiscales haciendo que paguen impuestos como todos los demás, y aumentado la carga fiscal de las grandes fortunas, entre otras medidas. 

Con ellos se generarían recursos más que suficientes para asumir tales gastos. La no existencia de estos fondos ahora se debe a causas políticas (el maridaje poder económico-poder político) no a causas económicas.

El grupo de economistas del candidato Sanders ha publicado cómo se pagarían cada una de las reformas que él propone. Por ejemplo, el programa de universalización de los servicios sanitarios (conocido como single payer) sustituiría la financiación privada del sistema sanitario estadounidense (que se basa en el pago de pólizas a los seguros privados, pólizas que alcanzan unos niveles prohibitivos para millones de personas y que determina que tengan muchas dificultades para poder recibir atención sanitaria) por una financiación pública, de manera que la ciudadanía, en lugar de pagar a las compañías de seguro privadas (que ofrecen una cobertura insuficiente), lo harían en una cantidad mucho menor a una agencia pública, que les garantizaría una cobertura sanitaria completa, tal como ocurre en Canadá (cuya popularidad del sistema sanitario es mucho mayor que la del sistema privado estadounidense). 

En realidad, los impuestos para la mayoría de la población no aumentarían, pues la expansión de los servicios públicos sería a base del aumento de los niveles impositivos de los billonarios, que hoy apenas pagan impuestos, y cambios en las prioridades del gasto público, transfiriendo fondos de las áreas militares hacia las sociales. (...)

¿Permitiría el establisment político-mediático que Sanders fuese Presidente?

Esta observación, procedente de grupos escépticos en las izquierdas, tiene mucho peso. Es una realidad que el establishment muestra enorme hostilidad a la candidatura de Sanders.

Hacerse esta pregunta lleva al centro del problema: la captación de las instituciones democráticas por los intereses económicos y financieros corrompen el significado de democracia. 

De ahí que la llamada a que cambien las instituciones políticas (y mediáticas) que Sanders define como Revolución Política sea la misma que la llamada a un nuevo orden económico, justo y solidario. Y este es el gran reto que hoy tienen tanto EEUU como España.

 Sin lugar a duda, estamos en un periodo histórico, en el que estamos viviendo el fin de una época con los albores de una nueva, de la cual no conocemos todavía su posible configuración. 

El enorme enfado de las clases populares puede canalizarse por fuerzas políticas profundamente reaccionarias (como Trump en EEUU) o profundamente democráticas (como Sanders). Ahora bien, el futuro a favor de las alternativas democráticas y progresistas dependerá de las movilizaciones populares que presionen para que ello ocurra. Así de claro."                     

(Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Pensamiento Crítico” en el diario PÚBLICO, 8 de febrero de 2016, en www.vnavarro.org, 08/02/16)

27.4.15

Susan George: España es un laboratorio en el que las élites están probando cuánta injusticia puede soportar la población sin rebelarse

"Susan George ha afirmado que España es un laboratorio en el que las élites estaban probando cuánta injusticia puede soportar la población sin rebelarse. No le falta razón, pero las gentes, en nuestro intento por resis­tir, hemos desarrollado nues­tros propios experimentos también: nuevos discursos, organizaciones, repertorios de protesta... 

España es un laboratorio sociológico donde las élites y los movimientos sociales readaptamos nuestras tácticas y estrategias, uno frente a otro, como en un combate de boxeo. En ese ir y venir de ataques, defensas y contraataques, un sector de la militancia se ha volcado, después de las estrategias colectivas que generó el 15M, en lo que algunos han denominado el “asalto institucional”. 

Dentro de esta tendencia, a partir de nuestra trayectoria en la iniciativa municipalista Ga­nemos El Puerto, consideramos que la experiencia puede aportarnos ya algunas lecciones importantes. He aquí algunas de ellas:

 1. Romper con el dogmatismo y lo dado por sentado dentro de algunos ámbitos de la militancia radical. Ha quedado en evidencia que muchas iniciativas son tan débiles o fallan rápidamente porque se llega a la construcción de guetos ideológicos aislados.  (...)

2. El campo electoral utilizado de forma estratégica suma energías por un cambio y otorga espacio mediático.  (...)

3. Mantener el nivel de movilización y la autonomía de los movimientos sociales junto con la formación de candidaturas. Los militantes de Ganemos El Puerto no hemos dejado en un segundo plano la movilización social, sino que hemos repartido las tareas dentro de los colectivos sociales e incorporado a gente nueva, para no restar a la lucha directa lo que sumamos a la candidatura electoral. Además, partimos de la importancia de la autonomía de los movimientos sociales, que no son un apéndice de ninguna organización política o institución.  (...)

4. Capacidad de negociar con diferentes sensibilidades e identidades políticas. La confluencia en torno a unos objetivos y unos métodos comunes nos obliga a repensar, a ceder, convencer y lograr el consenso o acuerdos de mínimos sin romper con la iniciativa por no coincidir al cien por cien con nuestro ‘ADN ideológico’.

5. Articular formas efectivas para favorecer la participación directa da cabida a sectores de la población que normalmente son excluidos en la estructura de una democracia representativa –inmigrantes, personas con discapacidad, determinados sectores de mujeres...–.  

El propósito es crear una comunidad activa y vigilante que, a través de asambleas ciudadanas y barriales, además de otros mecanismos, democratice radicalmente la toma de decisiones. En estos espacios está naciendo un proyecto común para El Puerto y una estrategia de lucha para conseguirlo.  (...)"            (Diagonal, 24/04/2015)

9.3.15

El 70% está infatisfecho con el funcionamiento de la democracia en España. Y creciendo con rapidez

"(...) Según datos del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) estudiados por la profesora de Ciencias Políticas de la Universidad Autónoma de Barcelona Eva Anduiza, el porcentaje de ciudadanos insatisfechos con el funcionamiento de la democracia en España era en 2012 (último año en que se incorporó la pregunta, aunque nada permite pensar que haya cambiado a mejor, sino todo lo contrario) del 68%, casi 30 puntos por encima de la media del periodo anterior (40%). Siete de cada 10 personas están poco o nada satisfechas de su democracia.

Este incremento extraordinario hace de nuestro país un caso extraordinario. Según la Encuesta Social Europea, en el año 2002 España era el país con menor nivel de insatisfacción, tras los países escandinavos. A partir del año 2008 —inicio de la Gran Recesión— cambia la tendencia, se alinea con los países de Europa del Este y cae esos 20 puntos expresados antes. 

Ningún país de los que participan en esa encuesta (en la que no figura Grecia) ha registrado un incremento tan abrupto en relación al funcionamiento de su democracia (datos que aparecerán en el Informe sobre la democracia en España 2015, de la Fundación Alternativas).

¿Explica esta sensibilidad negativa la aparición en poco tiempo de dos partidos tan emergentes como Podemos y Ciudadanos, que disputan el voto al PP y PSOE? Según el estudio citado, la valoración de la situación económica influye en el grado de insatisfacción, pero es más definitiva la valoración de los partidos políticos y, sobre todo, la de la oposición cuando la formación gobernante defrauda tanto como lo ha hecho el PP: la falta de una alternativa política al Gobierno que resulte atractiva es bastante determinante. (...)

Si ese descontento continúa durante un periodo prolongado, puede erosionar los vínculos más profundos de los ciudadanos con los principios y las instituciones del sistema. Se pasaría así de un malestar concreto "en" la democracia a un malestar difuso "con" la democracia."        (   , El País22 FEB 2015)

25.2.15

La radicalización de las clases medias es la consecuencia política más grave de la crisis económica

"La radicalización de las clases medias es, probablemente, la consecuencia política más palmaria de la crisis económica. El reciente triunfo de Syriza en Grecia o las importantes expectativas electorales de Podemos lo acredita sin necesidad de mayores explicaciones. 

Incluso en países con un fuerte equilibrio social bajo el mantón de la República, como Francia, las costuras que han permitido mantener a las clases medias dentro del ‘sistema’ han saltado por los aires.

 El Frente Nacional es hoy algo más que un reducto de la extrema derecha. También en los países escandinavos, modelo de cohesión social, se está produciendo una fuerte erosión de los partidos tradicionales en beneficio de los nuevos populismos con tintes xenófobos.

Millones de familias han radicalizado su discurso como una especie de tabla de salvación frente a lo establecido. Al fin y al cabo, muchos ciudadanos están convencidos de que tienen poco que perder si apuestan por programas que se sitúan en los extremos. 

Está acreditado que a medida que se produce un ensanchamiento de las desigualdades salariales o un deterioro creciente de las condiciones laborales (empleo de usar y tirar), la polarización política tiende a aumentar. La identificación del votante con el sistema se evapora. No hay razones para permanecer dentro.

Responsabilizar a la crisis económica de este fenómeno es, sin embargo, parcial. La crisis de las clases medias es anterior al estallido de la burbuja del crédito. Su origen hay que encontrarlo en la insuficiencia de puestos de trabajo (los niveles de desempleo estructural son escandalosos en algunos países) y en el deterioro de algunos servicios públicos esenciales (deficiencias de los sistemas educativos) que antes servían de pararrayos social. Como consecuencia de ello, un número cada vez más relevante de ciudadanos se siente extraño al sistema político.

Si el modelo económico y social no es capaz de proteger a los hogares, parece evidente que no hay ninguna razón para creer en él. Sobre todo cuando en paralelo el sistema fiscal se ha apoyado fundamentalmente en los asalariados al tiempo que privilegiaba a quienes obtienen sus rentas de fuentes no salariales.

 Con razón Chumy Chúmez sostenía con acidez en una célebre viñeta que los contribuyentes eran en realidad unos manirrotos porque al fin y al cabo se lo gastaban todo en impuestos  (...)

Millones de hogares que antes tenían sentido de pertenencia a las clases medias se ven hoy muy cerca de la pobreza relativa. Sin duda, por la eclosión de eso que se ha venido en denominar ‘trabajadores pobres’, y que afecta no sólo a los empleados de baja cualificación, sino también a ciudadanos bien formados atrapados por una frustración creciente.

 Sorprende, en este sentido, ver estos días a gente muy formada dispuesta a tirar por la calle de en medio y llevarse por delante todo lo logrado en los últimos años simplemente para dar un escarmiento a una clase política que hace mucho tiempo que perdió el oremus. (...)

Robert Reich, un antiguo secretario de Empleo de EEUU lo definió en su día de forma magistral cuando decía que el sistema se basaba en que los empresarios pagaban a los trabajadores lo suficiente para que éstos pudieran comprar lo que sus empresas vendían. 

 Ese pacto social es el que se ha quebrado, y de ahí la radicalización de las clases medias, que progresivamente se han visto amenazadas y han ido abandonando su papel de ciudadanos para convertirse en espectadores de una realidad que se cuenta en la televisión como un producto de entretenimiento.

La situación es tan evidente que incluso una compañía con fama de imponer condiciones leoninas a sus trabajadores, como es el gigante de la distribución estadounidense Walmart, ha decidido subir el salario a sus 500.000 trabajadores (hasta los nueve dólares la hora) para que la bicicleta siga rodando.  (...)

No se está, por lo tanto, ante un fenómeno político caído del cielo o ante una respuesta puntual a un problema derivado de una crisis económica muy intensa. La erosión de los ingresos (y sus consecuencias sobre el orden político) es el fruto de una estrategia de política económica equivocada -un reciente estudio de la Caixa ha demostrado que estamos ante una salida mucho más lenta de la crisis que en la recesiones de 1981 y 1992- que ha liquidado la dignidad del salario

A lo mejor ese es el mejor antídoto para conjurar los populismos."                      (La radicalización de las clases medias, de Carlos Sánchez en El Confidencial, en Caffe Reggio, 22/02/2015)

27.6.14

Guanyem Barcelona buscará conquistar el Ayuntamiento desde los movimientos sociales. Su progrma: defender los derechos básicos -educación, sanidad, vivienda- ya la dignidad de las personas

"La activista Ada Colau, el abogado Jaume Asens y el profesor Joan Subirats han presentado este jueves ante la prensa la plataforma ciudadana Guanyem Barcelona, el germen de una candidatura a las elecciones municipales de la capital catalana que quiere crecer desde los movimientos sociales.
 "Somos gente que queremos Barcelona y la estamos perdiendo, y ahora la estamos decididos a volverla a ganar", ha explicado Joan Subirats durante el acto. 

Los encargados de presentar Guanyem Barcelona han querido insistir en que el proyecto es todavía una plataforma ciudadana, no una candidatura , y ni mucho menos una candidatura unitaria de todos los partidos de izquierdas . "No queremos ser una sopa de letras", ha señalado Asens. 

Sí han apuntado, sin embargo, que su objetivo es entrar en contacto con colectivos vecinales , movimientos sociales y formaciones políticas para ver si existen opciones de " confluir " en la construcción de una alternativa a l poder municipal actual . 

Cerca de 200 personas ya forman parte de esta iniciativa que defiende que "los ayuntamientos pueden ser la caja de resistencia para frenar esta ofensiva oligárquica", según palabras de Jaume Asens. (...)

A lo largo de la rueda de prensa se ha incidido en que la plataforma defiende que hay recursos suficientes para dar la vuelta a la creciente situación de pobreza y desigualdades, que existe una mayoría de la población harta de "la vieja política al servicio de los poderosos y corruptos" y que es el momento de plantear una alternativa. "Queremos ocupar el Ayuntamiento y abrirlo a los ciudadanos", ha proclamado quien fuera portavoz de la PAH. 

Joan Subirats, por su parte, ha desarrollado las tres propuestas fundamentales por las que trabajará Guanyem Barcelona: defender los derechos básicos -educación, sanidad, vivienda- ya la dignidad de las personas, propulsar un modelo económico social y solidario, y profundizar en la gestión democrática del Ayuntamiento. 

Colau ha explicado que el calendario de Guanyem Barcelona pasa por recoger 30.000 firmas (15.000 en Barcelona) con la fecha límite puesta en septiembre, algo que les servirá para robustecer la plataforma.

 Durante el mes de julio llevarán a cabo una campaña por los barrios para recoger "diagnósticos" y "propuestas" de los vecinos, y no será hasta otoño cuando se presentarán oficialmente como candidatura a las elecciones.

La plataforma se dio a conocer hace pocas semanas y Catalunya Plural ya adelantó el manifiesto en que se presentaba el proyecto. Aunque todavía se sabía muy poco, varios partidos y colectivos ya reaccionaron al respecto. 

Tanto ICV como EUiA mostraron su interés por la iniciativa, mientras que la CUP evidenció sus reticencias a que se contara con un partido como ICV, que estuvo durante años en el gobierno de la ciudad.(...)"        (João França, eldiario.es, en Rebelión, 27/06/2014)

13.5.14

La ideología ultraliberal dominante ha logrado convertir “la política del endeudamiento en un relato moral

"Por fin un relato económico diferente: Austeridad. Historia de una idea peligrosa (Crítica). El economista escocés Mark Blyth desmonta en este libro el mito de la austeridad como solución a la crisis y el mito previo de la “orgía de gasto público” -salvo en el caso acreditado de Grecia- como causa sin la que no podría justificarse lo que no duda en calificar de “la mayor táctica engañosa en la historia de la economía moderna” o “la mayor engañifa en la historia de la humanidad”, que atribuye a “un variopinto grupo formado por líderes empresariales, banqueros y, paradójicamente, más de un político europeo”.

 Su respuesta es de marcado contenido ideológico:“Las ideologías sólidas funcionan por la doble razón de que no sólo son inmunes a los hechos empíricos, sino que las pruebas contrarias sirven en realidad para fortalecerlas.

 En concreto, el liberalismo ha adquirido la costumbre de insistir, cada vez que sus políticas cosechan un fracaso, en que la culpa ha de atribuirse al país que trató de aplicarlas, pero no, en ningún caso, a las políticas mismas. Esta es la razón de que nos digan que los griegos son unos perezosos, pese a que trabajen alrededor de seiscientas horas más al año que los alemanes”. 

Blyth explica que la ideología ultraliberal dominante ha logrado convertir “la política del endeudamiento en un relato moral, en un prontuario ético que nos ha llevado a transferir el peso de la responsabilidad, haciéndolo pasar de las espaldas de los bancos a los hombros del Estado.

 La austeridad es la penitencia -el virtuoso padecimiento que ha de venir tras la inmoral orgía-, aunque con un pequeño matiz: el de que no se trata de una dieta de penalidades que todos debamos compartir. Fueron muy pocos los invitados a la fiesta, pero ahora se nos exige pagar la factura a todos”.

A su juicio, “la actual crisis es, antes que nada, una crisis del sector privado”, una crisis generada por “un abuso del crédito por parte del sector privado”, pero su coste “ha tenido que ser asumido por el sector público, es decir, por usted y por mí”, poniendo en peligro la prosperidad de todos.  (...)

 “Lo que ha empezado siendo una crisis bancaria no es en último término otra cosa que una crisis bancaria, por mucho que pase por las arcas estatales. Sin embargo, padecemos una política destinada a dar la impresión de que todo esto es culpa de los estados a fin de que los verdaderos responsables de la quiebra no tengan que pagarla. La austeridad no es solamente el coste asumido de salvar a los bancos. Es un coste que los bancos pretenden endosar a otros”. 

El autor apunta que el coste derivado del rescate, la recapitalización y el empleo de otros medios para salvar del hundimiento al sistema bancario mundial se sitúa, en función del modo de echar las cuentas, entre tres y trece billones de dólares (se remite a Better Markets, The cost of the Wall Street caused financial collapse and on going economic crisis is more than $12,8 trillion)

 El economista escocés advierte de que “(…) la mayoría de los debates relacionados con el endeudamiento gubernamental y con las medidas que habría que tomar al respecto no sólo confunden y tergiversan la causa y el efecto, sino que adoptan también la forma de un planteamiento moral en el que la “buena austeridad”, enfrentada al “pernicioso derroche”, podría llevarnos a iniciar un período presidido por la adopción de una serie de recortes presupuestarios totalmente contraproducentes”. (...)

La solución, a su juicio, “debería pasar por lograr un incremento del crecimiento, no por un recorte de la cuantía de la deuda”. Y, frente al argumento moral de que se trata de no dejar a las generaciones venideras con una carga de deuda insoportable, se adelanta a advertir de que “todo ahorro que pudiera derivarse hoy de la aplicación de una política de reducción del gasto podría quedar simplemente desbaratado mañana, presentándolo como una nueva forma de reducir impuestos, con lo que las generaciones futuras no obtendrían el más mínimo beneficio”.
La situación de España

En su prólogo a la edición española, Blyth subraya que tras haber perdido el país en torno a un 20% de su PIB desde 2008, y aunque los salarios hayan experimentado una caída superior al 7% desde 2010, las cifras de paro apenas han variado, de modo que un recorte salarial del 10%, como ha planteado el Fondo Monetario Internacional, solo produciría un incremento del empleo del 1,2.

Y alerta de que “exprimir a los pobres no solo no va a producir ingresos suficientes como para enderezar las cosas, sino que está llamado a alumbrar una sociedad todavía más polarizada y politizada”.            (El Confidencial, 20/04/2014)

3.12.13

La batalla ideológica se libra en Francia

"La Comisión Europea, junto a las entidades de rating como Standard&Poor´s, han comenzado, o mejor dicho han reabierto la guerra ideológica contra el eslabón rebelde europeo, Francia. (...)

Se deja notar claramente cómo la heterodoxia y los pagos a los aliados fieles suplantan a un verdadero análisis riguroso de la situación financiera y macroeconómica de los diversos países. (...)

La noticia de la rebaja del rating a Francia, muy deseada y esperada por el ejecutivo de Merkel, ha pasado muy desapercibida por los mercados financieros, manteniendo el coste de los préstamos en Francia en mínimos y apenas se movió su prima de riesgo. Esto, que en otras circunstancias y en otra economía sí habría tenido repercusión, demuestra que los inversores saben que Francia es una economía sólida y solvente, a pesar de sus respectivos ejecutivos, tanto los conservadores, como los socialistas actualmente en el poder.

Más aún, analizando los fundamentos económicos de la economía francesa, la decisión de Standar&Poor´s y el aplauso de la Comisión no responde a una preocupación real por el déficit público, sino que están utilizando el déficit para sacar adelante su programa de máximos en materia de desmantelamiento del papel del Estado en la economía. 

Como Francia se niega a plegarse, el peso del gasto público supera el 56% del PIB y el de los ingresos el 52%, se ha desatado una guerra sin cuartel para tratar de liquidar el portentoso papel de lo público en el país galo. (...)

Ante tanta propaganda, lo mejor es acercarse a las cifras porque uno se esperaría lo peor. Pero la realidad es que Francia, que también acusa la crisis, tiene unas cifras muy similares a la del resto de países de su entorno, salvo Alemania, pero en ningún caso peores que los del Sur de Europa como afirman los agoreros conservadores e interesados.

 El crecimiento francés es bajo, pero por ejemplo mayor que el de Holanda que mantiene la triple A. La productividad francesa era ligeramente mayor que la alemana hace 12 años, y hoy todavía mantienen ese liderazgo particular.
 
Si analizamos las perspectivas fiscales son escasamente preocupantes. El déficit presupuestario se ha reducido drásticamente desde 2010 y las previsiones son de mantenimiento en los próximos cinco años alrededor del 3%-4%. Otra gran problema europeo, la demografía, también podría ser un grave desequilibrio a largo plazo.

 No hay que olvidar que el sistema público de pensiones de Francia es uno de los más generosos en Europa, pero tienen a su favor una tasa de natalidad muy superior a la mayor parte de países de Europa. Esto es así por la clarividencia de los gestores franceses que han implementado un sistema de ayudas a familias y a mujeres trabajadoras que han propiciado esta propensión a la natalidad. 

Esto facilita que las proyecciones demográficas mejoren las de sus vecinos, incluida Alemania. Junto a esto, el sistema de salud francés, tan bueno como de bajo coste relativo, también será una ventaja fiscal relativa en los próximos años.

La gran pregunta es cómo se ha logrado esto. Básicamente mediante una política fiscal que aúna la suficiencia recaudatoria con la lucha permanente por la equidad fiscal, que permite a Francia ser una de las economías donde menor diferencia hay entre los percentiles de renta más altos y los más bajos. 

Ello ha sido objeto de crítica por parte de Olli Rehn quien ha descalificado las opciones francesas que han mantenido los grandes programas de gasto, sin grandes recortes como en el resto de las economías europeas. Las recomendaciones sobre el desmantelamiento de la Seguridad Social no se han atendido, ni tampoco la inquina sobre el sistema fiscal progresivo y efectivo y eficiente en materia de estabilidad en la recaudación. (...)

En resumen, los grandes ideólogos del déficit público están castigando a Francia simplemente porque la heterodoxia no se admite en según qué foros. Mantener un sistema fiscal muy potente para poder mantener un generoso Estado del Bienestar, especialmente en pensiones y salud pública, es criticado abiertamente, a pesar de que esté propiciando una consolidación fiscal muy ambiciosa, en un entorno recesivo."                    (Alejandro Inurrieta, Vox Pópuli, 17/11/2013)

23.7.13

Un proceso de colonialismo interno parece estar emergiendo dentro de la UE. Este proceso se ve agravado por el “divorcio ideológico” entre el Norte y el Sur

"Hasta aquí, he presentado los hechos (o mejor dicho las estadísticas). Según estas estadísticas, la opinión pública europea está cada vez más dividida en función de líneas territoriales. 

Las democracias en el Norte se han recuperado, llegando incluso a sobrepasar los niveles de confianza política y satisfacción con el sistema político de hace diez años; las democracias en el Sur sufren una caída en picado de los niveles de confianza y satisfacción política.


¿Cómo podemos interpretar estas cifras? Esta es la parte que requiere necesariamente cierta especulación (aunque contrastada), ya que no he realizado propiamente dicho un análisis causal de esta fisura democrática. Las sociedades del Norte de Europa están cada vez más complacidas con sus gobiernos y sus partidos, así como más satisfechas con sus democracias en términos relativos. 

Es complicado concebir como las sociedades del Norte de Europa pueden estar complacidas teniendo en cuenta la dramática situación que atraviesa la UE: devastada por la estagnación económica, los niveles crecientes de desigualdad, el debilitado estado del bienestar, las devaluaciones internas, los desarmados sindicatos, las frágiles perspectivas económicas, etc. 

En mi opinión, la razón por la cual las sociedades del Norte de Europa confían en sus representantes es, sencillamente, por qué se sienten representados y sienten que sus intereses han sido tomados en cuenta. ¿Cómo explicar dicha percepción? Porque los gobiernos del norte de la eurozona están desarrollando una política económica basada en la austeridad que tiene sus efectos más visibles en el sur, y no en sus países respectivos. 

Las sociedades del Norte de Europa se oponen a continuar con los rescates para los países del sur porqué consideran (erróneamente) que esos rescates constituyen la forma de hacer pagar a los países del sur sus deudas con los impuestos de los del norte. 

Los gobiernos a favor de la austeridad conquistan a sus votantes con discursos sobre la necesidad de imponer austeridad y disciplina fiscal a los gobiernos derrochadores del sur, circunscribiendo sus acciones para salvar el dinero de los contribuyentes del norte; pero al mismo tiempo, esos mismos gobiernos amasan los beneficios intencionales (prestando al tipo de interés del mercado) o involuntarios (pagando muy poco por su propia deuda) a raíz del estado de las finanzas públicas en los países del sur afectados por la crisis de la deuda.

24.5.13

A las puertas de un nuevo modelo político

Fuente: Metroscopia. / EL PAÍS

 "El modelo institucional y político que se sustenta sobre dos partidos hegemónicos que se alternan en el poder con distintas mayorías está en cuestión y amenazado.

 El desgaste de PP y PSOE, acelerado por la crisis económica, esboza un panorama político fragmentado que obligaría a pactos entre partidos nacionales, según un estudio de Metroscopia para EL PAÍS. Si se consolidara ese clima social estaríamos a las puertas de un nuevo modelo político.

 El estudio se basa en una simulación sobre los sondeos publicados desde enero, con un total de 14.000 entrevistas, que refleja el clima social del momento y la proyección en escaños en unas futuras elecciones generales. 

El PP bajaría a solo 139 escaños y el PSOE a un mínimo histórico de 90 diputados, frente a las espectaculares subidas de IU y UPyD que se convertirían en llave para cualquier combinación parlamentaria.  (...)

Entre los cuatro partidos —PP, PSOE, IU y UPyD— sumarían ahora los 310 escaños a los que antes llegaban entre populares y socialistas únicamente. En anteriores legislaturas, cuando alguno de los dos partidos no llegaba a la mayoría absoluta, la aritmética se completaba con los votos de los partidos nacionalistas pero, si se confirmara el nuevo modelo, ahora ese apoyo ya no sería suficiente.

 De hecho, el estudio contiene malas noticias para los nacionalistas, especialmente para CiU, porque dejarían de ser determinantes y porque una vez que han tomado el camino de la radicalidad soberanista los electores parecen preferir al original a la copia. Es decir, que puestos a ser independentistas, prefieren a ERC que a CiU, como ocurrió en noviembre en las elecciones catalanas.
 
La formación de Cayo Lara con 48 escaños y la de Rosa Díez con 30 serían determinantes en ese nuevo tiempo político, aprovechando la falta de liderazgo de populares y socialistas, a quienes los españoles siguen viendo como responsables de la crisis. 

Obviamente, hay factores futuros que pueden superar las conclusiones del estudio, como la movilización ante las urnas de los votantes del PP que ahora parecen desilusionados e irritados; la aparición de un nuevo líder que tire del PSOE, una vez que Alfredo Pérez Rubalcaba se muestra como amortizado o el atisbo de una recuperación económica.

También puede cambiar esa expectativa si fructifican, a la izquierda del PSOE, los intentos por articular una gran fuerza política que aglutine a IU, a movimientos sociales e incluso a una parte del 15-M que estaría dispuesta a participar en unas elecciones."      (El País, 19/05/2013)