Mostrando entradas con la etiqueta b. Sindicalismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta b. Sindicalismo. Mostrar todas las entradas

8.9.26

El alcalde de la ciudad de Nueva York, Zohran Mamdani, ha firmado un decreto por el que se crea el primer organismo municipal del país dedicado expresamente a ayudar a los trabajadores a organizarse... se inspira en el éxito de la Oficina del Alcalde para la Protección de los Inquilinos y en cómo ha ayudado a los inquilinos de toda la ciudad. Ahora tenemos la oportunidad de hacer lo mismo por los trabajadores... informamos a los inquilinos de los derechos que tienen, pero también les ayudamos cuando expresan interés en crear un sindicato de inquilinos... sus testimonios nos han servido de base para nuevas políticas. Un ejemplo derivado de las audiencias sobre la «estafa de los alquileres», es que por primera vez vamos a investigar todas y cada una de las quejas relacionadas con la calefacción registradas en el ayuntamiento... Para mí, ese es un claro ejemplo de lo que puede lograrse al crear por fin un órgano del gobierno municipal cuya función no sea solo colaborar con los trabajadores, sino también ayudarles a organizarse por sí mismos... esta oficina va a celebrar audiencias públicas y llevar a cabo investigaciones, con el fin de sacar a la luz muchas de las dificultades a las que se enfrentan los trabajadores en privado... vamos a ayudar a los trabajadores dondequiera que deseen organizarse y de la forma que elijan, y de hacerlo en más idiomas además del inglés... Alguien podría acudir a esta oficina porque es un trabajador y desea mejorar sus propias condiciones, o las de los demás, y no está seguro de a dónde acudir a continuación... Espero que ayude a los trabajadores no solo a comprender el poder que tienen, sino también a reforzarlo. Hemos visto que, cuando los trabajadores se unen, es algo que beneficia a toda la ciudad y a todo el país

"El alcalde de la ciudad de Nueva York, Zohran Mamdani, ha firmado un decreto por el que se crea el primer organismo municipal del país dedicado expresamente a ayudar a los trabajadores a organizarse. Ha hablado con Jacobin sobre cómo la nueva oficina impulsará su programa de medidas para la asequibilidad.

El jueves, el alcalde Zohran Mamdani firmó un decreto por el que se crea la Oficina del Alcalde para el Poder de los Trabajadores (MOWP), el primer organismo municipal del país creado para ayudar a los trabajadores a organizarse.

Tony Perlstein dirigirá la MOWP y dependerá de la teniente de alcalde para la Justicia Económica, Julie Su. Perlstein, antiguo estibador y organizador sindical nacido y criado en Nueva York, ocupó el cargo de director de organización del sindicato United Auto Workers, donde ayudó a liderar una campaña nacional para aumentar los salarios y proteger los puestos de trabajo frente a la automatización.

Como parte de su mandato, la MOWP reunirá periódicamente a líderes sindicales y a miembros de base para debatir cuestiones laborales y campañas de organización. También tiene como objetivo llegar a los trabajadores no sindicados, como los inmigrantes y los conductores de plataformas de transporte, y ponerlos en contacto con centros de trabajadores y otros recursos. La oficina tiene previsto celebrar audiencias públicas, informar a los trabajadores de las protecciones de las que ya disponen y orientarlos hacia organizaciones que puedan ayudarles.

Mamdani habló sobre la nueva oficina con Spencer Snyder, de Jacobin.

Spencer Snyder: Cuénteme un poco sobre la Oficina del Poder de los Trabajadores.
Zohran Mamdani: Se trata de una oficina pionera en el país, y la estamos creando para ayudar a los trabajadores a organizarse en una economía en la que cada vez hay más factores que juegan en contra de ellos. Es una forma de ayudar a los trabajadores a luchar por el tipo de protecciones que se ganaron en el pasado y que ahora celebramos como algo natural de la vida. Como el fin de semana.
Spencer Snyder: ¿Cómo surgió la idea? ¿Es algo en lo que ya pensaba durante la campaña electoral?
Zohran Mamdani: Durante la campaña, hablamos de la crisis del coste de la vida en esta ciudad y de la necesidad de un programa de asequibilidad. Los trabajadores lo sienten cada día. Esta oficina nace de nuestra convicción de que podemos hacer que la ciudad más cara del país sea asequible. También se inspira en el éxito de la Oficina del Alcalde para la Protección de los Inquilinos y en cómo ha ayudado a los inquilinos de toda la ciudad. Ahora tenemos la oportunidad de hacer lo mismo por los trabajadores.
Spencer Snyder: ¿Qué tipo de problemas pretende abordar esta oficina?
Zohran Mamdani: En el fondo, se trata de que lo que antes permitía llevar una vida de clase media ya no lo hace. Muchos trabajadores se enfrentan al vacío de la promesa de que trabajar de nueve a cinco puede ser suficiente para vivir en esta ciudad. Se ven obligados a tener dos o tres empleos. Se ven obligados a participar en una economía de trabajos esporádicos que crece a un ritmo vertiginoso, pero que, al mismo tiempo, no logra proporcionar una vida digna a gran parte de las personas que forman parte de ella. Lo que vamos a ofrecer desde esta oficina es el compromiso de ayudar a los trabajadores dondequiera que deseen organizarse y de la forma que elijan, y de hacerlo en más idiomas además del inglés.
Spencer Snyder: ¿Cómo espera que esta oficina influya en el panorama laboral de la ciudad en general?
Zohran Mamdani: Espero que ayude a los trabajadores no solo a comprender el poder que tienen, sino también a reforzarlo. Hemos visto que, cuando los trabajadores se unen, es algo que beneficia a toda la ciudad y a todo el país. Queremos asegurarnos de que, desde el Ayuntamiento, utilicemos todas las herramientas a nuestro alcance para ayudar a los trabajadores a hacer precisamente eso.
Spencer Snyder: ¿Podría hablarme de las audiencias públicas?
Zohran Mamdani: Una de las muchas cosas que va a hacer esta oficina es celebrar audiencias públicas y llevar a cabo investigaciones, con el fin de sacar a la luz muchas de las dificultades a las que se enfrentan los trabajadores en privado. El objetivo es iniciar un diálogo que no solo sea público, sino que también proporcione la información que los trabajadores necesitan para organizarse.
Spencer Snyder: ¿Por qué acudiría alguien a esta oficina?
Zohran Mamdani: Alguien podría acudir a esta oficina porque es un trabajador y desea mejorar sus propias condiciones, o las de los demás, y no está seguro de a dónde acudir a continuación. En la ciudad de Nueva York, resulta muy difícil saber a quién debe llamar para tratar cualquiera de estos asuntos. Ahora le informamos de que pronto podrá visitar nyc.gov/workerpower y obtener por fin el tipo de información que necesita, de modo que sepa qué derechos ya le corresponden y cuáles puede conseguir. Lo hemos comprobado con los inquilinos cuando hemos celebrado las audiencias sobre «estafas en los alquileres». Los inquilinos dispusieron por fin de una vía, independientemente del distrito en el que vivan, para dar un paso al frente y decir: «Estas son las dificultades a las que me enfrento hoy en día en el mercado inmobiliario». Esto, a su vez, sirvió de base para las políticas que hemos venido proponiendo en los últimos meses.
  • Spencer Snyder: ¿Cuál sería el resultado ideal para un trabajador que acude a la oficina y dice que quiere empezar a organizarse?
Zohran Mamdani: Para mí, sería que un trabajador saliera de la oficina con una mejor comprensión de los derechos de los que ya dispone y de las formas en que puede conseguir los derechos que se merece. Ya es bastante difícil sobrevivir en esta ciudad sin la responsabilidad añadida de tener que entender lo que a menudo es un panorama enrevesado de leyes y normativas. Ahora, el Ayuntamiento estará ahí para decir: «Este es el panorama tal y como existe hoy en día, y estas son las herramientas de las que dispone para labrarse el panorama del mañana».
  • Spencer Snyder: ¿Hasta qué punto va más allá esta oficina de ser un mero recurso educativo?
Zohran Mamdani: Volveré a la Oficina del Alcalde para la Protección de los Inquilinos. En esa oficina, informamos a los inquilinos de los derechos que tienen, pero también les ayudamos cuando expresan interés en crear un sindicato de inquilinos. Además, hemos hablado con los inquilinos y sus testimonios nos han servido de base para nuevas políticas. Un ejemplo derivado de las audiencias sobre la «estafa de los alquileres»: el 1 de octubre, por primera vez en la historia de la ciudad de Nueva York, vamos a investigar todas y cada una de las quejas relacionadas con la calefacción registradas en el ayuntamiento. Ese es un resultado directo de que los inquilinos hayan dado un paso al frente y hayan hablado sobre los efectos perniciosos de la falta de rendición de cuentas ante este tipo específico de infracción en materia de vivienda. Para mí, ese es un claro ejemplo de lo que puede lograrse al crear por fin un órgano del gobierno municipal cuya función no sea solo colaborar con los trabajadores, sino también ayudarles a organizarse por sí mismos." 

(Entrevista a Mandani, Spencer Snyder, JACOBIN, traducción Salvador L. Arnal)

31.7.25

Jesús Soriano, líder sindical de la rebelión científica contra Trump: Lo que está ocurriendo en Estados Unidos es una degradación de la democracia. Hay actitudes, normas y valores que previenen la corrupción y se están deshilachando... Eliminaron un proyecto de diversidad de los microbios intestinales porque llevaba la palabra diversidad... el recorte presupuestario del 56% anunciado por el Gobierno de Trump amenaza con “paralizar la ciencia estadounidense”, y vaciar de cerebros la Fundación Nacional de Ciencias... En la carta abierta en la que ustedes denuncian el recorte del 56%, es escalofriante ver que todos los nombres de los firmantes están tachados, por temor, excepto uno, Jesús Soriano... Soy el presidente del sindicato y eso me ofrece ciertas protecciones... Aquí tenemos a personas que son líderes nacionales en sus disciplinas, pero esos genios se están yendo. En el sindicato calculamos que ya hemos perdido al menos a 400. Es una fuga de cerebros

 "Los trabajadores de una de las principales instituciones científicas del mundo ―la Fundación Nacional de Ciencias de Estados Unidos― han iniciado este martes una rebelión contra el Gobierno de Donald Trump. Una carta firmada por 150 empleados denuncia “el desmantelamiento sistemático” de esta agencia gubernamental, que en sus 75 años de historia ha financiado el desarrollo de miles de proyectos que han cambiado la vida de la humanidad, como internet, el buscador Google, la herramienta de edición genética CRISPR, los teléfonos inteligentes y las imágenes médicas por resonancia magnética. La lista de 150 firmantes refleja el clima de miedo a la personalidad iracunda de Trump y su camarilla: todos los nombres están anonimizados menos uno, el de Jesús Soriano, un médico nacido en la localidad alicantina de Crevillent hace 57 años que preside la sección Local 3403 de la Federación Estadounidense de Empleados Gubernamentales (AFGE), el sindicato mayoritario de la agencia. El español —nacionalizado estadounidense desde hace dos décadas— y sus colegas alertan de que el recorte presupuestario del 56% anunciado por el Gobierno de Trump amenaza con “paralizar la ciencia estadounidense” y vaciar de cerebros la Fundación Nacional de Ciencias, conocida como NSF por sus siglas en inglés. Soriano, que trabaja en la agencia desde 2012 y ha ayudado a crear empresas que han levantado más de 1.000 millones de dólares de inversión, atiende a EL PAÍS por videoconferencia desde Virginia.   

Pregunta. Es escalofriante ver que todos los nombres de los firmantes están tachados, por temor, excepto uno: Jesús Soriano. ¿Teme represalias?       

Respuesta. Siempre se temen represalias, pero cuando eres el líder de un sindicato se espera de ti que te arriesgues, que te levantes y luches por tu gente. El miedo no te puede paralizar. Parte del poder de los sindicatos en una negociación es que el gestor vea que el sindicalista está loco, que no tiene miedo, que va a acudir a la prensa.

P. ¿Usted está blindado o le pueden despedir mañana?

R. Soy el presidente del sindicato y eso me ofrece ciertas protecciones. Echar a un presidente sindical es una represalia y sería ilegal.

P. En la carta abierta ustedes denuncian que el recorte del 56% en el presupuesto de la NSF paralizaría la ciencia estadounidense. ¿Qué implicaciones tendría?

R. La NSF apoya todas las disciplinas en ciencia, excepto la investigación clínica biomédica: geología, educación, producción avanzada de semiconductores, cibernética… En el caso de la ingeniería y la ciencia de la computación damos el 80% de todo el dinero que se da a las universidades. Nosotros no hicimos internet, pero tuvimos un papel muy importante. Y lo mismo con la inteligencia artificial. Son solo unos ejemplos.

P. El presidente del órgano rector de la NSF ―el Consejo Nacional de Ciencia― fue el ingeniero español Darío Gil entre mayo de 2024 y abril de 2025.

R. No he hablado con él. Darío Gil llevaba la I+D de IBM y estudió en el Instituto de Tecnología de Massachusetts, es una persona fenomenal. Presidía el Consejo Nacional de Ciencia, que se dedica más a la gobernanza de la NSF que a la gestión del día a día. Son unos 20 consejeros. Quizás a nivel diplomático están muy activos intentando proteger a los empleados, pero la verdad es que ha sido presidente y estaban despidiendo a gente porque la Casa Blanca les pedía que despidieran a más gente. Y los miembros del Consejo no han dicho nada públicamente. Yo les escribí, uno por uno, diciéndoles. “Oye, di algo, ayúdanos”.

P. ¿Le han decepcionado Darío Gil y el resto de consejeros?

R. Siempre ha sido un organismo muy formalista, pero no preparado para una crisis constitucional como la que tenemos ahora. Los empleados se quejan de que la Casa Blanca llama a la NSF y dice: “Córtale todas las ayudas a la Universidad de Harvard”. ¿Basado en qué ley puedes hacer eso? “Córtalo porque yo lo digo”. ¿Dónde está el Consejo Nacional de Ciencia? Seguro que hacen diplomacia intentando solucionar problemas entre bambalinas, pero los sindicatos tenemos que contar las verdades en público.

P. El Departamento de Eficiencia Gubernamental de Elon Musk despidió a más del 10% de la plantilla de la NSF.

R. El 18 de febrero dieron las órdenes de despedir a más de 200 empleados. A muchos se los llevaron a una sala para leerles una carta dictada por el Departamento de Eficiencia Gubernamental, en la que se decía que los despedían por falta de rendimiento. La realidad es que en la NSF la gente trabaja a destajo. Yo trabajo por las noches y los fines de semana, trabajamos sin parar. Ese día despidieron a más de 200 personas y armamos un cirio, trabajando con la Federación Estadounidense de Empleados Gubernamentales a nivel nacional, porque estaba ocurriendo en otros ministerios y agencias del gobierno. Lo llevamos a juicio y la NSF cambió de actitud y recuperó a un centenar de los trabajadores despedidos. Además, nos hemos enfrentado a la encrucijada que planteaba Elon Musk: o te vas ya y te pago cinco meses de salario o te echamos. Es una campaña de intimidación, con una erosión total de los derechos laborales. La NSF se está cortando el abdomen a sí misma. Aquí tenemos a personas que son líderes nacionales en sus disciplinas, pero esos genios se están yendo. En el sindicato calculamos que ya hemos perdido al menos a 400. Es una fuga de cerebros.

P. ¿Usted cómo definiría lo que está ocurriendo?

R. Lo que está ocurriendo en Estados Unidos es una degradación de la democracia. Hablo como presidente del sindicato, por supuesto. Hay actitudes, normas y valores que previenen la corrupción y se están deshilachando. Acaban de anunciar que van a cerrar los laboratorios de la Agencia de Protección Ambiental, que miden niveles de contaminación, venenos, productos químicos, elementos cancerígenos en el agua… Si eliminas esa información, ¿qué tipo de regulación vas a tener? Vas a ir a un restaurante y no sabrás si la carne está contaminada o no. Han paralizado programas solo porque tenían la palabra negro o la palabra mujer. Eliminaron un proyecto de diversidad de los microbios intestinales porque llevaba la palabra diversidad."              ( Manuel Ansede , El País, 24/07/25)

7.7.25

Varoufakis: ¿Las minorías que viven en Occidente deben asimilarse para que no acabemos siendo una sociedad de extraños? El joven Marx declaró "¿El punto de vista de la emancipación política da derecho a exigir del judío la abolición del judaísmo y del hombre la abolición de la religión? ... Así como el Estado evangeliza cuando ... adopta una actitud cristiana hacia los judíos, así el judío actúa políticamente cuando, siendo judío, exige derechos cívicos"... sobre los efectos de la inmigración, Marx reconoce plenamente que los empresarios norteamericanos e ingleses estaban explotando a propósito la mano de obra barata de los inmigrantes irlandeses, enfrentándolos a los trabajadores nativos y debilitando la solidaridad laboral. Pero para Marx era contraproducente que los sindicatos se volvieran contra los inmigrantes irlandeses y adoptaran postulados antiinmigración. No, la solución nunca consistía en desterrar a los trabajadores inmigrantes, sino en organizarlos... sobre los sindicatos Marx dice que "Los sindicatos funcionan bien como centros de resistencia contra las invasiones del capital. [Pero] generalmente fracasan por limitarse a una guerra de guerrillas contra los efectos del sistema existente, en lugar de intentar también cambiarlo." ¿Cambiarlo en qué? En una nueva estructura corporativa basada en el principio de un empleado, una acción, un voto, el tipo de programa que realmente puede inspirar a los jóvenes que ansían liberarse tanto del estatismo como de las corporaciones dirigidas por los resultados de las empresas de capital riesgo o de un propietario ausente

 "Una joven a la que conocí no hace mucho me comentó que no era tanto la existencia del mal en estado puro lo que le sacaba de quicio, sino más bien las personas o instituciones con capacidad para hacer el bien que, por el contrario, acababan perjudicando a la humanidad. Su reflexión me hizo pensar en Karl Marx, cuya disputa con el capitalismo era precisamente esa: no tanto el que fuera explotador como el que nos deshumanizara y alienara a despecho de ser una fuerza tan progresista.

Los sistemas sociales anteriores podían ser más opresivos o explotadores que el capitalismo. Sin embargo, sólo bajo el capitalismo hemos estado los seres humanos tan completamente alienados respecto a nuestros productos y nuestro entorno, tan divorciados de nuestro trabajo, tan despojados incluso de un mínimo de control sobre lo que pensamos y hacemos. El capitalismo, especialmente después de su fase tecnofeudal, nos ha convertido a todos en una versión de Calibán o Shylock: mónadas en un archipiélago de seres aislados, cuya calidad de vida está inversamente relacionada con la abundancia de artilugios que produce nuestra maquinaria de última generación.

Esta semana, junto con otros políticos, escritores y pensadores, participaré en el festival Marxism 2025 en Londres, y una de las cuestiones que me ocupan es la forma en que los jóvenes de hoy sienten claramente esta alienación que identificó Marx. Pero la reacción contra los inmigrantes y las políticas identitarias -por no mencionar la distorsión algorítmica de sus voces- les paraliza. Y aquí puede volver a entrar Marx con consejos sobre cómo superar esta parálisis, buenos consejos que yacen enterrados bajo las arenas del tiempo.

Tomemos el argumento de que las minorías que viven en Occidente deben asimilarse para que no acabemos siendo una sociedad de extraños. Cuando tenía Marx 25 años, leyó un libro de Bruno Bauer, pensador al que respetaba, en el que defendía que, para acceder al derecho a la ciudadanía, debían los judíos alemanes renunciar al judaísmo.

Marx se puso furioso. Aunque el joven Marx no tenía mucha paciencia con el judaísmo, y de hecho con ninguna religión, su apasionada demolición del argumento de Bauer es un festín para la vista: "¿El punto de vista de la emancipación política da derecho a exigir del judío la abolición del judaísmo y del hombre la abolición de la religión? ... Así como el Estado evangeliza cuando ... adopta una actitud cristiana hacia los judíos, así el judío actúa políticamente cuando, siendo judío, exige derechos cívicos".

El truco que Marx nos está enseñando aquí es cómo combinar un compromiso con la libertad religiosa de judíos, musulmanes, cristianos, etc. con el rechazo total de la presunción de que, en una sociedad de clases, el Estado puede representar el interés general. Sí, los judíos, los musulmanes, las personas de creencias que quizá no compartamos -o que ni siquiera nos gusten mucho- deben emanciparse de inmediato. Sí, las mujeres, los negros y las personas LGBTQ+ deben obtener igualdad de derechos mucho antes de que aparezca en el horizonte cualquier revolución socialista. Pero la libertad exigirá mucho más que eso.

Pasando al tema de los trabajadores inmigrantes que aplastan los salarios de los trabajadores locales, otro campo minado para los jóvenes de hoy, una carta que Marx envió en 1870 a dos asociados de la ciudad de Nueva York ofrece brillantes pistas sobre cómo tratar no sólo con los Nigel Farage de este mundo, sino también con algunos izquierdistas que han mordido el anzuelo de la antiinmigración.

En su carta, Marx reconoce plenamente que los empresarios norteamericanos e ingleses estaban explotando a propósito la mano de obra barata de los inmigrantes irlandeses, enfrentándolos a los trabajadores nativos y debilitando la solidaridad laboral. Pero para Marx era contraproducente que los sindicatos se volvieran contra los inmigrantes irlandeses y adoptaran postulados antiinmigración. No, la solución nunca consistía en desterrar a los trabajadores inmigrantes, sino en organizarlos. Y si el problema es la debilidad de los sindicatos, o la austeridad fiscal, entonces la solución no puede consistir nunca en convertir a los trabajadores inmigrantes en chivos expiatorios.

Hablando de sindicatos, Marx tiene también algunos espléndidos consejos para ellos. Sí, es crucial que aumenten los salarios para reducir la explotación de los trabajadores. Pero no caigamos en la fantasía del salario justo. La única manera de hacer que el lugar de trabajo sea justo es acabar con un sistema irracional basado en la estricta separación entre los que trabajan, pero no poseen, y la ínfima minoría de los que son poseedores, pero no trabajan.

En palabras suyas: "Los sindicatos funcionan bien como centros de resistencia contra las invasiones del capital. [Pero] generalmente fracasan por limitarse a una guerra de guerrillas contra los efectos del sistema existente, en lugar de intentar también cambiarlo."

¿Cambiarlo en qué? En una nueva estructura corporativa basada en el principio de un empleado, una acción, un voto, el tipo de programa que realmente puede inspirar a los jóvenes que ansían liberarse tanto del estatismo como de las corporaciones dirigidas por los resultados de las empresas de capital riesgo o de un propietario ausente que ni siquiera sabe que posee parte de la empresa para la que trabaja.

Por último, la frescura de Marx reluce cuando tratamos de dar sentido al mundo tecnofeudal en el que la gran tecnología, junto con las grandes finanzas y nuestros Estados, nos han encerrado subrepticiamente. Para entender por qué se trata de una forma de tecnofeudalismo, algo mucho peor que el capitalismo de vigilancia, tenemos que pensar como habría pensado Marx en relación a nuestros teléfonos inteligentes, tablillas, etc. Verlos como una mutación del capital -o «capital nube»- que modifica directamente nuestro comportamiento. Para comprender de qué modo los alucinantes avances científicos, las fantásticas redes neuronales y esos programas de inteligencia artificial que desafían la imaginación han creado un mundo en el que, mientras la privatización y el capital de riesgo vacían los activos de toda la riqueza física que nos rodea, el capital en nube se dedica a vaciar los activos de nuestros cerebros.

Sólo a través de la lente de Marx podemos entenderlo realmente: para poseer nuestras mentes individualmente, debemos poseer el capital en nube colectivamente." 

( Yanis Varoufakis, Jaque al imperialismo , 06/07/25,  fuente SinPermiso

20.3.25

Crisis industrial en el jardín europeo... En 2024, la Confederación Europea de Sindicatos advertía de la pérdida de 853.000 empleos en la industria manufacturera de la UE entre 2019 y 2023... Aunque gran parte de estos cierres y despidos se localizan en Alemania, sus efectos se expanden rápidamente. La industria vasca ya se ve afectada por su dependencia de las exportaciones a Europa y Estados Unidos... el capital privado no ha estado a la altura durante estas décadas. Buscando el beneficio a corto plazo, no ha desarrollado las inversiones que requiere una transición productiva... Esto desemboca en una situación en la que la Unión Europea ve cuestionados sus objetivos climáticos si prioriza la protección de sus empresas industriales... En diciembre de 2024, doce de los dieciséis proyectos de fábricas de baterías en Europa lideradas por empresas europeas se encontraban aplazados o cancelados. Mientras tanto, diez de los trece proyectos de fábricas de baterías en Europa liderados por empresas asiáticas avanzaban según lo previsto... ante esto, se dan cuatro tipos de reacciones de forma simultánea: la negacionista, la proteccionista, la cooperativa y la del soborno... la política industrial y climática se desarrolla en un marco de competencia en la que los Estados intervienen para posicionar a sus empresas en las cadenas de suministro mundial... El estancamiento económico dificulta especialmente la descarbonización de sectores industriales muy intensivos en capital, como es el caso de la siderurgia y la automoción... El actual exceso de capacidad siderúrgica mundial y los bajos márgenes de rentabilidad obstaculizan que las empresas asuman las elevadas inversiones y el aumento de costes de producción asociados a la transformación hacia un acero bajo en carbono... Ocurre algo parecido en el sector de las energías renovables. A pesar de la fuerte caída en su precio, todavía no se ha producido el auge previsto porque estos proyectos no son lo suficientemente rentables para los inversores privados... En este contexto convulso, las principales economías mundiales se ven obligadas a reconfigurar el papel del Estado como promotor, supervisor y propietario del capital... En este escenario, la clase trabajadora aparece únicamente como sujeto pasivo en los vaivenes de la competencia mundial. La partida se encuentra dominada por los grandes movimientos de gobiernos y empresas multinacionales... Un sindicalismo ecosocialista debe partir de los conflictos laborales vinculados a la crisis ecológica para desarrollar un sindicalismo de contrapoder que aumente el poder de clase, que acumule victorias, debilite la acumulación capitalista y sitúe a la clase trabajadora como sujeto activo de la transición ecológica que defendemos (Martín Lallana)

 "La historia no se repite, pero rima. Hay ciertos conceptos que reaparecen en la historia en momentos similares: la reindustrialización es uno de ellos. En 1984, el gobierno del Estado español aprobó la Ley de reconversión y reindustrialización. Esto ocurría en mitad de la fase dura de la reconversión industrial, después de la pérdida de más de 600.000 empleos en la industria y el cierre de innumerables empresas manufactureras desde 1977. Durante los últimos años, los pasillos institucionales de la Unión Europea han amplificado el discurso de la reindustrialización verde. Bajo esta retórica, se están aprobando diferentes planes estratégicos orientados a mejorar la competitividad de la industria europea y avanzar en la transición energética. Sin embargo, el escenario de crisis industrial europea en que ocurre esto exige un análisis de fondo. Parece que cada vez que oímos hablar de reindustrialización las personas trabajadoras de la industria deben echarse a temblar.

El otoño de los despidos en la industria

A inicios de 2024, la Confederación Europea de Sindicatos (CES) advertía de la pérdida de 853.000 empleos en la industria manufacturera de la Unión Europea entre 2019 y 2023. Esta caída ocurrió después de una década de relativa estabilidad en el empleo industrial. Lejos de corregirse, las turbulencias económicas del último año apuntan hacia una profundización de la tendencia. Hacemos un repaso de algunos hitos principales, especialmente centrados en la industria de la automoción.

En julio de 2024, Audi anunció el cierre de su fábrica en Bruselas, despidiendo a sus 3.000 personas trabajadoras. La decisión viene motivada por una reestructuración que pone fin a la producción del único modelo que se fabricaba en las instalaciones por una previsión de fuertes caídas en las ventas. El cierre está previsto en febrero de 2025. A esto se suma el plan de reestructuración anunciado en noviembre de 2024, que implica la reducción del 15% de su plantilla en Alemania con el despido de 4.500 personas trabajadoras.

En septiembre de 2024, Volkswagen anunció que estaba considerando cerrar varias fábricas en Alemania por primera vez en sus 87 años de historia. Esto supone la ruptura de su compromiso de protección de empleo que llevaba en vigor desde 1994 y prohibía los despidos en Alemania hasta 2029. La decisión se encontraba motivada por el fracaso de su plan de ajuste con el que esperaba reducir los costes operativos en 10.000 millones y, de ese modo, elevar su margen de beneficios. En diciembre de 2024 se alcanzó un acuerdo con el sindicato IG Metall por el que se evitará el cierre de plantas, pero se suprimirán más de 35.000 puestos de trabajo hasta 2030 a través de prejubilaciones y bajas voluntarias. El acuerdo incluye la reducción de la capacidad productiva en 743.000 unidades anuales en cinco de sus fábricas principales.

En noviembre de 2024, Ford anunció 4.000 despidos en Europa para finales de 2027. Esto supone una reducción del 14% de su plantilla en el continente, que se concentrará especialmente en Alemania, aunque también afectará al Reino Unido. La decisión se justifica por una caída del 18% en sus ventas respecto al año anterior y por los obstáculos competitivos en Europa debido a las regulaciones sobre las emisiones de los nuevos vehículos. En el caso de la fábrica de Ford en Almussafes (Valencia), en julio de 2024 aprobó su cuarto ERE en los últimos cinco años, a través de los cuáles ha reducido su plantilla de 6.700 a 4.200 personas trabajadoras. La planta espera operar con un excedente de plantilla del 50% hasta que en 2027 se les asigne la producción de baterías y un nuevo modelo eléctrico.

Ya en 2022, el consejero delegado de Stellantis amenazaba con que las bajas ventas en Europa implicaban que podrían sobrar 11 fábricas de coches. Este grupo automovilístico es conocido en el sector por su violenta estrategia de ajuste de costes, que entre 2020 y 2023 ha supuesto la supresión de 23.000 empleos en Europa. En 2024, la producción de Stellantis en Italia ha caído en un 40% respecto al año anterior, llegando al nivel más bajo desde 1956. En noviembre de 2024 anunció el cierre de su fábrica de furgonetas Vauxhall en Luton (Reino Unido), que afectará a más de 1.100 personas trabajadoras. Ese mismo mes, la compañía presentó un ERTE en su fábrica de Figueruelas (Zaragoza) que, en 2025, afectará a 4.200 personas de las 5.000 que conforman la plantilla.

Esta oleada de cierres y despidos en las plantas ensambladoras de la automoción expande sus efectos a lo largo de toda la cadena de suministro. La Asociación Europea de Proveedores de Automoción (CLEPA) afirma que en 2024 se han suprimido 30.000 empleos en toda la industria. En febrero de 2024, el fabricante francés de salpicaderos y sistemas de escape Forvia anunció su intención de suprimir 10.000 empleos en Europa en los próximos cinco años. Ese mismo mes, el grupo alemán de automoción y neumáticos Continental anunció 7.150 despidos para ser más competitiva en el giro hacia el vehículo eléctrico. En noviembre de 2024, el grupo de neumáticos Michelin anunció el cierre de dos plantas en Francia, en las que trabajan 1.254 personas. También en noviembre de 2024, el grupo Bosch anunció un plan de ajuste que incluye el despido de 5.500 personas trabajadoras antes de 2028, la mayoría de ellas en Alemania.

Aguas abajo, las consecuencias alcanzan a la industria siderúrgica: la automoción representa el 17% de la demanda de acero de la Unión Europea. En noviembre de 2024, Thyssenkrupp anunció un plan de reestructuración que incluye una reducción del 40% de la plantilla de su filial siderúrgica antes de 2030. Esto supondría la supresión de 11.000 empleos, que la compañía justifica por el contexto de baja demanda estructural de acero de la industria europea, la creciente competencia asiática y la situación de sobrecapacidad y baja rentabilidad de los fabricantes europeos. En diciembre de 2024, el gobierno alemán propuso topar el precio de la electricidad para la industria del acero y no descarta el rescate estatal de Thyssenkrupp.

Aunque gran parte de estos cierres y despidos se localizan en Alemania, sus efectos cruzan rápidamente las fronteras. La industria vasca ya se está viendo afectada por su dependencia hacia las exportaciones hacia Europa y Estados Unidos. En los tres primeros trimestres de 2024 las exportaciones vascas han caído en un 5%, alcanzando una caída del 17% en las ventas hacia Alemania. La patronal guipuzcoana (ADEGI) anunció que la ralentización de la economía alemana incidirá especialmente en su industria de la metalurgia y la automoción, y que el 21% de las empresas de industria metálica guipuzcoana creen que reducirán sus plantillas en el futuro próximo.

Tres décadas fracasadas de política climática neoliberal

Detrás de esta crisis industrial hay una combinación de factores estructurales y coyunturales, geopolíticos y económicos. Por la importancia que tiene, nos interesa centrarnos en la relación entre crisis industrial y transición energética.

Actualmente, en la Unión Europea, nos enfrentamos a las consecuencias de tres décadas de política climática neoliberal. Desde mediados de los años 90, las políticas de transición energética se han basado en la aplicación de mecanismos de mercado. El papel que han jugado los gobiernos ha sido el de incentivar la innovación y la inversión privada, garantizando la rentabilidad de los nuevos mercados. El enfoque dominante se ha basado en la lógica del palo y la zanahoria: penalizar los combustibles fósiles asignándole un precio a las emisiones de carbono y promover las tecnologías bajas en carbono a través de subvenciones.

Bajo este marco, la Unión Europea se ha marcado el objetivo de reducir a un 55% sus emisiones de carbono en 2030. La última década ha estado marcada por una intensa actividad legislativa y regulatoria. La nueva fase del régimen de comercio de derechos de emisión (RCDE UE) reduce la asignación gratuita de cuotas a las instalaciones más contaminantes. El Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono (MAFC) busca evitar la deslocalización de la producción de cemento, hierro y acero, fertilizantes o aluminio. Y el Reglamento Euro 7, prohíbe la venta de turismos y furgonetas con motores de combustión interna que generen emisiones de CO2 a partir de 2035.

El problema de este enfoque es que el capital privado no ha estado a la altura durante estas décadas. Guiada por la búsqueda de beneficios a corto plazo, la industria europea no ha desarrollado las inversiones que requiere una transición productiva a gran escala. Al mismo tiempo, el desarrollo tecnológico e industrial de China impone una feroz competencia mundial ante la que la Unión Europea difícilmente puede hacer frente. Esto desemboca en una situación en la que la Unión Europea ve cuestionados sus objetivos climáticos si prioriza la protección de sus empresas industriales.

El Plan Industrial del Pacto Verde Europeo aprobado en 2023 es un intento de atajar este problema, buscando mejorar la competitividad y aumentar la capacidad de producción de tecnologías para la transición energética de la industria europea. Su principal pilar es la Ley sobre la industria de cero emisiones netas, que marca el objetivo de que la capacidad de fabricación de tecnologías limpias de la UE alcance al menos el 40% de las necesidades domésticas anuales en 2030. Sin embargo, estos planes distan mucho de ser una estrategia industrial sólida, coherente y adecuadamente financiada. Básicamente están formados por una combinación de simplificación administrativa para acelerar la concesión de permisos, flexibilización de las normas de ayudas públicas a empresas y acuerdos de libre comercio para asegurar el suministro de materias primas.

Un ejemplo del fracaso europeo cristalizó cuando Northvolt se declaró en quiebra en noviembre de 2024. Esta empresa sueca tenía detrás a gigantes como Volkswagen, Goldman Sachs, BlackRock y Siemens, y era la gran esperanza de la Unión Europea para aumentar su capacidad doméstica de fabricación de baterías para vehículos eléctricos. La quiebra se produjo por dificultades en el desarrollo tecnológico, por mala gestión operativa y por el frenazo en los planes de electrificación de las principales compañías automovilísticas a quienes tenía previsto suministrar baterías. Pero el caso de Northvolt no es una excepción. En diciembre de 2024, doce de los dieciséis proyectos de fábricas de baterías en Europa lideradas por empresas europeas se encontraban aplazados o cancelados. Mientras tanto, diez de los trece proyectos de fábricas de baterías en Europa liderados por empresas asiáticas avanzaban según lo previsto.

Podemos encontrar fenómenos similares en las energías renovables. En la energía solar fotovoltaica hace ya tiempo que la UE perdió la carrera tecnológica frente a China, quien actualmente fabrica más del 90% de los módulos fotovoltaicos instalados en Europa. La situación es diferente en la energía eólica, donde los fabricantes europeos han mantenido una buena posición y cubren el 88% de la demanda doméstica de aerogeneradores. Pero en los últimos años China ha acelerado su desarrollo eólico, acumulando prácticamente todo el aumento en la capacidad de fabricación de los tres últimos años. Este impulso ha generado una caída sostenida de los precios de los aerogeneradores y las empresas chinas están ofreciendo precios un 40-50% más bajos que las europeas. Al mismo tiempo, empresas europeas de eólica como Siemens Gamesa, Vestas y Nordex enfrentan diferentes problemas económicos, que han desembocado en un gran rescate por parte de gobiernos y la banca europea. Esto pone en duda quién será capaz de suministrar la gran cantidad de aerogeneradores que deberían instalarse en los próximos años.

En todos estos casos, el patrón que se repite es el mismo. Por un lado, los competidores chinos están produciendo la tecnología necesaria para la transición energética a un coste mucho más bajo que la industria europea. Por otro lado, los planes de transición energética implican duplicar o triplicar la capacidad instalada de renovables y baterías hasta 2030. La velocidad a la que debe producirse la transformación productiva pilla a la industria europea con el pie cambiado, mientras que las empresas chinas necesitan ampliar sus exportaciones para rentabilizar la sobrecapacidad de fabricación que han construido en los últimos años. Esta situación está poniendo a mucha gente nerviosa y se están dando cuatro tipos de reacciones de forma simultánea: la negacionista, la proteccionista, la cooperativa y la del soborno.

La respuesta negacionista consiste en afirmar que la política climática ha ido demasiado lejos y está penalizando la competitividad de las empresas europeas. Por eso se pide reconsiderar los objetivos marcados y retrasar la prohibición de venta de vehículos de combustión interna fijada para 2035. Estas presiones se han expresado desde la industria automovilística, pero también desde los gobiernos de varios Estados miembros. Giorgia Meloni calificó esta prohibición como una política autodestructiva e insiste en que Bruselas debe corregir esta elección. A las críticas de Italia se suman el Partido Popular Europeo, Alemania, República Checa y Francia: todos ellos piden flexibilizar las reglas de emisiones y revisar el Reglamento Euro 7.

La respuesta proteccionista sigue el rumbo marcado por Estados Unidos a través de la aplicación de aranceles a los productos con los que las empresas domésticas no son capaces de competir. La Unión Europea aprobó en octubre de 2024 un arancel del 45% a la importación de coches eléctricos desde China, alegando competencia desleal por los subsidios estatales recibidos. Esta es una decisión que más división genera entre industria y gobiernos: los fabricantes alemanes se oponen a los aranceles por miedo a una guerra comercial en la que sufran las represalias. En el sector eólico, Bruselas inició en abril de 2024 una investigación sobre las subvenciones estatales de las que podrían estar beneficiándose los fabricantes chinos de aerogeneradores.

La respuesta cooperativa asoma en los planes de Bruselas para exigir la transferencia tecnológica a las compañías chinas como condición para acceder a subvenciones. Cuando la Unión Europea convoque subvenciones para el desarrollo de baterías, se introducirán nuevos criterios que obligarán a las empresas chinas a compartir sus conocimientos tecnológicos. Irónicamente, la transferencia tecnológica fue uno de los requisitos que China aplicó a las empresas europeas que accedieron a su mercado interior desde su apertura comercial en los años 80.

La respuesta del soborno se resume en regar con dinero público a grandes empresas privadas para que mantengan y refuercen sus inversiones en la Unión Europea. Esto es una reacción a la Ley de Reducción de la Inflación de Estados Unidos, que impuso este marco en 2022 con mucha mayor capacidad de financiación. El mayor ejemplo de esta respuesta se encuentra en el Informe Draghi, que la Comisión Europea ha afirmado que tomará como referencia durante los próximos cinco años. En este documento se aconseja crear un nuevo fondo de deuda común para reindustrializar Europa y recuperar la competitividad, movilizando una inversión anual adicional de 800.000 millones de euros.

Estancamiento, sobrecapacidad e inversión productiva

El escenario es el siguiente: la política climática queda dominada por la política industrial y la política industrial verde toma la forma de guerra comercial entre bloques regionales. Lejos de cualquier marco de colaboración internacional, la política industrial y climática se desarrolla en un marco de competencia en la que los Estados intervienen para posicionar a sus empresas en las cadenas de suministro mundial.

Esto entraña tres peligros destacables. El primero, es el completo abandono de cualquier tipo de objetivos climáticos de reducción de emisiones. Recorrer el último lustro antes de 2030 con Trump en la Casa Blanca no ofrece ninguna esperanza, y veremos cuán lejos lleva su famoso “Drill, baby, drill” [Perfora, nena, perfora]. El segundo es el aumento de las tensiones internacionales que puede derivar en potenciales conflictos bélicos. El impulso de la industria militar por parte de la Unión Europea y la centralidad de la OTAN en el último periodo es una pendiente resbaladiza. El tercero es un escenario de suma cero en el que el triunfo de las diferentes industrias domésticas en el mercado mundial se realiza a costa de la destrucción de sus competidores. Europa parte con una gran desventaja y será la clase trabajadora quien asuma las consecuencias de esta derrota a través de los cierres, despidos y reestructuraciones que ya empezamos a ver.

Detrás de este escenario convulso se encuentran algunas tendencias de fondo en la economía mundial. Uno de los mayores obstáculos para la transición energética bajo el capitalismo es el estancamiento de la economía mundial desde los años setenta. Este estancamiento se justificaría por un exceso de capacidad crónica, en el que demasiados productores intentan vender en los mismos mercados. Esto generaría una tendencia en la que la reducción de los precios empuja a la baja la tasa de beneficio, se reduce la inversión y descienden las tasas de crecimiento. Algunos análisis afirman que la actual política industrial verde no logrará una expansión económica duradera, sino que agravará los problemas de exceso de capacidad a escala mundial. En lugar de estimular un ciclo de inversión productiva por parte del capital, se obtendría una exigencia cada vez un mayor de apoyo estatal en forma de subvenciones o garantías directas de rentabilidad.

El estancamiento económico dificulta especialmente la descarbonización de sectores industriales muy intensivos en capital, como es el caso de la siderurgia y la automoción. En el primer caso, la capacidad siderúrgica mundial de 2023 superó a la producción de acero en 543 millones de toneladas, y las previsiones señalan que esta cifra aumentará en los próximos años. El actual exceso de capacidad siderúrgica mundial y los bajos márgenes de rentabilidad obstaculizan que las empresas asuman las elevadas inversiones y el aumento de costes de producción asociados a la transformación hacia un acero bajo en carbono.

A pesar de las subvenciones públicas millonarias a su disposición, las empresas del sector no se deciden por la transformación productiva por motivos económicos. En noviembre de 2024, ArcelorMittal anunció la suspensión de los proyectos de hornos de reducción directa en Europa, tecnología necesaria para la descarbonización del acero. Días después, un ejecutivo de la compañía expresó que si la UE no limita las importaciones desde el exterior ni aumenta masivamente las subvenciones directas, se resentirá la industria europea del acero, sus empleos y su descarbonización.

Ocurre algo parecido en el sector de las energías renovables. A pesar de la fuerte caída en su precio, todavía no se ha producido el auge previsto porque estos proyectos no son lo suficientemente rentables para los inversores privados. Muchos proyectos no se desarrollan porque los promotores no logran obtener los créditos financieros en condiciones suficientemente atractivas. Históricamente se aprecia cómo cuando se reduce el apoyo gubernamental la inversión privada se desploma. La presión para pagar dividendos a las y los accionistas condiciona el comportamiento de las grandes carteras de inversión, que priorizan la rentabilidad a corto plazo en lugar de grandes inversiones en infraestructuras energéticas.

De forma paralela, la velocidad y escala a la que debe darse la transición energética genera desajustes entre capacidad productiva y demanda que pueden tener importantes consecuencias económicas. En 2023, la capacidad productiva de módulos fotovoltaicos representaba el 251% de la demanda mundial, la de aerogeneradores el 144%, la de baterías el 301% y la de electrolizadores el 500%. Todos estos sectores dominados por China. Bajo esta situación de sobrecapacidad, los fabricantes chinos necesitan acceder a grandes mercados regionales para sostener su ritmo de crecimiento y rentabilizar sus inversiones.

En este contexto convulso, las principales economías mundiales se ven obligadas a reconfigurar el papel del Estado como promotor, supervisor y propietario del capital. Lejos de ser una decisión de gobiernos concretos, la mayor intervención estatal en la economía es un fenómeno global desde la crisis de 2008 que en estos momentos se está intensificando. El discurso de la reindustrialización verde es el mayor ejemplo en la Unión Europea. A medida que el crecimiento económico se ralentiza, la competencia mundial se acentúa y la sobrecapacidad penaliza la rentabilidad de sus empresas, los países se ven obligados a abandonar los tópicos de libre comercio y reclaman abiertamente políticas de nacionalismo económico. Lejos de ser una victoria progresista, este renacimiento del estatismo es una muestra del agotamiento del sistema de acumulación capitalista.

Transición Justa y conflicto sindical

En este escenario, la clase trabajadora aparece únicamente como sujeto pasivo en los vaivenes de la competencia mundial. La partida se encuentra dominada por los grandes movimientos de gobiernos y empresas multinacionales. Las reacciones de las personas trabajadoras en la industria sobre la situación actual se pueden sintetizar en tres ejes. Por un lado, hay una sensación generalizada de incertidumbre sobre el futuro. La ausencia de planificación sobre la transformación productiva provoca preocupación sobre el futuro del empleo y las condiciones laborales. Por otro lado, se observa cómo las transformaciones anunciadas van asociadas a un aumento de la precariedad a través del fraccionamiento de las plantillas, la subcontratación de servicios y el abuso de los contratos temporales. Por último, la transición energética se vive como una imposición de la empresa. Las plantillas y los comités de empresas quedan excluidos de las decisiones que afectarán directamente a su puesto de trabajo. La combinación genera un cóctel inflamable en el que los discursos reaccionarios y negacionistas se fortalecen.

Esto colisiona frontalmente con el discurso de la Transición Justa que abrazaron las principales centrales sindicales desde mediados de los 2000. Desde sus orígenes, este planteamiento fue mutando hasta ser prácticamente indistinguible del marco de crecimiento verde y diálogo social. Según su lógica, las empresas apoyadas por los gobiernos realizarán unas inversiones verdes que generarán más empleo que el destruido durante la transición energética. El papel de los sindicatos quedaría limitado a participar en el diálogo social. El problema con este paradigma win-win [todo el mundo gana] es que la realidad económica está siendo mucho más convulsa. Este marco se muestra incapaz de afrontar una situación como la actual, en la que el pacto social se encuentra especialmente deteriorado y el estancamiento económico dificulta el estímulo de la inversión productiva.

Esta impotencia refuerza la urgencia de un enfoque sindical alternativo. Un sindicalismo ecosocialista debe partir de los conflictos laborales vinculados a la crisis ecológica para desarrollar un sindicalismo de contrapoder que aumente el poder de clase, que acumule victorias, debilite la acumulación capitalista y sitúe a la clase trabajadora como sujeto activo de la transición ecológica que defendemos. En este sentido, adquieren cada vez más importancia la anticipación y planificación de los conflictos, la reducción de la jornada laboral y las propuestas de reconversión industrial ante conflictos concretos. Afortunadamente, durante los últimos años son cada vez más las experiencias sindicales internacionales que avanzan en este sentido. Dotarnos de las herramientas sindicales adecuadas y utilizarlas con decisión marcará la lucha de clases los próximos años y el rumbo de las transformaciones que necesitamos para esquivar las peores consecuencias de la catástrofe ecológica."

( , Viento Sur, 18/03/25)

25.2.25

Trabajadores federales se movilizan contra el “golpe corporativo” de Musk y Trump... y dieron la voz de alarma en 30 concentraciones de «Salvemos nuestros servicios» en todo el país... allí se encontraban los despedidos, o amenazados, de la Agencia de Protección del Medio Ambiente, la Oficina de Protección Financiera del Consumidor, la Seguridad Social, la Administración de Veteranos y una sopa de letras de otras agencias que hacen de todo, desde gestionar parques nacionales hasta avisar a los residentes de inundaciones inminentes. Los manifestantes advirtieron de la posible privatización la Seguridad Social y la asistencia sanitaria a los veteranos, y de la eliminación de las protecciones de los consumidores y del medio ambiente... "La única forma de salir de ésta es que los trabajadores federales que están en primera línea hagan un llamamiento al movimiento obrero en general, salgan a la calle y conviertan esto en una crisis política que no puedan gestionar"... Los despidos masivos de trabajadores federales y el estrangulamiento de la financiación federal por parte de Trump continuaron esta semana en la Administración Federal de Vivienda, la Administración Federal de Aviación, la Fundación Nacional de Ciencia, la Administración de Alimentos y Medicamentos, los Centros para el Control de Enfermedades y la Administración para Niños y Familias, que ofrece educación infantil y servicios de nutrición para familias de bajos ingresos... los trabajadores académicos de la Universidad de Washington se manifestaron contra la congelación de fondos que está paralizando su investigación y provocando despidos. «Estoy orgulloso de haber contribuido en algo a ayudar a los pacientes de leucemia en el futuro», dijo Philip Creamer, investigador de Hematología y Oncología en la concentración. “Pero no puedo hacerlo sin una fuente estable de financiación y gran parte de ella procede de los NIH”... NIH Fellows United, un nuevo sindicato en los Institutos Nacionales de Salud, emitió una demanda para negociar sobre la congelación de la contratación, las prohibiciones de viajar, la cancelación de todas las reuniones y un «apagón de comunicaciones»... Trump nombró a un director que ordenó el cierre de la Oficina de Protección Financiera del Consumidor (CFPB)... Jasmine Hardy, trabajadora del CFPB, explicó su trabajo, dijo que la CFPB ha recuperado 21.000 millones de dólares para el público, limitando las excesivas comisiones por sobregiro de los bancos, las comisiones de las tarjetas de crédito y las comisiones que a los bancos les gusta cobrar sólo porque pueden. A los banqueros no les gusta la agencia... La senadora Elizabeth Warren sugirió que la animadversión de Musk viene de su plan de crear «X Money», como parte de un plan para hacer de X (antes Twitter) la «aplicación de todo»... «Ahora nos toca a nosotros cumplir nuestro juramento a la Constitución, al gobierno y al público al que servimos, para asegurarnos de que Elon Musk no se salga con la suya», dijo Dols, de la Red de Sindicalistas Federales (Jenny Brown)

 "Los miembros de los sindicatos de empleados federales se han estado manifestando, reuniendo y demandando, a medida que una agencia tras otra ha sido golpeada por el «Departamento de Eficiencia Gubernamental» (DOGE) de Elon Musk, una entidad privada que no rinde cuentas y que ha estado exigiendo acceso a todos los registros del gobierno mientras difunde mentiras salvajes sobre el despilfarro y el fraude.

Unos 20.000 trabajadores han sido despedidos sumariamente hasta ahora.

Los trabajadores federales dieron la voz de alarma el miércoles en más de 30 concentraciones de «Salvemos nuestros servicios» en todo el país, incluidas las celebradas en Nueva York, Washington, D.C., Atlanta, Filadelfia, Denver, Boston, Boise, Chattanooga y Chicago.

Entre los trabajadores que protestaban se encontraban los despedidos, o amenazados, de la Agencia de Protección del Medio Ambiente, la Oficina de Protección Financiera del Consumidor, el IRS, la Seguridad Social, la Administración de Veteranos y una sopa de letras de otras agencias que hacen de todo, desde gestionar parques nacionales hasta avisar a los residentes de inundaciones inminentes.

Los manifestantes advirtieron de la posible privatización de servicios esenciales como la Seguridad Social y la asistencia sanitaria a los veteranos, y de la eliminación de las protecciones de los consumidores y del medio ambiente.

ÚNETE A LA F.U.N.

La única forma de salir de ésta es que los trabajadores federales que están en primera línea hagan un llamamiento al movimiento obrero en general, salgan a la calle y conviertan esto en una crisis política que no puedan gestionar», declaró Chris Dols, presidente del sindicato IFTPE Local 98 del Cuerpo de Ingenieros del Ejército, en una de las tres concentraciones “Salvemos nuestros servicios” celebradas el miércoles en la ciudad de Nueva York.

 Dols es uno de los líderes de un nuevo grupo, la Red de Sindicalistas Federales, que convocó las protestas. Utilizando las listas que habían ido confeccionando durante meses y los contactos conseguidos gracias a la explosión de energía de las últimas semanas, sus miembros llamaron a activistas sindicales federales de todo el país, pidiéndoles que secundaran las acciones locales. Muchas de estas concentraciones fueron respaldadas por las secciones locales o nacionales de los sindicatos de trabajadores federales.

«Todo el mundo ahora mismo y durante las semanas o meses o lo que haga falta tiene que convertirse en organizador», dijo Dols. «Si eres empleado federal y no sabes cuál es tu sindicato, participa en la FUN, te ayudaremos a averiguarlo. Si no tienes sindicato, te ayudaremos a aprender a organizar uno».

DESPIDOS INDISCRIMINADOS

Los primeros en la cola de despidos, según la administración, son 200.000 trabajadores que están a prueba, normalmente porque llevan menos de 12 meses en su puesto.

«Es estresante porque hay personas en periodo de prueba que están aprendiendo su trabajo y reciben correos electrónicos sin previo aviso en los que se les despide, simplemente 'Adiós'», dijo Jaclyn Imperati, miembro de AFGE que trabaja en la Oficina Ejecutiva de Revisión de Inmigración en Nueva York.

«Acabas de cambiar tu vida, dejaste un trabajo para venir aquí, y ahora te despiden. Vaya».

En muchas agencias, los trabajadores informan de que se les concedió una «baja administrativa» en cartas que decían que «la capacidad, los conocimientos y las aptitudes del trabajador no se ajustan a las necesidades actuales de la agencia, y su rendimiento no ha sido el adecuado para justificar la continuación de su empleo en la agencia». La carta era un modelo: Los trabajadores las recibían incluso cuando sus evaluaciones eran excelentes.

El lenguaje puede estar diseñado para evitar demandas alegando que los despidos fueron por causa justificada. Sin embargo, algunos trabajadores dijeron que las cartas ni siquiera incluían sus nombres, sino que contenían campos que decían «nombre» y «apellido».

Imperati afirma que la gente está acudiendo al sindicato debido a las amenazas. «Duplicamos el número de afiliados en nuestro edificio el día que todo esto empezó a ocurrir», dijo.

«Creo que trabajar para el gobierno federal siempre se ha visto como algo protegido», dijo. «No te pueden despedir a voluntad. No te pueden despedir porque alguien haya tenido un mal día».

Ahora, dijo, sus compañeros ven que «el sindicato es la única protección que tienes para que no te despidan sin causa». (Los centros de trabajo federales son open shop, por lo que los trabajadores no tienen que afiliarse al sindicato).

EMPLEOS CONGELADOS

Los despidos masivos de trabajadores federales y el estrangulamiento de la financiación federal por parte de la administración Trump continuaron esta semana en la Administración Federal de Vivienda, la Administración Federal de Aviación, la Fundación Nacional de Ciencia, la Administración de Alimentos y Medicamentos, los Centros para el Control de Enfermedades y la Administración para Niños y Familias, responsable del programa Head Start, que ofrece educación infantil y servicios de nutrición para familias de bajos ingresos.

Algunos trabajadores despedidos se encargan de comprobar los dispositivos médicos para asegurarse de que son seguros. Otros trabajan en los intercambios de la Ley de Asistencia Asequible. Alrededor de 400 empleados de la FAA fueron despedidos: Se encargan del mantenimiento de los equipos de navegación de la FAA. Los trabajadores de la FHA ayudan a obtener hipotecas a personas que de otro modo no podrían conseguirlas.

Además de los despidos, no se está contratando a nadie para cubrir las vacantes existentes. «Asuntos de Veteranos, la EPA, el Departamento de Justicia... se ha congelado la contratación en todo el Gobierno», dijo Timothy McLaughlin, de la Federación Americana de Empleados del Gobierno (AFGE). Dijo que ya había 50.000 vacantes en el sistema de VA.

«Ha habido miles de empleados en periodo de prueba y potenciales contratados a los que se les ha dicho: no vais a venir, nos retractamos de nuestras ofertas», dijo McLaughlin. «He recibido llamadas de gente llorando. Esto está arruinando la vida de la gente».

Muchas de las medidas de Musk y Trump están siendo retenidas en los tribunales o retiradas por los electores. A algunos trabajadores a los que se les dijo que sus puestos de trabajo ya no existían se les ha dicho después que vuelvan.

PARALIZACIÓN DE LA INVESTIGACIÓN MÉDICA

«¡No toquen nuestra investigación!» fue el mensaje en una concentración de 500 personas en la Universidad de Washington en Seattle. Los miembros del sindicato Auto Workers Local 4121, los trabajadores académicos de la Universidad de Washington, se manifestaron contra la congelación de fondos que está paralizando su investigación y provocando despidos.

«Estoy orgulloso de haber contribuido en algo a ayudar a los pacientes de leucemia en el futuro», dijo Philip Creamer, investigador postdoctoral de Hematología y Oncología en la concentración. “Pero no puedo hacerlo sin una fuente estable de financiación y gran parte de ella procede de los NIH”.

El sindicato tiene prevista una concentración ante el Departamento de Salud y Servicios Humanos y una campaña nacional de recogida de llamadas dirigida a los legisladores.

NIH Fellows United, un nuevo sindicato en los Institutos Nacionales de Salud en Maryland, emitió una demanda para negociar sobre la congelación de la contratación, las prohibiciones de viajar, la cancelación de todas las reuniones y un «apagón de comunicaciones», dijo el sindicato.

«La ley es clara, la administración Trump no puede cambiar unilateralmente los términos de nuestro empleo», dijo Marjorie Levinstein, que está en el comité de negociación del sindicato e investiga la adicción a las drogas. Son miembros del Local 2750 de Auto Workers.

Dols, en Nueva York, instó a los sindicalistas a pensar más allá del incumplimiento de los contratos: «Claro, se están incumpliendo nuestros contratos sindicales. Están incumpliendo los acuerdos y eso es horrible. Realmente están incumpliendo las leyes. Pero el verdadero mensaje es salvar nuestros servicios, porque no hay Seguridad Social sin trabajadores de la Seguridad Social. No hay protección del medio ambiente sin la Agencia de Protección del Medio Ambiente y la gente que trabaja para ella».

ROBO DE DATOS AL POR MAYOR

«¿Cómo se deletrea corrupción?» «¡E-L-O-N!», coreaban los trabajadores en la Plaza Federal durante un piquete al mediodía en Nueva York.

Trabajadores de la CFPB, de la Seguridad Social y del IRS, denunciaron que los esbirros de Musk han estado acaparando los datos del público sin supervisión ni rendición de cuentas.

Spencer Gould, vicepresidente del capítulo 47 de NTEU en el IRS en Nueva York, dijo que los sindicatos son la primera línea de defensa ya que Elon Musk y Trump «están agarrando los datos personales de cada estadounidense, para hacer quién sabe qué para quién sabe quién.»

«Están destrozando las instituciones que son las partes del Gobierno que albergan la democracia de nuestro país», dijo. Musk es jefe de una entidad privada, DOGE, y ni DOGE ni su nombramiento para dirigirla fueron llevados ante el Congreso.

PROTECCIÓN DEL CONSUMIDOR

La lucha por la Oficina de Protección Financiera del Consumidor (CFPB), creada tras el colapso financiero de 2008, está en los tribunales. La administración Trump nombró a un director que ordenó el cierre de la agencia, pero el Sindicato de Empleados del Tesoro (NTEU) la demandó, y una orden judicial la mantiene actualmente abierta. Musk tuiteó prematuramente «CFPB RIP» el 7 de febrero.

Jasmine Hardy, trabajadora del CFPB, explicó su trabajo en un mitin en Nueva York: «Cuando hay errores en los informes de crédito, que impiden a las personas acceder al crédito, podemos corregir esos errores». Hardy es vicepresidenta del capítulo 335 de NTEU. Dijo que es difícil rastrear los registros y arreglar las cosas, «pero eso es lo que voy a hacer, porque quiero trabajar para el pueblo estadounidense.»

Hardy dijo que la CFPB ha recuperado 21.000 millones de dólares para el público desde que empezó, limitando las excesivas comisiones por sobregiro de los bancos, las comisiones de las tarjetas de crédito y las comisiones que a los bancos les gusta cobrar sólo porque pueden. A los banqueros y multimillonarios, naturalmente, no les gusta la agencia.

La senadora de Massachusetts Elizabeth Warren, que defendió la creación de la Oficina, sugirió que la animadversión de Musk viene de su plan de crear «X Money» como parte de un plan para hacer de X (antes Twitter) la «aplicación de todo».

«¿Adivina qué agencia se aseguraría de que el nuevo proyecto de Elon no pudiera estafarte o robar tus datos personales sensibles?», dijo Warren: “La CFPB”.

«La división de poderes y los controles y equilibrios se han desmoronado de alguna manera», dijo Dols. «Ahora nos toca a nosotros cumplir nuestro juramento a la Constitución, al gobierno al que servimos y al público al que servimos, para asegurarnos de que Elon Musk no se salga con la suya»."                      

( Jenny Brown, Scheer Post, 25/02/25, traducción DEEPL, enlaces en el original, fuente Labor Notes )

27.6.24

La condena a las seis de La Suiza la sufren las seis compañeras de CNT-Xixón que pusieron su vida como dique de contención de los abusos de un empresario contra una trabajadora. Son ellas las que ven su vida destruida por tejer lazos de solidaridad con sus iguales y por eso es necesario que todos y cada uno de los que creemos en la importancia de las luchas compartidas que demos todo lo que tenemos para ayudarlas y devolverles algo de lo que han perdido porque lo hicieron por todos nosotros. Nos necesitan y no podemos fallarles. La condena es disciplinante porque pena la solidaridad entre iguales. Lanza un aviso claro a quien se une para ayudar a un compañero o compañera para que se quede en casa y se meta en sus propios problemas. Destroza los vínculos colectivos... Podemos, Sumar, IU y el PCE no pueden tener a partir de hoy otra prioridad que no sea sacar de la cárcel a los seis compañeros sindicalistas que han sido castigados por defender a una compañera frente a su patrón... No puede haber otra prioridad para los partidos de izquierdas que lograr el indulto de las seis compañeras, reformar la ley y garantizar que el sindicalismo no vuelva a ser delito. No hay mayor urgencia porque las luchas colectivas se construyen con el lema partisano de no dejar a nadie atrás. Es una línea roja, si no lo hacen nos tendrán enfrente. No hay excusas

 "La adscripción burguesa de las direcciones de los partidos de izquierdas se puede ver en la poca importancia que le han dado a la condena a prisión de las seis sindicalistas de La Suiza. No es su culpa, no son conscientes de la importancia del sindicalismo combativo, de aquel que pone el cuerpo contigo frente a tu empresa porque es posible que por su posición social nunca hayan tenido que acudir a la sede de un sindicato a pedir ayuda o consejo. No significa esto que los partidos de izquierdas no expresen en su discurso la importancia de la labor sindical porque han leído mucho sobre ella y porque participan de sindicatos dialoguistas, pero no comprenden de manera interna la importancia de tener un lugar donde ir y saber que esa gente se va a jugar la cárcel por ayudarte únicamente por pertenecer a la misma clase social y tener un conflicto laboral. No lo saben porque no lo han vivido. Se nota en su tibia reacción.

El sindicalismo de clase y combativo que no se aviene a las mesas de diálogo es molesto hasta para la izquierda porque le enseña que pueden ser funcional a los intereses de la patronal. Hay situaciones en los márgenes, de pequeños conflictos, de gente sin capital social, que no se discute en una mesa de negociación con la CEOE sino que se dirimen enfrente de una pastelería o acompañando a una camarera de piso a su puesto de trabajo. CNT no es un sindicato dialoguista que busca los acuerdos con la patronal, es un sindicato combativo que no mira cuál es la empresa, el empresario o la adscripción ideológica del patrón a la hora de hacer su labor sindical. No le importa si es un fascista o comunista, por eso molesta. Simplemente recibe al trabajador, lo escucha, lo acompaña y lo defiende con la fuerza colectiva de todos sus militantes. No importa nada más. Por eso sí es molesto y la defensa de sus militantes no pasa de una declaración voluntarista que sirva para evitar críticas políticas o acumular capital simbólico.

La condena a las seis de La Suiza la sufren las seis compañeras de CNT Xixón que pusieron su vida como dique de contención de los abusos de un empresario contra una trabajadora. Son ellas las que ven su vida destruida por tejer lazos de solidaridad con sus iguales y por eso es necesario que todos y cada uno de los que creemos en la importancia de las luchas compartidas que demos todo lo que tenemos para ayudarlas y devolverles algo de lo que han perdido porque lo hicieron por todos nosotros. Nos necesitan y no podemos fallarles. La condena es disciplinante porque pena la solidaridad entre iguales. Lanza un aviso claro a quien se une para ayudar a un compañero o compañera para que se quede en casa y se meta en sus propios problemas. Destroza los vínculos colectivos.

Podemos, Sumar, IU y el PCE no pueden tener a partir de hoy otra prioridad que no sea sacar de la cárcel a los seis compañeros sindicalistas que han sido castigados por defender a una compañera frente a su patrón. Han condenado a prisión a Jara, Cristina, Héctor, Olga, Beatriz y Laura pero buscan con ello reprimir cualquier atisbo de acción colectiva y lucha sindical. No puede haber otra prioridad para los partidos de izquierdas que lograr el indulto de las seis compañeras, reformar la ley y garantizar que el sindicalismo no vuelva a ser delito. No hay mayor urgencia porque las luchas colectivas se construyen con el lema partisano de no dejar a nadie atrás. Es una línea roja, si no lo hacen nos tendrán enfrente. No hay excusas para eludir su responsabilidad y se lo vamos a recordar cada día."             (Antonio Maestre , blog, 26/06/24)

4.6.24

Manolo Monereo: propuestas concretas para reconstruir aquí y ahora la izquierda... Las diferencias ideológicas de las diversas izquierdas hoy son demasiado grandes... hay que pasar por un periodo intermedio, tal vez no demasiado largo, donde lo que nos una sea por un lado un programa alternativo a lo existente y por otro lado el intento de construir desde abajo organización, vínculos sociales, insertarse en el conflicto social en cada territorio. Y luego una cosa fundamental, que sin resolverla no hay nada que hacer, la clave de bóveda de la etapa que viene y que estamos viviendo, dramáticamente entre la guerra y la paz, entre el conflicto nuclear, y la crisis ecológica. En esta etapa habrá que partir de un dato esencial: el estado nación... y habrá que situar como tarea prioritaria, una agenda socialista, una agenda democrática socialista... A la extrema derecha le estamos dejando la clase trabajadora, Le estamos dejando España, su cultura y sus valores a las derechas unificadas y nos estamos quedando sin un proyecto alternativo de país... ¿quién podría y cómo convocar esos estados generales de la izquierda? Podría convocarlos una mesa de organizaciones político-sociales, y que esa mesa diseñara una especie de propuesta de mecanismo para la construcción de una democracia social avanzada... esto no es una tarea de la clase política, no es una tarea de cuatro partidos políticos que quedan de una historia más o menos espléndida o más o menos grande. Aquí ahora lo que cabe es la modestia, lo que cabe es el debate político honesto y limpio y lo que cabe es suscitar debate y organización desde abajo... La mesa de partidos debe iniciar el debate, propiciar ese debate y dejar que ese debate se vaya organizando colectivamente y desde abajo a partir de una propuesta alternativa de país

 "(...) Hemos dicho antes que la izquierda estaba aniquilada. ¿Puedes formular aquí y ahora algunas propuestas concretas para reconstruir aquí y ahora la izquierda?

—No es fácil, entre otras cosas porque en política las propuestas no surgen solo de un grupo de intelectuales que en una cafetería o con una conversación, en una revista, hacen propuestas. La política es fuerza, organización, programa, estrategia. La primera cuestión es constatar que estamos en un momento terminal de un tipo de izquierda, de un ciclo político de esa izquierda y que lo primero que hay que hacer es un análisis honesto, riguroso, sincero de cómo hemos llegado hasta esta situación, porque vivimos una paradoja, querido Miguel, la de que por un lado se nos dice que ahora que gobernamos tenemos más poder que nunca, pero a su vez vamos teniendo menos organización, menos estructuras, menos cuadros y menos vínculos sociales organizados, es decir, que teóricamente tenemos mucha influencia, pero cada vez tenemos menos votos y menos organización. 

Y lo que re­sulta dramático es que, como se está tan mal, como se está tan al límite y la situación política es tan dura, tan difícil, la idea es que no se puede dejar de gobernar, porque sin gobernar somos todavía más débiles y todavía tendremos menos futuro. Por lo tanto todo se confía a seguir gobernando, porque fuera del gobierno no solamente hace mucho frío, sino que seríamos casi inútiles. Pero el problema es que conforme más tiempo estemos en el gobierno más inútiles seremos, menos capacidad de respuesta tendremos y menos capacidad de hacer un análisis serio y honesto de la situación por la que pasa la izquierda en el conjunto de la izquierda europea y específicamente del sur de Europa. Eso es lo primero que hay que hacer, un debate serio y honesto.

En segundo lugar hay que plantearse lo que ya he dicho tantas veces que me da un poco de vergüenza repetirlo, pero no se me ocurre otra idea: ir hacia unos estados generales de la izquierda, es decir, ir hacia una asamblea lo más amplia posible, lo más autoorganizada posible, para discutir de una manera abierta y sincera los grandes problemas que tiene el país y ponerse de acuerdo en un programa alternativo. Para mí el problema no es el de una candidatura, no es problema electoral, es un problema de estrategia y de definición política sustancial y es ahí donde yo veo que la izquierda está perdida, no sabe exactamente qué hacer, los cuadros ven cómo progresivamente van perdiendo influencia y peso social y electoral y la tentación de seguir gobernando se convierte casi en la única posibilidad de contar algo en política. Hay que ir a una asamblea, a unos estados generales de la izquierda de los que surja un programa básico….

 —¿Y esperas que de ahí surja una nueva formación política? Ese gato está escaldado…

—Las diferencias ideológicas de las diversas izquierdas hoy son demasiado grandes para pensar en una formación política nueva sin más, hay que pasar por un periodo intermedio largo, tal vez no demasiado largo, donde lo que nos una sea por un lado un programa alternativo a lo existente y por otro lado el intento de construir desde abajo organización, vínculos sociales, insertarse en el conflicto social en cada territorio. Y luego una cosa fundamental, que sin resolverla no hay nada que hacer, la clave de bóveda de la etapa que viene y que estamos viviendo, dramáticamente entre la guerra y la paz, entre el conflicto nuclear, y la crisis ecológica. En esta etapa habrá que partir de un dato esencial: el estado nación. El estado nacional sigue siendo el centro de anudamiento de todas las contradicciones sociales, si no partimos de ese estado nacional, si no partimos de sus realidades, de reforzar y retomar ese estado, si no partimos de la soberanía popular, de la lucha por la independencia nacional, todo está perdido y no encontraremos respuesta a lo que está ocurriendo. Es decir, hace falta reivindicar el estado nacional, partir de que la clave de bóveda en este momento es la contradicción cada vez más fuerte entre la democracia popular, la democracia social y el capitalismo realmente existente y, en tercer lugar, habrá que situar de nuevo como tarea prioritaria en los próximos años una agenda socialista, una agenda democrática socialista.

 —Resumamos.

—Estas son las tres cuestiones que yo considero decisivas: la primera,  retorno, refuerzo del estado nación, lo cual no significa ni autarquía ni repliegue interno, todo lo contrario, sino que implica la lucha por un nuevo internacionalismo; en segundo lugar y muy en serio y de una manera definitiva, la clave hoy no es una contraposición abstracta entre democracia y fascismo, ese no es el problema de hoy, no porque no haya fascismo sino porque lo que está en cuestión es la propia democracia por el predominio de un capitalismo cada vez más depredador, más oligárquico y con mayor capacidad destructiva y hay que entender la necesidad que tienen las poblaciones de protegerse de él; y, en tercer lugar, situar de nuevo una agenda socialista en torno a las grandes reivindicaciones de una democracia social avanzada, de una democracia socialista. Si no partimos de ahí nunca saldremos de este hoyo. Hay un viejo dicho chino que decía que para salir del hoyo lo primero que hay que hacer es dejar de cavar. Y cavar para mí es continuar en este mecanismo que nos ha llevado a la derrota de gobernar con Pedro Sánchez, a caer en una estrategia meramente institucionalista y electoral, a perder vínculos sociales, a perder capacidad organizativa y desmovilizar a una parte cada vez más grande de la sociedad. A la extrema derecha le estamos dejando la clase trabajadora, Le estamos dejando España, su cultura y sus valores a las derechas unificadas y nos estamos quedando sin un proyecto alternativo de país.

 —Y para acabar esta conversación ¿quién podría y cómo convocar esos estados generales de la izquierda que propones?

—Pues existen muchos mecanismos. Podría convocarlos una mesa de organizaciones político-sociales, y que esa mesa diseñara una especie de propuesta de mecanismo para la construcción de una democracia social avanzada, de una democracia socialista y que en ese marco se pueda enhebrar un discurso y una estrategia alternativa. Eso se podría hacer, siempre se ha hecho. La clave no es que cinco o seis organizaciones que un día se dan cuenta que ya no son lo que eran y que están al borde de la desaparición acaben diciendo lo que hay que hacer, sino que hay que establecer una dialéctica entre lo organizado y lo no organizado y propiciar la autoorganización. Es decir, esto no es una tarea de la clase política, no es una tarea de cuatro partidos políticos que quedan de una historia más o menos espléndida o más o menos grande. Aquí ahora lo que cabe es la modestia, lo que cabe es el debate político honesto y limpio y lo que cabe es suscitar debate y organización desde abajo. No basta solo con crear una fórmula más de las muchas que se han creado, un nuevo mecanismo electoral de los muchos que se han creado y se van a crear. Hace falta ir más allá, hace falta organización, hacen falta vínculos sociales, hace falta insertarse en el conflicto territorial y hacen falta programas y estrategias.

Y eso no se resuelve en una mesa de partidos. La mesa de partidos debe iniciar el debate, propiciar ese debate y dejar que ese debate se vaya organizando colectivamente y desde abajo a partir de una propuesta alternativa de país.

 —Bien, dicho queda, veremos si alguien recoge algunas de esas ideas.

—Pues eso espero, y supongo que seguiremos hablando de ello. La izquierda que viene es una izquierda que va a tener que hacerse una autocrítica muy fuerte, y muy pocos de los dirigentes actuales van a continuar, porque van a ser muy duramente criticados. La experiencia del Gobierno con Pedro Sánchez va a ser muy criticada también y, por lo tanto, tenemos que abrirnos a un proceso de autocrítica general y en ese marco situar los elementos de una política alternativa. Trataremos de ayudar en lo que sea."

(Entrevista a  Manolo Monereo,  El Viejo Topo, 01/06/24)

3.6.24

Los trabajadores licenciados se están sindicando en grandes números, ganando una campaña tras otra con un apoyo del 90% o más... Hemos ganado elecciones en ocho grandes universidades, entre ellas el MIT y la Universidad de Minnesota... estamos formando a los trabajadores en métodos de organización, aprovechando su conocimiento de sus propios lugares de trabajo y compañeros... y luego dejamos que la organización se convierta en una bola de nieve, a medida que los trabajadores forman a otros que forman a otros, y la campaña cobra vida propia... el auge de la graduación exigía una nueva forma de hacer las cosas... Muchas campañas de trabajadores licenciados habían fracasado en los departamentos de ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas. Así que, tras la innovadora victoria del MIT, los organizadores de otros campus tomaron prestados sus argumentos para explicar por qué los ayudantes de investigación necesitan un sindicato... Los graduados de Stanford, Dartmouth y Cornell se beneficiaron de las lecciones aprendidas en todas estas campañas anteriores. En Stanford consiguieron que se firmaran más de 2.000 carnés sindicales en un solo día

 "Se trata de la mayor oleada sindical que ha vivido el movimiento obrero estadounidense en décadas. Los trabajadores licenciados se están sindicando en grandes números, ganando una campaña tras otra con un apoyo del 90% o más.

Y lo que es más, los trabajadores están al mando de estas campañas, con poca ayuda del personal del sindicato.

Hoy en día, la mayor parte de la organización sindical se basa en un enfoque que requiere mucho personal y que es difícil de ampliar. Pero el auge de los graduados ofrece un esbozo de un modelo dirigido por los trabajadores que podría ayudar a invertir el declive de la mano de obra.

Sólo la Unión de Trabajadores de la Electricidad (UE) ha organizado a cerca de 30.000 graduados en el último año y medio. Hemos ganado elecciones en ocho grandes universidades, entre ellas el MIT y la Universidad de Minnesota. Los trabajadores de otras universidades han votado a favor de sindicarse con UNITE HERE, United Auto Workers y otros sindicatos.

En algunos campus, los graduados han inscrito a 1.000 compañeros en el sindicato en un solo día y han alcanzado la mayoría en las peticiones de «vota sí» en cuestión de semanas.

Estas movilizaciones masivas no serían posibles si dependieran principalmente del personal del sindicato. No podríamos avanzar tan rápido si el personal del sindicato tuviera que hablar con todos los trabajadores, o incluso si un miembro del personal tuviera que formar e informar a todos los trabajadores que realizan actividades de divulgación.

En lugar de eso, estamos formando a los trabajadores en métodos de organización, aprovechando su conocimiento de sus propios lugares de trabajo y compañeros... y luego dejamos que la organización se convierta en una bola de nieve, a medida que los trabajadores forman a otros que forman a otros, y la campaña cobra vida propia.

 Ni UE ni otros sindicatos suelen organizarse así. Pero el auge de la graduación exigía una nueva forma de hacer las cosas. Tuvimos que soltar las riendas para ponernos a la altura de la velocidad a la que iban los trabajadores.

La relación entre el personal del sindicato y los trabajadores de base ha cambiado. El personal se convirtió en educador y facilitador, guiando a los trabajadores a través de los retos de la nueva organización. Los trabajadores desarrollan ahora sus capacidades de liderazgo formando a otros comités de organización, haciendo crecer un movimiento nacional.

Las raíces de esta estrategia se remontan al pasado de nuestro sindicato, cuando los líderes de UE construyeron por primera vez su sindicato en los talleres eléctricos y mecánicos sin la ayuda de personal externo. En otras palabras, esta capacidad no es exclusiva de los trabajadores titulados. Creemos que este modelo dirigido por los trabajadores puede probarse también en otros lugares de trabajo.

ENTREGAR LAS RIENDAS A LOS LÍDERES

Los trabajadores graduados han creado grandes comités de organización de cientos de personas en cada campus, donde los trabajadores se enseñan unos a otros técnicas de organización y se ayudan mutuamente a convertirse en líderes.

Nuestro objetivo: convertir a cada simpatizante en líder, y a cada líder en formador.

Las tareas de organización que tradicionalmente se reservaban al personal del sindicato se transfirieron a los trabajadores-líderes. Por ejemplo, los trabajadores crearon y mantuvieron las bases de datos de organización, en las que los organizadores de departamento registraban sus notas y evaluaciones.

 Los datos se compartieron ampliamente, en lugar de permanecer en el dominio de un grupo cerrado de personal, para que cientos de trabajadores organizadores pudieran utilizarlos para hacer un seguimiento de sus conversaciones y desarrollar sus estrategias departamentales.

Ampliamos nuestra labor organizativa con visitas guiadas, en las que los trabajadores se reunían por parejas para acercarse a sus compañeros en laboratorios y oficinas de todo el campus, una oportunidad para llegar a nuevos departamentos, aumentar su confianza como organizadores y afinar el guión organizativo, todo a la vez.

En lugar de repartir las respuestas del sindicato a las preguntas más frecuentes, los trabajadores intercambiaron ideas sobre las mejores respuestas. Así estaban mucho mejor preparados cuando surgían nuevos temas de debate antisindicales en sus departamentos. Gracias a sus preguntas frecuentes, los trabajadores se prepararon para socavar las reuniones antisindicales con público cautivo y ponerlas en contra de sus supervisores.

REDES ENTRE CAMPUS

Las estrategias y los materiales que funcionaron bien pasaron de un campus a otro.

Muchas campañas de trabajadores licenciados habían fracasado en los departamentos de ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas. Así que, tras la innovadora victoria del MIT -una de las mayores universidades STEM del país-, los organizadores de otros campus tomaron prestados sus argumentos para explicar por qué los ayudantes de investigación necesitan un sindicato.

Los graduados de Northwestern, la Universidad de Chicago y Johns Hopkins se estaban organizando simultáneamente, por lo que organizaron cursos de formación conjuntos e intercambiaron materiales.

 Los graduados de Stanford, Dartmouth y Cornell se beneficiaron de las lecciones aprendidas en todas estas campañas anteriores. En Stanford consiguieron que se firmaran más de 2.000 carnés sindicales en un solo día.

En cada campus, los trabajadores adaptaron y ampliaron los métodos, siempre evaluando lo que podría no funcionar aquí, y confiando en que conocían su propio lugar de trabajo mejor que nadie."

(Valentina Luketa es Coordinadora Nacional de la UE para la Enseñanza Superior, MRonline, 31/05/24, traducción DEEPL)

16.5.24

¿Una nueva primavera para el trabajo? Los años de rápida expansión de los mercados laborales a escala mundial, como en China y Europa del Este, que se abrieron al capital del Norte Global, han llegado a su fin a medida que las poblaciones envejecen y se reducen. Este cambio demográfico está provocando un cambio en el equilibrio de poder entre la mano de obra y el capital... la pandemia también ha cambiado el equilibrio de fuerzas entre el trabajo y el capital... En medio de unos mercados laborales restringidos y un aumento del coste de la vida, se ha producido un resurgimiento de la militancia laboral y las condiciones para un renovado crecimiento sindical son mucho más favorables. En los últimos 12 meses, los sindicatos de todo el mundo se han mostrado cada vez más activos a la hora de amenazar con la huelga o de llevarla a cabo. Por primera vez en unos 40 años, los sindicatos se están extendiendo a nuevas industrias y sectores en las economías avanzadas e incluso al mundo del empleo «informal» del Sur Global... La revitalización sindical se producirá cuando los sindicatos se hagan relevantes tanto para los empleados altamente cualificados como para los trabajadores autónomos (que a menudo trabajan desde casa) y amplíen su presencia entre el creciente ejército de trabajadores de plataformas, en su mayoría jóvenes, inmigrantes y empleados con contratos a tiempo parcial y de duración determinada... En el siglo XX, sólo se consiguió mediante una combinación de acción sindical y legislación política. En el siglo XXI, la lucha se centrará en la automatización de la IA, que amenaza 300 millones de puestos de trabajo en todo el mundo en la próxima década. La respuesta de los trabajadores debe ser una semana de cuatro días, apoyo social y reciclaje para los desempleados por la nueva tecnología. Esto requerirá una combinación de nuevos sindicatos fuertes y partidos políticos dedicados a la lucha de los trabajadores contra el capital (Michael Roberts, economista de la City)

 "El Primero de Mayo se celebra tradicionalmente como Día Internacional de los Trabajadores, cuando la gente se moviliza para apoyar la fuerza y la importancia del trabajo en su lucha perenne contra el capital en la sociedad.  Además de participar en marchas y manifestaciones en todo el mundo, también es una oportunidad para que consideremos cómo les va a las organizaciones de la clase obrera en el siglo XXI.

Primero, las malas noticias.  A partir de los años 80, cuando las políticas neoliberales fueron impuestas por los gobiernos de todas las grandes economías y a menudo seguidas en el resto del mundo, la participación de los trabajadores en la renta nacional disminuyó en la mayoría de los países.

Esto fue el resultado de varios factores.  En las décadas de 1960 y 1970, la rentabilidad del capital a escala mundial cayó en picado.  El capital ya no podía permitirse hacer concesiones en materia de salarios, prestaciones sociales y servicios públicos.  Ahora el orden del día era la privatización, el debilitamiento de los sindicatos y los derechos laborales, los recortes de impuestos a los ricos y la reducción del empleo mediante la transferencia de la industria a las partes del mundo con mano de obra más barata. 

Aumentó la explotación de los trabajadores en el trabajo.  Y cualquier aumento de la productividad del trabajo a través de una mayor intensidad del trabajo, la desregulación de los derechos de los trabajadores y una mayor automatización se convirtió en su mayor parte en beneficios para los propietarios de las empresas.  La caída de la participación del trabajo también se vio impulsada por una serie de caídas de la producción capitalista que debilitaron el poder de los trabajadores en las negociaciones sobre salarios y empleo.  Las empresas de las economías ricas de Norteamérica, Europa y Japón trasladaron sus operaciones de fabricación al «Sur Global» pobre para aumentar la rentabilidad.

La «globalización», como se la denominó, significó que los salarios y las prestaciones de las principales economías no podían seguir el ritmo de los beneficios obtenidos en el extranjero; y en las economías más pobres, los salarios de los trabajadores se mantuvieron bajos mientras las empresas extranjeras utilizaban la tecnología más avanzada para aumentar la producción.  La producción capitalista en las principales economías pasó cada vez más de sectores tradicionales como la ingeniería pesada, el acero, los automóviles, etc. a sectores comerciales y financieros.  La rentabilidad aumentó en todo el mundo y la parte de los ingresos destinada al trabajo retrocedió.

Otro factor clave en la disminución de la participación de los trabajadores en la renta mundial fue el declive de las organizaciones sindicales.  El número de afiliados sindicales como proporción de los empleados se ha reducido a más de la mitad en todas las economías desarrolladas, pasando del 33,9% en 1970 a solo el 13,2% en 2019, según muestran las cifras de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

Si observamos la evolución de la sindicación en 30 países industriales a lo largo de los últimos 130 años de capitalismo, podemos observar algo parecido a una curva en U invertida, con los picos de máxima expansión de la sindicación entre 1950 y 1980.

Pero si miramos las cifras ahora, parece que los días de los sindicatos como fuerza de trabajo han terminado.  Las grandes empresas y establecimientos manufactureros, base del sindicalismo del siglo pasado, han cerrado o se han reducido mediante la subcontratación de tareas y puestos de trabajo. El crecimiento de los servicios comerciales, con establecimientos por término medio más pequeños, ha planteado a los sindicatos el reto de obtener reconocimiento como organizaciones viables.

Los índices de densidad sindical aumentan con el tamaño de la empresa y así ha sido al menos desde los años 30, cuando, por ejemplo en EE.UU., los sindicatos consiguieron organizar a las grandes empresas de la siderurgia, el petróleo, el automóvil, la construcción naval y otras manufacturas afines.  Pero el paso de la industria manufacturera a los denominados «servicios» en las economías capitalistas avanzadas ha reducido el tamaño del empleo de la mayoría de las empresas.  En toda la OCDE, el 63% de todos los afiliados a sindicatos trabajan en empresas de más de 100 empleados, mientras que solo el 7% trabaja en pequeñas empresas de 1 a 9 empleados (datos de 2015). De los no afiliados al sindicato, el 37% trabaja en empresas de más de 100 empleados y el 27% en pequeñas empresas.

En 2019, el 45% de todos los sindicalistas de la OCDE trabajaban en el sector público, lo que supone un aumento respecto al 33% de 1980. Pero en esos 40 años, la proporción del empleo público -administración y seguridad públicas, seguridad social, educación, sanidad y asistencia social- en el empleo total apenas aumentó, del 19% al 21%.  Así pues, la sindicalización en el sector público no puede compensar la pérdida de sindicatos en el sector privado.

En gran parte del «Sur Global», la mayoría de los trabajadores ni siquiera tienen un empleo fijo.  En todo el mundo, el 58% de las personas empleadas se encuentran en lo que se denomina «empleo informal», lo que supone unos 2.000 millones de trabajadores con empleos precarios, que carecen de cualquier defensa organizada de sus derechos en el trabajo y de sus condiciones por parte de las organizaciones sindicales.  Cada vez más, en muchas economías, los jóvenes experimentan un alto grado de inseguridad relacionada con los contratos temporales, el desempleo y las trayectorias profesionales interrumpidas. Los sindicatos les parecen viejos e ineficaces.

No es de extrañar, pues, que sólo alrededor del 2-3% de los trabajadores jóvenes menores de 25 años se afilien a un sindicato.  La tasa media de densidad sindical en la OCDE de los trabajadores menores de 25 años se ha reducido casi a la mitad en poco más de una década, del 11% en 2002 al 6% en 2014, continuando un proceso que comenzó hace décadas. En todos los países, incluidos los de alta densidad sindical como Suecia y Dinamarca, se ha producido un descenso significativo de la proporción de jóvenes que se afilian a un sindicato.

En consecuencia, el número de jóvenes sindicados ha disminuido. La media de la OCDE es del 5,5%, frente al 18% estimado en 1990. En la actualidad, el grupo de edad de los afiliados sindicales más próximo a abandonar el mercado laboral, es decir, los mayores de 55 años, es cuatro veces mayor que el grupo de edad de 15 a 24 años que ingresa en los sindicatos.  Así pues, los sindicatos se enfrentan a una ardua batalla para sustituir a los miembros que se marchan por trabajadores que se afilian.

Como consecuencia del debilitamiento de las organizaciones laborales colectivas, la capacidad de los trabajadores para defender sus derechos en el trabajo y obtener mejores salarios y condiciones también ha retrocedido.  Los niveles de conflictividad laboral se han reducido drásticamente.  Antes de la crisis pandémica de 2020, los días perdidos anualmente por conflictos laborales en las principales economías «ricas» estaban cerca de mínimos históricos.

En muchas partes del Sur Global, los sindicatos y las organizaciones colectivas están prohibidos.  Según la Confederación Sindical Internacional (CSI), Oriente Medio es la peor región en cuanto a represión sindical.  No hay derechos en los centros de trabajo, se desmantelan los sindicatos independientes y se encarcela a los líderes sindicales por liderar huelgas.  El sistema de kafala sigue vigente en varios países del Golfo y los trabajadores inmigrantes, que representan la inmensa mayoría de la población activa de la región, siguen expuestos a graves violaciones de los derechos humanos. En Túnez, los sindicatos temían por la democracia y las libertades civiles a medida que el presidente Kais Saied consolidaba aún más sus poderes autocráticos, mientras que en Argelia y Egipto los sindicatos independientes seguían teniendo dificultades para obtener su registro de unas autoridades hostiles y, por tanto, no podían funcionar adecuadamente.  En Líbano, era habitual que los empresarios interfirieran en las elecciones sociales, incluso borrando nombres de las listas de candidatos.

Estas son todas las malas noticias.  Pero también hay buenas noticias que salen de las malas.  Millones de personas murieron innecesariamente en la pandemia de COVID y otros millones perdieron sus medios de subsistencia en la subsiguiente depresión y la posterior espiral inflacionista.  Pero la pandemia también ha cambiado el equilibrio de fuerzas entre el trabajo y el capital. 

La peste negra y las pestes del siglo XIV redujeron tanto la población de Europa que la mano de obra escaseó hasta tal punto que los terratenientes feudales se vieron obligados a hacer concesiones a sus siervos, permitiéndoles ganar un salario, trabajar menos horas para el señor e incluso obtener la libertad para convertirse en agricultores independientes.  De aquella terrible miseria surgió un periodo de mejora de los medios de subsistencia.

Parece que en esta década post-pandémica del siglo XXI se está produciendo una evolución similar.  Los años de rápida expansión de los mercados laborales a escala mundial, como en China y Europa del Este, que se abrieron al capital del Norte Global, han llegado a su fin a medida que las poblaciones envejecen y se reducen. Este cambio demográfico está provocando un cambio en el equilibrio de poder entre la mano de obra y el capital.

En medio de unos mercados laborales restringidos y un aumento del coste de la vida, se ha producido un resurgimiento de la militancia laboral y las condiciones para un renovado crecimiento sindical son mucho más favorables.  En los últimos 12 meses, los sindicatos de todo el mundo se han mostrado cada vez más activos a la hora de amenazar con la huelga o de llevarla a cabo. Por primera vez en unos 40 años, los sindicatos se están extendiendo a nuevas industrias y sectores en las economías avanzadas e incluso al mundo del empleo «informal» del Sur Global. 

En Estados Unidos, los trabajadores se han organizado y han acudido en mayor número a los piquetes para exigir mejores salarios y condiciones de trabajo.  Profesores, periodistas y camareros figuran entre las decenas de miles de trabajadores que se han declarado en huelga en el último año. De hecho, fue necesaria una ley en el Congreso de Estados Unidos para evitar que 115.000 empleados ferroviarios también se declararan en huelga. Los trabajadores de Starbucks, Amazon, Apple y docenas de otras empresas también presentaron más de 2.000 peticiones para formar sindicatos durante el año, la mayor cantidad desde 2015. Los trabajadores ganaron el 76% de las 1.363 elecciones que se celebraron. Hubo 33 grandes paros laborales que comenzaron en 2023, el mayor número de este siglo.

En otras partes del mundo, podemos ver algo similar. El pasado mes de marzo de 2023, en Sri Lanka, trabajadores de 40 sindicatos, que representaban a sectores como la sanidad, la energía, los servicios financieros y las operaciones portuarias, se declararon en huelga por los planes de gasto del gobierno, a pesar de la amenaza de que los empleados perdieran sus puestos de trabajo por desafiar la proclamación presidencial.  

El sindicato sudafricano NEHAWU (National Education, Health and Allied Workers Union) se declaró en huelga por motivos salariales, a pesar de una orden judicial que prohibía las acciones sindicales. En la India, los cambios propuestos en los códigos laborales del país -incluidas las cláusulas que exigen un preaviso de huelga de 14 días- provocaron huelgas. 

Incluso en Oriente Medio ha habido algunos éxitos.  Los trabajadores de la mayor fábrica textil de Egipto, en Mahalla, consiguieron una importante victoria para decenas de miles de empleados de las empresas estatales egipcias, al obligar al gobierno a aceptar aumentar el salario mínimo a 6.000 libras egipcias, después de que miles de personas se unieran a una huelga que paralizó la fábrica durante casi una semana.

En el pasado, el trabajo organizado estaba dirigido por grandes sindicatos centrales que coordinaban las campañas de sindicalización, dictaban las reivindicaciones de los afiliados y distribuían los beneficios. En cambio, esta nueva oleada de organizaciones laborales son pequeños sindicatos de base en sectores intactos, a menudo específicos de una empresa, como Amazon Labor Union y Starbucks Workers United.  Además, el apoyo de los estadounidenses a los sindicatos ha ido en aumento.  Una encuesta Gallup de agosto de 2023 sugería que dos de cada tres estadounidenses apoyaban a los sindicatos.

Y la batalla para defender los puestos de trabajo y las condiciones frente al impacto de las nuevas tecnologías de IA ha comenzado. Un ejemplo de ello es el acuerdo firmado recientemente por el Gremio de Escritores de América en Hollywood en torno a la preocupación por la adopción de la IA por parte de los empresarios de la industria del entretenimiento.

La revitalización sindical se producirá cuando los sindicatos se hagan relevantes tanto para los empleados altamente cualificados como para los trabajadores autónomos (que a menudo trabajan desde casa) y amplíen su presencia entre el creciente ejército de trabajadores de plataformas, en su mayoría jóvenes, inmigrantes y empleados con contratos a tiempo parcial y de duración determinada.  Esto exigirá nuevos métodos para volver a conectar con los jóvenes.  Cada vez hay más sindicatos que experimentan con sitios web interactivos y medios sociales y con un modelo de afiliación o participación fácil y barato, con bajos costes de entrada o salida.

Así que, en mayo de 2024, podríamos estar al comienzo de un cambio de paradigma en la organización del trabajo.  Pero los sindicatos no bastan para cambiar el equilibrio de poder entre el trabajo y el capital.  Para ello también es necesaria la acción política.  En Europa, los sindicatos se formaron en partidos socialistas a finales del siglo XIX; en el Reino Unido, los sindicatos formaron el Partido Laborista para representar a los trabajadores en la arena política.  La lucha en el lugar de trabajo sólo puede conseguir avances si se combina con la lucha política para cambiar todo el sistema de poder. 

En el siglo XIX, la lucha por la jornada de ocho horas fue un elemento clave de las marchas del Primero de Mayo en Estados Unidos y Europa.  En el siglo XX, sólo se consiguió mediante una combinación de acción sindical y legislación política.  En el siglo XXI, la lucha se centrará en la automatización de la IA, que amenaza 300 millones de puestos de trabajo en todo el mundo en la próxima década.  La respuesta de los trabajadores debe ser una semana de cuatro días, apoyo social y reciclaje para los desempleados por la nueva tecnología.  Esto requerirá una combinación de nuevos sindicatos fuertes y partidos políticos dedicados a la lucha de los trabajadores contra el capital."                   

(Michael Roberts, economista de la City, blog, 16/05/24, traducción DEEPL, gráficos y enlaces en el original)