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23.6.20

Presidente de Ebro Foods: "estos de atrás" a los que se dotará con una renta mínima se convertirán en vagos "ociosos" y "adoctrinados" del Gobierno de turno... ¡y ese siempre fue la tarea del PP! ¡Nos quieren quitar nuestro trabajo!

"Cuando un rico hijo de ricos, que accedió a su inmensa fortuna por vía de herencia, llama vagos al resto de sus compatriotas que luchan cada día por poner un plato de comida delante de sus hijos, no sólo falta a la verdad, sino que muestra un grave problema moral y un punto de crueldad.

Ante el foro organizado por la CEOE para hablar de la crisis de la COVID-19, Antonio Hernández Callejas, presidente de Ebro Foods ha dicho: "Las políticas de una renta básica permanente y no coyuntural consiguen adoctrinar a gente que se acostumbra a la ociosidad".


Cuando un rico hijo de ricos -que accedió a su enorme fortuna gracias a un canal construido con el trabajo esclavo, y hasta las vidas, de cientos de presos políticos del "victorioso" general Francisco Franco, y cuya empresa fue incluida en 2013 en un informe de Oxfam por las condiciones de sus trabajadores en terceros países- sugiere que los obreros de clase baja de su país buscan una "paguita", no sólo muestra una total falta de empatía, también, desde la seguridad de su cómoda burbuja de multimillonario, un absoluto desconocimiento de la realidad en la que viven sus conciudadanos: sobrevivir con 462 euros.

Ha dicho: "Esas políticas (...) consiguen hacer un clientelismo (…). La dignidad de la persona necesita un trabajo y no un subsidio o un cheque que crea dependencia y falta de libertad".

Cuando un rico hijo de ricos -que no paga casi impuestos en relación con su inmenso patrimonio e ingresos gracias a la utilización de instrumentos como las Sicav, que permiten eludirlos legalmente, al que Hacienda levantó acta por impago de impuestos durante años, como consta en la propia memoria de la empresa- se queja de que parte de lo que aporta al bien común vaya a servir para garantizar una mínima dignidad vital a los más desafortunados de sus compatriotas, no sólo muestra una absoluta falta de patriotismo, sino también de respeto a los miles de trabajadores que los pagan religiosamente y por adelantado con las retenciones de sus nóminas.

Ha dicho: "Algunos me dirán que hay que empezar por una reforma fiscal, pero es que los empresarios pagamos impuestos y estamos dispuestos a asumir una reforma fiscal justa pero no confiscatoria, llena de soflamas de otras épocas”.

Cuando un rico hijo de ricos, que figura en las listas de los más ricos, sólo con sus 3.047.000 de retribución en Ebro Foods, una pequeña parte de sus ingresos anuales, podría pagar 6.600 rentas mínimas de 462 euros (hay que ver que demagogo soy, ¿verdad?), genera escándalo en el pueblo llano y trabajador. Es más, mientras los trabajadores miran con miedo a un futuro sin ingresos y desempleo, la empresa cotizada que el preside, Ebro, gracias a la pandemia, aumentó sus ventas en el primer trimestre más de un 22%.

 Y sus beneficios netos todavía más, un 30% que se traducen en casi 50 millones de euros (ya lo saben los ultraliberales, más demanda justifica subidas de precios).
Ha dicho: "Creo que el Gobierno debería de ser sensible a hacer una política fiscal inteligente, no una exclusivamente distributiva (…) El sistema debería tener una contención para que, sin dejar a nadie atrás, como se dice ahora, no hacer que estos de atrás se instalen en el conformismo".

Pues si no fuera por ese conformismo es posible que el despreciativo Antonio Hernández Callejas ("estos de atrás") no pudiera disfrutar tranquilamente de su afición al golf en exclusivos clubes con vallas altas, o de la paz de sus relajantes paseos, porque las calles estuvieran incendiadas por el creciente número de "estos de atrás" indignados."                       (Fernando Vicente, eldiario.es, 18/06/20)

24.2.20

La recuperación económica tras la crisis de 2008 ha dejado a la mitad de la población por el camino, y un cuarto en situación de exclusión residencial por una crisis de vivienda “de proporciones asombrosas”... la pobreza es una elección política y en España se ha decidido mirar para otro lado...

"La recuperación económica tras la crisis de 2008 ha dejado a la mitad de la población por el camino. Esta es la conclusión, demoledora, de la visita a España de Philip Alston, el relator de la ONU para la pobreza y los derechos humanos.

 El experto, que recorrió el país durante dos semanas, apunta sin tapujos a la responsabilidad de los sucesivos gobiernos –centrales y autonómicos– en esta situación: la pobreza es una elección política y en España, la cuarta económica de la Unión Europea, se ha decidido mirar para otro lado. 

O, al menos, no se ha hecho el más mínimo esfuerzo en lo que a compromisos reales a se refiere. Según Alston, los sucesivos planes, objetivos, estrategias y programas sociales que se han puesto en marcha en el país se han ido acumulando en las instituciones sin resultados destacables. En la mayoría de los casos, apunta, las medidas han quedado en poco más que papel mojado y han empujado a España al fondo de la UE en muchos indicadores sociales.

Los datos, contextualizados en un informe de la ONU con experiencias de protagonistas, no hacen más que corroborar el abandono estructural de la mayoría de los pilares del Estado del bienestar. Como consecuencia, un cuarto de la población y casi un 30% de los niños está en riesgo de pobreza y exclusión; la tasa de paro dobla la media comunitaria; y más de la mitad de las personas tienen problemas para llegar a fin de mes. 

Incluso en un ámbito que sigue dejando buenos resultados en los indicadores internacionales, como la Sanidad, los problemas se reproducen o mantienen. Así, y pese a la reforma legislativa de 2018, el informe señala que siguen registrándose casos de exclusión sanitaria, así como dificultades de acceso a servicios básicos por parte la población más vulnerable.  (...)

Por otro lado, el informe hace especial hincapié en la gravísima crisis de vivienda –“de proporciones asombrosas”– que atraviesa el país, con un cuarto de la población en situación de exclusión residencial. Aquí, el relator de la ONU vuelve a sacar los colores a los responsables públicos: se muestra impactado por lo poco que se ha hecho para proteger el acceso a la vivienda, por la permisividad con los fondos buitre o por el desajuste profundo entre las necesidades de la población y las respuestas políticas que se están planteado.

El informe de la ONU recuerda que problemas extendidos durante años, como los desahucios y la pobreza energética, se han unido a la alarmante situación del alquiler, donde los precios se han disparado un 50% entre 2013 y 2019. Casi 4 de cada 10 inquilinos paga sobrecostes, mientras que el parque de vivienda pública es prácticamente inexistente.

Frente a este abandono de los servicios y las políticas públicas, el relator de la ONU alerta sobre cómo los años de crecimiento económico y recuperación se han dirigido, casi en exclusiva, a la parte más alta de la sociedad, dejando a los colectivos más vulnerables de lado: entre 2007 y 2017, los ingresos del 1% de población más rica crecieron un 24%, mientras que los del grueso de la población lo hicieron por debajo del 2%. En el caso de los ingresos fiscales por impuestos empresariales, estos cayeron a la mitad entre el inicio de la crisis y 2019, pese a que las ganancias de las compañías se han recuperado en gran medida. 

Esto, resume Alston, no es más que el reflejo de un sistema que no está diseñado para maximizar la ayuda a las personas con dificultades –el impacto de las transferencias sociales en la reducción de la pobreza es el sexto más bajo de la Unión Europea– y donde la presión y progresividad fiscal destaca por encontrarse muy por debajo de la media europea. 

En última instancia, el responsable de la ONU se muestra sorprendido por el importante trabajo que realiza el tercer sector y por el negacionismo de varios responsables públicos sobre la situación."                  (CTXT, 09/02/20)

21.11.19

Un impresionante 40% de los españoles vive de las pensiones o del paro

"Los salarios siguen perdiendo peso en la economía española. Prueba de ello es que casi el 40% de las personas que a lo largo del año pasado tuvieron relación con la Agencia Tributaria percibían pensiones y prestaciones por desempleo, de acuerdo con los datos aportados por sus pagadores. 

Dicho de otra manera: cuatro de cada diez contribuyentes viven de las prestaciones públicas, es decir, no productivas. El resto, en torno al 60%, fueron perceptores de salarios. 

Es la foto general de la estadística 'Mercado de Trabajo y Pensiones en las Fuentes Tributarias' que acaba de publicar la AEAT. Se trata del informe más exhaustivo que se hace en España sobre rentas derivadas del trabajo. (...)"                     (Cristina Alonso, La Información, 21/11/19)

16.10.19

Andalucía sufre 26 desahucios diarios, el 60% por impagos de alquiler

"4.606 desahucios habitacionales en Andalucía. 26 cada día en los seis primeros meses de 2019. Es el dato aportado por la APDHA, publicados por el Consejo General del Poder Judicial, para denunciar que la problemática de los desahucios en la comunidad apenas ha sufrido mejoras. En 2016 los desahucios diarios en Andalucía eran 27. “La crisis sigue instalada en nuestra comunidad y la política pública en materia de vivienda no está a la altura de lo que esta realidad demanda” denuncia la asociación.

Aunque algo sí ha cambiado. El tipo de desahucio. Si antes la mayoría eran ejecuciones hipotecarios, hoy obedecen al impago del alquiler. Con las cifras en la mano, 1.848 frente a los 2.758, 15 diarios, de desahucios de inquilinos. Se consolida así la tendencia por la que los lanzamientos por impago de las rentas superan a los hipotecarios, algo que para APDHA pone en evidencia que “más allá de grandes anuncios e intenciones, no existen medidas concretas por parte del Estado para un control eficaz del precio de los alquileres”, a diferencia de lo que ocurre en varias ciudades europeas.

Esta situación es más cruda como consecuencia de la mayor tasa de vulnerabilidad social en la autonomía andaluza, como explica APDHA. “Con 835.500 personas en paro (EPA 2º Trimestre 2019), el 38,2% de la población en riesgo de pobreza o exclusión social (INE), una Renta Mínima de Inserción andaluza insuficiente y excluyente, y unos Servicios Sociales minimizados por los drásticos recortes, la pobreza se ha cronificado en nuestra Andalucía y muchas familias se encuentran frente al dilema de comer o pagar la renta”, asegura la asociación.

Por provincias, Málaga es la más castigada con 1.270 desahucios habitacionales -de alquileres e hipotecas-, le siguen Sevilla, con 740, Cádiz (660), Almería (637), Granada (588), Córdoba (256) y Jaén (173).  (...)"                   (El Salto, 10/10/19)


8.10.19

No tenemos Internet, ni coche, ni calefacción… la comunidad no la pagamos durante ocho meses… Compramos lo más barato, arroz, pasta… sin comer verdura ni carne porque está carísima. A mi mujer en su trabajo le dejan productos caducados... Me mato a currar para tener unos 200 ahorrados... Nosotros no vivimos, sobrevivimos… y sobrevivir, se pongan como se pongan no, no es vivir...

"(...) Francisco vive en Madrid, trabaja para una subcontrata como transportista de arte en el Palacio Real y cobra el SMI. Ni un euro más. Su salario neto mensual se queda en unos 960 euros, es decir, 1.050 euros en 12 pagas. Actualmente vive en un piso de 50 m2 y paga 550 euros por un cuarto sin ascensor en un barrio muy humilde.

“Es muy complicado. Yo vivo con mi novia y hemos tenido que tirar del dinero que teníamos ahorrado. El día que nos suban el alquiler del piso no sé cómo vamos a vivir”.
En el caso de Jesús, él es padre de familia, licenciado en Derecho y familiar de un personaje político muy conocido de este país. Su mujer cobra 850 euros al mes trabajando en un supermercado y él ha cobrado el salario mínimo durante un año y ahora se encuentra en paro.

“No tenemos Internet en casa, no tenemos coche, no tenemos calefacción, ni aire acondicionado… la comunidad no la pagamos durante ocho meses y cuando cobramos la extra pagamos todo…”, explica sobre la situación de su familia.

“Los libros del niño son todos prestados y usa la ropa de sus primas cuando se les queda pequeña. Compramos lo más barato para comer; arroz, pasta… sin comer verdura ni carne porque está carísima. Mi mujer tiene suerte porque en su trabajo le dejan algunos productos caducados que se puede traer y con eso cubrimos algunos días… eso te puedo contar”.

Para hablar de Rubén tenemos que irnos hasta Sevilla. Este joven trabaja como informático y cobra 900 euros al mes. Vive con su madre (parada) y su hermana de 18 años y con ese salario tiene que alimentar tres bocas y pagar todos los gastos del hogar.


“Todo el dinero que entra se lo traga la casa y la nevera. No te puedes permitir nada. Tengo algo más de 25 años y no he podido pagarme ni el carné de conducir. Compramos todo de marca blanca porque no podemos comprar otra cosa, y cuando sufrimos cualquier imprevisto es un problema porque nos cruje todo el mes. No podemos tener ningún capricho. Para que te hagas una idea, me he comprado una entrada para un festival y he tardado un año entero en poder pagármela”.

Beatriz trabaja en Barcelona, estudió filología y ahora trabaja para una empresa de abogados como administrativa. Cobra 968 euros al mes y paga 380 euros por una habitación a las afueras de la capital. “Entre lo que tengo que pagar de transporte, la habitación, la comida y cualquier imprevisto que se produce es muy difícil ahorrar. Además, sólo me puedo permitir esta habitación que tiene humedades y debo tener abierta la ventana todo el día. Con el dinero que tengo no me da para más”.
 
Vivir en una ciudad más pequeña tampoco te garantiza nada si ganas el SMI. Teresa vive en Castilla y León y trabaja en un bazar chino. Comenzó trabajando 39 horas a la semana, aunque sólo cotizaba 24 horas, por 600 euros al mes. Al cabo de un tiempo le aumentaron las horas a 55 horas a la semana de lunes a sábado, aunque en el contrato dejaban constancia de que era de 36 horas, entonces empezó a cobrar 850 euros al mes. Ahora ya ha conseguido cobrar el SMI.

“Vivo con mi pareja. Ambos aportamos 500 euros al mes para pagar alquiler, comida, Internet, calefacción, agua, basuras, productos de limpieza… Con los 400 euros que me quedan tengo que pagar el dentista, cualquier cosa que se estropee, tengo que ir a visitar a mi familia, pagarme la vida… Me mato a currar para tener apenas unos 200 ahorrados”, explica.

“En mi caso no podríamos vivir si no fuese gracias a mis padres”, comienza Rosa. Ella vive en Málaga con su familia. “Mi marido y yo somos camareros, lo que quiere decir que trabajamos muchas horas. Yo gano 900 euros y 50 euros de propinas, él no llega a los 1.000 euros al mes. Si lo piensas, podríamos vivir más o menos con esos salarios, pero somos cinco en casa, nosotros y nuestros tres hijos”, argumenta.

“Pagamos casi más de 700 euros en alquiler y a eso hay que sumar los gastos propios del hogar… Somos cinco bocas que tienen que comer, libros del cole, ropa…. No podemos vivir así y mi madre tiene que ayudarnos con 300 euros al mes”.

El caso de Alba no es exactamente así, ella cobra 1.500 euros, pero tiene que estar en dos trabajos. “Estaba trabajando como teleoperadora cobrando el SMI y me llamaron de un estudio de sonido para trabajar por 500 euros al mes a media jornada. Como había estudiado producción audiovisual dije que sí y ahora estoy trabajando en los dos sitios. Con ese dinero te da para vivir, pero a cambio dejas de tener vida”.

Como ellos, Mario, Paloma, Virginia, Sara, Miguel y Julia viven ganando unos 900 euros mensuales. Muchos de ellos con hijos, sin permitirse salir un sábado, ayudados por su familia y con una conclusión común: “Nosotros no vivimos, nosotros sobrevivimos… y sobrevivir, se pongan como se pongan no, no es vivir”. (...)"                     (Alejandra de la fuente, Público, 03/10/19)

3.7.19

Pobres en proteína. Casi 700.000 hogares no pueden llenar en condiciones su nevera. En amplios sectores de la población empieza a cronificarse una nueva forma de exclusión relacionada con el acceso a determinados alimentos como la carne

"Pobres en proteína. Son la enésima huella de los coletazos de esa crisis cuyos efectos, intensificados por las desacertadas recetas aplicadas para salir de ella, está cambiando las estructuras económicas y sociales en España: la falta de recursos económicos impide a más de 680.000 hogares (el 3,7%) en los que viven casi 1,8 millones de personas (el 3,6%) incluir cada dos días una pieza de carne, pescado o ave en su dieta, algo que resulta clave para garantizar una nutrición correcta, especialmente en el caso de los niños y los adolescentes.

La Encuesta de Condiciones de Vida publicada este jueves por el INE (Instituto Nacional de Estadística) sitúa a esta consecuencia de las estrecheces económicas que sufren las familias, que ven restringido el acceso a un nutriente clave para el desarrollo y el mantenimiento de huesos y músculos y de los sistemas neurológico e inmunológico, como el indicador de carencias materiales que peor evoluciona desde el inicio de la crisis.

De hecho, es, junto con la pobreza energética, que es la dificultad para mantener la vivienda a una temperatura confortable, ya sea por frío o por calor, el único cuyos registros son peores que en 2009. Tras empezar a cronificarse con dos años consecutivos en niveles que no se daban desde 2006, lleva camino de duplicarse al haber pasado de afectar al 2,1% de los hogares a hacerlo en el 3,7% (3,6% en personas), mientras la vertiente energética crecía del 7,1% al 9,6%. Mayor, sí, pero con una tendencia menos intensa.

Todos los indicadores de carencia material tienen niveles de incidencia superiores, aunque su evolución, pese a la cronificación de la pobreza y el riesgo de exclusión social entre más de la quinta parte de la población, es, por el contrario, positiva en todos los casos.

Así ocurre con la incapacidad para afrontar gastos imprevistos (36,1% de los hogares en 2009, 36% en 2018), la imposibilidad de irse una semana de vacaciones (40,3 a 34,2%), los retrasos en pagos relacionados con la vivienda (8,1% a 7,3%) o el hecho de no poder disponer de un ordenador (7,5% a 5,1%) o de un automóvil (6% a 5,4%).

La carencia se concentra en los hogares con los niveles de renta más bajos, algo para lo que apuntan una explicación los informes de consumo del Ministerio de Agricultura, que señalan cómo en los últimos cuatro años, entre 2014 y 2018, y pese al descenso generalizado de la demanda, el precio medio de la carne se ha encarecido algo más de un 8%, con aumentos superiores al 2% anual salvo en 2016, cuando se quedó en el 0,8%.

Un kilo, que da para entre cinco y siete raciones, sale, de media, a 6,69 euros, algo que, obviamente, no todos los hogares pueden permitirse.  (...)"                      (Eduardo Bayona, Público, 27/06/19)

20.2.19

¿Cuánta gente pasa hambre en España? Un millón de personas...

"La obsesión por los datos es sin lugar a duda uno de los símbolos de nuestro tiempo. (...)

Los Estados, por su parte, también recopilan muchísimos datos sobre sus ciudadanos lo que, entre otras cosas, les permite elaborar informes repletos de indicadores económicos y estadísticas de lo más variopinto. 

Sin embargo, ni los unos ni los otros son capaces de responder con precisión a una pregunta: ¿cuánta gente pasa hambre en el mundo? En efecto, en esta supuesta Arcadia feliz del Big Data en la que todo se mide, no sabemos la respuesta a una pregunta, que al menos a mí, me parece muy pertinente.

Dado que no sabemos con exactitud el número de hambrientos que hay en el mundo, tomaremos como referencia las estimaciones que regularmente publica la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO en sus siglas en inglés).

 En su último informe (publicado en septiembre de 2018), la FAO estima que en el año 2017 casi 821 millones de personas en el mundo pasaron hambre, es decir ¡una de cada nueve! Según este mismo informe esto supone un considerable aumento con respecto a 2014, año en el que "solo" pasaban hambre 783 millones de personas.

En el caso de España, tampoco contamos con cifras fiables sobre el hambre. Según el informe de la FAO que veíamos unas líneas más arriba, en España hay alrededor de 600.000 personas en situación de inseguridad alimentaria grave. Sin embargo, según la Asociación Estatal de Directoras y Gerentes de Servicios Sociales "la mala alimentación por motivos económicos y, en ocasiones, el hambre, son situaciones reales que afectan a más de un millón de personas en España". 

  Si el lector no acaba de fiarse de estos datos le recomiendo darse una vuelta por los muchos comedores sociales regentados por organizaciones como Cáritas: en sus puertas siempre hay gente esperando su ración de esperanza (léase comida).

 También le puede preguntar a esos miles de niños y niñas que van al colegio sin poder desayunar porque sus familias no pueden permitírselo y cuya única "oportunidad" de alimentación mínimamente decente es la comida que ofrecen los colegios al mediodía.

 En este sentido vale la pena recordar algo que ya han advertido las autoridades europeas: en el año 2016 la tasa de riesgo de pobreza de menores de 18 años en España era del 29,7%, es decir 9,7 puntos superior a la media europea y solo por detrás de Rumanía y Bulgaria (nota: En 2017 esta tasa bajó en España al 28,3%).

Sí, en esta España del año 2019 no estamos viviendo esa hambruna extrema que mata a millones de personas en el África subsahariana, pero podemos decir con rotundidad que la "insolvencia alimentaria" es real. De hecho "insolvencia alimentaria" es un eufemismo y sería más correcto decir que hay gente que pasa hambre.

 Pensemos en una familia con tres hijos que cuando llega final de mes no tiene dinero y cuya nevera está vacía. Los padres se preguntan entonces qué le van a dar de comer a sus hijos. ¿Acaso eso no es hambre?  (...)

Creo, en definitiva, que el hambre en España es un asunto que cualquier gobernante decente tendría que incluir entre sus prioridades. Así pues, la próxima vez que alguien diga que defiende el interés "de los españoles", sería menester preguntarle si le parece lógico que tantos españoles y españolas pasen hambre y qué piensa a hacer al respecto."                  (Manuel Bruscas, Huffpost, 16/02/19)

16.11.18

El joven que afronta más de 3 años de prisión por robar un bocadillo: "Tenía hambre"

"La Fiscalía ha rebajado a tres años y medio de cárcel su petición de pena —antes del juicio pedía casi cinco años— para un joven al que acusa de robar un bocadillo en una panadería de Barcelona, amenazando presuntamente a las dependientas con un trozo de lata, cuya defensa alega que actuó por un "estado de necesidad" ya que tenía hambre. (...)

Por su parte, Mònica Caellas, abogada del acusado, ha pedido su libre absolución argumentando que los hechos no pueden calificarse de robo, dado que no hay "daño patrimonial" alguno en llevarse un bocadillo que las propias dependientas afirman se habría dado a beneficencia si no se hubiera vendido, y que, aunque lo fuera, su cliente actuó movido por un "estado de necesidad", lo que la doctrina denomina "hurto famélico".

De hecho, en su declaración en el juicio, el acusado ha reconocido que se abalanzó sobre el mostrador de la panadería para hacerse con un bocadillo porque "tenía hambre", después de que un cliente al que pidió ayuda se negara a comprarle algo de comer, pero ha insistido en que en ningún momento amenazó ni intimidó a nadie.

Las dependientas del local, por su parte, han explicado ante el juez que el acusado esgrimió ante ellas un objeto metálico "muy pequeño", que no han sabido identificar, y que tras hacerse con el bocadillo abandonó el local a toda velocidad.

Las testigos han reconocido que no avisaron a la policía en ese momento, pero sí dos horas más tarde, cuando el acusado, según su versión, regresó al establecimiento, al parecer con síntomas de embriaguez, y empezó a increparlas e insultarlas.

Durante ese segundo episodio, el acusado se autolesionó con el objeto que llevaba, lo que acredita el parte médico del centro que le atendió tras su detención, y reconoce el propio procesado, que ha afirmado que lo hizo para "llamar la atención".

"No hay robo, porque no hubo daño patrimonial ni delito contra el propietario", ha sostenido la abogada del acusado, en declaraciones a Efe, tras subrayar que "ni se ha podido determinar cuánto valía el bocadillo, ni se ha hecho ofrecimiento de acciones a la panadería".

Para pedir la absolución de su cliente, la abogada se ha remitido además a varias sentencias absolutorias de los llamados casos de "hurtos famélicos", en los que se aplica la eximente completa a personas que han cometido un delito bajo una situación de "estado de necesidad".      (Público, 06/11/18)

9.5.18

Yo tuve un vecino que desapareció. “A Antonio le quitaron la pensión porque no se enteró de que tenía que ir a un curso. Vivía en la calle y no tenía teléfono ni, evidentemente, dirección postal”...

"Yo tuve un vecino que se llamaba Antonio, un hombre silencioso y concienzudo que llegó a acumular cuatro colchones, uno encima de otro. La humedad de la calle en invierno necesita más colchones que las princesas con garbanzo, y otros tantos edredones. Le bajábamos mantas en uno de esos gestos brutales que enternecen a las muchachas con alma de perlé y a los idiotas.

Antonio se acomodó en el hueco del número 124 donde antes había cerrado una agencia de viajes. Con el tiempo llegó a tener una estantería pequeña con una docena de libros, una mesita, un cuaderno, un boli y el cuadro de un payaso cuyo gesto recordaba a siniestras ilustraciones de colegio religioso.

Antonio era un hombre limpio. Se duchaba en unos baños públicos cerca de Plaza de Castilla. Al levantarse pasaba la escoba por el trozo de la acera que habían ocupado sus colchones. Quizás por eso, porque no parecía lo suficientemente pobre ni en absoluto miserable, los curas y las monjas de la iglesia de enfrente perdieron pronto su interés por él.

Un día al salir hacia el cole con la pequeña, nos dimos cuenta de que había desaparecido todo: Antonio, los colchones, las mantas y la pequeña biblioteca. Ya había llegado el calor cuando pocos días antes Antonio nos enseñó una carta de la Comunidad de Madrid. Se la había dado la asistente social con la que se encontraba de tanto en tanto: le quitaban la pensión, le dejaban sin nada.

Resulta que nuestro vecino cobraba un subsidio que no llegaba a 300 euros, no le daba para pagar el alquiler, la luz, el agua, etc., pero sí para comer y dormir en el portal que hay llegando a la plaza. Le quitaban esa pensión porque no había acudido a un curso. Dicho curso entraba dentro de las condiciones indispensables para seguir recibiendo esa pensión.

 No fue al curso porque no se enteró de que tenía que ir. No se enteró de que tenía que ir porque Antonio vivía en la calle y no tenía teléfono ni, evidentemente, dirección postal. Y así todo.

Antonio desapareció y ocuparon su lugar, en ese florecer de nuevos vecinos sin domicilio postal, un joven en el portal de lo que había sido un banco online, una mujer en la entrada en lo que había sido un restaurante rancio abierto en 1939; una lectora habitual que pide unas monedas sin levantar la vista de su libro, etc.

En el camino a pie que va desde la glorieta de Ruiz Jiménez hasta La Marea, junto a la plaza Benavente -dos kilómetros que recorren el centro de Madrid-, me cruzo con 17 “vecinos” sin código postal, me doy cuenta de que a menudo pienso en Antonio. Sin duda el problema de Antonio era no tener teléfono, ni dirección postal, ni transistor. Así, ¿cómo iba él a enterarse de que por fin ha llegado la recuperación?"                       (Cristina Fallarás, La Marea, 22/04/18)

7.5.18

Casi 700.000 hogares españoles no alcanzan a tener una alimentación digna. 2017: cada vez más pobres


"(...) La mejora en los datos macroeconómicos contrasta con las condiciones de vida de ciudadanos que, por ejemplo, no alcanzan a tener una alimentación digna.

El avance del informe anual sobre pobreza en la UE de Eurostat, la oficina estadística oficial de la Comisión Europea, muestra que más de 683.000 hogares españoles, el 3,7% del total, no pudo acceder a una comida proteínica cada dos días en 2017; se trata del porcentaje más alto desde que empezó la Gran Recesión: 1,7 puntos más que en 2008 (2,2%) y 0,2 puntos más que en los años más duros de la crisis (3,5% en 2013).

 Las familias monoparentales son las que más sufren, pasando del 4,9% en 2015 y 2016 a un 8,1% en 2017, lo que se traduce en casi 150.000 hogares con este problema. Estas familias están gestionadas en un 83% por mujeres, según el INE.

 La incapacidad de los ciudadanos para afrontar gastos económicos inesperados también está lejos de los niveles anteriores a la crisis. En el año 2008, el 29,6% de la población no era capaz de lidiar con este tipo de pagos no previstos, y, pese a las mejoras con respecto a años anteriores, en 2017 ese porcentaje se sitúa 7 puntos por encima de entonces (36,6%). 

En este caso son las personas menores de 65 años, quienes más han sufrido las restricciones económicas en esta década: en 2008, un tercio del total (33,2%), no podía afrontar gastos extra; hoy, le sucede a 4 de cada 10 menores de 65 (42,8%).  (...)

Mientras tanto, el Gobierno de España anuncia a bombo y platillo “los presupuestos más sociales de la historia”. La realidad, como contó en CTXT Emilio de la Peña, es que, desde la llegada de Rajoy al poder, las partidas sociales, excluidas las pensiones, han disminuido un 27%. Este año, son las más bajas desde 2009.   (...)

El indicador AROPE es una de las principales referencias para evaluar la situación socioeconómica de la población. El indicador, incluidos en la estrategia de crecimiento de la UE ‘Europa 2020’, mide el riesgo de pobreza y exclusión social de la población en base a distintas variables: renta, privación material.

Desde el estallido de la crisis, este indicador ha alcanzado picos sobresalientes en nuestro país, hasta el punto de que 13,4 millones de personas –casi el 28% de la población– estaban en riesgo de pobreza y exclusión social en 2014. En 2016 sólo se redujo a un 27,8%, consolidándose en más de 12,9 millones las personas en esta grave situación. "            (Arturo Tena, José Luis Marín, CTXT, 01/05/18)

5.4.18

"Dependo de la pensión de mi padre para vivir"

"Martín, por otro lado, tiene sólo 23 años. Es uno de las escasas decenas de jóvenes que ayer por la mañana estaban en Sol a primera hora junto a jubilados y pensionistas. Su grupo, con otro par de chicos y chicas, era el más numeroso de jóvenes en la zona del monumento del Oso y el Madroño en un día que invita a quedarse en casa.

Él estaba allí en un sábado gris «para luchar por unas pensiones dignas, que están en riesgo no sólo por el Gobierno y las circunstancias políticas», dice. Afirma que también «está pasando en toda Europa».

«Mi padre es pensionista y yo dependo de su pensión para vivir». Explica que su progenitor está en el País Vasco, defendiendo sus demandas en la manifestación hermana."           (Silvia fernández, El Mundo, 18/03/18)

26.10.17

Las becas comedor: "Es la única comida caliente para muchos niños"... “Yo no puedo ponerles pescado tres veces a la semana. Y somos afortunados, conozco familias que comen todos los días arroz”

"Carmen no ha llevado a sus hijas al comedor del colegio desde que empezó el curso, el pasado 8 de septiembre. No puede asumir los 96 euros de cuota mensual que cuesta una comida al día en un centro educativo madrileño. Con cuatro hijas, 400 euros suponen un desafío para la economía familiar, que depende solo del trabajo como autónomo de su marido.

“Nos apañamos como podemos, vivimos con lo justo para pagar la hipoteca, impuestos y subsistir”, cuenta esta madre que vive en el sur de Madrid. Semana a semana, espera a que se publiquen las ayudas para el comedor, que en su caso rondan cada año el 50%. 

“Estamos a mediados de octubre y todavía no sabemos nada”, cuenta con impotencia. La diferencia entre comer en casa y el colegio es sustancial para la alimentación de sus hijas: “Yo no puedo ponerles pescado tres veces a la semana. Y somos afortunados, conozco familias que comen todos los días arroz”.

 El retraso en la resolución de las becas de comedor en la Comunidad de Madrid no es ninguna novedad para asociaciones de padres, colegios y estudiantes. Año a año, las familias deben adelantar y poner de su bolsillo la totalidad del coste del menú escolar, o apañarse como pueden hasta que salen las listas de beneficiarios.  

(...) Sara, a quien no le queda otra que llevar a sus dos hijos de cinco y siete años al comedor porque hace poco que ha encontrado trabajo y no puede atenderlos a la hora de comer. “Mis hijos prefieren la comida de colegio a la de casa, porque es más variada, además saben que trabajo y que es lo que hay”, asegura.

 El coste de los menús diarios se lleva, literalmente, la mitad de su sueldo de media jornada como monitora infantil. Otros años, hasta noviembre no le han notificado que le reducen la cuota y no le han devuelto la parte que adelantó, aunque la comunidad asegura que las familias sí reciben de vuelta ese dinero.

“Estamos asumiendo que las familias tienen que hacer de bancos porque tienen que adelantar el dinero”, denuncia Moreno, que apunta además a que estos primeros meses son “especialmente críticos” por el inicio del curso y los costes de la vuelta al cole. Carmen, sin embargo, no puede ni plantearse ir asumiendo ese coste: “Tendría que pedírselo a familiares y amigos, y claro, si luego no nos la dan, supone deber dinero a todo el mundo...”.

 Desde la FAPA, aseguran que a menudo son los propios centros escolares, las asociaciones de padres y otras entidades sin ánimo de lucro las que están anticipando las cuotas.  (...)

 “Muchas contratas han asumido el coste, pero también los colegios o los propios profesores cuando ha habido situaciones dramáticas. Es algo que hemos visto en muchos barrios de Madrid”, denuncia Moreno."                     (El Confidencial, 18/10/17)

7.9.17

La Generalitat ya no censa los niños malnutridos pese a que el 24% sigue siendo pobre

"El protocolo de detección de menores con carencias alimentarias, que preveía el recuento y seguimiento de los afectados, ha hecho aguas. La consejera de Asuntos Sociales, Dolors Bassa, lo tildó ayer en el Parlament de “obsoleto” —recordó que se ha actualizado dentro de otro acuerdo sobre maltrato infantil—, y celebró haber reducido cuatro puntos la tasa de pobreza infantil en un año. 

Con todo, todavía uno de cada cuatro niños catalanes sigue en riesgo de pobreza, según el Idescat. Las entidades sociales, por su parte, avisan de que la malnutrición “no está resuelta” y ven fundamental dimensionar el problema para mejorar las políticas.

La magnitud de la pobreza es enorme pero tienden a invisibilizarla”, lamentó Alex Castillo, de la Federación de Asociaciones de Padres y Madres (FAPAC). Esta entidad fue una de las que, en 2013, logró que Cataluña pusiese en marcha el protocolo de detección y seguimiento de la malnutrición infantil que ahora la consejera considera “obsoleto”.

Este texto recogía, entre otras cosas, el recuento de niños con malnutrición que identificaran escuelas, centros de atención primaria y servicios sociales. Los departamentos de Enseñanza y Salud tenían que enviar el reporte de los casos que encontraban a Asuntos Sociales, que los centralizaba. El protocolo creaba, además, una comisión de seguimiento interdepartamental. (...)"              (El País, Cataluña, 26/07/17)


20.7.17

Vas perdiendo el amor de tus padres, y el amor de tu mujer. Caes y caes. Cuando llega ese vacío terrible y se rompe todo a tu alrededor. Llega un momento en que no recuerdas cómo era trabajar...

"Detrás de las cifras, desoladoras, hay rostros y vidas rotas, sin esperanza, sin nada. Cáritas presentó esta mañana en Madrid un informe con el título ‘Economía y Personas. Cambiando el foco cambiamos los resultados’, con datos de una actividad exitosa, pero colocó en el centro de la mesa de expertos a un parado de larga duración, José Manuel García, tirado en la calle durante meses. 

Ahora trabaja en una empresa agrícola de economía social impulsada por Cáritas Sevilla, llamada Bio-Alverde. Otras 16.500 personas sin esperanza encontraron empleo el año pasado a través de ese plan de “economía solidaria”, desde donde esperan dar el salto al mercado laboral ordinario.

Cuando terminó su relato, a punto en un par de ocasiones de soltar las lágrimas, José Manuel García, sevillano de 50 años, recibió el aplauso de los periodistas. Les había encogido el corazón. “Tienes un buen trabajo estable, te despreocupas de formarte mejor y de pronto te dicen que llega una crisis y que se cae el velo de la especulación. 

La víctima eres tú, claro, entre los primeros, el que te caes del trabajo con 40 años, que dicen que es una edad en la que ya te ven viejo para emplearte pese a que a lo mejor te quedan todavía cincuenta años vida. Al paro. Así, de la noche a la mañana, sin esperarlo y, claro, sin merecerlo”, contó.

Había trabajado en un hotel de tres estrellas en el centro de Sevilla, en los años 90, época de euforias y grandilocuencias. 

 “Pensábamos que todo iba a ir bien. Pero no llegó tanta gente como se había dicho. Al paro. Seis meses. Parece que gusté a los jefes y me colocaron pronto en una floristería, que servía sobre todo a funerarias. Allí 13 años. Era un trabajo estable, pensé despreocupado. Pero llegó otra crisis. Así me convertí en parado de larga duración como suele decirse. Hubo un momento en que no recordaba cómo había sido trabajar”.

Separado de su mujer, que pronto perdió también su trabajo, pasó cinco meses durmiendo en un coche, comía en los comedores sociales, se vestía y duchaba en las Hermanitas de la Caridad. “Ya no tienes dinero, vas perdiendo a los amigos, y los seres queridos empiezan un día, poco a poco, a culparte de tu situación. Así vas perdiendo el amor de tus padres, y el amor de tu mujer. Caes y caes. 

Cuando llega ese vacío terrible y se rompe todo a tu alrededor, y la vida parece que ya no tiene remedio porque se te han acabado las ayudas oficiales por estar en paro y ya no te van a dar nada más para seguir vivo, esperas que te atiendan de otra manera las instituciones, pero no lo hacen. Y ya solo te queda la caridad”, recuerda.  (...)"               ( , El País, 27/04/17

14.7.17

Así se sobrevive en el barrio más pobre de España... con un paro cercano al 80%

"Jesús Martínez tiene 55 años. Empezó de recadero y llegó a ser suplente en labores administrativas de una empresa de Sevilla hasta que el alcohol y el paro se le cruzaron en el camino. Hace 20 años que se separó y terminó en Los Pajaritos, el barrio más pobre de España, según el índice Indicadores Urbanos del Instituto Nacional de Estadística (INE). 

Alquiló un piso de 40 metros cuadrados por el que ahora paga 300 euros al mes y que casi se come los 426 euros de ayuda que recibe. Su hija es camarera y le da algo alguna vez. Ha visto tres atracos en locales cerca de su casa, muchas reyertas y también días de calma, cuando la miseria se sobrelleva. Conoce a vecinos traficantes “de todo”, según dice, prestamistas, chatarreros y obreros. “Si no te metes, no pasa nada”, afirma resignado.

“La situación este año es igual o peor”, asegura Francisco José Chacón, residente del barrio y monitor deportivo de la asociación Candelaria, uno de los corazones que, con ayuda de la Obra Social La Caixa y Cáritas, entre otras entidades, impide que el barrio se ahogue en su propia pobreza.
Los datos le dan la razón.

 Los Pajaritos (parte de Tres Barrios-Amate, según la denominación municipal) tiene este año unos ingresos medios anuales por hogar de 12.307 euros. El pasado ejercicio, cuando también fue el barrio más pobre, esa cifra era de 12.614 euros.

Tras el umbral de la pobreza

Javier Cuenca, responsable en Andalucía de Save The Children, advierte de que esos ingresos están por debajo del umbral de la pobreza previsto en la Encuesta de Condiciones de Vida (13.133 euros) y son los que soportan las familias de los más de 2.300 niños que atienden en estos días de verano para evitar que se queden solos o en las calles.

María José Herranz, compañera de Chacón, no duda de que la clasificación del barrio como el más pobre sea correcta y advierte que lo peor es la gente que “llega a creer que es normal cómo viven”. Aunque las cifras oficiales sitúan el paro en índices cercanos al 40%, Herranz asegura que la cifra real es del 80%, ya que muchos ni siquiera se inscriben en la cercana y saturada oficina de Empleo.

Las 21.000 personas de más de 15 nacionalidades que habitan el barrio sobreviven, en gran parte, al margen de la economía oficial. La mayoría, de los 426 euros de ayuda del Estado. A eso le suman “chapuzas”, ingresos por limpieza de casas, venta ambulante, chatarra y hasta de rifas particulares: venden boletos a un euro y sortean cinco litros de aceite, detergente y todo tipo de bienes.

Casi todos viven al día, según comenta Herranz, quien destaca cómo muchos tienen diseñado un itinerario de avituallamiento por las distintas entidades y organizaciones de ayuda para asegurarse las tres comidas. La asociación Candelaria y Save the Children dan desayunos a los niños, se los llevan de vacaciones o a actividades de ocio alternativo.

Esa es la gran mayoría del barrio. Pero hay otra parte clandestina que se dedica, según admiten los dirigentes vecinales, a traficar con droga, a vender armas y hasta la usura. En los locales que presta la iglesia del barrio a las asociaciones llegó a solicitar ayuda una mujer que pidió 1.500 euros y acumuló una deuda con su prestamista de 30.000.

El tráfico de estupefacientes registró el pasado abril uno de sus sucesos más dramáticos. Un joven murió, otro quedó en estado crítico y otros dos resultaron heridos graves al estallar una fábrica de droga instalada en una habitación de su casa de Amate. Los combustibles almacenados en un pequeño habitáculo sellado para elaborar las sustancias crearon una bomba mortal.

En el barrio falta de todo. La Iglesia de Amate hace de centro cívico y las asociaciones como Candelaria luchan por cada pequeña cosa que necesitan: ropa para los campamentos de los niños, a los que muchos acuden con una sola muda, ordenadores para poder realizar gestiones a los vecinos, y hasta labores de control y vigilancia para impedir el absentismo escolar, que afecta a un 20% de los niños.

 Los monitores de Save The Children llevan la asistencia integral de las familias e incluyen ayudas para comprar productos de higiene, contratos para asegurarse el cumplimiento de los compromisos educativos y hasta asistencia psicosocial a los padres para gestionar el estrés de la pobreza.

 “A los niños se les cuenta que se ha vuelto a ir la luz, no que no se ha pagado el recibo, o que hay otra vez espaguetis porque no se ha podido ir a la compra”, explica Cuenca, quien destaca que, pese a las condiciones compartidas de carestía, la red vecinal funciona. “Una mujer vende en el mercadillo del Charco de la Pava [los aparcamientos de la Expo de hace 25 años] las cosas que le llevan los vecinos porque no tiene ni para comprar lo que ofrece”, comenta.

 Las casas más grandes pueden llegar a 60 metros cuadrados y hay algunas que albergan entre siete y ocho personas de una familia. Muchos enganchan el agua o la luz de donde pueden.

Lo peor, según Herranz, es que los padres no asuman la importancia de la educación de sus hijos. Siete de cada diez no tiene formación académica y no creen que vayan a salir del pozo por estudiar. “Casi todo nuestro esfuerzo es para eso, para que los niños se eduquen y encuentren una salida. Pero no para dejar el barrio, sino para que este se transforme. Hay historias de éxito. Soy optimista”, señala Herranz.

Andrés Ceballos es monitor de Save The Children y asegura tajante que sus estudiantes, lejos del entorno de riesgo de exclusión, tendrían un futuro prometedor. Ha estado trabajando con niños de todas las condiciones sociales y afirma que todos tienen los mismos sueños de vida. “La única diferencia, es que los de familias desfavorecidas son 10 veces más cariñosos, una vez que se flanquea la barrera de la confianza, y están poco acostumbrados a una vida ordenada y rutinaria”, comenta."             ( , El País, 10/07/17) 

6.7.17

"Si no me suicido es por mis dos hijos"

"Mariama ha prometido que ya no volverá a llorar. No lo hará mañana a la mañana, cuando sus dos hijos pequeños le pregunten qué hay para desayunar. Tampoco derramará lágrimas cuando abra la nevera y la vea tan vacía como ayer. 

Ni siquiera cuando llegue fin de mes y compruebe que está igual que al comienzo. “Si no me suicido es por ellos”, dice con los ojos clavados en sus niños. Tienen ocho y tres años, y ya saben lo que significa la palabra hambre.

¿Puedes tocar suelo cuando ya te has caído? Mariama sabe que sí. Lo comprobó en enero pasado, cuando fue a abrir el grifo y no salía agua. El Consorcio de Bizkaia, una entidad pública, había decidido cortarle el suministro. ¿El motivo? Retrasarse tres meses en el pago. Sí, tres meses. Hablando en euros, 278,95. Toda una fortuna cuando tus bolsillos están tan vacíos como tu nevera. O como el estómago de tus hijos.

Los niños juegan a su lado, como si esta conversación no fuera con ellos. Su madre intenta que así sea. Por ejemplo, cuando les cortaron el agua corrió a comprar unas botellas al supermercado. Estuvieron sin suministro durante al menos cuatro días

Algunos amigos le ayudaron a pagar el recibo, pero en marzo volvieron a dejarle sin servicio. Otra vez le salvó la solidaridad, esa misma que día a día le permite conseguir lo necesario para que sus hijos sigan comiendo. Lo suyo es sobrevivir.

Mariama llegó a Euskadi en 2010. Hasta entonces, su vida había transcurrido en Guinea-Bisseau, uno de los países más pobres de la tierra. “Huimos de la pobreza para estar en la pobreza”, reflexiona. La miseria se hizo aún más miseria a principios de año, cuando el Gobierno Vasco entendió que no debía seguir cobrando la Renta de Garantía de Ingresos (RGI), una ayuda dirigida, precisamente, a evitar que ocurran estas cosas. Su caso está ahora en los tribunales, que deberán dictaminar si debe volver a cobrar esa ayuda social. Mientras, la espera se hace eterna. Dura demasiado. Y es demasiado dura.  (...)"                   (Danilo Albin, Público, 03/07/17)

20.6.17

"Los que saben que en un par de años les pueden subir a un precio desorbitado el alquiler no pueden hacer proyectos a largo plazo, es una vida sometida a una movilidad extrema"

"Albert Sales (Barcelona, 1979) es politólogo y sociólogo. Investigador sobre pobreza urbana, exclusión social y derechos laborales (...) 

En 2015 participó en el informe  La situación del sinhogarismo en Barcelona.  Evolución y políticas de intervención,  cuando el Ayuntamiento de Barcelona le propuso  coordinar el programa municipal de atención a las personas sin hogar, el primer plan de atención a las personas sin hogar del Estado
Este investigador es hoy asesor de la Tenencia de Alcaldía de Derechos Sociales del Ayuntamiento de Barcelona y observa atentamente el recuento de personas sin hogar que hace la Red (...)

El sinhogarismo es un problema creciente, pero ¿qué relación tiene con la situación actual de aumento de alquileres en Barcelona? 

Cada vez es más frecuente, tanto en personas como en familias. Antes asociábamos el sinhogarismo con problemáticas añadidos de las personas, que tenían un difícil encaje porque esta circunstancia estaba asociada a patologías mentales, adicciones, etcétera. 

  Esto no ha sido del todo cierto, porque estas problemáticas venían con la ausencia de disponer de un hogar. Pero ahora mismo tenemos un problema con personas que no pueden acceder al mercado de vivienda, a pesar de tener un trabajo, la capacidad de trabajar, de decidir sobre sus vidas con toda la autonomía pero no tienen ingresos que les permitan acceder a una vivienda.  

Aquí el Trabajo Social puede perder su sentido porque el trabajador social más que hacer un acompañamiento lo que puede hacer es decirle: 'Puedes pedir esta ayuda, te tramito esta prestación, te ayudo a buscar un piso', pero entonces ven que entre todos no encuentran nada.

Entonces, ¿se dan casos de personas con empleo pero que no tienen un techo?

En 2013 un 4,6% de las personas atendidas por la Red tenían trabajo, disponían de ingresos del trabajo. En 2015 ya nos salía el 11%. Sólo en dos años hicimos un salto de personas empleadas sin hogar. Veremos qué dice la recopilación de datos que tendremos después del verano. Me temo que tendremos un porcentaje mayor.  (...)

Tenemos un problema porque en los últimos años, la Red de Personas sin Hogar hizo una apuesta por no crecer con centros residenciales colectivos y ampliar la oferta de pisos. La idea era procurar una atención de calidad donde la gente tuviera intimidad, que pudiera disponer de sus espacios. Estábamos ampliando plazas con pisos y manteniendo las plazas de albergues.

  El problema que tenemos ahora es que las entidades no pueden mantener los programas en los pisos porque se están terminando los contratos de alquiler y los precios que tenían con particulares o inmobiliarias no se pueden pagar. Los programas de acompañamiento a la vivienda mueren porque no pueden pagar el alquiler.

¿Y se acaban los programas?

Por ejemplo, si una entidad tenía un piso de cuatro habitaciones para dar alojamiento a cuatro personas, se estaba manteniendo un programa con estas personas, trabajando la convivencia o haciendo programas de deshabituación al alcohol, por ejemplo, y esta entidad pagaba 900 o 1.000 euros al mes y ahora le piden 1.800, la entidad debe cerrar el piso, no puede sostener el coste.

La burbuja especulativa y el aumento de precios del alquiler  llega incluso a las entidades de apoyo a las personas sin hogar.

Como ciudadanos, tenemos dos grandes caballos de batalla políticos, que no partidistas: l a limitación de los precios de alquiler, que es un reto que compartimos todas las ciudades europeas, pero en el caso de España debemos afrontar una ley de arrendamientos urbanos que no nos permite hacer un proyecto de vida estable en la ciudad.

  Hay un punto clave para afrontar el sinhogarismo que es identificar que el mismo fenómeno que lleva a que haya gente durmiendo en la calle o condenados a vivir en situaciones de infravivienda de por vida es el mismo fenómeno que está expulsándonos y está destruyendo los barrios. Los está convirtiendo en zonas sólo aptas para el turismo o para gente con ingresos muy altos. (...)

Hay un proceso de apropiación de la ciudad, de apropiación de las relaciones, y de su atractivo, lo que hace que una ciudad sea viva, es una cultura extractivista, convirtiéndola en un bien especulativo. Es un proceso de extracción de rentas constante, buena parte de nuestra ocupación es sobreocupación para poder satisfacer las ansias extractivas.

  Planteémonos cuantas horas trabajamos a final de mes para pagar el derecho a la vivienda. La conclusión será indignante. Pero hay impactos que van más allá del impacto individual que tiene sobre las personas que se ven obligadas a abandonar la ciudad o las personas que se quedan en la calle. ¿ En qué convertimos la ciudad? La ciudad es un entramado de relaciones. Si rompemos esta red, convertimos la ciudad en un continente sin contenido. (...)

Se puede tener la esperanza de que un pequeño tenedor de vivienda pueda preferir la tranquilidad de tener un inquilino conocido con unos precios razonables que tener gente de paso constantemente. Pero los grandes propietarios van concentrando la tenencia de viviendas con fondos de inversión, absolutamente despersonalizados. Les da igual a  quién tienen ahí, al final la vivienda es una renta que puede llegar hasta el 8% anual. Es la mejor inversión existente.  Tienen el tiempo y el dinero para esperar los beneficios. (...)

Un derecho con muy buen rendimiento, p ero en un ambiente de miedo en el que los vecinos temen cuándo se les acabará el contrato de alquiler.

La gente se siente en grave riesgo. Los que saben que en un par de años les pueden subir a un precio desorbitado el alquiler, que son muchos, no pueden hacer proyectos a largo plazo, es un proyecto sometido a una movilidad extrema. Puede que nos vemos obligados a dejar la ciudad de manera repentina. Es una incertidumbre constante.

Nos encontramos con la paradoja que tenemos asociaciones vecinales que se oponen a la peatonalización de zonas enteras, que echar al coche de las calles no les gusta porque saben que conlleva que les suban el precio del alquiler, y por tanto prefieren sacrificar condiciones de vida porque sienten que les están están expulsando de su ciudad.

  O barrios que rechazan un programa para instalar ascensores que encarece el alquiler, ¡o el metro! La llegada del metro implica el aumento de precios de alquiler, por lo que los vecinos no están convencidos.  (...)

¿Uno de los objetivos que tiene entre manos es el de hacer entender que el sinhogarismo es una consecuencia de la no garantía de un derecho?

¡Es que es un problema de vivienda! Basta de pensar que las personas que se encuentran en la calle son diferentes o que tienen un problema, de tara individual, o una patología social. Las personas que no tienen techo no tienen ninguna patología, tienen un problema de acceso a la vivienda. Y además, la facilidad con la que asociamos el sinhogarismo con el alcoholismo o la enfermedad mental es porque efectivamente hay una correlación muy importante.

  Hay muchas personas sin techo que presentan patologías mentales, el reto es imaginar cuánto tiempo podríamos vivir en la calle sin tener problemas mentales.  Cuánto tiempo aguantaríamos sin caer en la ansiedad o la depresión.  Cuánto tiempo pasaría antes de caer en una adicción.  Vivir en la calle es durísimo para la salud física y mental. 

Lo que nos encontramos con una persona que lleva mucho tiempo en la calle es que reconstruir su vida requiere unos esfuerzos inmensos por su parte y de quien le apoya y es porque hemos dejado esta persona en la calle durante un tiempo excesivo. "                  (Entrevista al sociólogo Albert Sales que coordina el programa de atención a las personas sin hogar de Barcelona, eldiario.es, 11/06/17)

15.6.17

Trabajar para ser pobres

"El Gobierno jalea que se están creando miles de puestos de trabajo gracias a su política económica. Es la cara optimista de la moneda. La cara pesimista nos dice que muchos de esos puestos de trabajo no dan para dejar de ser pobres.

Ser camionero en este país nunca ha sido un chollo. Recuerdo los años setenta, con los centros de contratación en determinados bares donde lo que se pagaba por la carga no era ninguna bicoca.

La cosa ha ido a peor. Me contaban el otro día lo que ya parece normal: a un camionero de Barcelona se le contrató para un viaje de ida y vuelta a París. Con carga en el viaje de ida. Sin carga en el viaje de vuelta. Dos días de viaje. Se le pagó la gasolina, el cuchitril para dormir y el condumio en bar de carretera. Como paga, 60 euros.

–¿Y aceptaste? –le preguntó el hombre que le escuchaba.

–¿Qué iba a hacer? No tenía otra oferta mejor– le replicó el camionero.

Un médico me explica:

–Veinte horas semanales en urgencias en un hospital. Otras veinte horas semanales trabajando en mi especialidad en otro hospital. Una mañana a la semana en una mutua. Y todo para no llegar al sueldo de un albañil.

Una periodista norteamericana llevó a cabo un reportaje que llegaba a la conclusión de que muchos trabajadores de Estados Unidos duermen en albergues de beneficencia porque su salario no les da para alquilar un piso. Aquí se está entrando en esa espiral.
Las mujeres que trabajan en hoteles, los camareros de muchos bares, los periodistas… profesiones que viven en precario.

Los que viven en pareja y tienen hijos perpetuarán la maldición: los pobres de hoy dejarán en herencia a sus hijos la pobreza del mañana.

Se ha roto el ascensor social.

Nadie lo repara."                        (Martí Gómez, La Lamentable, 12/06/17)

8.6.17

¿Cómo les ha ido a cinco de los protagonistas del especial 'Historias de la crisis' tres años después? Eva sigue teniendo que recurrir al banco de alimentos para comer

"Yomara, de cuatro años, maneja el móvil de su madre con la destreza digital intrínseca de los niños de hoy en día. Pulsa el botón de ‘play’ para ver un vídeo en el que aparece ella cuando tenía 15 meses mientras su madre, Eva Valverde, narraba para eldiario.es su testimonio como familia en situación de pobreza infantil.

La pequeña parece ajena a la gravedad del relato de su madre, solo se siente atrapada por la curiosidad de verse al otro lado de la pantalla del teléfono y reconocerse en ese cuerpo de bebé. Sin embargo, Eva lamenta que, desde aquella escena, aunque sus vidas han sufrido ciertos cambios, éstos no han supuesto una salida de la exclusión social en la que se ven inmersas.


Hoy, Eva está en situación de desempleo, aunque durante los últimos dos años asegura haber conseguido algún trabajo esporádico, en su mayoría por horas. Pero que no ha podido continuar debido a problemas de conciliación a los que se añaden la atención que Yomara necesita, no solo por su corta edad, sino porque la cría padece esclerosis tuberosa y las visitas al hospital son constantes.

Con esta situación de fondo, los ingresos familiares actuales corresponden los 512 euros mensuales de la prestación de la Renta Mínima de Inserción (RMI) y a una ayuda de 1.000€ anuales repartidos en dos ingresos, que recibe por tener a una menor a su cargo con una discapacidad reconocida del 33%.

Desde hace dos año y medio, madre e hija viven en un piso en la periferia madrileña por el que paga 75 euros mensuales de alquiler social al banco propietario del inmueble.

Estos son algunos de los cambios que han experimentado en el transcurso del tiempo desde la última entrevista con este medio, pero Eva lamenta que las dificultades para alimentar a su hija y llevar una vida normal, "siguen siendo las mismas, o parecidas".

Yomara es una de las niñas y niños que viven en hogares cuyos ingresos están por debajo del 40% de la renta mediana y que, conforme a datos de Save the Children , ha arrastrado a 1.390.000 menores a una situación de pobreza severa, que según el análisis de la ONG se intensifica y se cronifica.

 Eva revela cómo hace para convivir con los efectos de estas cifras. Por ejemplo, para llenar la nevera acude a Cáritas, donde la entidad le ofrece alimentos no perecederos como pasta, legumbres y, en ocasiones, otros víveres más escasos como el aceite o la leche. 

 "Cuando puedo compro leche para mi hija, pero si no puedo, mientras le doy la leche de continuación de los bebés de seis meses, que es la que me dan en Cáritas". También se sirve de las donaciones de comida de una iglesia evangelista del vecindario. "Hay que buscarse la vida como sea", insiste esta madre.

Al mismo tiempo confiesa que echa de menos el funcionamiento y el apoyo que encontraba en el banco de alimentos de su antiguo barrio, que es autogestionado por la propia Asamblea de Parados de San Blas. "Es diferente porque allí íbamos nosotros a pedirlo, éramos nosotros los que nos poníamos en la puerta de los supermercados", cuenta. 

Además de la propia implicación de los afectados, que se traducía en un empoderamiento colectivo, ya que ellos mejor que nadie sabían cuáles eran las necesidades según las circunstancias y el momento de cada familia, relata Eva. 

A pesar de la melancolía que siente por el que fuera su barrio "de toda la vida", ha encontrado apoyo en las vecinas de su actual bloque. "Desde que las conocí este verano, la verdad es que han sido mi aliento. Cuando no he tenido para comer ellas me han ayudado y si ha sido al revés y yo tenía algo del banco de alimentos lo compartía con ellas. Nos ayudamos mutuamente", asegura con una sonrisa de consuelo.

Y es que la situación de esta mujer en su barrio de Carabanchel, donde el paro afecta a cerca de 20.000 vecinos , está más cerca de ser la regla que la excepción. Ella es consciente de esto, por eso le resulta imposible asumir que España esté en un proceso de recuperación económica o de salida de la crisis. 

" Para mí y para quienes tengo a mi alrededor no hay recuperación. No salimos de la crisis, cada vez vamos a peor", sentencia Eva. Eso sí, no niega que haya "gente que se recuperará". Se refiere a quienes "han tenido dinero siempre y aunque con la crisis sus ingresos se vieran afectados, se recuperarán porque no han dejado de tener dinero nunca". 

Y señala la brecha social entre ese sector de la sociedad y entre aquellas personas que "hemos llegado a un punto en el que no tenemos nivel social… yo estoy en situación de exclusión social y no sé qué va a pasar conmigo si estoy viviendo de lo que me dan".              (eldiario.es, 25/05/17)