19.6.18

Y así ha comenzado la guerra comercial... el período de la Gran Moderación y la globalización, desde 1980 a 2007, cuando todos los estados capitalistas trabajaron juntos para beneficio global del capital en todos los países ha terminado... el gran riesgo futuro es la combinación de la caída de la rentabilidad y el aumento de una deuda ya alta en los sectores empresariales... el preludio de bancarrotas corporativas y una nueva crisis de la deuda

"La reunión del G7 en Quebec, Canadá, fue un hito en muchos sentidos. En primer lugar, hubo una clara ruptura de la blanda unidad de propósito y política habitual expresada en las reuniones del G7 por los líderes de los siete países capitalistas más importantes del mundo.

Justo antes de la reunión, el presidente de Estados Unidos Donald Trump anunció una serie de medidas arancelarias proteccionistas contra el resto de los países del G7, incluyendo a su vecino más cercano, Canadá, por motivos de “seguridad nacional” - al parecer Canadá es ahora un riesgo para la seguridad de los EEUU.  De este modo, Trump ha cumplido sus promesas electorales.

En la reunión Trump atacó a los otros líderes alegando que sus gobiernos estaban imponiendo reglas comerciales injustas '' a los productos de Estados Unidos y que tenían que reducir sus excedentes en el comercio con los EEUU. 

Los otros líderes ya habían respondido a las medidas arancelarias de Estados Unidos con nuevos aranceles previstos en reciprocidad para las exportaciones clave de Estados Unidos y respondieron a los ataques de Trump con argumentos y pruebas de que, por el contrario, eran los EEUU los que restringían la importación de bienes y servicios extranjeros.

Y así ha comenzado la guerra comercial (...)

Lo que todas estas payasadas de Trump revelan es que el período de la Gran Moderación y la globalización, desde la década de 1980 a 2007, cuando todos los estados capitalistas trabajaron juntos para beneficio global del capital en todos los países (en diversos grados), ha terminado. La Gran Recesión de 2007-8 y la consiguiente Larga Depresión desde el año 2009 ha cambiado el panorama económico.

 En una economía capitalista mundial estancada, donde el crecimiento de la productividad es bajo, el crecimiento del comercio mundial ha disminuido y la rentabilidad del capital no se ha recuperado, la cooperación ha sido sustituido por una competencia cada vez más feroz: los ladrones han caído.

 Trump es el 'populista' y líder nacionalista de la potencia capitalista más grande; Italia (la más débil de los países del G7) se ha hecho populista y nacionalista también. Y Gran Bretaña está bloqueada por el 'Brexit', un autodesastre para el capital británico ganado a pulso. 

El ataque de Trump quiere decir que la reunión del G7, cuya agenda era la creciente desigualdad, la automatización y el cambio climático - los desafíos clave a largo plazo para la supervivencia del capitalismo - se quedó congelada.

 Pero no importa, por ahora. La economía mundial está en su mejor momento desde el final de la Gran Recesión. El Banco Mundial estima un crecimiento global del PIB real del 3,1% este año, lo mismo que en 2017.

 Eso puede no parecer muy alto, pero supone una recuperación tras el período de recesión de 2015-6, cuando el crecimiento mundial se redujo a sólo el 2,4% y las economías del G7 solo podían alcanzar el 1,5%.  (...)

Sin embargo, en sus últimas Perspectivas Económicas Mundiales, los economistas del Banco Mundial no estaban convencidos de que esta leve recuperación (todavía un 30% por debajo de la tasa de crecimiento mundial antes de la crisis) va a ser sostenida.  “Se espera que caiga en los próximos dos años, a medida que la recuperación mundial se agote, el comercio y la inversión se moderen y la financiación se dificulte. 

Se prevé que el crecimiento en las economías avanzadas se desacelere hacia tasas potenciales, a medida que se normalice la política monetaria y los efectos del estímulo fiscal de Estados Unidos mengüen”.   (...)

Por otra parte, la actividad global sigue siendo inferior a la de expansiones anteriores, a pesar de una recuperación de una década de la crisis financiera global”. Así que el Banco Mundial cree que continuará la Larga Depresión. 

Y esto suponiendo que no estalla ninguna nueva recesión mundial en los próximos dos años.  (...)

Y el gran riesgo futuro es la combinación de la caída de la rentabilidad y el aumento de una deuda ya alta en los sectores empresariales del G7. Si los beneficios deben comenzar a caer mientras el coste del servicio de la deuda aumenta con las nuevas tasas de interés, es el preludio de bancarrotas corporativas y una nueva crisis de la deuda.

 La deuda global, en particular la deuda corporativa, está en máximos históricos.(...)

Ahora la bonanza crediticia ha terminado. Unos 4.8 billones de dólares en deuda de los mercados emergentes madura desde este año hasta el 2020, y gran parte de ella tendrán que renovarse a tasas más altas y, por lo general, si la fortaleza del dólar continúa, en un entorno cambiario desfavorable.

Las señales de la crisis ya están apareciendo en algunas de las grandes economías llamadas emergentes. Argentina ha quebrado y se ha visto obligada a pedir un prestamo de 50 mil millones de dólares al FMI, porque no puede endeudarse en los mercados internacionales de bonos a precios asequibles. La economía se hunde, la inflación se está disparando y la moneda se ha hundido. Brasil no se queda atrás. 

La economía brasileña está luchando para crecer algo, pero tiene los costes más altos de interés para la deuda del mundo. En el T1 de 2018, la economía de Sudáfrica se contrajo a su ritmo más rápido en nueve años y la inversión empresarial se redujo significativamente. 

Y la moneda de Turquía, la Lira, alcanzó mínimos históricos mientras la inflación anual llegó a más del 12%; los extranjeros han retirado su dinero y el Banco Central ha elevado su tasa de interés a casi el 18%.

Pero el punto de inflexión real es probablemente la deuda empresarial en las economías del G7.  (...)

No tendremos una recesión global en 2018. Por el contrario, la economía mundial crece más rápido que nunca desde 2009. Sin embargo, el crecimiento puede haber tocado techo y en los próximos 18 meses la economía mundial podría comenzar a caer.

 ¿Cómo lo sabremos? Como he señalado en otras ocasiones, la rentabilidad del capital debe comenzar a caer de nuevo y, finalmente, los beneficios totales de las empresas en las principales economías deben dejar de subir. Si el coste del servicio de la deuda de todo esto también aumenta, tendremos todas las condiciones para que las empresas quiebren. (...)

Las rabietas comerciales de Trump y el creciente peligro de una guerra comercial que pudiera acabar con la actual 'recuperación' sólo son un factor más de los riesgos subyacentes de una nueva crisis mundial."              (Michael Roberts, The next recession, Sin Permiso, 12/06/18)

Piketty: las propuestas de reforma de la UE de Macron o Merkel... son simple retórica

"Mientras la crisis política en Italia y España se profundiza, Francia y Alemania siguen demostrando ser incapaces de formular una precisa y ambiciosa propuesta para reformar Europa. 

Sin embargo, todo lo que se necesita es que estos cuatro países, que por sí solos aportan tres cuartos del PIB y la población de la Eurozona, se pongan de acuerdo en un enfoque común y el camino de la reforma estaría despejado. ¿Cómo podemos explicar esta extraordinaria apatía y por qué es tan preocupante?

En Francia existe la tendencia de echar la culpa a los otros. La visión oficial es que nuestro joven y dinámico presidente ha puesto sobre la mesa innovadoras propuestas para la reforma de la Eurozona, su presupuesto y su parlamento. Pero la desdicha es que nuestros vecinos son incapaces de considerarlas y responder con la misma audacia gálica.

El problema con esta superficial teoría es que esas celebres propuestas francesas son simplemente inexistentes. Nadie es capaz de escribir tres sencillas líneas explicando qué impuestos comunes financiarán ese presupuesto, quiénes serán los miembros de la Asamblea de la Eurozona la cual ejercerá esta nueva soberanía fiscal, etc.  (...)

Es casi como que los revolucionarios de 1789, en vez de establecer la Asamblea Nacional permitiendo que todos los privilegios se abolieran inmediatamente y crear un nuevo sistema fiscal, hubieran anunciado solo que sería una buena idea tomarse una pausa para reflexionar sobre la creación de una comisión para considerar un plan a largo plazo que salve el Ancien Régime

Es la diferencia entre hacer algo y simple retórica. (...)

Hoy es fácil criticar la reticencia de Angela Merkel, y la verdad que su respuesta a las “propuestas francesas” es más que vacilante. La última versión es que parece que estaría de acuerdo con un presupuesto de inversión para la Eurozona con la condición, sin embargo, de que fuese ridículamente pequeño (menos del 1% del PIB de la Eurozona).

Obviamente, en todo esto no hay ni mención al sistema de impuestos común capaz de financiarlo (tanto es así que corremos el riesgo de vernos reciclando proyectos de inversión que ya hemos realizado o anunciado hacer, con importantes dosis de “contabilidad creativa”, como con el plan Juncker).

Y claro, no hay mención a la sumamente importante democratización de la Eurozona. La única propuesta hecha por Merkel es la de cambiar el nombre al Mecanismo de Estabilidad Europeo (ESM) el cual se convertiría en el “Fondo Monetario Europeo”; esto demuestra bastante claramente la visión hiper conservadora. 

Es una cuestión de aplicar el modelo de gobierno del FMI a Europa, en otras palabras, gobierno detrás de puertas cerradas, pilotado por los ministros de finanzas y la tecno-estructura. Esta es la antítesis de la pública, democrática, parlamentaria y confrontada discusión que debe siempre tener la última palabra. Es muy triste ver que Merkel y Alemania han acabado ahí, treinta años después del fin del comunismo y de la constancia de sus opacos procederes burocráticos.

Pero es muy fácil criticar la reticencia de Merkel. Es momento de que la prensa francesa entienda que ella simplemente responde a la timidez de Macron. El hecho es que ellos comparten el mismo conservadurismo. En el fondo, estos dos líderes no desean hacer ningún cambio fundamental en la Europa de hoy en día porque sufren del mismo tipo de ceguera. Ambos consideran que sus dos países van bastante bien y que ellos no son responsables de los altibajos de la Europa del Sur.

Al hacerlo, corren el riesgo de socavar todos sus esfuerzos. Tras haber humillado a Grecia en 2015, cuyo gobierno de “extrema izquierda” quizás no fuese perfecto, pero que tuvo al menos la virtud de promover valores de solidaridad hacia los más pobres y los inmigrantes, Francia y Alemania se encuentran ahora en 2018 con la extrema izquierda en el poder en Italia. 

La única cosa que mantiene a este gobierno es la hostilidad hacia, y una búsqueda activa de, extranjeros, todo lo cual ha sido facilitado por el efecto de las reglas Europeas. (...)

La dificultad ahora es cómo salir de este impase. El dilema es que un buen número de líderes alemanes y de Europa del Norte han explicado durante años a sus votantes que todos los problemas en Europa eran causa de las perezosas gentes del Sur. Esa gente estaba celosa de su dinero y todo lo que se requería era ponerlos a trabajar y a exportar como los alemanes o los holandeses y todo iría bien.

Desde el punto de vista económico, estos discursos son tan ridículos como los realizados por el Frente Nacional en Francia o la Liga en Italia (ya que ningún país en el mundo podría absorber un superávit exportador como el alemán pero generalizado a nivel de todo la Eurozona). El hecho es que el miedo a transferencia dentro de la unión –(o como dicen los alemanes “Transferunion”)- impide cualquier debate.

Para superar este problema, se tendría que garantizar que el futuro presupuesto de la Eurozona, financiado con un impuesto común sobre los beneficios empresariales y sobre las mayores rentas y propietarios, votado por una genuina asamblea democrática y que beneficiase a cada país en proporción a su contribución fiscal (con transferencia netas limitadas al 0,1% o 0,5% del PIB).

La intrínseca visión nacional de solidaridad es totalmente insatisfactoria, pero en el fondo este no es el aspecto más importante: el objetivo ante todo es permitir al poder público europeo gravar a los actores económicos más poderos al menos tanto como a los pobres a fin de invertir en el futuro y reducir la desigualdad en cada país. Debatamos sobre Europa y forjemos el futuro."          (Thomas Piketty, director de estudios de la EHESS (École des Hautes Études en Sciences Sociales), Sin Permiso, 16/02/18)

Paul de Grauwe: aconsejaría al gobierno que abandone el euro, porque no es bueno para Italia. La eurozona depende de como se resuelva la crisis italiana

"Profesor De Grauwe, ¿cómo explica que los partidos populistas hayan ganado las elecciones en Italia?Es el resultado de las dificultades en la recuperación de los países de la periferia del euro después de la crisis financiera. Muchos países han perdido competitividad. Para tratar de restablecer un equilibrio económico, han reducido los precios y los salarios para ser competitivos, un mecanismo llamado "devaluación interna" por los economistas.

 Este es un proceso muy doloroso en el que se impone la austeridad a los países. La devaluación interna ha intensificado la recesión, aumentado el desempleo y causado sufrimiento a muchas personas. Hubo repercusiones políticas, particularmente en Italia. El país ha exagerado decididamente al imponer medidas de austeridad.  

Esto causó descontento generalizado, que los partidos políticos sabían cómo canalizar. Una cierta responsabilidad de esto recae en los países del norte de Europa. Estos países podrían haber aliviado la carga de Italia estimulando su economía. 

 En cambio, ellos mismos han adoptado políticas de austeridad. Esto ha creado hasta hace poco una tendencia deflacionaria en la zona del euro. Todos los costos recayeron en los países deficitarios, mientras que los países acreedores no estaban dispuestos a compartir su parte. Hay un error en el sistema.¿Es esto realmente un defecto sistémico? No es culpa del sistema si los países del norte de Europa no están dispuestos a hacer más.

No existe un mecanismo para garantizar que los ajustes funcionen simétricamente tanto en los países acreedores como en los deudores. En una unión monetaria, en algún momento los países comienzan a divergir.

 Por lo tanto, debe haber un mecanismo para restablecer la convergencia. Y esto debería ser simétrico: los países deficitarios deben reducir el gasto, mientras que los países con superávit deberían aumentar su gasto. Esto no funcionó.

 Los países acreedores no estaban dispuestos a hacerlo. El error es por lo tanto sistémico: si hubiera habido un presupuesto centralizado, esto habría estabilizado la economía de toda la zona del euro. Con apropiaciones apropiadas, se transferirá dinero, asegurando que el impacto sea más simétrico.  

Pero dado que un presupuesto central está lejos de ser realidad, debemos confiar en el hecho de que los países individuales están dispuestos a colaborar y hacer su parte. Y ellos no.¿Cuál sería la razón principal que podría llevar al gobierno italiano a abandonar la zona del euro?Es la sensación de que el país está encarcelado en una jaula construida por los alemanes, como dijo Paolo Savona. Los italianos ven la eurozona como una restricción a la economía, y en cierta medida es así. Otra cosa es preguntarse si el país estaría mejor. 

 Los partidos populistas quieren crear una narrativa según la cual Italia ha sido oprimida desde el exterior, especialmente por los alemanes, y debe liberarse. Esto se ha convertido en un tema muy sensible.

 ¿Cómo aconsejarías al gobierno italiano que proceda?Me centraría en aumentar la capacidad del país para emprender inversiones públicas. La infraestructura en Italia está en mal estado. Y la infraestructura es la clave del crecimiento a largo plazo. Si un país ya no puede invertir, se pierde. Sin embargo, por el momento es imposible para Italia invertir lo suficiente debido a las restricciones presupuestarias impuestas por las normas europeas. 

 Mi consejo para el gobierno sería: comunicarle a Bruselas que si no los autorizas a realizar inversiones públicas financiadas mediante la emisión de bonos, están listos para salir. Pero, por supuesto, la salida de la eurozona causaría considerable incertidumbre. La transición a una moneda nacional sería dramática, con el riesgo de una crisis bancaria, ya que muchos bancos tienen deuda italiana, que luego se denominaría en la moneda nacional.

 Un escenario preocupante, así que simplemente no puedo decir: "Salga del euro inmediatamente, será mejor". Sin embargo, si existiera la posibilidad de una transición gradual, entonces probablemente aconsejaría al gobierno que abandone el euro, porque no es bueno para Italia.  (...)


Si Italia permanece en la zona euro, ¿cómo puede gestionar su gran cantidad de deuda?Es un círculo vicioso Si Italia no crece, la carga de la deuda seguirá aumentando. Y si intenta reducir la deuda mediante la austeridad, el país seguirá estancado. El país es el peor de los lugares en términos de estancamiento económico, con un PIB per cápita es ahora los niveles de 1999. Y desde que el país se encuentra en la zona euro, Italia no puede recurrir a la inflación para reducir la deuda en términos reales. La economía debe volver al crecimiento. La clave es invertir, pero el gobierno no está permitido. En este sentido, está ubicado en una jaula. Italia debe abandonar esta jaula, de lo contrario no crecerá y el peso de la deuda seguirá siendo alto.¿Cuál es su evaluación de la propuesta de la Lega Nord para introducir una moneda paralela, los Minibots?Lo interpreto como un simple recurso para sacar a Italia de la zona euro. Si se introdujera una moneda paralela, el país abandonaría el euro en muy poco tiempo. Es una aplicación de la ley de Gresham: el dinero malo expulsa a los buenos. Las autoridades mantendrían la paridad entre el Euro y el Minibot, ya que ambas serían aceptadas para pagos de impuestos.

 Pero dado que el Tesoro probablemente emitiría Minibot para cubrir su déficit presupuestario, crearía un exceso de esta moneda paralela. Como resultado, la moneda paralela valdría menos que el euro real, estaría incluida en el mercado con descuento. 

 El euro real desaparecería del sistema de pago: todos pagarían con la moneda más barata y más barata y mantendrían el euro como una reserva de valor. Quienes presentaron esta propuesta probablemente lo saben. Es un plan diseñado para sacar al país de la zona euro.

 ¿Sería útil compartir los riesgos, en el sentido de que parte de la deuda pública italiana estaba garantizada por los otros países del euro?Permítanme ser claro: el nerviosismo de los valores italianos se basa en razones políticas, no por razones económicas. Con las tasas de interés actuales, Italia no tiene problemas para respaldar la deuda. El problema político es que los dos partidos que forman un gobierno planean abandonar la zona del euro.  

No se teme que Italia no pueda pagar la deuda, sino que la moneda de estos pagos se hará en una nueva lira. Y el tipo de cambio de la lira bajaría del 20 al 30%, lo que representaría una pérdida para los tenedores de bonos. No es que la deuda italiana no sea sostenible. Siempre he estado a favor de los eurobonos.  

En tal propuesta, una deuda de hasta el 60% del PIB sería una responsabilidad conjunta de la zona del euro, y el excedente sería una responsabilidad individual. Sería un buen sistema, pero Alemania ha exagerado, rechazando la propuesta.(...)

¿Qué perspectiva imaginas para la eurozona?En gran parte, esto depende de cómo se resuelva la crisis italiana. La eurozona se ha embarcado en un camino de recuperación económica, pero ahora este camino es incierto. Debe superar estas estúpidas reglas de equilibrio presupuestario autoimpuestas. Estos impiden el financiamiento de las inversiones en deuda.

 Ninguna compañía privada seguiría una regla tan estúpida. De lo contrario, todavía estaríamos en la edad de piedra. Si tiene un buen proyecto, solicite un préstamo. Y los gobiernos deberían poder hacerlo. En muchos lugares, especialmente entre los economistas alemanes, existe esta visión cínica de que la inversión del gobierno es improductiva. Esto definitivamente está mal. (...)

El principal problema es que ahora estamos en un sistema en el que la supervivencia de un gobierno depende de la buena voluntad de un pequeño número de personas sentadas alrededor de una mesa en Frankfurt. En un país autónomo, si el gobierno soberano está en problemas, siempre prevalece el gobierno soberano y obliga al banco central a emitir la liquidez necesaria.

 Lo opuesto es cierto en la zona del euro: es el BCE el que prevalece sobre los estados soberanos. Esta es una estructura de gobierno inaceptable y, a la larga, insostenible. Funcionó hasta que los países en crisis eran relativamente pequeños, como Grecia.

 Ahora llega a Italia, en el futuro podría afectar a otros grandes países como Francia. La gente no aceptará que el destino de su país esté en manos de funcionarios públicos sin ninguna legitimidad democrática. Este sistema debe ser cambiado, y la crisis italiana lo hace muy evidente."              

'Portugal no es Grecia'. Si Grecia iba a ser el ejemplo de lo que sucede cuando no se siguen las normas, Portugal estaba destinado a ser un ejemplo positivo en Europa

"(...) La Unión Europea y Alemania en particular, necesitaban un relato positivo del resultado de las medidas de austeridad. Hubiera sido políticamente desastroso para Merkel - que mantuvo las políticas de dumping salarial y recortes sociales - permitir un escenario en el que la austeridad sólo se pudiera implementar en una situación de crisis social y política extremas o - peor aún - permitir la posibilidad de que un partido de izquierda abandonase la austeridad. 

Los males de Portugal eran la mejor oportunidad para demostrar que la austeridad podía funcionar, si se aplicaba en una situación de baja movilización social y obediencia acrítica a los dictados de la troika.

Portugal pidió un rescate en 2011, un año después de Grecia, y desde el principio, fue tratada como “el buen estudiante.”  [2] “Portugal no es Grecia” se repetía una y otra vez. Y es verdad. Desde finales de 2014 al Banco Central Europeo, a través del Banco de Portugal, se le permitió comprar bonos de deuda pública portuguesa directamente, una forma de flexibilización cuantitativa. 

Esto tuvo dos resultados positivos: bajó las tasas de interés de la deuda, y una parte de las tasas de interés pagadas por el gobierno portugués, por lo tanto, podían ser pagada al Banco de Portugal, volviendo a inyectar así dinero en la economía portuguesa. Las instituciones europeas nunca permitieron que el gobierno de Syriza en Grecia recurriera a la flexibilización cuantitativa.

Más tarde, en 2016, aunque el nivel de déficit estaba por encima del límite impuesto por el pacto fiscal  [3], la Comisión Europea decidió no aplicar sanciones a Portugal y España.

 Fue una decisión política diseñado no sólo para permitir al gobierno portugués cierto margen de maniobra, sino -más importante- para evitar la llegada al gobierno de la izquierda en España en un escenario en el que la austeridad impuesta por Europea amenazaba con agravar la crisis política  [4] .

Por otra parte, en marzo de 2018, el gobierno portugués llegó a un acuerdo con la Comisión Europea para que el dinero gastado en la recapitalización de la banca pública Caixa Geral de Depósitos no se contabilizase en su déficit.

 A pesar de esta decisión, la agencia de estadísticas de la UE Eurostat cifró el déficit portugués en un 3 por ciento, por encima del límite del Tratado presupuestaria y muy por encima del pronosticado 0,9 por ciento del gobierno (lo que hubiera supuesto el nivel de déficit más bajo de su historia). 

Una vez más, la Unión Europea mostró su verdadera cara: juega sus fichas como le convenga, según sus objetivos políticos, mientras que los actores políticos en la periferia están sometidos a las reglas impuestas por el centro.

En este sentido, es justo decir que Portugal no es Grecia. Si Grecia iba a ser el ejemplo de lo que sucede cuando no se siguen las normas, Portugal estaba destinado a ser un ejemplo positivo en Europa.

 Y esta decisión política, que se adoptó en una situación más general de recuperación económica, permitió la aparición de un nuevo “centro-izquierda” en el poder, que no sería la punta de lanza de ninguna resistencia seria a la imposición de las medidas de austeridad. (...)"                 (Catarina Principe  , Sin Permiso, 15/06/2018)

Si el poder público y la política parecen inútiles para hacer frente a esta acracia económica (el conflicto entre el taxi y Uber), entonces lo que se pide es un poder duro que restaure un cierto equilibrio entre las partes

"(...)  Quien conduce es un hombre que ha pasado la cincuentena, camisa blanca, pelo escaso bien cortado. Tras hablar sobre el tiempo, que se debate entre el bochorno y la tormenta, le pregunto qué tal llevan lo de Uber. 

En Córdoba, me responde, de momento no hay demasiados, total aquí no hay negocio, tampoco para eso. No entiendo para qué sirven los gobiernos, me dice mientras toma una rotonda, si a la hora de proteger un sector nos dejan en la estacada.
 
Me parece más útil escuchar que hacer alguna apostilla a sus reflexiones, que luego se dirigen hacia la corrupción, hacia la supuesta recuperación que no se nota en la calle y a que él ya no sabe ni hacia dónde tirar. 

Mira, me dice girándose en un semáforo en rojo, yo de joven era de los que no podía ni ver a Franco y ahora te reconozco que casi he acabado por echarle de menos. Sinceramente, no me sorprende la conclusión, no por su profesión o su edad, sino porque no es la primera vez que lo escucho en estos últimos años en boca de alguien que no parece un ultraderechista.

Llegamos al destino, a un recinto ferial en el que se divisan unas carpas y un escenario coronados por banderas rojas, la fiesta del Partido Comunista de Andalucía, donde me han invitado a una mesa de debate. Veo que el hombre parece incómodo. Mientras que le pago casi me pide disculpas, parece algo avergonzado por sus palabras.

Nos despedimos. Nos deseamos una buena jornada. Supongo que a él le quedarán unas cuántas horas frente al volante. Yo no me quito la conversación de la cabeza en todo el día, mientras que hablo con conocidos y desconocidos, esencialmente, de lo mismo que he hablado con el taxista en un breve cuarto de hora.

 Creo que resume los problemas capitales a los que la izquierda se enfrenta, no ya para ganar unas elecciones, sino para continuar siendo un referente político en el siglo XXI, para frenar la deriva autoritaria de nuestras sociedades.

El primero de ellos es lo que el taxista identifica con la máxima de que el Gobierno no vale para nada, es decir, que los poderes públicos lejos de velar por el bienestar de la mayoría son un aparato inútil. 

Esto, que es una descripción genérica y por tanto injusta respecto al trabajo de muchos servidores públicos, es sin embargo un buen cuadro de lo que, en último término, representa el Estado bajo el capitalismo, una maquinaria orientada al mantenimiento de su orden social. Es decir, los gobiernos si valen, sí son útiles pero solo para los intereses de unos pocos.  (...)

Así, un problema esencialmente de desregulación de un sector, en este caso el del taxi, en quien acaba recayendo no es en los poderes privados que lo fomentan, sino en el poder público, ausente por incomparecencia obligada. Lo neoliberal descuartiza pero siempre evita que le salpique la sangre.
 
La política de izquierda que podría enfrentar este conflicto, dando una alternativa beneficiosa para la mayoría y no solo para los accionistas de empresas con sede fuera del territorio nacional, no es percibida como una herramienta, sino como un foco de problemas por asociación con la política neoliberal, la única tolerada y promocionada desde los resortes de mediación cultural. 

Si el poder público y la política parecen inútiles para hacer frente a esta acracia económica, entonces lo que se interpreta como necesario es un poder duro que restaure un cierto equilibrio entre las partes. La ecuación, de resultado poco deseable, es contemplada por cada vez más personas como necesaria, aún situándose estos individuos, de inicio, fuera de los círculos habituales del autoritarismo.  (...)

Si la izquierda quiere volver a ser un actor de peso debería empezar por arrojar luz sobre las relaciones entre los problemas y sus responsables, como el detective que resuelve el asesinato para regocijo de los lectores. Buscar la manera de que lo público y lo político no solo sean percibidos como útiles por la mayoría, sino como propios. 

No como lo que sobra y es sacrificable, sino como la herramienta indispensable. Hacer notar que mientras que el asesino siga suelto por nuestras páginas nadie estará a salvo la próxima vez que se vaya la luz y suene el trueno.

Vivimos en un desguace incoherente sobre un mapa troceado donde al ciudadano medio le resulta complicado establecer algún tipo de relación entre hechos y responsables. No se puede pretender estar solo en la defensa de las ruinas de lo conseguido hace décadas, que la fuerza sea a la contra, únicamente en la protesta y la indignación. No se puede estar solo esperando que la corrupción, de tan evidente, acabe regalando un escándalo mayúsculo –otro más–.  (...)

Y para eso hubiera sido una gran idea que alguna de las instituciones que se conquistaron mediante la movilización popular en 2015 hubiera dado un golpe en la mesa para al descubierto estas relaciones. (...)"                 (Daniel Bernabé, La Marea, 25/04/18)

18.6.18

Del mundo occidentralizado al mundo postoccidental. Un debate en Taiwán: "Lo que está en crisis no es sólo el modelo español, sino el europeo". Se abre paso una era formada por otro tipo de valores, no necesariamente democráticos

“Del mundo occidentralizado al mundo postoccidental: en busca de un nuevo orden global para el siglo XXI”. Bajo este ampuloso lema, la Biblioteca Nacional de Taiwán recibió el pasado fin de semana a una selección internacional de politólogos ubicados intelectualmente en la encrucijada de Oriente y Occidente. (...)
Según los expertos, Occidente evidencia cada vez con mayor crudeza los síntomas de una lenta agonía que afecta al modelo de Estado democrático-liberal y abre paso a una era formada por otro tipo de valores, no necesariamente democráticos, “donde no están claros los límites a los abusos de poder”, según el australiano John Keane, profesor invitado de la Universidad de Pekín. (...)

Los ponentes hicieron referencia a Cataluña en más de una ocasión.
“No envidio al nuevo presidente de España. Tampoco puedo decir que confío en él, porque no apuesto por ningún político hasta que no veo lo que hace. Pero es evidente que Mariano Rajoy no era la persona adecuada para gestionar el conflicto de Cataluña”, sentenció Dunn, a instancias de este diario. “El cambio de gobierno abre una ventana de aire fresco a una situación de enquistamiento que requiere otro tipo de respuesta".

Dunn también se refirió a los límites con que se encuentra la reivindicación independentista en Cataluña: "Es cierto que el independentismo no tiene legitimidad para proclamar la República, porque la mayoría de los catalanes prefiere permanecer en España. 

Se necesitaría al menos un 70% de respaldo popular durante un largo periodo de tiempo, para promover una decisión de semejante alcance. También sería imprescindible el apoyo de la comunidad internacional. Pero una gran minoría de ciudadanos en Cataluña reivindica otro encaje político y eso debe tenerse en cuenta”.

Todos los ponentes consultados coincidieron en algunas ideas fundamentales. En esta era inquieta ante los fantasmas del Brexit y los exabruptos de Donald Trump, destacaron la necesidad de refinar el funcionamiento de las instituciones democráticas para evitar que los votantes tomen decisiones sin la información adecuada a partir de consignas engañosas o manipuladas. (...)

En cuanto al cambio de gobierno en España, subrayaron las expectativas que despierta el nuevo Ejecutivo, a quien corresponde explorar nuevas vías junto con las fuerzas soberanistas catalanas para mejorar la situación.

Sin embargo, se matizó que se trata de una tarea extremadamente difícil, porque “lo que está en crisis no es sólo el modelo español, sino el europeo. Más aún, el desafío afecta al núcleo mismo del modelo de Estado democrático-liberal, que no ha sido capaz de establecer un mecanismo adecuado para consensuar y legitimar el trazado de sus fronteras. Por lo tanto, implica no sólo a Cataluña, sino a muchos otros lugares de Europa”, en palabras de Dunn."  (...)"            (Mar Llera, eldiario.es, 15/06/18)

“Excelente localización para apartamentos turísticos”. Cómo las empresas expulsan a los habitantes del centro sin margen de negociación

"Compuesto por local comercial y cuatro viviendas a reformar. Grandes posibilidades de aumento de valor del edificio. Excelente localización para apartamentos turísticos. Prácticamente vacío. 750.000 euros. Rentabilidad futura del 6%”. 

Es el proyecto con el que dos empresas inmobiliarias mostraban a posibles compradores las posibilidades futuras para un edificio en la calle Olmo 35, en pleno barrio de Lavapiés. Hace apenas un mes, una decena de personas hacían cola a diario a la puerta del edificio para visitarlo. 

Les mostraban el local vacío, un antiguo bar, subían por las cuatro plantas, visitaban uno de los dos pisos vacíos y les señalaban uno de los dos habitados comentando: “Se queda vacío el 31 de mayo”.

El proyecto mostraba las posibilidades de rentabilidad y de uso del inmueble. Proponían convertir el local comercial y el sótano en un negocio de “hostel” – o albergue juvenil – por lo que calculaban que se podía sacar una rentabilidad de 950 euros al mes. Los alquileres de las viviendas, de unos 50m2 cada cada una, los situaban en torno a los 800 y 950 euros mensuales, en función de si tenían más o menos superficie. 

El pasado 21 de mayo, al mismo tiempo que las empresas vendedoras, MK Premiun SL y Carrer Tigre 12 SL, compraban a los antiguos dueños – dos hermanos – el edificio de la calle Olmo, también lo vendían a Rosales 2009 SL y Spring Valley Investments SL. Así consta en el Registro de la Propiedad con fecha del pasado 25 de mayo. El precio final de compra quedó escriturado en 580.000 euros.


A principios de junio los vecinos que residen en el inmueble oyeron cómo alguien trataba de abrir el portal. “Nos asomamos y nos dijeron que eran los nuevos propietarios pero cuando bajamos ya se habían ido y la cerradura estaba rota”, explica Francisco Rodríguez, de 83 años, que vive desde hace 11 en una de las cuatro viviendas de la calle Olmo, y quien durante más de cuatro décadas ha regentado el bar del local comercial que está en el mismo edificio. Él y su vecino, José Arteaga, de 56 años y quien vive allí desde 1986, decidieron cambiar la cerradura del portal.

Apenas unos días después, volvieron a oír nuevos ruidos de alguien tratando de entrar en el edificio. “Me asomé y vi que era un hombre con un manojo de llaves, me dijo que era el arquitecto y que quería entrar pero le dijimos que como no le conocíamos no le abríamos”, explica Jaqueline Nuñez, de 56 años, quien vive desde hace tres años con Paco – como le conoce todo el mundo –, desde que el hombre se rompió la cadera.

A los pocos días José y Paco recibieron un burofax, firmado por una de las dos nuevas empresas propietarias del edificio, Spring Valley Investments SL, informándoles de que debían entregar una llave del portal en una dirección determinada. 

Era la primera comunicación que recibían por parte de la nueva propiedad. José recibió un nuevo burofax hace apenas una semana informándole de que el próximo 31 de julio debe abandonar su casa porque no le prorrogarán su contrato de alquiler, como viene sucediendo desde hace más de 30 años.

Paco ya había recibido la misma carta, aunque firmada por MK Premiun, a primeros de año, explicándole que al vencimiento de su contrato de alquiler, el pasado 31 de mayo, debía dejar la casa. Pero se ha quedado porque, como explica, a dónde va a ir “a mi edad, enfermo y con una pensión no contributiva”. 

Los dos han recibido además el apoyo de diferentes colectivos sociales y vecinales, como el Sindicato de Inquilinas, la Plataforma de Afectados por la Hipoteca de Centro Madrid o Lavapiés ¿dónde vas?, quienes a finales de mayo colgaron varios carteles en la fachada de Olmo, 35 para protestar por el desalojo de los vecinos.

“Te sientes muy desamparado y contar con el apoyo de toda esta gente está suponiendo mucho para nosotros”, cuenta Jacqueline, quien explica cómo el pasado martes una red de más de 20 personas se movilizó rápidamente para plantarse en la puerta de su casa en apenas cinco minutos. 

De nuevo, habían oído ruidos en la puerta y al asomarse vieron a un grupo de cinco personas: un hombre con mono de obra y una caja de herramientas, otro trajeado, una mujer con vestido y americana y otros dos hombres más. La inquilina llamó a la Policía y alertó en el chat vecinal de lo que estaba pasando.

Uno de los primeros en llegar fue Fernando Bardera, del colectivo Lavapiés ¿dónde vas?, quien preguntó al grupo de desconocidos qué era lo que iban a hacer.

 “El señor trajeado, que se presentó como notario, dijo que la mujer era la propietaria, nos enseñó las escrituras y que venían a cambiar la cerradura para entrar en el edificio porque nadie había entregado las llaves”, explica Bardera. Mientras, los vecinos movilizados iban llegando hasta la calle Olmo para, en silencio, mostrar el apoyo a los inquilinos.

 Jacqueline explica que cuando trataba de contar al grupo de desconocidos la situación en la que se encuentra Paco y lograr un acuerdo, uno de ellos comenzó a reírse. “La mujer estaba apoyaba en un coche mirando un punto fijo, como si nada de lo que estuviera pasando fuera con ella”, cuenta la vecina.

Finalmente, llegaron agentes de la Policía Municipal, comprobaron que la mujer que permanecía ajena a la conversación era la propietaria que constaba en el documento de escrituras, e identificaron al grupo de desconocidos. “Les pedimos que por favor les tomaran los datos por lo que pudiera pasar después porque la única que vez que se han comunicado con los vecinos ha sido por burofax”, indica Bardera.

 Tras sucesivas llamadas en días diferentes ha sido imposible obtener una respuesta de la propiedad.

El caso de la calle Olmo, 35 se repite por Madrid, como sucede apenas unas calles más abajo,  en Argumosa, 11, y en otras zonas de la capital y  grandes ciudades. Son edificios enteros de varias viviendas, con un único propietario o apenas dos o tres.

 De la noche a la mañana, los inquilinos, que llevan décadas viviendo en sus casas y pagando cada mes sus alquileres, reciben una notificación de la nueva propiedad de que deberán abandonar su casa los próximos meses porque no se les prorroga el contrato. En ningún caso hay margen de negociación.

 En los relatos de estos vecinos también es habitual escuchar cómo durante todos los años de residencia han sido los inquilinos los que han costeado las obras de mantenimiento y reforma de los edificios, además de afrontar el pago del Impuesto de Bienes Inmuebles. “Cada año pagamos más de 1.000 euros todos los vecinos y, desde que estamos Paco y yo, solo entre nosotros dos”, explica José.(...)"               (Patricia Rafael, eldiario.es, 16/06/18)


"El último informe elaborado por el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) sobre 'Efectos de la crisis económica en los órganos judiciales' revela un cambio de tendencia en cuanto al perfil del desahuciado en España.

Según el citado informe, mientras que el número de lanzamientos practicados en el primer trimestre de 2018 fue de 15.907, lo que supone un descenso del 6,7 por ciento respecto a los registrados en el mismo periodo del año pasado; los lanzamientos derivados de la Ley de Arrendamientos Urbanos (LAU) experimentaron un crecimiento del 1,1 por ciento, al pasar de 9.612 a 9.719.

El dato global supone el cuarto descenso interanual consecutivo en el número de lanzamientos hipotecarios practicados, después del incremento del 2,2 por ciento que experimentaron en el primer trimestre de 2017. Sin embargo, la realidad refleja que, si bien los lanzamientos derivados de no pagar la hipoteca se sitúan en torno a unos 60 al día; los que responden al impago del alquiler superan los cien casos diarios. (...)

Para la PAH, el descenso del número de desahucios por ejecución hipotecaria reflejado en el informe del CGPJ se debe a "la paralización temporal de cientos de miles de estos procedimientos en los juzgados, que se encuentran pendientes de la resolución que adopte el TJUE sobre la cláusula de vencimiento anticipado". 

Una situación, en su opinión, temporal, y que hará que las ejecuciones se reactiven o como procedimientos ordinarios, "lo que volverá a elevar la cifra de estos desahucios".

En cuanto a los desahucios por impago por alquiler, consideran que es la cifra "más preocupante y alarmante". Para la Plataforma, "9.719 desahucios durante el primer trimestre -107 al día-, con un incremento con respecto al último trimestre de 2017 de 520 desahucios más, vuelve a ratificar la salvaje burbuja inmobiliaria que sufrimos", denuncian.

La causa de este incremento de desahucios por impago de alquiler se debe, según la PAH "a la dificultad de obtener una hipoteca justa y a los disparatados y abusivos incrementos de las rentas de alquiler".           (Juan Carlos Téllez 

La inmigración es una parte intrínseca del crecimiento económico actual. La erosión de los derechos laborales ha aumentado la demanda de mano de obra inmigrante en Europa. Por lo tanto, la única manera de reducir la inmigración es la de regular los mercados laborales de manera rigurosa

"(...) Este texto examina ocho de los mitos que a menudo encuentro en mis investigaciones.

1. No, las fronteras cerradas no conducen automáticamente a menos inmigración

No es tan fácil como simplemente cerrar la puerta de un portazo. Las restricciones migratorias pueden tener diversos efectos secundarios no deseados que pueden desvirtuar su efectividad. 

En primer lugar, las restricciones pueden empujar a los emigrantes a buscar canales alternativos legales o ilegales, como por ejemplo que los en realidad inmigrantes económicos usen los canales para la reunificación familiar. 

En segundo lugar, los controles fronterizos estrictos desvían a menudo los flujos migratorios hacia otras rutas terrestres o marítimas, y por tanto expanden el mercado para los contrabandistas.

 En tercer lugar, las restricciones pueden conducir a incrementos migratorios súbitos del tipo “ahora o nunca”.   (...)

Finalmente, las restricciones tienden a interrumpir la circulación y empujar a los inmigrantes a asentarse permanentemente. Esto es lo que sucedió, por ejemplo, con los llamados “trabajadores visitantes” de la década de 1970-1980. Como tenían miedo de no poder inmigrar de nuevo después de regresar temporalmente a casa, muchos optaron por asentarse de manera permanente.  (...)

La migración libre es a menudo circular, como puede observarse con la migración en el interior de la UE. Cuanto más restrictivas son las políticas de entrada, más desean quedarse los inmigrantes. Estos efectos no deseados generan dilemas fundamentales para los responsables políticos. 

2. No, las políticas migratorias no han fallado

La considerable atención mediática que recibe la continua inmigración mediante embarcaciones y los cruces irregulares de fronteras ha creado la imagen distorsionada y engañosa de que las políticas migratorias están “rotas” y que las fronteras están fuera de control.  (...)

Al fin y al cabo, gran parte de los inmigrantes, de acuerdo con los mejores cálculos disponibles, al menos nueve de cada diez, entra legalmente en Europa, y esto cuestiona la idea de que la inmigración está “fuera de control”. 

Propiamente dicha, la inmigración ilegal es un fenómeno relativamente limitado. Los períodos en los que se ha producido una emigración de refugiados extremadamente elevada, como sucedió en 2015 o en la década de los 90 durante los conflictos de los Balcanes, son más una excepción que la norma y no acostumbran a durar mucho.  (...)

Sin embargo, a menudo sobrestimamos lo que pueden conseguir las políticas migratorias. Esto sucede porque la emigración está motivada por procesos de desarrollo económico y de cambio social, tanto en las sociedades de origen como de destino, que escapan al alcance de las políticas migratorias.   (...)

Por ejemplo, en la mayoría de los países europeos los niveles migratorios tienden a estar directamente relacionados con los ciclos económicos (véase el gráfico anterior para el caso alemán). En épocas de sólido crecimiento económico, es más probable que los inmigrantes encuentren trabajo y obtengan así permisos de trabajo. 

La inmigración económica está fuertemente motivada por la demanda laboral, y cuestiona la idea popular que afirma que se trata de un fenómeno sin control motivado sobre todo por la pobreza y la violencia en los países de origen. 

3. No, las políticas migratorias no son cada vez más restrictivas

Esto es lo que los políticos quieren que creamos, pero la realidad alberga numerosos matices. En un reciente estudio que realizamos en la Universidad de Oxford, examinamos 6500 leyes migratorias de 45 países diferentes entre 1945 y 2010. Concluimos que durante las últimas décadas las políticas migratorias han sido cada vez más liberales para la mayoría de grupos de inmigrantes.  (...)

La principal excepción a esta regla son los llamativos controles fronterizos y las políticas de visado cuyo objetivo es evitar que los solicitantes de asilo y los inmigrantes irregulares accedan al territorio europeo. Sin embargo, estos grupos solo representan una minoría dentro del número total de inmigrantes. 

Si observamos las tendencias a largo plazo relacionadas con las políticas de admisión, la mayoría de los demás grupos de inmigrantes (incluida la mano de obra inmigrante, las familias y los estudiantes) han sido recibidos de manera cada vez más favorable.  (...)

4. No, la ayuda al desarrollo en los países de origen no evita la inmigración

Muchos gobiernos y muchas agencias de desarrollo ven la ayuda al desarrollo como una herramienta para reducir la inmigración. Esta visión se basa en la idea equívoca de que los motores principales de la emigración sur-norte son la violencia y la pobreza. Sin embargo, en realidad, el desarrollo da pie al principio a niveles más elevados de emigración.  (...)

Esto confirma la “paradoja de la inmigración”, puesto que las investigaciones demuestran que los países más pobres presentan un nivel de emigración mucho menor que las naciones más desarrolladas. Al fin y al cabo, para emigrar hace falta disponer de recursos considerables. La pobreza extrema inmoviliza a las personas, que quedan atrapadas porque no se pueden permitir abandonar su tierra natal. 

Esta también es la razón de por qué la idea de que el cambio climático dará como resultado una emigración en masa hacia occidente es poco realista. Los cambios medioambientales negativos podrán aumentar las intenciones de desplazarse, pero también limitarán la capacidad para poder hacerlo. 

El crecimiento económico y una mejor educación tradicionalmente aumentan la facultad y las aspiraciones de la gente para emigrar. En este sentido, no es ninguna coincidencia que países eminentemente emigrantes, como México, Marruecos o Turquía, sean países de renta media. 

El desarrollo de los países más pobres, como los que se encuentran en el África subsahariana, conducirá a un aumento casi inevitable de la inmigración proveniente de esos países. Por tanto, los futuros inmigrantes de Europa vendrán del África subsahariana en lugar de Turquía y el norte de África. 

5. No, la inmigración no conduce a una “fuga de cerebros”

Un argumento que se repite a menudo sostiene que la emigración provoca una “fuga de cerebros”, es decir, que se vayan los que disponen de un mayor nivel educativo, y por tanto debilita el potencial de desarrollo de los países de origen. En este caso también, los niveles de emigración son por lo general sencillamente demasiado bajos como para causar este efecto. 

Las investigaciones demuestran que sería en líneas generales poco razonable culpar a la emigración (la salida de doctores, por ejemplo) de los problemas de desarrollo estructurales como la falta de instalaciones sanitarias en las zonas rurales.  (...)

En tercer lugar, el argumento de la “fuga de cerebros” ignora el hecho de que a menudo los emigrantes invierten grandes sumas de dinero en sus países de origen. En 2015, los emigrantes de países en vías de desarrollo enviaron unos 410 000 millones de dólares de regreso a casa, y eso representa solo las remesas registradas de manera oficial.

 Este montante supera en más de 2,5 puntos el total mundial de ayuda al desarrollo de ese mismo año (161 000 millones de dólares).   (...)

6. No, los inmigrantes no quitan trabajos, ni debilitan el estado de bienestar
Las investigaciones demuestran que la mayoría de los inmigrantes realiza trabajos que las poblaciones locales rechazan o para los que carecen de las habilidades necesarias. Además, diversos estudios muestran que mientras que el efecto de la inmigración en el crecimiento económico tiende a ser positivo, es bastante reducido.

También, las afirmaciones en el sentido de que los sistemas del bienestar avanzados, como los que existen en Alemania y Holanda, atraen a un mayor número de inmigrantes que los países con redes de asistencia social menos generosas, como el Reino Unido o los EE.UU., tampoco han sido nunca demostradas. 

No obstante, lo que sí muestran los estudios es que las empresas, los ricos y las clases medias-altas son los que más se benefician de la inmigración (aparte de los inmigrantes mismos). 

Por lo general, las personas con ingresos bajos tienen menos que ganar, y hasta puede que salgan perdiendo en algunos casos, mientras que irónicamente los exmigrantes son lo que más tienen que temer de los nuevos inmigrantes en términos de competencia laboral. Los que abogan por establecer fronteras abiertas a menudo obvian el potencial que tiene la inmigración de aumentar la desigualdad. 

7. No, la inmigración no puede resolver los problemas asociados al envejecimiento de las sociedades

La magnitud de la inmigración es demasiado reducida para contrarrestar los efectos del envejecimiento de la población. Un estudio de la ONU ha demostrado que, para conseguir ese resultado, la inmigración tendría que alcanzar niveles que son tanto indeseables como poco realistas.

 Para poder contrarrestar el envejecimiento de la población, este estudio comprobó que Alemania, por ejemplo, necesitaría una inmigración neta de 3,5 millones de personas al año (12 veces por encima de la media nacional de 280 000 entre los años 1991 y 2015).   (...)

Además, este argumento no tiene en cuenta que el envejecimiento de la población se está convirtiendo en un fenómeno mundial y que algunas sociedades en proceso de envejecimiento como China han empezado a convertirse en destinos migratorios internacionales por méritos propios. La pregunta que nos haremos en el futuro no será tanto cómo evitar que vengan los inmigrantes, sino como conseguir atraerlos.

8. No, no vivimos una época de migración sin precedentes
Y finalmente, una visión de conjunto. Durante más de medio siglo, el número de migrantes, tomado como porcentaje de la población mundial, ha permanecido notablemente estable en torno a un 3% desde 1960. 

Incluso cuando el número de migrantes internacionales ha aumentado de los 93 millones de 1960 a los 244 millones de 2015, la población mundial ha aumentado aproximadamente al mismo ritmo, de 3000 a 7000 millones. (,,,)

Asimismo, la idea de que existe una “crisis de refugiados” mundial no tiene ningún fundamento. A escala global, los refugiados representan un porcentaje relativamente menor dentro del número total de migrantes.  

(...) los refugiados solo representan entre el 7% y el 8% de la población migratoria mundial, y cerca del 86% de todos los refugiados vive en países en vías de desarrollo.   (...)

El cambio más significativo en los patrones migratorios mundiales ha sido la dirección de los movimientos de población. Mientras que en los siglos anteriores eran sobre todo los europeos quienes emigraban a territorios extranjeros (o los conquistaban), desde finales de la 2ª Guerra Mundial esta tendencia se ha invertido. 

Como consecuencia de una sólida economía y de una población cada vez más envejecida, la UE se ha convertido en un destino migratorio mundial, y ha atraído entre 1,5 y 2,5 millones al año de inmigrantes de fuera de la UE. Aunque esto puede parecer considerable, supone solo entre el 0,3% y el 0,5 % de la población total de la UE (508 millones). 

Además, entre 1 y 1,5 millones de personas abandonan la UE cada año. La inmigración neta en países europeos como Francia o Alemania tiende a fluctuar de forma paralela a los ciclos económicos, como ilustra el gráfico anterior, aunque la tendencia a largo plazo no denota ningún aumento.   (...)

Existe una necesidad urgente de ver la inmigración como una parte intrínseca del crecimiento económico y del cambio social en lugar de tomarla como un problema que hay que resolver. Es inevitable que las sociedades ricas y abiertas experimenten en el futuro incrementos sustanciales en los números de inmigrantes que reciben, les guste o no.  (...)

En las últimas décadas, la erosión de los derechos laborales, el aumento de la flexibilidad laboral y la privatización de las empresas anteriormente estatales han aumentado considerablemente la demanda de mano de obra inmigrante en Europa. 

Los acalorados debates sobre inmigración en el Reino Unido y EE.UU. (dos economías de mercado extensamente liberalizadas que se enfrentan constantemente a elevados niveles de inmigración) son ejemplos claros de esta paradoja de la liberalización.

Por lo tanto, la única manera de reducir la inmigración supone invertir la liberalización económica y regular los mercados laborales de manera rigurosa. Aunque eso podría también reducir los niveles de riqueza de manera general. En ese caso, la pregunta es: ¿realmente es eso lo que queremos? "         

(Hein de Haas es profesor de Sociología en la Universidad de Ámsterdam. Fue miembro fundador y anterior codirector del Instituto de Inmigración Internacional (IMI, por sus siglas en inglés) de la Universidad de Oxford.  CTXT, 19/06/18)