13.7.18

Resulta imprescindible abrir un debate sobre los perjuicios y los beneficios de pertenecer a la zona euro, por los elevados costes que tiene para las economías meridionales mantenerse dentro de la misma

"(...) Más Europa, ese el camino donde, según este discurso, todos nos podemos encontrar, donde todos finalmente ganamos. Pero ¿qué realidad se oculta detrás de tanta retórica vacía, de tanto europeísmo de salón? 

Más Europa significa un punto y seguido en la implementación de políticas destinadas a: favorecer la posición dominante de los oligopolios productivos y financieros y de los grandes bancos; reformar los mercados de trabajo con el objetivo de debilitar la capacidad de negociación de las organizaciones sindicales, presionar sobre los salarios y facilitar el despido de los trabajadores; meter las tijeras sobre el gasto público social y productivo y aumentar la presión fiscal sobre las clases medias y bajas; privatizar y mercantilizar los espacios y derechos que garantizan los estados de bienestar; dar el visto bueno a tratados internacionales de comercio y de inversión que suponen una inaceptable cesión de soberanía de los poderes públicos en beneficio de las corporaciones transnacionales; (...)

Una Europa que, por lo demás, se encuentra en un acelerado proceso de desintegración económica y política. Mientras que Alemania se ha financiado en estos años de crisis a un coste muy reducido o incluso nulo, los países de la periferia han tenido que pagar un plus en tipos de interés para obtener recursos en los mercados. 

También son muy diferentes las condiciones en las que acceden a la financiación las empresas, dependiendo del país en que se ubican y de su capacidad para operar como grupo de presión ante los poderes públicos; un ejemplo, entre otros muchos que podrían ponerse, es el privilegiado acceso de algunas grandes corporaciones a la financiación en condiciones muy favorables procedente del Banco Central Europeo. 

Ese proceso desintegrador se observa asimismo en el aumento de la brecha entre las capacidades productivas y comerciales de las economías meridionales del sur de Europa y las del norte; en las diferentes estructuras tributarias existentes dentro del territorio europeo, en la competencia fiscal a la que se han entregado algunos de los socios comunitarios para atraer inversiones extranjeras y en la tibieza con que los responsables comunitarios han tratado los paraísos fiscales; en la creciente brecha social entre las elites y la mayoría de la población y en la pérdida de peso de los salarios en la renta nacional; y en la desigual respuesta de los gobiernos al drama de las personas refugiadas y a la inmigración.  (...)

Añadamos a este panorama el terremoto político que está viviendo Europa. La extrema derecha y los partidos conservadores de derechas se convierten en la piedra angular del cada vez más endeble edificio comunitario. 

Los nuevos partidos avanzan con un mensaje confuso, donde se mezclan posiciones xenófobas y racistas con una crítica de la burocracia y las políticas comunitarias. Con este mensaje, han recogido importantes apoyos sociales entre las clases populares. (...)

Estos partidos están canalizando una parte, en absoluto despreciable, del descontento de una sociedad que se sienta estafada y vapuleada por los políticos –de izquierda y de derecha- confortablemente instalados en el establishment, del que, indudablemente, forman parte las instituciones comunitarias, la alta burocracia que las habita y las políticas que estas promueven.

 Sería un error pensar que se trata de un voto de derechas o que se reconoce e identifica en la iconografía fascista –aunque es evidente que existe este perfil-; tampoco creo que el voto tenga un claro contenido ideológico –a pesar de que sí lo tengan los partidos que han respaldado -. 

Es un voto que representa a una parte de la población indignada, que ha sufrido la crisis y que no está disfrutando de los beneficios de la recuperación, que es permeable al discurso de “los de arriba y los de abajo”, “nosotros y los de afuera”, tan querido y utilizado por los partidos que están ganando posiciones electorales.

Resulta, en este contexto, preocupante y revelador que la izquierda alternativa y transformadora, muy débil en la mayor parte de los países europeos, no haya sido capaz de atraer a este amplio segmento social de descontentos; sobre todo cuando reiteramos que son legión los perdedores y que la gestión de la crisis ha beneficiado, muy especialmente, a las elites y las oligarquías. 

En este escenario –convulso, cambiante y amenazante-, en una situación de avanzada –quizá irreversible- desintegración de la Europa comunitaria y de la zona euro, ante el avance electoral de la derecha fascista y xenófoba es más importante que nunca levantar la bandera de Otra Europa.  (...)

El eje de la reflexión que debe abanderar esa izquierda no es bajo qué condiciones puede funcionar una unión monetaria, sino si la existencia de la misma es compatible con una política que beneficie a las mayorías sociales. Nuestra apuesta no puede ser preservar ni fortalecer la moneda única, sino preguntarnos sobre las necesidades, los recursos, los actores y, como consecuencia de todo ello, las políticas.  (...)

En otras palabras, la cuestión central a poner sobre la mesa es si la actual institucionalidad y las reformas que se quieren introducir en la misma permiten abrir las puertas a una política económica al servicio de las mayorías sociales; o si, por el contrario, esa política económica, piedra angular del discurso crítico, colisiona con el entorno institucional, actual y futuro, y los intereses que sustentan la moneda única. Opino que este segundo es el escenario sobre el que debemos trabajar, elaborar nuestras propuestas e intervenir social y políticamente.  (...)

El euro ha sido, desde el principio, el proyecto de las elites. Las reformas puestas en marcha durante los años de crisis y las más recientes refuerzan ese perfil oligárquico.

 En torno a la nueva constelación de intereses, se está asistiendo a una verdadera “refundación” de Europa y se está procediendo a una sustancial reformulación de las políticas comunitarias, reduciéndose a la mínima expresión las que podrían tener efectos más redistributivos y descartando las que apuntarían a una salida de la crisis cooperativa. 

La constitucionalización –en los ordenamientos legales de los países y en los tratados comunitarios- de las políticas neoliberales introduce una severa restricción a la hora de formular políticas alternativas a las que ahora se aplican. (...)

Para enfrentar los intereses de los lobbies y las corporaciones que se articulan al margen de cualquier tipo de regulación, es necesario plantear una acción política europea y global, y acumular fuerzas en esos ámbitos.

Hay que ser conscientes de que las posibilidades de construir Otra Europa a partir de la institucionalidad actual y de los intereses que se articulan en torno a ella son limitados; de hecho, son cada vez más reducidos. Cuando la zona euro conoce debilidades estructurales que no están siendo bien gestionadas, cuando la captura por parte de las elites de las instituciones y las políticas es evidente, cuando los procesos de desintegración avanzan sin freno, la izquierda transformadora, aunque el eje de la actividad política sea Otra Europa, tiene que contemplar la eventual salida o disolución de la UEM.

En este sentido, resulta imprescindible abrir un debate sobre los perjuicios y los beneficios de pertenecer a la zona euro, entre otras razones, por los elevados costes que tiene para las economías meridionales mantenerse dentro de la misma. 

Ese debate debe ser complementario con los costes asociados al abandono de la UEM o a su disolución. Ni se puede ignorar ni se debe postergar, pero tampoco cabe simplificarlo. Se trata de un asunto complejo y de gran calado, con importantes consecuencias económicas, políticas y sociales. (...)"         (Fernando Luengo, Economía crítica y crítica de la economía, 05/06/18)


Como alternativa a la salida del euro y para conseguir la soberanía financiera:  europeseta electrónica

Existe una descripción con mucho humor, de economía-ficción, sobre los beneficiosos efectos que se producirían si en Italia, el gobierno impusiera una moneda digital (allá por el 2020), para salir de la quiebra económica y política a la que la permanencia en el euro habría llevado al país. El objetivo se conseguiría rápidamente.

Los únicos perjudicados, los especuladores de la deuda. Ver: J. D. Alt: Europa, 2020: una ucronía iluminadora’. http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=5467  )
 
Los artículos de Juan José R. Calaza (Juan José Santamaría y Juan Güell) muestran con gran claridad las ventajas de una europeseta electrónica de circulación interna: 
 
Para entender la europeseta electrónica. Qué es y, sobre todo, qué no es. Enlace: http://www.farodevigo.es/opinion/2012/12/02/entender-europeseta-electronica/720458.html
 
Para salir de la crisis sin salir del euro: España debe emitir europesetas (electrónicas). Enlace: http://www.farodevigo.es/opinion/2011/11/27/salir-crisis-salir-euro-espana-debe-emitir-europesetas-electronicas/601154.html  
 
Las europesetas electrónicas, complementarias al euro, estimularán el crédito sin efectos colaterales perversos. Enlace:  http://www.rebelion.org/noticia.php?id=165815
 
Juan Torres insiste en que es necesario emitir una moneda complementaria al euro. Sus artículos:
 
 
Más información en: 'Si Grecia, España, o Andalucía emitiesen una moneda digital, respaldada por la energía solar instalada en sus tejados, alcanzarían la soberanía financiera. La de dar créditos a familias y empresas':    http://comentariosdebombero.blogspot.com.es/2014/06/si-una-autonomia-o-una-gran-ciudad.html

¿Los rusos acabarán con la OTAN? No, lo harán los norteamericanos... cousas veredes...

"Las relaciones de servidumbre se complican cuando los siervos las cuestionan, pero la crisis es letal cuando es el Señor el que las revienta.

 Recuerden aquel Pacto de Varsovia al que se le fundieron los plomos cuando su amo moscovita renegó del mantenimiento de su zona en Europa del Este mientras tejía un acuerdo de paz y distensión tras otro con su enemigo. Allí se acabó todo. Algo parecido ocurre ahora con la OTAN.

Desde 1949 ha sido la institución que resumía la sumisión, el vasallaje y la tutela de Estados Unidos sobre Europa occidental. La seguridad europea ha estado desde entonces bajo mando del comandante de las fuerzas armadas de Estados Unidos en Europa. (...)

Ahora Trump reniega de la OTAN alegando motivos contables y todo se tambalea. 

Los vasallos no saben qué hacer. Prometen incrementar el gasto de defensa, recuerdan, reviven y provocan los peligros moscovitas que mantuvieron vivo y unido a todo el club durante décadas, y la declaración del presidente del Consejo Europeo suena a grito desesperado: “América no tiene, y no tendrá, mejor aliado que Europa”. 

Los vasallos no saben qué hacer cuando el Señor reniega de ellos. Y eso en medio de tensiones comerciales sin precedentes entre Washington y la Unión Europea (...)

Una de las soluciones encontradas para la crisis desintegradora de la UE era, precisamente, la “Europa de la defensa”. Conforme la UE se hundía en sus contradicciones, se exacerbaba la crisis con Rusia, particularmente desde hace unos diez años. 

Había una lógica pareja en aquella doble tendencia de crisis interna y tensión exterior. Gracias a unos medios de comunicación estructuralmente corruptos, los números no cambiaban el asunto.

Los gastos militares de la OTAN ascienden a 954.000 millones de dólares, los de Rusia a 66.000 millones, sin embargo es la OTAN la que clama sobre la “amenaza rusa”.  (...)

Ahora el encuentro del próximo lunes 16 de julio entre Trump y Putin, su primera cumbre bilateral, amenaza con desmoronar todo ese desesperado teatro. Los vasallos están nerviosos, inseguros, desorientados.

 ¿Tendrán algún sentido las maniobras previstas para otoño en Noruega (Trident Juncture), las mayores previstas por la OTAN desde el fin de la guerra fría cuando el propio jefe se toma una pesicola con el demonio putiniano?  (...)

Es la hora de las incongruencias. Recuerden el caso Skripal.  

El 5 de marzo un exagente ruso y su hija aparecían envenenados por una presunta sustancia nerviosa de uso militar cerca de Salisbury. Al día siguiente se acusaba a Rusia del hecho. En una semana el Reino Unido expulsaba a 23 diplomáticos rusos y a la semana siguiente los países de la OTAN se sumaban a la medida expulsando a decenas de diplomáticos. 

El agente y su hija se restablecieron. Esta semana ha muerto una persona en la misma zona, donde, en Porton Down, hay una fábrica de armas químicas británica. Su pareja está muy grave. Sin embargo no hay ninguna reacción. ¿Alguien explica algo?

Habrá que ver qué pasa el lunes entre Trump y Putin en Helsinki, pero la misma cumbre ya dice algo: pese a la extraordinaria presión contra su diálogo con Rusia, que movilizó a demócratas, republicanos atlantistas, militares y servicios secretos contra cualquier veleidad de acercamiento (hasta se desempolvó un kafkiano y rancio macartismo mediático, particularmente agudo en Estados Unidos y en Alemania), Trump se ha salido con la suya.

 Ha cubierto de dinero al complejo militar-industrial y veremos donde llega. Pero de momento parece que estamos más cerca de los funerales de la OTAN."               (Rafael Poch, CTXT, 11/07/18)

La Iniciativa china de la Franja y la Ruta de la Seda, una oportunidad para España... tiene la potencialidad para modificar el mapa económico mundial y proyectar un nuevo modelo de globalización

"La novedosa promoción del Cinturón Económico de la Ruta de la Seda y la Ruta de la Seda Marítima del siglo XXI confirma la dimensión histórica y cultural del proceso de reforma en China.  (...)

Aunque tampoco podemos pasar por alto la existencia de cierto escepticismo en algunos observadores respecto a la posibilidad de que esta ruta, tanto en su itinerario terrestre como marítimo, pueda volver a desempeñar un papel similar al desempeñado en los pasados siglos, lo cierto en que en el siglo XXI convergen una serie de circunstancias que la pueden hacer posible en poco tiempo si en ella coinciden voluntad política, discurso, liderazgo, capacidad de financiación y una agenda práctica. 

Y eso, a fin de cuentas, es lo que China garantiza en gran medida a todos los interesados, lo cual lleva a otros a asegurar que dispone del potencial suficiente para transformar de raíz en pocas décadas las coordenadas geopolíticas del mundo actual.  (...)

La Ruta de la Seda es, en sí misma, expresión de valores como la diversidad y el diálogo pacífico e integrador en un cosmos heterogéneo que lejos de representar un problema advierte de un enriquecimiento colectivo que fomenta la tolerancia y el encuentro. 

Importa especialmente que en esta nueva actualización funcionen los vasos comunicantes a este nivel y más en concreto en relación con el respeto y el rescate de la tradición en cuanto incorpore de manifestaciones positivas, incluyendo la genuina cultura política que responda a los tiempos de cada sociedad. (...)

Es transporte, es energía, es comercio, es moneda, pero la conectividad va más allá de cada uno de estos rubros considerados de forma aislada. El corredor terrestre y la ruta marítima conforman una dimensión geopolítica que realza el protagonismo de sus participes y reactiva los vínculos interpartes en el marco del globalizado mundo contemporáneo.

Se diría que se trata de una prioridad estratégica para China por razones estrictamente internas y, en primer lugar, económicas. De una parte, China necesita identificar y generar nuevos mercados de exportación que den salida a sus excesos de capacidad y equilibren su balanza exterior en un contexto caracterizado por la relativa persistencia de la crisis global afectando de manera singular a mercados importantes, en especial de los países desarrollados.

 No obstante, la propuesta va más allá de la coyuntura presente y puede favorecer la expansión de los flujos de inversión y desarrollo. Conviene tener en cuenta el esfuerzo ingente de las empresas chinas, tanto públicas como privadas en el futuro inmediato, a la hora de invertir en los países de la Ruta.

Pero es parte integrante igualmente de esa estrategia de superación de las distancias existentes en términos de desarrollo entre las zonas costeras y el interior de la propia China. La Iniciativa de la Franja y la Ruta (IFR) favorecerá la corrección de los desequilibrios territoriales internos, que son muy notorios, y dará una considerable consistencia e impulso a la estrategia de desarrollo del Oeste del país, en curso desde hace más de una década. 

Todo ello introduce un punto de inflexión, generando capacidades para crear un bloque de cooperación económica a través del Mediterráneo, con referentes que alcanzan al sudeste de Asia, India, Arabia y África, completando el círculo iniciado en Asia Central y Europa. Dicha concepción aporta a China un valor añadido en el plano de la seguridad, al reducir su vulnerabilidad en el Estrecho de Malaca. 

De esta forma, en lo geopolítico, consigue aumentar su presencia e influencia en tan vasto perímetro consolidándose como un referente de alcance y un actor sustancial en tres continentes en virtud de la implementación de una política que excluye el recurso al uso de la fuerza.

En la cumbre de China y la CELAC celebrada en Santiago de Chile, en enero de 2018, se oficializó la prolongación del proyecto hacia América Latina y el Caribe, lo cual añade un nuevo capítulo que reactualiza los viejos vínculos históricos que unen al continente americano y el gigante asiático.  (...)

La revitalización de las antiguas rutas de la Seda es, sin duda, el proyecto internacional más ambicioso que promueve el actual liderazgo chino.  (...)

La moderna Ruta de la Seda cuenta con dos versiones principales (continental y marítima) y varios corredores: China-Mongolia-Rusia, China-Asia Central-Asia Occidental, China-Indochina, China-Pakistán, Bangladesh-China-India-Myanmar. 

Entre sus pilares habría que destacar la coordinación de políticas, la conexión de infraestructuras e instalaciones, la eliminación de trabas al comercio, la integración financiera o el estrechamiento de lazos entre las respectivas sociedades. 

Aunque las preferencias señalan a Asia, Europa y África, China también se ha mostrado abierta a la participación activa de los países latinoamericanos como se destacó en la citada cumbre con la CELAC. La IFR tiene la potencialidad para modificar el mapa económico mundial.  (...)

Téngase en cuenta que el proyecto abarca a países que representan el 70% de la población planetaria y producen el 55% del PIB global. Esas regiones también albergan el 70% de las reservas de petróleo y gas del mundo.  (...)

Como es sabido, el Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras –que reúne ya a 84 miembros- y el Fondo de la Ruta de la Seda además de varios fondos de cooperación multilaterales o bilaterales financian ya docenas de proyectos de ferrocarriles que van desde Tayikistán a Tailandia, de Kenia a Hungría como también plantas de energía en Vietnam o Kirguistán. 

El ferrocarril que atravesará Laos representa la mitad del PIB del país y las infraestructuras previstas para Pakistán equivalen a la quinta parte de su PIB. Muchas de estas inversiones responden al concepto de “capital paciente”, es decir, incorporan el enfoque de una participación a largo plazo en el desarrollo del país donde invierte.

Desde 1990 existe en España la Comisión de la Ruta de la Seda cuyo objeto es alentar un itinerario cultural del que formamos parte desde hace siglos, promoviendo la comunicación económica, tecnológica, artística y cultural. En este aspecto, cabe significar los vínculos de ciudades como Zaragoza, Valencia y otros centros sederos menores como Jaén, Valladolid, Monforte de Lemos o Valdeorras en Galicia. 

En los tiempos actuales, significar el papel de esta ruta como senda para la promoción del entendimiento, el turismo, la tolerancia, el diálogo y el respeto a los diferentes modos de vida, resulta de enorme valor.

En 2014, China lanzó un primer servicio de trenes de carga que conecta la ciudad de Yiwu, en su costa oriental, famosa por su condición de gran supermercado mayorista, y Madrid, marcando el inicio de un servicio regular sobre la Ruta de la Seda, a lo largo de más de 13.000 kilómetros. (...)

Con independencia del futuro de la línea ferroviaria, que exige prestar atención a una gama de productos transportables que presenten menos contraindicaciones, al menos, en determinados periodos del año, cabe tener en cuenta que las cuantiosas inversiones que serán necesarias para implementar estos proyectos abren grandes oportunidades para las empresas especializadas en infraestructura, ya sea terrestre o marítima.  (...)

Asimismo, un capítulo a significar y que debiera ser tenido muy en cuenta por el interés que le otorgan las autoridades chinas, es la cooperación en materia de capacidad productiva. El proyecto va acompañado de políticas inversoras adicionales orientadas a facilitar el desarrollo industrial en el conjunto de países participantes.

 España tiene aquí opciones de co-participación a explorar en espacios geopolíticos diversos, que oscilan entre Asia Central, los Países de Europa Central y Oriental (PECO) o América Latina, especialmente, en la medida en que sea capaz de enderezar su política en esta última región, clave para sus intereses estratégicos.  (...)

No obstante, no son estas las únicas opciones. La posición geopolítica de España como garganta del Mediterráneo y su papel en relación al Norte de África ofrece interesantes oportunidades en orden a la implicación en la Ruta Marítima de la Seda que une numerosos puertos de varios continentes. 

Convendría reflexionar sobre la oportunidad y el interés de sumar los puertos españoles a este proyecto que sigue creciendo con proyecciones que alcanzan no solo a Centroeuropa sino también a Italia (Nápoles) y otros estados mediterráneos. Las conexiones marítimas entre países europeos, del Medio Oriente y norteafricanos se verían facilitadas con la participación activa de España en dicha propuesta. (...)

Tras los gigantes asiáticos, Estados Unidos, Alemania y Holanda, España aparece en el puesto 11 del mundo en número total de contenedores de Europa, situándose como tercera potencia del continente. Además, junto con Japón, ostenta la tercera posición como país que más puertos ha colocado entre los 125 primeros del mundo, y la primera a nivel europeo, por delante de Reino Unido, con cuatro, y Alemania e Italia, con tres respectivamente.

 Concretamente, Valencia es el primer puerto del Mediterráneo, el quinto de Europa y ocupa el puesto 30 a nivel mundial, mientras que la Bahía de Algeciras es el sexto europeo, el segundo del Mediterráneo y el 34 del mundo. (...)

Si la vía terrestre encara algunas dificultades operativas se podrían compensar con el refuerzo de la opción marítima.  (...)

El corredor mediterráneo, en la agenda desde hace una década, se enfrenta al imperativo de su dilatada implementación efectiva. El interés -o desinterés- chino puede representar una clave sustancial para asegurar su viabilidad última. 

Es sabido que autoridades del gigante asiático se han desplazado a los puertos principales (Algeciras, Valencia, Barcelona) para evaluar opciones, entre ellas la elección de un puerto que les permita subir a la frontera y enlazar con los otros ramales de la Ruta hacia y desde Europa. El continente africano, del otro lado, también cuenta.  (...)

A China ni mucho menos le disgusta la idea de abrir corredores y nodos logísticos en los que asentar su comercio con Europa. El Mediterráneo occidental puede representar un vector de conexión de mucho interés.  (...)

El Mediterráneo es la ruta más rápida y directa que conecta Europa, por el canal de Suez que Egipto ya decidió ampliar, con el océano Índico y los países emergentes de Asia. Los puertos ubicados en el Mediterráneo tienen una enorme oportunidad para convertirse en puertas estratégicas de entrada y/o salida para el comercio Europa-Asia.

 La competencia, no obstante, es aguda, especialmente con los puertos del Norte europeo que copan la mayor parte de los flujos comerciales con Asia. Las ventajas que ofrecen radican en excelentes infraestructuras conectadas con el continente tanto por vía terrestre como férrea, amplia capacidad de gestión y agilidad en la toma de decisiones. (...)

Por el momento, China viene apostando con claridad por el mediterráneo suroriental que desde Grecia le acerca al corazón europeo vía Italia y los PECO trazando e invirtiendo de común acuerdo con los respectivos gobiernos en infraestructuras modernas a todos los niveles que facilitan sus exportaciones.  (...)

Pero frente a la opción de los puertos griegos y del Adriático, los puertos mediterráneos ubicados en España debieran percatarse del enorme contratiempo que supondría quedarse en segundo plano o al margen de una ruta que, a poco que se consolide, tendrá un enorme impacto en el comercio global de mercancías. 

La inclusión de este corredor en la red central europea, sin entrar ahora en el sentido de su doble recorrido, es un éxito. Pero debiera ampliar horizontes y revisar sus prioridades.  (...)

A futuro, ante los cambios que se ciernen sobre la economía mundial, es China, más incluso que la UE, quien proporciona un mayor sentido estratégico a la trascendencia del tramo litoral del corredor mediterráneo. El factor China facilitaría tanto su rentabilidad económica como una gestión sostenible de la movilidad.  (...)

Los pasos seguidos hasta ahora por China evidencian que otorga máxima importancia al Mediterráneo pues desea que sus mercancías sigan esta ruta. Y su objetivo es alcanzar el otro lado del Atlántico, un salto en el que España, con realismo y sin aspavientos, debiera ponderar en qué medida puede aprovechar las relaciones con los países de América Latina para tener ahí un papel significado.

Tanto Algeciras como Barcelona o Valencia llevan años compitiendo por convertirse en la puerta de Europa para Asia. A día de hoy, China es un socio clave en los puertos españoles del Mediterráneo.  (...)

La fachada atlántica

Igualmente ofrecen particular interés los puertos situados en la fachada atlántica y cantábrica y que viven inmersos desde hace años en intensos contactos con puertos chinos para identificar oportunidades de colaboración.  (...)

Hace años se decía que si todos los chinos saltaran al mismo tiempo podrían cambiar el eje de rotación de la Tierra. Con más visos de realidad, la Franja y la Ruta si tiene la potencialidad para modificar el mapa económico mundial y proyectar un nuevo modelo de globalización. Incluso sus más aciagos detractores lo reconocen."                   

(Xulio Ríos , director del Observatorio de la Política China , Sinología Hispánica, en Rebelión, 12/07/18)

12.7.18

Trump, Brexit, Movimiento Cinco Estrellas, Podemos, Orbán… El mapa político de los últimos años ha visto surgir una nueva forma de hacer y de entender la política... ¿Qué ha ocurrido? El surgimiento de un nuevo grupo social, el precariado político...

"Trump, Brexit, Movimiento Cinco Estrellas, Podemos, Orbán… El mapa político de los últimos años ha visto surgir una nueva forma de hacer y de entender la política: ya no se trata de proponer alternativas políticas dentro de los sistemas económicos y constitucionales heredados, sino de impugnarlos y plantear su profunda transformación. 

 ¿Qué ha ocurrido? ¿Por qué surgen estos partidos y movimientos? ¿Cuál es su base electoral y social? ¿Qué efectos y riesgos tienen para nuestras democracias? Y, sobre todo, ¿qué causas estructurales explican que hayan surgido, con signos sin duda distintos y acaso contrarios, en buena parte de los Estados occidentales?  

(...) el surgimiento tanto de un nuevo grupo social, el precariado político, como de su traducción política: la impugnación antisistema a nuestras democracias.

En el título de libro, ¿por qué elige el concepto de “antisistema” en lugar del más común de “populismo” para nombrar esta nueva realidad política que va desde Trump a Podemos pasando por el Brexit?

No es una palabra de la que esté convencido al cien por cien por algunas connotaciones que tiene de rupturismo e incluso de violencia, pero creo que populismo se ha manoseado tanto que deja de funcionar para distinguir lo que tiene de nuevo el ciclo político actual. 

Populismo tiene esa connotación de convivir mal con los opositores, de no representar las instituciones mayoritarias, de tener una retórica fácil del recurso al ciudadano común como fuente de virtudes, y creo que estas ideas no sirven para definir a los nuevos movimientos políticos, de entrada porque los viejos las tienen tanto como los nuevos.

 Con antisistema me remito a algo muy sencillo: movimientos políticos en cuyo discurso es central la idea de que el cambio de políticas tiene que venir del cambio en la forma de organizarnos como sociedad, es decir, en el orden económico, constitucional y político.  (...)

En este sentido, aunque lo distingue en el libro, no desarrolla, porque no es el tema central, la diferencia entre estos movimientos o partidos de signo reaccionario y aquellos de signo progresista, que entiendo pueden compartir elementos comunes en su oposición al sistema político pero no en los enemigos que identifican y en las propuestas que hacen. ¿Cómo piensa esa diferencia? 

Totalmente diferentes, sí. Otro de los argumentos del libro es que hay muy pocas cosas que unen a estos movimientos, tanto en términos ideológicos como programáticos, y que es muy difícil pensar que se puedan poner de acuerdo en casi nada. Y esto es ya una crítica al uso del populismo como forma de caracterizar a los nuevos sistemas políticos entre los que están dentro y los que están fuera. 

La razón por la que no exploro en profundidad por qué estos movimientos contestatarios toman una forma reaccionaria en unos contextos y una progresista en otros es, la verdad, porque no la tengo del todo clara.  (...)

 Discuto algunas posibilidades acerca de cómo la crisis ha afectado de forma diferente en unos lugares y otros, la vinculación más clara del funcionamiento de la economía y la respuesta política, como en Grecia o España y los países del sur de la eurozona, algo que podría explicar que las propuestas que vienen de la izquierda tenga más éxito, y en otras zonas se asocien más a fenómenos de convivencia multicultural, pero la verdad es que no tengo una explicación muy clara de por qué en unos sitios triunfan más unos movimientos que otros.

 En cualquier caso, lo que trata de explicar el libro es por qué hay hoy un caldo de cultivo para que la gente piense que el problema no son las políticas concretas sino el orden económico y constitucional, por más que las respuestas sean luego heterogéneas.

Para los que no han leído el libro, y corríjame si me equivoco, habría una tesis central desarrollada en tres pasos: en primer lugar, se producen cambios estructurales de orden económico que generan una nueva y acrecentada desigualdad y precariedad, agrandando la brecha entre las clases medias y esta nueva precariedad; en segundo lugar, a esta mutación económica le sucede una ineficiente respuesta política que hace que cuanto más necesaria es la redistribución y la compensación a los efectos económicos, menos factible se vuelve y menos incentivos políticos hay para ponerla en marcha y, por último, esta situación acaba generando un “precariado político”, concepto que introduce en el libro como clave explicativa: los perdedores del cambio económico dejan de contar para la política. Esta secuencia me lleva a pensar en un cierto determinismo económico en su hipótesis.

Sí, es cierto, hay un cierto determinismo económico contra el que intento luchar un poco en la parte final del libro. Lo hay en dos sentidos: lo que cambia en las sociedades occidentales en los últimos veinte años es la constancia por parte de unas clases medias bajas de que su vida es mucho más volátil e incierta, sobre todo en regiones desindustrializadas, de que sus expectativas no van a ser como las de sus padres. 

Una desigualdad objetiva y, en definitiva, unos cambios económicos que están en la base de ese cambio. Pero es un poco determinista, también, porque lo que creo que es más original del libro es que estas demandas por más redistribución y más seguridad no son satisfechas porque los grupos afectados han sido marginados políticamente, porque la política deja de tener instituciones intermedias que obligaban a tener en cuenta sus intereses (los sindicatos sobre todo), porque la política se vuelve mucho más volátil, los partidos tiene programas para cortos ciclos electorales… 

Así que estos grupos, que se ven marginados económicamente, ven también que su capacidad de influencia en el sistema es cada vez menor. Y las causas de esta marginación política son también económicas: en el pasado teníamos un capitalismo donde la inclusión de las clases medias y bajas en formas de gestión de la economía colectiva (pactos sociales, sindicatos fuertes que garantizaban moderación salarial, que permitían además inversión estatal en sectores que los empresarios veían favorables), estos pactos se rompen por el tipo de economía actual, y estos grupos ven que sus preferencias ya no importan y que el sistema político puede vivir sin tener en cuenta lo que piensan.

 Hay un doble determinismo económico: el origen es económico pero las razones por las que una parte de la población piensa que ya no tiene voz también vienen dadas por estas transformaciones económicas.  (...)

Hace en el libro un esfuerzo por identificar sociológicamente a lo que llama el  precariado político, que sería el sujeto electoral o político de la deriva antisistema. ¿Quién es y de dónde surge este precario político? 

Es un palabro que no sé cuánto de recorrido tiene. La idea es que en este entorno de transformaciones económicas que generan nuevas desigualdades y sistemas políticos incapaces de responder a ellas, hay unos grupos que perciben que no tienen voz en el entorno político. Que lo que opinan no es importante. Todas las encuestas y estudios comparados sobre cómo han cambiado las opiniones públicas, detectan que hay un grupo cada vez mayor de gente que siente que su voz no cuenta. (...)

La gente que vive en zonas más afectadas por la crisis, que tiene condiciones más precarias, son más proclives a pensar que no cuentan. El hecho de que tenga unas bases reales, que haya grupos que sienten que su voz no pesa, es una señal de alarma bastante grave para nuestras sociedades. Si la mitad de la población piensa que los políticos priorizan cosas ajenas a ellos, si no creen que las elecciones cambien nada, tenemos un problema serio.

 La idea de precariado político es el intento de dar un término a esta población definida por esa sensación de que su voz no es escuchada por el sistema político, y de que el sistema político puede reproducirse,  funcionar y alternar gobiernos, que las políticas siguen o se cambian, sin su consenso o su aprobación. Esa sensación de que no cuentan para nada y son irrelevantes.

Afirma que estos precarios políticos están en la base de la victoria de Trump y analiza que aunque no sea cierta la afirmación de que el voto mayoritario de Trump venga de la clase obrera blanca norteamericana –como se ha afirmado sin mucha finura desde no pocos lugares–, sino de su votante republicano tradicional, señala que el crecimiento decisivo del voto a Trump para su victoria frente a Clinton sí viene de ese obrero blanco en crisis de expectativas y habitante de zonas especialmente golpeadas por la crisis. Entre las dos explicaciones habituales, encuentra una intermedia que me gustaría que desarrollase un poco.  

Y esto pasa igualmente en el Brexit y en otros procesos que vivimos hoy. Mi forma de entender este debate, en el que los dos bandos tienen un poco de razón, es el de preguntarme en qué nos fijamos.

 ¿Hacemos una especie de tabla rasa sobre el sistema político americano y solo nos fijamos en quién ha votado a Trump o a Clinton en términos mayoritarios, y perdemos de vista el fenómeno de esa clase baja o precaria? ¿O nos fijamos en la evolución del voto? En el caso de Trump, ¿hay que fijarse en el votante mediano, acomodado o rico, republicano tradicional, que no ha sufrido particularmente la crisis, o lo interesante de Trump es que ha conseguido ganar a Clinton atrayendo a un nuevo perfil de votantes y perdiendo otro a favor de los demócratas? Y esto es lo interesante. Si nos fijamos en ese perfil de votantes nuevos, aparece ese votante pobre blanco del cinturón industrial norteamericano. 

Y eso pasa también en Europa. ¿Nos fijamos en la composición agregada de los electorados de cada partido, o en a quiénes están siendo capaces de atraer los movimientos populistas del norte, o el movimiento Cinco Estrellas en Italia y Podemos en España? Si nos fijamos más en las dinámicas que en los niveles, el efecto de la economía es más fuerte de lo que muchas veces se ve.

Señala otro tema clave aunque no lo desarrolla del todo: la mujeres se dejan seducir menos que los hombres por estas dinámicas que llama antisistema. Me encantaría saber qué razón o argumento encuentra sobre ello. 

Tengo algunas hipótesis pero no una explicación… Hay un argumento que podría ser el de que es un artefacto de las propias encuestas, de que las mujeres en las encuestas tienden a responder menos, a expresar menos las preferencias contundentes  (...)

No es seguramente toda la respuesta, es posible que las mujeres todavía confíen más en las viejas estructuras para canalizar sus intereses, o que tengan miedo ante propuestas rupturistas, pero es un tema del que se sabe quizá poco, aunque la brecha de género sea cada vez más importante en muchos fenómenos. 

Sabemos que los populistas de extrema derecha son muy impopulares entre las mujeres, tanto en Alemania como en el Reino Unido o en Ontario y, claro, en EE.UU. con Trump. Y aunque siempre habíamos sabido que hombres y mujeres no votaban igual, ahora la brecha de género es mucho más grande y no tenemos una explicación suficientemente clara de por qué esto es así.   (...)

se pregunta qué se puede hacer para reconducir esta deriva sin poner en peligro la democracia. Y señala dos vías posibles: o esta situación se cronifica, continúan los efectos de los cambios económicos que dividen a la sociedad en sectores cada vez más irreconciliables los unos con los otros y cuyas demandas cada vez son más difíciles de articular políticamente, y vamos a una exacerbación tanto del cortoplacismo electoralista como de las salidas extremas sin programa; o la crisis económica y su respuesta, dice, permite pensar en soluciones que rompan esa atomización de los sectores sociales. Señala a la renta básica universal como una posibilidad. 
 
Es una forma de mirar hacia al futuro. Una vez que hemos detectado unas transformaciones económicas que no tienen pinta de pararse a corto plazo (la globalización, la robotización, cadenas de producción globales), y unos sistemas políticos que no tienen visos de cambiar en el corto, en el sentido incluso de que las propuestas extremistas desde la izquierda tienen problemas para generar consensos porque dan miedo a amplios sectores de las clases medias, o que este descontento también es canalizado por fuerzas extremistas de derechas que no sabemos a dónde nos llevan, tipo Trump… pensando en el futuro, ¿este precariado político qué papel va a jugar? 

Aunque no sabría apostar por ninguna de las dos opciones, creo que es perfectamente posible que este precariado acabe permanentemente marginado del proceso político, que su tamaño no aumente tanto como para que sea una amenaza, y vayamos a un Estado del Bienestar más pendiente de apoyar a “quién se lo merezca”, un Estado del Bienestar segmentado a determinados grupos, pero que margina a otros colectivos, y que las desigualdades sigan aumentando. 

Que las clases medias no quieran que se aumenten sus impuestos para transferirlos hacia ese precariado. Y hemos visto que en EE.UU. o Reino Unido es sostenible desde un punto de vista electoral y político. 

Es cierto, también, que no sabemos cómo avanzarán estas transformaciones económicas, o los niveles de inseguridad y de crisis de expectativas de las nuevas generaciones, y si esta inseguridad se va a extender hacia unas clases medias hoy más preocupadas por no pagar más IVA o IRPF para financiar los colegios públicos de sitios a los que nunca van. 

Si esta inseguridad se extiende y exige al Estado una respuesta más universal, y lo hace a través de políticas, como la renta básica, que podrían articular un conjunto de intereses entre clases medias y clases bajas… esta es una posibilidad también razonable.  (...)"            

(Entrevista a Pepe Fernández Albertos, ha publicado Antisistema. Desigualdad económica y precariado político. Jorge Lago, CTXT, 27/06/18)