21.9.18

El fascismo está repuntando en Occidente, con piel de cordero, con su verdadera cara oculta... El despertar de las ideas totalitarias es la consecuencia lógica de ese sistema de gobernanza llamado Neoliberalismo. La historia se repite... Los viejos totalitarismos, el fascismo, siempre fueron apoyados por las élites para sustentar sus privilegios, con la creencia de que los tendrían controlados...

"El fascismo está repuntando en Occidente, con piel de cordero, con su verdadera cara oculta, ésa que debería haber quedado grabada en los rostros de todo hombre de bien, especialmente de aquellos dedicados a la vida pública, para que no se volviera a repetir la ignominia. 

El despertar de las ideas totalitarias, que algunos creían imposible, es la consecuencia lógica de ese sistema de gobernanza llamado Neoliberalismo. La historia se repite. 

Hoy más que nunca es necesario una hoja de ruta distinta que pase página definitivamente a aquella impuesta desde las élites, que, bajo la apariencia de libertad, solo escondía el peor de los yugos, el miedo, la deuda, un nuevo feudalismo.

Las razones últimas del auge de un nuevo totalitarismo, sin complejos, es una consecuencia lógica del sistema político surgido al albor del Neoliberalismo. Nos referimos a la farsa de la democracia actual, donde lo que importa es la opinión de unos pocos, eso que Sheldon Wolin denominó Totalitarismo invertido. 

El Totalitarismo Invertido es el momento político en el que el poder corporativo se despoja finalmente de su identificación como fenómeno puramente económico y se transforma en una coparticipación globalizadora con el Estado.

 El sentir de los ciudadanos es irrelevante, sus anhelos despreciados, la democracia secuestrada. Se promueve la antidemocracia, figura que no adopta la forma de ataques explícitos a la idea del gobierno por el pueblo. Todo es mucho más sibilino. Significa alentar la "desmovilización cívica", condicionando al electorado a entusiasmarse por períodos breves, controlando su lapso de atención y promoviendo luego la distracción o la apatía.

 Para ello se utiliza sin escrúpulos la inseguridad laboral como fórmula para la desmovilización política, para privatizar la ciudadanía. Malditas todas y cada una de las reformas laborales cuyo único objetivo era crear ciudadanos temerosos, dóciles. El miedo a perder el trabajo y el sustento de las familias condiciona cualquier petición de mejora, de justicia, de democracia.

 Echen una ojeada a España y verán los rasgos de la antidemocracia. Wolin dixit, “un cuerpo legislativo débil, un sistema legal obediente y represivo, un sistema de partidos en el que un partido, esté en el gobierno o en la oposición, se empeña en reconstituir el sistema existente con el objetivo de favorecer de manera permanente a la clase dominante, los más ricos, los intereses corporativos, mientras que dejan a los ciudadanos más pobres con una sensación de impotencia y desesperación política y, al mismo tiempo, mantienen a las clases medias colgando entre el temor al desempleo y las expectativas de una fantástica recompensa una vez que la nueva economía se recupere. Pero esa recompensa nunca llegará.”

El neoliberalismo se basa en falacias económicas. La evidencia se acumula, es brutal. Como explicitan Montier y Pilkington en “The Deep Causes of Secular Stagnation and the Rise of Populism”, el neoliberalismo es un proyecto llamado desastre, que no podría ser peor para la política o la economía. 

Las políticas que prescriben son profundamente impopulares y disfuncionales. Los ciudadanos se tambalean viendo como pierden sus puestos de trabajo, como desaparece la estabilidad de los mismos -miedo y disciplina- y se esfuman sus ingresos, mientras que la economía se inclina hacia la inestabilidad y el estancamiento.

 Es un proyecto que beneficia a unos pocos a expensas de la mayoría. Esto se refleja en una clase mimada de individuos de altos ingresos, con la inestimable ayuda de ciertos tecnócratas que dan soporte mediante teorías económicas a esas políticas que llevan a la economía al caos. Pero dichas teorías simplemente no se ven corroboradas por la realidad.

Este esquema distópico es fomentado sin pudor, como explicita Wolin, “por unos medios de comunicación cada vez más concentrados y aduladores; por una máquina de propaganda institucionalizada a través de grupos de reflexión y fundaciones conservadoras generosamente financiadas, por la cooperación cada vez más estrecha entre la policía y los organismos nacionales encargados de hacer cumplir la ley, dirigido a la identificación disidentes internos, extranjeros sospechosos…”.

 Cuando algunos medios de comunicación hablan hoy en día de “fake news”, simplemente, permítanme la expresión, me descojono. Ellos que han sido los brazos tontos del establishment, con sus medias verdades, infundiendo miedo en la ciudadanía. 

Las élites manipulan, enfangan y ponen sus sucias manos hasta en los conceptos más románticos, en esos sueños y héroes de la literatura popular presentes en el subconsciente de los más desfavorecidos, los despreciados, los humillados.   (...)

En esta nueva versión del mito, Robin Hood es el que rebaja los impuestos a los ricos. Hay que sabotear al sheriff de Nottingham y sus malvados dispositivos de recaudación de impuestos, entre ellos el de sucesiones y herencias. Pero detrás del lenguaje usado lo único que hay en una sarta de mentiras. 

Los grandes beneficiarios de todos los recortes impositivos son los mega-ricos, que bajo el nuevo lenguaje, han pasado a denominarse “gente trabajadora”. Desvían la atención de la realidad, la mayor acumulación de capital en pocas manos de la historia, mientras la mayoría de las familias están endeudadas hasta las cejas, esclavas de la misma.

 Estamos en los albores de la 2ª Fase de la Gran Recesión y va a ser dura. Intentarán de nuevo metérnosla doblada a la ciudadanía. Por eso es necesaria una reacción global contra las consecuencias del Neoliberalismo. Este sistema de gobernanza ha fracasado a la hora de cumplir muchas de esas promesas, recogidas por cierto en los manuales de texto usados en las Facultades de Economía de medio mundo. 

El problema es que estos fracasos han sido explotados muy hábilmente por los viejos totalitarismos, por mucho que se arropen con piel de cordero. Los viejos totalitarismos, el fascismo, siempre fueron apoyados por las élites para sustentar sus privilegios, con la creencia de que los tendrían controlados. 

Vayan a la historia y miren los banqueros que financiaron a Hitler, a Mussolini y a Franco. Hoy más que nunca es necesaria una nueva hoja de ruta que en primer lugar, como condición necesaria, pase por recuperar el poder y la democracia para la ciudadanía, ahora en manos de unos pocos multimillonarios."                  (Juan Laborda, Vox Populi, 18/09/18)

Si el Brexit quedara anulado e Inglaterra volviese a la Unión Europea... se encontraría con un continenete balcanizado, en el que la extrema derecha dominaría, y con un euro disfuncional. En cambio, gracias al Brexit, podría conservar sus valores liberales... cousas veredes

"Uno de los espejismos del debate sobre el Brexit y Europa es la idea de que permanecer en la Unión Europea es una forma de proteger los valores liberales.  (...)

Por consiguiente, la decisión tomada por los británicos de apartarse de ese futuro de progreso no puede ser sino retrógrada.

En el momento del referéndum, esta era una opinión poco verosímil; hoy es claramente falsa. Las fuerzas iliberales avanzan cada vez más en el continente europeo. Los Gobiernos nacionalistas e identitarios de Polonia y Hungría han reforzado su poder, y, en Austria e Italia, unos partidos vinculados al fascismo de entreguerras tienen un papel crucial en las respectivas coaliciones de Gobierno. 

La República Checa, Eslovaquia y Eslovenia cuentan con unos partidos de extrema derecha muy poderosos. En Suecia, Finlandia y Dinamarca se encuentran en la misma situación. Pero donde más llama la atención el avance de la extrema derecha es en Alemania.  

Merkel continúa en su puesto, pero es una fuerza agotada. Acosada por la amenaza electoral del partido de extrema derecha Alternativa por Alemania (AfD), ha decidido instaurar controles fronterizos para impedir que haya nuevas entradas de inmigrantes.  (...)

El acuerdo de Schengen sobre la libre circulación, que la Comisión Europea considera uno de los pilares fundamentales de la UE y un límite infranqueable en las negociaciones del Brexit, está desmoronándose. (...)

No parece aventurado afirmar que, de aquí a unos años, Alemania seguirá a Italia y admitirá a la extrema derecha en el Gobierno.

Poco después del referéndum sobre el Brexit, sugerí que su resultado no era una revuelta específica de Reino Unido sino la primera de muchas revueltas electorales que iban a estallar en el continente. Dado que los partidos situados en el centro se han identificado con el proyecto europeo, el peligro era que esas revueltas las encabezara la extrema derecha. Y así ha sido.

 La democracia iliberal se ha convertido en la norma en Europa. Sin embargo, no parece que los defensores del proyecto europeo se hayan dado cuenta.  (...)

Si las impopulares políticas económicas de Macron no producen pronto buenos resultados, se beneficiarán la extrema derecha y, tal vez, la extrema izquierda, que también rechaza la UE. Es posible que el presidente francés sea el último gran dirigente nacional que ha encarnado Europa. 

Ante el avance de la extrema derecha, los defensores del proyecto europeo exigen “más Europa”, es decir, un giro más decidido hacia un Estado europeo transnacional. Niegan la evidencia de que es precisamente ese proyecto el que ha impulsado a las fuerzas antiliberales en todo el continente. 

Ante el avance de la extrema derecha, los defensores del proyecto europeo exigen “más Europa”, es decir, un giro más decidido hacia un Estado europeo transnacional. Niegan la evidencia de que es precisamente ese proyecto el que ha impulsado a las fuerzas antiliberales en todo el continente. 

Con su intento de que la inmigración deje de ser competencia de los Gobiernos nacionales, la UE ha dejado a muchos ciudadanos con la sensación de que no tienen ningún control democrático de su vida. El empeño en promover un Gobierno transnacional que la mayoría de los europeos no desean ha resultado en el ascenso del peor nacionalismo.

Por eso están reapareciendo las fronteras en toda la UE.(...)

 A los liberales les gusta pensar que son empíricos, es decir, que aprenden de la experiencia. Sin embargo, los ideólogos proeuropeos no han aprendido nada del avance de la extrema derecha en el continente. Ninguna realidad va a alterar jamás su convicción de que el proyecto europeo representa la libertad y el progreso.  (...)

En toda Europa, el centro político se ha quedado vacío y la extrema derecha está llenando ese hueco. Los viejos demonios continentales han resucitado.  (...)

Reino Unido tiene muchos defectos, (...) Pero Reino Unido no tiene un gran partido de extrema derecha. El Partido por la Independencia de Reino Unido (UKIP) está prácticamente desaparecido. Quizá podría revivir si el Brexit es un desastre, pero, incluso en sus mejores momentos, el UKIP no tuvo más que un solo parlamentario.  (...)

Reino Unido sigue siendo una democracia liberal. Los ideólogos europeos que hablan de las fuerzas siniestras del nacionalismo británico deberían fijarse en el continente balcanizado que empieza a rodearlos.  (...)

Ahora bien, ocurra lo que ocurra, no hay una mayoría electoral partidaria de volver a entrar en la UE, una decisión que supondría entrar en una zona Schengen en ruinas y unirse a un euro disfuncional.
Reino Unido acabará yéndose de la UE.

 Pero sería una tremenda ironía que, por algún motivo, la decisión sobre el Brexit quedara anulada. Bajo la enseña del avance hacia un futuro más liberal, Reino Unido volvería a caer en un oscuro pasado europeo."                (John Gray, catedrático emérito de Pensamiento Europeo en la London School of Economics. El País, 09/09/18)

Si se sube el IRPF desdel el 22,5 al 26,5, sólo 90.788 personas que ganan por rentas del trabajo más de 150.000 euros, verían aumentar su factura en un promedio de 4.400 euros al año

"(...) Por un lado, se está estudiando incrementar el tipo impositivo del tramo estatal (probablemente desde el 22,5% hasta el 26,5%, lo que implicaría volver a lo que teníamos en el año 2012) a aquellos contribuyentes que ganen por rentas del trabajo más de 150.000 euros anuales (120.000 en su versión más ambiciosa). Por otro lado, encima de la mesa se encuentra la posibilidad de incrementar el tipo impositivo de las rentas del ahorro para avanzar en la equiparación con los tipos de las rentas del trabajo. (...)

Ni la cantidad de personas que se verían afectadas es importante ni los tipos máximos en el IRPF que se están barajando son descabellados. Solamente el 0,46%, 90.788 personas, de todos los declarantes verían aumentar su factura en un promedio de 4.400 euros al año. Es decir, que los más acaudalados en la lista del IRPF tendrían que aportar un 3% más de las abultadas cantidades que ganan al año. No parece que a nadie se le vayan a caer los anillos. 

El tipo máximo se situaría, de media, en el 50,5%, y solamente en aquellas pocas comunidades autónomas que decidieran elevarlo todo lo posible, en el 52%, muy lejos de las cotas que tuvimos en nuestro país durante años anteriores (llegamos a tener uno del 65%) y también por debajo de los niveles que hoy día se aplican en países tan avanzados e igualitarios como Suecia (57,1%), Dinamarca (55,8%), Japón (55,5%), Bélgica (53,7%), Canadá (53,5%) o Finlandia (52,6%).

 Y es que en la actualidad nuestro país tiene, tras la última reforma impositiva aplicada por el PP y apoyada por Ciudadanos, un tipo máximo en el IRPF (45%) que se sitúa en la parte baja del ranking por países tanto de la OCDE como de la Unión Europea, a pesar de situarse en la parte alta en términos de renta. Elevar el tipo máximo del IRPF es un imperativo para lograr mayor justicia fiscal. 

Es importante recordar que un tipo máximo del 52% no significa que los contribuyentes situados en lo más alto de la lista del IRPF vayan a pagar el 52% de todos sus ingresos por rendimientos del trabajo. Ésta es, desgraciadamente, una confusión muy extendida. 

Nuestro IRPF está diseñado de forma que uno tributa por tramos: una persona que gana actualmente más de 60.000 euros no paga el 45% de esa cantidad, sino que los primeros 12.450 euros anuales tributan al 19%, los siguientes 7.750 euros al 24%, y así sucesivamente hasta alcanzar la cantidad total. Es decir, no hay ningún tipo de trato discriminatorio entre personas, como ya expliqué anteriormente en un vídeo, sino que la discriminación se produce sobre los euros ganados “de más”.  (...)

En cuanto a la equiparación de las rentas del ahorro y del trabajo, recuérdese que hoy día una persona que gana dinero a través de su esfuerzo y trabajo puede llegar a pagar un 45% en impuestos, mientras que una persona que se lucre simplemente por sacarle partido a su dinero o capital (y por lo tanto con mucho menos esfuerzo y trabajo) nunca pagará más del 23%

. Esto supone una discriminación gravísima que penaliza al trabajo y favorece el rentismo. Si queremos sociedades sanas que no premien la pereza y que penalicen el esfuerzo necesitamos equiparar lo que paga un rentista a lo que paga un currito. (...)"                         (Eduardo Garzón, El Salto, 05/09/18)

Trump puso el racismo en el centro de la escena política. Cuando la persona más poderosa del mundo incita la violencia colectiva, es evidente que Occidente está en serios problemas...

"Por razones obvias, la vista de una turba de alemanes persiguiendo a extranjeros por las calles y alzando los brazos en saludos hitlerianos es particularmente inquietante. Sucedió hace poco en Chemnitz, una descolorida ciudad industrial en Sajonia, a la que en la ex República Democrática de Alemania se proclamaba como ciudad socialista modelo (se llamó Karl‑Marx‑Stadt entre 1953 y 1990).   

(...) las turbas de Chemnitz tenían mucho en común con los neonazis, seguidores del Ku Klux Klan y otros extremistas que hace un año provocaron un caos en Charlottesville (Estados Unidos). Las dos ciudades están manchadas por la historia: las dictaduras nazi y comunista en Chemnitz, la esclavitud en Charlottesville. Y si bien las causas del extremismo violento en ambos lugares fueron múltiples, es indudable que el racismo fue una de ellas.

Muchos estadounidenses blancos, especialmente en el sur rural, viven en condiciones duras, con escuelas deficientes, malos trabajos y pobreza relativa. Pero el sentido de superioridad racial sobre los negros les daba algo a lo que aferrarse. Por eso la presidencia de Barack Obama fue un golpe a su autoestima: sintieron que el estatus se les escapaba. Donald Trump explotó sus sentimientos de ansiedad y resentimiento.

Muchos alemanes del este, habituados desde pequeños al autoritarismo y sin capacidad o voluntad para aprovechar las oportunidades educativas y ocupacionales de una Alemania unificada, ahora se vuelven hacia demagogos de ultraderecha que culpan de todos sus problemas a inmigrantes y refugiados, especialmente a los procedentes de países musulmanes.

El temor a la pérdida de estatus que aflige a blancos de todo Occidente se agrava tal vez por el ascenso del poder chino y la sensación de que Europa y Estados Unidos están perdiendo su preeminencia global. Es posible que sea esto lo que Trump quiso decir cuando declaró en Varsovia el año pasado: “La pregunta fundamental de nuestro tiempo es si Occidente tiene voluntad de sobrevivir”.

Esa pregunta plantea otra: qué entiende Trump por “Occidente” y si una defensa de Occidente ha de ser necesariamente racista.  (...)

Pero así como ahora los populistas holandeses y escandinavos usan los derechos de los homosexuales y el feminismo como armas simbólicas para atacar al Islam, los líderes de derecha han adoptado a “Occidente” como algo que es preciso proteger de las hordas musulmanas. 

Esos líderes suelen hablar del “Occidente judeocristiano”, lo que unido a su entusiasmo por los gobiernos de derecha en Israel los protege contra acusaciones de antisemitismo, tradicionalmente vinculado con la ultraderecha.

Separar en la xenofobia los argumentos racistas de los culturales o religiosos puede ser difícil. No es común que los políticos den muestras de racismo tan francas como la de un joven y prometedor político holandés llamado Thierry Baudet, que antes de la elección del año pasado advirtió contra la “dilución homeopática del pueblo holandés” por los extranjeros. 

O como la funcionaria republicana de Pensilvania que hace poco llamó “babuinos” a los jugadores negros de fútbol americano.

Hasta fines del siglo XIX, el antisemitismo se presentaba en términos religiosos: los judíos habían matado al Salvador Jesucristo, usaban la sangre de niños cristianos para hacer matzá para sus festines de Pésaj, etcétera. Pero esto cambió con el surgimiento de teorías raciales pseudocientíficas: en cuanto se trazaron distinciones biológicas entre los judíos y los “arios”, ya no hubo forma de escapar de la trampa racista.

Un tema recurrente entre las personas que creen que los musulmanes son una amenaza a la civilización occidental es la negativa a reconocer al Islam como una fe religiosa; lo consideran en cambio una cultura, a la que declaran incompatible con los “valores occidentales”. Precisamente lo mismo que se dijo muchas veces acerca de la “cultura” judía en el pasado.  (...)

Y este tipo de intolerancia no se detiene en los musulmanes. Dudo de que las multitudes que en Chemnitz salieron a cazar a cualquiera de apariencia vagamente no europea pensaran mucho en cuestiones de fe o cultura. La consigna de la multitud vociferante fue “¡Alemania para los alemanes, fuera extranjeros!”.

Los neonazis en Charlottesville celebraron la cultura sureña exhibiendo símbolos de la vieja Confederación y atacando a negros (la razón de ser de la Confederación era proteger la supremacía blanca). De eso se trataban las manifestaciones. Pero los participantes también gritaban “¡los judíos no nos reemplazarán!”.

Esos sentimientos siempre han estado al acecho en los márgenes de las sociedades occidentales, especialmente en Estados Unidos, donde la supremacía blanca tiene una larga y tortuosa historia. Ocurre muchas veces que políticos de derecha insinúen compartir esos prejuicios, para obtener más votos.

 Pero cuando Trump declaró que las turbas en Charlottesville incluían “algunas personas muy buenas” y llamó “violadores” a los inmigrantes mexicanos, puso el racismo en el centro de la escena política. Cuando la persona más poderosa del mundo occidental incita la violencia colectiva, es evidente que Occidente, comoquiera que uno lo defina, está en serios problemas."           (

20.9.18

Roubini: en 2020 estarán dadas las condiciones para una crisis financiera, seguida de una recesión global. En cuanto se produzca la tormenta perfecta, habrá una tremenda escasez de herramientas para enfrentarla. Las autoridades tendrán las manos atadas, con un endeudamiento general superior al de la crisis anterior. En estas condiciones, otra desaceleración global puede incitar a Italia y otros países a abandonar la eurozona

"(...) la pregunta más pertinente a futuro es qué activará la próxima recesión y crisis global, y cuándo. 

(...) Es probable que la actual expansión global continúe el año entrante, dado que Estados Unidos mantiene un gran déficit fiscal, China aplica políticas fiscales y crediticias laxas, y Europa sigue en una senda de recuperación. Pero en 2020, estarán dadas las condiciones para una crisis financiera, seguida de una recesión global.

Hay diez razones para esto. 

En primer lugar, las políticas de estímulo fiscal que en la actualidad elevan el crecimiento anual estadounidense por encima del nivel potencial de 2% son insostenibles. En 2020 el estímulo se agotará, y un ligero freno fiscal reducirá el crecimiento de 3% a un poco menos de 2%.

En segundo lugar, como el estímulo se aplicó a destiempo, la economía estadounidense ahora está sobrecalentándose, con una suba de la inflación por encima de la meta. De modo que la Reserva Federal de los Estados Unidos seguirá subiendo la tasa de referencia desde el 2% actual a por lo menos 3,5% en 2020, y es probable que eso provoque un alza de los tipos de interés a corto y largo plazo, y también del dólar.

En tanto, en otras economías importantes también hay un aumento de inflación, al que se suman presiones inflacionarias derivadas del alza del petróleo. Eso implica que los otros grandes bancos centrales seguirán a la Reserva Federal en la normalización de la política monetaria, lo que reducirá la liquidez global y generará presión alcista sobre los tipos de interés.

En tercer lugar, es casi seguro que las disputas comerciales del gobierno de Trump con China, Europa, México, Canadá y otros países se agravarán, lo que llevará a menos crecimiento y más inflación.

En cuarto lugar, hay otras políticas de Estados Unidos que seguirán añadiendo presión estanflacionaria y obligarán a la Reserva a subir todavía más los tipos de interés: la restricción de los flujos de tecnología e inversiones desde y hacia Estados Unidos, que afectará las cadenas de suministro; límites a la inmigración que se necesita para mantener el crecimiento conforme la población estadounidense envejece; el desaliento de inversiones en economía verde; y la falta de una política de infraestructura que permita resolver restricciones de la oferta.

En quinto lugar, es probable que el crecimiento en el resto del mundo se desacelere, sobre todo cuando otros países consideren adecuado tomar represalias contra el proteccionismo estadounidense. 
China debe frenar el crecimiento para hacer frente a su exceso de capacidad y de apalancamiento, o se producirá un aterrizaje forzoso. Y los mercados emergentes, que ya están en situación frágil, seguirán padeciendo el proteccionismo y el endurecimiento monetario en Estados Unidos. 

En sexto lugar, el crecimiento en Europa también será más lento, debido al ajuste de la política monetaria y a fricciones comerciales. Además, políticas populistas en países como Italia pueden llevar a una dinámica de deuda insostenible en la eurozona. 
El todavía irresuelto círculo vicioso (“doom loop”) entre los gobiernos y los bancos poseedores de títulos de deuda pública amplificará los problemas existenciales de una unión monetaria incompleta con una inadecuada mutualización de riesgos. 
En estas condiciones, otra desaceleración global puede incitar a Italia y otros países a abandonar la eurozona

En séptimo lugar, en las bolsas de Estados Unidos y del mundo sigue la efervescencia. Los ratios precio/ganancias en Estados Unidos están un 50% por encima de la media histórica, el capital privado está excesivamente sobrevaluado, y los bonos públicos también están demasiado caros en vista de sus bajos rendimientos y primas a plazo negativas. 
Y el crédito de alto rendimiento también se está volviendo cada vez más caro ahora que la tasa de apalancamiento corporativo en Estados Unidos alcanzó máximos históricos.

Además, en muchos mercados emergentes y algunas economías avanzadas hay un claro exceso de apalancamiento. Los inmuebles comerciales y residenciales están demasiado caros en muchas partes del mundo. Conforme se sumen indicios de una tormenta global, en los mercados emergentes continuará la corrección de tenencias de acciones, commodities y renta fija. 
Y como los inversores previsores anticiparán una desaceleración del crecimiento en 2020, los mercados reajustarán en 2019 las cotizaciones de los activos de riesgo.

En octavo lugar, una vez producida una corrección, habrá más riesgo de iliquidez y ventas a precio de remate o undershooting. No hay mucha actividad de creación de mercado y warehousing (preparación de activos para titulización) por parte de corredores/operadores. El exceso de transacciones de alta frecuencia/algorítmicas aumenta el riesgo de un derrumbe repentino. Y los instrumentos de renta fija se han concentrado en fondos de crédito dedicados abiertos negociables.

De producirse una huida del riesgo, los sectores financieros de los mercados emergentes y de las economías avanzadas con inmensos pasivos en dólares ya no tendrán acceso a la Reserva Federal como prestamista de última instancia. Con la inflación en alza y una normalización de políticas en marcha, ya no se puede contar con el respaldo que los bancos centrales proveyeron en los años posteriores a la crisis.

En noveno lugar, hace poco Trump atacó a la Reserva Federal con una tasa de crecimiento del 4%. ¿Qué no hará en el año electoral 2020, cuando es probable que el crecimiento haya caído por debajo de 1% y aparezcan las pérdidas de empleo? La tentación de Trump de fabricar una crisis de política exterior para crear una cortina de humo será grande, especialmente si este año los demócratas recuperan la Cámara de Representantes.

Como ya inició una guerra comercial con China y no se atrevería a atacar a la nuclearizada Corea del Norte, el siguiente mejor blanco que le queda a Trump es Irán. Un enfrentamiento militar con ese país puede generar una perturbación geopolítica estanflacionaria similar a las crisis del petróleo de 1973, 1979 y 1990. 
No hace falta decir que eso agravaría todavía más la inminente recesión global.

Finalmente, en cuanto se produzca la tormenta perfecta que acabamos de bosquejar, habrá una tremenda escasez de herramientas para enfrentarla. El margen para el estímulo fiscal ya está limitado por el inmenso endeudamiento público. Los abultados balances y la falta de espacio para bajar las tasas de referencia reducirán la posibilidad de seguir aplicando políticas monetarias no convencionales. 
Y en países con movimientos populistas resurgentes y gobiernos casi insolventes no habrá tolerancia a rescates del sector financiero. 

En Estados Unidos, en concreto, los legisladores han restringido la capacidad de la Reserva para proveer de liquidez a instituciones financieras no bancarias y extranjeras con pasivos en dólares. Y en Europa, el ascenso de partidos populistas dificulta implementar reformas en el nivel de la UE y crear las instituciones necesarias para combatir la próxima crisis financiera y recesión. 

A diferencia de 2008, cuando los gobiernos tenían las herramientas necesarias para evitar un derrumbe descontrolado, a la hora de enfrentar la próxima desaceleración   Cuando se produzca, la siguiente crisis y recesión puede ser incluso más grave y prolongada que la anterior."              (

España ya está en plena desaceleración. Tal vez nunca aceleró. Sabemos que nuestro país es incapaz de crear empleo neto por debajo del 2,4% de crecimiento. Ni tan siquiera empleo precario. Hay pronósticos de crecimiento del 2,5%... además, la menor actividad de Europa será el detonante de una recesión inminente, ya que el 70% de nuestras exportaciones se dirigen a los países de nuestro entorno...

"(...) España ya está en plena desaceleración. Tal vez nunca aceleró. Los datos macro a veces no muestran adecuadamente lo que está pasando. Por lo menos si no los descuartizas y los repasas en detalle. Creábamos empleo pero era un empleo de guardería. 

 Un empleo que, como se ha visto a finales de agosto, dependía de un sector que como se resfríe vamos a pasar la madre de todas las gripes. Depender del turismo tiene su cosa. Y es que la propia OCDE avisa que la actividad nacional se deteriora más que en el resto de países. La pérdida de velocidad de la economía europea, de la que España parecía estar exenta, ya nos arrastra también. 

El bajón de la actividad en el mes de julio en España fue mayor que en sus parientes de la UE. El gobierno sigue considerando que vamos a crecer al 2,7% aunque ya hay quienes advierten que esa cifra podría verse recortada en una o dos décimas. 

Esto es muy destacable. En el caso de España, crecer al 2,7% o al 2,5% representa estar en zona de creación de empleo o todo lo contrario. Sabemos que nuestro país es incapaz de crear empleo neto por debajo del 2,4% de crecimiento. Ni tan siquiera empleo precario. No hablemos de empleo de alto valor.

Seguimos sin estrategia real hacía donde dirigir nuestro modelo productivo. Mantenemos la inercia de lo que siempre nos ha ido bien. Incluso de lo que nos dio el mayor de los sustos. España estimula la economía vinculada al turismo y al sector inmobiliario, lo hace por falta de acción política y por un factor cultural y social. 

Pero la menor actividad de Europa será el detonante de una recesión inminente, ya que el 70% de nuestras exportaciones se dirigen a los países de nuestro entorno. Las muestras son pura estadística, pero vale la pena abordarlas en su conjunto: la demanda exterior ya restó 0,2 puntos al crecimiento del PIB anual en el segundo trimestre. Entre abril y junio, las ventas al exterior menguaron un 1% frente a los tres meses anteriores. 

El consumo pasó de crecer un 0,7% en el primer trimestre al 0,2% en el segundo. El paro registró su peor agosto desde 2011. Es decir, los vientos favorables que llegaban de Europa con su recuperación, ahora es viento en contra. Lo jodido es que España no se preparó durante la bonanza de principios de este siglo, no supo abordar correctamente la crisis, no ha sabido estructurar un nuevo modelo de crecimiento aprovechando estos últimos años de recuperación y no está en la mejor condición para enfrentarse ahora a una mala racha en la economía global. 

No se han hecho los deberes y no hay intención de hacerlos visto lo visto. Hay temas más importantes parece ser.

Para que no me llamen catastrofista, eso ya lo sufrí hace más de una década, diré que una desaceleración no es algo de lo que preocuparse. Lo grave es cuando se ignora (...)

Nos dirán que la desaceleración no es para asustarse. Probablemente no, pero los indicadores que la explican si son destacables. Las ventas minoristas disminuyeron en julio, el indicador de sentimiento económico que retrocedió al peor nivel desde abril de 2017, las ventas en grandes empresas y el índice de producción industrial perdieron impulso en junio, el mismo mes que se amplió el déficit comercial, la constitución de hipotecas y la cifra de negocios empresarial se desaceleraron en junio, las salidas netas de capital fueron por valor de 11.127 millones, muy superior a la de mayo en que salieron 884 millones.  

Y, por si fuera poco, tenemos el asunto del turismo como decía antes. La caída del número de visitantes se achaca a diversos motivos: recuperación del sector en el entorno mediterráneo, el mundial u otros. Son ciertos. 

Como también que asegurar que los turistas gastan más y con ello se compensa la caída bruta de unidades es hacerse trampas al no contemplar la propia inflación que maquilla resultados cuando nos interesa. El problema no es ese, el verdadero asunto es que pocos ven el aviso que supone que el turismo tenga momentos mejores o peores dependiendo de factores externos. 

La economía española tiene una dependencia de este sector cercana al 15% y posiblemente si aplicamos factores secundarios un poco más. El empleo vinculado roza el 17% directo. Ojo a esto. Da bastante igual si la caída depende de Turquía o de la lluvia. El problema es que dependemos de su crecimiento. Si este motor se detiene no hay sustituto. Ya pasó con el sector inmobiliario, se detuvo y el motor que debía sustituirlo, la industria, no estaba engrasado. 

Ahora ¿qué motor tenemos listo? Deberíamos correr para preparar uno que tenga que ver con un nuevo mundo, el que gira ahí afuera y el que a muchos de sus señorías les va a explotar en las narices. Lo chungo es que a nosotros también nos va a manchar.

 Por eso, si tienes una empresa, si eres un directivo con responsabilidades, déjate de titulares, de lecturas ajenas a la realidad que se muestran por todas partes, y ponte en marcha, transforma tu empresa, fórmate y construye tu futuro. El tiempo vuela."                   (Marc Vidal, 14/09/18)

Manolo Monereo: en toda Europa ha surgido una necesidad ontológica de seguridad. La sociedad lo que quiere es protección, seguridad y orden... para unas masas desheredadas, heterogéneas ideológicamente, que tienen miedo porque llevan perdiendo derechos años y años. Y ese miedo choca con el tema de la inmigración... mientras África siga siendo explotada por Occidente, convertida por las potencias europeas en Estados fallidos, mientras se siga escapando su riqueza, el problema no hará más que aumentar

"(...) la inmigración. ¿Cuál es la posición de Podemos y la tuya personal frente a esta supuesta avalancha que nos dicen que se está forjando?

 (...) Has de perdonarme el giro teoricista que voy a dar, pero quiero partir de ahí porque sino no entendemos lo que está ocurriendo. Tú has visto que en mis libros, en mis artículos, digo que estamos en un momento Polanyi, quien hablaba de que había un ciclo A y un ciclo B en la sociedad. La fase A sería el capitalismo salvaje, el capitalismo de amiguetes, y habría una segunda fase, la B, que sería la reacción de la sociedad a esa fase A. 

La reacción de la sociedad a esa fase A surge porque las políticas neoliberales llevadas hacen incompatible e inviable cualquier sociedad. Para decirlo en plata, la única posibilidad según Polanyi de que el capitalismo pueda pervivir es siendo un capitalismo planificado, organizado, donde el Estado tenga la “capacidad” de regular las relaciones entre la economía y la sociedad. Hoy estamos en la fase B. 

Hemos visto durante los años 80, 90, hasta 2008, la aplicación de políticas neoliberales en todo el mundo con diversas consecuencias, con cambios geopolíticos, y ahora estamos en una segunda fase en la que el principal instrumento para aplicar estas políticas neoliberales ha sido la Unión Europea, y eso está llevando en todas partes a una reacción de la sociedad civil contra las políticas neoliberales. 

Las políticas de la izquierda socialdemócrata, el liberalismo progresista, han terminado por romper los lazos entre los partidos de izquierda y una parte sustancial de las clases trabajadoras, los miles de hombres y mujeres que son perdedores en esta globalización, y si la izquierda no es capaz de protagonizar la reacción de la sociedad será la derecha quién lo haga. 

En esta fase, en toda Europa ha surgido una necesidad ontológica de seguridad. La sociedad lo que quiere es protección, seguridad y orden.

—¿Protección frente a qué?

—Frente al capitalismo, aunque quizá ellos no son plenamente conscientes. Seguridad de futuro, de tener un trabajo decente, que se respete el derecho a la pensión… hay una necesidad ontológica de seguridad por parte de unas masas desheredadas, heterogéneas ideológicamente, que tienen miedo porque llevan perdiendo derechos años y años. Y ese miedo choca con el tema de la inmigración.

 Miedo a seguir perdiendo derechos y miedo a que cualquier terrorista de ocasión pueda clavarte cuatro puñaladas o aplastarte con un coche.

—Con miedo o sin él, sigue habiendo un problema…

—Sin ese contexto no se entiende lo que voy a decir. La segunda idea es la hipocresía de lo que podemos llamar el humanismo buenista. Una hipocresía inmensa porque todos los que están defendiendo, desde los gobiernos y desde la élite económica, una política más humana con la inmigración, una política aparentemente de puertas abiertas, que de alguna manera defienda los derechos humanos de aquellas personas que están sufriendo en sus carnes una dolorosísima situación, saben que son las instituciones europeas las que dirigen realmente la política migratoria. 

Una política que yo calificaría de político-militar. 

Las autoridades europeas sabe perfectamente que África va a ser una fuente permanente de oleadas migratorias. África está viviendo decenas de conflictos étnicos, políticos, climáticos, de hambre, de guerra… hoy se puede decir que hay muchos Estados que se han convertido de facto en Estados fallidos. 

A esa situación hay que añadir la intervención militar permanente de los Estados europeos, en algunos países como por ejemplo Libia, que había sido un tapón para la inmigración. Ese era el papel de Gadafi, como hoy es el papel de Marruecos. Se sostenía a algunos gobiernos porque son un tapón para la inmigración, se practicaba con ellos lo que militarmente se llama una frontera adelantada. Europa adelanta la frontera y hay que decir que ha tenido cierto éxito en eso, se adelanta la frontera al Sahel, a Mali, Mauritania, Senegal… Europa está usando el dinero de la cooperación para fortalecer la seguridad de esos países, fortalecer su policía, su ejército, convertirlos en Estados que se comprometan con Europa a no dejar pasar inmigrantes.

 Esa es la política real que Pedro Sánchez sabe, que Macron sabe, Merkel, todos lo saben. Esa es la política real. Por otro lado, está el tráfico de personas. El papel que África cumple ahora es muy parecido al papel que ha tenido antes en la división internacional del trabajo: el de productora de seres humanos que se venden en el mercado mundial. Antes ese tráfico de personas lo hacían agencias especializadas en los Estados, y ahora son mafias organizadas con conexiones con estructuras y aparatos del Estado. 

Y aunque todo apunta a que la presencia de inmigrantes incluso ha disminuido con respecto a épocas anteriores, sigue siendo un gravísimo problema acoger a miles de personas que llegan ilegalmente gracias a mafias poderosísimas que hacen un gran negocio con el tráfico de personas. Se da además la paradoja de que las sociedades de acogida, a las que se exige que den la bienvenida a miles de inmigrantes,  son las de la periferia, precisamente las que han sufrido durísimas políticas de austeridad.

Si no se estabiliza la situación socioeconómica en África, si no se hacen políticas locales reales de desarrollo y se transfieren rentas, el problema continuará indefinidamente. Miles y miles de personas quieren venir a Occidente, y hay unas mafias que se dedican a traficar con ellas. Y eso en las sociedades europeas, no solo por sus elementos xenófobos, sino por una parte significativa de la población, se ve como una inseguridad que incluso pone en riesgo sus vidas.

 Frente a ese enorme problema la izquierda tiene una actitud buenista, ingenua, que no afronta el problema real, que es el de que mientras África siga siendo explotada por Occidente, convertida por las potencias europeas en Estados fallidos, mientras se siga escapando su riqueza, el problema no hará más que aumentar.  (...)"                                              

Primera persona en ir a prisión por parar un desahucio al negarse a pagar la indemnización a un policía

"Jorge Jiménez, miembro del colectivo Distrito 14, podría ser la primera persona en entrar en prisión por intentar parar un desahucio, al negarse a pagar 1.200 euros de indemnización a un agente de la Policía Nacional, tras ser condenado por lesiones y atentado a la autoridad.

“Yo no pago porque no hice lo que el Policía dice y porque no le voy a pagar a un policía que se dedica a desahuciar familias”, afirma Jorge Jiménez a El Salto.

Jorge fue una de las personas que acudieron en enero de 2016 a intentar evitar el desahucio de Massiel y sus dos hijos menores de edad —uno de ellos un bebés— en la calle Congosto, en Villa de Vallecas. 

Allí, 50 personas formaron una cadena humana, frente a un dispositivo policial “desproporcionado”, según calificaron entonces desde la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) de Vallecas, que cifró hasta ocho patrullas y una veintena de agentes.

 “Después de quitarnos de forma violenta del portal, el policía que me acusa afirma que estaba ayudando a un hombre mayor a levantarse del suelo, al que previamente habían tirado, y que yo me acerqué, le miré a los ojos y le pisé la mano; es mentira”. Jorge recuerda que ese día no fue detenido. Pasaron dos días hasta que recibió una llamada de la Policía Nacional para que acudiera a declarar. “Yo me presenté voluntariamente porque me dijeron que, si no, irían a mi casa o a mi trabajo”, continúa.

La Policía le acusó de atentado a la autoridad y lesiones, cargos por los que fue juzgado en febrero de este año. Durante el juicio, Jorge explica que la perita forense no pudo asegurar que los hechos que se juzgaban estaban relacionados con las agresiones que presentaba el policía. También que, ninguno de los policías que fueron como testigos afirmó que viera los hechos presentados por la acusación.

En marzo salió la sentencia: siete meses de cárcel, una multa de un mes a tres euros diarios, y 1.237 euros en concepto de indemnización. La sentencia fue recurrida ante la Audiencia Provincial, que rechazó el recurso. Actualmente han interpuesto un recurso de casación ante el Tribunal Supremo, pero no tienen muchas esperanzas en que prospere.

El próximo 25 de septiembre es el día fijado para que Jorge vaya a la sala de ejecutorias del juzgado para confirmar la ejecución de sentencia. Pero Jorge tiene claro que no va a pagar la indemnización. “Es algo que siempre he tenido claro”, reafirma."               (Ter García, El Salto, 19/09/18)

19.9.18

Sea en Europa tras el fin de los créditos del BCE, en China, en los países emergentes o en África u otros países empobrecidos, las crisis que vienen no se pueden ignorar. Están a la vuelta de la esquina y se parecen mucho a las crisis que ya vinieron. Ahora, como entonces, serán las clases populares las que acabarán sufriendo sus consecuencias...

"Cada día se escuchan más voces que alertan de una inminente nueva crisis financiera. (...)

El proceso insaciable de financiarización de la economía, la especulación financiera, la evasión fiscal, las burbujas inmobiliarias y el endeudamiento sin límites siguen estando a la orden del día, en el Estado español y en buena parte del mundo. 

El polémico y multimillonario inversor George Soros dijo hace unos meses en un seminario en París que “podríamos estar ante otra gran crisis financiera”, haciéndose eco de la fuga de capitales desde economías emergentes como la argentina, la turca o la indonesia, refugiándose en la fortaleza del dólar. (...)

Otros apuntan al impacto del fin de la política monetaria expansiva del Banco Central Europeo (BCE) y la posible subida de tipos de interés como la chispa que hará encender una crisis en Europa que se pueda contagiar a otros países, especialmente a países emergentes.

Dos dirigentes jubilados del Banco Internacional de Pagos (BIS, por sus siglas en inglés), conocido por ser el banco de los bancos centrales, una institución altamente conservadora, han publicado recientemente un libro en el que avisan de la bomba de relojería que supone el sistema financiero global, debido a las políticas erróneas y temerarias en los países occidentales. 

Peter Dittus y Hervé Hannoun avisan precisamente de la acumulación de deudas, facilitada por la política monetaria y los bancos centrales del G7 y el de la UE, el BCE. (...)

El FMI, como en crisis anteriores, no reconoce la inminencia de una nueva crisis financiera, pero no niega esa posibilidad, y sí ha advertido de que los niveles de endeudamiento de los países están subiendo de forma alarmante en algunos casos. 

El periodo prolongado de tipos de interés bajos ha supuesto un incremento de la deuda global, que ya alcanzó el 318% del PIB mundial al finalizar el tercer trimestre de 2017, 115 puntos por encima del último récord, en 2009.  (...)

La propia institución dirigida por Christine Lagarde advierte de que la principal economía emergente (aunque dudo de que se la deba seguir llamando así), China, es responsable del 40% del incremento de la deuda, aunque otros países del norte, economías emergentes e incluso países empobrecidos se encuentran en situaciones vulnerables y de riesgo de crisis de deuda.   (...)

Precisamente la ralentización del crecimiento en China ha afectado fuertemente a países en América Latina y el África subsahariana, que en las últimas décadas habían crecido a fuerza de exportaciones y créditos del gigante asiático.

 Países como Argentina, Brasil, Ecuador o Venezuela, pero también Chile, Colombia y Perú, hace algunos años que notan el descenso del volumen y precio de las materias primas que hasta hace poco exportaban sin problema a China. El fin del llamado “superciclo de las materias primas” está afectando particularmente a los exportadores sudamericanos de minerales, petróleo o soja. 

En el caso de México y Centroamérica, hasta ahora la fortaleza del dólar y de la economía estadounidense actuaban como amortiguador, pero la política comercial de Trump puede acabar con ello. Ante ello, la receta de la austeridad ha regresado a países como Brasil, Ecuador o Argentina.

 Esta situación afecta también a numerosos países africanos. Hace ya algunos años que activistas contra la deuda advierten de una nueva crisis de deuda especialmente en países del África subsahariana. 

Este año, el propio FMI ha reconocido que la situación es preocupante, pero la tendencia hace años que se vislumbra. Según la Jubilee Debt Campaign, uno de los grupos que, desde el Reino Unido, hace años que advierten de que la crisis de deuda en los países del Sur no se ha acabado, los pagos de deuda en los países empobrecidos se ha incrementado un 60% entre 2014 y 2017, y se encuentran en su nivel más alto desde 2004. 

Los tipos de interés bajos y el crecimiento de algunas economías, especialmente en África, han llevado en la última década a una lluvia de crédito e inversión, principalmente bajo la forma de alianzas público-privadas (con deuda en la recámara).

 En definitiva, sea en Europa tras el fin de los créditos del BCE y del tipo de interés barato, en China, en los países emergentes o en África u otros países empobrecidos, lo cierto es que las crisis que vienen no se pueden ignorar. Están a la vuelta de la esquina y se parecen mucho a las crisis que ya vinieron.

 Ahora, como entonces, serán las clases populares las que acabarán sufriendo sus consecuencias. Como un péndulo en eterno movimiento, las crisis van y vienen cíclicamente, o quizás nunca se fueron… Tal vez debemos plantearnos si se trata realmente de crisis o del funcionamiento sistémico del capitalismo."                     (Iolanda Fresnillo, El Salto, 15/09/18)

Es evidente que la Unión Monetaria está resultando un buen negocio para Alemania y demás países del Norte, pero un gran problema para los países del Sur. Alemania fue acrecentando su superávit, enchufada de forma parásita a los déficits de los países del Sur. Además, va a comenzar una guerra comercial que va a afectar a España y a otros países del Sur, sin que tengan ninguna culpa, solo por formar una unión aduanera con Alemania. Una vez más, van a salir perjudicados...

"Existe un cierto consenso, cada vez más amplio, de que la Unión Europea no funciona, y es que el gradualismo ha introducido el proyecto en encrucijadas de difícil -más bien de imposible- salida. 

 Resulta ilusorio pretender corregir ahora la asimetría de partida con la que se redactaron los Tratados. Los países que se vieron beneficiados por ellos -Alemania y demás países del Norte- quizás hubieran estado dispuestos a ceder en el origen como contrapartida a las ventajas que obtenían de la Unión. Incluso hubiera sido el momento de explicárselo a sus propios ciudadanos. 

Pero de ningún modo van a hacer ahora concesiones sustanciales a cambio de nada, ni es fácil hacer comprender en este momento a sus poblaciones que si quieren que el sistema funcione deben crear mecanismos de solidaridad y de redistribución con el resto de países a los que la Unión, tal como está concebida, perjudica.

Es por eso por lo que cada nuevo intento de avance, por reducido que sea, hacia mecanismos integradores se desfigura y se desplaza más y más hacia adelante sin alcanzar nunca el objetivo.  (...)

Seis años más tarde, la Unión Bancaria solo existe sobre el papel. Los únicos elementos implantados son los relativos a la transferencia de competencias (supervisión, liquidación y resolución) de las autoridades nacionales a Bruselas, pero no ha entrado en funcionamiento ninguno de los componentes que deberían constituir la contrapartida a esa cesión de competencias. 

Desde luego, Europa no ha asumido ni tiene intención de asumir el coste del saneamiento de los bancos en crisis, que era la propuesta de Monti. Hasta la fecha, las entidades financieras de los distintos países continúan siendo principalmente nacionales (la pasada crisis del Banco Popular en España y de los italianos Veneto Banca y Popolare de Vicenza lo muestran claramente) y los posibles costes están muy lejos de mutualizarse, ni a través del Fondo de Garantía de Depósitos, cuyos recursos provienen casi en su totalidad de las respectivas naciones, ni por el Fondo Único de Resolución Bancaria, que no es tan único como se afirma.  (...)

A lo largo de los últimos meses, desde la Comisión, pero principalmente por parte de Macron, se han propuesto distintas medidas con el objetivo de reformar la Eurozona y hacerla viable.

 Merkel ha venido dando largas y vaciando las propuestas, hasta el extremo de que lo que previsiblemente aprobará estos días el Consejo acabará como siempre sin apenas eficacia práctica. Las palabras son engañosas y no significan absolutamente nada si no se las llena de contenido. En la Unión Europea los agentes son expertos en convertir los vocablos en flatus vocis.  (...)

¿No sería lógico que lo primero que asumiese un presupuesto que pretende solucionar los desajustes y desequilibrios que la Unión Monetaria genera entre países fuese la socialización del seguro de desempleo? Lógico, sí; probable, no. El ministro de Finanzas y vicecanciller alemán, Olaf Scholz, ha propuesto, en una entrevista publicada en la revista Der Spiegel, la creación de un seguro de desempleo europeo. 

Pero, una vez más, las palabras engañan. Lo que en realidad sugiere es tan solo un nuevo fondo que prestase a los sistemas nacionales en los momentos de crisis, cuando el desempleo sea muy alto y, por lo tanto, el gasto en esta prestación también, pero que deberían devolver una vez superada la crisis.

Estamos siempre dentro de la misma filosofía, prestar en todo caso, sí, pero nada más, sin una verdadera integración presupuestaria y fiscal que implique transferencia de fondos entre países. 

Ahora bien, sin esa transferencia de recursos, una unión comercial, financiera y sobre todo monetaria no puede subsistir a largo plazo, porque el hecho es que su propia existencia crea un flujo en sentido contrario que debe ser compensado (como ocurre dentro de cada Estado) para que se mantenga un mínimo equilibrio.

Existe además un agravante, todas estas posibles ayudas al igual que las del MEDE (que ahora se quiere convertir en un fondo monetario europeo, sin cambiar en realidad nada) estarán condicionadas a recortes y ajustes de los que en los últimos diez años ya hemos tenido suficiente experiencia. ¿Podemos creer de verdad que, ante una nueva recesión, Grecia puede someterse a otra aventura como la que ha vivido hasta ahora? (...)

Pero no solo es Grecia, a otros muchos países, entre los que hay que incluir a España, les resultaría letal repetir la odisea sufrida en los últimos años.

Es evidente que la Unión Monetaria está resultando un buen negocio para Alemania y demás países del Norte, pero un gran problema para los países del Sur, lo que deja en el mayor de los ridículos a los planteamientos adoptados en su día por Mitterrand al imponer a Alemania el euro como condición para la reunificación, creyendo que privándola del marco sería más fácil controlarla y evitar sus tentaciones hegemónicas. 

El resultado ha sido desde luego el contrario: teniendo en cuenta los términos fijados por Maastricht y demás tratados, el euro y las instituciones creadas están siendo los mejores instrumentos para que el país germánico imponga su supremacía.

Solo hay que echar un vistazo a las cifras macroeconómicas de los distintos países para comprobar cómo ha influido en cada uno de ellos la creación de la moneda única, y las diferencias que se han originado. Ciertamente no es solo Alemania la beneficiada, pero, dado su tamaño, tiene especial trascendencia. Y especial importancia adquiere también entre los datos macroeconómicos el déficit o superávit en la balanza por cuenta corriente, porque cuando son desproporcionados indican en buena medida cómo unos países viven a costa de otros.

 Durante los siete primeros años de este siglo, Alemania fue acrecentando su superávit, enchufada de forma parásita a los déficits de los países del Sur. La crisis ha obligado a estos a equilibrar sus cuentas exteriores, pero sin que el país germánico haya hecho lo propio. Bien al contrario, su superávit se ha incrementado, alcanzando el 9% del PIB, una bomba para la estabilidad del comercio mundial y frente a la que EE. UU. ya ha reaccionado.

Trump puede coleccionar todo tipo de excentricidades y vilezas, pero hay una parte de su discurso que se asienta sobre hechos ciertos y es que un orden económico internacional no puede coexistir con desequilibrios tan enormes en el comercio entre países, y que es imposible que Alemania, China, India, etc., sigan manteniendo esos excedentes comerciales; concretamente con respecto a EE. UU., que es el que verdaderamente a Trump le importa.

 Va a comenzar una guerra comercial que va a afectar -ya está afectando, de hecho- a España y a otros países del Sur, sin que ellos tengan ninguna culpa, solo por el hecho de formar una unión aduanera con Alemania. Una vez más, van a salir perjudicados.

Todo ello debería hacer pensar que sin reformas en profundidad la Unión Europea, y desde luego la Unión Monetaria, no puede subsistir, aunque no parece que los países del Norte estén dispuestos a realizar verdaderas concesiones. No es de extrañar, por tanto, que las contradicciones de todo tipo surjan cada vez en mayor medida en todos los campos. 

En los últimos días se han manifestado con extrema virulencia en el ámbito migratorio, hasta el extremo de que se hayan colado en la agenda de este Consejo robando un espacio importante en sus deliberaciones. 

A pesar de ello, no creo que se llegue a ninguna conclusión. Y es que cuando no se acepta la solidaridad interna entre los países de la Unión, malamente va a poder funcionar con los no europeos."          (Juan Francisco Martín Seco, 28/06/18)

El Plan Bolonia consistió en reducir al máximo la parte de las carreras con precios relativamente públicos (los grados) y hacer gravitar los curricula en torno a los másteres de precios desorbitados. Han sido estas reformas (absolutamente exitosas, porque el movimiento anti-Bolonia fue derrotado) las que abrieron la posibilidad de institucionalizar este tipo de pocilgas que ahora tanto nos escandalizan

"Hay algo que me tiene estupefacto en las tertulias de estos días sobre la Universidad Rey Juan Carlos y los másteres del Instituto Universitario de Derecho público (IDP). Hay algunos tertulianos que, con el tono de estar ya perdiendo la paciencia, explican que lo ocurrido con los másteres del IDP demuestra que la Universidad necesita de reformas a fondo. 

Incluso he llegado a escuchar varias veces que hay que poner a la Universidad en condiciones de poder afrontar los “nuevos retos y desafíos” que le plantea la sociedad. Yo no salgo de mi asombro. 

Es la misma mierda con la que, precisamente, se implantaron las reformas universitarias que nos han llevado a esta situación. Durante los doce años de lucha contra las reformas de Bolonia, la propaganda del gobierno y del círculo de empresarios no paró de repetir que había que “poner la Universidad al servicio de la sociedad” para que fuera capaz de afrontar los “nuevos retos y desafíos”. 

Y han sido, precisamente, estas reformas (absolutamente exitosas, porque el movimiento anti-Bolonia fue derrotado) las que abrieron la posibilidad de institucionalizar este tipo de pocilgas que ahora tanto nos escandalizan.

En el año 2000, ante la amenaza ya del Informe Bricall, las Universidades públicas empezaron a prepararse para competir con la privadas. Se invirtió en toneladas de propaganda para imponer la idea de que había que flexibilizar las rígidas instituciones de la Universidad estatal, acabar con la autoridad de las cátedras y los departamentos, y sustituirlos por los fugaces y dinámicos “grupos de investigación” que actualmente son la norma de nuestra vida universitaria.  (...)

Mientras tanto, se inició la verdadera reconversión económica de los estudios superiores: reducir al máximo la parte de las carreras con precios relativamente públicos (los grados) y hacer gravitar los curricula en torno a los másteres de precios desorbitados.

Como propaganda de todo este proceso, en 2004, se llegó a utilizar un power point (Valcárcel, “La preparación del profesorado para el EEES”, ahora desaparecido de las redes, me parece) que presentaba una “utopía posible: la ilusión por el aprendizaje”, que se me antoja que el IDP de la UJRC logró realizar con mucho éxito

Se trataba de lograr construir una nueva universidad, en la que una alumna (!) pudiera resumir su vida académica con las siguientes palabras: 

 “La gente de la universidad parece feliz, como si lo hicieran todo por puro placer. La relación entre alumnos y profesores es de lo más cordial, casi de colegueo. No hay notas, ni exámenes, la gente está aquí porque disfruta con ello. En el edificio hay un salón con una pequeña cocina donde, de vez en cuando, hacen reuniones informales alumnos, profesores y a veces artistas. He solicitado una plaza para dos cursos intensivos de una semana cada uno, estoy ansiosa por empezarlos. Son de 9 a 4 de la tarde. Aunque no asistas a los cursos puedes utilizar los talleres y hay muy buen ambiente.” Esta era la “utopía”.

 Algunos tomaron nota y se pusieron a ello, creando pocilgas académicas como la del IDP, valiéndose para ello de la tan anhelada “autonomía económica” que también incluía la propaganda del Plan Bolonia (al IDP se le permitió, incluso, dotarse de un CIF propio), autonomía que incluía, por supuesto, unas tasas de matriculación prohibitivas para el populacho.

No. Esta Universidad podrida no es que necesite reformas. Es que es el resultado de unas reformas contra las que los estudiantes y (algunos) profesores se opusieron durante doce años en una lucha desigual. El movimiento estudiantil no paró de explicar que “Bolonia no existía”, que no era más que una tapadera para una reconversión neoliberal de la Universidad estatal. Desde el año 2000, en las Juntas, los Claustros y las calles no cesó de lucharse, sobre todo -mira tú por dónde-, contra la figura del “máster”, que se consideraba una avanzadilla de la Universidad privada que penetraba cada más en la Universidad estatal. Actualmente, ya nadie piensa que puede tener un curriculum universitario que se precie si no figuran ahí algunos másteres de prestigio.  (...)

El sentido de todo esto que está ocurriendo en la Universidad desde hace dos décadas no es difícil de diagnosticar. Los estudios superiores habían dejado de ser patrimonio de una élite y, cada vez más, las clases populares tenían acceso a la Universidad. Eso costaba mucho dinero. Y desde 1998, empezó a concebirse que ese dinero podía ser mejor utilizado que en dar estudios a los trabajadores. 

Si se condicionaba la financiación pública a la previa obtención de fuentes de financiación privadas (sustituyendo los departamentos y las cátedras por grupos de investigación compitiendo por obtener recursos), las grandes empresas podrían utilizar la Universidad estatal como un cajero automático para aspirar dinero público. 

Pongamos que la casa Bayer está interesada en invertir diez euros en investigar tintes para teñir de rubio los anos oscuros (según las modas pornográficas). No es una investigación que tenga la dignidad de una posible vacuna contra la malaria. Pero si la casa Bayer financia con 10 euros un grupo de investigación, el Estado estará gustoso de aportar 100 euros y diez becarios, diez jóvenes que, en realidad, estarán trabajando para la casa Bayer, pagados con el dinero de los impuestos, es decir, de otros trabajadores. 

De este modo, se marcan las prioridades de la investigación universitaria y las empresas obtienen dinero público para sus propios fines privados. El caso de lo que ocurrió con la viagra femenina en EEUU ilustra muy bien esta lógica perversa. Ya hemos hablado bastante de eso en nuestro libro Escuela o Barbarie.

Mientras tanto, las clases populares vuelven a tener difícil el acceso a la Universidad. Aún logrando unos estudios de Grado (aunque el precio de matrícula, en España, se ha multiplicado por cuatro), es difícil ingresar en el mundo del máster. De este modo, las élites sociales, hasta entonces refugiadas en las Universidades privadas, se han apropiado también de la Universidad pública. La propaganda de Bolonia, en este punto, tampoco disimuló nada. 

 Se habló sin parar de que la población, en general, estaba sobrecualificada. Se consideró absurdo que el dinero público sirviera, en efecto, para fabricar doctores que luego trabajaran en la hostelería o de repartidores de Amazon. Luego, por supuesto, la podrida lógica privada, ahora financiada con dinero público, construye los chiringuitos a su medida. Una vez que has pagado unos estudios superiores, lo de estudiar es lo de menos.

 Hay que dar facilidades a las personas importantes que pagan su máster, para eso lo han pagado. Y como estaba previsto en la propaganda de Bolonia, los contenidos no son importantes, puesto que ya están en Internet y no hay más que descargarlos. Esto no es plagio, es lo que estaba previsto.

En todo esto, hay algo mucho más grave que el caso de unos cuantos políticos que han tenido que dimitir. Se ha robado la Universidad a las clases trabajadoras. Y se ha robado a la humanidad una de sus más bellas conquistas: el derecho universal a estudiar

Era lo único que, durante mucho tiempo, tuvieron los pobres, el sueño de tener hijos o hijas universitarios. Para la que se ha llamado la “generación mejor formada de la historia”, las cosas serán muy distintas, porque sus hijos no podrán estudiar en la Universidad. Eso, si tienen hijos, claro, porque la cosa tampoco está para lujos."              (Carlos Fernández Liria, Cuarto Poder, 14/09/18)

Hoy, esto es Europa. Salvini ha propuesto ayudar a los jóvenes de su país "a tener hijos" antes que "desplazar a lo mejor de la juventud africana para reemplazar a los europeos que ya no tienen hijos"... y un ministro del paraíso fiscal de Luxemburgo le respondió que a Luxemburgo llegaron "decenas de miles de italianos", que encontraron empleo en ese país, "porque ustedes en Italia no tenían dinero para darle de comer a sus hijos. ¡Mierda!". Esta Unión Europea no puede durar...

"El ministro de Interior italiano y líder de la Liga, Matteo Salvini, ha tenido un encontronazo verbal con el ministro de Exteriores de Luxemburgo, Jean Asselborn, durante la celebración de una conferencia sobre migración y seguridad celebrada en Viena este viernes. (...)

"Oigo decir que necesitamos la inmigración porque la población envejece. Yo veo las cosas de una forma diferente", ha comentado Salvini, que desde que asumió el cargo, el pasado junio, ha sido una de las voces europeas más duras contra la inmigración

El líder italiano ha propuesto ayudar a los jóvenes de su país "a tener hijos" antes que "desplazar a lo mejor de la juventud africana para reemplazar a los europeos que ya no tienen hijos".

 Asselborn no ha podido esperar a que Salvini acabara su intervención y, claramente enfadado, le ha recordado que a Luxemburgo llegaron "decenas de miles de italianos", que encontraron empleo en ese país, "porque ustedes en Italia no tenían dinero para darle de comer a sus hijos. ¡Mierda!", concluyó. 

El político luxemburgués se refería a las décadas posteriores a la II Guerra Mundial cuando un boom laboral en algunos países europeos, como Luxemburgo, favoreció la emigración de trabajadores de otras regiones de Europa más pobres.  (...)"               (El País, 14/09/18)