16.7.18

Trump continúa su trabajo de zapa contra Alemania

"(...) Desde su llegada a la Casa Blanca, Donald Trump nunca ha ocultado el poco respeto que tiene por sus aliados europeos, el desprecio que siente por la Unión Europea, a la que acusa de prosperar a costa de EE UU. Alemania, a la que acusa como a China de aplicar una política mercantilista, es el objetivo de todos los reproches del presidente de Estados Unidos. 

La obsesión de Donald Trump con Berlín se expresa en esta cifra: los 260 mil millones de dólares de excedente comercial de Alemania con  Estados Unidos. Una posición "insoportable", producto de “prácticas desleales” porque "a Berlín le paga su seguridad Estados Unidos" , afirma a continuación Donald Trump.

Para el presidente de EE.UU., todo lo que pueda debilitar a Alemania es bienvenido. Sean los derechos de aduana sobre el acero y el aluminio, como los anunciados sobre las importaciones de automóviles europeos en los Estados Unidos, dirigidas principalmente contra Berlín y la canciller Angela Merkel. A cada oportunidad, Trump inocula el veneno de la discordia y alaba a Gran Bretaña por el referéndum del Brexit. 

También ha aconsejado a Emmanuel Macron a hacer lo mismo y que Francia abandone la Unión Europea. En la cumbre de la OTAN, el presidente estadounidense no ahorró elogios para "su amigo francés", al tiempo que criticaba a la canciller Angela Merkel.

"Tenemos que hablar de miles y miles de millones de dólares pagados a un país contra el cual se supone que debemos protegerles" , dijo a su llegada Donald Trump a la canciller alemana, según el New York Times . "Nosotros no somos prisioneros ni de Rusia ni de Estados Unidos" , replicó, Angela Merkel, antes de recordarle que ella había pasado su juventud a la sombra del Muro de Berlín. Los dos dirigentes se reunieron a solas la noche del miércoles. Oficialmente, todo va bien entre ellos.  (...)

Sin embargo, al centrarse en el nuevo gasoducto North Stream 2, que debe suministrar directamente a Alemania a través del Mar Báltico, Donald Trump no puede ignorar que exacerba las tensiones entre los aliados europeos.  (...)

Iniciado en 1997 por la compañía rusa Gazprom, el proyecto tiene como objetivo ofrecer 55 millones de metros cúbicos por año. El gobierno y los grupos empresariales alemanes, como Ruhrgas, han apoyado el proyecto de inmediato. El consorcio está presidido por el ex canciller alemán Gerhard Schröder. Se espera que las primeras entregas de gas tengan lugar en 2019.

Pero la apertura del nuevo gaseoducto puede alterar el equilibrio en Europa del Este, ya que Ucrania podría perder mil millones cada año, al perder los dividendos de tránsito de gas ruso. Del mismo modo, los países bálticos y Polonia están preocupados por estas nuevas salidas de gas de las que dispondrá Rusia. 

Haciéndose eco de las críticas de Donald Trump, el ministro de Asuntos Exteriores polaco, Jacek Czaputowicz, atacó a Alemania por su apoyo a North Stream 2, según informa Bloomberg . Para Trump, los ingresos del gas sirven para la modernización de las fuerzas armadas rusas.

El ataque de Donald Trump al proyecto North Stream 2 no tiene como único objetivo debilitar a Alemania frente a sus vecinos de Europa del Este. Como perfecto representante de los intereses estadounidenses, Trump también tiene la intención de apoyar las ventas de gas y petróleo de esquisto de Estados Unidos en Europa , utilizando todos los medios a su alcance, incluso el chantaje. 

Su insistencia en que los europeos aumenten inmediatamente los presupuestos de defensa entra en los mismos cálculos: la industria de defensa europea es limitada. Cualquier aumento de equipos y armas sólo puede signifircar nuevos pedidos a la industria de Estados Unidos, según Donald Trump. Lo que cree una compensación justa por el compromiso de Estados Unidos en Europa.

Los europeos han prometido aumentar rápidamente su gasto militar, participar en los esfuerzos de la OTAN en Afganistán e Irak y mantener las sanciones contra Rusia por sus violaciones en Ucrania y Crimea, en particular leer el comunicado final ) . Pero el caos creado por Donald Trump en la Cumbre de la OTAN podría dañar a toda la organización, según Pavel Felgenhauer, experto militar de la Fundación Jamestown. 

Para él, Moscú no ha perdido nada con las gesticulaciones de esas 48 horas. "Lo que es realmente grave es que la credibilidad de disuasión de la OTAN se debilita . Esto puede hacer que el mundo sea aún más impredecible ", dijo a Bloomberg.

Como en otras grandes cumbres, Donald Trump se vanaglorió de la gran victoria que había obtenido. Al dejar Bruselas, destacó que "los Estados Unidos son ahora tratados más lealmente" por los europeos, habiéndose comprometido a aumentar el gasto militar en la Cumbre. Los europeos lo han negado. También reiteró su apoyo a la alianza .  

"El presidente de Trump en ningún momento, ya sea en público o en privado, ha amenazado con retirarse de la OTAN" , aseguró por su lado Emmanuel Macron, después de la reunión.

Sentir la necesidad de reafirmar el compromiso de Estados Unidos con la Alianza Atlántica ya es una forma de insinuar dudas. Porque nadie hasta entonces había puesto en cuestión la solidez de la capacidad de disuasión de la OTAN.(...)"               

 (Martine Orange . Periodista especializada en economía, ha colaborado con Le Monde y Tribune, Mediapart, en Sin Permiso, 15/07/18)

El “presupuesto de la zona euro” de Macron debía ser (se suponía) para financiar todo aquello que la austeridad germana asfixió. Hubo que esperar 10 días para comprender quién había marcado línea en aquella cumbre: la derecha alemana. Ninguna sorpresa, la derecha alemana gana siempre en la UE...

"La última cumbre de la UE, en los últimos días de junio, vino precedida, el 19 de junio, por una reunión preparatoria Merkel-Macron. El Presidente francés, al que se presentó como la “esperanza blanca” de la UE, no pinta nada. 

Merkel y Macron acuerdan un presupuesto para la zona euro”, celebraba el titular. La simple realidad es que ya no queda absolutamente nada de la propuesta de Macron para “refundar Europa” sin tocar su andamiaje neoliberal.

El “presupuesto de la zona euro” de Macron debía ser (se suponía) para financiar todo aquello que la austeridad germana asfixió. Tenía que ser “un presupuesto de varios puntos del PIB de la zona euro”. Merkel aclaró que nada de eso: sería un “presupuesto de dos dígitos” (es decir inferior a los 100.000 millones, o sea calderilla) y encaminado a la “competitividad y la convergencia”, es decir cero keynesianismo. 

Hasta el cándido François Hollande obtuvo más, la última vez que propuso algo parecido a Merkel. Respecto a los otros puntos del programa de Macron, “parlamento de la zona euro” (¿para hacer qué?), “convenciones ciudadanas” para discutir el futuro de la UE, etc., hace tiempo que nadie se lo toma en serio.

 Hubo que esperar diez días, al 30 de junio, para comprender quién había marcado línea en aquella cumbre: la derecha alemana. Ninguna sorpresa, la derecha alemana gana siempre en la UE. La “línea europea” es básicamente el mínimo común denominador del conjunto, orquestado por el nacionalismo alemán.

 La novedad es que ese nacionalismo se derechiza. En el Bundestag ya tenemos el mayor grupo parlamentario de extrema derecha del continente: 92diputados. Merkel no quiere que su CDU sea erosionada por la derecha, así que cede ante la propia extrema derecha de su familia política, la CSU bávara, que está muy cerca de la Alternative für Deutschland.   (...)"               (Rafael Poch, blog, 09/07/18)

Habermas: La causa de la disolución Trumpiana de Europa es la desilusión palpable de que la UE en su estado actual carece de la eficacia política necesaria para contrarrestar las tendencias de creciente desigualdad social dentro y entre sus Estados miembros... es la conciencia creciente, y, Dios sabe, realista, entre la población europea de que falta la voluntad política creíble de salir de esta espiral destructiva... La crisis italiana es quizás la última oportunidad para reflexionar sobre la obscenidad de una unión monetaria que impone un sistema estricto de reglas en beneficio de sus Estados miembros más fuertes

"(...) Mi impresión es que la aparición de Emmanuel Macron en el escenario europeo ha dejado al descubierto un punto débil en la imagen de esos alemanes que se dieron palmaditas en la espalda durante la crisis del euro, convencidos de que seguían siendo los mejores europeos y estaban sacando a todos los demás del atolladero. (...)

Sin duda, muchos críticos no solo consideraron equivocada la política de austeridad de inspiración alemana, sino que también sospechaban que existía un sesgo torcido detrás de la fachada de los vociferantes reclamos de solidaridad.

Pero la tónica de los principales medios de comunicación aseguró durante años que la fe de la población en el papel solidario desempeñado por Alemania en tiempos de crisis no se cuestionase. 

 En términos generales, el papel altruista del gobierno alemán como vigilante gestor de crisis y prestamista generoso fue visto como creíble. ¿No pensaba en serio en el bienestar de todos los Estados miembros, incluso con el intento fallido de mostrarles la puerta a los griegos? Pero ahora, frente a los desafíos completamente imprevistos asociados con una situación política global radicalmente transformada, las primeras grietas en esta agradable autoimagen se han vuelto visibles.

 Como ejemplo, señalaría un editorial recientemente publicado sobre esa noche notoria hace varios años cuando el presidente francés sacó una concesión matutina del canciller alemán, el acuerdo de que no forzaría a los griegos a salir de la unión monetaria europea.  

Solo ahora, tres años después del hecho, el siempre clarividente Cerstin Gammelin recuerda con claridad absoluta este punto de nuestro descarado egoísmo económico nacional (Süddeutsche Zeitung desde el 21 de junio de 2018).

 La causa de la disolución Trumpiana de Europa

(...) A lo que me refiero es a la redefinición condicional del término solidaridad: ese es el punto de ruptura semántica donde las grietas se muestran ahora en la certeza de que los alemanes somos los mejores europeos. 

 Contrario al clamor delirante acerca de los pagos de transferencia, que nunca se han cumplido, lo que lentamente se está infiltrando en la conciencia pública es tanto la falta de legitimidad como los efectos dudosos de restricciones presupuestarias que obstaculizan la inversión, junto con reformas del mercado laboral que resultan que generaciones enteras están sin trabajo.  (...)

 "Solidaridad" es un término que describe la relación mutuamente confiable entre dos actores que se han convertido en parte de un proyecto político conjunto por su propia voluntad. La solidaridad no es caridad, y ciertamente no es una forma de condicionamiento en beneficio de uno de los actores.

 Aquellos que se comprometen en solidaridad están dispuestos a aceptar una desventaja a corto plazo al servicio de su propio interés a largo plazo y en el conocimiento de que el otro se comportará de la misma manera en una situación similar.  (...)

Las condiciones obligatorias y rígidas para la llamada ayuda solidaria exponen claramente la falta de tal fundamento de confianza y el vacío de nuestra propia imagen como buenos europeos.En las negociaciones sobre las propuestas de reforma de Macron, mientras tanto, Alemania y los otros países llamados donantes, a remolque de ésta, vacilan una vez más en transformar una unión monetaria que funciona de manera insuficiente en una Euro Unión política. 

 Una eurozona democrática no solo tiene que ser "impermeable" a la especulación, por medio de una unión bancaria, un procedimiento de insolvencia correspondiente, un plan de seguro de depósito conjunto y un fondo monetario a nivel de la UE.

 Más que nada, debe estar equipado con suficientes competencias y medios presupuestarios para intervenir a fin de evitar que los Estados miembros se distancien económica y socialmente. No se trata solo de la estabilización fiscal, sino de la convergencia: la intención política creíble de que los estados miembros más poderosos política y económicamente, cumplirán la promesa rota de la moneda común con desarrollos económicos convergentes.

 El populismo de derecha puede alimentarse de los prejuicios anti-migrantes y los temores de la modernización proliferan en la clase media, pero los síntomas no son la enfermedad misma. La causa subyacente de la regresión política es la desilusión palpable de que la UE en su estado actual carece de la eficacia política necesaria para contrarrestar las tendencias de creciente desigualdad social dentro y entre sus Estados miembros. 

 En primer lugar, el populismo de derecha se está beneficiando de la percepción generalizada de que la UE carece de la voluntad política para ser políticamente eficaz. El núcleo de Europa que se está desmoronando en la actualidad -en la forma de una Euro Unión efectiva- sería la única fuerza concebible capaz de prevenir la destrucción de nuestro modelo social invocado con frecuencia.

 En su condición actual, la unión solo puede acelerar esta peligrosa desestabilización. La causa de la disolución Trumpiana de Europa es la conciencia creciente, y, Dios sabe, realista, entre la población europea de que falta la voluntad política creíble de salir de esta espiral destructiva. En cambio, las élites políticas están siendo absorbidas por el tímido oportunismo impulsado por los encuestadores de mantener el poder a corto plazo.  (...)

Creo que las élites políticas -primordialmente los desanimados partidos socialdemócratas- subestiman la disposición de sus votantes para comprometerse con proyectos que van más allá del estrecho interés propio.

 El hecho de que este punto de vista no sea solo un reflejo de ideales filosóficos no cumplidos se puede ver en la publicación más reciente del grupo de investigación liderado por Jürgen Gerhards, quien durante años ha llevado a cabo estudios comparativos de amplio alcance e inteligentes sobre solidaridad en 13 estados miembros de la UE.  

No solo ha encontrado indicadores para una identidad europea compartida distinta de la identidad nacional, sino también una voluntad inesperadamente alta de apoyar las políticas europeas que implicarían la redistribución a través de las fronteras nacionales.

La crisis italiana es quizás la última oportunidad para reflexionar sobre la obscenidad de una unión monetaria que impone un sistema estricto de reglas en beneficio de sus Estados miembros más fuertes, pero que no proporciona, en compensación, la libertad para la acción política conjunta a nivel europeo.

 Es por eso que el primer y pequeño paso hacia el establecimiento de un presupuesto de la eurozona que forzó Macron tiene una importancia tan simbólica. El hecho de que un gobierno alemán, poniendo el pie en la pared, exija concesiones para cada pequeño paso hacia la integración es ridículo. (...)

 El gobierno alemán ha enterrado su cabeza en la arena, mientras que el presidente francés ha dejado en claro que quiere hacer de Europa un jugador global en la lucha por un orden mundial liberal y más justo. La información en la prensa alemana sobre el reciente compromiso alcanzado por Macron y Merkel es igualmente engañosa, como si la aceptación de Merkel de un presupuesto de la eurozona hubiera sido un éxito muy necesario para Macron, hecho a cambio de su apoyo a su plan de asilo.

 Esa descripción ignora el hecho de que Macron al menos ha dado los primeros pasos hacia una agenda que va mucho más allá de los intereses de un solo país, mientras que Merkel lucha por su supervivencia política. Macron es justamente criticado en su propio país por la naturaleza socialmente desequilibrada de sus reformas, pero está por encima de otros líderes europeos porque analiza cada problema actual desde una perspectiva mucho más amplia y, por lo tanto, no está condenado a actuar de manera reactiva. 

 Él tiene el coraje de dar forma a la política. Y su éxito contradice la afirmación sociológica de que la complejidad de nuestra sociedad solo permite un estilo de gobierno estrechamente centrado en la evitación de conflictos.  (...)

Las identidades nacionales fueron, más bien, creadas intencionalmente por élites dirigentes al adaptar la conciencia compartida de las poblaciones a los contextos funcionales ya existentes y de mayor alcance de los Estados territoriales modernos y las economías nacionales.  

Hoy, las poblaciones nacionales están abrumadas por los imperativos funcionales políticamente incontrolables de un capitalismo global que está siendo impulsado por mercados financieros no regulados. La retirada asustada detrás de las fronteras nacionales no puede ser la respuesta correcta a ese desafío."                     ( , Social Europe,

13.7.18

Resulta imprescindible abrir un debate sobre los perjuicios y los beneficios de pertenecer a la zona euro, por los elevados costes que tiene para las economías meridionales mantenerse dentro de la misma

"(...) Más Europa, ese el camino donde, según este discurso, todos nos podemos encontrar, donde todos finalmente ganamos. Pero ¿qué realidad se oculta detrás de tanta retórica vacía, de tanto europeísmo de salón? 

Más Europa significa un punto y seguido en la implementación de políticas destinadas a: favorecer la posición dominante de los oligopolios productivos y financieros y de los grandes bancos; reformar los mercados de trabajo con el objetivo de debilitar la capacidad de negociación de las organizaciones sindicales, presionar sobre los salarios y facilitar el despido de los trabajadores; meter las tijeras sobre el gasto público social y productivo y aumentar la presión fiscal sobre las clases medias y bajas; privatizar y mercantilizar los espacios y derechos que garantizan los estados de bienestar; dar el visto bueno a tratados internacionales de comercio y de inversión que suponen una inaceptable cesión de soberanía de los poderes públicos en beneficio de las corporaciones transnacionales; (...)

Una Europa que, por lo demás, se encuentra en un acelerado proceso de desintegración económica y política. Mientras que Alemania se ha financiado en estos años de crisis a un coste muy reducido o incluso nulo, los países de la periferia han tenido que pagar un plus en tipos de interés para obtener recursos en los mercados. 

También son muy diferentes las condiciones en las que acceden a la financiación las empresas, dependiendo del país en que se ubican y de su capacidad para operar como grupo de presión ante los poderes públicos; un ejemplo, entre otros muchos que podrían ponerse, es el privilegiado acceso de algunas grandes corporaciones a la financiación en condiciones muy favorables procedente del Banco Central Europeo. 

Ese proceso desintegrador se observa asimismo en el aumento de la brecha entre las capacidades productivas y comerciales de las economías meridionales del sur de Europa y las del norte; en las diferentes estructuras tributarias existentes dentro del territorio europeo, en la competencia fiscal a la que se han entregado algunos de los socios comunitarios para atraer inversiones extranjeras y en la tibieza con que los responsables comunitarios han tratado los paraísos fiscales; en la creciente brecha social entre las elites y la mayoría de la población y en la pérdida de peso de los salarios en la renta nacional; y en la desigual respuesta de los gobiernos al drama de las personas refugiadas y a la inmigración.  (...)

Añadamos a este panorama el terremoto político que está viviendo Europa. La extrema derecha y los partidos conservadores de derechas se convierten en la piedra angular del cada vez más endeble edificio comunitario. 

Los nuevos partidos avanzan con un mensaje confuso, donde se mezclan posiciones xenófobas y racistas con una crítica de la burocracia y las políticas comunitarias. Con este mensaje, han recogido importantes apoyos sociales entre las clases populares. (...)

Estos partidos están canalizando una parte, en absoluto despreciable, del descontento de una sociedad que se sienta estafada y vapuleada por los políticos –de izquierda y de derecha- confortablemente instalados en el establishment, del que, indudablemente, forman parte las instituciones comunitarias, la alta burocracia que las habita y las políticas que estas promueven.

 Sería un error pensar que se trata de un voto de derechas o que se reconoce e identifica en la iconografía fascista –aunque es evidente que existe este perfil-; tampoco creo que el voto tenga un claro contenido ideológico –a pesar de que sí lo tengan los partidos que han respaldado -. 

Es un voto que representa a una parte de la población indignada, que ha sufrido la crisis y que no está disfrutando de los beneficios de la recuperación, que es permeable al discurso de “los de arriba y los de abajo”, “nosotros y los de afuera”, tan querido y utilizado por los partidos que están ganando posiciones electorales.

Resulta, en este contexto, preocupante y revelador que la izquierda alternativa y transformadora, muy débil en la mayor parte de los países europeos, no haya sido capaz de atraer a este amplio segmento social de descontentos; sobre todo cuando reiteramos que son legión los perdedores y que la gestión de la crisis ha beneficiado, muy especialmente, a las elites y las oligarquías. 

En este escenario –convulso, cambiante y amenazante-, en una situación de avanzada –quizá irreversible- desintegración de la Europa comunitaria y de la zona euro, ante el avance electoral de la derecha fascista y xenófoba es más importante que nunca levantar la bandera de Otra Europa.  (...)

El eje de la reflexión que debe abanderar esa izquierda no es bajo qué condiciones puede funcionar una unión monetaria, sino si la existencia de la misma es compatible con una política que beneficie a las mayorías sociales. Nuestra apuesta no puede ser preservar ni fortalecer la moneda única, sino preguntarnos sobre las necesidades, los recursos, los actores y, como consecuencia de todo ello, las políticas.  (...)

En otras palabras, la cuestión central a poner sobre la mesa es si la actual institucionalidad y las reformas que se quieren introducir en la misma permiten abrir las puertas a una política económica al servicio de las mayorías sociales; o si, por el contrario, esa política económica, piedra angular del discurso crítico, colisiona con el entorno institucional, actual y futuro, y los intereses que sustentan la moneda única. Opino que este segundo es el escenario sobre el que debemos trabajar, elaborar nuestras propuestas e intervenir social y políticamente.  (...)

El euro ha sido, desde el principio, el proyecto de las elites. Las reformas puestas en marcha durante los años de crisis y las más recientes refuerzan ese perfil oligárquico.

 En torno a la nueva constelación de intereses, se está asistiendo a una verdadera “refundación” de Europa y se está procediendo a una sustancial reformulación de las políticas comunitarias, reduciéndose a la mínima expresión las que podrían tener efectos más redistributivos y descartando las que apuntarían a una salida de la crisis cooperativa. 

La constitucionalización –en los ordenamientos legales de los países y en los tratados comunitarios- de las políticas neoliberales introduce una severa restricción a la hora de formular políticas alternativas a las que ahora se aplican. (...)

Para enfrentar los intereses de los lobbies y las corporaciones que se articulan al margen de cualquier tipo de regulación, es necesario plantear una acción política europea y global, y acumular fuerzas en esos ámbitos.

Hay que ser conscientes de que las posibilidades de construir Otra Europa a partir de la institucionalidad actual y de los intereses que se articulan en torno a ella son limitados; de hecho, son cada vez más reducidos. Cuando la zona euro conoce debilidades estructurales que no están siendo bien gestionadas, cuando la captura por parte de las elites de las instituciones y las políticas es evidente, cuando los procesos de desintegración avanzan sin freno, la izquierda transformadora, aunque el eje de la actividad política sea Otra Europa, tiene que contemplar la eventual salida o disolución de la UEM.

En este sentido, resulta imprescindible abrir un debate sobre los perjuicios y los beneficios de pertenecer a la zona euro, entre otras razones, por los elevados costes que tiene para las economías meridionales mantenerse dentro de la misma. 

Ese debate debe ser complementario con los costes asociados al abandono de la UEM o a su disolución. Ni se puede ignorar ni se debe postergar, pero tampoco cabe simplificarlo. Se trata de un asunto complejo y de gran calado, con importantes consecuencias económicas, políticas y sociales. (...)"         (Fernando Luengo, Economía crítica y crítica de la economía, 05/06/18)


Como alternativa a la salida del euro y para conseguir la soberanía financiera:  europeseta electrónica

Existe una descripción con mucho humor, de economía-ficción, sobre los beneficiosos efectos que se producirían si en Italia, el gobierno impusiera una moneda digital (allá por el 2020), para salir de la quiebra económica y política a la que la permanencia en el euro habría llevado al país. El objetivo se conseguiría rápidamente.

Los únicos perjudicados, los especuladores de la deuda. Ver: J. D. Alt: Europa, 2020: una ucronía iluminadora’. http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=5467  )
 
Los artículos de Juan José R. Calaza (Juan José Santamaría y Juan Güell) muestran con gran claridad las ventajas de una europeseta electrónica de circulación interna: 
 
Para entender la europeseta electrónica. Qué es y, sobre todo, qué no es. Enlace: http://www.farodevigo.es/opinion/2012/12/02/entender-europeseta-electronica/720458.html
 
Para salir de la crisis sin salir del euro: España debe emitir europesetas (electrónicas). Enlace: http://www.farodevigo.es/opinion/2011/11/27/salir-crisis-salir-euro-espana-debe-emitir-europesetas-electronicas/601154.html  
 
Las europesetas electrónicas, complementarias al euro, estimularán el crédito sin efectos colaterales perversos. Enlace:  http://www.rebelion.org/noticia.php?id=165815
 
Juan Torres insiste en que es necesario emitir una moneda complementaria al euro. Sus artículos:
 
 
Más información en: 'Si Grecia, España, o Andalucía emitiesen una moneda digital, respaldada por la energía solar instalada en sus tejados, alcanzarían la soberanía financiera. La de dar créditos a familias y empresas':    http://comentariosdebombero.blogspot.com.es/2014/06/si-una-autonomia-o-una-gran-ciudad.html

¿Los rusos acabarán con la OTAN? No, lo harán los norteamericanos... cousas veredes...

"Las relaciones de servidumbre se complican cuando los siervos las cuestionan, pero la crisis es letal cuando es el Señor el que las revienta.

 Recuerden aquel Pacto de Varsovia al que se le fundieron los plomos cuando su amo moscovita renegó del mantenimiento de su zona en Europa del Este mientras tejía un acuerdo de paz y distensión tras otro con su enemigo. Allí se acabó todo. Algo parecido ocurre ahora con la OTAN.

Desde 1949 ha sido la institución que resumía la sumisión, el vasallaje y la tutela de Estados Unidos sobre Europa occidental. La seguridad europea ha estado desde entonces bajo mando del comandante de las fuerzas armadas de Estados Unidos en Europa. (...)

Ahora Trump reniega de la OTAN alegando motivos contables y todo se tambalea. 

Los vasallos no saben qué hacer. Prometen incrementar el gasto de defensa, recuerdan, reviven y provocan los peligros moscovitas que mantuvieron vivo y unido a todo el club durante décadas, y la declaración del presidente del Consejo Europeo suena a grito desesperado: “América no tiene, y no tendrá, mejor aliado que Europa”. 

Los vasallos no saben qué hacer cuando el Señor reniega de ellos. Y eso en medio de tensiones comerciales sin precedentes entre Washington y la Unión Europea (...)

Una de las soluciones encontradas para la crisis desintegradora de la UE era, precisamente, la “Europa de la defensa”. Conforme la UE se hundía en sus contradicciones, se exacerbaba la crisis con Rusia, particularmente desde hace unos diez años. 

Había una lógica pareja en aquella doble tendencia de crisis interna y tensión exterior. Gracias a unos medios de comunicación estructuralmente corruptos, los números no cambiaban el asunto.

Los gastos militares de la OTAN ascienden a 954.000 millones de dólares, los de Rusia a 66.000 millones, sin embargo es la OTAN la que clama sobre la “amenaza rusa”.  (...)

Ahora el encuentro del próximo lunes 16 de julio entre Trump y Putin, su primera cumbre bilateral, amenaza con desmoronar todo ese desesperado teatro. Los vasallos están nerviosos, inseguros, desorientados.

 ¿Tendrán algún sentido las maniobras previstas para otoño en Noruega (Trident Juncture), las mayores previstas por la OTAN desde el fin de la guerra fría cuando el propio jefe se toma una pesicola con el demonio putiniano?  (...)

Es la hora de las incongruencias. Recuerden el caso Skripal.  

El 5 de marzo un exagente ruso y su hija aparecían envenenados por una presunta sustancia nerviosa de uso militar cerca de Salisbury. Al día siguiente se acusaba a Rusia del hecho. En una semana el Reino Unido expulsaba a 23 diplomáticos rusos y a la semana siguiente los países de la OTAN se sumaban a la medida expulsando a decenas de diplomáticos. 

El agente y su hija se restablecieron. Esta semana ha muerto una persona en la misma zona, donde, en Porton Down, hay una fábrica de armas químicas británica. Su pareja está muy grave. Sin embargo no hay ninguna reacción. ¿Alguien explica algo?

Habrá que ver qué pasa el lunes entre Trump y Putin en Helsinki, pero la misma cumbre ya dice algo: pese a la extraordinaria presión contra su diálogo con Rusia, que movilizó a demócratas, republicanos atlantistas, militares y servicios secretos contra cualquier veleidad de acercamiento (hasta se desempolvó un kafkiano y rancio macartismo mediático, particularmente agudo en Estados Unidos y en Alemania), Trump se ha salido con la suya.

 Ha cubierto de dinero al complejo militar-industrial y veremos donde llega. Pero de momento parece que estamos más cerca de los funerales de la OTAN."               (Rafael Poch, CTXT, 11/07/18)