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25.1.18

Ventajas económicas de legalizar las drogas

"(...) La ilegalización: Un cheque en blanco para las mafias.

No existe nadie más interesado que las mafias para que los Estados establezcan y mantengan leyes contrarias a la legalización de las diferentes drogas. Es un sueño hecho realidad para que cualquier tipo de organización que se dedica al comercio de un determinado producto.  (...)

Fruto de esta prohibición, nacen mafias que se dedican a la producción y distribución de drogas en el mercado negro. Estas mafias operan en zonas determinadas, por lo cual se establece un monopolio.

Los beneficios para un monopolio son claros, se convierte en el productor único, y en consecuencia podrá establecer los precios de distribución y venta sustancialmente más elevados, frente a una alternativa de mercado competitivo en la que múltiples ofertantes estuvieran dispuestos a producir las diferentes drogas.

En el mercado se compite y el más ineficiente quiebra... Sin embargo, en las mafias las reglas de juego son diferentes: Al que compite se le elimina (literalmente). De hecho, es frecuente que las diferentes mafias vivan en convivencia cuando “controlan” un territorio y existan “disputas” cuando una mafia ve que en su territorio ha entrado en juego otra mafia.

En consecuencia, surge un monopolio que recibe beneficios extraordinarios que reinvinvierte en la acumulación de armas o diferentes sobornos para mantenerse como productor y distribuidor en exclusiva. Por ello, aparecen los altos niveles de criminalidad.

Consecuencias económicas de la legalización de las drogas

La consecuencia económica en la legalización de las drogas sería un descenso generalizado de los precios frente a la alternativa del mercado negro ya que muchos empresarios se pondrían a producir, de la manera más eficientemente posible. No obstante, está afirmación es temporal ya que los Estados tienen cierta fijación con estos productos y gravarlos con Impuestos Especiales.

Las mafias no tienen sentido en un entorno de legalización, por lo que su negocio se vería seríamente dañado por el descenso de los ingresos que hundiría parcial o fatalmente la estructura criminal que se genera en su entorno. Veríamos por lo tanto, un descenso en los niveles de criminalidad.  (...)

Desd el punto de vista del Estado, la legalización de las drogas implicaría un ahorro para los contribuyentes, tanto por el coste de la identificación y sanción al consumidor como por la persecución de las mafias.  (...)

¿Qué aprendimos con la Ley Seca?


La prohibición del alcohol en los Estados Unidos duró 13 años desde el año 1920 hasta finales de 1933. Mintras que la intención era reducir el consumo de alcohol eliminando los negocios que lo fabricaban, distribuían y vendían, el plan fracasó estrepitosamente. 


La tasa de mortalidad por alcoholismo se redujo en un 80% en 1921 con respecto a los niveles anteriores a la guerra, mientras que los delitos relacionados con el alcohol disminuyeron notablemente. Sin embargo, siete años después de su entrada en vigor, el total de muertes por licor adulterado se disparó superando las cifras iniciales y hubo muchos más casos de ceguera y parálisis.

Hacer cumplir la ley resultó ser casi imposible con el surgimiento y la extensión del contrabando. La asignación original del Congreso para la aplicación de la ley fue de 5 millones de dólares. Varios años después, el Gobierno estimó que la aplicación de la ley costaría 300 millones de dólares.


La imposibilidad de restringir el contrabando y la inevitable corrupción que lo acompañaba, finalmente condujo a un desencanto público generalizado con la Ley Seca y a su abolición el 5 de diciembre de 1933."              (Marc Fortuña, El Blog Salmón, 19/01/18)

9.1.18

El fracaso de la guerra contra las drogas

"La guerra contra las drogas en Estados Unidos ha sido un fracaso que ha arruinado vidas, ha abarrotado las cárceles y ha costado una fortuna. Comenzó durante el gobierno de Nixon con la idea de que, dado que las drogas son malas para las personas, tiene que ser difícil conseguirlas. En consecuencia, se planteó una guerra contra el suministro.


Durante la epidemia del crack en la década de los ochenta, Nancy Reagan, la primera dama, trató de cambiar este enfoque. Sin embargo, su campaña para reducir la demanda, “Di no a las drogas”, tuvo un respaldo limitado.


El 25 de octubre de 1988, después de enfrentarse a las objeciones de una burocracia enfocada en el suministro de drogas, le dijo a una audiencia de las Naciones Unidas: “Si no podemos detener la demanda de drogas en Estados Unidos, habrá pocas esperanzas de evitar que los productores extranjeros satisfagan esa demanda.

 No lograremos nada si demandamos una carga de responsabilidad mayor en los gobiernos extranjeros que en los alguaciles, jueces y legisladores estadounidenses. El cartel de la cocaína no comienza en Medellín, Colombia. Comienza en las calles de Nueva York, Miami, Los Ángeles y en cada una de las ciudades estadounidenses donde se vende y compra crack”.


Su advertencia, aunque profética, no fue tomada en cuenta. Los estudios muestran que Estados Unidos tiene una de las tasas más altas de abuso de drogas del mundo. Aunque restringir el suministro no ha logrado frenar su consumo, las políticas draconianas han llevado a miles de jóvenes adictos a llenar las cárceles estadounidenses, donde aprenden a convertirse en verdaderos criminales.


La prohibición de las drogas también han creado incentivos económicos perversos que hacen muy difícil combatir a los productores y distribuidores de drogas. El alto precio de las drogas en el mercado negro les ha generado a los grupos que las producen y las venden ganancias enormes, que invierten en comprar armas sofisticadas, contratar pandillas que defiendan su negocio, sobornar a funcionarios públicos y, con la idea de convertirlos en adictos, hacer que las drogas sean de fácil acceso a los niños.


Las pandillas de los carteles, armadas con dinero y armas provenientes de Estados Unidos, están causando un caos sangriento en México, El Salvador y otros países de América Latina. Solo en México, la violencia relacionada con las drogas ha tenido un saldo de 100.000 muertes desde 2006. Esta violencia es una de las razones por las que la gente deja sus países y huye a Estados Unidos.


Si se considera todo lo anterior, es fácil ver que la estrategia que se enfoca en el suministro ha sido muy poco eficiente en disminuir las adicciones y, en cambio, ha provocado una serie de efectos colaterales terribles. Entonces, ¿qué podemos hacer?


En primer lugar, los gobiernos de Estados Unidos y México deben reconocer el fracaso de esta táctica. Solo en ese momento podremos abocarnos a diseñar a nivel nacional campañas educativas rigurosas para convencer a las personas de no consumir drogas. (...)

La crisis actual de opioides profundiza la importancia de frenar la demanda. Este enfoque, con suficientes recursos y el mensaje correcto, podría tener un impacto similar al de la campaña para reducir el consumo de tabaco.


También debemos despenalizar la posesión a pequeña escala de drogas para uso personal, de manera que se detenga el flujo de consumidores no violentos al sistema penal. En Estados Unidos, algunos estados han dado un paso en esta dirección al despenalizar la posesión de cierta cantidad de marihuana.

 La Suprema Corte de Justicia de la Nación en México también declaró que las personas deberían tener derecho a cultivar y distribuir marihuana para uso personal. Al mismo tiempo, debemos seguir considerando ilegal la posesión de grandes cantidades de droga, de manera que los traficantes puedan ser procesados judicialmente y se mantenga cierto control sobre el suministro.


Por último, debemos crear centros de tratamiento de primer nivel con personal capacitado, donde la gente esté dispuesta a ir sin temor de ser condenada y con la confianza de que recibirá una atención eficaz. 

La experiencia de Portugal sugiere que los jóvenes que consumen drogas pero aún no son adictos a menudo pueden dejarlas. Aunque es difícil lograr que los adictos de más edad dejen las drogas, los programas de tratamiento pueden ofrecerles servicios útiles.
Ante un problema tan complejo, debemos estar dispuestos a experimentar con distintas soluciones. 

  ¿Qué mensajes son más eficaces? ¿Cómo pueden lograrse tratamientos efectivos para distintos tipos de drogas y diferentes grados de adicción? Debemos tener la paciencia para evaluar qué funciona y qué no. Pero debemos comenzar ya.

A medida que estos esfuerzos progresen, las ganancias del narcotráfico se reducirán en gran medida, aun cuando los riesgos de involucrarse en él sigan siendo altos. El resultado será una disminución gradual de la violencia en México y los países centroamericanos.


Tenemos una crisis en nuestras manos, y durante los últimos cincuenta años hemos sido incapaces de resolverla. Sin embargo, hay opciones. Tanto Estados Unidos como México necesitan ver más allá de la idea de que la adicción a las drogas es un problema judicial que puede solucionarse con arrestos, juicios penales y restricciones al suministro. Debemos atacarlo juntos con políticas de salud pública y educación.


Aún estamos a tiempo de persuadir a nuestros jóvenes de no arruinar sus vidas." 
  
           (George P. Shultz ha sido secretario del Tesoro y secretario de Estado en Estados Unidos y es miembro de la Hoover Institution en Stanford. Pedro Aspe fue secretario de Hacienda y Crédito Público en México. The New York Times.es, 03/01/18)

2.7.08

El ¿mercado libre? de la droga

Las políticas represivas no reducen el consumo de drogas.

La legislación y la persecución policial no son determinantes en las prácticas de la población frente a las drogas. Ésta es una de las conclusiones de un metaestudio (un trabajo hecho a base de combinar otros existentes) que ha elaborado un equipo internacional dirigido por Louisa Degenhardt, de la Universidad de New South Wales en Sidney (Australia). (…)

En 16 de los 17 países más de la mitad de la población adulta ha bebido alcohol. Nueva Zelanda es líder con el 94,8%. En España la proporción es del 86,4%. El mínimo lo marca Suráfrica (40,6%). (…)

En las sustancias ilegales la horquilla se estrecha. En el consumo de cannabis el máximo lo marca Estados Unidos (42,4%), y el mínimo China (0,3%). España queda en la parte media de la tabla (15,9%).

EE UU destaca en el uso de cocaína. La ha probado el 16,2%. España es tercera, con el 4,3%, detrás de Nueva Zelanda. En siete países la tasa es inferior al 1%.” (EL PAÍS, ed. Galicia, Sociedad, 30/06/2008, p. 39)

22.1.08

Las drogas, una anestesia química

“En esta historia falta el final feliz: “Las drogas son esencialmente aburridas y una pérdida de tiempo. Es tener la misma experiencia una y otra vez. Realmente, sustituyes las experiencias vitales por la droga; básicamente, reduces tus vivencias a una especie de anestesia química.

Es tedioso, aterrador y deprimente. Al principio parece que funciona, te hace sentir mejor, más sociable, más echado para delante y con más éxito, y confortable. Pero, al final, la cuestión es que tienes suerte si no te mata o no mata a cualquier otra persona. Te dices que nunca más volverás a probarla una y otra vez. Cada mañana en la que te levantas enfermo, dices ‘nunca más’.

Hay momentos terriblemente humillantes y descorazonadores, momentos clave
, como presentarte delante de tus hijos totalmente drogado o quedarte dormido en una cena de Acción de Gracias por efecto de las drogas o el alcohol, o levantarte por la mañana y tener que dedicar tres horas a buscar tu coche porque no tienes ni idea de dónde lo has aparcado.

Mi momento clave fue con la metadona
: cuando tienes que viajar, te dan la cantidad necesaria. Recuerdo que tuve que hacer un viaje a Japón y, una semana antes de marchar de gira, me dijeron que la ley allí impedía introducir ninguna sustancia. No podía cancelar la gira. Me armé de valor y viajé sin la metadona. No podía comer nada, tenía convulsiones, como un animal enjaulado y loco en la habitación. Fueron dos semanas de mono y ahí lo supe. Ahora estoy recuperado”. (Manuel Cuellar: El rock agridulce de James Taylor. El País Semanal, 20-01-08, pp. 15)