Mostrando entradas con la etiqueta b. Antisistema: 15 M. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta b. Antisistema: 15 M. Mostrar todas las entradas

23.5.24

15M: actualidad de un ‘fantasma’... ¿De qué nos puede servir convocar e interrogar hoy al fantasma del 15M? Ninguno de los anhelos del 15M –democracia real, igualdad efectiva, vida vivible– se ha materializado. Aún es preciso materializar al fantasma... Una salida posible es retomar las preguntas, volver a los problemas, reformular las promesas incumplidas... El espectro del 15M nos habla de una posibilidad de hibridación (tensa, compleja, no garantizada) entre lo público y lo común. Si recordamos aquellos años de política callejera encontraremos que se buscó conectar, poner en sintonía, las luchas por la defensa de lo público (ahí estaban las Mareas para demostrarlo) junto a la producción de nuevos comunes por fuera de las lógicas burocrático-representativas (huertos urbanos, cooperativas integrales, okupaciones, centros sociales, asambleas barriales, etc.)... Es la promesa que aupó a tantas candidaturas municipalistas al poder, una promesa que no se pudo mantener y que precipitó después su caída (Amador Fernández-Savater)

 "Sería demasiado fácil, ahora que se vuelven a levantar por todas partes acampadas de protesta, ya sea contra el genocidio en Gaza o contra el ecocidio en las islas Canarias, señalar ahí la herencia actual del movimiento de las plazas de 2011 o del 15M en particular; afirmar la continuidad de un impulso de movimiento a partir de la persistencia de una práctica, de una técnica, de una serie de gestos.

Sin desestimarla, nosotros preferimos ahora pensar la actualidad del 15M como la insistencia de una serie de preguntas, de problemas no resueltos, de posibilidades históricas incumplidas. En definitiva, como la presencia de una ausencia: el 15M como espectro, como fantasma.

Hauntología

La “hauntología” (ciencia de lo fantasmagórico) fue un término acuñado por el filósofo Jacques Derrida para referirse a la misteriosa continuidad espectral de la obra de Marx tras la caída del Muro de Berlín. Algo que se da por muerto sigue, sin embargo, acechando el presente con incómodas preguntas. Sus enemigos sienten sudores fríos aparentemente ya sin motivo (“comunismo o libertad”), mientras sus simpatizantes se esfuerzan en convocar al fantasma de vuelta.

Antes de Derrida, otros pensadores en la órbita de la Escuela de Frankfurt, como los alemanes Walter Benjamin o Herbert Marcuse, señalaban que todo presente político está asediado siempre por fantasmas del pasado que lo acechan e incomodan, sin dejarle dormir en paz los sueños de un “final de la Historia”. Son los fantasmas de todas las potencialidades de cambio que en la historia han sido, derrotadas y refrenadas –muchas veces a sangre y fuego– pero no por ello desaparecidas.

En el siglo XXI, ha sido el pensador británico Mark Fisher –ya fallecido– quien más ha insistido en convocar a los espectros contra los presentes que se cierran sobre sí mismos de modo autocomplaciente: los fantasmas de todo lo que pudo ser y no fue, de los fracasos revolucionarios y sus promesas incumplidas, de esa memoria herida que trae una y otra vez recuerdos de otra vida posible, por fuera de esa que nos propone el mercado.

Si la melancolía según nos enseña Freud nos fija a algo que fue y ya no es, congelándonos en la repetición de un pasado falsificado e idealizado, la nostalgia por el contrario es la añoranza activa de un posible, de una experiencia vivida que trata de regresar y reactivarse en el presente. Como la nostalgia por la infancia, por un amor, por una aventura del pasado. No nos convoca a repetir, sino a traducir, recrear, reinventar.

La figura del fantasma nos habla de una latencia subterránea, invisible y difícil de percibir pero efectiva. La latencia de una serie de preguntas, problemas y desafíos pendientes. Esa latencia nos conduce, no al lamento quejoso por lo que hubo y ya no hay (el Partido, la Organización, la Clase Obrera), sino a la exigencia de detectar y encender las brasas de la historia, para reabrir de nuevo el presente hacia un futuro desconocido.

Los cinco mensajes del fantasma

¿De qué nos puede servir convocar e interrogar hoy al fantasma del 15M? Puede sugerirnos vías de salida posibles a algunas trampas políticas en las que estamos encerrados. Sugerencias, no recetas. El fantasma siempre habla de forma encriptada y nos exige un esfuerzo activo de interpretación, de recreación, de traducción.

En concreto, pensamos en cinco trampas políticas que asfixian hoy lo posible, cinco “alternativas infernales” en palabras de Isabelle Stengers, cinco binarismos o dicotomías fatales que estrangulan la acción y la imaginación, la subversión del presente.

En primer lugar, la trampa de las identidades solipsistas. En las identidades se coagula la sangre por donde manan las heridas de nuestra modernidad, el problema con ellas no es otro que esa coagulación. ¿Qué significa esto?

La “herida del poder colonial” da como resultado una respuesta antirracista, indígena y decolonial que pugna por existir frente al olvido y la violencia. La “herida heteropatriarcal” engendra una potencia feminista/queer dispuesta a recategorizar lo vivo y las formas de vida. La “herida de clase” sigue ofreciendo a los cuerpos un canal fértil para experimentar disposiciones anticapitalistas. La “herida ecológica” incuba un nuevo imaginario capaz de empujar nuestra conciencia más allá del antropoceno.

Estas heridas manan sangre de manera inevitable y necesaria, un flujo dinámico de respuestas e imaginarios frente a la pedagogía de la crueldad. El problema es que la sangre se coagule en forma de trinchera y dogma, imposibilitando el encuentro con el otro, jerarquizando los daños, frenando la configuración de un flujo común de rechazo y transformación. En ese caso las identidades se vuelven solipsistas, jaulas del pensamiento y la acción, identidades identitarias.

El fantasma del 15M nos trae imágenes de una lógica compositiva y transversal, dirigida no tanto a jerarquizar o borrar las heridas, como a buscar mecanismos de encuentro, presencia común y alianza estratégica entre ellas; nos devuelve la interrogación por la composición entre diferencias, por la alianza entre extraños, como la única posibilidad de que algo se mueva, de que el suelo del poder tiemble.

En segundo lugar, la trampa del Estado-nación como único modo de tejer la convivencia entre territorios. Nacionalismo español versus nacionalismo catalán, pero ambos con los mismos problemas de esencialización de la identidad, de ocultación de las desigualdades, de centralización y expulsión de la diferencia.

En paralelo a esta, otra brecha territorial se ha abierto durante los últimos años. La hipertrofia de las metrópolis frente a la España Vaciada. Lo urbano frente a lo rural, con las tractoradas de agricultores ocupando las grandes ciudades como resultado del hartazgo, del malestar y el abandono secular al que han estado sometidos ciertos territorios y mundos desde la década de los sesenta.

El fantasma del 15M nos trae imágenes distintas para pensar todo esto. Fulguraciones y vislumbres de otros posibles. La solidaridad entre las plazas, por ejemplo. La activación de la protesta en Madrid cuando la acampada de Barcelona fue desalojada brutalmente (“¡Barcelona, no estás sola!”). Las decenas de ciudades y pueblos de todos los tamaños conectados a una misma inteligencia colectiva, desde Granada a León pasando por Cáceres, Murcia, Valencia, Cádiz, Sevilla, Zaragoza. Los lazos de cooperación y solidaridad interterritorial para articular movimientos como el de vivienda (la PAH, Stop Desahucios), las Mareas Ciudadanas, las Marchas de la Dignidad, con sus diferentes columnas procedentes de las distintas geografías del país.

Estas otras imágenes nos hablan de una articulación diferente de lo territorial. Otra forma de reconstruir los lazos sin negar las adscripciones locales, las historicidades culturales y lingüísticas, políticas y geográficas, ni las legítimas demandas de independencia y autonomía, sino buscando, frente a un neoliberalismo feroz que jerarquiza territorios e instala fronteras a su conveniencia, un frente de auxilio mutuo, una lógica compositiva de emancipación, una concepción emancipadora de la inter-dependencia a la que el mundo actual nos convoca.

En tercer lugar, la trampa de la alternativa entre lo público y lo común. Según los modos progresistas de pensar más convencionales, la defensa de lo público agota todas las posibilidades de la acción política, así la opción de lo común se ve con desconfianza: “cómplice del neoliberalismo”, etc.

¿Cuántas veces hemos escuchado desde 2015 que el objetivo era tomar el Estado porque ahí se juega la verdadera batalla del poder? ¿Cuántas veces se nos ha dicho que controlando el Estado se podía cambiar, de manera profunda, la vida de la gente?

La realidad durante estos años, sin embargo, nos ha devuelto una imagen más compleja. Se puede tener el Estado y no disponer del poder. Se puede controlar el BOE y no necesariamente cambiar de manera radical la vida de la gente. Se puede estar en el gobierno y no ser capaz de embridar el empuje de las élites que buscan condicionar buena parte de la vida social, económica y cultural del país.

El espectro del 15M nos habla de una posibilidad de hibridación (tensa, compleja, no garantizada) entre lo público y lo común. Si recordamos aquellos años de política callejera encontraremos que se buscó conectar, poner en sintonía, las luchas por la defensa de lo público (ahí estaban las Mareas para demostrarlo) junto a la producción de nuevos comunes por fuera de las lógicas burocrático-representativas (huertos urbanos, cooperativas integrales, okupaciones, centros sociales, asambleas barriales, etc.).

También es posible defender lo público desde lo común, defender lo público reinventándolo, radicalizándolo y profundizándolo, abriéndolo a más capas de participación de los usuarios, a experimentos de gestión ciudadana, de una vida política más allá de los partidos y los políticos profesionales. Es la promesa que aupó a tantas candidaturas municipalistas al poder, una promesa que no se pudo mantener y que precipitó después su caída.

En cuarto lugar, la trampa de la alternativa entre masividad y radicalidad. Por un lado, los pequeños grupos en los que se encarna la diferencia cualitativa, la promesa de una vida distinta, el ejemplo práctico de otro hacer. Por otro lado, los movimientos de masas, capaces sólo de demandar cambios cuantitativos, en una lógica de delegación y representación.

El fantasma del 15M nos trae nuevamente otros recuerdos. La gente común se volvía un poco “anarquista”, tomando iniciativas en nombre propio, encontrándose con otros para hacer, poniéndose en marcha. A la vez, los “anarquistas” salían de sus guetos homogéneos y autocomplacientes, para dialogar con sus vecinos y vecinas en pie de igualdad, sin lecciones que dar sino en un aprendizaje recíproco.

Las consignas más radicales, aquellas que tocan el corazón de nuestro sistema político (“lo llaman democracia y no lo es”, “no nos representan”), eran coreadas por miles en las calles y sostenidas por millones en las encuestas. Se cortocircuitó así la falsa alternativa entre verdades radicales de pequeños grupos y conformismo de masas.

El clima 15M atravesaba incluso, con sus afectos alegres de iniciativa y cooperación, el mismo espacio comunicativo, las redes sociales y los medios mainstream. Hoy esto parece imposible, las redes sociales se han vuelto pasto de las pasiones tristes de la acusación y el resentimiento hacia el otro, pero el 15M muestra que una atmósfera afectiva puede cambiar y torcer el destino de los instrumentos más banales y cotidianos.

Los medios mainstream hablaban del 15M y esto, lejos de integrarlo o recuperarlo, lo propagaba, lo expandía, lo extendía. No existía tanto el miedo a ser “manipulados”, como la confianza en la propia fuerza de contagio. Es posible que la comunicación extienda las resonancias de un movimiento, cuando esta se impregna de territorios y prácticas, de cuerpos y mundos de vida. Hoy, sin embargo, la comunicación política es lo que es porque está sostenida sobre nada.

Por último, la trampa de la alternativa entre utopía y normalidad. Entre enclaves utópicos altamente autorreferenciales y normalidad masiva que sólo reclama “una vida sin problemas”.

Como nos enseñan los mayores teóricos de la utopía del siglo XX, como Ernst Bloch o Herbert Marcuse, el impulso utópico no es una especulación o un ideal de pureza inalcanzable, sino un pasaje, un umbral, una tensión entre lo que hay y lo que podría haber, entre lo que es y lo que podría ser, entre la normalidad y el otro mundo posible.

El hogar de la utopía es siempre “aquí-ahora”, pero al mismo tiempo “todavía no”. La utopía es potencialidad: está inscrita y arraigada en el presente inmediato, pero al mismo tiempo apunta y se proyecta “más allá”. Su crecimiento y expansión requiere tiempo y la negación-superación de lo que existe, en el sentido de que lo que hay ahoga y asfixia el embrión de lo por venir.

Durante los meses y años en los que el clima 15M estuvo vivo, una tensión fecunda se estableció entre lo que hay y lo que puede haber. Ni la gente en las calles reivindicaba simplemente “más de lo mismo”, ni se construían “mundos alternativos” sin pie ninguno en la realidad, sino que lo extraordinario se hizo mundo común y al revés. En la normalidad habitaban los potenciales de una realidad otra, sin perder nunca de vista el mundo presente y compartido.

Materializar el fantasma

Las respuestas que trataron de dar curso a lo que propuso el 15M pudieron ser fallidas: desde el municipalismo hasta Podemos, pasando por el regreso a un autonomismo identitario. Pero lo fallido de las respuestas no invalida en ningún caso la pertinencia de las preguntas.

¿Cómo tejer lo común entre las diferencias? ¿Cómo radicalizar lo público, abriéndolo a la participación de cualquiera? ¿Cómo salir de los imaginarios centralizadores a la hora de componer territorios? ¿De qué modo romper la alternativa entre masividad y radicalidad? ¿Cómo arraigar el impulso utópico en lo cotidiano?

Los problemas que no se responden acaban pudriéndose. El campo de la transformación social (lo que por comodidad llamamos “izquierda”) vive hoy en una descomposición acelerada. El presente parece desesperado y sin salida: sostener una izquierda paliativa por arriba o regresar a las identidades cerradas por abajo.

Una salida posible supone retomar las preguntas, volver a los problemas, reformular las promesas incumplidas. Una acción política de cualquiera y para cualquiera, capaz de tejer en la diferencia y alojar lo extraño como fuerza y no como debilidad. Desde nuevos lugares, a partir de otros objetos, mediante otras prácticas.

Ninguno de los anhelos del 15M –democracia real, igualdad efectiva, vida vivible– se ha materializado. Aún es preciso materializar al fantasma."

(Amador Fernández-Savater ha publicado recientemente Capitalismo libidinal; antropología neoliberal, políticas del deseo, derechización del malestar... Ernesto García López es antropólogo y escritor. Autor de Hospital del aire (Candaya, 2022). Destacan sus investigaciones sobre la construcción social del activismo en Madrid durante el ciclo 15M. CTXT, 14/05/24)

11.5.24

El legado del 15M... Todo fue tan fulgurante que resultó devastador para quienes lo protagonizaron desde las distintas líneas del frente... el 15M ha dejado muchas huellas. Hubo avances sociales que cristalizaron en leyes que han aumentado los derechos y las libertades. El feminismo aprovechó el empuje y los mimbres del 15M para ser un movimiento transformador y vanguardista. Puso sobre la mesa muchos de los debates actuales, desde la precariedad hasta la vivienda... Los avances son innegables, al igual que el desgaste... La reacción retrógrada es tan feroz precisamente porque se ha avanzado mucho. Mucho más de lo que pensaban y mucho más de lo que querían la derecha y los ultras, por lo que han intentado destruir cualquier avance de las maneras más ruines, desde las cloacas del Estado hasta las campañas de persecución, acoso y derribo. Eso quiere decir que se ha ido lejos (Javier Gallego Crudo)

 "(...) Todo fue tan fulgurante —a pesar de que parezca lejano, ha ocurrido en muy poco tiempo— que resultó devastador para quienes lo protagonizaron desde las distintas líneas del frente. Pese a la decepción que le provocó a mucha gente, el 15M ha dejado muchas huellas. Por ejemplo, consiguió lanzar a un partido político que en una década cambió el país de manera radical, implantar la actual pluralidad del Congreso y democratizar España.

Hubo avances sociales que cristalizaron en leyes que han aumentado los derechos y las libertades. El feminismo aprovechó el empuje y los mimbres del 15M para ser un movimiento transformador y vanguardista. Puso sobre la mesa muchos de los debates actuales, desde la precariedad hasta la vivienda. Fue un vuelco a la conciencia, aunque ha quedado mucho por hacer, pero vamos lentos porque vamos lejos.

Los avances son innegables, al igual que el desgaste, porque fue demoledor el cambio que se intentó hacer y demoledora también la respuesta para acabar con una transformación que les pareció excesivamente radical.

La reacción retrógrada es tan feroz precisamente porque se ha avanzado mucho. Mucho más de lo que pensaban y mucho más de lo que querían la derecha y los ultras, por lo que han intentado destruir cualquier avance de las maneras más ruines, desde las cloacas del Estado hasta las campañas de persecución, acoso y derribo. Eso quiere decir que se ha ido lejos, de ahí que la respuesta fuera brutal. (...)"

(Entrevista a Javier Gallego Crudo, Henrique Mariño, Público, 15/05/24)

21.12.21

Laudatio de Xoán Hermida: Conozco a Yolanda Díaz hace años, es una persona que no se mueve por el sectarismo y es elegante en la contienda política... Si hay alguien que por su capacidad de trabajo y seducción puede reflotar el espacio radical democrático es sin duda ella... porque el episodio de cambio, abierto simbólicamente por el 15M, no está cerrado en la medida que los motivos que dieron lugar a su aparición siguen sin tener respuesta una década después... y cualquier iniciativa que pase por superar Podemos y retomar la senda del 15M puede tener éxito electoral, bien para frenar la caída, bien para retomar una senda ascendente... mis mejores deseos a Yolanda Díaz en su nuevo proyecto, porque sería un orgullo –y casi una revancha poética- que como gallega alcanzara sus objetivos

 "Recientemente tanto José Félix Tezanos como Iván Redondo han destacado las fortalezas demoscópicas de Yolanda Díaz. El primero dándole un crecimiento significativo en las encuestas a UP, el segundo llegando a pronosticar que podría ser la próxima presidenta del gobierno. (...) ¿y si esta vez tuvieran algo de razón estos ‘gigantes’ de la sociología aplicada?

 Llevo diciendo hace tiempo que si bien es cierto que la nueva política en general -Podemos en particular- está muerta, y asistimos a un repliegue bipartidista; al contrario, el episodio de cambio, abierto simbólicamente por el 15M, no lo está en la medida que los motivos que dieron lugar a su aparición siguen sin tener respuesta una década después y que la desafección -por lo tanto, la crisis de representatividad- no solo no se ha resuelto, sino que se ha ampliado la brecha entre la sociedad y sus representantes.

En ese contexto cualquier iniciativa que pase por superar Podemos y retomar la senda del 15M puede tener cierto éxito electoral, bien para frenar la caída, bien para retomar una senda ascendente.

En ese sentido, solamente la sustitución de Pablo Iglesias por Yolanda Díaz en el liderazgo del espacio de Unidas Podemos ya ha tenido un resultado práctico, que es la bajada de decibelios en la política española, que en un momento de crisis institucional como en el que estamos instalados es una buena noticia para la democracia.

Se dice que el proyecto de Yolanda Díaz es personalista, nada diferente a lo que cualquier otro proyecto viejo o nuevo de la política española de los últimos tiempos. También se critica su ambición. Podría echar mano de un argumentario feminista, pero demasiado simple. Mejor referenciarse en la respuesta que Thaddeus Stevens, líder del sector radical del partido republicano, dio a los congresistas cuando pusieron en cuestión la moralidad de Lincoln: "¿Confianza? ¡Oh, lo siento! Estaba bajo el malentendido de que la profesión elegida por ustedes era la política". 

Conozco a Yolanda Díaz hace años y es una persona que no se mueve por el sectarismo y es elegante en la contienda política. Cuando la crisis de los noventa de Izquierda Unida nos tocó estar en posiciones enfrentadas lo cual no impidió mantener la amistad ni que volviéramos a colaborar en Alternativa Galega de Esquerdas. 

El final de En Marea merecería un apartado específico y bien se podría decir: ‘el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra’ (A saída da encrucillada, Epitafio para a nova política en Galicia; OBenComún; 2021). Si hay una persona que por su capacidad de trabajo y seducción puede reflotar el espacio radical democrático es sin duda ella. No obstante, el proyecto de ‘frente amplio’ –voy a respetar la denominación aparecida en prensa en este tiempo- tiene cuatro problemas para su avance.

1. La corriente de fondo que juega a favor de la derecha en España, con datos demoscópicos muy preocupantes, solo explicables ante la sensación de una parte importante del electorado de que la izquierda ha renunciado a tener un proyecto nacional. Y digo bien, proyecto nacional, porque las construcciones de identidad no son en el siglo XXI exclusivistas y por lo tanto se puede tener un proyecto nacional para España, desde el convencimiento de la existencia de realidades nacionales en su interior o del deseo democrático –casi una necesidad en una globalización bipolar chino-americana- de culminar la construcción nacional de Europa.

2. La reducción del nuevo proyecto a la esquina del tablero, a la tentación de refundación del espacio de la izquierda del PSOE o a la nostálgica recreación de un frentepopulismo sectario que lo situaría como una alianza no constructiva, arrinconada y sin capacidad de llegar a amplios sectores sociales. La cosa es así: no existe unidad de la izquierda sin la participación del PSOE y no existe una alternativa de radicalidad y regeneracionismo democrático con el PSOE

O, dicho de otra forma: la nueva política no venía para refundar los espacios de la izquierda y de la derecha extrema y convertir la democracia española en el galimatías en el que se tiene convertido, sino a substituir las viejas élites por unas nuevas y al PP y PSOE por Cs y Podemos, respectivamente.  Las últimas declaraciones de Yolanda Díaz apuntan a una apuesta por construir un proyecto transversal, recuperando el impulso originario del 15M y el ideario del primer Podemos. Imagino que es consciente que con esa apuesta se cruza un punto de no retorno que no gustará a los actuales dirigentes de Podemos.

3. El papel de los partidos. Sé de la coincidencia intelectual de Yolanda Díaz con muchos de los que desde el ciudadanismo formulamos diferentes salidas al papel asfixiante de los partidos -no confundir con la necesidad de una cultura organizativa y una metodología eficaz-. Son numerosas las intervenciones en los últimos años, algunas compartiendo palestra, en las que tenemos reflexionado sobre ello, pero una cosa es la expresión sincera de una idea y otra si en la práctica es posible abordar esa renovación o si algunos de los activos para un proceso de esa magnitud no tienden a atajar por un cierto tacticismo cortoplacista que antepone las urgencias a las necesidades. Y volver a empezar. En Galicia seria el cuarto punto de partida en 8 años.

Y esto enlaza con el cuarto problema.

4. La desconfianza compartida por muchos en esta última etapa.(...) la crisis de la nueva política tiene un desarrollo de poca honestidad militante e intelectual.  Las personas que se incorporaron -o reincorporaron- a la política a raíz del 15M lo hicieron movidos por unos estándares de regeneracionismo ético y de radicalidad democrática que para nada fueron abordados. Asistimos a una crisis de mayor calado por su dimensión, pues afectaba a sectores más amplios que los tradicionales de la izquierda, y por la sensación de estafa. Eso va a significar que una buena parte de los posibles receptores de la oferta de Yolanda Díaz no se vean esta vez interpelados o miren con desconfianza la enésima propuesta de unidad.

En todo caso mis mejores deseos a Yolanda Díaz en su nuevo proyecto, porque sería un orgullo –y casi una revancha poética- que como gallega alcanzara sus objetivos.

Tres fueron los primeros ministros gallegos en la España contemporánea y todos asumieron su cargo en momentos de crisis institucional. Dos de ellos, Casares Quiroga y Mariano Rajoy, actuaron como el avestruz, mirando para otro lado delante de los importantes retos a abordar. Quiroga no fue capaz de reconducir cara a la concordia el ambiente radicalizado de la España del 36, asegurando el respecto al estado de derecho y prestando atención a las numerosas advertencias de golpe de estado. Rajoy no abordo la dinámica catalana con la audacia política requerida, esperando al incumplimiento de la legalidad y no dejando más salida que abordar está con soluciones policiales y judiciales. El tercero, Pórtela Valladares, actuó llevado por una posición escrupulosamente democrática y con la calidad humana necesaria para evitar el conflicto.

Intuyo que la aventura de Yolanda Díaz no va a acabar -por ahora- en la Moncloa, pero de ser así, deseo que su presidencia se mueva en el marco de la corriente humanista de Pórtela Valladares y no en la del escaqueo irresponsable que caracterizo la presidencia de los otros dos para que no se siga confundiendo la desgana y la irresponsabilidad con un carácter tan propio de los gallegos como la capacidad de engañar a la realidad para soñar nuevas esperanzas."                  (Xoán Hermida , Historiador y director del Foro OBenComún, Público, 18/12/21)

24.9.21

10 años del movimiento que cambió la izquierda estadounidense... Occupy Wall Street... que, a pesar de todos sus defectos, fue un acontecimiento transformador... se extinguió, pero dos años después llegó Black Lives Matter... sin Occupy, es difícil imaginar el surgimiento de la campaña de Bernie Sanders y el posterior crecimiento del movimiento socialista estadounidense más fuerte desde la década de 1960... Diez años después, vivimos en un mundo político que Occupy ayudó a establecer

 "En agosto de 2011, estaba dispuesto a abandonar la política. Llegué a crear un blog llamado “Why Fucking Bother?” (“¿Para qué intentar?”) e invité a algunos escritores que admiro a que me convencieran de no tirar la toalla. Entre los que respondieron: Bhaskar Sunkara, cuya contribución abría: “Porque estamos en el lado correcto de la Historia”. Admiré el optimismo, pero no me convenció.

Participé en este pesimismo porque, después de tres décadas de neoliberalismo, las ventajas políticas del capital parecían insuperables. No era sólo su control de la política y la producción, sino que parecía haber ganado la batalla por nuestras mentes. La aguda observación de Margaret Thatcher, hecha dos años después de su toma de posesión, de que “la economía es el método; el objetivo es cambiar el corazón y el alma”, parecía premonitoria. En mi pesadumbre de hace diez años, parecía que ella y sus compañeros de clase habían ganado, que se habían ganado tanto las mentes como los corazones y las almas, y que nadie de nuestro lado tenía ni la claridad de visión ni los medios políticos para invertir la tendencia.

Y entonces, el 17 de septiembre de 2011, una pequeña multitud tomó el Parque Zuccotti en el bajo Manhattan, desencadenando un movimiento que rápidamente sería imitado en todo el país y el mundo.

Demasiada confianza en el proceso

Zuccotti no es un parque urbano convencional, con mucho más hormigón que vegetación. Su historia es muy relevante para el movimiento político que surgiría en torno a su ocupación. Conocido originalmente como Liberty Park, se construyó en 1972 como parte de un acuerdo que permitía al promotor añadir siete pisos a una torre que se estaba construyendo al otro lado de la calle. (Es lo que se conoce en la jerga de la ciudad como un espacio público de propiedad privada, establecido y mantenido por los promotores a cambio de un descuento en la altura u otras características que aumentan los ingresos. Actualmente hay más de 550).

Fue renovado en 2006 por su actual propietario, Brookfield Properties, y rebautizado con el nombre de su entonces presidente, John Zuccotti. Zuccotti, fallecido en 2015, era un ejemplo clásico del poder en la ciudad de Nueva York: un abogado que dirigía la Planificación de la Ciudad a principios de la década de 1970, más tarde se convirtió en teniente de alcalde y finalmente se trasladó a donde está el dinero, la promoción inmobiliaria. Su parque y él mismo eran la encarnación perfecta del sistema al que se dirigía Occupy, las puertas giratorias del poder público y privado. Pero la propiedad privada del parque fue una bendición: la policía no podía desalojarlo sin una petición de Brookfield, que no llegó hasta dos meses después.

Los orígenes de Occupy suelen remontarse a Adbusters, la revista con sede en Vancouver, que en julio de 2011 hizo un llamamiento a su lista de correo electrónico para emular las protestas de la Primavera Árabe y llevar la ocupación popular al corazón de la capital financiera. Aunque finalmente participaron en el movimiento todo tipo de tendencias, este conservó durante su breve vida parte de la difusa política anticonsumista de aquel origen.

A pesar de esa rigidez política, fue muy bueno ver un giro hacia el objetivo de la propiedad -el 1%- y alejarse de las quejas sobre la “globalización” que caracterizaron a los movimientos de la década de 1990 que culminaron en las manifestaciones contra la OMC en Seattle en diciembre de 1999.

Llevábamos un par de años saliendo de la Gran Recesión, pero el empleo era a menudo terrible, si es que lo había. La tasa de desempleo seguía siendo del 9% según el recuento oficial (y de más del 16% según la medida más amplia); mucha gente estaba arruinada y endeudada. Barack Obama, elegido con la esperanza de que traería un mundo más pacífico e igualitario, resultó ser una aplastante decepción. Todo eso estuvo muy presente en la mente de los ocupantes desde el primer momento.

Aunque el diagnóstico era a menudo agudo, los objetivos eran amorfos. La ideología predominante era una fusión de anarquismo y populismo, con algunos defensores del patrón de oro que odiaban a la Reserva Federal (gracias a Dios casi nadie hablaba de Bitcoin en 2011, o probablemente habría sido algo grande). Había una obsesión por la deuda –que es odiosa, sin duda– pero mucho menos interés en hablar de lo que producía la deuda, del hecho de que los ingresos no seguían el ritmo de los costes y de que las prestaciones públicas eran pésimas, ni había mucho análisis serio de cómo se organizaba una economía capitalista.

Los procesos colectivos eran penosamente ampulosos y largos. Las decisiones tenían que tomarse por consenso en una Asamblea General, que era básicamente quien estaba en el parque cuando se planteaban los problemas. Según un esquema de dieciséis páginas de los principios de gobierno de Occupy en Nueva York, la votación es un proceso competitivo, mientras que el consenso “es un proceso de síntesis de muchos elementos diversos juntos” sin que alguna posición o candidato gane y otros pierdan.

 El consenso puede sonar hiperdemocrático en principio, pero resulta ser cualquier cosa menos eso en la práctica. Según el escritor anarquista Murray Bookchin, el consenso nunca fue una práctica anarquista, sino que fue importado a la tendencia por un grupo de “cuáqueros cínicos” en la década de 1970, que lo utilizaron para manipular a los miembros de la Alianza Clamshell contra el poder nuclear para que cedieran a sus preferencias.

Bookchin, que lamentaba la decadencia del anarquismo –que pasó de ser un movimiento social (y socialista) a una demanda libertaria de autonomía individual–, consideraba que el consenso estaba bien para grupos pequeños que se conocen bien, pero no para grupos más grandes. Cuando las grandes asambleas de desconocidos “intentan tomar decisiones por consenso, normalmente se ven obligadas a llegar al mínimo común denominador intelectual en su toma de decisiones: se adopta la decisión menos controvertida o incluso la más mediocre que una asamblea considerable de personas pueda alcanzar, precisamente porque todo el mundo debe estar de acuerdo con ella o, de lo contrario, se retira la votación sobre esa cuestión”.

Yo formaba parte de un grupo de trabajo que formulaba “demandas”: un paquete socialdemócrata considerable que incluía inversiones públicas y una gran ampliación de las prestaciones sociales. Este enfoque, y la propia noción de exigencias, no fueron bien recibidos por los responsables del consenso, y de alguna manera nuestras propuestas quedaron fuera del orden del día de la Asamblea General. Todo era demasiado estatista y estaba envenenado por hablar de dinero y presupuestos, que era el lenguaje del Sistema.

Pero incluso nuestra cordial banda de inconformistas estatistas cayó presa del tedioso procedimentalismo de Occupy. Llegué a una reunión del grupo de Demandas en Tompkins Square Park alrededor de las 6 de la tarde. Mientras se iniciaba la discusión, algunos participantes se preocuparon por la posibilidad de que la reunión no terminara para cuando el parque cerrara a medianoche. La perspectiva de seis horas de reunión me llenó de temor. Cuando me marché, hacia las 7:30, el grupo seguía trabajando en el orden del día.

Estas prácticas de gobierno apuntan al problema central de Occupy: no tenía una visión de la vida más allá de los parques y otros espacios que estaba ocupando (un término que suscitó algunas críticas por sus connotaciones militaristas y colonialistas). No había ningún sentido de cómo podría organizarse una economía según sus principios o cómo una sociedad más grande que un puñado de personas podría ser gobernada por consenso. (¿Y cómo podría alguien con un trabajo y/o una familia tener tiempo para todas esas reuniones?)

Tampoco había ninguna idea de cómo se transformaría el mundo en general según los principios de Occupy; no circulaba ninguna teoría seria sobre el cambio social. Algunos participantes veían los parques ocupados como la nueva sociedad en embrión, pero era difícil imaginar cómo estas zonas autónomas podrían alimentarse por sí mismas sin la existencia continuada de dinero y supermercados. Pero plantear este tipo de cuestiones no era bienvenido. Contravenía la reticencia fundacional del movimiento sobre los objetivos y la organización, porque hablar de esas cosas era entrar en la resbaladiza pendiente del autoritarismo.

Y cuando la dirección de Brookfield se cansó finalmente de que su parque fuera tan molesto para ellos y su clase, el Departamento de Policía de Nueva York intervino y lo desalojó, como hicieron las fuerzas policiales en otros lugares donde se ocupaban espacios públicos. Como no había ninguna organización que pudiera durar más allá de la dispersión forzosa, Occupy desapareció. Hubo intentos de revivirlo mediante breves ocupaciones de otros espacios, como edificios de oficinas y casas embargadas, pero el dinamismo de los primeros meses fue irrecuperable.

Y sin embargo

Pero, pero, pero… Tras registrar todas estas quejas, Occupy, a pesar de todos sus defectos, fue un acontecimiento transformador.

Inyectó en el discurso público cuestiones relacionadas con la concentración de la riqueza y el poder financiero con una relevancia que no habían tenido en décadas. Y marcó el fin de un largo período de inactividad política. Mi pregunta de “¿ why fucking bother? fue respondida.

 Los movimientos de la década de 1990 que culminaron en Seattle fueron activos, pero nunca fueron más allá de un nicho de mercado. Con Occupy, la idea del 1 por ciento estaba de repente en la mente de todos. El problema es mayor que el 1% superior; entre otras cosas, también hay que lidiar con los percentiles 90 a 98, lo que podría considerarse la base de masas de la élite gobernante. Pero cambiar el enfoque popular hacia la pequeña porción que posee y dirige la sociedad fue un logro importante.

Durante la ocupación, Frances Fox Piven, estudiosa de los movimientos sociales, solía señalar que los periodos de mayor activismo se desarrollan en oleadas. Las personas ajenas a los movimientos pueden pensar que se han agotado, pero luego reaparecen de forma diferente. Según Piven, el movimiento por los derechos civiles de los años 50 y 60 fue a menudo declarado muerto, para luego resucitar con más fuerza.

 Se podría leer Occupy con ese espíritu. Se extinguió, pero dos años después llegó Black Lives Matter. BLM comparte la estructura descentralizada de Occupy, pero a pesar de esa falta de organización formal, ha persistido durante años, y provocó las mayores manifestaciones de la historia de Estados Unidos en el verano de 2020.

 Y sin Occupy, es difícil imaginar el surgimiento de la campaña de Bernie Sanders menos de cuatro años después de la toma de Zuccotti y el posterior crecimiento del movimiento socialista estadounidense más fuerte desde la década de 1960, o tal vez incluso desde la década de 1930, un movimiento que afortunadamente no es tímido en cuanto a organización o agendas.

Diez años después, vivimos en un mundo político que Occupy ayudó a establecer. A pesar de todas mis quejas, es un aniversario que vale la pena celebrar con entusiasmo. Me alegro de no haber tirado la toalla."                 ( , JACOBIN Latinoámerica, 19/09/21)

18.5.21

Dónde están diez años después Democracia Real Ya, Juventud sin Futuro y la galaxia de colectivos que llenaron Sol

 "Dónde están diez años después Democracia Real Ya, Juventud sin Futuro y la galaxia de colectivos que llenaron Sol.

 (...) El 7 de abril, un mes antes de la toma de Sol, alrededor de dos millares de estudiantes marcharon por la capital convocados por el colectivo Juventud Sin Futuro (JSF), un sujeto activo gestado en el ámbito universitario que no tardó en ganarse los apoyos de otros tantos colectivos de la sociedad civil. “Sin casa, sin curro, sin pensión, sin miedo” podía leerse en la pancarta que abría la manifestación. (...)

 Pero un par de meses antes de aquello, algo se estaba gestando ya en las redes sociales. En febrero, un joven abogado puso en marcha la “Plataforma de coordinación de grupos pro movilización ciudadana”. Un grupo en Facebook que terminó convirtiéndose en el germen de Democracia Real Ya (DRY), encargada de convocar las manifestaciones del 15M en diversas ciudades españolas. Al colectivo se fueron acercando Juventud Sin Futuro y otros tantos movimientos como Attac o la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH). (...)

Una década después de que Sol se convirtiese en una suerte de ciudad indignada dentro de la capital, JSF ha desaparecido. La que fuera una de las semillas del 15M dijo adiós una vez saltó por los aires el sistema bipartidista en las elecciones generales de 2015. “Hoy nos despedimos siendo conscientes de que aún miles de jóvenes de todo el país siguen sufriendo la precariedad laboral, siguen encadenando becas por trabajo, siguen sin poder acceder a una vivienda, siguen sin poder acceder a la universidad, siguen haciendo la maleta y dejando atrás su vida para buscar esa oportunidad que aquí no tienen. Pero, a pesar de esto, nos despedimos sabiendo que hoy día esos problemas no se sufren en silencio”, señalaban en el artículo “Quisieron robarnos el futuro, pero nos quitaron el miedo”, publicado en marzo de 2017 en elDiario.es y que sirvió como carta de despedida del colectivo.

 Democracia Real Ya: de la división a la inactividad

Mucho más complicada fue la etapa post 15M en la marca Democracia Real Ya. Solo once meses tardó la unidad en saltar por los aires. Cuando apenas quedaban tres semanas para el primer aniversario del movimiento, el colectivo se partió en dos tras una asamblea extraordinaria en la que se decidió convertir a DRY en una asociación sin ánimo de lucro. La parte encabezada por Fabio Gándara, el abogado que puso en marcha el grupo en redes sociales en febrero de 2011, consideraba necesario cambiar la estructura para dejar atrás la parálisis generada por algunos procesos asamblearios. La otra, sin embargo, restaba legitimidad a aquel encuentro y creía que el cambio de estatus jurídico significaría una pérdida de la horizontalidad

Al final, Gándara y otros cuatro de los miembros que trataron de impulsar la reconversión de la plataforma fueron expulsados de la misma. Surgió así la Asociación DRY, que un año después contaría con el espaldarazo explícito desde Italia del Movimiento 5 Estrellas (M5S) de Beppe Grillo. “Aquella asociación no tuvo mucho recorrido. De hecho, algunos de sus impulsores pronto se quitaron de en medio”, cuenta Francisco Jurado, entonces miembro del sector crítico con la idea de cambiar el estatus jurídico y hoy responsable de Sociedad y Participación de Más País Andalucía.

 El letrado Eric Sanz de Bremond cuenta a infoLibre que estuvo en la Puerta del Sol “desde la primera noche”. Entonces, tenía 27 años. Ahora, con 37, sigue trabajando, además de en la cooperativa de abogados madrileña Red Jurídica, en la Comisión Legal Sol, un grupo que se dio cita desde el primer momento en el kilómetro cero para asesorar a los participantes en lo referido a los derechos de reunión, a las comisiones y grupos de trabajo en la formulación jurídica de sus propuestas o para personarse en la defensa de los detenidos y lesionados aquel mes de mayo de 2011 y que todavía sigue funcionando.

“Seremos entre diez y veinte personas, nos reunimos semanalmente y damos apoyo a quien nos pida cobertura”, cuenta. (...)

El 15M terminó originando un enorme entramado de colectivos. “No desapareció el movimiento, sino que se difundió por el tejido social, con asambleas de barrio, acciones de defensa contra las injusticias y extensión de prácticas económicas alternativas”, reflexionaba el sociólogo Manuel Castells en “¿Adónde van los ‘indignados’?”, un artículo publicado en La Vanguardia un par de meses antes del primer aniversario del movimiento.

Al calor de aquel mayo de 2011 nació, por ejemplo, 15MpaRato, la plataforma ciudadana impulsada por el colectivo Xnet que se querelló contra el exvicepresidente del Gobierno Rodrigo Rato y propició el estallido del caso Bankia o las tarjetas black. O cogieron impulso las famosas mareas ciudadanas en defensa de los servicios públicos –la verde para la educación y la blanca para la sanidad, entre otras–, unas marchas que fueron multitudinarias, aunque poco a poco han ido perdiendo fuelle, y que solía amenizar la Solfónica, el coro de los indignados que floreció en la asamblea de Cultura del 15M y que, todavía en la actualidad, sigue ensayando.

 Una década después también siguen trabajando a pleno rendimiento otras organizaciones que, aunque ya estaban constituidas antes de que se tomara la Puerta del Sol, contribuyeron al impulso del movimiento. Una de ellas es la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), que echó a andar en Barcelona en 2009 cogiendo el testigo del colectivo conocido como V de Vivienda y llegó a Madrid en febrero de 2011. Diez años más tarde, solo distribuidas por la geografía madrileña tienen casi una treintena de nodos, que van desde Carabanchel o Vallecas hasta Móstoles, Torrejón de Ardoz o la Sierra Norte. Más de dos centenares de delegaciones distribuidas por todo el país que han conseguido paralizar algo más de dos millares de desahucios, según las cifras de la propia organización. (...)

En artículo de despedida, Juventud Sin Futuro recordaba que había nacido “con el ansia de fracturar un régimen” que no les “representaba”, promoviendo “un cambio político”. “Ahora hay otros espacios en los que se puede militar, todo lo que teníamos que hacer ya lo hemos hecho”, decían. Algunos de los integrantes del colectivo estuvieron en el nacimiento de Podemos. De hecho, al menos siete formaron parte de la primera dirección –Consejo Ciudadano Estatal– de la formación morada, de los cuales algunos se encuentran hoy formando parte de Más Madrid: Miguel Bermejo, Rita Maestre, Sara Bienzobas, Eduardo Fernández Rubiño, Miguel Ardanuy, Segundo González y Jesús Gil Molina. Juventud Sin Futuro fue, del mismo modo, cantera de otros dirigentes políticos como el exsecretario general del partido en la Comunidad de Madrid Ramón Espinar o la diputada madrileña Isa Serra.

Podemos fue, en parte, fruto de aquel descontento político que cristalizó en el 15M. Los impulsores del partido morado supieron leer bien el momento y canalizar ese hartazgo social que se respiraba en el ambiente. Algo que otros no supieron hacer. Un ejemplo de ello se encuentra en el Partido X, impulsado en 2013 por personas que participaron activamente en el movimiento indignado. En las elecciones al Parlamento Europeo de 2014, las primeras a las que concurrieron, cosecharon algo más de 100.000 papeletas, un 0,64%.

 Unos meses más tarde, anunciaban que no se presentaría a los siguientes comicios. “Estamos aportando nuestro método de trabajo y nuestra competencia a muchos grupos ciudadanos que se organizan para acabar con el caciquismo y conseguir una democracia real”, exponían.(...)"        (Álvaro Sánchez Castrillo, InfoLibre, 15/05/21)

17.5.21

15M: Posada: no engaño a nadie si digo que yo en 2011 creí que estaba haciendo la revolución, asistiendo al fin del individualismo y del capitalismo. Pensé que saldríamos con un proceso constituyente en marcha. Pero pronto se intensificó la brutalidad policial. Al final no podía una ni sentarse en el Retiro a celebrar una asamblea... Taibo: Aunque esperaba más, ha dado un impulso innegable a la construcción de espacios autónomos autogestionados, desmercantilizados... Doy por seguro que llegarán nuevos 15-M

 "(...) Lidia Posada tenía 26 años entonces y militaba en Democracia Real Ya, el colectivo que convocó la manifestación aquel 15 de mayo. En la acampada participó en la Comisión de Comunicación y Extensión. También en StopDesahucios, el origen de la Oficina de Vivienda. Entonces era, y sigue siendo, abogada. 

El escritor y divulgador Carlos Taibo contaba 55 años y tres días cuando dirigió unas palabras al final de la manifestación. “Lo hice cargado de dudas, por cuanto el manifiesto de convocatoria era más bien moderado. Aunque pensé que lo que tenía previsto decir podía resultar en exceso radical, el problema quedó rápidamente resuelto: apenas se oía nada”, recuerda. 

Poco tiempo después publicaría Nada será como antes. Sobre el movimiento 15-M y El 15-M en sesenta preguntas (los dos con Catarata en 2011). Diez años después, los dos personajes comparten su experiencia .

El 15-M fue una demostración de alegría y de entusiasmo contagiado. ¿Qué recordáis de aquellos primeros días en las plazas?

Lidia Posada: Yo pienso que el 15-M nació el 17-M cuando todas esas personas volvieron a aparecer por la plaza para mostrar solidaridad con las detenidas y persistencia contra el régimen.

Recuerdo sentir mucha ilusión y una creciente confianza en el resto de la gente. Todos los días conocías a decenas de personas nuevas. También recuerdo mucho cansancio porque yo trabajaba hasta las 18:00 y hacía mis tareas de la Asamblea hasta las 3:00. Estuve semanas durmiendo muy poco.

Carlos Taibo: Recuerdo sí, la alegría y el entusiasmo, que revelaban que por fin habían estallado de forma creativa muchas tensiones. Pero por encima de todo lo que recuerdo es la irrupción de un discurso y de unas prácticas radicales, que, asentadas en la asamblea, hasta entonces habían sido privativas de determinados cenáculos propios del mundo libertario y de algunas instancias de la izquierda de siempre. Ahora alcanzaban, de manera casi milagrosa, a mucha gente. Yo fui, en cualquier caso, el primer sorprendido.    (...)

¿Qué acampadas presenciasteis? ¿Visteis alguna diferencia entre ellas?

LP: Acampadas físicas sólo vi la de Madrid. Visité otras ciudades durante 2012 pero ya no era lo mismo. Como curiosidad, diré que existía un documento en tomalaplaza.net llamado Cómo hacer una acampada con consejos básicos materiales y legales.

CT: En mi condición de charlista inmoderado estuve en un par de centenares. Las había de todos los pelajes. Y ello tanto en el terreno generacional como en lo que respecta a la ubicación espacial o a la profesional. En unas predominaban las activistas de los movimientos sociales y en otras lo que se dio en llamar, a mi entender con poco criterio, jóvenes indignados. La abrumadora mayoría eran, en cualquier caso, asambleas urbanas, algo que no dejó de ser un problema en el marco general del 15-M, que, por otra parte, y desgraciadamente, apenas acogió inmigrantes. 

En las más de 200 acampadas en España, el único órgano soberano de decisión era la asamblea ¿Alguna vez habíais visto algo parecido en vuestra vida? ¿Lo habíais imaginado?

LP: Durante los meses anteriores yo ya había practicado el asamblearismo. Todo lo que sé lo aprendí en el Patio Maravillas y del libro Asambleas y Reuniones. Pero la magnitud del 15-M no la hubiera podido pronosticar ni en el mejor de mis sueños. Sobre esto quiero ensalzar la figura de las compañeras de la Comisión de Dinamización y lo mucho que nos enseñaron a todas sobre cómo formular y reformular una idea cuando de verdad se busca un consenso.

CT: Lo había visto pero siempre en pequeños circuitos y al amparo de lo que en los hechos eran activistas con años de experiencia. Ya he dicho que en modo alguno entraba dentro de mi cabeza que eso iba a suceder. Por momentos tengo la impresión de que lo ocurrido entonces ha sido para mí un estímulo para buscar la lucidez y el coraje de muchas gentes comunes que tienen que estar en el núcleo de cualquier proyecto emancipador.   (...)

La transversalidad del 15-M se vio en el grito mudo del día 21, desafiando la legalidad y en el que participaron 20.000 personas. ¿Qué podríamos aprender de ello en una actualidad repleta de extremismos y odio?

LP: El grito fue mudo por algo. Yo quisiera distinguir entre transversalidad de los y las participantes y la verdadera transversalidad del contenido de lo que se pide. No creo que el 15-M tuviera un contenido especialmente transversal. De hecho, uno de los retos principales fue cómo establecer mecanismos de participación más justos que huyeran del maniqueísmo.

Lo que sí posibilitó el 15-M fue el espacio y el clima adecuados para debatir contenido y no limitarse a reaccionar con virulencia a lo que otro ha dicho, como pasa ahora, que es diferente. Yo opino que al fascismo hay que odiarlo y, sobre todo, que, cada tanto, hay que recordar por qué. También echo de menos un espacio en el que debatir nuevos modelos de sociedad, incluso radicales o extremos. Ambas cosas no deberían ser incompatibles pero hemos perdido la paciencia y la actitud.

CT: No creo que podamos aprender mucho. Lo ocurrido en la última década demuestra, a mi entender, que cuando hablamos de ‘la izquierda’ empleamos un concepto muy vaporoso y manipulable. Mi ‘izquierda’ la configuran las gentes que creen en la autogestión y la practican, y que son conscientes del riesgo de un colapso general. Hablo de una izquierda anticapitalista, decrecentista, antipatriarcal e internacionalista, que no es abrazada, en los hechos, por la mayoría de las gentes que se sitúan en lo que convencionalmente se entiende por izquierda. Un poco de extremismo no me parece mal.

El impulso que supuso la toma de las plazas en la primavera de hace una década se vio después en las mareas por los servicios públicos, la PAH, los Yayoflautas, el 15MpaRato, Rodea el Congreso, etc. ¿Qué puede decir de la forma en que la ciudadanía adquirió conciencia?

LP: No me atrevo a decir que el 15-M hiciera adquirir conciencia a determinados grupos. Los Yayoflautas, por ejemplo, son personas que llevan danzando ya varias décadas. Pero el intercambio de ideas en las plazas sí sirvió, deduzco, para nutrir el repertorio de ideas y acciones de esos grupos. También para tejer una red de solidaridad y sinergias entre colectivos, de tal manera que la Marea Verde sabe que cuenta con la Marea Blanca y ambas con LegalSol.

CT: Aunque efímero, fue un soplo de aire fresco que desnudó las miserias de lo que con alguna liberalidad voy a llamar ‘izquierda tradicional’. Hablo de su culto a los líderes, las jerarquías y los liberados, de su lenguaje a menudo incomprensible, de su desprecio de la gente común, de una escasa voluntad de revisar conceptos y certezas, de un sectarismo sin límite y, al cabo, de la aceptación soterrada, vía socialdemocracia o vía leninismo, de la miseria existente. Cierto es que el 15-M no permitió dejar atrás todo eso. Se limitó a señalar que había otros caminos y que sobraban los motivos para recorrerlos.    

La acampada de Madrid se terminó el 12 de junio y la de Barcelona seis días antes. Aunque estas dos grandes ciudades atrajeran la mayor parte de los focos, fue un movimiento totalmente descentralizado en el territorio español y muy similar entre sí. ¿Qué compartían los activistas para que esto sucediera?

LP: Yo identifico dos claves. La primera es que las manifestaciones del 15-M eran una especie de coronación de un ciclo de protestas que cada vez eran más multitudinarias. Así que todo el mundo estaba en la misma página reivindicativa, por decirlo así. La segunda es que durante las acampadas había muchísimo flujo de comunicación. En el caso de Madrid, la Comisión de Extensión se encargaba de este contacto con otras ciudades. Las Acampadas tenían mucho curro entre bambalinas.

CT: Padecían problemas similares, producto de la crisis sin fondo del régimen de la transición y del desvarío capitalista que se revelaba en la trastienda. Pero diferencias, las hubo. Me limitaré a señalar, por un lado, que, no sin paradoja, donde los movimientos sociales alternativos eran fuertes, el 15-M se desarrolló con menor poderío. Y, por el otro, que en aquellos lugares en los que había problemas vinculados con la cuestión nacional, la presencia y la deriva del 15-M fueron distintas. Tal y como lo señalas, y en cualquier caso, el 15-M fue un movimiento felizmente descentralizado.    

Con el tiempo, el movimiento viró hacia otras posiciones. Una de ellas es la creación de Podemos. ¿Qué tiene Podemos del 15-M y qué tenía el 15-M que no tiene Podemos?

LP: Yo no he participado en Podemos, por lo que puedo caer en algún juicio injusto opinando desde la periferia. Me parece que Podemos y el 15-M guardan una identidad parcial en sus integrantes y, en consecuencia, Podemos ha mantenido contenido, códigos y expresiones del folclore quincemayista. Pero no me parece que Podemos sea el producto del viraje del movimiento. Fue otra cosa nueva. Otros participantes iniciaron proyectos laborales integrados en el Mercado Social o propuestas autogestionadas de economía como el Nodo de Producción o de apoyo mutuo como el Sindicato del Barrio de Hortaleza. Estos también son descendientes pero ninguno es el sucesor. Todo son metonimias de aquella otra ciudad dentro de la ciudad.

CT: Es difícil responder, siquiera sólo sea porque en los hechos hubo varios 15-M distintos. El que yo defendí y defiendo, asambleario, horizontal, antiautoritario, autogestionario, anticapitalista y con voluntad de rechazo de liderazgos y personalismos, nada tenía que ver con Podemos, que es la representación mayor de lo contrario. Cuando muchas gentes, hoy, añoran la reaparición del 15-M, creo que en la mayoría de los casos buscan ese 15-M que acabo de mencionar y expresan en un grado u otro su desdén por lo que ha supuesto, en forma de integración en un sistema lamentable, Podemos. 

Ya en el plano más personal, ¿qué sentíais al ver lo que estaba consiguiendo el 15-M hace diez años? Y en retrospectiva, ¿qué sentís ahora?

LP: No engaño a nadie si digo que yo en 2011 creí que estaba haciendo la revolución. Con todas las letras. Creí que estaba asistiendo al fin del individualismo y del capitalismo. Pensé que saldríamos de 2012 con un proceso constituyente en marcha. Pero pronto se intensificó la brutalidad policial. Al final no podía una ni sentarse en el Retiro a celebrar una asamblea. Pasé mucho miedo durante algunos meses, la verdad. Algunos culpan a Podemos de la desarticulación de la lucha en la calle pero lo cierto es que ya estaba tocada de muerte por la represión. Rocío Lanchares lo retrata muy bien en su novela Hotel Madrid, historia triste. Hoy sé que éramos un poco inocentes pero, como Édith Piaf, no me arrepiento de nada.

CT: Aunque esperaba más del 15-M, creo que su legado no es despreciable, pues ha permitido reabrir debates que estaban cerrados y en ese sentido ha invitado a cuestionar la naturaleza del sistema –el capitalismo, la explotación, la alienación, la plusvalía, la sociedad patriarcal, las guerras imperiales, la crisis ecológica, el colapso– y ha otorgado un relieve limitado a las disputas relativas al régimen que tanto interesan, por ejemplo, a Podemos. 

También ha dado un impulso innegable a la construcción de espacios autónomos autogestionados, desmercantilizados y, ojalá, despatriarcalizados. Doy por seguro que, lejos de elecciones, instituciones y separaciones, llegarán nuevos 15-M."                 (Guillermo Martínez, CTXT, 15/05/21)

11.1.21

La de Trump es una forma de 'revolución de los ricos', encuadrada por marginados fascistizados ... en marcha desde Reagan y la Thatcher. El 15-M es la protesta de los pobres y clases medias bajas con conciencia moral... y el 'rodea el Congreso de Jusapol, una vergüenza funcionarial... a ver si nos ponemos las gafas

 
 Dejando a un lado que Podemos ni existía en 2012, la pretensión del alcalde/portavoz es distanciarse de Trump siguiendo tácticas de Trump. En La distancia del presente tratamos el episodio al que ya Cifuentes intentó atribuir un carácter golpista. Nada más lejos de lo sucedido.

Rodea el Congreso fue una de las múltiples protestas que sucedieron en un año donde se aprobaron los brutales recortes del Gobierno Rajoy tras la intervención de la Troika. Nunca tuvo intención de asaltar el hemiciclo. Por el contrario la policía siguió de cerca su preparación.

En 2012, el año de la protesta, tuvieron lugar dos huelgas generales tras la reforma laboral, la quiebra de Bankia, la amnistia fiscal a los defraudadores, la huelga educativa valenciana, la detención indiscriminada de sindicalistas, Juan Carlos en Botsuana, un paro desbocado...

Por todo esto sucedió aquel Rodea el Congreso, que quizá lo que debería haber rodeado era La Bolsa. Dice Almeida que la actuación policial fue magnífica. Aquello fue un desastre operativo de gran violencia. En esta magnífica pieza pueden ver el desastre. (El país)

De hecho nos dejó aquel chusco episodio de la policía de uniforme golpeando a la policía infiltrada, que más que labores de vigilancia parecía dedicarse a provocar los altercados, a juzgar por el “soy compañero, coño”

Esto fue aquel 25/9/2012: una protesta que llegó mucho menos lejos que la algarada de Jusapol de marzo de 2020, donde los policías enmascarados realizaron declaraciones bélicas.  (...)
 


"La insurrección

El presidente de los Estados Unidos y una parte considerable de su partido intentaron dar un golpe de estado o algo que se parecía muchísimo a ello esta misma semana. Creo que es importante recalcar la extraordinaria gravedad de lo que sucedió el miércoles:

El presidente de los Estados Unidos llamó a sus seguidores a asaltar el capitolio para interrumpir la votación que reconocería a la victoria de su oponente en un mitin el miércoles por la mañana,

Trump estaba repitiendo un mensaje que llevaba emitiendo en redes sociales desde el día que perdió las elecciones.

El presidente de los Estados Unidos señaló a su vicepresidente poco menos que como un traidor en un mitin antes del asalto y en Twitter durante el asalto.

Los asaltantes al capitolio encontraron muy poca resistencia cuando intentaron forzar la entrada, hasta el punto de que muchas voces (incluyendo congresistas) señalan que es posible que incluso hubiera cierta complicidad.

Los asaltantes permanecieron dentro del capitolio durante dos horas. Múltiples llamadas por parte de líderes del congreso para que el presidente enviara la guardia nacional a protegerles fueron desestimadas. La orden de desplegar refuerzos tuvo que ser dada por el vicepresidente, al que los manifestantes estaban intentando asesinar.

A pesar de que una masa enfurecida había irrumpido en el capitolio horas antes intentando invalidar el resultado de las elecciones por las bravas, más de un centenar de legisladores republicanos votaron en contra de certificar la victoria de Joe Biden.

Sé de sobras que esto es repetitivo - conté básicamente lo mismo el miércoles, justo detrás de la insurrección, pero quiero asegurarme de que queda claro, muy claro, qué es lo que estaba en juego esta semana. Trump estaba utilizando su presencia en redes sociales para animar a una insurrección antidemocrática.

Trump estaba incitando a la violencia. Y sus llamadas fueron atendidas. Cinco personas murieron, y podría haber sido mucho peor. (...)"    (Roger Senserrich, blog, 09/01/21)


 
 Qué patética (en general) la cobertura española del asalto al Capitolio de #EEUU. Qué pésimas las traducciones. Qué descaro la comparación con el 15M, 'Rodea el Congreso', etc. Falta de amor propio decir tamañas chorradas, de civismo y de vergüenza.

Antonio Glez. Terol (@Aglezterol) sobre el asalto al Capitolio: ”Condenamos el asalto al capitolio como condenamos el asalto a los ayuntamientos en el año 2011, que yo era alcalde y me vi rodeado por el 15M” (La Hora de La 1)
 

17.11.20

Teresa Rodríguez: "Dejamos reventado el terreno de la izquierda alternativa"... buena descripción...

 "Teresa Rodríguez (Rota, Cádiz, 1981) titubea sobre su cargo aunque, de momento, es la presidenta del grupo parlamentario Adelante Andalucía. No las tiene todas consigo. A la espera del fallo de la Mesa del Parlamento andaluz, Rodríguez, a veces porfiada, no cesa en su empeño de conseguir una organización política de izquierdas con voz propia desde Andalucía.

A su juicio, no lo pudo lograr con su anterior formación, Podemos, que intenta recomponerse de la salida de la dirigente gaditana. Cristalizada la ruptura con Izquierda Unida (IU), el espacio a la izquierda del PSOE solo genera incertidumbre a los votantes que temen la consolidación del bloque de las derechas en el Palacio de San Telmo, sede del Gobierno andaluz.

¿Se planteó renunciar al acta de diputada tras dejar Podemos?

La salida de Podemos estaba muy prevista desde antes. No es abrupta. No llego a salir de Podemos hasta que me expulsan dos días después de la primera reunión de la Mesa [del Parlamento andaluz]. Había una serie de discrepancias políticas y organizativas que venían de muy atrás con la dirección estatal de Podemos y un día nos sentamos poniendo de manifiesto que tenemos discrepancias serias con el PSOE y con la necesidad de una organización de obediencia andaluza. Vemos la mejor manera de romper.(...)

¿Qué le dice a los votantes de Podemos que no cuentan ahora con representación parlamentaria directa en la cámara andaluza?

Fueron votantes de Adelante Andalucía. Votaron a una coalición que tenía un programa electoral que elaboramos participativamente entre cuatro organizaciones y personas a título individual y al que seguimos siendo fieles. Como cargos electos tenemos una relación orgánica con un partido, pero sobre todas las cosas tenemos un contrato a través de un programa electoral con la ciudadanía. Ese contrato no lo hemos roto y la relación con el partido ha sido siempre amistosa hasta ayer.

¿Cree que una Teresa Rodríguez como candidata y con un partido nacido del 15M llamado Adelante Andalucía y sin vinculación con Podemos habría conseguido 15 diputados en las elecciones autonómicas de 2015?

Pues no lo sé. De hecho seguramente no. Pero Podemos se construye en Andalucía porque me bajo de Bruselas con una carpetita y una pegatina y me pongo a construir el partido con otros compañeros y compañeras. No me gusta ponerme esa medalla, pero soy parte fundadora de Podemos. Evidentemente yo no hubiera hecho nada sin los círculos de Podemos que ya estaban constituidos y trabajando en Andalucía. Pero bueno… Podemos también soy yo.

¿Y en 2018, cree que habría sacado 17 diputados con Adelante Andalucía sin IU ni Podemos dentro?

Pues no sé qué hubiera pasado. Creo que el mérito lo tiene fundamentalmente Podemos y no es por quitárselo a IU, que tiene una organización de muchos años, muy implantada y con una presencia municipal importante. Pero lo que hace que cambien las tornas políticas de este país es la irrupción de Podemos. Y como consecuencia de todo, el 15M.

Decía Toni Valero, el secretario de organización de IU en Andalucía, que Adelante Andalucía "sin Podemos ni IU sería una marca blanca de otra cosa". ¿Cuál es el futuro de la confluencia?

El futuro es la determinación de seguir construyendo un espacio para el andalucismo nítidamente de izquierdas con voluntad de tener voz propia en todas las instituciones y de no perder el horizonte de transformación nunca.

Dijo que "los cogobiernos entre el socialismo y lo que tiene a su izquierda dan lugar al crecimiento de la extrema derecha". ¿No allana toda esta situación la consolidación de Vox en Andalucía?

Fortalece sobre todo al PSOE porque no ha habido mucha transferencia de voto entre los distintos bloques. Hoy por hoy Vox es un fenómeno esencialmente entre el electorado de derechas y fundamentalmente del PP, según dicen los datos postelectorales. Pero, dicho esto, tampoco favorece mucho al terreno de la izquierda alternativa, que lo dejamos reventado y no es una buena noticia para la izquierda ni para el futuro de la izquierda andaluza.

Una de las razones para dejar Podemos fue el cambio de estrategia para pactar un Gobierno de coalición con el PSOE. Es muy recordado su "Con el PSOE ni muerta". ¿Cree que su inmovilismo le puede pasar factura a largo plazo?

Soy partidaria de tener principios muy firmes, pero esto no sería un principio ideológico mío sino una evidencia. El cogobierno de PSOE e IU destrozó el espacio electoral de lo que había a la izquierda del PSOE. Luego nació Podemos y fue capaz de tomar ese espacio y ampliarlo. Cuando alguien me demuestre que un cogobierno con el PSOE, en algún lugar de España, haya dado lugar a la mejora de la izquierda alternativa pues me replantearé mi hipótesis, no soy tan sectaria. Pero nadie me ha puesto sobre la mesa ni un solo ejemplo.

Quizás pueda serlo usted.

La estrategia es otra porque esa nos conduce a un fracaso. Creo que existe un espacio para ser oposición de izquierdas a un Gobierno progresista. Esto amplía las bases de las políticas de izquierda y contribuye a demostrarle a la sociedad que hay una alternativa a lo que tradicionalmente ha sido el socioliberalismo.

¿Reconsideraría su posición si Susana Díaz no fuese la secretaria general de los socialistas andaluces?

Tendría que ver algo más que quitar una cara para poner a otra. Siempre he hablado del "susanismo" y, a lo mejor, eso es demasiado personalizar. Me refiero al "susanismo" como un fenómeno del PSOE andaluz específicamente, y que se ha dado en otros territorios donde han gobernado durante muchos años, en el que no existe esa militancia de la Transición, de las asociaciones de vecinos, de los sindicatos, del ámbito de la participación social… Es la siguiente generación que se ha encontrado con un puesto de trabajo en el partido desde que tenía 18 años. Porque es el hijo de, el hermano de, el cuñado de… Es una empresa familiar que da trabajo a miles de personas. Cambiar eso es muy complicado incluso si cambias al líder que lo dirige. (...)

Estamos ante "un divorcio del copón", como aventuraban miembros de su equipo justo antes de dejar Podemos y de sacar el vídeo de la ruptura amistosa con Pablo Iglesias. Pero ya sabían que había discrepancias políticas irreconciliables. Echando la vista atrás, ¿fue más tacticismo para no dañarse más mutuamente?

Creo que hubo voluntad de poder experimentar otra forma de separación. Las diferencias políticas que tenemos no suponen un modelo de sociedad muy distinto. Sobre todo fue una necesidad de romper con el centralismo y construir una fuerza de obediencia andaluza. Porque quien en Andalucía no se plantee la brecha territorial con el resto de España y Europa será incapaz de cambiar la realidad aquí. Podrá hacer políticas muy progresistas desde el Estado, pero en Andalucía seguiremos en esa situación de brecha.

Entonces, ¿no fue un acto de cara a la galería sabiendo que iban a una ruptura irreconciliable?

Lo que temíamos no era una ruptura del copón con Podemos sino con IU. A ellos no les sentó bien el vídeo porque no parecía gustarles que pudiéramos romper amistosamente con Podemos. IU pensaba que nos regalaban la marca de Adelante Andalucía desde Madrid mientras ellos tenían que construir Unidas Podemos y no querían.

Y desde ese vídeo hasta ahora, ¿qué ha cambiado para que la llamen tránsfuga?

Eso se lo tiene que preguntar a quien me lo llama porque por mi parte no ha cambiado nada. Ni siquiera ha habido un conflicto político potente con el Gobierno central que haya generado la situación en la que estamos ni tampoco hemos roto con la disciplina de voto dentro del grupo.(...)

Se ha conocido en estos días su condena a pagar 5.000 euros a los herederos del que fuera ministro franquista José Utrera Molina por atribuirle en un 'tuit' la responsabilidad del "asesinato" de Salvador Puig Antich en 1974.

El tuit estaba muy cuidado y no llamaba asesino a Utrera Molina. Dije que era responsable del asesinato de Puig Antich y lo dije porque Utrera Molina formaba parte de un Consejo de Ministros que tuvo la oportunidad de conmutar su pena y no lo hizo. Lo dije porque entendía que en una sociedad democrática como la nuestra que dejó atrás el franquismo hace mucho tiempo, cualquier persona, incluidos los jueces y las juezas, podrían fácilmente considerar que la dictadura no fue un régimen democrático homologable. Pero en ambas sentencias han considerado en base a la legalidad de la época que no era un asesinato sino una ejecución reglada. Tenemos una judicatura que es muy de derechas." 

  (Entrevista a Teresa Rodríguez, Javier Domínguez Reguero / Luis Serrano , eldiario.es, 15 de noviembre de 2020)

11.6.19

Santiago Alba Rico: Yo creo que hay una izquierda a la que durar le parece de derechas, que apuesta por no durar, una izquierda que considera que la buena dirección es la derrota. No voy a sobrestimar lo que ha hecho Carmena, pero creo que Podemos no ha sido precisamente favorable a la renovación de Carmena como alcaldesa...

"(...) Habla desde el pesimismo y antes focalizaba en el 15M, ¿el 15M se ha liquidado, ha desaparecido?

Estamos en un momento de restauración clara y casi tenemos que alegrarnos de que haya una restauración del bipartidismo, al contrario que en otras partes de Europa. Pero esto significa que buena parte de ese impulso y esa voluntad de transformación se ha perdido. Al mismo tiempo, es probable que no se haya perdido del todo, que queden restos. 

Creo que los votos a Kichi, Más Madrid, en el ayuntamiento y en la comunidad, o a Ada Colau en Barcelona, esos votantes sí que se reconocen claramente como herederos del 15M. Y creo que todavía hay muchos votantes que intentan votar al 15M.

Son partidos que ya no son Podemos, un partido del que llegó a ser candidato al Senado por Ávila, con el que ha sido crítico desde hace ya algunos años. En 2017 escribía una columna en eldiario.es en la que ya señalaba que no todo iba bien en Podemos.

Sí, hace mucho tiempo ya. Yo no quisiera que desapareciese aunque veo más probable que desaparezca a que se recupere. Ni siquiera sé si querría yo que se recuperase. Creo que necesitamos otra cosa que desborde a Podemos. No digo que Podemos no pueda formar parte de eso que surja, pero necesitamos otra cosa porque es obvio que Podemos no es ya el motor de una transformación de este país.

¿Y lo es el partido de Íñigo Errejón más allá de Madrid?

El otro día Íñigo, con buena sensatez, decía que de ninguna de las maneras Más Madrid debía extenderse al resto de España. Es todo lo contrario, en el resto de España hay rescoldos todavía vivos que deben sumar con los rescoldos vivos que hay en Madrid y tratar de aprovechar una tregua si nos las dan los próximos cuatro años. 

Habría que aprovecharla para tratar de construir una constelación que obligase a Podemos a aceptar sus verdaderas dimensiones que hoy son muy modestas. Habrá que contar con Podemos, pero en algo que sea mucho más grande, que esté más descentralizado y que tenga la capacidad de recuperar tanto el primer discurso como las primeras prácticas del 15M. (...)                      (Entrevista a Santiago Alba Rico, Paula Carroto, eldiario.es, 06/06/19)


"(...) En un reciente artículo se mostraba preocupado por la polarización entre Madrid y Barcelona, escribía: 

"Si Madrid es gobernada por Vox y Barcelona por el independentismo España tiene un grave problema"

Es que es un riesgo muy grande el que corremos. Creo que hemos entrado en una dinámica de polarización que nos sitúa frente a una cuestión sin resolver que no es la de Catalunya o el País Vasco, sino que es la cuestión de España. Estamos muy lejos en ese sentido de alcanzar una amortiguación del problema, creo que todo va a depender de la sentencia del Supremo.    

Me preocupa mucho el hecho de que durar sea tan difícil para la izquierda. Yo creo, de hecho, que hay una izquierda a la que durar le parece de derechas, que apuesta por no durar, una izquierda que considera que la única brújula que indica la buena dirección es la derrota. 

No voy a sobrestimar lo que ha hecho Carmena, tengo muchas críticas y reservas en lo referido a sus políticas económicas, pero al mismo tiempo creo que Podemos no ha sido precisamente favorable a la renovación de Carmena como alcaldesa. 

Conservar Madrid y Barcelona hubiera puesto un freno a esta nueva derecha que crece y hubiera también limitado los efectos de esta nueva restauración a la que estamos asistiendo."                (Entrevista a Santiago Alba Rico, Juan Losa, Público, 07/06/19)