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27.2.24

La fragilidad financiera de la banca sistémica y de sus contrapartes... La banca occidental tiene pies de barro y las reformas post Gran Recesión fueron timoratas e insuficientes... podemos tropezar dos veces en la misma piedra como consecuencia de la defensa de la superclase bancaria, y el comportamiento gregario de cierta profesión económica y mediática... los cinco grandes bancos estadounidenses (JPMorgan Chase, Goldman Sachs Bank USA, Citibank de Citigroup, Bank of America, y Morgan Stanley) poseen 223 de los 268 billones de dólares (sí, billones en terminología europea) en derivados que poseen todos los bancos estadounidenses, o al menos el 83%. Igualmente, esas mismas cinco compañías de tenencia bancaria controlan el 96% de los derivados de crédito... Ante semejante Leviatán, solo hay una salida. Hoy más que nunca es necesario tanto una reducción de la concentración bancaria -exactamente lo contrario a lo que se está haciendo-, como obligar a los bancos a retener el riesgo. Ello reorientaría a que éstos volvieran de nuevo a la actividad bancaria tradicional. Sin embargo, olvídense, por las buenas no se hará (Juan Laborda)

 "El escritor y filósofo Néstor Roulet acuñó una frase para la posteridad: “El ser humano es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra”. Añadiría algo más, sobre todo entre quienes quieren mantener determinados privilegios, cuyos “tropiezos” son siempre a costa de los demás. Bajo dicha prescripción, aquellos que deberían velar por la salud del sistema bancario global, y haber aprendido algo de la Gran Recesión, parece que viven en un autoengaño eterno, al negarse a racionalizar la relevancia, significancia o importancia de evidencia contraria y argumentos lógicos que son opuestos a los suyos.

Ahora que la banca global, incluida la nuestra, está publicando beneficios récord, en parte como consecuencia del subsidio de los bancos centrales, es cuando debemos, al menos, mostrar cierta cautela. La banca occidental tiene pies de barro y las reformas post Gran Recesión fueron timoratas e insuficientes. Y sí, tropezaremos dos veces en la misma piedra como consecuencia de la defensa de determinados intereses de clases, en este caso la superclase bancaria, y el comportamiento gregario de cierta profesión económica y mediática.

Desde que la Administración Clinton impulsara la Ley Gramm-Leach-Bliley, que derogó Glass-Steagall, siempre ocurre lo mismo. Es en períodos de estabilidad económica donde se gesta la inestabilidad futura de la banca. El problema de fondo es que el sistema bancario no es un mero intermediario, y su fragilidad importa porque se irradia a la economía de manera exponencial. El objetivo fundamental del sistema bancario no es solo su rentabilidad, sino, por encima de todo, su estabilidad. Y, frente a los cantos de sirena, tal como ya nos advertía Hyman Minsky, a través de su famosa e impecable hipótesis de inestabilidad financiera, son los períodos de expansión donde se larva la fragilidad tanto del sistema financiero, como de las familias y sociedades no financieras.

Algunos datos sobre el apalancamiento del sistema bancario en derivados

Según la Comisión de Investigación de la Crisis Financiera de los Estados Unidos (FCIC, por sus siglas en inglés), los derivados desempeñaron un papel importante en el colapso financiero de 2007 a 2010, la peor crisis financiera desde la Gran Depresión de la década de 1930. La existencia de millones de contratos de derivados de todo tipo entre instituciones financieras sistémicamente importantes, invisibles y desconocidos en este mercado no regulado, aumentó la incertidumbre y escaló el pánico. Ello se podía trasladar, también, perfectamente a Europa.

Pensábamos, ingenuamente, que, tras las duras consecuencias económicas, políticas y sociales de la Gran Recesión, se tomaron las medidas y reformas necesarias para que no se volviera a repetir semejante situación. Creíamos que la legislación de reforma financiera Dodd-Frank en Estados Unidos o la Unión Bancaria Europea cumplirían su promesa de frenar riesgos concentrados como los derivados. Pero no ha sido así. Vayamos a los datos.

El informe más reciente del regulador de los bancos nacionales de Estados Unidos para el trimestre que terminó el 30 de septiembre de 2023 detalla como los cinco grandes bancos estadounidenses (JPMorgan Chase, Goldman Sachs Bank USA, Citibank de Citigroup, Bank of America, y Morgan Stanley) poseen 223 de los 268 billones de dólares (sí, billones en terminología europea) en derivados que poseen todos los bancos estadounidenses, o al menos el 83%. Igualmente, esas mismas cinco compañías de tenencia bancaria controlan el 96% de los derivados de crédito. Las cinco gran compañías bancarias representan 5.8 billones de dólares en derivados de crédito frente a los 6 billones de todos los bancos de los Estados Unidos.

Para evitar que se repita la explosión de los mega bancos de Wall Street, como ocurrió en 2008, los reguladores bancarios federales lanzaron en julio del año pasado una propuesta que impondría reglas de capital más altas a solo 37 bancos (de los 4.600 bancos existentes en Estados Unidos). Las nuevas reglas de capital propuestas afectarían solo a aquellos bancos significativamente involucrados en derivados y otras estrategias de comercio de alto riesgo. La reacción ha sido intensa por parte de los mega bancos de Wall Street, incluso corriendo anuncios de televisión que pintan una imagen falsa y distorsionada de lo que harían los aumentos de capital.

Pero, ¿quién está en el otro lado de estos intercambios de derivados con los mega bancos?, es decir, ¿quién es su contraparte? Según investigadores federales, hay contrapartes tanto de mega bancos como de contrapartes financieras no bancarias, que podrían ser compañías de seguros, firmas de corretaje, gestores de activos o fondos de cobertura. También hay contrapartes corporativas no financieras, que podrían ser prácticamente cualquier corporación nacional o extranjera. Este análisis lo podemos extender, con algún pequeño matiz, a la banca europea sistémica. En definitiva, la ciudadanía no tiene ni idea si posee acciones de una empresa cotizada en bolsa que podría explotar en cualquier momento debido a transacciones imprudentes en derivados con bancos globales.

Sin embargo, la falta de transparencia, como siempre ha señalado la profesora de Stanford Anat Admati, una referencia fundamental para comprender las dinámicas y el riesgo del sistema bancario global, ha aumentado lamentablemente. Esto se debe en parte a la negligencia de los reguladores y las autoridades monetarias y económicas.

Para ilustrar este punto, en 2010, con la aprobación de la legislación de reforma financiera Dodd-Frank, se esperaba que los bancos tomaran dos medidas importantes con respecto a su exposición peligrosa a los derivados. Se les exigía trasladar los derivados a una unidad separada de la sociedad tenedora de los bancos, que no fuera el banco asegurado federalmente, para permitir su liquidación en caso de que los derivados provocaran su quiebra. Sin embargo, gracias a las puertas giratorias, Citigroup logró que esta reforma de Dodd-Frank fuera revocada en 2014. Además, Dodd-Frank también se presentó como una forma de obligar a los mega bancos a liquidar y compensar centralmente los derivados en cámaras de compensación de mercados organizados, con el fin de proporcionar estabilidad y transparencia a este mercado peligroso. Sin embargo, el último informe del regulador señala que poco más del 40% de las tenencias de derivados de los bancos se liquidaron en mercados organizados. Es decir, casi el 60% de los derivados siguen siendo un agujero negro opaco, compensado en mercados no organizados, conocidos como derivados OTC (over-the-counter).

Ante semejante Leviatán, solo hay una salida. Hoy más que nunca es necesario tanto una reducción de la concentración bancaria -exactamente lo contrario a lo que se está haciendo-, como obligar a los bancos a retener el riesgo. Ello reorientaría a que éstos volvieran de nuevo a la actividad bancaria tradicional. Sin embargo, olvídense, por las buenas no se hará."                 (Juan Laborda , El Salto,  24 feb 2024)

31.3.23

Michael Roberts : Crisis bancaria: ¿ha terminado todo? La Reserva Federal y el Banco Central Europeo están tranquilizando a los inversores asegurando que la crisis ha terminado... Así que todo va bien, o al menos pronto lo estará, dado el masivo apoyo de liquidez que están ofreciendo la Reserva Federal y otros organismos de crédito del gobierno estadounidense. Además, los bancos más fuertes han intervenido para comprar los bancos en quiebra... Bueno, no se acaba hasta que se acaba... los bancos estadounidenses perdieron 100.000 millones de dólares en depósitos en una semana. Desde la quiebra de SVB se han retirado 500.000 millones de dólares de los bancos pequeños para ir a los grandes... Para cubrir estas salidas y prepararse para más, los bancos estadounidenses han pedido prestados 475.000 millones a la Reserva Federal... es que las "pérdidas no realizadas" en sus libros asciende a 620.000 millones, o el 2,7% del PIB estadounidense. Ese es el golpe potencial para los bancos si se materializan estas pérdidas... Así pues, es muy posible que las actuales medidas de emergencia no sean suficientes... El dinero y las mercancías no son la misma cosa, por lo que la circulación de dinero y mercancías está intrínsecamente sujeta a ruptura. Y puede ocurrir de repente. Pero la principal causa subyacente será la caída de la rentabilidad de la inversión y la producción... Así que la crisis bancaria aún no ha terminado. De hecho, algunos sostienen que podría producirse una crisis recurrente que durase años, como ocurrió con la crisis de los préstamos y ahorros en EE.UU. (década de 1980-90)... Y si la actual crisis bancaria se convierte en sistémica, como ocurrió en 2008, habrá que "socializar" las pérdidas sufridas por la élite bancaria mediante rescates gubernamentales, lo que disparará las deudas del sector público (que ya están en máximos históricos); todo ello a expensas del resto de nosotros mediante un aumento de los impuestos y aún más austeridad en el gasto público en bienestar y servicios

 "Los precios de las acciones bancarias se han estabilizado a principios de esta semana.  Y todos los funcionarios clave de la Reserva Federal, el Tesoro estadounidense y el Banco Central Europeo están tranquilizando a los inversores asegurando que la crisis ha terminado.  La semana pasada, el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, calificó el sistema bancario estadounidense de "fuerte y resistente" y afirmó que no había riesgo de un colapso bancario como en 2008-9.  La secretaria del Tesoro estadounidense, Janet Yellen, afirmó que el sector bancario estadounidense se estaba "estabilizando".  El sistema bancario estadounidense es fuerte.  Al otro lado del charco, la presidenta del BCE, Lagarde, ha dicho en repetidas ocasiones a inversores y analistas que no había "ninguna disyuntiva" entre luchar contra la inflación subiendo los tipos de interés y preservar la estabilidad financiera.

Así que todo va bien, o al menos pronto lo estará, dado el masivo apoyo de liquidez que están ofreciendo la Reserva Federal y otros organismos de crédito del gobierno estadounidense.  Además, los bancos más fuertes han intervenido para comprar los bancos en quiebra (SVB o Credit Suisse) o para inyectar liquidez en los quebrados (First Republic).

¿Se ha acabado todo?  Bueno, no se acaba hasta que se acaba.  Los últimos datos de la Reserva Federal muestran que los bancos estadounidenses perdieron 100.000 millones de dólares en depósitos en una semana.  Desde que comenzó la crisis hace tres semanas, mientras que los grandes bancos estadounidenses han sumado 67.000 millones de dólares, los pequeños han perdido 120.000 millones y los bancos de propiedad extranjera 45.000 millones.

Para cubrir estas salidas y prepararse para más, los bancos estadounidenses han pedido prestados 475.000 millones de dólares a la Reserva Federal; repartidos a partes iguales entre bancos grandes y pequeños, aunque en relación con su tamaño, los bancos pequeños pidieron prestado el doble que los grandes.

Los bancos más débiles de EE.UU. llevan más de dos años perdiendo depósitos en favor de los más fuertes, pero desde la quiebra de SVB el 10 de marzo se han retirado 500.000 millones de dólares y desde que la Fed empezó a subir los tipos de interés, 600.000 millones. Todo un récord.

¿Adónde van a parar todos estos depósitos?  La mitad de los 500.000 millones de las últimas tres semanas han ido a parar a los bancos más grandes y fuertes, y la otra mitad a fondos del mercado monetario.  Lo que está ocurriendo es que los depositantes (sobre todo particulares ricos y pequeñas empresas) temen que su banco quiebre como el SVB, por lo que se decantan por los grandes bancos "más seguros".  Además, los depositantes ven que, con la subida generalizada de los tipos de interés impulsada por los bancos centrales para "luchar contra la inflación", se pueden encontrar mejores tipos de ahorro en los fondos del mercado monetario.

¿Qué son los fondos del mercado monetario?  No son bancos, sino instituciones financieras que ofrecen un tipo de interés mejor que el de los bancos.  ¿Cómo lo hacen?  No ofrecen ningún servicio bancario; los FMM son sólo vehículos de inversión que pagan tipos más altos por el efectivo.  Pueden hacerlo comprando a su vez bonos a muy corto plazo, como letras del Tesoro, que ofrecen sólo un tipo de rendimiento ligeramente superior.  Así, los FMM obtienen una pequeña ganancia de intereses, pero con cantidades enormes.  En lo que va de marzo, los fondos del mercado monetario han recibido más de 286.000 millones de dólares, lo que supone el mayor mes de entradas desde lo más profundo de la crisis de Covid-19. Aunque no se trata de un cambio masivo en relación con el tamaño del sistema bancario estadounidense (es menos del 2% de los 17,5 billones de dólares de depósitos bancarios), demuestra que los nervios siguen a flor de piel.

 Y recordemos cómo empezó todo esto.  Empezó con el cierre del Silicon Valley Bank (SVB).  Luego el banco de criptomonedas Signature Bank.  Luego otro banco First Republic tuvo que ser rescatado por un lote de grandes bancos.  Luego, en Europa, el banco Credit Suisse se derrumbó en menos de 48 horas.

La causa inmediata de estas recientes quiebras bancarias, como siempre, fue la pérdida de liquidez.  ¿Qué queremos decir con eso? Los depositantes del SVB, First Republic y Signature empezaron a retirar su efectivo a lo grande, y estos bancos no tenían el efectivo líquido para satisfacer las demandas de los depositantes.

¿Por qué? Por dos razones fundamentales. En primer lugar, gran parte del efectivo que se había depositado en estos bancos había sido reinvertido en activos por los consejos de administración de los bancos que han perdido enormemente valor en el último año aproximadamente. En segundo lugar, muchos de los depositantes de estos bancos, principalmente pequeñas empresas, se habían dado cuenta de que ya no obtenían beneficios ni financiación adicional de los inversores, pero seguían necesitando pagar sus facturas y a su personal. Así que empezaron a retirar efectivo en lugar de acumularlo.

¿Por qué perdieron valor los activos de los bancos? Todo se reduce a la subida generalizada de los tipos de interés en el sector financiero, impulsada por las medidas de la Reserva Federal de elevar brusca y rápidamente su tipo de interés básico supuestamente para controlar la inflación. ¿Cómo funciona esto?

 Bien, para ganar dinero, digamos que los bancos ofrecen a los depositantes un 2% anual de interés por sus depósitos. Deben cubrir ese interés, bien concediendo préstamos a un tipo más alto a los clientes, bien invirtiendo el efectivo de los depositantes en otros activos que devenguen un tipo de interés más alto. Los bancos pueden conseguir ese tipo más alto si compran activos financieros que paguen más intereses o que puedan vender con beneficio (pero que pueden ser más arriesgados), como bonos corporativos, hipotecarios o acciones.

Los bancos pueden comprar bonos, que son más seguros porque los bancos recuperan todo su dinero al final del vencimiento del bono, digamos cinco años. Y cada año el banco recibe un tipo de interés fijo más alto que el 2% que reciben sus depositantes. Obtiene un tipo más alto porque no puede recuperar su dinero al instante, sino que debe esperar, incluso años.

Los bonos más seguros que se pueden comprar son los del Estado, porque el Tío Sam (probablemente) no va a dejar de reembolsar el bono al cabo de cinco años. Así que los gestores del SVB pensaron que estaban siendo muy prudentes al comprar bonos del Estado. Pero aquí está el problema.

 Si usted compra un bono del Estado por 1.000 dólares que "vence" en cinco años (es decir, que recupera la totalidad de su inversión en cinco años), que paga un interés de, digamos, el 4% anual, entonces, si sus clientes de depósito reciben sólo el 2% anual, usted está ganando dinero.  Pero si la Reserva Federal sube su tipo de interés oficial un 1%, los bancos también deben subir sus tipos de depósito en consecuencia o perderán clientes. El beneficio del banco se reduce. Pero lo que es peor, el precio de su bono de 1.000 libras existente en el mercado secundario de bonos (que es como el mercado de coches de segunda mano) cae. ¿Por qué? Porque, aunque su bono del Estado sigue pagando un 4% cada año, el diferencial entre el interés de su bono y el interés del efectivo u otros activos a corto plazo se ha reducido.

Ahora, si necesita vender su bono en el mercado secundario para obtener efectivo, cualquier comprador potencial de su bono no estará dispuesto a pagar 1.000 dólares por él, sino 900 dólares. Esto se debe a que el comprador, al pagar sólo 900 dólares y seguir obteniendo el 4%, ahora puede obtener un rendimiento de intereses de 4/900 o 4,4%, lo que hace que merezca más la pena comprarlo. SVB tenía un montón de bonos que compró "a la par" (1.000 $) pero que valían menos en el mercado secundario (900 $). Así que tenía "pérdidas no realizadas" en sus libros.

 Pero, ¿qué importa eso si no tiene que venderlos? SVB puede esperar a que venzan los bonos y recuperar todo el dinero invertido más los intereses en cinco años. Pero aquí está la segunda parte del problema para SVB. Con la subida de tipos de la Reserva Federal y la ralentización de la economía hacia la recesión, sobre todo en el sector de las nuevas empresas tecnológicas en el que se especializaba SVB, sus clientes estaban perdiendo beneficios, por lo que se vieron obligados a quemar más efectivo y a reducir sus depósitos en SVB.

Al final, SVB no disponía de liquidez suficiente para hacer frente a las retiradas de fondos, sino que tenía muchos bonos que no habían vencido. Cuando esto se hizo evidente para los depositantes, los que no estaban cubiertos por el seguro de depósitos estatal (cualquier cosa por encima de 250.000 dólares) entraron en pánico y hubo una corrida contra el banco. Esto se hizo evidente cuando SVB anunció que tendría que vender gran parte de sus tenencias de bonos con pérdidas para cubrir las retiradas. Las pérdidas parecían ser tan grandes que nadie quiso poner dinero nuevo en el banco y SVB se declaró en quiebra.

 Así que la falta de liquidez se convirtió en insolvencia, como siempre ocurre. ¿Cuántas pequeñas empresas se dan cuenta de que si hubieran conseguido un poco más de su banco o de un inversor, habrían podido superar la falta de liquidez y seguir funcionando? En cambio, si no reciben más ayuda, tienen que cerrar. Eso es básicamente lo que ha ocurrido con estos bancos.

 Pero el argumento es que se trata de casos puntuales y que las autoridades monetarias han actuado con rapidez para estabilizar la situación y frenar el pánico de los depositantes.  El Gobierno, la Reserva Federal y los grandes bancos han hecho dos cosas. En primer lugar, han ofrecido fondos para satisfacer la demanda de efectivo de los depositantes. Aunque en EE.UU. los depósitos en efectivo superiores a 250.000 dólares no están cubiertos por el gobierno, éste ha renunciado a ese umbral y ha dicho que cubrirá todos los depósitos (sólo de estos bancos) como medida de emergencia.

En segundo lugar, la Reserva Federal ha creado un instrumento especial de préstamo llamado Programa de Financiación a Plazo de los Bancos, por el que los bancos pueden obtener préstamos a un año, utilizando los bonos como garantía a la par para obtener efectivo con el que hacer frente a las retiradas de los depositantes. Así, no tienen que vender sus bonos por debajo de la par. Estas medidas pretenden frenar la corrida del "pánico" contra los bancos.

 Pero aquí está el problema.  Algunos argumentan que SVB y los demás bancos son de poca monta y más bien especializados.  Por tanto, no reflejan problemas sistémicos más amplios. Pero eso hay que ponerlo en duda. En primer lugar, SVB no era un banco pequeño, ni siquiera estaba especializado en el sector tecnológico: era el decimosexto más grande de Estados Unidos y su caída fue la segunda mayor de la historia financiera estadounidense. Además, un reciente informe de la Federal Deposit Insurance Corporation muestra que SVB no es el único que tiene enormes "pérdidas no realizadas" en sus libros. El total de todos los bancos asciende actualmente a 620.000 millones de dólares, o el 2,7% del PIB estadounidense. Ese es el golpe potencial para los bancos o la economía si se materializan estas pérdidas.

De hecho, el 10% de los bancos tienen mayores pérdidas no reconocidas que las de SVB. SVB tampoco era el banco peor capitalizado, ya que el 10% de los bancos tenían una capitalización inferior a la de SVB. Según un estudio reciente, el valor de mercado de los activos del sistema bancario es inferior en 2 billones de dólares a lo que sugiere su valor contable (teniendo en cuenta las carteras de préstamos mantenidas hasta su vencimiento). El valor de mercado de los activos bancarios ha disminuido una media del 10% en todos los bancos, y el percentil 5 inferior ha experimentado un descenso del 20%. Peor aún, si la Fed sigue subiendo los tipos de interés, los precios de los bonos caerán aún más, y las pérdidas no realizadas aumentarán, y más bancos se enfrentarán a una falta de liquidez.

Así pues, es muy posible que las actuales medidas de emergencia no sean suficientes. La pretensión actual es que la liquidez adicional puede ser financiada por bancos más grandes y fuertes que se hagan cargo de los débiles y restablezcan la estabilidad financiera sin golpear a los trabajadores. Esta es la solución de mercado en la que los grandes buitres canibalizan la carroña muerta: por ejemplo, la rama británica de SVB ha sido comprada por HSBC por 1 libra esterlina. En el caso de Credit Suisse, las autoridades suizas forzaron su absorción por el banco UBS, de mayor tamaño, por un precio equivalente a una quinta parte del valor de mercado actual de CS.

Y ahí no acaban los problemas que se avecinan.  Los bancos estadounidenses están muy metidos en activos inmobiliarios comerciales (CRE), es decir, oficinas, plantas, centros comerciales, etc.  Cuando los tipos de interés eran muy bajos o incluso cercanos a cero antes de la pandemia, los bancos pequeños se llenaron de préstamos para el desarrollo inmobiliario y bonos CRE emitidos por promotores.  El endeudamiento como porcentaje de las reservas bancarias se aceleró del 25% anual al 95% anual a principios de 2023 en los bancos pequeños y al 35% en los grandes.

Pero los precios de los locales comerciales han caído en picado desde el final de la pandemia, y muchos de ellos permanecen vacíos sin percibir alquileres. Y ahora que los tipos de las hipotecas comerciales están subiendo por las subidas de la Fed y el BCE, muchos bancos se enfrentan a la posibilidad de más impagos en sus préstamos.  En las dos últimas semanas ya se han impagado préstamos por valor de 3.000 millones de dólares debido al colapso de los promotores inmobiliarios.   En febrero, Brookfield, el mayor propietario de oficinas de Los Ángeles, dejó de pagar 784 millones de dólares; en marzo, Pacific Investment Co. dejó de pagar 1.700 millones de dólares en cédulas hipotecarias y Blackstone dejó de pagar 562 millones de dólares en bonos.  Y hay 270.000 millones de dólares más de estos préstamos CRE pendientes de reembolso.  Además, estos préstamos están muy concentrados.  Los bancos pequeños poseen el 80% del total de préstamos CRE por valor de 2,3 billones de dólares.

El riesgo de los préstamos CRE aún está por llegar.  Pero afectará sobre todo a los bancos regionales, que ya están tambaleándose.  Y es una espiral viciosa.  Los impagos en el sector CRE perjudican a los bancos regionales, ya que la caída de la ocupación de oficinas y el aumento de los tipos de interés deprimen las valoraciones de las propiedades, generando pérdidas.  A su vez, los bancos regionales perjudican a los promotores inmobiliarios, ya que imponen normas de préstamo más estrictas después de la SBV.  Esto priva a los prestatarios de inmuebles comerciales de créditos a precios razonables, reduciendo sus márgenes de beneficio y aumentando los impagos.

Y el otro riesgo aún no resuelto es internacional.  La liquidación del banco internacional suizo Credit Suisse, de 167 años de antigüedad, y su adquisición forzosa por su rival UBS sólo fue posible gracias a la cancelación del valor de 18.000 millones de dólares de todos los bonos secundarios de CS en manos de fondos de cobertura, inversores privados y otros bancos de todo el mundo.  La cancelación de bonos (deuda) y, en cambio, la salvación de los accionistas de CS no tiene precedentes en el derecho financiero.  Esto ha aumentado el riesgo de poseer este tipo de bonos bancarios, a pesar de las garantías del BCE de que esto no ocurriría en la eurozona.  Como consecuencia, los inversores han empezado a preocuparse por otros bancos.  En particular, sus ojos se han centrado en los apuros del mayor banco de Alemania, Deutsche Bank, que tras lo ocurrido con Credit Suisse, ya no es demasiado grande para quebrar.

 Lo que esto demuestra es que la repetida afirmación de la presidenta del BCE, Lagarde, de que no hay "compromiso" entre la lucha contra la inflación con subidas de los tipos de interés y la estabilidad financiera, ya que los bancos luchan por mantener a los depositantes y evitar el impago de los préstamos, no tiene sentido.  De hecho, un nuevo documento de destacados académicos financieros, entre ellos el ex gobernador del Banco de la Reserva de la India, concluye que "las pruebas sugieren que la expansión y la contracción de los balances de los bancos centrales implican compensaciones entre la política monetaria y la estabilidad financiera".

La desestimación de los peligros pasados y futuros por parte de las autoridades monetarias no debería sorprender a los lectores de este blog.  El economista de la corriente dominante, Jason Furman, ha señalado que después del crack financiero mundial de 2008-9, la Fed comenzó a hacer Informes de Estabilidad Financiera regulares.  Pero como Furman señala: "La Fed pasó completamente por alto lo sucedido: ni un atisbo de preocupación". Una interpretación: incompetencia. Otra interpretación: estas cosas son difíciles aunque resulten obvias en retrospectiva".  Por ejemplo, el último informe de noviembre de 2022, el FSR "presentaba en general un panorama reconfortante del sector financiero. Y era especialmente sereno acerca de los bancos, tanto de su capital como de su propensión a las corridas".

El IEF de la Reserva Federal nunca puso a prueba los elevados tipos de interés. Y, sin embargo, cuando los tipos de interés empezaron a subir, debería haber quedado claro que los bancos tenían pérdidas a precios de mercado que no estaban contabilizando en sus carteras a vencimiento. Este riesgo se descartó en una nota a pie de página porque la Reserva Federal pensó que unos tipos de interés más altos significarían ganancias para los bancos en los ingresos netos por intereses.  Lo mismo ocurrió con el Banco Nacional Suizo y su confiada evaluación del futuro de Credit Suisse hace tan sólo unos meses.

 En cuanto a la regulación, siempre he insistido en el fracaso total de la regulación bancaria para evitar las crisis.  Como dijo un experto jurídico bancario "A raíz de la crisis de 2008, el Congreso erigió un enorme edificio legal para gobernar las instituciones financieras: la Ley Dodd-Frank. Y en el transcurso de un fin de semana vimos que todo era una costosa y despilfarradora aldea de Potemkin. ¿De qué sirve tener un enorme conjunto de regulaciones... si no se hacen cumplir? ¿Para tener límites de seguro de depósitos... si no se respetan? La Ley Dodd-Frank sigue vigente, pero sus disposiciones prudenciales están prácticamente muertas. ¿Por qué debería alguien seguir sus requisitos ahora, dado que serán ignorados en cuanto resulten inconvenientes? ¿Y por qué debería el público confiar en que está protegido si no se cumplen las normas? De hecho, ¿alguien ha mirado siquiera el plan de resolución de SVB o ha sido todo un montaje?".

"Realmente no sé cómo se puede enseñar regulación bancaria prudencial después de lo de SVB. ¿Cómo se puede enseñar a los alumnos las normas formales -supervisión, límites de exposición y concentración, pronta acción correctiva, límites de seguro de depósitos- cuando se sabe que las normas no se cumplen?".

"Las normas siempre se tiran por la ventana en las crisis financieras y luego hay mucho movimiento de dedos y nuevas normas que se siguen hasta la siguiente crisis, cuando ya no se siguen".

 Y el jefe del principal regulador financiero del mundo, Pablo Hernández de Cos, presidente del Comité de Supervisión Bancaria de Basilea, dijo la semana pasada: "La única forma de evitar por completo una corrida bancaria sería exigirles que mantuvieran todos sus depósitos en activos de gran liquidez, pero entonces ya no habría bancos". Lo que quiere decir es que no habría bancos cuyo objetivo fuera obtener beneficios y especular, pero sí bancos sin ánimo de lucro que prestaran un servicio público. Pero, por supuesto, eso no está en el orden del día.

Ahora parece que el quebrado Silicon Valley Bank pagó enormes primas a sus altos ejecutivos en función de la rentabilidad del banco; como resultado, los ejecutivos invirtieron en activos más arriesgados a largo plazo para aumentar la rentabilidad y así obtener mayores primas. Y eso no es todo. Justo antes de que el banco quebrara, concedió enormes préstamos a tipos favorables a altos cargos, directivos y accionistas por valor de 219 millones de dólares. Bien si lo consigues, como "iniciado".

 ¿Qué falló en SVB? El presidente de la Reserva Federal, Jay Powell, lo explicó así: "A un nivel básico, la dirección del Silicon Valley Bank fracasó estrepitosamente. Hicieron crecer el banco muy rápidamente. Expusieron al banco a un importante riesgo de liquidez y de tipos de interés. No cubrieron ese riesgo".  Pero "ahora sabemos que los supervisores vieron estos riesgos e intervinieron". ¿En serio? Si es así, ¡llegaron un poco tarde!  "Sabemos que SVB experimentó una corrida bancaria rápida y masiva sin precedentes. Se trata de un grupo muy grande de depositantes conectados, un grupo concentrado de depositantes conectados en una corrida muy, muy rápida. Más rápido de lo que los registros históricos sugerirían".  Así que la Fed fue sorprendida.

Pero no te preocupes, no volverá a ocurrir.  "Por nuestra parte, estamos haciendo una revisión de la supervisión y la regulación. Mi único interés es que identifiquemos qué falló aquí. La cuestión es cómo ha ocurrido. Qué salió mal. Intentemos encontrarlo. Lo encontraremos. Y luego evaluaremos cuáles son las políticas adecuadas para que no vuelva a ocurrir. Y luego aplicar esas políticas".

Pero esta es una explicación superficial.  Siempre habrá algún fallo en la banca.  Como explicó Marx, el capitalismo es una economía monetaria o de dinero. La producción no es para el consumo directo en el punto de uso. La producción de mercancías está destinada a la venta en un mercado para ser cambiada por dinero. Y el dinero es necesario para comprar mercancías.

El dinero y las mercancías no son la misma cosa, por lo que la circulación de dinero y mercancías está intrínsecamente sujeta a ruptura. En cualquier momento, los poseedores de efectivo pueden decidir no comprar mercancías a los precios vigentes y, en su lugar, acumularlo. Entonces, los vendedores de materias primas deben bajar los precios o incluso quebrar. Muchas cosas pueden desencadenar esta ruptura en el intercambio de dinero y mercancías, o de dinero por activos financieros como bonos o acciones - capital ficticio, lo llamó Marx. Y puede ocurrir de repente.

¿Qué falló en SVB? El presidente de la Reserva Federal, Jay Powell, lo explicó así: "A un nivel básico, la dirección del Silicon Valley Bank fracasó estrepitosamente. Hicieron crecer el banco muy rápidamente. Expusieron al banco a un importante riesgo de liquidez y de tipos de interés. No cubrieron ese riesgo".  Pero "ahora sabemos que los supervisores vieron estos riesgos e intervinieron". ¿En serio? Si es así, ¡llegaron un poco tarde!  "Sabemos que SVB experimentó una corrida bancaria rápida y masiva sin precedentes. Se trata de un grupo muy grande de depositantes conectados, un grupo concentrado de depositantes conectados en una corrida muy, muy rápida. Más rápido de lo que los registros históricos sugerirían".  Así que la Fed fue sorprendida.

Pero no te preocupes, no volverá a ocurrir.  "Por nuestra parte, estamos haciendo una revisión de la supervisión y la regulación. Mi único interés es que identifiquemos qué falló aquí. La cuestión es cómo ha ocurrido. Qué salió mal. Intentemos encontrarlo. Lo encontraremos. Y luego evaluaremos cuáles son las políticas adecuadas para que no vuelva a ocurrir. Y luego aplicar esas políticas".

Pero esta es una explicación superficial.  Siempre habrá algún fallo en la banca.  Como explicó Marx, el capitalismo es una economía monetaria o de dinero. La producción no es para el consumo directo en el punto de uso. La producción de mercancías está destinada a la venta en un mercado para ser cambiada por dinero. Y el dinero es necesario para comprar mercancías.

El dinero y las mercancías no son la misma cosa, por lo que la circulación de dinero y mercancías está intrínsecamente sujeta a ruptura. En cualquier momento, los poseedores de efectivo pueden decidir no comprar mercancías a los precios vigentes y, en su lugar, acumularlo. Entonces, los vendedores de materias primas deben bajar los precios o incluso quebrar. Muchas cosas pueden desencadenar esta ruptura en el intercambio de dinero y mercancías, o de dinero por activos financieros como bonos o acciones - capital ficticio, lo llamó Marx. Y puede ocurrir de repente.

Pero la principal causa subyacente será la sobreacumulación de capital en los sectores productivos de la economía o, en otras palabras, la caída de la rentabilidad de la inversión y la producción. Los clientes de las empresas tecnológicas en el SVB habían empezado a perder beneficios y estaban sufriendo una pérdida de financiación por parte de los llamados inversores de capital riesgo (inversores en start-ups) porque los inversores veían que los beneficios caían. Por eso las tecnológicas tuvieron que reducir sus depósitos en efectivo. Esto destruyó la liquidez de SVB y le obligó a anunciar una venta forzosa de sus activos en bonos.  Paralelamente, los tipos de interés subieron, lo que incrementó el coste de los préstamos.  Esta crisis de "liquidez" se está gestando ahora en el sector inmobiliario y en los bancos con grandes deudas en bonos.

Así que la crisis bancaria aún no ha terminado.  De hecho, algunos sostienen que podría producirse una crisis recurrente que durase años, como ocurrió con la crisis de los préstamos y ahorros en EE.UU. (década de 1980-90).

 Lo cierto es que las condiciones crediticias se están endureciendo, los préstamos bancarios se reducirán y a las empresas de los sectores productivos les resultará cada vez más difícil obtener fondos para invertir y a los hogares para comprar artículos de gran valor.  Eso va a acelerar la caída de las economías este año.  El audaz optimismo expresado antes de marzo de que se evitará la recesión resultará infundado.  Sólo la semana pasada, las propias previsiones de la Reserva Federal para el crecimiento económico de EE.UU. este año se redujeron a sólo el 0,4%, lo que, de cumplirse, significaría al menos dos trimestres de contracción a mediados de este año.

Y si la actual crisis bancaria se convierte en sistémica, como ocurrió en 2008, habrá que "socializar" las pérdidas sufridas por la élite bancaria mediante rescates gubernamentales, lo que disparará las deudas del sector público (que ya están en máximos históricos); todo ello a expensas del resto de nosotros mediante un aumento de los impuestos y aún más austeridad en el gasto público en bienestar y servicios."

( Michael Roberts es economista en la City de Londres, Brave New europe, 27/03/23, traducción DEEPL)

27.3.23

La verdad sobre el Deutsche Bank... Alemania tiene un sistema de país (todavía) muy rico con una posición financiera neta positiva de alrededor de 3 billones de dólares... el Estado alemán tiene (todavía) un amplio margen de maniobra... la alquimia para salvar al Deutsche Bank la encontrarán los alemanes de todos modos... ni más ni menos que lo que ocurrió hace sólo unos días con Credit Suisse; rescate garantizado si es necesario y castigo para los chivos expiatorios... Entonces, ¿dónde está el problema? ¿Por qué hay tantos bancos occidentales en quiebra o en peligro de quiebra? Los países deudores netos son Francia y Gran Bretaña, los dos grandes enfermos con una posición financiera exterior neta de más de 800.000 millones de dólares cada uno, pero también España y Portugal, y fuera del euro también Polonia y Hungría... Aquí no hay capital y pueden ser necesarias maniobras de austeridad y, en el caso de los países de la UE, la intervención del MEDE

 "Unas semanas después de la sonada quiebra del banco estadounidense Silicon Valley y una semana después del igualmente sonado rescate in extremis del banco suizo Credit Suisse, se ha producido un revuelo en los principales medios de comunicación y en los sitios de Internet sobre la inminente quiebra del gigante bancario alemán Deutsche Bank.

El desencadenante de estos rumores fue el espectacular aumento del coste de los CDS (Credit Default Swaps) que aseguran a los acreedores del Deutsche Bank contra la quiebra. A su vez, la subida de estos particulares valores derivados desencadenó el desplome bursátil de la cotización del gigante alemán.

En tiempos de histeria mediática, esto bastó para que muchos pronosticaran un cataclismo bancario europeo con todas las consecuencias imaginables para el sistema financiero mundial.

Sin duda es cierto; tras la quiebra de Lehman Brothers todo es posible, incluso lo impensable. Sin embargo, nunca hay que olvidar analizar los llamados fundamentos relativos al país donde está radicada la empresa en cuestión antes de entregarse a predicciones cuando menos temerarias.

Alemania tiene un sistema de país (todavía) muy rico con una posición financiera neta positiva de alrededor de 3 billones de dólares (lo que significa que la nación alemana es acreedora del resto del mundo por valor de esta cifra estelar), el Estado alemán tiene (todavía) un amplio margen de maniobra con un ratio déficit/PIB del 4,1% y un ratio deuda/PIB del 72% (estas son las cifras oficiales para 2022), y además donde los particulares tienen un amplio margen de maniobra gracias al enorme capital acumulado en el extranjero.

Por lo tanto, no hay que ser Tiresias para predecir que la alquimia para salvar al Deutsche Bank la encontrarán los alemanes de todos modos. En caso de impago (pero no lo será) éste será controlado y con el único objetivo político de "castigar" en parte a los accionistas, bonistas y directivos del banco considerados responsables. En resumen, ni más ni menos que lo que ocurrió hace sólo unos días con Credit Suisse; rescate garantizado si es necesario y castigo para los chivos expiatorios.

Entonces, ¿dónde está el problema? ¿Por qué hay tantos bancos occidentales en quiebra o en peligro de quiebra? El problema es -en mi opinión- la salida de recursos financieros (saudíes, chinos y rusos, por citar sólo algunos) de los circuitos financieros occidentales hacia otras orillas. En consecuencia, los tipos suben porque ante una demanda constante de dinero, si hay menos liquidez disponible, la lucha por el atesoramiento hace subir los precios (que cuando se trata de dinero son los tipos de interés).

En ese momento, por ejemplo, estallan los problemas de los instrumentos derivados en las carteras de muchos bancos; pero a medio plazo, la subida de los tipos afectará también a la capacidad de las empresas para devolver sus préstamos, aumentando las insolvencias y erosionando en consecuencia la rentabilidad y el capital.

Así pues, nos enfrentamos tanto a problemas inmediatos de liquidez como a problemas de recapitalización en el futuro. Los primeros pueden resolverse mediante inyecciones de los bancos centrales y los segundos mediante ampliaciones de capital en las que se recurra a inversores privados y públicos para que suscriban las acciones de nueva emisión.

En lo que respecta a las inyecciones de liquidez, todos los bancos centrales occidentales, desde la FED hasta el Banco de Japón, pasando por el BCE, han declarado que están dispuestos a hacer lo que sea necesario: en esencia, los Señores de la Moneda han puesto en marcha la red de arrastre "Cueste lo que cueste".

La cuestión de las eventuales (y yo diría probables) ampliaciones de capital necesarias es diferente. Ciertamente, los bancos centrales no pueden imprimir dinero para suscribir las acciones de los bancos; eso supondría su pérdida total de credibilidad, así como la pérdida de credibilidad del dinero que imprimen.

Así que el capital debe ser aportado por quienes lo tienen. Y aquí resulta erróneo hablar del sistema occidental en general: hay que distinguir al menos entre los países (entendidos como nación y, por tanto, como suma de Estado, hogares y empresas) que son acreedores y, por tanto, en posesión de ese capital que necesitan los bancos y los países que, en cambio, son deudores netos frente al exterior. Entre los primeros se encuentran Alemania, Austria, Países Bajos, Bélgica, Dinamarca y Suecia. Entre los países deudores exteriores netos están sin duda Francia y Gran Bretaña, los dos grandes enfermos con una posición financiera exterior neta de más de 800.000 millones de dólares cada uno, pero también España y Portugal, y fuera del euro también Polonia y Hungría.

Aquí no hay capital y pueden ser necesarias maniobras de austeridad y, en el caso de los países de la UE, la intervención del MEDE.

Unas últimas palabras sobre Italia.

En caso de crisis bancaria, el sistema italiano (entendido como la suma de Familias, Empresas y Estado) también dispondría de capital para rescates, dado que la posición financiera neta del Bel Paese es positiva en unos 300.000 millones de dólares. El problema es que el Estado italiano está lleno de deudas y, por tanto, esos fondos están -por lógica- totalmente en manos de particulares y en algún lugar del extranjero.


¿Estarán dispuestos los ricos frailes italianos a ayudar al pobre y miserable convento donde viven?"         (Giuseppe Masala, L'Antidiplomatico, 25/03/23; traducción DEEPL)

23.3.23

Michael Hudson: Por qué la crisis bancaria no ha terminado... Uno puede hacerse eco de la reina Isabel II y preguntar: «¿Nadie vio venir esto?»... ¿Dónde estaban los examinadores de la Reserva Federal?... Para responder a eso, uno debería mirar quiénes son los reguladores y examinadores bancarios. Son examinados por los propios bancos... La corrupción desreguladora desempeñó un papel en la selección cuidadosa de tales reguladores y examinadores... Otra consideración política es que Silicon Valley es un bastión del Partido Demócrata y una rica fuente de financiación de campañas. La Administración Biden no iba a matar a la gallina de los huevos de oro de las contribuciones de campaña. Por supuesto que iba a rescatar al banco y a sus clientes de capital privado... La gran pregunta es si las tasas de interés pueden volver alguna vez a una «normalidad» histórica sin convertir todo el sistema bancario en algo como SVB... Si la Fed realmente eleva las tasas de interés a niveles normales para frenar el crecimiento de los salarios, hay un colapso financiero

 "Los colapsos de Silvergate, Silicon Valley Bank, Signature Bank y las insolvencias bancarias relacionadas son mucho más graves que el colapso de 2008-09. El problema en ese momento eran los bancos corruptos que otorgaban malos préstamos hipotecarios. Los deudores no podían pagar y estaban en mora, y resultó que los bienes inmuebles que habían prometido como garantía estaban sobrevaluados de manera fraudulenta, hipotecas chatarra «marcadas a fantasía» hechas por valoraciones falsas del precio real de mercado de la propiedad y los ingresos del prestatario. . Los bancos vendieron estos préstamos a compradores institucionales como fondos de pensiones, cajas de ahorro alemanas y otros compradores crédulos que habían bebido el Kool Aid neoliberal de Alan Greenspan, creyendo que los bancos no los engañarían.

Las inversiones de Silicon Valley Bank (SVB) no tenían tal riesgo de incumplimiento. El Tesoro siempre puede pagar, simplemente imprimiendo dinero, y las hipotecas prime a largo plazo cuyos paquetes compró SVP también eran solventes. El problema es el propio sistema financiero, o mejor dicho, el rincón en el que la Fed post-Obama ha pintado al sistema bancario. No puede escapar de sus 13 años de flexibilización cuantitativa sin revertir la inflación del precio de los activos y hacer que los bonos, las acciones y los bienes raíces bajen su valor de mercado.

En pocas palabras, resolver la crisis de iliquidez de 2009 que salvó a los bancos de perder dinero (a costa de cargar a la economía con enormes deudas), allanó el camino para la crisis de iliquidez profundamente sistémica que recién ahora se está poniendo de manifiesto. No puedo resistirme a señalar su dinámica básica en 2007 (Harpers) y en mi libro de 2015 Killing the Host.

Ficciones contables vs. realidad del mercado

No existían riesgos de impago de préstamos para las inversiones en valores gubernamentales o paquetes hipotecarios a largo plazo que SVB y otros bancos han comprado. El problema es que la valoración de mercado de estas hipotecas ha caído como consecuencia del aumento de los tipos de interés. El rendimiento de los intereses de los bonos y las hipotecas comprados hace unos años es mucho más bajo que el que está disponible en las nuevas hipotecas y los nuevos pagarés y bonos del Tesoro. Cuando las tasas de interés suben, estos «antiguos valores» bajan de precio para llevar su rendimiento a los nuevos compradores en línea con las tasas de interés crecientes de la Reserva Federal.

Un problema de valoración de mercado no es un problema de fraude esta vez.

El público acaba de descubrir que el cuadro estadístico que los bancos reportan sobre sus activos y pasivos no refleja la realidad del mercado. A los contadores bancarios se les permite fijar el precio de sus activos al «valor en libros» en función del precio que se pagó para adquirirlos, sin tener en cuenta el valor actual de estas inversiones. Durante el auge de 14 años en los precios de los bonos, las acciones y los bienes inmuebles, esto subvaloró la ganancia real que habían obtenido los bancos cuando la Reserva Federal redujo las tasas de interés para inflar los precios de los activos. Pero esta flexibilización cuantitativa (QE) terminó en 2022 cuando la Fed comenzó a endurecer las tasas de interés para frenar las ganancias salariales.

 Cuando las tasas de interés suben y los precios de los bonos caen, los precios de las acciones tienden a seguir. Pero los bancos no tienen que rebajar el precio de mercado de sus activos para reflejar esta caída si simplemente se aferran a sus bonos o paquetes hipotecarios. Solo tienen que revelar la pérdida en el valor de mercado si los depositantes en balance retiran su dinero y el banco realmente tiene que vender estos activos para reunir el efectivo para pagar a sus depositantes.

Eso es lo que sucedió en Silicon Valley Bank. De hecho, ha sido un problema para todo el sistema bancario estadounidense.  (...)

Cómo el cortoplacismo de SVP no vio hacia dónde se dirige el sector financiero

Durante los años de bajas tasas de interés, el sistema bancario estadounidense descubrió que su poder de monopolio era demasiado fuerte. Solo tenía que pagar a los depositantes 0,1 o 0,2 por ciento sobre los depósitos. Eso era todo lo que el Tesoro estaba pagando en letras del Tesoro sin riesgo a corto plazo. Así que los depositantes tenían pocas alternativas, pero los bancos cobraban tasas mucho más altas por sus préstamos, hipotecas y tarjetas de crédito. Y cuando llegó la crisis de la COVID-19 en 2020, las corporaciones se abstuvieron de realizar nuevas inversiones e inundaron los bancos con dinero que no estaban gastando.

Los bancos pudieron obtener una ganancia de arbitraje (obteniendo tasas más altas de las inversiones que las que pagaban por los depósitos) al comprar valores a más largo plazo. SVB compró bonos del Tesoro a largo plazo. El margen no fue grande, menos de 2 puntos porcentuales. Pero era el único «dinero gratis» seguro que existía.

El año pasado, el presidente de la Reserva Federal, Powell, anunció que el banco central iba a aumentar las tasas de interés para frenar el crecimiento de los salarios que se desarrolló a medida que la economía comenzaba a recuperarse. Eso llevó a la mayoría de los inversionistas a darse cuenta de que las tasas de interés más altas reducirían el precio de los bonos, más abruptamente para los bonos a más largo plazo. La mayoría de los administradores de dinero evitaron tales caídas de precios moviendo su dinero a bonos del Tesoro a corto plazo o fondos del mercado monetario, mientras que los precios de bienes raíces, bonos y acciones cayeron.

Por alguna razón, SVB no hizo este movimiento obvio. Mantuvieron sus activos concentrados en bonos del Tesoro a largo plazo y valores similares. Siempre que el banco no tuviera retiros netos de depósitos, no tenía que informar esta disminución en el valor de mercado de sus activos.

Sin embargo, se quedó con la bolsa cuando el Sr. Powell anunció que no había suficientes trabajadores estadounidenses desempleados para mantener bajos sus aumentos salariales, por lo que planeó aumentar las tasas de interés aún más de lo que esperaba. Dijo que se necesitaba una recesión grave para mantener los salarios lo suficientemente bajos como para mantener altas las ganancias corporativas estadounidenses y, por lo tanto, el precio de sus acciones.

Esto revirtió la flexibilización cuantitativa del rescate de Obama que inflaba constantemente los precios de los activos inmobiliarios, acciones y bonos. Pero la Fed se ha arrinconado a sí misma: si restaura la era de las tasas de interés «normales», eso revertirá el aumento de los precios de los activos de 15 años para el sector FIRE.

Este cambio repentino del 11 y 12 de marzo dejó a SVB “con una pérdida no realizada de cerca de $ 163 mil millones, más que su base de capital. Las salidas de depósitos luego comenzaron a cristalizar esto en una pérdida realizada”. SVB no estaba solo. Los bancos de todo el país estaban perdiendo depósitos.

Esto no fue una “corrida bancaria” resultante de los temores de insolvencia. Fue porque los bancos eran monopolios lo suficientemente fuertes como para evitar compartir sus crecientes ganancias con sus depositantes. Obtenían ganancias vertiginosas sobre las tasas que cobran a los prestatarios y las tasas generadas por sus inversiones. Pero continuaron pagando a los depositantes solo alrededor del 0,2%.

El Tesoro de EE. UU. estaba pagando mucho más y el jueves 11 de marzo, el bono del Tesoro a dos años rendía casi un 5 por ciento. La brecha cada vez mayor entre lo que los inversores pueden ganar comprando valores del Tesoro sin riesgo y la miseria que los bancos estaban pagando a sus depositantes llevó a los depositantes más acomodados a retirar su dinero para obtener un rendimiento de mercado más justo en otros lugares.

Sería un error pensar en esto como una «corrida bancaria», y mucho menos como un pánico. Los depositantes no fueron irracionales ni fueron objeto de “la locura de las multitudes” al retirar su dinero. Los bancos simplemente eran demasiado egoístas. Y a medida que los clientes retiraron sus depósitos, los bancos tuvieron que vender su cartera de valores, incluidos los valores a largo plazo en poder de SVB.

Todo esto es parte de la reversión de los rescates bancarios de Obama y la flexibilización cuantitativa. El resultado de tratar de volver a niveles de tasas de interés históricos más normales es que el 14 de marzo, la agencia de calificación Moody’s redujo la perspectiva del sistema bancario de EE. UU. de estable a negativa, citando el «entorno operativo que cambia rápidamente». A lo que se refieren es a la caída en la capacidad de las reservas bancarias para cubrir lo que les debían a sus depositantes, quienes retiraban su dinero y obligaban a los bancos a vender valores con pérdidas.

El engañoso encubrimiento del presidente Biden

El presidente Biden está tratando de confundir a los votantes asegurándoles que el «rescate» de los depositantes ricos del SVB sin seguro no es un rescate. Pero, por supuesto, es un rescate. Lo que quiso decir es que los accionistas de los bancos no fueron rescatados. Pero sus grandes depositantes sin seguro que se salvaron de perder un solo centavo, a pesar de que no calificaban para la seguridad, y de hecho habían hablado conjuntamente entre ellos y decidieron abandonar el barco y provocar el colapso del banco.

Lo que Biden realmente quiso decir es que esto no es un rescate de los contribuyentes. No implica la creación de dinero o un déficit presupuestario, como tampoco los 9 billones de dólares de la Fed en Flexibilización Cuantitativa para los bancos desde 2008 han sido creación de dinero o aumento del déficit presupuestario. Es un ejercicio de balance, técnicamente una especie de «swap» con compensaciones de buen crédito de la Reserva Federal por valores bancarios «malos» prometidos como garantía, muy por encima del precio actual del mercado, sin duda. Eso es precisamente lo que “rescató” a los bancos después de 2009. Se creó el crédito federal sin impuestos.

La visión de túnel inherente del sistema bancario

Uno puede hacerse eco de la reina Isabel II y preguntar: «¿Nadie vio venir esto?» ¿Dónde estaba el Banco Federal de Préstamos para la Vivienda que se suponía que regularía el SVB? ¿Dónde estaban los examinadores de la Reserva Federal?

 

Para responder a eso, uno debería mirar quiénes son los reguladores y examinadores bancarios. Son examinados por los propios bancos, elegidos por su negación de que exista un problema inherentemente estructural en nuestro sistema financiero. Son «verdaderos creyentes» de que los mercados financieros se corrigen a sí mismos mediante «estabilizadores automáticos» y «sentido común».

La corrupción desreguladora desempeñó un papel en la selección cuidadosa de tales reguladores y examinadores con visión de túnel. SVB fue supervisado por el Federal Home Loan Bank (FHLB). El FHLB es conocido por la captura regulatoria por parte de los bancos que eligen operar bajo su supervisión. Sin embargo, el negocio de SVB no es el préstamo hipotecario. Se trata de préstamos a entidades de capital privado de alta tecnología que se están preparando para las OPI, que se emitirán a precios altos, se hablará y luego, a menudo, se dejarán caer en un juego de bomba y descarga. Los funcionarios bancarios o los examinadores que reconocen este problema quedan descalificados del empleo por estar “sobrecalificados”.

Otra consideración política es que Silicon Valley es un bastión del Partido Demócrata y una rica fuente de financiación de campañas. La Administración Biden no iba a matar a la gallina de los huevos de oro de las contribuciones de campaña. Por supuesto que iba a rescatar al banco ya sus clientes de capital privado. El sector financiero es el núcleo del apoyo del Partido Demócrata y el liderazgo del partido es leal a sus seguidores. Como dijo el presidente Obama a los banqueros que temían que pudiera cumplir sus promesas de campaña de reducir las deudas hipotecarias a valoraciones de mercado realistas para permitir que los clientes explotados de hipotecas basura permanecieran en sus hogares, «Soy el único entre ustedes [los banqueros visitando la Casa Blanca] y la multitud con las horcas”, es decir,

La Fed se asusta y baja las tasas de interés

El 14 de marzo, los precios de las acciones y los bonos se dispararon. Los compradores de márgenes hicieron una matanza al ver que el plan de la Administración es el habitual: acabar con el problema bancario, inundar la economía con rescates (para los banqueros, no para los estudiantes deudores) hasta el día de las elecciones en noviembre de 2024.

La gran pregunta es, por lo tanto, si las tasas de interés pueden volver alguna vez a una «normalidad» histórica sin convertir todo el sistema bancario en algo como SVB. Si la Fed realmente eleva las tasas de interés a niveles normales para frenar el crecimiento de los salarios, debe haber un colapso financiero. Para evitar esto, la Fed debe crear un flujo exponencialmente creciente de flexibilización cuantitativa.

El problema subyacente es que la deuda que devenga intereses crece exponencialmente, pero la economía sigue una curva en S y luego baja. Y cuando la economía decae, o se ralentiza deliberadamente cuando los salarios de los trabajadores tienden a alcanzar la inflación de precios provocada por los precios de monopolio y las sanciones antirrusas de EE. la capacidad de pago.

Esa es la verdadera crisis financiera que enfrenta la economía. Va más allá de la banca. Toda la economía está cargada con la deflación de la deuda, incluso frente a la inflación de precios de activos respaldada por la Reserva Federal. Entonces, la gran pregunta, literalmente, el «resultado final», es ¿cómo puede la Fed maniobrar para salir de la esquina de la flexibilización cuantitativa de bajo interés en la que ha pintado la economía de EE. UU.? Cuanto más tiempo y cualquiera que sea el partido que esté en el poder continúe evitando que los inversores del sector FIRE asuman una pérdida, más violenta debe ser la resolución final"                   (MICHAEL HUDSON, Observatorio de la crisis, 16/03/23)

20.3.23

UBS acuerda la compra de Credit Suisse por 3.000 millones de euros... y una línea de liquidez de 100.000 millones del Banco Nacional de Suiza... así cualquiera

 "El banco suizo UBS ha alcanzado este domingo un acuerdo para adquirir Credit Suisse a cambio de 3.000 millones de francos suizos (una cantidad similar en euros), en una operación que fusionará a las dos mayores entidades del país. La transacción se ha gestado durante un fin de semana agónico, cargado de reuniones de urgencia, en un intento, finalmente exitoso, por cerrar la venta antes de la apertura del mercado este lunes, cuando era previsible un nuevo desplome en Bolsa de Credit Suisse con potencial para provocar pérdidas a toda la banca.

El jefe de Gobierno, Alain Berset, presidente del Consejo Federal suizo, ha explicado en rueda de prensa cuándo se dieron cuenta de que Credit Suisse ya no podía caminar solo. “El viernes constatamos que la salida de fondos y la volatilidad del mercado demostraba que la confianza necesaria no podía ser restaurada. Y que una solución rápida que garantizara la estabilidad era indispensable. Esa decisión es el rescate de Credit Suisse por UBS”. Berset ha reconocido la gravedad de la situación por el tamaño del banco, considerado demasiado grande para caer. “Una caída incontrolada de Credit Suisse habría tenido consecuencias incalculables para el sistema financiero internacional. Teníamos, por tanto, la responsabilidad de hacer todo lo posible para evitar una crisis financiera de grandes dimensiones”.

El escenario de una quiebra, peligroso en medio de la desconfianza desatada por la caída de dos bancos en EE UU, se ha evitado tras un tira y afloja en torno al precio. La primera oferta de UBS, de 1.000 millones, fue rechazada por demasiado baja, pero la presión ejercida por las autoridades suizas, y las ventajas prometidas al principal banco helvético para sacar la operación adelante —no será necesario que se someta a la votación de sus accionistas, recibirá 9.000 millones en garantías para afrontar las futuras pérdidas que le depare la compra, y el Banco Nacional de Suiza ha puesto a su disposición una línea de liquidez de 100.000 millones—, han sido suficientes para que este acepte comprar al que era considerado como su gran rival, aun cuando la distancia entre ambos se había agrandado en los últimos tiempos. Mientras UBS estaba valorado este viernes a cierre de mercado en 53.000 millones de euros, su competidor rondaba los 7.500 millones de capitalización. Eso quiere decir que UBS pagará un precio muy inferior al que valía en Bolsa Credit Suisse hace solo un par de días.

El histórico pacto, al que el Banco Central Europeo, la Reserva Federal estadounidense y el Banco de Inglaterra han dado su visto bueno, crea una de las mayores entidades de Europa, y sirve para poner fin a la crisis de confianza que estaba desangrando a Credit Suisse. La entidad, con sede en Zúrich, ya vio como en el último trimestre de 2022 se producían fugas de depósitos. masivas. Aunque el Banco Nacional de Suiza insistió esta semana en que cumplía ampliamente con los requisitos de capital y liquidez, el temor de los clientes a que la situación del banco empeorase con sus ahorros dentro estaba alimentando nuevas huidas de dinero en plena marejada de informaciones negativas. Eso ha hecho insostenible la continuidad en solitario de Credit Suisse. La marca ha pasado de ser sinónimo de fiabilidad a convertirse en fuente de sospechas, dañando la reputación de la otrora potente banca suiza, y convirtiéndose en un lastre para todo el sector.

“Hoy es un día histórico, triste y duro para Credit Suisse, para Suiza y para los mercados financieros mundiales”, ha dicho el presidente del banco, Axel Lehmann. “Pero esto no podía continuar así”, ha admitido. Fue llamativo que citara, entre los culpables de la crisis que ha derrumbado el banco, a “la tormenta en redes sociales”.  (...)

La operación pone un penoso colofón a una semana negra para el banco fundado en 1856 por Alfred Escher para financiar infraestructuras de ferrocarril de las que Suiza carecía, entre ellas proyectos tan emblemáticos como el túnel de Saint-Gothard que atraviesa los Alpes. La entidad, penalizada por los continuos cambios en su equipo directivo, e involucrada en una ristra de escándalos que disparó su factura legal y le obligó a pagar numerosas multas a los reguladores de EE UU, la UE y Suiza, hace tiempo que estaba considerada como uno de los eslabones más débiles de la banca europea, y eso se había reflejado en su cotización en Bolsa, con una caída de casi el 90% en solo cinco años.

En esa situación de fragilidad, con unas pérdidas de 7.381 millones en 2022, y anuncios de más números rojos para 2023, le pilló la crisis de confianza desatada la semana pasada en EE UU por las quiebras del Silicon Valley Bank y el Signature Bank. A ella se unieron dos noticias que prendieron la mecha: el martes, en su informe anual, Credit Suisse reconoció “debilidades relevantes” en sus sistemas de control de la información financiera. Y el miércoles, su principal accionista, el Saudi National Bank, dueño del 9,88% de los títulos, que acumulaba perdidas de más de 500 millones solo cuatro meses después de su inversión (ahora pasarán a ser más), decía basta y anunciaba que no aportaría más dinero. Eso cercenó su imagen de salvavidas del banco en caso de recrudecimiento de la crisis, y dejó a Credit Suisse a merced de unos mercados que no tuvieron piedad. (...)"                   (Álvaro Sánchez , El País,  19/03/23)

16.3.23

El aroma resulta familiar... Una entidad financiera no demasiado conocida entra en crisis. Las autoridades llaman a la calma. Los bancos centrales se movilizan. Los inversores buscan refugio. Las Bolsas caen. Los bonos suben. El oro, también. Huele, en definitiva, a crisis financiera... El mercado apuesta sobre quién será la próxima víctima. Los partes de crisis llegan desde todos los rincones financieros del planeta, desde un fondo de pensiones sueco a una tecnológica australiana o una firma de inversiones japonesa... Vuelve la burra al pasto

 "(...) Cómo de profunda sea esa crisis y cuánto afecte a la economía real este episodio marcado sobre todo por la caída de Silicon Valley Bank es lo que aún se desconoce, pero los efectos ya son palpables en los mercados, en las expectativas de subida de los tipos de interés y hasta en el discurso político.

Los ecos de 2008 resuenan en los mensajes que han seguido a la crisis de Silicon Valley Bank (SVB). Hace justo 15 años también se decía que Bear Stearns (y algunos canarios en la mina que murieron antes) era un caso aislado y que el riesgo de contagio estaba limitado, antes de que la quiebra de Lehman Brothers diera el pistoletazo de salida oficial a la Gran Recesión. ¿Se repetirá la historia o esta vez es diferente? El escenario central sigue siendo el de un impacto limitado, pero en las crisis financieras, como en las corridas bancarias, hay algo de profecía que se autocumple. El desplome bursátil de los bancos regionales estadounidenses de este lunes pone los pelos de punta.

El fondo de garantía de depósitos (FDIC), la Reserva Federal y el Departamento del Tesoro han tirado de manual y han garantizado los depósitos de los clientes del SVB, que ascendían a unos 175.000 millones de dólares, y los de Signature Bank, también caído, de cerca de 100.000 millones. Pese al riesgo moral que implica cubrir todos los depósitos (y no solo los de menos de 250.000 dólares, como marca la norma), las autoridades son conscientes de que no garantizarlos habría provocado un contagio inmediato, arrastrado a otras entidades financieras regionales y generado una gran crisis de confianza en el sistema bancario del país.

“Los estadounidenses pueden estar seguros de que nuestro sistema bancario es seguro. Sus depósitos están seguros”, aseguraba este lunes el presidente de Estados Unidos, Joe Biden. Las autoridades harán “lo que sea necesario”, añadía con palabras similares a las que usó el presidente del BCE, Mario Draghi, para defender el euro.

Al tiempo que promete lo que haga falta, Biden repite que no habrá pérdidas para los contribuyentes, sino que el saneamiento se financiará con las tasas que pagan las entidades al FDIC. Esa es la primera gran diferencia con respecto a los rescates al estilo de 2008, costeados con dinero público. La otra es que aunque se ayuda a los depositantes, no habrá rescate a los inversores de los bancos caídos, sean accionistas o bonistas: “Asumieron un riesgo a sabiendas y han perdido su dinero. Así funciona el capitalismo”, insistió Biden este lunes.

No solo los accionistas y bonistas de SVB han perdido su dinero. La semana pasada también cayeron Silvergate, un pequeño banco ligado a las criptodivisas, y Signature Bank, entidad neoyorquina también cercana al mundo cripto que se vio arrastrada el fin de semana. Las autoridades quizá hayan evitado la fuga de depósitos, pero no han contenido la huida de inversores.

El mercado apuesta sobre quién será la próxima víctima. Los primeros candidatos son los que más se parecen a SVB, bancos regionales, sobre todo de California, donde la crisis de SVB es reflejo también de un cambio de ciclo algo más amplio para las tecnológicas. Las acciones del 14º mayor banco de EE UU, First Republic Bank, con sede en San Francisco, se desplomaron este lunes más de un 60%, a pesar de que la entidad proclamó que disponía de abundante liquidez. Los títulos de otros bancos regionales como Western Alliance (Arizona), PacWest (California) y Zions (Utah) cayeron entre el 25% y el 50%. Charles Schwab, con cerca de 350.000 millones de dólares en depósitos, cayó más de un 11%.

En todo el mundo, los bancos, en especial los que se perciben como más débiles, sufrieron también este lunes el castigo de los inversores. Los partes de crisis llegan desde todos los rincones financieros del planeta, desde un fondo de pensiones sueco a una tecnológica australiana o una firma de inversiones japonesa.

La caída de SVB

Silicon Valley Bank era una entidad peculiar. Fundada en 1983 y con sede en Santa Clara (California), en pleno valle del silicio, creció hasta convertirse en el 16º mayor banco de Estados Unidos por activos. Haciendo honor a su nombre, jugaba un papel relevante en el sector tecnológico. Era un banco de referencia para las startups, las nuevas empresas emergentes a las que las entidades tradicionales eran más remisas a prestar dinero. Lo paradójico es que no ha sido el riesgo asumido en el sector tecnológico lo que ha hundido al banco, sino todo lo contrario.

El negocio de un banco es tomar depósitos de quienes tienen dinero para prestárselo a quienes lo necesitan, pero las tecnológicas nadaban en abundante liquidez en 2021 y comienzos de 2022. Tipos de interés bajos, rondas de financiación, salidas a Bolsa, ampliaciones de capital y otras vías de financiación hacían que las startups no pidiesen tantos préstamos a SVB, sino que más bien depositasen en la entidad cantidades multimillonarias. SVB decidió invertir esos depósitos a corto plazo por los que no pagaba intereses en títulos seguros de renta fija a largo plazo con algo de remuneración.

Parecía un negocio redondo, pero los tipos de interés empezaron a subir. Normalmente, para un banco, esa subida de tipos es buena. La mayoría de sus préstamos a las empresas son a tipo variable y el alza de tipos aumenta los ingresos del banco, que, mientras, puede arrastrar los pies a la hora de subir la remuneración de los depósitos. En el caso de SVB, más que préstamos a empresas a tipo variable y a corto plazo, lo que había era bonos del Tesoro y otros títulos de renta fija (léase, a tipo fijo) a largo plazo. El precio o valor de los bonos se mueve en dirección inversa a los tipos de interés. Si los tipos suben, los bonos valen menos. En principio, son solo pérdidas latentes, sobre el papel, mientras el banco mantenga los bonos en cartera, pero si los vende, se materializan.

En paralelo, la subida de tipos drenó las fuentes de financiación de las tecnológicas, que empezaron a retirar dinero del banco. Para devolver los depósitos, SVB tuvo que vender bonos y esas pérdidas teóricas se conviertieron en reales. Eso, además, deterioró sus indicadores. La pésima gestión y comunicación de esa situación el pasado miércoles y una fallida operación para ampliar capital generaron desconfianza, así que más depositantes quisieron recuperar su dinero, alimentando un círculo vicioso de fuga de depósitos que no hay entidad que resista. La estampida financiera ha tumbado así a un banco que decidió invertir en activos seguros.

El contagio

Los problemas se extendieron a Signature Bank. Ambas entidades tenían en común haber crecido con mucha fuerza en depósitos, la mayoría de los cuales estaban sin asegurar. Y mientras SVB tenía a las startups como clientes, Signature recibía depósitos de firmas de criptomonedas.

Para conjurar el fantasma de una crisis financiera más grave, las autoridades no solo han garantizado los depósitos, sino que, además, la Reserva Federal ha creado un nuevo mecanismo de liquidez para las entidades que puedan verse afectadas por retiradas de depósitos por parte de sus clientes. Podrán pedir fondos al banco central utilizando como garantía sus títulos de deuda pública a valor nominal y así no tendrán que venderlos con pérdidas. La idea de este tipo de mecanismos es que sean preventivos o disuasorios: es decir, que su mera existencia evite la fuga de depósitos y haga innecesario usarlos.

El temor al contagio está en el mercado, como explicaban este fin de semana los analistas de Citi: “Antes de SVB, ya estábamos en un entorno frágil con preocupaciones en el mercado para los bancos sobre las presiones de financiación, grandes pérdidas no realizadas en valores, y las posibles preocupaciones de calidad crediticia en áreas como el sector inmobiliario comercial por lo que el fracaso de SVB solo alimenta la narrativa”, decían. “Si bien creemos que la naturaleza del modelo de negocio de SVB es única, entendemos la preocupación por el riesgo de contagio en este entorno frágil para los bancos más pequeños, especialmente aquellos con grandes bases de depósitos no asegurados, razón por la cual una resolución es importante para restablecer la confianza. Se trata más bien de una cuestión psicológica, ya que los modelos de negocio bancario dependen de la confianza y, como demuestra la historia de SVB, una vez que esta desaparece, eso puede ser muy problemático”, añadían.

El FDIC intentó el domingo sin éxito encontrar un comprador para Silicon Valley Bank, una solución que habría sido más limpia y quirúrgica que la garantía general sobre los depósitos. Los esfuerzos por vender el banco caído a otra entidad que responda por los depósitos continuaban este lunes sin concretarse y la opción de un troceamiento se abría paso.

Los expertos de Oxford Economics sostienen también la tesis del riesgo limitado: “El colapso de SVB se ha debido a factores específicos que sugieren que no es necesariamente un indicio de riesgos más amplios para la estabilidad financiera, pero está claro que los riesgos están aumentando. La base de clientes del SVB estaba dominada por inversores de capital riesgo y startups. Y estaba excepcionalmente mal preparado para sobrevivir a las agresivas subidas de tipos de la Reserva Federal. Tenían una proporción particularmente grande de sus activos líquidos en valores a largo plazo”, explicaban este lunes. “Tras sufrir grandes pérdidas en su cartera de inversión debido a la subida de tipos, la falta de diversidad entre su base de clientes provocó un éxodo impulsado por la mentalidad de rebaño, lo que exacerbó el pánico bancario ”, añadían.

Abundantes pérdidas

Aunque el caso de SVB fuera extremo, no era único. Martin Gruenberg, el presidente de la FDIC, advirtió la semana pasada en una conferencia en Washington en el Instituto de Banqueros Internacionales de que “el actual entorno de tipos de interés ha tenido efectos dramáticos sobre la rentabilidad y el perfil de riesgo de las estrategias de financiación e inversión de los bancos”.

Como consecuencia de la subida de los tipos de interés, los activos con vencimientos a más largo plazo adquiridos por los bancos cuando los tipos eran más bajos valen ahora menos que su valor nominal, explicaba. “El total de estas pérdidas no realizadas, incluidos los valores disponibles para la venta o mantenidos hasta su vencimiento, ascendía a unos 620.000 millones de dólares a finales de 2022″, aseguraba.

Aunque Gruenberg sostiene que los bancos se encuentran en general en una posición sólida (muy lejos de los problemas de solvencia de 2008), parte de su intervención resultaba premonitoria: “Las pérdidas no realizadas debilitan la capacidad futura de un banco para hacer frente a necesidades inesperadas de liquidez. Esto se debe a que los valores generarán menos efectivo cuando se vendan de lo que se había previsto en un principio, y a que la venta suele provocar una reducción del capital regulatorio”, decía.

En la crisis financiera de 2008, quebraron más de 450 bancos en cuatro años, desde entidades de tamaño muy pequeño a grandes firmas como Lehman Brothers o Washington Mutual.

Pausa en los tipos

Para luchar contra la inflación, la Reserva Federal ha acometido las subidas de tipos más agresivas en cuatro décadas. Hay un dicho en Wall Street según el cual la Fed sube los tipos hasta que rompe algo. Y parece que ya lo ha roto. Por eso, los analistas que creían que en la reunión de la próxima semana habría una subida de tipos de 0,5 puntos, ahora se inclinan por pensar que será de 0,25 o que no habrá subida. Goldman espera una pausa “a la luz de las recientes tensiones en el sistema bancario”. Anteriores ciclos al alza de los tipos oficiales desembocaron en la crisis de las hipotecas basura (2007), el colapso del fondo LGTM (1998) o la devaluación del peso mexicano (1994).

Los mercados reaccionaron ayer con bruscos movimientos en los títulos de renta fija que reflejan el cambio de escenario y hasta llegan a anticipar bajadas de tipos antes de lo que se esperaba. Los tipos de la deuda pública a dos años, por ejemplo, tuvieron la mayor caída en 40 años. Curiosamente, eso revaloriza los bonos y disminuyen las pérdidas latentes en las carteras de los bancos.

Volviendo a la anterior crisis financiera, aún se recuerda la subida de tipos del Banco Central Europeo de julio de 2008 como el mayor error en el mandato de Jean-Claude Trichet. Ahora, no está claro en qué medida un hipotético descanso en el endurecimiento de la política monetaria se trasladaría también a Europa.

Tanto el auge de las criptomonedas como el del capital riesgo, especialmente en el sector tecnológico, han estado alimentados por el dinero ultrabarato disponible desde la anterior crisis financiera. Ahora, esos mismos sectores se convierten en víctimas de la subida de tipos.

Errores de supervisión

La caída del SVB ha abierto también el debate sobre los aparentes errores de supervisión que han permitido que la situación se deteriore hasta ser irreconducible. La Reserva Federal anunció este lunes una revisión de la supervisión y regulación del Silicon Valley Bank, a la luz de su quiebra, cuyo resultado se publicará antes del 1 de mayo. “Los acontecimientos en torno al Silicon Valley Bank exigen una revisión exhaustiva, transparente y rápida por parte de la Reserva Federal”, dijo su presidente, Jerome H. Powell, a través de un comunicado.

“Tenemos que ser humildes y llevar a cabo una revisión cuidadosa y exhaustiva de la forma en que supervisamos y regulamos esta firma, y de lo que debemos aprender de esta experiencia”, añadió el vicepresidente de Supervisión, Michael S. Barr, que dirige la revisión. Está claro que la Reserva Federal tratará de mejorar la supervisión de los bancos medianos con las armas que la ley le da.

El propio presidente Biden se refirió a posibles deficiencias regulatorias en la intervención en que subrayó que todos los clientes de SVB y Signature Bank pueden estar tranquilos porque sus depósitos están protegidos. “Debemos obtener una explicación completa de lo ocurrido y que los responsables rindan cuentas”, dijo. El presidente introdujo la caída de ambos bancos en el debate político al asegurar que algunos requisitos estrictos que se habían impuesto a las entidades durante la presidencia de Barack Obama (en la que Biden era vicepresidente) se suprimieron en la etapa de Donald Trump. Biden señaló que el rescate no costará dinero a los contribuyentes, que los directivos serán despedidos, que los accionistas y bonistas perderán su dinero y que pedirá que se endurezca la regulación financiera.

En el consejo de la Reserva Federal de San Francisco, encargada de supervisar a Silicon Valley Bank, se sentaba el antiguo consejero delegado de la entidad. En el consejo del quebrado Signature Bank estaba Barney Frank, que dio nombre a la restrictiva ley Dodd-Frank de 2010. El congresista, fichado por el banco en 2015, apoyó luego relajar las exigencias regulatorias. Un cambio legal aprobado en 2018 libró a Signature Bank de una supervisión más estricta. Frank aún figura en la web del banco como consejero. Eso sí, el banco ya no existe como tal."                  (Miguel Jiménez , El País, 14/03/23)

31.5.22

Crece la factura de la crisis bancaria... El rescate del sector financiero, que según Rajoy no iba a suponer costes para el contribuyente, se eleva ya a 73.138 millones de euros y seguirá creciendo... “lo inquietante es que el coste de la Sareb sigue subiendo y lo peor es que no lo explican”

 "El coste real de la crisis bancaria sigue siendo una pesada carga para los ciudadanos de este país. Es una cifra que indefectiblemente crece año tras año y que ya ha alcanzado una cuantía estratosférica: 73.138 millones de euros entre 2008 y 2021. Esta cifra es la suma del dinero que el Estado ha tenido que añadir cada año al déficit público como consecuencia de las ayudas a la banca que ya se dan por perdidas.

Nos habíamos quedado en los 58.368 millones de euros de finales de 2020, un volumen que ya resultaba abrumador por ser el más elevado de toda la Unión Europea. El susto ha supuesto ahora un salto de 14.770 millones de euros, la mayor parte correspondiente a la Sareb. Como se recordará, en 2012, el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, la vicepresidenta del Gobierno Soraya Sáenz de Santamaría y el ministro de Economía, Luis de Guindos, habían asegurado hasta la saciedad que la Sareb o “banco malo” no supondría nunca un coste para el contribuyente.

El aumento de la factura es consecuencia de la decisión de Eurostat, de marzo de 2020, que exigió considerar el pasivo de la Sareb como deuda pública. Entonces se puso el acento en que el cambio significó un aumento de la deuda pública de 35.000 millones de euros, lo que la elevó hasta el 120% del PIB. También trascendió que la medida había significado un aumento del déficit público de 9.853 millones de euros.

Lo que ha sorprendido ahora ha sido constatar que el incremento real del déficit público en 2021 por las ayudas bancarias perdidas ha sido de 14.770 millones de euros, de los que la mayor parte (13.472 millones) corresponden a la Sareb. La explicación de este incremento sorprendente ha sido que Eurostat ha obligado a reclasificar la cuantía real de las pérdidas de la Sareb en el déficit y deuda pública de cada año desde 2012. Informes de diversos organismos como Eurostat, (Eurostat Supplementary Table For Reporting Government Interventions To Support Financial Institutions (April 2022); la Intervención General de la Administración del Estado (IGAE) y la Actualización del Programa de Estabilidad 2022 -2025 del Reino de España, explican este impacto, según Antoni Garrido, catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Barcelona.

El profesor Garrido, el investigador que mejor conoce el impacto de la crisis bancaria en las cuentas públicas, advierte de que “lo más preocupante es que todavía no se ha acabado el coste de la crisis bancaria”. En su opinión, “lo inquietante es que el coste de la Sareb sigue subiendo y lo peor es que no lo explican”. En este sentido recuerda que la diferencia entre los activos y los pasivos de la Sareb es todavía de varios miles de millones de euros.

El Post- Programme Surveillance Report (mayo 2022) de la Comisión Europea certifica que, tras las últimas pérdidas, el capital de la Sareb tiene un valor negativo de 10.100 millones de euros. Los responsables de una gestión tan costosa deberían dar una explicación detallada de lo ocurrido a los ciudadanos que pagan con sacrificios esta factura."                   (Andreu Missé, El País, 30/05/22)

9.3.20

La sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) que ha declarado al IRPH como una cláusula abusiva por falta de transparencia deja al Estado español como el gran derrotado... queda que se resarza de sus errores y decida con justicia las reclamaciones de los 1,3 millones de familias afectadas

"La sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) que ha declarado al IRPH como una cláusula abusiva por falta de transparencia, algo que los tribunales españoles deberán determinar finalmente, deja al Estado español como el gran derrotado.

Resulta evidente que la sentencia del TJUE supone un verdadero varapalo para el sector financiero, un nuevo golpe de la Justicia europea a las cláusulas abusivas con que los bancos llenaron sus productos durante muchos años. Sin embargo, el gran perdedor es el Estado, por su clara posición de defensa de los intereses de la banca en contra de las víctimas de esas cláusulas abusivas.

Un Estado democrático tiene la obligación de defender a su pueblo frente a los abusos de los poderosos. Sin embargo, ya son demasiados los casos en los que los organismos públicos se posicionan en favor de la banca en contra de los intereses de la ciudadanía, de las víctimas de los abusos de los poderosos.

El hecho de que el Estado se posicione en los tribunales en contra de su ciudadanía va en contra de lo indicado en el Preámbulo de la Constitución cuando se señala que una de sus funciones es la de proteger a los españoles.

La actitud del Estado supone, además, que se están poniendo los recursos públicos al servicio de entidades privadas que, además, han utilizado su poder para someter a la ciudadanía. ¿Qué país se puede llamar democrático cuando prioriza los intereses de las élites financieras a los de su propio pueblo?

La Justicia europea ha vuelto a dar una lección a España y esto es algo que nuestra democracia no se puede permitir porque ya son demasiados. Almudena Velázquez, codirectora de la plataforma reclamador.es, ha afirmado que «una vez más el Tribunal de Justicia de la Unión Europea ha enmendado la plana al Tribunal Supremo español, protegiendo así a cientos de miles de afectados por el IRPH que habían visto quebradas sus esperanzas con la sentencia dictada por nuestro Alto Tribunal en 2017. Gracias a Europa, se abre la puerta a las reclamaciones de los afectados para recuperar el dinero pagado de más desde el inicio en que dicho índice les fue aplicado que ciframos en 20.000 euros de media».

Por otro lado, la presencia de la Abogacía del Estado en este proceso en contra de los intereses de los afectados por el IRPH, defendiendo los argumentos de la banca, no es sostenible desde un punto de vista democrático. (...)

Ahora llega el momento en que ese mismo Estado se resarza de sus errores y decida con justicia las reclamaciones de los 1,3 millones de familias afectadas."                      (José Antonio Gómez, Diario16, 04/03/20)

19.4.18

Fitch: la banca española aún tardará "unos años" en limpiar sus balances de activos problemáticos... mientras, ya anuncian una próxima recesión... mira qué bien

"La agencia calificadora de riesgos Fitch considera que el sector bancario español tardará todavía "unos años más" en completar la limpieza de sus balances en cuanto a la exposición de activos problemáticos derivados de la crisis inmobiliaria, según se desprende de un informe sobre la calidad de los activos de los bancos de la Unión Europea. (...)

"Esperamos que el stock de activos problemáticos o dudosos siga disminuyendo en España durante 2018, apoyado por el crecimiento económico interno, la caída del desempleo y una amplia recuperación del mercado inmobiliario. Las divergencias regionales permanecen, especialmente considerando que los activos adjudicados fuera de las principales ciudades han tardado más en resolverse y venderse", asevera la firma.

En el primer semestre de 2017 -últimos datos disponibles de la Autoridad Bancaria Europea (EBA, por sus siglas en inglés) y recogidos por Fitch-, la banca española contaba con una ratio de NPLs del 6,04%, con Liberbank (11,05%) a la cabeza, seguido de Banco Mare Nostrum (9,89%), BFA Tenedora de Acciones (9,07%) y Unicaja Banco (8,99%). Al otro lado de la balanza se situaban Bankinter (4%), BBVA (5,11%), Santander (5,63%) y Kutxabank (5,66%).

El legado del sur de Europa persiste

En suma, Fitch asevera que, aunque ha habido una mejora, la cual empezó a ganar ímpetu en 2017 y prevé que continúe en 2018, el "legado del Sur de Europa persiste".   (...)

"Todavía persiste una división Norte-Sur, brecha que esperamos que continúe por algún tiempo", subraya la calificadora, que considera que el impulso económico que pronostica para el conjunto de los Diecinueve debería "mitigar la presión de los ingresos por bajos tipos de interés en las economías más fuertes y ayudar a mejorar la calidad de los activos en las economías más débiles".  (...)"                (El Economista.es, 15/04/18)