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14.12.23

Fabricar en China y para China... dice la industria alemana... Volkswagen anunció que desarrollaría una nueva plataforma para modelos de coches eléctricos en un nuevo centro en Hefei, en el este de China, donde luego se fabricarán los vehículos. Esto se aparta de la práctica anterior de VW de mantener el desarrollo de vehículos principalmente en Alemania... Como confirma el jefe de VW China, Ralf Brandstätter: “Nos esforzamos por lograr una cadena de valor autónoma y controlable”. [3] Las plantas chinas del grupo estarán en condiciones de seguir trabajando de forma independiente en caso de una escalada de la guerra económica de Occidente contra República Popular, es decir, en caso de sanciones más estrictas o incluso de desacoplamiento: “en China para China”... la guerra económica de Occidente contra China, que está obligando a Volkswagen a establecer una producción autónoma en la República Popular, está dañando la industria alemana... Las medianas empresas que operan en China también están haciendo preparativos similares

 "En el período previo a la cumbre UE-China, que comienza hoy, la tendencia a trasladar las actividades corporativas alemanas a la República Popular está ganando impulso. Hace unos días Volkswagen anunció que desarrollaría una nueva plataforma para modelos de coches eléctricos en un nuevo centro en Hefei, en el este de China, donde luego se fabricarán los vehículos. Esto se aparta de la práctica anterior de VW de mantener el desarrollo de vehículos principalmente en Alemania. La compañía también planea abastecerse casi en su totalidad de proveedores nacionales chinos para su fabricación de automóviles eléctricos en la República Popular. Según la empresa, esto significará una producción más rápida, más barata y mejor. Pero también significa que se perderán las operaciones en Alemania.  

Además, VW China estará en condiciones de separarse de la sede alemana –nuevamente, en detrimento de la base del grupo en Alemania– en caso de que se intensifique la guerra económica de Occidente contra la República Popular. Las medianas empresas que operan en China también están haciendo preparativos similares. Esto se refleja en el reciente y pronunciado repunte de la inversión alemana en China, donde la cartera de inversiones alemana en general se encuentra en un nivel récord. Los economistas admiten que se trata de una “consecuencia paradójica e involuntaria” de la guerra económica de Occidente.  

Más rápido, más barato, mejor

 El Grupo Volkswagen avanza en su estrategia de reestructuración integral en el segmento de los coches eléctricos. No solo fabricará sino que también desarrollará una nueva plataforma para varios modelos de vehículos eléctricos en China. Hay razones económicas inmediatas para la medida. Por un lado, China es ahora líder en vehículos eléctricos, por lo que tiene sentido aprovechar plenamente la experiencia china para la producción propia de automóviles eléctricos de VW. Por otro lado, el trabajo se puede realizar de forma más rentable y más rápida en China. Volkswagen está construyendo actualmente un centro de desarrollo (Volkswagen China Technology Company, VCTC) en su planta de Hefei, a 500 kilómetros al oeste de Shanghai, donde se diseñará la nueva plataforma de coche eléctrico. Se completará en dos tercios del tiempo requerido en Europa y costará sólo dos tercios más. 

 Para el montaje de vehículos eléctricos, la empresa también está recurriendo en la medida de lo posible a proveedores chinos, que cobran precios más bajos. En el futuro, el 95 por ciento de todos los componentes upstream se adquirirán en el país. El objetivo es lanzar coches eléctricos a precios competitivos que cuesten entre 18.000 y 22.000 euros en tan sólo unos años.[1] De esta manera, Volkswagen pretende ponerse al día en China, después de haberse quedado dramáticamente atrás en las ventas de vehículos eléctricos.[2] 

 Listo para el spin-off  

Además de los motivos económicos para la reestructuración de la producción, existen también motivos políticos. Al trasladar el desarrollo de vehículos a China y maximizar el uso de proveedores chinos de repuestos para la producción, las fábricas chinas de Volkswagen operarán independientemente de Alemania y Europa. Como confirma el jefe de VW China, Ralf Brandstätter: “Nos esforzamos por lograr una cadena de valor autónoma y controlable”. [3] Las plantas chinas del grupo estarán en condiciones de seguir trabajando de forma independiente en caso de una escalada de la guerra económica de Occidente contra República Popular, es decir, en caso de sanciones más estrictas o incluso de desacoplamiento: “en China para China”, como dice Volkswagen.[4] 

De este modo, el grupo VW podrá mantener su presencia en el mayor mercado automovilístico del mundo bajo cualquier circunstancia. Si es necesario, VW puede escindir sus divisiones comerciales chinas y administrarlas por separado. Entonces dejaría Alemania con la sede de un grupo considerablemente más pequeño, ya que cifras recientes muestran que Volkswagen vende alrededor del 40 por ciento de sus vehículos en China. Ya está claro que Alemania perderá amplias actividades de desarrollo cuando se trasladen al VCTC de Hefei. En consecuencia, la guerra económica de Occidente contra China, que está obligando a Volkswagen a establecer una producción autónoma en la República Popular, está dañando la industria alemana.

 Las paradojas de la guerra económica Hace unos dos años, la influyente Fundación Bertelsmann informó sobre planes que se estaban gestando en las sedes centrales de grandes corporaciones alemanas para escindir sus operaciones en China en caso de emergencia (informó german-foreign-policy.com [5]). Las medianas empresas alemanas también están haciendo preparativos similares. Por ejemplo, ebm-papst, un fabricante de motores eléctricos y ventiladores, dice que está pensando en "los peores escenarios" y quiere organizar sus operaciones en China de forma autónoma para poder escindirse en cualquier momento en caso de que la situación económica sea cada vez más estricta. sanciones.[6] Se informa que otras PYME están tomando medidas idénticas. A menudo se requieren inversiones costosas. Por lo tanto, ebm-papst está invirtiendo actualmente alrededor de 25 millones de euros en sus plantas de China, un desembolso que vale la pena porque hacer negocios en China parece extremadamente atractivo en los grandes chinos. De hecho, China ahora está “atrayendo cada vez más inversiones” porque las empresas sienten que “necesitan poder aislar sus negocios en China”, dice Jürgen Matthes, experto del Instituto Económico Alemán (IW), con sede en Colonia.[7 ] Dado que el gobierno alemán pretende persuadir a las empresas para que trasladen sus actividades fuera de China, esta tendencia es "paradójica y no es lo que realmente se desea". Además, todo lo que se fabrica en China gracias a las nuevas inversiones alemanas “no se exporta desde Alemania”, en detrimento del sector exportador alemán. 

 Inversión récord

 Esta no es la única razón por la que la inversión alemana en China está creciendo tan rápidamente. En 2021, la inversión directa alemana en la República Popular ya se había disparado hasta los 102.600 millones de euros, superando por primera vez la marca de los 100.000 millones de euros.[8] En 2022 se añadieron otros 11 500 millones de euros, lo que eleva el total a 114 000 millones de euros. En el primer semestre de 2023, las nuevas inversiones ascendieron a 10 300 millones de euros, la segunda cifra más alta jamás registrada[9]. "Aunque en general la economía alemana invierte mucho menos en el extranjero, las nuevas inversiones directas en China siguen siendo casi tan altas como siempre", señala el experto de IW Matthes. Esto significa que China representa una proporción cada vez mayor de las inversiones extranjeras directas alemanas, calculada más recientemente en un 16,4 por ciento. Como explica Matthes, “el país nunca ha sido tan importante en relación con el resto del mundo”. 

 Un proveedor indispensable

 Si la guerra económica continúa intensificándose, las empresas alemanas se enfrentarán a mayores desventajas. El fabricante de bicicletas de Alemania Occidental Rose Bikes, por ejemplo, informa que China, como proveedor, ha sido durante mucho tiempo “indispensable para la industria de la bicicleta”.[10] Si las importaciones procedentes de China son víctimas de sanciones o se vuelven mucho más caras debido a aranceles punitivos u otras medidas, existe el riesgo de sufrir graves pérdidas. La empresa de bicicletas ya está intentando encontrar proveedores alternativos en Europa, pero afirma que lleva tiempo obtener componentes de Asia y China con "el nivel de calidad al que estamos acostumbrados". El precio también es un problema, ya que cambiar a piezas fabricadas en Europa “inicialmente cuesta más dinero”. Sin proveedores chinos, Rose Bikes predice que no podrán producir a precios competitivos hasta “ocho o diez años como mínimo”. La situación es similar para muchas otras empresas que obtienen productos de China para sus plantas de fabricación alemanas. A pesar de los obstáculos comerciales, el año pasado hubo un enorme aumento en las importaciones de Alemania desde la República Popular, alcanzando un volumen de más de 191 mil millones de euros, no sólo mucho más que nunca antes, sino también más que las importaciones de cualquier otro país."            (German-Foreing-Policy, 07/12/23; traducción google)

23.4.23

Pierre Rousset: El papel de China en plena crisis de la (des)globalización

 "El mundo que permitió el despegue de la economía china y su expansión internacional ya no existe. Las tensiones chino-estadounidenses se agudizan en el contexto de la crisis de la (des)globalización de los mercados. (...)

Inprecor – ¿Cómo percibes el momento presente en China?

Pierre Rousset Una aceleración desestabilizadora de los cambios que se están produciendo tanto a escala nacional como internacional. (...) el Consejo de Estado aprobó un objetivo de crecimiento del 5 % para el próximo año. Esto es muy bajo (sin ninguna certeza de que se vaya a alcanzar) y significa un aumento del desempleo y de la desigualdad social. Internamente, el régimen tiene que recuperar el control del país, que atraviesa una crisis cuyas causas son profundas. 

En el plano internacional, las señales son contradictorias. El enfrentamiento geoestratégico entre Washington y Pekín se endurece, pero para el capital transnacional los negocios deben continuar sin trabas, como demuestra la visita de Tim Cook, jefe de Appel, a Pekín, donde fue recibido con todos los honores.

La guerra de Putin en Ucrania y el giro asiático de Estados Unidos han confrontado al régimen chino con decisiones difíciles. (...)

El conflicto geoestratégico entre la potencia emergente que es China y la potencia establecida que es EE UU ha entrado en una nueva fase crítica. (...)

Las consecuencias globales de esta situación son, por desgracia, claras, como el brutal agravamiento de la crisis climática o la creciente militarización del mundo.

Inprecor – ¿Qué nos dice la visita de Xi Jinping a Moscú?
P. R. – El año pasado se planteó la cuestión de si la invasión de Ucrania era el preludio de un ataque chino a Taiwán: una verdadera alianza chino-rusa con la apertura de dos frentes (en el oeste y el este de Eurasia), cogiendo a contrapié a los países de la OTAN, que por entonces estaban divididos políticamente y desprevenidos en el terreno militar. No fue así, y en retrospectiva, por muchas razones, Pekín no estaba en condiciones de intentar la aventura taiwanesa. Xi no podía, pero probablemente tampoco quería, una guerra que pudiera implicar frontalmente a Estados Unidos.

El conflicto ucraniano, al prolongarse en el tiempo, ha puesto en peligro los intereses políticos y económicos chinos en Europa y, más en general, en Occidente. Esto no es peccata minuta.(...)

 Pekín había realizado considerables inversiones económicas y diplomáticas en Ucrania, Europa Oriental y Occidental, tejiendo una vasta red de influencia, un elemento clave de sus nuevas rutas de la seda. Por tanto, arriesgaba mucho. Xi no quería romper con Rusia ni perder su apuesta. De ahí su postura prudente, incluso en la ONU, en relación con la crisis ucraniana.

El viaje de Xi rompe con la cautela anterior. Refleja un ajuste significativo de las prioridades del PCC, aunque, obviamente, sigue intentando limitar el coste de su apoyo a Rusia en Europa (con la ayuda de los gobiernos alemán y francés). Tras el endurecimiento del enfrentamiento con Washington, sus prioridades geoestratégicas se sitúan ahora en Asia: el mar de China Meridional y Taiwán, el Pacífico… Desde este punto de vista, la continuación de la guerra en Ucrania se ha convertido en algo bueno para el régimen chino, pues le sirve de tapón: cuantas más armas, finanzas y tropas dedique Washington al frente europeo, tanto más tendrá que limitar el alcance de su reposicionamiento en la zona indopacífica.

Inprecor¿Cómo calificas las relaciones sino-rusas?

P. R. – Xi Jinping y Vladímir Putin firmaron una “Declaración conjunta sobre la profundización de la asociación de coordinación estratégica integral de la nueva era”. Las palabras importantes aquí me parecen integral y era (nueva), que sancionan una supuesta alianza sin límites. Esta fórmula (sin límites) ya se había utilizado poco antes de la invasión de Ucrania y después cayó más o menos en desuso. Ahora vuelve a estar vigente. Me parece que es un signo de la formalización de un bloque chino-ruso con vocación estratégica más consistente que hasta ahora, pero todavía tan desigual como siempre. (...)

Si hay un tema en el que Xi Jinping es quisquilloso, es el de la capacidad militar nuclear. Putin acaba de anunciar que va a desplegar armas nucleares tácticas en Bielorrusia y a construir allí un depósito de armas nucleares… Una nueva provocación a Occidente, pero también a su amigo Xi.

Inprecor¿Cuál es la situación en el terreno económico?
P. R. –Las economías china y rusa son complementarias en muchos aspectos, ya que China exporta bienes o capitales e importa productos del subsuelo siberiano, incluidos, por supuesto, el petróleo y el gas baratos que ha liberado la reducción de las importaciones occidentales. China es ahora la mayor socia comercial de Rusia, mientras que esta solo es la undécima socia de Pekín (...)

Para comprender la importancia de la asociación con Rusia desde el punto de vista de Pekín, hay que tener en cuenta su proximidad y su complementariedad geográfica. (...)

Sin embargo, es la influencia china la que se está afirmando en Asia Central, en países que forman parte precisamente de este perímetro histórico. Se trata de una región de gran importancia, que tanto por sus recursos como por su situación geográfica ocupa un lugar central entre Siberia, Oriente Próximo, Asia Meridional y China, paso obligado de ejes de comunicación económicos o militares. Durante su estancia en Moscú, Xi Jinping anunció la próxima organización de una cumbre China-Asia Central a la que están invitados Kazajstán, Kirguistán, Uzbekistán y Tayikistán. Este es el precio que Moscú debe pagar por el apoyo chino. (...)

Inprecor China, ¿mediadora en el conflicto ucraniano?

P. R. – China no es una tercera potencia neutral que ofrece sus buenos oficios para negociar una solución política a la crisis ucraniana. No solo presta un apoyo decisivo a Moscú, sino que es parte interesada en el conflicto geoestratégico que se desarrolla en Eurasia en torno a esta guerra, y no lo disimula. El plan de 12 puntos presentado por Xi Jinping está en consonancia con este estado de cosas. Defiende el principio del respeto de las fronteras internacionales y del orden de la ONU, pero no dice que Moscú lo haya violado. De hecho, el plan no contiene ninguna exigencia específica a Rusia, razón por la cual Putin pudo afirmar que estaba de acuerdo. Los medios oficiales chinos reproducen fielmente la narrativa rusa sobre las causas de la guerra: un acto de autodefensa frente a la OTAN.

También publicaron una larga nota del Ministerio de Asuntos Exteriores en la que se afirmaba: “Haya o no crisis en Ucrania, los dirigentes chinos y rusos mantendrán intercambios y visitas… Estados Unidos quiere intensificar la tensión en el estrecho de Taiwán… El único que puede resolver el problema [ucraniano] es quien lo creó. La clave para resolver la crisis ucraniana no está en manos de China, sino de EE UU y Occidente.” (citado por Frédéric Lemaire y Nicolas Ruisseau en Le Monde del 22 de marzo de 2023). Hay formas más convincentes de presentarse como mediador…

El plan de 12 puntos tiene sobre todo una función política y diplomática. En este ámbito, es probable que surta efecto. Hace veinte años, en 2003, Estados Unidos (y sus aliados) invadieron Irak para derrocar el régimen de Sadam Husein, violando alegremente el derecho internacional sobre la base de falsas acusaciones y una burda manipulación de la opinión pública mundial. Irak sigue pagando el precio de esta guerra sucia. Con ello, George W. Bush destruyó las credenciales legalistas y democráticas de EE UU. Moscú y Pekín se benefician ahora de esta pérdida de credibilidad.

Inprecor Sin embargo, sí se plantea la cuestión del alto el fuego…

El coste para la población ucraniana en esta guerra es realmente angustioso, y estoy angustiado, pero un alto el fuego no se decreta desde fuera. Se produce cuando las partes beligerantes sienten que lo necesitan. No es el caso de Putin, que está preparando la ofensiva de primavera, no una tregua, siempre y cuando, claro está, disponga de armas suficientes para ello (lo que está por ver). Tampoco es el caso de Zelensky, según parece. El frío invernal no ha hecho mella en la población ucraniana, a pesar de la terrible campaña de bombardeos rusos. Kiev espera que una mayor y mejor ayuda militar occidental le permita tomar la iniciativa en varios frentes clave en los próximos meses.

 Dejarse acompañar por las grandes potencias en la definición de los términos de una tregua suele salir mal. Esto es lo que se hizo en 1954 con respecto a Vietnam. Las elecciones prometidas, que habría ganado el Vietminh, no se celebraron y EEUU tomó el relevo de los franceses, con una escalada militar estadounidense que desembocó en una guerra total, creo que sin parangón por sus efectos devastadores. La situación en el noreste asiático muestra también a lo que puede conducir una tregua sin una paz duradera: la crisis nuclear más aguda del mundo.

Por lo que a nosotros respecta, creo que lo más importante es escuchar lo que nos piden los componentes de la izquierda ucraniana y hacer todo lo posible por actuar en consecuencia con la solidaridad internacional. Por el momento, el mensaje es que necesitamos infligir una gran derrota al ejército ruso, para abrir una perspectiva de paz duradera. No nos corresponde a nosotros elaborar planes de paz. (...)"             (Entrevista a Pierre Rousset, especialista en Asia, Rebelión, 21/04/23)

14.4.23

POLITICO: El líder chino Xi Jinping tenía un mensaje primordial para su homólogo francés Emmanuel Macron, de visita esta semana: No dejes que Europa caiga en el juego de Estados Unidos... incluso la belicosa von der Leyen, ex ministra de Defensa alemana, ha descartado por completo la idea de desvincular a Europa de la economía china... "Estoy muy contento de que compartamos muchos puntos de vista idénticos o similares sobre cuestiones sino-francesas, sino-UE, internacionales y regionales", dijo Xi a Macron... Por su parte, Macron dijo a Xi un día antes que Francia promueve la "autonomía estratégica europea", no le gusta la "confrontación de bloques" y cree en hacer lo suyo. "Francia no toma partido"... La postura francesa es cuestionada por algunos en Europa. "Macron podría haber evitado fácilmente el sombrío panorama de desunión europea y transatlántica", dijo Thorsten Benner, director del Global Public Policy Institute... cousas veredes

 "El líder chino Xi Jinping tenía un mensaje primordial para su homólogo francés Emmanuel Macron, de visita esta semana: No dejes que Europa caiga en el juego de Estados Unidos.

Pekín quiere evitar que la UE caiga aún más bajo la influencia de Estados Unidos, en un momento en que la Casa Blanca está aplicando una política más asertiva para contrarrestar la fuerza geopolítica y militar de China.

La guerra de un año de Rusia contra Ucrania ha reforzado la alianza entre Europa y Estados Unidos, ha sacudido el comercio mundial, ha revigorizado la OTAN y ha obligado a los gobiernos a analizar qué otras cosas podrían salir mal de repente en los asuntos mundiales. Esto no es bien recibido en Pekín, que sigue considerando a Washington como su némesis estratégica.

Esta semana, la contraofensiva china se ha intensificado y se ha vuelto encantadora. Xi dio la bienvenida a Macron en el Gran Salón del Pueblo de Pekín, junto con la jefa de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. Esto contrasta fuertemente con los esfuerzos actuales de China por mantener alejados a los altos funcionarios estadounidenses, especialmente desde que el Secretario de Estado de Estados Unidos, Antony Blinken, canceló un viaje a Pekín durante el drama del globo espía a principios de este año.

Tanto los funcionarios estadounidenses como los chinos saben que la política europea hacia Pekín dista mucho de estar resuelta. Es una oportunidad y un riesgo para ambas partes. En los últimos meses, funcionarios estadounidenses han advertido de la voluntad de China de enviar armas a Rusia y han hablado de los peligros de permitir a las empresas tecnológicas chinas un acceso sin restricciones a los mercados europeos, con cierto éxito.

TikTok, que en última instancia es de propiedad china, ha sido prohibida en los teléfonos gubernamentales y administrativos de varios lugares de Europa, incluidas las instituciones de la UE en Bruselas. La presión estadounidense también llevó a los holandeses a imponer nuevos controles a la exportación de equipos semiconductores avanzados a China.

Sin embargo, incluso la belicosa von der Leyen, ex ministra de Defensa alemana, ha descartado por completo la idea de desvincular a Europa de la economía china. Desde la perspectiva de Pekín, ésta es otra diferencia significativa respecto al entorno comercial hostil que promueve Estados Unidos.

Esta misma semana, 36 empresas chinas y francesas firmaron nuevos acuerdos delante de Macron y Xi, en lo que los medios estatales chinos dijeron que era una señal de "la confianza no decreciente en el mercado chino de las empresas europeas." Aunque no es una declaración rebosante de confianza, podría haber sido peor.

Durante los dos últimos años, los líderes europeos se han mostrado cada vez más escépticos ante la trayectoria de China, expresando su consternación por la forma en que Pekín ha gestionado la pandemia del coronavirus, el trato dado a los manifestantes en Hong Kong y a los musulmanes uigures de Xinjiang, así como las sanciones de China a políticos europeos y las amenazas militares contra Taiwán.

Después, Xi y Vladimir Putin proclamaron una asociación "sin límites" pocos días antes de que Rusia invadiera Ucrania. Mientras Occidente desplegaba duras sanciones contra Moscú, China se convirtió en la última gran economía que seguía interesada en mantener -y ampliar- sus lazos comerciales con Rusia. Esto escandalizó a muchos funcionarios occidentales y provocó un intenso debate en Europa sobre cómo castigar a Pekín y hasta qué punto retirarse del comercio chino.

Pekín vio a Macron como el socio natural para ayudar a evitar una caída en picado de las relaciones entre la UE y China, especialmente desde que Angela Merkel -su anterior favorita- dejó de ser canciller alemana.

La disposición de Macron a entablar relaciones con cualquiera -incluidos sus muy criticados contactos con Putin antes de su guerra contra Ucrania- le hicieron especialmente atractivo cuando Pekín trataba de abrir una brecha entre las estrategias europea y estadounidense sobre China.

Sin tomar partido

"Estoy muy contento de que compartamos muchos puntos de vista idénticos o similares sobre cuestiones sino-francesas, sino-UE, internacionales y regionales", dijo Xi a Macron mientras tomaban té el viernes, en la metrópolis meridional de Guangzhou, según el medio estatal chino Xinhua.

Por su parte, Macron dijo a Xi un día antes que Francia promueve la "autonomía estratégica europea", no le gusta la "confrontación de bloques" y cree en hacer lo suyo. "Francia no toma partido", dijo.

La postura francesa es cuestionada por algunos en Europa que consideran urgente adoptar un enfoque más duro hacia Pekín.

"Macron podría haber evitado fácilmente el sombrío panorama de desunión europea y transatlántica", dijo Thorsten Benner, director del Global Public Policy Institute, con sede en Berlín. "Nadie obligó a Macron a presentarse con una enorme delegación empresarial, repitiendo ilusiones refutadas de reciprocidad y haciéndose ilusiones sobre la posibilidad de obrar su magia personal sobre Xi para conseguir que el líder chino se volviera contra Putin."

Holger Hestermeyer, profesor de Derecho de la UE en el King's College de Londres, dijo que Pekín tendrá dificultades para dividir la alianza transatlántica.

"Si China quiere tener éxito con la construcción de un nuevo orden mundial, separar a la UE de EE.UU. -aunque sea un poco- sería un objetivo muy preciado -y ojo, probablemente esquivo", dijo Hestermeyer. "Ahora mismo la UE está reforzando sus defensas específicamente porque China intentó jugar a divide y vencerás con la UE en el pasado".

La atención de Xi a Estados Unidos fue inequívoca cuando, durante su reunión a tres bandas con Macron y von der Leyen, viró hacia un tema que distaba mucho de ser la principal prioridad de Europa. Una semana antes, la administración Biden había celebrado su segunda Cumbre para la Democracia, en la que Rusia y China fueron presentadas como las principales amenazas.

"Difundir la llamada [narrativa] de 'democracia contra autoritarismo'", dijo Xi a sus invitados europeos el jueves, "sólo traería división y confrontación al mundo".   
            

 (Stuart Lau  , POLITICO, 08/04/23; Traducción realizada con la versión gratuita del traductor www.DeepL.com/Translator)

12.4.23

POLITICO: Y dijo Macron..."Lo paradójico sería que, invadidos por el pánico, creyéramos que sólo somos seguidores de Estados Unidos... el 'gran riesgo' al que se enfrenta Europa es quedar 'atrapada' en crisis que no son nuestras... La pregunta que los europeos deben responder... ¿nos interesa acelerar [una crisis] en Taiwán? No. Lo peor sería pensar que los europeos debemos convertirnos en seguidores en este tema y seguir el ejemplo de la agenda de Estados Unidos y de una reacción exagerada de China"... También sugirió que Europa debería reducir su dependencia de la "extraterritorialidad del dólar estadounidense", un objetivo político clave tanto de Moscú como de Pekín... Algunos europeos se han quejado del "armamentismo" del dólar por parte de Washington, que obliga a las empresas europeas a renunciar a negocios y cortar lazos con terceros países o enfrentarse a sanciones secundarias paralizantes (Todas las citas de este artículo fueron realmente dichas por el presidente, pero algunas partes de la entrevista en las que el presidente hablaba aún más francamente sobre Taiwán y la autonomía estratégica de Europa fueron recortadas por el Elíseo)... cousas veredes

 "Europa debe resistir la presión para convertirse en "seguidora de Estados Unidos", dice Macron. El "gran riesgo" al que se enfrenta Europa es quedar "atrapada en crisis que no son nuestras", afirma el presidente francés en una entrevista.

 A BORDO DEL AIR FORCE ONE DE FRANCIA - Europa debe reducir su dependencia de Estados Unidos y evitar verse arrastrada a una confrontación entre China y Estados Unidos por Taiwán, dijo el presidente francés Emmanuel Macron en una entrevista en su avión de regreso de una visita de Estado de tres días a China.

Hablando con POLITICO y dos periodistas franceses después de pasar alrededor de seis horas con el presidente chino Xi Jinping durante su viaje, Macron enfatizó su teoría favorita de "autonomía estratégica" para Europa, presumiblemente liderada por Francia, para convertirse en una "tercera superpotencia".

Dijo que "el gran riesgo" al que se enfrenta Europa es que "se vea atrapada en crisis que no son nuestras, lo que le impide construir su autonomía estratégica", mientras volaba de Pekín a Guangzhou, en el sur de China, a bordo del COTAM Unité, el Air Force One de Francia.

 "Lo paradójico sería que, invadidos por el pánico, creyéramos que sólo somos seguidores de Estados Unidos", dijo Macron en la entrevista. "La pregunta que los europeos deben responder... ¿nos interesa acelerar [una crisis] en Taiwán? No. Lo peor sería pensar que los europeos debemos convertirnos en seguidores en este tema y seguir el ejemplo de la agenda de Estados Unidos y de una reacción exagerada de China", dijo.

Apenas unas horas después de que su vuelo partiera de Guangzhou con destino a París, China lanzó grandes maniobras militares en torno a la isla autogobernada de Taiwán, que China reclama como su territorio pero Estados Unidos ha prometido armar y defender.

Esos ejercicios fueron una respuesta a la gira diplomática de 10 días de la presidenta taiwanesa, Tsai Ing-Wen, por países de América Central, que incluyó una reunión con el presidente republicano de la Cámara de Representantes de EE.UU., Kevin McCarthy, durante su tránsito por California. Personas familiarizadas con el pensamiento de Macron dijeron que estaba contento de que Pekín hubiera esperado al menos hasta que estuviera fuera del espacio aéreo chino antes de lanzar el ejercicio simulado de "cerco a Taiwán".  (...)

Macron y Xi discutieron "intensamente" sobre Taiwán, según los funcionarios franceses que acompañan al presidente, que parece haber adoptado un enfoque más conciliador que Estados Unidos o incluso la Unión Europea.

"La estabilidad en el estrecho de Taiwán es de suma importancia", dijo la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, que acompañó a Macron durante parte de su visita, dijo a Xi durante su reunión en Pekín el pasado jueves. "La amenaza [del] uso de la fuerza para cambiar el statu quo es inaceptable". 

Xi respondió diciendo que quien pensara que podía influir en Pekín sobre Taiwán era un iluso.

Macron parece estar de acuerdo.

"Los europeos no podemos resolver la crisis de Ucrania; ¿cómo podemos decir de forma creíble sobre Taiwán: 'cuidado, si hacéis algo mal estaremos allí'? Si realmente quieres aumentar las tensiones, esa es la forma de hacerlo", dijo.

"Europa está más dispuesta a aceptar un mundo en el que China se convierta en un hegemón regional", afirmó Yanmei Xie, analista de geopolítica de Gavekal Dragonomics. "Algunos de sus líderes incluso creen que ese orden mundial puede ser más ventajoso para Europa".

En su reunión trilateral con Macron y von der Leyen el pasado jueves en Pekín, Xi Jinping se salió del guión sólo en dos temas -Ucrania y Taiwán-, según alguien que estaba presente en la sala.

"Xi estaba visiblemente molesto por ser considerado responsable del conflicto de Ucrania y restó importancia a su reciente visita a Moscú", dijo esta persona. "Estaba claramente enfurecido por EE.UU. y muy molesto por Taiwán, por el tránsito de la presidenta taiwanesa por EE.UU. y [por el hecho de que] las cuestiones de política exterior fueran planteadas por europeos".

En esta reunión, Macron y von der Leyen adoptaron líneas similares sobre Taiwán, dijo esta persona. Pero Macron pasó posteriormente más de cuatro horas con la dirigente china, gran parte de ellas sólo con traductores presentes, y su tono fue mucho más conciliador que el de von der Leyen cuando habló con los periodistas.
Advertencia de "vasallaje

Macron también argumentó que Europa había aumentado su dependencia de Estados Unidos en materia de armamento y energía y que ahora debe centrarse en impulsar las industrias de defensa europeas.

También sugirió que Europa debería reducir su dependencia de la "extraterritorialidad del dólar estadounidense", un objetivo político clave tanto de Moscú como de Pekín.

 "Si las tensiones entre las dos superpotencias se calientan (...) no tendremos tiempo ni recursos para financiar nuestra autonomía estratégica y nos convertiremos en vasallos", dijo.

Rusia, China, Irán y otros países se han visto afectados en los últimos años por las sanciones estadounidenses, basadas en la denegación de acceso al sistema financiero mundial dominante, denominado dólar. Algunos europeos se han quejado del "armamentismo" del dólar por parte de Washington, que obliga a las empresas europeas a renunciar a negocios y cortar lazos con terceros países o enfrentarse a sanciones secundarias paralizantes.

Sentado en el camarote de su avión A330, con una sudadera con capucha en la que se leía "French Tech", Macron afirmó que ya había "ganado la batalla ideológica sobre la autonomía estratégica" de Europa.

No abordó la cuestión de las actuales garantías de seguridad de Estados Unidos para el continente, que depende en gran medida de la ayuda estadounidense en materia de defensa en medio de la primera gran guerra terrestre en Europa desde la Segunda Guerra Mundial.

 Como uno de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU y única potencia nuclear de la UE, Francia se encuentra en una posición militar única. Sin embargo, el país ha contribuido mucho menos a la defensa de Ucrania contra la invasión rusa que muchos otros países.

Como es habitual en Francia y en muchos otros países europeos, la oficina del presidente francés, conocida como el Elíseo, insistió en revisar y "corregir" todas las citas del presidente que se iban a publicar en este artículo como condición para conceder la entrevista. Esto viola las normas y la política editorial de POLITICO, pero aceptamos las condiciones para poder hablar directamente con el presidente francés. POLITICO insistió en que no podía engañar a sus lectores y que no publicaría nada que el presidente no hubiera dicho. Todas las citas de este artículo fueron realmente dichas por el presidente, pero algunas partes de la entrevista en las que el presidente hablaba aún más francamente sobre Taiwán y la autonomía estratégica de Europa fueron recortadas por el Elíseo."  
              ( Jamil Anderlini and Clea Caulcutt, POLITICO, 09/04/23; traductor DEEPL)

7.4.23

China recibe a la UE, a Macron, y a los ministros de Asuntos Exteriores de Irán y Arabia Saudí... Antes de su viaje a China, Macron habló del viaje y de la crisis ucraniana con Biden... funcionarios franceses habrían dicho que China se considera ahora el único país que puede comunicarse con todas las partes del conflicto. Un análisis nada incorrecto y sorprendente, en cierto sentido, de la conversación con Biden, quien evidentemente dio algún tipo de visto bueno a la misión francesa... (también es significativo que la visita se produzca tras la venta de 65 mil toneladas de gas a Total por parte de la petrolera china en un acuerdo cerrado en yuanes)... además, los ministros de Exteriores de Irán y Arabia Saudí han llegado a Pekín... es el primer encuentro formal entre los más altos diplomáticos de ambos países en más de siete años... El nuevo rumbo de Oriente Próximo está en marcha... como muestra un acontecimiento en sí mismo mínimo... ayer Arab News, la agencia de prensa saudí, notificó: "Un buque militar ruso atraca por primera vez en Arabia Saudí"

 "La visita de Macron y Ursula von der Leyen a China está sentando cátedra (después, claro está, de los líos judiciales de Trump). Interesante constatar que Macron llegó al Dragón antes que el presidente de la Comisión Europea, como marcando distancias, que de hecho las hay.

Europa y el Dragón

Macron, de hecho, parece más interesado que von der Leyen en recomponer las relaciones con el Reino Medio y quizá teme que su acompañante estropee lo que pretende tejer, ya que ella ha mostrado cierta rigidez hacia Pekín en algunas declaraciones realizadas antes de su partida. Y el gran interés del presidente francés también queda demostrado por el tiempo que pasará en el país anfitrión, concretamente tres días. Es mucho (también es significativo que la visita se produzca tras la venta de 65 mil toneladas de gas a Total por parte de la petrolera china en un acuerdo cerrado en yuanes).

El viaje de los líderes europeos tiende a poner de relieve una cierta divergencia de puntos de vista entre la Unión Europea y los Estados Unidos con respecto a la potencia asiática, teniendo "intereses diferentes" (que deben compatibilizarse), como declaró explícitamente el Alto Representante de la UE para la Política Exterior, Josep Borrell, que por desgracia sólo tiene la posición de alto perfil y autoridad (Ansa).

Al informar de que el objetivo de la visita de los dos líderes europeos a Pekín es relanzar las relaciones económicas recíprocas -y aquí queda por ver si von der Leyen protegerá los intereses europeos o los alemanes (o los de la OTAN...)-, el Global Times añade algunos detalles significativos.

El primer detalle se refiere al multipolarismo: "La interacción entre China, la UE y Francia enviará una fuerte señal al mundo de que unos lazos estables entre China y la UE contribuirán a un mundo multipolar", según el análisis de Cui Hongjian, director del Departamento de Estudios Europeos del Instituto Chino de Estudios Internacionales.

Dado que el enfrentamiento entre Estados Unidos y China se basa precisamente en el rechazo del multilateralismo por parte del primero, tal perspectiva no es poca cosa (queda que imaginar un impulso revolucionario de la UE en un sentido multipolar es una utopía; y, sin embargo, una semilla... ).

El segundo detalle se refiere a la posibilidad de alcanzar la paz en Ucrania. Si el presidente Macron, antes de partir, se declaró posibilista sobre el plan de paz chino, el Global Times añade un detalle: "Antes de su viaje a China, Macron habló del viaje y de la crisis ucraniana con el presidente estadounidense Joe Biden en una llamada telefónica, según los medios de comunicación. Algunos funcionarios franceses habrían dicho que China se considera ahora el único país que puede comunicarse con todas las partes del conflicto". Un análisis nada incorrecto y sorprendente, en cierto sentido, de la conversación con Biden, quien evidentemente dio algún tipo de visto bueno a la misión francesa.

La nueva cumbre Irán-Arabia Saudí en China y el barco ruso

 Pero la visita de Macron y von der Leyen no es el único acontecimiento importante que tiene lugar estos días en China. De hecho, los ministros de Exteriores de Irán y Arabia Saudí han llegado hoy a Pekín.

La reunión entre el príncipe saudí Faisal bin Farhan Al Saud y su homólogo iraní, Hossein Amirabdollahian, es el primer encuentro formal entre los más altos diplomáticos de ambos países en más de siete años, informa Reuters.

 La cumbre sigue al acuerdo entre Teherán y Riad de hace un mes, que puso fin al largo desencuentro entre los duelistas de Oriente Próximo y que contó con la mediación de China, que en aquella ocasión había acogido la reunión entre Ali Shamkhani y Musaad bin Mohammed al Aiban, consejeros de seguridad nacional de Teherán y Riad.

Los ministros de Asuntos Exteriores de ambos países, llamados a dar seguimiento y concreción a dicho entendimiento, anunciaron formalmente la apertura de sus respectivas embajadas y debatieron sobre las perspectivas de paz en la región.

Cabe señalar que en vísperas de la cumbre en China, el presidente iraní Ebrahim Raisi había hecho saber a través de su portavoz que había acogido con satisfacción la invitación del rey saudí Salman bin Abdulaziz Al Saud para visitar Riad (agencia Tansim).

En las mismas horas, Irán había anunciado que había nombrado a su propio embajador en Emiratos Árabes Unidos, la primera vez desde que rompió relaciones diplomáticas con el país vecino en 2016.

El nuevo rumbo de Oriente Próximo está en marcha (perdón por el juego de palabras fácil). Y para destacar lo mucho que está cambiando un acontecimiento en sí mismo mínimo, pero no demasiado. Así, ayer Arab News, la agencia de prensa saudí: "Un buque militar ruso atraca por primera vez en Arabia Saudí".

Se trata, detalla la nota, de la fragata Almirante Gorshkov y es sólo una escala temporal para relevar a la tripulación tras un largo viaje. Un asunto menor, pero que tiene un significado histórico, ya que nunca antes había ocurrido. El significado simbólico no se nos escapa."    
                (PiccoleNote, 06/04/23; traducción DEEPL)

31.3.23

Xulio Rios : El próximo encuentro entre el presidente Xi Jinping y Pedro Sánchez tiene su miga... y un doble sesgo... De una parte, supondría un mayor reconocimiento del estatus internacional de España... De otra, representa una oportunidad para avanzar en un diálogo que pueda abrir puertas al cese de hostilidades en Ucrania... Xi, por su parte, probablemente tiene en mente un bosquejo más amplio... España es el único país de Europa que a día de hoy cuenta en su gobierno con ministros ideológicamente afines. Esto ha generado una atenta diplomacia ad hoc... y eleva la significación de España en el interés del liderazgo chino... Tradicionalmente, España ha defendido en la UE posiciones moderadas y constructivas en la relación con China. Su presidencia rotatoria en Bruselas, puede jugar un papel en el relanzamiento de las relaciones UE-China, evitando el estancamiento retroceso que ahora gana terreno... Comprometer a China en la estabilidad europea, política, estratégica y, por supuesto, económica, en un contexto de reiteración de las turbulencias, es un objetivo de interés reciproco... Madrid puede contribuir significativamente al establecimiento de un modelo de comunicación entre ambas partes que, en paralelo, eleve su significación en el marco comunitario ante los socios galo y germano, recuperando terreno en el núcleo duro de la UE Asimismo, en la búsqueda de una solución política para Ucrania puede alentar una reflexión que abogue por la desescalada ¿Participaría España de una hipotética troika de paz con China y Brasil, pongamos por caso, para abrir paso a otra dinámica en el conflicto? A Xi le interesa de este encuentro, sobre todo, saber hasta dónde podría contar con España

 "El próximo encuentro entre el presidente Xi Jinping y Pedro Sánchez tiene su miga. (...)

Aquí, el presidente Sánchez ha vendido la cita con un doble sesgo. 

De una parte, supondría un mayor reconocimiento del estatus internacional de España, cada vez más restablecido tras la pérdida de reputación de los años que siguieron a la crisis financiera de 2008. El encuentro en Beijing le convertirá en el primer líder europeo que se reúne con Xi tras su re-re-elección como presidente chino en el conclave parlamentario celebrado este mes de marzo en la capital Beijing. 

 De otra, representa una oportunidad para avanzar en un diálogo que pueda abrir puertas al cese de hostilidades en Ucrania y, quizá, a la apertura de negociaciones de paz, al abrigo de lo que aparenta ser un esfuerzo chino por poner fin a la guerra en medio de un escepticismo occidental generalizado. Del que España también parecía participar, aunque ahora quizá no tanto, a juzgar por algunas declaraciones. 

Aún por hilar del todo los efectos del último encuentro Putin-Xi en Moscú, si algo comparten quienes vieron en él la demostración fáctica de una alianza “sin límites” y quienes, por el contrario, exaltan los matices expresados por cada parte, es que China está más decidida a tomar cartas en el asunto con los “12 puntos” como guía orientativa. En esto, el acuerdo es unánime: China muestra más empeño en generar las condiciones para llevar a las partes a comprometerse en unas conversaciones de paz.

Además de esto, Xi, por su parte, probablemente tiene en mente un bosquejo más amplio. Comparte lo ceremonioso del cincuenta aniversario, pero le gustaría que cuajase en un objetivo empírico a futuro: las relaciones económicas pueden y deben mejorar. China pondría de su parte, aseguraría a Sánchez. Beijing es el principal socio económico de Madrid fuera de la UE y España es el quinto de China dentro de la UE. A la tradicional simpatía por España que uno siempre puede apreciar en China, aunque luego no se traduzca en grandes cosas y todo se quede en alabanzas a la potencialidad de los lazos, hay que añadir en el momento presente un dato político que en Beijing no pasa desapercibido: España es el único país de Europa que a día de hoy cuenta en su gobierno con ministros ideológicamente afines. Esto ha generado una atenta diplomacia ad hoc focalizada en diversos niveles, incluido el partidario, y eleva la significación de España en el interés del liderazgo chino. 

Por otra parte, Sánchez ha destacado la voluntad de llevar el tema Ucrania a las discusiones bilaterales. No es que España sea, en verdad, un actor especialmente relevante en la crisis. Pero Xi probablemente simpatizaría con esa idea de que España pueda jugar en el futuro inmediato un papel destacado en la búsqueda de una solución política. Y sí, la misma España de la celebración por todo lo alto del 40 aniversario de la OTAN y de los mensajes de Madrid –el llamado Concepto Estratégico- a propósito de una China a cada paso más amenazante, según alocución de Jens Stoltenberg.

A Xi le interesaría establecer un consenso con Sánchez que tenga como fundamento la recuperación y potenciación de las afinidades de años pasados. En 2018, cuando Xi visitó Madrid, se quedó en el tintero. China y España firmaron en 2005 una asociación estratégica integral que reflejaba precisamente la condición de Madrid como socio privilegiado de Beijing en Europa. Esto significaba que ambas partes suscribían una voluntad común de progresar en el diálogo político y en el desarrollo de las relaciones a todos los niveles compartiendo un idéntico pragmatismo. En buena medida, el enrarecimiento de la atmosfera internacional en el último lustro ha congelado este discurso pero sigue impregnando la retórica bilateral.

¿Tres o cuatro tableros?

España y China convergen en un momento de cierta ambición de protagonismo internacional.  En ambos casos, dicha pretensión es manifiesta y no se queda en la mera soflama. Madrid quiere recuperar ese espacio jugando principalmente en tres tableros, el comunitario, el atlántico y el iberoamericano. ¿Puede haber un cuarto tablero? Hoy parece que cualquier aspirante a figurar en el pódium internacional debe tener a China en su agenda. 

China, por su parte, va conformando una actividad diplomática digna de un país de su envergadura, apostando por jugar más fuerte en entornos geoestratégicos clave, pasando de mero espectador a firme actuante. Lo hemos podido apreciar en Oriente Medio con el sorprendente arreglo entre Irán y Arabia Saudita. En este contexto, Europa no es un espacio más. Es clave en su diferendo con EEUU y le importa especialmente hacer oír su voz en el concierto comunitario. Y España puede tener un papel. ¿Cuál? Tradicionalmente, España ha defendido en la UE posiciones moderadas y constructivas en la relación con China. Su presidencia rotatoria en Bruselas, en el segundo semestre de este ejercicio, puede jugar un papel idéntico en el relanzamiento y desarrollo activo de las relaciones UE-China, afrontando las diferencias mediante el diálogo soberano e instando una dinámica que impulse la relación China-UE, evitando el estancamiento y/o retroceso que ahora ganan terreno como tendencia dominante.

 Esa presidencia rotatoria hispana puede influir en el tono general de la relación UE-China, que algunos gobiernos quieren descapitalizar, anteponiendo las hipotéticas exigencias de seguridad a la cooperación, un enfoque que revierte en un alineamiento activo con el discurso que proviene de Washington con la premisa de la defensa de su hegemonía global frente a una China con la que escalan más contradicciones cada día.

 Asimismo, en la búsqueda de una solución política para Ucrania puede alentar una reflexión que abogue por la desescalada y otorgue menos relevancia a la orientación que hoy predomina, la de compartir a piñón fijo la posición estadounidense de sostener el conflicto con más y más munición el tiempo que sea necesario.

 Comprometer a China en la estabilidad europea, política, estratégica y, por supuesto, económica, en un contexto de reiteración de las turbulencias, es un objetivo de interés reciproco. Madrid puede contribuir significativamente al establecimiento de un modelo de comunicación entre ambas partes que, en paralelo, eleve su significación en el marco comunitario ante los socios galo y germano, recuperando terreno en el núcleo duro de la UE. París y Berlín, resistiendo a duras penas las presiones de la Casa Blanca, abogan por matizar la relación con China atendiendo a su propia definición autónoma y a los intereses estratégicos del continente.

¿Troika de Paz?

Sánchez se ha mostrado interesado en solicitar de Xi aclaraciones de los 12 puntos, quizá con el propósito de identificar asideros y apuntar intersecciones comunes que favorezcan la acogida en Europa de la iniciativa china. Eso no liquidará el escepticismo, por supuesto, pero si puede oxigenar la propuesta.

¿Participaría España de una hipotética troika de paz con China y Brasil, pongamos por caso, para abrir paso a otra dinámica en el conflicto? A Xi le interesa de este encuentro, sobre todo, saber hasta dónde podría contar con España en la cuestión de Ucrania y por extensión en su política hacia Europa. Quizá fraguando un entendimiento que les haga estar más pendientes el uno del otro sin tener que elegir entre posiciones excluyentes. 

A dos meses de elecciones en España y con un horizonte inmediato marcado por otros comicios decisivos más decisivos aun en el presente año, la tentación de hacer un uso táctico del encuentro tiene poco recorrido. No obstante, sirve también a Sánchez para marcar territorio en su diferendo con Núñez Feijóo, un absoluto advenedizo, a años luz en experiencia internacional.

 Después de Sánchez visitarán China otros líderes europeos de peso. El canciller Scholz ya estuvo en noviembre. Xi no quiere que en Europa solo resuene la voz de Washington. Es de imaginar que los contactos se multiplicarán en los próximos meses. Quizá de ellos resulte una mayor comprensión bilateral que si no puede disipar del todo las diferencias si añada comprensión y mayor conciencia respecto a los intereses de cada parte. Mientras, las autoridades chinas mantendrán al presidente Biden en otra fila y a la cola. Tras el incidente del globo espía, Xi desoye la petición de una conversación telefónica aclaratoria y da largas a la reprogramación de la visita del secretario de Estado Blinken. 

Apostando por la gestión flexible y creativa de las afinidades comunes, la visita de Pedro Sánchez puede contribuir de manera significativa al relanzamiento bilateral y de las relaciones China-UE y a la recuperación de cierta estabilidad continental y global."                 (Xulio Ríos  , CTXT, 29/03/2023)

30.11.22

Las dos opciones políticas que nos ha dejado la guerra de Ucrania... La primera ve en peligro la hegemonía estadounidense y observa con mucha preocupación el ascenso chino. El mundo abierto y globalizado en el que hemos vivido llevaría a China a asentarse firmemente, por lo que, ya con Trump, EEUU inició un giro proteccionista, que Biden ha implementado... El otro tipo de lógica, más financiera, desea que los capitales fluyan, que la producción barata y regular continúe, que buena parte de la globalización continúe... mientras tanto, EEUU ha decidido reforzarse en términos nacionales para hacer frente a China. Las subidas insistentes de tipos por parte de la Fed y las exigencias de que Europa se aleje de China se complementan con incentivos para localizar empresas en EEUU, con la promesa de que contarán con energía suficiente y a buen precio. Esa actitud está provocando descontento en Alemania y Francia, que advierten que, si Washington sigue por ese camino, ellos tendrán que hacer lo mismo... la contradicción entre las dos lógicas, la que lleva al reforzamiento nacional y la que pretende conservar lo máximo posible el orden global hasta ahora vigente, está operando ante todo en términos internos, provocando diferencias dentro de los países occidentales y entre esos mismos países... vamos a vivir un choque entre ambas maneras de ver el mundo que definirán nuestro futuro

 "Alemania sigue en el centro de la tormenta. Ocupa una posición relevante en este momento geopolítico y la dirección que tome en los próximos años será crucial: es un país en el que se sintetizan bien los dilemas de la época.

En primera instancia, el cierre del suministro energético ruso, que convenía especialmente a Berlín, ha conducido al país hacia un nuevo escenario. No se trata solo de contar con la energía suficiente, sino que se disponga de ella a un precio asequible. La imposible sustitución a medio plazo de las fuentes rusas por otras de coste similar supone un daño notable para el Estado germano, para sus ciudadanos y sobre todo para su industria, un sector fundamental en su posición dominante en Europa.

Ese cambio obliga a Alemania a reconducir sus prioridades económicas. Y la dirección que ha tomado no gustó en el seno de la UE. Francia está cada vez más descontenta, y el resto de países no ven ni mucho menos con buenos ojos las medidas tomadas por Berlín: las grandes cantidades que está invirtiendo en su economía para compensar el aumento de los precios del gas y ayudar a familias y empresas, que se suman a las ya puestas en circulación durante y después de la pandemia, suponen una ventaja competitiva grande respecto de sus socios europeos.

La visita a China

En ese escenario de reorganización, se ha producido la visita de Scholz a Pekín, el escalón siguiente. En esta nueva guerra fría, Berlín está sufriendo presiones para que reduzca su relación comercial con China. Al mismo tiempo, los incentivos conducen a afianzarla, porque China es su principal socio comercial, y renunciar a esa relación, o debilitarla, supondría un daño adicional para un país que tendrá que afrontar tiempos complicados.

Fruto de estas contradicciones teníamos a dirigentes de la industria señalando como muy pertinente la visita de Scholz a Pekín, ya que Europa y el mundo dependen de China en muchos aspectos, también para resolver problemas como el cambio climático y la seguridad alimentaria, al mismo tiempo que la ministra de Exteriores, Annalena Baerbock, mostraba una postura mucho más hostil a esas relaciones. 

Los medios oficiales chinos proclaman que la desvinculación de Alemania con su país no resulta realista, ya que el mercado chino se encuentra entre los cimientos que sentaron las bases de la prosperidad económica germana. El resultado de la visita fue expuesto por Global Times, el periódico oficial chino, de esta manera: “Alemania y China pusieron el énfasis en aumentar el entendimiento y la confianza mutuos, en adherirse a la globalización económica, promover la cooperación práctica, oponerse a la confrontación de bloques e intensificar la coordinación y cooperación en asuntos internacionales. Scholz volvió a dejar clara su oposición al desacoplamiento”.

La versión alemana de esa visita no ha sido tan complaciente. Probablemente, el mejor resumen de la situación lo ha efectuado Wolfgang Münchau: “Lo que está pasando en Alemania es que todo el modelo económico, basado en energía barata y exportaciones de maquinaria a países como China, ha llegado al límite. Alemania necesitará diversificarse en una dirección que Scholz y sus amigos industriales desconocen en gran medida”.

Las dos maneras de ver el mundo

De modo que Alemania tiene que moverse en varios terrenos pantanosos: internamente, porque el desacople de la energía rusa le causa problemas y porque su modelo económico es ahora mucho más débil; con sus socios de la UE, que le reclaman una mejor salida en conjunto de la crisis; y con EEUU y China, que le piden cosas opuestas.

El papel de Scholz es complicado porque las exigencias geopolíticas le empujan en una dirección y las económicas en otra. Haga lo que haga, recibirá críticas: no es posible contentar a todos al mismo tiempo.

Sin embargo, sería injusto poner el foco exclusivamente en Alemania, porque el país dominante en Europa no es más que la viva expresión de un síntoma, el de las contradicciones occidentales.

En esencia, en nuestros sistemas políticos y económicos, se están confrontando dos lógicas, dos maneras de pensar. La primera ve en peligro la hegemonía estadounidense, observa con mucha preocupación el ascenso chino y trata de establecer un dique poderoso que impida que ese crecimiento lleve a Pekín a liderar el mundo. No podemos olvidar que la confrontación con Rusia forma parte de esto. Para este tipo de mentalidad, no se trata únicamente del frente militar. 

El mundo abierto y globalizado en el que hemos vivido llevaría a China a asentarse firmemente, por lo que, ya con Trump, EEUU inició un giro proteccionista, que Biden ha implementado. Hay muchos elementos ligados a la energía, a la defensa del dólar y a los bienes estratégicos, pero básicamente EEUU está jugando sus cartas para fortalecerse y para frenar a la potencia emergente.

El otro tipo de lógica, más financiera, desea que los capitales fluyan, que la producción barata y regular continúe fomentando los intercambios entre países y que las oportunidades de inversión y los dividendos aumenten. Para esta manera de pensar, lo natural es que buena parte de la globalización se conserve, que los mercados chinos se abran, que cesen las hostilidades y que el mundo abierto del pasado se preserve lo máximo posible.

El problema es que ambas lógicas chocan: no se puede tener las dos cosas a la vez. Para que eso ocurriera, Pekín tendría que adoptar una perspectiva muy distinta, y en Moscú se tendría que vivir el derrocamiento de Putin y su sustitución por un líder más amable con Washington. Ambas cosas permitirían que la globalización tuviera aún gran recorrido. Dado que parece muy improbable, vamos a vivir un choque entre ambas maneras de ver el mundo que definirán nuestro futuro.

Un desacoplamiento sin ganas

Hasta ahora, no estamos viviendo un enfrentamiento decidido entre esas dos posturas, sino que se intenta hacer equilibrios entre una y otra. Se da una suerte de disociación: mientras que en el plano militar y en el tecnológico la guerra fría está ya declarada, con un desacoplamiento evidente en algunos sectores estratégicos, en el plano económico los pasos que se están dando son muy endebles. Es como si se pretendiera utilizar una retórica muy firme en un terreno mientras en el otro se pretendiera que las cosas siguieran desenvolviéndose del mismo modo, pero aplicando pequeños ajustes; como si la desglobalización pudiera ser selectiva.

Ese intento de jugar con dos barajas a la vez se hace complicado, y en especial para Occidente. Se percibe en Alemania, pero también en EEUU. Hace pocos días, Biden señalaba a las empresas petroleras, de las que afirmaba que estaban aprovechando las circunstancias para obtener grandes ganancias, a veces yendo contra intereses de los consumidores estadounidenses y del mismo Estado. Biden ve poco patriótico que saquen partido de la crisis y lo destinen a dividendos y recompras de acciones, pero sus empresas le contestan que, en fin, qué hay más americano que ganar todo el dinero que se pueda.

 El Gobierno de EEUU insiste en que las empresas de su país se alejen de China, algo a lo que muchas se niegan, porque significaría perder las ventajas de esa producción barata que aporta Asia. Y los banqueros globales son todos "muy pro-China", como afirmó el presidente de UBS, Colm Kelleher. Eso explica que, mientras en el terreno discursivo, en el tecnológico y en el energético, la batalla con China esté lanzada, en muchas otras áreas las cosas hayan cambiado muy poco. En definitiva, las necesidades estratégicas de un país a menudo confrontan con los intereses de sus actores económicos principales. Alemania es un caso evidente, pero también lo es EEUU.

Al mismo tiempo, como EEUU ha decidido reforzarse en términos nacionales para hacer frente a China, las tensiones con sus socios occidentales aumentan. Las subidas insistentes de tipos por parte de la Fed y las exigencias de que Europa se aleje de China se complementan con incentivos para localizar empresas en EEUU, también con la promesa de que contarán con energía suficiente y a buen precio. Esa actitud está provocando descontento en Alemania y Francia, que advierten que, si Washington sigue por ese camino, ellos tendrán que hacer lo mismo. 

Sin ir más lejos, Macron se quejaba amargamente de que EEUU estaba ofreciendo a Europa gas licuado a un precio cuatro veces mayor que el que vende en su país y Bruno Le Maire, ministro de Economía francés, señalaba ayer que “el verdadero riesgo para Europa es que se quede atrás tecnológica, industrial y económicamente, dejando el campo libre a EEUU y China. Démonos los medios para reindustrializar Europa”.

Dicho de otro modo, la contradicción entre las dos lógicas, la que lleva al reforzamiento nacional y la que pretende conservar lo máximo posible el orden global hasta ahora vigente, está operando ante todo en términos internos, provocando diferencias dentro de los países occidentales y entre esos mismos países. Es natural, en la medida en que en esta nueva guerra fría hay muchas cosas por decidir aún, y el papel europeo es una de ellas. Lo normal es que los años venideros traigan la priorización de lo estratégico, en una lectura muy amplia del término, en especial porque China y Rusia, así como EEUU, están operando en esos términos, y eso cambia el paso del resto de países."              (Esteban Hernández, El Confidencial, 08/11/22)

7.11.22

La ministra de Asuntos Exteriores alemana, Annalena Baerbock, pone de manifiesto su descontento con la visita de Scholz a China, recibiendo al Secretario de Estado estadounidense Antony Blinken, y a la Subsecretaria de Estado Victoria Nuland -más conocida por ser la maestra de ceremonias en el golpe de estado del "Maidan" de 2014 en Kiev... la foto no podría haber mostrado de forma más significativa la doble personalidad de la diplomacia alemana mientras el actual gobierno de coalición tira en diferentes direcciones... se trata de un gesto excesivo. Cuando el máximo dirigente de un país está de visita en el extranjero, una muestra de disonancia debilita la diplomacia... la visita de Scholz a China, se enfrentó a críticas acerbas por emprender una misión de este tipo a Pekín con una delegación empresarial de poderosos directores ejecutivos alemanes. Está claro que la Administración Biden confió en Baerbock y en los influyentes círculos "atlantistas" integrados en la economía política alemana para que lideraran la iniciativa. ¿Ha mordido Scholz más de lo que podía masticar? La angustia en Washington es evidente porque la visita de Scholz a China puede debilitar el diseño geopolítico de Estados Unidos para repetir la impresionante hazaña de la unidad occidental sobre Ucrania si las tensiones estallan en Asia-Pacífico por Taiwán, y China se ve obligada a actuar... pero, Scholz no está en condiciones de armar un escándalo y, en cambio, ha optado por interiorizar el sentimiento de amargura, sobre todo porque Alemania se encuentra en la humillante posición de tener que comprar GNL espantosamente caro a empresas estadounidenses para sustituir el gas ruso... La única opción que le queda a Alemania es tender la mano a China en una búsqueda desesperada por reactivar su economía... Por cierto, la misión de Scholz tiene como objetivo principal el traslado a China de las unidades de producción de BASF, la multinacional química alemana y el mayor productor de productos químicos del mundo

 "La diplomacia alemana ofreció un fascinante espectáculo de "contrapunto" al recibir la ministra de Asuntos Exteriores, Annalena Baerbock, a sus socios del G7 en Münster los días 3 y 4 de noviembre, incluso cuando el canciller Olaf Sholz estaba planeando desde Berlín una visita de un día a Pekín.

La foto mostraba al Secretario de Estado estadounidense Antony Blinken flanqueando a Baerbock en la mesa principal con la Subsecretaria de Estado Victoria Nuland -más conocida por ser la maestra de ceremonias en el golpe de estado del "Maidan" de 2014 en Kiev- mirando desde atrás.

Alemania se pone al día con el fotoperiodismo. En serio, la foto no podría haber detenido de forma más significativa para la audiencia mundial la doble personalidad de la diplomacia alemana mientras el actual gobierno de coalición tira en diferentes direcciones.

En esencia, Baerbock ha puesto de manifiesto su descontento con la visita de Scholz a China reuniendo a su alrededor a los homólogos del G7 que piensan igual. Incluso según las normas de la política de coaliciones, se trata de un gesto excesivo. Cuando el máximo dirigente de un país está de visita en el extranjero, una muestra de disonancia debilita la diplomacia. 

Igualmente, los homólogos del G7 de Baerbock decidieron no esperar al regreso de Scholz a casa. Aparentemente, tienen la mente cerrada y las noticias de las conversaciones de Scholz en Pekín no cambiarán eso.

A primera hora del lunes, Scholz debería pedir la dimisión de Baerbeck. Mejor aún, ésta debería presentar su dimisión. Pero ninguna de las dos cosas va a suceder.

En el período previo a la visita de Scholz a China, se enfrentó a críticas acerbas por emprender una misión de este tipo a Pekín con una delegación empresarial de poderosos directores ejecutivos alemanes. Está claro que la Administración Biden confió en Baerbock y en los influyentes círculos "atlantistas" integrados en la economía política alemana para que lideraran la iniciativa.

¿Ha mordido Scholz más de lo que podía masticar? La respuesta depende de una contrapregunta: ¿Está Scholz buscando un legado en la gran tradición de sus predecesores en el Partido Socialdemócrata, Willy Brandt (1969-1974), Helmut Schmidt (1974-1982)?

Esas dos figuras titánicas tomaron iniciativas pioneras hacia la antigua Unión Soviética y China, respectivamente, en momentos definitorios de la historia moderna, desafiando los grilletes del atlantismo que frenaban la autonomía estratégica de Alemania y consignaban a ese país como subalterno en el sistema de alianzas liderado por Estados Unidos.  

La diferencia fundamental hoy en día es que Brandt (que navegó por la Ostpolitik ignorando las furiosas protestas estadounidenses por el primer gasoducto de la historia que conectaba los yacimientos de gas soviéticos con Alemania) y Schmidt (que aprovechó el momento para sacar provecho de la normalización entre Estados Unidos y China) -y también el canciller Gerhard Schroeder (1998-2005), que amplió y profundizó la expansión de las relaciones comerciales con Rusia y estableció una relación de trabajo sin precedentes con los dirigentes del Kremlin, para irritación de Washington- fueron líderes asertivos.

Dicho de otro modo, todo depende de la voluntad colectiva de Alemania para romper el techo de cristal de la OTAN, que Lord Ismay, el primer Secretario General de la Alianza, había plasmado sucintamente como destinado a "mantener a la Unión Soviética fuera, a los norteamericanos dentro y a los alemanes abajo". Actualmente, la interacción de tres factores influye en la política alemana. 

En primer lugar, la estrategia Indo-Pacífica. No nos equivoquemos, la guerra por delegación en Ucrania es un ensayo general del inevitable enfrentamiento entre Estados Unidos y China por la cuestión de Taiwán. En ambos casos, en los que está en juego el equilibrio estratégico global, lo que está en juego es la hegemonía global de Estados Unidos y la multipolaridad en el orden mundial.

Alemania desempeña un papel fundamental en esta lucha de época, no sólo por ocupar un terreno altamente volátil en el centro de Europa que también arrastra restos de la historia, sino por ser la potencia económica del continente en el umbral de convertirse en una superpotencia.

La angustia en Washington es evidente porque la visita de Scholz a China puede debilitar el diseño geopolítico de Estados Unidos para repetir la impresionante hazaña de la unidad occidental sobre Ucrania si las tensiones estallan en Asia-Pacífico y China se ve obligada a actuar.

Por supuesto, ninguna analogía es completa, ya que es poco probable que China opte por una operación militar especial incremental de 9 meses de duración por parte de Rusia para "moler" a los militares taiwaneses y destruir el Estado ucraniano. Será una guerra mundial desde el primer día.

Sin embargo, la analogía es completa cuando se trata de las sanciones del infierno que la Administración Biden impondrá a China y la brigada de confiscación de los "activos congelados" de China (que superan el billón de dólares, como mínimo), además de paralizar las cadenas de suministro de China.

Basta con decir que "hacer una Ucrania" en China tiene la clave para la perpetuación de la hegemonía global de EE.UU., ya que los activos financieros de China se apropian para repostar la maltrecha economía de Estados Unidos y el estatus del dólar como moneda mundial y el neo-mercantilismo y el control del movimiento de capitales, etc. permanecen intactos.

En segundo lugar, una gran victoria diplomática de la Administración Biden hasta ahora ha sido en la política transatlántica, donde logró consolidar su dominio sobre Europa al poner en el centro de la escena la cuestión de Rusia. Se avivaron los temores maniqueos de los países europeos a un resurgimiento histórico del poder ruso.

Pocos esperaban un resurgimiento ruso tan pronto después del famoso discurso del presidente Vladimir Putin en la Conferencia de Seguridad de Múnich en febrero de 2007.

La narrativa occidental de entonces era que Rusia simplemente carecía de la capacidad de regenerarse como potencia mundial, ya que la modernización militar de Rusia era inviable. Podría decirse que toda la diplomacia de la canciller Angela Merkel hacia Rusia (2005-2021) se basó en esa narrativa fácil.

Por eso, cuando Putin anunció de forma inesperada en una reunión de la Junta del Ministerio de Defensa en Moscú el 24 de diciembre de 2019 que Rusia se había convertido en el líder mundial en armamento hipersónico y que "ni un solo país posee armas hipersónicas, por no hablar de armas hipersónicas de alcance continental", Occidente lo escuchó con indisimulado horror.

El equipo de Biden aprovechó la profunda inquietud de las capitales europeas para reunirlas y fomentar la "unidad occidental" respecto a Ucrania. Pero ahora aparece una grieta en la visita de Scholz a Pekín. Blinken se apresuró a empujar a Scholz hacia el redil.

En tercer lugar, tras lo anterior, hoy ha aparecido una contradicción fundamental, ya que las "sanciones infernales" de Occidente contra Rusia se han convertido en un bumerán para los europeos, empujándolos a la recesión. Alemania se ha visto muy afectada, contemplando el espectro del colapso de sectores enteros de su industria, el consiguiente desempleo y la agitación social y política.

El milagro industrial alemán se basaba en la disponibilidad de un suministro de energía barato, ilimitado y garantizado de Rusia, y la interrupción está causando estragos. Por si fuera poco, el sabotaje de los gasoductos Nord Stream descarta una reactivación del nexo energético entre Alemania y Rusia (que la opinión pública alemana favorece).

Sin duda, con todos los datos disponibles del fondo marino del Mar Báltico, Schulz debe ser muy consciente de las consecuencias geopolíticas de lo que Estados Unidos ha hecho a Alemania. Pero no está en condiciones de armar un escándalo y, en cambio, ha optado por interiorizar el sentimiento de amargura, sobre todo porque Alemania se encuentra en la humillante posición de tener que comprar GNL espantosamente caro a empresas estadounidenses para sustituir el gas ruso.

La única opción que le queda a Alemania es tender la mano a China en una búsqueda desesperada por reactivar su economía. Por cierto, la misión de Scholz tiene como objetivo principal el traslado a China de las unidades de producción de BASF, la multinacional química alemana y el mayor productor de productos químicos del mundo.

Sin embargo, es muy improbable que Washington deje vía libre a Scholz. Por suerte para Washington, los socios de la coalición de Scholz -los Verdes y la FDU- son atlantistas sin complejos y están dispuestos a jugar también al juego americano.

Brandt o Schroeder habrían contraatacado, pero Scholz no es un luchador callejero, aunque intuye el gran designio de Estados Unidos de transformar a Alemania en un apéndice de la economía estadounidense e integrarla en una única cadena de suministro. En pocas palabras, Washington espera que Alemania sea una pieza indispensable en el engranaje del Occidente colectivo.

Mientras tanto, Washington tiene una mano fuerte, ya que el sector corporativo alemán también es una casa dividida, con muchas empresas que están bien situadas para beneficiarse del cambio de modelo económico que promueve Washington, mostrando reticencias a la hora de apoyar a Scholz, aunque él mismo sea un canciller corporativista.

Estados Unidos es experto en aprovechar estas situaciones. Al parecer, algunas empresas alemanas de alta tecnología no aceptaron la invitación de Scholz para acompañarle a Pekín, entre ellas los directores generales de Mercedes-Benz, Bosch, Continental, Infineon, SAP y Thyssen Krupp."  
               (Indian Puchline, 05/11/22; traducción DEEPL)

18.2.22

Resulta sorprendente que con el nuevo siglo la cuenca mediterránea haya adquirido una especie de "nueva centralidad" dentro de la dinámica internacional global, tras un prolongado periodo de percepción de marginalidad... esta centralidad ha sido a menudo el resultado de crisis políticas y militares y de guerras por delegación... En otras palabras, el Mediterráneo ha experimentado un aumento "negativo" e involuntario de su importancia geopolítica... Además, se ha inducido a los ciudadanos europeos a centrarse obsesivamente en el problema de los migrantes... un factor que ha influido profundamente en la política interna europea y en la visión europea hacia el Mediterráneo... Europa ha intentado efectivamente retirarse del Mediterráneo... Esto ha sido un error estratégico que amenaza la capacidad de los europeos para adaptarse a las redistribuciones de poder que están afectando al sistema internacional... porque el Mediterráneo se está transformando en un "mar global" con la iniciativa china de la "Ruta de la Seda", que ha dado a la región una nueva centralidad en las perspectivas geoeconómicas y de economía marítima

 "(...) Tal vez resulte sorprendente que con el nuevo siglo la cuenca mediterránea haya adquirido una especie de "nueva centralidad" dentro de la dinámica internacional global, tras un prolongado periodo de percepción de marginalidad.

Sin embargo, esta centralidad ha sido a menudo el resultado de crisis políticas y militares y de guerras por delegación entre potencias competidoras, más que un intento coherente por parte de los actores regionales e internacionales de volver a centrarse estratégicamente en la zona. En otras palabras, el Mediterráneo ha experimentado un aumento "negativo" e involuntario de su importancia geopolítica.

De hecho, a lo largo de la cuenca han entrado en juego múltiples fuerzas centrífugas que han socavado sus estructuras estatales, en particular (aunque no exclusivamente) a lo largo de la ribera sur. Durante las dos últimas décadas, el estallido de guerras civiles especialmente violentas en Irak, Siria, Yemen y Libia, el aumento de las tensiones tras los decepcionantes resultados de las revueltas árabes de 2011-12, el aumento del papel y la visibilidad de los movimientos yihadistas no estatales en competencia, el regreso del activismo ruso y una violenta polarización entre chiíes y suníes han desestabilizado aún más el conjunto de Oriente Medio.

Además, se ha inducido a los ciudadanos europeos a centrarse obsesivamente en el problema de los migrantes que se desplazan desde el continente africano o desde los focos de crisis: un factor que ha influido profundamente en la política interna europea y en la visión europea hacia el Mediterráneo. Todos estos factores han contribuido a una marcada desestabilización de la matriz de seguridad de la región de Oriente Medio, potenciando así la mayor entropía geopolítica del proceso de globalización y desencadenando una notable redistribución del poder dentro de un sistema internacional cambiante.

El resultado más evidente ha sido una marcada descomposición de los equilibrios, tal vez precarios, que existían en las distintas subregiones mediterráneas. Al mismo tiempo, la percepción del Mediterráneo como un "lago americano", vigente desde los años sesenta, ha llegado a su fin. La cuenca ha vuelto a ser "desafiable" debido a la percepción del declive del poder de Estados Unidos (o, al menos, del declive de su interés en la región), lo que ha fomentado iniciativas más audaces por parte de actores regionales o externos.

Todos estos conflictos y crisis han ocultado a su manera la evolución de las tendencias económicas y comerciales dentro de la cuenca, como el papel del Mediterráneo en el comercio mundial o la creación de nuevos corredores comerciales (como la iniciativa china "Belt and Road") que han dado a la región una nueva centralidad en las perspectivas geoeconómicas y de economía marítima.

De hecho, este mar, a pesar de representar sólo el 1% de los océanos del mundo, genera alrededor del 15% del tráfico marítimo mundial y el 20% del valor económico relacionado, lo que lo convierte en una encrucijada socioeconómica mundial fundamental. Incluso desde el punto de vista energético, la cuenca está desempeñando un papel más importante gracias al descubrimiento de gigantescos yacimientos de gas natural en el Mediterráneo oriental. Por ejemplo, el Servicio Geológico de Estados Unidos ha estimado que la cuenca del Levante contiene unos 122 billones de pies cúbicos de gas técnicamente recuperable.

 La falta de determinación europea y la debilidad de su política exterior han agravado la inestabilidad mediterránea. Las divergencias europeas en las prioridades políticas y en la percepción de los retos dentro de las fronteras ampliadas de la Unión, unidas a las crisis económicas de la última década y a los efectos de la pandemia, han debilitado cualquier intento de articular de forma coherente un proyecto europeo de seguridad regional.

Esto ha dado lugar a lógicas nacionales que han expuesto a la UE a políticas divergentes, iniciativas unilaterales y a una ralentización del tradicional enfoque de compromiso y apoyo iniciado poco después del final de la Guerra Fría con el llamado Proceso de Barcelona. Europa ha intentado efectivamente retirarse del Mediterráneo, renunciando a la creación de una estrategia política holística para la región, a pesar de su importancia crucial. Esto ha sido un error estratégico y un fracaso, más allá de la esfera política, que amenaza la capacidad de los europeos para adaptarse a los cambios sísmicos y las redistribuciones de poder que están afectando al sistema internacional.

Esta actitud es tanto más sorprendente cuanto que el Mediterráneo ha sido considerado históricamente por los europeos como un espacio "liminal", a pesar de las tensiones y diferencias que existen a todos los niveles en los Estados mediterráneos. Hace relativamente poco tiempo que la percepción europea de la cuenca mediterránea como "barrera" se ha afianzado, en gran medida como consecuencia de los traumáticos acontecimientos que la han afectado desde el cambio de siglo.

Al final de la administración de George W. Bush, Estados Unidos intentó desvincularse del caos de Oriente Medio. En un famoso libro, Kenneth M. Pollack resumió esta aspiración política como un "camino para salir del desierto". Sin embargo, a pesar de esta aspiración, Estados Unidos sigue inextricablemente implicado en las crisis de Oriente Medio. Lo mismo ocurre con Europa y la cuenca del Mediterráneo. De hecho, la situación es aún más peligrosa para Europa debido a su proximidad.

Paradójicamente, este enfoque está marginando la dimensión euromediterránea de la propia cuenca. Estamos transitando hacia una realidad global pero más fragmentada, en la que los actores regionales unipersonales interactúan con los no estatales, los apoderados y las potencias externas, sin ningún marco multilateral eficaz.

A pesar de su geografía, el Mediterráneo, desde una perspectiva geopolítica y geoeconómica, se está transformando en un "mar global". Esta dimensión global ha creado nuevos espacios geopolíticos para las potencias emergentes o que regresan, tanto de la región como de fuera de ella. Sin embargo, estos actores -entre los que se encuentran Turquía, Rusia y varios Estados árabes- carecen de una visión coherente del Mediterráneo como sistema de seguridad, y tienden a considerar la cuenca como un mero tablero de ajedrez para sus actividades.

Para bien o para mal, el Mediterráneo está ahora plenamente enredado en la historia global. Esto es algo que Europa está obligada a reconocer cuando trata de relacionarse con los Estados de su vecindad. Dada la nueva centralidad del Mediterráneo en la política internacional, existe una clara necesidad de que Europa adopte una estrategia a largo plazo que sea capaz de abordar los continuos desequilibrios e inestabilidad presentes en la región. De hecho, la única respuesta racional a los cambios sísmicos y epocales es adaptarse a ellos, no ignorarlos."            
 

(Riccardo Redaelli, LSE - EUROPP, 13/02/22; Traducción realizada con la versión gratuita del traductor www.DeepL.com/Translator)

2.8.21

¿Qué ocurre si la economía China se está ralentizando mientras los indicadores de Industria en la UE están en máximos? Que está habiendo un "traslado de producción" a la UE de nuestras propias empresas... una parcial "vuelta a casa"... y los países más beneficiados van a ser Alemania y España...

Carlos Cagigal @CcagigalNeira

 Qué indica el IHS Markit Eurozone Composite PMI que se sitúa en el 60.6 en Julio, el nivel más alto desde hace 20 años, seguido del PMI del sector servicios (60.4) y del PMI del sector manufacturero (62,5)? Que la UE va como un tiro.    IHS Markit Eurozone Composite PMI Output Index"

2- ¿Qué ocurre si la economía China se está ralentizando mientras los indicadores de Industria en la UE están en máximos? Que está habiendo un "traslado de producción" a la UE de nuestras propias empresas. Más que traslado de producción inician una parcial "vuelta a casa".

3- Dato: en China las exportaciones crecieron en el 2° trimestre un 31% mientras que las importaciones crecieron un 43%. China ya importa desde hace un tiempo mucho más de lo que exporta.

4- Producción industrial: el crecimiento promedio del primer semestre en los últimos dos años es del 7%, sólo 0,2 puntos superior del promedio de los últimos dos años desde 2019. Llevan desde principios de 2019 con la producción industrial estancada. Evidentemente no lo dicen

5- Traducido en datos: la vuelta de parte de la producción de las empresas europeas, que se fueron a Asia engañadas por el Psudoliberalismo, será entre 0,6 y 1% de crecimiento del PIB. Y los países más beneficiados van a ser Alemania y España...

6- En empleo para la UE puede suponer cientos de miles de empleos de los que se perdieron por la deslocalización masiva de empresas a Asia.

7- China vende un crecimiento de la producción industrial del 15% pero es semestral y se corresponde con los meses de Enero-Junio de 2020, plena pandemia...

8- Sánchez habrá ido de gira turística a USA pero lo que ha dicho es cierto... La pandemia y que muchos países de la UE no pudieran acceder ni a mascarillas ni productos farmacéuticos básicos, abrió los ojos a la UE. Gran error permitir deslocalización masiva de empresas UE. 

1:47 p. m. · 23 jul. 2021
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15.3.21

Entre 2009 y 2018 la economía de los países del norte de la eurozona creció un 37,2% mientras que las del sur solo un 14,6%. Esta realidad parece condenar a la UE a la división interna y explica sus actuales tendencias desintegradoras. Es una especie de gigante impotente... cuanto más quiera Bruselas avanzar en su relación con Pekín tanto más se resentirá su relación con Washington y tanto más se agudizarán las divisiones internas

 "Desde por lo menos los años ochenta del siglo XX, China observó con interés y curiosidad el surgir de la Unión Europea, un ovni político de gran potencial económico. Entonces la UE representaba el 30% del PIB mundial mientras que China solo el 2,3%. (...)

La división entre las antiguas potencias coloniales europeas y la superpotencia imperial americana era una cuestión fundamental no solo para China, sino para todo el llamado “sur global”, aunque solo fuera por la ampliación de los márgenes de maniobra que significaba. Ampliar a lo político, por ejemplo en las organizaciones internacionales creadas y dominadas por Occidente, la holgura ya existente en lo comercial por ejemplo al negociar la compra de aviones, no con uno sino con dos vendedores (Boeing y Airbus ), era un asunto mayor. ¿Se abriría una oportunidad similar en la ONU?

Hoy aquellas ilusiones se han evaporado. La inicial fascinación china por el proceso europeo se ha visto matizada también por las dificultades de la UE por demostrar una personalidad propia en el mundo. Esas dificultades tienen que ver con diversos aspectos. Uno es el sometimiento inercial de la política exterior y de seguridad europeas a la geopolítica de Washington, canalizado a través de la OTAN y de la utilización de toda una serie de países como caballos de Troya de la política exterior americana en Europa: Inglaterra antes del Brexit, pero también, Polonia, los países bálticos y otros. 

La falta de autonomía de la UE desemboca frecuentemente en un errático seguidismo de las directivas generales de Estados Unidos, incluso cuando esas directivas contradicen frontalmente los intereses económicos y geopolíticos europeos más esenciales. La expansión de la OTAN hacia el Este, en incumplimiento de los pactos y promesas que pusieron fin a la guerra fría, y las trabas a la complementaria relación energética y geopolítica de la UE con Rusia, forman parte de una clara y bien conocida estrategia de Washington.

 Otro aspecto fundamental tiene que ver con el propio diseño más empresarial que político, de la Unión Europea. Reflejado en los tratados europeos, ese diseño es prácticamente imposible de reformar al precisar el voto aprobatorio de todos los estados miembros. Dichos estados parecen, a su vez, estructuralmente condenados a la división, a causa de los defectos del propio diseño que incrementan la división socioeconómica de la eurozona y producen una creciente desigualdad que es sobre todo consecuencia de los superávits comerciales de Alemania, su principal economía.

Entre 2009 y 2018 la economía de los países del norte de la eurozona creció en conjunto un 37,2% mientras que las del sur solo un 14,6%. La crisis del Covid-19 apunta a un incremento de esas diferencias. Esta realidad ha creado en Europa un enredo de gran complejidad que parece condenar a la Unión Europea a la división interna y explica sus actuales tendencias desintegradoras.  El resultado de todo ello convierte a la UE en una especie de gigante impotente. (...)

China superó en 2020 a Estados Unidos como mayor socio comercial de la UE Se espera que este año supere también a Estados Unidos como principal mercado de la exportación alemana. China compró el año pasado cerca del 20% de las ventas de Airbus. En ese contexto, la relación de la UE con China refleja todos los problemas apuntados. 

En primer lugar, cuanto más quiera Bruselas avanzar en su relación con Pekín tanto más se resentirá su relación con Washington y tanto más se agudizarán las divisiones internas al respecto. Trátese del desarrollo de la tecnología 5-G de la empresa china Huawei en Europa, del creciente flujo de inversiones chinas en la Unión Europea, de la invitación de Pekín a los países europeos para que se sumen a su iniciativa de Nueva Ruta de la Seda (B&RI), o del último acuerdo general de principio en materia de inversiones (CAI), el resultado es siempre el mismo: la división europea.

 Ante ese panorama, China ha llegado a acuerdos con países y grupos de países europeos entre los que la llamada Plataforma 17+1 es el más conocido. Muchos analistas y políticos europeos recelan de esos acuerdos en los que ven la vieja táctica del “divide y vencerás” practicada por China, olvidando que ésta no tiene que molestarse en dividir lo que ya está dividido y lastrado .por la más elemental ausencia de claridad, coherencia y autonomía. 

Ese recelo se ha puesto de nuevo de manifiesto con la crisis del COVID en la que los defectos de la gestión europea han podido cotejarse con las ayudas de China a diversos países europeos, entre ellos algunos de los más marginados. “Debemos ser conscientes de que hay un componente geopolítico y una lucha por la influencia en la política de la generosidad”, escribió el responsable de la política exterior europea, Josep Borrell.

 Mientras tanto, países como Alemania y Francia envían periódicamente sus barcos de guerra a participar en el cerco aeronaval de Estados Unidos en el Mar de China Meridional, sugiriendo que la intensa relación con su principal socio comercial es compatible con su contención militar. La UE mantiene desde 1989 su más longeva política de sanciones contra el socio Chino: un embargo de venta de armas. Si quisiera cancelarlo, Washington ya ha advertido que los contratos militares con China significarían el fin de las relaciones de las empresas europeas con las de Estados Unidos en ese ámbito. Muchos estados de la UE son activos participantes en los frentes de guerra híbrida  abiertos contra China…

. El resultado de esta amalgama de hostilidad y estrecha relación es la esquizofrénica doctrina aprobada por el Consejo Europeo de octubre de 2020, que practica una especie de promedio con todas las contradicciones, divisiones e intereses de los diferentes miembros del club. Según esa doctrina, China es al mismo tiempo “socio, competidor y rival sistémico”, dependiendo del ámbito político en cuestión. 

¿Son separables esos ámbitos? “En la práctica parece difícil desvincular comercio e inversión, donde China es considerada socio, de seguridad y valores, donde China es vista como rival sistémico”, dice la analista Theresa Fallon. “¿Será la UE capaz algún día de relacionarse con China no a través de tres diferentes enfoques sino mediante un solo punto de vista?”, se pregunta.

 Fallon es directora del CREAS uno de los laboratorios de ideas de Bruselas dedicado a promocionar la estrategia de Washington hacia Rusia y Asia en la UE. Su pregunta resume muy bien la debilidad y ambigüedad de la actitud de la Unión Europea hacia China."                   (Rafael Poch de Feliu , blog, 03/03/21)