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7.7.26

La empresa china Gotion High-Tech, en colaboración con la eslovaca Inobat, ha presentado este miércoles su proyecto de construcción en Valladolid de dos gigafactorías pioneras destinadas a cubrir toda la cadena de suministro de baterías para vehículos eléctricos en territorio europeo... la producción de cátodos permitirá completar la cadena de valor del vehículo eléctrico en el continente y reforzar la competitividad de la industria europea gracias a una estrategia que combinará el reciclaje de baterías con el aprovechamiento de materias primas procedentes de Marruecos... Óscar Puente ha atribuido el éxito de la operación al trabajo desarrollado durante estos años, pero también a factores como la disponibilidad de energía limpia y competitiva en Castilla y León, el ecosistema industrial de la automoción, los fondos europeos y una estrategia de colaboración con China... la implantación del grupo chino convertirá a Valladolid en uno de los grandes “hubs” europeos de la movilidad eléctrica y permitirá completar en España toda la cadena de valor de las baterías, “el corazón del vehículo eléctrico” (EFE)... o sea, reindustrialización

"Gotion presenta sus plantas de baterías de Valladolid, en las que invertirá mil millones de euros.

La empresa china Gotion High-Tech, en colaboración con la eslovaca Inobat, ha presentado este miércoles su proyecto de construcción en Valladolid de dos gigafactorías pioneras destinadas a cubrir toda la cadena de suministro de baterías para vehículos eléctricos en territorio europeo y que tendrán un valor cercano a los mil millones de euros, con mil empleos estables.

Una delegación de la tecnológica llegada de China ha expuesto, junto a los ministros de Transportes y de Industria, Óscar Puente y Jordi Hereu, respectivamente, un proyecto que ha obtenido subvenciones públicas que suman 138,21 millones de euros a cargo del PERTE VEC V de 2026.

A largo plazo

«Los peces no van solos del mar a la cesta, hay que tirar la caña. Muchos se escapan y vuelven al mar, pero no es el caso. Este pez ya está en la cesta», ha afirmado durante la presentación el ministro y exalcalde de Valladolid, Óscar Puente, en alusión al proyecto empresarial de Gotion.

El vicepresidente de Gotion, Fu Zhou, ha asegurado que tienen una «visión a largo plazo en España», de la mano de las administraciones, para convertir a este proyecto en una «referencia en Europa de la transición energética».

El complejo, que comenzará a construirse en 2027, ocupará una superficie de 700.000 metros cuadrados y se desarrollará en dos fases: una primera destinada al reciclaje de hasta 200.000 toneladas anuales de baterías y una segunda para fabricar otras 200.000 toneladas de cátodos, el componente que concentra alrededor del 60 % del valor de una batería.

La empresa prevé crear unos 2.500 empleos durante la construcción de las instalaciones y un millar de puestos de trabajo estables en la primera fase de explotación, con el objetivo de levantar una planta “con cero emisiones” y convertir Valladolid en un referente europeo de la movilidad eléctrica.

Una planta “única” en Europa

Puente ha defendido que el proyecto no consiste simplemente en construir “dos fábricas de baterías”, sino en implantar una instalación que “no existe en ningún otro lugar de Europa”.

Según ha detallado, la producción de cátodos permitirá completar la cadena de valor del vehículo eléctrico en el continente y reforzar la competitividad de la industria europea gracias a una estrategia que combinará el reciclaje de baterías con el aprovechamiento de materias primas procedentes de Marruecos.

Puente ha atribuido el éxito de la operación al trabajo desarrollado durante estos años, pero también a factores como la disponibilidad de energía limpia y competitiva en Castilla y León, el ecosistema industrial de la automoción, los fondos europeos y una estrategia de colaboración con China.

«A vosotros os toca cocinar el pez y ponerlo en la mesa», ha afirmado dirigiéndose al Ayuntamiento de Valladolid y a la Junta de Castilla y León, de quienes ha dicho no tener dudas sobre su implicación para hacer realidad el proyecto.

El Gobierno destaca la “solvencia” del proyecto

El ministro de Industria, Jordi Hereu, ha subrayado que las ayudas concedidas a Gotion responden exclusivamente a la elevada calidad técnica de una iniciativa que ha obtenido de forma definitiva 138,2 millones de euros del PERTE del Vehículo Eléctrico y Conectado.

De esa cantidad, 82,3 millones se destinarán a la planta de reciclaje y recuperación de materiales, y otros 55,9 millones a la futura fábrica de cátodos.

Hereu ha considerado que la implantación del grupo chino convertirá a Valladolid en uno de los grandes “hubs” europeos de la movilidad eléctrica y permitirá completar en España toda la cadena de valor de las baterías, “el corazón del vehículo eléctrico”.

 (EFE, 01/07/26) 

1.7.26

La agenda emergente del "manchesterismo" de de Andy Burnham, que acertadamente busca devolver al control público los servicios y el transporte, supone un avance necesario y bienvenido. Pero debemos ser honestos sobre hasta dónde llega. Su tesis central es que una energía, un transporte y una vivienda más baratos desbloquearán el dinamismo productivo... Esa suposición no se sostiene. Nuestra crisis es una crisis de producción... La prioridad del Partido Laborista es reconstruir la base productiva de Gran Bretaña: el manchesterismo no es suficiente... el capitalismo británico ha desplazado su modelo de acumulación hacia los servicios, especialmente a la City de Londres... Desmercantilizar los servicios públicos no es suficiente para revertir esto. Gran Bretaña no puede crear prosperidad, reducir la desigualdad ni recuperar una soberanía económica genuina sin una estrategia deliberada y liderada por el Estado de reindustrialización... La manufactura moderna se basa en la ingeniería avanzada, la automatización, la tecnología digital y la energía limpia, es el sector donde la productividad aumenta de manera más constante... no hay evidencia de que un país avanzado pueda lograr una prosperidad sostenida sin una sólida base manufacturera... Por lo tanto, un gobierno laborista radical debe perseguir una estrategia industrial basada en tres pilares institucionales... primero, Gran Bretaña necesita una oleada de inversión pública, respaldada por un Banco Nacional de Inversión con la capitalización adecuada, que pueda dirigir capital a largo plazo hacia la energía, el transporte y las cadenas de suministro industriales... segundo, Gran Bretaña enfrenta una escasez aguda de ingenieros, y trabajadores cualificados de la manufactura; sin reconstruir las habilidades fundamentales de la clase trabajadora británica, la política industrial seguirá siendo una fantasía... tercero, la reconstrucción de la base productiva llevará al gobierno a un conflicto directo con el capital financiero. El Banco de Inglaterra debe ser reorientado a servir a una estrategia industrial nacional. Es crucial que el laborismo supere su miedo a los mercados de bonos; requerirá la disposición a utilizar controles de capital selectivos para evitar una fuga de capital especulativo. Un liderazgo que no pueda articular una estrategia creíble para defender su programa económico frente a la City aún no ha comprendido las realidades del poder en Gran Bretaña... Si el partido sitúa la producción, el trabajo cualificado y la inversión industrial en el centro de su programa, creará las condiciones para unos servicios públicos más fuertes, un aumento del nivel de vida y una sociedad más igualitaria (Costas Lapavitsas)

 "La prioridad del Partido Laborista es reconstruir la base productiva de Gran Bretaña: el manchesterismo no es suficiente.

El modelo económico actual está agotado: es hora de centrarse en la producción, el trabajo cualificado y la inversión industrial.   

El previsible ascenso de Andy Burnham al liderazgo del Partido Laborista marca el fin definitivo del modelo económico de Starmer y Reeves. El argumento de que los problemas de Gran Bretaña son principalmente cuestiones de distribución —que requieren una mejor regulación, impuestos más justos y una gestión más competente del statu quo actual— está agotado.

La agenda emergente del "manchesterismo", que acertadamente busca devolver al control público los servicios públicos fundamentales y el transporte, supone un avance necesario y bienvenido. Pero debemos ser honestos sobre hasta dónde llega. Su tesis central es que una energía, un transporte y una vivienda más baratos desbloquearán el dinamismo productivo. Asume que existe una economía productiva en funcionamiento en los estratos medio y alto de la economía británica, esperando ser desbloqueada por una provisión pública más barata y desmercantilizada.

Esa suposición no se sostiene. Nuestra crisis de provisión es fundamentalmente una crisis de producción.

La realidad del capitalismo británico no es simplemente que no distribuya la riqueza de manera justa, sino que ha desplazado activamente su modelo de acumulación lejos de la manufactura y otras producciones materiales hacia los servicios, especialmente las finanzas. La City de Londres se convirtió en uno de los principales beneficiarios del surgimiento de una economía financiarizada.

Desmercantilizar los servicios públicos no es suficiente para revertir esto. Gran Bretaña no puede crear prosperidad, reducir la desigualdad ni recuperar una soberanía económica genuina sin una estrategia deliberada y liderada por el Estado de reindustrialización.

Esto no tiene nada que ver con la nostalgia de un pasado mítico. La manufactura moderna se basa en la ingeniería avanzada, la automatización, la tecnología digital y la energía limpia. Sigue siendo el sector donde la productividad aumenta de manera más constante, la innovación se extiende por toda la economía y el empleo cualificado crea prosperidad mucho más allá de las puertas de la fábrica. A pesar de lo que los círculos financieros afirman habitualmente, no hay evidencia de que un país avanzado pueda lograr una prosperidad sostenida sin una sólida base manufacturera. Gran Bretaña no será la primera.

Por lo tanto, un gobierno laborista radical debe perseguir una estrategia industrial basada en tres pilares institucionales.

En primer lugar, Gran Bretaña necesita una oleada de inversión pública, respaldada por un Banco Nacional de Inversión con la capitalización adecuada, que pueda dirigir capital a largo plazo hacia la energía, el transporte y las cadenas de suministro industriales. Esto requiere romper con el lenguaje neoliberal de que el Estado asume los riesgos para que el capital privado pueda obtener los rendimientos. Un programa dinámico de inversión pública debe vincularse a participaciones accionarias públicas, asegurando la reconstrucción constante de la riqueza pública.

Además, la inversión pública debe ser protegida por una política comercial activa. Debemos utilizar el espacio regulatorio que ahora tenemos fuera del mercado único de la UE para implementar requisitos de contenido nacional en la contratación pública, impuestos fronterizos al carbono y medidas antidumping. También debemos proteger las cadenas de suministro británicas emergentes de la competencia extranjera subvencionada. No tiene sentido renacionalizar nuestros ferrocarriles si el material rodante sigue construyéndose en España o Japón.

En segundo lugar, Gran Bretaña enfrenta una escasez aguda de ingenieros, técnicos y trabajadores cualificados del sector manufacturero en sectores que van desde la defensa hasta las energías renovables. Los trabajadores cualificados se crean a través de aprendizajes, educación técnica, empleo estable y negociación colectiva. Sin reconstruir las habilidades fundamentales de la clase trabajadora británica —soldadores, ingenieros de precisión, técnicos— la política industrial seguirá siendo una fantasía de Whitehall.

Los sindicatos pueden desempeñar un papel crucial en la reconstrucción de nuestra mano de obra cualificada. Los sindicatos no son simplemente un electorado político que hay que gestionar o un beneficiario pasivo de mejores servicios públicos. El trabajo organizado es un mecanismo para la reconstrucción económica y debería tener poder institucional. Esto significa una negociación colectiva sectorial legalmente obligatoria para coordinar los salarios en todas las industrias en expansión, asegurando que las ganancias de productividad se compartan ampliamente en lugar de ser capturadas por una élite diminuta. También significa una representación sindical estatutaria en los consejos de administración de todas las nuevas corporaciones públicas y del Banco Nacional de Inversión.

En tercer lugar, la reconstrucción de la base productiva llevará inevitablemente al gobierno a un conflicto directo con el capital financiero móvil. No podemos pedir cortésmente al sistema financiero que gire hacia la manufactura. El Banco de Inglaterra debe ser reorientado fundamentalmente y orientado a servir a una estrategia industrial nacional. Es crucial que el Partido Laborista también supere su miedo a los mercados de bonos. La City de Londres inevitablemente tomará represalias contra una estrategia industrial genuina generando presión sobre los rendimientos de los gilts y la libra esterlina. Sobrevivir a esta intervención política requerirá la disposición a utilizar controles de capital selectivos para evitar una fuga de capital especulativo. Un liderazgo que no pueda articular una estrategia creíble para defender su programa económico frente a la City aún no ha comprendido las realidades del poder en Gran Bretaña.

La estrategia de simplemente buscar una mejor gestión de nuestro modelo económico actual ha llegado a su fin. El Partido Laborista ahora puede ofrecer algo fundamentalmente diferente al reconstruir la economía productiva de Gran Bretaña. Si el partido sitúa la producción, el trabajo cualificado y la inversión industrial en el centro de su programa, creará las condiciones para unos servicios públicos más fuertes, un aumento del nivel de vida y una sociedad más igualitaria. Esto es lo que el país está pidiendo. Sin una reconstrucción sostenida de la creación de riqueza, cada promesa de renovación se asentará sobre bases frágiles." 

(Costas Lapavitsas, Brave New Europe, 30/06/26, traducción deep Seek, enlaces en el original)

14.6.26

O galego Miguel Otero Iglesias, Real Instituto Elcano dí que España estao facendo ben porque soubo adiantarse a outros países na transición enerxética, por exemplo facilitando unha electricidade máis barata. Esta cuestión é clave no desembarco do grupo chinés de automoción SAIC en Galicia... En moitos países da UE, desde hai meses, había ese pensamento de que España se estaba a achegar demasiado á China... Chegouse a dicir que España era unha especie de nova Hungría, un cabalo de Troia na Unión... España está noutra pantalla. Fíxoo ben, mantén unha estratexia que coido que é acertada... España ten unha experiencia previa porque leva máis tempo convivindo e navegando co que supón a competencia chinesa. Por iso aquí non hai tanto medo, porque xa a sufrimos pero tamén soubemos, historicamente, absorber tecnoloxía e producir. Pola súa bagaxe histórica, España sabe que o proteccionismo non é a solución e vaise adaptando... Como me dixo un empresario un día: interésanos que China produza aquí e nos venda tecnoloxía barata porque nunca antes houbo tanta alta tecnoloxía e tan barata... É unha cuestión de equilibrio. Ter aranceis altos cómprennos para que as empresas chinesas veñan producir aquí, pero non nos cómpre unha guerra comercial para que acaben deixando de vir... No caso de España, China é unha oportunidade en canto a investimentos e desenvolvemento industrial, sobre todo no que ten que ver coa transición verde e o sector do vehículo eléctrico, onde China é líder mundial... Galicia é un sitio ideal e levo tres ou catro anos advertindo da conveniencia de que algunha destas empresas chinesas viñese producir a Galicia, polo ecosistema que no sector da automoción ten o país, con experiencia, unha enorme industria auxiliar e de compoñentes, a fábrica de Stellantis, as infraestruturas portuarias... As empresas chinesas non teñen tanta experiencia á hora de producir en Europa, tamén precisan saber como facelo

"O galego Miguel Otero Iglesias (Basilea, Suíza, 1979) é investigador principal do Real Instituto Elcano en economía política internacional e experto nas relacións UE-China. Fundador e coordinador, ademais, da ETNC (Rede Europea de Think Tanks sobre China), é un dos maiores coñecedores do sistema económico e empresarial de Pequín e do seu desenvolvemento e expansión exterior nos últimos anos. 

Licenciado en Xornalismo pola USC hai máis de dúas décadas, doutor en economía política internacional e actualmente Profesor da IE School of Politics, Economics and Global Affairs, reflexiona aquí sobre o desembarco do grupo chinés de automoción SAIC en Galicia cunha ollada máis fonda no contexto internacional e na estratexia das administracións ante o potencial tecnolóxico chinés, tamén no sector do vehículo eléctrico. 

Que lle parece a chegada de SAIC a Ferrol e As Pontes?

Hai xa tempo que digo que España ten que atraer investimento de China e máis nun sector estratéxico como o da automoción, no que é o segundo maior produtor e exportador de coches da Unión Europea e que representa entre un 10 e un 12% do seu PIB. China é líder no vehículo eléctrico e España sempre foi un dos mellores países para a produción, ademais de apostar ben e moito pola transición e a economía verde que marca a UE.  

Pero Pedro Sánchez recibiu moitas críticas polo seu achegamento á China, non só desde a oposición en España, senón mesmo desde Bruxelas...

En moitos países da UE, desde hai meses, había ese pensamento de que España se estaba a achegar demasiado á China... Empezaron a arquearse moitas cellas en relación á postura do Goberno de España con Pequín, acusándoo mesmo de desmarcarse da liña estratéxica da UE, máis aínda cando Pedro Sánchez amosou con contundencia o seu rexeitamento ás políticas de Donald Trump. Chegouse a dicir que España era unha especie de nova Hungría, un cabalo de Troia na Unión. 

Non é así, logo?

No contexto actual, onde hai moitas dúbidas e debate sobre o aumento da interdependencia ou a crecente dependencia de China, España está noutra pantalla. Fíxoo ben, mantén unha estratexia que coido que é acertada. 

A que se refire?

Nos últimos 150 anos houbo varios países na vangarda tecnolóxica e outros que non. Os Estados Unidos, Reino Unido, Alemaña, Xapón, Corea, algún país nórdico e, en menor medida, Holanda ou Francia... pero España nunca estivo aí. Aquí sempre se apostou máis por absorber esa tecnoloxía que por producila pero, ao tempo, no último medio século o avance económico no Estado veu tamén impulsado pola apertura económica, por atraer investimento estranxeiro. Despois chegou o século XXI, e España, por estar máis abaixo na cadea de valor, foi dos que máis sufriu o China shock dos 90 e 2000, o impacto que tivo sobre a industria e o emprego a entrada masiva de produto chinés barato nos mercados globais desde a entrada dese país na Organización Mundial do Comercio (OMC). Afectou no sector téxtil e do calzado, nos mobles, nos xoguetes, nos paneis solares, nas turbinas eólicas... Denunciábase a competencia desleal que iso supuña e reclamábanse máis aranceis, pero as grandes potencias, daquela, obviaban estas demandas e apostaban polo libre mercado e reivindicábano. Tiveron pouca empatía. 

Daquela, serviulle aquilo a España adaptarse a esta nova era?

Agora chegou o China shock 2.0, a aposta do goberno chinés por subsidios estatais á industria pesada e tecnolóxica e por produtos de alto valor engadido e tecnolóxico e de economía verde, como os coches eléctricos ou as baterías. Neste contexto, son aquelas potencias económicas as que se ven afectadas máis, países que antes apostaban polo libre mercado tornáronse agora nos máis proteccionistas, poñendo ou reclamando aranceis ante unha sobrecapacidade global que provoca que China exporte o seu excedente a prezos moi competitivos. España ten unha experiencia previa porque leva máis tempo convivindo e navegando co que supón a competencia chinesa. Por iso aquí non hai tanto medo, porque xa a sufrimos pero tamén soubemos, historicamente, absorber tecnoloxía e producir. Pola súa bagaxe histórica, España sabe que o proteccionismo non é a solución e vaise adaptando. 

A importancia é saber adaptarse mesmo ás contradicións, saber navegar neste contexto mundial?

Hai un debate, claro. Como me dixo un empresario un día: interésanos que China produza aquí e nos venda tecnoloxía barata porque nunca antes houbo tanta alta tecnoloxía e tan barata. E engadía outra reflexión: tería sido mellor ter protexido o sector dos paneis solares ou é mellor importalos cinco veces máis baratos e con eses paneis solares crear enerxía barata para producir de maneira rendible e sostible produtos con máis valor engadido e atraer investimentos? 

Cal é a resposta, logo...

É unha cuestión de equilibrio. Ter aranceis altos cómprennos para que as empresas chinesas veñan producir aquí, pero non nos cómpre unha guerra comercial para que acaben deixando de vir. A estratexia oficial da UE cara a Pequín considera á China socio estratéxico, competidor económico e rival sistémico. A aposta de España aquí é que iso está moi ben, pero que non podemos deixar de lado a parte de socio no contexto actual porque é fundamental. 



E cal é a súa recomendación?

Insisto. É unha cuestión de pragmatismo: nin idealizar a China como socio perfecto nin percibila como unha ameaza excepcional. No caso de España, China é unha oportunidade en canto a investimentos e desenvolvemento industrial, sobre todo no que ten que ver coa transición verde e o sector do vehículo eléctrico, onde China é líder mundial. 

Cal é a situación na China deste sector?

Na China apostaron polo coche eléctrico hai 15 anos, cunha política industrial que fomentou e impulsou este sector. Falamos dun capitalismo salvaxe, con 120 empresas de vehículos eléctricos nun mercado de 1.400 millóns de habitantes, cunha eficiencia produtiva enorme, unha cadea de traballo de gran precisión e unha importante competencia. Moitas destas empresas, con sobrecapacidade e sobreprodución, xa non poden vender máis aló e lanzáronse ao mercado exterior. Igual que lle pasou antes aos xaponeses, saben que exportar desde China a ese nivel é inviable e teñen que producir en Europa e deixar certo valor engadido no territorio. 

É aí onde Galicia e España deben aproveitar as oportunidades, logo?

España ten un déficit comercial enorme con China, tanto que representa o 75% do seu déficit total. Benvida sexa a produción chinesa aquí sempre que xere valor engadido. Obviamente, o maior valor engadido non está onde se ensamblan os coches, pero a presenza destas fábricas xera emprego e entre ter ou non ter estas factorías, mellor telas. España ten cada vez máis experiencia en atraer investimento estranxeiro que deixou e deixa valor aquí, por moito que aínda deixe máis nos Estados Unidos, en Francia ou no Reino Unido. Pero se os xaponeses, os alemáns ou os americanos trouxeron valor engadido, por que non o van traer os chineses?

Daquela, cre que España soubo aproveitar ben esta situación e a transición verde que impulsou a UE?

España estao facendo ben porque soubo adiantarse a outros países na transición enerxética, por exemplo facilitando unha electricidade máis barata. Esta cuestión é clave e fai que a China vexa en España un lugar atractivo onde investir e posicionarse, máis tendo en conta a importancia da industria da automoción, a segunda  máis importante de Europa. É un sitio atractivo para eles. 

"España é atractiva para o investimento de China: soubo adiantarse na transición enerxética, ten electricidade máis barata e unha importante industria da automoción"

Deu SAIC en Galicia cun sitio idóneo para o seu proxecto?

Claro, ben seguro. Galicia é un sitio ideal e levo tres ou catro anos advertindo da conveniencia de que algunha destas empresas chinesas viñese producir a Galicia, polo ecosistema que no sector da automoción ten o país, con experiencia, unha enorme industria auxiliar e de compoñentes, a fábrica de Stellantis, as infraestruturas portuarias... Galicia é un sitio idóneo como outros en España, como Barcelona, como Valencia, como Zaragoza, Navarra... Son moitos os sitios que devecen por un investimento deste tipo. 

Que hai que agardar da relación de SAIC coas administracións e o resto de actores sociais e económicos en Galicia?

Se SAIC vén a Galicia é porque ve valor no que aquí hai. O que si é esperable é que a relación da compañía coas administracións e o sector sexa dunha negociación e control constante, pero tamén de colaboración e asociación cotiá. Falamos dunha cultura que desembarca aquí, nun lugar cunha economía e cun contexto social diferente... As empresas chinesas non teñen tanta experiencia á hora de producir en Europa, tamén precisan saber como facelo. 

Terán moita importancia as negociacións entre partes, mesmo as relacións que se creen?

A iso me refiro, a que é unha cuestión de negociar, adquirir compromisos e facelos cumprir... O empresariado chinés é un negociador moi duro, pero gústalle negociar. Digamos que é moi diferente ao europeo, é máis latino, e nas negociacións con eles importa moito a presión que desde aquí se poida exercer. 

"A presión social, sindical, da prensa ou da Xunta é clave na relación con SAIC e para que as empresas chinesas acheguen máis e máis valor engadido a Galicia"

O debate aberto en Galicia é sobre o lugar onde se fabriquen os compoñentes para eses coches que se montarán aquí. A conselleira de Economía fala dun compromiso para que a metade procedan da industria local...

Se a conselleira di que hai un compromiso de que o 50% dos compoñentes dos vehículos se fabriquen en Galicia, supoñemos que se basea nalgún tipo de acordo que hai que exixir cumprir. Obviamente, unha empresa chinesa, de primeiras, vai intentar traer todos os compoñentes que poida da China porque sempre lles vai ser máis barato, máis aínda nun caso coma este, onde non falamos dunha joint venture, senón dunha compañía chinesa e dun investimento chinés ao completo. Pero as administracións, as facilidades que poñan e os acordos aos que se cheguen e as presións que se exerzan son fundamentais. E unha vez montada a fábrica, hai circunstancias claves que na China non se dan e hai que ter moi en conta. 

Como cales?

A presión social, dos sindicatos, da prensa, da propia Xunta... Iso é determinante para facer cumprir os acordos e para que as empresas chinesas acheguen máis e máis valor engadido a Galicia. O contexto e o ecosistema social e económico aquí non ten nada que ver co que eles teñen na China. 

En que sentido?

Poño un exemplo: o embaixador da China en España sempre ten que explicarlles aos empresarios que chegan o contexto de aquí, a importancia da reputación social, que non chegan a un país emerxente senón a unha economía consolidada onde a prensa, os sindicatos e as administracións controlan e fan presión. Por iso digo que a chegada dun grupo industrial así a España ou a Galicia trae tamén moitas oportunidades no que ten que ver cos labores de mediación, de asesoría, mesmo de tradución... Non é só producir, senón crear a contorna necesaria para que ambas partes se entendan, coñezan e traballen mellor. Eles son moi bos en producir cousas, pero en Galicia van xurdir tamén moitas oportunidades no márketing, por exemplo... Non van ser eles os que fagan os anuncios dos seus coches para os medios de comunicación, nin os que monten os concesionarios... A creación de emprego indirecto é moi importante nestes casos. 

"O novo regulamento que prepara a UE é clave para forzar á fabricación de compoñentes en Galicia; antes non había base legal para facelo"

No caso da exixencia de fabricación local a SAIC, a lexislación que se prepara na UE semella clave.

É fundamental e supón un cambio moi importante. Ata practicamente antonte non había base legal, nin en España nin na UE, para forzar un mínimo de fabricación local de compoñentes, de emprego da zona ou de transferencia de coñecemento e tecnoloxía. En Bruxelas estase a debater e preparar a denominada Lei de Aceleración Industrial, un novo regulamento que si establece condicións ao investimento estranxeiro e é evidente que a UE vai nese camiño, no de exixir unha participación importante da industria europea nestes proxectos chegados de fóra. España estivo e está moi activa nestas negociacións porque lle interesa que se establezan estes condicionantes. Loxicamente, á China non lle fai ningunha graza, como non llela facía ás empresas europeas cando lles impoñían certas condicións ao investir no seu país. 

Xunta e Estado destacaron a excelente colaboración que tiveron á hora de pular pola chegada de SAIC, unhas declaracións que mesmo soaron estrañas no clima político actual.

A colaboración que houbo entre a Xunta e o Goberno de España para atraer este investimento a Ferrol é un exemplo do que se debe facer e unha forma tamén de desmontar certos discursos. O executivo autonómico, liderado polo PP desde hai anos, intentou atraer e axudar na chegada de SAIC exactamente coa mesma intensidade coa que o fixo o executivo central, do PSOE. Levo tempo explicando en moitos foros o exemplar que son moitas iniciativas conxuntas pero que semella que se queren agochar ou non destacar. 

Algún exemplo?

O Plan España Auto 2030, a estratexia estatal para impulsar a descarbonización e a industria do automóbil, é un dos casos. Un exercicio de colaboración público-privado, privado-privado e público-público exemplar, onde estiveron implicados gobernos e administracións de distinta cor, fabricantes, empresas de compoñentes, sindicatos... Foi un exercicio á alemá de economía coordinada que debemos poñer en valor."

(Entrevista a Miguel Otero Iglesias, Real Instituto Elcano, Praza Gal, 14/06/26)

4.6.26

La industria italiana se ha ralentizado... Las exportaciones son débiles, el consumo se ha frenado y los costes han aumentado... "Europa se arriesga a convertirse en un desierto industrial. Nosotros nos hemos contentado con hacer lo mínimo indispensable"... Europa se halla en riesgo de convertirse en un "desierto industrial... Será muy difícil que Europa pueda resistir el empuje de China, que ofrece ayudas estatales a sus empresas y que cuenta con un plan de desarrollo sólido y estructurado. Además, cabe añadir, EEUU está intentando recuperar capacidad productiva y ha implantado aranceles, lo que supone otra amenaza para la industria europea... Orsini, presidente de Confindustria, subrayó que es necesario un mercado único de la energía, un mercado único de capitales y ahorros y una deuda común europea para financiar inversiones estratégicas... En esos tres puntos reside el núcleo del futuro europeo: ¿existirá una hoja de ruta común en la que la prioridad sea la del crecimiento? ¿Habrá inversiones para reconstruir territorios industrialmente debilitados? No hay acuerdo de momento, ya que Alemania (junto con los países nórdicos) se niega a la deuda común, al mismo tiempo que invierte en su economía los superávits de los que ha gozado gracias al euro, y tampoco se están dando grandes pasos para conseguir que el capital europeo se quede en Europa... Pero esas medidas, por sí solas, no bastan. Hay que cambiar muchas cosas en el mercado para que los precios de la energía sean baratos a corto plazo, y hace falta mucho capital para que los planes de desarrollo puedan llevarse a cabo. Las inversiones públicas que son precisas son vistas como un problema por unas autoridades europeas, y por las de muchos de los países que integran la UE. Han hecho una excepción, la armamentística, y con ella han cerrado la puerta... El partido de los industriales y el partido de los financieros se enfrentan. El ganador decidirá el futuro de los países europeos (Esteban Hernández)

 "La fórmula italiana para reflotar la industria europea pone el dedo en la llaga.

El futuro europeo aparece atravesado por intereses dispares, contradicciones significativas respecto del plan que se debe seguir y falta de visión común: hay puntos de vista divergentes que es complicado reconciliar.

Uno de los más importantes salió a relucir en el informe que presentó Emanuele Orsini, presidente de Confindustria, la muy influyente confederación de la industria italiana, el pasado lunes. Expuso su visión en la asamblea general de la institución. Estaban presentes, y atentos, el presidente Mattarella y la primera ministra Giorgia Meloni.

Orsini no sonó alarmado, pero sí preocupado. La industria italiana se ha ralentizado. Continúa siendo un pilar fundamental de la economía del país, pero su crecimiento es lento y escaso. Y en un contexto de notable agitación internacional, el riesgo de estancamiento o de contracción es serio. Las exportaciones son débiles, el consumo se ha frenado y los costes han aumentado.

"Europa se arriesga a convertirse en un desierto industrial. Nosotros nos hemos contentado con hacer lo mínimo indispensable"

En el panorama europeo, y este fue el segundo punto en el que puso énfasis, las cosas no mejoran. Europa se halla en riesgo de convertirse en un "desierto industrial". La deslocalización de las últimas décadas ha llevado a que la UE disminuya su cuota del PIB mundial, hasta 7 puntos, y a que se haya perdido un buen número de empleos. China emergió como el pulmón productivo del mundo, ya cuenta con el 35% de la producción manufacturera mundial, y no parece frenar su crecimiento ni siquiera tras la hostilidad de Trump. Será muy difícil que Europa pueda resistir el empuje de un país que ofrece ayudas estatales a sus empresas y que cuenta con un plan de desarrollo sólido y estructurado. Además, cabe añadir, EEUU está intentando recuperar capacidad productiva y ha implantado aranceles, lo que supone otra amenaza para la industria europea. Durante demasiado tiempo, añadió Orsini, “nos hemos contentado con hacer lo mínimo indispensable”.

El "acto de responsabilidad"

El plan que propuso Orsini, ante la atenta mirada de Meloni, subrayó la importancia del músculo económico: es necesario un mercado único de la energía, un mercado único de capitales y ahorros y una deuda común europea para financiar inversiones estratégicas. En definitiva, es una visión muy conectada con las propuestas de Draghi, esas que han sido mencionadas de continuo desde que fueron enunciadas y que han sido convenientemente relegadas en las decisiones políticas.

En esos tres puntos reside el núcleo del futuro europeo: ¿existirá una hoja de ruta común en la que la prioridad sea la del crecimiento? ¿Habrá inversiones para reconstruir territorios industrialmente debilitados? No hay acuerdo de momento, ya que Alemania (junto con los países nórdicos) se niega a la deuda común, al mismo tiempo que invierte en su economía los superávits de los que ha gozado gracias al euro, y tampoco se están dando grandes pasos para conseguir que el capital europeo se quede en Europa.

Jordan Bardella aspira a unirse a Alemania e Italia para que, entre los tres países, den un impulso diferente a las acciones europeas

Sin embargo, la energía es el punto más conflictivo hoy. Orsini señaló que “para las empresas, el precio de la energía se ha convertido en una verdadera amenaza existencial” y subrayó que Italia no puede seguir afrontando costes superiores a los de sus competidores europeos. El presidente de Confindustria cree que es necesario acelerar el desarrollo de las renovables, reforzar las redes de distribución y apostar por la energía nuclear. Pero, además de eso, es imprescindible rebajar los precios. Alemania está subsidiando el abastecimiento energético de sus empresas y Jordan Bardella ha señalado que, si resulta elegido, su primera medida será vender a las empresas y familias galas la electricidad casi a precio de coste, ya que el actual sistema europeo de determinación de precios carece de sentido. El sector industrial italiano, para competir en ese escenario, necesita energía barata, y le resultará difícil con las actuales reglas.

Conviene estar atentos a estas tensiones. Italia y Alemania han acercado posturas en los últimos meses y las industrias germana y transalpina comparten intereses. Bardella aspira a unirse a esa entente para que, entre los tres países, den un impulso diferente a las acciones europeas. España, con una ventaja estratégica en ese terreno, por las energías renovables y por su posible papel de hub energético, observa la partida a distancia. De momento, lo que ha decidido es subvencionar a las eléctricas con un plan antiapagones.

Orsini también propuso medidas internas y apeló a un “gran acto de responsabilidad” que integre a los distintos partidos y a las fuerzas sociales, y gracias al cual se pueda conseguir un crecimiento del 2% anual. Pretende que las normas se simplifiquen, que haya impulso para que las pequeñas empresas se hagan medianas, y las medianas grandes (con incentivos para las fusiones), que se desarrolle la energía nuclear, y que la IA tenga un papel central. También propone un pacto salarial.

La decisión europea

Pero esas medidas, por sí solas, no bastan. Hay que cambiar muchas cosas en el mercado para que los precios de la energía sean baratos a corto plazo, y hace falta mucho capital para que los planes de desarrollo puedan llevarse a cabo. Las inversiones públicas que son precisas son vistas como un problema por unas autoridades europeas, y por las de muchos de los países que integran la UE, que piensan mucho más en términos financieros, los de la deuda y los ajustes presupuestarios. Han hecho una excepción, la armamentística, y con ella han cerrado la puerta.

El partido de los industriales y el partido de los financieros se enfrentan. El ganador decidirá el futuro de los países europeos

El centro de Europa, Alemania, está atrapado en ese dilema. Ha sido una gran potencia industrial, pero está a la baja. La reactualización de sus centros productivos se antoja complicada, y algunos sectores, como el automovilístico, son incluso descritos como perdidos: introducir dinero público en ellos implicará malgastarlo, ya que los chinos han ganado la partida de los coches eléctricos. Hay quienes entienden que Alemania debería reorientarse hacia la economía de servicios con un claro aliento tecnológico y financiero.

Esta visión es minoritaria en Alemania y la gran mayoría de los políticos y de los sindicatos abogan por defender el modelo que hasta ahora les ha beneficiado. Sin embargo, la realidad es que muchos sectores económicos están pendientes fundamentalmente de las reformas necesarias en los sistemas sanitarios, de pensiones y tributarios, y creen que los esfuerzos deben enfocarse hacia ese ámbito. Así se lo ha señalado a Merz el Consejo Alemán de Expertos Económicos. El problema es que resulta muy difícil cuadrar ambos propósitos. Uno avanza en la línea de la austeridad, y la industria necesita inversiones, e incluso infraestructuras, que no pueden realizarse sin apoyo público.

El partido de los industriales y el de los financieros se enfrentan por el futuro de los países europeos. De momento, se ha avanzado en la dirección de satisfacer a ambos, pero de una manera en que ninguno de los dos ha quedado satisfecho. El sector financiero quiere reformas profundas, el sector industrial impulso e inversión. Además, hasta ahora, la respuesta se ha realizado en términos nacionales, y sin apenas tener en cuenta al conjunto de Europa. Cada país ha tratado de ayudar a su industria y, a la vez, de ajustar presupuestos, pero sin mucho éxito, ya que las dificultades para conformar mayorías políticas sólidas complican la solución. La apuesta que se realice no solo perfilará el futuro de la industria, sino que tendrá consecuencias en la cohesión de la Unión. Se acaba el tiempo para tomar decisiones, y Europa no sabe hacia dónde inclinarse." 

(Esteban Hernández , El Confidencial, 01/06/26)

12.5.26

La industria europea del automóvil vive un momento dramático, con masivos recortes de empleo, pero España resiste... China elige a España como su gran fábrica de coches en Europa... Varias empresas automovilísticas chinas preparan su llegada al país para producir en plantas nacionales infrautilizadas o construir nuevas... España se ha posicionado como uno de los pocos lugares de la Unión capaz de atraer nuevas inversiones en un sector que simboliza la industrialización del continente (Manu Granda)

 "La industria europea del automóvil vive un momento dramático, con masivos recortes de empleo, pero España resiste. En medio de las tensiones generadas por la fuerte competencia china, la caída de ventas en el continente, el desafiante paso al vehículo eléctrico y el control de la cadena de valor de esta tecnología, España se ha posicionado como uno de los pocos lugares de la Unión capaz de atraer nuevas inversiones en un sector que simboliza la industrialización del continente.

Las próximas grandes inversiones vendrán, precisamente, del país que ha puesto a Europa de rodillas en el automóvil: China. El gigante asiático ha elegido a España como su gran fábrica europea, desde la que vender al resto del continente sin pagar aranceles, y ha puesto a sus marcas a negociar su desembarco en el país, siguiendo el ejemplo de Chery en 2024.

Uno de los que está más cerca de cerrar un acuerdo de producción es el gigante SAIC Motor. El dueño de la marca MG comercializa el vehículo chino más vendido en España —el MG ZS de gasolina— y planea levantar una fábrica nueva en Galicia. SAIC, que es el fabricante más afectado por los aranceles europeos al vehículo eléctrico made in China, mantiene negociaciones con la comunidad regida por el PP, la cual se convertiría, en caso de confirmarse, en el referente industrial del automóvil nacional. Esto se debe a que a día de hoy Galicia ya cuenta con la mayor fábrica del país, propiedad del grupo Stellantis (Citroën, Peugeot o Fiat, entre otras), que el año pasado ensambló casi 560.000 vehículos.

A diferencia de otros grupos automovilísticos chinos, SAIC tiene una oferta más diversificada y no tan centrada en el automóvil eléctrico. “Invertir en nuestra tierra es una excelente idea”, señaló el presidente de la Xunta, Alfonso Rueda, tras su visita institucional a China en abril, en la que se reunió con la cúpula de SAIC. Fuentes conocedoras de las conversaciones dan casi por hecho que MG terminará desembarcando en Galicia. Si bien aún no hay confirmada una localización exacta, la Xunta ofreció a MG el megaparque industrial de Plisan, al sur de Pontevedra, pero otros medios de comunicación apuntan a que la agraciada podría ser Ferrol. La Xunta reconoce a este medio las conversaciones, pero asegura que siguen negociando.

Otro fabricante de coches que saltó a los medios en las últimas semanas por su supuesto interés en producir en España es Changan, marca que acaba de aterrizar en España con dos SUV eléctricos. En su caso, la planta se situaría en Aragón, según Bloomberg.

Para Mathieu Bernard, responsable de automoción en Iberia en la consultora Roland Berger, este interés de China en el país se explica por el “acceso sin fricciones al mercado europeo, una base industrial competitiva, costes más bajos que en el norte europeo y una posición geográfica estratégica”, gracias a la cual España tiene acceso no solo a los mercados europeos, sino también a Latinoamérica y África.

Utilización de fábricas ya existentes

A las marcas ya mencionadas se suma el interés de otras automovilísticas que estudian producir en las instalaciones de otros grupos ya presentes en España. Ese sería el caso de la marca de lujo Hongqi, que negocia con Stellantis para fabricar en la planta que el consorcio tiene en Zaragoza, según Reuters. Estas instalaciones ya cuentan con inversión china comprometida por parte de CATL, el mayor productor de baterías del mundo, quien está levantando una gigafactoría al lado de la mencionada planta de coches, con un coste estimado de 4.100 millones de euros.

Lo que sí es seguro es que Leapmotor, marca china de la que Stellantis compró una parte en 2023 —junto con los derechos para comercializarla en Europa—, fabricará en dicha factoría zaragozana. La compañía confirmó este viernes que hará allí el B10 desde este mismo año y aportará su tecnología para un modelo eléctrico de Opel del segmento C. Fuentes conocedoras de los planes de la marca apuntan a que también producirá el B05 y el B03X en España.

La firma china será, a su vez, el salvavidas de la fábrica de Stellantis en Villaverde (Madrid), la cual produce a día de hoy los Citroën C4 y C4 X, pero que no tenía nuevos modelos en el horizonte. Leapmotor informó el viernes de que dicha planta “podría” pasar a ser propiedad de la joint venture (empresa conjunta) que tiene con Stellantis, y que hará allí un modelo eléctrico a partir del primer semestre de 2028.

Por su parte, Geely también negocia con Ford la utilización de parte de la planta de Almussafes, la cual vive actualmente con la respiración asistida del Mecanismo RED aprobado por el Gobierno en diciembre de 2024, que permite a la compañía usar un ERTE (Expediente de Regulación Temporal de Empleo) rotatorio para toda la plantilla. Ford solo hace allí un modelo, el Kuga, y anunciará en las próximas semanas el esperado modelo multienergía llamado a revitalizar la fábrica. Geely aportará carga de trabajo extra en las instalaciones de montaje de vehículos Body 3 de la factoría, un área hoy sin usar, donde hará un modelo propio y otro para Ford, según La Tribuna de Automoción. Ante las preguntas de este medio, la compañía estadounidense se limita a señalar que mantiene conversaciones con varias empresas y no confirma que hayan cerrado un acuerdo con Geely.

El contraste con el resto de Europa

El contraste entre España y las noticias que llegan del resto del continente es notable. Alemania, por ejemplo, cuna europea del automóvil, sufrirá el recorte de 50.000 puestos de trabajo hasta 2030 en Volkswagen, compañía que en paralelo está invirtiendo 10.000 millones en España para levantar una planta de baterías en Sagunto (Valencia) y convertir sus fábricas de coches españolas para que puedan producir vehículos eléctricos.

A la ya mencionada inversión de CATL en Zaragoza, se suman otras (que han de ser llevadas aún a la práctica) de fabricantes chinos de baterías como Envision, en Extremadura, o la de Gotion e Inobat en Valladolid. Mientras, ACC, empresa participada por Stellantis, Mercedes-Benz y TotalEnergies, suspendió definitivamente en febrero sus planes de levantar plantas de baterías en Italia y Alemania.

El único fabricante de coches chino que produce actualmente en España es Chery, que eligió asentarse en la antigua planta de Nissan en la Zona Franca de Barcelona junto a su socio local EV Motors, para el ensamblaje de la firma española Ebro y de marcas propias de Chery como Omoda y Jaecoo. Ebro monta sus coches con piezas que vienen desde China, un modelo de fabricación que ha sido criticado por voces del sector como Josep Maria Recasens, presidente de Anfac (la patronal nacional de automovilísticas) y máximo directivo de Renault España.

“Aquí [a Europa] no se puede venir y construir cuatro chapas con ruedas y asientos con poco valor añadido. Lo que hay que hacer es comprometerlas [a las marcas] a que nos enseñen, que vengan con productos con valor añadido. No lo hicimos así nosotros cuando fuimos a China, no deben hacerlo ellos cuando vienen a Europa”, afirmó Recasens en noviembre en una declaración en la que no mencionó expresamente a Chery, pero en la que apuntó directamente a su modelo de fabricación.

“En el corto plazo, el modelo dominante es el ensamblaje de vehículos a partir de kits importados desde China. Es una forma de reducir riesgos y acelerar la entrada en el mercado. A medida que aumenta el volumen, los fabricantes empiezan a integrar proveedores locales y a producir más componentes en Europa”, señala Bernard, de la consultora Roland Berger, quien ve “poco probable” que China transfiera completamente tecnologías clave como baterías o software, pero sí puede haber cierto desarrollo local y adaptación al mercado europeo." 

(Manu Granda , El País, 11/05/26)  

21.4.26

Pues para hacer un vaquero 100% de algodón, ecológico, hay que dar más vueltas que una peonza... es casi imposible (Karelia Vázquez)

 "L a prenda más usada del mundo es un auténtico ecodesastre. En el libro Unraveled. The Life and Death of a Garment (Portfolio, 2021) Maxine Bédat narra la vida de un par de vaqueros, desde la granja donde se cultiva el algodón, el proceso de hilado, lavado y teñido, la costura, la venta en tiendas, hasta su más que probable final en un vertedero. Es un viaje que recorre el mundo de América a Asia, para terminar en África.

Los pantalones, creados en 1873 como ropa de trabajo resistente para los mineros, son, según Bédat, fundadora del think tank New Standard Institute, la prenda de vestir más común en los armarios contemporáneos. Como promedio, y según Fashion United, las mujeres tienen siete pares, y los hombres, seis. La producción de un vaquero requiere casi 6.000 litros de agua. Esto equivale a 70 duchas de 10 minutos o a 937 descargas del retrete que se consumen en el cultivo del algodón y en los procesos de teñido y lavado que se repiten durante todo el proceso.

Varias marcas de moda llevan décadas intentando rehabilitar la reputación del denim, pero cambiar hábitos y procesos muy implantados en la industria ha resultado más difícil de lo que parecía. Javier Goyeneche, fundador y presidente de Ecoalf, que se ha lanzado a la aventura de hacer un vaquero sostenible, dice que varias compañías le habían propuesto crear una licencia de Ecoalf para denim. “Pero lo que solían proponernos no nos compensaba. No tenemos necesidad de abrir nuevas líneas si no suponen un paso adelante en la sostenibilidad”, cuenta desde sus oficinas ubicadas en el imponente número 1 de la Gran Vía de Madrid. Asegura Goyeneche que viendo que la filosofía de su marca no encajaba en ninguno de los proyectos de vaqueros limpios que estaban en marcha, en 2021 se propusieron imaginar cómo sería el vaquero según Ecoalf. Pensaron desde la materia prima hasta los acabados y patronajes. “Si al final del proceso hubiera tenido la sensación de que no estábamos aportando algo valioso a la industria, no hubiéramos lanzado el denim”, asegura. La línea, que se compone de un vaquero masculino, dos femeninos, y varias camisas, llega a sus tiendas y corners de El Corte Inglés en un momento en que la prenda vive un momento dorado. En 2024 el mercado global del denim tenía un valor de 86.700 millones de dólares, y se cree que para 2030 superará los 121.000 millones de dólares, beneficiándose del agotamiento del chándal y las prendas deportivas, que alcanzaron su popularidad máxima en la pandemia.

El denim ha recuperado su condición de zeitgeist y ha retornado a las alfombras rojas —Julia Roberts y Amanda Seyfried los llevaron en el festival de cine de Venecia—; ha vuelto a renacer en monumentales campañas publicitarias con nombres como el de Lady Gaga para Gap; y apareció en la portada de septiembre de Vogue, donde Emma Stone defendía un jean firmado por Louis Vuitton. No es mal momento para apostar por una línea de vaqueros.

El denim de Ecoalf estaba programado para salir casi medio año antes, pero el camino a la sostenibilidad, si se emprende en serio, está plagado de tropezones y malentendidos.

“En 2021 nos propusimos crear un producto que no existía en el mercado: un vaquero absolutamente reciclable: sin elastano, de algodón regenerativo, con un pigmento índigo natural con cero químicos, que consumiera una cantidad mínima de agua y con botones desmontables”, describe Julie Sohn, directora creativa y de producto. Sohn y su equipo montaron una red de detectives para buscar proveedores de confianza que fabricaran hilos de algodón resistentes (los vaqueros siempre se cosen con fibras de poliéster, este no), tejidos fiables y pigmentos índigo naturales. Sobre todo, buscaban cómplices, gente en la industria que estuviera alineada con sus principios y se implicara en el reto de fabricar el vaquero más limpio del mercado.

El primer problema llegó cuando un proveedor les coló una hebra de poliéster. Era 2023 y descubrieron una fibra T-400, sintética y con elastano en el tejido. “Paramos la producción porque queríamos hacerlo todo con fibras naturales y seguimos buscando”, recuerda Sohn. En la feria Pitti Uomo les presentaron a Gigi Caccia, fundador de Pure Denim. “Fue una bendición, nos dio confianza porque había desarrollado el denim más sostenible del mundo. Le encargamos otra vez nuestras telas”.

La meticulosidad de la firma española alcanza los bolsillos interiores de los vaqueros y todas las etiquetas y los hilos. Ángela Pérez Calleja, responsable de innovación y desarrollo de materiales, examinó el mercado hasta que encontró a Coats, una compañía experta en hilos de coser. “Habían desarrollado un proceso de circularidad de los hilos, y buscábamos uno de algodón resistente para usarlo en tejido denim y que garantizara la durabilidad de la prenda”, explica.

La monomaterialidad es el patrón oro para conseguir que una pieza pueda reciclarse por completo. “Era uno de nuestros objetivos. Si trabajábamos con tejidos y fibras de la misma composición o con mezclas como la del algodón regenerativo con el reciclado, facilitábamos el reciclado al final de la vida útil del vaquero”, razona Pérez Calleja.

Una vez elegido el tejido se probaron los colores, un proceso muy delicado. “No todos los colores funcionan bien en todos los tejidos”, apunta Pérez Calleja. Viajaron a las fábricas de Italia y a la de Marruecos donde se cosían los vaqueros. “Era importante estar allí y ver con nuestros propios ojos cómo se hacían las cosas”. Precisamente en una fábrica de Fez llegó el segundo contratiempo. “Estábamos esperando que pararan las lavadoras, una espera larga y tediosa, y nos dio por quemar con un mechero un hilo de los que se estaban usando. Se nos cayó el alma a los pies. El hilo de poliéster se hace una bolita cuando se quema y este era, sin dudas, poliéster. No era lo acordado”, cuenta Rocío Tinao, diseñadora y project manager. Ella misma había hecho muchas pruebas de resistencia hasta desarrollar el hilo adecuado y había percibido miedo en los responsables de confección. No sabían si el vaquero aguantaría o no. “Yo tampoco lo sabía”, confiesa Tinao.

La quema del hilo no dejaba dudas, no se estaba cosiendo con algodón. Goyeneche recuerda perfectamente ese día. “Era agosto de 2025, en septiembre teníamos contratada la campaña y preparado el lanzamiento, y acabábamos de descubrir que se estaba cosiendo con hilo de poliéster, había que parar toda la producción. Recuerdo tener en mi despacho al fabricante diciéndome: ‘¿De verdad me vas a echar para atrás los 8.000 vaqueros por un hilo? ¿Pero quién se va a dar cuenta?’. Ciertamente nadie, ni nosotros si no hubiéramos quemado un hilo, pero lo hicimos y el asunto no iba de que nos pillaran mintiendo o no, sino de hacer un vaquero sostenible según nuestra filosofía. Paramos la producción porque para ser coherente a veces hay que tomar decisiones drásticas”.

Así que empezamos de cero. “Encontramos otra fábrica en Marruecos y fue una bendición”, cuenta Sohn. “Están más metidos que nosotros”, indica Tinao.

Una de las fases más contaminantes de la producción de un vaquero es el acabado. Viajamos a Valencia a ver cómo Ecoalf lidia con el exceso de consumo de agua y los lavados consecutivos. Jeanologia, una compañía que desde 1999 desarrolla tecnologías para hacer las prendas más sostenibles, es su socio. En una gran nave y dentro de lavadoras enormes los vaqueros dan vueltas pero dentro no hay agua. “La prenda se confecciona con el tejido sin lavar y en el proceso convencional los efectos de desgaste (bigotes se llaman los de las piernas) se simulan a base de lavados continuos o con una lija que elimina el índigo superficial para dejar salir el blanco”, explica Amor Cardona Fortea, experta en textiles sostenibles de Jeanologia. Todos estos procesos, contaminantes y lesivos para los operarios y el medio ambiente (con el lijado el índigo desprende potasio permanganato), se sustituyen en Jeanologia por el láser, que consigue pasar el pigmento de sólido a gaseoso y eliminar el color. Con esta técnica se hacen además los rotos del vaquero, los efectos de camuflaje y animal print y las texturas. El lavado tradicional a la piedra consume 70 litros de agua por prenda, con la tecnología valenciana se queda en un litro por tejano, utilizan una lavadora de aire y se reducen los tonos de índigo con ozono en lugar de con agua. “Luego el ozono se descompone dentro de la lavadora y se devuelve a la atmósfera como oxígeno”, detalla Carmen Silla, directora global de marketing. El ahorro de agua es del 96%.

Sohn y Goyeneche coinciden en que producir un vaquero con esta meticulosa sostenibilidad puede ser hasta tres veces más caro que hacerlo con el modo convencional, pero el precio de su vaquero será de 129 euros. “Ecoalf nació con un margen bruto muy pequeño, si hubiéramos tenido que aplicar todos los costes, por ejemplo de sacar la basura del océano, recogerla, categorizarla y convertirla en polímero, todos los productos serían entre un 30% o un 35% más caros”, razona el fundador de la marca.

¿Estamos ante el vaquero más sostenible del mercado? Ante esta pregunta la respuesta es más conservadora. “No somos perfectos, pero entendemos que hay una mejora brutal respecto al denim tradicional”, argumenta Goyeneche. “Digamos que es el vaquero más sostenible que hemos sido capaces de hacer”, matiza Ángela Pérez Calleja. Es un vaquero que sienta bien, pensado para durar mucho tiempo, ha contaminado poco y apenas va a dejar huella de su paso por este mundo. Usted solo tendrá que usarlo mucho y desatornillar los botones a la hora de tirarlo. No es poco para la prenda más contaminante y que más nos pondremos a lo largo de la vida." 

(Karelia Vázquez , El País Semanal, 18/04/26)  

31.1.26

Europa tendría que estar loca para trasladar su industria a Estados Unidos. Bueno, los responsables políticos europeos están locos... solo porque el Gobierno de Von der Leyen y la UE hayan prometido trasladar, creo, entre 200 000 y 400 000 millones de dólares de industria de Europa a Estados Unidos, no significa que puedan obligar a las empresas a hacerlo... ¿Cómo pueden convencer a estas empresas de que se trasladen cuando se encuentran con los mismos problemas que han encontrado las empresas japonesas, taiwanesas y coreanas? Las empresas coreanas han dicho que intentaron trasladar una gran empresa informática al sur de Estados Unidos, pero la gente de Trump arrestó a los trabajadores coreanos, los deportó y dijo que contratáran a trabajadores estadounidenses. Pero descubrieron que los trabajadores estadounidenses no están a la altura de los estándares necesarios para crear una fábrica de alta tecnología necesarios. Y los coreanos que fueron deportados no quieren volver allí debido al racismo estadounidense y al sentimiento antiinmigrante que Trump ha avivado... Taiwán había prometido construir una enorme filial de chips informáticos en Estados Unidos a partir de su empresa líder en la fabricación de ordenadores, pero dijo que realmente estamos teniendo problemas. No podemos encontrar suficiente mano de obra estadounidense que pueda trabajar en instalaciones de alta tecnología porque no quieren tener un trabajo manual... Ese es el espíritu de Estados Unidos. Todo el mundo quiere ganar dinero. Ya no somos un país capitalista industrial... Somos un país capitalista financiero, y la financiarización de la economía estadounidense es lo que la ha encarecido tanto... El aumento del crédito bancario para inflar los precios de la vivienda ha incrementado lo que los asalariados estadounidenses tienen que ganar para que sus empleadores los contraten... El éxito de China ha consistido en tratar la banca y las finanzas como un servicio público, al igual que la sanidad, la educación y otras necesidades básicas, que es exactamente lo que hizo Estados Unidos a finales del siglo XIX y principios del XX para ser tan competitivo, minimizar los costes de producción y minimizar los costes que los empresarios tienen que pagar a los trabajadores (Michael Hudson, Richard Wolff)

"(...) ⁣MICHAEL HUDSON: Bueno, Richard, has dejado un vacío bastante grande cuando dices que Europa tendría que estar loca para trasladar su industria a Estados Unidos. Bueno, los responsables políticos europeos están locos. Entonces, ¿qué podemos hacer? Bueno, lo que puede introducir una nota de realidad es que, solo porque el Gobierno de Von der Leyen y la UE hayan prometido trasladar, creo, entre 200 000 y 400 000 millones de dólares de industria de Europa a Estados Unidos, no significa que puedan obligar a las empresas a hacerlo.

¿Cómo pueden obligar a los grandes fabricantes de automóviles, a las cosechadoras internacionales, a las empresas de fabricación de vidrio que ya no pueden obtener gas barato para fabricar vidrio, a las empresas de maquinaria? ¿Cómo pueden convencer a estas empresas de que se trasladen cuando se encuentran con los mismos problemas que han encontrado las empresas japonesas, taiwanesas y coreanas?

Japón se ha comprometido a trasladar entre 550 000 y 750 000 millones de dólares de inversión a Estados Unidos para emplear mano de obra estadounidense en lugar de la mano de obra japonesa, que se reduce constantemente, ya que la población simplemente ya no se reproduce. Las empresas coreanas han dicho que, bueno, el Gobierno ha prometido 350 000 millones de dólares para trasladarse allí, pero no podemos permitírnoslo en absoluto porque no podemos obtener los ingresos por exportación de nuestros coches y equipos electrónicos a Estados Unidos debido a los aranceles.

Intentamos trasladar esta gran empresa informática al sur de Estados Unidos, pero la gente de Trump arrestó a nuestros trabajadores coreanos, los deportó y dijo que contratáramos a trabajadores estadounidenses. Pero descubrimos que los trabajadores estadounidenses no están a la altura de los estándares necesarios para crear una fábrica de alta tecnología sofisticada que necesitamos para fabricar nuestros productos. Así que los coreanos que fueron deportados no quieren volver allí debido al racismo estadounidense y al sentimiento antiinmigrante que Trump ha avivado, al igual que los países europeos están avivando el sentimiento antiinmigrante contra los ucranianos, los musulmanes y otros refugiados de otros países.

Taiwán había prometido construir una enorme filial de chips informáticos en Estados Unidos a partir de su empresa líder en la fabricación de ordenadores, pero dijo que realmente estamos teniendo problemas. No podemos encontrar suficiente mano de obra estadounidense que pueda trabajar en instalaciones de alta tecnología porque no quieren tener un trabajo manual. Ese es el espíritu de Estados Unidos. Todo el mundo quiere ganar dinero. Ya no somos un país capitalista industrial. Eso ya se ha externalizado a otros países.

Somos un país capitalista financiero, y la financiarización de la economía estadounidense es lo que la ha encarecido tanto. El aumento del crédito bancario para inflar los precios de la vivienda ha incrementado lo que los asalariados estadounidenses tienen que ganar para que sus empleadores los contraten y para poder permitirse los costes de la vivienda en el mercado. Los costes médicos de luchar contra la medicina socializada, contra lo que Bernie Sanders llama Medicare para todos, que significa medicina socializada, también están aumentando el coste.

Estados Unidos se ha convertido en una economía tan monopolizada y financiarizada, con precios tan altos, que las empresas individuales no pueden cumplir las promesas de sus líderes, que son muy leales a Estados Unidos, que los ha puesto en el poder. Y cuando se habla de que Macron es un líder débil, lo cierto es que no hay elecciones en Francia, Alemania o Inglaterra en los próximos tres o cuatro años.

Bueno, eso deja todo un interregno de estos líderes que intentan gestionar la economía europea para que encaje con las demandas de Estados Unidos. Y se puede causar mucho daño, especialmente ahora que Trump amenaza con aumentar de nuevo los aranceles para castigar a Europa por no trasladar su industria aquí y emplear mano de obra estadounidense en lugar de europea, en lo que parece ser una búsqueda inútil que simplemente no va a funcionar. Así que cuando se dice que el capitalismo ha terminado, lo que ha terminado en Estados Unidos y en Europa es el capitalismo industrial. En Estados Unidos, eso ya ha evolucionado hacia el capitalismo financiero.

El éxito de China ha consistido en tratar la banca y las finanzas como un servicio público, al igual que la sanidad, la educación y otras necesidades básicas, que es exactamente lo que hizo Estados Unidos a finales del siglo XIX y principios del XX para ser tan competitivo, minimizar los costes de producción y minimizar los costes que los empresarios tienen que pagar a los trabajadores, ya que estos costes los asume el Gobierno al subvencionar el coste de la vida y la actividad empresarial. Eso ya no se hace. El objetivo financiero es maximizar el costo de vida y de hacer negocios, porque si se puede obligar a la mano de obra estadounidense a endeudarse para alcanzar el umbral de rentabilidad, eso maximiza los rendimientos bancarios de la deuda de las tarjetas de crédito, la deuda bancaria y todas las demás formas de deuda que ha creado la economía estadounidense, agobiada y apalancada por la deuda.

Por lo tanto, para que se produzca un cambio en la estabilidad y el crecimiento que permita recuperar la economía del desarrollo, habría que transformar la economía alejándola de la forma en que ha sido deformada por la evolución hacia el capitalismo financiero y el capitalismo monopolista.

⁣RICHARD WOLFF: Y ya que es un nuevo año, Nima, aquí estoy sentado en la ciudad de Nueva York, donde tuvimos la toma de posesión, creo que a medianoche, de un alcalde socialista que va a tener que lidiar con todo lo que hemos estado hablando, ya que se desarrolla en la ciudad internacional número uno de América, que es Nueva York. Y para aquellos de nosotros que seguimos la campaña, está muy claro que el voto en Nueva York —y esto no le quita mérito en absoluto a la campaña que llevó a cabo el Sr. Mamdani, que fue brillante y muy bien hecha—. Ya sabes, se merece el aplauso de cualquiera que esté interesado en este tipo de cosas.

Pero estoy seguro de que él estaría de acuerdo en que los votos que obtuvo fueron votos en contra del caos total en que se ha convertido la ciudad de Nueva York tras 150 años de un sistema capitalista que eligió este lugar como su ciudad número uno, su ciudad más grande, su centro financiero, su patio de recreo para los ricos, etcétera. Que se ha vuelto inhabitable, inasequible, un desastre para la mayoría de la gente, por muy divertido que fuera vivir aquí para aquellos que tenían unos ingresos sólidos.

⁣MICHAEL HUDSON: Acabas de describir Londres.

⁣RICHARD WOLFF: Exactamente. ¿Qué es Inglaterra? Es Londres, que es un centro financiero que vive de lo que queda de los tentáculos del Imperio, del tributo que proviene de todas las antiguas inversiones que se hicieron en el Imperio. Mientras tanto, la mayoría de la población británica —las estadísticas son abrumadoras— muestra un nivel de vida tan deteriorado que no solo vota en contra de los conservadores, sino también de los laboristas, quienes, conscientes de lo frágil que es su poder, básicamente están aplicando el programa conservador de forma un poco menos dura, un poco menos rápida. Pero no es diferente.

No son capaces ni están dispuestos a atacar la riqueza de Londres para llevar a cabo este tipo de transformación. Y no tengo claro si el Sr. Mandani está a la altura o si será capaz de hacerlo aquí tampoco. Pero lo tendrá difícil si no lo hace, y lo tendrá difícil si lo hace. Y ese es el dilema de una sociedad con tantos problemas como esta. Y nada lo simboliza mejor que el hecho de que, a partir de hoy, decenas de millones de estadounidenses se enfrentarán a un fuerte aumento de las primas de los seguros médicos en los distintos programas que aún tienen a su disposición para ese fin.

Y el Congreso no lo hará, y, por cierto, ni los demócratas ni los republicanos impulsarán el movimiento que podría haberlo evitado. Y eso es parte de esto. Los socialistas ganan la alcaldía, pero la izquierda, llámese como se llame, centroizquierda, no puede proteger el seguro médico, que ya está mal financiado, de empeorar en términos de su carga para la persona media. Y se va a ver una tensión y un resentimiento muy, muy graves en este nuevo año.

⁣MICHAEL HUDSON: No creo que exista nada parecido al centroizquierda. Una vez que dices centro, ya no es izquierda. Centro significa que no vas a cambiar las cosas. Centro significa no cambiar el sistema. Simplemente seguir adelante. No se puede ser de centro y de izquierda. Son antitéticos. Así que centroizquierda significa ignorar a la izquierda. En otras palabras, no hay izquierda. Tú y yo lo somos.

⁣NIMA ALKHORSHID: Muchas gracias, Richard y Michael. Ha sido un placer, como siempre.

⁣RICHARD WOLFF: Gracias, Nima, y feliz año nuevo.

⁣NIMA ALKHORSHID: Feliz año nuevo. Nos vemos pronto. Adiós.

Transcripción y diarización: https://scripthub.dev"

   (Michael Hudson, Richard D. Wolff, blog Michael Hudson, 28/01/26, traducción DEEPL)

25.9.25

¿En qué industrias específicas deberíamos centrarnos? En "el ecosistema tecnológico eléctrico"... El poder global lo decidirá la pila de tecnología eléctrica. La capacidad de producir baterías, motores eléctricos y electrónica de potencia determinará quién gana y quién pierde en la guerra y la industria... los componentes realmente importantes de un dron, decisivos en las guerras futuras, son: Una batería de iones de litio para alimentar el dron... Algunos motores eléctricos de imán permanente, para hacer girar las hélices... Algunos componentes electrónicos de potencia en el panel de distribución de energía y los controladores electrónicos de vuelo, para transformar la energía de la batería en una forma que los motores puedan utilizar... y algunos chips informáticos de última generación... la importancia de los tres primeros —baterías, motores eléctricos y electrónica de potencia— es algo nuevo... me refiero a estos tres elementos como la "Pila Tecnológica Eléctrica" (Noah Smith)

 "El otro día di una charla en una conferencia en Canadá sobre política industrial. Cuando llegamos a la inevitable pregunta de en qué industrias específicas debería centrarse Canadá, tenía una respuesta preparada: "el ecosistema tecnológico eléctrico".

El hecho de que tuviera una respuesta preparada sorprendió a algunos miembros del público. La crítica tradicional a la política industrial es que se basa en "elegir a los ganadores" y que es muy difícil, incluso para la persona más inteligente, predecir quiénes serán esos ganadores.

Pero en algunos casos, en realidad es muy fácil elegir a los ganadores. En el siglo XIX, todos los países sabían que necesitaban ferrocarriles, tanto para la defensa nacional como para el transporte de mercancías.

En el siglo XX, muchos países sabían que necesitaban una industria automotriz, porque esas mismas líneas de ensamblaje y cadenas de suministro podían readaptarse rápidamente para fabricar tanques y otros vehículos militares en caso de guerra.

A principios del siglo XX, los países sabían que tener una industria siderúrgica era crucial para crear la mayoría de los equipos militares importantes, mientras que, a finales de siglo, Estados Unidos adivinó correctamente que tener una potente industria de semiconductores era crucial para dominar el armamento de precisión.

En los cuatro casos, hubo argumentos sobre los beneficios económicos de promover las industrias en cuestión, pero al final, fue la necesidad militar la que inclinó decisivamente la balanza a favor de la política industrial. Tal como les dije a los amigos en Canadá, algo parecido ocurre en la década de 2020.

A mediados del siglo XIX y principios del XX, los ferrocarriles ganaron guerras al permitir a los países trasladar rápidamente suministros al frente. A mediados del siglo XX, las guerras las ganaban los países que podían producir gran cantidad de vehículos militares como tanques y aviones. A principios del siglo XXI, la capacidad de ganar guerras se basa en la habilidad de producir una gran cantidad de drones.

Hace apenas unos años, mi predicción, hecha con poca experiencia, de que los drones dominarían el campo de batalla moderno, a menudo era recibida con una mezcla de diversión y desdén. Luego llegó la guerra de Ucrania, y lo que parecía una predicción descabellada se convirtió en sentido común en tan solo unos años.

Todo observador serio reconoce ahora que los drones son el arma esencial de la guerra moderna. Estos pequeños juguetes a pilas están derrotando tanto a la infantería como a los vehículos blindados. Informes del IFRI:

La invasión rusa de Ucrania se ha convertido en el escenario de una transformación masiva de las operaciones militares impulsada por drones. Este fenómeno no tiene precedentes, tanto en términos cuantitativos —con varios millones de drones producidos y destruidos cada año— como en su influencia en la dinámica de las operaciones y la estructura de las fuerzas.

Para contextualizar, el conflicto con mayor uso de drones antes de 2022 fue la guerra de Nagorno-Karabaj, donde los drones fueron responsables de aproximadamente el 45% de todas las bajas en vehículos blindados, artillería y sistemas de defensa aérea. Se estima que, en Ucrania, para 2025, los drones representarán entre el 60 y el 70% de todas las pérdidas en todas las categorías.

Para ambos beligerantes, los drones se han convertido así en los principales sensores, repetidores y [armas]. Constituyen un sistema nervioso robótico y cada vez más automatizado que da forma al apoyo de fuego y la coordinación de movimientos en todos los ámbitos y entornos operativos… Los drones sirven simultáneamente como binoculares, granadas y morteros para la infantería, que los reconfigura continuamente para adaptarse al enemigo.

También han asumido un papel central en el fuego de contrabatería, el reconocimiento profundo y la interdicción del campo de batalla, funciones tradicionalmente reservadas a la aviación del Ejército. A una profundidad estratégica, están transformando los métodos para penetrar las defensas aéreas y, a través de un despliegue masivo y rentable, están permitiendo realizar salvas de maniobra contra objetivos críticos, económicos y políticos que son fundamentales para el esfuerzo bélico del adversario.

Más fundamentalmente, los drones han permitido tanto al ejército ucraniano como al ruso mantener la cohesión y la eficacia en combate a pesar del desgaste extremo de personal y equipo pesado. Proporcionan el elemento de choque necesario para las embestidas ofensivas y la potencia de frenado requerida para mantener o retomar posiciones.

En este sentido, los drones saturan las líneas del frente como una andanada permanente de metralla o un escudo reactivo contra los avances enemigos. Se infiltran y merodean por las zonas de retaguardia, buscando activos de apoyo de fuego y logística, representando una amenaza constante para cualquier rotación de tropas o equipo. También llevan a cabo incursiones de largo alcance contra infraestructuras y concentraciones de tropas. [énfasis mío]

Y todo esto antes de que los enjambres de drones autónomos controlados por IA entren en el campo de batalla de forma masiva, como todo el mundo espera que hagan muy pronto.

Así que, si quieres poder defender tu país de un ataque en el siglo XXI, realmente necesitas ser capaz de fabricar grandes cantidades de drones tú mismo o conseguirlos de forma fiable de un país que sepas que te los venderá a un precio razonable en tiempo de guerra.

 Y si quieres poder fabricar drones, también necesitas poder fabricar o conseguir de forma fiable los materiales y componentes que se utilizan en un dron. De hecho, los drones no son muy difíciles de ensamblar, por lo que controlar las cadenas de suministro de esos materiales y componentes es, en realidad, lo más importante.

¿Cuáles son las partes que componen un dron? Parte de ello son cosas como plástico moldeado por inyección, pero eso es fácil. Si observa un diagrama de los componentes de un dron, como el que aparece al principio de esta publicación, podrá ver cuáles son los componentes realmente importantes. Son:

1. Una batería de iones de litio para alimentar el dron.

2. Algunos motores eléctricos de imán permanente, para hacer girar las hélices.

3. Algunos componentes electrónicos de potencia en el panel de distribución de energía y los controladores electrónicos de vuelo, para transformar la energía de la batería en una forma que los motores puedan utilizar.

4. Algunos chips informáticos de última generación, en el receptor, el módulo de telemetría, el controlador de vuelo, etc.

Todo el mundo conoce ya la importancia de la industria de los chips, y los chips llevan mucho tiempo siendo importantes militarmente. Pero la importancia de los tres primeros —baterías, motores eléctricos y electrónica de potencia— es algo nuevo.

Ahora me refiero a estos tres elementos como la "Pila Tecnológica Eléctrica"." 

( 

14.9.25

Trump planea revertir la desindustrialización de Estados Unidos obligando a Europa, Corea del Sur y Japón, a subsidiar y trasladar industrias clave a Estados Unidos, tras no haber logrado impedir que Rusia, China, Irán y otros miembros de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) alcancen su independencia económica, al conseguir apropiarse de los frutos de su crecimiento económico, en lugar de permitir que los bancos, inversores, consumidores y el Tesoro estadounidense se los lleven a través del patrón monetario del dólar... Estados Unidos no puede desindustrializar la OCS ni instalar en Eurasia líderes que prioricen las exigencias estadounidenses sobre las de sus propias economías. Pero la diplomacia estadounidense puede presionar a Europa, Japón, Corea del Sur y otros países dependientes para que reubiquen su industria en Estados Unidos... Estados Unidos está intentando hacer lo que hizo el imperio colonial británico en el siglo XIX... El punto de ruptura más inmediato es la sumisión abierta de la UE a las demandas de Estados Unidos que van mucho más allá de lo esperado, con la abyecta rendición ante las amenazas arancelarias de Trump por parte de la Presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen.

 "Los guerreros de la guerra fría estadounidenses no han logrado impedir que Rusia, China, Irán y otros miembros de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) alcancen su independencia económica. Esto significa apropiarse de los frutos de su crecimiento económico, en lugar de permitir que los bancos, inversores, consumidores y el Tesoro estadounidense se los lleven a través del patrón monetario del dólar.

Los partidarios de la guerra fría de Washington no han podido impedir que los miembros de la OCS avancen y se independicen de la influencia estadounidense. Reconociendo su incapacidad para evitarlo, la política estadounidense se centra ahora en cómo evitar que Europa (especialmente Alemania), Japón y Corea del Sur se conviertan en rivales industriales y, por ende, en amenazas, a la vez que atacan a China y los BRICS.

La solución del estado profundo estadounidense es convertir a estos aliados de larga data en dependencias neocoloniales.

Estados Unidos no puede desindustrializar la OCS ni instalar en Eurasia líderes que prioricen las exigencias estadounidenses sobre las de sus propias economías. Pero la diplomacia estadounidense puede presionar a Europa, Japón, Corea del Sur y otros países dependientes (como el partido gobernante del PPD en Taiwán) para que reubiquen su industria en Estados Unidos.

Estos gobiernos todavía padecen el síndrome de Estocolmo después de las guerras que terminaron en 1945 y 1953.

El sueño de Trump de revertir la desindustrialización de Estados Unidos implica desindustrializar a sus aliados como rivales, convirtiéndolos en subsidiarios de un Occidente unipolar reducido, obligándolos a trasladar sus industrias clave a Estados Unidos.
El enfoque de Trump en la guerra económica contra los propios aliados de Estados Unidos

La mayor parte del debate sobre la histórica reunión de la OCS celebrada en septiembre se ha centrado en la creciente fuerza de la alternativa multilateral del grupo al intento de Estados Unidos de imponer un control mundial unipolar bajo sus propias reglas.

Trump insta a otros países a subordinarse a las exigencias estadounidenses, a concentrar todos los beneficios del comercio y la inversión internacional en manos de Washington. China, Rusia y ahora incluso India están creando una alternativa a este control.

Trump parece haber reconocido que ha perdido la capacidad de tratar a estas potencias euroasiáticas de la misma manera que controla a Europa y otros aliados cuyos líderes políticos (si no sus poblaciones) han permanecido leales a Estados Unidos y estancados en su órbita geopolítica.

Pero el fracaso de los estrategas estadounidenses en controlar la OCS y los BRICS no ha mermado en absoluto el ideal básico de control de Washington. Simplemente ha llevado a los estrategas estadounidenses a ser lo suficientemente realistas como para limitar el alcance de este control y centrarse en someter a sus propios aliados en Europa, Corea del Sur, Japón y Australia.
Ya podemos ver el “gran plan” de la política de caos arancelario de Trump

Estados Unidos está intentando hacer lo que hizo el imperio colonial británico en el siglo XIX.

Los imperios británico y francés drenaron los países del área de la libra esterlina y del área del franco, y los obligaron a financiar la industria británica o francesa, así como el gasto militar.

La estrategia imperial estadounidense de control se basa en dos tácticas.

Lo primero es aislar a Europa y otros países neocoloniales de la OCS, los BRICS y la Mayoría Global.

El primer paso fue poner fin a la dependencia comercial de Europa del gas y el petróleo rusos y a su creciente comercio de productos industriales con China. La destrucción de los gasoductos Nord Stream y la guerra de Ucrania lo garantizaron.

Esta estrategia exige presentar a Rusia, Irán y la OCS como una amenaza militar, lo que requiere un fuerte apoyo para la nueva defensa estadounidense de la guerra fría. Los costos serán sufragados íntegramente por Europa, Japón, Corea del Sur y Australia.

La segunda táctica de la estrategia imperial estadounidense es trasladar la industria de sus aliados a Estados Unidos, desindustrializando sus economías para reconstruir la autosuficiencia industrial estadounidense y fortalecer su balanza de pagos.

El intento desmesurado de Trump de controlar la economía india rápidamente expulsó a esa nación de la órbita del dominio diplomático estadounidense. (Aunque todavía existe un apoyo neoliberal sustancial para que India se sume al sueño atlantista). La pregunta ahora es si tales demandas tendrán un efecto similar en expulsar a otros aliados de esta órbita estadounidense.

Este plan parece haber fracasado. La UE y la India anunciaron su intención de crear un acuerdo comercial para ampliar su comercio mutuo. Se espera completarlo para finales de año.

La pregunta es si Trump aumentará ahora los aranceles contra la UE como castigo por su negativa a romper con India por sus compras de petróleo ruso.

Trump también ha pedido a Japón que imponga aranceles al comercio con China y Rusia. Esto privaría a Japón del mercado chino. Si Japón cede a esta exigencia, es difícil imaginar que su Partido Liberal Democrático (PLD), proestadounidense, conserve el poder.

La pregunta subsidiaria es si el éxito de Estados Unidos en la aplicación de este control tendrá el efecto de debilitar económicamente a sus aliados europeos, del este asiático y de habla inglesa hasta el punto de que su capacidad de seguir siendo contribuyentes viables se vea fatalmente paralizada y conduzca a una reacción nacionalista para desdolarizar sus propias economías.
La conquista estadounidense de Europa

El caso más obvio es el de Europa, especialmente los miembros más pro-EE.UU. —Alemania y Gran Bretaña— donde las encuestas de opinión pública muestran que sus poblaciones rechazan firmemente a sus actuales líderes títeres pro-EE.UU.

El punto de ruptura más inmediato es la sumisión abierta de la UE a las demandas de Estados Unidos que van mucho más allá de lo esperado, con la abyecta rendición ante las amenazas arancelarias de Trump por parte de la Presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen.

Von der Leyen había explicado que su rendición merecía la pena para Europa porque al menos proporcionaba un ambiente de «certeza». Pero no puede haber incertidumbre en lo que respecta a la diplomacia de Trump.

Trump se sacó una baza al aumentar drásticamente los aranceles por encima del 15% prometido, al diluir esa promesa en sus aranceles más amplios del 50% sobre las importaciones de acero y aluminio. Estos aranceles buscaban fomentar el empleo estadounidense (y, por ende, el apoyo sindical) en estos dos insumos básicos, a pesar de aumentar los costos para todos los fabricantes estadounidenses que utilizan estos metales en sus propios productos.

Esto, en sí mismo, fue una inversión absurda del principio básico de la política arancelaria: importar materias primas a bajo precio para subsidiar los costos de los productos industriales de alto valor agregado. Trump priorizó el simbolismo político estrecho sobre el interés nacional.

Lo que nadie previó fue que el Departamento de Comercio de EE. UU. aplicaría estos aranceles del 50 % al acero y al aluminio a las importaciones industriales europeas y extranjeras de motores, herramientas y equipos agrícolas y de construcción. El Wall Street Journal citó al director de la Asociación de la Industria de Ingeniería Mecánica de Alemania (VDMA), Bertram Kawlath, quien advirtió que «alrededor del 30 % de las importaciones de maquinaria estadounidense procedentes de la UE están ahora sujetas a aranceles del 50 % sobre el contenido metálico del producto», lo que genera una «crisis existencial» para sus industriales, tan grave que el Parlamento Europeo podría no aprobar las disposiciones arancelarias de Trump de julio.

Una empresa productora de maquinaria agrícola, el Grupo Krone, despidió a 100 empleados y, según informes, está redirigiendo sus exportaciones, que ya se enviaban a Estados Unidos. La filial alemana de John Deere se ha visto igualmente afectada, ya que, según informes, el 20 % de sus exportaciones se vende en Estados Unidos. Se dice que Alemania insiste en el mismo límite arancelario del 15 % que Trump extendió a las importaciones de productos farmacéuticos, semiconductores y madera.

El efecto de la política de Trump ha sido ayudar a los partidos nacionalistas de derecha, que están ganando apoyo al criticar a los partidos atlantistas pro-EE.UU. por participar en la guerra de Estados Unidos contra Rusia y China, e incluso por asumir los costos de los combates en Ucrania, el Báltico y otras áreas fronterizas con Rusia, así como por extender la protección “atlántica” a los disturbios en el Mar de China Meridional.
La conquista estadounidense de Corea

La política exterior de Estados Unidos también ha impuesto tensiones a Corea del Sur y Japón.

Después de que Washington exigió que la empresa automovilística coreana Hyundai trasladara su producción a Estados Unidos invirtiendo en una fábrica en Georgia, el servicio de inmigración estadounidense, ICE, llegó a la planta en construcción y deportó a unos 475 empleados (de los cuales 300, según se informó, eran coreanos) que habían sido contratados para proporcionar mano de obra especializada.

Hyundai ya había invertido 20.500 millones de dólares en el complejo de 1170 hectáreas y tenía previsto invertir otros 21.000 millones entre 2025 y 2028, según el New York Times. El fabricante de baterías para coches eléctricos de la compañía, LG Energy Solution, ya había invertido 12.600 millones de dólares en la producción.

A pesar de ello, Trump impuso aranceles del 25% a las exportaciones de automóviles coreanos a Estados Unidos, lo que le costará a Hyundai 600 millones de dólares en el segundo trimestre de 2025.

Hyundai explicó que los trabajadores estaban altamente capacitados y bajo la dirección de contratistas que la compañía había utilizado en Corea para completar la construcción rápidamente y de hecho para evitar el problema de tener que lidiar con la falta de educación vocacional en los Estados Unidos que era necesario suministrar dicha mano de obra, sin mencionar la diferencia de precio por utilizar mano de obra coreana familiarizada con el trabajo en tales proyectos.

Un funcionario del gobierno de Corea del Sur dijo al Financial Times que la política estadounidense había puesto a las empresas coreanas en una “posición imposible” al enviar esa mano de obra de regreso a Corea y negarles el tipo de visa de trabajo que se le había concedido a Australia.

Durante muchos años, Corea había buscado obtener un tratamiento igualitario con respecto a los trabajadores de Australia, Canadá y Singapur, pero fue rechazada sistemáticamente, aunque la inmigración se permitió de manera informal, hasta el 5 de septiembre, en lo que resultó ser un ataque largamente planeado por tropas armadas del ICE que arrestaron a los inmigrantes esposados.

Hyundai y otras empresas extranjeras han descubierto que las inversiones que realizan en Estados Unidos permiten a las administraciones “Estados Unidos Primero” utilizarlas como rehenes, estableciendo y cambiando los términos de sus inversiones a voluntad, sabiendo que los inversionistas extranjeros no están dispuestos a simplemente irse y perder sus costosas inversiones.

Pero los países están siendo presionados para que realicen tales inversiones como parte de la política de extorsión financiera que ha adoptado Trump.

Para evitar que los aranceles estadounidenses contra las importaciones automotrices de Corea del Sur aumentaran del 15% al ​​25%, Seúl tuvo que gastar decenas de miles de millones de dólares para trasladar la producción a Estados Unidos.

La amenaza era derrumbar los ingresos de exportación de Corea (y, por ende, el empleo y las ganancias) si el país no se rendía a las condiciones de Trump, sin que fuera necesario un conflicto militar para imponer este tratado de comercio y paz.
La conquista económica estadounidense de Japón (y las esperanzas de rearmarlo con armas atómicas)

Trump utilizó una política similar de cebo y cambio contra Japón, amenazando con crear un caos comercial en su economía al imponer fuertes aranceles a su comercio con Estados Unidos si no pagaba 550.000 millones de dólares en dinero de protección para que Trump invirtiera en proyectos de su propia elección, quedándose con el 90% de las ganancias para sí mismo después de que Japón fuera reembolsado por su anticipo de capital.

La versión japonesa del acuerdo original indicaba que las ganancias se dividirían, pero Estados Unidos redactó una versión final diciendo que esa división sólo regiría el reembolso inicial de la inversión de Japón , no las ganancias, según el Financial Times.

Tal era la desesperación de Japón —una rendición abyecta a las exigencias estadounidenses, al estilo alemán— que aceptó el acuerdo arancelario de Trump que imponía a las exportaciones japonesas un 15% en lugar del 25%, el mismo acuerdo que había alcanzado con Corea del Sur. Japón solo tenía 45 días para pagar.

El fondo ilícito resultante fue una bendición política para Trump, que ahora puede explotarlo como cebo para sus principales contribuyentes y partidarios de campaña, al tiempo que usa los más de medio billón de dólares para ayudar a financiar sus regalos fiscales a los estadounidenses más ricos.

Trump también exigió una compensación por la inversión japonesa en la producción siderúrgica estadounidense mediante la compra de US Steel por parte de Nippon Steel por 15 000 millones de dólares. El gobierno estadounidense recibió una acción de oro gratuita de la compañía para garantizar el control estadounidense sobre sus operaciones.

El acuerdo se ha mantenido en secreto, pero el Financial Times obtuvo una copia e informó que


Esto huele a coerción: una nación soberana obligada a canalizar inversiones del sector privado y público hacia una mucho más rica bajo una estructura dirigida descaradamente por el presidente estadounidense.

Una vez que Japón recupera su inversión, obtiene solo el 10% del flujo de caja del proyecto, frente al 90% de Estados Unidos. Si bien Japón tiene una participación mínima a través de un comité consultivo que selecciona los proyectos, no hay japoneses en el comité de inversiones, que es más poderoso, y es Trump quien toma la decisión final. Si bien Japón puede optar por no financiar una inversión, si lo hace, Estados Unidos podría imponerle nuevos aranceles «al ritmo que determine el presidente».

El reportero del Financial Times agregó que


Un Lutnick regodeándose, en una aparición aparte en la CNBC, negó a Japón siquiera el derecho a presentar ese argumento en casa. Japón, dijo, había buscado «comprar» su tasa arancelaria con un acuerdo que describió como «descabellado» y el momento más divertido de su trabajo para este presidente. Trump, dijo, tenía «plena discreción» sobre las inversiones de Japón y decidiría dónde y cómo quería que se invirtiera el capital japonés en Estados Unidos.

A raíz de las recientes reuniones de la OCS y los BRICS, parece poco probable que países que no son aliados estrechos de Estados Unidos firmen acuerdos como los que han hecho Alemania, Corea del Sur y Japón hasta ahora en 2025. Estos acuerdos sirven como lecciones objetivas que resaltan el contraste entre Occidente, aliado de Estados Unidos, y el resto del mundo.

Alastair Crooke describió cómo:


El modelo psicológico por defecto de Occidente será defensivamente antagónico. Estados Unidos claramente no ha estado psicológicamente preparado para alcanzar un equilibrio de igualdad con estas potencias de la OCS. Siglos de superioridad colonial han forjado una cultura donde el único modelo posible es la hegemonía y la imposición de una dependencia prooccidental.

Reconocer que China, Rusia o India se han «desprendido» del «orden basado en normas» y han construido una esfera separada y no occidental implica claramente aceptar el fin de la hegemonía global occidental. Y significa también aceptar que la era hegemónica en su conjunto ha terminado. Los estratos gobernantes estadounidenses y europeos no están dispuestos a aceptar esto.

Obviamente, la relación de Estados Unidos con la OTAN y otros nuevos aliados de la Guerra Fría no ha terminado. Pero se limita a ellos, y Trump busca extender el control estadounidense a todo el hemisferio occidental, no solo a Latinoamérica y Canadá, sino también a Groenlandia.

El esfuerzo necesario para consolidar su dependencia y resistir lo que uno esperaría que fueran reacciones nacionalistas contra tal subordinación parece haber llevado a la política estadounidense a alejarse del conflicto con sus enemigos declarados, Rusia, China e Irán, al menos por el momento.

La gran pregunta es si estos aliados abusados ​​​​en algún momento buscarán elegir un conjunto diferente de alianzas.

Turquía es una incógnita aún por decidir. Lo mismo ocurre con todo Oriente Medio.

Los estrategas estadounidenses todavía esperan volver a poner a India en juego y sueñan con desestabilizar la economía rusa para lograr un cambio de régimen.
¿Hacia dónde vamos desde aquí?

Como amenaza política ideológica, la lógica económica de los miembros de la OCS y los BRICS es promulgar una fuerte regulación gubernamental para minimizar la búsqueda de rentas y la financiarización que han llevado a la desindustrialización de Estados Unidos."

(Michael Hudson, Gaceta Crítica, 13/09/25, fuente Michael Hudson)