Mostrando entradas con la etiqueta c. Economía española: digitalizacion. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta c. Economía española: digitalizacion. Mostrar todas las entradas

9.7.26

La soberanía digital consiste en que la digitalización esté diseñada por defecto para que quienes la usen (las instituciones sí, pero sobre todo las personas) mantengan conocimiento y control sobre sus datos y contenidos. Es decir: puedan acceder a los servidores y analizar el código... Muy pocos países están actuando realmente. A destacar, Francia y Alemania. Estos países han lanzado un consorcio, el EDIC de Digital Commons, que realmente marcará la diferencia en la UE. Es una estructura europea para impulsar infraestructuras digitales soberanas, tecnología abierta y bienes comunes digitales, y… ¡financiarlas! Todavía no hemos conseguido que España se sume al EDIC... El Deutschland-Stack orienta la infraestructura pública hacia tecnologías soberanas, interoperables y conectables a escala europea, con estándares abiertos, reducción del lock-in (clientes cautivos) y uso prioritario de open source o proveedores europeos soberanos... ninguno es de las big tech (no aparecen DOCX, XLSX ni PPTX), todos son estándares abiertos (ODF y PDF/UA)... Y aquí empieza una tremendísima disonancia cognitiva: la UE son una serie de enormes edificios, todos ellos digitalizados en su totalidad con Microsoft... la Comisión ha anunciado que quiere impedir que gobiernos o empresas extranjeras puedan cortar servicios tecnológicos críticos en Europa. No servirá de nada si no podemos auditar las instalaciones... Si los contratos públicos no cambian, la soberanía digital es solo discurso vacío. En Europa, que además sufre un declive industrial desde los años noventa, es absurdo y catastrófico no aprovechar lo que ofrece la era digital (Simona Levi)

"Otra vez: este mes Europa ha lanzado su llamada “estrategia de soberanía tecnológica”. Podemos alegrarnos. Pero no nos engañemos: no es la primera, ni será la última, y sea como sea llegarán tarde. Hay mucho más discurso que acción en una clase política siempre tentada por el canto de sirena de las grandes multinacionales tecnológicas, que les hace creer que pueden resolver todos sus problemas sin necesidad de que los entiendan ni de que tengan que pagar por ello.

Las big tech no son internet. Son una forma concreta de apropiación de internet. Y el problema no son “las pantallas”, ni “los usuarios”, ni “la tecnología”. El problema es el poder: quién controla la infraestructura, quién decide las condiciones de acceso, quién puede apagar un servicio, cambiar unilateralmente las reglas, capturar datos, imponer formatos, bloquear contenidos, condicionar la contratación pública o convertir nuestras comunicaciones en materia prima para su negocio.

Antes de adentrarnos en un mapeo de la situación, quiero advertir de que la soberanía digital de la que yo quiero hablar es la soberanía digital de las personas y de las sociedades. Tal y como pormenorizo en Digitalización Democrática. Soberanía Digital para las Personas, la soberanía no consiste solo en que Europa o un Estado sustituyan proveedores extranjeros por proveedores nacionales, sino en que la digitalización esté diseñada por defecto para que quienes la usen (las instituciones sí, pero sobre todo las personas) mantengan conocimiento y control sobre sus datos y contenidos. Es decir: puedan acceder a los servidores y analizar el código.

Así que veamos cómo está la situación. Muy pocos países están actuando realmente. A destacar, Francia y Alemania, con Países Bajos, aunque estos últimos han quedado algo rezagados tras los últimos dos cambios de gobierno. Estos países han lanzado un consorcio, el EDIC de Digital Commons, que realmente marcará la diferencia en la UE. Es una estructura europea para impulsar infraestructuras digitales soberanas, tecnología abierta y bienes comunes digitales, y… ¡financiarlas! Porque si hablas mucho, pero no financias, la soberanía digital no sucederá. La licitación pública, como veremos, es lo que demuestra si un país de verdad está apostando o no. A pesar de que, como Xnet, llevamos tres años insistiendo, todavía no hemos conseguido que España se sume al EDIC.

Alemania

El Deutschland-Stack orienta la infraestructura pública hacia tecnologías soberanas, interoperables y conectables a escala europea, con estándares abiertos, reducción del lock-in (clientes cautivos) y uso prioritario de open source o proveedores europeos soberanos. El IT-Planungsrat aprobó en marzo de 2026 que los estándares del Deutschland-Stack sean base vinculante para sus soluciones y acto seguido lista lo que ha hecho: ninguno es de las big tech (no aparecen DOCX, XLSX ni PPTX), todos son estándares abiertos (ODF y PDF/UA). Una forma educada para señalar la puerta a los gigantes tecnológicos: está construyendo una arquitectura pública donde Microsoft deja de ser el estándar por defecto. La Sovereign Tech Agency ha financiado Mastodon, es decir, infraestructura social federada y abierta, mientras los servicios de inteligencia alemanes evitan software de Palantir en ámbito militar poniendo su seguridad nacional por delante, cuando España ha adjudicado públicamente a Palantir al menos 16,8 millones de euros para inteligencia militar, mediante dos contratos del Ministerio de Defensa, ambos negociados sin publicidad y con un solo licitador.

Francia

Hace mucho que a Francia le preocupa su soberanía digital. Desde la Loi pour une République numérique de 2016, Francia decidió abrir el código fuente de simuladores usados por la administración para sus cálculos impositivos con el fin de aumentar la transparencia de impuestos y prestaciones. En 2021, el Ministerio de Educación consideró que Office 365 y Google Workspace no debían desplegarse en centros escolares, por su incompatibilidad con el RGPD, Schrems II y la doctrina francesa “Cloud au centre”. En Francia pesan en particular criterios como que las big tech se saltan la licitación pública por ser gratuitas. Actualmente el propio Conseil de l’IA et du numérique francés aplica una fórmula ambiciosa que desde el activismo digital llevamos tiempo defendiendo: la soberanía digital debe organizarse con la cooperación entre lo público, lo privado y los comunes digitales. En general la Administración se está organizando para abandonar Microsoft.

Unión Europea

Y aquí empieza el lío. Tremendísima disonancia cognitiva: por un lado cuento una cosa y, por otro, hago lo contrario. Como pollos sin cabeza, si pensamos en el lugar del que sale el famoso plan de soberanía digital: la UE son una serie de enormes edificios, todos ellos digitalizados en su totalidad con Microsoft.
Se discute EU OS, un sistema operativo basado en Linux y funcionarios europeos están siendo forzados a abandonar WhatsApp para comunicaciones profesionales. Pero aquí aparece la primera trampa: confundir soberanía con sustitución de proveedor. Que el Parlamento Europeo ponga Qwant como buscador por defecto en lugar de Google puede ser un gesto interesante. Pero Qwant no es software libre ni infraestructura común. Es una alternativa europea, y eso puede tener sentido geopolítico, pero no resuelve por sí solo el problema democrático de fondo. Si cambiamos un monopolio estadounidense por un proveedor europeo cerrado, hemos reducido una dependencia, pero no hemos construido soberanía para las personas.

Lo mismo ocurre con los grandes anuncios de contratos y financiación para empresas tecnológicas europeas en cloud, centros de datos, semiconductores e IA. Si esa financiación pública no se condiciona a estándares abiertos, interoperabilidad, auditabilidad, reversibilidad, licencias libres y retorno público de la inversión, estaremos financiando nuevos oligopolios privados con dinero público. Serán más europeos, pero no necesariamente más democráticos.

Incluso en las políticas gubernamentales de los EEUU de Trump, la férrea defensa de las big tech monopolísticas no implica dejar caer el free software; todo lo contrario: lo incorpora como pieza estratégica. La Genesis Mission y el America’s AI Action Plan, los grandes planes gubernamentales para la hegemonía tecnológica estadounidense, reservan un papel explícito a los modelos open source: aceleran la innovación, permiten a startups y universidades no depender completamente de proveedores cerrados, facilitan la investigación reproducible y ofrecen a empresas y administraciones una vía para trabajar con datos sensibles sin entregarlos necesariamente a modelos opacos. El nombramiento como director de Genesis Mission de Darío Gil, que apostó por modelos Granite open source bajo licencia Apache 2.0, refuerza esta lectura. Si incluso una estrategia estadounidense de supremacía tecnológica considera imprescindible el open source, Europa no puede hablar seriamente de soberanía sin situar el software libre y los comunes digitales en el centro. ¿A qué esperamos?

Si un proveedor o gobierno extranjero puede interrumpir servicios esenciales, la soberanía política es una ficción

Hay un elemento más referente a la soberanía de los Estados del que por fin la UE comienza a hablar: “kill switches” o capacidades de interrupción externa –básicamente estadounidense– sobre sistemas críticos europeos, que muestran la dependencia en su forma más brutal. Si un proveedor o gobierno extranjero puede interrumpir servicios esenciales, la soberanía política es una ficción. Por eso la Comisión ha anunciado que quiere impedir que gobiernos o empresas extranjeras puedan cortar servicios tecnológicos críticos en Europa. Bonito es prohibir, solo faltaría que sirviera de algo si no podemos auditar las instalaciones.

El caso de Microsoft y los nombres de funcionarios neerlandeses presuntamente filtrados o transferidos al Gobierno estadounidense lo ilustra bien. Es solo un caso reciente entre infinitos más. Google ha anunciado el fin de funciones que permitían usar Gmail como agregador de cuentas externas mediante POP3. Esto reduce la interoperabilidad. Cada cambio unilateral de plataforma recuerda lo mismo: si dependemos de servicios cerrados, las reglas las cambia otro.

Starlink ha subido sus tarifas en España hasta un 50%. España y Europa tienen proyectos satelitales propios, pero han dejado que Starlink les coma la merienda. Si la conectividad depende de un proveedor privado extranjero, solo necesitamos recordar cuando Elon Muak dejó de apoyar Ucrania y cortó el acceso a Internet a toda la población en medio de una guerra.

Software libre sí, pero no basta por sí solo

El software libre tampoco basta por sí solo. No hay que romantizarlo. Como sabemos, el open source produce un valor económico gigantesco: una inversión relativamente pequeña en software libre genera billones en valor para empresas. Pero ese valor no vuelve proporcionalmente a quienes mantienen la infraestructura. Internet depende de voluntarios quemados, mantenedores agotados y comunidades infrafinanciadas.

El burnout de los desarrolladores open source no es un problema individual: es estructural. Hay herramientas magníficas que no llegan a la gente porque no tienen soporte, diseño, despliegue, formación ni ecosistema. El open source por sí solo no es alternativa al big tech. El código abierto no sustituye automáticamente a una infraestructura operativa global. Hacen falta producto, mantenimiento, soporte, escalabilidad, gobernanza, financiación y contratación pública.

Por eso la contratación pública es el campo de batalla. Las barreras al open source en la contratación europea siguen favoreciendo proveedores cerrados: pliegos hechos a medida de gigantes, requisitos de solvencia que expulsan a comunidades y pymes, miedo administrativo, falta de capacidades internas, ausencia de mantenimiento financiado. Si los contratos públicos no cambian, la soberanía digital es solo discurso vacío. En Europa, que además sufre un declive industrial desde los años noventa, es absurdo y catastrófico no aprovechar lo que ofrece la era digital. Sacudamos nuestra clase política ocupada con sus asuntos: no puede permitirse seguir comprando dependencia con dinero público.

(Simona Levi fundadora de Xnet, autora de Digitalización democrática: soberanía digital para las personas,  CTXT, 07/07/2026 )

25.4.25

Inteligencia Artificial y economía solidaria: ¿posibles aliadas? Grupos cooperativos manifiestan que las tecnologías nuevas son nuevas oportunidades, “y lo importante es apropiárselas y decidir nosotras para qué las queremos y cómo las queremos utilizar”... puede tener impacto positivo en el día a día de las organizaciones porque permite ganar en eficiencia y ayuda a poner los esfuerzos en las tareas de mayor valor... “Mediante las tecnologías de traducción automática o de accesibilidad digital, basadas en lenguajes que entiendan nuestras organizaciones y alimentadas con nuestros datos, podríamos llegar a una audiencia más diversa, incluyendo personas con discapacidades o de diferentes idiomas y culturas”... “Nuestra IA de código abierto se sostendrá en infraestructuras públicas, tendiendo a construir un futuro común digital”... “El conocimiento es el primer paso, el segundo es apostar colectivamente por construir herramientas tecnológicas que den respuesta a las preguntas que se formulan en la sociedad actual. Y, por supuesto, mancomunar recursos para dar una respuesta colectiva” (Carla Liébana)

 "Una nueva polémica se ha desatado en las redes durante las últimas semanas por la proliferación de dibujos generados con Inteligencia Artificial (IA) siguiendo el estilo de Studio Ghibli, un estudio de animación japonés considerado de los mejores del mundo. Según datos proporcionados por el mismo CHatGPT, se calcula que se han usado 216 millones de litros de agua en una semana para poder refrigerar sus servidores (se estima que una sola interacción necesita de 0,5 a 2 litros de agua) a una temperatura segura mientras se generaban millones de este tipo de imágenes. Más allá del debate sobre los derechos de autor y el reconocimiento a la creatividad, la IA abre en nuestro día a día un sinfín de interrogantes sobre los límites de su uso que desde la economía social y solidaria (ESS) están empezando a abordar.

Al margen de los defensores a ultranza de las nuevas tecnologías, el boom de la IA está dando pie un conjunto de actitudes distópicas que predicen un futuro en el que los humanos ya no servirán para nada porque serán sustituidos por robots. La alarma se ha disparado con la irrupción de chatGPT que, junto con DALL·E o Midjourney, son herramientas de IA generativa, es decir, que tienen la capacidad de crear contenidos nuevos, ya sean textos, imágenes o música. Sin embargo, hay que tener en cuenta que hay muchas otras herramientas de IA que hace más de 20 años que se están utilizando, como los programas de análisis de datos basados en algoritmos de clasificación.

Para Judith Membrives, investigadora en IA y derechos humanos, es importante alejarse de las visiones tecnofóbicas y tecnoutópicas de la IA y promover un análisis crítico del fenómeno, como se hace con el consumo de cualquier otra cosa, ya sea de ropa o de alimentación. “Tal como se está introduciendo en el mercado, la IA responde a la ideología neoliberal turbocapitalista que pretende convertir todos los aspectos de la actividad humana en algo eficiente, incluso el arte y la creación, con la intención de precarizar más la experiencia humana en general. Y no me refiero solo al ámbito laboral, ya que también precariza la capacidad de pensar y de salir de los imaginarios más comunes”, opina. Y continúa: “Esta precarización implica que debamos plantearnos lo que validamos como saber y lo que no, puesto que lo que no está codificado deja de tener valor o genera la obligación moral de codificarlo, independientemente de que los colectivos implicados quieran o no”. “Se trata de una dinámica que tiene como consecuencia la homogeneización propia de la ideología occidental: de nuevo, es la idea del hombre blanco que nos evangeliza con las maravillas de la tecnología”, agrega.

Por todo ello, tiene claro que las economías transformadoras tienen la responsabilidad de plantearse la introducción de esta tecnología bajo nuevas premisas que permitan ponerla al servicio del bien común, desde valores como la interdependencia, la mancomunación de recursos, la cooperación o la perspectiva feminista, antirracista y decolonial. “¿Y si pusiéramos la IA a trabajar para adaptarnos a la transición eco-social?”, propone Membrives.

Precisamente para pasar de la mirada a la acción crítica, el grupo cooperativo Tangente –con la participación especial de Otro tiempo– y la asociación Trastería de ideas han desarrollado el proyecto Realidad aumentada e Inteligencia artificial contra las violencias machistas. El equipo implicado indica que el objetivo básico del proyecto es apropiarse de las tecnologías con mirada de género y a la vez “estar en el lugar en el que no se nos espera, huir de la estrategia del avestruz que a menudo seguimos cuando algo nos da miedo o no lo terminamos de entender, y no dejar que se nos pase el tren de las tecnologías sin enterarnos”. Quieren plantear la IA como herramienta de empoderamiento y ver todas las posibilidades que ofrecen en la lucha contra las violencias machistas, de la mano de tecnólogas con mirada de género y ESS.

En este aspecto, también coincide la cooperativa tecnológica Colectic. Núria Alonso, una de sus miembros, apunta: “Entendemos la IA como una herramienta potentísima que permite generar grandes avances y cambios. Como sociedad, tenemos el reto de que estos cambios no sirvan para aumentar las desigualdades que atraviesa nuestro planeta, sino que sirvan para garantizar el bien común siguiendo los valores de la ESS”.

La IA en el día a día cooperativo

Miembros del grupo cooperativo Tangente manifiestan que las tecnologías nuevas son nuevas oportunidades, “y lo importante es apropiárselas y decidir nosotras para qué las queremos y cómo las queremos utilizar”. Aunque actualmente hay variedad de usos y posiciones entre las 13 cooperativas del grupo, han organizado un laboratorio como punto de encuentro para compartir inquietudes con profesionales de la comunicación y de la sensibilización utilizando herramientas de IA generativa. “Cuando empezamos el acercamiento a la IA tenía más que ver con la curiosidad; ahora empezamos a hacer un uso más profesional y lo vemos como una herramienta de apoyo en los trabajos, por ejemplo, en perfiles de comunicación o en la redacción de proyectos”, explican. A pesar de que ya se está usando, reconocen que no han tenido un diálogo interno sobre en qué términos, para que sí y para que no, y cómo reconocer al exterior cuando lo usan.

Pero, ¿puede ser la IA una amenaza para el mercado social? ¿Es compatible que la IA ayude a des-precarizar la ESS facilitando algunas tareas habituales en las organizaciones y a la vez genere más precarización en algunos sectores al prescindir de profesionales de determinados ámbitos? En Tangente, son categóricas: “Preferimos las personas a las máquinas, aunque nos gusten las máquinas y sean muy útiles”. Prosiguen: “En nuestra experiencia, su uso puede ser útil como herramienta de apoyo, si sabes de lo que hablas, pero si no conoces bien el tema y no sabes discriminar, no es una herramienta fina, ya que le falta profundidad y se basa en estereotipos”. Por su parte, Membrives añade que, aunque le cuesta poner el foco en el uso individual, cree que también hay un posicionamiento político en las tareas que se le piden a una IA: “Una cosa es utilizarla para agilizar tu trabajo y otra es usarla para ahorrarnos pagar una profesional. Yo creo en la redistribución, así que rechazo ese tipo de usos”.

Uno de los aprendizajes clave del laboratorio organizado por Tangente, en palabras de la ingeniera informática y activista por el software libre Margarita Padilla, es que la IA no es una herramienta de conocimiento sino de reproducción de patrones y aprendizajes, y que se está usando un modelo de lenguaje como si fuera un modelo de conocimiento. “Cuando entendemos que la IA es una distribución de palabras probables, podemos dejar de otorgarle el poder genuino del conocimiento”, reflexiona el equipo de Tangente.

Joan Caballero, referente del equipo de sistemas de la cooperativa de telefonía ética SomConnexió, sostiene que la IA puede tener impacto positivo en el día a día de las organizaciones porque permite ganar en eficiencia y ayuda a poner los esfuerzos en las tareas de mayor valor. Y sigue: “Es más gratificante para una persona de nuestro equipo de atención a las usuarias y más útil para nuestras consumidoras que podamos dedicar 20 minutos al teléfono para ayudar a una persona mayor a configurar sus servicios, que haciendo clics pegando información de un sistema a otro. Gracias a la automatización de procesos nos podemos dedicar más tiempo a ofrecer una gestión de los servicios desde los cuidados, hacia dentro y hacia fuera, poniendo el bienestar de las personas en el centro”. De hecho, en SomConnexió ya utilizan algunas herramientas IA ­–algunas, desde hace años– como soporte a los programadores informáticos para buscar soluciones a problemas técnicos, o para clasificar automáticamente las peticiones de servicios que les llegan.

En Colectic, también creen que la IA puede ser una oportunidad para las organizaciones de ESS, especialmente para las más pequeñas, ya que podría usarse para automatizar procesos de tareas administrativas, contabilidad, gestión de proyectos o seguimiento de donaciones. Según Alonso, se liberaría tiempo de las personas para concentrarse en actividades más estratégicas o directamente relacionadas con los objetivos solidarios de las organizaciones. También podría tener un impacto muy positivo en términos de inclusividad: “Mediante las tecnologías de traducción automática o de accesibilidad digital, basadas en lenguajes que entiendan nuestras organizaciones y alimentadas con nuestros datos, podríamos llegar a una audiencia más diversa, incluyendo personas con discapacidades o de diferentes idiomas y culturas”.

La Red de Economía Alternativa y Solidaria REAS - Red de Redes se sitúa en los mismos parámetros. “Hay que provechar las oportunidades que pueden abrirse para que las entidades tengan mayor incidencia económica y social gracias a ciertas herramientas, pero sin perder de vista el impacto ambiental y en materia de Derechos Humanos detrás de estos procesos”, señala Blanca Crespo, responsable de comunicación. Por ello, recuerda que en el marco de este movimiento, especialmente en ComunESS (espacio de encuentro entre personas y entidades de la comunicación en la ESS), hay abierto un debate hace años –abordado en encuentros como éste con ponencias específicas sobre IA­– que enfatiza la importancia de aplicar también aquí criterios de consumo responsable así como de democratizar estas nuevas tecnologías, el poder y el rédito asociado.

¿Una IA ética?

Uno de los grandes contras de la IA es su sostenibilidad ambiental, especialmente su gran coste energético para entrenar al ordenador. Además, según la Agencia Internacional de la Energía, el mantenimiento de los centros de datos consume alrededor del 1,5% de la energía global y el uso de grandes cantidades de agua para refrigerarlos, y su predicción es que en los próximos 5 años la demanda se duplicará, alcanzando una cifra de 945 teravatios hora. De hecho, confirma la tendencia ya anunciada en el Informe sobre la Economía Digital publicado por la ONU en 2024, que se señalaba que el consumo de electricidad de los principales operadores de centros de datos se había más que duplicado entre 2018 y 2022 por la expansión de los nuevos servicios tecnológicos, entre ellos los que tienen de base la IA, con empresas como Amazon, Alphabet, Microsoft y Meta entre los mayores contribuyentes.

Todo esto sin tener en cuenta todas las vulneraciones que se dan en la primera etapa de la cadena de subministro tecnológica: el extractivismo que impacta terriblemente en las comunidades ricas en minerales, degradando suelos, contaminando aguas y contribuyendo al cambio climático, la explotación laboral en las minas que emplean a menudo niños y las mafias que se alimentan con este negocio.

Ante este panorama de devastación ambiental, ¿hasta qué punto es viable imaginar una IA ética? Membrives afirma: “Hay que desmantelar la creencia de que necesitamos una IA generativa que nos ayude a todo y pensar en aplicaciones con objetivos concretos y funcionalidades focalizadas ­–algo que ya está empezando a pasar incluso en el sector más comercial, que puedan impulsarse en un escenario de escasez de recursos y pensando en la sostenibilidad”. Alonso lo define como modelos que no impliquen contradicción con la mirada eco-social: “más pequeños, entrenados con fuentes de datos próximas y que den respuesta a nuestro contexto cultural”.

Para no bajar la guardia, Membrives plantea algunos interrogantes sobre la posibilidad de impulsar una IA basada en los principios de la ESS, ya que “a menudo reproducimos modelos de Silicon Valley basados en la idea de innovación o progreso y el replanteamiento debería ser más radical”. La investigadora observa: “Las que venimos del mundo del software libre debemos cuestionar si sus valores sirven o no para afrontar la IA generativa: la esencia de su funcionamiento (la cantidad de datos que necesita, el impacto ambiental...), por mucho que sea de código abierto, no nos exime de otras lógicas capitalistas”.

Asimismo, Alonso declara que pensar en una IA que responda a la lógica del software libre implica transformar muchos de los procesos que hacen posible una IA generativa. “Primero, entender el código con el que está escrita: que sea consultable a través de repositorios públicos, que los algoritmos que la hacen posible sean reutilizables. Pero la IA no es solo el software, también los datos con los que se ha entrenado: ¿de quién son? ¿tenemos derecho a usarlos para entrenar una IA? ¿Tenemos a nuestro alcance bases de datos de licencias abiertas para su reutilización?”. Además, Alonso insiste en la importancia de la infraestructura técnica para hacer funcionar esta IA, ya que de poco servirá que sea ética si se almacena en los centros de datos de las grandes empresas: “Nuestra IA de código abierto se sostendrá en infraestructuras públicas, tendiendo a construir un futuro común digital”, presagia.

Para Caballero, es evidente que ahora no existe la capacidad para desarrollar IA desde la ESS, por lo tanto, cree que lo importante es poner el foco en cómo se ha generado cada una de ellas y “reclamar transparencia para conocer cómo se han entrenado, qué procesos han usado, qué refinamiento, cómo de abierto es el código y las herramientas usadas, etc”. También Membrives insiste en que a lo que debemos plantar cara es a la oligarquía que se está construyendo alrededor de esta tecnología, y exigir una regulación mucho más restrictiva en términos de transparencia.

En este sentido, hay que destacar que en 2021 se aprobó la normativa de la Unión Europea para regular el uso de la IA, prevenir los riesgos e intentar actuar sobre este fenómeno con el objetivo de garantizar la seguridad de los usuarios. “Pensamos que la legislación europea va por buen camino y desde la ESS creemos que podemos aportar esta consciencia, hacer de lobby y estar presentes en estas regulaciones para poder marcar qué usos son socialmente inaceptables, como la clasificación de patrones o de personas según su rastro en internet”, valora Alonso.

Frente común desde la ESS

Como en cualquier sector de la ESS, cooperar y tejer red será también la manera de hacer frente a la IA. En Tangente, admiten que hacer frente a la IA es necesario, pero “genera un marco de amenaza y una respuesta de autodefensa, cuando la idea es ir más allá y pasar a la creación, a la reapropiación”. Para empezar, creen que hay que tener un conocimiento muy claro de lo que son las tecnologías de inteligencia artificial. “Así como mucha gente identifica el navegador con el buscador de Google, o internet con las redes sociales, ahora identificamos inteligencia artificial con unos pocos productos de inteligencias artificiales generativas”, constatan.

Para avanzar colectivamente, ya se han dado los primeros pasos. Como ejemplo, el laboratorio y sus frutos, que han sido de gran ayuda para Tangente: “Hemos aprendido que chatGPT no es un modelo de conocimiento sino un modelo de lenguaje; que es chaquetero; que no tiene opinión propia (¿o sí?); que reproduce la hegemonía a cultural y al funcionar por repetición los conocimientos menos normativos son más difíciles de encontrar; cómo son sus sesgos y estereotipos patriarcales, coloniales y racistas; con qué fuentes trabaja y cómo se apropia del conocimiento de otras. Incluso hemos aprendido que la gente joven lo utiliza como si fuera su psicóloga particular, para no sentirse tan sola”, cuentan. Conscientes de que con la IA generativa están en juego cuáles son los marcos de pensamiento, qué se convierte en verdad social y qué es invisible, recomiendan tener una actitud de curiosidad crítica para no perderse su impacto social y poder generar espacios de oportunidad a través de ella, aunque “aún está por ver cómo se van a concretizar esos espacios de oportunidad”, confiesan.

Otra gran iniciativa colectiva que suma esfuerzos alrededor de la tecnología, IA incluida, es Som IT Cooperatiu, una cooperativa de segundo grado creada por Som Connexió, Som Mobilitat y la Fundación de Fiare. Su objetivo es generar sinergias, asegurando la mirada colectiva mediante el trabajo de cooperativas tecnológicas expertas o que puedan seguir aumentando su conocimiento y compartiéndolo con varios proyectos, y fortaleciendo al conjunto de la ESS.

En definitiva, las expertas tecnológicas del movimiento de la ESS están alineadas con su propuesta de acercamiento crítico a la IA y animan a las entidades a utilizarla responsablemente para cuestionarla y, a partir de ahí, crear alternativas coherentes con sus valores y con la situación eco-social. “El conocimiento es el primer paso, el segundo es apostar colectivamente por construir herramientas tecnológicas que den respuesta a las preguntas que se formulan en la sociedad actual. Y, por supuesto, mancomunar recursos para dar una respuesta colectiva”, concluye Alonso."    (Carla Liébana , El Salto, 19/04/25)

30.1.25

La lección más importante de DeepSeek para España... Nuestro país carece de un contexto que favorezca la innovación, porque el dinero nacional apenas apuesta por sectores nuevos (prefiere el inmobiliario o las rentas financieras, canalizadas a través de los distintos inversores ligados a Wall Street) y el Estado no cuenta con iniciativas serias de apoyo a las empresas emergentes. Los fondos de capital de riesgo participados por el Estado han sido un arma poderosa en otros países, y serían esenciales para impulsar cambios en ese sentido... hay ámbitos, y la tecnología es uno de ellos, donde existen espacios de acción en los que el talento es determinante. De modo que, en lugar de pensar en cuántos recursos proporcionar a las empresas (grandes) existentes, sería necesario crear un contexto en el que el talento pudiera desarrollar iniciativas interesantes y significativas a través de una estrategia clara... DeepSeek demuestra que hay espacios de acción posibles en un terreno, como el tecnológico, en el que los españoles contamos poco. No contamos con el ecosistema, ni con el enfoque correcto, pero sí hay talento. Otra cosa es que decidamos volver a desperdiciarlo... China incentivó la creación de startups que gozaban de acceso a capital de riesgo respaldado por el Estado y que fueron apoyadas por planes específicos para las distintas fases de su crecimiento... Esta es una gran paradoja: DeepSeek es el producto de un gobierno estatalista que tiene una presencia continua en la vida económica, como es el chino, pero que ha construido un contexto que fomenta que sus empresas compitan entre sí. Sin embargo, los gobiernos que insisten en que lo más relevante es la iniciativa privada, como el estadounidense, han terminado por generar monopolios y oligopolios que producen altas dosis de ineficiencia (Esteban Hernández)

 "La aparición de DeepSeek ha sonado como un golpe fuerte sobre la mesa. Desde luego, ha impactado en la autoestima: EEUU era una potencia cuyo dominio tecnológico resultaba indiscutible y los cortafuegos al crecimiento chino, caso de los chips, hacían muy improbable que Pekín lograra ponerse en algún momento a su altura. DeepSeek perturba esa narrativa y lo hace en un momento relevante.

EEUU está presionando con insistencia para ganar poder en distintos ámbitos, en especial en el económico, con los aranceles como principal instrumento. En un contexto en el que la expansión geográfica queda limitada por el poder chino y por el posicionamiento de Estados que tienden a jugar a dos bandas, EEUU necesita crear nuevas oportunidades de negocio en terrenos donde su supremacía no sea discutida. El ámbito tecnológico es su principal apuesta.

La captación, por parte de su ámbito financiero, de recursos de gran parte del mundo, tiene en los mercados bursátiles una de sus mejores bazas. La tecnología es un terreno particularmente valorado: firmas como Apple, Microsoft, Amazon, Google y (hasta la aparición de DeepSeek) Nvidia, eran las más relucientes del mercado. Además, la inteligencia artificial aparecía como uno de los valores que asentaban el brillante futuro de esas compañías: su ventaja competitiva aumentaría gracias a su desarrollo en ese campo.

¿Es necesaria tanta inversión?

La línea que conecta la producción masiva de energía, la fabricación de chips (restringidos a China), los centros de datos y la inteligencia artificial es la apuesta estrella de la Administración Trump. El proyecto Stargate, en el que participan OpenAI, Oracle y SoftBank, que había previsto una inversión de 500.000 millones de dólares para desarrollar centros de datos que afinasen la inteligencia artificial, es un buque insignia. La aparición de DeepSeek ha dañado profundamente al fabricante de chips Nvidia, no porque sus productos fueran deficientes, sino porque subrayaba que no era necesario producir tantos para obtener resultados, lo que reduce enormemente su potencial de crecimiento. Y, del mismo modo, ha introducido serias dudas sobre la necesidad de tantos centros de datos, que son costosos en energía y agua: ¿Es precisa una inversión tan elevada cuando se puede obtener buenos resultados con muchas menos horas de entrenamiento de la IA y con una menor recolección de información?

EEUU continúa convencido de que, al fabricar chips mucho mejores que los chinos, la ventaja competitiva sigue de su parte

Es probable que el potencial disruptor de DeepSeek sea menor de lo que hoy se anuncia y que altere escasamente el programa previsto por la Administración Trump. EEUU continúa convencido de que, al fabricar más y mejores chips que los chinos, la ventaja competitiva sigue de su parte, y que la fuerza bruta de los centros de datos y de la capacidad de procesamiento le permitirá innovar y asegurar así su hegemonía en ese campo. Donald Trump ha señalado que el hecho ha supuesto una llamada de atención para sus tecnológicas que debería servir como acicate y Marc Andreessen, uno de los inversores tecnológicos que más ha apoyado al presidente, ha afirmado que este es “el momento Sputnik de EEUU”.

Proteger la innovación de los monopolios

Las lecciones que se pueden extraer de este asunto son significativas. Al margen de la escasa capacidad disuasoria de las sanciones y demás consideraciones geopolíticas, hay algunas de orden operativo de las que podrían tomar nota España y Europa para operar en un campo, el tecnológico, en el que van por detrás o muy por detrás.

"Necesitamos apostar por la competencia en lugar de por los campeones nacionales"

EEUU apostó por desarrollar la IA a través de sus grandes empresas, las big tech: el tamaño era una ventaja, como lo era concentrar los esfuerzos. China lo hizo de otra manera, y además de apoyar a sus gigantes, incentivó la creación de startups que gozaban de acceso a capital de riesgo respaldado por el Estado y que fueron apoyadas por planes específicos para las distintas fases de su crecimiento. Debe tenerse en cuenta que las startups, en EEUU y en Europa, suelen tener como objetivo ser compradas por las grandes, lo que lleva a especializarse en realizar tareas que resulten interesantes o complementarias a las big tech y mucho menos a focalizarse en la capacidad de innovación o de crecimiento. Se buscan más nichos que visiones nuevas.

Centrarse en los gigantes nacionales tiene un riesgo: al concentrar todos los esfuerzos en pocas manos, se generan incentivos para que las empresas actúen buscando mucho más su propio beneficio que la innovación. El modelo Boeing es un buen ejemplo de cómo sectores punteros, importantes en el terreno de la seguridad, terminan convirtiéndose en entornos coagulados, donde la capacidad de avanzar se ve frenada por la ausencia de competencia. Las grandes tecnológicas como Meta, Microsoft, Google, Amazon o Apple son máquinas de hacer dinero mucho más que compañías que apuestan por generar nuevos avances. La innovación que buscan está en el modelo de negocio mucho más que en sus productos.

Una paradoja: el Gobierno de EEUU, que insiste en la iniciativa privada, ha acabado por generar monopolios y oligopolios ineficientes

Lina Khan, la expresidenta de la Comisión Federal de Comercio de EEUU, subrayaba claramente el problema de ese enfoque: “La historia y la experiencia demuestran que los monopolios torpes, sumidos en la burocracia y en la inercia, no pueden producir los avances tecnológicos revolucionarios que suelen crear las empresas emergentes ávidas de recursos… Para mantenernos a la vanguardia a nivel mundial, no necesitamos proteger a nuestros monopolios de la innovación, sino proteger la innovación de nuestros monopolios. Necesitamos elegir la competencia en lugar de los campeones nacionales”.

Esta es una gran paradoja: DeepSeek es el producto de un gobierno estatalista que tiene una presencia continua en la vida económica, como es el chino, pero que ha construido un contexto que fomenta que sus empresas compitan entre sí. Sin embargo, los gobiernos que insisten en que lo más relevante es la iniciativa privada, como el estadounidense, han terminado por generar monopolios y oligopolios que producen altas dosis de ineficiencia.

Una oportunidad para España y para Europa

Si lo importante es la competencia y no los campeones nacionales, y DeepSeek es una demostración de ello (es posible hacer más con menos si se posee el talento preciso), la oportunidad se abre para Europa.

En lugar de apostar por la fuerza bruta (más datos, más cálculos, más potencia para entrenar el modelo), DeepSeek se ha centrado en utilizar lo existente de la mejor manera posible. Y eso es relativamente barato: requiere personas con cierto talento y una mirada diferente. Se trata mucho más de los algoritmos que de la fuerza bruta; es más la inventiva que las grandes inversiones. Es decir, se puede entrar en áreas que parecían vedadas siempre y cuando se cuente con el talento y la estrategia correcta: el dinero no es determinante. Y eso significa una oportunidad para España y para Europa.

Dado que se tiende a imitar las fórmulas que se utilizan en EEUU, se insiste en la fuerza del tamaño, cuando lo determinante es el talento

Nuestro país carece de un contexto que favorezca la innovación, porque el dinero nacional apenas apuesta por sectores nuevos (prefiere el inmobiliario o las rentas financieras, canalizadas a través de los distintos inversores ligados a Wall Street) y el Estado no cuenta con iniciativas serias de apoyo a las empresas emergentes. Los fondos de capital de riesgo participados por el Estado han sido un arma poderosa en otros países, y serían esenciales para impulsar cambios en ese sentido. Hay más opciones, por supuesto, pero todas ellas pasan por contar con una estrategia clara de país que estableciera prioridades e instrumentos.

Además, Europa está pensando en sentido contrario: lo que importa son los campeones nacionales, cuando no los continentales. Dado que se tiende a imitar las fórmulas que se utilizan en EEUU, se insiste en la fuerza del tamaño. Pero hay ámbitos, y la tecnología es uno de ellos, donde existen espacios de acción en los que el talento es determinante. De modo que, en lugar de pensar en cuántos recursos proporcionar a las empresas (grandes) existentes, sería necesario crear un contexto en el que el talento pudiera desarrollar iniciativas interesantes y significativas a través de una estrategia clara. Lo primero supone quitarse de encima el problema, lo segundo afrontarlo. DeepSeek demuestra que hay espacios de acción posibles en un terreno, como el tecnológico, en el que los españoles y los europeos contamos poco. No contamos con el ecosistema, ni con el enfoque correcto, pero sí hay talento. Otra cosa es que decidamos volver a desperdiciarlo."

(Esteban Hernández , El Confidencial, 29/01/25)

24.7.24

Martín Urriza: Robots, IA, digitalización y una energía renovable gratuita, limpia y almacenable nos librarán en breve del trabajo peligroso, repetitivo y monótono. Esto disparará la productividad y tendremos que repartirla entre todos... ¿Cómo? Duplicando el salario/hora, recortando la jornada laboral primero a 32 horas semanales y después a 20 horas... Esto no es nuevo ya nos ha pasado antes. Nos pasó con la introducción de la máquina de vapor y la electricidad que terminaron con el trabajo penoso y elevaron el nivel de vida de la población... Esto ya lo avanzó Keynes en su conferencia de 1930, “Las posibilidades económicas de nuestros nietos” donde predijo que en 100 años el problema económico de acumulación de capital para atender las necesidades básicas se habría resuelto y solo quedaría hacer un buen reparto... Hoy el reparto de la renta y la riqueza es excesivamente desigual... Como ya sucedió en el s.XIX con la superación de los regímenes absolutistas, saltar a esta nueva pantalla de desarrollo no será un proceso pacífico pues requerirá hacer la democracia más ancha mientras los enemigos del progreso intentarán estrecharla y suspenderla

Carlos Martín Urriza @carlosurriza

(1/5) Robots, IA, digitalización y una energía renovable gratuita, limpia y almacenable nos librarán en breve del trabajo peligroso, repetitivo y monótono. Esto disparará la productividad y tendremos que repartirla entre todos

(2/5) ¿Cómo? Duplicando el salario/hora, recortando la jornada laboral primero a 32 horas semanales y después a 20 horas e introduciendo una renta universal que permita atender las necesidades básicas; que serán baratas gracias al uso de la IA en su producción y abastecimiento

 (3/5) Esto no es nuevo ya nos ha pasado antes. Nos pasó con la introducción de la máquina de vapor y la electricidad que terminaron con el trabajo penoso y elevaron el nivel de vida de la población. También con el descubrimiento del fuego, la agricultura, navegación, …

 (4/5) Liberados de la maldición del trabajo para poder vivir. Nos podremos dedicar solo a trabajos creativos, las bellas artes y el ocio. Habremos superado el problema económico de tener que dedicar largas jornadas a trabajos tediosos para cubrir nuestras necesidades básicas

 (5/5) Esto ya lo avanzó Keynes en su conferencia de 1930, “Las posibilidades económicas de nuestros nietos” donde predijo que en 100 años el problema económico de acumulación de capital para atender las necesidades básicas se habría resuelto y solo quedaría hacer un buen reparto

 (6/6) Keynes tenía razón. Hoy el reparto de la renta y la riqueza es excesivamente desigual. El 10% más rico se queda con el 52% de la renta mundial y el 76% de la riqueza. En España con el 25% y el 54% respectivamente. Esta concentración crecerá con la revolución digital.

 (7/7) El acierto de Keynes sobre una acumulación de capital suficiente es doble porque ahora también sabemos que la acumulación tiene límites si no queremos desequilibrar el planeta en términos ecológicos y climáticos.

 (8/8) Como ya sucedió en el s.XIX con la superación de los regímenes absolutistas, saltar a esta nueva pantalla de desarrollo no será un proceso pacífico pues requerirá hacer la democracia más ancha mientras los enemigos del progreso intentarán estrecharla y suspenderla

De publico.es

7:25 p. m. · 7 jul. 2024 13,6 mil Reproducciones

4.5.23

Las plataformas laborales digitales están respondiendo a la crisis inflacionista encontrando nuevos medios algorítmicos para aumentar la tasa de explotación... Uber ha aumentado la tasa de explotación, exprimiendo a conductores y pasajeros mediante un sistema de pago determinado algorítmicamente conocido como "precios dinámicos". Los precios dinámicos desvinculan la remuneración de la distancia recorrida y, en su lugar, determinan las tarifas en función de una serie de datos que el trabajador desconoce, incluido su historial de datos personales. La profesora Veena Dubal ha descrito los precios dinámicos como "discriminación salarial algorítmica"

"La economía del trabajo en Europa surgió en gran medida a rebufo de Estados Unidos, donde una serie de condiciones económicas posteriores a 2008 -bajos tipos de interés, un enorme apetito de los inversores de capital riesgo por las nuevas empresas tecnológicas y un gran número de trabajadores subempleados- se combinaron para dar vida a plataformas laborales digitales como Uber.

La historia de cómo Uber irrumpió en Europa saltándose a la torera la legislación laboral, social y fiscal quedó al descubierto el año pasado en los "Expedientes Uber". Cientos de miles de documentos publicados por el denunciante Mark MacGann, que fue jefe de lobby de Uber en Europa entre 2013 y 2017, mostraron que muchos políticos se dejaron seducir fácilmente por las promesas de Uber. La empresa utilizó un "interruptor de apagado" y otras tácticas sucias para resistir a los pocos reguladores que intentaron interponerse en su camino. "A veces tenemos problemas porque, bueno, somos ilegales f******", dijo entonces Nairi Hourdajian, responsable de comunicación de la empresa.

Uber sigue siendo la mayor plataforma digital de trabajo que opera actualmente en Europa, pero le acompañan varias empresas europeas que han surgido como actores significativos en los sectores del transporte y la entrega de comida a domicilio. Just Eat Takeaway, una empresa holandesa, es la mayor plataforma de reparto de comida a domicilio del continente, mientras que Bolt, una plataforma de movilidad estonia, es un importante rival de Uber en el sector de los viajes en coche. Sin embargo, en ningún lugar de Europa ha logrado la empresa de San Francisco desarrollar la posición de monopolio que perseguía con su estrategia de "crecimiento antes que beneficios".

Del "crecimiento antes que beneficios" al "camino hacia la rentabilidad

En las nuevas condiciones económicas de alta inflación y tipos de interés al alza, los inversores de capital riesgo ya no están dispuestos a seguir inyectando miles de millones en una empresa que nunca ha obtenido beneficios. En palabras del CEO de Uber, Dara Khosrowshahi, "tenemos que enseñarles el dinero". En esta nueva realidad, la búsqueda de rentabilidad se antepone al afán por dominar el mercado.

En consecuencia, Uber ha aumentado la tasa de explotación, exprimiendo a conductores y pasajeros mediante un sistema de pago determinado algorítmicamente conocido como "precios dinámicos". Los precios dinámicos desvinculan la remuneración de la distancia recorrida y, en su lugar, determinan las tarifas en función de una serie de datos que el trabajador desconoce, incluido su historial de datos personales. La profesora Veena Dubal ha descrito los precios dinámicos como "discriminación salarial algorítmica".

En toda la economía colaborativa, las plataformas han seguido los pasos de Uber y han apretado las tuercas a sus usuarios y conductores en busca de "vías hacia la rentabilidad". Por ejemplo, Wolt, una plataforma de reparto fundada en Finlandia que fue comprada por la empresa estadounidense DoorDash a finales de 2021, ha implantado precios dinámicos en casi todos los países europeos en los que opera. En todas las ocasiones, Wolt se ha topado con la resistencia de los repartidores, muchos de los cuales han visto cómo su salario caía más de un 20% antes de tener en cuenta la inflación. En al menos ocho países europeos se han producido huelgas, algunas de las mayores y más duraderas de la economía colaborativa europea hasta la fecha.

Just Eat Takeaway ha respondido a la crisis de la inflación abandonando lo que anteriormente había afirmado que era su modelo laboral más "ético". En 2020, la empresa anunció planes para emplear directamente a sus repartidores en toda Europa, afirmando que "proporcionar a más repartidores contratos de trabajo, salarios por hora y seguridad social es lo correcto". Aunque la mayoría de estos trabajadores eran contratados por subcontratistas conocidos por sus turbias prácticas de gestión, los contratos de trabajo proporcionaban a muchos un mínimo de estabilidad. Pero en marzo, Just Eat anunció que despedía a más de 1.700 de sus repartidores empleados en el Reino Unido y volvía a un modelo de autónomos, alegando que la "desventaja competitiva" de contratar trabajadores mientras Uber Eats y Deliveroo seguían utilizando "contratistas independientes" era demasiado para soportarla.

Una lógica similar utilizó Uber Eats en España en agosto de 2022, al anunciar que volvería a contratar a los repartidores como autónomos, tras responder un año antes a la "Ley de repartidores" del Gobierno español -la primera ley en Europa que obliga a las plataformas de reparto de comida a domicilio a emplear a sus repartidores- contratando a sus repartidores a través de subcontratistas. El principal rival español de Uber Eats, Glovo, se ha negado en redondo a aceptar la Ley de los Usuarios a pesar de que las multas por falsos autónomos superan ya los 200 millones de euros. Las plataformas no dejan que las leyes se interpongan en su carrera hacia el abismo en materia de normas laborales.

Para cualquier plataforma de reparto de comida a domicilio que busque maximizar sus ingresos, la lógica del modelo de autónomos es irrefutable: pueden inundar las calles con una sobreoferta de repartidores sin coste adicional, reduciendo los tiempos de espera (que no tienen que pagarse) y aumentando la competencia entre repartidores por el trabajo, lo que empuja a los repartidores a aceptar más entregas a precios bajísimos. Además, en los grandes centros urbanos europeos, como París y Madrid, se cree que la mayoría de los riders son trabajadores indocumentados, que a menudo sólo pueden acceder a una cuenta alquilándola a un titular, a veces con un coste del 50% de todos los ingresos. Las plataformas están recurriendo a los sectores más precarios de la mano de obra europea, que son los más vulnerables a la hiperexplotación mediante falsos autónomos y trabajo indocumentado, para obtener mayores márgenes.

    Lo que nadie sabe todavía es si el reparto de comida a domicilio tiene un modelo de negocio que pueda funcionar legalmente, es decir, si los repartidores estuvieran empleados -las sentencias judiciales de toda Europa han dictaminado que deberían estarlo- y los repartidores indocumentados tuvieran la ciudadanía, ¿sería el reparto de comida a domicilio basado en aplicaciones un negocio viable? Incluso con el actual modelo de hiperexplotación, ninguna de las grandes plataformas es capaz de obtener beneficios. Según un estudio catalán, la rentabilidad se reduce "hasta un 30%" si se contrata a repartidores, mientras que una bajada de la comisión que cobran los restaurantes del 30% al 20% requeriría duplicar los pedidos de 8.000 a 16.000 para "superar los gastos operativos". Las plataformas digitales de trabajo son "f****** ilegales" por una razón. (...)"  
              (Ben Wray, brave new europe, 01/05/23)

6.2.23

El progreso de vivir más no obliga a recortar las pensiones sino a reasignar beneficios excesivos a salarios... a pasar de fraude y baja tributación a recaudación... de inversión especulativa a inversion productiva... porque cuando se jubilen los baby-boomers, la generación siguiente (más estrecha) disfrutará de una demanda de empleo de calidad abundante. Sus salarios serán también mas altos porque sin paro la explotación empresarial se atenuará... El mayor gasto sanitario y en pensiones será más fácil de sufragar con salario altos... y el trabajo (monótono y rutinario) que no alcancen a hacer lo harán robots o máquinas controlados por AI... tenemos un futuro brillante (Martín Urriza)

Carlos Martín Urriza @carlosurriza

(1/6) UN FUTURO BRILLANTE. Cuando se jubilen los baby boomers, la generación siguiente (más estrecha) disfrutará de una demanda de empleo de calidad abundante. Sus salarios serán también mas altos porque sin paro la explotación empresarial se atenuará

(2/3) El trabajo (monótono y rutinario) que no alcancen a hacer lo harán robots o máquinas controlados por AI. Estarán más preparados y sanos gracias a una educación no masificada y una sanidad de calidad financiada con los excedentes de cotización de los baby boomers.

(3/6) El mayor gasto sanitario y en pensiones será más fácil de sufragar con salario altos (que, a diferencia de los baby boomers, sí participarán de manera justa del producto de su trabajo), con las mejoras de productividad resultado de la revolución digital y la transición verde.

(4/5) y con un sistema tributario, al fin, con un nivel de suficiencia europeo, justo y sin fraude gracias a la digitalización de todas las transacciones económicas y el big data. Y cuando hereden recibirán un gran patrimonio inmobiliario de los baby boomers que no valdrá tanto

(5/6) como antaño porque gracias a una eficaz Ley de Vivienda y una acción pública decidida se habrá terminado hace años con el negocio y la especulación en vivienda. Y banca y capital especulador no habrán tenido más remedio que dedicarse a actividades productivas e innovadoras.

(6/6) Tiene razón Andreu Misse: el progreso de vivir más no obliga a recortar las pensiones sino a reasignar beneficios excesivos a salarios; fraude y baja tributación a recaudación; e inversión especulativa a inversion productiva

11:26 p. m. · 31 ene. 2023·
3.684 Reproducciones 15 Retweets 1 Citar Tweet 24 Me gusta

 "(...) El análisis de las pensiones es más amplio que el macroeconómico. El envejecimiento es un problema si se considera la sociedad desde un punto de vista estrictamente contable. Por el contrario, significa un progreso si se ve como resultado de los avances científicos y mejora de derechos. En España la esperanza de vida (83,07 años en 2021) es 10 años mayor que en 1975 (73,44 años). 

Mantener las prestaciones para personas que viven más años exige, lógicamente, mayor gasto en relación al PIB. No es aceptable que una mejora de la salud comporte un recorte de las pensiones. Hará falta un nuevo acuerdo social, que incluya potenciar el empleo, para mejorar unos derechos cuyos resultados han sido tan positivos. (...)"             (Andreu Missé , El País, 31/01/23)

31.1.22

La gran paradoja es que, en un entorno de predicción de desempleo tecnológico, el nuevo factor escaso es humano: faltan mujeres y hombres camioneros, sanitarios, trabajadores de logística, también de hostelería y restauración, y faltan en China, Estados Unidos, Reino Unido, Alemania, Holanda, y también en España... El eslabón más frágil está en los últimos kilómetros de la cadena logística, que pueden ser tanto los mil kilómetros que recorre un camión cargado de chips para el automóvil, como las enfermeras que nos aplican la ansiada vacuna, los repartidores o las camareras que nos sirven un café... En esta crisis de gobernanza tecnológica y económica están en juego dos modelos opuestos de revolución digital. En uno, las personas nos encontramos, impotentes y reactivas, a merced de unas transformaciones vertiginosas e inexorables que, salvo unos pocos, no entendemos y en las que no participamos. En el otro, se vislumbra la apuesta de poner —real y no retóricamente— a las personas en el centro, tanto en su papel de beneficiarias de la innovación tecnológica como de protagonistas... La crisis actual es un ruidoso aviso para navegantes

 "La recuperación económica pospandemia se está viendo lastrada, entre otros problemas, por una inesperada escasez de mano de obra. Gobiernos y empresas se sorprenden por la falta de personal en diversos sectores y se muestran dispuestos, aunque no siempre, a subir sus salarios. La gran paradoja es que, en un entorno de predicción de desempleo tecnológico, el nuevo factor escaso es humano: faltan mujeres y hombres camioneros, sanitarios, trabajadores de logística, también de hostelería y restauración, y faltan en China, Estados Unidos, Reino Unido, Alemania, Holanda, y también en España.

Persiste la pérdida de empleos —la Organización Internacional del Trabajo (OIT) estima que un 4,3% del total del empleo mundial prepandemia aún no se ha recuperado— al tiempo que escasea la mano de obra en actividades claves para el funcionamiento de la economía global y local. El eslabón más frágil está en los últimos kilómetros de la cadena logística, que pueden ser tanto los mil kilómetros que recorre un camión cargado de chips para el automóvil, como las enfermeras que nos aplican la ansiada vacuna, los repartidores o las camareras que nos sirven un café. Millones de personas en ocupaciones y tareas que los estudios y predicciones sobre el futuro del empleo consideran en alto riesgo de sustitución por la introducción de sistemas digitalizados.

 Entre esos estudios, el de Frey y Osborne (2017) estimaba que la segunda ocupación con mayor peligro de desplazamiento por la automatización, era la de conductores; por cierto, la más frecuente entre la mano de obra masculina en Estados Unidos y también en España. El riesgo de sustitución de tareas era de un 89% para conductores de autobuses, 79% para los de camión y 69% para conductores y servicios de entrega, en un entorno de vehículos autónomos y drones de reparto a domicilio. Por delante en riesgo de automatización estaban los camareros (94%), supuestamente sustituibles por robots de preparación de bebidas; para la preparación y servicio de comidas el riesgo es algo menor (87%) pero todavía muy alto, y para limpiadoras domésticas, un 69%.

Los actuales problemas de falta de mano de obra indican que estas lúgubres estimaciones sobre la sustitución del trabajo humano tienden con frecuencia a sobrevalorar el ritmo de difusión de las tecnologías y la generalización de los cambios por ellas impulsados, y a minusvalorar, por el contrario, la necesaria contribución de la mano de obra al funcionamiento eficaz de la producción de bienes y servicios. Sin embargo, el riesgo de automatización —sea real o exagerado— coloca ya una etiqueta de desechables sobre aquellas ocupaciones cuyas tareas podrían ser desplazadas, lo que se traduce en su pérdida de consideración social y valor económico. En España (INE, 2019) el salario medio bruto anual es de 24.395 euros; para los conductores se queda en 20.661; para los trabajadores de salud y cuidado de las personas, en 16.815; y los de restauración y comercio, 16.142. Empleos que no resultan atractivos para la población joven con niveles educativos medios o altos, y parece que tampoco para los mayores e, incluso, para los menos cualificados. En Estados Unidos se denomina Gran Dimisión al abandono de puestos de trabajo por parte de jóvenes, y no tan jóvenes, que no han vuelto a sus empleos anteriores a la pandemia porque consideran que no merecen la pena debido a los bajos salarios, largas jornadas, duras condiciones laborales e ínfimo reconocimiento. Paradójicamente, mientras ellas y ellos se retraen de estos empleos por su falta de valoración, otro grupo de profesionales, mucho mejor considerados y remunerados (algunos en el propio sector tecnológico), están desertando también para explorar nuevos horizontes pues sienten que sus trabajos no aportan suficiente valor a su vida personal y a la sociedad.

 Y es que, mientras algunas tecnologías están mostrando una evidente utilidad para el progreso humano, otras —pese a que su valor bursátil sube aceleradamente— quién sabe si están alimentando una nueva burbuja. Por ejemplo, la fabricación en masa de vehículos de conducción autónoma no parece inmediata y su uso generalizado requiere de cambios legales importantes. Por otra parte, si los costes laborales son comparativamente bajos, o si los trabajadores realizan las tareas mejor que los dispositivos autónomos, probablemente no asistiremos a un proceso generalizado de adopción de estas tecnologías.

 En la larga carrera por el dominio de la escena productiva, como advierten Acemoglu y Restrepo (2019), las innovaciones relacionadas con la inteligencia artificial se están aplicando con un sesgo de automatización extrema, en lugar de buscar la complementariedad con el trabajo humano, que permitiría la creación de nuevas tareas en las que el trabajo sea utilizado productivamente. Esto explicaría la caída de los salarios y su participación decreciente en la renta nacional en las últimas décadas, así como el crecimiento desmesurado de las desigualdades de renta entre personas con y sin educación universitaria y la polarización salarial extrema. Si las oleadas tecnológicas anteriores sustituían tareas manuales y rutinarias, pero creaban nuevas tareas y puestos de mayor cualificación y salarios, hoy la suma de inteligencia artificial, machine learning y big data —gobernada mayoritariamente por un pequeño grupo de tecnólogos y financieros, con escasa participación femenina y bajo el mantra de un discurso único— permite desplazar muchas más tareas de apoyo administrativo y de asistencia técnica. Grandes volúmenes de población con cualificación y experiencia tienen enormes dificultades para encontrar empleo y la gran incógnita es si está en riesgo de desaparición la clase media.

 Los trabajadores han respondido históricamente a los cambios tecnológicos y organizativos con más educación y formación para asegurar la complementariedad de sus cualificaciones con las innovaciones y evitar así el desplazamiento. Frente al espejismo de la eliminación del factor humano de la escena productiva, que confunde la gestión eficaz con aquella que minimiza los salarios y las cotizaciones laborales, es necesaria una visión más humanista y pragmática a la vez. Si bien es cierto que los robots no necesitan descansar, tomar vacaciones, comer o ir al baño, no podemos olvidar que las personas son mucho más flexibles que los robots y tienen más sentido común, aunque tengan la “mala costumbre” de necesitar salarios y pensiones dignas para sostener sus vidas.

 En esta crisis de gobernanza tecnológica y económica están en juego dos modelos opuestos de revolución digital. En uno, las personas nos encontramos, impotentes y reactivas, a merced de unas transformaciones vertiginosas e inexorables que, salvo unos pocos, no entendemos y en las que no participamos. En el otro, se vislumbra la apuesta de poner —real y no retóricamente— a las personas en el centro, tanto en su papel de beneficiarias de la innovación tecnológica como de protagonistas, con mucho que aportar en torno al propósito, ritmos y actores de esta gran revolución. El presente y futuro de nuestra economía, mercado de trabajo y democracia no se juegan, por tanto, en la falsa dicotomía del sí o no a la transformación digital, sino en la respuesta que demos a las cruciales preguntas de quiénes, para quiénes y cómo se liderará. La crisis actual es, en dicha medida, un ruidoso aviso para navegantes."                   

(Cecilia Castaño es Catedrática de Economía Aplicada de la Universidad Complutense de Madrid y María Ángeles Sallé es Doctora en Ciencias Sociales por la Universidad de Valencia, consultora internacional, Economistas frente a la crisis, 28/12/21)

24.6.21

El Plan E europeo para España: La recuperación va a ser vigorosa... pero la salida está tomando la dirección de una sociedad de dos velocidades... El modelo de los monopolios y oligopolios es el que está asentándose de una manera definitiva tras el coronavirus... todo el dinero de las ayudas europeas apunta hacia una aplicación poco inteligente, porque las reformas que se solicitan desde Bruselas no son las necesarias

 "(...) La idea de que España va a crecer rápidamente en los próximos meses, y en una proporción muy significativa, es defendida no solo por el Gobierno, sino por una parte muy importante del empresariado español más relevante, comenzando por Ana Botín o José María Álvarez-Pallete.

Es muy probable que ocurra de esa manera, ya que la desescalada, el verano, la recuperación de la plena normalidad en un tiempo razonable (si no hay sorpresas desagradables) y la llegada de los fondos darán un gran impulso al consumo, al empleo y al crecimiento. (...)

 Y así parece, al menos a vista de pájaro. Sin embargo, si reparamos en las transformaciones que se están produciendo en nuestro tiempo, y en sus consecuencias, la imagen es algo menos alentadora. El tipo de sociedad que estamos creando es otra, justo la consecuencia de la aceleración que el coronavirus ha producido.

Nada de lo que está sucediendo, en ese plano, es diferente de lo que había sido previsto antes del covid-19: los procesos de reorganización de la economía hacia el ámbito digital, la necesidad de una reorganización verde, la adaptación de las empresas a los nuevos tiempos, las cadenas de mercado cada vez más concentradas. El giro digital, por ejemplo, no supone un inevitable proceso de adaptación a nuevas costumbres, sino un elemento de reconversión del mercado hacia otro tipo de estructura.

1. El sospechoso espíritu digital

Muchas de las quejas referidas al auge de las grandes tecnológicas han sido articuladas desde un elemento ideológico. En última instancia, desde la defensa de una democracia amenazada por empresas con enorme poder que habrían favorecido opciones políticas muy concretas.(...) El otro aspecto contra el que la reacción está en marcha es el de los impuestos, ya que la estructura internacional permitía que los pagaran allí donde más rentable les resultaba.

Sin embargo, en este mundo demasiado preocupado por las perturbaciones políticas, pero mucho menos por la forma de organizar la economía, conviene recordar lo que significan las tecnológicas: una manera de concentrar el poder del lado de un nuevo mediador, que está desplazando por completo a los anteriores, y que se configura como un poder monopolista

(...) La pandemia los ha hecho más grandes todavía, con las perturbaciones que esto supone del lado de la competencia, de la configuración de los canales y de la distribución de los ingresos dentro de los mismos. Ese modelo, el de la economía del contenedor, el de los monopolios y oligopolios, es el que está asentándose de una manera definitiva tras el coronavirus.

 Pero el giro digital es mucho más amplio, en la medida en que reconstruye muchísimos procesos de prestación de servicios o de provisión de bienes: desde los bancarios, la administración, los energéticos o la organización de la fabricación, hasta el transporte o la relación con los consumidores. 

Hasta ahora, la digitalización ha sido mucho más un camino para elevar los beneficios a través del recorte de gastos que un mecanismo de generación de mayor eficiencia en las empresas. (...) 

Un ejemplo lo tenemos en España: las empresas estrella, nuestros unicornios, como Glovo o Cabify, no son más que traducciones nacionales de la reducción intensiva de salarios y del empeoramiento en las condiciones de realización del trabajo, que es la base que permite que esas firmas puedan tener éxito. Ese ha sido el espíritu de la digitalización hasta la fecha. Podría desarrollarse de otra manera, pero no ha sido el caso. Y recordemos que la digitalización es uno de los pilares de los fondos europeos.

2. Cuando todo sea verde

(...) Los planes de recuperación deben ser utilizados para cambiar el tipo de economía, pero con efectos duraderos. Utilizar capital, que finalmente es deuda, para crear empleos ocasionales es poco más que cavar zanjas y volver a meter la arena en el hoyo; coyunturalmente útil, pero poco eficaz si los estímulos no se mantienen durante mucho tiempo.

Y la mayor parte de los fondos verdes son exactamente eso: la rehabilitación de edificios o la implantación de determinadas energías renovables supone que, una vez que la tarea se ha realizado, el empleo desaparece. Ese movimiento no crea empresas, no es más que un Plan E a escala verde y europea, sobre todo si la austeridad regresa en un par de años. Cuando las tareas finalicen, tendremos que pagar la deuda y los empleos habrán desaparecido.

Los planes deben utilizarse, también en el terreno ecológico, para otros propósitos. Deben generar actividad con posibilidades de permanencia, apoyar las empresas que puedan tener recorrido en el futuro y que necesiten trabajadores en una dimensión razonable. Se trata de elevar el nivel de vida, de impulsar el consumo, de generar recursos para las poblaciones. (...)

3. La destrucción no creativa

El impulso digital y ecológico tendrá lugar sobre un nuevo suelo, en la medida en que el covid-19 ha contribuido a destruir muchos empleos y al cierre de muchas pymes, y en tanto la carga adicional de pymes y trabajadores será importante. Las pequeñas empresas que han logrado sobrevivir tendrán complicado competir, ya que los sectores donde pueden operar con éxito son muy limitados, así como por su mayor endeudamiento. 

Muchos expertos ven con buenos ojos esta destrucción porque la entienden creativa: los menos preparados, los menos adaptados, los que no han sabido adecuarse a los tiempos han tenido que cerrar, lo que produce una situación idónea para la recuperación. Lo malo es que esa lectura contiene una pequeña parte de la realidad. Mucho más que su escasa modernización, lo que pone en dificultades a muchas pequeñas empresas supervivientes son las condiciones de funcionamiento de un mercado concentrado que sobrecarga de costes a las pequeñas firmas al mismo tiempo que las hace sentir especialmente su posición.  (...)

4. El empleo no será el que fue

Fruto de este conjunto de circunstancias, el empleo se verá presionado por distintos lugares. De una parte, su escasez; de otra, es más que probable que las empresas paguen peor, en la medida en que muchas estarán presionadas para obtener más beneficios, y porque en época de paro elevado los salarios tienden a disminuir. Además, los trabajos en nuevos sectores, los de la 'gig economy', nacen desde la degradación retributiva de los antiguos. Y la tendencia de fondo, como vemos en las grandes empresas, y más en las fusionadas, es que, tras los ERE, las contrataciones regresarán, pero en menor proporción y en condiciones peores, ya que los trabajos serán menos cualificados como producto de los procesos automatizados.

Por si fuera poco, está aumentando el precio de bienes esenciales. La inflación va a llegar, reflejen lo que reflejen las cifras oficiales, en forma de presión a las clases medias y a las populares: suben la electricidad y el combustible, así como los alimentos, producto de la especulación. Subirán los alquileres de locales y viviendas, mientras que los salarios apenas se recuperarán. 

Además, veremos nuevos impuestos, que no irán exactamente en la dirección de cobrar más a los más ricos. Y todo esto no supone solo un problema para las economías personales, sino que resta muchas posibilidades a los pequeños negocios: electricidad y combustible más caros, alquileres más caros, más impuestos: sobrevivir no va a ser fácil.

5. ¿Otro 'efecto Mateo' más?

Retratado de esta manera, podría pensarse en un escenario futuro muy preocupante para el conjunto de la sociedad. Pero si regresamos al inicio, al hecho de que la recuperación va a ser vigorosa, es fácil comprobar que no se trata más que de un fenómeno muy habitual en estos años: la salida está tomando la dirección en que se movía antes de la pandemia, la de un mundo dual, al menos en España. (...)

Esta sociedad de dos velocidades se hará más palpable en parte gracias a los fondos, que servirán a medio plazo para profundizar todavía más en este modelo. Puede que las grandes palabras de esta época traigan a escena la recuperación inclusiva, la resiliencia, la necesidad de asentar las sociedades y de no dejar a nadie atrás, y cierto impulso socialdemócrata. 

Pero en su traducción a hechos, hay muchas cosas que se terminan perdiendo, como ha ocurrido con las últimas décadas de nuestro sistema, que ha frenado para establecer un paréntesis keynesiano cuando lo ha necesitado, pero nunca ha cambiado de dirección.

Los fondos no pueden ser lo mismo una vez más, no pueden convertirse en inversiones masivas que provoquen una economia con menos empleo, sino con más. Y lo cierto es que todo este dinero apunta hacia una aplicación poco inteligente, y no porque falten las reformas que se solicitan desde Bruselas, que tendrán lugar, sino porque no son las necesarias. No puede ser una expresión más de lo que Robert Merton denominaba 'efecto Mateo', por la cita bíblica: "Al que tiene se le dará y tendrá en abundancia; pero al que no tiene, incluso se le quitará lo que tenga".

Esto no va de meter dinero en la economía, sino de utilizarlo con un propósito, de potenciar y de crear opciones, de poner en pie iniciativas que puedan perdurar, que generen un buen número de empleos y que desarrollen el país. No se trata de hacernos más digitales y tecnológicos, sino de que nos vaya mejor, como sociedad y como Estado. Lo primero puede ser útil para lo segundo, pero nunca el propósito final. 

El problema es que el ámbito digital, el verde y la destrucción de pymes, con la excusa de que no son eficientes, suponen una reducción del número de trabajos disponibles. Hace falta otra perspectiva: no se trata de reorientar lo existente, que resultará necesario en algunos casos, sino de tener un plan para el crecimiento que pase por una sociedad con mucho más empleo, y no solo coyuntural. 

Las bases de la economía dominante nos conducen hacia lo contrario, hacia un mundo en el que habrá mucha mano de obra prescindible, y si eso no cambia, el dinero que llegue será un bálsamo bienvenido, pero la reacción que se genere cuando el impulso económico termine será muy hostil. Al tiempo."                  (Esteban Hernández, El Confidencial, 18/06/21)

¿Las finanzas descentralizadas permitirán teóricamente que los ciudadanos por fin nos liberemos de la dictadura de los bancos?

 "DeFi o “Decentralized Finance” por su acepción en inglés (Finanzas descentralizadas en español), es un nuevo paradigma económico-financiero por el cual una red al estilo de la cripto-economía más pura haría (entre otras cosas) de medio transmisor del dinero, la financiación, y las finanzas más globalizadas desde un prestador de servicios financieros o de dinero, hasta un consumidor de los mismos. Y todo aderezado con el que es realmente el verdadero invento que llegó con Bitcoin: la contabilidad distribuida y el disruptivo Blockchain.

Esas DeFi vendrían en la mayoría de los casos de la mano de su buena dosis de cripto-anonimato, pero también de la descentralización como su propio nombre indica. Y es que las DeFi permitirían teóricamente que los ciudadanos “por fin nos liberemos” de la que algunos consideran la dictadura de los bancos y las grandes entidades financieras (que muchas veces puede llegar a serlo).

 (...) está por ver que realmente en la práctica con las DeFi vayamos a ser tan libres financieramente como dice la teoría. De nosotros mismos como socioeconomía depende realmente, porque no son tanto las DeFi lo que realmente importa, sino mucho más su implementación. (...)

está en la esencia de las DeFi proporcionar un acceso (mucho más) universal a los servicios financieros para el común de los mortales, y no sólo para los más privilegiados y desarrollados. Y éste es un punto que no es ni mucho menos poco, puesto que recuerden que en el mundo en vías de desarrollo todavía hay millones y millones de personas que no tienen siquiera posibilidad de ser titulares de una simple cuenta bancaria, y para lo cual la tecnología ya había venido proveyendo algunas soluciones que incluso han hecho que esos países en vías de desarrollo adelantasen en algunos planos incluso a los más desarrollados en su momento

DeFi realmente es cualquier tipo de producto, contrato o servicio financiero proporcionado de forma descentralizada, es decir, eliminando la necesidad de contar con intermediarios financieros, un rol que era (lucrativamente) necesario en el sistema financiero tradicional.

 Las DeFi empezaron realmente con el alumbramiento de Ethereum y sus contratos inteligentes, puesto que al final (casi) todo producto o servicio financiero ha de regularse mediante un contrato, que si es inteligente y basado en una red descentralizada como puede ser el mismo Blockchain, pues eso ya es DeFi en estado puro.

Pero sobre ese concepto básico e iniciático hoy en día ya se ha construido mucho más, enriqueciendo el portfolio y el ecosistema DeFi con numerosos nuevos conceptos, propuestas, y plataformas especializadas. Entre ellas pueden contarse ejemplos como Uniswap, Chainlink, Dai, Maker, o Compound. Y como podrán observar a poco que investiguen el ecosistema DeFi, Ethereum ya no es la única red que lo está catalizando, pues ya hay otras redes descentralizadas muy prometedoras como Stellar, (en breve) Cardano o Algorand, sólo por citar algunas, que ya incorporan también entre sus funcionalidades nativas los contratos inteligentes.  (...)

Aunque hay muchas otras de esas disruptivas propuestas, lo cierto es que, al menos en lo que se refiere al mayor frente bélico abierto por las DeFi en las líneas del adversario, que es el sistema financiero tradicional, la batalla DeFi por excelencia orbita en torno a la actividad bancario-financiera por excelencia (con permiso de la negociación de títulos en los mercados): el préstamo de activos, dinero, y la financiación. 

Nos centraremos pues en el análisis de hoy en este tipo concreto de DeFi que es la actividad prestamista por su especial importancia protagonista, no sin exponer que el concepto de DeFi también abarca otros importantes subsectores financieros como son la intermediación financiera, el negocio asegurador, los productos derivados, o el mismo crowdfunding.

 Y eso por no hablar de cómo la generalización de las DeFi podría impactar en una economía fuertemente bancarizada como es la española, puesto que el asunto tiene un toque (por decir algo suave) de imprevisibilidad. Esto es así especialmente cuando una parte muy relevante de nuestro PIB español está asociado al sector bancario y al negocio financiero 

(...) sería infinitamente más sostenible ir realizando la adopción de las DeFi de forma gradual, equilibrada, planificada, y sabiendo a dónde se va y quién está detrás, pero también permitiendo a las entidades financieras tener tiempo para transformarse, encontrar nuevos modelos de negocio, y esperemos que así aprendan a aportar nuevo valor añadido.

Ahora bien, si van a disponer o no de ese preciado tiempo, es algo que no sabíamos ya antes de la irrupción de las operadoras en el mundo bancario para comerse parte del pastel financiero, o de las propias tecnológicas con Amazon o Google a la cabeza con las mismas intenciones. Pero es algo que tampoco sabemos ahora cuando la descentralización puede dar a la vez al traste con los ex-hegemónicos bancos, y también con las tecnológicas "wannabe" de banqueras. 

Descentralizar las finanzas tiene sus muchas ventajas (potenciales), y entre ellas se cuenta con especial protagonismo las mayores dosis de libertad financiera que aporta el DeFi. Pero no olvidemos que hay ciertos escenarios en los que puede ocurrir que tener unas finanzas (algo) centralizadas pueda suponer una gran fortaleza económica. Y es que, ante cisnes negros y en situaciones de shock económico, el pánico corre como un reguero de pólvora por los mercados entre los pequeños accionistas, y es entonces cuando puede llegar a ser esencial disponer una Reserva Federal o de un BCE (que no olviden que son “centralizados” per natura) para insuflar liquidez y confianza al mercado. Y no son meras especulaciones de un autor agnóstico y objetivo por naturaleza como el que suscribe, y a los hechos me remito: sólo la competente gestión del BCE la noche del referéndum del Brexit y al día siguiente, evitó en su momento una auténtica debacle económica.

 Para empezar, hay que exponer que la descentralización, si bien es un revolucionario paso adelante en seguridad informática, tampoco es infalible; de hecho, se han popularizado los ataques del 51%, que son literalmente el atraco al cripto-banco. (...)

 Siendo nosotros unos auténticos cripto-entusiastas que hemos predicado las bondades de esta tecnología en sus momentos más bajos tras el pinchazo de la burbuja, lo cierto es que no pecamos de ser ya unos cripto-desaforados, y no se puede negar que la cripto-economía también presenta algunos riesgos (y oculta deliberadamente otros), y que se hacen inevitablemente extensivos al conjunto del sistema bancario-financiero como tal con las finanzas descentralizadas. (...)

Y es que la descentralización no tiene por qué implicar necesariamente mayor libertad financiera si la cosa no se implementa bien, sino que incluso puede llevarnos a todo lo contrario y a una nueva suerte de esclavitud reacuñada en clave de siglo XXI, que sucedería a la igualmente poco liberada época previa de hegemonía cuasi-todopoderosa de los grandes bancos del siglo XX y anteriores.

 Así, ahora podríamos pasar sin darnos cuenta a depender de un sistema que pueda estar igual o incluso más dominado y manipulado que el tradicional, teledirigido a voluntad, y sin saber ni siquiera quién está verdaderamente detrás de esa mano fuerte que se esconde tras un criptográfico par de clave público-privada. Y es que hay veces que hay perros que sólo cambian de dueño, y a los que siguen llevando atados en corto, y tal vez incluso con un collar mucho peor como sería un collar de indolente castigo.

 Por tanto la conclusión sólo puede ser una preclara: DeFi sí, por supuesto, pero... con una o varias oportunas válvulas de escape para purgar presión en caso de que la caldera mayormente minorista de esas finanzas descentralizadas opte por "salirse de madre", o para el caso mismo de que aparezca también en este cripto-escenario una mano negra todopoderosa que ejerza su nuevo cripto-poder, y que trate de secuestrar el sistema en su conjunto para beneficio de sus propios (y tal vez destructivos) intereses.

 Este extremo que proponemos desde aquí para nada algo es extraño, y de hecho los mercados de acciones estandarte del capitalismo más popular tienen mecanismos análogos, como puede ser la suspensión cautelar o temporal de cotizaciones en situaciones excepcionales.

 No caigamos en ser uno de esos optimistas desaforados y creamos que todo en las DeFi es bueno per sé, lo que hay que conseguir es ser capaces de aprender de los errores del pasado (y de la naturaleza humana de algunos) para diseñar un futuro mejor; pero mejor de verdad."    (, El blog salmón, 07/06/21

 

    Para luchar contra las epidemias y como alternativa a la salida del euro de los países del Sur, o como salida de emergencia ante la (más probable) ruptura de la UE por parte de los países del Norte... hay que conseguir la soberanía financiera... implantando una moneda digital paralela de circulación interna, en paridad 1:1 con el euro (¿europeseta electrónica?), en España: 

La propuesta de Garzón, basada en el Trabajo Garantizado:

Cómo aplicar el Trabajo Garantizado en ayuntamientos y autonomías... financiándolo con créditos fiscales municipales

Para Ecuador:

Hacia una "moneda electrónica paralela" para afrontar la crisis... en Ecuador (o en España) ¿Por qué y cómo hacerlo?

Para conseguir un monopolio financiero mundial, Facebook propone su propia moneda digital... LIBRA

Otras propuestas: 


Susana Martín Belmonte propone una 'coronamoneda' digital para potenciar la renta de cuarentena... una renta vehiculada a través de una moneda ciudadana digital descargable de una app y con respaldo del Banco de España.
Enlace: http://ojeandoelestadodelpais.blogspot.com/2020/04/coronamoneda-digital-para-potenciar-la.html 

El prometedor dinero fiscal

Emitir 'GREUROS'. Entre la salida del Euro, y la aceptación de la austeridad de la Troika, existe una tercera vía que se basa en la recuperación parcial de la soberanía monetaria

Existe una descripción con mucho humor, de economía-ficción, sobre los beneficiosos efectos que se producirían si en Italia, el gobierno impusiera una moneda digital (la sitúa en el 2020), para salir de la quiebra económica y política a la que la permanencia en el euro habría llevado al país. El objetivo se conseguiría rápidamente.


Los únicos perjudicados, los especuladores de la deuda. Ver: J. D. Alt: ‘Europa, 2020: una ucronía iluminadora’. http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=5467 )

Los artículos de Juan José R. Calaza, Juan José Santamaría y Juan Güell muestran con gran claridad las ventajas de una europeseta electrónica de circulación interna:

- Para entender la europeseta electrónica. Qué es y, sobre todo, qué no es. Enlace: http://www.farodevigo.es/opinion/2012/12/02/entender-europeseta-electronica/720458.html


- Para salir de la crisis sin salir del euro: España debe emitir europesetas (electrónicas). Enlace: http://www.farodevigo.es/opinion/2011/11/27/salir-crisis-salir-euro-espana-debe-emitir-europesetas-electronicas/601154.html

- Las europesetas electrónicas, complementarias al euro, estimularán el crédito sin efectos colaterales perversos. Enlace: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=165815

Juan Torres insiste en que es necesario emitir una moneda complementaria al euro. Sus artículos:

-Marear la perdiz. Enlace: http://ccaa.elpais.com/ccaa/2013/02/08/andalucia/1360327224_588117.html

- Hay alternativas, incluso dentro del euro. Enlace: http://juantorreslopez.com/publicaciones/hay-alternativas-incluso-dentro-del-euro/ mmmm

Más información en:
 
 
 
 'Si Grecia, España, o Andalucía emitiesen una moneda digital, respaldada por la energía solar instalada en sus tejados, alcanzarían la soberanía financiera. La de dar créditos a familias y empresas': http://comentariosdebombero.blogspot.com.es/2014/06/si-una-autonomia-o-una-gran-ciudad.html