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22.2.24

Elon Musk y el resurgimiento absolutista... Al igual que Luis XIV, Elon Musk rechaza las limitaciones legales a su poder... El sistema legal de Estados Unidos ha defendido desde hace tiempo la idea de que los actores privados pueden elegir la ley según la cual quieren que se los gobierne sin enfrentar ninguna limitación a su capacidad de hacer negocios donde quieran... Algunos observadores incluso han llamado a las corporaciones legisladores por derecho propio. Como pueden ingresar o abandonar diferentes sistemas legales dependiendo de sus necesidades -o, como en el caso de Musk, de sus caprichos personales-, efectivamente hacen las leyes que supuestamente les ponen un límite. La ley es lo que ellos quieren que sea. Siglos después de la caída de la monarquía absolutista en gran parte del mundo, sus herederos están de regreso, rodeados por legiones de abogados de zapatos blancos, que gobiernan como los líderes supremos de imperios corporativos cuasi soberanos (Katharina Pistor)

 "A los gobernantes siempre les ha costado aceptar los límites a su poder. Cuando el parlamento francés impugnó los edictos de Luis XIV en 1655, se dice que el rey de Francia y Navarra respondió: “L’état, c’est moi” (El estado soy yo). La era del absolutismo que vino después en Francia terminó recién con la Revolución Francesa en 1789.

Al igual que Luis XIV, Elon Musk rechaza las limitaciones legales a su poder. En contra del   reciente fallo de una Corte de Equidad de Delaware que anuló su acuerdo de compensación de 56.000 millones de dólares con Tesla, Musk quiere volver a radicar la empresa en Texas, donde espera encontrar cortes más complacientes. No es la primera vez que Musk ha intentado desafiar a la corte de Delaware, que es el camino principal para resolver la mayoría de las disputas legales corporativas en Estados Unidos (ya que la mayoría de las empresas están radicadas en Delaware). 

Su hostilidad hacia la ley y hacia los acuerdos legales vinculantes se vio desplegada en todo su esplendor hace dos años, cuando intentó librarse del acuerdo para comprar Twitter. Bajo presión de la corte, terminó completando la transacción. En el caso de Tesla, un accionista le solicitó a la corte que revisara un paquete de compensación que ha convertido a Musk en uno de los hombres más ricos del planeta al otorgarle participaciones accionarias en la compañía cuando cumple objetivos de desempeño ambiciosos. 

Por cada incremento adicional de 50.000 millones de dólares (hasta un total de 650.000 millones de dólares) en capitalización de mercado, más objetivos por ingresos y ganancias antes de intereses, impuestos, depreciación y amortización (EBITDA), Musk recibiría la opción de comprar un 1% adicional de las acciones en circulación de la compañía (hasta 20 millones de acciones) a un precio de ejecución prefijado. 

 Normalmente, las cortes de Delaware se muestran reacias a revisar las acciones de las juntas, y nunca determinan la cantidad de dinero otorgada a los directores u otros funcionarios. El único límite es el “desperdicio empresarial” que, como ha dicho un excanciller, es tan raro como el monstruo del Lago Ness. Las cortes de Delaware escudriñarán el proceso de toma de decisiones de una empresa si un demandante ha planteado el caso de que el proceso podría haber estado influenciado por conflictos de intereses. 

Se supone que los directores se desempeñan como fiduciarios de todos los accionistas. Pero, en definitiva, gozan de una libertad significativa a la hora de dirigir la compañía, siempre que eviten los conflictos -o se aseguren de que los conflictos se resuelvan- y siempre que las transacciones sean justas para la compañía y sus accionistas.

En el caso de Tesla, la junta está claramente en conflicto, porque la mayoría de sus miembros son leales a Musk: le deben sus carreras y gran parte de su fortuna a Musk y a sus diversas entidades comerciales. La junta en sí parece haber entendido esto, ya que les presentó el plan de compensación a los accionistas. Pero esta maniobra puede expiar la decisión de los conflictos de los miembros de la junta solo si los accionistas son plenamente informados de todos los aspectos relevantes del acuerdo.

Este no fue el caso aquí. La propuesta que los directores de Tesla presentaron a los accionistas no les decía que el nuevo paquete de compensación difería significativamente de los anteriores; de hecho, ni siquiera alertaba a los accionistas sobre la dimensión de la compensación que podía implicar el paquete. Cumplir con estos requisitos básicos no es mucho pedir. Estas son las reglas de juego para cualquier compañía pública. Uno puede ser una gran estrella de fútbol, pero no puede hacer un gol si está fuera de línea. 

En este caso, la junta decidió jugar enteramente del lado de Musk: los directores defendieron su abdicación a sus obligaciones fiduciarias para entronarlo como una superestrella. Musk y sus lamebotas no son los únicos, por supuesto. En las últimas décadas, ha surgido un culto más amplio en torno de la figura del CEO. A muchos los tratan como los reyes de la antigüedad, y cada vez se da más por sentado que sus beneficios y paquetes de compensación deberían representar lo que fuera necesario para que se sientan felices. Muchas veces, estos paquetes de compensación ni siquiera están vinculados al desempeño. Por el contrario, reflejan ganancias caídas del cielo luego de cambios en los mercados mundiales. 

Pero mientras el desempeño puede no siempre ser real, el impacto en la desigualdad ciertamente lo es. Aun así, a la mayoría de los CEO les gusta que la gente crea que cumplen las reglas, y así acatarán una orden judicial si no pueden resolver un caso con un demandante antes. El rechazo manifiesto de la ley por parte de Musk es de una cualidad diferente, y bien puede salirse con la suya. El sistema legal de Estados Unidos ha defendido desde hace tiempo la idea de que los actores privados pueden elegir la ley según la cual quieren que se los gobierne sin enfrentar ninguna limitación a su capacidad de hacer negocios donde quieran. 

Esta libertad es comparable a un pasaporte diplomático que abre puertas en todas partes sin requerimientos de visado. Al igual que los diplomáticos, las corporaciones, en general, son inmunes a la jurisdicción local; pero, a diferencia de los diplomáticos, son difíciles de eludir, sobre todo porque pueden demandar a sus gobiernos anfitriones por acciones supuestamente injustas o inequitativas. Algunos observadores incluso han llamado a las corporaciones legisladores por derecho propio.

 Como pueden ingresar o abandonar diferentes sistemas legales dependiendo de sus necesidades -o, como en el caso de Musk, de sus caprichos personales-, efectivamente hacen las leyes que supuestamente les ponen un límite. La ley es lo que ellos quieren que sea. Siglos después de la caída de la monarquía absolutista en gran parte del mundo, sus herederos están de regreso, rodeados por legiones de abogados de zapatos blancos, que gobiernan como los líderes supremos de imperios corporativos cuasi soberanos."       (

31.3.22

Piketty: ¿cómo sancionar eficazmente a Rusia? Es hora de imaginar un nuevo tipo de sanción centrada en los oligarcas que han prosperado gracias al régimen... será necesario establecer un registro financiero internacional, que no será del agrado de las fortunas occidentales, cuyos intereses están mucho más vinculados a los de los oligarcas rusos y chinos de lo que se afirma. Así, los países occidentales conseguirán ganar la batalla política y moral contra las autocracias, y demostrar a la opinión mundial que la democracia y la justicia no son palabras vacías... las congelaciones aplicadas hasta ahora son simbólicas. Sólo afectan a unas pocas docenas de personas y pueden ser eludidas mediante testaferros, sobre todo porque no se ha hecho nada para medir y cruzar sistemáticamente las carteras inmobiliarias y financieras que posee cada uno de ellos... es urgente centrar las sanciones en la delgada capa social de multimillonarios en la que se apoya el régimen... se podría apuntar a las personas que poseen más de 10 millones en activos inmobiliarios y financieros... a unas 20.000 personas según los últimos datos... ¿por qué no se ha avanzado en este sentido? Porque los ricos occidentales temen que esa transparencia acabe por perjudicarles.... olvidamos que compartimos con Rusia y China una ideología hipercapitalista desenfrenada y un sistema jurídico, fiscal y político cada vez más favorable a las grandes fortunas... la inmensa prosperidad de los multimillonarios en todos los continentes desde 1980-1990 se explica en gran medida por los mismos factores, por los favores y privilegios que se les conceden

 "La crisis ucraniana ha reavivado un viejo debate: ¿cómo sancionar eficazmente a un Estado como Rusia? Digámoslo ya: es hora de imaginar un nuevo tipo de sanción centrada en los oligarcas que han prosperado gracias al régimen en cuestión. 

Para ello será necesario establecer un registro financiero internacional, que no será del agrado de las fortunas occidentales, cuyos intereses están mucho más vinculados a los de los oligarcas rusos y chinos de lo que a veces se afirma. Sin embargo, es a este precio que los países occidentales conseguirán ganar la batalla política y moral contra las autocracias y demostrar a la opinión mundial que los sonoros discursos sobre la democracia y la justicia no son simples palabras vacías.

Recordemos, en primer lugar, que la congelación de los bienes de Putin y de sus allegados forma ya parte del arsenal de sanciones que se intenta aplicar desde hace varios años. El problema es que las congelaciones aplicadas hasta ahora siguen siendo en gran medida simbólicas. Sólo afectan a unas pocas docenas de personas y pueden ser eludidas mediante el uso de personas designadas, sobre todo porque no se ha hecho nada para medir y cruzar sistemáticamente las carteras inmobiliarias y financieras que posee cada uno de ellos.

 Estados Unidos y sus aliados se plantean ahora desconectar a Rusia de la red financiera Swift, lo que privaría a los bancos rusos del acceso al sistema internacional de transacciones financieras y transferencias de dinero. El problema es que una medida así está muy mal enfocada. Al igual que con las sanciones comerciales convencionales, que tras la crisis de 2014 fueron instrumentalizadas en gran medida por el Gobierno para reforzar su control, el riesgo sería imponer costes considerables a las empresas ordinarias rusas y occidentales, con consecuencias adversas para los empleados afectados. La medida también afectaría a un gran número de binacionales y parejas mixtas, mientras que perdonaría a los más ricos (que utilizarían intermediarios financieros alternativos).

 Para poner en cintura al Estado ruso, es urgente centrar las sanciones en la delgada capa social de multimillonarios en la que se apoya el régimen: un grupo mucho más numeroso que unas pocas decenas de personas, pero mucho más reducido que la población rusa en general. Para dar una idea, se podría apuntar a las personas que poseen más de 10 millones de euros en activos inmobiliarios y financieros, es decir, unas 20.000 personas según los últimos datos disponibles. Esto representa el 0,02% de la población rusa adulta (actualmente 110 millones). Fijar el umbral en 5 millones afectaría a 50.000 personas; bajarlo a 2 millones afectaría a 100.000 (0,1% de la población).

Es probable que ya se pueda conseguir un efecto considerable si se dirige a los que tienen más de 10 millones. Estas 20.000 personas son las que más se han beneficiado del régimen de Putin desde que llegó al poder en 1999, y todo indica que una proporción considerable de sus activos inmobiliarios y financieros están situados en países occidentales (entre la mitad y las tres cuartas partes). Por lo tanto, sería relativamente fácil para los Estados occidentales imponer un fuerte impuesto sobre estos activos, digamos a una tasa del 10% o 20% para empezar, congelando el resto como precaución. Amenazado con la ruina y la prohibición de visitar Occidente, apostemos que este grupo sería capaz de hacerse oír por el Kremlin.

El mismo mecanismo podría haberse utilizado a raíz de la represión política china en Hong Kong y podría aplicarse en el futuro a los cerca de 200.000 chinos que poseen más de 10 millones de euros. Aunque sus activos están menos internacionalizados que los de los rusos, también se verían afectados y podrían desestabilizar el régimen.

 Para poner en marcha este tipo de medidas, bastaría con que los países occidentales crearan por fin un registro financiero internacional (también conocido como " registro financiero global " o GFR) que llevara la cuenta de quién posee qué en los distintos países. Como ya ha demostrado el Informe sobre la Desigualdad en el Mundo 2018, un proyecto de este tipo es técnicamente posible y requiere que las autoridades públicas tomen el control de los depositarios centrales privados (Clearstream, Euroclear, Depository Trust Corporation, etc.) que actualmente registran los valores y sus propietarios. Este registro público sería también un paso esencial en la lucha contra los flujos ilícitos, el dinero de la droga y la corrupción internacional.

Entonces, ¿por qué no se ha avanzado todavía en este sentido? Por una sencilla razón: Los ricos occidentales temen que esa transparencia acabe por perjudicarles. Esta es una de las principales contradicciones de nuestro tiempo. Se exagera el enfrentamiento entre "democracias" y "autocracias", olvidando que los países occidentales comparten con Rusia y China una ideología hipercapitalista desenfrenada y un sistema jurídico, fiscal y político cada vez más favorable a las grandes fortunas. En Europa y Estados Unidos se hace todo lo posible por distinguir a los útiles y meritorios "empresarios" occidentales de los dañinos y parasitarios "oligarcas" rusos, chinos, indios o africanos. Pero la verdad es que tienen mucho en común. En particular, la inmensa prosperidad de los multimillonarios en todos los continentes desde 1980-1990 se explica en gran medida por los mismos factores, y en particular por los favores y privilegios que se les conceden. La libre circulación de capitales sin compensación fiscal y colectiva es un sistema insostenible a largo plazo. Es cuestionando esta doxa común como podremos sancionar eficazmente a las autocracias y promover otro modelo de desarrollo."       
          (Thomas Piketty, blog, 15/02/22)

30.1.20

El poder de los superricos: cómo actuarán a partir de hoy

"Paul Krugman, Premio Nobel de Economía del año 2008, y articulista del New York Times, publicó recientemente un artículo “Big Money and America’s Lost Decade” (28-29, 12, 19) en el que indicaba cómo la gente muy rica de EEUU (que son una minoría de la población) influye desmesuradamente a los partidos políticos de tal país, configurando en gran medida su cultura política, promoviendo una ideología que favorece a sus intereses, presentando una enorme agresividad hacia aquellas fuerzas políticas que propongan reducir tales intereses.  (...) 

Lo que añadía gran interés a este artículo de Paul Krugman es que las tesis y observaciones que hacía para EEUU son aplicables casi en su totalidad a la situación existente en España.
 
Una manera que, según este autor, tienen los superricos de influenciar a los políticos y a sus partidos es contribuyendo legal (o ilegalmente) a su sostenibilidad económica, dándoles o prestándoles dinero (como hacen los bancos) en términos muy favorables. 

 Aunque esta práctica alcanza niveles extremos en EEUU, donde la financiación de las elecciones es predominantemente privada, también ocurre en España, siendo en general más frecuente entre los partidos de derechas (ya que los ricos creen que defienden mejor sus intereses) que no entre partidos de izquierdas, siendo esta práctica incluso más común en las comunidades autónomas en las que las derechas han gobernado más tiempo durante el período democrático, como han sido la Comunidad de Madrid, la de Galicia y la de Catalunya. (...)

 Otra manera en que, según Paul Krugman, los ricos y superricos influencian a los partidos políticos es mediante la financiación de think-tanks, de grupos de investigación (sobre todo dedicados a temas económicos) y revistas “científicas”, y otras instituciones que reciben donaciones de superricos y de sus instituciones, que declaran como filantrópicas y, con ello, reciben ventajas fiscales, con subvenciones del erario público. (...)

Ni que decir que todas ellas tienen como una función muy importante el crear un clima político, intelectual y cultural afín a sus intereses y que se presente y se perciba como “la sabiduría convencional del país” (es decir, lo que es respetable y lo que no lo es en el lenguaje y argumentario político hegemónico). 

La elaboración de esta sabiduría convencional se distribuye por los medios de información (que son también medios de persuasión), en los que los superricos tienen también una enorme influencia, bien porque son sus propietarios o bien a través de su financiación, directa o indirectamente, mediante anuncios y otras relaciones comerciales que pueden alcanzar dimensiones de gran importancia para la supervivencia de éstos.

 Esta situación, por cierto, es incluso más acentuada en España, donde el abanico ideológico de los medios es sumamente limitado siendo, en su gran mayoría, medios de centro-derecha y de derecha, con algunos claramente de ultraderecha. No existe ningún gran medio radiofónico o televisivo en España que se pueda considerar de izquierdas. (...)

 Otro elemento que demuestra la gran influencia de los superricos, añade Paul Krugman, es la existencia de puertas giratorias entre las instituciones políticas y las grandes empresas económicas, financieras o de servicios del país. Es parte de la normalidad que los políticos, al dejar su puesto de responsabilidad, pasen a trabajar en grandes empresas, una situación muy común en la vida política de España. Esto es especialmente frecuente en las grandes empresas del sector energético, una de las causas de que sea uno de los sectores más monopolizados del país (que explica que tenemos en general un problema grave de carestía de la energía de este país). (...)

 Pero también ocurre al revés. Muchos cargos políticos proceden del mundo de las grandes empresas. (...)

La evidencia de este enorme dominio de los superricos en la vida política es abrumadora. De ahí que el neoliberalismo sea la ideología dominante en los círculos del poder. Las políticas neoliberales implementadas por los gobiernos han sido enormemente beneficiosas para las clases pudientes. No solo el número de superricos ha aumentado, sino que también lo ha hecho el nivel de su riqueza y de sus rentas, y ello conseguido a costa de que el nivel de rentas de las clases populares (clase trabajadora y clases medias de rentas medias y bajas) haya descendido de una manera muy marcada, siendo su nivel de vida mucho más bajo que al inicio de la imposición de aquellas políticas neoliberales. Este descenso ha afectado con especial intensidad a los jóvenes, los cuales, tanto en EEUU como en España, no vivirán mejor que sus padres, tal y como había ocurrido antes del período neoliberal. Como consecuencia, las desigualdades se han disparado, alcanzando niveles extremos. (...)

 En realidad, nunca durante el período democrático la sabiduría convencional del país había sido tan de derechas (rozando incluso la ultraderecha) como ahora

A lo largo de la historia de este país, se puede observar que la explotación siempre produce una respuesta y un rechazo. (...)

 Ni que decir tiene que, tal y como Paul Krugman señala que está ocurriendo en EEUU, los superricos movilizarán su enorme y antidemocrático poder para, a través de todos los muchos medios de que disponen, sabotear tales propuestas. Se iniciará así una campaña, que se caracterizará por su mezquindad, falsedad y juego sucio (que han caracterizado su comportamiento) a fin de impedir los cambios necesarios y urgentes que el país necesita. En realidad, ya ha estado ocurriendo durante estos meses, durante el proceso electoral. (...)

No obstante, como asegura Krugman en EEUU, el cambio es posible, pues existe la esperanza de cambio por vía democrática (y ello a pesar de las enormes insuficiencias democráticas) bajo el empuje y presión de las movilizaciones ciudadanas (pensionistas, mareas, protestas y huelgas laborales, movimiento feminista, y muchos otros), que cuando se mueven pueden ganar, tal y como ha ocurrido en este momento histórico del país."                (Vicenç Navarro, Público, 06/01/20)

15.1.20

El Neoliberalismo, en definitiva, es un proyecto que beneficia a unos pocos a expensas de la mayoría. Han hecho falta 40 años para que los verdaderos efectos del neoliberalismo sean claros. Pero ahora que están claros, son dramáticos. La mayoría de las economías desarrolladas se han vaciado, mantienen enormes déficits comerciales, y todo lo que producen son trabajadores desempleados y ciudadanos insatisfechos...

"(...) ¿Qué contenido designa el concepto de totalitarismo invertido? ¿Qué lo diferencia de otros tipos de totalitarismos? ¿De qué forma abonan el terreno hacia una salida antidemocrática? 


Anteriormente hemos definido, siguiendo a Sheldon Wolin, que el totalitarismo invertido es el momento político en el que el poder corporativo se despoja finalmente de su identificación como fenómeno puramente económico y se transforma en una coparticipación globalizadora con el Estado. Mientras que las corporaciones se vuelven más políticas, el Estado se orienta cada vez más hacia el mercado. España, en su actual deriva, es un excelente ejemplo de ello. La antidemocracia, y el dominio de la élite son elementos básicos del totalitarismo invertido. 


La antidemocracia no adopta la forma de ataques explícitos a la idea del gobierno por el pueblo. Políticamente, significa alentar la “desmovilización cívica”, condicionando al electorado a entusiasmarse por períodos breves, controlando su lapso de atención y promoviendo luego la distracción o la apatía. El ritmo intenso de trabajo y los horarios de trabajo prolongados combinados con la inseguridad laboral son la fórmula para la desmovilización política, para privatizar la ciudadanía. 


Según Wolin en el totalitarismo invertido, “los elementos clave son un cuerpo legislativo débil, un sistema legal que sea obediente y represivo, un sistema de partidos en el que un partido, esté en el gobierno o en la oposición, se empeña en reconstituir el sistema existente con el objetivo de favorecer de manera permanente a la clase dominante, los más ricos, los intereses corporativos, mientras que dejan a los ciudadanos más pobres con una sensación de impotencia y desesperación política y, al mismo tiempo, mantienen a las clases medias colgando entre el temor al desempleo y las expectativas de una fantástica recompensa una vez que la nueva economía se recupere”.


Pero ahí no para todo, hay mucho más, “ese esquema es fomentado por unos medios de comunicación cada vez más concentrados y aduladores, por la integración de las universidades con sus benefactores corporativos; por una máquina de propaganda institucionalizada a través de grupos de reflexión y fundaciones conservadoras generosamente financiadas, por la cooperación cada vez más estrecha entre la policía y los organismos nacionales encargados de hacer cumplir la ley, dirigido a la identificación disidentes internos, extranjeros sospechosos…”


La antidemocracia, en definitiva, es una fórmula que funciona de manera indirecta. Se alienta a los ciudadanos a desconfiar de su gobierno y de los políticos; a concentrarse en sus propios intereses; a quejarse de los impuestos; a cambiar el compromiso activo por gratificaciones simbólicas de patriotismo. Sobre todo, se promueve la despolitización envolviendo a la sociedad en una atmósfera de temor colectivo y de impotencia individual: miedo a la pérdida de puestos de trabajo, incertidumbre de los planes de jubilación, gastos en educación y sanidad en ascenso. 


El totalitarismo invertido explota a los pobres, reduciendo o debilitando los programas de salud y los servicios sociales, reglamentando la educación masiva para una fuerza de trabajo insegura, amenazada por la importación de trabajadores de bajos salarios. El resultado es que la ciudadanía, o lo que queda de ella, se sumerge en medio de un perpetuo estado de preocupación. Entonces, tristemente, Hobbes vence a Rousseau: cuando los ciudadanos se sienten inseguros y al mismo tiempo impulsados por aspiraciones competitivas, anhelan estabilidad política más que compromiso cívico; protección más que participación política. Ese es el caldo del neo-fascismo. Lo hemos visto en España.


Desde un punto de vista político, como apuntas en la pregunta, el Neoliberalismo está evolucionado desde una visión cínica de la democracia, el Totalitarismo Invertido, hacia una deriva autoritaria, un nuevo fascismo. Es la reacción de las élites ante lo que ellos consideran desorden e inestabilidad social, y que sólo consiste en el mantenimiento de su statu-quo. Creen que desde un sistema represivo autoritario mantendrán intacto sus riquezas y de paso competirán con China. Esperemos que sea exactamente lo contrario, su desaparición definitiva y la vuelta a un sistema económico y político inclusivo, auténticamente democrático.

Has expuesto al neoliberalismo como un sinónimo de neofeudalismo o como un proceso de feudalización del capitalismo que genera un nuevo sistema de servidumbre. En Neoliberalismo, pobreza y desigualdad expones que la reducción de la pobreza a nivel global ha distinguido dos etapas principales: 
1) la etapa posterior a la Segunda Guerra Mundial, caracterizada por un consenso keynesiano (economía mixta, estado del bienestar) en las potencias occidentales; y 2) la etapa desencadenada desde la década de los ochenta, caracterizada por el viraje neoliberal de Occidente y que tuvo en China como principal actor en la reducción global de la pobreza, la cual no siguió el paradigma económico dominante e instauró una economía de mercado planificada. 
Aquí mencionas un informe de la OCDE (“A Broken Social Elevator? How to Promote Social Mobility”) en el que aparecen de forma muy clara el estancamiento de las expectativas de estabilidad de los sectores sociales más empobrecidos en una muestra de 24 países. 

En tus consideraciones has tildado al neoliberalismo como un “sistema de gobernanza fallido” que en los países más ricos donde se ha implementado manifiesta dos tendencias claras: aumento de la pobreza y de la desigualdad. También has comentado que los miembros de los principales organismos multilaterales encargados del disciplinamiento (Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, Comisión Europea) podrían rivalizar con Torrente. ¿Es tal la decadencia del proyecto neoliberal? ¿Sigue en crisis, o por el contrario, ha recompuesto su viabilidad?


El proyecto neoliberal está completamente agotado. Y esto lo empiezan a entender ciertos actores principales, como por ejemplo Mario Draghi, o anteriormente Ben Bernanke. Ambos se han dado cuenta cuenta que la ortodoxia ya no da más de sí. Ni hay un dominio de la oferta en la economía, ni la inflación es un peligro real e inminente. 

Es necesario el uso de la política fiscal. ¿Cuáles han sido los “éxitos” del Neoliberalismo? Ha dado lugar a una inflación solo ligeramente más baja, pero con menores tasas de crecimiento económico, caídas de las tasas de expansión de la inversión, menor crecimiento de la productividad, aumento de la desigualdad de ingresos y riqueza, disminución de la seguridad laboral, y una seria deflación.

 Además, la economía mundial se ve temporalmente “obstruida” por los altos niveles de deuda, cuando los precios del colateral que la alimentan se hunden. Estas son tendencias de largo plazo que han sido visibles durante décadas, pero que se vieron gravemente exacerbadas por el colapso de la burbuja de la deuda mundial en 2008-2009.


El Neoliberalismo, en definitiva, es un proyecto que beneficia a unos pocos a expensas de la mayoría. Esto se refleja en una clase mimada de individuos de altos ingresos, con la inestimable ayuda de ciertos tecnócratas que dan soporte mediante teorías económicas a esas políticas que llevan a la economía al caos. Dichas teorías simplemente no se ven corroboradas por la realidad. 

Han hecho falta 40 años para que los verdaderos efectos del neoliberalismo sean claros. Pero ahora que están claros, son dramáticos. La mayoría de las economías desarrolladas se han vaciado, mantienen enormes déficits comerciales, y todo lo que producen son trabajadores desempleados y ciudadanos insatisfechos.(...)"                     (Entrevista a Juan Laborda, Nicolás Filgueiras González.  A Xanela, 29/11/19)

2.7.19

Paul Krugman: a lo largo de 2010, surgió un consenso en el mundo político y mediático de que, frente al desempleo, los dos temas más importantes debían ser … la reducción del déficit y la “reforma de los derechos”, es decir, los recortes en la Seguridad Social... Lo que ocurrió fue que el establishment político y de los medios de comunicación trasladó a la sociedad las preferencias de los extremadamente ricos...

"(...) Aunque el discurso popular se ha concentrado en el “1%”, lo que realmente está en discusión aquí es el papel del 0,1%, o tal vez el 0,01%, los verdaderamente ricos, no los “400.000 dólares al año que gana un broker de Wall Street”, ridiculizados en la película del mismo nombre. Este es un grupo de personas realmente pequeño, pero que ejerce una gran influencia sobre la política.

 ¿De dónde proviene esta influencia? La gente suele hablar de contribuciones de campaña, pero eso es solo un canal. De hecho, yo identificaría al menos cuatro formas en que los recursos financieros del 0,1% distorsionan las prioridades de la política:
  1. La cruda corrupción. Nos gusta imaginar que el simple soborno de políticos no es un factor importante en Estados Unidos, pero es casi seguro que es mucho más importante de lo que nos gusta pensar.
  1. La corrupción suave. Lo que quiero decir con esto es la diversidad de formas en que no se puede obtener directamente dinero de los políticos, los funcionarios del gobierno y las personas con influencia política de ningún tipo, pero sí financiera o indirectamente mediante la promoción de políticas que sirven a los intereses o prejuicios de los ricos. Esto incluye la puerta giratoria entre el servicio público y el empleo en el sector privado, las becas de reflexión o los honorarios en el circuito de conferencias.
  1. Aportaciones de campaña. Sí, esto importa.
  1. Definición de agenda: a través de una variedad de vías (la propiedad de medios de comunicación, grupos de presión o la simple tendencia a suponer que ser rico también significa ser sabio), el 0,1% tiene una capacidad extraordinaria para establecer la agenda de discusión política, en formas que pueden estar fuertemente en desacuerdo con una evaluación razonable de las prioridades y la opinión pública en general.
De todos estos, quiero centrarme en el elemento 4, no porque sea necesariamente el más importante: como dije, sospecho que el elemento 1 es un asunto más importante de lo que la mayoría de nosotros podemos imaginar. 

Y en particular, quiero centrarme en un ejemplo que para mí y para otros fue una especie de momento de radicalización, una demostración de que la riqueza extrema ha degradado realmente la capacidad de nuestro sistema político para enfrentar problemas colectivos reales.

 El ejemplo que tengo en mente fue el extraordinario cambio en la sabiduría convencional y en las prioridades políticas que tuvo lugar en 2010-2011, según el cual lejos de dar prioridad a la reducción del enorme sufrimiento que aún se produce después de la crisis financiera de 2008, se dirigió la acción a evitar un supuesto riesgo de una crisis de deuda. 

Este episodio está retrocediendo hacia el pasado, pero fue extraordinario e impactante en ese momento, y podría ser un precursor de la política en el futuro cercano.  (...)

El estallido de la burbuja de la vivienda, y los intentos subsiguientes de los hogares para reducir su deuda, habían provocado un grave déficit de la demanda agregada. 

A pesar de las tasas de interés muy bajas según los estándares históricos, las empresas no estaban dispuestas a invertir lo suficiente como para compensar el retroceso experimentado en los hogares. La economía de los libros de texto ofrecía consejos muy claros sobre qué hacer en estas circunstancias. 

Este era exactamente el tipo de situación en el que el gasto público ayudaría a la economía, al satisfacer la demanda que el sector privado no tenía. Desafortunadamente, el apoyo brindado por la Ley de Recuperación y Reinversión de Estados Unidos, el estímulo de Obama, que fue inadecuado pero al menos amortiguó los efectos de la depresión, alcanzó su punto máximo a mediados de 2010 y estaba en el proceso de caer bruscamente. 

Así que lo obvio, según el movimiento de Economía 101 habría sido implementar otra ronda significativa de estímulos. Después de todo, el gobierno federal aún podía obtener préstamos a largo plazo a tasas de interés reales cercanas a cero.

Sin embargo, a lo largo de 2010, surgió un consenso en el mundo político y mediático de que, frente al 9% de desempleo, los dos temas más importantes debían ser … la reducción del déficit y la “reforma de los derechos”, es decir, los recortes en la Seguridad Social y el Medicare.

 (...) ¿Cuál fue el origen del consenso de sabiduría convencional que surgió en 2010-2011? ¿Un consenso tan abrumador debido al cual los principales periodistas abandonaron las convenciones de neutralidad de los reporteros, y describieron las políticas de austeridad como la “cosa correcta” y evidente que deben hacer los políticos? Lo que ocurrió, esencialmente, fue que el establishment político y de los medios de comunicación trasladó a la sociedad las preferencias de los extremadamente ricos.

 Pero si 2011 fue un ejemplo especialmente gráfico de cómo suceden estas cosas, no fue el único. En su reciente libro “Billionaires and Stealth Politics”, Page, Seawright y Matthew Lacombe señalan los efectos duraderos de la influencia política plutocrática en el debate de la Seguridad Social: “A pesar del fuerte apoyo entre la mayoría de los estadounidenses para proteger y ampliar los beneficios de la Seguridad Social,  por ejemplo, la intensa campaña de décadas de duración para reducir o privatizar la Seguridad Social liderada por el multimillonario Pete Peterson y sus aliados ricos parece haber contribuido a frustrar cualquier posibilidad de expandir los beneficios de la Seguridad Social. 

 En cambio, Estados Unidos se ha acercado repetidamente (incluso bajo los presidentes demócratas Clinton y Obama) a recortar beneficios como parte de una “gran negociación” bipartidista en relación con el presupuesto federal”. Y aquí está la cosa: Si bien no queremos romantizar la sabiduría del hombre común, no hay absolutamente ninguna razón para creer que las preferencias políticas de los ricos se basen en una comprensión superior de cómo funciona el mundo

Por el contrario, los ricos estaban obsesionados con la deuda y no estaban interesados ​​en el desempleo masivo en un momento en que los déficits no eran un problema, eran, de hecho, parte de la solución, mientras que el desempleo sí era un problema. Y la creencia generalizada entre los ricos de que debemos aumentar la edad de jubilación se basa, literalmente, en no entender cómo vive la otra mitad (o, en realidad, no). 

Sí, la esperanza de vida a los 65 años ha aumentado, pero de manera abrumadora para la parte superior de la distribución del ingreso. Los estadounidenses menos ricos, que son precisamente las personas que más dependen de la Seguridad Social, han visto poco aumento en la esperanza de vida, por lo que no hay justificación para obligarlos a trabajar más.  (...)"                    ( , El Captor,  26 junio, 2019)

18.1.19

Vivimos un fin de época caracterizado por la secesión de las élites, particularmente de los ricos

"(...) Pero con esta oleada de soluciones autoritarias de los de arriba contra los de abajo, también se han hecho evidentes los límites de las soluciones populistas en franco declive en América Latina y también han puesto al descubierto la impotencia y la inanidad de las alternativas progresistas de la izquierda socialdemócrata (reconvertida en social liberal) y del populismo de izquierdas crecientemente institucionalizado y asimilado al sistema, opciones que adolecen de falta de mordiente anticapitalista y de orientación ecosocialista, radicalmente democrática e impugnadora del sistema. 

Son fórmulas que confían todo a lograr gobernar sin impulsar a la vez la auto organización popular, por lo que se muestran incapaces de afrontar los nuevos retos y, por tanto, devienen inútiles para defender a las clases subalternas en este primer cuarto del siglo XXI. 

Vivimos un fin de época de la izquierda del sistema que no ha impulsado soluciones a los dos principales problemas de la humanidad: la desigualdad social y el calentamiento global.

 La creciente acumulación de la riqueza mundial en cada vez menos manos mediante el método de intensificación de la explotación y la expropiación de las mayorías está originando lo que Antonio Ariño y Joan Romero (2016) califican, como ya hicieron otros antes, de secesión de las élites, particularmente de los ricos 3/; secesión que atraviesa tanto las fases de expansión como las de recesión y que no es ajena a la persistencia de las emisiones de gases de efecto invernadero y al fracaso de las reuniones internacionales del clima auspiciadas por Naciones Unidas  (...)

En este panorama, una vez más, las soluciones vienen desde abajo, de quienes no esperan a que ni dioses, reyes ni tribunos les solucionen el problema. ¿Cuándo aprenderá la izquierda que no se necesitan hiperliderazgos sino pueblos organizados, movilizados y empoderados?

 Las clases trabajadoras, en las nuevas condiciones de las relaciones capital-trabajo presididas por la precarización, pérdida de derechos y empobrecimiento, están ofreciendo resistencias fragmentadas pero reales que se extienden por los intersticios del sistema y calan en Pekín (en defensa del salario y la salud laboral) y en París (chalecos amarillos), y a la vista está también de forma incipiente en el Estado español (Coca Cola, Amazon, Kellys, etc.), en forma de expresiones renovadas de la indignación y la organización. Y las mujeres, especialmente las mujeres.

 El movimiento feminista ha sido uno de los baluartes en la lucha contra Trump y Bolsonaro y en nuestro caso ha supuesto la activación, rejuvenecimiento y masividad de un movimiento que reacciona en la calle y con las ideas contra la violencia machista, pero que va más allá y se ha marcado como meta acabar con el heteropatriarcado y cuya dinámica anticapitalista tiene grandes posibilidades de desarrollarse frente al limitante feminismo institucional.  (...)"               ( Manuel Gari, Jaime Pastor, Viento Sur, 29/12/18)

13.11.18

Los multimillonarios cada vez más ricos. ganaron más dinero en 2017 que en cualquier otro año documentado en la historia según un estudio del banco suizo UBS

"Los multimillonarios ganaron más dinero en 2017 que en cualquier otro año documentado en la historia. Los más ricos de la Tierra incrementaron su riqueza un quinto, hasta los 8,9 billones de dólares (6,9 billones de libras), según un informe del banco suizo UBS.

Las fortunas de los superricos de hoy han aumentado a un ritmo mucho más alto desde comienzos del siglo XX, cuando familias como los Rothschild, Rockefeller y Vanderbilt controlaban inmensas riquezas. El informe, de UBS y contables de PwC, ha dicho que hay tanto dinero en manos de los ultrarricos que se está creando una nueva oleada de ricos y poderosas familias de varias generaciones.

“Los últimos 30 años han visto mucha más creación de riqueza que la Gilded Age”, ha dicho el informe UBS de millonarios de 2018. “Ese periodo crió a generaciones de familias en los Estados Unidos y Europa que influyeron en los negocios, la banca, la política, la filantropía y las artes durante más de 100 años. Con la riqueza preparada para ser transferida por los emprendedores a sus herederos en los próximos años se están creando las familias de varias generaciones del siglo XXI”

Los 2.158 multimillonarios del mundo hicieron crecer su riqueza combinada en 1,4 billones de dólares el último año, más que el PIB de España o Australia, mientras los mercados financieros al alza han ayudado a los ya de por sí muy ricos a conseguir el “mayor crecimiento absoluto de todos los tiempos”.

Más de 40 de los 179 nuevos multimillonarios creados el año pasado heredaron su riqueza, y dado el número de multimillonarios por encima de los 70 años, los autores del informe esperan que otros 3,4 billones sean legados durante los siguientes 20 años.

“Ha comenzado una gran transición de riqueza”, ha dicho el informe. “Durante los últimos cinco años, la cantidad traspasada por los multimillonarios fallecidos a los beneficiarios ha crecido una media del 17% cada año, alcanzando los 117 mil millones de dólares en 2017. Solo en ese año, 44 herederos recibieron más de mil millones de dólares cada uno”

“El cálculo es simple. Hay 701 multimillonarios por encima de los 70, cuya riqueza será traspasada a sus herederos y a filantropía durante los próximos 20 años, dada la probabilidad estadística de esperanza de vida media”. Los 30 septuagenarios o más mayores más ricos tienen un valor neto combinado de más de 1 billón de dólares.  (...)

La mayoría de los multimillonarios del mundo están en Estados Unidos, pero el número de gente ultrarrica está creciendo rápidamente en China, donde dos nuevos multimillonarios son acuñados cada semana. “Hace doce años, el país más poblado del mundo era el hogar de 16 multimillonarios”, ha dicho el informe. “Hoy, mientras progresa el ‘Siglo Chino’, el número es 373, casi un quinto del total global”.  (...)"                   (Rupert Neat  , Sin Permiso, 28/10/2018 , fuente: The Guardian)

22.10.18

¿Hay posibilidades de que surja un ‘Tea Party’ de izquierdas en EE. UU.? Esto se va a ver en próximas fechas: los Demócratas Socialistas de América (DSA) han multiplicado por diez su militancia en solo 18 meses; mucha gente de la generación de mi hija, de dieciocho años, declara abiertamente formar parte de esta corriente

"(...) Diez años después de la caída de Lehman Brothers, Estados Unidos está gobernado por un empresario ultraliberal, machista, autoritario y xenófobo. ¿Cómo se explica esto?  

La victoria sorpresiva de Donald Trump permite entender mejor cambios estructurales previos en la política estadounidense. En 2008, el presidente Bush no conseguía el apoyo de su propio partido para dos medidas imprescindibles: por una parte, el programa de rescate de los bancos y, por otra, el de Fannie Mae y Freddie Mac, piezas centrales de la propiedad inmobiliaria de la clase media, creadas en el New Deal.  

Henry Paulson –entonces, secretario del Tesoro de Bush– sabía que no era el momento de cuestionar estas instituciones, pero no logró que el partido refrendara sus movimientos. Ese es el momento en el que Trump se convirtió en una posibilidad cierta: la élite de los republicanos perdería entonces el control de sus bases. 

Los acontecimientos se sucedieron con la radicalización de la derecha, el surgimiento del ‘Tea Party’, las teorías de la conspiración contra el presidente Obama –en las que Trump toma parte–, el bloqueo a los presupuestos federales, la movilización de la Alt-Right…  (...)

Quien impulsa aquellas medidas, Henry Paulson, no era precisamente un socialista… ¿Hay una facción ultra que intenta entonces una revolución desde la derecha?

No sé si Paulson había leído entonces El Manifiesto Comunista, pero no creo que haya habido un mejor momento en la historia del capitalismo global para retratar aquel pasaje de Marx como el encuentro del Tesoro norteamericano del 13 de octubre de 2008: ¡aquel sí que era el comité ejecutivo de las finanzas norteamericanas, con el secretario del Tesoro como ex ejecutivo de Goldman Sachs! ¡Irónicamente es un momento de extraordinaria transparencia de la estructura de poder dominante! Si esa no es la mejor imagen del comité ejecutivo de la burguesía marxista, no lo será nunca ninguna otra.

Me gusta lo que sugieres sobre la facción ultra desde la derecha. No pondría una etiqueta, pese a que en parte es así: dicha facción ha recibido mucha financiación de fuentes como los hermanos Koch, por ejemplo; de dinero que se emplea para formar abogados y economistas en la economía austríaca (ultraliberal), para tratar de eliminar la discrecionalidad de las políticas monetarias de la Reserva Federal con el legado teórico de John Taylor, etc.

Pero lo más importante es que en el comportamiento de los republicanos hay una estrategia de politizar la idea del ‘big government’ (el gobierno grande) desde distintas perspectivas, como la de la etnia o raza, el partido, la religión, la redistribución de la riqueza, etc. Esta derecha afirma luchar contra un Leviatán, un monstruo estatal y administrativo comandado por un presidente negro, resultado precisamente de la revolución de los derechos civiles de los años sesenta; el despliegue de numerosas banderas ideológicas como las mencionadas produce esta reacción de las diferentes facciones de la derecha nacional, pero lo que está detrás de todo es esa lucha para derrotar al gobierno grande.  

Obama era un problema, pero también el déficit y la deuda pública. Y ahora que gobiernan lo han olvidado.  

Siguen queriendo matar de hambre a la bestia. La guerra contra el gobierno grande comienza reduciendo impuestos, generando déficits para que surjan presiones políticas y se vean abocados a recortes de gasto, y así, debilitar el gobierno federal. Huyen de los superávit, porque estos ofrecen la posibilidad de hacer algo útil con el dinero y, por tanto, gastar más, expandiendo el gobierno; se trata de evitar eso a toda costa.

Después de Ronald Reagan y George W. Bush, esta es la tercera vez que los republicanos lo hacen. Los déficits sirven como herramienta estratégica: primero, la reducción de impuestos satisface al partido y a sus donantes; después, los republicanos moderados, que tienen mucha presión electoral, se opondrán a hacer recortes para equilibrar el presupuesto. Lo más probable es que lo tengan que hacer los demócratas después, cerrando el círculo...

¿Hay posibilidades de que surja un ‘Tea Party’ de izquierdas?  

Esto se va a ver en próximas fechas: los Demócratas Socialistas de América (DSA) han multiplicado por diez su militancia en solo 18 meses; mucha gente de la generación de mi hija, de dieciocho años, declara abiertamente formar parte de esta corriente.

En un Estado como Nueva York, como saben que los demócratas tienen la victoria asegurada, han ejercido una enorme presión para que el gobernador rinda cuentas sobre su política de género. Se han percatado de que, tal y como están las cosas, las luchas locales son importantísimas; y cuando digo local, se me debe entender bien, ya que Nueva York es un estado mucho mayor que muchos de la Unión Europea, una economía importantísima y una de las mayores ciudades del mundo.

El cómo se afrontan las políticas relativas a las leyes laborales, los salarios, el bienestar o los derechos de las mujeres tiene una enorme importancia para la izquierda; así es como las políticas progresistas emergieron a finales del siglo XIX. No van a ser nunca hegemónicos en todo el país, porque el sur es un mundo en sí mismo, pero los Estados, que tienen muchas competencias, van a constituir el próximo campo de batalla.  (...)"                         (Entrevista a Adam Tooze, Andrés Villena, CTXT, 17/10/18)

5.10.18

Según el reporte mundial del 2018 sobre la riqueza de los ultrarricos realizado por Wealth X, 255.810 individuos con una “riqueza neta ultra alta” de al menos $30 millones controlan en conjunto $31,5 billones, un aumento de 16,3 por ciento entre 2016 y 2017... éstos son los ganadores de la crisis... y por goleada




"Según el reporte mundial del 2018 sobre la riqueza de los ultrarricos realizado por Wealth X, 255.810 individuos con una “riqueza neta ultra alta” de al menos $30 millones controlan en conjunto $31,5 billones, un aumento de 16,3 por ciento entre 2016 y 2017.

En otras palabras, un grupo de oligarcas del tamaño de la población de Plano, Texas, o Nottingham, Reino Unido, controla tanta riqueza como el 80 por ciento más pobre del mundo o 5,6 mil millones de personas.

Las cifras de concentración de la riqueza son difíciles de contextuar:
  • En América del Norte, el número total de ultrarricos aumentó 9,5 por ciento a 90.440, mientras que su patrimonio brincó 13,1 por ciento a $11 billones.
  • En Europa, la población ultrarrica creció 12,8 por ciento a 72.570 y su riqueza trepó 13,5 por ciento a $8,8 billones.
  • En Asia, hubo 68.970 ultrarricos en 2017, un aumento de 18,5 por ciento desde el 2016. Su riqueza total se disparó 26,7 por ciento en este tiempo a $8,4 billones.
  • Para el 2022, se proyecta un total de 360.390 ultrarricos con un patrimonio combinado de “$44,3 billones, implicando un adicional de $12,8 billones de riqueza nueva durante los próximos cinco años”.
  • Los 22,3 millones de personas con una riqueza neta de $1 millón controlan en total $91,7 billones, casi el triple de la riqueza combinada del 90 por ciento más pobre de la población mundial.
El reporte de Wealth X deja en claro que el aumento en la concentración de la riqueza es producto de políticas deliberadas impuestas por Gobiernos en todo el mundo. Les da crédito a las políticas monetarias laxas —la liberalización del mercado en China, la reforma fiscal y la desregulación corporativa en India y los enormes recortes de impuestos para los ricos en EEUU— que según el reporte “tenían como única intención proveer exenciones generosas para las empresas y los ultrarricos”.   (...)

Bajo el capitalismo, la riqueza de los superricos se genera por medio de la explotación de la clase obrera internacional.  (...)

Incluso en los países más avanzados de Europa y América del Norte, la clase obrera se enfrenta a condiciones cada vez más precarias dominadas por una caída en la esperanza de vida, índices cada vez mayores de suicidio y abuso de drogas/alcohol, más y más deuda estudiantil, recortes salariales y desmantelamiento de los programas sociales. En Estados Unidos, el hogar de casi una tercera parte de los ultrarricos del mundo, un 69 por ciento de las personas tiene menos de $1.000 en ahorros.

La clase obrera internacional no cuenta con la representación de ningún Gobierno o partido político capitalista, mientras que las élites políticas están dominadas por los superricos. Los milmillonarios y multimillonarios consideran y toman decisiones sobre la política estatal y la distribución de recursos completamente a espaldas de la población.

Todas las instituciones oficiales y semioficiales de gobierno, incluyendo la academia, los medios de comunicación corporativos y los sindicatos, están subordinados a los intereses de la aristocracia moderna y sirven para estrangular y bloquear el desarrollo de un movimiento unificado de la clase trabajadora por la igualdad social. 

A medida que aumenta la desigualdad, la élite gobernante está preparándose para la amenaza de una revolución social por medio de la eliminación de derechos democráticos básicos, censurando el internet, imponiendo estados de emergencia permanentes y promoviendo a partidos de extrema derecha y neofascistas para envenenar la opinión pública con racismo, xenofobia y nacionalismo. (...)

El reporte de Wealth X confirma que los recursos para la transformación del planeta sobre una base igualitaria ya existen. El Partido Socialista por la Igualdad exige que los billones de dólares acumulados en manos de los ricos sean confiscados por las masas y dedicados a satisfacer todas las necesidades básicas de la población mundial. Las enormes corporaciones cuyas operaciones de explotación llegan a todos los países del mundo deben ser expropiadas y transformadas en utilidades públicas administradas democráticamente por los propios trabajadores.

Ninguna aristocracia jamás ha entregado su poder simplemente porque su existencia constituya un freno para el desarrollo de las fuerzas productivas. La liberación de las decenas de billones de dólares necesarios para atender todas las necesidades de la población mundial requiere una revolución socialista."                    (Eric London, wsws    , Jaque al neoliberalismo, 11/09/18)

3.10.18

Las élites se comportan sin escrúpulos y de forma poco responsable. Esto se debe al hecho de que no hay prácticamente ningún poder que les haga frente. Lo que les importa es la relación entre las finanzas y la UE. En cambio, el auge de la extrema derecha y el autoritarismo no les preocupa demasiado...

"(...) Formar parte de una élite no significa solo ocupar, por ejemplo, un puesto en el gobierno, sino compartir una subjetividad producida por un espacio. Uno de los grandes problemas que tenemos en la actualidad es la constitución de las élites y la relación del pueblo con ellas.  (...)

¿Considera que en la actualidad podríamos hablar de una radicalización de las élites como lo hace el sociólogo Emmanuel Todd?

(...) En la actualidad, seguimos viendo este menosprecio y cómo las élites se comportan sin escrúpulos y de forma poco responsable. Esto se debe al hecho de que no hay prácticamente ningún poder que les haga frente.

Estas élites parecen cada vez más alejadas e inaccesibles para el pueblo…

En el siglo XIX ya existía una gran división entre el pueblo y las élites. Pero entonces las élites eran mucho más reducidas y más visibles, el pueblo las veía constantemente. Ahora los más ricos ya no necesitan al pueblo. Solo se codean con las clases medias, viven en barrios apartados, pueden pedir que les entreguen la compra a domicilio…

Esto también afecta al trabajo del escritor. ¿Cómo podemos escribir sobre unas clases pudientes que ya no frecuentamos ni vemos? Ante esta ceguera, el pasado es un recurso.  (...)

Lo que demuestra las profundas contradicciones entre el capitalismo, el progreso moral y la democracia…

Tanto en las escuelas de negocios como en las facultades de Economía, se concibe la economía política como una ciencia desprovista de moral. Se explica que la gestión de los negocios requiere una ausencia de moralidad para ser eficaz. 

Este pensamiento es el que rige la reunión entre los dirigentes nazis y los empresarios alemanes. Por el bien de sus negocios, aceptaron pactar con los nazis y participar en un complot que tenía como objetivo la destrucción de la República de Weimar.

Además de favorecer la llegada al poder del nazismo, grandes empresarios, como el mismo Krupp, se beneficiaron del trabajo forzoso en los campos de concentración. ¿También se repitieron este tipo de situaciones en Francia?

Sí, sin duda. Por ejemplo, Renault fue nacionalizada después de la guerra por su colaboración con el Ejército alemán. El grupo Berliet también se benefició del trabajo en los campos de concentración. El interés económico no tiene fronteras. Quizás la única gran diferencia eran las costumbres más rígidas y autoritarias de las empresas alemanas. Un estilo que todavía podemos ver en la actualidad. (...)

En el último capítulo de El orden del día, asegura que “nunca caemos dos veces en el mismo abismo, pero siempre caemos de la misma forma con una mezcla de ridículo y horror”. ¿Le preocupa el auge de la extrema derecha en Europa?

Creo que estamos en una situación de gran ambigüedad e incertidumbre. Europa se construyó con promesas de paz y de unión, de eficacia económica y de democracia. Pero en el mundo actual la eficacia económica no necesita para nada la democracia, así lo refleja perfectamente el caso de China. Esto hace que los liberales sean menos liberales y prioricen la eficacia en lugar de la libertad. 

Por ejemplo, con el caso del nuevo Gobierno italiano, lo que preocupaba a la Unión Europa no era que se eligiera a un neofascista como ministro del Interior (Matteo Salvini), sino a un ministro de Finanzas (Paolo Savona) crítico con el euro.

 Esto nos muestra claramente que lo que importa a las élites es la relación entre las finanzas y la UE. En cambio, el auge de la extrema derecha y el autoritarismo no les preocupa demasiado.  (...)"                  (Entrevista a Eric Vuillard, ganador del premio Goncourt 2017, CTXT, 12/09/18)

2.10.18

Los grupos dominantes nunca sintieron tanto poder ni nunca tuvieron tan poco miedo de los grupos dominados... Pero, sin embargo, tienen un miedo abisal de lo que aún no controlan, una apetencia desmedida por lo que aún no poseen... En el fondo, sospechan ser señores de un mundo que se puede volver en su contra en cualquier momento y de forma caótica...

"(...) Los grupos dominantes nunca sintieron tanto poder ni nunca tuvieron tan poco miedo de los grupos dominados. Su arrogancia y ostentación no tienen límites. Sin embargo, tienen un miedo abisal de lo que aún no controlan, una apetencia desmedida por lo que aún no poseen, un deseo incontenido de prevenir todos los riesgos y de tener pólizas de protección contra ellos. 

En el fondo, sospechan ser menos definitivamente vencedores de la historia como pretenden, ser señores de un mundo que se puede volver en su contra en cualquier momento y de forma caótica. 

Esta fragilidad perversa, que los corroe por dentro, los hace temer por su seguridad como nunca, imaginan obsesivamente nuevos enemigos, y sienten terror al pensar que, después de tanto enemigo vencido, son ellos, al final, el enemigo que falta vencer.

Por su parte, los grupos dominados nunca se sintieron tan derrotados como hoy, las exclusiones abisales de las que son víctimas parecen más permanentes que nunca, sus reivindicaciones y luchas más moderadas y defensivas son silenciadas, trivializadas por la política del espectáculo y por el espectáculo político, cuando no implican riesgos potencialmente fatales.

 Y, sin embargo, no pierden el sentido profundo de la dignidad que les permite saber que están siendo tratados indigna e inmerecidamente. Días mejores están por llegar. No se resignan, porque desistir puede resultar fatal. 

Sienten que las armas de lucha no están calibradas o no se renuevan hace mucho; se sienten aislados, injustamente tratados, carentes de aliados competentes y de solidaridad eficaz. Luchan con los conceptos y las armas que tienen pero, en el fondo, no confían ni en unos ni en otras. Sospechan que mientras no tengan confianza para crear otros conceptos e inventar otras luchas correrán siempre el riesgo de ser enemigos de sí mismos.

Al igual que todo lo demás, los conceptos también están al borde del abismo y miran atrás. Menciono, a título de ejemplo, uno de ellos: derechos humanos. (...)

En poco tiempo, el lenguaje de los derechos humanos pasó a ser el lenguaje hegemónico de la dignidad, un lenguaje consensual, eventualmente criticable por no ser lo suficientemente amplio, pero nunca impugnable por algún defecto de origen.  (...)

Cincuenta años después, ¿cuál es el balance de esta victoria? ¿Vivimos hoy en una sociedad más justa y pacífica? Lejos de eso, la polarización social entre ricos y pobres nunca fue tan grande; guerras nuevas, novísimas, regulares, irregulares, civiles, internacionales continúan siendo entabladas, con presupuestos militares inmunes a la austeridad y la novedad de que mueren en ellas cada vez menos soldados y cada vez más poblaciones civiles inocentes: hombres, mujeres y, sobre todo, niños. 

Como consecuencia de esas guerras, del neoliberalismo global y de los desastres ambientales, nunca como hoy tanta gente fue forzada a desplazarse de las regiones o de los países donde nació, nunca como hoy fue tan grave la crisis humanitaria. 

Más trágico todavía es el hecho de que muchas de las atrocidades cometidas y de los atentados contra el bienestar de las comunidades y los pueblos se perpetran en nombre de los derechos humanos. (...)

¿No habrán sido los derechos humanos un artificio para centrar las luchas en temas sectoriales, dejando intacta (o hasta agravada) la dominación capitalista, colonialista y patriarcal?  (...)

Y lo más trágico es que, con algunas diferencias, lo que ocurre con los derechos humanos sucede también con otros conceptos igualmente consensuales. Por ejemplo, democracia, paz, soberanía, multilateralismo, primacía del derecho, progreso.

 Todos estos conceptos sufren el mismo proceso de erosión, la misma facilidad con la que se dejan confundir con prácticas que los contradicen, la misma fragilidad ante enemigos que los secuestran, capturan y transforman en instrumentos dóciles de las formas más arbitrarias y repugnantes de dominación social.(...)

 Nada de esto tiene que ser inevitablemente así para siempre. La madre de toda esta confusión, inducida por quien se beneficia de ella, de toda esta contingencia disfrazada de fatalismo, de toda esta parada vertiginosa al borde del abismo, reside en la erosión, bien urdida en los últimos cincuenta años, de la distinción entre ser de izquierda y ser de derecha, una erosión llevada a cabo con la complicidad de quienes más son perjudicados por ella.

 Por vía de esa erosión desaparecieron de nuestro vocabulario político las luchas anticapitalistas, anticolonialistas, antifascistas, antiimperialistas. Se concibió como pasado superado lo que al final era el presente, más que nunca determinado a ser futuro. En esto consistió estar en el abismo y mirar atrás, convencido de que el pasado del futuro nada tiene que ver con el futuro del pasado. Es la mayor monstruosidad del tiempo presente."                  (Boaventura de Sousa Santos, Other News en Español, 02/08/18)

27.9.18

El sistema financiero global es una bomba de relojería. La cuestión no es si explotará, sino cuándo explotará... la debacle desembocará en el desempleo, el aumento de los precios de las importaciones y los servicios básicos y en una devaluación en la que el dólar acabará tan depreciado que acabará desterrado como divisa mundial de reserva. Este tsunami financiero transformará Estados Unidos, hoy en día ya una democracia fallida, en un estado totalitario. Las élites, en un intento desesperado por salvaguardar su riqueza, arrasarán con lo que quede...

"(...) Mientras la Fed pudiera crear tanto dinero como quisiese, no importaba en qué los gastaba. 

“Es como ir a un viejo garaje con cosas a la venta y decir: ‘Quiero esa bicicleta sin ruedas. Te pago 100 por ella. ¿Por qué? Porque no es mi dinero’.”, Prins decía. “Han manipulado el sistema”, decía de los bancos. “Han fabricado dinero a lo bestia. Los han usado para hinchar los activos. Incluso las acciones. No se sabe de dónde ha venido.

 Como el dinero es barato, hay más préstamos ofrecidos por empresas. Hay más dinero tomado prestado por la administración. ¿Y luego dónde vas a recuperarlo? Al estado, a la economía social. Extraes dinero de los programas sociales. Impones la austeridad.

Dado el impactante nivel de dinero fabricado que tiene que ser repuesto, los bancos necesitan construir cada vez más extraordinarios nichos de deuda. Esta es la razón por la que cuando te retrasas en pagar la liquidación de la tarjeta de crédito, los tipos de interés saltan hasta el 28%.

 Esta es la razón por la que si caes en bancarrota, todavía tienes que responder por tu préstamo de estudiante. Esta es la razón por la que los salarios están estancados o han bajado, mientras los costes, ya sean del sistema sanitario y los productos farmacéuticos, o de las comisiones bancarias y de los alimentos básicos, están por las nubes. 

El inexorable aumento de la deuda crece y crece para alimentar a la bestia hasta que este sistema depredador falla por la aparición de impagos masivos. El día en que las optimistas proyecciones de beneficios provenientes del fracking dejen de ser la excusa para continuar inundando de dinero las endeudadas empresas del sector ya está llegando.

Las sesenta compañías más grandes del sector no están consiguiendo generar la suficiente liquidez como para cubrir sus costes operativos. Según escribe Bethany McLean, “en total, de 2012 a 2017, han acumulado un cash flow negativo de 9.000 millones de dólares por trimestre”.

El sistema financiero global es una bomba de relojería. La cuestión no es si explotará, sino cuándo explotará. Y una vez que lo haga, la incapacidad de los especuladores globales para emplear la fabricación de dinero a tipo de interés cero y encubrir la debacle desembocará en el desempleo, el aumento de los precios de las importaciones y los servicios básicos y en una devaluación en la que el dólar acabará tan depreciado que acabará desterrado como divisa mundial de reserva. 

La fabricación de este tsunami financiero transformará Estados Unidos, hoy en día ya una democracia fallida, en un estado totalitario. La vida se convertirá en algo de muy poco valor, especialmente para los vulnerables -trabajadores sin papeles, musulmanes, gente de color pobre, mujeres y niñas, anticapitalistas y críticos acusados de ser agentes de fuerzas extranjeras,-, que serán demonizados y culpabilizados del colapso.

 Las élites, en un intento desesperado por salvaguardar su riqueza, arrasarán con lo que quede."                       (El Captor, 23/09/18 . Artículo de Chris Hedges publicado originalmente en inglés en Truthdig)

29.6.18

En unos años el 1% más rico del planeta poseerá dos tercios de la riqueza global... el anterior pico equiparable de desigualdad se alcanzó en el inicio la década de los años 30 del pasado siglo XX. No hace falta recordar lo convulsa social y económicamente que resultó ser

"Un impactante análisis elaborado por una institución de primer orden ha visto la luz. El análisis en cuestión proyecta la distribución de la riqueza en la sociedad, tomando como base la tendencia experimentada en la última década.

Y los augurios no son nada buenos, ni para la (cada vez menos) clase media, ni tampoco para los más beneficiados: las clases (estratosféricamente) altas. El hecho es que, de continuar la evolución vista desde la última crisis de 2008, la proyección apunta a que en 2030 el 1% más rico del planeta poseerá dos tercios de la riqueza global. Ahí es nada, o más bien: ahí es (casi) todo.  (...)

El análisis de la discordia (ojalá fuese de la concordia en algún momento) tiene su origen en la proyección que ha realizado nada más y nada menos que la Biblioteca de la Casa de los Comunes de Reino Unido

Esta institución ha analizado las tendencias sufridas en la distribución de la riqueza desde la última gran crisis de 2008, y, como les decía, concluye que, de seguir así, en 2030 el 1% más rico del globo poseerá el 64% de la riqueza mundial.

Incluso en escenarios más favorables para la igualdad, por extenderse el plazo temporal y pasar a abarcar años anteriores de menor desigualdad, la proyección no es mucho más alentadora: tan sólo rebaja la escandalosa cifra a que el 1% más rico acabaría poseyendo más del 50% de la riqueza global. Igualmente un despropósito (...)

El caso es que esa proyección está basada en datos reales y tangibles. Según pueden leer en el enlace anterior de The Guardian, las estadísticas, esas viejas enemigas de las falsas percepciones (o intenciones), constatan que desde 2008 la riqueza del 1% más rico se ha venido elevando a razón de un 6% anual. Mientras tanto, la riqueza del 99% restante ha venido experimentando un ritmo de crecimiento un 50% inferior, quedándose en un lejano 3%. (...)

Es más, se podría decir incluso que la proyección es conservadora, puesto que los factores que han llevado a este crecimiento de la desigualdad son factores que se retroalimentan a sí mismos, con lo que no se puede descartar que la evolución dispar de la riqueza de las diferentes clases sociales pueda incluso incrementar su ritmo.

Efectivamente, diversos analistas apuntan como una de las razones para la creciente desigualdad al hecho de que, en los últimos lustros, los sistemas socioeconómicos han visto cómo la brecha salarial (o de ingresos) entre ricos y clase media se ampliaba sensiblemente

Ya analizamos este tema (con un halo de esperanza puesto en la clásica capacidad de catarsis de EEUU) en el artículo "¿Cansado de CEOs con sueldos estratosféricos? Las empresas en USA empiezan a reportar un nuevo indicador de equidad".

Esa (cada vez más) amplia ventaja en ingresos, ha abierto un brecha que ya es sima también en riqueza, puesto que los ingresos se han acabado traduciendo en una capacidad de ahorro sensiblemente superior. Ello a su vez ha llevado a que esas clases altas hayan acabado acaparando activos, dejando el capitalismo popular más idealista en un asunto de otras décadas.

Obviamente, la acumulación de activos en las mismas manos (fuertes) ha tenido como consecuencia que las clases más altas incrementen su proporción de posesión directa de negocios, empresas, acciones, startups, vehículos de inversión... y así hasta un largo etcétera de activos del sistema socioeconómico en general que han acabado mayoritariamente en manos de unos pocos dueños.

Y esos activos, tras el final de (tal vez tan sólo esta primera parte de) la Gran Recesión, han reportado jugosas plusvalías a sus hacendados tenedores, incrementando aún más las diferencias entre clases, y haciendo de efecto multiplicador sobre la desigualdad en la distribución de la riqueza. El dinero llama al dinero, y podemos añadir que además cuanto más dinero más se llama a más dinero. ¿Recuerdan lo que les decía de que estas tendencias se retroalimentan?

(...)  una desigualdad excesiva deteriora la economía, por un sencillo y ampliamante comprobado hecho: la propensión marginal al consumo es mucho mayor entre las clases más desfavorecidas y las clases medias que entre las altas. En otras palabras, el dinero en manos de las clases con más limitaciones económicas tiende con mucha mayor facilidad a ser gastado, y por lo tanto a revertir al sistema generando consumo y actividad económica. (...)

 Debemos alertarles acerca de cómo será el asunto que el mismísimo FMI ha hecho una llamada de atención sobre las negativas consecuencias que la desigualdad está teniendo sobre el crecimiento económico. Y les pongo de relieve el doble valor que puede tener esta noticia por su origen, asumiendo que el FMI es calificado por algunos sectores económicos como de una institución de corte tradicionalmente liberal. (...)

La desigualdad global efectivamente ha descendido, principalmente por el auge de las clases medias de los países emergentes, sobre todo de China e India, y a costa del estancamiento (o incluso retroceso) de las clases medias de los países desarrollados según el World Inequality Report. Ahí está el gap que decrece, el internacional.

Pero si desmenuzamos un poco más el asunto, podemos ver cómo en verdad, al analizar realidades nacionales, la desigualdad en cada país o área económica ha experimentado un alza importante. Es la paradoja de ser rico en términos globales, pero que para vivir en tu país con lo que te toca del pastel no te llegue apenas ni para ser clase media.

Y la cara B de este debate es que no tiene mucho sentido estar preocupándose por si crecemos más o menos con una desigualdad galopante, sino a qué nos puede acabar llevando pasar de galopar a ir a lomos de un caballo desbocado. La clave está ni más ni menos en que la desigualdad, y lo que es más importante todavía, la percepción de la desigualdad, llevan a la inestabilidad social, y a la postre a la insostenibilidad del sistema socioeconómico.

 No podrán negar que, al menos, la realidad económica que prima en esa desigualdad (y esa percepción de la desigualdad) a la hora de diseminar descontento social es la realidad nacional, ésa en la que vivimos en nuestro día a día; justo ésa en la que la desigualdad crece de forma galopante, y que promete seguir creciendo de forma desbocada de continuar con la misma tendencia actual hasta 2030. 

 Hay analistas que ya dudan hasta de que haya esperanza y de que los gobiernos ya no tengan la capacidad de revertir la situación. Argumentan que ya no disponen de los recursos necesarios para ello. 

El propio World Inequality Report afirma que "los países se han vuelto ricos pero los gobiernos se han vuelto pobres, lo cual limita sus opciones de atacar la desigualdad", al menos sin romper las reglas del juego (con todo lo que eso podría acabar implicando). No les voy a volver a sacar el tema de la actual borrachera de deuda mundial y la eterna burbuja de bonos soberanos.

Los datos evidencian además un lado mucho más siniestro de la desigualdad que ése de simplemente desincentivar el crecimiento económico, y que parte de la inestabilidad que ya les he citado antes. 

En la gráfica que pueden ver en este enlace sobre la evolución a lo largo de las últimas décadas del tanto por ciento de la riqueza acaparado por el 1% más rico, pueden observar cómo actualmente hay efectivamente una evidente tendencia ascendente desde el mínimo del 8.9% a principios de los años 80, hasta alcanzar en los últimos años un máximo en torno al 22%.

Es mi deber llamarles la atención sobre el hecho de que el anterior pico equiparable de desigualdad se alcanzó en el 23.9% poco antes de iniciar la década de los años 30 del pasado siglo XX. No hace falta que les recuerde lo convulsa social y económicamente que resultó ser aquella década. 

Tampoco hace falta que les recuerde en qué desembocó toda aquella situación en diversos países y en todo el planeta. Y ni se me ocurrirá mencionar los millones de muertos que dejó sobre la mesa la funesta Segunda Guerra Mundial.  (...)

Cuiden a la clase media, y no traten de esquilmarla. Esa clase media que se desplaza lentamente en las medianas (que no en las medias) hacia posiciones que se acercan al umbral de pasar a ser consideradas casi clases humildes.

 En la sana existencia de una clase media acomodada y amplia reside la sostenibilidad del sistema en su conjunto, con TODO lo que ello implica. Así que, los que no lo hacen ya, hagan el favor de empezar a darle el tratamiento que esta clase clave tan merecida y urgentemente se merece. Es por el bien de todos (sí, incluso de los más ricos)."              ( , El blog salmón, 20/04/18)