Artículo 129 de la Constitución española: Los poderes públicos... establecerán los medios que faciliten el acceso de los trabajadores a la propiedad de los medios de producción - Implantar la democracia económica en España es constitucional
31.8.11
No hay un "problema de déficit a largo plazo", mientras, como es el caso, los tipos de interés se mantengan por debajo del crecimiento
Pero también predecían tipos de interés mucho más altos. En esas proyecciones, es normalmente la magia viciosa del interés compuesto –la deuda compuesta en el máximo de deuda en los modelos computacionales— lo que genera la explosiva dinámica de deuda que está en la base de la degradación de la calificación.
Esas proyecciones son tan arbitrarias e inconsistentes, que sólo sobreviven gracias a la voluntaria negativa de quienes las usan a echarles un vistazo. Con una inflación baja, ¿cómo caramba iba la Reserva Federal a subir los tipos de interés?
Si lo hiciera, las hipotecas entrarían aún más en mora masiva, las acciones y los bonos y los bienes raíces volverían a desplomarse, y la tasa de crecimiento prevista quedaría completamente fuera de alcance. Por no hablar del hecho de que las actuales tasas de crecimiento han estado por debajo de lo previsto durante los dos últimos años, de modo que el supuesto a corto plazo de que estamos en vías de una recuperación sostenible resulta obvia y manifiestamente incorrecto. (...)
En qué consista exactamente esa pretendida amenaza, es cosa que sigue resultando de todo punto misteriosa. El tono de la discusión viene marcado por una ardida retórica sobre las "cargas" que habrán de "soportar nuestro hiojos y nuestros nietos". (...)
La verdad es, empero, que no hay tal: no hay un "problema de déficit a largo plazo". Mientras, como es el caso, los tipos de interés se mantengan por debajo de la tasa de crecimiento, los niveles de endeudamiento en relación con el PIB tenderán a estabilizarse y aun a declinar. La idea de que hay un problemón es pura propaganda fundada en un pseudodebate que amalgama dos puntos de vista que jamás confluyen en la práctica. (...)
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¿Qué hay, pues, que hacer? No es este momento para formular políticas capaces, por ejemplo, de crear empleo, construir infraestructuras públicas o lidiar con el cambio climático. Nada de eso puede hacerse, hasta que cambien las ideas.
Y el primer cambio debe venir del cuestionamiento y el rechazo de todo este sinsentido que viene oyéndose sobre los déficits presupuestarios a largo plazo, la bancarrota o la insolvencia nacional y la "responsabilidad fiscal".
El único propósito de toda esta campaña propagandística es la paralización del Estado –incluida la actividad regulatoria y la de los tribunales de justicia— y deshacer las conquistas históricas de la Seguridad Social, Medicare y Medicaid." (Sin Permiso, 14/08/2011, '¿Déficits a largo plazo? No os dejéis amedrentar: no hay tal problema', de James K. Galbraith)
22.12.09
La Gran Recesión, según los conservadores...
Es un universo en el que los reguladores coaccionaron a los banqueros para conceder préstamos a prestatarios insolventes, aunque sólo una de las 25 entidades crediticias más importantes que concedieron préstamos subpreferenciales estaba sujeta a las regulaciones en cuestión.
Ah, y los conservadores omiten sin más la catástrofe del sector inmobiliario comercial: en su universo, los únicos préstamos malos fueron aquellos concedidos a la gente pobre y a los miembros de los grupos minoritarios, porque los malos préstamos para promotores de centros comerciales y torres de oficinas no encajan en la historia.
En cierto sentido, el predominio de este relato es un reflejo del principio enunciado por Upton Sinclair: "Es difícil conseguir que un hombre comprenda algo cuando su salario depende de que no lo comprenda". Como han señalado los demócratas, tres días antes de que la Cámara votase sobre la reforma bancaria los dirigentes republicanos se reunían con más de cien cabilderos del sector financiero para coordinar estrategias.
Pero también es un reflejo de hasta qué punto el Partido Republicano moderno está comprometido con una ideología insolvente, una que no le permite afrontar la realidad de lo que le ha sucedido a la economía estadounidense." (PAUL KRUGMAN: Desastre y negación. El País, Negocios, 20/12/2009, p. 22 )