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31.3.26

Walden Bello: La crisis existencial de la economía convencional... la economía es una profesión que está dividida casi por la mitad según creencias políticas, pero con un lado apuntalado por la estructura de poder, lo que hace que sus puntos de vista sean influyentes pero muy cuestionables. Una mitad de los economistas "se preocupan por la eficiencia y creen en el poder de los mercados para promoverla, La otra mitad también cree en el poder del mercado, pero también se preocupa por la desigualdad y "está dispuesta a usar la redistribución para corregir las fallas del mercado, incluso a expensas de cierta pérdida de eficiencia". Más allá de estas diferencias, toda la profesión debe ser culpada por el problema central de la economía dominante, que es que la disciplina se ha "desvinculado de su base apropiada, que es el estudio del bienestar humano"... Cuando la problemática económica debería ser como Keynes, la definió: "...cómo combinar tres cosas: eficiencia económica, justicia social y libertad individual"... pero tanto economistas conservadores como liberales están fundamentalmente apegados al valor del crecimiento económico, a pesar de que el crecimiento económico se convertido en la causa central de la crisis climática

"De no haber leído Economics in America: An Immigrant Economist Explores the Land of Inequality (Princeton University Press 2023) de Angus Deaton, no habría sabido que uno de los golpes más devastadores a la profesión económica fue propinado por la película Inside Job, que ganó el Oscar al Mejor Documental en 2011. La película, dirigida por Charles Ferguson, intentó explicar la crisis financiera global de 2008 en términos populares, y lo logró, recaudando 7 millones de dólares frente a un presupuesto de 2 millones.

No está mal para un documental, pero muy mal para la economía, ya que algunas de sus figuras más destacadas fueron captadas en cámara negando su papel en la formulación de políticas que desencadenaron la crisis, continuando defendiendo la desregulación que provocó la crisis, pensando que no había nada malo en aceptar honorarios de consultoría de seis cifras de Wall Street y promover políticas que este favorecía, practicando amnesia selectiva o mintiendo descaradamente.

En una escena, Glenn Hubbard, ex presidente del Consejo de Asesores Económicos de George W. Bush y entonces decano de la Escuela de Negocios de la Universidad de Columbia, se molesta y amenaza con terminar la entrevista cuando se le pregunta si como investigador o formulador de políticas ha revelado sus múltiples vínculos con la industria financiera. Esta exhibición de rabietas no fue, sin embargo, tan mala como la respuesta de John Campbell, jefe del Departamento de Economía de la Universidad de Harvard, cuando se le hizo la misma pregunta; simplemente quedó sin palabras.

A diferencia del meteorito que mató a los dinosaurios, Inside Job no destruyó la economía, aunque según el relato de Angus Deaton, "la película hizo un gran daño a la imagen pública de los economistas, quienes fueron vistos como beneficiándose enormemente de una economía que afirmaban investigar de manera neutral y científica."

Una disciplina capturada por intereses especiales

Probablemente no haya nadie mejor calificado para discutir la crisis de la economía dominante que Deaton, uno de los principales expertos en economía de la salud y la desigualdad, ex presidente de la American Economic Association y ganador del Premio Nobel. Es tan representativo de la corriente principal como se puede ser, aunque de la variedad de centro-izquierda, probablemente debido a su formación en Cambridge, que aparentemente no solo produjo espías para la Unión Soviética sino también iconoclastas económicos como Keynes.

Deaton no se anda con rodeos. La profesión se atrajo la calamidad porque una gran cantidad de sus miembros han sido comprados por intereses poderosos para producir investigaciones y propuestas de políticas que los beneficien. Aunque Deaton lo expresaría de manera más mesurada y cortés, ese es esencialmente el tema que recorre este libro. Puede que haya algunos que realmente crean que el mercado sin restricciones es la mejor manera de asignar recursos, pero para la mayoría esa creencia se endulza con el apoyo financiero, en forma de subvenciones y consultorías, de poderosos intereses especiales.

Tomemos el caso del salario mínimo. Experimentos rigurosos realizados por varios investigadores respetados han producido resultados que a estas alturas no deberían generar oposición al hecho de que aumentar el salario mínimo no crea desempleo. Pero la mitad de la profesión todavía cree que sí lo hace, y no hay forma de sacudir esa creencia, cuyo principal financiador es la industria de comida rápida que ve la doctrina falsa como útil para mantener bajos los salarios de sus empleados que preparan hamburguesas.

La atención médica probablemente ha sido el principal campo de batalla sobre política social durante las últimas dos décadas en Estados Unidos, y nadie sabe más sobre la industria de la salud que Deaton, cuyo Premio Nobel se ganó en gran parte por sus estudios sobre la relación entre salud, pobreza y desigualdad. La Ley de Cuidado de Salud Asequible, también conocida como Obamacare, fue, en general, positiva ya que brindó cobertura de seguro a alrededor de 20 millones de personas anteriormente sin seguro, pero fue una victoria pírrica ya que la mejor solución para los costos médicos crecientes, la opción de pagador único o pública, ni siquiera se permitió discutir, y se permitió a las compañías de seguros continuar vendiendo pólizas engañosas a un público desprevenido.

La investigación y la experiencia de los países europeos demuestran claramente que un sistema nacional de salud de pagador único reduciría radicalmente los costos y también mantendría baja la desigualdad porque todos comparten los riesgos de la mala salud y "previenen que las cargas desiguales de la enfermedad se conviertan en desigualdades de ingresos". Entonces, ¿qué impide que se adopte lo que parece ser una solución racional? Una alianza impía entre las compañías de seguros, el establishment médico, la gran industria farmacéutica, políticos en el bolsillo de las empresas y, por supuesto, las legiones de economistas empleados directamente por ellos o pagados como consultores académicos.

En Estados Unidos hoy, la esperanza de vida está cayendo mientras los suicidios, la adicción a las drogas, el alcoholismo y las enfermedades cardíacas aumentan inexorablemente, contrario a las tendencias en otros países del Primer Mundo. Una cosa está clara. El sistema de salud privado terriblemente caro y masivamente ineficiente protegido políticamente no está equipado para lidiar con las "muertes de desesperación" y otras manifestaciones de la crisis de salud en el país más rico del mundo.

La crisis del sistema de salud es solo una de las tendencias que han convertido a Estados Unidos ya no en la tierra de promesa sino de desigualdad. Las brechas en ingresos, salud y bienestar han llegado a ser causadas cada vez más por oportunidades desiguales disponibles para aquellos con educación universitaria y aquellos sin ella. Como Michael Sandel, Deaton argumenta que la meritocracia, que solía verse como un antídoto contra los ingresos, la riqueza y los privilegios heredados, se ha convertido en cambio en una causa importante del aumento de la desigualdad. Aquellos que se han beneficiado de "aprobar el examen" creen que merecen sus privilegios porque los ganaron, mientras ven a aquellos que "reprobaron el examen" como teniendo solo a sí mismos a quien culpar.

Este aumento abrupto de la desigualdad debido a la meritocracia ha tenido consecuencias políticas desestabilizadoras, con aquellos sin títulos universitarios, a quienes Hillary Clinton llamó famosamente los "deplorables", convirtiéndose en la base enojada del Movimiento "Make America Great Again" de Donald Trump.

A pesar de sus consecuencias antidemocráticas, no ha habido falta de economistas que, ya sea por creencia en el mercado, antipatía hacia cualquier tipo de intervención gubernamental o siendo financiados por capitalistas ricos, pueden encontrarse argumentando que la desigualdad no es un problema, como Martin Feldstein, presidente del Consejo de Asesores Económicos de Ronald Reagan, y Greg Mankiw de Harvard.

Del mismo modo, todavía hay muchos economistas de renombre que niegan o minimizan el impacto del cambio climático, como Bjorn Lomborg, Thomas Schelling, Robert Fogel, Douglass North, Jagdish Bhagwati o Vernon Smith.

Una profesión dividida contra sí misma

En resumen, la economía es una profesión que está dividida casi por la mitad según creencias políticas, pero con un lado apuntalado por la estructura de poder, lo que hace que sus puntos de vista sean influyentes pero muy cuestionables. Una mitad de los economistas "se preocupan por la eficiencia y creen en el poder de los mercados para promoverla, y les preocupa que los intentos de interferir con el mercado comprometan la prosperidad actual o futura". La otra mitad, a la que pertenece Deaton, también se preocupa por la eficiencia y cree en el poder del mercado para promoverla, pero también se preocupa por la desigualdad "y está dispuesta a usar la redistribución para corregir las fallas del mercado, incluso a expensas de cierta pérdida de eficiencia".

Más allá de estas diferencias, toda la profesión debe ser culpada por el problema central de la economía dominante, que es que la disciplina se ha "desvinculado de su base apropiada, que es el estudio del bienestar humano". Tanto economistas conservadores como liberales continúan, en otras palabras, enmarcando la economía de la manera en que Lionel Robbins la definió, como la asignación de recursos escasos entre fines competitivos, lo que justificadamente le ha ganado a la disciplina la descripción de ser la ciencia lúgubre. Para ambas escuelas, la eficiencia sigue siendo la consideración principal. Más bien, la problemática económica debería ser, según Deaton, la forma en que su colega economista de Cambridge, Keynes, la definió: "...cómo combinar tres cosas: eficiencia económica, justicia social y libertad individual".

Pero hay otro problema importante, uno que, sorprendentemente, Deaton no ve como un problema, y es que tanto economistas conservadores como liberales están fundamentalmente apegados al valor del crecimiento económico porque "hace posible que todos estén materialmente mejor". Con el crecimiento económico habiendo se convertido en una causa central de la crisis climática, es difícil creer que una mente sensible como la de Deaton pase por alto su relevancia para la crisis de la profesión que por lo demás trata tan brillantemente en este libro. Pero supongo que todos tienen su punto ciego.

Se necesita: Un meteorito más grande

Han pasado unos 16 años desde que Inside Job apareció durante las profundidades de la Gran Recesión y las cosas han empeorado para la profesión. Deaton concluye que la narrativa de la economía dominante está "rota y ha estado rota durante varias décadas", y "ni los economistas conservadores ni los progresistas tienen una solución".

Salvar la economía no va a ser simplemente una cuestión de ajustes teóricos o de políticas sino una revisión total, incluyendo aprender a pensar como sociólogos (algo que yo, como sociólogo, respaldo de todo corazón) y "recuperar el territorio filosófico que solía ser central para la economía".

Deaton tiene razón sobre la escala de la tarea necesaria para hacer que la economía sea relevante para la sociedad contemporánea, pero está siendo optimista o ingenuo ya que todavía está en una minoría de economistas que pueden admitir que su disciplina está en crisis. Mirando hacia atrás al siglo pasado, mi sensación es que la Crisis Financiera Global no fue lo suficientemente fuerte como para hacer que la disciplina entre en razón y que nada menos que un meteorito mucho más grande, como la Gran Depresión de la década de 1930, es necesario para cortar la economía de su servidumbre al capital. 

Un amigo me preguntó si, aunque se ocupa principalmente de la difícil situación de la economía estadounidense, este libro valdría la pena incluir en la lista de lecturas de cursos de pregrado y posgrado en la Escuela de Economía de la Universidad de Filipinas.

Mi respuesta: tiene tantas posibilidades de llegar allí como El Capital de Marx y Engels. – Rappler.com"

(Walden Bello  MEXC, 22/03/26)

2.7.19

Paul Krugman: a lo largo de 2010, surgió un consenso en el mundo político y mediático de que, frente al desempleo, los dos temas más importantes debían ser … la reducción del déficit y la “reforma de los derechos”, es decir, los recortes en la Seguridad Social... Lo que ocurrió fue que el establishment político y de los medios de comunicación trasladó a la sociedad las preferencias de los extremadamente ricos...

"(...) Aunque el discurso popular se ha concentrado en el “1%”, lo que realmente está en discusión aquí es el papel del 0,1%, o tal vez el 0,01%, los verdaderamente ricos, no los “400.000 dólares al año que gana un broker de Wall Street”, ridiculizados en la película del mismo nombre. Este es un grupo de personas realmente pequeño, pero que ejerce una gran influencia sobre la política.

 ¿De dónde proviene esta influencia? La gente suele hablar de contribuciones de campaña, pero eso es solo un canal. De hecho, yo identificaría al menos cuatro formas en que los recursos financieros del 0,1% distorsionan las prioridades de la política:
  1. La cruda corrupción. Nos gusta imaginar que el simple soborno de políticos no es un factor importante en Estados Unidos, pero es casi seguro que es mucho más importante de lo que nos gusta pensar.
  1. La corrupción suave. Lo que quiero decir con esto es la diversidad de formas en que no se puede obtener directamente dinero de los políticos, los funcionarios del gobierno y las personas con influencia política de ningún tipo, pero sí financiera o indirectamente mediante la promoción de políticas que sirven a los intereses o prejuicios de los ricos. Esto incluye la puerta giratoria entre el servicio público y el empleo en el sector privado, las becas de reflexión o los honorarios en el circuito de conferencias.
  1. Aportaciones de campaña. Sí, esto importa.
  1. Definición de agenda: a través de una variedad de vías (la propiedad de medios de comunicación, grupos de presión o la simple tendencia a suponer que ser rico también significa ser sabio), el 0,1% tiene una capacidad extraordinaria para establecer la agenda de discusión política, en formas que pueden estar fuertemente en desacuerdo con una evaluación razonable de las prioridades y la opinión pública en general.
De todos estos, quiero centrarme en el elemento 4, no porque sea necesariamente el más importante: como dije, sospecho que el elemento 1 es un asunto más importante de lo que la mayoría de nosotros podemos imaginar. 

Y en particular, quiero centrarme en un ejemplo que para mí y para otros fue una especie de momento de radicalización, una demostración de que la riqueza extrema ha degradado realmente la capacidad de nuestro sistema político para enfrentar problemas colectivos reales.

 El ejemplo que tengo en mente fue el extraordinario cambio en la sabiduría convencional y en las prioridades políticas que tuvo lugar en 2010-2011, según el cual lejos de dar prioridad a la reducción del enorme sufrimiento que aún se produce después de la crisis financiera de 2008, se dirigió la acción a evitar un supuesto riesgo de una crisis de deuda. 

Este episodio está retrocediendo hacia el pasado, pero fue extraordinario e impactante en ese momento, y podría ser un precursor de la política en el futuro cercano.  (...)

El estallido de la burbuja de la vivienda, y los intentos subsiguientes de los hogares para reducir su deuda, habían provocado un grave déficit de la demanda agregada. 

A pesar de las tasas de interés muy bajas según los estándares históricos, las empresas no estaban dispuestas a invertir lo suficiente como para compensar el retroceso experimentado en los hogares. La economía de los libros de texto ofrecía consejos muy claros sobre qué hacer en estas circunstancias. 

Este era exactamente el tipo de situación en el que el gasto público ayudaría a la economía, al satisfacer la demanda que el sector privado no tenía. Desafortunadamente, el apoyo brindado por la Ley de Recuperación y Reinversión de Estados Unidos, el estímulo de Obama, que fue inadecuado pero al menos amortiguó los efectos de la depresión, alcanzó su punto máximo a mediados de 2010 y estaba en el proceso de caer bruscamente. 

Así que lo obvio, según el movimiento de Economía 101 habría sido implementar otra ronda significativa de estímulos. Después de todo, el gobierno federal aún podía obtener préstamos a largo plazo a tasas de interés reales cercanas a cero.

Sin embargo, a lo largo de 2010, surgió un consenso en el mundo político y mediático de que, frente al 9% de desempleo, los dos temas más importantes debían ser … la reducción del déficit y la “reforma de los derechos”, es decir, los recortes en la Seguridad Social y el Medicare.

 (...) ¿Cuál fue el origen del consenso de sabiduría convencional que surgió en 2010-2011? ¿Un consenso tan abrumador debido al cual los principales periodistas abandonaron las convenciones de neutralidad de los reporteros, y describieron las políticas de austeridad como la “cosa correcta” y evidente que deben hacer los políticos? Lo que ocurrió, esencialmente, fue que el establishment político y de los medios de comunicación trasladó a la sociedad las preferencias de los extremadamente ricos.

 Pero si 2011 fue un ejemplo especialmente gráfico de cómo suceden estas cosas, no fue el único. En su reciente libro “Billionaires and Stealth Politics”, Page, Seawright y Matthew Lacombe señalan los efectos duraderos de la influencia política plutocrática en el debate de la Seguridad Social: “A pesar del fuerte apoyo entre la mayoría de los estadounidenses para proteger y ampliar los beneficios de la Seguridad Social,  por ejemplo, la intensa campaña de décadas de duración para reducir o privatizar la Seguridad Social liderada por el multimillonario Pete Peterson y sus aliados ricos parece haber contribuido a frustrar cualquier posibilidad de expandir los beneficios de la Seguridad Social. 

 En cambio, Estados Unidos se ha acercado repetidamente (incluso bajo los presidentes demócratas Clinton y Obama) a recortar beneficios como parte de una “gran negociación” bipartidista en relación con el presupuesto federal”. Y aquí está la cosa: Si bien no queremos romantizar la sabiduría del hombre común, no hay absolutamente ninguna razón para creer que las preferencias políticas de los ricos se basen en una comprensión superior de cómo funciona el mundo

Por el contrario, los ricos estaban obsesionados con la deuda y no estaban interesados ​​en el desempleo masivo en un momento en que los déficits no eran un problema, eran, de hecho, parte de la solución, mientras que el desempleo sí era un problema. Y la creencia generalizada entre los ricos de que debemos aumentar la edad de jubilación se basa, literalmente, en no entender cómo vive la otra mitad (o, en realidad, no). 

Sí, la esperanza de vida a los 65 años ha aumentado, pero de manera abrumadora para la parte superior de la distribución del ingreso. Los estadounidenses menos ricos, que son precisamente las personas que más dependen de la Seguridad Social, han visto poco aumento en la esperanza de vida, por lo que no hay justificación para obligarlos a trabajar más.  (...)"                    ( , El Captor,  26 junio, 2019)

8.11.16

El consenso en las élites extractivas europeas sobre la austeridad es el trasfondo ideológico de la defensa de los intereses de la clase dominante... para poder privatizar todo

"(...) La austeridad ha fracasado. Los datos de la Comisión Europea muestran que para España en el período 2010-2013 la política fiscal fue tremendamente contractiva. El déficit estructural se recortó desde niveles superiores al 7% del PIB a cifras próximas al 2%. 

En un contexto de desapalancamiento del sector privado ello supuso una gravísima recesión económica y un aumento brutal del desempleo y de la pobreza, algo que parece que le da igual al señor Gross. 

Pero desde mediados de 2013, con el consentimiento de Bruselas, la austeridad se relajó. El déficit estructural ha crecido en el período 2014-2016. Como consecuencia, la economía se reactivó.

El instinto de clase

Desde sus orígenes la Unión Monetaria Europea (UME) es un sistema defectuoso. Se hizo caso omiso de informes precedentes (Werner, 1970; MacDougall, 1977) donde se avisaba de la necesidad de una instancia fiscal federal y de los peligros de dejar todo en manos de una Banco Central, como una parte no constituyente del gobierno, y de establecer, en este contexto, unos tipos de cambio fijos entre los estados miembros. 

Bajo estos precedentes, el consenso en las élites extractivas europeas sobre la austeridad no se basaba ni se basa en ninguna comprensión lógica del sistema monetario moderno e ignora deliberadamente muchas de las opciones reales que están a disposición de los gobiernos emisores de moneda “fiat”

El objetivo es seguir manteniendo comportamientos y estructuras institucionales que limitan las capacidades de gasto de los gobiernos. Se trata de restricciones voluntarias heredadas de los días del patrón oro, perpetuadas por la ideología de la economía de la corriente dominante para constreñir al gobierno y dotar de una mayor laxitud a la actividad delmercado privado

Los límites de deuda pública aceptados por los gobiernos son, en definitiva, un ejemplo clásico de restricción voluntaria.

Lo peor es el profundo trasfondo ideológico y de defensa de los intereses de la clase dominante que subyace detrás de la no utilización de la política fiscal como herramienta de política económica

Un sistema sin una política fiscal activa significativa proporciona a las élites un control indirecto sobre la política del gobierno. Pero además, a los defensores de la austeridad nunca les han gustado las consecuencias del mantenimiento del pleno empleo que a largo plazo que se puede conseguir mediante el uso de la política fiscal bajo la Teoría Monetaria Moderna

Bajo un régimen de pleno empleo permanente, el miedo dejaría de desempeñar su papel como medida disciplinaria. En realidad lo que intentan es mucho más sencillo, cambiar nuestro modelo social, privatizar todo -incluida la sanidad y la educación-, forrarse a nuestra costa, y ejercer un control sobre nuestras vidas a través del miedo permanente."              (Desde la heterodoxia, 28/08/16)

27.10.16

El por qué de la adhesión de las clases populares a la causa neoliberal

"Todo bloque histórico u orden constituido -señalaba Antonio Gramsci-, se apoya no solo en la violencia o la capacidad coercitiva de la clase dominante sino, también, en la adhesión de los gobernados a la visión del mundo de la clase dominante.

Esto ocurre -según el pensador italiano- tras un proceso de vulgarización de la filosofía de la clase dominante creada por grandes intelectuales afines a ésta. Dicha vulgarización sería, en gran medida, llevada a cabo por los intelectuales medios que se han dedicado a la difusión de esta Weltanschauung o hegemonía cultural burguesa [1].

Hoy, podríamos decir que, por poner dos ejemplos ilustres, los Friedrich Hayek y Milton Friedman actúan como grandes intelectuales de la clase dominante, creadores de la concepción hegemónica de la vida en la que estamos insertos.

Intelectuales medios, omnipresentes en las universidades y los medios de comunicación, se han encargado de vulgarizar (en el sentido de hacerla asequible para todos los públicos) y difundir la filosofía de la clase dominante para, de este modo, lograr que las clases populares se hayan adherido a la causa neoliberal hasta el punto de convertirla en un sentido común.

Podemos encontrar ejemplos de ello constantemente. Uno de los más tristemente célebres es el famoso mantra de “habéis vivido por encima de vuestras posibilidades”. Esto podría considerarse la vulgarización de un consenso alrededor de las medidas de contracción del gasto público y la devaluación salarial, y el aumento del desempleo. 

Percibidas, estas políticas económicas y sus efectos, como una consecuencia lógica de nuestra irresponsabilidad (la de las clases populares) y la de gobiernos, derrochadores y sostenedores de vagos, de corte socialista.

Hace unos meses, en un capítulo del programa Salvados, dedicado al concepto tradicional de clase social, y el uso que se hace de él hoy mediante su simplificación en clase media, podíamos ver ejemplos ilustrativos al respecto. 

El parado, para muchos, se ha convertido en una lacra social culpable de su situación económica y del despilfarro de los recursos estatales con la complicidad de los gobiernos de izquierda.Owen Jones explicaba que hoy culpabilizamos en horizontal y no en vertical. Nos enfadamos con el vecino y no con el poderoso, lo que nos lleva a votar en contra de nuestros intereses económicos. 

Veíamos en dicho capítulo como un ciudadano del distrito madrileño de Villaverde (al que paradójicamente definía como barrio obrero), que se autodefinía como mileurista y aseguraba que él y sus vecinos llegan a fin de mes “como podemos”, defendía el voto al PP porque “es el partido que mejor gestiona la economía”. 

Sostenía también que: “seguimos con ese mito de que la derecha es de ricos, la izquierda es de pobres”; “ha habido recortes pero ha sido necesario si queríamos salir de la crisis económica, es un cuento de la izquierda para hacer ver que la derecha no mira por los ciudadanos más humildes”; “hay mucha gente que se ha acostumbrado a que papá Estado se lo pague todo”, etc.

Más allá de los errores y las políticas neoliberales implementadas por los partidos social liberales en toda Europa, en el discurso de este ciudadano, perteneciente a la clase trabajadora, subyace una clara adhesión a la visión del mundo de la clase dominante.

 La facilidad con la que se otorgaban créditos o préstamos (medida por la cual se enriquecía el sector financiero), la falacia de la falsa analogía entre la economía nacional y la economía doméstica, la llamada al emprendimiento, etc, eran también argumentos utilizados por otros representantes de la clase trabajadora, entrevistados en el citado programa, para justificar los recortes.

Hace un par de días me comentaban que una solución óptima para los problemas de saturación y otras consecuencias de los recortes en la sanidad pública, era derivar a los pacientes al ámbito privado. Ante mi cuestionamiento, el interlocutor -un parado de larga duración- me respondía, plenamente convencido, que “los ciudadanos nos quejamos demasiado pero hacemos muy poco”.  (...)

Esta conformidad con el discurso hegemónico es evidente en amplios sectores de la sociedad, no caigamos en el error de pensar que estos ejemplos son los representantes de una minoría ideologizada de derechas entre la clase trabajadora. 

Se ha construido una nueva moral y formas de conducta institucionalizadas que obtienen una amplia adhesión entre las clases populares. Cada día nos acercamos más a la normalización de aquello de que no hay pobres sino losers.
 
Gramsci sostenía que para que el proletariado lograse la victoria, era primordial plantear el problema de la alianza de clases. El proletariado tenía que conseguir atraer a las demás clases explotadas a su causa, en especial al campesinado, para así poder conformar un bloque histórico que consiguiera convertirse en dominante y hegemónico. Para ello, el papel de los intelectuales era fundamental en la tesis de Gramsci. 

Como se comentaba más arriba, no solo se ha de tener en cuenta la capacidad coercitiva de la clase dominante sino también su capacidad para crear una concepción de la vida hegemónica a través, primero, de grandes intelectuales y después, difundirla al conjunto de la sociedad mediante su vulgarización por los intelectuales medios. 

Para batallar en el terreno cultural, era básico para Gramsci favorecer la formación de un grupo de intelectuales que disputase la hegemonía cultural burguesa o Weltanschauung y, de este modo, apartar al campesinado de la influencia de la filosofía de la clase dominante.

Hoy tenemos la obligación de disputar algo tan necesario para la lucha y tan maleable como es el sentido común. Si no entendemos lo decisivo de este campo de batalla, desde luego que no encontraremos la explicación a los batacazos electorales en nuestra supuesta superioridad moral. Quizás encontremos un cómodo refugio, eso sí."             (Manuel Guerrero Boldó  El salmón contracorriente, en Attac Madrid, 28/08/16)

13.5.15

Solamente podemos esperar que quien quiera que acabe dirigiendo la economía británica no sea tan estúpido como finge ser

"(...) ¿A qué sinsentidos me refiero? Simon Wren-Lewis, de la Universidad de Oxford, que ha sido un incansable pero solitario defensor de la sensatez económica, lo llama “mediamacro” [la macroeconomía de los medios de comunicación]. Es una historia sobre Reino Unido que transcurre así: primero, el Gobierno laborista que dirigió el país hasta 2010 fue extremadamente irresponsable y gastó mucho más de lo que podía permitirse.

 A continuación, este derroche fiscal provocó la crisis económica de 2008-2009. Esto, a su vez, hizo que la coalición que subió al poder en 2010 no tuviese otra opción que imponer medidas de austeridad, a pesar de la depresión económica reinante. Finalmente, como Reino Unido reanudó el crecimiento en 2013, se consideró que la austeridad estaba justificada y que quienes la criticaban se equivocaban.

Ahora bien, cada uno de los elementos de esta historia es demostrable y ridículamente erróneo. El Reino Unido de antes de la crisis no cayó en el derroche fiscal. La deuda y el déficit eran bajos, y en aquel momento, todo el mundo esperaba que siguiesen así; fue la crisis la que hizo que aumentara el déficit.

 La crisis, que fue un fenómeno mundial, la provocaron los bancos sin control y la deuda privada, no el déficit público. Las medidas de austeridad no eran urgentes: los mercados financieros nunca se mostraron preocupados por la solvencia británica. Y Reino Unido, que no volvió a crecer hasta que se interrumpieron las políticas de austeridad, no ha recuperado nada de lo que perdió durante los dos primeros años de gobierno de la coalición.

Pero esta narrativa sin sentido domina por completo la información que ofrecen los medios, quienes lo tratan más como un hecho que como una hipótesis. Y los laboristas no han intentado desmentirlo, probablemente porque piensen que es una batalla política que no pueden ganar. ¿Pero por qué?

Wren-Lewis indica que tiene mucho que ver con el poder de las engañosas analogías que se establecen entre los Gobiernos y las familias, y también con la perversa influencia de los economistas que trabajan para el sector financiero, que en Reino Unido y Estados Unidos no dejan de difundir historias de miedo sobre el déficit y no pagan ningún precio por equivocarse una y otra vez. 

Si pudiésemos guiarnos por la experiencia estadounidense, yo diría que Reino Unido también es víctima del deseo que tienen las figuras públicas de parecer serias, una pose que relacionan con los discursos severos sobre la necesidad de tomar decisiones difíciles (a costa de otras personas, claro).

Aun así, resulta asombroso. El hecho es que Reino Unido y Estados Unidos no tenían que tomar decisiones difíciles justo después de la crisis. Lo que tenían que hacer, en cambio, era reflexionar mucho; estar dispuestos a entender que se trataba de unas circunstancias especiales, que las reglas de siempre no sirven cuando nos enfrentamos a una depresión económica persistente, una en la que los préstamos públicos no compiten con la inversión privada y los costes son casi nulos.

Pero la reflexión profunda ha quedado casi excluida del discurso público del país. En consecuencia, solamente podemos esperar que quien quiera que acabe dirigiendo la economía británica no sea tan estúpido como finge ser."               ( , El País 10 MAY 2015)

14.1.15

La crisis europea surgió por los imprudentes préstamos a Grecia de los bancos del Norte, que nunca se preguntaron si se podrían devolver

"La crisis de la deuda griega que estalló en 2010 ha vuelto, y otra vez amenaza la estabilidad de la zona euro. Esa crisis fue el resultado de dos factores. En primer lugar, de un gasto desenfrenado, tanto del sector privado como del sector público, en Grecia durante los años de auge de 2000-2010, lo que llevó a unos enormes niveles de deuda insostenibles. 

En segundo lugar, de los imprudentes préstamos a Grecia de los bancos del Norte de la zona euro. En ningún momento los banqueros del Norte se preguntaron si los griegos podrían devolver los préstamos.

La UE eligió resolver la crisis de la deuda castigado a los griegos y rescatando a los banqueros del Norte. Se impuso a Grecia un programa de austeridad punitiva, cuyos efectos son visibles en todas partes en ese país. 

Una disminución en el PIB de cerca del 25% desde 2010, un aumento del desempleo a un nivel que no hemos visto desde los años treinta, y el empobrecimiento de grandes sectores de la población griega. Los bancos quedaron en gran medida impunes. Es cierto que hubo una reestructuración de la deuda griega en manos de inversores privados. 

Algunos bancos pagan el precio del crédito excesivo concedido a Grecia, pero la mayoría de los bancos escaparon ese destino trasladando sus perdidas griegas al sector público. Esos bonos de deuda están ahora en manos de los gobiernos nacionales y el Banco Central Europeo. 

Y estos quieren recuperar su dinero sin importarles las consecuencias para el pueblo y el sistema político griegos. La versión oficial de este enfoque es que la estricta austeridad que se impuso a la población griega es inevitable y al final dará sus frutos. ¿Inevitable? Sí, por supuesto, si el objetivo es salvaguardar los intereses de los acreedores, entonces no queda más que una posibilidad: los griegos tienen que devolver hasta el último céntimo. 

¿Funcionará al final? Sí, por supuesto, si la austeridad se mantiene el tiempo suficiente acabará produciendo y transfiriendo recursos desde Grecia hacia el Norte rico de la zona euro. Esta versión, sin embargo, pierde de vista las convulsiones políticas provocadas por la miseria humana que ha provocado una austeridad tan estricta.(...)

La historia nos enseña que después de una crisis de la deuda es imprescindible alcanzar un equilibrio entre los intereses de los acreedores y de los deudores. El enfoque unilateral que se ha adoptado en la zona euro, en la que los deudores se han visto obligados a soportar todo el peso del ajuste, casi siempre conduce a una rebelión de esos deudores. Es lo que está ocurriendo en Grecia. Sólo se puede frenar si los acreedores se atreven a enfrentarse a esta realidad."                (Paul De Grauwe, Ivory Tower, en Jaque al neoliberalismo, 11/01/2015, tomado de Sin Permiso. Traducción de Enrique García)

13.11.14

¿Por qué Occidente, con todos sus economistas famosos ha provocado un desastre todavía peor que el de Japón?

"(...) La cuestión, sin embargo, es que Occidente ha entrado efectivamente en una crisis similar a la de Japón… solo que peor. Y esto no debería haber ocurrido. En la década de 1990, dábamos por sentado que si Estados Unidos o Europa Occidental se veían ante un problema remotamente similar al de Japón, nosotros responderíamos de manera mucho más eficaz que los japoneses. 

Pero no ha sido así, aun cuando ya contábamos con la experiencia de Japón como orientación. Al contrario: desde 2008, las políticas occidentales han sido tan inadecuadas, o incluso tan contraproducentes en la práctica, que los fallos de Japón parecen poca cosa comparados con los nuestros. 

Y los trabajadores occidentales han conocido un grado de sufrimiento que Japón ha conseguido evitar.

¿De qué errores políticos hablo? Empecemos por el gasto público. Todos sabemos que, a principios de la década de 1990, Japón intentó impulsar su economía aumentando la inversión pública; lo que ya no todo el mundo sabe es que la inversión pública se redujo rápidamente a partir de 1996 aun cuando el Gobierno subió los impuestos, lo que supuso un obstáculo en el camino de la recuperación. 

Aquello fue un gran error, pero resulta insignificante comparado con las tremendamente destructivas políticas de austeridad de Europa, o con el desplome del gasto estadounidense en infraestructuras a partir de 2010. La política fiscal japonesa no hizo lo suficiente por fomentar el crecimiento; la política fiscal occidental ha malogrado el crecimiento de manera activa.

O piensen en la política monetaria. El Banco de Japón, el equivalente japonés a la Reserva Federal, ha recibido muchas críticas por tardar tanto en reaccionar cuando el país caía en la deflación y, luego, por precipitarse y subir los tipos de interés ante el primer indicio de recuperación. 

Esas críticas son justas, pero el Banco Central de Japón no llegó a cometer ningún disparate comparable a la decisión del Banco Central Europeo de subir los tipos en 2011, que ha contribuido a que Europa vuelva a estar en recesión.

 Y hasta ese error tiene poca importancia comparado con el asombrosamente desatinado comportamiento del Riksbank, el banco central de Suecia, que subió los tipos a pesar de tener una inflación inferior al objetivo y un paro relativamente alto y que, en estos momentos, parece haber hundido a Suecia en una deflación patente. (...)

Así que, en realidad, tenemos aquí dos preguntas. La primera, ¿por qué da la impresión de que nadie ha entendido nada? Y la segunda, ¿por qué Occidente, con todos sus economistas famosos —por no mencionar la posibilidad de haber aprendido de los problemas de Japón— ha provocado un desastre todavía peor que el organizado por este país? (...)

En cuanto a por qué Occidente lo ha hecho aún peor que Japón, sospecho que tiene que ver con las grandes divisiones que hay en nuestra sociedad. (...)

En Europa, Alemania ha insistido en la política de la moneda fuerte y la austeridad, en gran medida porque la ciudadanía alemana es tremendamente hostil a todo aquello que pueda considerarse un rescate económico de Europa del sur. (...)"        ( El País,   2 NOV 2014)

6.11.14

El crecimiento de la riqueza mundial se ha canalizado exclusivamente hacia los que ya son ricos... lo que explica el empobrecimiento masivo de las clases medias y bajas

"(...) Durante esta semana que acaba se ha amontonado aún más evidencia. Todos los informes publicados sobre la situación social en nuestro país -Unicef, Intermon Oxfam, ONU...- coinciden: miseria, desigualdad, ruptura del pacto social.

 Y obviamente la explicación tiene que ver con las medidas económicas implementadas. Pero esta situación no solo afecta a nuestro país, ya que, salvo muy honrosas excepciones, tiene carácter global.

El Informe Mundial Anual de la Riqueza, publicado recientemente por el banco de inversión Credit Suisse, analiza la tendencia de la creciente desigualdad de la riqueza en todo el mundo. 

Lo que los investigadores han encontrado es que la riqueza mundial ha aumentado cada año desde 2008, y que la riqueza personal está aumentando al ritmo más rápido jamás registrado, impulsado por las fuertes subidas en los principales mercados financieros de riesgo, especialmente la renta variable, por obra y gracia de una política monetaria expansiva netamente conservadora.

Pero los beneficios de este crecimiento en gran medida se han canalizado exclusivamente hacia los que ya son ricos. Según dicho informe, la mitad inferior de la población del mundo ahora posee menos del 1 por ciento de la riqueza total, y están luchando para retener siquiera esa porción minúscula.

 Por otro lado, el 10 por ciento más rico ha acumulado un asombroso 87 por ciento de los activos globales. El percentil superior tiene el 48,2 por ciento de la riqueza mundial. Y todo ha sido consecuencia de las desastrosas políticas implementadas desde la ortodoxia.

La droga monetaria -el Banco de Japón acaba de aportar las últimas dosis- está detrás de las burbujas en los mercados financieros, drogadictos inmunes a cualquier tratamiento, lo que aumenta artificialmente la riqueza de los que más tienen.

 Y las contrapartidas exigidas, bien sean recortes en el gasto social o la imposición por parte de los Bancos Centrales de financiar con deuda soberana el rescate a un sistema bancario incapaz de hacer su labor, pasando por el empeoramiento de las condiciones laborales, explican el empobrecimiento masivo de las clases medias y bajas. (...)"         (Juan Laborda, 01/11/2014)

19.9.14

El endeudamiento de los grandes países no tiene ninguna salida que no sea la quiebra y el impago de la deuda. Con impuestos no se puede devolver

"Estas últimas semanas están siendo muy intensas a nivel de análisis, percepciones, datos y realidades económicas. Debo confesar que las derivaciones, consecuencias y perspectivas no pueden ser más pesimistas. Se confirma inexorablemente el ajuste de cuantas de las élites para con la ciudadanía

Queda meridianamente claro, además, la incompetencia económica de ciertos economistas bien remunerados, instituciones multilaterales, y think tanks conservadores, que validaron las actuales políticas económicas –devaluación salarial; austeridad fiscal aderezada con una brutal escalada de la deuda pública; y expansión monetaria-.  (...)

Nueva evidencia del ajuste de cuentas
El estudio de la Reserva Federal “Changes in U.S. Family Finances from 2010 to 2013: Evidence from the Survey of Consumer Finances” refleja un descenso en la renta de las familias antes de impuestos en todos los percentiles, salvo en el 10% más rico. Es decir, el 90% de las familias ha perdido renta en los últimos tres años, especialmente las rentas más bajas, mientras que los más ricos se fumaban un puro a la salud de las políticas implementadas por la ortodoxia. 

Estos datos se complementan con los del profesor Amir Sufi sobre la evolución de riqueza neta en el período 1992-2013 por cuartiles de distribución de la riqueza, según los cuales la gran recesión se ha cebado con la riqueza de las familias más pobres.

Estos análisis se pueden complementar con el estudio publicado estos días en el Quarterly Bulletin del tercer trimestre de este año del Banco de Inglaterra, bajo el título “Household Debt and Spending”. Básicamente muestra como el canal de la deuda de las familias explica la recesión y débil recuperación de la economía británica. ¡Es la deuda privada, estúpido! (...)

Mientras duró la juerga, los beneficios empresariales se multiplicaron, a la vez que se deprimían los salarios. Una vez que el colateral que alimentaba esa deuda estalla, entramos en una brutal crisis de deuda impagable y un sistema bancario quebrado. En la segunda huida hacia adelante, se subsidió y rescató mediante una brutal expansión de deuda pública, a aquellos que nos hundieron miserablemente. Sin embargo ello no se ha traducido, ni se traducirá en inversión productiva.  (...)

Resulta hilarante el cambio de rumbo de Ángel Gurría y la OCDE. Tras recomendar la austeridad expansiva y la devaluación competitiva, esas mismas instituciones dicen ahora que ya vale, dejemos de apalear a la ciudadanía, que la paliza puede haber sido excesiva. 

Y encima los caraduras avisan de las consecuencias de la desigualdad y de la necesidad de aumentar la productividad, ahora vía inversión y educación. Ya es tarde, no han entendido nada. ¿Acaso han analizado la evolución de los salarios reales y de la productividad?

El economista jefe del Fondo Monetario Internacional, Oliver Blanchard, ese mismo que en agosto de 2008 afirmaba que la economía global se encontraba en un estado muy saludable, ahora confiesa, en un artículo de este mes, “Where Danger Lurks”, algo así como “Donde el peligro acecha”, que la teoría económica dominante no prestó atención a esos rincones oscuros donde los mercados funcionan rematadamente mal.

 ¡Pues claro señor Blanchard, las hipótesis de mercados eficientes y expectativas racionales son falsas! ¡Dediquemos la ingente cantidad de papel consumido para justificarlas a otros menesteres más saludables e higiénicos! (...)

Quizás el único realmente sincero ha sido el especulador Peter Schiff que en una entrevista reciente a este medio dejó varias perlas: “La estrategia suicida de endeudamiento de los grandes países no tiene ninguna salida que no sea la quiebra y el impago de la deuda. Con impuestos no se puede devolver” (…) 

"Todo se vendrá abajo cuando el resto del mundo vea la situación financiera real de Estados Unidos, entonces se verá que el dólar no vale ni el papel en el que está impreso".     (Juan Laborda, Vox Populi, 17/09/2014)

1.9.14

La economía estadounidense creció más durante los periodos en los que la totalidad de los impuestos a los ricos y super-ricos crecieron más. Y al revés...

"Uno de los mitos que se reproduce con mayor frecuencia en el conocimiento económico neoliberal (y que los gobiernos conservadores y neoliberales –como el gobierno Rajoy- aplican constantemente en sus políticas públicas) es que la bajada de impuestos a las personas más pudientes de la sociedad (lo que a nivel popular se conoce como los ricos y super-ricos) beneficia a toda la población, pues dicho acto discriminatorio a favor de las rentas superiores estimula la economía y facilita el crecimiento económico y la producción de empleo.

Se supone que el dinero que se ahorran los ricos y super-ricos (al pagar menos impuestos) lo invierten, y, como resultado, crecen la producción y el empleo.

 Tal mito (en realidad, dogma) del pensamiento neoliberal se repite constantemente en los medios de información y persuasión económicos, a pesar de que la evidencia científica no avala ese supuesto. En realidad, la evidencia publicada en las revistas científicas más creíbles muestra los datos que desmerecen dicho mito. 

Así, en EEUU, el tipo impositivo marginal (marginal tax rate) máximo del impuesto sobre la renta fue, hasta los años 70, del 70% de los ingresos por encima de 250.000 dólares de la época. A partir de la segunda mitad de la Administración Carter (el Presidente demócrata más conservador que EEUU haya tenido desde la II Guerra Mundial) y de la Administración republicana presidida por Ronald Reagan, dicho tipo marginal máximo se redujo espectacularmente, de manera que alcanzó la tasa más baja en 1990, durante la Administración republicana del Presidente Bush padre.

 Subió algo más tarde bajo la Administración Clinton, pero nunca lo hizo por encima del 40%. Tal reducción, sin embargo, no se tradujo en ningún aceleramiento del crecimiento económico, en un aumento de las inversiones, o en un crecimiento de la productividad. (...)

¿Qué impacto tuvieron las reducciones de impuestos a los super-ricos?

En realidad, la economía estadounidense creció más durante los periodos en los que la totalidad de los impuestos a los ricos y super-ricos crecieron más. Y al revés, la economía creció mucho menos (como durante los grandes recortes de los impuestos a las rentas superiores realizadas por el Presidente republicano Bush hijo) cuando tales impuestos se redujeron, manteniéndose muy bajos. 

En realidad, se ha calculado que cada incremento de un 10% de los impuestos a las rentas superiores determinaría un incremento de la tasa de crecimiento económico de un 1% (ver el artículo antes citado de Friedman).

Tampoco es cierto que una reducción de los impuestos a los ricos y super-ricos conduzca a un incremento en las inversiones. Los datos muestran que, a pesar de la reducción muy notable del gravamen sobre las rentas superiores, la tasa de inversión sobre el PIB (es decir, el porcentaje del PIB que se invierte) se ha mantenido prácticamente constante.

 La evidencia científica de que el nivel de imposición de las rentas superiores no tiene ninguna influencia en el porcentaje del PIB que se invierte es abrumadora (ver Thomas Hungerford “Taxes and the Economy: An Economic Analysis of the Top Tax Rates Since 1945”, Congressional Research Service, 2012). Lo que sí juega un papel determinante en la inversión es el nivel de demanda en una economía, muy relacionada con el nivel salarial y la tasa de ocupación. 

A mayores salarios y mayor ocupación hay mayor nivel de demanda, y a mayor aumento de la demanda, mayor es el incremento de la inversión y mayor es la producción de los productos y servicios demandados.

 De ahí que las políticas de reducción salarial y destrucción de empleo (como las que se están siguiendo en España) sean contrarias a las que deberían realizarse para incrementar la demanda, la inversión y la producción de empleo.

Ante esta realidad, el lector se preguntará: ¿por qué, pues, se siguen estas políticas? La respuesta no la encontrará en las páginas económicas de la mayoría de los medios de mayor difusión. 

Y no la encontrará porque la respuesta creíble no puede derivarse del conocimiento económico dominante, sino que le tendrá que llegar de los análisis del contexto político, que determina que tales políticas sean las que se imponen, y no otras. Es una respuesta política y no económica. En realidad, la mayor parte del pensamiento neoliberal intenta despolitizar las decisiones del Estado, presentándolas como necesarias (recuerde el famoso eslogan “No hay alternativas”) y las únicas posibles. 

La realidad es que estas decisiones y el pensamiento neoliberal son profundamente políticos, pomposamente y erróneamente presentados como “conocimiento científico” (véase la sección neoliberal “Classe d’Economia” -Clase de Economía- del programa de TV3 Divendres), que reproduce un mensaje claramente ideológico que se sostiene en los valores e intereses de los grupos sociales con rentas superiores derivadas, en gran parte, de las rentas del capital, y que la ideología neoliberal promueve."              (Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Dominio Público” en el diario PÚBLICO, 24 de julio de 2014, en www.vnavarro.org, 24/07/2014)

28.8.14

¿Por qué el desempleo es tan elevado? Porque esta recesión es mucho mayor que las anteriores... por tanto, el desempleo también es mucho mayor... por tanto, la demanda de productos y servicios es mucho menor

"El desempleo es la marca del tiempo que vivimos. Aunque España es uno de los países donde el desempleo es mayor, este fenómeno está hoy generalizado a los dos lados del Atlántico Norte, es decir, en la mayoría de países de la Unión Europea y en Norteamérica. 

Una de las principales explicaciones que se han dado en los mayores fórums de pensamiento económico (la mayoría de sensibilidad neoliberal) es que la principal causa de que haya un desempleo elevado es la falta de formación de las personas que están desempleadas, que les permita trabajar en los puestos de trabajo existentes. 

Este desempleo, definido como desempleo estructural, sería resultado, pues, de que no haya un matching (es decir, una correspondencia) entre los puestos de trabajo disponibles y los conocimientos y cualificaciones de los candidatos a tales puestos de trabajo. El elevado desempleo se explica por la falta de formación de los desempleados para realizar la labor de estos nuevos puestos de trabajo. (...)

El problema con esta teoría es que una cosa es la rapidez en el crecimiento de los trabajos que requieren una elevada cualificación, y otra es el número de puestos de trabajo que pertenecen a esta categoría. 

 La demanda de un tipo de trabajo (por ejemplo, analistas financieros) puede estar creciendo muy rápidamente y, en cambio, el número total de ese tipo de puestos de trabajo puede ser muy menor, con lo cual, por mucho que crezca, su contribución a resolver el elevado desempleo será muy menor. Y esto es precisamente lo que está ocurriendo. El 75% de todos los puestos de trabajo que requieren una elevada cualificación representa solo el 3% de todos los puestos de trabajo existentes en EEUU. (...)

Lo que es importante, pues, para entender las causas del elevado desempleo, no es tanto el elevado crecimiento en la oferta de trabajos cualificados, sino el número y porcentaje que dicho tipo de trabajos representa en todo el mercado de trabajo, así como la tasa de crecimiento de la oferta de la gran mayoría de puestos de trabajo, que no son, por cierto, de elevada cualificación. 

En realidad, según los mismos datos del Ministerio de Trabajo, el 70% de los puestos de trabajo que se están creando son empleos de baja cualificación. La mayoría requieren aprendizaje más que formación. Entre los servicios donde se crea más trabajo están los servicios comerciales (como personal de ventas), servicios personales (como personal de limpieza), servicios de distribución de alimentos (como personal de restaurantes) y servicios de atención a personas (como servicios domiciliarios a personas dependientes), entre otros.

 En realidad, la crisis actual muestra el gran porcentaje de personas que están trabajando en tales servicios con cualificaciones muy por encima de las que se requieren para el trabajo que realizan. Parecería, pues, que el crecimiento de puestos de trabajo va en dirección contraria a la que se indica en las teorías del desempleo estructural. Este tipo de problema (que estén trabajando personas en puestos de trabajo que requieren menos cualificación de la que tienen) ha aumentado de una manera muy clara durante estos años de recesión. (...)

Toda la evidencia muestra que el problema real no es la falta de formación de los candidatos a la oferta de puestos de trabajo (problema que existe, pero es muy minoritario), sino la falta de producción de puestos de trabajo. Tal como señalan John Miller y Jeannette Wicks-Lim, incluso, en el caso de que todos los puestos de trabajo existentes en EEUU que no están ocupados lo estuvieran, el desempleo continuaría siendo muy elevado (“Unemployment: A Jobs Deficit or a Skills Deficit?”). 

Y lo que incluso es más preocupante es que el número de puestos de trabajo que se están creando en este período de recuperación económica es muy inferior al que se creó en recuperaciones anteriores.  (...)

Una de las causas de que la creación de empleo haya sido menor que la que se registró en recuperaciones anteriores, ha sido que la recesión fue, esta vez, mucho mayor que las anteriores. El desempleo ha sido, por lo tanto, mucho mayor, lo cual implica que la demanda de productos y servicios ha sido mucho menor, y por lo tanto el estímulo económico también ha sido mucho menor.

 Esto es lo que explica la poca producción de empleo. Y los datos están ahí para verlos. El empresariado se queja de la falta de ventas porque la gente no tiene dinero (elevado desempleo quiere decir, también, salarios más bajos, además de menos personas asalariadas), y ello es lo que causa la falta de aumento de la inversión y producción de puestos de trabajo.

 En realidad, son las pequeñas empresas (que son las que crean más empleo) las que quedan más afectadas por esta falta de demanda, y esto es lo que no aparece con mayor frecuencia e intensidad en los mayores medios de información y persuasión económicos. (...)"     

(Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Pensamiento Crítico” en el diario PÚBLICO, 29 de julio de 2014, en www.vnavarro.org, 30/07/2014)

24.7.14

Rajoy ha aumentado, como nunca en la historia de esta democracia, los impuestos

"(...) El inicio de la recuperación se ha ido afianzando con una economía pública en la que han aumentado, como nunca en la historia de esta democracia, los impuestos.

Es decir, el aumento del PIB, la mayor recaudación tributaria y la reducción del déficit nada deben a la reducción de impuestos de la minirreforma Montoro, porque sus efectos aún no son tangibles. Subrayémoslo, porque muy pronto oiremos a los trompeteros neocons que la recuperación es fruto de la rebaja de impuestos.

Atención, nada de anteojeras ideologistas. Bajar según qué impuestos y según a quiénes puede inducir crecimiento: si se reduce la tributación a quienes obtienen rentas inferiores (y que no pueden ahorrar), gastarán el mayor ingreso en más consumo: aumenta la demanda y el PIB. 

No es el caso de las rentas más altas, cuyo consumo es más inelástico al ingreso porque no depende de una rebajita. Igualmente, reducir inversión pública productiva retrae crecimiento porque suele ser inyección en vena, mientras que reducir gasto corriente no es tan perjudicial. De modo que todo depende del según y del cómo y sobre qué rincones de la realidad se opera.

Por suerte, el Banco de España ha dejado claro que el (aún frágil) aumento del PIB registrado nada tiene que ver con ideológicas reducciones de impuestos. Aunque deslice la patita al augurar, ay, la sintonía gubernativa, que el crecimiento futuro será aún mayor gracias a la reformita fiscal de Cristóbal. (...)

Sirva eso de vacuna ante la defensa numantina de la reducción generalizada de impuestos como factor de relanzamiento de la economía y mecanismo idóneo para acabar con el déficit. Esa idea se activó en 1974 gracias a la curva dibujada en una servilleta por el economista Arthur Laffer, inspirador de Ronald Reagan. Al llegar a la Casa Blanca bajó los impuestos: ¡Pero cayó la recaudación! Al final entregó a su sucesor un déficit monumental.

Pese a esos desastres prácticos, Laffer no cejó. Un día dictaminó que hubo “sólo uno” de los Gobiernos españoles “que lo hiciera muy bien”, bajando impuestos como el recomendaba (El Mundo, 27 de mayo de 2013). Pues “si quitas dinero a los ricos y se lo das a los pobres, generarás muchos más pobres” (Cinco Días, 22 de julio)... como jamás nadie ha demostrado.

También ha quedado demostrado que el alza de la recaudación y el crecimiento de esa época Aznar no se debió a las reducciones de impuestos de 1998 y 2002. Primero, porque el crecimiento ya venía del último año de Pedro Solbes.

 Pero sobre todo porque lo que catapultó la economía española fue la bajada de los tipos de interés (gracias al euro), que redujo la factura de los intereses de la deuda en 3,2 puntos del PIB (“¿Existió el milagro fiscal del Gobierno de Aznar?, J. Ignacio Conde Ruiz, (eldiario.es, 8 de junio de 2013) y el aumento de la recaudación asociada a la enloquecida burbuja inmobiliaria, casi tres puntos más."             ( , El País, 24 JUL 2014 )

7.7.14

“El rescate financiero es la mayor inmoralidad de la historia de la humanidad”

"(...) Este otoño se cumplirán seis años de la caída de Lehman Brothers, considerado el pistoletazo de salida del crack financiero que aún sufrimos. ¿Cómo valora la gestión de la crisis que han llevado a cabo las autoridades económicas, capitaneadas por el FMI?

Todo lo que ha ocurrido es una conexión de cosas que no hay que hacer. Para mí, lo más desconcertante y preocupante es que no importa cuántas veces quede en evidencia que ciertas políticas económicas son desastrosas; se sigue insistiendo en las mismas. Los economistas se creen científicos, por lo menos decidieron ser científicos los neoclásicos, a finales del siglo XIX. 

Para ser científicos decidieron que la economía se pareciera lo más posible a la física, con lo cual hicieron una serie de inventos absurdos y modelos matemáticos que son verdaderos disparates. Además, si la economía fuese una ciencia y los economistas, científicos, actuarían como científicos; ¿y cómo actúa un científico cuando una teoría determinada falla? Inmediatamente se ponen con toda la intensidad a buscar cuál es la alternativa a esa teoría, porque esta no funciona, y ¡se destierra y se acabó!

Pues eso es exactamente lo que los economistas parecen hacer.

¡No lo hacen! Tienen actitud científica cero, se insiste en los mismos errores. Lo que ocurrió desde octubre de 2008 es, a mi juicio, una de las peores monstruosidades de la historia. Con todas las especulaciones, la basura que vendían los bancos, absolutamente repugnante… de repente se ven en una situación crítica y hay que hacer todo lo imaginable e inimaginable para salvar a los delincuentes.

 O sea, no se salva a las víctimas, las víctimas no tienen ninguna importancia, lo que importa es salvar a los delincuentes, a los que provocaron la crisis. Y en cuestión de un par de meses logran juntar a nivel de todo el mundo, para salvar a esos delincuentes, del orden de diecisiete billones de dólares.

Sí que había dinero…

El informe de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), de poco antes de octubre de 2008, indicó que para superar el hambre en el mundo se necesitan del orden de 30.000 millones de dólares al año. Divide diecisiete billones por treinta mil millones: obtienes seiscientos años de un mundo sin hambre. 

¿Dónde estaba esa plata? Yo mismo, que trabajé en las Naciones Unidas años atrás, hasta hace poco estaba convencido de que era verdad que no alcanzaban los recursos para resolver el hambre. ¡Pero sí hay mil veces más recursos para salvar a los delincuentes! Eso, para mí, es tal vez el acto inmoral más grande que se ha cometido en la historia de la humanidad.

Cómo explica que se recete austeridad a Europa y luego el economista jefe del FMI reconozca el “error” a la hora de valorar el impacto de las medidas. ¿No sabían lo que iba a ocurrir?

No hay que ser economista, ¡es cuestión de sentido común! Si tú no tienes nada, perdiste la casa, perdiste tus ahorros, y yo te digo: ‘¡Pero sé más austero!’, se llega a lo que llegaron ustedes aquí en España; nunca había ocurrido, que en España llegara un momento en que muera más gente por suicidios que por accidentes de tráfico. 

Y yo pregunto, ¿esos suicidios eran realmente suicidios? ¿O eran asesinatos de un sistema económico perverso? ¿Qué manera tienes de ser más austero cuando no tienes nada? ¡Pegarte un tiro! ¡Esa es la máxima austeridad! Eres un patriota, porque ayudas a la economía al eliminarte. Esa es la situación.

 Para mí, desde un punto de vista científico, ético, moral, desde todo punto de vista, todo lo que ha ocurrido es una asquerosidad inconmensurable, y que va además contra el más elemental sentido común. ¿Qué lógica tiene hacer sufrir a una población hasta los extremos más indecibles para beneficiar a la economía? ¡Si la cosa es al revés! 

La economía está para servir a las personas y no las personas para servir a la economía. ¡La economía no es Dios! Las consecuencias son que una economía como esta mata a más gente que todos los ejércitos del mundo juntos, pero no hay culpables. Todos esos muertos son muertos impunes.

¿Responde a una cuestión de ineptitud o de intereses?

Es perversidad. A menos que sean absolutos imbéciles, que supongo que no lo son. Pero les conviene más eso que lo otro. La gente no interesa, la gente es prescindible, y eso está dentro de la teoría económica neoclásica. 

¿Sabes que en un libro de texto de economía neoclásica, la solidaridad es un acto irracional? ¡Si eso te lo enseñan! Lo de que la única racionalidad es maximizar tu utilidad, todo lo otro es irracional…  (...)

Desde 2008 hasta ahora. ¿Podemos encontrar algún ejemplo de medidas económicas bien aplicadas en algún país?

El ejemplo más notable y más espléndido es el de Islandia. Es el único país que no socializó el disparate. Islandia tenía cuatro bancos, que eran bancos nacionales. Privatizó los bancos, que se metieron inmediatamente en el baile de todos los otros bancos. 

A la vuelta de seis meses ya tenían deudas que eran como cinco veces el PIB de Islandia. Llegó el momento del colapso, y la reacción de toda la ciudadanía de Islandia fue ‘nosotros no pagamos un centavo, si quebraron, que quiebren, y además que se vayan a la cárcel’. 

Quebraron los cuatro bancos, juzgaron a los tipos, fueron a la cárcel y están presos. El único país que lo hizo. Ahora, llama la atención de que se sepa tan poco eso, que no se haya divulgado, y la razón es obvia, imagínate que hubiese provocado contagio, y que ustedes hubiesen hecho lo mismo.

 ¿Te das cuenta qué terrible para los pobres banqueros? Eso me recuerda a una propuesta muy simpática que hizo mi amigo Galeano, por qué no creamos el movimiento ‘sea generoso y ayude a una banquerito’. Islandia hizo lo que había que hacer, y mira cómo está Islandia ahora, espléndida.

¿Por qué no se hizo en otros lados?

Si los otros lo hubieran hecho se habría resuelto el problema. Pero surgen conceptos como ‘es que es demasiado grande para que caiga’, ‘es demasiado poderoso para ir a la cárcel’, todo ese tipo de conceptos, ‘too big to fail’, ¡demasiado grande para fracasar! Todos esos conceptos estúpidos. Si tú quieres ser delincuente impune tienes que ser lo más grande posible.

 Pero anda a robar una gallina porque tienes hambre, que vas a pasar cinco años preso. Eso sí que es inaceptable, es un peligro para la sociedad. Estos monstruos ahí están, más gordos que antes. En medio de la crisis, la plata para salvarlos se la repartieron con bonos multimillonarios para que se fueran a casa. 

El que menos se llevó 20 millones de dólares en el bolsillo, por el buen trabajo realizado. ¿Y los que perdieron la casa porque no pudieron pagar la hipoteca? ¿Los que perdieron el trabajo, el ahorro? Bien, gracias, ahí están.  (...)"            (Entrevista a Manfred Max-Neef, en 1983 obtuvo el Right Livelihood Award, considerado el Premio Nobel Alternativo de Economía, La Marea, 06/07/2014)

6.7.14

La FAES pide quitar el salario mínimo y reducir las prestaciones de paro... y Rosell dice que "un millón de amas y amos de casa" se han apuntado al paro para cobrar el subsidio. La derecha está lanzada

"La Fundación FAES, vinculada al Partido Popular, pide con contundencia ir más allá de la reforma laboral. Por un lado, critica un salario mínimo que considera elevado y perjudicial para la contratación y que pide eliminar o cambiar; por otro, pone en el punto de mira el sistema de prestaciones por desempleo y pide más presencia de las empresas de trabajo temporal. Lo hace en el documento "Reflexiones sobre el mercado de trabajo: continuar la reforma", coordinado por el director general de Estrategia y Fomento del Empleo de la Comunidad de Madrid, Valentín Boté, y con Miguel Marín, responsable de políticas económicas y de empleo de FAES, como director.

FAES asegura que el salario mínimo en España (que ha sido congelado varias veces en los últimos años y que se sitúa actualmente en 645 euros mensuales) resulta "elevado" cuando se compara con el salario mínimo medio de los países de la OCDE.(...)"        (- Madrid, eldiario.es, 01/07/2014)


"Juan Rosell asegura que la gente le pregunta cómo es posible que con un 26% de paro no haya una "explosión social". El presidente de la CEOE subraya que en los últimos años alrededor de "un millón de amos y amos de casa" se han apuntado al paro "para ver si tiene alguna oportunidad de recibir algún tipo de subsidio".

 Lo ha dicho este martes en una conferencia en la Escuela de Verano de la Fundación FAES (...)"              (Vox Populi, 01/07/2014)

2.7.14

Le pregunté si se reproducían las condiciones que dieron lugar al colapso financiero... no sólo se reproducían sino que dentro de no mucho, el colapso será mayor

"Únicamente conozco a un broker que actúe en Wall Street. Se trata de un antiguo compañero de colegio que ya en la infancia apuntaba maneras. Era abierto, decidido y, a la que te descuidabas, te devolvía un lápiz tras haberle prestado una pluma estilográfica. El otro día me lo encontré por la calle y estuvimos charlando un rato. Estaba contento porque los negocios le iban bien. 

Le pregunté si se reproducían las condiciones —propicias para él, por cierto— que dieron lugar al colapso financiero de hace algunos años. Me contestó que no sólo se reproducían sino que dentro de no mucho el colapso sería mayor. 

Los especuladores, empezando por él mismo, campaban a su aire, sin freno, y sus ganancias eran fabulosas. A su alrededor las burbujas fomentadas por la especulación crecían sin cesar, aunque, como es lógico, nadie pensaba acabar atrapado por ellas.

Mi antiguo compañero de colegio era feliz: todo volvía a producirse, corregido y aumentado, ante un mundo ciego y sordo, o, lo que era todavía más eficaz, cómplice. En definitiva, de creer sus palabras, la codicia seguía creando fuertes lazos de complicidad entre el engañador y el engañado, parecidos a los de los colegiales que intercambiaban lápices y plumas estilográficas. Claro que él no hablaba de codicia sino de interés y de provecho.

Y creo que no le falta razón. No tengo conocimientos suficientes para saber, o profetizar, si se avecina un nuevo colapso, pero sí tengo la sospecha de que no se ha generado un aprendizaje profundo en relación con lo sucedido estos últimos años. 

No se ha eliminado el huevo de la serpiente, ya que dicha eliminación concernía, además de a la economía y a la política, al espíritu, o, si se teme esa palabra, a la mentalidad. No ha habido catarsis, no se ha hecho limpieza, y las nuevas turbulencias pueden presentarse sin que se hayan construido diques de contención que las detengan.

A este respecto es muy interesante —incluso literariamente— escuchar el relato sobre el fin de la crisis que muchos políticos y financieros están contando. Es en cierto modo simétrico al del inicio de la crisis, e inevitablemente recuerda las narraciones tejidas en torno al absurdo. 

La crisis estalló inexplicablemente, y bastaría recurrir a las hemerotecas para comprobar la maravillada candidez de los dirigentes políticos y económicos: nadie podía prever nada porque —como los grandes fenómenos diabólicos y divinos, o como el absurdo— todo era imprevisible. Inopinadamente la peste se apoderó de la ciudad. 

Ahora se declara que la peste ya ha sido vencida, si bien es cierto que dejando tras de sí un reguero de cadáveres. Es magnífico ver a los banqueros proclamar el triunfo sobre la peste, ajenos ellos por completo a la instalación de la epidemia. También es aleccionador comprobar el triunfalismo de Rajoy o Montoro, aunque en sus caras se insinúe todavía un rictus de espanto, como si no estuviesen muy seguros de los augurios, o simplemente tuvieran dificultades a la hora de jugar su nuevo papel en la representación teatral.

Sin embargo, con mayor o menor eficacia, la representación funciona. Los espectadores —es decir, los ciudadanos— empiezan a aceptar que la peste se está desvaneciendo, y tienen tantas ganas de que esto suceda que están olvidando ya las causas del contagio que afectó a la comunidad. 

Si hacemos caso de la lógica expuesta por mi antiguo compañero de colegio, el entero ciclo va a repetirse de nuevo porque otra vez van a funcionar férreamente los lazos de la codicia: los especuladores, como corresponde a su papel en la función, buscarán la complicidad de los ciudadanos para la obtención de unos beneficios que, aunque a la larga sean catastróficos, a corto plazo brillan con luz propia.

La repetición del ciclo, de producirse, implicaría una ausencia total de aprendizaje con respecto a lo que hemos denominado crisis. Si tuviésemos la voluntad de aprender deberíamos ir, creo, más allá de las explicaciones económicas y políticas para preguntarnos sobre una determinada interpretación de la existencia. 
Dicho directamente: mientras la vida sea entendida como un objeto de rapiña, de saqueo, cualquier otra consideración se antoja secundaria. Y esta parece ser la ideología dominante en estos primeros lustros del siglo XXI en los que el utilitarismo y el pragmatismo se ven acompañados por una exaltación permanente de la posesión inmediata de las cosas (y de las personas). (...)"          ( , El País, 2 JUL 2014)

23.6.14

El capitalismo de casino, basado en la mera especulación, y dirigido por la banca

"Un análisis objetivo de lo que está pasando en la mayoría de países de la Eurozona muestra los siguientes hechos:
una disminución de los salarios, un aumento del paro, un descenso de la ocupación, una dilución de la protección social, una reducción del gasto público social, una privatización de los servicios públicos del Estado del Bienestar, una reducción y privatización de las pensiones públicas, una reducción de derechos laborales y sociales, y un debilitamiento de la negociación colectiva y de los sindicatos.

 Los datos están ahí para todo aquel que quiera verlos (véase mi artículo “El dramático deterioro de la España y de la Europa social”, Público 03.04.14). En realidad, no hay mucho desacuerdo en cuanto a que todo esto está ocurriendo. El desacuerdo aparece cuando se intenta explicar el porqué está ocurriendo. 

Ahí las explicaciones varían según la sensibilidad política del que intenta explicarlo. La más promovida por el establishment europeo, es decir, por la estructura de poder que gobierna la Eurozona, es que el gasto público, y muy en particular el gasto público social, ha aumentado hasta un nivel que ha hecho la Europa Social insostenible.

(...) las rentas del capital, a partir de los años ochenta, fueron subiendo, y las rentas del trabajo fueron disminuyendo. Estas últimas han pasado, en los países de la UE-15, de representar el 72,9% de toda la renta nacional (promedio del periodo 1945-1978, la época dorada del capitalismo) al 66,5% en el año 2012. 

En España, pasaron de un 72,4% a un 58,4%. En realidad, hoy, y por primera vez en España durante el período democrático, las rentas del trabajo representan un porcentaje menor que las del capital, una situación única en la UE-15 (ver mi artículo “Capital-Trabajo: el origen de la crisis actual”, Le Monde Diplomatique, julio 2013).

Este descenso, junto con los recortes del gasto y empleo públicos, ha creado un enorme problema de demanda, con el consiguiente descenso de la actividad económica y un escaso o nulo crecimiento económico. 

Dicho descenso de las rentas del trabajo es también la causa del enorme endeudamiento de las familias, y de la escasa rentabilidad de las inversiones en la economía productiva (ya que el descenso de la demanda crea un descenso en la producción de bienes y servicios), alcanzándose mayor rentabilidad en las inversiones especulativas, origen de las burbujas, incluyendo la inmobiliaria. 

De ahí deriva el capitalismo de casino, basado en la mera especulación, y dirigido por la banca. Esta situación se ha visto acentuada todavía más con las políticas de austeridad, que han llevado a un austericidio. Hoy, la situación social y económica ha alcanzado unos niveles de deterioro tal que está dañando enormemente el bienestar de las clases populares de los países de la Eurozona.

Pero no todos han sufrido estas consecuencias. En realidad, las rentas del capital se han disparado, concentrándose en sectores muy minoritarios de la población. Y los banqueros españoles (en uno de los países de la UE donde es más difícil conseguir crédito) son los mejor pagados de la Eurozona. 

Los beneficios de las mayores corporaciones también han alcanzado unos niveles altísimos. Toda la evidencia existente muestra que el crecimiento de las rentas del capital se ha hecho a costa del descenso de las rentas del trabajo. (...)"               (Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Pensamiento Crítico” en el diario PÚBLICO, 23 de mayo de 2014, en www.vnavarro.org, 23/05/2014)

16.6.14

La farsa de las explicaciones neoliberales de la crisis actual: la vagancia de los PIGS (o sea, nosotros)

"Una constante en la explicación de la crisis económica y financiera actual que ha afectado de manera muy acentuada a los países periféricos de la Eurozona (GIPS, Grecia, Irlanda, Portugal y España) es la que atribuye esta situación a que los trabajadores de estos países reciben salarios demasiado altos, trabajan muy poco, reciben un número excesivo de prestaciones, tienen excesiva protección social y se jubilan demasiado pronto. 

Esta percepción de los países GIPS, promovida por la Troika (el FMI, el Banco Central Europeo y la Comisión Europea) y por los gobiernos de carácter conservador, cristiano-demócrata, liberal y socioliberal que dominan la gobernanza de la Eurozona, ha alcanzado la categoría de dogma. (...)

Lo que es digno de mención es que cada uno de estos supuestos es falso, como es fácilmente demostrable con los datos. Veamos. Todos estos países GIPS tenían, antes de la crisis, una protección social y gasto público social por debajo (no por encima) del promedio de la Unión Europea de los Quince (UE-15), el grupo de países más ricos de la UE, al cual pertenecen. 

El país que tenía mayor gasto público en protección social de la Eurozona era Alemania. Todos los países GIPS (Grecia, Irlanda, Portugal y España) tenían, cuando se estableció la Eurozona, y continúan teniendo, un gasto público social muy inferior al alemán y muy inferior al promedio de la UE-15. Igualmente, la edad de jubilación en estos países (en el año 2010) era idéntica, no inferior, que la de los hombres de Alemania y Francia, excepto en Grecia, donde podían jubilarse a los 60 años. 

La misma falsedad se da en cuanto al número de horas trabajadas por trabajador. En realidad, en todos estos países se trabaja más horas al año por trabajador que en Alemania, siendo el trabajador griego el que trabajaba más horas (2.038 horas al año, más de 40 horas a la semana), un 43% más que el trabajador alemán. 

En cuanto a la excesiva irresponsabilidad de los dirigentes gubernamentales que se gastaron más de lo que tenían, generando enormes déficits y deuda pública, los datos muestran también la falacia de este supuesto. El Estado español estaba en superávit, no déficit, y la deuda pública era menor que el promedio de la UE-15, incluyendo Alemania. 

Grecia era el país que tenía déficit y una deuda pública elevada (80% del PIB en 2007). Ahora bien, Irlanda tenía, como España, un superávit en sus cuentas del Estado, mientras que el déficit en Grecia estaba solo 3 puntos de PIB por encima del de Alemania, lo cual no era exagerado. 

La situación de las cuentas del Estado en estos países no puede presentarse como causa de la crisis. El famoso dicho de que estos Estados de los países GIPS se gastaban más de lo que tenían, despilfarrando recursos, no es sostenible. 

Los que sí contribuyeron de una manera notable a la crisis y al aumento del déficit y de la deuda pública, fueron los enormes rescates a la banca y la bajada de ingresos al Estado, resultado, este último, del enlentecimiento del crecimiento económico causado por la bajada de la demanda, consecuencia del descenso salarial y reducción del gasto público, todas ellas políticas de austeridad impuestas por la Troika. Ahí están las causas, silenciadas en los mayores medios de información y persuasión.(...)"            

 (Article publicat per Vicenç Navarro a la columna “Dominio Público” al diari PÚBLICO, 12 de juny de 2014, en www.vnavarro.org, 12/06/2014)