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15.10.25

Por qué los estadounidenses odian al Partido Demócrata... La mayoría de los votantes no rechazan a los demócratas por la guerra cultural. Los rechazan porque no cumplen sus promesas... solo el 29 por ciento de los estadounidenses tiene una opinión favorable del Partido Demócrata... más del 70 por ciento de los votantes del Rust Belt tienen una opinión negativa del partido, por su percepción de incapacidad para llevar a cabo políticas que ayuden a la gente común (Jared Abbott)

 "Con la aprobación del presidente Donald Trump profundamente por debajo del agua, y las opiniones de los estadounidenses sobre su manejo de la economía más de 20 puntos más negativas que el día de su inauguración, un observador ingenuo de la política estadounidense podría esperar que la fortuna de los demócratas estuviera en ascenso.

Nada de eso. Una reciente encuesta de CNN/SSRS de marzo de 2025 encontró que solo el 29 por ciento de los estadounidenses tiene una opinión favorable del Partido Demócrata. Ese es el número más bajo desde que SSRS comenzó a hacer la pregunta en 2002.

Este sentimiento abrumadoramente negativo hacia los demócratas fue confirmado por un nuevo estudio de votantes en cuatro estados del Rust Belt (Michigan, Ohio, Pennsylvania y Wisconsin) realizado por el Centro para la Política de la Clase Trabajadora (CWCP), el Instituto Laboral y la Universidad de Rutgers. Encontró que más del 70 por ciento de los votantes del Rust Belt tienen una opinión negativa del partido.

Pero la encuesta de CWCP/Instituto Laboral/Rutgers fue más allá de simplemente preguntar a los encuestados cómo se sentían acerca del partido. Más bien, los investigadores querían saber si había un efecto negativo discernible de postularse como demócrata en comparación con postularse como independiente en los cuatro estados probados. Para responder a esta pregunta, la encuesta evaluó la favorabilidad de los encuestados hacia candidatos populistas económicos que empleaban un lenguaje idéntico sobre la avaricia corporativa, la reducción de costos y la protección de empleos, excepto que algunos eran descritos como demócratas y otros como independientes.

El resultado fue contundente: los candidatos descritos como demócratas obtuvieron de 10 a 16 puntos menos en Michigan, Wisconsin y Ohio que los independientes idénticos que presentaron el mismo discurso. Pensilvania fue la única excepción donde esta "penalización demócrata" no apareció. El arrastre fue mayor entre los encuestados de clase trabajadora, latinos y de áreas rurales/pequeñas ciudades, precisamente los bloques que los demócratas deben ganar para llevar los estados clave con una fuerte presencia de clase trabajadora.

A continuación, los investigadores del CWCP/Instituto Laboral/Rutgers querían saber por qué a tantas personas no les gusta el Partido Demócrata, pero queríamos una respuesta que no simplemente reflejara las ideas preconcebidas de los encuestadores o consultores. Muchas encuestas —incluida esta a menudo citada y particularmente condenatoria realizada por Blueprint en noviembre de 2024— presentan a los encuestados explicaciones preescritas (“demasiado centrados en la política de identidad”, “demasiado a la izquierda”, “elitista”, y así sucesivamente) y les piden que estén de acuerdo o en desacuerdo. Tales instrumentos nos dicen si los votantes marcarán una casilla que les hemos dado. Pero no nos dicen lo que los votantes dicen cuando no les estamos poniendo palabras en la boca.

Entonces, la encuesta de CWCP/Instituto Laboral/Rutgers hizo algo diferente. Le hicimos a los votantes del Rust Belt una sola pregunta abierta: "Cuando piensas en el Partido Demócrata, ¿qué te viene a la mente?" Luego utilizamos análisis de texto para resumir miles de respuestas no solicitadas.

Contrario a muchos análisis que han culpado a los demócratas por mantener posiciones extremas en cuestiones sociales y culturales que alienaron a los votantes indecisos, el tema dominante que observamos fue la ira de los votantes hacia el Partido Demócrata por no cumplir con sus promesas. Entre los encuestados demócratas e independientes, la crítica más común al Partido Demócrata fue su percepción de incapacidad para llevar a cabo políticas que ayuden a la gente común.

Un encuestado demócrata sintió que el partido estaba "bien intencionado, [pero] pobre [en] ejecución." Otro creía que “el Partido Demócrata habla mucho pero ha logrado poco en los últimos años.” Un tercero lo expresó de manera sucinta: "Algunas buenas ideas, pero muy ineficaces para llevarlas a cabo." Muchos independientes expresaron frustraciones similares, describiendo a los demócratas como "Personas que ofrecen palabras vacías pero no están interesadas en cambiar el statu quo," lamentando que los demócratas no hagan "lo que fueron elegidos para hacer," o diciendo, "Estoy tan decepcionado con el Partido Demócrata y siento que no han representado a sus electores en mucho tiempo."

De manera relacionada, porcentajes sustanciales tanto de independientes como de republicanos enfatizaron que sienten que el Partido Demócrata no es de fiar, ya sea porque mienten o porque son corruptos. Un encuestado republicano informó que siente que el Partido Demócrata “se ha vuelto extremadamente corrupto mientras señala con el dedo a otros. [Están] más interesados en ayudarse a sí mismos que en ayudar a sus electores.” En una línea similar, un encuestado independiente acusó a los demócratas de ser el "partido de los ricos y fraudulentos".

Tanto los independientes como los republicanos eran más propensos que los encuestados demócratas a describir al partido como desconectado o alienante. Un independiente típico lo expresó claramente: "Están desconectados y han olvidado quiénes son." Otros fueron aún más cáusticos, llamando a los demócratas "completamente desconectados, unos idiotas," que están "enfocados en las prioridades equivocadas."

Algunas de estas críticas de "desconexión/alienación" claramente tienen matices culturales, pero no fueron el principal motor del descontento. Solo el 11 por ciento de los independientes y el 19 por ciento de los republicanos mencionaron explícitamente la "conciencia social" o el extremismo ideológico en su descripción del Partido Demócrata. Entre aquellos que lo hicieron, el lenguaje, como era de esperar, podía ser mordaz: los demócratas fueron etiquetados como "comunistas y traidores", "un grupo de payasos woke" y "perjudiciales para los niños, las familias y el país".

La conclusión es que, aunque algunos votantes se sintieron desanimados por lo que consideraban posiciones demasiado progresistas de los demócratas en cuestiones sociales y culturales, estas no eran las preocupaciones dominantes de los votantes del Rust Belt. Este hallazgo contrasta con las encuestas post-electorales de alto perfil de grupos como Blueprint, que sugirieron que la mayoría de los votantes indecisos de 2024 creen que los demócratas “tienen ideas extremas sobre raza y género” y están generalmente “demasiado enfocados en la política de identidad.”

Para llegar a los votantes indecisos en los estados clave, entonces, los demócratas no necesitan imitar a Trump en temas divisivos; necesitan demostrar que están alineados con la clase trabajadora, dispuestos a confrontar intereses poderosos y capaces de producir ganancias concretas. Nada de esto elimina las vulnerabilidades culturales del partido — especialmente en torno a la percepción de que los demócratas son elitistas y condescendientes — pero la evidencia sugiere que la mayoría de los votantes que tienen opiniones negativas sobre el Partido Demócrata están motivados menos por la guerra cultural y más por un juicio más amplio de que el partido está capturado por las élites y no está logrando beneficios tangibles para la clase trabajadora.

Si los demócratas tienen alguna esperanza de capitalizar las crecientes vulnerabilidades políticas de los republicanos, necesitan trabajar incansablemente para mostrar a los votantes escépticos —que se sienten decepcionados por décadas de falsas promesas— que son serios en su intención de recuperar el abrigo del partido de la clase trabajadora de América." 

(Jared Abbott , JACOBIN, 15/10/25, traducción Quillbot, enlaces en el original)

27.4.23

Los podemitas no merecen este final... el uso de acusaciones tan graves no es un acción tolerable contra los propios compañeros porque acaba siendo un boomerang que acaban sufriendo también los movimientos sociales y los más vulnerables. Es Podemos contra Podemos... Fuenlabrada, de 200.000 habitantes, sirve como ejemplo grotesco de la situación de la izquierda de cara a los comicios autonómicos y municipales. Nadie entiende nada... Las personas que se han preocupado de organizar la consulta popular en defensa de la sanidad pública y que llevan trabajando toda la legislatura se quedan fuera. Son pocas, pero abnegadas porque creían en el partido y en lo que defienden. Pero este martes estaban devastadas... Podemos contra la militancia de Podemos, cercenando las decisiones democráticas de los círculos de Podemos, certificando su muerte. Nada de esto será culpa de Podemos (Antonio Maestre)

 "La incertidumbre está matando a la izquierda. Los nervios por conseguir una posición de fuerza a partir del mes de mayo están provocando una serie de sucesos, duelos y quebrantos que de forma paradójica están laminando cualquier posibilidad de conseguir un resultado defendible y sobre todo que sirva a los intereses de la gente. De Fuenlabrada a Asturias hay una historia sobre el desconcierto. En la entrada a Fuenlabrada por el barrio popular de El Naranjo, junto al campo de fútbol en el que llegó a dar sus primeras patadas Fernando Torres, hay un enorme cartel en las afueras en el que aparece Pedro Vigil como candidato de Podemos a la alcaldía en Fuenlabrada. 

Pero el actual concejal en la corporación municipal y candidato a la alcaldía en los pasados comicios no se presenta porque la dirección ha puesto en su lugar como candidata a Tania Pasca tras un acuerdo con IU en contra de la decisión adoptada por la corporación local de Podemos. El candidato que Podemos anuncia en Fuenlabrada no es el candidato de Podemos en Fuenlabrada. La dirección de Podemos en Fuenlabrada, sus cargos y su militancia han decidido que no irán en las listas que Podemos presenta tras ver cómo la dirección autonómica reventaba su decisión de no ir en coalición con IU y entregar las listas de la ciudad a la formación a cambio de acuerdos en otras ciudades.

 Podemos no se presenta en Fuenlabrada aunque Podemos presente unas listas en Fuenlabrada. Es difícil de explicar, porque habrá una lista de Podemos en coalición con IU, pero sin la gente de Podemos en Fuenlabrada. Las personas que se han preocupado de organizar la consulta popular en defensa de la sanidad pública y que llevan trabajando toda la legislatura se queda fuera. Son pocas, pero abnegadas porque creían en el partido y en lo que defienden. Pero este martes estaban devastadas porque la organización en la que habían puesto todas sus ilusiones las abandonaban. La palabra decepción era la que más se repetía en la sede tras la rueda de prensa. Este embrollo es el que se encontrarán los votantes de cara al 28M. La ciudad del sur de Madrid de 200.000 habitantes sirve como ejemplo grotesco de la situación de la izquierda de cara a los comicios autonómicos y municipales del próximo mes de mayo. Nadie entiende nada.

La confusión es de tal porte que durante el encierro que Podemos Fuenlabrada mantuvo en protesta por la decisión de su dirección se dio una situación surrealista que explica el desconcierto de la gente normal, la que vota pero no sigue las intrigas internas, a la que le importan poco corrientes y disensiones y solo quiere una papeleta resumen que defienda sus intereses de manera clara y concisa. Un hombre paseaba con su mujer por delante de la sede de Podemos y empezó a increpar al candidato, que fumaba frente a la puerta hablando con un periodista: "La culpa es de Irene Montero, que nos lleva a la izquierda a la ruina, Errejón tiene razón", le gritaba al candidato, que fumaba sin inmutarse y se encogió de hombros sin fuerzas para explicarle que la crítica andaba desubicada. El vecino no sabía que la protesta de los militantes de Podemos era precisamente por la decisión de la dirección en la que se encuentra Montero y que dentro de poco serán acusados de traidores del mismo modo que lo fue Errejón.

 Juan Carlos Monedero, portavoz oficioso de Podemos, declaró que el día en que dejaran de hacer caso a su militancia desaparecerían como partido. En Fuenlabrada tuercen la mueca al servir como ejemplo escandaloso de que eso ya ha ocurrido en todos los lugares donde la militancia y las corporaciones locales piensan de manera diferente a lo que la cúpula decide. Los círculos desaparecieron en Vistalegre II, pero aún seguían trabajando si seguían de manera acrítica las decisiones que emanaban de la cúpula. Las decisiones que tomen solo importan si son coincidentes con lo que la dirección ordena o si son divergentes pero aceptan sin rechistar la decisión impuesta de manera vertical. La posibilidad es múltiple, se puede tomar una decisión y que la dirección decida que eso no importa e imponer la suya, se puede aceptar y seguir en el partido o por el contrario se puede tomar la misma decisión que toma la dirección del partido y así parecer que se ha decidido con autonomía. Cuando, como en Podemos Fuenlabrada, se toma una decisión autónoma de la dirección solo queda irse, porque no se respetará el libre ejercicio democrático del círculo.

El esperpento interno que se está viviendo en Podemos alcanza su máxima expresión en Asturias. La secretaria de organización de Podemos Asturias, Olaya Suárez, acusó ayer en Canal Red, sin derecho a réplica, a sus propios candidatos, en concreto al número 2 y la número 3, de ejercer contra ella la violencia política y de maltratarla adjuntando unas imágenes en las que solo se veía un barullo de gente con cámaras, periodistas y miembros de Podemos con un rótulo el que se decía: "Ripa y sus seguidores, al más puro estilo trumpista". Si todo es violencia política nada es violencia política y se legitima la criminalización de la protesta y el libre albedrío policial con la ley mordaza. La propia Olaya Suárez tuvo que reconocer que en esos vídeos que adjuntaban como muestra de violencia política no hay ninguna violencia política.

 El victimismo y el uso de acusaciones tan graves no es un acción tolerable contra los propios compañeros porque acaba siendo un boomerang que acaban sufriendo los movimientos sociales y los más vulnerables. Podemos contra Podemos. Violencia política en Podemos desde Podemos hacia Podemos. Podemos usando los medios de la cúpula de Podemos para acusar al Podemos disidente que les gana primarias de violentos. Podemos contra la militancia de Podemos, cercenando las decisiones democráticas de los círculos de Podemos, certificando su muerte. Nada de esto será culpa de Podemos."           (Antonio Maestre, todo está en Bourdieu, 26/04/23)

12.4.23

¿Qué les está pasando a los dirigentes europeos, jóvenes, fotogénicos y políticamente muy correctos, que parecen los más dinámicos? Están perdiendo... sus electores se sienten olvidados en la narración del éxito, se sienten incluso despreciados por su rutilante éxito, y entonces se vengan en las urnas. Recuerdo a Sanna Marin en la última cumbre de Davos. Estaba perfecta, ¿Por qué esos líderes que encarnan con tanta profesionalidad un liderazgo democrático, alejado del chovinismo y de las ideas regresivas, pueden llegar a causar reacciones hostiles de los electores? Líderes demasiado perfectos para un tiempo en el que la palabra futuro da miedo... Lo demasiado perfecto se puede pegar un trompazo en esta Europa asustada por una guerra salvaje... La guerra está estimulando un repliegue conservador en toda Europa que dentro de un año, cuando se celebren las elecciones al Parlamento Europeo, podría provocar una grave derrota del europeísmo federalista. Quizás estemos en el umbral de una fuerte regresión nacionalista

 "¿Qué les está pasando a los dirigentes europeos que parecen los más dinámicos? Están perdiendo. 

Hay una diferencia entre la manera como los medios globales hablan de esos líderes, jóvenes, fotogénicos y políticamente muy correctos, y como son percibidos por sus electores. Estos a menudo se sienten olvidados en la narración del éxito, se sienten incluso despreciados por su rutilante éxito, y entonces se vengan en las urnas. Recuerdo a Sanna Marin en la última cumbre de Davos. Estaba perfecta. Look casual muy estudiado, el color de los zapatos a juego con el esmalte de las uñas. Discurso perfecto, aunque no sorprendente ni sincero. Dijo, por ejemplo, que Finlandia jamás entraría en la OTAN sin Suecia [Finlandia ingresó ayer en la OTAN sin Suecia]. 

¿Por qué esos líderes que encarnan con tanta profesionalidad un liderazgo democrático, alejado del chovinismo y de las ideas regresivas, pueden llegar a causar reacciones hostiles de los electores?”. Esas son las preguntas que se formulaba ayer Federico Fubini, uno de los editorialistas más perspicaces del Corriere della Sera, el principal diario italiano, ante la derrota de Sanna Marin en Finlandia, por un puñado de votos.

A Tony Blair, audaz al elevar a Lady Di a la categoría de Princesa del Pueblo en la hora de su muerte, le pasó la guerra de Irak por encima. Matteo Renzi, discípulo de Blair, el más dinámico de los políticos italianos en los últimos treinta años, fue fulminado por un referéndum constitucional que planteó, equivocadamente, como un plebiscito personal. Después del pluscuamperfecto Barack Obama llegó Donald Trump. Emmanuel Macron es el más listo de la clase, lo sabe toda Francia, y acaba de abrir una suscripción pública para aumentar hacia el infinito su número de enemigos.

 Líderes demasiado perfectos para un tiempo en el que la palabra futuro da miedo. Temor al paro. Miedo a la guerra. Miedo a un cambio catastrófico del clima. Y ahora, miedo a la denominada inteligencia artificial. La perfección estilística de los líderes, en busca de públicos muy amplios, puede generar rechazo en la medida que recuerda la fealdad de lo cotidiano. He ahí una lección finlandesa para Pedro Sánchez, que hace unas semanas fue fotografiado con gran estilismo al lado de Sanna Marin en Helsinki. Parecían salidos de una revista de moda. Lección finlandesa también para Yolanda Díaz, que el domingo pasado ascendió a los cielos entre algodones mediáticos y frases muy calculadas. Lo demasiado perfecto se puede pegar un trompazo en esta Europa asustada por una guerra salvaje.

 El Partido Socialdemócrata finlandés ha perdido las elecciones mejorando sus resultados, especialmente en Helsinki. Han subido sus adversarios y han bajado sus aliados, situados más a la izquierda. He ahí otra lección, esta más importante que la anterior. La guerra está estimulando un repliegue conservador en toda Europa que dentro de un año, cuando se celebren las elecciones al Parlamento Europeo, podría provocar una grave derrota del europeísmo federalista. Quizás estemos en el umbral de una fuerte regresión nacionalista.

El ciclo electoral empieza en España el 28 de mayo con las elecciones locales y no culminará hasta mayo del año que viene con las elecciones europeas más determinantes que hayamos visto. Las izquierdas que buscan la perfección, la formal y la ideológica, han decidido contribuir a ese ciclo con una escisión."                            (Enric Juliana, La vanguardia, 05/04/23)

5.12.22

Quién gana con la polarización... en una batalla polarizada ambos extremos ganan notoriedad"... pierde el PP y Sumar... Irene Montero está en plena pugna con Yolanda Díaz y había iniciado un proceso de reafirmación de su liderazgo en la izquierda, de modo que una polémica intensa venía bien a ese propósito... y al PP la violencia verbal le viene mal cuando, aseguran fuentes populares, "tenemos que hacer el difícil juego de intentar sumar a los viudos de Ciudadanos, al votante urbano que no entiende nada de lo que está ocurriendo, y a los de los barrios periféricos de las grandes ciudades, a los que la izquierda ha dejado huérfanos, al mismo tiempo que no podemos desengancharnos de la derecha clásica para que Vox no crezca en exceso"

 "La consideración de la violencia verbal como algo negativo para la convivencia, con efectos que enrarecen la esfera pública y deterioran la democracia, es un lugar común. El informe The Hidden Drug, publicado por la consultora Llorente y Cuenca (LLyC) y la asociación Más Democracia, es concluyente al respecto. Pero la pregunta última no tiene que ver con sus efectos sociales, algo sobre lo que hay consenso, sino con quién sale beneficiado con su utilización. En la medida en que forma parte de un posicionamiento político electoral, no es casual que reaparezca ahora.

 La secuencia de acontecimientos se inicia esta semana en el Congreso con una evidente falta de respeto a Irene Montero por parte de Vox. La ministra de Igualdad reaccionó tildando de fascistas a los de Santiago Abascal y la polémica se extendió fuera del Congreso en forma de debate sobre el machismo imperante. Primero fue en su pugna con los medios, en la que Pablo Motos acabó teniendo un papel principal; más tarde, aumentó la presión acusando al PP de apoyar la cultura de la violación. Montero está en plena pugna con Yolanda Díaz y había iniciado un proceso de reafirmación de su liderazgo en la izquierda, de modo que una polémica intensa venía bien a ese propósito. Mientras tanto, en el otro lado del espectro político, Vox tuvo un incidente parlamentario por tildar de filoetarras a parlamentarios y el PP organizó una concentración en el Congreso para pedir la dimisión de Montero, a la que se sumó el partido de Abascal.

 Estos hechos, rodeados de mucho ruido, han conformado la semana política española y cabe preguntarse por los motivos de tal enconamiento. Desde el lado ideológico izquierdo, la respuesta es evidente. El equipo de Yolanda Díaz señala a Vox como responsable, ya que "busca la degradación del debate parlamentario y la convivencia", lo que sirve para ocultar que el Gobierno "está cumpliendo objetivos a la hora de combatir la crisis y la inflación". En Ferraz amplían el foco y culpan "al PP y a sus socios de la ultraderecha, que llevan desde el inicio de la legislatura negando legitimidad a este Gobierno. Es como si dijesen que lo que votaron los españoles estuvo mal. Desde ese momento, el PP y Vox han ido de la mano en una estrategia que consiste en crear un clima de excepción en el que los logros del Gobierno de España no puedan percibirse por el ruido que ellos mismos crean".

El 'modus operandi'

Desde el otro lado, la perspectiva es obviamente distinta. Desde Vox apuntan un doble propósito en este incremento de la tensión. Por una parte, "Podemos necesita foco para coger fuerza y restar a Yolanda Díaz". Por otra, "el PSOE está en una estrategia de blanquear y legitimar a Bildu y a los separatistas pensando en la próxima legislatura. Es decir, quieren normalizar esta legislatura como 'modus operandi' para futuras. El primero en verlo fue Zapatero y Sánchez lo está desarrollando y consolidando".

 En el PP coinciden en que Podemos sigue una estrategia autónoma de confrontación, en la que "Montero va a lo suyo y busca un nicho de mercado que garantice a su partido presencia parlamentaria, de modo que Sánchez no pueda desprenderse de ellos. En esa pelea, ha conseguido eliminar a Yolanda Díaz como rival político". Sánchez, aseguran las fuentes populares, "utiliza esta tensión para cumplir su objetivo, que es garantizarse el apoyo parlamentario con Podemos y el resto de socios, como Bildu y ERC".

Las dos visiones, más que enfrentadas, resultan complementarias: ambas resaltan el potencial extremista de los adversarios. La izquierda avisa sobre la deriva antiliberal de un posible Gobierno PP-Vox y la derecha acerca de los riesgos que supondría un nuevo Ejecutivo del PSOE con ERC y Bildu.

El adversario es imprescindible

 En ese juego, avisan los de Abascal, "nosotros siempre vamos a ganar. Tenemos identificados a Sánchez, al PSOE y al resto de actores y conocemos la historia. No caemos en engaños, cortoplacismos o en discursos vacíos y estúpidos como afirmar ser hombres de Estado cuando lo están desmantelando o cooptando. Es decir, ganamos porque nuestras advertencias se cumplen, mientras que el PP está pendiente de lo que le dejan hacer el resto de fuerzas, porque las necesita para sentirse legitimado".

 Joan Navarro, socio y vicepresidente de Asuntos Públicos de LLyC, señala que al ser los extremos políticos los beneficiados de la estrategia de confrontación, también Podemos obtiene réditos, ya que "construye su propia base electoral al incrementar la magnitud de los problemas que crean polarización. Muchos de ellos podían haber encontrado soluciones técnicas, pero deben ser escenificados como grandes problemas morales, lo que cohesiona a sus simpatizantes. Al mismo tiempo, señalan a un adversario, lo que es imprescindible". Esa dinámica se resuelve en una batalla polarizada "en la que ambos extremos ganan notoriedad".

Sin embargo, una conclusión de esta clase, según la cual los extremos salen ganando cuando elevan el tono, no termina de reflejar la situación española, cuyas especificidades son notables. En términos electorales, hay dos cuestiones que deben dilucidarse: cuál de los dos bloques, el de izquierda o derecha, será el ganador en las elecciones, y cuál será el reparto dentro de los bloques.

PSOE contra PP

Esa doble pelea provoca que las posiciones del PSOE y del PP de cara a la polarización sean diferentes. La dificultad para el PSOE está en recomponer su espacio electoral, porque si bien las encuestas muestran cierta recuperación en el voto socialista, los partidos a su izquierda no suman lo suficiente. En ese contexto, el escenario que propone Podemos le es útil, porque cohesiona al unir a PP y Vox, pero resulta perjudicial en términos de bloque. Existe el peligro de que Iglesias estire demasiado la cuerda, hasta el punto de romper relaciones con el bloque de Díaz, lo que tendría consecuencias electorales serias. 

Un ejemplo reciente de estas tensiones internas lo tuvimos en la despedida del diputado del PP Adolfo Suárez Illana. Mientras Pablo Echenique señalaba que la ovación del Congreso y su abrazo con Meritxell Batet generaban vergüenza ajena y desprestigio de la institución, desde el otro lado de su partido, el ligado a Díaz, se le agradecía su trabajo en la Cámara, y se le deseaba cariñosamente mucha suerte.

 Para el PP, los problemas son otros, porque si bien el espacio de derechas crece en las encuestas, su posición dentro de él se ha frenado y Vox está recuperándose. La violencia verbal le viene mal cuando, aseguran fuentes populares, "tenemos que hacer el difícil juego de intentar sumar a los viudos de Ciudadanos, al votante urbano que no entiende nada de lo que está ocurriendo, y a los de los barrios periféricos de las grandes ciudades, a los que la izquierda ha dejado huérfanos, al mismo tiempo que no podemos desengancharnos de la derecha clásica para que Vox no crezca en exceso. Las hipérboles perjudican a un partido que quiere ser mayoritario, porque siempre tendrás a tu lado a alguien que será más agresivo que tú".

La prueba de que Sánchez sabe que la polarización potencia a Vox y mina al PP está en el tiempo en que el acuerdo con Feijóo parecía posible, y los pactos estaban a punto de firmarse. En esa época, Vox desapareció del discurso público del Gobierno, apenas se le mencionaba; y cuando ocurría, se le separaba claramente de los populares. Una vez que esa posibilidad se esfumó y Feijóo volvió al punto de partida, la polarización ha regresado.

De fondo, advierte Joan Navarro, están los efectos sociales. Al moralizar los problemas, se los conduce a términos maximalistas "que los convierten en una lucha entre buenos y malos. Cuando un asunto se hipersignifica, activa también al adversario, que reacciona poniendo la misma carga moral, lo que transforma una estrategia de activación en una batalla polarizada".           (Esteban Hernández , El Confidencial, 03/12/22)

24.8.22

JACOBIN entrevista a Yolanda Díaz: ¿Qué es Sumar? Es un proceso de código abierto... es un movimiento ciudadano que trata de imaginar nuestro país para la próxima década... desde la alimentación hasta la tecnología del país que queremos... es una herramienta que piensa su país para entablar un nuevo contrato democrático con una mirada diferente, y de hacerlo en horizontal, de manera artesanal... Sumar es una herramienta que pretende ensanchar la democracia, para generar esperanzas a una ciudadanía que yo creo que está ahí, que está atenta, que quiere participar... Si decidimos presentarnos a las elecciones, yo soy clara. Ya hemos tenido sumas de partidos y coaliciones. Eso no funciona. Se trata de construir a partir del protagonismo de la ciudadanía y del proyecto... en Chile me decían que allí la afiliación partidaria es del 2%. Esto es, no habrían logrado ningún cambio sin los movimientos ciudadanos que desbordaron totalmente a los partidos... los partidos, claro que en democracia son necesarios, obviamente… pero son insuficientes para las transformaciones sociales. Este es el aprendizaje que tenemos que hacer... No creo en los híper-liderazgos. Son, ya lo he dicho, jerárquicos, verticales, masculinos… da igual que sean mujeres u hombres... creo que la ciudadanía quiere participar, y hay toda una serie de problemas urgentes, cruciales que debemos pensar colectivamente, en cada país y globalmente

 "(...)  ¿qué es por tanto Sumar? ¿Cómo se va a desarrollar exactamente? ¿Va a tomar otras formas, digamos, electorales, más adelante o no necesariamente? Entiendo que esto es un proceso abierto que acaba de empezar, pero no quería dejar de consultarle al respecto.

 Es un proceso de código abierto, y creo que esto es lo hermoso, que sea código abierto, que lo construyamos colectivamente. Es un movimiento ciudadano en el que yo soy una pequeñísima parte, que trata de imaginar nuestro país para la próxima década pensando en las grandes cuestiones, en las cosas realmente importantes. Se trata de pensar un país a favor, pensar por la positiva el país que queremos. (...)

Sumar va de crear un enorme movimiento ciudadano en el que la protagonista no soy yo, es la ciudadanía, que además está participando y entrando en el proceso ahora mismo. En septiembre daremos a conocer los grupos de trabajo, pero hay ya muchos trabajando por materias específicas, que van desde la alimentación hasta la tecnología del país que queremos. Y por tanto ahí están desde científicos, científicas, investigadores, trabajadores y trabajaras de diferentes sectores. Sumar consiste en pensarnos colectivamente, de manera plural.

Sumar va de esto, de poner en marcha una herramienta que piensa su país y que además lo hace desde la conciencia de que España necesita cambiar. Necesita cambiar para entablar un nuevo contrato democrático con una mirada diferente.

 ¿Cuál es la dirección de ese cambio? ¿En qué consiste, por ejemplo, ese nuevo contrato democrático?

 Por ejemplo, el primer acto de escucha que hicimos fue con jóvenes activistas contra el cambio climático, y realmente lo que yo sentí ahí es que no puedo más que estar orgullosa del país que tenemos. Porque eran personas con un compromiso absoluto, una brillantez extraordinaria, todas profesionales, jovencísimas, con una lectura de la crisis climática y de la crisis ecológica absolutamente transversal.

Una de las frases que me pesa es que no somos capaces de avanzar en la crisis climática mientras la cajera o el cajero del supermercado no esté involucrada en ella. La crisis climática debe ser contemplada desde lo social. No podemos hacer algo desde arriba sino que tenemos que hacerlo desde abajo, de forma horizontal y abrazando a todo el mundo. Se trata por tanto de construir políticamente sabiendo —como nos dice Naomi Klein— que con la crisis climática ya toda política es climática. Es un cambio de una profundidad enorme.

Con Marty Walsh hablaba, por ejemplo, de cómo el cambio climático, las olas de calor por ejemplo, suponen un aumento de los riesgos laborales, como se ha visto por ejemplo en los recientes casos de trabajadores de limpieza fallecidos en España. Las normas laborales existentes ya obligan a las empresas a cumplir estas cuestiones, pero en el nuevo plan de inspección laboral hemos implementado medidas especificas para las olas de calor, previendo estas nuevas circunstancias que van a cambiar sin duda las materias de prevención de riesgos laborales en nuestro país y en todo el mundo.

De esto va Sumar. Sumar va de pensar nuestro país, de hacerlo en horizontal, en código abierto, de manera artesanal. Es algo que solo entre todas y todos podemos hacer y desde luego debemos hacerlo pensando con una mirada larga para 10 años. Y yo creo que lo que quiere Sumar es sobre todo acercar la cosa pública a la ciudadanía, cerrar la brecha que hay en nuestro país entre la ciudadanía y la política, que es ahora mismo enorme y desde luego se han hecho méritos más que suficientes para hacerla tan enorme.

 Cuando la política solo es ruido, cuando la política se convierte en un obstáculo, cuando los políticos son un problema para la ciudadanía, algo está fallando. Por lo tanto, Sumar es una herramienta que pretende ensanchar la democracia. La democracia es lo más valioso que tenemos aunque a veces tengamos disputas intelectuales sobre estas herramientas en el conjunto, en las procedencias de las que venimos. Pero la democracia en el sentido profundo, sustantivo, es algo fundamental. Y la democracia se fundamenta en cumplir con los derechos humanos. Lo digo desde un país que tiene más de 5 millones de personas pobres energéticas o que tiene 2 millones ochocientas mil en paro.

 Pues Sumar va de levantar un proyecto de país, de tejer un movimiento ciudadano y sobre todo de generar esperanzas a una ciudadanía que yo creo que está ahí, que está atenta, que quiere participar, que quiere ser un ciudadano y una ciudadana. Son problemas específicos de España, pero también internacionales, mundiales, globales. Boaventura de Sousa Santos ha hablado de cómo antes acceder al mercado de trabajo era sinónimo de acceder a los derechos que concita la ciudadanía, y cómo hoy este binomio se ha quebrado. Tenemos que romper con eso, tenemos que hacerlo diferente, como creo que estamos haciendo en España, donde hemos demostrado que se puede subir el salario mínimo, se puede tener mecanismos de protección, se puede tener una reforma laboral. Una reforma laboral que muchos pensaban iba a ser la hecatombe y con la que por el contrario mucha gente ha ganado la gente calidad de vida. Como me decían aquellas personas en el aeropuerto ayer, «ahora respiro mejor». Parece sencillo respirar mejor, pero tiene que ver con quitar parte de los miedos que arrastraban esas dos personas en sus vidas.

 Sumar entiendo que intenta construir un movimiento ciudadano que desborde los partidos. Usted tiene una larga experiencia en la construcción de alianzas entre organizaciones, como es el caso de la Alternativa Galega de Esquerdas (AGE) en 2012, una experiencia muy interesante en su momento y que de alguna forma inauguró el ciclo de reconfiguración de la izquierda posterior al 15M, que después protagonizaría Podemos. ¿Qué enseñanzas extrae de aquella experiencia?

 AGE fue una experiencia muy interesante. El cambio político de la pasada década empieza por Galicia en el año 2012. En aquel caso, si yo hubiera volcado todo en los partidos, la coalición no hubiera llegado a existir. De hecho yo era coordinadora de un partido en aquel momento, Esquerda Unida, y sometí la decisión a un referéndum y le dije a mis amigos más íntimos «mañana dimito», porque intentar aquella coalición era algo muy extraordinario. En Galicia, incluso aunque haya procedencias y culturas comunes, se dan dos mundos: por un lado el mundo del federalismo y del confederalismo, y por otro el mundo del nacionalismo y del independentismo. Esos dos mundos vivían de espaldas entre sí y lo que hice fue cruzar esa barrera, sin miedos.

Si me hubiera aferrado al partido, a la identidad partidaria, eso no hubiera ocurrido y de hecho estaba preparada para dimitir, porque pensaba que en el referéndum no lo sacaba adelante. Pero fue la militancia la que sacó la coalición adelante. Como siempre digo, las militancias y la gente de la calle, las personas comunes, son muy inteligentes y saben muy bien lo que quieren. Y fíjese, ese referéndum obtuvo, con todo en contra, con mi partido en contra, con mi partido en Madrid en contra, con todo en contra, un respaldo del 80%.

¿Qué aprendí de aquella experiencia? Que si yo me hubiera dejado llevar por la identidad partidaria y hubiera hecho de mi partido un fin en sí mismo —que es la situación en la que andamos metidas ahora mismo— nunca hubiera cambiado la historia. Ni en Galicia ni probablemente en las nuevas experiencias que vinieron después en todo el estado. Porque como el propio Pablo Iglesias ha reconocido, bebió de esas fuentes en Galicia.

 Pues esto es de lo que va Sumar, de tejer un proyecto de país, una partitura colectiva, sin fetichismos, sin dogmas de fe, sin prejuicios. Se trata de darnos una oportunidad, sobre todo con la convicción que cuando hablamos de contenidos las diferencias son matizables y sobre todo una convicción en la que me siento muy cómoda que es que la gente no quiere que pensemos igual lo que nos quiere ver es caminando juntas, ¿no? Es como aquella canción de Rubén Blades, «Caminando». Pues caminemos. Es decir, da igual que pensemos de manera diferente: lo que es necesario es pensar un país a favor, por el sí, en el que quepamos todos, sobre todo porque el país que propone la derecha es un país muy pequeñito, caben muy poquitos, caben hombres heterosexuales blancos de religión católica.

 Pero ¿cómo se relaciona Sumar con los partidos políticos existentes en la izquierda española? ¿Cómo van a encajar los partidos en ese contexto del espacio político que genere Sumar? ¿Cómo van a funcionar en la relación con Podemos, con Más Madrid/Más País o con las diferentes declinaciones plurinacionales de la izquierda, como Compromís en la Comunidad Valenciana, Comuns en Catalunya, etc.?

Si decidimos presentarnos a las elecciones, yo soy clara. Ya hemos tenido sumas de partidos y coaliciones: en Galicia hemos ido en la forma de En Marea, en Andalucía con Por Andalucía recientemente. Eso no funciona. Se trata de construir a partir del protagonismo de la ciudadanía y del proyecto. La discusión no está en cuántos liberados tenemos, qué número de la lista, todas estas cosas que ocupan tantos titulares y atención etc. Todo esto es lo que aleja a la ciudadanía de la política, aquí y en todas partes. Esto lo he conversado mucho por ejemplo en Chile, y me decían que allí la afiliación partidaria es del 2%. Esto es, no habrían logrado ningún cambio sin los movimientos ciudadanos que desbordaron totalmente a los partidos.

 Los partidos, por otra parte, tienen una capacidad de hacer ruido brutal ¿no?, de copar toda la atención mediática, lo que también indica que tal vez deberían pensarse a sí mismos, sus funciones y efectos, porque si sus únicas apariciones públicas no son por dar alternativas de vida, de generar esperanzas, sino por convertirse un fin en sí mismos y por pelear porque unos quieren una coalición y otros quieren no sé qué puestos y recursos, y yo quiero el número dos o el tres de la lista… Si los partidos deciden comportarse así, pues creo que todo ese ruido, todas esas peleas, van a desanimar todavía más a la ciudadanía.

 Iniciativas como Sumar pueden entenderse también como propuestas en un contexto de la crisis de la forma partido. Esta crisis ha dado lugar a diferentes opciones a lo largo de los últimos años, que combinan aspectos como el uso de redes, las figuras de hiperliderazgo, diferentes tipos de estructuras, entre otras cuestiones.

Usted ha declarado sentirse solamente como una parte más, que Sumar no es un proyecto con ese personalismo tan fuerte. ¿Cómo encajan estas piezas, digamos, de una figura pública —la suya—, una forma de liderazgo, los partidos, el movimiento ciudadano? No sé si quiere compartir alguna reflexión al respecto…

 Para mi hay mandatos claros en este momento. En primer lugar, como he dicho, que los partidos no pueden ser fines en sí mismos. En segundo lugar, que los partidos, claro que en democracia son necesarios, obviamente… pero son insuficientes para las transformaciones sociales. Este es el aprendizaje que tenemos que hacer. Los dirigentes de los partidos tienen que estar siempre a la altura de los momentos históricos que vivimos. Y creo que la clave ahora, más allá de los niveles de representación afiliativa que puedan tener los partidos en España (que, créame que es una parte pequeñísima, incluso en los denominados partidos grandes) está en lanzar el movimiento ciudadano, que ahora mismo es como le he contado: un proyecto de país que vamos a decidir colectivamente.

 No creo en los híper liderazgos. Son, ya lo he dicho, jerárquicos, verticales, masculinos… da igual que sean mujeres u hombres, porque son una forma muy patriarcal de entender el poder. Yo no soy así, y de hecho mi propia gestión y trabajo político no funcionan así, de ninguna de manera. Primero porque lo hago todo de forma horizontal con un equipo que es muy bueno. Creo que la gente me reconoce así, cuando voy por la calle y los trabajadores y las trabajadoras me identifican como uno de ellos y me llaman por mi nombre. Entonces no creo que la cuestión esté en los hiperliderazgos, sino que es un desafío mucho más complejo: creo que la ciudadanía quiere participar, y hay toda una serie de problemas urgentes, cruciales que debemos pensar colectivamente, en cada país y globalmente. (...)"

(Entrevista a Yolanda Díaz, Vicente Rubio-Pueyo es lecturer en el departamento de Lenguas Modernas de Fordham University (Nueva York). JACOBINLAT, 21/08/22)

24.2.22

¿El detonante? Pues amenazas directas a Casado... "Pablo, piensa en tu familia... porque no está claro que no vayas a terminar en el banquillo, que has dispuesto de información personal de un ciudadano, información fiscal y bancaria de un privado y, en lugar de ir a denunciarlo, has pretendido utilizarla para extorsionar a una compañera de partido... Pablo, lo importante ahora es pensar en ti, y sobre todo pensar en los tuyos, pensar en Isabel, tu mujer, pensar en tus hijos, esos niños que tienen que seguir yendo al colegio, esos niños que tienen todo el derecho del mundo a seguir pensando que el suyo es el mejor padre del mundo, el tipo más honorable que parió madre... después hablan de Sicila, la 'omertá' y esas cosas de 'la familia'

Pablo Iglesias @PabloIglesias

No tengo la menor simpatía política por Pablo Casado y, si alguna vez, hubo cariño personal se perdió en la agresividad parlamentaria, pero amenazar a su familia es ser un mafioso repugnante
@JCacho_Conlupa Ya sé que nosotros no recibimos solidaridad pero no somos como ellos...  ("Pablo, piensa en tu familia"  (Jesús Cacho, Vox Populi, 22/02/22))

9:55 a. m. · 22 feb. 2022
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 "Hace muchas semanas que no te dirijo un simple mensaje de WhatsApp porque, primero, no he querido molestarte con consejos vanos -la manía de los periodistas de aleccionar a los políticos-, que bastante tienes con lo tuyo, los tuyos, esa tropa que te ha hecho perder pie con la realidad, y, además, porque no hubiera sabido qué decirte sin ofenderte, sin que supusiera una humillación añadida para ti, de modo que mejor callarme y esperar acontecimientos 

(...) querido Pablo, nos conocemos poco pero te aprecio, cosas del paisanaje tal vez, de que es hora de que tires la toalla, reconozcas tu derrota y evites males mayores.

(...) No hay ningún ejército camino de Berlín dispuesto a defender tus últimas posiciones, Pablo. Te has encerrado en el búnker de Génova y tu carrera política -el futuro se fue, se evaporó- ya no saldrá de allí si no es con los pies por delante. Has perdido, Pablo, la batalla y la guerra. 

Has cometido errores infantiles que demuestran que quizá el encargo te venía grande; hace tiempo hiciste dejación de responsabilidad al ceder los poderes a la persona menos adecuada, (...), no te cortaste un pelo diciendo a tirios y troyanos que "es mi amigo, no tiene agenda propia y es mi consejero delegado", y has ido a muerte por la senda que te ha mostrado, a machetazo limpio, ese consejero delegado tuyo, olvidando que la obligación del presidente de una empresa es despedir al número dos cuando pone en peligro el futuro de la firma. (...)

Y ahora te encuentras en mitad del desierto, sedotta e abbandonata, sin otro objetivo que el intento loco de parapetarte en Génova y resistir. ¿Esperando qué?

 Estás muerto, Pablo. Mientras una masa de simpatizantes de tu todavía partido rodeaba tu despacho de Génova y pedía a gritos tu dimisión, cualquier persona con dos dedos de frente te hubiera imaginado este fin de semana, dramático fin de semana tuyo, ocupado de manera febril en alcanzar un acuerdo con tus pares para ver de lograr una salida lo menos traumática posible para ti, llegar a un pacto que te permita siquiera salvar los muebles, poder irte a casa sin el peso del oprobio, tout est perdú sauf l'honneur, salvar la dignidad y quizá algo más, Pablo, porque no está claro que no vayas a terminar en el banquillo, que has dispuesto de información personal de un ciudadano, información fiscal y bancaria de un privado y, en lugar de ir a denunciarlo, has pretendido utilizarla para extorsionar a una compañera de partido, por eso digo, Pablo, que lo importante ahora es minimizar daños y pensar en ti, en los años que te quedan por vivir, en el trabajo que tendrás que buscar, en el confort que deberás perseguir, y sobre todo pensar en los tuyos, pensar en Isabel, tu mujer, pensar en tus hijos, esos niños que tienen que seguir yendo al colegio, esos niños que tienen todo el derecho del mundo a seguir pensando que el suyo es el mejor padre del mundo, el tipo más honorable que parió madre.

 Has perdido la partida, Pablo. Dejas un partido abierto en canal, gravemente herido, pero aún puedes evitar dejarlo muerto, razón por la cual es locura que puedas siquiera pensar en atrincherarte en Génova, que ese despacho ya no te pertenece, te lo han arrebato los votantes que no quieren que les representes más. (...)

Pasó tu hora, Pablo; llegó la de tus pares. La de esos nombres que dirigen el partido en los territorios, esa gente sobrada de palio y carente de fibra, medrosa y pusilánime, ¡cuánto daño ha hecho el marianismo a ese partido, qué difícil superar ese trauma!, los llamados barones, ¡qué exhibición de cobardía, señores míos!, ¿no les parece llegado el momento de hablar alto y claro, dejar de estar callados cual muertos? ¿A qué están ustedes esperando? ¿Qué prudencia, qué miedos, que temores paralizan su ánimo y les impiden hacer lo que, en un mínimo rasgo de patriotismo, incluso de vergüenza torera, estarían ustedes obligados a hacer en función de su cargo?

 Abrevia el tránsito, Pablo, y evítanos la vergüenza de verte resistir en una Numancia que sabes perdida. Enarbola bandera blanca y vete a casa. Pasea por el Salón de Palencia, camina por las choperas de Husillos, asómate a los atardeceres del Carrión en Puentecillas, vive y deja vivir. Ya estás muerto, de modo que, como diría Borges, dilatar tu presencia en Génova solo conseguiría alargar tu agonía y multiplicar el número de tus muertes. Tienes que pensar en lo mejor para ti y los tuyos. Evitar cualquier sufrimiento añadido a los que te aprecian de verdad, gente que difícilmente soportaría verte convertido en carne de picadillo. Piensa en lo que querrían para ti quienes te quieren. Piensa en tus padres, en tu mujer y en tus hijos. Pablo, piensa en tu familia."            (Jesús Cacho, Vox Populi, 22/02/22)

22.5.20

Pepa Bueno: mayorías superiores al 80% consideran necesario el confinamiento que hemos hecho, creen que las consecuencias económicas serán muy graves, ven bien el ingreso mínimo vital y defienden que hay que dotar a la Sanidad de más dinero, más personal, mejor coordinación entre comunidades autónomas y aumentar instalaciones y recursos para prevenir y abordar pandemias. No está mal como punto de partida para la reconstrucción...

"(...) El riesgo para la democracia está en el barómetro del CIS, y no porque lo haga Tezanos, sino por lo que cuenta de las preocupaciones de los españoles. 

Que en medio del episodio más disruptivo y atemorizador que hemos vivido en décadas, los primeros puestos de las preocupaciones los ocupen el paro, la economía y el propio coronavirus simplemente refleja la realidad sin más aditamentos. Sociedades conectadas que saben dónde están los riesgos y por dónde vienen los palos cuando todo se tuerce o todo se para.

 Pero es que en cuarto lugar se cuela como preocupación el mal comportamiento de los políticos. ¡El mal comportamiento! Es como si en medio de un incendio, tuvieras que echarle la bronca a los bomberos porque pelean por quién se queda con la manguera. Si no por principios, responsabilidad y sentido del deber, al menos por puro interés, por su propia supervivencia, asombra que les resulte indiferente este desprestigio permanente de los partidos políticos. 

La crisis de 2008 reveló la impotencia de la política frente a los mercados financieros, mala cosa si la crisis de 2020 le añade a la política el estigma de obstruccionista del bien común. Y pocas veces ha estado más claro y ajeno a etiquetas ideológicas, eso que llamamos el bien común.

Tan claro como que según el mismo barómetro del CIS, mayorías superiores al 80% consideran necesario el confinamiento que hemos hecho, creen que las consecuencias económicas serán muy graves, ven bien el ingreso mínimo vital y defienden que hay que dotar a la Sanidad de más dinero, más personal, mejor coordinación entre comunidades autónomas y aumentar instalaciones y recursos para prevenir y abordar pandemias. No está mal como punto de partida para la reconstrucción. ¿Pueden los partidos políticos tirar a la basura consensos superiores al 80%?"               (Pepa Bueno, El País, 20/05/20)

3.3.20

En diciembre de 2019 los políticos eran el segundo gran problema para los españoles, solo detrás del paro. Son percibidos como un cuerpo extraño que empeora las cosas. Su descrédito es proporcional a la cantidad de problemas que no se arreglan. Por eso lo que ocurra con Sanders es importante... quizá los electores estén demandando políticos que hagan política de verdad

"Según datos del CIS, en diciembre de 2019 los políticos eran el segundo gran problema para los españoles, solo detrás del paro. En enero, Tezanos ha optado por disimular ese hecho, pero los resultados han sido muy similares. 

Esta falta de aceptación de los políticos es significativa, en tanto esperamos de ellos que ayuden a resolver nuestras dificultades, de modo que bien podríamos concluir que el descrédito de los políticos es proporcional a la cantidad de problemas que no se arreglan.

 Sin embargo, hay algo latente en esa percepción que es importante para entender el momento político. No se trata solo de que no haya confianza en las personas que toman decisiones en nuestra sociedad, sino que son percibidas como un cuerpo extraño que empeora las cosas. 

Los políticos han puesto mucho de su parte: la corrupción, la gestión ineficaz y el alejamiento de las preocupaciones de los ciudadanos son elementos objetivos que admiten poca discusión, pero también es cierto que se han convertido en el chivo expiatorio de todas las disfunciones, algo que no es ni justo ni real. La derivada, muy seria, es el riesgo de deslegitimación del sistema, que aumenta cuanto peor se valora a los políticos. (...)

A esa marea de fondo se han opuesto dos clases de respuestas. 

Una, que podríamos denominar sistémica, ha sido la culpabilización del adversario: la política es buena, pero existen políticos nefastos, que curiosamente siempre son los del lado ideológico opuesto.

 El desprestigio se niega mediante su desplazamiento, y se utiliza instrumentalmente para atacar a los rivales. Es una tendencia generalizada en Occidente, pero en España hemos tenido demasiada retórica en ese sentido: unos afirmaban que si nos iba mal era por el Gobierno de los bolivarianos y los independentistas, y otros, que la causa de nuestros problemas era el trifachito. Muchos insultos, poca política, en definitiva.

 La segunda respuesta ha sido más significativa, porque puede avanzar algo de nuestro futuro. Quien mejor la ha representado ha sido Trump. 

La lógica que animó su candidatura fue claramente 'antiestablishment', y se apoyó en el descrédito de los políticos y los expertos tradicionales. La idea de fondo era la siguiente: quienes han tenido éxito en la vida están mucho más capacitados para dirigir un país que esos expertos que se pierden en palabrería en lugar de ir a lo práctico; quien sabe cómo gestionar lo privado sabe cómo gestionar lo público, y sabe además que para esa tarea la energía, la decisión y el no detenerse ante los obstáculos son imprescindibles; no necesitamos más expertos que se pierden en tecnicismos y que no hacen otra cosa que poner palos en las ruedas: se precisa gente que resuelva las cosas. (...)
Agachar la cabeza y hacer lo mismo

El ‘establishment’ de las democracias occidentales ha desdeñado los riesgos de este giro, y lo ha hecho de un modo sorprendente. Su forma de defenderse ha consistido, por una parte, en agachar la cabeza, negar los problemas y seguir adelante con el mismo discurso; por otra, ha tratado de impedir cualquier cambio.

La campaña demócrata estadounidense es un ejemplo exacto de este tipo de estupidez funcional. Después de una derrota tremebunda contra Trump en 2016, su ‘establishment’ ha apostado no solo por utilizar la misma fórmula que no les funcionó entonces, sino por combatir ferozmente a aquellos que abogan por otro camino. Están respaldando a Bloomberg, un multimillonario antipolítico, a un candidato que parece construido por ordenador, Pete Buttigieg, y a un exvicepresidente, Biden, que está lejos de encontrarse en su mejor momento. Pero más llamativa que su oferta es la hostilidad enorme contra Sanders, que es, por cierto, su candidato más político, y a quien están poniendo todo tipo de obstáculos. En resumen, las élites del partido demócrata se resisten a perder el poder y tratan de congelar el tiempo, como si nada hubiera ocurrido en estos últimos cuatro años.

  No deja de ser llamativo cómo, en situaciones y contextos geográficos muy diferentes, estos patrones tienden a repetirse. La política española de los últimos años está llena de ejemplos de viejas élites que reaccionan contra los nuevos tiempos mediante la polarización y el control interno. El PP es uno de ellos.  (...)

Esto le ha ocurrido a buena parte de las derechas internacionales, que no quisieron ver que los tiempos eran otros, y para cuando se dieran cuenta, o su espacio había sido ocupado por la derecha populista o su partido se había convertido en otra cosa, como ocurrió con los conservadores británicos y con el partido republicano estadounidense. Y como le puede pasar al PP, cuyas élites verían bien la reunificación de las derechas a partir de la absorción de la ideología de Vox.

 En Ciudadanos, no ha sido muy distinto. Después del enorme fracaso en las últimas elecciones, quienes controlaban el partido decidieron que debían seguir por el mismo camino, que básicamente la estrategia que habían seguido era la correcta y que el principal problema para subsistir es la oposición interna, es decir, la lista de Igea. Ese es el malestar que Arrimadas hizo visible ante los medios.

 Algo similar ocurrió en el PSOE, aunque el desenlace haya sido distinto. La pelea entre el ‘establishment’ del partido y Sánchez, que alcanzó cotas grotescas en las fechas anteriores a la investidura de Rajoy, partía de esa misma convicción de que ellos tenían la fórmula de la victoria y el único obstáculo para alcanzarla era la resistencia interna. Intentaron terminar con el mandato de Sánchez y lo consiguieron, solo que se les ocurrió preguntar a sus bases en un proceso de primarias que creían tener más que ganado, y consiguieron que la realidad les diera un golpe muy duro.

 En otras palabras, el marco se ha repetido de manera incesante: cuando surgieron nuevos competidores y las cosas se pusieron feas, las élites de los partidos respondieron alejándose de la realidad y priorizando el control interno. Un buen ejemplo de esta tendencia ha sido Podemos: cuanto más caía en las encuestas, más esfuerzos hacía Iglesias por asentar su control del partido. Ya quedan pocos, pero son fieles.

El resultado final de todo esto son políticos que centran sus esfuerzos en el orden interno y que se alejan de sus votantes. No hay propuestas ideológicas diferentes, no hay nuevas posiciones políticas, no hay ideas, solo una continua repetición del pasado con más énfasis, más vehemencia y más polarización. Como la única forma que tienen de convencer a sus posibles votantes es resaltar lo negativo de sus adversarios, las tensiones aumentan, el descrédito de los políticos también y los problemas siguen sin resolverse.

Esta es la peculiar burbuja política que estamos viviendo en momentos que son de importancia histórica. Los sistemas políticos están cambiando, hay nuevas formas de autocracia en el horizonte, y la torpe respuesta democrática a estos desafíos es defender su pequeña parcela y atacar al disidente. Por eso lo que ocurra con Sanders es importante, ya que hay un elemento altamente simbólico en su (bastante) posible nominación

 No olvidemos que Trump dobló el brazo al partido republicano y después al demócrata con la propuesta de hacer política con modos y medios antipolíticos. Y quizás esta sea una lección a tener en cuenta en estos tiempos: quizá los electorados estén demandando políticos que hagan política de verdad."                     (Esteban Henández, El Confidencial, 28/02/20)  

25.2.20

Relato del naufragio del transatlántico Ciudadanos contado desde la sala de máquinas del barco... el secretario de Organización contaba con una red de confidentes por toda España que le mantenían informado sobre cualquier atisbo de disidencia

"Cada vez que un político afirma que su partido aspira a atraer lo mejor de la sociedad civil, alguien debería echarse a temblar en algún sitio.  (...)

Si ese partido es Ciudadanos, antes de salir corriendo o decir que sí, sería conveniente que leyera el libro '¡Vamos?' (Editorial Sloper), de Xavier Pericay, que fue portavoz parlamentario de Ciudadanos en Baleares de 2015 a 2019. "Para triunfar en política, para alcanzar el poder, hay que saber mentir y engañar. Quien vaya con la verdad por delante lo tiene crudo, por no decir que tiene los días contados".

Es cierto que lo escribe en relación a la biografía de Fouché (ministro de Policía con Napoleón, superviviente de varios regímenes), pero ese pesimismo tan amargo se extiende a la descripción que hace de su paso por la cúpula del partido. (...)

Pericay fue uno de los quince intelectuales que firmaron el manifiesto que propulsó la fundación de Ciudadanos. Como alguien que era filólogo, profesor y experto en la obra de Josep Pla, su papel político iba a concluir ahí. Circunstancias fuera de su control, sobre todo el hecho de que el partido no contaba con nadie para encabezar la candidatura autonómica en Baleares, hicieron que diera un paso al frente de forma un tanto reticente. 

Era por tanto un político accidental con lo que ya estaba en desventaja. Los tiburones –aquellos que se profesionalizaron con rapidez– no tuvieron problemas para engullírselo. Perdió las primarias para volver a presentarse a las autonómicas de 2019 y en julio dimitió de su cargo en la Ejecutiva.

Pocas veces alguien que ha estado dentro de la maquinaria de un partido decide contar luego lo que ha visto y enseñar las cicatrices que le han quedado en el cuerpo. Tampoco se estila anunciar que el rey estaba desnudo mientras los cortesanos no cesaban de elogiar la calidad de su vestuario. Pericay vulnera ese acuerdo implícito de no sacar fuera los trapos sucios con los que los mediocres consiguen que perviva la forma de hacer las cosas que les ha permitido prosperar.

No hay muchos partidos que resistan la comparación entre sus mensajes hacia fuera y su realidad interna. Ciudadanos no es una excepción.

(...)  el secretario de Organización, Fran Hervías, contaba con una red de confidentes por toda España –los secretarios de Organización locales– que le mantenían informado sobre cualquier atisbo de disidencia, y todos estaban absorbidos por el "culto a la personalidad" del líder. Esto último, en expresión literal de Pericay.

Albert Rivera ha sido el único líder que ha tenido Ciudadanos. El ascenso del partido hasta el fiasco de las elecciones de noviembre ha estado ligado a su figura, omnipresente en los medios. La prensa de Madrid decidió durante un tiempo que era el salvador de la Constitución en España y hasta los medios más cercanos al PP lo trataban con algo más que respeto. La traducción interna de tanto elogio exterior era evidente: "Ciudadanos se conformaba como un partido fuertemente jerarquizado, de una verticalidad que para sí hubieran querido, pongamos por caso, los mismísimos sindicatos franquistas", escribe Pericay. 

El viaje de Rivera hacia el poder absoluto empezó mucho antes de que acapara titulares. En noviembre de 2006, debía dar su primer gran discurso en el Parlament en la sesión de investidura de José Montilla. Albert Boadella, Arcadi Espada y Xavier Pericay se ofrecieron a ayudarle con el texto de la intervención. En vano. Con 27 años, Rivera ya no necesitaba la ayuda de nadie. "No me cabe la menor duda de que aquel día Albert Rivera tenía ya formado el propósito de desprenderse de la tutela que nuestra condición de abajofirmantes del primer manifiesto podía conferirnos".

 La política es para los valientes, no para los tímidos. Pero si los valientes terminan consumidos por el yo, yo, yo y no aceptan opiniones contrarias a la suya, acaban encerrados en su fortaleza y pensando que cualquier opinión divergente es sinónimo de traición. "Para alguien como Albert, sólo valían las opiniones corroborativas. Y no digamos ya si encima eran encomiásticas. Cuando no eran ni lo uno ni lo otro, cuando se apartaban del análisis que él había hecho o de la línea que él había trazado, se arrinconaban sin miramiento alguno". 

El jefe del aparato policial

Todo líder máximo necesita a alguien que se ocupe de meter en cintura a los que dudan. Siempre hay disidentes. Si no los hay de forma evidente, se crean para justificar la influencia del aparato policial. Esa función correspondía a Fran Hervías, que ha sido durante una década el principal guardaespaldas de Rivera en el partido. Pericay ha esperado a este momento para ajustar cuentas con Hervías, que ha dejado a su paso unos cuantos cadáveres. 

"En consonancia con ello, Hervías se jactaba de no leer libros. De ahí que a la hora de rodearse de acólitos su predilección recayera en los culturalmente yermos, o sea, en los bien llamados herbívoros, en tanto en cuanto no comen carne de libro". Si ya los escribían, como es el caso de Pericay, debían de ser incluso más peligrosos.

Hervías dimitió como secretario de Organización, pero es de esas dimisiones muy livianas, porque sigue ocupando la misma función en la gestora. Continúa minando el poder de Juan Marín, vicepresidente de la Junta andaluza, con la ayuda de su esposa, la exdiputada Virginia Millán, que se hizo famosa por protagonizar una de las peores intervenciones televisivas que se recuerdan en una campaña. No pareció poner en peligro su futuro político. 

Entre medias, en Ciudadanos había espacio para la extravagancia de los nuevos tiempos. El partido era un laboratorio de candidatos con el que preparar a políticos noveles y en general muy jóvenes para enfrentarse a la realidad con técnicas que pasan por modernas. No era suficiente con saber hablar ante la cámara o escabullirse ante las preguntas de los periodistas. Sí, también recurrían a eso en lo que están pensando. "Albert había descubierto el coaching, Inés tras él, y los dos estaban convencidos de que los demás no podíamos sino beneficiarnos de la experiencia".  (...)

La arrogancia en su lento pero seguro camino hacia la soberbia tuvo su momento culminante tras el éxito de las elecciones de abril. Rivera y su "sanedrín" sabían exactamente qué iba a pasar a partir de ese momento. Ya habían patinado antes con la moción de censura, que trastocó por completo sus planes, porque pensaban que Rajoy se iba a adelantar con su dimisión o la convocatoria de elecciones (qué poco le conocían). No sacaron lecciones de ese error, porque –al igual que con el procés– la idea entre los dirigentes era que todo era bueno para Ciudadanos, tan convencidos estaban de su imparable llegada al poder. Si ocurría lo que tenían previsto, perfecto. Si el desenlace era distinto, aún mejor.

Después de abril de 2019, unos pocos dirigentes reclamaron una revisión de la política de alianzas, desmentir la foto de Colón y buscar un acuerdo con el PSOE que contaría con mayoría absoluta en el Congreso. El no rotundo de Rivera acabó con Toni Roldán y otros fuera del partido, las dosis habituales de triunfalismo y un acto público con todos los dirigentes a mayor gloria del rex imperator.

Lo que la gente como Roldán o el mismo Pericay no admiten es que después de haber demonizado a Pedro Sánchez como una pesadilla para España desde la moción de censura –"un peligro público", repetían constantemente Rivera y Arrimadas– era difícil girar el barco en redondo para navegar en sentido contrario. Iban directos hacia el iceberg contra el que chocaron en noviembre. 

Aún siguen buscando a los supervivientes. "                      (Iñigo Sáenz de Ugarte , eldiario.es, 22/02/20) 

14.11.19

Nuestras élites no acaban de entender el momento en que se encuentra Occidente y, de hecho, tampoco el momento en que se encuentran ellas mismas

"Si de algo ha servido esta campaña ha sido para subrayar la escasez de ideas de nuestras élites políticas. Los debates fueron reveladores en ese sentido, ya que mostraron a candidatos centrados en lo táctico pero absolutamente planos en cuanto a recorrido de futuro, a planteamientos para abordar lo que vendrá, a soluciones a problemas significativos.

Nuestras élites no acaban de entender el momento en que se encuentra Occidente y, de hecho, tampoco el momento en que se encuentran ellas mismas. Pero no es un mal exclusivo del ámbito político, también se aprecia de una manera relevante en lo económico. Un buen ejemplo es la pugna de poder que está teniendo lugar entre las grandes empresas tecnológicas y la banca, especialmente la europea.

 A principios de semana se celebró la 'International Banking Conference', organizada por Banco Santander e inaugurada por Ana Botín. En la disertación de apertura, Botín se sumó a la necesidad de reformular el capitalismo y de acabar con la maximización de los beneficios para el accionista como única guía

Es imprescindible mirar a medio plazo, tanto en las firmas como en la sociedad, en lugar de continuar con el recorrido tremendamente cortoplacista en el que estamos inmersos y con las graves consecuencias que genera. Además, subrayó la urgencia de pensar más allá de la mera generación de beneficios en la misma actividad de la empresa, y señaló algún ámbito de acción, como el cambio climático, sobre el que se debería poner el foco. (...)

Sin embargo, detrás de estas pertinentes afirmaciones no hay mucha actividad real que las respalde, ya que la identificación de los problemas no impulsa una toma de decisiones que los frene o los neutralice. Y eso se nota incluso en lo que afecta a la banca más directamente, la pérdida de negocio a manos de las tecnológicas, que ya ha empezado y que amenaza con ser sustancial en los próximos años.

 Es significativo en este sentido que las recetas que se recomendaron en las jornadas sean conocidas, porque ya fueron utilizadas en otros ámbitos para competir en el nuevo escenario, y con escaso éxito. 

 En particular, el cambio de mentalidad para adaptarse a la innovación, la confianza existente entre los bancos y sus clientes como pegamento de la relación, propugnar un marco regulador en el que las tecnológicas no partan con ventaja o evitar situaciones de injusticia derivadas del uso de algoritmos, suenan bien pero no son más que diferentes expresiones de la creencia en que solo hay que adaptar las realidades a los nuevos instrumentos.

 Esta visión es errónea, porque supone ignorar la reestructuración de nuestras sociedades, también en lo económico y en lo financiero, de la que estamos siendo los sujetos pasivos. La equivocación más común es poner el acento en la tecnología, creer que esto no es más que la consecuencia temporal de las transformaciones que esta causa. La digitalización no es una oportunidad, como llegó a decirse en las conferencias; o, más propiamente, lo es para quienes tienen el poder y los instrumentos adecuados, pero los demás competidores pierden.

 El fondo del asunto es la apuesta decidida de las tecnológicas por hacerse con cada vez más partes rentables de la economía. Para ello, están reconvirtiendo sectores enteros: ocurrió con el ámbito cultural, pero también con el de los grandes almacenes, el transporte, el alojamiento, la publicidad, la distribución de información, está entrando en el ámbito jurídico y el sanitario o en la regulación del tráfico. Las grandes ciudades serán en el futuro una fuente de beneficios para las tecnológicas, como lo será el ámbito financiero.

 Todo esto tiene que ver con un asunto obvio: las novedades son aprovechadas por quienes en mejor disposición están para ello. Las tecnológicas poseen capital, influencia política, respaldo internacional, mucho músculo financiero, instrumentos punteros y además cuentan con los datos. Frente a ellas, los bancos europeos están muy por debajo en casi todo, lo que hace previsible adivinar el resultado final. Es esta diferencia de poder la que determina los ganadores y los perdedores.

Lo hemos vivido antes: la sensación de invulnerabilidad, primero, de sectores establecidos, la falta de toma de conciencia de la situación, después, y la creencia en que a pesar de todo se podría competir con cierto éxito fueron constantes que se dieron en un ámbito tras otro. El resultado lo conocemos: ganó la empresa tecnológica y el resto fue concentración, integración vertical, reducción de actividad, absoluta falta de innovación, menos beneficios, salarios más bajos, proveedores y colaboradores empobrecidos y destrucción final del ecosistema.

En el ámbito puramente bancario, las recetas van por el mismo camino: concentración, digitalización como sinónimo de abaratamiento de costes, intento de expansión en mercados exteriores, entrada en nichos minoritarios, reducción de servicios o nuevos cobros... Pero son medidas de repliegue, en tanto supone aceptar que habrá partes de su negocio que quedarán en manos de otro tipo de empresas, las tecnológicas, y que seguirán corriendo presionados por exigencias de rentabilidad poco realistas en lugar de afrontar los problemas reales. 

El asunto de fondo es fácil de comprender: cuando hay fuerzas que concentran el poder y los recursos, utilizan estos para seguir creciendo, lo que solo pueden hacer a costa del resto de la sociedad, grandes competidores incluidos. Por eso las recetas del antitrust estadounidense, como dividir las tecnológicas, son pertinentes, porque apuntan al núcleo: los monopolios y los oligopolios son un problema en sí mismo.

En esas circunstancias, incluso los diagnósticos más acertados desde el liberalismo, como el de Toni Roldán, caen en el mismo error: identifican problemas serios, son conscientes del cambio, pero ofrecen soluciones que no hacen más que evitar el asunto esencial, el del poder. Sin tomar en cuenta este elemento, sectores típicamente triunfadores en la época precedente, como los bancos en el ámbito económico y los liberales en el político, estarán condenados a seguir perdiendo relevancia. De forma paulatina, viendo cómo su espacio se reduce, cómo se concentran las fuerzas para seguir resistiendo, y cómo su margen de acción disminuye, pero continuarán deslizándose por la pendiente.

No sirve quejarse de que llega la extrema derecha o del poder de las tecnológicas, si no se ponen medidas reales y efectivas que impidan que el clima en el que han crecido continúen propagándose. 

Un par de recientes libros estadounidenses, como 'Don’t be evil', de Rana Foroohar y 'Goliath', de Matt Stoller, son buenos ejemplos de los peligros que se afrontan. Y sirven, además, para poner de relieve que sin un sustancial cambio estructural, las cartas seguirán marcadas.

No se trata de defender a los actuales bancos o al tecnoliberalismo reinante, sino de que ambos espacios son buenos ejemplos de cómo, incluso en las cuestiones que les afectan más directamente, las élites españolas han perdido el foco. Centradas en el corto plazo, actúan como si nada hubiera pasado, como si el escenario fuera fundamentalmente el mismo, cuando estamos en otro lugar. Y desde luego, muy preocupante."                    (Esteban Hernández, El Confidencial, 10/11/19)

18.7.19

Errejón: "Hay claramente un espacio para otra fuerza progresista no sectaria"

"Íñigo Errejón es un político mestizo. Y por tanto afable para unos, impostor para otros y equívoco para la mayoría. Él quita importancia a los rumores que apuntan a la creación de un partido nacional (...)

¿Qué nombre le gusta más para un partido nuevo, Más País o Más España?

Más Madrid. Somos una fuerza política madrileña con medio millón de votos y tenemos que construirnos en Madrid. Los rumores sobre la posible extensión de Más Madrid más allá de los límites de su propio nombre obedecen fundamentalmente a los nervios de quienes están negociando la investidura. (...)

¿Y los movimientos de lo que llaman el errejonismo hacia Equo, Compromís, 'comunes' o anticapitalistas andaluces?

 (...) Adelante Andalucía está haciendo un camino y nosotros otro en Madrid que, eso sí, demuestra que hay posibilidad de que fuerzas progresistas transversales, amplias, no sectarias, con más vocación de innovación que de melancolía saquen buenos resultados. Un 15% en Madrid es humilde pero no está mal. Hay claramente un espacio, aunque no hemos conseguido nuestros objetivos en Ayuntamiento y Comunidad. 

¿Descarta que a las próximas generales, sean en noviembre o en 2023, concurrirá una lista nueva encabezada por Íñigo Errejón?

En política he aprendido a no descartar casi nada. Pero no estamos en eso sino en construir Más Madrid. Que eso luego sirva de inspiración para otros lugares nos alegraría, pero los tiempos de la política y los de la actualidad no son los mismos.

O sea que zanjamos estos rumores sobre su nuevo partido como un intento de presión de Sánchez sobre Iglesias.

Hay una parte de eso sin duda. Pero puede que haya gente que de buena voluntad lo espere, o lo desee. En un momento de expansión de PSOE, nosotros hemos sacado un resultado sin parangón desde posiciones alternativas al PSOE. Puede haber mucha gente que lo vea con una legítima y para mí encantadora esperanza, pero tenemos que decir que vamos a construir Madrid. (...)

La gente sigue preguntando la razón real de su ruptura con Iglesias.

La gente no se cree que puedas tomar un camino diferente por ideas. Estamos empezando a confundir lo verdadero con lo oculto. Yo he dejado todo un reguero de hemeroteca desde hace tres años de diferencias estratégicas o ideológicas sobre lo que tenía que ser Podemos. En mi opinión Izquierda Unida ya existía y cumplía un papel muy respetable, pero cuando en 2015 nos votan cinco millones no es para que ocupemos ese lugar.

Era una fuerza transversal que no ponía a la gente de acuerdo sobre lo que habían sido sino sobre lo que querían hacer con un país en crisis política, económica y moral. Esa ubicación ha ido mutando, con el rumbo de la actual dirección de Podemos, hasta ocupar el lugar político tradicional de IU, lo que lleva también a ocupar el lugar electoral de IU.

Ese nunca ha sido mi camino. Y luego eso tiene costes personales. Por usar una metáfora comercial, aunque la política no tenga nada que ver, es como si la Pepsi se comprara la Coca Cola, después la fábrica de Coca Cola se pusiera a hacer Pepsi y luego se quejara de que la compran como a la Pepsi. Claro, es que eso ya existía.

¿Podemos es IU 2.0?

Va claramente en ese sentido. Hacia la fusión. Y eso no funciona. En las europeas de 2015, IU saca seis y Podemos saca cinco, es decir, 11 entre los dos. Cuatro años después se unen y sacan seis. Se puede colaborar entre fuerzas progresistas, pero la fusión confunde a la gente y por eso a veces las sumas restan en política. En Madrid hemos probado nuestra propuesta, Podemos e IU han hecho la suya y los resultados nos demuestran que hay recorrido. (...)

En la guerra entre la izquierda materialista y la identitaria, a usted le ubican en la segunda.

Es un tema de resaca. Hay gente en la izquierda que llevaba desde el 15-M o desde el 2014 esperando para pasar cuentas. Es un debate que tiene algo de lucha por un nicho comercial. Me cuesta mucho separar las reivindicaciones materiales de las culturales.

Cuando el feminismo pide servicios sociales que faciliten una vivienda para que la maltratada pueda dejar la casa donde la golpean, ¿eso es material o cultural? Los pulmones que respiran contaminación ¿son culturales o materiales? Marx nunca cayó en ese economicismo ramplón según el cual sólo importa llenar la tripa. Este materialismo se ha puesto de moda como un artículo vintage, como las camisas de leñador entre los hípsters: no es que quieran ser leñadores, es que la camisa mola.

Yo estoy comprometido con una idea de la izquierda que articula las demandas de mayor libertad con las de mayor justicia social. Además, la clase también es una identidad. La gente no se define a sí mismo por su lugar en el sistema productivo. Construir voluntades populares es el resultado de una narración. ¿La Declaración de Derechos Humanos es verdad? Lo será si nos ponemos de acuerdo en que tenemos derechos inherentes desde que nacemos, porque no era verdad antes. Pero es más fácil cohesionar por exclusión del otro que por inclusión.

Dicen que la izquierda identitaria le hace el juego al neoliberalismo que atomiza la protesta en grupúsculos y debilita la lucha.

La izquierda que dice eso no gana en Hortaleza ni en Vallecas: ahí ganamos nosotros. Se quejan de que me hago una foto con los Javis como un guiño posmoderno a la clase media. Pero ¿quién crees que ve OT? El neoliberalismo amenaza a la familia, la disgrega, obstaculiza la identidad de clase, pero lo hace con hechos que pasan inadvertidos a esa izquierda que denuncia que malvadas profesoras lesbianas de Columbia han venido aquí a disgregar a las masas trabajadoras. Es un debate idealista de los que van de materialistas.

¿No será que a la gente le gusta vivir en un chalet, a poco que su sueldo se lo permita? Hay ejemplos notorios en su ex partido. ¿No será que el neoliberalismo somos todos?

Sí, el neoliberalismo somos todos. Porque es una inmensa máquina de producir deseos e insatisfacción, y de hecho las modas son cada vez más cortas y frenéticas, como una droga cuyo efecto cada vez se acaba antes. Todo es nuevo, abrumador, nos encanta y nos aburre. Todo el mundo quiere vivir mejor. 

Incluso quiere vivir solo, o relacionarse de otro modo. ¿Hay que enfrentarse al libre deseo humano?

Reconozcamos que es en efecto una pelea contra el deseo, y que no se gana regañando a la gente. Yo cada vez que entro en un restaurante que no es de menú del día oigo: «Mira éste...». Entienden que yo querría que todo el mundo comiera bocadillos de chóped todos los días. Pero uno está en esto para procurar condiciones para que la gente viva más feliz; no más feliz como a mí me gustaría, sino más feliz a secas.

La izquierda no puede defender el miserabilismo, porque la gente te da la espalda con razón. ¿O la izquierda solo es útil cuando todo está en ruinas? Creo que una buena combinación entre comunidad y libertad individual nos hace más felices. Sólo reclamar comunidad es asfixiante, y de esto nos alerta por ejemplo el movimiento LGTBI: muchos gays huyen del pueblo a la ciudad para poder ser ellos mismos. Pero sólo individualismo nos vuelve locos.

Se dispara el consumo de antidepresivos, drogas, adicción al móvil, salas de apuestas... Un chaval que a los 15 pide a su padre un iPhone no es libre. Diseñan las apps para que te pases más horas. Para ser libre hay que prohibir cosas. Porque ese chaval que se cría con el móvil ya no es libre para tener la paciencia de coger un libro. Estamos creando sociedades dislocadas, rotas, masivamente medicadas. 

Le van a llamar conservador, además de liberal.

Igual hay que reivindicar una parte de la sensibilidad conservadora que nos alerta de que no todos los cambios son buenos. ¿Es bueno que todos los colegios enseñen con un iPad? En Silicon Valley los hijos de los magnates de la tecnología estudian con lápiz. No todo lo moderno es siempre bueno. Pero discrepo del conservadurismo en que creo que el individuo no es libre. La libertad es más fuerte cuando es compartida. Yo solo frente a Google soy una hormiga.

El individuo tiene que asociarse para crear instituciones que le protejan. Acepto de los liberales que hay que poner coto al Estado para proteger la libertad individual, si a cambio me aceptan los liberales que una parte de los poderes que deciden tu vida son privados. ¿Nunca te ha pasado que en una cena hablas de Tailandia y al día siguiente en el móvil tienes ofertas de viajes a Tailandia? No eres libre. Hay poderes salvajes, algoritmos que nadie controla.(...) " (Entrevista a Errejón, Jorge Bustos, El Mundo, 15/07/19)