24.8.22

JACOBIN entrevista a Yolanda Díaz: ¿Qué es Sumar? Es un proceso de código abierto... es un movimiento ciudadano que trata de imaginar nuestro país para la próxima década... desde la alimentación hasta la tecnología del país que queremos... es una herramienta que piensa su país para entablar un nuevo contrato democrático con una mirada diferente, y de hacerlo en horizontal, de manera artesanal... Sumar es una herramienta que pretende ensanchar la democracia, para generar esperanzas a una ciudadanía que yo creo que está ahí, que está atenta, que quiere participar... Si decidimos presentarnos a las elecciones, yo soy clara. Ya hemos tenido sumas de partidos y coaliciones. Eso no funciona. Se trata de construir a partir del protagonismo de la ciudadanía y del proyecto... en Chile me decían que allí la afiliación partidaria es del 2%. Esto es, no habrían logrado ningún cambio sin los movimientos ciudadanos que desbordaron totalmente a los partidos... los partidos, claro que en democracia son necesarios, obviamente… pero son insuficientes para las transformaciones sociales. Este es el aprendizaje que tenemos que hacer... No creo en los híper-liderazgos. Son, ya lo he dicho, jerárquicos, verticales, masculinos… da igual que sean mujeres u hombres... creo que la ciudadanía quiere participar, y hay toda una serie de problemas urgentes, cruciales que debemos pensar colectivamente, en cada país y globalmente

 "(...)  ¿qué es por tanto Sumar? ¿Cómo se va a desarrollar exactamente? ¿Va a tomar otras formas, digamos, electorales, más adelante o no necesariamente? Entiendo que esto es un proceso abierto que acaba de empezar, pero no quería dejar de consultarle al respecto.

 Es un proceso de código abierto, y creo que esto es lo hermoso, que sea código abierto, que lo construyamos colectivamente. Es un movimiento ciudadano en el que yo soy una pequeñísima parte, que trata de imaginar nuestro país para la próxima década pensando en las grandes cuestiones, en las cosas realmente importantes. Se trata de pensar un país a favor, pensar por la positiva el país que queremos. (...)

Sumar va de crear un enorme movimiento ciudadano en el que la protagonista no soy yo, es la ciudadanía, que además está participando y entrando en el proceso ahora mismo. En septiembre daremos a conocer los grupos de trabajo, pero hay ya muchos trabajando por materias específicas, que van desde la alimentación hasta la tecnología del país que queremos. Y por tanto ahí están desde científicos, científicas, investigadores, trabajadores y trabajaras de diferentes sectores. Sumar consiste en pensarnos colectivamente, de manera plural.

Sumar va de esto, de poner en marcha una herramienta que piensa su país y que además lo hace desde la conciencia de que España necesita cambiar. Necesita cambiar para entablar un nuevo contrato democrático con una mirada diferente.

 ¿Cuál es la dirección de ese cambio? ¿En qué consiste, por ejemplo, ese nuevo contrato democrático?

 Por ejemplo, el primer acto de escucha que hicimos fue con jóvenes activistas contra el cambio climático, y realmente lo que yo sentí ahí es que no puedo más que estar orgullosa del país que tenemos. Porque eran personas con un compromiso absoluto, una brillantez extraordinaria, todas profesionales, jovencísimas, con una lectura de la crisis climática y de la crisis ecológica absolutamente transversal.

Una de las frases que me pesa es que no somos capaces de avanzar en la crisis climática mientras la cajera o el cajero del supermercado no esté involucrada en ella. La crisis climática debe ser contemplada desde lo social. No podemos hacer algo desde arriba sino que tenemos que hacerlo desde abajo, de forma horizontal y abrazando a todo el mundo. Se trata por tanto de construir políticamente sabiendo —como nos dice Naomi Klein— que con la crisis climática ya toda política es climática. Es un cambio de una profundidad enorme.

Con Marty Walsh hablaba, por ejemplo, de cómo el cambio climático, las olas de calor por ejemplo, suponen un aumento de los riesgos laborales, como se ha visto por ejemplo en los recientes casos de trabajadores de limpieza fallecidos en España. Las normas laborales existentes ya obligan a las empresas a cumplir estas cuestiones, pero en el nuevo plan de inspección laboral hemos implementado medidas especificas para las olas de calor, previendo estas nuevas circunstancias que van a cambiar sin duda las materias de prevención de riesgos laborales en nuestro país y en todo el mundo.

De esto va Sumar. Sumar va de pensar nuestro país, de hacerlo en horizontal, en código abierto, de manera artesanal. Es algo que solo entre todas y todos podemos hacer y desde luego debemos hacerlo pensando con una mirada larga para 10 años. Y yo creo que lo que quiere Sumar es sobre todo acercar la cosa pública a la ciudadanía, cerrar la brecha que hay en nuestro país entre la ciudadanía y la política, que es ahora mismo enorme y desde luego se han hecho méritos más que suficientes para hacerla tan enorme.

 Cuando la política solo es ruido, cuando la política se convierte en un obstáculo, cuando los políticos son un problema para la ciudadanía, algo está fallando. Por lo tanto, Sumar es una herramienta que pretende ensanchar la democracia. La democracia es lo más valioso que tenemos aunque a veces tengamos disputas intelectuales sobre estas herramientas en el conjunto, en las procedencias de las que venimos. Pero la democracia en el sentido profundo, sustantivo, es algo fundamental. Y la democracia se fundamenta en cumplir con los derechos humanos. Lo digo desde un país que tiene más de 5 millones de personas pobres energéticas o que tiene 2 millones ochocientas mil en paro.

 Pues Sumar va de levantar un proyecto de país, de tejer un movimiento ciudadano y sobre todo de generar esperanzas a una ciudadanía que yo creo que está ahí, que está atenta, que quiere participar, que quiere ser un ciudadano y una ciudadana. Son problemas específicos de España, pero también internacionales, mundiales, globales. Boaventura de Sousa Santos ha hablado de cómo antes acceder al mercado de trabajo era sinónimo de acceder a los derechos que concita la ciudadanía, y cómo hoy este binomio se ha quebrado. Tenemos que romper con eso, tenemos que hacerlo diferente, como creo que estamos haciendo en España, donde hemos demostrado que se puede subir el salario mínimo, se puede tener mecanismos de protección, se puede tener una reforma laboral. Una reforma laboral que muchos pensaban iba a ser la hecatombe y con la que por el contrario mucha gente ha ganado la gente calidad de vida. Como me decían aquellas personas en el aeropuerto ayer, «ahora respiro mejor». Parece sencillo respirar mejor, pero tiene que ver con quitar parte de los miedos que arrastraban esas dos personas en sus vidas.

 Sumar entiendo que intenta construir un movimiento ciudadano que desborde los partidos. Usted tiene una larga experiencia en la construcción de alianzas entre organizaciones, como es el caso de la Alternativa Galega de Esquerdas (AGE) en 2012, una experiencia muy interesante en su momento y que de alguna forma inauguró el ciclo de reconfiguración de la izquierda posterior al 15M, que después protagonizaría Podemos. ¿Qué enseñanzas extrae de aquella experiencia?

 AGE fue una experiencia muy interesante. El cambio político de la pasada década empieza por Galicia en el año 2012. En aquel caso, si yo hubiera volcado todo en los partidos, la coalición no hubiera llegado a existir. De hecho yo era coordinadora de un partido en aquel momento, Esquerda Unida, y sometí la decisión a un referéndum y le dije a mis amigos más íntimos «mañana dimito», porque intentar aquella coalición era algo muy extraordinario. En Galicia, incluso aunque haya procedencias y culturas comunes, se dan dos mundos: por un lado el mundo del federalismo y del confederalismo, y por otro el mundo del nacionalismo y del independentismo. Esos dos mundos vivían de espaldas entre sí y lo que hice fue cruzar esa barrera, sin miedos.

Si me hubiera aferrado al partido, a la identidad partidaria, eso no hubiera ocurrido y de hecho estaba preparada para dimitir, porque pensaba que en el referéndum no lo sacaba adelante. Pero fue la militancia la que sacó la coalición adelante. Como siempre digo, las militancias y la gente de la calle, las personas comunes, son muy inteligentes y saben muy bien lo que quieren. Y fíjese, ese referéndum obtuvo, con todo en contra, con mi partido en contra, con mi partido en Madrid en contra, con todo en contra, un respaldo del 80%.

¿Qué aprendí de aquella experiencia? Que si yo me hubiera dejado llevar por la identidad partidaria y hubiera hecho de mi partido un fin en sí mismo —que es la situación en la que andamos metidas ahora mismo— nunca hubiera cambiado la historia. Ni en Galicia ni probablemente en las nuevas experiencias que vinieron después en todo el estado. Porque como el propio Pablo Iglesias ha reconocido, bebió de esas fuentes en Galicia.

 Pues esto es de lo que va Sumar, de tejer un proyecto de país, una partitura colectiva, sin fetichismos, sin dogmas de fe, sin prejuicios. Se trata de darnos una oportunidad, sobre todo con la convicción que cuando hablamos de contenidos las diferencias son matizables y sobre todo una convicción en la que me siento muy cómoda que es que la gente no quiere que pensemos igual lo que nos quiere ver es caminando juntas, ¿no? Es como aquella canción de Rubén Blades, «Caminando». Pues caminemos. Es decir, da igual que pensemos de manera diferente: lo que es necesario es pensar un país a favor, por el sí, en el que quepamos todos, sobre todo porque el país que propone la derecha es un país muy pequeñito, caben muy poquitos, caben hombres heterosexuales blancos de religión católica.

 Pero ¿cómo se relaciona Sumar con los partidos políticos existentes en la izquierda española? ¿Cómo van a encajar los partidos en ese contexto del espacio político que genere Sumar? ¿Cómo van a funcionar en la relación con Podemos, con Más Madrid/Más País o con las diferentes declinaciones plurinacionales de la izquierda, como Compromís en la Comunidad Valenciana, Comuns en Catalunya, etc.?

Si decidimos presentarnos a las elecciones, yo soy clara. Ya hemos tenido sumas de partidos y coaliciones: en Galicia hemos ido en la forma de En Marea, en Andalucía con Por Andalucía recientemente. Eso no funciona. Se trata de construir a partir del protagonismo de la ciudadanía y del proyecto. La discusión no está en cuántos liberados tenemos, qué número de la lista, todas estas cosas que ocupan tantos titulares y atención etc. Todo esto es lo que aleja a la ciudadanía de la política, aquí y en todas partes. Esto lo he conversado mucho por ejemplo en Chile, y me decían que allí la afiliación partidaria es del 2%. Esto es, no habrían logrado ningún cambio sin los movimientos ciudadanos que desbordaron totalmente a los partidos.

 Los partidos, por otra parte, tienen una capacidad de hacer ruido brutal ¿no?, de copar toda la atención mediática, lo que también indica que tal vez deberían pensarse a sí mismos, sus funciones y efectos, porque si sus únicas apariciones públicas no son por dar alternativas de vida, de generar esperanzas, sino por convertirse un fin en sí mismos y por pelear porque unos quieren una coalición y otros quieren no sé qué puestos y recursos, y yo quiero el número dos o el tres de la lista… Si los partidos deciden comportarse así, pues creo que todo ese ruido, todas esas peleas, van a desanimar todavía más a la ciudadanía.

 Iniciativas como Sumar pueden entenderse también como propuestas en un contexto de la crisis de la forma partido. Esta crisis ha dado lugar a diferentes opciones a lo largo de los últimos años, que combinan aspectos como el uso de redes, las figuras de hiperliderazgo, diferentes tipos de estructuras, entre otras cuestiones.

Usted ha declarado sentirse solamente como una parte más, que Sumar no es un proyecto con ese personalismo tan fuerte. ¿Cómo encajan estas piezas, digamos, de una figura pública —la suya—, una forma de liderazgo, los partidos, el movimiento ciudadano? No sé si quiere compartir alguna reflexión al respecto…

 Para mi hay mandatos claros en este momento. En primer lugar, como he dicho, que los partidos no pueden ser fines en sí mismos. En segundo lugar, que los partidos, claro que en democracia son necesarios, obviamente… pero son insuficientes para las transformaciones sociales. Este es el aprendizaje que tenemos que hacer. Los dirigentes de los partidos tienen que estar siempre a la altura de los momentos históricos que vivimos. Y creo que la clave ahora, más allá de los niveles de representación afiliativa que puedan tener los partidos en España (que, créame que es una parte pequeñísima, incluso en los denominados partidos grandes) está en lanzar el movimiento ciudadano, que ahora mismo es como le he contado: un proyecto de país que vamos a decidir colectivamente.

 No creo en los híper liderazgos. Son, ya lo he dicho, jerárquicos, verticales, masculinos… da igual que sean mujeres u hombres, porque son una forma muy patriarcal de entender el poder. Yo no soy así, y de hecho mi propia gestión y trabajo político no funcionan así, de ninguna de manera. Primero porque lo hago todo de forma horizontal con un equipo que es muy bueno. Creo que la gente me reconoce así, cuando voy por la calle y los trabajadores y las trabajadoras me identifican como uno de ellos y me llaman por mi nombre. Entonces no creo que la cuestión esté en los hiperliderazgos, sino que es un desafío mucho más complejo: creo que la ciudadanía quiere participar, y hay toda una serie de problemas urgentes, cruciales que debemos pensar colectivamente, en cada país y globalmente. (...)"

(Entrevista a Yolanda Díaz, Vicente Rubio-Pueyo es lecturer en el departamento de Lenguas Modernas de Fordham University (Nueva York). JACOBINLAT, 21/08/22)

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