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13.7.26

Feijóo apuesta por recortar sueldo “y prestaciones” a los trabajadores de baja... La sentencia ya ha sido dictada. Una vez más, somos culpables. Estamos pidiendo bajas por encima de nuestras posibilidades. No aprendemos... Primero provocamos el colapso sanitario acudiendo a urgencias más de lo que debíamos, o yendo al centro de salud más de lo que debíamos, o tomando paracetamol como si no hubiera un mañana. Después colapsamos el sistema financiero y causamos la Gran Recesión viviendo por encima de nuestras posibilidades. Ahora, diagnostica el doctor Núñez Feijóo, estamos enfermando de cáncer nuestro mercado laboral porque nos pillamos las bajas sin tener que justificarlas y nos pagan igual... Desde 2020 las bajas laborales en España se han duplicado... ¿Qué pasa entonces a partir de 2020 y después de la pandemia? Nada tiene que ver, al parecer, que hayamos pasado una pandemia siendo uno de los países más afectados y con más casos de COVID persistente —más de dos millones de personas—. Tampoco nada tiene que ver, al parecer, que España tenga una de las fuerzas laborales más envejecida de la UE; o la distribución por actividad de nuestro mercado laboral y su evidente impacto sobre el tipo de bajas más comunes. Mucho menos tiene que ver, al parecer, que buena parte del tiempo de esas bajas se deba a los retrasos y cuellos de botella acumulados por un sistema sanitario —121 días de demora media— sometido a una prueba de estrés permanente... la sanitaria es mi favorita entre todas las causas ignoradas. Primero deterioran, descapitalizan y desmantelan el sistema público sanitario para recortar nuestro derecho a una sanidad universal de calidad en nombre de la eficiencia y la lucha contra el abuso y ahora utilizan el colapso provocado en el sistema sanitario para recortar nuestros derechos laborales en nombre de la lucha contra el fraude; el crimen perfecto (Antón Losada)

"Feijóo apuesta por recortar sueldo “y prestaciones” a los trabajadores de baja “con o sin acuerdo” sindical

La sentencia ya ha sido dictada. Una vez más, somos culpables. Estamos pidiendo bajas por encima de nuestras posibilidades. No aprendemos.

Primero provocamos el colapso sanitario acudiendo a urgencias más de lo que debíamos, o yendo al centro de salud más de lo que debíamos, o tomando paracetamol como si no hubiera un mañana. Después colapsamos el sistema financiero y causamos la Gran Recesión viviendo por encima de nuestras posibilidades. Ahora, diagnostica el doctor Núñez Feijóo, estamos enfermando de cáncer nuestro mercado laboral porque nos pillamos las bajas sin tener que justificarlas y nos pagan igual.

Nada han tenido o tienen que ver la incapacidad, la codicia, la desigualdad o la ideología de los gestores y los responsables. Todo siempre culpa nuestra, por avariciosos y jetas. La casa siempre gana.

La cifra resulta incuestionable. Desde 2020 las bajas laborales en España se han duplicado. Pero hay otras cifras igualmente incuestionables que, oportunamente, casi nadie menciona. Antes de la pandemia España —datos Eurostat, 2014, 2024— se situaba en bajas laborales en la media de la UE (2%), más de medio punto por debajo de Suecia (2,5), Portugal (2,6%) o Bélgica (2,6%), casi un punto por debajo de Alemania (2,8%) y más de un punto por debajo de Francia (3,2%). A ver si va a ser que antes pedíamos bajas por debajo de lo que teníamos derecho. El incremento de España (4,5) también ha de ponerse en un contexto europeo creciente: Bélgica (4,1%), Francia (3,9), Portugal (3,6%) o Alemania (3,2).

¿Qué pasa entonces a partir de 2020 y después de la pandemia? El sistema de bajas continúa siendo el mismo, pero, al parecer, España ha pasado de una cultura de esfuerzo ejemplar a llenarse de jetas y vagos. A la pandemia del COVID le ha seguido una epidemia de haraganería que no afecta solo a España. He aquí la prueba de cargo de la acusación. El mismo sistema que antes nos homologaba con Europa en disposición al trabajo ahora incentiva y recompensa a quienes no quieren trabajar.

Nada tiene que ver, al parecer, que hayamos pasado una pandemia siendo uno de los países más afectados y con más casos de COVID persistente —más de dos millones de personas—. Tampoco nada tiene que ver, al parecer, que España tenga una de las fuerzas laborales más envejecida de la UE; o la distribución por actividad de nuestro mercado laboral y su evidente impacto sobre el tipo de bajas más comunes. Mucho menos tiene que ver, al parecer, que buena parte del tiempo de esas bajas se deba a los retrasos y cuellos de botella acumulados por un sistema sanitario —121 días de demora media— sometido a una prueba de estrés permanente.

Si me permiten, la sanitaria es mi favorita entre todas las causas ignoradas. Primero deterioran, descapitalizan y desmantelan el sistema público sanitario para recortar nuestro derecho a una sanidad universal de calidad en nombre de la eficiencia y la lucha contra el abuso y ahora utilizan el colapso provocado en el sistema sanitario para recortar nuestros derechos laborales en nombre de la lucha contra el fraude; el crimen perfecto.

Sostiene la acusación que tenemos un problema con el absentismo laboral. Hay más de un millón de trabajadores de baja cada día, denuncian alarmados. Pero cuando se le pregunta si se refieren a la gente que padece incapacidad temporal por una enfermedad, aclaran que solo se refieren a los “jetas”. Las bajas no son lo único que se ha doblado desde 2020. También se ha duplicado el gasto de las empresas en detectives para perseguir el fraude: de más de novecientos mil euros en 2024 a casi un millón novecientos mil euros en 2025. Si hubiera una bolsa estoy casi seguro de que ya nos lo habría contado todos los días.

Ya lo sabe. Es usted nuestro principal sospechoso. Como lo es cuándo acude a urgencias, o a su centro de salud, o pide el paro, o una beca, o una ayuda o, en general, intenta ejercer alguno de sus derechos; también cuando se ponga enfermo y pida una baja. Te estamos vigilando, jeta."                                 (Antón Losada , eldiario.es, 12/07/26)  

12.7.26

Para entender el crecimiento del trumpismo hay que ver qué ocurrió antes de su aparición y expansión, y comprender lo sucedido en EE.UU. desde los años 80... el enorme crecimiento de la polarización por clase social, que se ha estado desarrollando en dicho país, es el resultado del gran declive de la capacidad adquisitiva de la clase trabajadora —98 millones de personas en EE.UU. — que representa el 60% de la población laboral del país... Esta pérdida de poder adquisitivo ha generado graves problemas de asequibilidad, más del 40 % de la población no puede costearse los medicamentos... El 38 % de las personas con enfermedades terminales expresa preocupación por no poder pagar los tratamientos necesarios... 35.000 personas mueren cada año por falta de seguro médico... La creciente comercialización del sistema sanitario ha sido clave en este proceso dominado por empresas privadas con ánimo de lucro... La crisis de asequibilidad de los servicios sanitarios en Estados Unidos es estructural: este país gasta más en atención médica, incluso más en fondos públicos per cápita que cualquier país comparable, y, sin embargo, tiene la mayor proporción de población incapaz de acceder a o pagar la atención. Esto no es una paradoja; es el resultado previsible de un sistema sanitario organizado en torno a la extracción de beneficios económicos particulares en lugar de la atención al paciente... La comercialización es el principal motor de este problema: la creciente comercialización del sistema de salud estadounidense desde la década de 1980 —desde aseguradoras hasta hospitales y consultas médicas— ha desviado sistemáticamente los recursos de la prestación de servicios hacia los rendimientos para inversionistas, los costos administrativos y la consolidación del mercado. Esta realidad, claramente existente en EE.UU., se está expandiendo ahora en la Unión Europea... Privatizar la sanidad mata. Lo dicen los datos (Vicenç Navarro)

11.7.26

Las seis verdaderas causas del aumento de las bajas por enfermedad que el Partido Popular y la CEOE no quieren señalar porque apuntan hacia arriba... Feijóo llama absentismo a no ir a trabajar estando de baja médica. Es una manipulación deliberada... estar enfermo no es escaquearse: es estar enfermo... El absentismo injustificado apenas tiene peso estadístico en nuestro mercado laboral... En España se trabaja mucho, se trabaja durante muchas horas y, demasiadas veces, se trabaja en condiciones que enferman. Por eso resulta tan revelador que el PP haya decidido convertir un problema de salud colectiva una sospecha moral contra quienes caen enfermos... Sí, las personas trabajadoras enfermas han aumentado desde 2018. Pero no por el fraude, sino porque hemos salido de una pandemia, que no termina cuando baja la curva de contagios... En segundo lugar, el envejecimiento de la población laboralmente activa trae consigo una mayor fragilidad de la salud... además, hay más personas trabajando y, por tanto, más bajas... y porque las listas de espera en la sanidad pública prolongan muchas bajas laborales, mientras una persona siga esperando una prueba, una consulta hospitalaria, un tratamiento o una rehabilitación... Estas listas de espera tienen responsables políticos en las comunidades gobernadas por el PP y Vox... junto al colapso de los tribunales médicos y de los procedimientos de valoración. Eso dispara las bajas recurrentes y de larga duración, solo acceden a determinadas prestaciones quienes tienen tiempo, dinero y recursos para judicializar su caso... Por último, todavía muchos centros de trabajo siguen organizados como máquinas de desgaste. Hay ritmos imposibles, plantillas ajustadas al límite, presión constante, turnos que destrozan la vida y patronos que confunden productividad con exprimir cuerpos. Estas son las verdaderas etiologías y los principales patógenos sociales... La pregunta es por qué hay tantos trabajos, viviendas, precios, listas de espera y formas de vida que enferman. Feijóo no quiere responder a esa pregunta porque la respuesta apunta hacia arriba: hacia la organización del trabajo, hacia el deterioro de los servicios públicos, hacia los márgenes empresariales, hacia el rentismo y hacia las decisiones políticas de quienes conciben los derechos como costes (Carlos Martín Urriza, Rafa Cofiño)

"El señor Feijóo llama absentismo a no ir a trabajar estando de baja médica. Es una manipulación deliberada del lenguaje. Absentismo es ausentarse sin causa justificada de una obligación; una baja médica, en cambio, es una situación reconocida por un profesional sanitario, regulada por la ley y causada por una enfermedad. Absentismo fue, por ejemplo, no acudir a un debate decisivo en unas elecciones generales, como hizo él en 2023. Pero estar enfermo no es escaquearse: es estar enfermo.

El absentismo injustificado apenas tiene peso estadístico en nuestro mercado laboral. Los datos de la Encuesta Trimestral de Coste Laboral muestran, de forma persistente, que prácticamente nadie deja de acudir al trabajo sin una causa reconocida. En España se trabaja mucho, se trabaja durante muchas horas y, demasiadas veces, se trabaja en condiciones que enferman. Por eso resulta tan revelador que el PP y sus medios afines hayan decidido convertir un problema de salud colectiva organización del trabajo y protección social en una sospecha moral contra quienes caen enfermos.

La derecha y sus altavoces son especialistas en torcer las palabras para convertir a los débiles en culpables y a los poderosos en víctimas. Llaman absentismo a las bajas médicas; “inquiokupas” a las familias vulnerables que ya no pueden pagar el alquiler; “MENAs” a niños y niñas migrantes que han llegado solos; y “paguita” al Ingreso Mínimo Vital. Pero cuando el dinero público lo recibe un patrono, ya no es dependencia, es subvención. Cuando lo cobra una gran empresa, ya no es gasto, es colaboración público-privada. Acumular viviendas para exprimir con los alquileres no es acaparamiento ni especulación, es inversión y emprendimiento. Despedir para aumentar beneficios no es codicia, es flexibilidad. Y trasladar beneficios a un paraíso fiscal no es saqueo de lo común, es huir del infierno fiscal. El truco siempre es el mismo: cambiar las palabras para cambiar la culpa de sitio; cambiar las palabras para culpabilizar a la víctima.

Sí, las personas trabajadoras enfermas han aumentado desde 2018. Pero no por el fraude, como insinúa Feijóo con una afirmación sin sustento estadístico y con la que, de paso, coloca bajo sospecha a médicos y médicas que firman bajas conforme a criterios clínicos. El incremento se explica, en primer lugar, porque hemos salido de una pandemia: una emergencia sanitaria de primer orden que no termina cuando baja la curva de contagios. Después llega una segunda curva, más silenciosa y más larga: la de las secuelas persistentes, el deterioro del bienestar psicológico, la ansiedad, la depresión, la fatiga crónica, los problemas de salud que se arrastran durante meses o años y una debilidad progresiva de la Atención Primaria en muchas comunidades autónomas.

En segundo lugar, el envejecimiento de la población laboralmente activa trae consigo una mayor fragilidad de la salud: más enfermedades crónicas, más dolencias del aparato locomotor, más tratamientos prolongados y más episodios de incapacidad temporal. 

En tercer lugar, hay más personas trabajando y, por tanto, más bajas. La afiliación ha aumentado en 3,5 millones desde 2018 gracias a la fortaleza de la economía y a que muchas empresas están yendo muy bien. Pero la patronal siempre quiere más: beneficios privatizados cuando las cosas van bien y costes socializados cuando el trabajador enferma.

En cuarto lugar, las listas de espera en la sanidad pública prolongan muchas bajas laborales. Son las médicas y médicos de familia quienes tramitan y hacen seguimiento de la inmensa mayoría de estos procesos en Atención Primaria; y son procesos que se complejizan mientras una persona siga esperando una prueba, una consulta hospitalaria, un tratamiento o una rehabilitación. Es especialmente evidente en dos ámbitos donde se concentran muchos procesos de incapacidad temporal: las musculoesqueléticas y la salud mental. Dos áreas todavía infradotadas en nuestro sistema sanitario y donde la demora no solo retrasa la curación, sino que además cronifica el daño.

Estas listas de espera tienen responsables políticos en las comunidades gobernadas por el PP y Vox. Allí la sanidad pública cuenta con más recursos que nunca gracias a la buena marcha de la recaudación, pero no se han traducido en una reducción suficiente de las listas y demoras ni en reforzar personal, presupuesto, poder y prestigio en Atención Primaria. La razón es que una parte creciente de los nuevos ingresos se emplea en remunerar al capital privado resultante de las privatizaciones, es decir, se despilfarra.

En quinto lugar, está el colapso de los tribunales médicos y de los procedimientos de valoración. Eso dispara las bajas recurrentes y de larga duración, y además genera una desigualdad intolerable: solo acceden a determinadas prestaciones quienes tienen tiempo, dinero y recursos para judicializar su caso. Quien no puede litigar, espera; quien espera, empeora; y quien empeora, acaba siendo señalado como sospechoso por los mismos que han impedido una respuesta pública a tiempo.

Por último, aunque el mercado laboral ha mejorado en los últimos años, muchos centros de trabajo siguen organizados como máquinas de desgaste. Hay ritmos imposibles, plantillas ajustadas al límite, presión constante, turnos que destrozan la vida, salarios que no compensan el esfuerzo y patronos que confunden productividad con exprimir cuerpos. Estas son las verdaderas etiologías y los principales patógenos sociales: 2,5 millones de horas extra a la semana que no se pagan ni se compensan con descanso; salarios pactados en convenio que han perdido poder de compra entre 2019 y 2025 mientras la productividad real se disparaba; alquileres que en las grandes ciudades confiscan más de la mitad del salario; supermercados que han elevado precios por encima de los costes; y beneficios empresariales en máximos mientras la patronal y el PP piden recortar la protección de quienes enferman.

La pregunta, por tanto, no es por qué hay más bajas. La pregunta es por qué hay tantos trabajos, viviendas, precios, listas de espera y formas de vida que enferman. Feijóo no quiere responder a esa pregunta porque la respuesta apunta hacia arriba: hacia la organización del trabajo, hacia el deterioro de los servicios públicos, hacia los márgenes empresariales, hacia el rentismo y hacia las decisiones políticas de quienes conciben los derechos como costes.

Algo bueno hay detrás de todo esto: Feijóo se ha quitado la máscara. Ya no habla solo para embarrar el debate, habla para anunciar su programa. Y es esclarecedor, quiere que enfermar vuelva a ser sospechoso y recuperar el despido por enfermedad. Quiere recortar la compensación económica de las personas enfermas, aunque esa prestación exista precisamente para que a padecer una enfermedad no se añada la pobreza. Quiere debilitar la representación de los trabajadores en las empresas, elevando los umbrales para que miles de centros de trabajo queden sin comité. Y quiere destruir el diálogo social y la negociación colectiva decidiendo él el contenido de los convenios colectivos de trabajo. Esa es la vieja aspiración de la derecha cuando se le cae la máscara: trabajadores enfermos, pero en el tajo, aislados frente al empresario, con miedo a reclamar, baratos, dóciles y solos. En definitiva, trabajadores escurridos de derechos." 

(Carlos Martín UrrizaRafa Cofiño, El Salto, 11/07/26)

1.9.25

Cousas veredes... China denuncia la violación de los derechos humanos en Estados Unidos (y con toda razón)... afirma que la democracia estadounidense está secuestrada por el dinero, es una plutocracia en la que los intereses de una minoría adinerada prevalecen sobre los del pueblo... A esto se suma la manipulación de los distritos electorales y las leyes que suprimen el voto de las minorías, los jóvenes y los pobres... con un deterioro del bienestar social, con más de 40 millones de personas viviendo en la pobreza y 771.800 personas sin hogar en 2024... con un sistema de salud que ha dejado a millones de personas sin atención médica adecuada. En paralelo, la epidemia de opioides se ha cobrado más de 100.000 vidas en un año, en gran parte por la concertación entre farmacéuticas y autoridades regulatorias... La desigualdad ha seguido creciendo. El 50% de la sociedad norteamericana solo poseía en 2024 el 2,5% de la riqueza... con un un racismo estructural profundamente arraigado, con afroamericanos y latinos sistemáticamente criminalizados, encarcelados y asesinados por la Policía en proporciones mucho mayores que los blancos... con menores condenados a cadena perpetua sin libertad condicional (¡menores condenados a cadena perpetua!)... el acoso sexual es sistemático incluso en instituciones como el FBI o el ejército, y la violencia doméstica afecta a millones de mujeres. En algunos estados, el acceso a los servicios de salud reproductiva está gravemente restringido. Además, los niños tienen tasas de pobreza, trabajo infantil y abuso alarmantes, y muchas leyes estatales flexibilizan la protección contra la explotación laboral infantil... con trato inhumano a inmigrantes indocumentados. En la frontera sur, las muertes se dispararon, y los centros de detención son descritos como lugares de tortura sistemática... Según un informe de BBC News del 27 de noviembre de 2024, debido a que el gobierno entregó a niños migrantes no acompañados a patrocinadores no autorizados en Estados Unidos, se perdió el rastro de más de 320.000 menores no acompañados entre octubre de 2018 y septiembre de 2023, muchos posiblemente víctimas de trata o trabajo forzoso... El problema real para Washington no está fuera de sus fronteras, sino en su incapacidad de garantizar los derechos fundamentales de su propio pueblo (Pedro Barragán)

 "Este mes de agosto, la Oficina de Información del Consejo de Estado de la República Popular China ha publicado el Informe sobre las Violaciones de Derechos Humanos en Estados Unidos en 2024, que desnuda la supuesta legitimidad moral de Estados Unidos en el uso de los derechos humanos como arma de agresión internacional. El documento denuncia una amplia gama de abusos internos y externos, desde desigualdades sociales hasta hegemonía militar, que dibujan una imagen crítica del estado de los derechos humanos en el país norteamericano. 

Democracia de fachada y dinero como motor político 

Pobreza, vivienda y desigualdad estructural 

Racismo sistémico y represión policial 

Vulnerabilidad de mujeres y niños 

Inmigración: una tragedia humanitaria

Hegemonía y daño a los derechos humanos en el extranjero

Derechos humanos como herramienta de poder

(Pedro Barragán , Público, 24/08/25) 

24.10.23

Carlos Martín, microbiólogo que desarrolla la vacuna española contra la tuberculosis... El acuerdo es que la patente de la vacuna sea asequible, universal, moral. Además, nuestra idea es que sea una vacuna española 100% española: se creó en la universidad zaragozana; se desarrolló en Bio Fabri, el laboratorio gallego de O Porriño; y podemos llegar a la fase de eficacia también con la banderita... Ahora mismo necesitamos inversión, el apoyo de organizaciones, empresas, de la marca España... es la vacuna del mundo más avanzada; es el momento de la verdad

 "El catedrático de microbiología Carlos Martín Montañés (Zaragoza, 63 años) lidera la investigación que busca una vacuna española para la tuberculosis (Mycobacterium tuberculosis). La primera vez que se acercó a la enfermedad fue en 1987, cuando viajó al Instituto Pasteur para formarse: “Iba para unos meses y me quedé cinco años”, recuerda. “En esa época, solo se investigaba la bacteria en dos laboratorios de Francia y Estados Unidos”. 

Tras varias décadas investigando, la vacuna que desarrolla en la Universidad de Zaragoza ya está en fase IV: “Es la primera vez en la historia que una vacuna derivada de una cepa de tuberculosis se testa en humanos”. Recuerda que la OMS vaticinaba la erradicación de la enfermedad en el año 2000: “Las previsiones actuales lo llevan a 2050, pero en 2030 se podría erradicar”.

 Pregunta. ¿Cómo funciona la vacuna en la que trabaja?

Respuesta. Se llama MTB VAC: la idea es crear una cepa que tenga inactivos los genes que le aportan la virulencia para inocularla y que el cuerpo genere resistencia. Para ello, partimos de una cepa atenuada de la tuberculosis humana; es decir, con potencial infeccioso ―muy bajo, pero lo tiene― lo que implica que hay que hacerlo en laboratorios de seguridad. El nuestro está en O Porriño.

P. Así dicho, parece sencillo.

R. El concepto no puede ser más clásico: pasteuriano y también basado en la inactivación de genes. Ten en cuenta que cuando yo empecé, no comprendíamos el procedimiento de deleción e inactivación genética. La cepa de tuberculosis que se usa actualmente para generar inmunidad deriva de las vacas y, justamente, le falta un gen que atenúa la enfermedad. Pensamos que ese mecanismo podía funcionar en una variante humana. No queremos matar a la tuberculosis, sino amaestrarla.

 P. ¿Cómo llegan a esa conclusión?

R. Teníamos algunas pistas. A principios de los noventa, la irrupción de la epidemia de sida provocó una terrible sinergia entre ambas enfermedades. En esa época, en Madrid, hubo un brote de tuberculosis, en el que se produjeron las primeras variantes multirresistentes. Ocurrió en pacientes con VIH, con el sistema inmunitario afectado. En ese caso, un gen era el responsable de la virulencia. Esto colocó a ambas infecciones como una prioridad. Así, en el año 2000, tras años de investigación, Europa nos pone a varios equipos a competir. Nos dieron financiación y nos dijeron: mataos o colaborad, pero encontrad algo.

P. La competencia deber ser voraz.

R. No tanto como eso, pero sí que hay grupos, investigadores o personas que no quieren que se acelere el proceso. De MTB VAC dijeron que nunca se probaría en humanos. Pues ya la hemos testado en bebés y ahora estamos en la fase de adultos. Llevamos 10 años con ensayos clínicos de seguridad. No contaban con que somos maños.

 P. ¿Qué opina su familia sobre su relación con esta bacteria?

R. Llevo casi 40 años con esto. Mucho tiempo. No sé cómo puedo trabajar con una bacteria tan lenta, siendo yo una persona muy impaciente. Los microbios siempre me han atraído; la microbiología es la esencia de todo. Además, mi mujer es epidemióloga. Mi familia me apoya muchísimo: volver a España fue una decisión consensuada, aunque es cierto que estuvo muy motivada por la idea de devolver a tu universidad algo de lo que has aprendido.

P. ¿Dónde están testando la vacuna?

R. En países de África, como Sudáfrica, donde la incidencia es muy alta. Se decía, y se sigue diciendo, que en África viven con VIH y mueren de tuberculosis. En estas naciones no hay sistemas públicos de salud. Mientras, los sujetos que forman parte del ensayo cuentan con chequeos rutinarios. Eso mejora su salud a nivel general y sus expectativas socioeconómicas porque la tuberculosis, además de enfermar, causa pobreza. Los más afectados son los niños de 1 a 5 años, pero luego se ceba con los adolescentes. Si no se trata, un brote puede eliminar al 50% de la futura población productiva.

 P. ¿Esta vacuna será pública?

R. Está financiada con fondos públicos y desarrollada por entidades públicas. El acuerdo es que la patente de la vacuna sea asequible, universal, moral. Además, nuestra idea es que sea una vacuna española 100% española: se creó en la universidad zaragozana; se desarrolló en Bio Fabri, el laboratorio gallego de O Porriño; y podemos llegar a la fase de eficacia también con la banderita.

P. ¿Qué les hace falta?

R. Ahora mismo necesitamos inversión, el apoyo de organizaciones, empresas, de la marca España… Para ello hemos impulsado la Fundación T.End, sin ánimo de lucro, que busca divulgar el alcance de esta enfermedad; transmitir la importancia de erradicarla o, al menos, mitigarla; y canalizar las ayudas económicas que lleguen para investigación y desarrollo. Si lo consiguiésemos, un producto español tendría un notable impacto en la enfermedad más mortal y mortífera del mundo: se calculan mil millones de muertos a lo largo de la historia, más que los causados por la peste o cualquier otra dolencia

P. ¿Cuáles son las cifras actuales?

R. La OMS estima que 1,6 millones de personas murieron en 2021 por la enfermedad y que 10,6 millones la contrajeron. La tasa de incidencia de la enfermedad [nuevos casos anuales por cada 100.000 habitantes] aumentó un 3,6% entre 2020 y 2021, tras haber disminuido cerca de un 2% por año durante gran parte de las dos últimas décadas. Ahora mismo, erradicar la tuberculosis es la ilusión que tendríamos todo el equipo. Para un investigador es un sueño que algo que has producido en el laboratorio funcione. Ahora mismo, es la vacuna del mundo más avanzada; es el momento de la verdad."            (Pablo León, El País, 28/09/23)

23.5.23

La soledad y la desolación han invadido al país que proclamó como derecho la búsqueda de la felicidad cuando fue fundado... El cirujano general de Estados Unidos declaró que hay una nueva emergencia de salud pública en este país a la cual bautizó como epidemia de soledad... tiene consecuencias de salud tan serias como las del tabaco y que aproximadamente la mitad de los adultos estadunidenses dicen que han padecido de soledad

 "El cirujano general de EE.UU., Vivek Murthy, declaró que hay una nueva emergencia de salud pública en este país a la cual denomina epidemia de soledad. Informó que esta epidemia tiene consecuencias tan serias como las del tabaco y que cerca de la mitad de los adultos estadounidenses la han padecido.

La soledad y la desolación han invadido al país que proclamó como derecho la búsqueda de la felicidad cuando fue fundado.

El cirujano general de Estados Unidos declaró que hay una nueva emergencia de salud pública en este país a la cual bautizó como epidemia de soledad. El doctor Vivek Murthy informó que esta epidemia tiene consecuencias de salud tan serias como las del tabaco y que aproximadamente la mitad de los adultos estadunidenses dicen que han padecido de soledad.

La pandemia exacerbó esta condición al obligar el aislamiento de millones, el cierre de escuelas y lugares de convivio, pero ya prevalecía desde antes, en parte por un desplome en la participación de la gente en organizaciones comunitarias, en iglesias y otras actividades sociales. También hay más personas de la tercera edad viviendo solas. Pero todas las generaciones están padeciendo esta epidemia de soledad. El informe emitido por el cirujano general señala que los jóvenes entre 15 y 24 años de edad fueron entre los más afectados durante la pandemia, con el tiempo con amigos reducido en 70 por ciento. Según el informe emitido por el cirujano general, la soledad incrementa la tasa de muerte prematura por casi 30 por ciento, y nutre la depresión, ansiedad y hasta la demencia. La conexión social es esencial para la salud y el bienestar, afirma el informe. https://www.hhs.gov/surgeongeneral/priorities/connection/index.html?utm_source=osg_social&utm_medium=osg_social&utm_campaign=osg_sg_gov_vm#advisory].

Al mismo tiempo, Estados Unidos es único entre los países avanzados del mundo en registrar reducciones de tasas de expectativa de vida para amplios sectores. Este fenómeno empezó a llamar la atención hace unos 7 años, cuando dos economistas, Anne Case y el premio Nobel Angus Deaton, exploraron el fenómeno de crecientes tasas de mortalidad entre hombres blancos sin estudios universitarios, algo sin precedente y sin igual en otros países. En este sector se registran más muertes por adicciones a opioides y otras drogas, alcoholismo y suicidios. Al examinar las condiciones socio-económicas de este sector, bautizaron el fenómeno como «muertes de desolación».

Esto ha generado nuevas exploraciones sobre la dinámica socioeconómica estadunidense, definida por las consecuencias de políticas neoliberales durante cuatro décadas incluyendo un dramático incremento en la desigualdad económica y su impacto sobre la clase trabajadora. Algunos analistas señalan que esta es parte de la base que conquistó Trump.

Para Case y Deaton, no es complicado identificar la causa de estas muertes de desolación: destruye el trabajo y, al final, la vida de clase trabajadora no puede sobrevivir. Es la falta de significado, de dignidad, de orgullo y de respeto propio que viene con el fin de matrimonio y de comunidad que provoca la desolación, no sólo la falta de dinero, escriben.

En el país más rico del mundo, los estadounidenses en promedio se están muriendo más jóvenes que antes, rompiendo los patrones globales e históricos pronosticables, más jóvenes que en otras partes del primer mundo pero también que en Cuba, China y Líbano, señala David Wallace-Wells, escritor sobre ciencias para el New York Times. Pero no sólo eso, la anomalía de mortalidad estadunidense ya no se trata de adultos mayores, sino cada vez más de jóvenes y niños. Uno de cada 25 niños de 5 años no vivirá para cumplir 40 –una tasa de mortalidad como cuatro veces más alta que en otros países ricos. Y no es por el covid, el cual fue culpable en sólo 2 por ciento de las muertes de jóvenes y niños, sino más bien por armas de fuego que son responsables de casi la mitad del incremento (usadas en suicidios y homicidios), entre otros factores.

El país que se ofrece como modelo a seguir para el mundo, que impulsa recetas económicas y sociales para todos los demás y que celebra la búsqueda de la felicidad, aparentemente es un país cantando un blues cada vez más marcado por la soledad y la desolación. Tal vez otros países podrían ofrecerle algunas recomendaciones u otro modelo a seguir.

Leonard Cohen. The Future. https://youtu.be/8WlbQRoz3o4

Bonnie Raitt & John Prine. Angel from Montgomery. https://youtu.be/MaHNUYAKDn4"         (David Brooks , La Jornada, 08/05/23)

31.3.23

¿Cuál es la otra pandemia que nos está matando? Cerca de mil millones de personas sufren de depresión, bipolaridad, ansiedad, miedo, aislamiento, demencia, consumo de estupefacientes y alcohol, esquizofrenia y desórdenes alimenticios... La depresión, por ejemplo, es la principal causa de discapacidad. Y el suicidio ocupa el cuarto lugar en la lista de las causas de muerte de personas entre los 15 y los 29 años... el 14,3% de las muertes que ocurren en el mundo cada año, ocho millones de personas, son atribuibles a desórdenes mentales

 "Los gobiernos del mundo le están dedicando gran atención e ingentes recursos a contener la covid y sus mutaciones. Afortunadamente, están teniendo éxito. Pero, lamentablemente, están descuidando otra pandemia que lleva tiempo cobrándose millones de vidas cada año y discapacitando a millares de personas: las enfermedades mentales.

Las pandemias se caracterizan por esparcirse rápidamente y atacar a un gran número de habitantes. Este es el caso de los problemas de salud mental.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) cerca de mil millones de personas sufren de depresión, bipolaridad, ansiedad, miedo, aislamiento, demencia, consumo de estupefacientes y alcohol, esquizofrenia y desórdenes alimenticios (anorexia y bulimia) entre otros problemas. 14,3% de las muertes que ocurren en el mundo cada año, aproximadamente ocho millones de personas, son atribuibles a desórdenes mentales.

 La depresión, por ejemplo, es la principal causa de discapacidad. Y el suicidio ocupa el cuarto lugar en la lista de las causas de muerte de personas entre los 15 y los 29 años. Según el Project Hope (Proyecto Esperanza), una ONG que se especializa en estos temas, en el mundo se suicida una persona cada 40 segundos. Los hombres se suicidan al doble de la frecuencia con la que se quitan la vida las mujeres. A su vez, la depresión en las mujeres duplica la frecuencia con la que se deprimen los hombres. Si bien el suicidio es una realidad global, su mayor incidencia es en países de menores ingresos. En 2019, por ejemplo, el 77% de los suicidios en el mundo ocurrieron en países con ingresos bajos o medianos.

La covid produjo un aumento de un 25% en el número de personas que sufren ansiedad y depresión. Pero la crisis en la salud mental era ya una realidad preexistente. Jonathan Haidt, un prestigioso psicólogo social, mantiene que el aumento de las enfermedades mentales en adolescentes en Estados Unidos comenzó en 2012. Según él, “esta crisis está relacionada en gran medida con la transición hacia una infancia y adolescencia basadas en teléfonos y, con especial énfasis, en redes sociales”.

La evidencia de la crisis en EE UU es abrumadora. Entre 2004 y 2020 los adolescentes de ese país que sufren de una depresión mayor aumentaron un 145% entre las niñas y un 161% entre los niños. Desde el 2010, los estudiantes universitarios que sufren de ansiedad aumentaron un 134% y los que tienen trastornos bipolares un 57%. Entre 2010 y 2020 los suicidios de niñas adolescentes aumentaron un 82%. El Centro para el Control de Enfermedades (CDC) de EE UU reportó que entre 2011 y 2021 el número de mujeres jóvenes que se sienten persistentemente desesperanzadas y tristes aumentó un 60%. Cerca del 15% de las adolescentes entrevistadas por el CDC revelaron haber sido forzadas a tener relaciones sexuales, un aumento del 27% en dos años. La Academia Estadounidense de Pediatría, la Asociación de Hospitales de Niños y otras instituciones médicas de EE UU han declarado un “estado de emergencia nacional” con respecto a la salud mental de los niños.

Por otro lado, el mal uso y el abuso enfermizo de las tecnologías digitales no son hábitos exclusivos de los jóvenes. Hombres y mujeres de mediana edad y ancianos también evidencian el impacto negativo de las redes sociales en sus vidas cuando estas tecnologías son usadas de manera abusiva o tóxica.

 Esta es una crisis mundial. Las estadísticas y estudios en otros países muestran las mismas tendencias generales. El Estado Mental del Mundo es un reporte del 2022 basado en encuestas a más de 220.000 personas en 34 países. El estudio muestra un deterioro en la salud mental de todos los grupos etarios y de género. También encontró que los países de habla inglesa tienen los menores niveles de bienestar mental y que, en términos de edad, el grupo de 18 a 24 años sufre la peor salud mental de entre todos los demás grupos encuestados.

Lamentablemente, la escasez de psiquiatras, psicólogos y otros profesionales de la salud mental es la norma mundial. Según Project Hope, dos tercios de quienes necesitan ayuda no la reciben, aunque existen tratamientos eficaces para tratar su dolencia. Muchos países de menores ingresos cuentan con menos de un especialista en salud mental por cada 100.000 habitantes.

Factores culturales e institucionales dificultan la atención al paciente. En muchos países y culturas tener problemas de salud mental es una vergüenza que es mejor esconder. Sufrir de problemas de salud mental puede hacer que se pierda el trabajo, la pareja o las amistades. Desde el punto de vista institucional está la dificultad de acceder al seguro de salud, especialmente cuando es privado y, para muchos, prohibitivamente costoso.

Afortunadamente, las cosas están cambiando. La inteligencia artificial y el tratamiento remoto vía internet permitirá el acceso al sistema de salud a pacientes que ahora no lo tienen. Hay prometedores avances en medicinas y tratamientos. En muchos países la vergüenza está siendo reemplazada por el activismo que busca darles visibilidad y recursos a estos problemas. Ningún problema puede ser resuelto si antes no ha sido reconocido, estudiado y debatido. La salud mental es una crisis pandémica que requiere de más visibilidad y debate"                  (Moisés Naím , El País, 19/02/23)

30.1.23

La libertad y el derecho a decidir en el capitalismo. Que dones un riñón para dar de comer a tus hijos: Nueva York ha dado el paso

 "El pasado 29 de diciembre, la gobernadora del estado de Nueva York, Kathy Hochul, promulgó la llamada Ley de Apoyo a Donantes Vivos del Estado de Nueva York, el primer programa en los Estados Unidos que permite a las personas recibir un reembolso por los costos de las donaciones de riñón e hígado.

Pagar dinero a los donantes vivos de órganos en concepto de lo que sea, pero de una manera oficial, con el fin de animarlos a afrontar el proceso de donación y aumentar así las posibilidades de acceso al trasplante, es algo que está sobre la mesa desde hace bastante tiempo. No es un invento occidental. En 1988, la República Islámica de Irán, tras ver asolado su sistema de trasplantes con la revolución de los ayatolas en 1979, creó lo que se conoce como “modelo iraní”, una vía alternativa que cambió por completo la situación. Básicamente, el enfermo con indicación de trasplante renal se envía a una ONG controlada por el Estado, que le pone en contacto con una persona sana de sus características, que acepta la donación de uno de sus riñones a cambio de una cantidad de dinero que oscila entre 2.000 y 5.000 dólares, que paga el Ministerio de Salud, a los que puede sumarse otra cantidad variable que costea directamente el enfermo. 

 El Estado designa los hospitales trasplantadores, cubre un chequeo al donante, los gastos de la intervención y un seguimiento médico del que carece la mayoría de la población iraní, para tratar posibles complicaciones. (...)

Esta experiencia, aunque en un contexto cultural que nada tiene que ver con el occidental, ha estado durante todo este siglo en la base de numerosos movimientos neoliberales norteamericanos, que abogan por el establecimiento de incentivos económicos para los donantes vivos y en algunas versiones también para las familias de los donantes fallecidos. El objetivo final sería la creación de un mercado mundial regulado de trasplantes, algo desarrollado sobre todo por los integrantes de la escuela de Chicago, con Alvin Roth, premio nobel de economía 2012, a la cabeza

 Lo cierto es que, tanto al otro lado del Atlántico como en diversas partes del mundo, estas teorías ganan cada día más adeptos para solucionar el problema de la escasez de órganos, lo que no es extraño porque, entre otras cosas, la idea es muy simple y teóricamente reduce todo el trabajo de desarrollar un sistema estructurado de donación de órganos a un tema estrictamente económico (...) porque en el mundo hay mucha gente necesitada y dispuesta a ceder un riñón o un fragmento de hígado a cambio de un cierto precio.

 Pero estos planteamientos tienen sus problemas, aparte de las evidentes consideraciones éticas de vender un órgano. Si se paga por ceder un riñón en vivo, ¿por qué otros iban a seguir haciéndolo de forma altruista con sus órganos o los de sus familiares fallecidos? Todo el sistema de donación y trasplantes, del que dependen otros muchos órganos como el corazón o los pulmones que no se obtienen en vivo, tendría que ser reconsiderado y no está nada claro que para bien.(...)

 Por supuesto, la ley neoyorquina no plantea que el dinero destinado al donante sea un pago sin más, sino un reembolso de los gastos derivados del proceso de trasplante de riñón o hígado con una serie de condicionantes. Tanto el donante como el receptor tienen que ser residentes en el estado de Nueva York, el tiempo justificado de pérdida de ingresos será como máximo de 8 semanas y el donante no podrá tener ingresos superiores a 125.000 $/año. En las referencias de prensa se alude a una cantidad de 10.000 $ para compensar al donante (que no figura explícitamente en el texto de la ley), aunque el tope en los gastos a justificar se fija en 14.000 $, cantidad en todo caso sensiblemente superior a la financiada por el Estado iraní en su modelo de compraventa. (...)

La ley impulsada por el senador de origen puertorriqueño Gustavo Rivera ha sido recibida localmente de manera muy positiva como una forma de afrontar la escasez de órganos que, en Nueva York, uno de los últimos estados USA en donaciones, condiciona unos tiempos de espera para un riñón entre 5 y 7 años (1-1,5 años en España). Ya se oyen voces, sobre todo, de las asociaciones de enfermos para extender esta medida a todo el país y lo malo es que caben pocas dudas de que serán latinos y afroamericanos las etnias que van a integrar mayoritariamente el grupo de los donantes retribuidos. (...)"                       (Dr. Rafael Matesanz  , Alimente, 25/01/2023)

2.9.22

Los salarios bajos, como los que se pagan en España, elevan el riesgo de demencia y Alzheimer... Un estudio de la Universidad de Columbia demuestra la exposición sostenida a los bajos salarios durante años se asocia con el deterioro acelerado de la memoria a lo largo de la vida

 "La inflación desbocada provocada por los juegos de los poderosos, de los que realmente mandan en el mundo, ha reforzado el debate sobre los bajos salarios que se pagan en determinados países y que no van en consonancia con su potencialidad macroeconómica. Esto ocurre en España, por ejemplo, donde, a pesar de ser la cuarta economía de la Unión Europea, los sueldos que perciben las clases medias y trabajadoras son más propios de países subdesarrollados o que están iniciando el camino del desarrollo.

Además de las consecuencias en el presente, es decir, eliminación de posibilidades de crecimiento personal y familiar, además de que los trabajadores son víctimas de la explotación laboral más cruel porque el gobierno no pone los medios para llegar a un pacto de rentas en el que las subidas del salario mínimo sean universales, la exposición a salarios precarios tiene consecuencias muy graves para la salud de las clases medias y trabajadoras.

Así queda reflejado en un estudio publicado por la Universidad de Columbia, una de las instituciones universitarias más prestigiosas del mundo, en el en el American Journal of Epidemiology.

Los empleos con salarios bajos, hasta ahora, se han asociado a resultados de salud como los síntomas depresivos, la obesidad y la hipertensión, que son factores de riesgo para el envejecimiento cognitivo. Sin embargo, ningún estudio había examinado la relación específica entre los salarios bajos durante la vida laboral y el funcionamiento cognitivo posterior.

La investigación de la Universidad de Columbia proporciona nuevas pruebas de que la exposición sostenida a los bajos salarios durante los años en los que tradicionalmente las personas obtienen mayores ingresos se asocia con el deterioro acelerado de la memoria, lo que lleva a estar en riesgo de padecer enfermedades como la demencia o el Alzheimer.

La investigación sobre los efectos de los bajos ingresos en la salud se está ampliando rápidamente. Utilizando los registros del Estudio Nacional de Salud y Jubilación (HRS) de adultos para los años 1992-2016, los investigadores analizaron los datos de 2.879 individuos nacidos entre 1936 y 1941. El salario bajo se definió como el correspondiente a dos tercios del salario medio.

Los investigadores clasificaron el historial de salarios bajos de los participantes en el estudio en aquellos que nunca ganaron salarios bajos, que ganaron salarios bajos de forma intermitente o que siempre ganaron sueldos bajos. Se basaron, principalmente, en los salarios ganados entre 1992 y 2004,y luego examinaron la relación con el deterioro de la memoria durante los siguientes 12 años, de 2004 a 2016.

A raíz de estas indagaciones, descubrieron que, en comparación con los trabajadores que nunca ganaron salarios bajos, los que sí lo hicieron de forma continuada experimentaban un deterioro de la memoria significativamente más rápido en la edad avanzada.

Estas personas con sueldos bajos, además, experimentaron aproximadamente un año de exceso de envejecimiento cognitivo por un período de una década.

Estos hallazgos sugieren que las políticas sociales que mejoran el bienestar financiero de los trabajadores con salarios bajos pueden ser especialmente beneficiosas para la salud cognitiva."         (José Antonio Gómez , Diario16, 06/08/22)

29.9.21

La desigualdad estructural lastra la vacunación en Estados Unidos... Existen razones de fondo para negarse a la inoculación y eso, justamente, es lo que no se está contando... subyace una desasistencia abismal que atraviesa todos los engranajes de una desigualdad estructural normalizada, desde la falta de derechos laborales hasta la de transporte público, pasando por el abandono sanitario: no es raro encontrar a quien cuestiona ese regalo repentino de inmunidad contra la COVID cuando nunca se le garantizó el acceso a la insulina... Por eso Estados Unidos no logrará nunca la inmunidad de grupo por la vacunación, sino mediante la masificación del contagio y tras una cantidad ingente de muertes evitables... Para muchos, la ayuda de Dios es la única seguridad palpable

 "Hace unos días tuvo lugar en Alabama un evento donde miles de votantes republicanos se congregaron para ver a su ídolo, Donald Trump, disertar sobre cuestiones políticas. En algún momento de la perorata, el ex presidente animó a sus seguidores a vacunarse, ante lo cual fue duramente abucheado y no tuvo más remedio que retractarse: “No pasa nada, ¡tenéis vuestras libertades!”, gritó, en un intento por calmar a las multitudes. 

Alabama, un estado conservador donde la tasa de vacunación es de las más bajas del país, está siendo golpeado por la COVID a un ritmo tan voraz que apenas quedan camas disponibles en las UCI. Cumple así todos los requisitos para favorecer una imagen del movimiento antivacunas que a menudo se alinea con lo que algunos medios señalan: mayoría blanca y republicana, en la llamada ‘América profunda’, habitada en buena medida por fanáticos del magnate televisivo. 

Sin embargo, esta información no deja de ser tan sesgada como hiriente contra una población –la no vacunada– que ni es tan homogénea, ni ha caído súbitamente en las garras del dogmatismo más oscuro, mucho menos en la imbecilidad. Existen razones de fondo para negarse a la inoculación y eso, justamente, es lo que no se está contando.

 En primer lugar, hay que remontarse a una larga tradición de rechazo a las distintas instancias gubernamentales y desconfianza en sus representantes tanto como en el sistema sanitario. Recordemos que Trump hizo campaña en las dos últimas elecciones presidenciales presentándose como un outsider de Washington que iba a “limpiar la ciénaga”, es decir, a librar a los organismos públicos de políticos que son vistos como parásitos incapaces de favorecer cualquier mejora en las condiciones de vida de los más débiles.

 Aunque Biden se ha esforzado por reestablecer esa confianza perdida y, desde luego, Trump no cumplió sus promesas, la misma inquina contra el entramado institucional persiste en muchos colectivos. Por otra parte, un sistema de salud basado en el beneficio económico que –como ya expliqué en otra ocasión– mantiene a unos 30 millones de personas sin seguro médico, arruina incluso a quien está asegurado y cronifica enfermedades en pro del lucro de las farmacéuticas desata legítimas sospechas en bastante gente, por más que la vacuna sea gratuita (de lo cual algunos siguen dudando). Precisamente porque estos problemas son sistémicos y permean cada territorio, la población no vacunada es enormemente diversa

Además de un gran número de republicanos blancos, se sabe que es común la renuencia a inmunizarse entre los grupos negros y latinos. A las causas ya nombradas para este rechazo, se suman aquí otras que tienen que ver con el racismo estructural que ha caracterizado a la medicina estadounidense, además de las carencias propias de una sociedad con un estado del bienestar prácticamente inexistente: la falta de días libres o bajas por enfermedad reguladas, o la ausencia de guarderías públicas, hacen que mucha gente deba elegir entre alimentar a su familia, cuidar a los niños o recibir su dosis, junto a los posibles efectos secundarios

Más allá, se calcula que hay unos 11 millones de personas indocumentadas en Estados Unidos, las cuales han sufrido las mayores agresiones por parte de un sistema migratorio con policía propia, que los criminaliza y deporta a una frecuencia no alterada por la presidencia de Biden.

Es razonable argumentar que el miedo a posibles represalias por carecer de papeles impide a muchos acudir a los múltiples enclaves donde se suministran vacunas. En general, bajo la mayoría de estas circunstancias subyace una desasistencia abismal que atraviesa todos los engranajes de una desigualdad estructural normalizada, desde la falta de derechos laborales hasta la de transporte público, pasando por el abandono sanitario: no es raro encontrar a quien cuestiona ese regalo repentino de inmunidad contra la COVID cuando nunca se le garantizó el acceso a la insulina.

Así, hemos llegado a una situación donde las cifras de casos son similares a las de finales de enero, cuando apenas había vacunas disponibles, y las de hospitalizaciones y fallecidos también continúan al alza. Si bien estos números corresponden parcialmente al surgimiento de la variante Delta, más agresiva, también están íntimamente relacionados con esa historia de violencia institucional que mantiene a los mismos en una constante situación de vulnerabilidad y desencadena, lógicamente, una aversión contra cualquier campaña de salud pública.

 Por eso, me atrevería a decir, Estados Unidos no logrará nunca la inmunidad de grupo, no a base de inoculación como otros países; tal vez sí, con el tiempo, mediante la masificación del contagio y tras una cantidad ingente de muertes evitables.

Sirve de poco ser líderes en investigación y contar con los recursos económicos para proteger a la población, una vez, cuando históricamente esos recursos se han distribuido de manera tan inicua

 No bastan los esfuerzos puntuales si previamente se ha instigado una sospecha generalizada en las instituciones, mediada por la desprotección más aberrante. Como cantaba hace poco una congregación religiosa negra de Philadelphia: “Únete a Jesús, no te fíes del gobierno”. Para muchos, la ayuda de Dios es la única seguridad palpable."                     (Azahara Palomeque, La Marea, 03/09/21)