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20.6.18

Suicidios por desahucios: cuando la salud mental depende de la reivindicación política... porque se producen más de 16.000 desalojos cada trimestre, ahora más por no poder pagar el alquiler que por hipotecas

"Se llamaba Amaia Egañana y era vecina de Barakaldo. Se quitó la vida el 9 de noviembre de 2012, su casa llevaba un año en el portal de ofertas inmobiliarias de La Caixa y Egaña se precipitó por la ventana de su hogar cuando la Comisión Judicial iba a proceder a su desahucio. 

El caso de Egaña conmovió a la sociedad vasca e hizo de los desahucios el principal tema informativo de aquellos días de noviembre.

Meses después, la vicepresidenta del Gobierno se emocionaba ante las cámaras hablando de desahucios. El Gobierno anunció una moratoria de los desahucios con una duración de dos años. Y aunque la medida solo afectó a 10.000 de las 120.682 ejecuciones en el plazo entre 2012 y 2014, el problema de la vivienda no ha vuelto a tener la repercusión que tuvo en aquel mes de noviembre.

Ayer, 14 de junio de 2018, un hombre de 45 años se quitaba la vida en Cornellà de Llobregat (Barcelona). Se repetían algunos hechos: el suicidio se producía cuando la Comisión Judicial y los Mossos d'Esquadra practicaban el lanzamiento del desalojo. Como Egaña, la víctima del desahucio se tiraba por la ventana de la vivienda que iba a perder.

Entre el desahucio de Barakaldo y el de Cornellà se han producido tres decenas largas de suicidios con la historia de un desahucio como telón de fondo. Los expertos advierten de los riesgos de buscar relación causa-efecto entre los desahucios de vivienda y los suicidios, el primero de ellos, el tratamiento “morboso” de la información.

 Otro de los efectos, que destacaba Javier Padilla, del Colectivo Silesia, en un artículo en Diagonal, es la capacidad de los medios de comunicación “tienen capacidad de generar un efecto imitación dependiendo de la manera en la que traten los casos de suicidio”.

Pese a la necesidad de enfoques que eviten el “show”, los colectivos antidesahucios y la Plataforma de Afectados por la Hipoteca vienen reclamando que se visibilice el componente social del problema del acceso a la vivienda y cómo la angustia, el sentimiento de culpa y la sensación de frustración del proyecto de vida ha conducido a varias decenas de personas bajo riesgo de desahucio a quitarse la vida o a intentos de suicidio.

 Tras el suicidio de ayer en Cornellà, la portavoz de la PAH, Lucía Delgado, reclamó soluciones ante el ritmo de desahucios: se producen más de 16.000 desalojos cada trimestre y aunque la tendencia ha cambiado en los últimos años —hay más desahucios por alquileres que por impagos de hipotecas—, la PAH considera que “parece mentira que tenga que pasar un hecho como este, tan grave, para que volvamos a poner luz a lo que sucede cada día”.

La investigación mantiene la cautela

Hace cinco años se publicaba el primer estudio que relacionó crisis económica y suicidios en el contexto español. Un equipo dirigido por James López Bernal analizó las medias mensuales de suicidios comprendidos entre 2005 y 2010 y estableció que la tasa de suicidios había aumentado un 8% como consecuencia del impacto en España del crash financiero global de 2008. 

Así, aunque la tasa de suicidios es menor que la media de la Unión Europea —donde hay una brecha significativa entre países del norte y los países del sur—, los investigadores, señalaron una controvertida línea de trabajo, que han retomado estudios posteriores.

En 2017, un equipo de investigadoras de la Universidad de Granada documentó el vínculo entre los procesos de desalojo y la aparición de la sintomatología del trastorno de estrés postraumático, ansiedad, depresión y estrés percibido. El estudio, basado en 205 entrevistas, reveló que el 88% de los desahuciados presentan ansiedad y nueve de cada diez sufren depresión.

 Otros estudio relaciona el 90% de los casos de suicidio como una consecuencia de una enfermedad mental. Entre las más frecuentes están la depresión, el trastorno bipolar, la esquizofrenia, el alcoholismo y el trastorno de la personalidad múltiple.

“En Europa, de 2000 a 2010 el consumo de antidepresivos creció por encima del 80% de media, y en España el crecimiento ha sido superior al 120%”, apuntaba la psicóloga María Reneses, especializada en antropología médica, en un artículo de Belén Macías Marín. Es lo que se conoce como “medicalización del sufrimiento”, una tendencia anterior a la crisis que, no obstante, se ha exacerbado a medida que se producían despidos y desahucios.

Posibles soluciones

Ante los episodios de aislamiento y culpa de los desahuciados, la prescripción de los movimientos por la vivienda digna es siempre el mismo: apoyo mutuo y vínculos sociales para volcar en la lucha colectiva la rabia generada por las situaciones de emergencia habitacional que son comunes a cientos de miles de personas en todo el territorio.
 
Como recogió el psicólogo Guillermo Rendueles, un estudio finlandés sobre 35.000 trabajadores mostró que el predictor de riesgo-protección para superar la crisis es el llamado “capital social”, definido como “el grado de reciprocidad y confianza en las relaciones formales e informales entre personas, que facilita la acción colectiva en búsqueda de beneficio mutuo”.

La médica de familia Elena Ruiz Peralta escribió en 2014 una ponencia titulada Desahuciar, Desalojar, Ejecutar. Cuando la política callejera se convierte en medicina que pretendía responder a una pregunta: “Por qué, si es un problema sociopolítico lo que hace a esta persona sufrir, termina tratándose en consulta?”. 

Ruiz Peralta destacó entonces que la Plataforma de Afectados por la Hipoteca objeto de su estudio, la de Córdoba, trabajaba en un “desmontaje del estigma del deudor” origen de muchos de los síntomas de enfermedad mental en las personas en proceso de desahucio. 

 “El grupo proporciona una atención y cuidado colectivos que desmedicalizan, desestigmatizan a las personas afectadas. Se trata de una apuesta por otros modos de expresión, comprensión y atención a los desahucios, diferentes a los de la enfermedad, el aislamiento y la asistencia médico-psicológica”, explicó Ruiz Peralta a Belén Macías en 2014.

No fue hasta marzo de 2018 cuando la Mesa de Emergència Social de la Generalitat conoció el caso del hombre que se suicidó ayer en Cornellà. 

Pero el principio del fin tuvo lugar en noviembre, cuando el Banco Popular —que en ese momento estaba siendo intervenido por el Estado— reclamó el desahucio de la vivienda. Posteriormente, el edificio fue adquirido por el fondo oportunista Blackstone, propietario del inmueble en el momento del desahucio. Desde entonces, pasaron meses hasta el desenlace. El Ayuntamiento de Cornellà estudia actuaciones contra el Popular. 

La PAH de la ciudad del Llobregat culpa al banco ya que tras pedirle unos alquileres que no podía pagar, exigió hasta tres veces su desahucio. En declaraciones a El Periódico de Catalunya, un portavoz de la PAH afirmaba ayer que si la familia hubiese acudido a las asambleas del movimiento, se podría haber evitado el trágico final."             (Pablo Elorduy, El Salto, 15/06/18)

22.12.17

En el invierno de 2014 a 2015 murieron en España 26.000 ancianos más de los esperados... ¿Por qué en los países mediterráneos, con inviernos más templados, el frío causa más estragos que en los países del norte?

"El invierno europeo debe de estar llevándose ahora mismo la vida de 15.000 personas mayores que, en realidad, podrían, deberían seguir vivas en primavera. 

En el invierno de 2014 a 2015, la cifra se disparó: aquellas semanas grises, con una gripe especialmente letal, acabaron con la vida de más de 200.000 mayores a quienes no había llegado su hora, y fueron especialmente letales en los países del sur. Solo en el Estado español, aquel invierno arrastró 26.000 vidas más de las esperadas. 

El frío lenguaje académico las denomina excess winter deaths, las excesivas muertes del invierno, un anómalo pico estadístico oculto bajo la nieve, una desviación de las cifras que no debería llegar a las morgues. 

¿Por qué cada invierno mueren decenas de miles de personas más que en otras estaciones del año? ¿Por qué el frío causa más muertes en las zonas más cálidas de Europa? ¿Se puede evitar que estos días diezmen la población mayor de 65 años? 

Pobreza, exclusión y falta de planificación se esconden detrás de un fenómeno que no es inevitable, pero pasa desapercibido, entre otras cosas, porque se ceba con un colectivo socialmente acallado en el que la muerte nunca parece inesperada.

El 28 de noviembre la Agencia Estatal de Meteorología advertía en Twitter de la llegada de una brusca bajada de temperaturas. A las pocas horas, el Grupo de Investigación en Salud y Medio Ambiente Urbano —@GISMAU— del Instituto de Salud Carlos III reaccionaba y tuiteaba su propio pronóstico: “Una semana después aumentarán significativamente las visitas a las urgencias hospitalarias”. Lamentablemente, acertaron. 

A los pocos días, las urgencias de muchos hospitales estaban saturadas. Este equipo lleva tiempo estudiando el impacto de las temperaturas extremas en la salud, acaba de publicar una monografía sobre el asunto y ha cuantificado las muertes causadas por olas de frío y calor en todo el Estado. 

Cristina Linares y Julio Díaz, dos de sus componentes, han hablado con El Salto: según sus cálculos, durante la década pasada (2000-2009), fallecieron 10.500 personas en algo más de 3.000 días de frío insólito. Es decir, cada día en que el mercurio cae por debajo de ciertos umbrales, 3,5 personas quedan sentenciadas. 

No mueren al instante, lo que también difumina el drama, sino que caen enfermas o se les complica una patología preexistente y mueren entre 7 y 14 días más tarde. Sin embargo, aclaran, “estos datos se ciñen solo a días en los que la mortalidad aumenta de forma significativa por olas de frío”.  (...)

Pero ¿acaso no es natural que la gente muera más en invierno? Es invierno, hace frío, punto, ¿no? 

Si estas muertes fuesen inevitables y achacables a una inclemencia sobrevenida, los países más fríos deberían tener una sobremortalidad invernal mucho mayor que los países cálidos. Sin embargo, los gráficos de la red EuroMOMO dibujan una de las paradojas más inquietantes de este fenómeno: Portugal, Grecia y España suelen liderar el ránking; el invierno deja más muertes en los países del sur.

¿Por qué en los países mediterráneos, con inviernos más templados, el frío causa más estragos que en los países del norte? Parece que una combinación de factores culturales y socioeconómicos está detrás de esta aparente rareza. 

Por un lado, el clima suave en el sur habría desincentivado históricamente la adaptación de las viviendas contra el frío. (...)

Las casas mal aisladas de las regiones mediterráneas explican una parte del fenómeno, pero ¿es solo cultural que los países con viviendas peor protegidas contra el frío sean los del sur o puede tener algo que ver que también encierren mayores índices de pobreza? 

Hace ya 15 años que Jonathan Healy publicó un contundente artículo analizando los factores de riesgo en el exceso de muertes invernales en Europa. En aquel estudio encontró que, en efecto, el acondicionamiento de las casas tenía una fuerte relación con el exceso de muertes invernales, pero no era el único factor: la renta per cápita, el gasto en salud por habitante, las tasas de pobreza, desigualdad, las privaciones y la pobreza energética también tenían relaciones significativas con porcentajes abultados de mortalidad invernal. 

Healy concluyó que “la alta mortalidad estacional en el sur y oeste de Europa podría reducirse mejorando la protección contra el frío en las casas, aumentando el gasto público en salud y mejorando las circunstancias socioeconómicas hacia una distribución de los ingresos más equitativa”.  (...)

Los estudios del GISMAU también sugieren que, en efecto, es posible desplegar intervenciones que tengan un impacto positivo en la reducción de la mortalidad estacional. Los estudios diacrónicos del equipo de Linares y Díaz compararon el impacto del calor y el frío entre los últimos años del siglo XX y los inicios del XXI y encontraron algo llamativo: “Vimos que la mortalidad por frío aumentaba y que la mortalidad por calor bajaba”. 

¿Qué había pasado en esos años en la lucha contra la mortalidad por calor? La explicación que encuentran son los planes de prevención, “que sí se empezaron a aplicar contra el calor —especialmente a partir de la trágica ola de calor de 2003—, pero que no existen contra el frío”.
En efecto, aunque el invierno registra más muertes que el verano y las olas de frío causan más sobremortalidad que las olas de calor, “paradójicamente, no existen en España planes de prevención ante las olas de frío”, señalan. (...)

¿Qué se podría hacer para reducir el exceso de muertes invernales? El Departamento de Epidemiología y Salud Pública del University College de Londres publicó en 2011 una dura revisión para la sección británica de Amigos de la Tierra. 

Por un lado, alertaba de los efectos que tenía la baja temperatura del hogar sobre la salud y la calidad de vida de sus habitantes: adolescentes con más problemas de salud mental (posiblemente por el estrés prolongado) y peores resultados académicos, criaturas con problemas respiratorios y, sobre todo, personas mayores con riesgo grave para su vida. 

Por ejemplo, un descenso de 1 ºC en la temperatura de la habitación, se asocia con un aumento de 1,3 mmHg de la presión sanguínea en mayores, lo que explica que el 40% de las muertes atribuibles al invierno se deban a problemas cardiovasculares.  (...)

En total, las casas frías podrían ser responsables del 22% de la sobremortalidad invernal en Reino Unido. Pero aquel informe también enumeraba los beneficios de la medida estrella que se reitera una y otra vez como fundamental: mejorar la eficiencia energética de los hogares. Curiosamente, esta medida no solo reduce los riesgos del frío, sino que activa mejoras incluso en la nutrición de las familias... (...)

¿La concusión? “La evidencia sugiere que mejoras tangibles en el acondicionamiento de las viviendas puede llevar a mejoras en la salud, incluso a los pocos meses de la intervención”."              (Raúl F. Miralles, El Salto, 20/12/17)

5.12.17

Cristina Fallarás: “Me entero hoy del suicidio de un querido amigo. Le quitaban el piso. Era mayor y no tenía dónde ir. Mierda, mierda de sociedad.

"Hablar de los suicidios no es fácil ni agradable. Acabar con la propia vida puede responder a muchas razones pero casi siempre a un sufrimiento insostenible. Los motivos para el suicidio han sido analizados y pueden tener muchas explicaciones: desengaños amorosos, la muerte de un ser querido, el miedo de ser torturado, la imitación de otro suicida, el abuso de drogas, la soledad, el abandono familiar, trastornos psiquiátricos severos, motivos sectarios, presión grupal, etc. El suicidio no siempre es atribuible a un trastorno mental pero sí que es indicativo de sufrimiento y de estrés negativo.

El suicidio es una de las formas de muerte más extendida en el mundo superando los muertos por accidente de tráfico, terrorismo y violencia machista.

Cada año se suicidan en el Reino de España más de 3.000 personas pero en los últimos años se han realizado varios estudios que corroboran la relación entre crisis económicas y suicidios. En uno de ellos se analizaba la relación entre los ciclos económicos y los suicidios que se han producido en EEUU entre los años 1928 y 2007 en el que se mostraba que cuando ha habido alguna recesión económica la tasa de suicidios ha aumentado once veces y sólo se ha dado la circunstancia de que haya bajado en dos ocasiones. En cambio, en periodos de expansión económica las tasas de suicidio sólo han aumentado tres veces y han bajado en diez ocasiones.

Algunas revisiones sistemáticas han podido establecer una relación entre el aumento de la mortalidad por suicidio y las recesiones económicas en hombres en edad laboral. En estas revisiones el desempleo está asociado al aumento de mortalidad por suicidio, fundamentalmente referido al desempleo de larga duración. Este riesgo es mayor en los primeros 5 años de quedarse en paro, pero aun así puede llegar a persistir durante 15 o 16 años después de la pérdida del empleo (1).

Algunas investigaciones han intentado cuantificar el incremento de los suicidios derivados exclusivamente de la crisis. Por ejemplo, en Estados Unidos entre el 2007 y el 2010 se estima que ha habido más de 4.750 muertes por suicidio (2); en el caso de Inglaterra llegaron a ser unos 846 adicionales entre los años 2008 y 2010 (3).

Otro estudio significativo analizó la mortalidad por suicidio en 54 países de Europa, Norteamérica y Asia durante el año 2009. Esta mortalidad fue comparada con la esperada según la tendencia de mortalidad por suicidio entre los años 2000 al 2007 y se estimó un aumento de hasta 4.884 muertes adicionales por suicidio. En el caso de Europa se concentraría en hombres de 15 a 24 años y en el caso de América del Norte en hombres de 45 a 64 años. En cuanto a las mujeres no ha habido incrementos: en Europa y en América fue muy inferior a los hombres. Y tanto en un continente como el otro se asoció a la magnitud del paro (4).

Un estudio intentó cuantificar los suicidios derivados por la crisis durante los años 2008-2010 en el Reino de España, llegando a estimar unos 680 suicidios adicionales (5).

Los suicidios también han aumentado un 36 % en Cataluña en los últimos años como consecuencia de la crisis económica y ya son la mortalidad evitable que más ha crecido, según se apuntó recientemente desde de la Agencia de Calidad y Evaluación Sanitarias de la Generalitat de Catalunya.

Cuando hay una correlación estadística significativa entre las recesiones económicas, el desempleo y los suicidios, hay que ser muy obtuso para no querer ver la relación entre quitarse la vida y la desesperación de estar desempleado y lo que supone de incertidumbre y pánico por el futuro más inmediato.

¿Es tan difícil imaginarse la desesperación que puede sentir alguien con grandes deudas hipotecarias, cargas familiares y ser un desempleado de larga duración en esta coyuntura económica? ¿Hay alguien que aún no sabe que alguna gente se suicida por acumular deudas?

En el Reino de España, a pesar de que durante el periodo inicial de la crisis (2008-2011) no hubo un aumento significativo de la tasa de suicidios en el año 2012 sí que hubo un repunte en el alza respecto al periodo anterior. El aumento se produjo en los hombres entre 45-59 años. A pesar de que no aparece en las estadísticas, la relación del suicidio con los desahucios (una de las expresiones más macabras de la crisis) es un hecho evidente (6).

El pasado 22 de noviembre un tuit de la periodista Cristina Fallarás decía: “Me entero hoy del suicidio de un querido amigo. Le quitaban el piso. Era mayor y no tenía dónde ir. Mierda, mierda de sociedad.”

Las personas entrevistadas en un proyecto de investigación llamado “Procesos de desahucio y salud” describen diferentes problemas de salud física: cardiovasculares, cerebrovasculares, dermatológicos, digestivos, diabetes, tensión arterial, colesterol, etc. Además se detectan frecuentes problemas de salud psicológica: estados depresivos, desmotivación, desilusión y apatía, deterioro del cuidado personal, sensaciones de impotencia y autocompasión, así como cambios de humor. También las personas entrevistadas nombran problemas de concentración, pérdida de memoria, estados de ansiedad, vivencias de intranquilidad, incertidumbre y miedo, así como pensamientos de suicidio (7).


Políticas de austeridad y suicidios

Algunos autores apuntan que no es el desempleo propiamente, sino la desesperación asociada a la persistencia del desempleo lo que lleva a ataques de ansiedad y a la depresión. La duración del desempleo o los niveles de endeudamiento podrían ser más relevantes que la tasa de desempleo para explicar las tendencias en las tasas de suicidio. Esta sería la explicación más evidente del gran aumento en los países más castigados por la crisis y por los planes de austeridad y recortes en los servicios públicos de muchos gobiernos (8).

Tampoco sería casual que los tres países que más lejos fueron por el camino de la austeridad en las políticas económicas -Letonia, Irlanda y Grecia- fueron los que han registraron las subidas mayores de suicidios entre el 2008 y el 2009. En el caso de Grecia la tasa de suicidios pasó de un 2,8 al 6 por 100.000 habitantes.

Muchos aún recordamos aquella terrible carta del jubilado griego Dimitris Christoulas, de 77 años, antes de pegarse un tiro en la sien en Atenas frente al edificio del Parlamento. "El Gobierno de Tsolakoglou ha aniquilado toda posibilidad de supervivencia para mí, que se basaba en una respetable pensión que yo había pagado por mi cuenta (sin ayuda del Estado) durante 35 años. 
Dado que mi avanzada edad no me permite reaccionar de otra forma (aunque si un compatriota griego hubiera cogido un kalashnikov, yo le habría seguido), no veo otra solución que poner fin a mi vida de esta forma digna antes de tener que rebuscar comida entre la basura para poder subsistir."

Según diversas investigaciones existe una relación muy directa entre las crisis económicas, el desempleo y el empeoramiento de la salud mental. Un dato ilustrativo: la media de personas con problemas psicológicos entre los parados es de un 34%; en cambio, entre las personas con empleo es del 16%.

Los estudios realizados observan pues un aumento de problemas de salud mental, sobretodo de depresión y ansiedad, así como de casos de suicidio cuya mayor prevalencia se relaciona con el estrés asociado a situaciones de inseguridad económica, precariedad laboral, pérdida de empleo y empeoramiento de las condiciones laborales. Conviene tener presente que el suicidio es la punta de un iceberg que nos muestra que hay sufrimiento e ideación autolítica y que hay muchos intentos de suicidio que no se llegan a conocer.

Otra constatación es que cuanto mayor es la duración del período de desempleo más intenso son las consecuencias negativas sobre la salud mental. De hecho, para cada incremento del paro de un 1%, la tasa de suicidios y de homicidios aumenta un 0,79%; pero hay que decir que estas tasas no han aumentado en los países donde no se han implantado políticas de austeridad como Austria o Islandia, pese a experimentar un aumento del paro. Tampoco en lugares como Suecia, con fuertes medidas de protección social.

La protección social y los suicidios

Los estudios más serios y rigurosos, secundados por algunos documentos de la OMS, demuestran que los países con una buena seguridad social y con sistemas de protección social adecuados pueden llegar a frenar y disminuir las tasas de suicidios. 

En Finlandia, en la crisis de 1990-93 el paro subió del 3,2% hasta el 16,5% de la población activa sin que ello comportara un aumento en la tasa de suicidios, a diferencia de lo que ocurrió en aquellos años en Rusia, donde sí aumentaron significativamente Ello fue debido fundamentalmente a la diferente protección social de cada país (9).

Resulta interesante observar una comparación realizada entre Suecia y el Reino de España entre la asociación de la tasa de desempleo y la tasa de suicidio entre 1980 y 2005. Mientras que en el Reino de España existe una clara asociación entre paro y suicidios y éstos aumentan cuando aumenta el paro, en Suecia no se observa esta correlación.

Según datos de la Unión Europea, el aumento del paro no hace crecer las cifras de suicidio cuando se gastan en programas sociales más de 190 dólares por persona y año. La misma hipótesis en sentido inverso se ha encontrado al descubrirse una asociación entre el incremento del suicidio y la reducción del gasto en políticas sociales.

Estamos, no hay duda, ante un problema de salud pública de primer orden la fase crítica del que todavía no ha terminado y que, a pesar de algunas iniciativas que se han dado, requiere de una intervención pública masiva para mitigar y revertir la gravedad de la situación. (...)"            (Sergi Raventós  , Sin Permiso, 29/11/2017

29.11.17

La austeridad mata, y aquellos políticos y economistas que la justifican son responsables directos o indirectos de sus efectos. En Inglaterra, las restricciones de gasto entre 2010 y 2014 se asociaron con la muertes de 45.368 personas... ¿y en España? Cuando se estudie, se nos helará la sangre...

"Quitémonos las caretas. Seamos claros. Tengamos la valentía de decir a la gente la verdad, sin ambages. Dejemos de una puñetera vez de engañar a la ciudadanía. La austeridad mata, y aquellos políticos y economistas que la justifican son responsables directos o indirectos de sus efectos. 

 Bien por mentir, o bien por ser ignorantes. No sé lo que es peor. Y por favor, absténganse los defensores de la austeridad de contarnos trolas, bla, bla, bla…. ¿Qué no hay recursos? ¿De verdad me ven cara de idiota? Porque no se trata de austeridad. 

El tema es mayor. Se trata de cambiar el modelo social, de privatizar, de ganar pasta. La superclase hace tiempo que nos declaró la guerra y la estamos perdiendo, por goleada. Aún estamos a tiempo.

 Pero vayamos a la ciencia. Se acaba de publicar en Reino Unido un nuevo artículo de investigación académica bajo el título “Effects of health and social care spending constraints on mortality in England: a time trend analysis” de autoría múltiple (10 coautores). El objetivo del artículo es claro. 

Desde 2010, Inglaterra ha experimentado restricciones relativas al gasto público en salud y al gasto en asistencia social. Los autores intentan determinar si estas restricciones han afectado a las tasas de mortalidad.

 Para ello se recolectan datos sobre los recursos públicos destinados a asistencia social y salud en Inglaterra y Gales de 2001 a 2014. Se realizaron análisis de tendencias temporales para comparar las tasas de mortalidad reales en el período 2011-2014 con las tasas contrafactuales esperadas, es decir, aquellas que podían haber ocurrido, basadas en las tendencias existentes antes de las restricciones de gastos.

 Se realizaron análisis de regresión de efectos fijos utilizando datos anuales de recursos públicos destinados a asistencia social y salud, con la mortalidad como resultado o variable explicativa, teniendo en cuenta además ajustes adicionales según factores y recursos macroeconómicos, es decir, corrigiendo por dichos factores. 

Los análisis se estratificaron por grupo de edad, lugar de fallecimiento y distrito. Las tasas de mortalidad hasta 2020 se proyectaron en base a las tendencias recientes.

 Los resultados, descorazonadores. Las restricciones de gasto entre 2010 y 2014 se asociaron con un número de muertes estimado promedio más alto de lo esperado en 45.368 personas, en comparación con las tendencias anteriores a 2010. 

Las muertes de ancianos mayores de 60 años y por cuidados a domicilio (asistencia a dependientes) recogen la mayor parte de este incremento. Los recortes en el gasto de asistencia social se correlacionaron más fuertemente con la mortalidad domiciliaria que los recortes en salud. 

Concretamente cada disminución de 10 libras esterlinas per cápita, en términos reales, del gasto en asistencia social se tradujo en promedio en un aumento en 5,10 muertes por cada 100.000 hogares de atención. Estas relaciones persistieron, una vez corregidos distintos factores macroeconómicos. 

Además, encontraron que los cambios en el gasto en asistencia social per cápita real están relacionados con la mortalidad, principalmente a través de cambios en el número de enfermeras. Las proyecciones para 2020 basadas en la tendencia 2009-2014 se vincularon de manera acumulativa con un estimado de 152.141 muertes adicionales. ¿Me imagino que se les habrá quedado la sangre helada, verdad? 

Los resultados son plenamente consistentes con otros. La evidencia se acumula. Por primera vez en más de un siglo, la salud de las personas en Inglaterra y Gales, medida por la característica más básica, la vida, ha dejado de mejorar. 

Ello es consecuencia de la política de austeridad, que se ha cebado con los más pobres y con los mayores. 

Ello es consecuencia de la retirada de la asistencia médica a medio millón de personas mayores que se había realizado antes de 2013. 

Ello es consecuencia de un millón menos de visitas de atención social que se llevan a cabo cada año. 

Ello es consecuencia de los recortes en los presupuestos del Sistema Nacional de Salud. 

Ello es consecuencia del aumento de la pobreza energética entre los más desfavorecidos. 

Ello es consecuencia de los recortes o eliminación de beneficios por discapacidad. ¿Queda claro, verdad?

El estancamiento de la esperanza de vida, en definitiva, ha sido el resultado de una elección y opción política. Lo tremendo es que haya gente que vote por opciones políticas que defiendan la austeridad aquí y allá. Al menos que asuman sus consecuencias. ¿Se han preguntado ustedes qué está pasando en nuestro país? El día que se hagan unos estudios académicos similares a los de Inglaterra y Gales se nos helará la sangre.

Permítanme para terminar recordarles donde estamos. España es un país que desde el momento en el que alguien tiene la osadía de desafiar el privilegio de los de arriba y/o entrar a argumentar sin ser políticamente correcto, ya no hay una confrontación de ideas sosegada y razonada. 

Porque desde ese momento se les echarán encima unos medios de comunicación aduladores y genuflexos con el poder. Sí, esos mismos medios que publican cada día noticias sobre cómo las élites extractivas patrias devoran sin miramientos rentas conseguidas por el mero hecho de disponer o acceder a información cuasi-privilegiada (pelotazos).

 Y ya lo asumen como algo normal. Por eso, contra el disidente aplicarán el manual: chistes, anécdotas, chascarrillos, cortinas de humo, descrédito. El objetivo es desviar la atención. Pan y circo."                   (Juan Laborda  , Vox Populi, 26/11/17)

7.11.17

Los trabajadores norteamericanos son maltratados por el sistema de salud: reciben tratamiento médico a menudo, inepto y terminan siendo víctimas de una extendida práctica de exceso de medicación con narcóticos

"(...) Los multimillonarios y sus familias disfrutan de una vida más larga y saludable que los trabajadores. No necesitan ni de seguros médicos ni de hospitales públicos. Un CEO vive un promedio de diez años más que un trabajador y disfruta de veinte años más de condiciones de vida saludable.

La atención médica privada provee los tratamientos más avanzados y seguros, incluyendo los medicamentos más efectivos, lo que permite que los multimillonarios y su familia vivan más y en mejores condiciones.       
La calidad del servicio médico en general, y la alta capacitación de los profesionales a cargo presentan un agudo contraste con el servicio médico disponible para el resto de la población. Esta situación crea un apartheid, o sistema segregado, en la atención médica en EEUU.

Los trabajadores son tratados y maltratados por el sistema de salud: Reciben tratamiento médico inadecuado y, a menudo, inepto; atención superficial de parte de asistentes médicos sin experiencia y terminan siendo víctimas de una extendida práctica de exceso de medicación con narcóticos y otros medicamentos altamente adictivos. 
La medicación excesiva recetada por “profesionales” incompetentes ha contribuido de manera significativa a la muerte precoz de trabajadores, ha incrementado los casos de sobredosis de opiáceos, discapacidad causada por adicciones y el descenso en la pobreza, que muchas veces trae consigo la pérdida del hogar.
 Estas prácticas irresponsables han creado ganancias multimillonarias adicionales a las empresas aseguradoras de élite, las cuales pueden suspender las pensiones y las responsabilidades de los seguros médicos cuando los trabajadores lesionados, enfermos, discapacitados o adictos salen del sistema o mueren.

La reducción de la expectativa de vida de los trabajadores y miembros de su familia es un motivo de celebración para Wall Street y la prensa financiera. Más de 560.000 trabajadores murieron por el uso de opiáceos entre 1999 y 2015, lo que contribuyó a bajar la expectativa de vida de los asalariados y redujo las responsabilidades para pagar pensiones tanto de Wall Street como del Seguro Social (Social Security). (...)"                    (James Petras, Petras blog , en Jaque al neoliberalismo, 17/10/17)

18.4.17

Las tasas de depresión se incrementaron un 18% entre 2005 y 2015... actualmente afecta a más de 300 millones de personas en todo el mundo

"Como anticipo del Día Mundial de la Salud el 7 de abril, la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó un informe que mostraba que las tasas de depresión se incrementaron un 18 por ciento entre 2005 y 2015, estimándose actualmente que afectan a más de 300 millones de personas en todo el mundo. Aproximadamente 800.000 personas se suicidan cada año. Según la OMS, la pobreza y el desempleo son las principales causas. (...)

Sin duda, los servicios de salud mental están en unos niveles de apoyo críticos globalmente. Aunque están habitualmente correlacionadas con la pobreza, las enfermedades mentales pueden causar miseria a pesar del estatus socioeconómico de cada uno.

Sin embargo, como miembro de la Facultad de Estudios Sanitarios Globales de la Northwestern University, me parece sorprendente que la OMS destaque la pobreza y el desempleo como principales causas de la depresión, pero sugiera ejercicio, programas escolares de prevención, terapias y medicamentos para resolverlo.

Si la pobreza y el desempleo son las principales causas de la depresión, ¿no deberían nuestros remedios abordar los factores económicos de la pobreza y el desempleo, en lugar de enfocarse estrechamente en los programas escolares y el ejercicio?

¿Es la expansión de las enfermedades mentales solamente un tema sanitario, o es también una repuesta previsible a la expansión del estrés económico?

Esto alcanza a un tema fundamental sobre cómo está conceptuada la salud global a los más altos niveles. Preferimos soluciones rápidas y “factibles” en lugar de abordar problemas complejos. Innovamos en torno al dilema –más antidepresivos, más servicios de salud mental, más ejercicio– pero fallamos en abordar los problemas estructurales subyacentes. ¿En qué momento abordaremos los factores que condicionan globalmente la expansión de los problemas de salud? (...)

Si, como el FMI afirma, el actual sistema económico global incrementa la brecha de riqueza global, y las tasas de desempleo y pobreza con ella, no es ninguna sorpresa que la depresión haya crecido un 18 por ciento en todo el mundo. Después de todo, uno solo puede ser tan fuerte cuando puede conseguir trabajo para alimentar a su familia.

La pobreza y la desigualdad, y la posterior depresión, quizá parezcan una preocupación ajena, pero la expansión global de desigualdad y pobreza colocan potencialmente a todos en riesgo a pesar de su localización o estatus socioeconómico. (...)

Al imponer la austeridad, el FMI restringió el gasto gubernamental del oeste de África en sistemas sanitarios. El resultado fue una masiva escasez de recursos humanos y debilitó los sistemas sanitarios, permitiendo que el ébola causara estragos en África Occidental y amenazara también a los países ricos. La epidemia demostró que la pobreza es el problema de todos y no solo por razones humanitarias.

Más allá de las crisis sanitarias, según el Banco Mundial (otro proponente principal del neoliberalismo), el empleo y la inclusión económica combaten el extremismo violento. Ningún grado de expansión militar ayudarían a “ganar la batalla contra el ISIS” (también conocido como Daesh) como lo haría la estabilidad económica.

Quizás es el momento de conocer el papel de nuestro actual sistema económico global en exacerbar los graves problemas que estamos tratando de abordar, desde el extremismo hasta las crisis de salud mental.

Por supuesto, no hay panaceas cuando hablamos de salud mental, pero es el momento de empezar conociendo algunos de los temas estructurales que alimentan la ansiedad y la depresión.

Quizás es el momento de innovaciones económicas, en lugar de las cansadas reclamaciones sobre reducir el gasto gubernamental, recortes fiscales y desregulación. (...)" (Noelle Sulivan
es profesora ayudante de Estudios Sanitarios Globales y Antropología en la Northwestern University, Sin Permiso, 08/04/17)

30.3.17

En el año 2015, la mortalidad de los hombres blancos de mediana edad y con menos educación era un 30% más alta que la de los negros... mueren a una tasa dos veces mayor que la de las mujeres blancas con las mismas características (y cuatro veces más que la de los hombres blancos universitarios). Causas: la 'desesperanza'. Efectos: votan por Trump

"En Estados Unidos, los hombres blancos de mediana edad y con menos educación se están muriendo a un ritmo inusitado. De hecho, su tasa de mortalidad es mayor que la de los hispanos o los negros de su misma edad y de su mismo nivel educativo.  (...)

Este es un fenómeno exclusivamente estadounidense. En otros países desarrollados no sucede.
Esta es una de las conclusiones de un importante estudio que acaban de presentar en Washington el Premio Nobel de Economía Angus Deaton y Anne Case, una destacada economista de la universidad de Princeton (y esposa de Deaton).

Ya en 2015, estos dos economistas habían causado revuelo con un estudio que por primera vez documentaba el trágico aumento de las muertes entre los estadounidenses blancos sin estudios universitarios. 

Mientras que en 1999 su tasa de mortalidad era un 30% más baja que la de los negros de sus mismas características, para el año 2015 la mortalidad de los blancos era un 30% más alta que la de los afroamericanos.Estos cambios en EEUU revierten décadas de progreso. (...)

¿Qué pasó? Pues que, en este grupo, los suicidios y las muertes por sobredosis de drogasy por alcoholismo aumentaron drásticamente. El cáncer y las enfermedades cardiacas también se agudizaron, así como la obesidad. 

Desde el 2000, las muertes por estas causas entre los blancos no-hispanos, entre 50 y 54 años de edad, se han duplicado. Y para el 2015 morían a una tasa dos veces mayor que la de las mujeres blancas con las mismas características (y cuatro veces más que la de los hombres blancos que alcanzaron a ir a la universidad). 

Una explicación común para esta tragedia es el desempleo que afectó duramente a este grupo de trabajadores, tanto a causa de la crisis como por la globalización y la automatización de la producción, que están haciendo desaparecer los puestos de trabajo de baja cualificación.

Deaton y Case no dudan de que el desempleo y la consecuente caída en los ingresos son factores importantes. Pero según ellos no son suficiente explicación y mantienen que la mayor mortalidad de los blancos en EEUU tiene “causas más profundas”.

¿Cómo se explica, si no, que los hispanos y negros que también perdieron sus empleos e ingresos aumentaran su longevidad? ¿Y por qué entre los trabajadores europeos que fueron víctimas de los embates de la gran recesión del 2008 y las políticas de austeridad no se dan las letales tendencias que afectan a los trabajadores blancos estadounidenses? Es más, en Europa la longevidad de quienes tienen menos años de estudio (y menos ingresos) ha seguido subiendo --y a más velocidad-- que la de los europeos con mayor nivel educativo.

Según los dos economistas, las causas más profundas de este fenómeno tienen que ver con lo que ellos llaman “desventajas acumulativas”. Estas son condiciones debilitantes y hábitos disfuncionales que este grupo humano ha ido acumulando durante toda su vida como reacción a profundas transformaciones económicas y sociales. 

Con frecuencia comenzó con el abandono de los estudios secundarios y la entrada temprana en el mercado de trabajo en épocas de empleos abundantes y salarios atractivos. Pero esta “bonanza laboral” se fue extinguiendo y otros cambios en la sociedad –el papel de las mujeres, el aumento de los divorcios y la fragmentación familiar, la movilidad geográfica– dificultaron la vida a los hombres blancos, y los hicieron más vulnerables a lo que Deaton y Case describen como “muertes por desesperanza”. Son hombres que no ven un futuro mejor ni para ellos ni para su familia.

Esta desesperanza causa gran sufrimiento. En EEUU la mitad de los hombres desempleados toma medicinas contra el dolor y dos tercios consume opioides. El abuso de estas drogas se ha convertido en una gravísima epidemia. En 2015, más estadounidenses fallecieron por sobredosis de drogas que por armas de fuego y accidentes de tránsito. ¿La abrumadora mayoría de las víctimas? Hombres blancos.

Dos preguntas finales: Primera: ¿Por que los hombres blancos de origen hispano, poca educación formal y mala situación económica mueren menos? Porque tienen más esperanzas de lo que les depara el futuro. Ellos no están añorando una mejor situación económica que tuvieron en el pasado. Nunca los tuvieron. Para ellos el futuro solo puede ser mejor. Y para sus hijos aun mas.

 Segunda: ¿Cuál es la reacción política de los blancos estadounidenses con altas tasas de mortalidad? Votar por Donald Trump. Más del 60 por ciento de ellos así lo hizo."               ( , El País, 25/03/17) 

4.1.17

La esperanza de vida vuelve a caer en Estados Unidos... vuelven las drogas... y llega Trump, todo cuadra

 "(...) Varios expertos consideran que la epidemia de la obesidad podría estar influyendo de manera clave en el incremento de los decesos por enfermedades del corazón, los accidentes cerebrovasculares, la diabetes y, posiblemente, el Alzheimer.

Para Arun Hendi, un demógrafo de la Universidad de Duke, el consumo de analgésicos opiáceos recetados y el abuso de heroína pueden incidir en el aumento de lesiones no intencionales.

En tanto, Irma Elo, socióloga de la Universidad de Pensilvania citada por el portal National Public Radio, consideró que el aumento del suicidio y del uso indebido de drogas podría deberse a los problemas económicos enfrentados desde la crisis de 2008.

De acuerdo con esa página digital, cualquiera que sea la causa de la caída de la esperanza de vida, se trata de una tendencia preocupante, sobre todo cuando tal indicador sigue en aumento en la mayoría de los demás países industrializados. (...)"             (Prensa Latina, 08/12/16)


"La esperanza de vida ha descendido en Estados Unidos por primera vez desde hace más de dos décadas. 

El aumento de las muertes por enfermedades cardiovasculares, diabetes, sobredosis de drogas y accidentes ha contribuido a que en 2015 empeoren las expectativas como no lo habían hecho desde la epidemia de Sida de los años 90, según datos publicados este jueves por el Centro Nacional de Estadísticas de Salud (NCHS, por sus siglas en inglés).

EE UU ha roto con una tendencia constante desde después de la Segunda Guerra Mundial y en la que cada año aumentaba la esperanza de vida al nacer. En total, han aumentado las tasas de mortalidad en 8 de las 10 principales causas de muerte y entre la mayoría de grupos de población, lo que indica una tendencia general. Los fallecimientos han crecido especialmente entre hombres blancos y afroamericanos y mujeres blancas. En el caso de las mujeres afroamericanas y los hispanos, no han empeorado, pero tampoco mejoran.  (...)

Los datos del NCHS llegan apenas un año después de que un amplio estudio liderado por la Universidad de Princeton que reveló la epidemia de muertes por sobredosis de drogas, especialmente por consumo de heroína, y narcóticos bajo receta médica. Las autoridades han confirmado un aumento de muertes por “lesiones no intencionadas”, una categoría que incluye desde accidentes de tráfico hasta sobredosis por consumo de drogas, alcohol y otros estupefacientes. En 2015, más de 146.000 estadounidenses perdieron la vida por una de estas causas mientras las autoridades aún buscan la respuesta a lo que ya se considera una epidemia. (...)

EE UU ocupaba en 2014 el puesto número 28 en el índice de países por esperanza de vida que realiza la OCDE, por detrás de la República Checa, Chile y Costa Rica. La lista está liderada por Japón, donde sus ciudadanos viven una media de 83.7 años, seguido de España, con 83.3."          (El País, 08/12/16)

28.10.16

Fue a su oficina cada día durante dos meses con una pancarta en la que había escrito ‘Devuélveme mi dinero’. Es un desgaste psicológico increíble... la estafa de las preferentes tienen graves consecuencias sanitarias

"En otoño de 2011 estalló la crisis de las preferentes. Cientos de miles de españoles habían perdido sus ahorros por culpa de las malas prácticas bancarias y comenzaban la lucha para recuperarlo. Un drama económico que empezó a resolverse en los tribunales años más tarde gracias a la movilización ciudadana.

Muchos casos particulares abrieron los telediarios, ocuparon páginas enteras de los periódicos. Algún suicidio o intento de suicidio, afectados explicando que llevan años con ansiedad, matrimonios que no aguantaron la crisis y muchos que, al ser mayores, se quedaron en el camino... Aunque, de manera general, no se solía hablar de los perjuicios a la salud.

Hoy, cinco años más tarde, esos daños ocultos son el rastro de una crisis que sobrepasa la estricta estafa financiera. Como unas muñecas rusas del drama: una vez abierto el desastre económico encontramos otro sanitario.

En junio de 2015, un grupo de expertos en economía, derecho, medicina y ética crearon la fundación Finsalud para establecer, de manera científica, asociaciones entre “la pérdida súbita de los ahorros y la salud física y mental de las personas”. (...)

“En un primer momento, me preocupé para que recuperara su dinero, temía que mi padre perdiera sus ahorros de toda la vida y veía que eso le afectaba, pero no tanto en temas de salud aunque sí veía que se pasaba noches sin dormir o con estrés”. Su padre falleció súbitamente pocas horas después de recuperar su dinero. (...)

“Recuerdo a esta mujer gallega que había perdido 6.000 euros, todos sus ahorros, y que fue a su oficina cada día durante dos meses con una pancarta en la que había escrito ‘Devuélveme mi dinero’. Al final, la echaron y siguió tres meses más fuera de la oficina. Fueron cinco meses en la que estuvo completamente sola. Es de este desgaste psicológico del que estamos hablando. Es un desgaste increíble”, sentencia Missé.

En su libro, el periodista relata cómo en Mataró la profesora de Psicología de la Universidad Autónoma de Barcelona Ingeborg Porcar investigó y dirigió talleres para preferentistas que ya habían cobrado después de varios años de lucha. Según ella, incluso después de recuperar su dinero, los afectados seguían teniendo “una sensación de absoluto descontrol” sobre sus vidas y muchos seguían traumatizados.

Para Missé, el tema de fondo es el engaño sustentado ya que los afectados confiaban plenamente en su banco, pensando que seguían funcionando como cajas de ahorros, destinados a ayudar al pequeño ahorrador. Pero, de momento, son pocos los casos en los que la justicia ha reconocido los daños morales y otorgado indemnización para ellos.   (...)

La hipótesis de la fundación es que estas estafas bancarias han aumentado el riesgo de enfermedades cardiovasculares, depresiones y crisis de ansiedad que pueden llevar al suicidio, así como un deterioro general de la calidad de vida del afectado.

A principios de octubre, la fundación presentó sus resultados preliminares con un análisis de unos 200 afectados que habían o no recibido compensación (el estudio prevé estudiar un total de 800 casos). Según la investigadora, los resultados finales estarán disponibles en la publicación científica que se encuentra actualmente en revisión.

Estas primeras conclusiones del estudio no son optimistas. En su análisis, los expertos indican que, en comparación con la población general, los afectados por fraude bancario tienen peor calidad de vida, peor calidad de sueño, menos horas de sueño, peor salud mental y peor percepción de la salud.

Un cuarto de las personas afectadas tiene diagnóstico psiquiátrico aunque, según el estudio, un 80% presenta criterios de “posibles casos” psiquiátricos. Además, de manera general, la salud mental de los afectados por preferentes es regular o mala en el 85% de los casos frente a un 20% del conjunto de la población. Y casi todos sufren algún dolor, sobre todo en el cuello o la espalda, donde se acumula la tensión. (...)

En Vilanova de Córdoba, Pedro Vera luchó junto a 300 afectados de su pueblo para recuperar un total de 13 millones de euros. Tras dos años y medio de lucha, lo consiguieron pero, al ser preguntado sobre su estado de ánimo, Vera contestó:

“Me siento un poco frustrado. Al fin y al cabo, hemos logrado que nos den lo que era nuestro, hemos tenido que luchar mucho, con mucho sufrimiento y algunos se han quedado por el camino. Ellos en cambio se han ido de rositas, nadie nos ha pedido ni disculpas ni perdón, eso no es justicia”.

El sufrimiento, añadido al sentimiento de culpa, lleva a algunos a querer olvidar esta época después de cobrar el dinero que pensaban perdido. Serrano explica cómo muchos siguen en trauma, “no les gusta recordarlo”, y eso dificulta el trabajo de investigación de la fundación. Missé coincide con esta versión explicando cómo varios expertos y activistas dejaron de contestarle una vez recuperado el dinero. “Quedan todos agotados de tantos años de lucha y ahora quieren olvidar”, explica el periodista.

Pero si los resultados finales del estudio son concluyentes, Serrano espera que puedan servir para que todos estos perjuicios en la salud sean reconocidos. “Nuestro objetivo es dar argumentos científicos para que la reparación sea lo más total posible”, concluye el economista aunque reconoce que siempre faltará algo que ningún estudio podrá lograr: una disculpa."               (Elise Gazengel, CTXT, 26/10/16)

10.6.16

Una investigación relaciona el paro y los recortes con más muertes por cáncer

"Los altos niveles de desempleo y los recortes en sanidad durante la crisis económica se asociaron con un aumento de la mortalidad por cáncer, según un nuevo estudio publicado en la revista médica The Lancet. Los autores de la investigación han estimado que se han producido más de 260.000 muertes adicionales por cáncer en los países de la OCDE entre los años 2008 y 2010, de las que casi 170.000 se produjeron en la Unión Europea.

"El cáncer es la principal causa de muerte en el mundo, por lo que entender cómo los cambios económicos afectan a la supervivencia del cáncer es crucial", asegura Mahiben Maruthappu, investigador del Imperial College de Londres y autor principal del estudio.  (...)

El paro afecta más a los países sin sanidad universal

Los resultados mostraron que el aumento del desempleo estaba asociado a un aumento de las muertes en todos los tipos de cáncer, pero que fue más fuerte para los cánceres tratables. En concreto, los investigadores estimaron que un aumento del 1% en la tasa de paro estaba asociado a 0,37 muertes adicionales de todos los cánceres por cada 100.000 personas.

Sin embargo, Maruthappu aclara que este efecto desaparecía en aquellos países que tienen una cobertura de salud universal, "especialmente en los casos de cánceres tratables como el de mama, próstata y cáncer colorrectal".

 El problema radica, según los autores del estudio, en que en los países que carecen de sanidad universal, las personas desempleadas tienen un limitado acceso a la atención sanitaria, "lo que podría manifestarse en diagnósticos tardíos y tratamientos insuficientes".

"Afortunadamente, España tiene cobertura universal, por lo que no creemos que la crisis reciente y el desempleo hayan aumentado la mortalidad por cáncer en nuestro país", explica Miguel Martín, presidente de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM). Sin embargo, este oncólogo advierte de que este estudio "debe servirnos de aviso para el futuro".

 Según Martín, "si reducimos la cobertura o introducimos restricciones importantes en las prestaciones sanitarias, podríamos encontrarnos con un aumento de la mortalidad por cáncer también en España".

Los recortes también se asocian a mayor mortalidad

A este respecto, el estudio también encontró que la mortalidad por cáncer aumentaba a medida que disminuía el gasto en la sanidad pública, de forma que una disminución de un 1% respecto al PIB estaba asociado con 0,0053 muertes adicionales de todos los cánceres por cada 100.000 personas. 

Aunque las cifras varían de un país a otro, Maruthappu ha explicado a eldiario.es que "los recortes en la sanidad pública están asociados con más muertes por cáncer incluso en aquellos países que tienen cobertura universal" y asegura que "si los recortes no van acompañados de mejoras en la eficiencia, la calidad de la atención sanitaria se verá resentida y los niveles de mortalidad podrían seguir aumentando".

No se ha podido demostrar una relación causa efecto

Los autores aseguran que el estudio publicado hoy solo señala una asociación entre la mortalidad, el desempleo y el gasto en la sanidad pública, aunque no se ha podido demostrar una relación directa de causa y efecto. Sin embargo, "la correlación cronológica entre el aumento del desempleo debido a la crisis económica mundial y el posterior cambio en la mortalidad por cáncer, indican una potencial relación causal".

En cualquier caso, los investigadores concluyen que, a pesar de las limitaciones del estudio, "los hallazgos sugieren que tanto el desempleo como los recortes en sanidad están significativamente relacionados con la mortalidad por cáncer" y que una sanidad universal "reduciría la asociación entre el desempleo y la mortalidad", lo que ofrece una "evidencia a favor de la adopción de sistemas de salud universales en todos los países".                       (Taguayo Pinto, eldiario.es, 25/05/16)

3.2.16

Los desahucios están teniendo un enorme impacto en la salud de miles de personas... también son un problema sanitario

"Durante los últimos años, España ha vivido un enorme aumento en el número de desahucios que han afectado a cientos de miles de familias. 

Según un reciente estudio realizado por la Escuela Andaluza de Salud Pública, estos procesos no solo han tenido un impacto económico y social importante sino que "los desahucios están teniendo un enorme impacto en la salud de miles de personas", explica a eldiario.es el coordinador del proyecto, Antonio Daponte.

Generalmente, los procesos de desahucio son largos y las personas que los sufren "no solo se ven sometidas a carencias por la situación de privación material", aseguran los autores del estudio, sino que el desahucio también "constituye en sí mismo un evento vital estresante, que impacta en la salud física y mental de las personas afectadas y en la propia comunidad". 

El proyecto surgió tras una petición de la plataforma Stop Desahucios, que se puso en contacto con la Escuela Andaluza de Salud Pública. "Nos contaron que veían a gente que estaba muy mal, que estaban sufriendo bastante e incluso hubo algunos intentos de suicidio", cuenta Daponte.

Los estudios anteriores centrados en salud mental

En España, investigaciones recientes ya habían puesto de manifiesto el deterioro del estado de salud de las personas en situación de exclusión habitacional, así como el agravamiento de la salud mental (PDF) según se va avanzando en un proceso de desahucio. Sin embargo, estos estudios se centraron en la salud mental y son escasos las investigaciones que analizan otros indicadores de salud. 

El nuevo análisis, publicado en la Gaceta Sanitaria, "es el primero que se hace aquí en España, introduciendo componentes de salud de una forma tan extensa", explica Daponte. Para la investigación, que se llevó a cabo en el área metropolitana de Granada, se realizaron encuestas a 205 personas que se encontraban en proceso de desahucio.

 Los datos recopilados se agruparon en varios indicadores sanitarios, como el de salud percibida, mental o cardiovascular, así como de hábitos relacionados con la salud, como el consumo de tabaco y alcohol, la actividad física o el tipo de dieta.

Gracias a los datos recabados, los investigadores concluyeron que "la población afectada por desahucios tiene una probabilidad casi 13 veces mayor de tener una salud deficiente y tres veces mayor de tener una enfermedad cardiovascular, en comparación con la probabilidad del conjunto de la población". 

El estudio destaca, además, que las mujeres son las que más informan de una salud percibida deficiente, con un 80,9%, mucho mayor que el porcentaje de la población general, que es de un 24,5%. El resultado para los hombres, aunque menor que el de las mujeres, también es importante, y el 57,3% percibe su salud como mala o muy mala, frente al 14,9% de la población general. 

Con respecto a los demás indicadores, el 10,8% de los hombres y el 8,2% de las mujeres informa tener una enfermedad cardiovascular, frente al 4,1% y el 3,5% de la población general. También se observa una mayor proporción de personas con depresión, ansiedad u otros trastornos mentales, donde las mujeres, de nuevo, presentan una mayor prevalencia con un 57,4%, por un 28,9% de los hombres.  (...)

Los desahucios son un problema sanitario

Desde el proyecto proponen diversas medidas para intentar atajar los problemas sanitarios que surgen de los desahucios. "Lo primero debe ser crear políticas destinadas a evitar desahucios", explica Daponte, "y la opción más inmediata sería regular la dación en pago". 

Y para los casos en los que no se pueda evitar el desahucio, "hay que desarrollar programas de prevención y de protección que eviten que una situación tan traumática afecte a la salud de las personas, ofreciendo tratamiento y apoyo psicológico". 

Daponte destaca que los desahucios deben tratarse como un problema sanitario y recuerda que "en España tenemos una Ley General de salud pública que reconoce que los determinantes sociales son tan importantes como los biológicos en la salud de las personas". (...)"               (  , eldiario.es, 02/02/2016)

29.1.16

La pérdida de la protección social provoca el retroceso de los indicadores de salud y de esperanza de vida... antes Rusia, y ahora... ¡ en Francia !, y en España

"Francia se ha visto alterada esta semana por una noticia que ha puesto en evidencia que el progreso no es siempre una línea ascendente. Por primera vez en 46 años, la esperanza de vida de la población francesa ha retrocedido. 

Mientras expertos y sociólogos buscaban explicaciones, los franceses han descubierto que el mundo rico occidental no está a salvo de tendencias que antes se creían circunscritas a territorios en desarrollo o aquejados por catástrofes incontrolables. 

Pero ya hemos visto otras veces que también los cambios sociales pueden derivar en retrocesos. En su momento provocó un fuerte impacto la caída de la esperanza de vida en Rusia tras la disolución de la Unión Soviética.

 La pérdida de la protección social que caracterizaba el modelo soviético provocó un fuerte retroceso en los indicadores de salud y de esperanza de vida. A ello se unieron las consecuencias de las duras condiciones de competitividad que tuvo que afrontar para ganarse la vida una población acostumbrada a que el Estado lo decidiera todo. 

Las drogas y el alcoholismo fueron factores que contribuyeron al aumento de la mortalidad prematura. Así, la esperanza de vida, que en 1988 era de 70 años, cayó en 2007 hasta los 65. Ahora vuelve estar en 71 años, pero aún queda lejos de la media europea.

 Mucha gente creía que el camino de la rica y estable Europa hacia la longevidad era ya imparable. Por eso la noticia del retroceso de la esperanza de vida ha causado inquietud en Francia. No ha sido mucho: 0,4 años para las mujeres, y 0,3 para los hombres.

 Pero ha sido en un solo año. En España, que había duplicado la esperanza de vida en apenas cuatro generaciones, también retrocedió una décima en 2012. En todo caso, las autoridades francesas se han apresurado a buscar la explicación. Y la han encontrado en la gripe y en el clima.  (...)

En julio hubo una ola de calor, a la que atribuyen 2.000 muertes adicionales, y en octubre, una de frío, que causó 4.000 muertes más de las esperadas. ¿Agotan estos datos la explicación del retroceso? No lo parece, puesto que en 2015 se produjeron 41.000 muertes más que en 2014. 

(...) la brecha en la esperanza de vida también existe en el interior de las sociedades ricas. Y esa brecha tiene que ver con las desigualdades sociales. Si aumenta la precariedad social y las desigualdades se ensanchan, no tardaremos en ver las consecuencias en las estadísticas de salud y de esperanza de vida.

En los trabajos sobre desigualdades en salud se utiliza con frecuencia un término que ilustra bien sobre este fenómeno: el factor código postal. Con este concepto se designa al conjunto de circunstancias sociales que determinan las expectativas de salud o de vida de una persona en función del lugar en el que vive. Porque la salud depende de la genética, por supuesto, pero también del estatus social y del entorno.

 China, por ejemplo, tiene un gran problema de contaminación ambiental que lastra la salud de toda su población. Pero un reciente estudio encontró diferencias de mortalidad relacionadas con la diferente exposición a los contaminantes. Así, los habitantes situados al norte del río Huai viven de promedio 5,5 años menos que los del sur, y la razón es que en el norte se aplicaron medidas que favorecieron el uso intensivo del carbón.

En Barcelona, los habitantes del barrio del Raval tienen de promedio una esperanza de vida seis años inferior a los de Pedralbes. Está claro que en este caso no es la contaminación, sino el diferente nivel de vida, educación y acceso a los servicios los que dan lugar a esta brecha. 

Es, pues, previsible que el aumento de las diferencias sociales que expone el último informe de Oxfam Intermón agrande también la brecha en la salud y la esperanza de vida. (...)"             ( , El País, 24 ENE 2016)

8.1.15

“Mi madre está en paro y yo no puedo ayudarla”

María y su hijo Nacho en su piso de Carabanchel (Madrid). / CARLOS ROSILLO

"Luis Miguel Sanz era directivo de una empresa de maquinaria de frío industrial. Su hijo le veía salir de casa en corbata. Un día Sanz se quedó en paro, dejó de poder pagar su hipoteca, pasó a estar siempre preocupado. 

Emprendió una huelga de hambre para reclamar la dación en pago y pedir que le perdonaran la deuda pendiente, 100.000 euros. Por aquellas fechas a su hijo mayor, de 10 años, le cambiaba el carácter. De alegre y responsable se volvía taciturno y rebelde. Sanz decidió denunciar en los medios al banco y eso empeoró el estado del menor. El colegio, en Guadalajara, alertaba de que había bajado mucho su nivel de estudios.

 El niño perdió la autoestima, empezó a preguntar si se iban a quedar en la calle, a llorar sin motivo. Tardarían aún en descubrir que además estaba sufriendo bullying (acoso) por parte de sus compañeros. Le rodeaban y, mientras le pegaban, le preguntaban: “¿Ahora eres pobre? ¿Te veremos buscando en la basura?”.

 Muchos menores están dando señales de que la preocupación que se respira en sus casas les ha afectado. El pediatra Jesús García, del Hospital Infantil Universitario Niño Jesús, explica cómo lo exteriorizan: “Sufren ansiedad, crisis de angustia, excitación, trastornos emocionales, o de pronto dejan de aceptar los límites, se vuelven más rebeldes... 

Los adolescentes pueden llegar a menospreciar la vida propia o ajena, tener más inclinación por adicciones o desarrollar sexualidades precoces”, dice. “Perder el soporte de unos padres destrozados provoca inseguridad y temor”. (...)

No hay datos de cuántos menores están deprimidos por los problemas económicos de sus padres. La Sociedad de Psiquiatría Infantil aporta estimaciones de menores deprimidos en general: 1,1% hasta los 6 años, entre 1,8% y 2,3% desde los 6 a los 14 y entre 4% y 5% en adolescentes. 

Algunas entidades dedicadas al tratamiento de menores con problemas afirman que tienen más demanda, como la Federación catalana de Entidades de Atención y de Educación a la Infancia y Adolescencia (Fedaia). En julio denunciaron el aumento de problemas de salud en los menores cuyas familias sufren problemas económicos.   (...)

“No tenemos casi programas de ayuda a los menores”, dice la psicóloga Lila Parrondo. “Los chavales que peor lo están pasando lo tienen complicado. La mayor parte de la atención que reciben es por parte de colegas que no cobran”.  (...)

María, 51 años, tiene dos mellizos de 14. Vive en Carabanchel (Madrid). Trabajaba de secretaria de dirección, pero se quedó sin empleo en febrero de 2012. “Tengo el carácter agriado”. Uno de sus dos mellizos, Nacho, le preocupa mucho. Ella querría que estudiara más. Él se siente culpable porque no puede concentrarse.

 “Este año me he cambiado de colegio para ver si cambia mi actitud porque no hacía nada”, dice el menor. “Mi madre se preocupa, pero no doy resultados. Cuando la veo triste por el paro, me pongo triste yo también. No puedo ayudarle”. La quinesióloga María Docavo le atiende gratuitamente, aunque le ve con asiduidad variable.

 “Su madre tiene mucho estrés y él sentimiento de culpa”, dice. “La reacción instintiva es ponerse en situación de ataque, huida o parálisis. En los niños se ve claro, pero los adultos no entienden y los culpan. Eso no ayuda”.

La Plataforma de Afectados por la Hipoteca, ante la ausencia de datos públicos cualitativos, ha puesto en marcha una encuesta a familias perjudicadas. Hace dos semanas publicaron un avance de ese sondeo en Cataluña con 1.200 familias. Según sus datos, el 10% de los niños y el 7% de las niñas están “casi siempre” tristes.

El menor que sufrió bullying pasó siete meses en el psicólogo (público), pero nada cambió. Un día le dijo a sus padres que creía que era mejor no vivir. Lo derivaron al psiquiatra. Lleva un año y medio medicado. 

“De momento nos dice el psiquiatra que no le puede quitar la medicación”. Su padre consiguió la dación en pago y el perdón de la deuda. Actualmente viven en un chalé que han ocupado y el temor a que les echen de casa sigue presente."              (   El País, Madrid 5 ENE 2015)