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28.6.22

Mazzucato: ¿Cómo puede ayudar el G7 a los países agobiados por la deuda? La mayoría de estos países todavía luchan por recuperarse de la pandemia y ahora un tsunami de shocks negativos amenaza aún más sus perspectivas... el endeudamiento total de este grupo a un pico de 50 años, haciendo que más de dos docenas de países corrieran un alto riesgo de default en 2022 (de hecho, Sri Lanka se convirtió en la primera víctima el mes pasado)... A pesar del enorme poder de este grupo reducido y acaudalado, no ha utilizado plenamente las herramientas a su disposición para ayudar a los países más pobres... La primera herramienta son los derechos especiales de giro (DEG) del FMI, es necesaria una nueva asignación para ayudar a evitar una catástrofe humanitaria y económica a medida que las crisis de hambre y las presiones inflacionarias se intensifiquen en los próximos meses... dos, se puede desarrollar un marco más funcional y verdaderamente multilateral para la reestructuración de la deuda, el G7 debería explorar la idea de intercambios de deuda por salud o deuda por clima... y tres, reformar el régimen de préstamos del FMI, renunciando a las cláusulas que imponen austeridad, de modo que el dinero que presta para respaldar la inversión pública en servicios esenciales no termine afectando la capacidad de esos países de brindar esos servicios

 "Este mes, los líderes del G7 se reunirán en Alemania para discutir una letanía de crisis globales superpuestas, entre ellas la guerra en Ucrania, la inseguridad alimentaria, la inflación, las cadenas de suministro globales atascadas, la respuesta a la pandemia y el cambio climático. Estos desafíos tienen un denominador común: todos están afectando con más crudeza a los países de bajos y medianos ingresos que ya enfrentan una crisis de deuda en aumento.

Cuando el COVID-19 llegó hace dos años y medio, casi el 60% de los países más pobres ya estaban inmersos en una crisis de deuda, o corrían un alto riesgo de experimentarla. Desde entonces, la pandemia ha llevado el endeudamiento total de este grupo a un pico de 50 años, haciendo que más de dos docenas de países corrieran un alto riesgo de default en 2022 (de hecho, Sri Lanka se convirtió en la primera víctima el mes pasado). 

La mayoría de estos países todavía luchan por recuperarse de la pandemia y ahora un tsunami de shocks negativos amenaza aún más sus perspectivas. Además del incremento de los precios de materias primas como la energía, el trigo y los fertilizantes, las alzas de las tasas de interés en Estados Unidos y otras economías importantes están haciendo subir los costos de endeudamiento a nivel global. 

 Asimismo, como muchos de los países de más bajos ingresos ni siquiera tienen calificaciones crediticias, siguen dependiendo absolutamente de una financiación del desarrollo para compensar la escasez de ingresos y satisfacer las necesidades básicas. El Banco Mundial proyecta que casi 100 millones más de personas tal vez caigan en una pobreza extrema en 2022. 

Los miembros del G7 –Canadá, Francia, Alemania, Italia, Japón, el Reino Unido, Estados Unidos y la Unión Europea- están en una posición privilegiada para ayudar a los países de bajos ingresos a gestionar condiciones macroeconómicas en deterioro. Además de China, son la mayor fuente de financiación del desarrollo a nivel global. 

También están entre los principales accionistas del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, y son actores de poder en foros clave como el Club de París de acreedores soberanos y el G20, donde hoy en día se formula la mayor parte de los acuerdos de alivio de deuda y renegociación de deuda. 

A pesar del enorme poder de este grupo reducido y acaudalado, no ha utilizado plenamente las herramientas a su disposición para ayudar a los países más pobres. 

La primera herramienta son los derechos especiales de giro (DEG) del FMI, una moneda fiduciaria internacional que el FMI puede emitir a instancias de los países del G7 para ayudar a los países más pobres a gestionar sus deudas crecientes y los efectos de la inflación.

Sabemos que esta herramienta funciona porque la asignación de DEG por 650.000 millones de dólares del FMI en agosto de 2021 ayudó a numerosos países de bajos y medianos ingresos a evitar crisis fiscales e incumplimientos de pago manteniendo, al mismo tiempo, los servicios públicos esenciales. Ahora, es necesaria una nueva asignación para ayudar a evitar una catástrofe humanitaria y económica a medida que las crisis de hambre y las presiones inflacionarias se intensifiquen en los próximos meses. 

Los países del G7 también deberían instar a Estados Unidos a “reciclar” su propia asignación de DEG no utilizada para respaldar a los países necesitados. El resto de los miembros del G7 ya lo ha hecho mediante compromisos con el Fondo de Resiliencia y Sustentabilidad del FMI. 

 La segunda herramienta es el alivio de deuda condicionado. En la cumbre de este mes, los líderes del G7 deberían instar a los países del G20 a ampliar de inmediato la Iniciativa de Suspensión del Servicio de la Deuda hasta fines de 2023. También necesitan apuntalar el fallido Marco Común del G20, que es el foro “de referencia” actual para la reestructuración de deuda soberana. 

Aquí, es importante encontrar maneras de comprometerse constructivamente con China y con los acreedores privados. De lo contrario, se debería abandonar el mecanismo para que se pueda desarrollar un marco más funcional y verdaderamente multilateral para la reestructuración de la deuda. En cualquier caso, el G7 debería explorar la idea de intercambios de deuda por salud o , mediante los cuales se condone la deuda soberana a cambio del compromiso por parte de un país de usar fondos liberados para invertir en sistemas de salud, energía limpia y demás.

 El Fondo Global ya ha utilizado este mecanismo (en una menor escala) para movilizar financiamiento para la lucha contra el VIH, la tuberculosis y la malaria. Ahora, debería aplicarse la misma estrategia de manera más amplia con el fin de fortalecer los sistemas de salud y la preparación y respuesta ante una pandemia (PPR por su sigla en inglés). 

Dado que se estima que la brecha de financiación anual para PPR ronda los , y que el fondo intermediario financiero para PPR del G20 ha recaudado menos de 1.000 millones de dólares a la fecha, claramente necesitamos encontrar maneras más efectivas de ayudar a los países de bajos y medianos ingresos a financiar inversiones en sus sistemas de salud. Un alivio de la deuda selectivo es un primer paso esencial. 

La tercera herramienta es el régimen de préstamos del FMI –pero sólo si se lo puede reformar-. Desde el inicio de la pandemia, el FMI ha otorgado más de 150 préstamos a países, ostensiblemente para ayudar a los países de bajos y medianos ingresos a crear espacio fiscal con el cual gestionar una crisis de salud pública y económica. 

Pero la mayoría de estos acuerdos contienen cláusulas contraproducentes que exigen que los gobiernos receptores recorten los gastos en salarios públicos o reduzcan sus ratios de deuda-PIB. El propio departamento de investigación del FMI ha determinado que estas condiciones tienden a socavar la capacidad del estado, a poner en peligro los servicios esenciales y a aumentar la desigualdad en el mediano a largo plazo. 

 Los líderes del G7 deberían usar su influencia sustancial en el FMI para presionar por un nuevo modelo operativo, de modo que el dinero que presta para respaldar la inversión pública en servicios esenciales no termine afectando la capacidad de esos países de brindar esos servicios. 

Si el G7 quiere que los países de bajos y medianos ingresos inviertan más en “salud para todos”, descarbonización y otros Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas, necesita hacer todo lo que esté en su poder para ayudar a crear las condiciones externas correctas. Al respaldar una nueva asignación de DEG, ofrecer un alivio de deuda condicionado y al poner fin a la obsesión del FMI con la austeridad, los líderes del G7 pueden ayudar a brindarles a los países más pobres una posibilidad de dar pelea."

28.2.22

El principal factor que limita la recuperación mundial no es el aumento de la inflación en las economías avanzadas, que probablemente sea transitorio, sino las enormes desigualdades entre los países ricos y el resto del mundo... a pesar de que las nuevas oleadas de infecciones de Covid-19 estaban causando estragos económicos, la "consolidación fiscal" ya avanza en muchos países de ingresos medios y bajos, debido a los crecientes niveles de deuda pública... El único punto semiluminoso en este sombrío panorama fue la nueva asignación del FMI en 2021 de 650.000 millones de dólares en derechos especiales de giro... con un tipo de interés actualmente inferior al 0,1%. No aumentan la carga de la deuda externa de los países y, a diferencia de los préstamos del FMI, no están condicionados... Es difícil pensar en una forma más fácil de proporcionar financiación externa a los países que la necesitan urgentemente... la primera ministra de Barbados pidió la emisión de 500.000 millones de dólares en DEG anuales durante 20 años para financiar la acción climática. Dado que las economías avanzadas no han cumplido ni siquiera su relativamente modesta promesa de movilizar 100.000 millones de dólares al año en financiación climática, proporcionarían recursos esenciales para reforzar los esfuerzos de mitigación y adaptación en los países donde más se necesitan

 "El principal factor que limita la recuperación mundial no es el tan discutido aumento de la inflación en las economías avanzadas, que probablemente sea transitorio, sino las enormes desigualdades entre la mayoría de los países ricos y el resto del mundo, con la excepción de China. Estas disparidades, al limitar la expansión de la demanda efectiva mundial, mantienen a algunas economías más pobres sumidas en el estancamiento, y acabarán afectando también a los inversores de los países más ricos.

Una de las principales razones de la recuperación mundial en forma de K es la enorme variación en las respuestas fiscales entre los países ricos y el resto. Aunque la pandemia de Covid-19 hizo que los ingresos públicos disminuyeran en todas partes, el Fondo Monetario Internacional (FMI) estimó en abril de 2021 que las economías avanzadas habían aumentado su gasto público en 2020 en más del 6% del PIB anterior a la pandemia. Las economías de mercado emergentes sólo gastaron un 1% más de media, y los países de bajos ingresos, en realidad, gastaron menos.

Una chispa de esperanza

En octubre de 2021, a pesar de que las nuevas oleadas de infecciones de Covid-19 estaban causando estragos económicos, la "consolidación fiscal" ya estaba muy avanzada en muchos países de ingresos medios y bajos, debido a los crecientes niveles de deuda pública acumulados durante los dos años anteriores. Esto empeoró inevitablemente sus perspectivas económicas e impidió incluso el gasto público esencial en nutrición y servicios sanitarios. 

El único punto semiluminoso en este sombrío panorama fiscal para gran parte del mundo en desarrollo fue la nueva asignación del FMI en agosto de 2021 de 650.000 millones de dólares en derechos especiales de giro (DEG, el activo de reserva del FMI).

 Lamentablemente, los DEG se distribuyen en función de las cuotas de los países en el FMI, que dependen en gran medida de su PIB. Así, los países de renta baja y media sólo recibieron unos 250.000 millones de dólares, mientras que los países ricos obtuvieron casi 400.000 millones de dólares, la mayoría de los cuales probablemente no utilizarán. Este sistema de asignación de DEG es claramente obsoleto e ilógico, sobre todo teniendo en cuenta las enormes desigualdades actuales entre países y la magnitud y urgencia de las necesidades de financiación de los países más pobres. Aun así, la asignación de DEG fue un salvavidas para varios países en desarrollo que se enfrentaban a graves problemas de balanza de pagos y contribuyó a evitar un mayor declive económico.

Desde agosto, al menos 80 países han utilizado los DEG para diversos fines. Treinta y dos países los cambiaron por divisas, 55 los utilizaron para pagar sus cuotas al FMI y 39 los registraron en el presupuesto gubernamental, presumiblemente para gastarlos en atención sanitaria y otras prioridades. Además, los DEG tienen varias ventajas sobre otros tipos de financiación internacional. 

No aumentan la carga de la deuda externa de los países y, a diferencia de los préstamos del FMI y otros prestamistas multilaterales, no están condicionados. Los DEG son accesibles a todos los países, incluidas las economías de renta media que pueden tener problemas de balanza de pagos pero que están excluidas de otras financiaciones multilaterales. Y prácticamente no tienen coste, con un tipo de interés actualmente inferior al 0,1%. Es difícil pensar en una forma más fácil de proporcionar financiación externa a los países que la necesitan urgentemente.
Medidas contraproducentes

Por ello, muchos líderes quieren que se asignen más frecuentemente los DEG. En la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP26) celebrada en Glasgow el pasado mes de noviembre, por ejemplo, la primera ministra de Barbados, Mia Amor Mottley, pidió la emisión de 500.000 millones de dólares en DEG anuales durante 20 años para financiar la acción climática. 

Dado que las economías avanzadas no han cumplido ni siquiera su relativamente modesta promesa en la COP15 de 2009 de movilizar 100.000 millones de dólares al año en financiación climática para el mundo en desarrollo, las asignaciones regulares de DEG proporcionarían recursos esenciales para reforzar los esfuerzos de mitigación y adaptación en los países donde más se necesitan. Además, los DEG proporcionarían parte de la financiación necesaria para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), que actualmente parecen inalcanzables.

Aquellos que se preocupan por las consecuencias monetarias de las asignaciones anuales de DEG deben tener en cuenta que la suma propuesta es trivial en comparación con el aumento de la liquidez de 25.000 millones de dólares alimentado por las políticas monetarias flexibles en las economías avanzadas desde la crisis financiera mundial de 2008. Con 943.000 millones de dólares, los DEG representan actualmente sólo el 7% de los 12,8 billones de dólares de reservas mundiales. Incluso si la proporción de los DEG en las reservas mundiales se limitara, por ejemplo, al 30-50%, es evidente que existe un margen importante para una mayor emisión.

 La cuestión más inmediata es cómo utilizar los 400.000 millones de dólares de DEG asignados a países ricos que probablemente no los necesiten. El simple hecho de mantener estos saldos excedentes de DEG en el FMI es un tremendo desperdicio, dados los enormes costes de oportunidad. Algunas de las economías más ricas se han comprometido a reasignar un total de 100.000 millones de dólares en DEG, pero aún no han cumplido ese objetivo.

 Por ello, se ha convertido en una cuestión urgente cómo reciclar o reconducir los DEG existentes. Pero la propuesta del FMI de crear un "Fondo de Resiliencia y Sostenibilidad" de 50.000 millones de dólares privaría a los países en desarrollo de muchas de las ventajas de los DEG.

Para empezar, la cantidad es escandalosamente pequeña. Y lo que es peor, los recursos se proporcionarán en forma de deuda que deberá devolverse (aunque a bajos tipos de interés), y estarán sujetos a las condiciones del FMI, que con demasiada frecuencia han demostrado ser enormemente contraproducentes. Y el dinero sólo estará disponible para los países de bajos ingresos o los que actualmente están bajo los programas del FMI, dejando fuera a la mayor parte del mundo en desarrollo. En otras palabras, el plan propuesto por el FMI es lo de siempre, lo que implica un impacto positivo poco significativo.

Otras sugerencias son más prometedoras. Los países ricos podrían canalizar sus DEG hacia los bancos regionales de desarrollo, que están autorizados a conservarlos. Instituciones como el Banco Africano de Desarrollo podrían utilizar los DEG para ampliar su base de capital y proporcionar a los países en desarrollo más financiación para el clima y apoyo presupuestario para cumplir los ODS.

 Asimismo, el economista Avinash Persaud ha propuesto la creación de un fideicomiso de financiación climática de 500.000 millones de dólares al año, financiado por la emisión de DEG. El fideicomiso subastaría los fondos a los países, siendo las ofertas exitosas las que prometan la mayor reducción probable de las emisiones de gases de efecto invernadero resultantes de la inversión propuesta.

 Si los gobiernos de los países ricos siguen siendo lentos en su respuesta a las propuestas de utilizar lo que es esencialmente dinero gratis, no sólo estarán desperdiciando una gran oportunidad. Si no garantizan una recuperación mundial más equitativa y sostenible, se volverán contra ellos."                    (Jayati Ghosh , IPS, 21/02/22)

2.4.09

Solución contra la recesión de los países pobres: derechos especiales de giro

"Tal y como están las cosas, la reunión del G-20 producirá algunos resultados concretos: es probable que se dupliquen de hecho los recursos del Fondo Monetario Internacional, principalmente mediante el mecanismo del Nuevo Acuerdo de Endeudamiento, que puede activarse sin resolver la molesta cuestión de reasignar los derechos de voto en las instituciones financieras internacionales.

Esto bastará para permitir que el FMI acuda en ayuda de países concretos con problemas, pero no proporcionará una solución sistémica sin condiciones. Dicha solución está fácilmente disponible en forma de derechos especiales de giro. El mecanismo existe y ya se ha usado a pequeña escala.

Los derechos especiales de giro son muy complicados y difíciles de entender, pero se resumen en la creación internacional de dinero. Los países que están en condiciones de crear su propio dinero no los necesitan, pero los países de la periferia, sí. Los países ricos deberían por lo tanto ceder sus asignaciones a los países necesitados.

Esto no provocaría un déficit presupuestario para los países ricos. Los países receptores tendrían que pagar al FMI una tasa de interés muy baja: el tipo medio compuesto de los bonos del tesoro de todas las monedas convertibles. Podrían usar libremente sus asignaciones, pero las instituciones financieras internacionales supervisarían el uso de las asignaciones prestadas para garantizar que los fondos se gastan bien. Es difícil pensar un plan en el que la relación coste-beneficio sea tan favorable.

Además de este aumento único de los recursos del FMI, debería haber emisiones anuales considerables de derechos especiales de giro, por ejemplo, 250.000 millones de dólares, mientras dure la recesión." (GEORGE SOROS: Es hora de arriesgar. El País, Negocios, 29/03/2009, p. 4/5 )