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24.1.20

¿Qué se esconde tras el pin de censura educativa de VOX? Una de las primeras medidas de Bolsonaro fué introducir el 'kit gay', asegurando que se pasaban películas porno gay en las escuelas... pues aquí igual...

"La censura y control sobre la educación pública, plural, democrática e inclusiva es una estrategia que los grupos fascistas han venido y vienen haciendo en todos los países del mundo. (...)

Con ello consiguen cuestionar y desprestigiar la educación pública por su capacidad de formar en valores democráticos y favorecer la igualdad social, acusándola de adoctrinar; centrar el debate en la prioridad de la decisión individual del progenitor (moral privada o religiosa y “libre selección”) frente al derecho del menor (ética pública y bien común); atacar el modelo de escuela pública sembrando la sospecha sobre la labor del profesorado y socavando la relación de confianza entre la familia y la escuela; impulsar el miedo (o, al menos, la prevención) del profesorado de la pública que empieza a sentirse acosado y amenazado; judicializar la escuela pública y cuestionar su labor educativa integral, vía denuncias contra profesionales y centros (...)

Esta estrategia, difundida en España por el grupo fascista VOX, a través del que ya muchos denominan “PIN Neandertal”, tiene un largo recorrido. Es un clásico de la manipulación de los sistemas autoritarios, presentando el control y la censura como un paternal ejercicio de “protección de los menores”, incluso de sí mismos. 

Con los mismos esquemas, con las mismas falsas imágenes, con las mismas fake news o mentiras y con los mismos vídeos, que se difunden en redes sociales y grupos familiares de WhatsApp, donde niños y niñas “encantadores”, desde Costa Rica a España, piden que en el colegio se dé matemáticas y en casa se eduque en valores.

Son las estrategias de “lawfare” (guerra jurídica contra la democracia)  (...)

Una de las primeras medidas de Bolsonaro, cuya ministra de familia declaraba “las niñas de rosa y los niños de azul”, fue combatir la educación en el respecto a la diversidad y contra el bullying homofóbico, denominándola “kit gay”, utilizando para ello ‘fake news’, en donde aseguraba que se pasaban películas porno gay en las escuelas. 

La versión brasileña de este pin fue “Escuela sin partido” que, según el militar, pretendía “acabar con la prevalencia de ideas de izquierda en las aulas”, persiguiendo las ideas del gran pedagogo Pablo Freire y estimulando a que los estudiantes grabaran las clases y denunciaran a los profesores y profesoras que ellos considerasen que cometían el delito de ‘adoctrinamiento ideológico’.

Dado que en España no pueden imponer este adoctrinamiento de una forma directa, por ley como en Brasil o Bolivia, han optado por una vía indirecta, el lawfare educativo: el acoso vía judicial (...)

Exigen una censura educativa previa, un nihil obstat propio del nacional catolicismo de la dictadura franquista, para controlar que los centros educativos públicos y los profesionales cualificados que en ellos educan, no aborden “temas controvertidos”.

Lo cual, traducido en sus categorías, significa que el profesorado no cuestione la homofobia, que no critique el racismo o la desigualdad, pero que, por el contrario, las clases de religión sigan adoctrinando en catolicismo, o que se promueva desde las administraciones educativas neoconservadoras el militarismo o “jurar bandera” en los colegios, etc. (...)

Es su discurso del odio trasladado a la educación. El discurso del odio a la diversidad, a la igualdad, a la justicia y los derechos humanos, propio del fascismo.

Pero estas campañas de censura educativa tienen una finalidad añadida que es clave. Sembrar la desconfianza sobre la educación pública. Buscan cuestionar la labor de los profesionales de la educación, a quienes acusan de adoctrinar. Profesionales que han accedido a su labor docente por oposición, tras una formación universitaria certificada (excepto los catequistas, que imparten todavía religión en todos los centros, y son elegidos a dedo por los obispos). Este acceso garantiza la diversidad de personas, de creencias y de ideologías que pueblan la escuela pública y que trasladan la diversidad social en la que va a convivir el alumnado.


Pero consideran que en la educación pública hay demasiada diversidad, excesivo pensamiento crítico, mucha falta de “vigilancia y control” sobre el profesorado, según ellos. Por eso, siguiendo la doctrina del lawfare educativo ultraderechista, también incitan a niños y niñas para que graben a sus docentes, de cara a denunciarlos. Quiere censurar la labor e instaurar la vigilancia permanente de los profesionales de la educación pública. Persiguiendo y demandando judicialmente quienes no se dobleguen a su delirio.


Lo cual es un atentado no solo contra la autonomía de los centros educativos sino, también y especialmente, respecto a la libertad de cátedra de los docentes, que es un derecho fundamental recogido en la Constitución. (...)

La educación pública está en manos de profesionales expertos y los contenidos esenciales del currículum los definen la comunidad social y educativa, a través de sus representantes públicos en el parlamento. No es cada padre o madre quien tiene que decidir el currículo académico, porque la educación está reglada y no está sometida a caprichos o decisiones individuales. (...)

 Un miembro fundador de Ciudadanos, como Fernando Savater, lo reconoce: “Uno de los más importantes objetivos de la educación es que los niños conozcan las alternativas que existen a los prejuicios de sus padres” (El País, 12/07/2018) o, incluso, el Consejero de Educación del Partido Popular en la CAM: “los padres no somos dueños de la educación de nuestros hijos ni de lo que deben aprender”.  (...)"               (Enrique Javier Díez Gutiérrez, Público, 22/01/20)

7.2.08

¿Adaptarán la ciencia al ideario cristiano? Si, ya los hacen, es el creacionismo

“Hay que reconocer la habilidad de la Iglesia católica para -nunca mejor dicho- estar en misa y repicando. (…)

… la asignatura de Educación para la Ciudadanía (EpC)… La FERE se ha comprometido a impartir la asignatura con una condición: adaptar el temario al ideario católico de los centros.

Yo pregunto: ¿es concebible que eso se hiciera con otras asignaturas del currículo? Por ejemplo, ¿que se adaptara la historia universal a la historia de la Iglesia, la historia de España al nacional-catolicismo, la geografía a la geografía de las religiones, la biología a la teoría del creacionismo, las matemáticas al significado simbólico de los números en la Biblia, el arte a la historia del arte cristiano, la ética filosófica a los principios de la teología moral, las ciencias sociales a la Doctrina Social de la Iglesia? Pues eso es lo que ha hecho FERE con Educación para la Ciudadanía contando con el beneplácito del Ministerio de Educación y Ciencia. (...)

Con estos apoyos pedagógicos, me pregunto si lo que pretenden los colegios católicos es educar en una ciudadanía crítica y activa, global y solidaria, y en una ética laica, o, más bien, trasladar la catequesis parroquial a la escuela e indoctrinar en un concepto de la ciudadanía y en una ética pasados por el tamiz de la fe, que enfrenta, al modo agustiniano, la ciudad de Dios a la ciudad terrena; (…)

Reflexionando estos días sobre el tema he encontrado un escrito cristiano del siglo III, la Carta a Diogneto, que es un ejemplo de vivencia laica de los cristianos y cristianas en la sociedad. (…)

10. Obedecen a las leyes establecidas, pero con su vida sobrepasan las leyes".

Si el autor hubiera escrito la Carta hoy, en pleno debate sobre la nueva asignatura, es posible que hubiera añadido: "Los cristianos no estudian en colegios distintos de los demás ciudadanos, ni adaptan las clases de Educación para la Ciudadanía a sus idearios; van a los mismos colegios que el resto de los estudiantes; siguen los programas aprobados por las instituciones académicas y no hacen objeción de conciencia". (JUAN JOSÉ TAMAYO: ¿El fin de un monopolio?. El País, ed. Galicia, Opinión, 04/02/2008, p. 31)

9.10.07

La monja lleva toca, pero la niña no puede llevar velo

"Lo pasé fatal en la escuela". Fátima Elidrisi, protagonista de la primera polémica por el velo islámico, recuerda su experiencia.

(…)Cuando Fátima, que no había cumplido los 14 años, fue enviada a la escuela apenas pudo chapurrear algo de español. Le tocó un centro concertado, el Inmaculada Concepción. Las monjas concepcionistas que lo gestionan se negaron a aceptarla, tocada con su hiyab. Su padre, Alí Elidrisi, rechazó también el centro católico. La polémica estaba servida. (…)

En el Juan de Herrera, donde estudió Fátima, todavía la recuerdan. Su caso sirvió de pauta al reglamento interno que aplica hoy su nuevo director, Ramón Vázquez. "Permitimos a las chicas musulmanas que vengan con el pañuelo, pero no dejamos que los alumnos lleven gorras. Yo no trato con culturas, sino con personas. Y las chicas musulmanas no son libres para quitarse el pañuelo". (El País, ed. Galicia, Sociedad, 07/10/2007, pp. 42)