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24.11.15

Los analistas harían bien en abandonar sus parodias estratégicas y concentrarse en lo esencial: cómo se consigue hacer de un hombre una bomba

"Como de costumbre las noticias después del crimen vienen saturadas de «autores intelectuales», «perfecta coordinación», «compleja logística», «envergadura estratégica» y otros sintagmas que prestigian el acto terrorista. Por no hablar de las alusiones al uso de la tecnología, es decir, al Whatsapp. 

Es difícil encontrar una explicación de la conducta de tantos analistas, como no sea la de justificar su sueldo. Cuando se examinan los hechos conocidos, la última matanza de París resulta especialmente refractaria a todo el engolamiento habitual.

En la matanza participaron ocho terroristas. Siete están muertos y uno ha huido. Es interesante saber que cuatro de ellos murieron cuando hicieron explotar las bombas que llevaban adosadas, sin causar más víctimas. Como es natural ignoro las razones de este fracaso notable. Puede que responda a lo que Clausewitz llamó «la fricción de guerra», esa resistencia de la realidad a comportarse según lo planificado. 

También pasa en la paz. El suicida criminal tiene muchas posibilidades de no cumplir su misión. Al fin y al cabo va a matarse y es probable que la intensidad de esta percepción, el morir, nuble el objetivo de matar. Por contraste, el francotirador que va descabezando enemigos solo tiene una preocupación.

La única logística que merece atención en este asunto se desarrolla muy atrás del día final. Es la que convence a un hombre de que debe matarse para así poder asesinar con devastadora eficacia. Esta posibilidad se basa, primero, en una evidencia técnica. El suicida asesino es el resultado de la pólvora prensada. 

Su historia es moderna porque los cuchillos y lanzas dan suicidios poco rentables criminalmente. En segundo lugar, se basa en una empresa moral: el convencimiento de que la muerte es más valiosa que la vida, tal vez la idea más maligna de la humanidad.

André Glucksmann ha muerto sin demostrar que el terrorismo islamista fuera un nihilismo. Cuando a lo que más se asemeja es a un contrato entre la vida arrebatada y el más allá. Los analistas harían bien en abandonar sus parodias estratégicas y concentrarse en lo esencial: cómo se consigue hacer de un hombre una bomba. 

Porque una vez logrado eso sus paseos siniestros por las ciudades confiadas al placer del mundo no tienen mayor interés ni dificultad ni mérito."               (Arcadi Espada, El Mundo, 17/11/15)

18.11.15

La sombra de la guerra de Argelia en el terrorismo de París

"La identidad franco-argelina de uno de los atacantes demuestra de qué modo la salvaje guerra francesa de 1956-62 en Argelia continúa infectando las atrocidades de hoy. 

La absoluta negativa a contemplar el papel de Arabia Saudita como proveedora de la forma más extrema del islam, la wahabita sunita, en la que cree el Isis, muestra de qué manera nuestros líderes aún rehúsan reconocer los vínculos entre el reino y la organización que atacó a París. 

Y nuestra falta total de voluntad de aceptar que la única fuerza militar regular en combate constante con el Isis es el ejército sirio –que lucha por el régimen que Francia desea destruir– nos impide aliarnos con los inmisericordes soldados que están en acción contra el Isis con mayor ferocidad aún que los kurdos.

Siempre que Occidente es atacado y nuestros inocentes perecen, caemos en borrar el banco de memoria. Por tanto, cuando los reporteros nos dijeron que los 129 muertos en París representaron la peor atrocidad perpetrada en Francia desde la Segunda Guerra Mundial, omitieron mencionar la masacre en París de hasta 200 argelinos que participaban en una marcha ilegal contra la salvaje guerra colonial francesa en Argelia, en 1961. 

La mayoría fueron asesinados por la policía francesa; muchos fueron torturados en el Palais des Sports y sus cuerpos arrojados al Sena. Los franceses sólo reconocieron 40 muertos. El oficial de policía a cargo era Maurice Papon, quien trabajó para la policía colaboracionista de Petain en Vichy en la Segunda Guerra Mundial y deportó a más de mil judíos hacia su muerte.

Omar Ismail Mostafai, uno de los atacantes suicidas en París, era de origen argelino, y acaso también lo eran los otros sospechosos identificados. Said y Cherif Kouachi, los hermanos que asesinaron a los periodistas de Charlie Hebdo, eran descendientes de argelinos. 

Procedían de la comunidad argelina en Francia, integrada por más de 5 millones de personas, para muchas de los cuales la guerra en Argelia nunca terminó, y que hoy viven en los barrios bajos de Saint-Denis y otros enclaves argelinos en París. 

Sin embargo, el origen de los asesinos del 13 de noviembre –y la historia de la nación de la que proceden sus padres– ha sido casi borrado de la narrativa de los horribles sucesos del viernes. Un pasaporte sirio con un sello griego es más emocionante, por razones obvias.

Una guerra colonial de hace medio siglo no justifica un asesinato en masa, pero ofrece un contexto sin el cual cualquier explicación de por qué hoy Francia ha sido tomada de blanco tiene poco sentido. Al igual que la fe sunita-wahabita saudita, que es fundamento del califato islámico y sus asesinos, presuntos practicantes de ese culto.

Mohammed ibn Abdel al Wahab fue el clérigo y filósofo purista cuyo implacable deseo de purgar a los chiítas y otros infieles de Medio Oriente condujo a las masacres del siglo XVIII, en las que la dinastía original al Saud estuvo profundamente involucrada.

El actual reino saudita, que con regularidad decapita a supuestos criminales tras someterlos a juicios injustos, construye un museo en Riad dedicado a las enseñanzas de al Wahab, y la furia del viejo prelado hacia los idólatras y la inmoralidad ha encontrado expresión en la acusación del Isis contra París como centro de prostitución. 

Gran parte del financiamiento del Isis proviene de los sauditas, aunque, una vez más, este hecho ha sido borrado de la historia terrible de la matanza del viernes. (...)"                      (Robert Fisk, La Jornada, en Jaque al neoliberalismo, 17/11/15)

3.6.10

¿Por qué un universitario de 30 años, con un buen empleo, dos hijos y casado intenta poner una bomba en el corazón de Nueva York?

"Los dos últimos hombres que han intentado atentar en Estados Unidos son jóvenes, universitarios y proceden de familias de clase media-alta. "La gente tiene la idea de que los terroristas son pobres, sin oportunidades y sin educación. Pero lo que la experiencia muestra es que una mayoría de ellos son gente instruida, con un trabajo bien remunerado, pertenecen a la clase media-alta y provienen de buenas familias. Lo que estamos viendo hoy es más típico de lo que la gente cree. ¿Por qué? Porque queremos pensar que ellos son distintos de nosotros", explica por teléfono Bruce Hoffman, uno de los principales expertos internacionales en terrorismo de la Universidad de Georgetown.

Faisal Shahzad tiene 30 años, estudió informática, un MBA (máster en dirección de empresas), trabajaba como analista financiero, está casado, tiene dos niños, compró la clásica casa a las afueras en Connecticut, tuvo problemas con la hipoteca, se mudó con su familia a un piso alquilado. Aunque obtuvo la nacionalidad (nació en Pakistán) en 2009, llevaba una década viviendo como centenares de miles de estadounidenses.

Umar Farouk Abdulmutallab, de 23 años, es nigeriano. Subió a un avión con una bomba el pasado día de Navidad. Como la mayoría de los hijos de las élites políticas y económicas de su país -su padre es un ex banquero-, estudió en una prestigiosa escuela africana, la British School of Lomé en Togo, le gustaba el hip-hop y se trasladó a Londres para estudiar ingeniería.

Los dos estaban bien integrados en Occidente. Pero algo hizo que, en el último año, a Faisal Shahzad le sedujera más la yihad que el sueño americano. Algo hizo que Abdulmutallab se colocara una bomba en los calzoncillos, se montara en un avión rumbo a Detroit con 278 personas y tratara de hacerse estallar a bordo, produciéndose quemaduras.

Ese algo es un viaje, en sentido literal (Shahzad se fue a Waziristán, y Abdulmutallab, a Yemen) e ideológico (proceso de radicalización).

El proceso de radicalización violenta resulta nebuloso para los expertos. En cada terrorista hay un mundo de porqués muy difícil de predecir. Es un fenómeno "transversal, alcanza a ricos y pobres, extranjeros y nacionales de cada país", aclara Fernando Reinares, investigador principal de terrorismo del Real Instituto Elcano. "Más allá de decir que están entre la veintena y la treintena, no podemos elaborar una caracterización más compleja del yihadista".

Dos investigadores del Nuttfield College y la Universidad de Durham, Diego Gambetta y Steffen Hertog, publicaron en diciembre un estudio, Ingenieros de la yihad, sobre la formación de 404 individuos de 30 países acusados de terrorismo. De ese universo, el 48% tenía estudios superiores. Observaron que predominaban claramente los que habían elegido la carrera de ingeniería: de 178 hombres, 78 eran ingenieros. Además, afirman: "Hay pocas dudas de que los islamistas violentos han recibido una mucho mejor educación que sus compatriotas". Le siguen, muy de lejos, los estudios islámicos.

Así que ni un elevado grado de formación ni un nivel adquisitivo medio o alto evitan que un puñado de individuos elijan el camino del terrorismo. Tampoco el origen. Los europeos tienen experiencia en que algunos terroristas islamistas tengan raíces profundas en el país en el que atentan. Por ejemplo, tres de los cuatro atacantes en Londres el 7 de julio de 2005 eran de Leeds. "Los americanos conservan el espejismo de que EE UU es diferente de otros países", sostiene Hoffman. "Pensábamos que la diversidad de nuestra comunidad iba a proporcionar una especie de muralla de fuego porque esas comunidades están mejor integradas, tienen mejor educación y son más ricas que las de Europa, y que así podríamos evitar el homegrown terrorism (terroristas nacidos en el propio país). Con Faisal Shahzad nos hemos dado cuenta de que las creencias populares estaban equivocadas".

Ninguna explicación es suficiente para entender el fenómeno sin simplificarlo demasiado. Reinares cita motivaciones racionales, emotivas e identitarias que confluyen en la radicalización. "Algunos llegan al terrorismo porque interiorizan la idea de yihad violenta como imperativo religioso y la perciben como una táctica eficaz. Otros han sido socializados en el odio o lo han experimentado, en países donde hay una represión brutal y una idea de que el islam está humillado. También por frustración. Llegan a Occidente con grandes expectativas y años después no consiguen cumplirlas. En el caso de Faisal Shahzad, a raíz de sus dificultades financieras empieza la radicalización. No hay que dejar de lado la crisis de identidad: sigue habiendo jóvenes que no se sienten ni de su país ni del de sus padres, ni marroquíes ni franceses, por ejemplo. La idea de la Umma, la nación global del islam, es una alternativa. ¿Y quién ha canalizado esa identidad global desde los noventa? Al Qaeda". (...)

Muy poco se sabe sobre cómo se radicalizan, ni por qué unos sí y otros no. "Queremos creer que las razones por las que se convierten en terroristas son obvias y fáciles de enmendar. Si creemos que son analfabetos, pobres y parados, todo lo que tenemos que hacer es darles instrucción, trabajo y oportunidades y acabaremos con el terrorismo. Pero es algo complejo e impredecible". Al ver la foto de Shahzad persiste la duda. ¿Por qué ese grupo de universitarios, con oportunidades y bien integrados, se hizo terrorista? Hoffman admite no tener ni idea, pero apunta que "quizá porque los más ricos y mejor educados no tienen que preocuparse de sobrevivir y no tienen que trabajar tan duro como otras personas. Además, son libres para contemplar el mundo como creen que debería ser y no como en realidad es". Y de intentar cambiarlo. A bombazos." (El País, Domingo, 16/05/2010, p. 10)

19.2.10

¿Por qué tantos terroristas son ingenieros?

"Si las causas del terrorismo fuesen la pobreza y la desigualdad, el mundo estaría lleno de terroristas brasileños. Y si la democracia fuese un antídoto eficaz, India, que es la mayor democracia del mundo, debería sufrir menos atentados que dictaduras como China o Libia. Pero no es así. Las democracias son más vulnerables a los ataques terroristas que los regímenes autoritarios. Y si la causa fuese el conflicto entre israelíes y palestinos, ¿por qué los terroristas suicidas en Afganistán destruyen escuelas de niñas, o algunos suníes en Irak se transforman en bombas humanas que estallan en un mercado lleno de chiíes?

La religión tampoco ofrece una explicación satisfactoria. Jessica Stern, una investigadora de Harvard, reporta que el Gobierno de Arabia Saudí ha interrogado acerca de sus motivaciones a miles de terroristas capturados. Resulta que la abrumadora mayoría no había tenido una educación religiosa extensa y que su comprensión del islam era muy limitada. El 25% de los participantes en programas de rehabilitación de terroristas en Arabia Saudí tiene antecedentes criminales y sólo el 5% había llevado una vida religiosa activa. Entre los terroristas hay tanta variedad y complejidad como en cualquier otro grupo humano. En general, es poco lo que se sabe de manera irrefutable sobre los orígenes de los terroristas o sobre su perfil psicológico. Excepto que muchos de ellos son ingenieros. (...)

Ésta es la sorprendente conclusión de un artículo publicado recientemente en European Journal of Sociology, titulado "Por qué hay tantos ingenieros entre los islamistas radicales". Diego Gambetta y Steffen Hertog destacan que "entre los islamistas radicales violentos, los ingenieros están sobrerrepresentados entre tres y cuatro veces más que otros profesionales". Los autores estudiaron los antecedentes de más de 400 miembros de grupos violentos de radicales islámicos en más de 30 países de Oriente Próximo y África. No sólo confirmaron los resultados de investigaciones previas, que habían encontrado que los terroristas suelen tener mayores ingresos y más educación que el promedio de su país, sino que descubrieron que el 44% de los violentos eran ingenieros o estudiantes de ingeniería.

En los países de procedencia de los individuos estudiados, los ingenieros son muy escasos: apenas representan el 3,5% de la población. Pero en los grupos terroristas islámicos constituyen casi la mitad del total. La segunda área académica más frecuente en la muestra analizada es la de estudios islámicos, seguida por medicina, ciencias y educación -cada una de las cuales alcanza tasas muy inferiores al 44% de ingenieros-.

Más aún, entre los terroristas islámicos nacidos y criados en países occidentales, el 60% tiene estudios de ingeniería.Los investigadores concluyen que las causas de la desproporcionada presencia de estos profesionales se debe a la interacción de lo que llaman la "mentalidad" de los ingenieros con ciertas condiciones socioeconómicas prevalentes en países islámicos. Según ellos, la ingeniería atrae a individuos que prefieren respuestas claras y modelos mentales que minimizan la ambigüedad. (...)

Esta tendencia interactúa y es potenciada por el hecho de que los ingenieros -inteligentes y profesionalmente ambiciosos- chocan y se radicalizan al enfrentarse con el estancamiento económico, la falta de oportunidades para los jóvenes y la represión política comunes en países islámicos." (MOISÉS NAÍM: ¿Por qué tantos terroristas son ingenieros?. El País, ed. Galicia, internacional, 14/02/2010, p. 5)

15.9.09

Así son los terroristas... ingleses

"Una somera aproximación al perfil sociodemográfico y las experiencias de socialización de los cuatro individuos que ya han recibido sentencias condenatorias por su concurso en la aludida confabulación resulta reveladora. Todos son varones, con edades comprendidas entre los 22 y los 28 años en el momento de su detención. Todos británicos de nacimiento, aunque tres descienden de inmigrantes paquistaníes. Hay quien procede de una familia de clase media y quien tiene su origen en estratos de la clase trabajadora. Dos de los cuatro cursaron estudios universitarios. Al menos la mitad están casados.

Todos se consideran a sí mismos devotos musulmanes y uno además es converso. Adquirieron su visión rigorista del credo islámico e interiorizaron actitudes radicalizadas en contacto con el movimiento Tabligh, algún predicador extremista y la Asociación Médica Islámica, que enviaba suministros de apoyo a las víctimas de la intervención estadounidense en Afganistán tras el 11-S. Las relaciones personales establecidas en el seno de esta entidad supuestamente benéfica y otras de índole informal que se remontan a periodos de la infancia fueron fundamentales en su incorporación a la célula terrorista. En sus respectivos domicilios, sin exclusión, al igual que en los del resto de los acusados en el mismo procedimiento penal, se halló propaganda de Al Qaeda.

¿Quiere esto decir que eran miembros de una célula independiente, constituida por musulmanes radicalizados en el seno de la sociedad británica y que pretendían actuar por su cuenta, únicamente inspirados por Al Qaeda? No parece que sea así. Abdulla Ahmed Ali, primus inter pares, y Assad Sarwar viajaron repetidamente a Pakistán entre 2005 y 2006.

El segundo, como responsable de las bombas dentro del entramado terrorista, admitió haber recibido adiestramiento para elaborar explosivos líquidos en Islamabad. Expertos contraterroristas de Scotland Yard sostienen que el entonces número tres de Al Qaeda, el egipcio Abu Ubaidah al Masri, autorizó los atentados y un agente de dicha estructura terrorista, Mohammed Gulzar, se desplazó expresamente desde Suráfrica para supervisar su definitiva concreción. (...)

combinaron elementos tanto endógenos como exógenos al Reino Unido, lo que subraya el carácter dual que puede adoptar la amenaza del terrorismo global en las sociedades occidentales. Una amenaza que emana de minorías extremistas constituidas entre musulmanes británicos y de terroristas afincados, en este caso, en Pakistán.

Una amenaza que se proyecta más desde Europa hacia Norteamérica que a la inversa. Asimismo, pone de manifiesto que, si bien una célula local puede desarrollar las capacidades necesarias para perpetrar actos de terrorismo, su alcance y magnitud se acrecientan mucho cuando establece conexiones internacionales y, en particular, con Al Qaeda." (FERNANDO REINARES: ¿Cómo iba a ser el segundo 11-S?. El País, ed. Galicia, Opinión, 14/09/2009, p. 27 )

30.11.07

Borroso estudio sobre los terroristas

“¿Cómo se hace un 'yihadista'?

La frustración e insatisfacción laboral, social y política es la causa que conduce al radicalismo a los jóvenes yihadistas de Al Qaeda y sus grupos satélites en Europa, según la conclusión de un estudio confidencial elaborado por Europol, la organización que agrupa a las policías europeas y que dirige Max-Peter Ratzel. (…)

¿Cómo y por qué se produce el salto desde el radicalismo islamista hasta la integración en una célula terrorista? El estudio de Europol asegura que el aislamiento y la frustración laboral, social y política de estos jóvenes es el caldo de cultivo para ser reclutado. "Utilizan los recursos del país en el que viven. Parecen integrados, pero no se sienten integrados. No es la integración que ellos quieren. Y en esas condiciones son captados con mayor facilidad por los reclutadores", señala uno de los investigadores.

Internet es la herramienta principal de captación, propaganda y proselitismo del yihadismo en Europa. (…)

El estudio sobre perfiles yihadistas analiza con preocupación los casos de jóvenes terroristas que pertenecen a la segunda generación de inmigrantes y asegura que el aislamiento y la frustración de estas personas es, a veces, superior a la de sus padres.” (El País, ed. Galicia, Internacional, 25/11/2007, pp. 8)