"La identidad franco-argelina de uno de los atacantes demuestra de qué
modo la salvaje guerra francesa de 1956-62 en Argelia continúa
infectando las atrocidades de hoy.
La absoluta negativa a contemplar el
papel de Arabia Saudita como proveedora de la forma más extrema del
islam, la wahabita sunita, en la que cree el Isis, muestra de qué manera
nuestros líderes aún rehúsan reconocer los vínculos entre el reino y la
organización que atacó a París.
Y nuestra falta total de voluntad de
aceptar que la única fuerza militar regular en combate constante con el
Isis es el ejército sirio –que lucha por el régimen que Francia desea
destruir– nos impide aliarnos con los inmisericordes soldados que están
en acción contra el Isis con mayor ferocidad aún que los kurdos.
Siempre que Occidente es atacado y nuestros inocentes perecen, caemos en
borrar el banco de memoria. Por tanto, cuando los reporteros nos
dijeron que los 129 muertos en París representaron la peor atrocidad
perpetrada en Francia desde la Segunda Guerra Mundial, omitieron
mencionar la masacre en París de hasta 200 argelinos que participaban en
una marcha ilegal contra la salvaje guerra colonial francesa en
Argelia, en 1961.
La mayoría fueron asesinados por la policía francesa;
muchos fueron torturados en el Palais des Sports y sus cuerpos arrojados
al Sena. Los franceses sólo reconocieron 40 muertos. El oficial de
policía a cargo era Maurice Papon, quien trabajó para la policía
colaboracionista de Petain en Vichy en la Segunda Guerra Mundial y
deportó a más de mil judíos hacia su muerte.
Omar Ismail Mostafai, uno de los atacantes suicidas
en París, era de origen argelino, y acaso también lo eran los otros
sospechosos identificados. Said y Cherif Kouachi, los hermanos que
asesinaron a los periodistas de Charlie Hebdo, eran descendientes de
argelinos.
Procedían de la comunidad argelina en Francia, integrada por
más de 5 millones de personas, para muchas de los cuales la guerra en
Argelia nunca terminó, y que hoy viven en los barrios bajos de
Saint-Denis y otros enclaves argelinos en París.
Sin embargo, el origen
de los asesinos del 13 de noviembre –y la historia de la nación de la
que proceden sus padres– ha sido casi borrado de la narrativa de los
horribles sucesos del viernes. Un pasaporte sirio con un sello griego es
más emocionante, por razones obvias.
Una guerra colonial de hace medio siglo no justifica un asesinato en
masa, pero ofrece un contexto sin el cual cualquier explicación de por
qué hoy Francia ha sido tomada de blanco tiene poco sentido. Al igual
que la fe sunita-wahabita saudita, que es fundamento del califato
islámico y sus asesinos, presuntos practicantes de ese culto.
Mohammed ibn Abdel al Wahab fue el clérigo y filósofo purista cuyo
implacable deseo de purgar a los chiítas y otros infieles de Medio
Oriente condujo a las masacres del siglo XVIII, en las que la dinastía
original al Saud estuvo profundamente involucrada.
El actual reino saudita, que con regularidad decapita a supuestos
criminales tras someterlos a juicios injustos, construye un museo en
Riad dedicado a las enseñanzas de al Wahab, y la furia del viejo prelado
hacia los idólatras y la inmoralidad ha encontrado expresión en la
acusación del Isis contra París como centro de prostitución.
Gran parte
del financiamiento del Isis proviene de los sauditas, aunque, una vez
más, este hecho ha sido borrado de la historia terrible de la matanza
del viernes. (...)"
(Robert Fisk, La Jornada, en Jaque al neoliberalismo, 17/11/15)
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