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4.3.20

Modernizar el campo, ¿cómo lo logró Holanda? Hace más de una década, con ayudas públicas a retornar en veinte años únicamente orientadas a la mecanización y digitalización del campo y de toda la cadena de distribución. Utilizan la inteligencia artificial para ahorrar energía y reducir costes... y la cogeneración energética, y la tecnología de los haces de luz. Holanda exporta 80.000 millones de euros en productos agroalimentarios, más que España, Italia y Portugal juntos...

"(...) Los problemas del campo español no se solucionan con un precio mínimo en origen o con la reducción de costes en la cadena de distribución. Por lo menos no a medio plazo.

Puede ser un remedio paliativo pero el meollo del asunto es estructural. Veamos el caso de Holanda, un país del tamaño de Extremadura y que es el segundo exportador de alimentos de Europa.


Ahí se producen muchos más tomates y patatas que en nuestro país y, además, usando mucha menos agua. ‘Holanda está en los primeros puestos del ranking europeo de exportaciones de hortalizas y, en la producción y venta al exterior de cebollas, flores y bulbos, ya son los número uno del continente’.


El motivo fundamental radica en que la productividad holandesa por hectárea agrícola es 2,5 veces superior a la media europea. Para lograrlo, la tecnología agraria ha sido un factor determinante en el despegue del sector primario holandés, gracias a invernaderos de última generación.


Tengamos en cuenta que Holanda tiene menos horas de luz y hace mucho más frío que en España, pero sus agricultores han sido capaces de producir de forma sostenible y a gran escala frutas, verduras y, sobre todo, flores. Por poner un ejemplo de su eficiencia y productividad, cabe destacar que en el sur de los Países Bajos más de 10.000 hectáreas de cultivos bajo cristal producen más de 1.700.000 toneladas de hortalizas.


Otro dato demoledor es el que afirma que la superficie dedicada al tomate tiene una productividad que cuadruplica la media de 20 kilos por metro cuadrado y año de un invernadero español por ejemplo.


¿Como lo logran? Con múltiples aplicaciones tecnológicas que se iniciaron a implementar hace más de una década. Las ayudas públicas a retornar a veinte años sirvieron para modernizar el campo, hacerlo eficiente y amortizar las inversiones derivadas. Tecnología como la difusión de los haces de luz, que aumenta la productividad hasta un 8% desde el minuto cero. La falta de luz ha creado de la necesidad una virtud.


En los invernaderos holandeses aplican bombillas LED de más potencia y de menor consumo. Utilizan la inteligencia artificial para medir cada aspecto de esos cultivos y los datos para generar nuevos modelos de explotación ahorrando energía y reduciendo costes.


A diferencia de otros países, la transferencia tecnológica va directamente al sector productor y de distribución holandés, que se ha modernizado con ayudas públicas únicamente orientadas a esa mecanización y digitalización del campo y de toda la cadena de distribución. Curiosamente no se ha destruido empleo bruto en el sector primario. Un sector que, por cierto, representa el 10% del PIB del país de los tulipanes. En los Países Bajos, en 2000 nació la cogeneración energética para invernaderos capaces de producir calor a partir de gas natural para el cultivo y la electricidad de las instalaciones. Un sistema muy extendido en Holanda y que ya produce el 20% de la electricidad del país.

‘Holanda exporta unos 80.000 millones de euros en productos agroalimentarios, más que España, Italia y Portugal juntos. Según la base de datos del Instituto Español de Comercio Exterior, Países Bajos es el mayor exportador de Europa de productos agroalimentarios, por encima de potencias como Francia o Alemania, a pesar de ser un país tan pequeño. Es cierto que una parte de esas exportaciones son alimentos que han sido importados previamente porque Holanda es el centro de distribución más importante de Europa’.


Los campos, en ese país, están cubiertos por modernos invernaderos que reflejan la luz del sol por el día y se iluminan por la noche para el cultivo de patatas, cebollas, tomates o fresas.


La eficiencia es brutal. ‘Cada 4.000 m2 de cultivo se producen más de 20 toneladas de patatas, frente a las 9 toneladas que se producen de media en otros países en el mismo espacio. Holanda es el mayor exportador de patatas del mundo con una cuota del 18% de todas las exportaciones del mundo mientras que España ocupa el décimo puesto en este ránking con una cuota del 3,7%.’


Estos datos provienen de un exhaustivo artículo de Vicente Nieves, que además explica el caso al que antes hacía referencia sobre la producción de tomates. Para obtener un kilo en España se necesitan unos 60 litros de agua, mientras que para obtener ese mismo kilo de en Holanda, ‘con tierra enriquecida y demás sofisticaciones, sólo se necesitan 15 litros de agua. Un cambio comenzó a tomar cuerpo hace ya casi dos décadas, cuando varias organizaciones y el sector público lanzaron un programa de agricultura sostenible’.


Aunque es cierto que en nuestro país hay explotaciones agrícolas muy avanzadas tecnológicamente y perfectamente preparadas para un futuro de competitividad digital, parece que los problemas del campo español no son susceptibles de solucionarse con la aplicación de precios mínimos en origen, la disección de los incrementos de costes en la cadena de distribución, con la revisión de peonadas o la reducción del salario mínimo. Bien podría ser que el gran problema del sector primario español está en algo más estructural y de adopción tecnológica. (...)


Si buscamos subvenciones al campo que solo se dirijan a los seguros agrarios o soportar el paro estacional que produce, no tendremos la modernización que todos los sectores productivos necesitan para ser competitivos en un mundo globalizado.


Si pedimos que no se puedan vender alimentos marroquíes deberíamos preguntarnos porque nuestro vecino iba a dejarnos pescar en sus aguas. Economía global se llama. Contra el salario de esclavo de algunos países solo podemos incorporar tasas y controles de la calidad sanitaria. Contra el bajo coste de origen en algunos países sólo podemos actuar con tecnología e inspirarnos en países como Holanda. (...)" (Marc Vidal, blog, 25/02/20)

21.10.14

Han aprobado leyes que equiparan los productos de la agricultura campesina a pequeña escala, con los de la grande industria alimentaria... para que desaparezcan.

"(...) -¿De qué manera se está criminalizando la agricultura campesina?

Francesco Valente- En Italia han aprobado un conjunto de normas con las que pretenden equiparar los productos de la agricultura campesina a pequeña escala, basada en las relaciones y culturas locales, con los de la grande industria alimentaria.

Están criminalizando nuestras prácticas de producción y declarando ilegales nuestros productos. Todo esto es absurdo.

Genuino Clandestino surge justamente para denunciar y contrarrestar esta situación paradójica, reivindicando nuestro derecho de seguir proponiendo alternativas reales a un modelo de producción agrícola explotador, contaminante y fundado en el lucro y el afán de riqueza.

Contra un modelo basado en el lucro “La tierra es para producir alimentos”

-Es un choque de paradigmas…

GP- De acuerdo con la cultura dominante, la agricultura campesina es antieconómica porque el único modelo de producción que reconoce como económicamente viable es el modelo intensivo, mecanizado, en base a químicos, financiado por el sistema bancario.

Ese modelo violenta derechos fundamentales, entre otros el acceso a la tierra. Nuestros territorios son víctimas de un mercado inmobiliario dopado por la especulación, y esto afecta y obstaculiza gravemente la actividad productiva campesina.

Frecuentemente, el sector público es cómplice de esta situación. En todo el país hay enormes extensiones de tierra que quedan abandonadas y sin producir, por el simple hecho de que, en este momento, no son urbanizables y no producen lucro. Urge un nuevo paradigma para la agricultura, porque la tierra es para producir alimentos y para alimentar a los seres vivos, y no para generar lucro.  (...)"             (Giorgio Trucchi ,  Fuente: Rel-UITA , Rebelión, 21/10/2014) 

6.10.14

Las cooperativas de consumo: acuerdo entre 120 familias y dos explotaciones agrarias

"Por comer alimentos ecológicos, por salud, por respeto al medio, por paladar, para evitar los circuitos clásicos del modelo capitalista, para apoyar al territorio y sus campesinos... 

Por alguna o por todas estas razones, las cooperativas de consumo, —agrupaciones de familias o consumidores que compran directamente a los productores de proximidad de fruta, verdura, carne, pan o cualquier otro alimento y se autogestionan— están experimentando un gran crecimiento en los últimos años.

 Constituidas formalmente como cooperativas o como grupos de consumo que tienen como paraguas legal una asociación, solo en Barcelona hay unas 150 organizaciones de este tipo. Si contamos que cada grupo lo forman una media de 30 “unidades familiares” de cuatro miembros, el resultado es que en la capital hay 18.000 personas que se alimentan al margen del circuito clásico en el que intervienen o Mercabarna o las grandes cadenas de supermercados. (...)

El coordinador de la Soberanía Alimentaria, Gustavo Duch, sitúa el auge del fenómeno “en un marco ideológico de transformación de la sociedad que, por una u otra sensibilidad, busca espacios apartados del modelo capitalista”. 

El payés Toni Jarque, del colectivo La Paca —basado en el acuerdo entre 120 familias y dos explotaciones agrarias—, fue muy claro: “No es lo mismo comer que alimentarse, cuando la comida deviene mercancía aparecen lógicas aberraciones como que una manzana esté seis meses en una nevera frente a la producción local y de temporada”.  (...)

 Josep Maria Coll, de Unió de Pagesos, pidió una política agraria “que dé pasos atrás para fomentar una agricultura que vele por la soberanía alimentaria de la gente que vive en el territorio”. Las cooperativas, consideró, “no son la solución total para el sector agrario, pero sí serán la salvación para algunos”.           ( Barcelona , El País, 5 OCT 2014)


5.3.14

Seis familias jornaleras resisten en la finca de Somonte, ocupada hace dos años

"Dos años después de la ocupación de 500 jornaleros de la finca cordobesa de Somonte, la actividad y el trabajo siguen al pie de la tierra. Cultivan secano, cebada y trigo, y “verdura de la época de frío”, como ellos mismos llaman a la coliflor o a los rábanos.

 Esta tierra, propiedad de la Junta de Andalucía, estaba en desuso hasta que la ocuparon el 4 de marzo de 2012. Hoy da de comer a seis familias de jornaleros que pertenecen al Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT).

Cientos de jornaleros se acercaron aquel 4 de marzo para ocupar una tierra que no querían en propiedad. Su intención era llenar aquel campo baldío de cultivos que podían asegurar la subsistencia de muchos jornaleros en medio de la complicada crisis. El paro agrario en el pueblo de Palma del Río, donde se encuentra la finca, es de un 75%. Muchas familias han vivido de forma desesperada la falta de recursos y alternativas.

Ante esta conyuntura, buscaron otras medidas de lucha. Fran Ruiz, estudiante de Historia en la Universidad de Córdoba y trabajador en Somonte, hace balance de los 24 meses que lleva conviviendo junto a las seis familias de jornaleros. “Somonte tiene futuro y ahora mismo está dando para vivir a gente que no tenía nada”, asegura. Los cultivos que más beneficios están aportando son los de regadío.

Cada semana, Fran coge su furgoneta hasta la ciudad de Córdoba para llevar las cestas que preparan con las verduras hasta el centro de la Casa Azul, un comedor social que las compra por 5 o 10 euros, dependiendo de los productos de cada unidad. “Con el dinero que sacamos de las 50 o 60 bolsas, tenemos para llenar el frigorífico, comprar tabaco y para el gasoil de los repartos”, afirma este joven de 26 años.

A pocos meses de terminar su carrera, recuerda “cómo en los libros no se da uno cuenta de las verdaderas injusticias”. Hace dos años comenzó su intensa actividad de apoyo a esta causa en Somonte. “Nunca hemos querido que la tierra se ponga a nuestro nombre. La tierra es pública, como debe ser” destaca.

 Sin embargo, la promesa de la Junta de Andalucía sobre la creación del famoso banco de tierras no terminar de llegar. “Llevamos mucho tiempo esperando una respuesta clara y parece que todo es propaganda”.

Manuel Rodríguez, miembro de la permanente del Sindicato del SAT, conoce muy de cerca la realidad que vive Somonte en estos momentos. “Estamos produciendo con muchas dificultades pero al menos da para que no falte el alimento”, añade. 

La maquinaria de segunda mano y las complicadas perspectivas no pesan en el ánimo de los jornaleros que llenan cada día cestas con sus verduras para distribuirlas mediante la venta ambulante. Rodríguez destaca que en la comunidad que vive y trabaja en Somonte las tareas están “consensuadas y todos hacen de todo”. Tras la venta de la semana, el dinero se reparte de forma equitativa entre todas las familias.

Las 400 hectáreas que se extienden a lo largo de esta finca podrían dar trabajo, en época de buen rendimiento, a “más de un centenar de jornaleros”, explica Rodríguez. Los productos frescos que no se venden se quedan para la casa o para ayudar a otros que lo necesiten, como ocurrió hace unos meses con la plataforma Stop Desahucios de Córdoba.

 Para el SAT, el banco de tierras, previsto por la Junta “daría sus primeros pasos con la finca de Somonte”. Hoy este primer experimento cumple, sin saber cuál será el futuro, un deseo que se ha expresado históricamente incluso en el himno andaluz."                (La Marea, 04/03/2014)

27.3.13

“Esto es duro pero muy digno”

"Hace ahora un año, jornaleros del Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT) ocuparon la finca de Somonte en Palma del Río (Córdoba), un proyecto de producción agrícola ecológica que reivindica el histórico lema de “la tierra para el que la trabaja”.

En las casas que hay dentro del terreno de la finca Somonte viven 17 personas, que trabajan en dos turnos de cuatro horas (mañana y tarde) una tierra que hasta su llegada estaba abandonada. Las tareas son compartidas, las decisiones se toman en asamblea y los habitantes se levantan a las seis de la mañana para iniciar la jornada de trabajo.

 Tras un año de ocupación, Somonte es un ejemplo para muchos. Especialmente en Andalucía, donde el índice de desempleo es el mayor de Europa, con un 35%. Lola Álvarez lleva muchos años en el SAT “luchando por dignidad” --como dice ella-- y le gusta advertir a los foráneos que a Somonte “se viene a trabajar”.

¿Cómo surge Somonte?

El día cuatro de marzo del 2011 ocupamos esta finca de 400 hectáreas. La ocupación fue por el Sindicato Andaluz de Trabajadores, estuvimos aquí todo el día, como otras veces, pero un grupo de compañeros de la zona ya teníamos la idea de no hacer más ocupaciones simbólicas, porque ante la situación que está pasando Andalucía no podemos hacer más ocupaciones simbólicas, sino quedarnos en la tierra, para trabajar, para cultivar y para crear puestos de trabajo.

Un año después cuál es la valoración que hacéis.

Aquí no había vida cuando nosotros ocupamos, ahora sí. La 400 hectáreas estaban abandonadas, no había nada. La gente que estamos aquí viviendo no tenemos ningún recurso, lo que tenemos son nuestras manos y muchas ganas de trabajar.

 Por eso --gracias también a que hay mucha solidaridad de gente de todo el mundo-- hemos podido construir todo lo que tenemos ahora: 50 hectáreas de trigo; 20 de girasol; cinco de col, lechuga, habas y ajos... Vamos a poner garbanzos y tenemos un buen número de ovejas, de cabras de gallinas... 

En un año hemos hecho mucho, pero lo más importante es haber conocido a tantas personas solidarias, que gente de tantos idiomas haya llegado hasta aquí para mostrarnos su apoyo, que es lo que más necesitamos, porque esto es duro, pero muy digno. Y nosotros por lo que luchamos es porque la clase trabajadora no pierda su dignidad.

En los últimos meses se ha producido una ofensiva mediática y judicial contra el SAT, especialmente a raíz de la marcha jornalera que encabezó Sánchez Gordillo a finales del verano pasado. ¿Cómo se vive desde dentro?

Nosotros llevamos luchando desde el Sindicato mucho tiempo. Desde la ocupación de la finca de Somonte, la acción del Mercadona y las marchas jornaleras, tenemos mucha más fuerza en Andalucía. Para nosotros siempre es bueno que se hable de nosotros, aunque sea para decir cosas malas, porque la gente se da cuenta que los que mandan nos tienen miedo. De todas las luchas siempre saco una valoración buena, porque no hay otro medio. Nadie regala nada. 

La lucha es dura, se sabe cuándo se empieza pero no cuándo se termina. Pero cuando es por causas dignas como crear puestos de trabajo y vivir de tus propias manos, sin limosna ninguna, es bueno siempre.  (...)

¿Qué perspectivas de futuro tienen en Somonte?

Las mismas que el primer día, poner en producción las 400 hectáreas, llenarlas de manos trabajando, crear una cooperativa --en comunicación con otras para distribuir nuestros productos--, gestionar nuestra propia producción. No queremos propiedad ninguna, la tierra no puede tener propiedad.

 Reivindicamos también una alimentación sana y por eso toda nuestra producción es ecológica, no queremos dar nuestro trabajo a las grandes multinacionales, ni que haya intermediarios por medio, queremos llevar nuestros productos y nuestros cultivos a la gente, a un precio asequible. Eso es lo que vamos a hacer."           (Entrevista a Lola Álvarez, miembro del Sindicato Andaluz de Trabajadores y trabajadora en la finca ocupada de Somonte, Jacobo Rivero ,, Diagonal, Rebelión, 27/03/2013)

7.9.12

Solución española... vuelta al campo

"A propósito de identificar las alternativas que están surgiendo en Grecia como respuesta a la crisis, nos ha parecido interesante visibilizar algunas parecidas que se dan en nuestro territorio. Desde luego hay muchas más, son innumerables.

Huertos urbanos 

Son muchas las iniciativas de huertos en las ciudades españolas. Vamos a tomar Madrid como ejemplo de sinergias entre ellas. Desde enero de 2011 funciona la Red de Huertos Urbanos de Madrid con intención de compartir recursos, estrategias y energías entre los más de cuarenta huertos urbanos que existen.

 La horticultura urbana comunitaria está demostrando muchas fortalezas y elevadas posibilidades de regeneración urbana pero también, social y democrática:
  •  Propicia el uso de espacios tradicionalmente descuidados como zonas interbloques, descampados baldíos y zonas de parques poco cuidadas.
  •  Promueve la creación de espacios convivenciales, polivalentes y el encuentro inter-generacional e inter-cultural. - Permite la recuperación de la sabiduría y cultura campesina que aun atesoran muchas de las personas mayores de nuestros barrios.
  •  Aumenta el grado de sostenibilidad de nuestros barrios, pueblos y ciudades, diversificando el abigarrado espacio urbano, contribuyendo a esponjarlo, creando espacios de elevada calidad estética y paisajística, y mejorando la calidad de vida urbana: mayor biodiversidad, atenuación de temperaturas, reducción de ruidos y polución…
  •  Permite descubrir la necesidad de compatibilizar los trabajos tradicionalmente masculinos (productivos) con los trabajos y tareas tradicionalmente femeninos (reproductivos o de cuidados), permitiéndonos la posibilidad de “cambiar de roles tradicionales” y hacernos más conscientes de nuestras relaciones inter-personales y de género.
  •  Posibilita una elevada implicación vecinal, fomentando así el arraigo territorial, la vinculación con el espacio y la identidad de barrio. Nos permiten reiventar la esfera y dimensión colectiva en momentos duros, como los actuales, donde es preciso, más que nunca, actuar para salvarnos juntos. Más información: http://redhuertosurbanosmadrid.wordpress.com.
 Su verdadera cosecha no son sólo sus ricas verduras de temporada, sino, sobretodo, los “intangibles”: autoestima personal, altruismo, identidad de barrio, sentimiento comunitario, espacio dialogante y deliberativo, creatividad social, relaciones cooperativas… 

Bancos de tierras periurbanos 

Fruto de las movilizaciones sociales, también son muchas las iniciativas para recuperar tierras públicas en diferentes municipios españoles con la doble voluntad de generar empleo y alimentación local. Algunos de ellos se han agrupado como el caso de la Red Terrae que ya cuenta con 3.000 hectáreas de terreno de cultivo para ceder a aquellas personas que las recuperen para prácticas agroecologícas

El objetivo, explican, «es recuperar las prácticas agrícolas y acercarlas a las propias de la agricultura ecológica, por ejemplo, evitando los pesticidas». Una de las medidas que han desarrollado es el banco de tierras, que cuenta con un espacio en la web en el que interactúan ofertantes y demandantes de tierras para prácticas agroecológicas.

 Para completar el banco de tierras, se pondrán en marcha redes de consumo, banco de herramientas y de “conocimientos” para que los y las participantes puedan compartir sus experiencias y sus buenas prácticas.
Más información en www.tierrasagroecologicas.es

Otra experiencia hay que destacar, la que se está llevando a cabo en el ayuntamiento de Rivas-Vaciamadrid con la creación del Parque Agroecológico. En una superficie de 36 hectáreas, 16 asociaciones, cooperativas y empresas sociales se disponen a cultivar los terrenos que han arrendado y que en total representan la generación de 77 puestos de trabajo. 

Revisando quienes son los beneficiarios del proyecto se constata que el perfil lo marca gente joven con alto grado de formación y preparación, integrando a los saberes tradicionales las nuevas técnicas agroecológicas y formas de comercializar por internet.
 
De este programa hay que destacar una característica, la tierra no se entrega a emprendimientos individuales sino que se potencia sean asociaciones o empresas de la llamada ‘economía social’, donde están presentes los valores del cooperativismo y la horizontalidad.
Más información en www.rivasciudad.es

Canales cortos de comercialización: 

Entre las muchas experiencias para dejar de lado las cadenas del sistema agroindustrial, destacan las muy variadas formas en acercar de nuevo campesinado y población consumidora. 

Nos detenemos en esta ocasión en el proyecto ARCO-Agricultura de responsabilidad compartida- que estimulado por COAG potencia mercados de productores y productoras, grupos de consumo, cajas a domicilio, venta directa, tiendas locales o suministro a restauración colectiva.
Más información en www.coag.org"          (Rebelión, 05/09/2012, Revista 'Soberanía alimentaria, biodiversidad y culturas')