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10.9.15

La Línea 9 del Metro de Barcelona duplica el coste del AVE a Madrid

"A la hora de hablar de la Línea 9 de Metro de Barcelona, los dirigentes del gobierno catalán no dudan en jactarse de que estamos hablando de “la más larga de Europa”. Lo que suele ignorarse a la hora de hablar del último gran proyecto de la “era Pujol” es que también estamos hablando de una de las obras más caras de la historia.

De entrada, esta circunvalación llamada a conectar la Ciudad Condal con el aeropuerto de El Prat iba a suponer un desembolso relativamente pequeño: se habían presupuestado 2.500 millones de euros. Sin embargo, el gasto final se ha disparado de forma alarmante y puede llegar a alcanzar los 16.600 millones de euros. Este desembolso final sería casi siete veces mayor a lo proyectado en un primer momento, tal y como explica El Critic en una detallada investigación.

El encarecimiento está ligado a aspectos técnicos como la mala planificación, los cambios en el trazado o el accidente en el barrio del Carmelo, en 2005. Por otro lado, el esquema de financiación planteado no ha resultado ser el más eficiente: las constructoras empezaron aportando 3.000 millones a la obra… pero ahora cobran el canon que se les asignó como fórmula para compensar esa inversión.

Da la casualidad de que el canon se concede en concepto de la gestión de estaciones que, por los continuos retrasos en la Línea 9, se mantienen cerradas al no haber trenes en circulación. El año pasado, la Generalidad pagó 257 millones a cambio de la gestión de estas veintiocho estaciones fantasma.

Según el Tribunal de Cuentas, la construcción del AVE Madrid-Barcelona supuso un desembolso del 8.966 millones de euros, por encima de los 7.550 que había fijado el concurso. Esta cifra es, aproximadamente, la mitad del coste que El Critic anota a la Línea 9 del Metro de la Ciudad Condal.

Para más inri, también está proyectada la construcción de un tren lanzadera que conectará la estación del Paseo de Gracia con el aeropuerto de El Prat. Esto supondrá el inicio de otro proyecto de infraestructuras con un objetivo muy similar al apuntado para la Línea 9."                  (Somatemps, 05/09/2015)

10.5.13

El papel de los medios para apuntalar la burbuja inmobiliaria de Irlanda, ¿y en España?

"La crisis económica de Irlanda tiene sus raíces en una burbuja inmobiliaria que estalló en 2007. Los comentaristas han señalado a una serie de banqueros, políticos, promotores y constructores que comparten parte de la responsabilidad de la orgía de préstamos y empréstitos que precedió a la crisis, pero el papel clave de los medios de comunicación todavía no se ha examinado sistemáticamente.

 Esta es la tarea que un proyecto de investigación del University College de Dublín pretende abordar, tal como adelanta esta pieza. El artículo académico completo se puede encontrar aquí.

En las dos décadas anteriores al estallido de la crisis, el PIB real de Irlanda creció a una tasa promedio del 6 por ciento anual, mientras que el desempleo se redujo del 16 por ciento en 1994 al 4 por ciento en 2000. Los años del llamado ‘tigre celta’ se formaron de hecho por dos booms diferentes y sucesivos. 

En la década de 1990, la economía se expandió gracias al crecimiento de las exportaciones impulsado por las corporaciones multinacionales estadounidenses que se aprovecharon de las bajas tasas de los impuestos en Irlanda, lo que permitió al país salir del estancamiento económico. Sin embargo, como el crecimiento de las exportaciones se redujo significativamente después de 2000, un auge de la construcción alimentada por crédito sostuvo altas tasas de crecimiento económico.

 Los precios reales de los inmuebles residenciales se triplicaron entre 1994 y 2006, y la construcción definitiva representó más del 20 por ciento del tamaño de la economía (el promedio de los países desarrollados es de aproximadamente un 5 por ciento). En abril de 2013, los precios medios de la vivienda han caído poco más del 50 por ciento a nivel nacional en relación a su punto máximo en 2007.

No es muy difícil identificar una burbuja inmobiliaria en la fabricación, a partir de indicadores simples, tales como la relación precio/beneficio y la relación precio/ingreso. Esto es lo que hicieron algunos analistas, como la revista The Economist, que declaró en 2002 que el mercado inmobiliario de Irlanda había estado “mostrando síntomas similares a burbujas en los últimos años” y estimó que estaba entonces sobrevalorado en un 42 por ciento.

 Sin embargo, los medios de comunicación irlandeses eran casi sin excepción animadores del mercado inmobiliario en auge, sólo se amortiguaron sus meses de entusiasmo cuando los precios comenzaron a declinar a finales de 2007 y 2008.

Una forma de ilustrar esta afirmación es simplemente contar el número de referencias en la prensa a la noción de una “burbuja” en el mercado de la vivienda antes y después de la crisis. La siguiente figura muestra esto para el Irish Times, periódico de referencia en Irlanda. Se puede observar que antes de 2008-2009 había relativamente pocos artículos que incluso mencionan que el mercado podría estar en un territorio de burbuja.

 En promedio, el periódico tenía 5,5 veces más artículos sobre la burbuja por año en 2008-2011 que en 1996-2007. Para los periódicos Irish Independent y Sunday Independent, que cuentan con un alto número de lectores, era aún peor: tenían en promedio 12,5 veces más artículos que citan la burbuja en 2008-2011 que en 1999-2007. 

Y eso no quiere decir que esos artículos publicados antes de la crisis advirtieran de una burbuja: muy pocos, poquísimos lo hicieron, y muchos sólo hablaban de ello para tratar de asegurar a los lectores que, en realidad, la burbuja no existía.

 Algunos títulos de los artículos del Irish Times dan una idea de la cobertura de los medios de comunicación: “Los ladrillos y el mortero, poco probable que pierdan su valor” (11 de diciembre de 2002), “Que los precios suban en equilibrio está a millas de distancia” (18 marzo de 2004), “Precios de la vivienda: ajuste de suave aterrizaje” (22 de noviembre de 2005), “El mercado inmobiliario, improbable que colapse, afirma el jefe del Danske Bank” (2 de febrero de 2006) y “El aumento de precios de la vivienda, al triple que el año pasado” (29 de junio de 2006).

Otra forma de ver el comportamiento de los medios de comunicación irlandeses antes de la crisis es tener en cuenta que entre 2000 y 2007 el Irish Times publicó más de 40.000 artículos sobre temas económicos, pero sólo 78 fueron acerca de la burbuja inmobiliaria, el 0,2 por ciento de la total. 

En otras palabras, cualquier artículo que podría haber sido crítico sobre el mercado inmobiliario se perdió de manera efectiva en un mar de información acrítica. Eso es una marca muy pobre para uno de los eventos económicos más importantes de Irlanda en las últimas décadas.

La televisión mostró el mismo comportamiento que los medios impresos. Durante el boom, la emisora ​​estatal, RTÉ, alimentó la obsesión nacional con la propiedad al transmitir programas como Cazadores de casas al sol, Showhouse, Sobre la casa y Soy un adulto, sácame de aquí. En particular, Prime Time, un programa que lleva temas de actualidad, se mantuvo esencialmente en silencio sobre los peligros inherentes en el rápido crecimiento del mercado inmobiliario. 

Entre 2000 y 2007, emitió más de 700 programas, pero sólo el 10 o el 1 por ciento del total, habló sobre el auge de la vivienda. Peor aún, la mayoría de ellos tenía invitados argumentando que no había ninguna burbuja. 

Esto no es sorprendente, ya que la mayoría de ellos o eran afiliados a las industrias de bienes y servicios financieros o eran políticos de los partidos del sistema de Irlanda (Fianna Fáil, Fine Gael y Laborista),  y todos tenían intereses políticos o económicos directos o indirectos para sostener la ficción de que la economía irlandesa estaba en auge, y no se detendría ese boom. Ellos entrarían rápidamente en razón, pero, por desgracia, demasiado tarde."          (Julien Mercille, Innisfree, 09/05/2013)

13.5.12

Rato y las ratas abandonan el barco... después de costarle a los españoles lo mismo que los recortes en Sanidad y Educación, y encima se lleva una indemnización de 1,2 millones de euros en el bolsillo.

"Rodrigo Rato, el que para muchos fue el arquitecto de la burbuja inmobiliaria, tenía un perfil más político que financiero. Cuando alcanzó la presidencia de Caja Madrid recibió una entidad en estado de coma por su mala gestión en el sector inmobiliario y no supo hacer las cosas bien. Para colmo, no se rodeó de los mejores y terminó fusionándose con entidades que estaban aún peor que la suya, con Bancaja a la cabeza.

El resultado de semejante pastel fue Bankia, la mayor inmobiliaria de España y una entidad con unos activos problemáticos vinculados al ladrillo por valor de 31.800 millones de euros. A Rato le tocó bailar con la más fea del baile e hizo lo que supo y lo que pudo, que de poco ha servido. Es curioso que al final le termine matando aquello a lo que durante tantos años sirvió y que tanto mal le ha hecho a este país: el ladrillo.

No obstante, Rato no se marcha sin más. El botín en versión indemnización al que tiene derecho alcanza la escalofriante cifra de 1,2 millones de euros. Y perdonad mi inocencia pero esta es una de las cosas que no alcanzaré a entender jamás: llegas a una caja quebrada, haces una gestión pésima que la aboca a una situación aún peor, cuando todo se vuelve negro te marchas, le cuestas a los españoles prácticamente lo mismo que los recortes en Sanidad y Educación, y encima te llevas una indemnización millonaria en el bolsillo. Permitidme que lo diga porque si no lo hago reviento: vamos camino de convertirnos en una república bananera."          (El blog salmón, 08/05/2012)

1.12.10

"Castigar al pueblo por los pecados de los banqueros es peor que un crimen; es un error"

"La historia irlandesa empezó con un auténtico milagro económico. Pero al final este dio paso a una fiebre especuladora impulsada por bancos y promotores inmobiliarios fuera de control, todos en connivencia con los principales políticos. La fiebre se financió con enormes préstamos adquiridos por los bancos irlandeses, en su mayoría de bancos de otros países europeos.

Luego la burbuja estalló, y esos bancos tuvieron que hacer frente a unas pérdidas enormes. Se podría haber esperado que quienes prestaron dinero a los bancos compartiesen las pérdidas.

Después de todo, eran adultos que actuaban por propia voluntad y, si no eran capaces de comprender los riesgos que estaban asumiendo, eso no era culpa de nadie más que de ellos. Pero no, el Gobierno irlandés dio un paso al frente para garantizar la deuda de los bancos, con lo que convirtió las pérdidas privadas en obligaciones públicas.

Antes de la crisis bancaria, Irlanda tenía poca deuda pública. Pero con los contribuyentes metidos de repente en un lío por culpa de las gigantescas pérdidas de los bancos, al tiempo que los ingresos caían en picado, la solvencia del país se puso en tela de juicio. De modo que Irlanda intentó tranquilizar a los mercados con un estricto programa de recortes del gasto.

Párense un momento a pensar en ello. Se incurrió en esas deudas no para financiar programas públicos, sino a chanchulleros que solo buscaban su propio beneficio. Sin embargo, son los ciudadanos de a pie irlandeses los que ahora soportan la carga de esas deudas.

O, para ser más exactos, soportan una carga mucho mayor que la deuda; porque esos recortes del gasto han provocado una grave recesión, de manera que, además de asumir las deudas de los bancos, los irlandeses padecen el hundimiento de los ingresos y el paro elevado.

Pero no hay alternativa, afirma la gente seria: todo esto es necesario para recuperar la confianza.

Sin embargo, por extraño que parezca, la confianza no mejora. Por el contrario, los inversores se han dado cuenta de que todas esas medidas de austeridad están deprimiendo la economía irlandesa, y están huyendo de la deuda irlandesa a causa de esa debilidad económica.

¿Y ahora qué? El fin de semana pasado, Irlanda y sus vecinos improvisaron lo que en general se ha descrito como un "rescate".

Pero lo que realmente pasó fue que el Gobierno irlandés prometió infligir aún más dolor a cambio de una línea de crédito, una línea de crédito que supuestamente le dará más tiempo a Irlanda para, esto..., recuperar la confianza.

Esto no ha impresionado mucho a los mercados, lo cual es comprensible: los tipos de interés de los bonos irlandeses han subido todavía más.

¿Realmente tiene que ser así? (...)

Pero Irlanda se encuentra ahora en su tercer año de austeridad y la confianza sigue disipándose. Y hay que preguntarse qué tiene que pasar para que la gente seria se dé cuenta de que castigar al pueblo por los pecados de los banqueros es peor que un crimen; es un error." (PAUL KRUGMAN: Comerse a los irlandeses. El País, Negocios, 28/11/2010, p. 24)

El capitalismo irlandés... de amiguetes

"Con la llegada del euro, los bajos tipos de interés y el crecimiento irlandés, el dinero empezó a fluir a raudales y se fue hinchando una burbuja inmobiliaria y crediticia impresionante: el ladrillo llegó a suponer una quinta parte del empleo y más del 15% del PIB. Los ingresos fiscales procedentes de la vivienda permitieron al Estado rebajar otras figuras impositivas y pagar elevados sueldos en el sector público.

Los irlandeses empezaron a levantar viviendas unifamiliares y pisos en los lugares más insospechados. A comprar incluso en Bulgaria, en la Costa del Sol, en el sur de Francia y en el centro de Londres. Los bancos tenían el gatillo fácil: daban créditos por el 120% del valor de la vivienda, casi animaban el boom con todo tipo de ofertas. Los años noventa fueron los del Tigre Celta, pero con el nuevo siglo el tigre fue acumulando grasa.

Además, había todo tipo de relaciones sospechosas entre banqueros, políticos y constructores, y una increíble falta de regulación y supervisión, una versión detestable del capitalismo de amiguetes. "Ese tipo de cosas que nadie quiere ver cuando todo va bien, y que ahora parecen tan obvias", señala Philip Lane, destacado economista del Trinity College. (...)

Para Paul De Grauwe, tanto la defensa de sus bancos como esa austeridad son los dos fallos garrafales que han abocado al abismo a Irlanda. Las deudas de sus bancos han acabado convirtiéndose en endeudamiento público en un momento en el que el mercado no tolera dudas sobre la posición fiscal.

"Por el lado de la austeridad, Irlanda es un caso de libro que ilustra que es un error tratar de corregir un déficit público enorme durante una recesión: todo lo que se consigue es un círculo vicioso. Los mercados y la UE empujaron con demasiada rapidez a Irlanda a introducir su primer plan de austeridad.

El mismo error, por cierto, que se cometió en los años treinta del siglo pasado. Evidentemente, el plan no funcionó y llevó a la economía irlandesa a una espiral negativa de la que es muy complicado salir. Más aún con una segunda dosis de austeridad", dice De Grauwe." (El País, Negocios, 28/11/2010, p. 4/5)

25.11.10

Cómo sobreviví al boom irlandés


Julian Gough

"El autor irlandés Julian Gough resistió durante los años del Tigre Celta viviendo del aire y poco más. Actualmente vive en Berlín, desde donde nos relata cómo se mantuvo escéptico (y sin blanca) mientras el resto del país enloquecía (y se arruinaba) por causa de una fiebre de obtención de bienes.

Durante los años del boom, en Irlanda, hacía falta poner mucho empeño para no hacer dinero. Yo lo logré convirtiéndome en autor de ficción impopular y mi media naranja lo consiguió convirtiéndose en artista. (...)

Pero a partir del 2000 el boom se convirtió en una burbuja inmobiliaria que hizo enloquecer a todo el mundo. The Irish Times acabó teniendo un suplemento inmobiliario más voluminoso que el propio periódico. Mis amigos empezaron a comprar casas cada vez más caras. La deuda se desbordó y los medios de comunicación lo llamaron “prosperidad”.

David McWilliams fue el único de los periodistas especializados en economía que analizó la situación con sensatez. El economista Morgan Kelly redactó un impresionante estudio en el que analizaba todas las burbujas inmobiliarias de la historia. Irlanda cumplía todos los requisitos al pie de la letra.

El país estaba tocado. Se lo mandé a todos mis amigos. Yo todavía vivía en el oeste, en Galway, mis amigos se habían mudado al meollo del Tigre Celta, a Dublín.

Pero hicieron oídos sordos. Dieron por hecho que el que se equivocaba era yo. Al fin y al cabo eran ellos los que se estaban haciendo cada vez más ricos mientras yo me hacía cada vez más pobre.

Si te atrevías a hablar de una burbuja mientras el resto del país estaba disfrutando del momento, las reacciones podían llegar a ser hasta violentas. Bertie Ahern, el primer ministro por aquel entonces, ofreció un discurso por televisión en el que atacaba a gente como Kelly y McWilliams por “mantenerse al margen, mordiéndose las uñas y quejándose… No entiendo cómo la gente que actúa así no acaba suicidándose”.

Al público le hizo gracia y aplaudió sus palabras.

Mientras tanto, nuestros amigos empezaron a tener hijos y tuvieron que mudarse a casas todavía más grandes. Pero se quedaron con la primera casa. Yo no salía de mi asombro. ¿No se supone que hay que cumplir las dos reglas de oro de la inversión: diversificar la cartera de inversiones y no especular nunca con dinero prestado?

Pero el consejo de los bancos irlandeses para las personas normales era que doblasen la apuesta metiéndose en dos hipotecas descomunales.

Llegados a este punto, el segundo tema de conversación más generalizado era el de las propiedades. La gente se iba de fin de semana a comprar apartamentos en Bulgaria. Los anuncios de la inmobiliaria local eran de apartamentos en Portugal.

Pero mis amigos no hablaban conmigo del tema, de la burbuja, de hecho se enfadaban cuando yo lo sacaba a colación… y eso que cada vez nos veíamos menos.

Te llegabas a sentir como un pasajero de tercera del Titanic que ha visto como el iceberg destroza el costado del buque y sube corriendo al salón de baile para avisar a los demás, que siguen bailando como si nada, y que encima obligan discretamente a salir de la sala.

Y es que, en esos momentos, en Irlanda si no eras propietario y no estabas ganando dinero eras un ciudadano de tercera. Los alquileres, los precios, el consumo de cocaína… todo burbujeaba.

Una noche, mi prometida y yo tuvimos una revelación en el hotel de Bono, mientras nuestros amigos pedían botellas de champán de mala calidad a 90 euros con total naturalidad, como cuando pedían pintas de cerveza.

Alguien dijo: “Bueno, luego lo pagamos todo a pachas”. Nuestras miradas se cruzaron como un relámpago.

Entre los dos teníamos 10 euros que pensábamos haber estirado durante toda la noche pidiendo un agua mineral cada uno. Íbamos atrasados en el pago del alquiler. Buscamos una excusa, les dimos los 10 euros y nos fuimos.

Irlanda se había convertido sin darse cuenta en un país de terratenientes, y nosotros sólo éramos arrendatarios.

Terminé mi extraña novela sobre la Irlanda moderna, en la que los malos eran un promotor inmobiliario y un ex primer ministro. No es difícil entender que nadie quisiese publicarla. ¡De hecho, el libro no tenía ningún sentido!

Los precios de las casas irlandesas se habían multiplicado por tres en la última década. Somos ricos y ya está, ha ganado Irlanda y es mejor que te estés calladito.

Poco tiempo después de que rechazasen mi libro nos quedamos sin dinero, nació nuestra hija y nos desahuciaron el día de Año Nuevo de 2006. La casera Tigre Celta era buena persona, pero había pedido una segunda hipoteca sobre la casa para comprar más propiedades.

No podía permitirse perder el alquiler, que ya de por sí no bastaba para pagar la hipoteca. Pero daba igual porque los precios de las viviendas seguirían subiendo por siempre jamás.

Todavía nos quedaban buenos amigos a pesar de que nunca les viésemos. Una pareja que trabajaba en la banca nos ofreció una casa en Dublín por la mitad de lo que hubiésemos tenido que pagar normalmente. Pero el boom siguió su curso y al poco tiempo tampoco pudimos permitirnos pagar la mitad de un alquiler irlandés.

Una amiga de un amigo que vivía en Los Ángeles nos ofreció gratis su casa en un pueblecito de Francia. Llenamos dos mochilas con nuestras pertenencias (las más valiosas eran una olla y un portátil) y emigramos con Ryanair por 50 céntimos cada uno.

Conseguimos mantenernos a flote en Irlanda durante los años de pobreza y de paro, pero no sobrevivimos al boom. (...)

Un año más tarde gané el BBC National Short Story Award por una historia que aliaba al Fianna Fáil, el partido irlandés en el gobierno, con El mago de Oz. La gente pensó que era una comedia, me invitaron a aparecer en el talk show más importante de Irlanda. Una limusina nos recogió en el aeropuerto y nos llevó hasta un hotel de 5 estrellas recientemente inaugurado que se había construido gracias a las ventajas fiscales otorgadas a constructores que apoyaban al Fianna Fáil.

Durante la entrevista, cuando me preguntaron por qué me había ido de Irlanda, el pequeño país más rico de Europa, respondí con lo que acabo de contarles ahora. Y añadí que el boom inmobiliario no era real, que era como si una extraña religión se hubiese extendido por el país y sus practicantes se dedicasen a señalar casas diciendo: “¿ves esa casa? Pues vale cinco millones de euros”. Pero en realidad no los vale.

Entonces me di cuenta, en el frío silencio que se hizo en la sala, de que todos los que estaban allí habían comprado una casa y tenían intención de comprar otra. Habían hipotecado su casa para comprarles a sus hijos otra que dentro de poco perdería prácticamente todo su valor. Estaban condenados y no eran conscientes. Un cuarto de la población me estaba mirando, pero creo que nunca me he sentido tan solo.

Vuelvo a casa un par de veces al año y veo a mis amigos, cada vez nos reunimos en restaurantes más baratos. Yo sigo sin blanca, pero ahora por lo menos me puedo permitir pagar mi parte. Seguimos sin hablar de propiedades inmobiliarias." (Press Europ, 24 noviembre 2010, citando a The Times Londres)

23.11.10

"Un centenar de personas nos han metido en el agujero. Literalmente, media docena de bancos, una docena de promotores y un puñado de políticos"

"Esta historia empieza a finales de los ochenta, con Irlanda metida en una crisis galopante. Y de repente, en apenas una década larga, uno de los países más pobres de Europa pasa a ser uno de los más ricos: el Tigre Celta crece una media del 6,5% entre 1990 y 2007.

Durante los primeros años de esa etapa Irlanda es un modelo de flexibilidad, capaz de atraer multinacionales y ganar competitividad: es el estilete del mejor capitalismo anglosajón, una fórmula que implica la liberalización de los mercados, la desregulación de la economía -sobre todo de la banca-, las privatizaciones, los bajos impuestos.

"Todo iba bien hasta que llegó el delirio", explica Philip Lane, economista del prestigioso Trinity College. A partir de 2002 los precios de la vivienda crecen sin control por la combinación de los bajísimos tipos de interés y la marea de dinero fresco que provoca el nacimiento del euro. Y la renta per cápita supera a la de Alemania.

Desde entonces, los irlandeses han tenido la peor combinación posible en el clima actual, una burbuja inmobiliaria y otra crediticia sobre la espalda de casi dos décadas de boom.

¿Suena familiar? Irlanda comparte cosas con España: edificios de pisos que se levantaban en medio de la nada, "la misma sensación de que la ley de la gravitación de la economía (todo lo que sube baja) había quedado sin efecto, la misma misteriosa aparición de los mismos BMW", escribe John Lanchester en su libro ¡Huy!

Con una diferencia: la versión irlandesa de la crisis es fruto de "una feroz desregulación financiera, con supervisores complacientes cuando los bancos se endeudaron demasiado para financiar una concentración de riesgo excesiva en la construcción", afirma Lane. El nuevo banquero central, Patrick Honohan, admite la "excesiva deferencia" del regulador hacia los bancos. La cólera de los irlandeses es comprensible.

"Un centenar de personas nos han metido en el agujero. Literalmente, media docena de bancos, una docena de promotores y un puñado de políticos son los responsables", explica el escritor Colm Toibin en un café del centro de Dublín. ¿Capitalismo de amiguetes? "Irlanda es una pequeña isla. El primer ministro, el jefe de la oposición y el ministro de Finanzas llegaron a la política heredando el escaño cuando murieron sus padres: capitalismo de clan", ataca Toibin.

Así llega Irlanda a esta encrucijada.(...)

Philip Legrain, de la London School of Economics, alerta de que Irlanda "no puede (y no debería) pagar la factura de sus bancos". "De lo contrario, hay un claro riesgo de crisis social (por los recortes y por el hecho de que muchas hipotecas superan ya el valor de los pisos) y de crisis política, por el pésimo manejo de la crisis, con el Gobierno a los pies de la banca". (El País, 21/11/2010, p. 32/3)

La bancarrota irlandesa... del ladrillo

"La crisis de la banca, colapsada tras prestar 420.000 millones de euros a constructores que no han podido devolver su dinero, tiene postrado al país. (...)

Las entidades irlandesas llegaron a facilitar en época de vacas gordas hasta el 28% del total de sus préstamos al sector inmobiliario. En tiempos de recesión, es el ciudadano de a pie el que está pagando las consecuencias: se estima que la crisis en el ámbito financiero encarna una carga para cada trabajador de 34.000 euros, mientras el vaticinio para el resto del año es que continúen las pérdidas debido al aumento sostenido de la morosidad y la drástica caída del precio de la vivienda. Todos aquellos que compraron un inmueble en los años recientes, han visto reducido su valor en un 40%." (El País, 20/11/2010, p. 22)

"El Gobierno irlandés ya ha inyectado 50.000 millones de capital a los bancos y asumido otras responsabilidades como la concesión de avales y compra de activos dañados por valor de otros 230.000 millones.

Además los bancos irlandeses pueden seguir abiertos gracias a la liquidez de 130.000 millones que les ha proporcionado el Banco Central Europeo, (BCE). Pero todavía harán falta más ayudas para evitar la quiebra financiera en la que se encuentra el país como resultado de la política ultraliberal del Gobierno de Dublín." (El País, 20/11/2010, p. 23)