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1.12.10
"Castigar al pueblo por los pecados de los banqueros es peor que un crimen; es un error"
Luego la burbuja estalló, y esos bancos tuvieron que hacer frente a unas pérdidas enormes. Se podría haber esperado que quienes prestaron dinero a los bancos compartiesen las pérdidas.
Después de todo, eran adultos que actuaban por propia voluntad y, si no eran capaces de comprender los riesgos que estaban asumiendo, eso no era culpa de nadie más que de ellos. Pero no, el Gobierno irlandés dio un paso al frente para garantizar la deuda de los bancos, con lo que convirtió las pérdidas privadas en obligaciones públicas.
Antes de la crisis bancaria, Irlanda tenía poca deuda pública. Pero con los contribuyentes metidos de repente en un lío por culpa de las gigantescas pérdidas de los bancos, al tiempo que los ingresos caían en picado, la solvencia del país se puso en tela de juicio. De modo que Irlanda intentó tranquilizar a los mercados con un estricto programa de recortes del gasto.
Párense un momento a pensar en ello. Se incurrió en esas deudas no para financiar programas públicos, sino a chanchulleros que solo buscaban su propio beneficio. Sin embargo, son los ciudadanos de a pie irlandeses los que ahora soportan la carga de esas deudas.
O, para ser más exactos, soportan una carga mucho mayor que la deuda; porque esos recortes del gasto han provocado una grave recesión, de manera que, además de asumir las deudas de los bancos, los irlandeses padecen el hundimiento de los ingresos y el paro elevado.
Pero no hay alternativa, afirma la gente seria: todo esto es necesario para recuperar la confianza.
Sin embargo, por extraño que parezca, la confianza no mejora. Por el contrario, los inversores se han dado cuenta de que todas esas medidas de austeridad están deprimiendo la economía irlandesa, y están huyendo de la deuda irlandesa a causa de esa debilidad económica.
¿Y ahora qué? El fin de semana pasado, Irlanda y sus vecinos improvisaron lo que en general se ha descrito como un "rescate".
Pero lo que realmente pasó fue que el Gobierno irlandés prometió infligir aún más dolor a cambio de una línea de crédito, una línea de crédito que supuestamente le dará más tiempo a Irlanda para, esto..., recuperar la confianza.
Esto no ha impresionado mucho a los mercados, lo cual es comprensible: los tipos de interés de los bonos irlandeses han subido todavía más.
¿Realmente tiene que ser así? (...)Pero Irlanda se encuentra ahora en su tercer año de austeridad y la confianza sigue disipándose. Y hay que preguntarse qué tiene que pasar para que la gente seria se dé cuenta de que castigar al pueblo por los pecados de los banqueros es peor que un crimen; es un error." (PAUL KRUGMAN: Comerse a los irlandeses. El País, Negocios, 28/11/2010, p. 24)
El capitalismo irlandés... de amiguetes
Los irlandeses empezaron a levantar viviendas unifamiliares y pisos en los lugares más insospechados. A comprar incluso en Bulgaria, en la Costa del Sol, en el sur de Francia y en el centro de Londres. Los bancos tenían el gatillo fácil: daban créditos por el 120% del valor de la vivienda, casi animaban el boom con todo tipo de ofertas. Los años noventa fueron los del Tigre Celta, pero con el nuevo siglo el tigre fue acumulando grasa.
Además, había todo tipo de relaciones sospechosas entre banqueros, políticos y constructores, y una increíble falta de regulación y supervisión, una versión detestable del capitalismo de amiguetes. "Ese tipo de cosas que nadie quiere ver cuando todo va bien, y que ahora parecen tan obvias", señala Philip Lane, destacado economista del Trinity College. (...)
Para Paul De Grauwe, tanto la defensa de sus bancos como esa austeridad son los dos fallos garrafales que han abocado al abismo a Irlanda. Las deudas de sus bancos han acabado convirtiéndose en endeudamiento público en un momento en el que el mercado no tolera dudas sobre la posición fiscal.
"Por el lado de la austeridad, Irlanda es un caso de libro que ilustra que es un error tratar de corregir un déficit público enorme durante una recesión: todo lo que se consigue es un círculo vicioso. Los mercados y la UE empujaron con demasiada rapidez a Irlanda a introducir su primer plan de austeridad.
El mismo error, por cierto, que se cometió en los años treinta del siglo pasado. Evidentemente, el plan no funcionó y llevó a la economía irlandesa a una espiral negativa de la que es muy complicado salir. Más aún con una segunda dosis de austeridad", dice De Grauwe." (El País, Negocios, 28/11/2010, p. 4/5)
25.11.10
Cómo sobreviví al boom irlandés
"El autor irlandés Julian Gough resistió durante los años del Tigre Celta viviendo del aire y poco más. Actualmente vive en Berlín, desde donde nos relata cómo se mantuvo escéptico (y sin blanca) mientras el resto del país enloquecía (y se arruinaba) por causa de una fiebre de obtención de bienes.
Durante los años del boom, en Irlanda, hacía falta poner mucho empeño para no hacer dinero. Yo lo logré convirtiéndome en autor de ficción impopular y mi media naranja lo consiguió convirtiéndose en artista. (...)
Pero a partir del 2000 el boom se convirtió en una burbuja inmobiliaria que hizo enloquecer a todo el mundo. The Irish Times acabó teniendo un suplemento inmobiliario más voluminoso que el propio periódico. Mis amigos empezaron a comprar casas cada vez más caras. La deuda se desbordó y los medios de comunicación lo llamaron “prosperidad”.
David McWilliams fue el único de los periodistas especializados en economía que analizó la situación con sensatez. El economista Morgan Kelly redactó un impresionante estudio en el que analizaba todas las burbujas inmobiliarias de la historia. Irlanda cumplía todos los requisitos al pie de la letra.
El país estaba tocado. Se lo mandé a todos mis amigos. Yo todavía vivía en el oeste, en Galway, mis amigos se habían mudado al meollo del Tigre Celta, a Dublín.
Pero hicieron oídos sordos. Dieron por hecho que el que se equivocaba era yo. Al fin y al cabo eran ellos los que se estaban haciendo cada vez más ricos mientras yo me hacía cada vez más pobre.
Si te atrevías a hablar de una burbuja mientras el resto del país estaba disfrutando del momento, las reacciones podían llegar a ser hasta violentas. Bertie Ahern, el primer ministro por aquel entonces, ofreció un discurso por televisión en el que atacaba a gente como Kelly y McWilliams por “mantenerse al margen, mordiéndose las uñas y quejándose… No entiendo cómo la gente que actúa así no acaba suicidándose”.
Al público le hizo gracia y aplaudió sus palabras.
Mientras tanto, nuestros amigos empezaron a tener hijos y tuvieron que mudarse a casas todavía más grandes. Pero se quedaron con la primera casa. Yo no salía de mi asombro. ¿No se supone que hay que cumplir las dos reglas de oro de la inversión: diversificar la cartera de inversiones y no especular nunca con dinero prestado?
Pero el consejo de los bancos irlandeses para las personas normales era que doblasen la apuesta metiéndose en dos hipotecas descomunales.
Llegados a este punto, el segundo tema de conversación más generalizado era el de las propiedades. La gente se iba de fin de semana a comprar apartamentos en Bulgaria. Los anuncios de la inmobiliaria local eran de apartamentos en Portugal.
Pero mis amigos no hablaban conmigo del tema, de la burbuja, de hecho se enfadaban cuando yo lo sacaba a colación… y eso que cada vez nos veíamos menos.
Te llegabas a sentir como un pasajero de tercera del Titanic que ha visto como el iceberg destroza el costado del buque y sube corriendo al salón de baile para avisar a los demás, que siguen bailando como si nada, y que encima obligan discretamente a salir de la sala.
Y es que, en esos momentos, en Irlanda si no eras propietario y no estabas ganando dinero eras un ciudadano de tercera. Los alquileres, los precios, el consumo de cocaína… todo burbujeaba.
Una noche, mi prometida y yo tuvimos una revelación en el hotel de Bono, mientras nuestros amigos pedían botellas de champán de mala calidad a 90 euros con total naturalidad, como cuando pedían pintas de cerveza.
Alguien dijo: “Bueno, luego lo pagamos todo a pachas”. Nuestras miradas se cruzaron como un relámpago.
Entre los dos teníamos 10 euros que pensábamos haber estirado durante toda la noche pidiendo un agua mineral cada uno. Íbamos atrasados en el pago del alquiler. Buscamos una excusa, les dimos los 10 euros y nos fuimos.
Irlanda se había convertido sin darse cuenta en un país de terratenientes, y nosotros sólo éramos arrendatarios.
Terminé mi extraña novela sobre la Irlanda moderna, en la que los malos eran un promotor inmobiliario y un ex primer ministro. No es difícil entender que nadie quisiese publicarla. ¡De hecho, el libro no tenía ningún sentido!
Los precios de las casas irlandesas se habían multiplicado por tres en la última década. Somos ricos y ya está, ha ganado Irlanda y es mejor que te estés calladito.
Poco tiempo después de que rechazasen mi libro nos quedamos sin dinero, nació nuestra hija y nos desahuciaron el día de Año Nuevo de 2006. La casera Tigre Celta era buena persona, pero había pedido una segunda hipoteca sobre la casa para comprar más propiedades.
No podía permitirse perder el alquiler, que ya de por sí no bastaba para pagar la hipoteca. Pero daba igual porque los precios de las viviendas seguirían subiendo por siempre jamás.
Todavía nos quedaban buenos amigos a pesar de que nunca les viésemos. Una pareja que trabajaba en la banca nos ofreció una casa en Dublín por la mitad de lo que hubiésemos tenido que pagar normalmente. Pero el boom siguió su curso y al poco tiempo tampoco pudimos permitirnos pagar la mitad de un alquiler irlandés.Una amiga de un amigo que vivía en Los Ángeles nos ofreció gratis su casa en un pueblecito de Francia. Llenamos dos mochilas con nuestras pertenencias (las más valiosas eran una olla y un portátil) y emigramos con Ryanair por 50 céntimos cada uno.
Conseguimos mantenernos a flote en Irlanda durante los años de pobreza y de paro, pero no sobrevivimos al boom. (...)
Un año más tarde gané el BBC National Short Story Award por una historia que aliaba al Fianna Fáil, el partido irlandés en el gobierno, con El mago de Oz. La gente pensó que era una comedia, me invitaron a aparecer en el talk show más importante de Irlanda. Una limusina nos recogió en el aeropuerto y nos llevó hasta un hotel de 5 estrellas recientemente inaugurado que se había construido gracias a las ventajas fiscales otorgadas a constructores que apoyaban al Fianna Fáil.
Durante la entrevista, cuando me preguntaron por qué me había ido de Irlanda, el pequeño país más rico de Europa, respondí con lo que acabo de contarles ahora. Y añadí que el boom inmobiliario no era real, que era como si una extraña religión se hubiese extendido por el país y sus practicantes se dedicasen a señalar casas diciendo: “¿ves esa casa? Pues vale cinco millones de euros”. Pero en realidad no los vale.
Entonces me di cuenta, en el frío silencio que se hizo en la sala, de que todos los que estaban allí habían comprado una casa y tenían intención de comprar otra. Habían hipotecado su casa para comprarles a sus hijos otra que dentro de poco perdería prácticamente todo su valor. Estaban condenados y no eran conscientes. Un cuarto de la población me estaba mirando, pero creo que nunca me he sentido tan solo.
Vuelvo a casa un par de veces al año y veo a mis amigos, cada vez nos reunimos en restaurantes más baratos. Yo sigo sin blanca, pero ahora por lo menos me puedo permitir pagar mi parte. Seguimos sin hablar de propiedades inmobiliarias." (Press Europ, 24 noviembre 2010, citando a The Times Londres)
23.11.10
"Un centenar de personas nos han metido en el agujero. Literalmente, media docena de bancos, una docena de promotores y un puñado de políticos"
Durante los primeros años de esa etapa Irlanda es un modelo de flexibilidad, capaz de atraer multinacionales y ganar competitividad: es el estilete del mejor capitalismo anglosajón, una fórmula que implica la liberalización de los mercados, la desregulación de la economía -sobre todo de la banca-, las privatizaciones, los bajos impuestos.
"Todo iba bien hasta que llegó el delirio", explica Philip Lane, economista del prestigioso Trinity College. A partir de 2002 los precios de la vivienda crecen sin control por la combinación de los bajísimos tipos de interés y la marea de dinero fresco que provoca el nacimiento del euro. Y la renta per cápita supera a la de Alemania.
Desde entonces, los irlandeses han tenido la peor combinación posible en el clima actual, una burbuja inmobiliaria y otra crediticia sobre la espalda de casi dos décadas de boom.
¿Suena familiar? Irlanda comparte cosas con España: edificios de pisos que se levantaban en medio de la nada, "la misma sensación de que la ley de la gravitación de la economía (todo lo que sube baja) había quedado sin efecto, la misma misteriosa aparición de los mismos BMW", escribe John Lanchester en su libro ¡Huy!
Con una diferencia: la versión irlandesa de la crisis es fruto de "una feroz desregulación financiera, con supervisores complacientes cuando los bancos se endeudaron demasiado para financiar una concentración de riesgo excesiva en la construcción", afirma Lane. El nuevo banquero central, Patrick Honohan, admite la "excesiva deferencia" del regulador hacia los bancos. La cólera de los irlandeses es comprensible.
"Un centenar de personas nos han metido en el agujero. Literalmente, media docena de bancos, una docena de promotores y un puñado de políticos son los responsables", explica el escritor Colm Toibin en un café del centro de Dublín. ¿Capitalismo de amiguetes? "Irlanda es una pequeña isla. El primer ministro, el jefe de la oposición y el ministro de Finanzas llegaron a la política heredando el escaño cuando murieron sus padres: capitalismo de clan", ataca Toibin.
Así llega Irlanda a esta encrucijada.(...)Philip Legrain, de la London School of Economics, alerta de que Irlanda "no puede (y no debería) pagar la factura de sus bancos". "De lo contrario, hay un claro riesgo de crisis social (por los recortes y por el hecho de que muchas hipotecas superan ya el valor de los pisos) y de crisis política, por el pésimo manejo de la crisis, con el Gobierno a los pies de la banca". (El País, 21/11/2010, p. 32/3)
La bancarrota irlandesa... del ladrillo
Las entidades irlandesas llegaron a facilitar en época de vacas gordas hasta el 28% del total de sus préstamos al sector inmobiliario. En tiempos de recesión, es el ciudadano de a pie el que está pagando las consecuencias: se estima que la crisis en el ámbito financiero encarna una carga para cada trabajador de 34.000 euros, mientras el vaticinio para el resto del año es que continúen las pérdidas debido al aumento sostenido de la morosidad y la drástica caída del precio de la vivienda. Todos aquellos que compraron un inmueble en los años recientes, han visto reducido su valor en un 40%." (El País, 20/11/2010, p. 22)
"El Gobierno irlandés ya ha inyectado 50.000 millones de capital a los bancos y asumido otras responsabilidades como la concesión de avales y compra de activos dañados por valor de otros 230.000 millones.
Además los bancos irlandeses pueden seguir abiertos gracias a la liquidez de 130.000 millones que les ha proporcionado el Banco Central Europeo, (BCE). Pero todavía harán falta más ayudas para evitar la quiebra financiera en la que se encuentra el país como resultado de la política ultraliberal del Gobierno de Dublín." (El País, 20/11/2010, p. 23)
