"Con la llegada del euro, los bajos tipos de interés y el crecimiento irlandés, el dinero empezó a fluir a raudales y se fue hinchando una burbuja inmobiliaria y crediticia impresionante: el ladrillo llegó a suponer una quinta parte del empleo y más del 15% del PIB. Los ingresos fiscales procedentes de la vivienda permitieron al Estado rebajar otras figuras impositivas y pagar elevados sueldos en el sector público.
Los irlandeses empezaron a levantar viviendas unifamiliares y pisos en los lugares más insospechados. A comprar incluso en Bulgaria, en la Costa del Sol, en el sur de Francia y en el centro de Londres. Los bancos tenían el gatillo fácil: daban créditos por el 120% del valor de la vivienda, casi animaban el boom con todo tipo de ofertas. Los años noventa fueron los del Tigre Celta, pero con el nuevo siglo el tigre fue acumulando grasa.
Además, había todo tipo de relaciones sospechosas entre banqueros, políticos y constructores, y una increíble falta de regulación y supervisión, una versión detestable del capitalismo de amiguetes. "Ese tipo de cosas que nadie quiere ver cuando todo va bien, y que ahora parecen tan obvias", señala Philip Lane, destacado economista del Trinity College. (...)
Para Paul De Grauwe, tanto la defensa de sus bancos como esa austeridad son los dos fallos garrafales que han abocado al abismo a Irlanda. Las deudas de sus bancos han acabado convirtiéndose en endeudamiento público en un momento en el que el mercado no tolera dudas sobre la posición fiscal.
"Por el lado de la austeridad, Irlanda es un caso de libro que ilustra que es un error tratar de corregir un déficit público enorme durante una recesión: todo lo que se consigue es un círculo vicioso. Los mercados y la UE empujaron con demasiada rapidez a Irlanda a introducir su primer plan de austeridad.
El mismo error, por cierto, que se cometió en los años treinta del siglo pasado. Evidentemente, el plan no funcionó y llevó a la economía irlandesa a una espiral negativa de la que es muy complicado salir. Más aún con una segunda dosis de austeridad", dice De Grauwe." (El País, Negocios, 28/11/2010, p. 4/5)
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