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28.6.26

Gustavo Petro: Mi gobierno termina el 6 de agosto a las doce de la noche... ese día Colombía tendrá los mayores niveles de ocupación del siglo y con el mayor número de empresas privadas de la historia... tendrá 5 millones menos de pobres y dos millones menos de pobres extremos... hemos realizado una buena reforma agraria y disminuido el número de hectáreas de hoja de coca... crecemos económicamente a 3,4%, elevamos la cobertura de educación superior en toda la juventud al 60%, y desplomamos el hambre y tenemos la cuarta parte de la mortalidad infantil por desnutrición de la que recibimos, bajamos las tasas de mortalidad infantil a un dígito,y también la materna y la perinatal... Les devolvemos una Colombia con más vida que como la recibimos.

Gustavo Petro @petrogustavo

Mi gobierno termina el 6 de agosto a las doce de la noche Cuando recibí el gobierno de Duque, José Manuel Restrepo era su ministro de Hacienda. Más o menos es como si les devolviera el gobierno, dirán, ahí les dejamos gobernar un poquito. 

Les devuelvo la casa, pero no está simplemente pintada, el 6 de agosto esa casa tendrá 5 millones menos de pobres y dos millones menos de pobres extremos. Tendrá los mayores niveles de ocupación del siglo y con el mayor número de empresas privadas de la historia, hemos realizado una buena reforma agraria y disminuido el número de hectáreas de hoja de Coca, en la última medición mensual crecemos económicamente a 3,4%, elevamos la cobertura de educación superior en toda la juventud al 60%, y desplomamos el hambre y tenemos la cuarta parte de la mortalidad infantil por desnutrición de la que recibimos, bajamos las tasas de mortalidad infantil a un dígito,y también la materna y la perinatal. 

Les devolvemos una casa con más vida que como la recibimos. Creo que los colombianos viven hoy mejor que como estaban cuando recibimos el gobierno. 

José Manuel Restrepo, no lo dirá, verá como lo que recibe es mejor que lo que dejó. Ahora vuelve a gobernar, espero que la Colombia que entreguen tenga más vida y bienestar que la que yo entrego. Ahí tienen su casa.

4:33 a. m. · 28 jun. 2026 ·2 M Visualizaciones

19.6.26

La gestión económica de Gustavo Petro en Colombia ha sido muy positiva... la cantidad de empleo creado ha sido récord... al mismo tiempo que el salario mínimo se elevaba notablemente para mejorar la capacidad económica de las rentas más bajas... al mismo tiempo que se reducía la informalidad en el mercado laboral... Se han incrementado las partidas presupuestarias en educación, salud, pensiones, inversión, transferencias a trabajadores y defensa. Aunque la evolución de la inflación ha reducido su efecto real, ha seguido siendo positivo, especialmente en inversión... El sistema impositivo es ahora más justo (las rentas más altas pagan más por ganancias de capital y dividendos, patrimonio y rentas del trabajo), y también se orienta más hacia la salud pública (por impuestos a las bebidas azucaradas y a los alimentos ultraprocesados)... Como consecuencia, tanto la pobreza monetaria como la pobreza extrema han caído ininterrumpidamente durante todo el gobierno de Petro, y a mayor velocidad que durante gobiernos anteriores... Los indicadores de confianza de consumidores y empresas nunca habían sido tan positivos en la historia reciente de Colombia (Eduardo Garzón)

Eduardo Garzón ‪@edugaresp.bsky.social‬

Los datos demuestran que la gestión económica de Gustavo Petro en Colombia ha sido bastante positiva. Crecimiento económico, creación de empleo, aumento de salarios, menor informalidad, menor pobreza, más Estado social, más justicia fiscal... Vamos a verlos uno por uno

 El PIB real (descontando la inflación) de Colombia no sólo ha crecido durante el gobierno de Petro, sino que lo ha hecho cada vez más, y todo ello a pesar de que el banco central subió mucho (más que otros) los tipos de interés para combatir la inflación pospandémica

 La cantidad de empleo creado ha sido récord: durante ningún otro gobierno de Colombia se han creado tantos puestos de trabajo como con el de Petro. En consecuencia, la tasa de desempleo ha ido cayendo constantemente, registrando su nivel más bajo desde el año 2001.

 Esto ha ocurrido al mismo tiempo que el salario mínimo se elevaba notablemente para mejorar la capacidad económica de las rentas más bajas.

 Y también ha ocurrido al mismo tiempo que se reducía la informalidad en el mercado laboral, de forma que mucha gente que trabajaba en la economía sumergida pasaba a tener un contrato regulado y con derechos laborales.

 Se han incrementado las partidas presupuestarias en educación, salud, pensiones, inversión, transferencias a trabajadores y defensa. Aunque la evolución de la inflación ha reducido su efecto real, ha seguido siendo positivo, especialmente en inversión.

 El sistema impositivo es ahora más justo (las rentas más altas pagan más por ganancias de capital y dividendos, patrimonio y rentas del trabajo), y también se orienta más hacia la salud pública (por impuestos a las bebidas azucaradas y a los alimentos ultraprocesados)

 Como consecuencia de todo lo anterior, tanto la pobreza monetaria como la pobreza extrema han caído ininterrumpidamente durante todo el gobierno de Petro, y a mayor velocidad que durante gobiernos anteriores.

 Además, el modelo productivo se ha reorientado ligeramente desde el sistema primario-exportador que le ha caracterizado siempre a un sistema de servicios, especialmente turísticos.

 Los indicadores de confianza de consumidores y empresas nunca habían sido tan positivos en la historia reciente de Colombia. Los hogares colombianos valoran muy positivamente tanto la evolución de su economía particular como la de la economía del país.

 Por eso la valoración de Petro no ha hecho más que mejorar, alcanzando actualmente una aprobación del 50,3%, siendo mayor incluso en la gestión económica: 53,8%

 En conclusión: aunque el gobierno de Petro ha enfrentando importantes obstáculos como la inflación pospandémica, el aumento de los tipos de interés por parte del banco central y algunas limitaciones jurídicas a ciertas reformas, el balance económico es claramente positivo.

 Amplío toda esta información en vídeo: https://www.youtube.com/watch?v=igwIDWQOYYM

8:45 · 19 jun 2026 11 republicaciones 32 me gusta 2 guardados

4.6.26

El informe preliminar de nuestra misión de observación electoral en Colombia confirma que las preocupaciones sobre la falta de transparencia de varios sistemas electrónicos, que intervienen en la organización del proceso electoral, son legítimas y las compartimos. Nuestros temores sobre la opacidad de los mecanismos de transmisión de resultados se ven reforzados por la experiencia de nuestra misión anterior en Honduras, donde observamos cómo un sistema similar, operado por la misma empresa privada presente hoy en Colombia, terminó desempeñando un papel central en un fraude electoral (Christian Rodriguez, COHESIA)

Christian Rodriguez@ChrisRodrigAl

 Aquí el informe preliminar (en español y francés) de nuestra misión de observación electoral en Colombia. Las preocupaciones sobre la falta de transparencia de varios sistemas electrónicos que intervienen en la organización del proceso electoral son legítimas y las compartimos. 

Nuestros temores sobre la opacidad de los mecanismos de transmisión de resultados se ven reforzados por la experiencia de nuestra misión anterior en Honduras, donde observamos cómo un sistema similar, operado por la misma empresa privada presente hoy en Colombia, terminó desempeñando un papel central en un fraude electoral.

 Nuestra misión recuerda que la calidad democrática de una elección no depende únicamente de su organización material. No podemos permanecer neutrales ante la banalización de discursos que justifican la violencia política, promueven la eliminación física de ciudadanos o presentan a una parte de la sociedad colombiana como un enemigo a exterminar. Deseamos que la segunda vuelta se desarrolle en condiciones de mayor pluralismo informativo, transparencia y debate democrático, donde la confrontación de proyectos políticos sustituya a las amenazas, al odio y a los llamados a la violencia. 

Sin lugar a dudas, la actual democracia colombiana ha realizado importantes esfuerzos para sustituir la violencia por la disputa pacífica de proyectos políticos. Ninguna candidatura, independientemente de su resultado electoral, debería contribuir a normalizar discursos incompatibles con esa noble meta. Paz para Colombia.

 https://centro-cohesia.com/es/actualidades-del-centro/informes-del-observatorio-electoral-es/informe-1-elecciones-presidenciales-de-colombia-2026/

7:25 p. m. · 2 jun. 2026·146,5 mil Visualizaciones

5.1.26

Presidente de Colombia Gustavo Petro: ‘Deje de calumniarme, señor Trump; así no se amenaza a un presidente latinoamericano... Así no se amenaza a un presidente latinoamericano surgido de la lucha armada y después de la lucha por la Paz del pueblo de Colombia. Yo fuí de la organización clandestina que luchó por la democracia en Colombia contra la dictadura civil del "Estado de Sitio"... Yo fuí del M19 que hizo la primera paz en la América Latina contemporánea... A nosotros nos asesinaron decenas de miles de compañeros y compañeras de la lucha armada y popular por la democracia y no fuimos a pedirles a ustedes invasiones, aguantamos y ganamos en la Paz... Hablé contra el genocidio en Gaza, ¡cómo me hubiera gustado acompañarlo para hacer la paz en Gaza! Quizás si en vez de ir a capturar a un presidente latinoamericano con controles pequeños sobre el petroleo porque ustedes bloqueraron el petroleo y condenaron al hambre y desencadenaron el éxodo que llegó a su propio país, lo hubiera acompañado a capturar a Netanyahu, genocida... Por lo que dije, usted se tomó la soberbia de castigar mi opinión, mis palabras en contra del genocidio palestino. Su castigo es tratarme falsamente de narcotraficante y de tener fábricas de cocaína, yo no tengo carro, ni haciendas en el exterior, mi casa aún la pago al banco con mi salario... Yo aprendí a no ser esclavo y rechazo sus frases asignándonos unilateralmente como campo de su dominio, nosotros, los latinoamericanos somos republicanos e independientes y muchos, revolucionarios... No vea narcotraficantes dónde solo hay genuinos guerreros por la Democracia y la Libertad... No sé si Maduro es bueno o malo, ni siquiera si es narcotraficante; en los archivos de la justicia colombiana, después de medio siglo de lidiar con las mafias más grandes de la cocaína, no aparecen los nombres de Nicolás Maduro ni de Cilia Flores. Quienes han llegado a denunciar son generales de la oposición venezolana, nada más, buscando derribar el voto popular

Gustavo Petro @petrogustavo

No sé si Maduro es bueno o malo, ni siquiera si es narcotraficante; en los archivos de la justicia colombiana, después de medio siglo de lidiar con las mafias más grandes de la cocaína, no aparecen los nombres de Nicolás Maduro ni de Cilia Flores. Quienes han llegado a denunciar son generales de la oposición venezolana, nada más,buscando derribar el voto popular. 

El poder judicial en Colombia no me pertenece, es independiente a mi y lo maneja en gran parte mi oposición. 

Si se quiere saber de la mafia y de las cosas de la mercantilización de la cocaína solo hay que ver los archivos judiciales de Colombia. 

Por eso rechazo profundamente que Trump hable sin conocer; mi nombre en 50 años no aparece en los archivos judiciales sobre narcotráfico ni de antes ni del presente. Deje de calumniarme señor Trump. Así no se amenaza a un presidente latinoamericano surgido de la lucha armada y después de la lucha por la Paz del pueblo de Colombia. 

Yo fuí de la organización clandestina que luchó por la democracia en Colombia contra la dictadura civil del "Estado de Sitio"., la organización que en 1974, mucho antes de Chávez, realizó la operación para levantar de nuevo la espada de Bolívar quien dijo que jamás la envainaría sino cuando acabase la injusticia en la Gran Colombia. Yo fuí del M19 que hizo la primera paz en la América Latina contemporánea 

No lee la historia de Colombia y por eso falla cuando nos critica. Sólo debe reunirse con sus oficiales expertos en investigación sobre drogas en Colombia a los que he ayudado con mis propias investigaciones como senador de la República de la Izquierda de Colombia y de su pueblo, que ha sufrido el genocidio del narco y sus aliados políticos que también son aliados de la extrema derecha norteamericana 

A nosotros nos asesinaron decenas de miles de compañeros y compañeras de la lucha armada y popular por la democracia y no fuimos a pedirles a ustedes invasiones, aguantamos y ganamos en la Paz Yo nunca he quemado una bandera de los EEUU porque he leído la historia de las luchas populares y obreras de los EEUU a través de los libros de Zinn en español. Y por eso honro el pueblo norteamericano obrero, al pueblo negro e indígena, a los jóvenes soldados que con los soviéticos, derrotaron a Hitler 

Y por eso me atreví a hablar en una calle de Nueva York frente al edificio de las Naciones Unidas y bajo la ley de los EEUU que cobija la opinión de los que asisten a la Asamblea de las Naciones Unidas para poder hablar en libertad. Hablé contra el genocidio en Gaza, ¡cómo me hubiera gustado acompañarlo para hacer la paz en Gaza! donde los palestinos me quieren y quizás si en vez de ir a capturar a un presidente latinoamericano con controles pequeños sobre el petroleo porque ustedes bloqueraron el petroleo y condenaron al hambre y desencadenaron el éxodo que llegó a su propio país, lo hubiera acompañado a capturar a Netanyahu, genocida 

Por lo que dije, usted se tomó la soberbia de castigar mi opinión, mis palabras en contra del genocidio palestino. Su castigo es tratarme falsamente de narcotraficante y de tener fábricas de cocaína, yo no tengo carro, ni haciendas en el exterior, mi casa aún la pago al banco con mi salario. Es injusto y yo lucho contra las injusticias. 

Soy amigo de mucha gente en EEUU que me para en las calles, me rodean con sus brazos.

 Por eso respeto la historia que surgió con Washington y Bolívar juntos, se regalaron cosas, eran libertadores más que esclavistas Yo aprendí a no ser esclavo y rechazo sus frases asignándonos unilateralmente como campo de su dominio, nosotros, los latinoamericanos somos republicanos e independientes y muchos, revolucionarios. No crea que Latinoamérica es solo un nido de criminales envenenadores de su pueblo, respétenos y lea nuestra historia.que data de hace 30.000 años en toda América, yo leo la historia de ustedes para entenderlos. No vea narcotraficantes dónde solo hay genuinos guerreros por la Democracia y la Libertad

 https://x.com/JuanPoe/status/2007860978076250398/video/1

Última edición1:54 a. m. · 5 ene. 2026 1,2 M Visualizaciones

11.8.25

“Uribe trató de legalizar las mafias narcoparamilitares en Colombia”... Uribe fue un firme aliado de Estados Unidos que gobernó Colombia de 2002 a 2010. Durante su presidencia hubo miles de ejecuciones extrajudiciales de civiles, y creó un grupo paramilitar en su hacienda, el llamado bloque Metro (senador Iván Cepeda)

 "El expresidente de Colombia Álvaro Uribe ha sido condenado a 12 años de arresto domiciliario tras ser declarado culpable de soborno a testigos y fraude procesal. Uribe fue condenado por sobornar a miembros encarcelados de grupos paramilitares para que cambiaran testimonios que lo perjudicaban y que exponían los vínculos de Uribe con grupos paramilitares de derecha respaldados por Estados Unidos. Uribe fue un firme aliado de Estados Unidos que gobernó Colombia de 2002 a 2010. Durante su presidencia hubo miles de ejecuciones extrajudiciales de civiles, que luego fueron identificados intencionalmente como combatientes rebeldes en lo que se conoció como el escándalo de los “falsos positivos”. Las ejecuciones tuvieron lugar entre 2004 y 2008, cuando el ejército colombiano, respaldado por Estados Unidos, intensificó su represión contra las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC.

“Uribe es un hombre supremamente poderoso, es el líder más reconocido de la extrema derecha colombiana, que intentó imponer en el año 2002 un modelo de sociedad en el cual las mafias narcoparamilitares se legalizaran y ejercieran un dominio”, dice el senador y activista por los derechos humanos Iván Cepeda, quien encabezó los esfuerzos para investigar los vínculos de Uribe con los paramilitares.

Transcripción

AMY GOODMAN: Esto es Democracy Now!, democracynow.org, el informativo de guerra y paz, soy Amy Goodman, con Juan González.

Hoy hablamos de Colombia, donde el expresidente Álvaro Uribe ha sido condenado a 12 años de arresto domiciliario tras ser declarado culpable de soborno a testigos y fraude procesal. Uribe fue condenado por sobornar a miembros encarcelados de grupos paramilitares para que cambiaran testimonios que lo perjudicaban y que exponían los vínculos de Uribe con grupos paramilitares de derecha respaldados por Estados Unidos.

Uribe fue un firme aliado de Estados Unidos que gobernó Colombia de 2002 a 2010. Durante su presidencia hubo miles de ejecuciones extrajudiciales de civiles, que luego fueron identificados intencionalmente como combatientes rebeldes en lo que se conoció como el escándalo de los “falsos positivos”. Las ejecuciones tuvieron lugar entre 2004 y 2008, cuando el ejército colombiano, respaldado por Estados Unidos, intensificó su represión contra las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC.

Para más información nos acompaña desde Bogotá, la capital colombiana, el senador de izquierda Iván Cepeda, quien encabezó los esfuerzos para investigar los vínculos de Uribe con los paramilitares. El padre de Iván Cepeda, el líder político de izquierda Manuel Cepeda, fue asesinado en 1994.

Es un honor tenerlo con nosotros, Iván Cepeda, ¿puede hablar sobre la importancia de lo que le acaba de suceder a Uribe, su condena y sentencia, y lo que significa para una audiencia global?

IVÁN CEPEDA: Bueno, gracias a Amy Goodman, a Juan González y a Democracy Now. Yo creo que tiene dos grandes significados, este hecho judicial que se ha producido el pasado 28 de julio. El primero es que no había ocurrido en Colombia que un ex jefe de Estado o jefe de Estado en ejercicio fuera juzgado y menos, por supuesto, condenado.

Y en segundo lugar, que se trata de un hombre supremamente poderoso. Es el líder más reconocido de la extrema derecha colombiana. Y yo diría que un líder muy visible de la extrema derecha en el continente y que intentó imponer en el año 2002 un modelo de sociedad en el cual las mafias narcoparamilitares se legalizaran y ejercieran un dominio.

JUAN GONZÁLEZ: ¿Nos puede dar detalles de la evidencia en contra de Uribe y su conexión personal al caso?

IVÁN CEPEDA: En el año 2011, cuando yo pasé de ser miembro de una organización de derechos humanos a congresista defensor de derechos humanos, dos paramilitares entregaron declaraciones en las cárceles que decían que Uribe había fundado un grupo paramilitar en una de sus grandes haciendas. Hice un debate en el Congreso sobre ese asunto y Uribe creó un aparato criminal en el que más de 20 falsos testigos intentaron engañar a la justicia. Esos falsos testigos eran paramilitares o narcotraficantes.

JUAN GONZÁLEZ: Uribe lo acusó de difamación en el 2012. ¿Nos puede explicar un poco qué pasó ahí?

IVÁN CEPEDA: Sí, Uribe intentó decir que las declaraciones de los paramilitares eran una calumnia y que yo había intentado sobornarlos a través de ofrecimientos de dineros y de ayuda jurídica para que ellos testificaran en contra de él y de su hermano Santiago. Luego de la investigación que hizo la Corte Suprema de Justicia en el año 2018, la corte demostró que yo no había incurrido en ningún delito y que, por el contrario, había razones para investigar a Uribe y se invirtieron entonces los lugares. Uribe pasó a ser el investigado en 2018 y yo pasé a ser la víctima.

JUAN GONZÁLEZ: ¿Nos puede hablar de otras investigaciones en contra de Uribe, especialmente cuando él era gobernador de Antioquia, en los 90, en 1997, y una masacre de campesinos [a manos] de los paramilitares?

IVÁN CEPEDA: Sí, Uribe tiene múltiples investigaciones, pero aquellas de la década de 1990, cuando él era gobernador de Antioquia, son básicamente tres grandes investigaciones. Una es por el asesinato del defensor de derechos humanos Jesús María Valle, que fue asesinado por sus denuncias en materia de violaciones que se estaban cometiendo bajo el Gobierno departamental de Uribe.

En segundo lugar, las masacres de El Aro y La Granja, que fueron masacres que perpetraron los grupos paramilitares.

Y la tercera situación es la creación de este grupo paramilitar en su hacienda, el llamado bloque Metro. Esas tres investigaciones ahora forman un solo caso y van a tener seguramente un impulso a raíz de esta decisión que se ha tomado en mi caso, puesto que lo que estaba intentando Uribe era ocultar su responsabilidad presunta en esos hechos que se estaban investigando de paramilitarismo.

AMY GOODMAN: Senador Cepeda, usted está sentado en su despacho, y detrás de usted hay un letrero que dice 6.402. ¿Puede explicar qué significa ese número? ¿Y podría contarnos también lo que le pasó a su padre, el líder político de izquierda Manuel Cepeda?

IVÁN CEPEDA: Bueno, esa cifra es la que han establecido las autoridades judiciales que fueron las víctimas de los mal llamados “falsos positivos” bajo los dos gobiernos de Uribe. Se presume que son muchas más, pero por ahora la Justicia habla de 6.402 víctimas, jóvenes que fueron asesinados por miembros de Fuerza Pública y presentados como si fueran terroristas o guerrilleros ante la opinión pública.

Y con relación a mi padre, mi padre fue asesinado ya hace más de 30 años y hoy en día, luego de una decisión de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, el Estado ha reconocido que fueron militares los responsables del asesinato de mi padre en una operación conjunta con paramilitares. El Estado colombiano ha pedido perdón y hay algunos de los responsables, sobre todo materiales, que han ido a la cárcel.

AMY GOODMAN: Quería preguntarle sobre el papel de Estados Unidos a lo largo de estas décadas con el apoyo a lo que se conoce como el Plan Colombia, y ahora con el Secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, quien denunció el juicio contra Uribe y escribió en las redes sociales: “El único delito de Uribe ha sido luchar y defender incansablemente su patria. El uso del poder judicial de Colombia como un arma política por parte de jueces radicales ha sentado un precedente preocupante”. Esto casi me hace pensar que se podrían imponer más aranceles a Colombia para liberar [a Uribe] de su arresto domiciliario. ¿Puede comentar sobre el papel de Estados Unidos a lo largo de estos años, senador Cepeda?

IVÁN CEPEDA: Bueno, sobre los años del Plan Colombia, está claramente establecido que, durante la vigencia de ese plan, Colombia vivió su peor época de violación masiva de derechos humanos. Las peores cifras, cifras realmente enormes de desplazamiento forzado, desapariciones, ejecuciones extrajudiciales y crecimiento del paramilitarismo se dieron exactamente en los años en que se suponía que esta ayuda que estaba dando el Gobierno de Estados Unidos iba a contribuir a superar la violencia en Colombia.

Y con relación a las declaraciones del secretario Marco Rubio, yo quiero simplemente suscribir lo que ha dicho el representante a la Cámara, el demócrata Jim McGovern: es una declaración vergonzosa porque implica una intromisión grosera en la soberanía de nuestro país a través de una acusación temeraria contra todo el Poder Judicial y contra una juez que ha actuado en el ejercicio del Estado de derecho para condenar, por razones claramente jurídicas, a un exmandatario que es un ciudadano como cualquier otro. Así que, como lo hizo ayer el presidente Petro, exigimos que se respete nuestra soberanía como nación.

JUAN GONZÁLEZ: Ya son casi diez años desde que el Gobierno de Colombia llegó a un acuerdo de paz con las FARC, el grupo guerrillero más grande de Colombia, de los muchos que había en el país en los últimos 60 años. ¿Cuál es el estado hoy en día de la violencia política en Colombia? ¿Los sindicatos laborales y organizaciones de derechos humanos están libres para operar en el país?

IVÁN CEPEDA: El proceso de paz y el acuerdo de paz de 2016 significó un avance histórico en Colombia. Hubo efectivamente una reducción significativa de la violencia y en algunas partes del país se logró llegar a una situación mejor en materia de derechos humanos, pero lamentablemente esto no significa que se haya acabado la violencia. Hay todavía grupos guerrilleros, hay organizaciones del narcotráfico, redes paramilitares que siguen operando y en ese sentido el problema del narcotráfico sigue siendo un problema esencial en Colombia, que requiere una solución distinta a la que se ha planteado.

Y por último, diría que este Gobierno, el Gobierno actual, el Gobierno del presidente Petro, tiene unos recursos muy importantes con relación a un descenso enorme en materia de violaciones de derechos humanos, las fuerzas militares en estos años han registrado que los hechos violatorios de derechos humanos han decrecido significativamente y en algunos casos casi que desaparecido.

JUAN GONZÁLEZ: Quisiera preguntarle en términos del Gobierno presente del presidente Petro y la posición de su Gobierno en términos de la guerra de Israel en contra de los palestinos, y especialmente del genocidio en Gaza. Su presidente ha sido uno de los que han condenado de forma más firme a Israel. ¿Nos puede hablar de cuál ha sido la reacción tanto de otros Gobiernos en América Latina como en el resto del mundo a la posición de Colombia?

IVÁN CEPEDA: El presidente Petro, para orgullo nuestro, ha cumplido un rol de líder internacional en este campo. No solamente antes de que comenzara esta fase, esta última fase del genocidio contra el pueblo palestino, hizo propuestas para una conferencia internacional para que se resolviera el problema entre Israel y Palestina por la vía pacífica, sino que cuando comenzó esta fase del ataque más criminal, obviamente la acción de Hamás, pero sobre todo este genocidio del pueblo palestino por parte del Gobierno israelí, el presidente Petro asumió una posición vertical, de ruptura de relaciones con ese Gobierno, de búsqueda de justicia y de detener inmediatamente el genocidio contra el pueblo palestino. Hay voces en América Latina y el concierto internacional que han acompañado esa posición, pero es evidente que, frente a un hecho tan grave que afecta a la humanidad, la respuesta tiene que ser una respuesta mucho más clara y decidida por parte de la comunidad internacional en Europa, en Estados Unidos, en Canadá, en fin, en otras partes del planeta en la cual la reacción ha sido, hay que decirlo, débil por parte de los Gobiernos.

AMY GOODMAN: Senador Iván Cepeda, queremos darle las gracias por acompañarnos. Defensor de los derechos humanos, se comunicó desde Bogotá, la capital de Colombia. El padre de Iván Cepeda, el líder político de izquierda Manuel Cepeda, fue asesinado en 1994.

(Entrevista a Iván Cepeda, Amy Goodman, Juan González, Democracy Now, 07/08/25)

27.1.25

Petro y la primera gran confrontación contra Trump... El presidente colombiano Gustavo Petro rechaza el aterrizaje de dos vuelos militares con migrantes deportados hacia Bogotá y accede finalmente a traerlos en su avión presidencial... Trump se adjudica la victoria en el conflicto migratorio y arancelario con Colombia. la Casa Blanca dijo que Colombia aceptó recibir a los migrantes deportados y levantó la amenaza de nuevos gravámenes

 "Todo comenzó poco antes de la 4 de la madrugada del domingo con una publicación del presidente de Colombia, Gustavo Petro, en su cuenta de X: “Desautorizo la entrada de aviones norteamericanos con migrantes colombianos a nuestro territorio. EEUU debe establecer un protocolo de tratamiento digno a los migrantes antes que los recibamos nosotros”.

El mensaje, tan solo seis días después de la toma de posesión del nuevo presidente estadounidense, Donald Trump, suponía el primer frente diplomático abierto entre los dos Gobiernos. También la primera muestra frontal de rechazo contra la política de deportaciones masivas de Washington por un líder internacional.

Unas horas más tarde, el mandatario de la primera potencia mundial contestó con un puñetazo sobre la mesa y, a través de Truth, su propia red social, detalló una serie de sanciones económicas contra el país suramericano.

Además de los aranceles del 25% y el bloqueo en la expedición de visados por parte de la embajada estadounidense en Bogotá, también anunció que revocará a partir del lunes el visado para los funcionarios colombianos y prohíbe a los miembros del Ejecutivo, aliados, familiares y afines viajar a Estados Unidos.

La noticia fue recibida en Colombia con aprehensión. Fue la primera toma de contacto con el tono bronco de Trump, quien aseguró que un “gran número de delincuentes ilegales” iba a bordo de los dos vuelos. Y que la orden de impedir su aterrizaje fue del “presidente socialista” de Colombia, que ya “es muy impopular entre su pueblo”.

El secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, defendió la tesis de que los aviones habían recibido la autorización para aterrizar en Bogotá. No obstante, en pleno vuelo, el Gobierno colombiano denegó el permiso: “Como lo demuestran las acciones de hoy, somos inquebrantables en nuestro compromiso de poner fin a la inmigración ilegal y reforzar la seguridad fronteriza de Estados Unidos”, afirmó Rubio.

La versión de fuentes próximas a la Cancillería colombiana señalan que Petro decidió cambiar de planes cuando se enteró de que se trataba de una aeronave militar y que los ciudadanos deportados venían esposados.

El pasado viernes, de hecho, el país había recibido como un jarro de agua helada la noticia de la orden ejecutiva estadounidense de cerrar casi la totalidad del grifo de ayuda exterior. Una medida que afecta a la cooperación internacional mientras Washington evalúa sus nuevas prioridades.

En el caso colombiano, por ejemplo, quedan en vilo fondos millonarios destinados a la lucha contra el narcotráfico. O gestionar la crisis humanitaria venezolana. U otros programas sociales destinados a proteger a defensores amenazados de derechos humanos. O rematar los acuerdos de paz firmados entre el Estado y la guerrilla de las FARC en La Habana (2016).

Un comunicado publicado el domingo por el Gobierno colombiano informó de que el presidente ha dispuesto el avión presidencial para “facilitar el retorno digno de los connacionales que iban a llegar hoy al país en horas de la mañana”. A lo largo de la tarde se sucedieron también mensajes en X del mandatario colombiano, que terminó respondiendo a las sanciones comerciales unilaterales de Trump con la orden al Ministro de Comercio Exterior de elevar los aranceles de importaciones desde los Estados Unidos un 25%.

Estados Unidos es el mayor socio comercial de Colombia. Los dos países mantienen un Tratado de Libre Comercio desde 2006. Y buena parte del precio de la cesta básica colombiana depende de la cotización del dólar. En el caso de los Estados Unidos, se verían afectados los precios del café, las flores y el petróleo, los tres grandes productos importados desde el país sudamericano. Por eso, los analistas ya prevén una semana agitada en las casas de cambio.

“Es perjudicial, que los presidentes de Estado manejen la política exterior a través de mensajes de X”, afirma el veterano diplomático colombiano Julio Londoño Paredes, quien también recuerda que las medidas de Donald Trump afectan, para empezar, a ciudadanos con intereses económicos, académicos, turísticos o de salud. Por eso, subraya que los mayores perjudicados serán los colombianos que siguen los requisitos diplomáticos para visitar Estados Unidos: “Con esto no está solucionando la crisis de los indocumentados que atraviesan el tapón del Darién en la frontera con Panamá. Estas sanciones perjudican a todo el país. Y deja a Colombia casi al mismo nivel que Venezuela”.

El experto en política internacional Enrique Prieto-Ríos recuerda que durante el cuatrienio de la administración de Joe Biden los vuelos para deportaciones desde Estados Unidos llegaron a 15.000: “Colombia, por su posición geográfica, se ha convertido en un aliado estratégico para Washington. Es un país clave en la lucha contra las drogas y en su papel en la crisis migratoria. Quizás por eso Petro ha adoptado una posición inusualmente beligerante con énfasis en el respeto a la soberanía y al respeto entre países”. De cualquier forma, recuerda Prieto-Ríos, el poderío de la mayor potencia mundial constituye un elemento clave para hallar una salida a la crisis."                  ( Camilo Sánchez , eldiario.es, 27/01/25)


"Trump se adjudica la victoria en el conflicto migratorio y arancelario con Colombia. Horas después de amenazar con aranceles punitivos, la Casa Blanca dijo que Colombia aceptó recibir a los migrantes deportados y levantó la amenaza de nuevos gravámenes.

 La Casa Blanca dijo a última hora del domingo que el Gobierno de Colombia ha aceptado tomar vuelos de deportación de migrantes del país, horas después de que el presidente Donald Trump amenazara con aranceles y restricciones de visados.

Los migrantes serán devueltos a Colombia en aviones militares «sin limitaciones ni demoras», dijo la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, en un comunicado.

La declaración de victoria de la Casa Blanca a última hora de la noche pone fin a un tumultuoso día de amenazas lanzadas de un lado a otro entre los dos líderes de los países en las redes sociales. El enfrentamiento, a menos de una semana del inicio del segundo mandato de Trump, anticipó uno de los principales retos a los que se enfrentará en la aplicación de su arrolladora agenda de inmigración, mientras trabaja para aumentar el número de deportaciones.

La Casa Blanca dijo que los aranceles y sanciones de emergencia con los que Trump amenazó a primera hora del día estaban completamente redactados y se mantendrán -pero no se firmarán- a menos que Colombia no mantenga el acuerdo. Las sanciones de visado impuestas por el Departamento de Estado, así como el aumento de las inspecciones de Aduanas y Protección Fronteriza, se mantendrán hasta que el primer avión de migrantes colombianos sea devuelto.

«Los acontecimientos de hoy dejan claro al mundo que Estados Unidos vuelve a ser respetado. El presidente Trump continuará protegiendo ferozmente la soberanía de nuestra nación, y espera que todas las demás naciones del mundo cooperen plenamente para aceptar la deportación de sus ciudadanos presentes ilegalmente en Estados Unidos», dijo Leavitt.

 El presidente colombiano, Gustavo Petro, retuiteó la declaración del secretario de prensa en X.

La disputa comenzó después de que Petro rechazara dos aviones militares estadounidenses llenos de migrantes colombianos detenidos, pidiendo un «retorno digno» de los deportados no «esposados y en naves militares». Trump respondió rápidamente con un post en X, diciendo que estaba golpeando al país con un arancel de emergencia del 25 por ciento sobre todos los bienes importados de Colombia, restricciones de visado, una prohibición de viajar, inspecciones reforzadas de la patrulla fronteriza y sanciones financieras."

( Myah Ward , POLITICO, 26/01/25, traducción DEEPL, enlaces en el original)

12.10.24

Para mí, el líder político más distinguido del mundo es Gustavo Petro, Presidente de Colombia... mientras Petro hablaba del punto de no retorno del colapso ecológico, sus enemigos políticos pensaban en otro punto de no retorno: acabar con su mandato presidencial mediante un golpe de Estado institucional, del tipo de los que derrocaron o inhabilitaron a otros presidentes progresistas en América Latina (Manuel Zelaya, Fernando Lugo, Dilma Rousseff y Lula da Silva, Evo Morales, Rafael Correa)... a la lawfare o guerra jurídica que ahora comienza, le seguirá la mediafare o guerra informativa, por la necesidad de acallar una voz que estaba ganando demasiada credibilidad ante demasiada gente. Una voz y un mensaje que el capitalismo ha entendido mejor que nadie: la propuesta de Petro implica el fin del capitalismo y del neocolonialismo... Si el pueblo colombiano se levanta en apoyo a Petro, el golpe fracasará (Boaventura de Sousa Santos)

 "(...) Para mí, el líder político más distinguido del mundo es Gustavo Petro, Presidente de Colombia. Conozco al Presidente Petro desde hace muchos años, pero tengo que decir que me sorprendió cuando leí su primer discurso en la primera Asamblea General de la ONU a la que asistió. Era la primera vez que oía al presidente de un país hablar con tanta competencia técnica y convicción política sobre el gran problema tabú de nuestro tiempo: la probabilidad de la sexta extinción, la extinción de la especie humana debido a la catástrofe ecológica que se avecina. Demostró claramente que si no dejamos de consumir gas, petróleo y carbón, la humanidad corre el riesgo de extinguirse.

Podemos imaginar la amenaza que esto supone para todos los intereses económicos, políticos y financieros y para los poderes que los representan. Este es el tema más radicalmente vetado por las fuerzas políticas internacionales que controlan la agenda política mundial (y por tanto la de la ONU) sobre el cambio climático y su rosario de COPs periódicas e inútiles. Es el tema que por excelencia va más allá de las libertades autorizadas porque desafía el (des)orden capitalista y neocolonialista dominante. Fue uno de los discursos más importantes pronunciados en el gran auditorio de la ONU desde su fundación.

A partir de ese momento, sentí que Petro era un político marcado por los poderes dominantes del mundo, un blanco a abatir. Le dieron un poco más de tiempo, esperando que su discurso fuera una manifestación fugaz, una vanidad pasajera de un político nuevo en la escena internacional con ganas de hacerse un nombre. Lo cierto es que Gustavo Petro ha mantenido el mismo discurso en todas las reuniones internacionales a las que ha asistido, y lo ha hecho cada vez con mayor habilidad y vehemencia. Como consecuencia, ha tenido algunos momentos de fricción con algunos de sus aliados continentales más importantes, en particular con Lula da Silva.

Su más reciente e incisivo discurso tuvo lugar el 27 de septiembre en el congreso organizado por la corte constitucional en la ciudad de Manizales. Es un discurso antológico. Cito un paso especialmente importante:

“En la reunión de Davos (Suiza) de hace dos años, donde me invitaron la gente que llegaba allí, que dicen ser los ricos del mundo, súper ricos, le llaman ahora, billonarios, con ‘b’ larga, por la enorme cantidad de dinero que han acumulado, expresaban en sus propias palabras que la humanidad estaba viviendo una pluricrisis, fue el nombre que se inventó: la pluricrisis. Varias crisis al mismo tiempo.

Recién pasábamos el covid, la enfermedad, existía en ese momento, como lo sufrimos aquí en Colombia, una escasez alimentaria que llevó a un crecimiento del hambre en todo el mundo por el precio de los insumos y de los alimentos mismos a escala mundial, originó la inflación en Colombia en el traspaso del gobierno, vivíamos la guerra que comenzaba Ucrania, vivíamos el colapso climático, lo vivimos aún, lo colocaban como una más de las crisis y el estancamiento económico. Las cinco crisis que dilucidaron en medio de su club social, que a través de medios de comunicación se expresan como ideas de la gente que más ha acumulado capital en el mundo hacia la humanidad.

Cinco crisis al mismo tiempo que, en mi opinión, están relacionadas y que ameritan un análisis pormenorizado de cada una de ellas, que no podríamos ahora, sino el por qué están interrelacionadas, ¿Por qué la guerra? ¿Por qué el hambre? ¿Por qué la pobreza y la desigualdad social que conlleva? ¿Por qué el estancamiento económico? Se correlacionan con el colapso climático que ya no llamo crisis.

Colapso climático

Ha cambiado el nombre, porque hace unos años se llamaba el cambio climático, no daba la noción de lo que significaba un simple cambio de clima que cualquier colombiano experimenta en un día, simplemente yéndose de viaje en su propio país, hacia el concepto de crisis climática mucho más descriptivo de lo que pasa.

Pero, a partir del comienzo de la quema de la selva amazónica en este mes, el concepto hay que desplazarlo de crisis a colapso, porque la quema de la selva amazónica, en la ciencia, es uno de los puntos de no retorno, concepto que ellos han construido, que nunca debimos haber alcanzado y ya lo estamos viviendo.

Este tema no lo pone en discusión la política, no es en el debate político, ni derechas ni izquierdas, que aparece el problema del colapso climático en la discusión humana.

Lo pone la ciencia y cuando la ciencia es la que inicia un debate es porque en realidad la política y los sistemas de ideas alrededor de la política, de la discusión política, se han quedado atrás completamente, han sido desfasadas. Yo le agregaría a la política la economía, mi profesión, porque es la economía la que genera la crisis o el colapso climático.

Y esto, digamos, es el punto central de este tema, no es como en las pasadas cinco extinciones de la vida en el planeta, que llevamos cinco, todas por razones climáticas, todas. Algún tipo de especie se salva y sobre esa se reproduce el siguiente ciclo vital hasta que llega un nuevo choque climático, desaparece y algo hace que aparezca una nueva especie, un nuevo sistema vital. Ha cambiado cinco y está la sexta vez en el planeta Tierra”.

Mientras el presidente Petro hablaba del punto de no retorno del colapso ecológico, sus enemigos políticos pensaban en otro punto de no retorno: acabar con su mandato presidencial mediante un golpe de Estado institucional, del tipo de los que derrocaron o inhabilitaron a otros presidentes progresistas en América Latina a partir de 2009: Manuel Zelaya en Honduras (2009), Fernando Lugo en Paraguay (2012), Dilma Rousseff (2016) y Lula da Silva en Brasil (2018), Evo Morales en Bolivia (2019), Rafael Correa en Ecuador (2020). Poco más de una semana después del discurso de Gustavo Petro en Manizales, el Consejo Nacional Electoral acusó al presidente Petro de fraude en la financiación de su campaña electoral de 2022, una acusación que podría llevar a la pérdida de su mandato presidencial por parte de la Camara de Representantes.

Hay muchas razones nacionales para esta movilización de los enemigos políticos de Petro, pero que no quepa duda de que a la lawfare o guerra jurídica que ahora comienza (o se manifiesta porque se viene anunciando desde hace tiempo) le seguirá la mediafare o guerra informativa y que la repercusión internacional que se le dará obedece a la necesidad de acallar una voz que estaba ganando demasiada credibilidad ante demasiada gente. Una voz y un mensaje que el capitalismo ha entendido mejor que nadie: la propuesta de Petro implica el fin del capitalismo y del neocolonialismo tal y como los conocemos hoy.

El capital internacional tiene una notable experiencia histórica en saber cómo engañar y dividir a la izquierda, y lo hará en este caso. Pero la experiencia histórica también nos demuestra que es mucho más difícil engañar al pueblo. Y en este caso, el pueblo colombiano conoce por experiencia propia, en sus comunidades, en sus bosques, en sus ríos, las consecuencias catastróficas de las que habla Petro. Si el pueblo colombiano se levanta en apoyo a Petro, el golpe fracasará. ¡No Pasarán!"

( Boaventura de Sousa Santos, Universidad de Coímbra (Portugal). Profesor distinguido de la Universidad de Wisconsin-Madison (EE.UU.). Other News, 11/10/24)

24.9.24

Intento de golpe de Estado en Colombia... Entre tramas mafiosas e intereses económicos, la estabilidad de Colombia vuelve a estar en la cuerda floja... hay similitudes con el golpe en Honduras contra el presidente Manuel Zelaya, derrocado por un golpe militar en 2009. Zelaya, que intentaba promover reformas a favor de las clases más pobres, fue destituido bajo la acusación de haber intentado cambiar la Constitución... La destitución de Zelaya es un precedente significativo porque muestra cómo los intentos de golpe de Estado no se limitan necesariamente a las intervenciones militares tradicionales (Giulio Chinappi)

 "El presidente colombiano, Gustavo Petro, ha denunciado un inminente golpe de Estado, con inquietantes similitudes con los escenarios de desestabilización de Venezuela y Honduras. Entre tramas mafiosas e intereses económicos, la estabilidad de Colombia vuelve a estar en la cuerda floja.

América Latina atraviesa en los últimos años una nueva fase de creciente inestabilidad política, alimentada por tensiones sociales y económicas y conflictos de intereses entre distintos sectores de poder, con una evidente injerencia de fuerzas extranjeras. Colombia, Venezuela y Honduras son tres ejemplos emblemáticos de esta situación, con intentos de golpe de estado, intentos de desestabilización y amenazas a las instituciones democráticas emergiendo como temas centrales en el panorama regional. Tras abordar las cuestiones de Venezuela y Honduras, donde los gobiernos progresistas han sido objeto de intentos de desestabilización, en este artículo nos centraremos en los últimos acontecimientos en la situación colombiana.

 En Colombia, el presidente progresista Gustavo Petro denunció recientemente un intento de golpe de Estado orquestado por sectores económicos y políticos históricamente vinculados al poder económico del país. Petro, el primer presidente de izquierdas de la historia colombiana, puso de relieve cómo el Consejo Electoral (CE) está poniendo en marcha una estrategia para suspenderle del cargo e impedir cualquier proceso de transformación a favor de las clases históricamente desfavorecidas.

La denuncia de Petro llamó la atención no sólo en Colombia, sino en toda la región. El presidente dijo que la CE está investigando supuestas irregularidades en la financiación de su campaña, lo que interpretó como un pretexto para sacarlo del poder. Estas acusaciones se enmarcan en un contexto más amplio de feroz oposición a las reformas sociales y políticas que Petro ha intentado introducir, como la reforma agraria y la reforma sanitaria, ambas fuertemente contestadas por los sectores más conservadores del país, liderados por la derecha que ha gobernado durante décadas con el apoyo de Estados Unidos.

 Petro también hizo hincapié en la implicación del crimen organizado en los intentos de desestabilización, afirmando que se necesitaban importantes sumas de dinero para financiar estos esfuerzos. En particular, el presidente expresó su preocupación por un posible atentado contra su vida, de acuerdo con la información recibida de la Agencia Antidroga de Estados Unidos (DEA) sobre un plan para asesinarlo.

La situación en Colombia recuerda en muchos aspectos a los recientes acontecimientos en Venezuela, donde el presidente Nicolás Maduro ha denunciado repetidamente intentos de golpe de Estado apoyados por fuerzas externas e internas. También en Venezuela, las tensiones entre el Gobierno y la oposición han dado lugar a episodios de violencia política, intentos de derrocamiento y continuas injerencias extranjeras.

Un ejemplo emblemático fue el intento de golpe de Estado de 2019, cuando Juan Guaidó, líder de la oposición, se autoproclamó presidente interino con el apoyo de varios países occidentales, entre ellos Estados Unidos. Maduro, sin embargo, siempre ha logrado mantener el control del país, gracias en parte al apoyo de las Fuerzas Armadas e importantes sectores de la sociedad civil venezolana.

 Por ello, las acusaciones de Petro de que se prepara un golpe de Estado en su contra resuenan de forma preocupante, sobre todo teniendo en cuenta las similitudes con lo ocurrido con Maduro. Ambos presidentes representan gobiernos de izquierda, ambos han propuesto reformas radicales y ambiciosas, y ambos han enfrentado una fuerte oposición de las élites tradicionales y sectores conservadores.

Otro caso relevante, como se mencionó anteriormente, es el de Honduras, donde el presidente Manuel Zelaya fue derrocado en un golpe militar en 2009. Zelaya, que intentaba promover reformas a favor de las clases más pobres, fue destituido bajo la acusación de haber intentado cambiar la Constitución para prolongar su mandato presidencial. Este episodio marcó el inicio de un periodo de inestabilidad política y social en el país centroamericano, con un creciente control de las fuerzas conservadoras sobre el gobierno, al menos hasta la reciente victoria electoral de Xiomara Castro, esposa de Zelaya.

La destitución de Zelaya es un precedente significativo porque muestra cómo los intentos de golpe de Estado no se limitan necesariamente a las intervenciones militares tradicionales (al estilo Pinochet, para entendernos). En el caso de Zelaya, fueron las instituciones jurídicas y políticas del país las que orquestaron su destitución, una táctica que ahora parece utilizarse también en Colombia, donde Petro ha denunciado que un órgano del Estado, el Consejo Electoral, está supuestamente intentando deslegitimar su gobierno a través de un proceso judicial y político.

Otro aspecto en común entre Colombia, Venezuela y Honduras (pero podríamos alargar la lista añadiendo otros países de la región) es el papel de fuerzas externas e intereses económicos en los intentos de desestabilización. En los tres países, los gobiernos progresistas han denunciado la influencia de potencias extranjeras, en particular de Estados Unidos, en el apoyo a la oposición y en el intento de bloquear las reformas sociales y económicas.

En el caso de Petro, indicó que hay sectores empresariales y criminales que están financiando los intentos de desestabilización. Estos grupos, según Petro, ven sus políticas como una amenaza a sus intereses económicos y están dispuestos a utilizar todos los medios a su alcance, incluida la violencia, para frenar su gobierno.

También en este aspecto la situación es similar a lo ocurrido en Venezuela, donde Maduro denunció la implicación de potencias extranjeras, en particular Estados Unidos, en el apoyo a intentos golpistas en su contra. Lo mismo ocurre en Honduras, donde los intereses económicos y políticos vinculados a las élites tradicionales desempeñaron un papel central en el derrocamiento de Zelaya y en los nuevos intentos de desestabilizar el gobierno de Xiomara Castro.

A la luz del artículo, podemos decir que Colombia, Venezuela y Honduras representan tres ejemplos de cómo la democracia en América Latina está siendo presionada por fuerzas internas y externas que buscan mantener el status quo. Los gobiernos progresistas de Petro, Maduro y la pareja Zelaya-Castro han intentado implementar reformas a favor de las clases más desfavorecidas, desafiando los intereses de las élites económicas y políticas que han dominado la región durante décadas.

Sin embargo, estas experiencias demuestran lo difícil que es lograr cambios significativos en un contexto de fuerte oposición interna y externa. Los intentos de golpe de Estado, ya sean de naturaleza militar, política o económica, suponen una amenaza real para la estabilidad y la continuidad democrática de estos países."                (Giulio Chinappi , Marx21, 24/09/24)

13.9.24

Golpe blando en Colombia contra Petro... El golpe se lleva a cabo desde tres frentes: el mediático, el jurídico y el sabotaje a medicamentos y carburantes, con paros de los camioneros como en el Chile de 1973 previo al golpe de Pinochet... El objetivo es crear odio y miedo hacia Petro y todo lo que le rodea, incluida su hija de 14 años que tuvo que salir del país por el reiterado acoso recibido por gente contratada para ello. El ataque también es jurídico, de nuevo contra el presidente, su familia, el Ejecutivo, los partidos de Gobierno y contra las reformas que se están llevando a cabo, como la reforma pensional, que ya suma 120 demandas en las Cortes. “Buscan el desgaste físico y moral del gobierno”... Advierten del peligro añadido de que la ultraderecha fascista está armada

 "El gobierno de Gustavo Petro de Colombia está sufriendo un brutal golpe blando. Así lo han explicado el secretario nacional de Organización del Partido Comunista Colombiano (PCC), Jorge Gómez, y su director administrativo y financiero, Jefferson Corredor, en un encuentro mantenido con Mundo Obrero en Madrid. El golpe se lleva a cabo desde tres frentes: el mediático, el jurídico y el sabotaje a medicamentos y carburantes, con paros de los camioneros como en el Chile de 1973 previo al golpe de Pinochet. La situación ha llegado a un punto en el que el Partido Comunista Colombiano se ha declarado en estado de alerta.

“Estamos viviendo la mayor ofensiva mediática que nadie haya soportado en este país” dijo el secretario nacional del PCC, una ofensiva “descomunal” contra Petro, su familia, el gabinete de Gobierno, el Pacto Histórico y los partidos que lo forman. Emplean muchas calumnias y las características utilizadas por los ideólogos del fascismo y toda la ofensiva mediática se hace desde un cerco en el que destacan el Grupo Prisa Caracol. El objetivo es crear odio y miedo hacia Petro y todo lo que le rodea, incluida su hija de 14 años que tuvo que salir del país por el reiterado acoso recibido por gente contratada para ello.

El ataque también es jurídico, de nuevo contra el presidente, su familia, el Ejecutivo, los partidos de Gobierno y contra las reformas que se están llevando a cabo, como la reforma pensional, que ya suma 120 demandas en las Cortes. “Buscan el desgaste físico y moral del gobierno”, resumió Jorge Gómez.

Los dirigentes colombianos advirtieron de la organización de un proyecto de ultraderecha fascista y de la necesidad de permanecer unidos para hacer frente a esa derecha que defiende los intereses de clase de los terratenientes y empresarios. La oligarquía tiene un largo historial de violencia y asesinatos en el país —que dejó más de 9.000 muertos en el partido comunista— a los que hay que sumar decenas de miles de desplazamientos y la estigmatización de la militancia. Advierten del peligro añadido de que la ultraderecha fascista está armada.

Esa amenaza se suma al miedo a la pertenencia que generó la guerra sucia en Colombia. Miedo sobre todo a la pertenencia al Partido Comunista. Hay razones fundadas: en lo que va de año ya han sido asesinados 700 líderes y lideresas de movimientos sociales y acción comunal.

La unión vuelve a ser la única solución no sólo para mantener el gobierno y la apertura democrática sino para plantar resistencia al golpe blando y a la ofensiva fascista. También para asegurar la supervivencia vital. Y esa unión tiene que articular el movimiento popular y el Pacto Histórico. En este sentido, este fin de semana se celebrará un gran encuentro para organizar la Coordinadora Nacional por el Cambio, un proyecto político que vaya más allá de lo electoral.

Los miembros del Buró del PCC contaron que en la izquierda es fácil dividirse, que lo difícil es unirse y trabajar una política de frente amplio. El Partido Comunista Colombiano trabaja en esa línea y lo hace desde unos principios claros: no disolver el Partido, aunque están dispuestos a entregar la personalidad jurídica; trabajar con un acuerdo programático y con la participación de los movimientos sociales; un funcionamiento absolutamente democrático y sin caudillismos; listas paritarias cremallera y una financiación muy clara. Todo para posibilitar un Pacto Histórico fuerte que lidere un frente amplio. “El gobierno es un escenario en disputa contra el Neoliberalismo, contra la corrupción y contra las viejas formas de hacer política” y ahí hay que ir unidos.

El encuentro sirvió para profundizar en la colaboración entre los periódicos de ambos partidos comunistas, Voz y Mundo Obrero, a la hora de dar a conocer las realidades de la situación política y social de cada país, y reforzar la lucha ideológica contra el neoliberalismo y el imperialismo."                    (MundoObrero, 13/09/24)

28.9.22

El discurso de Gustavo Petro en la Asamblea General de la ONU en Nueva York, ha sido calificado de lírico, poético, crudo, agresivo, explosivo, retador y hasta cruel... Petro habló como un psicoanalista del “sur global” que le muestra al “norte desarrollado” un camino ecológico para superar su “soledad narcotizada” por el consumismo suicida... Aunque se asumió como vocero de los colombianos y defensor de la Amazonía, en su catilinaria incluyó a los estadounidenses que mueren por sobredosis, a las comunidades negras (“afros”) que son discriminados y encarcelados, a los migrantes que son rechazados y/o expulsados, y a muchos otros sectores de la población global. Habló como humanidad y para la humanidad... Petro sorprende afuera y adentro, y de alguna manera se enfrenta a los paradigmas existentes. Recién empieza a gobernar pero en menos de 6 semanas se ha hecho sentir

 "En ocasión del discurso de Gustavo Petro en la Asamblea General de la ONU  en Nueva York, que muchas personas han calificado de lírico, poético, crudo, agresivo, explosivo, retador y hasta cruel, planteo algunos aspectos de su accionar político. No se trata de justificar o idealizar sino de ubicar lo “diferente” o “nuevo” con respecto a otras experiencias de América Latina.

Petro se expresó como una víctima o como el representante de las víctimas de un modelo económico injusto, depredador e irracional. Usó el tema de la coca y la cocaína, de la guerra contra las drogas y de la lucha contra el cambio climático para plantear una crítica profunda y sentida al capitalismo. Aunque se asumió como vocero de los colombianos y defensor de la Amazonía, en su catilinaria incluyó a los estadounidenses que mueren por sobredosis, a las comunidades negras (“afros”) que son discriminados y encarcelados, a los migrantes que son rechazados y/o expulsados, y a muchos otros sectores de la población global. Habló como humanidad y para la humanidad. 

De alguna manera su discurso incluyó a los poderosos porque ellos no pueden superar su adicción a las ganancias, al poder y al dinero. Petro habló como un psicoanalista del “sur global” que le muestra al “norte desarrollado” un camino ecológico para superar su “soledad narcotizada” por el consumismo suicida. Petro con su beligerante discurso hizo avergonzar al mundo. Desnudó la hipocresía existente. Denunció la “adicción a la ganancia” como la madre de todas las adicciones que lleva a toda la humanidad hacia su extinción. Se enfrentó –siendo presidente de una nación- a la lógica de muerte del gran Capital sin caer en la trampa del alineamiento internacional.

Lo interesante del proceso político que impulsa Petro es que actúa a varios niveles y con cierto eclecticismo y flexibilidad. Él mismo ha dicho que su proceso es “una búsqueda”. En lo interno, dirige un gobierno (su equipo de ministros y colaboradores) con mucho sentido práctico y poca ortodoxia. Petro no oculta la variada composición social y política de su gobierno (“alianza inter-clasista”), la hace evidente y la convierte en una ventaja tanto a nivel interno como externo. 

Paralelamente, se mueve en otros terrenos de la administración y de la vida del país apoyándose en otros funcionarios (y organizaciones) más cercanos a su idea, como es el caso del comisionado de paz y otros personajes que promueven la participación de la gente en diversos niveles y escenarios. Impulsa actualmente los “diálogos regionales vinculantes” adaptando su temática y participación a las necesidades de la gente en amplios territorios. Así mismo, se apoya en la “coalición multipartidista” para aprobar leyes y propuestas en el Congreso sin tener que “tensionar mucho la pita”. Ha nombrado en cargos importantes a gente experimentada con enfoques relativamente tradicionales, pero también permite y estimula que dirigentes surgidos de movimientos sociales o de la academia se prueben y aprendan en el campo de la gestión del Estado.

Igualmente, Petro ha empezado a moverse en varios niveles en el campo internacional. Desarrolla relaciones bilaterales; promueve la comunidad andina; construye alianzas ambientales; tiene como eje a América Latina pero no pierde de vista lo que ocurre en el mundo. Es crítico del capitalismo pero sabe que tiene que “actuar dentro de él”. Es consciente que no puede enfrentarse con el gobierno de los EE.UU. porque fácilmente lo pueden aislar. Tampoco puede hacerlo frente al BM o al FMI, dado que debe relacionarse con ellos. Por ello, es capaz de rechazar las guerras (todas) y no se alinea con ningún bloque o potencia. Y todo ello, le permite tomar decisiones que ningún gobierno progresista o de izquierda de “línea dura” se atrevería a asumir, como aprobar de entrada una reforma tributaria o incrementar los precios de los combustibles para enfrentar la grave situación fiscal que heredó del anterior gobierno. 

Petro es el primer gobernante progresista de la región que parece actuar con una visión sistémica, compleja y “no lineal”. De esa manera, los pueblos y los trabajadores pueden apoyarse en él sin que ello implique delegar toda la acción social y política en su liderazgo. Él mismo ha pedido que los movimientos y organizaciones sociales mantengan su autonomía. Tampoco se ha propuesto construir una organización política tradicional (“partido”), porque sabe que hasta allí llegaría “su búsqueda”. Es consciente que ese tipo de organización cae con facilidad en prácticas burocráticas y verticales que debilitan los procesos reales y anulan las relaciones creativas entre dirigentes y militantes de diversos grupos y movimientos. Todo indica que le interesa construir una “corriente de pensamiento” que sirva de referente para la acción social y política. 

En ese sentido, Petro combina el aprendizaje de lo vivido en países vecinos o que han tenido “procesos progresistas” (Bolivia, Ecuador, Brasil, México, España, Grecia, etc.) con el estudio teórico de diferentes autores clásicos y actuales. Y le apuesta a desarrollar su propia experiencia. 

Es por todas esas particularidades que Petro todavía no es interpretado por las izquierdas que colocan como tarea central el enfrentamiento con el gobierno de los EE.UU. Los más radicales “ambientalistas” tampoco lo entienden porque Petro ha planteado la necesidad de desarrollar el capitalismo, así tenga en mente una variante que combina un “nuevo tipo de industrialización” con la superación de la matriz energética dependiente de combustibles fósiles. Y menos es comprendido por los sectores más extremos de derechas e izquierdas que tienen esquemas preconcebidos y no saben cómo reaccionar frente a esa variedad y multiplicidad de enfoques y conductas.  

Así y todo, el discurso de Petro en la ONU llamó la atención. Su “búsqueda” se abre nuevos espacios, avanza en nuevos terrenos y aprende (y enseña) sobre la marcha. Petro sorprende afuera y adentro, y de alguna manera se enfrenta a los paradigmas existentes. Recién empieza a gobernar pero en menos de seis (6) semanas se ha hecho sentir."             (Fernando DoradoRebelión, 26/09/2022)

7.8.22

Gustavo Petro puede ser el presidente que prometió ser como candidato

 "No es lo mismo ser candidato que ser presidente. Así parece entenderlo Gustavo Petro, quien ganó las elecciones presidenciales de Colombia el pasado 19 de junio, y quien ha tenido que ir aterrizando sus propuestas de campaña y los compromisos que adquirió con sus más de 11 millones de electores.

Colombia vive un momento de esperanza e ilusión por el cambio que ha ofrecido el primer presidente de izquierda de su historia. Desde su elección, el futuro presidente ha logrado construir mayorías holgadas en el Congreso y se ha podido deslindar de la ideología extrema de izquierda. Sin embargo, sus propuestas son tan radicales que, aun bajo esta situación, le será muy difícil cumplir lo prometido.

En su discurso del triunfo, el presidente electo declaró: “Vamos a desarrollar el capitalismo en Colombia. No porque lo adoremos". Esto encara plenamente al fantasma que siempre ha perseguido a Petro: el de su supuesta cercanía a las ideas castrochavistas. Y para que no quedaran dudas, nombró a un economista ortodoxo, el profesor de la Universidad de Columbia, José Antonio Ocampo, como ministro de Hacienda.

La paz, la justicia social y un manejo industrial y extractivo que tenga pleno respeto por el medio ambiente fueron los mantras de Petro durante la campaña electoral. En esos temas también ha dado algunos pasos. El primero fue el 28 de junio, cuando acudió a la ceremonia de entrega del informe final Hay futuro si hay verdad presentado por la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad. Esta investigación ha sido duramente criticada por la derecha, la cual asegura que no es equilibrada en la forma como plantea los hechos acontecidos durante 60 años de conflicto armado en Colombia. Pero tal parece que eso no le preocupa mucho al presidente electo, quien anunció durante la ceremonia que su gobierno acatará las recomendaciones sugeridas por el informe para garantizar la construcción de una paz estable y duradera.

Después, con el nombramiento de su ministro de Relaciones Exteriores, el gran adalid de la paz Álvaro Leyva Durán, rubricó esa voluntad. Además, le delegó al nuevo canciller planificar la reanudación inmediata de las relaciones diplomáticas y comerciales con Venezuela, rotas desde que el actual presidente Iván Duque reconoció a Juan Guaidó como presidente interino del país vecino.

Aunque estos han sido primeros pasos bastante sólidos, el mejor de sus avances ha sido mirar más allá de la violencia endémica o de los graves problemas de desigualdad social y económicos que vienen desde que, en los años 50 del siglo pasado, comenzó la verdadera industrialización del país. Sin embargo, será un reto adicional tratar de revertir la forma en que el presidente Duque y sus coequiperos del gobierno, que van de salida, han aprovechado hasta el último minuto para hacer contratos billonarios —comprometiendo vigencias futuras del presupuesto nacional— y dejar a sus cercanos en juntas directivas, notarías y cargos diplomáticos. Y lo que es más grave de todo, una estela de corrupción que ha causado gran indignación.

Todos estos problemas quedaron evidenciados en el informe del empalme entre el gobierno que sale y el que entra. Según los delegados de Petro, el gobierno de Duque raspó la olla del erario público y dejó desfinanciados programas sociales tan importantes como Ingreso Solidario, que actualmente beneficia a cuatro millones de ciudadanos en situación de pobreza extrema, que dejarán de recibir un subsidio cada dos meses equivalente a unos 90 dólares por hogar. Así, aunque las intenciones sean las mejores, será muy difícil tratar de trabajar con el cambio social prometido sin los recursos necesarios para desarrollar los programas.

Con su toma de posesión el próximo 7 de agosto, entrará en vigor un gran acuerdo nacional con la mayoría de las fuerzas políticas del país, que será la pista de arranque para cumplir lo prometido durante su campaña.

Simultáneamente, reactivará el proceso de paz con las extintas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), que Duque puso en el congelador durante cuatro años y presentará al Congreso un proyecto de reforma tributaria para poner en cintura a los más ricos del país, que disfrutan de exenciones millonarias de impuestos.

Y para tratar de aprovechar la gobernabilidad de la que goza, con una holgada mayoría tanto en Cámara como en Senado de 70%, deberá actuar rápido frente a otro tema polémico: el paso de la Policía —actualmente adscrita al Ministerio de Defensa— a una nueva cartera, la de Convivencia y Paz. Porque sabe que las alianzas son sólidas, pero no incondicionales, lo cual abre posibilidades de que afloren las primeras contradicciones políticas. Sin embargo, se da por descontado que el enfoque de sus primeras propuestas de cambio será respaldado por esas mayorías.

Otro tema que pondrá en juego a la coalición tiene que ver con las negociaciones con todos los actores de la guerra interna que vive Colombia, un entramado de procesos que ha bautizado como “Paz total”, y que incluye a la guerrilla de izquierda Ejército de Liberación Nacional, así como a paramilitares, narcotraficantes y a los dos grupos de disidencias de las FARC que se marginaron del acuerdo de 2016. Negociar, por ejemplo, con quienes han asesinado a 36 policías este año en un infame “Plan Pistola” está causando escozor, incluso entre algunos de quienes apoyan al nuevo gobierno. No será fácil convencerlos de apoyar esta iniciativa de pacificación.

Si Petro no logra avanzar con rapidez en el primer año de gobierno, se encontrará con tropiezos, pues la campaña para elecciones territoriales —alcaldías, gobernaciones, diputados regionales y concejales— coincidirá con su segundo año, y ya se sabe que la clase política no conoce de lealtades cuando de ganar el poder local se trata. Y son tantos los cambios sociales que ha prometido, que será riesgoso dejar para un mediano plazo temas como la reforma a la salud, la renegociación del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, la creación de entidades para manejar la compra de las cosechas y el manejo de semillas, y la creación de condiciones para atacar de raíz el problema de los cultivos ilícitos, que tanto ha afectado a los territorios. Si el nuevo presidente no logra mantener las mayorías a su favor pasada la luna de miel las calles podrían, de nuevo, convertirse en escenarios de confrontación social debido a la frustración popular ante la imposibilidad de ver cumplidas sus promesas.

Este domingo 7 de agosto, con una celebración multitudinaria que congregará a más de 200,000 personas en el centro de Bogotá, Gustavo Petro recibirá la anhelada banda presidencial y comenzará a dirigir las grandes reformas estructurales y éticas que ofreció al país. El centro y la izquierda gobernarán a Colombia por primera vez en más de 200 años de vida republicana y del éxito de Petro dependerá la posibilidad de encontrar un sendero de paz y progreso para esta atribulada nación."

(Olga Behar es periodista, politóloga y escritora colombiana. Por más de 30 años ha investigado el conflicto armado y político de Colombia. Revista de Prensa, 04/08/22; fuente: The Washington Post)

22.6.22

La izquierda democrática latinoamericana se ha convertido en abanderada de los valores democráticos y constitucionales... que la gente tenga mayores oportunidades de empleo, que exista un sistema de salud asequible a las mayorías, que los jóvenes puedan acceder a la universidad pública sin tener que hipotecar el patrimonio de sus familias, que los trabajadores puedan gozar de una pensión digna, que se respete el derecho a las diferencias culturales y personales, que todos podamos respirar y disfrutar de un medio ambiente sano , razón por la que hoy recibe el apoyo social de las mayorías, frente a la derecha neoliberal que asume el papel “anti-sistema”, destruyendo las instituciones públicas y desvirtuando la función universal del Estado... Lo que actualmente vemos en países como Chile y Colombia es la emergencia de una izquierda republicana que busca poner a la sociedad y la economía en “estado de derecho”, evitando que instituciones públicas como la educación, la salud y las pensiones sean convertidas en un negocio al servicio de intereses particulares

 "(...) Pareciera entonces que el “momento de la izquierda” hubiese llegado para Colombia. Este país, dominado desde el siglo XIX por una oligarquía tradicional bipartidista, recientemente oxigenada por un conjunto de narcotraficantes y cristianos neopentecostales, jamás conoció un gobierno de izquierdas. 

Los medios de comunicación en manos de la derecha se han encargado de difundir una imagen demoniaca de la izquierda: se trataría de una banda de “castro-chavistas” y homosexuales que se oponen a los valores de la familia, que expropiarán a los empresarios de su bien habida riqueza y que no dudarán en mandar a la cárcel a todos los opositores políticos, como es propio de su herencia comunista. Pero, como se ha dejado ver en la pasada consulta popular, la imagen de una izquierda comeniños ya no asusta más a un sector considerable de la población colombiana.

 Lo que la izquierda encarna hoy en día no son los valores de la revolución bolchevique, sino aquellos que hasta hace no muchas décadas eran compartidos incluso por los partidos más moderados. Que la gente tenga mayores oportunidades de empleo, que exista un sistema de salud asequible a las mayorías, que los jóvenes puedan acceder a la universidad pública sin tener que hipotecar el patrimonio de sus familias, que los trabajadores puedan gozar de una pensión digna, que se respete el derecho a las diferencias culturales y personales, que todos podamos respirar y disfrutar de un medio ambiente sano. Esos “antiguos” valores políticos expulsados tanto por la izquierda marxista (por liberales y pequeñoburgueses), como por el neoliberalismo (por inoperantes económicamente).

 Pues bien, para escándalo de las viejas y nuevas derechas, la izquierda democrática se ha convertido en abanderada de estos valores, razón por la que hoy recibe el apoyo social de las mayorías. Enterémonos finalmente: el tablero de la política cambió por completo en las últimas décadas. Mientras que la derecha neoliberal asumió el papel “anti-sistema”, destruyendo las instituciones públicas y desvirtuando la función universal del Estado, la izquierda defiende ahora los valores democráticos y constitucionales. 

Quién lo creyera. Lo que actualmente vemos en países como Chile y Colombia no es el renacer de la vieja izquierda revolucionaria del siglo XX, sino la emergencia de una izquierda republicana que busca poner a la sociedad y la economía en “estado de derecho”. De lo que se trata es de arrebatar al neoliberalismo su falsa careta democrática y poner las cosas en su sitio. 

Frente al intento fracasado de establecer una equivalencia entre el mercado y la democracia, la nueva izquierda comprende que la función de la política es democratizar la economía, evitando que instituciones públicas como la educación, la salud y las pensiones sean convertidas en un negocio al servicio de intereses particulares. Recuperar estas instituciones para el bien común y fortalecer el Estado social de derecho es la única “revolución” a la que aspira la nueva izquierda. Bienvenidos al mundo pospandémico del siglo XXI. (...)"                   

(Santiago Castro-Gómez es filósofo, profesor de la Universidad Javeriana, miembro del Polo Democrático Alternativo. CTXT, 05/04/22)

20.6.22

Petro define las líneas de su gobierno: la reconciliación del país y la de un Acuerdo Nacional alrededor de las reformas que necesita Colombia... la paz, la justicia social y la justicia ambiental, con un gran énfasis en el tema del cambio climático... “Nosotros vamos a desarrollar el capitalismo en Colombia. No porque lo adoremos. Sino porque primero hay que superar la premodernidad en Colombia, el feudalismo, la nueva esclavitud”... el alcalde de Bogotá que consiguió que, por primera vez en la historia, ni un solo niño muriera de hambre en la ciudad, puede conseguirlo

 "Gustavo Petro es el nuevo presidente de Colombia. (...)

Su triunfo es inédito porque representa voces de sectores que han estado tradicionalmente excluidos de las instancias de decisión. (...)

Esto sin contar con que con él llega a la vicepresidencia Francia Márquez, una líder social de La Toma (Suárez), Cauca, una mujer negra quien antes de ser abogada fue empleada doméstica. Ella representa a sectores étnicos y regionales que nunca habían ocupado la Casa de Nariño. 

Además, lo hicieron con una participación electoral que rompió todos los récords. Votó el 58 por ciento de los colombianos, la más alta en medio siglo (...)

La campaña de Petro arrancó una operación sistemática para destruir la imagen de su rival (con un poderoso aparato de bullying digital y la ayuda de Rodolfo, claro) pintándolo como machista, antidemocrático, explotador de los pobres y hasta viejo verde. (...)

En paralelo, Petro –con un discurso mucho más moderado que el que usó en primera vuelta y la promesa de convocar un Acuerdo Nacional– fue sumando apoyos de gente visible del centro como los economistas Alejandro Gaviria y Rudolph Hommes, políticos como Angélica Lozano y Juan Fernando Cristo, y otros líderes de opinión que acompañaron a Fajardo en primera. De esta manera, Petro se proyectó como el candidato más institucional y desplegó un ejército de alfiles políticos por todo el país.

Por debajo de la mesa, el candidato del Pacto hizo también alianzas con estructuras políticas menos respetables como las de la investigada por parapolítica Zulema Jattin y los de condenados como William Montes, los “Ñoños” y hasta de Eduardo Pulgar, que pusieron el transporte para llevar a los petristas a votar en varias regiones del país.

Esta logística del Día D también ayudó a aumentar el porcentaje de votación total en zonas afines a Petro, lo que a la postre le dio el triunfo. La votación total aumentó 1,2 millones de votos respecto a la primera vuelta.(...)

 Y, obviamente, a Petro le ayudó tener un rival que durante la segunda vuelta no pautó casi en televisión ni en redes, que prácticamente no salió a las calles ni dio entrevistas y que le rehuyó a los debates en televisión. Y sobre todo, que no puso una sola idea sobre la mesa, salvo acabar “la robadera”.

Aún así, Rodolfo también hizo historia. Sacar más votos que los que le dieron la Presidencia a Iván Duque, sin el apoyo de políticos y sin una trayectoria política larga, sin invertir casi dinero y sin apuntalarse en nada más que sí mismo y una estructura digital multinivel tipo Herbalife, abre un camino inédito para llegar a la Presidencia de ahora en adelante. (...)

Y es que el triunfo de Petro, el líder de oposición más importante en Colombia, fortalece la democracia, porque deja sin piso la idea de que sigue la exclusión política que justificó durante años la violencia política y alimentó el imaginario de los colombianos que entraron a militar en la guerrilla, incluido Petro.

En su discurso de victoria, Gustavo Petro hizo énfasis en la reconciliación del país y en su idea de un Acuerdo Nacional alrededor de las reformas que necesita Colombia. Dijo, explícitamente, que no llegaba con un ánimo de revancha y que estaría abierto a reunirse con la oposición en cabeza de quien esta se organice.

Definió las tres líneas de su gobierno: la paz, la justicia social y la justicia ambiental, con un gran énfasis en el tema del cambio climático, la sombrilla bajo la cual terminará impulsando las transformaciones al modelo económico que prometió. (No mencionó la pandemia y tampoco al presidente Iván Duque, uno de los grandes derrotados de la jornada).

“Nosotros vamos a desarrollar el capitalismo en Colombia. No porque lo adoremos. Sino porque primero hay que superar la premodernidad en Colombia, el feudalismo, la nueva esclavitud”, dijo. (...)

También dejó claro que su ambición no se limitará a Colombia, sino que bajo el paraguas ambiental intentará proyectarse como un líder latinoamericano. (...)

Hoy comienza una nueva época para Colombia."                 (Juanita León, CTXT, 20/06/22)


"(...) El alcalde en la plaza pública

Fueron días de aprendizaje (a las malas). En enero de 2012 Gustavo Petro tomó posesión como alcalde Mayor de Bogotá, reconociendo que le esperaba un enorme reto: la idea de una “Bogotá Humana” –su eslogan, pero también el sentido mismo de su programa de gobierno– implicaba poner al fin las instituciones al servicio de la dignidad de todos, de los derechos fundamentales, y ello implicaba ir en contravía de la inercia histórica del poder ejecutivo en Colombia. No se había posesionado y ya estaban varios medios de comunicación exigiendo su renuncia. (...)

El programa de la Bogotá Humana fue, en el ámbito colombiano, ambicioso: combatir la segregación social, con todo lo que ello implica en políticas públicas para los más pobres; proyectar una ciudad que no deprede la naturaleza, que afronte el cambio climático y que se organice en torno al agua; fortalecer el poder público, el patrimonio de los ciudadanos, la capacidad de las instituciones para defender a la gente de a pie. De la mano de esto había que combatir la corrupción estructural (en una ciudad que apenas despertaba del “carrusel de la contratación”) y brindar una atención especial a las víctimas del conflicto armado, esas millones de personas que sólo conocían al Estado como aparato militar, es decir, como adversario. Así, no se trataba solamente de desplazar a las mafias enquistadas en las instituciones, sino de darles un nuevo sentido a las mismas en medio de la hegemonía neoliberal.

Y aun siendo el blanco de todos los ataques, lo que se logró fue –ya lo dije– revolucionario: si miramos, por ejemplo, el índice de pobreza multidimensional de la ONU, que mide no sólo la pobreza monetaria, sino también el acceso efectivo a los servicios públicos, sociales y calidad de vida en general, en la alcaldía de Gustavo Petro casi medio millón de personas salieron de la pobreza (el índice pasó de 11,9% a 4,7%). Fue el resultado de una combinación de políticas públicas (mínimo vital de agua, programa de salud preventiva en los barrios populares, jardines infantiles, fortalecimiento de la educación pública, centros juveniles de enseñanza artística, tarifa diferencial de transporte) que empezaron a arrastrar consigo los demás indicadores: la victimización directa bajó a su mínimo histórico, la tasa de homicidios fue la menor en cuarenta años, disminuyeron todas las cifras de mortalidad infantil y, por primera vez en la historia, ni un solo niño murió de hambre en la ciudad de Bogotá. (...)

La Bogotá Humana estaba frenando las perspectivas de ganancia de los grupos más poderosos: ¿cómo era posible que no se adjudicaran las tradicionales grandes obras de cemento y ladrillo (para priorizar la contratación de maestros y médicos), que se impidiera el crecimiento horizontal de la ciudad (para buscar una ciudad más densa y sostenible), que no se siguieran construyendo troncales de buses articulados (para proyectar y diseñar, al fin, la primera línea de metro de Bogotá)?

Tarde o temprano iba a pasar: luego de que Petro, cumpliendo una sentencia de la Corte Constitucional, formalizó el trabajo de los recicladores de calle (miles de familias de población vulnerable) e introdujo un operador público en el servicio de recogida de basuras de Bogotá (hasta entonces, en concesión a cuatro poderosas empresas privadas), la maquinaria de guerra apretó el acelerador. El sabotaje de los viejos operadores que perdían el monopolio –no de un negocio sino de una renta millonaria– hizo que durante tres días hubiera dificultades en el servicio de aseo. Los medios de comunicación hicieron lo suyo: Bogotá era, en todos los titulares de prensa, poco menos que un campo de guerra en manos de un alcalde improvisador e irresponsable. Un año después, el entonces Procurador General de la Nación –un puesto de control administrativo en manos de un integrista religioso– destituyó a Gustavo Petro y lo inhabilitó por quince años para ejercer cargos públicos.

Fue entonces cuando el nombre de Petro resonó con más fuerza en los medios de comunicación internacionales: durante tres días seguidos la ciudadanía llenó la Plaza de Bolívar de Bogotá en respaldo al alcalde, pero sobre todo en defensa de sus propios derechos políticos, y de la posibilidad de elegir un gobierno que no se arrodille ante los poderes establecidos y que defienda a los más humildes.

Petro dio la batalla judicial tanto dentro como fuera del país, impulsado por el apoyo popular, y gracias a una combinación de recursos y fallos judiciales volvió al cargo en abril de 2014, cuatro meses después del fallo de la Procuraduría y un mes después de su destitución oficial firmada por el Presidente Santos.

Conviene precisarlo: para el establishment su pecado no fue tanto la formalización laboral de población vulnerable, o plantear un modelo de limpieza basado en el reciclaje, y ni siquiera sería correcto decir que fue el solo hecho de haber afectado el negocio millonario de cuatro poderosos empresarios. Su mayor pecado, a ojos de un establishment furiosamente neoliberal, fue haber planteado –y llevado a cabo– la desprivatización de un servicio público.

Y las grandes movilizaciones ciudadanas no fueron exclusivas del periodo de su destitución. Durante el gobierno de la Bogotá Humana la ciudad vivió una atmósfera política que no sólo toleraba, sino que incentivaba la organización y la movilización popular. Recuerdo dos escenas paradigmáticas. La primera, en el marco de una protesta que paralizó el obsoleto sistema de transporte colectivo de Bogotá (basado en buses articulados por carril exclusivo y que es, en esencia, el negocio privado de un puñado de contratistas y fabricantes de buses). Por lo general, ante casi cualquier movilización popular, los gobiernos envían al Escuadrón Móvil Antidisturbios de la Policía (ESMAD) para disolverla con golpes indiscriminados, gases lacrimógenos y granadas de aturdimiento. Pero Petro, como alcalde Mayor, ordenaba que en lugar de la Policía –que no siempre le obedecía– hicieran presencia los mediadores sociales de la alcaldía. Y en la ocasión a la que me refiero, Gustavo Petro fue en persona hasta el lugar del bloqueo, se subió al techo de un vehículo, y empezó ahí mismo una asamblea ciudadana para discutir, durante cinco horas, la problemática del transporte público de la ciudad.

La segunda escena fue en el marco de unas jornadas de protesta y movilización de la Universidad Distrital. Los estudiantes en asamblea decidieron marchar hasta la Plaza de Bolívar y exigir una reunión con el alcalde. Petro estaba en su despacho, en reunión, y escuchó las arengas que venían de la plaza. Al informarse de lo que estaba sucediendo dio instrucciones para que reprogramaran sus reuniones de la tarde, y salió a dialogar, a responder al legítimo llamado de los estudiantes.

Son dos ejemplos paradigmáticos de la concepción que tiene Gustavo Petro de los funcionarios públicos –como empleados de la ciudadanía–, de la movilización social –como eje vertebrador de la política– y, sobre todo, del carácter sagrado de la Soberanía popular.

Lo digo, evidentemente, con emoción: al enfrentar a las mafias, los oligopolios, el dogmatismo neoliberal que privatiza las ganancias y socializa las pérdidas; al defender a los más humildes, combatir la pobreza y la exclusión social, reconocer la diversidad, fortalecer las empresas públicas, lograr que ningún niño –¡por fin!– muriera de hambre en la ciudad; al plantear, en suma, un nuevo proyecto de convivencia y dignidad compartida, la Bogotá Humana de Gustavo Petro fue la primera experiencia de gobierno con un horizonte realmente democrático en la historia de Colombia.

Por eso era –y sigue siendo– tan peligroso.  (...)

(Iván Olano Duque es escritor colombiano, CTXT, 19/05/18)