Mostrando entradas con la etiqueta c. Crisis económica mundial: causas: deterioro de la democracia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta c. Crisis económica mundial: causas: deterioro de la democracia. Mostrar todas las entradas

14.2.17

Sobran los expertos, que son identificados con la tecnocracia oligáquica y sus políticas neoliberales contra las que se rebelan las clases populares

"(...) La desconfianza, cuando no el desprecio, hacia los expertos forma parte de esa nueva identidad política que emerge tras el referéndum de junio en el Reino Unido. (...)

En noviembre, Glyn Davies, diputado conservador, publicó en Twitter un mensaje: “Personalmente, nunca he considerado a los académicos como expertos. (...)

Apelar al conocimiento experto, en estos tiempos, es un signo de elitismo e implica el rechazo al diálogo en el que se basa la democracia. “Pero la democracia es un sistema de gobierno, no denota un estado de igualdad. Tener los mismos derechos no implica tener las mismas habilidades, talentos o conocimientos”, afirma Tom Nichols en su defensa de los expertos.  (...)

Que posverdad haya sido elegida la palabra del año dice mucho de los tiempos en los que nos movemos. A la manera de la neolengua de Orwell, las mentiras son disfrazadas con un término más elegante, los hechos son ignorados y las opiniones se presentan como verdades contrastadas. 

Con estas bases, el necesario diálogo democrático está siempre limitado, desprovisto de toda apelación al mundo real, mientras que, de forma paradójica, se reprocha a los especialistas su escaso conocimiento de la realidad.

 En este contexto, explica Nichols, “no estar de acuerdo es insultar. Corregir a otro es ser un “hater”. Y negarse a reconocer puntos de vista alternativos, aunque sean fantásticos o estúpidos, es ser intolerante”. (...)

¿De dónde surge este desprecio a los expertos por parte de las nuevas identidades políticas? Si atendemos a los resultados del referéndum del Brexit, parece obvio que la demografía del experto es la del remainer. Las personas con mayores niveles educativos y mayores niveles de renta votaron en su mayoría por la continuidad.

 La metrópoli cosmopolita que es Londres, así como Oxford y Cambridge, votaron por permanecer en la Unión Europea. Los cuatro principales partidos y buena parte de las empresas, bancos y la City de Londres apostaban por la permanencia. 

Y buena parte de sus argumentos venían a apoyarse en las opiniones de expertos, que de este modo se alineaban con el establishment. Frente a esta alianza, personajes como Farage (y Trump en el contexto americano) se presentan como alternativas, outsiders que rechazan alinearse con las posiciones dominantes.  (...)

Los expertos son identificados, así, con la tecnocracia que ha impulsado las políticas neoliberales contra las que se rebelan los discursos de Donald Trump o Marine Le Pen, que prometen proteccionismo económico, control de la inmigración y abandono del multilateralismo. 

Como ha señalado Esteban Hernández, en nuestra época cuando un país no es gestionado eficazmente (según los parámetros neoliberales), se coloca a un tecnócrata al frente (mientras que en el siglo pasado se colocaba a un militar). 

Y, como en el caso italiano, esos expertos llamados a gestionar un país al margen de ideologías no hacen otra cosa que aplicar políticas de austeridad que perjudican a las clases más populares y alimentan su rabia hacia el sistema.  (...)

Muchos han señalado que la  posverdad es una forma elegante de llamar a la mentira. La alta circulación de noticias falsas en la campaña de las elecciones estadounidenses y el grosero uso de las cifras en la campaña del Brexit son buenos ejemplos. 

Pero el rechazo al conocimiento experto tiene sus raíces en un rasgo del comportamiento social que ya advirtió George Lakoff en su clásico panfleto No pienses en un elefante. Mientras que desde la izquierda se intentaba convencer a los potenciales votantes con datos, la derecha había comprendido que lo importante es ganarse el corazón de los votantes, apelar a sus emociones y sentimientos morales, definiendo el marco del discurso en sus propios términos. “Los meros hechos no te dejan el camino expedito. 

Tienes que reconfigurar los marcos en que se discuten los asuntos, antes de que los hechos puedan resultar significativos y hacerse contundentes”.  Como señala Guillermo Fernández Vázquez en su análisis del discurso proteccionista de Marine Le Pen, “el discurso del Frente Nacional conecta con el Make America Great Again de Donald Trump o el ‘Nuevo Día de la Independencia’ que presidió la campaña británica en los días previos al Brexit

El punto decisivo es que todos estos discursos convocan a un pueblo a hacer cosas grandes; y además le piden que lo haga estando juntos”.

Las nuevas identidades políticas articulan un discurso que se opone al establishment y los expertos son vistos como parte integrante del sistema. El lenguaje político de este momento se centra en apelar a “la ciudadanía para recuperar colectivamente todo aquello que se siente a la vez como importante y amenazado”.

 Es la descripción del discurso de Marine Le Pen, pero encaja también con el discurso de Podemos o del Brexit. Se apela a la emoción, a la épica, al miedo y a la nostalgia. Es la época de los oradores y los demagogos, difícilmente la del experto con su arsenal de datos y técnicas que prometen explicar el mundo en términos objetivos. "              (Héctor Fouce, 01/02/17)

25.11.16

La globalización se agota... y se lleva consigo a la democracia liberal, que pierde legitimidad al no expresar los sentimientos de la mayoría de la población

"(...)  La crisis recesiva en el centro del sistema, empezada en 2008, no tiene ni plazo, ni forma de terminar. Las políticas de austeridad asumidas por todos los países europeos son máquinas de generación de inestabilidad social y política, quitando legitimidad a los sistemas políticos y a los partidos tradicionales.

El Brexit fue una expresión más evidente del malestar provocado por la globalización, del que la elección de Donald Trump es una confirmación. Se generaliza el rechazo a los efectos de la globalización neoliberal.

 Los gobiernos y partidos que insisten en esa dirección son sistemáticamente derrotados. La crisis de agotamiento de la globalización lleva consigo también a la democracia liberal, que pierde legitimidad al no expresar los sentimientos de la mayoría de la población. (...)

Cuando la globalización muestra sus límites, condena a las economías a un estancamiento sin fin, provoca la pérdida de los sistemas políticos asentados en ella, es un período histórico que se cierra. 

En lugar de lo que tantos hablaban sobre un supuesto fin de ciclo de los gobiernos progresistas de América Latina, lo que se da es un final de ciclo en carne propia, con la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea y los cuestionamientos que Donald Trump hace a los Tratados de Libre Comercio y a otros pilares de la globalización.

La globalización se ha agotado sin lograr que la economía mundial volviera a crecer, al contrario, naturalizando la recesión en escala mundial. Tampoco logró disminuir los conflictos en todo el mundo, al contrario, los multiplicó.

El mundo que surge del Brexit, de la elección de Trump, de la profunda crisis de la Unión Europea y, sobretodo, de los Brics, es un mundo de transición entre el de la globalización comandada por los EEUU y su modelo neoliberal, y el que apunta hacia mecanismos de reactivación del desarrollo, de la resolución negociada de los conflictos internacionales, de fortalecimiento de los Estados nacionales y de los procesos de integración regional y de intercambio Sur-Sur. (...)"       (Emil Sader, 16/11/16)

11.11.16

La crisis económica ha sido una crisis inducida o reconducida para incrementar la desigualdad social y reducir la democracia a nivel global

"En el ensayo escrito junto a Zygmunt Bauman, Estado de Crisis, Carlo Bordoni define la “postdemocracia” como una crisis de igualización y trivialización de los procesos democráticos, en los que la política va perdiendo progresivamente contacto con los ciudadanos desembocando en un estado de incomodidad y hastío que puede ser definido como “antipolítica”.

(...) una profunda irritación, seguida del alejamiento de una esfera política que se considera inútil y que produce sensaciones de desazón y repugnancia. Ese malestar, en combinación con otros factores, abre una ruta directa hacia los autoritarismos de los que podemos encontrar ilustrativos y trágicos ejemplos en la Europa del primer tercio del siglo pasado. 

Algunos de los efectos más característicos de la etapa postdemocrática señalados por Bordoni son:

La desregulación económica, que significa una disminución o cancelación de las capacidades normativas de los Estados para implementar medidas correctoras de los fallos del mercado, así como aquellas tendentes a orientar la economía hacia la satisfacción equitativa y sostenible de las necesidades sociales. 

Esta desregulación acaba suponiendo la supremacía de los mercados financieros globalizados. Se trata de un proceso ambiguo destinado a la progresiva eliminación de los poderes y controles públicos al que se pretende revestir de un sentido subyacente de “liberación” de las normas y poderes coercitivos del Estado. 

Es el primer paso hacia el neoliberalismo privatizador de los servicios públicos y drástico reductor del estado de bienestar y de los derechos sociales en aras de unos presupuestos, a nivel macro, sacrosantamente equilibrados. 

Haciendo olvidar que el Estado no es una empresa privada, cuyo principal objetivo es generar dividendos, sino una red de Administraciones Públicas controladas, en última instancia, por Legislativos elegidos democráticamente cuya finalidad debe ser (entre otras) proporcionar servicios sociales con espíritu equitativo, corregir los fallos del mercado y redistribuir la riqueza.

Una progresiva disminución en la participación política habitual de los ciudadanos, incluyendo los periodos electorales, que ha llegado a ser considerada frecuentemente como “normal”.

La vuelta del liberalismo económico más salvaje (neoliberalismo), que confía al sector privado una parte creciente de las funciones del Estado y de la gestión de los servicios públicos, orientados a través de los mismos criterios de rendimiento económico que una empresa privada. Incluso en los casos en que dichos criterios resulten indeseables para el Interés General y el Bien Común (...)

La reducción de las inversiones públicas junto con el decremento y decadencia del Estado del Bienestar, quedando reducido éste a una serie de servicios básicos de carácter asistencial y caritativo, solo para los más pobres  (...)

La preponderancia de los lobbies, que incrementan su poder y capacidad para diseñar políticas en la dirección conveniente a sus intereses, aunque estos puedan colisionar contra el Interés General.

La política como espectáculo de masas, en el que las técnicas de marketing y publicidad adquieren un papel preponderante se utilizan para promover el consenso en torno al predominio de la figura de un líder en el que el talento, el carisma y la integridad son menos importantes que los estudios de mercado, el poder de la imagen y una estrategia comunicativa precisa diseñada por los mejores y más caros asesores, frecuentemente externos a los partidos.

El mantenimiento de los aspectos meramente formales de la democracia para conservar la apariencia de unas libertades y derechos ciudadanos garantizados. (...)

 ¿Hacia un nuevo totalitarismo global? (II)

Wolfgang Streeck, sugiere que la actual crisis económica y financiera global es una consecuencia directa del fracaso de los sistemas democráticos a la hora de controlar los excesos y los fallos del mercado, mientras que, seguramente, haya sido una crisis inducida o reconducida para incrementar la desigualdad social y reducir la democracia a nivel global, especialmente en cuanto a su capacidad de fiscalización y control de los mercados y del poder de las corporaciones globalistas. 

Varios hechos constatados refuerzan este enfoque: las privatizaciones generalizadas en nombre del progreso, los beneficios y la eficiencia; la retirada de capitales invertidos en diversas áreas estratégicas de los intereses nacionales y su desmaterialización en la vorágine de los mercados financieros; el colapso inducido de los modelos keynesianos, que implican una intervención de los gobiernos en la economía y su nada inocente sustitución dogmática por los dictados hayekianos. 

Así, el presente declive generalizado de la democracia sustantiva a nivel global es debido, principalmente, a la crisis del Estado, a su incapacidad para actuar como un interlocutor potente y decisivo como mediador social, como regulador de la economía y como provisor de seguridad, siendo progresivamente sustituidos los sistemas sanitarios y de seguridad social por consorcios aseguradores privados habitualmente controlados por la gran banca. 

La desmaterialización del capital, su transformación y licuefacción en productos financieros que pueden ser transferidos en milisegundos de un punto a otro del globo e invertidos en activos materiales e inmateriales diversificados, rompe con la tradición de una economía en la que el capital adoptaba una forma visible y concreta, más o menos integrado en un territorio y susceptible de ser controlado o supervisado por alguna forma de poder político.

En este contexto, el vacío de poder que el Estado deja, es rápidamente ocupado por la élite corporativa global, que lo ejerce sin ningún tipo de control democrático ni institucional con el único fin de aumentar sus beneficios y su poder en una espiral retroalimentada en la que los daños colaterales o externalidades negativas generadas, sean estas cuales sean, son consideradas siempre como asumibles en aras del Beneficio, el fin último de toda corporación capitalista. (...)

La íntima asociación de la neo oligarquía con un capital corporativo oligopolístico cada vez más financiarizado y poderoso ha conseguido que ninguna nación, cultura, región, grupo o comunidad en el mundo pueda considerarse fuera de su alcance e influencia política y económica.

 Gran parte de la riqueza, el poder y los privilegios de esta neo oligarquía se sustenta en el traslado de sus pérdidas y riesgos al Estado y a los contribuyentes. Para que esto pueda seguir siendo así resulta esencial alinear los intereses de los políticos, a todos los niveles, con los del oligopolismo corporativo, principalmente, mediante tres vehículos de influencia que ya se han apuntado anteriormente: la financiación de partidos políticos; el lobbying, y las distintas modalidades de “puertas giratorias”. 

La influencia combinada del poder de la neo oligarquía y el poder oligopolístico sobre la gobernanza, la política, los sistemas judiciales, los medios de comunicación, el sistema financiero, la producción y otras áreas estratégicas, provoca una continua disminución de la justicia social y la equidad. Cuantos más aspectos de la sociedad y la política pasan a ser controlados por la neo oligarquía y los oligopolios, más se resiente el Interés General y el buen gobierno.  (...)

Adaptando a este contexto la definición con la que Juan J. Linz describe el totalitarismo, podemos afirmar que estamos en una etapa que podríamos considerar, como mínimo, de pre totalitarista, en la que el clásico modelo de totalitarismo ejercido por el Estado, o las facciones políticas que lo controlen, está siendo sustituido por un totalitarismo de mercado o corporativo privado, más sutil, aunque no menos dañino y despiadado en sus efectos finales agregados.  (...)"                 (Rodrigo del OlmoEl Periscopi , en Attac España, 21/09/16 (I) y 22/09/16 (II)

19.12.14

En España, 1400 personas controlan recursos que equivalen al 80,5% del PIB

"(...) todas las encuestas que se hacen en Europa y España muestran que entre el 70% y el 80% de la población no desea que se tomen las medidas que se están adoptando y que suponen un auténtico derribo del estado de bienestar. 

La inmensa mayoría de la gente manifiesta ser partidaria, por ejemplo, de subir impuestos a las rentas más altas antes que recortar gastos sociales o contraria a privatizar los servicios públicos. 

Por tanto, para poder realizar los recortes de gasto social y las privatizaciones que se vienen llevando a cabo es necesario ahogar esas preferencias mayoritarias e impedir que los gobiernos actúen como representantes y ejecutores de los deseos de la sociedad, es decir, acabar con la democracia.

El desmantelamiento de la democracia está siendo posible gracias a la progresiva concentración del dinero, la riqueza, los medios de comunicación y el poder en pocas manos y eso es lo que permite a los grupos oligárquicos dominar a su antojo a las instituciones y a gran parte de la clase política.

Se trata de un fenómeno que se viene dando en todos los países pero muy particularmente en España y que dificulta igualmente la puesta en marcha de políticas económicas deseadas por la sociedad pero mínimamente alternativas a la actual situación.

La gran concentración de riqueza y poder existente en nuestro país es la causa principal
de la degeneración de la democracia y de la corrupción que anega a la vida política. Quince familias controlan 23 de las 35 empresas más grandes de España y las 20 mayores fortunas de España tienen una riqueza equivalente a la del 20% de la población más pobre. 

Y, según demostró el profesor Santos Castroviejo, cuando comenzaba la crisis solo 1400
personas controlaban recursos que equivalen al 80,5% del PIB, una situación que hoy día
posiblemente se haya agudizado.(...)"            (PODEMOS, Un proyecto económico para la gente, pág. 36)

19.3.12

Pedir democracia es el eslogan más amenazante para las elites financieras y económicas que dominan a los Estados

"Según una encuesta de la composición del Occupy Movement  Wall Street, casi la mitad tienen unos ingresos inferiores al salario medio de la clase trabajadora, un 13% son personas en paro (el promedio en EEUU es un 9%), y la gran mayoría (70%) no se consideran ni demócratas ni republicanos.

Tienen más tendencia hacia los primeros que hacia los segundos, pero se consideran independientes. Sentencian que el sistema democrático es profundamente no democrático.

 Sus propuestas incluyen, entre otras, la reducción muy marcada del gasto militar, gravar mucho más de lo que el gobierno federal, estatal y municipal hacen a las rentas superiores, y muy en especial al 1% de la población cuyos ingresos anuales son superiores a la suma de todos los ingresos de más del 50% de las familias estadounidenses, así como a los directivos de las 100 empresas que facturan más en EEUU, y cuyos ingresos son 1.723 veces superiores a los de sus empleados, y un programa masivo de inversiones públicas, como ocurrió con el New Deal, orientado a crear empleo y la nacionalización o intervención pública de la banca.

 La gran amenaza para el establishment es que la ciudadanía simpatiza con su causa. El 79% considera que las desigualdades son demasiado altas en EEUU, el 68% considera que los súper ricos y ricos no pagan suficientes impuestos, y el 86% cree que Wall Street tiene excesiva influencia en Washington. (“Real Populism vs Fake. Occupy Wall Street is not the Tea Party of the Left”.

 Paul Street, Z Magazine. Dec.2011, del cual extraigo gran cantidad de los datos presentados en este artículo). Según una encuesta del New York Times / CBS, la mayoría (54%) tiene una opinión “muy favorable” o “favorable” del movimiento de los indignados. Y el 43% indica que se identifica completamente con tal movimiento.

 Y su popularidad es mucho mayor que la del Tea Party, lo cual es sorprendente, pues la visibilidad mediática del Tea Party es muy superior a la del Occupy Movement que, en la medida que ha ido creciendo (junto con la simpatía popular), ha ido desapareciendo de los medios, excepto los de izquierda, que existen pero son minoritarios (como Democracy Now o Msnbc).

Y ahí está la gran amenaza que tales movimientos representan para la estructura de poder existente en EEUU y en la mayoría de países a los dos lados del Atlántico Norte. Pedir democracia es el eslogan más amenazante para las elites financieras y económicas que dominan a los Estados."               (Vincenç Navarro:Lo que no se dice sobre el Tea Party y el Occupy Movement , www.vnavarro.org, 14/03/2012, Artículo publicado por Vicenç Navarro en la revista EL VIEJO TOPO, marzo de 2012)

15.9.09

Democracia para los poderosos

"Esta semana se han conmemorado dos aniversarios importantes: la caída de las Torres Gemelas y la caída de Lehman Brothers. (...)

¿Quién ha salido ganando con estas tragedias? La respuesta es desconcertante: un Estado supuestamente democrático ha seguido los intereses de una oligarquía de privilegiados: los señores feudales de la globalización -que poseen el poder económico y financiero, y controlan la información- y los de una pequeña casta de servidores suyos.

En defensa de la democracia feudataria estadounidense y so pretexto de guerra contra el terrorismo, Bush pone en marcha la política del miedo. Se magnifica la amenaza de Bin Laden para justificar una serie de intervenciones armadas que no pretenden tanto erradicar la mala hierba como relanzar el papel hegemónico de Estados Unidos. (...)

El objetivo es otro: defender los intereses próximos a la Administración de Bush y relanzar a Estados Unidos como única superpotencia. Basta poco para conseguirlo: el precio del petróleo se dispara hacia las estrellas, hasta los 150 dólares el barril, casi 10 veces los 18 que costaba en vísperas de la tragedia. Y las multinacionales estadounidenses del petróleo, que no sólo producen el oro negro sino que lo refinan y lo comercializan para los productores árabes, registran enormes beneficios. También la industria bélica va viento en popa. (...)

Y llegamos a la caída de Lehman Brothers, que hace un año hacía presagiar una avalancha de bancarrotas en las altas esferas de las finanzas mundiales. No ha pasado nada de eso. Gran parte de los principales bancos estadounidenses -con Goldman Sachs a la cabeza- e internacionales han publicado beneficios astronómicos en el segundo trimestre de 2009. Y las primas no tienen precedentes.

Como es natural, este "milagro" es fruto de nuestros ahorros repartidos por los bancos centrales. (...)

Esta lectura "alternativa" de las dos caídas de septiembre nos hace pensar que las causas son mucho más serias y están mucho más arraigadas, no se limitan a la locura religiosa de un puñado de exaltados árabes y la codicia incontrolable de unos jóvenes banqueros en ascenso. Ni el deseo de vivir como vivía Mahoma ni el de poseer un Ferrari Testarossa bastan para producir crisis políticas y económicas como las que hemos experimentado. En el origen, por desgracia, está el deterioro de las democracias modernas y el desplazamiento progresivo hacia formas de gobierno premodernas. ¿Qué hacer? Despertémonos antes de que sea demasiado tarde." (LORETTA NAPOLEONI: Democracias feudatarias. El País, ed. Galicia, Opinión, 13/09/2009, p. 35 )