"Meses después del 'gran apagón' que dejó a España a
oscuras, aún no sabemos las causas inmediatas del incidente, pero hay
una abrumadora cantidad de evidencias que sí apuntan hacia una causa
última: la voracidad y avaricia de un oligopolio eléctrico que sólo
actúa en pos del máximo beneficio. Así lo piensa Antonio Turiel, experto
energético del CSIC.
Antonio Turiel Martínez es físico
teórico, investigador y divulgador especializado en sostenibilidad y
crisis energética. Trabaja en el Instituto de Ciencias del Mar del CSIC
en Barcelona y es conocido por su crítica a las políticas energéticas
actuales, abogando por el decrecimiento como solución a la crisis
energética. En libros como «Petrocalipsis» (2020) y «El otoño de la
civilización» (2022), Turiel ha analizado la dependencia de los
combustibles fósiles y las limitaciones de las energías renovables. Es
un firme defensor de la corriente del decrecimento, promoviendo un
cambio en los hábitos de consumo para evitar un colapso ecológico.
Cinco semanas después ¿qué sabemos sobre el gran apagón que nos dejó a oscuras?
Pues
casi lo mismo que el primer día. La causa inmediata del apagón puede
ser más o menos difícil de dilucidar -aunque yo empiezo a sospechar que
no es tan compleja- pero creo que es más importante conocer la causa
última.
Hubo algún incidente en la red que generó un problema,
desatando una inestabilidad, esa es la causa inmediata. Y la causa
última es todo lo que llevó a la red a no poder absorber esta incidencia
recuperando la estabilidad. Y esto segundo hace tiempo que está pasando
y que se sabe, y tiene que ver con cómo se han implementado las
energías renovables.
Las renovables se han instalado masivamente
en los últimos años pero sin sistemas de estabilización, sistemas que
las otras centrales sí llevan: centrales nucleares, de ciclo combinado, o
una hidroeléctrica si que llevan volantes de inercia, u otros sistemas
que están pensados justamente para ayudar cuando hay oscilaciones en la
red. En cambio, se ha permitido que las renovables funcionen «a pelo».
Uno no puede conectarse de cualquier manera a la red nacional de alta
tensión, que es un sistema muy complejo que se adapta sin que tú se lo
tengas que pedir.
Para
que nos entendamos. Cuando tú enciendes la luz o un aparato eléctrico
en tu casa, no llamas primero a la red para avisarle y pedirle permiso,
simplemente enciendes el interruptor. Entonces el sistema percibe una
pequeña caída de tensión y se adapta. Es una virguería tecnológica que
implementa muchos sistemas de estabilización.
Entonces tú lo que
no puedes hacer es conectar la enormidad de potencia instalada de
energías renovables que se ha incorporado en los últimos años como el
que se compra una placa solar y la conecta a la red. Pero es lo que se
ha hecho, de hecho la normativa europea no sólo lo ha permitido sino que
lo ha favorecido porque se buscaba una implementación rápida de las
renovables.
Pero esto es peligroso. Es como comprarte un coche de
muchos caballos… pero sin frenos. Cuando la implementación de las
renovables era baja, el resto de los sistemas que sí que tienen
capacidad de inercia y de absorber las oscilaciones de la red, pues se
hacían cargo de que el sistema se estabilizara y no se fuera a la porra.
Pero
el día de autos -el lunes del apagón, que no es casualidad que ocurrió a
eso de las 12 del mediodía, cuando el sol estaba más alto y la
fotovoltaica estaba a pleno rendimiento- en las entradas de la red
teníamos un 53% de fotovoltaica, un 10% de eólica, 10% de nuclear -que
aunque tenga inercia, no es nada flexible y se adapta muy mal a los
cambios de potencia solicitada-… y por tanto nos quedaba más o menos en
torno a un 20% que sí tenía cierta flexibilidad: algo de hidroeléctrica y
muy poquito ciclo combinado (3,5%).
Entonces
aquí hay un intento de desviar la atención por parte de las
autoridades, de la ministra Aagesen, de Red Eléctrica, del oligopolio…
que todo el trato mezclan causas con consecuencias, confundiendo a la
gente.
Por ejemplo han dicho que media hora antes del apagón, en
Europa se observaba que la frecuencia oscilaba. Esa es una consecuencia:
es porque España estaba desestabilizando la red europea, y menos mal
que hay cortafuegos, que se cortó nuestra interconexión con Francia, y
que nuestro apagón no produjo uno en toda la UE, porque hubiera sido una
catástrofe de varias semanas para reiniciar. Es un ejemplo de cómo se
juega a confundir causa con efecto.
Últimamente se ha hablado un
poco más de que en aquel momento la red estaba sobretensionada, y me
parece que eso se acerca a la verdad. Yo tengo una sospecha: que desde
al menos media hora antes del apagón se estaba sobreproduciendo
electricidad fotovoltaica, se estaba arrojando demasiada tensión a la
red eléctrica, que no lo pudo soportar y empezó a oscilar. Hacia esa
causa apunta un estudio de la Universidad de Oviedo, que analiza la
capacidad de inercia de la red -la capacidad de adaptarse a oscilaciones
rápidas- y que afirma que había caído por debajo del límite que marca
la normativa europea, que ya es bastante laxa.
Resumiendo: a estas
alturas conocemos más o menos lo que al principio, y es que tenemos un
sistema inestable, cosa que se sabe desde hace años. Hubo un incidente
el 8 de enero de 2021 en el que casi se cae toda la red europea. Es un
problema que afecta a toda la red europea y que viene del modelo de
integración de las renovables. Se ha hecho de una manera que es una
barbaridad y una cacicada, porque se han implementado sin sistemas de
estabilización, y estamos pagando las consecuencias.
Es como comprarte un coche sin frenos
Entonces,
el oligopolio eléctrico, que ha obtenido enormes beneficios con el auge
de las renovables, ha aplicado el ‘low cost’ en seguridad, y se ha
negado a invertir en sistemas de estabilización. ¿Es eso? ¿Estamos ante
un apagón causado por la codicia monopolista?
Exactamente,
eso es. Y claro, en medio de este rio revuelto hay algunos que
aprovechan para decir que el problema son las renovables. ¡Pues no!. Lo
que hay que hacer es implementar las renovables como Dios manda,
instalarlas como se sabe que se tienen que hacer y ya se está haciendo
en otros países, con mecanismos de estabilización.
Para mí lo más
revelador es que desde que ocurrió el apagón Red Eléctrica está todo el
rato poniendo entre un 10 y un 30% de gas, manteniendo las centrales de
ciclo combinado en «parada caliente», listas para salir a estabilizar el
sistema si hay un problema. Dicen que es porque están en «operaciones
reforzadas», pero es evidente que esto -que es un mecanismo de
seguridad- no estaba listo el día del apagón y hubiera evitado la caída.
Lo
de las centrales de ciclo combinado en parada caliente a lo mejor no se
puede hacer todo el rato, porque es caro, y porque hay que estar
quemando gas natural que produce CO2 y efecto invernadero, pero hay
otros sistemas de estabilización de las renovables. Sistemas que no se
ha querido hacer una inversión para implementarlos por el coste de los
mismos. Las empresas dicen «nosotras hemos cumplido con la normativa, no
nos podéis obligar».
Y así estamos: de fondo se sabe que el
sistema es inestable, que para estabilizarlo hace falta una gran
inversión en sistemas de seguridad. Y el pulso está en quién va a pagar
todo eso, si los ciudadanos y el erario público… o los enormes
beneficios de este oligopolio.
¿Cuáles son esos
sistemas de estabilización para las renovables que deberían haberse
implementado para evitar sucesos como el gran apagón?
Hay
varias maneras de hacerlo, voy a ir de lo más sencillo a lo más
complicado. Pero ninguna es barata: eso también hay que decirlo, y sobre
todo ahora que hay que arreglar tanto porque se ha metido mucho.
Además
hay una limitación en el modelo de implantación del sistema de
renovables a escala industrial: y es que no sólo es electricidad lo que
necesitamos. La electricidad no es la forma principal de consumo de
energía. En España en forma eléctrica sólo se consume el 22% de la
energía final, y ese porcentaje no ha variado mucho a lo largo de las
décadas. Y nos han vendido la moto de una electrificación masiva de la
sociedad que es técnicamente imposible: por falta de materiales, de
prestaciones… De nuevo a estas alturas todo esto ya se sabe.
Y
por eso, no tiene sentido que sigamos instalando masivamente más y más
potencia renovable si no sabemos que utilidad va a tener. Y eso no quita
-quiero subrayarlo- que la electricidad que produzcamos debería ser
100% renovable y limpia, para frenar el calentamiento global. Eso por
supuesto.
¿Qué sistemas deberíamos instalar para dar estabilidad a
las renovables? Hay algunos que son sencillos técnicamente, y que
darían inercialidad al sistema. Son sistemas clásicos, los de toda la
vida: un volante de inercia, una turbina conectada a un alternador que
gira. Eso puede funcionar como un motor, cuando sube la potencia de
manera excesiva, absorbe ese exceso. De esta manera transformamos una
energía que es discontínua e intermitente, en una estable y que genera
energía contínua. Esto habría que implementarlo para la fotovoltaica
pero también para la eólica
Esta solución generaría algo muy útil,
que es capacidad de absorber potencia reactiva. Por intentar
explicarlo: los cables que transportan la electricidad a veces acumulan
energía en forma de campos eléctricos y magnéticos que a veces son un
poco impredecibles, porque de golpe te devuelven esa energía. Pero esta
turbina podría absorber esta oscilación.
Después de los volantes
de inercia, otra solución son las baterías, lo que permitiría almacenar
la energía sobrante y liberarla cuando la necesitemos. Pero hay un
problema: serían baterías de litio -como las de los móviles, los
ordenadores o los coches eléctricos-, y es un material caro. Pero
podrían liberar gran cantidad de energía para usarla rápidamente.
También
tenemos otra solución, que son sistemas de sales fundidas, un método de
almacenamiento de energía por transferencia de calor que utiliza sales
inorgánicas en estado líquido a altas temperaturas. Cuando sobra
energía, calientas estas sales, cuando te hace falta, usas ese calor
para volver a producir electricidad. Esto tiene pérdidas, pero hay
formas de reducirlo bastante, y sirven para almacenar una gran cantidad
de energía. El gran inconveniente es que es un sistema lento: lento para
calentarse y lento para liberar la energía.
¿Qué debería hacerse?
Pues combinar todas estas soluciones técnicas, todas juntas, en un
sistema bien planificado, para que se aprovechen sus sinergias, como si
fuera una orquesta.
¿Qué pasa? Que todo esto, a escala nacional y no digamos europea, es caro, muy caro. Requiere de una enorme inversión…
Hay que implementar las renovables como Dios manda
Claro,
se trata de obligar al oligopolio eléctrico a que asuman este coste. A
que destinen una parte de sus gigantescos beneficios en dar estabilidad a
un sistema del que dependemos todos
Bueno, llegados a
este punto y a ser osados, voy a ir más lejos y a apostar: la producción
de electricidad -en Europa y en España- debería estar nacionalizada, y
no depender de la codicia y el ansia de beneficio de unas pocas
empresas.
Usted es una voz que desde la ciencia
nos alerta contra las catastrófica el cambio climático, y la necesidad
de hacer una transición energética. Pero también no deja de advertir que
las soluciones que se están dando a esta amenaza no son neutrales, y
que las actuales políticas de transición ecológica están enfocadas desde
los intereses de los más ricos, desde los intereses de las grandes
corporaciones monopolistas… ¿Es así?
No
sólo es así, es que es peor. Porque no se están dando respuesta a los
actuales problemas. Parece que sí, porque se invierte dinero y se hacen
instalaciones. Pero como no se está dando una respuesta adecuada, se
gastan un montón de recursos y al final el problema climático se sigue
agravando. Las emisiones globales de CO2 no es que sean enormes, es que
alcanzaron un nuevo récord en 2024.
Y eso que España, como muchos
otros países occidentales, está inmerso en una crisis industrial, donde
cada vez se produce menos -por la desaparición de empresas- y hay un
menor consumo de energía, particularmente del consumo de electricidad.
No se está haciendo ninguna transición ecológica realmente efectiva.
Porque
efectivamente, estamos en un sistema volcado en conseguir beneficios a
corto plazo, y el modelo de «transición ecológica» por el que se está
apostando ha sido decidido por grandes firmas económicas, que han
diseñado lo que hay que hacer para mantener el tinglado capitalista en
marcha. Y es un modelo -y así lo perciben muchos ciudadanos- que excluye
a los pobres, a las personas con bajas rentas. Si tú vives en un barrio
obrero o en una ciudad dormitorio, no te vas a comprar un Tesla
eléctrico de 60.000 euros, sino que igual tienes que seguir tirando con
el viejo coche diésel que va como un mechero.
Una transición ecológica al servicio de los ricos
Muchos,
desde la ciencia y la defensa del medio ambiente, abogan por la
necesidad de hacerlo desde la necesidad el decrecimiento, que muchos
piensan que implica renunciar al bienestar. ¿Qué defiende esta corriente
de pensamiento?
Claro, porque hay una cuestión que es
incontestable. Los recursos del planeta son finitos, y algunos ya
comienzan a dar signos de agotamiento.
Muchos apuestan todo a que
la alternativa para la transición ecológica pasa por la electrificación,
pero materiales como el cobre comienzan a ser escasos. Y no digamos ya
las tierras raras.
Pase lo que pase, el modelo de crecimiento sin
parar conduce al desastre. Y va acompañado de un proceso de bombeo de
renta desde abajo hacia arriba, desde los sectores más vulnerables y
empobrecidos hacia las élites.
Mira lo que pasa con la vivienda.
Hace veinte años tuvimos una burbuja inmobiliaria en torno a la compra
de pisos, con las hipotecas; ahora es en torno al alquiler. Ahora es que
no podemos vivir ni siquiera en un piso que no es nuestro. Súmale a eso
la inflación de los alimentos y de lo demás, al aumento de la
precariedad.
Entonces, es necesario decrecer. O lo hacemos de
forma catastrófica, desordenada y abrupta… o podemos hacerlo de forma
racional, planificada, de manera que signifique un aumento de bienestar
para la mayoría. Eso es lo que defiende la corriente del decrecimiento."