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17.8.21

Si Alemania sube su SMI un 1%, España debe subirlo un 4%. Varios informes del Bundesbank y de la Midestlohnkommission (independiente, compuesta por empresas y sindicatos), que hablan de las bondades del salario mínimo para reducir la desigualdad y la discriminación salarial

Carlos Cagigal @CcagigalNeira

 Dada las diferencias entre la economía alemana y la española, si Alemania sube su SMI un 1%, España debe subirlo un 4%. Ya lo aviso. No les preguntáis a los economistas neoclásicos el porqué, porque su Econometría limitada no llegaría a ello ni en cien años.

2:30 p. m. · 19 jul. 2021·Twitter for Android
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Jesús @lopus1981b
En respuesta a @CcagigalNeira

 4 veces mas ¿Por bajos salarios, productividad, por qué?

Carlos Cagigal @CcagigalNeira

 Por todo: PIB, estructura económica, salarios, productividad, recaudación... Y la diferencia está en que en España, según mis cálculos subidas de SMI no sólo no destruyen ni ralentizan sino que pueden generar empleo.

Carlos Cagigal @CcagigalNeira
En respuesta a @Jorge_Econopata

 Mediocre es pensar que un país con salarios bajos o las reducciones salariales hacen crecer un país o lo hace "más competitivo". Lo único que hace crecer es el bolsillo del que les tiene empleados o les contrata.

3:59 p. m. · 19 jul. 2021
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Carlos Cagigal @CcagigalNeira

Alemania sube de nuevo su SMI creado en 2015. Existe una comisión independiente, la Mindestlohnkommission, encargada de analizar y estudiar los efectos que produce el SMI dentro de la economía alemana. La Midestlohnkommission emite un informe sobre los efectos del SMI cada 2 años.

2- Son ya varios informes, del Bundesbank y esta comisión independiente (compuesta, entre otros, por empresas y sindicatos), y en años sucesivos que hablan de las bondades del SMI para reducir la desigualdad y la discriminación salarial existente entre el Este y Oeste alemán.

3- Seguro que muchos economistas y "expertos" nunca habían oído hablar de ella... Y esta comisión, como el Bundesbank, no son los pseudoestudios de muchos institutos de análisis económico españoles o los informes mediocres de nuestro BdE. Animo a todos a que lo comprobéis...

2:22 p. m. · 19 jul. 2021
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23.1.20

La OIT cifra en 64.500 millones de euros al año la pérdida en la renta de los trabajadores en España desde 2009... 3.200 euros al año por trabajador... ¿Quién se los queda a deber?

"Las rentas de los trabajadores pierden peso sobre la riqueza a nivel mundial y España es uno de los países que más destaca en ello. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha puesto este lunes el foco en la "enorme" caída de las rentas del trabajo en España, en favor de las del capital, respecto al Producto Interior Bruto: han pasado de suponer el 66,6% en 2009 al 61,2% en 2017.

 "Significa unos 64.500 millones de euros que anualmente en vez de estar en manos de los trabajadores ya no lo están", ha explicado Joaquín Nieto, director de la Organización Internacional del Trabajo para España.  (...)

Una de las novedades de la edición del informe de la OIT para este 2020, y donde se menciona a España, es el estudio de la pérdida de participación de las rentas del trabajo sobre la riqueza. Con una metodología desarrollada por la OIT, que incluye no solo los salarios de los empleados sino también las rentas que obtienen los autónomos, el estudio señala que "la proporción de la renta del trabajo –en contraposición a la proporción de la renta nacional que va a parar a los poseedores del capital– disminuyó a nivel mundial del 54% en 2004 al 51% en 2017".

En 2004, el dato en España era del 63,4%. "En España la caída ha sido muy superior a la que se ha observado en todo el mundo", ha subrayado Joaquín Nieto, que ha puesto el acento en el efecto de la crisis económica. "Desde el año 2009 son cinco puntos menos, es una cantidad inmensa", ha advertido el responsable de la OIT en España. En euros, equivale a una disminución para las rentas de los trabajadores de "64.500 millones de euros al año". "Eso representa una pérdida también enorme desde el punto de vista de cada uno de los trabajadores: estamos hablando de 3.200 euros al año por trabajador".

Nieto ha achacado este descenso a la crisis económica y las medidas que se implementaron para superarla. "Al final todas las políticas de austeridad de la crisis y la manera que ha habido de afrontarla han tenido como resultado esa pérdida". La OIT subraya que, al contrario que la media de la UE, España no ha logrado aún superar el nivel de empleo de 2007. No hay tantos trabajadores y sus salarios se ha devaluado en estos años, con más precariedad en el empleo, lo que se traduce en total en un menor peso de las rentas del trabajo sobre el PIB nacional.  (...)"             (Laura Olías, eldiario.es, 20/01/20)

24.6.19

CCOO: "La subida del salario mínimo no solo no destruye empleo, sino que lo crea" El sindicato presenta un estudio en el que señala que la subida del SMI beneficiará a 1,2 millones de trabajadores y contribuirá a crear 124.000 puestos de trabajo

"La subida del salario mínimo no solo no destruye empleo, sino que lo crea", ha afirmado este miércoles en rueda de prensa el secretario general de CCOO, Unai Sordo. En pleno toma y daca entre diferentes instituciones sobre cual ha sido el efecto de la subida a 900 euros del salario mínimo interprofesional (SMI), CCOO ha aportado su propio análisis.

 En contra del diagnóstico negativo del Banco de España y de la Airef (que luego matizo), la central considera en un estudio que no existen indicadores que muestren un impacto negativo. Y no solo no tendrá un efecto destructivo, sino que contribuirá a generar 124.000 empleos.

"No se puede decir a través de ningún indicador que la subida del SMI haya tenido ningún efecto en la destrucción de empleo", ha defendido Sordo. (...)

Según ha citado Sordo del informe en base a datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) del primer trimestre del 2019, el 86,7% de los ocupados con estudios primarios e inferiores mantienen su puesto de trabajo; un porcentaje muy similar al de ejercicios anteriores. 

Tampoco pierden su empleo los trabajadores con escasas antigüedades, ya que el 81% de los que acumulan menos de un año de contrato permanecen en su puesto; un promedio algo más elevado que en años anteriores.

El análisis de CCOO señala que CanariasExtremaduraMurcia y Andalucía son las comunidades que más se han beneficiado de la subida del sueldo mínimo y que esta también tiene un impacto en clave de género. Si la central estima que 1.213.000 ocupados han sido los directamente beneficiados por dicha medida, representando al 7,4% de los asalariados españoles, entre las mujeres la proporción es mayor, notando la mejora el 9% de las ocupadas. 

El ascenso del mínimo a 900 euros generará, según cálculos del sindicato, un aumento de 2.000 millones de euros a la masa salarial en el mercado de trabajo español.  (...)

En anteriores ocasiones CCOO ya había denunciado resistencias en ciertos sectores económicos a la hora de aplicar dicha subida. En la rueda de prensa de este miércoles ha insistido en este aspecto, señalando directamente al sector agrario como uno de los más reticentes a aplicar esta normativa de obligado cumplimiento.

Otra rama de actividad que ha protagonizado protestas estos días en relación a la no aplicación del SMI es el del reparto de comida a domicilio. Los trabajadores de Telepizza realizaron la semana pasada una huelga en la ciudad de Zaragoza al considerar que no se les estaba aplicando correctamente el incremento. Unas protestas que las centrales prevén reproducir en las próximas semanas en otras ciudades, como en Barcelona. La empresa, por su parte, ha declarado en un comunicado cumplir con la legalidad."              (Gabriel Ubieto, El Periódico, 05/06/19)

10.4.19

El déficit de la Seguridad Social se está reduciendo a un ritmo acelerado. Adivina cuál es el principal motivo: el incremento del salario mínimo. Pero PP y Ciudadanos están absolutamente en contra

"El déficit de la Seguridad Social se está reduciendo a un ritmo acelerado. Adivina cuál es el principal motivo: el incremento del salario mínimo. Pero PP y Ciudadanos están absolutamente en contra"                     (Eduardo Garzón, Twitter)


"La subida de cotizaciones impulsa la recaudación de la Seguridad Social. El instituto público ha recaudado más de 20.000 millones hasta febrero, un 6,5% más que el año anterior.

 La recaudación de la Seguridad Social se ha acelerado en 2019. Hasta febrero las cotizaciones habían aportado 20.094 millones, un 6,5% más que en el mismo periodo del año anterior, según el Ministerio de Trabajo. 

La recuperación del empleo y la subida lenta de los salarios ya llevan años mejorando los ingresos. Pero en lo que va de 2019 el incremento es sustancial. ¿Por qué? El aumento de las bases máximas de cotización un 7% y el de las mínimas un 22,3% (en paralelo al salario mínimo) juegan un papel muy importante. (...)

También el aumento del 22,3% salario mínimo interprofesional tiene influencia, ya que este incremento lleva aparejado en paralelo el de sus bases de cotización y eso se nota tanto en el régimen general como las cuotas de los desempleados (los servicios públicos de empleo cotizan sobre la base mínima por quienes cobran subsidios). (...)"                (Manuel V. Gómez, El País, 07/04/19)

14.3.19

Los salarios de la clase media no suben (e incluso bajan), y las razones no son nada buenas

"Los trabajadores, especialmente los más jóvenes, están hastiados de oír que son la generación más preparada de la Historia, pero no ven que ello se refleje ni de lejos en sus muchas veces raquíticos salarios

El hecho es que ya no es sólo el salario de por sí, sino que además asisten atónitos a cómo se ha roto con la tendencia natural tradicional por la que, cuando el desempleo bajaba y el mercado laboral se tensionaba, los salarios subían. Ahora ya no es así desde hace varios años, y debemos ser conscientes de que no es que vivamos en la era de los trabajos de baja cualificación, sino que vivimos en la era de los salarios bajos: quieren (y tienen) “los duros a cuatro pesetas”.

Efectivamente, los economistas ven ahora cómo el nivel de desempleo por ejemplo en Estados Unidos se sitúa en un escaso 4%, pero sin embargo los salarios vienen manteniendo una eterna letanía, por la que no arrancan al alza (en términos reales), cuando en otros ciclos económicos hace trimestres que ya lo habrían hecho.

Como bien explicaba The Guardian hace unos días, aquí no vale el clásico razonamiento de que los salarios suben sólo si también lo hace la productividad. Realmente ésta era la tónica habitual hasta hace unas décadas, durante la época que va desde el fin de la Segunda Guerra Mundial a principios de los años 80: productividad y salarios sí que mostraban una fuerte correlación.

Pero desde entonces las cosas ya no han vuelto a ser iguales, y los salarios han emprendido la senda de la atonía (o incluso descenso en amplios grupos de población laboral), que hoy por hoy ya puede ser calificada de auténtica letanía. 

De hecho, una nueva investigación del Instituto para Política Económica ha arrojado la reveladora estadística de que, desde 1970 hasta la actualidad, la productividad se ha incrementado un contundente 73.7%, mientras que los salarios (descontada la inflación) lo han hecho un raquítico 12.3%. Y la parálisis salarial sólo se vuelve más severa conforme pasa el tiempo, con datos que revelan que en 2018 el salario real del sector privado de EEUU no creció en absoluto, algo especialmente revelador en un contexto de crecimiento económico como el del año pasado.

Como comentaba The Guardian, hay otra importante correlación tradicional en torno a los sueldos que también ha quedado rota. Se trata de que, hasta hace unas décadas, cuando los salarios subían, lo hacía también la bolsa. Hoy por hoy ocurre lo contrario, y hace unas semanas ya asistimos a cómo los mercados de EEUU se dieron una zambullida por el simple hecho de que salieron unos datos en Febrero que revelaban que, por fin, los salarios parecía que estaban revitalizándose. El terror a la inflación (y a la subida de los tipos de interés) arraigó por unas horas fuertemente entre los operadores bursátiles.

Finalmente, los mercados recuperaron la calma cuando se supo que, en realidad, ese incremento salarial resultó no serlo en mediana, sino tan sólo en una media que ocultaba que los que habían tenido esas subidas salariales eran precisamente los que mayores salarios tienen ya. Lo nunca visto: esto es un divorcio contra-natura entre Wall Street y Main Street.

Llegados a este punto, hay que preguntarse: ¿Pero y por qué no suben los salarios?

 Es la pregunta del millón de dólares (valga la paradoja por el tema) para todo economista. Se han escrito ríos de tinta para poder dilucidar qué está ocurriendo en los mercados laborales para que los salarios no tengan ningún brío, con las evidentes consecuencias macroeconómicas que ello implica en el largo plazo. (...)

Generalmente, y para la mayoría de las incógnitas económicas, para saber la verdad hay simplemente que esperar y ver (aparte de hacer un análisis correcto, claro está).

Así ha sido también para el tema de los salarios anémicos, pero antes de pasar a los datos, vayamos con los razonamientos, porque algunos de ellos son perversos (según la lógica matemática) como podrán observar. Uno de esos argumentos perversos, que desmontaba Business Insider y que está muy extendido, es que los salarios no suben porque los empleadores no encuentran en el mercado las capacidades que buscan. 

Cualquier técnico de Recursos Humanos sabe perfectamente que, si buscan un perfil que necesitan sí o sí, y los candidatos que han postulado no se adaptan a sus expectativas, lo que hace la empresa generalmente es subir la retribución. Si eso ocurriese, estaríamos viendo el “teórico” buen funcionamiento de los mecanismos del libre mercado aplicados al mercado laboral.
En realidad, esto sí que ha ocurrido en algunos submercados laborales, como por ejemplo en el de la Inteligencia Artifical (IA), según les analizamos hace unos meses. Pero no ha ocurrido así en (prácticamente) todo el resto de los rincones del mercado laboral 

(...) los beneficios empresariales siguen creciendo fuertes, pero no así los sueldos.
De hecho, esos beneficios siguen manteniéndose elevados, representando un porcentaje históricamente alto de los ingresos corporativos. Si no suben los salarios en este contexto tan propicio para ello es literalmente porque no quieren, algo especialmente probable en un mercado laboral en el que además un reciente estudio del Roosevelt Institute revela que actualmente hay una alta tasa de concentración en la oferta laboral. Este estudio además aporta datos reveladores, que permiten concluir que esa concentración laboral está influyendo fuertemente en mantener los salarios sin los incrementos que el contexto actual crecimiento económico actual justificaría.

Es lo que se conoce hoy en día por “monopsony”, y trae la citada tasa de concentración laboral que en otros mercados del sistema capitalista ya habría justificado la intervención de las todopoderosas autoridades anti-monopolio. Siendo esto así, efectivamente, es un motivo más (y muy coherente) por el que el mercado laboral no está funcionando lo eficientemente que debiera, puesto que la manipulación de los precios (salarios) es mucho más sencilla en un escenario de concentración de la oferta laboral.

(...)  hay ya numerosos sectores que están sufriendo efectos dramáticos a causa de esos salarios que parecen querer mantenerse bajos indefinidamente. Así lo ha revelado Bloomberg recientemente con un análisis, que tomaba por caso de estudio tres sectores caracterizados por su sostenidamente baja retribución: construcción, transporte por carretera de largo radio, y guarderías. Y no va la cosa simplemente de los efectos nocivos derivados de forzar a que no haya subidas salariales. 

El tema es más grave, con el claro perjuicio macroeconómico de una penalización evidente en coste de oportunidad y con un crecimiento económico perdido y por debajo de su potencial, todo como consecuencia de esos salarios artificialmente bajos. 

(...)  el sector laboral de los salarios bajos ya supone un porcentaje muy importante de la economía estadounidense, tras nueve años desde el inicio de la Gran Recesión. Ésta ha hecho que, desde entonces, el sector de bajos sueldos terciarios haya sido el sector económico-laboral que ha crecido más rápidamente. Pero, además, este bajo rango salarial ha disparado su peso en la economía de ese todopoderoso sector servicios, hasta convertirse en el sector económico-laboral de mayor peso en el conjunto de la economía nacional.

Así, como informaba la CBS News, Florida ha llegado a afirmar contundentemente que, para revertir la dañina tendencia de la polarización económica, se necesita hacer un “upgrade” de los rangos laborales del extremo más inferior. De hecho, llegó a concluir en otro artículo de investigación que el único modo de crear un amplio número de trabajos que permitan mantener una familia es reconstruir la clase media, y que esto sólo puede hacerse realizando ese “upgrade” de esos trabajos más precarios y con menores salarios del sector servicios, cuyas condiciones laborales cada vez se degradan más.

De no hacerlo, lo más probable es que algún día ese divorcio entre Wall Street y Main Street del que hablábamos antes lo acabemos pagando todos muy caro. El capitalismo ya no puede sobrevivir como tal sin su apellido “popular”: es precisamente una clase media amplia y acomodada lo que da estabilidad al sistema, y le imprime una prosperidad sostenible en el tiempo (que además resulta así ser para -casi- todos).

 Así ha sido de hecho durante la época dorada del capitalismo en el siglo XX, aquella que llegó cuando se disipó el olor a muerte de la fatídica Segunda Guerra Mundial. No debemos volver a cometer los mismos terribles errores del pasado, porque no se puede olvidar que sólo fue tras aquel sufrimiento extremo de la sociedad, cuando las élites político-económicas ya llegaron en su momento a la conclusión de hoy. Y es que esa clase media amplia y acomodada era absolutamente necesaria para evitar que se volviesen a repetir aquellos macabros desastres.

 No sé por qué ahora vamos a reinventar la rueda (de la muerte), y encima algunos creer que van a salir indemnes de lo que pueda traer de nuevo: en esta ocasión, tampoco nadie estará a salvo de un sufrimiento socioeconómico de aquel calibre. Nadie."              ( , El blog salmón, 12/03/19)

10.1.19

En Seattle han subido el salario mínimo, y no se aclaran sobre el porqué no ha perjudicado a la economía

"(...) Estamos hablando de ese eterno debate sobre la conveniencia o no de subir el salario mínimo, y el impacto positivo o el deterioro que algunos ven en la economía, según sea su importe o meramente si es una subida o una bajada.

En Seattle han tenido una reciente experiencia al respecto, y los resultados sobre la economía no sólo no han sido los esperados, sino que los economistas no los alcanzan a entender, y menos a ser capaces de explicarlos sin dejar margen para las dudas más sistémicas. 

Como pueden leer en esta noticia de Bloomberg, Seattle fue una de las primeras ciudades de Estados Unidos en empezar a dar señales de vida, tras el electrocardiograma plano en el que la Gran Recesión dejó a la economía de las metrópolis estadounidenses (y mundiales). (...)

Así, las autoridades locales optaron por valorar subir el salario mínimo en la ciudad, como forma de atajar esa tendencia creciente de la desigualdad. Una parte importante del sector económico estadounidense y de Think Tanks muy infuyentes se les echaron encima, y predijeron un futuro económico desolador para la ciudad, con mayores niveles de paro y una vuelta a la reciente depresión económica tras el desastre de Lehman Brothers.

Esto supuso en su momento una gran controversia especialmente desafiante, y puso a prueba las convicciones más férreas de los gobernantes locales. Debemos ponernos en situación y recordar que, tras la Gran Recesión, y en una ciudad donde por fin veian tímidos atisbos de recuperación, era toda una gesta tomar unas medidas tan trasgresoras en EEUU, y por las que muchos economistas y académicos les acusaban de enterrar una tímida recuperación económica aún muy renqueante.

Las categóricas predicciones de gran parte del mundo económico de EEUU dejaban tan poco margen para la ambigüedad como llegaban a ser incluso osadamente específicas: auguraban un panorama especialmente desolador en concreto para el sector de la hostelería de la ciudad, uno de los empleadores de bajo coste más importantes de su tejido socioeconómico. 

Desde muchos sectores se llegó a calificar la nueva medida económica "Seattleliana" como "un mero intento estúpido de elevar los estándares de vida de la ciudad".

 Tras subir el salario mínimo a 15$/hora, la economía de Seattle no sólo se resintió, sino que demostró un renovado vigor, que no hizo sino reforzar la por entonces todavía incipiente recuperación económica. Eso además de, obviamente, reducir también los índices de desigualdad social que habían empezado a alarmar a las autoridades locales, y que habían dado origen a lo que resultó ser toda la prueba de campo en la mayor (y capitalista) economía del planeta.

Aunque en su momento supuso un efímero punto de refuerzo para los más agoreros, lo cierto es que la realidad hizo que tan sólo una cadena de pizzerias bajase la persiana definitivamente tras la subida. Sólo por llevar la contraria, no sólo no cerraron más negocios de hostelería, sino que se abrieron multitud de ellos, y el sector hostelero en concreto experimentó una marcada y sostenida tendencia al alza como pueden ver en el gráfico del enlace anterior de Bloomberg. Por otro lado, los trabajadores del segmento de salarios mínimos pasaron a trabajar menos horas, pero ganando más en el cómputo total de ingresos por trabajador.

En términos más generales, el crecimiento económico de Seattle resultó demostrar una solidez tal, que a nadie le queda ya la sombra de la duda de que el balance de los aspectos positivos de subir el salario mínimo han superado con creces el de los aspectos negativos (al menos en este caso concreto). 

Tan sólo se puede poner un "pero" con fundamento, y es que, en el segmento de salarios mínimos, los trabajadores con mayor experiencia fueron los más beneficiados, pero apenas nadie parece darle demasiada importancia al dato, y de hecho otras ciudades han replicado o van a replicar la medida, incluida la influyente y puntera Nueva York.

El caso (con tintes académicos) de Seattle es doblemente significativo, y lo revelador va mucho más allá de la simple pregunta de si subir el salario mínimo crea o destruye empleo, y si mejora o perjudica a la economía. En primer lugar, lo relevante del caso viene porque, cuando en la ciudad decidieron subir por ley el salario mínimo, muchos medios y Think Tanks estadounidense se llevaron las manos a la cabeza, y predijeron taxativamente que la ciudad iba a sufrir una calamidad económica por haberse atrevido a semejante medida.

La realidad ha traído datos tangibles de que ha ocurrido exactamente lo contrario a lo que muchos economistas estadounidenses predecían con rotundidad. Quedó patente una de las tesis del espíritu crítico más constructivo de estas líneas, y es que no todo debe ser directamente liberalismo en la economía, sino sólo en aquellos asuntos en los que la solución que aporte el liberalismo sea la adecuada (que ni lo es siempre, ni lo es nunca).

Paradójicamente, y para alegría de un servidor, uno de los grupos de académicos que más claramente muchos tomaron como base para vaticinar un desastre económico en Seattle, la Universidad de Washington y su estudio sobre el salario mínimo de 2017, demostró ser capaz de realizar todo un alarde de autocrítica, y reconoció los errores propios, saliendo reforzado en opinión de los sectores más constructivos (como nosotros).

 El estudio había cometido errores como pasar por alto estudiar el impacto de esta medida en los grandes empleadores de salarios mínimos, muchos de ellos además de carácter interestatal, y que además habían resultado ser el objetivo principal de la nueva política salarial de Seattle, incluso con medidas especiales para ellos como un salario mínimo aún más alto.

Como también relata Bloomberg, otro aspecto esencial que se pasó por alto en este estudio que había hecho las delicias más liberales, fue el hecho de que, ya en 1994, los economistas Alan Krueger y David Card demostraron cómo los aumentos de salario mínimo graduales y no drásticos no tenían por qué reducir el empleo ni impactar en las horas trabajadas de una forma significativa.

 La reacción de los responsables del estudio de la Universidad de Washington fue peinarse por dentro y tratar de incorporar los nuevos datos a nuevas investigaciones, demostrando que su objetivo real no era llevar razón, sino llegar a la teoría más correcta. (...)"           ( , El blog salmón, 08/01/19)

4.10.18

Para los trabajadores no supervisores (no-directivos), que son la mayor parte de la fuerza laboral estadounidense (133 millones de 162), los ingresos reales están cayendo, no aumentando, mientras que la carga de la deuda de los consumidores está creciendo...

"(...) la teoría económica dominante, en general, parece convencida de que los EEUU han salido de su Larga Depresión de los últimos diez años y ahora funciona 'normalmente'. La tasa oficial de desempleo está en mínimos históricos, los salarios están empezando a subir un poco y la inflación ha comenzado a subir marginalmente.   (...)

Pero como he señalado en una nota anterior, si la Fed se equivoca y los sectores productivos de la economía de Estados Unidos no reanudan su 'crecimiento normal' (la tasa de crecimiento del PIB real media desde 1945 ha sido del 3,3%, por lo que no estamos aún ahí), los crecientes costes de servicio de la deuda corporativa y de los consumidores podrían provocar una nueva recesión.

El factor clave para el crecimiento es la inversión del sector capitalista. Y lo que decide el nivel de inversión, a fin de cuentas, no es el nivel o el coste de la deuda, sino la rentabilidad de cualquier inversión. La inversión empresarial ha hecho una modesta recuperación en los últimos trimestres, impulsada por el aumento del 16% en las ganancias corporativas después de impuestos

Pero la mayor parte de esta bonanza de beneficios para las empresas de Estados Unidos en el año 2018 se ha utilizado para pagar mayores dividendos a los accionistas y la recompra de acciones de las compañías para impulsar el precio de sus acciones, no en inversión productiva. 

Y dentro de la inversión productiva, la mayor parte ha sido en la industria del petróleo y en 'propiedad intelectual' (software, etc.). La inversión en equipos y nuevas estructuras en otros sectores ha sido muy modesta.

(...) los ingresos medios de las familias estadounidenses avanzan poco.  En una excelente nota, Jack Rasmus, del Partido Verde estadounidense demuestra que para los trabajadores no supervisores (no-directivos), que son la mayor parte de la fuerza laboral estadounidense (133 millones de 162), los ingresos reales están cayendo, no aumentando, mientras que la carga de la deuda de los consumidores está creciendo. 

Cuando Trump anunció sus recortes de impuestos a las empresas, afirmó que esto permitiría que subieran los salarios gracias a sus mayores beneficios. Esto, por supuesto, ha resultado ser un disparate. Ha habido muy pocas subidas salariale en el sector privado desde el final de 2017.

 Y es sólo en los EE.UU donde se puede hablar de 'recuperación' o de crecimiento 'normal'. En el resto del mundo la esperanza de una vuelta a las tasas de crecimiento anteriores a la crisis parecen haberse desvanecido. En la zona euro, el crecimiento ha vuelto a caer a alrededor del 2% anual, un tercio por debajo de las tasas anteriores a la crisis.

 En Japón, esta de nuevo en el 1%. China también está 'luchando' para mantenerse por encima de 6% anual.

 Como lo resume la OCDE en su más reciente informe provisional sobre la economía mundial: “El crecimiento global está en su pico más alto; la guerra comercial está empezando a hacer daño; el crecimiento de la inversión sigue siendo demasiado débil para aumentar la productividad; los salarios reales siguen siendo inferiores a los de los niveles anteriores a la crisis; y nunca se recuperarán las pérdidas de ingresos de la Gran Recesión“.

 “Las tensiones comerciales están empezando a hacer daño, y ya están teniendo efectos adversos en la confianza y los planes de inversión. El crecimiento del comercio se ha estancado, las restricciones están teniendo efectos sectoriales y el nivel de incertidumbre de la evolución comercial sigue siendo alta“.  (...)

Y a medida que las tasas de interés a nivel mundial se elevan (impulsadas por la Fed) y las guerras comerciales comienzan a ahogar el comercio mundial, los mercados emergentes con alto nivel de deuda corporativa son especialmente vulnerables. (...)"                 (Michael Roberts  , Sin Permiso, 30/09/2018)

26.9.18

Si Jeff Bezos quiere ayudar a los trabajadores pobres, ¿por qué no empieza por pagarles mejor a los suyos? Así no tendrían que hacer sus necesidades en botellas de plástico ante el temor de ir al baño y que les descuenten parte del sueldo...

"(...) El dueño de Amazon ha lanzado lo que se ha denominado “Day One Fund”, la simple declaración de intenciones que pretende ser. Hace tiempo que a Bezos se le critica por su falta de músculo filantrópico, y más desde que se convirtiera en el hombre más rico de la historia moderna. 

Hace un año Jeff estaba en tan baja forma en lo que respecta a no parecer un auténtico cretino que comenzó a solicitar ideas por internet. Y parece evidente que ignoró todas aquellas que le decían: “Deja de tratar a tus trabajadores como basura”. (...)

Justo después de anunciar la inmersión de Amazon en el sector de la salud, Jeff acaba de decidir ayudar a los sin-techo y a las comunidades de bajos ingresos con donaciones y escuelas sin ánimo de lucro.

“Usaremos los mismos principios que nos han guiado en Amazon”, explica, entusiasmado.  “El niño será el cliente”. Mmm. Clientes que compran esta clase de tonterías también compraron aquella que sugería que Elon Munsk es un humanitario o que Mark Zuckerberg fue esencial el año pasado por querer compartir historias con los americanos humildes.

A bote pronto, Jeff ya ha tenido dos muy claras oportunidades para ayudar a los sin-techo y a las familias pobres. 

Una fue en Seattle, donde tiene la sede central Amazon, y donde la compañía bloqueó una propuesta fiscal local destinada a grandes empresas, que pretendía aliviar la crisis de los sin-techos en la ciudad, mediante la paralización de un proyecto inmobiliario. 

La segunda fue, simplemente, por no pagar mejor a sus trabajadores. Los proyectos de beneficiencia comienzan en los pasillos de los 89 almacenes de Amazon, allí donde el personal en nómina de la multinacional llegar a tener que hacer sus necesidades en botellas de plástico ante el temor de ir al baño y que les descuenten parte del sueldo.  

Pero tipos como Jeff no quieren gobiernos u hormigas trabajadoras apropiadamente remuneradas, que requieren créditos para lo que, después de todo, no debería ser sino la recompensa por su trabajo. La regla que aprendes en el “Day One” de un filántropo multimillonario es que no piensa dar dinero mediante su negocio a la gente pobre que, literalmente, ya trabaja para él. Por lo visto lo malgastarían.  

Sin embargo, si quieres que hagan cola y lo soliciten a través de una subvención por la que el señor filántropo recibirá un aplauso, entonces la cosa es diferente. La dignidad es algo que él distribuye, no algo que los otros conquistan.    (...)

Pero el cálido resplandor que pretende atribuirse nuestro amigo Jeff no termina ahí. Existe toda una industria de premios filantrópicos prefabricados establecidos para vanagloriar a bondadosos como él. Y el resto de los mortales solamente necesita esperar a la primera historia de un trabajador de Amazon lanzado a los brazos del caritativo Bezos para alcanzar unos ingresos dignos.  (...)

Luego, tal vez la historia aparezca en el Washington Post, el venerado -de manera totémica- periódico que él mismo posee y que recibe una ridícula cantidad de préstamos bancarios por aislarlo editorialmente. Y ni siquiera eso.

Hay, por supuesto, una tercera vía por la cual los multimillonarios tecnológicos podrían hacer del mundo un lugar mejor, pero por alguna extraña razón siempre reculan: ¡impuestos! El año pasado los beneficios de Amazon en el Reino Unido se triplicaron, pero su factura de impuestos, ¡oh!, cayó.

¿Cómo puede alguien que no paga impuestos decentemente ser referido como “filántropo”? Lo siento por dejar a Jeff y a todos los demás a la altura de la gente corriente -sanitarios, docentes, albañiles, etc.-, aquellos que pagan una porción apropiada de sus maltrechos salarios para las sociedades en las que todos, incluido Jeff, vivimos. 

Pero no te puedes dedicar a integrar en tu plantilla súper contables con el único fin de optimizar cada posible céntimo de impuestos a pagar, después retribuirles con un minúsculo porcentaje de lo que te han hecho ahorrar, y finalmente esperar ser tratado como el redentor de la humanidad.

Visto con perspectiva, Jeff es otra de esa clase de emisarios que te hacen enfermar para poder sanarte. Véase por ejemplo Gwyneth Paltrow, cuya pringosa página web está siempre abordando diversas cuestiones sobre la salud de las mujeres, pero luego publicita todo tipo de excentricidades que causan la mitad de todos esos problemas. O véase también el Partido Conservador, que se ha pasado los últimos años destruyéndolo todo para a continuación decir que solamente son ellos los que lo pueden solucionar.

El mejor de todos sus trucos es, sin embargo, convencer a la gente de que ellos son la solución y no el problema. Es increíble pensar que tan solo hace diez minutos la gente estaba tuiteando a Musk: “Contamos contigo para hacernos llegar a Marte y escapar de Trump, colega”.  (...)

El nuevo jefe no es el mismo que el viejo, no. Probablemente, es mucho peor. Porque esto no es filontropía, es falsantropía."                       (El Captor, 17/09/18. Artículo de Marina Hyde, publicado en inglés en The Guardian)

25.10.16

Las subidas salariales son una condición necesaria, aunque no suficiente, para evitar un colapso de la economía mundial

"Las subidas salariales constituyen, hoy más que nunca, una condición necesaria, aunque no suficiente, para evitar un colapso de la economía mundial. Es parte de la composición futura de todo antídoto que se pretenda elaborar para frenar el avance del veneno inoculado por la ortodoxia neoclásica a lo largo de tantos años de destrozo.

 El coctel preparado por el Consenso de Washington, y maquiavélicamente “mejorado” a lo largo de las últimas décadas, es una mezcla, en diferentes dosis, de moderación salarial, “financiarización” de la economía, repudio a la política fiscal, y uso y abuso de la política monetaria.

 La combinación ha dado lugar a una poción altamente nociva, cuyos efectos  son bien conocidos: incremento y persistencia del desempleo, ausencia de inversiones productivas, crecimiento económico mediocre acompañado de una mayor volatilidad –inestabilidad financiera-, descenso del peso de los salarios en la renta, incremento de la pobreza, aumento de la desigualdad, mayor peso de los rentistas y lobistas.

Desde un punto de vista histórico, el actual proceso de “financiarización” en el que estamos inmersos, y que hay que revertir, se vio claramente precedido por una infravaloración programada del factor trabajo respecto al factor capital. Se pretendía de esta manera recuperar la tasa de retorno del capital.

 Se incrementaba de manera notoria la oferta de trabajo a la vez que se promovía desde un punto de vista económico unos sindicatos débiles, una mayor flexibilidad del trabajo y una reducción de salarios. Sin embargo, los efectos positivos de estas dinámicas rápidamente se agotaron al no permitirse una deflación a la Keynes y producirse un vaciamiento de la economía.  

Huida hacia adelante

A partir de aquí se inició una huida hacia adelante por parte de la superclase, en dos fases bien diferenciadas. En la primera, se compensó el vaciamiento de la economía, los bajos salarios y el aumento del subempleo, a través del crédito y la deuda, que se convirtieron en la solución para estimular la demanda y la tasa de retorno del capital. 

Ya sabemos como acabó todo ello. En la segunda fase o huida hacia adelante, en plena crisis sistémica, se subsidió, financió y rescató a terceros -bancos y acreedores- mediante una expansión de la deuda soberana, a la vez que se promocionaba la austeridad fiscal y la devaluación salarial en aras de la competitividad, aderezado todo con una política monetaria tremendamente injusta.

 Sin embargo, ello no se ha traducido ni se traducirá en nueva inversión productiva, incluida la formación de los trabajadores. Como consecuencia, la productividad del trabajo y del capital está cayendo y por ende el crecimiento económico potencial.

Fundamentos teóricos 

El fundamento teórico para justificar una subida salarial tiene que ver con una de las mayores discrepancias entre la ortodoxia y la heterodoxia: la forma de la curva de demanda de trabajo. Para la ortodoxia, dado un gasto autónomo real, existe una relación negativa entre el nivel del salario real y la demanda de trabajo de las empresas

Por el contrario, para aquellos que defendemos el principio de demanda efectiva, bajo unos supuestos microeconómicos realistas, existe una relación positiva entre el nivel del salario real y la demanda de trabajo de las empresas. Un aumento del salario real comporta un desplazamiento a lo largo de la curva de demanda efectiva de trabajo, de manera que la subida del salario real acarrea por tanto un nivel de ocupación más elevado.

Por cierto, solo una precisión, la relación negativa entre salarios reales y empleo presentada por distintos autores neoclásicos conforma una correlación espuria. En economías que crecen vía deuda, los salarios reales caen

 Por eso, las recomendaciones de la ortodoxia, la disminución del salario real llevará en realidad a una subida del margen de beneficios por unidad vendida, pero la masa de beneficios totales no cambia en modo alguno, mientras que la renta nacional, ventas y empleo global disminuirán.

 La propuesta de recortes salariales que defienden la mayoría de economistas acaba siendo contraproducente. ¡O aumentan los salarios, o la economía occidental en su conjunto se hundirá!

¿Cómo hacerlo?

Existen varias posibilidades, pero quizás dos de ellas sean las más relevantes. Por un lado, vía incrementos del salario mínimo. Por otro, mediante un reparto del trabajo a través de una reducción de jornada pero sin reducción de salarios –véase distintas experiencias exitosas en países nórdicos-.

 La salida a la actual crisis sistémica requiere de una defensa ineludible del salario. Disiento profundamente de quienes dicen que al Estado no le incumbe ocuparse del nivel de los salarios, ni del salario mínimo o máximo, ni de la jornada laboral, ni del salario de las mujeres.

 Todo lo contrario, el aumento de los salarios es un fin legítimo de la política económica. Elevar y mantener los salarios es el objetivo que deben buscar todos aquellos que viven de los mismos, y los trabajadores tienen el derecho de defender toda medida que conduzca a este resultado.

La verdad universal es que un bajo nivel salarial no significa un bajo coste de producción. Todo lo contrario. En líneas generales un país donde los salarios son más altos produce con mayores economías de escala, asociadas a una mayor formación, mayor ingenio, mayor habilidad

 Los grandes avances tecnológicos se han producido allá donde los salarios eran comparativamente más altos. Y la eficacia del trabajo es mayor donde los trabajadores viven mejor, tienen más descanso, reciben salarios más altos. 

En realidad el efecto inmediato de una reducción general de salarios en cualquier país por parte de quienes lo promovieron fue únicamente alterar la distribución de la riqueza. Del conjunto de la producción iría menos a los trabajadores y más a aquellos que participan del resultado de la producción sin contribuir a ella, es decir, los rentistas."             (Juan Laborda, Vox Populi, 21/09/16)

14.10.16

“Gane Trump o Clinton, la clase trabajadora estadounidense seguirá empobreciéndose”... el salario medio es hoy un 10% más bajo que en 1973

"(...) ¿Qué está sucediendo? ¿Por qué cree que se presta tanta atención al ‘libre comercio’?
 
El problema no es el comercio en sí, sino el estancamiento o declive en las condiciones de vida de la clase trabajadora en EE.UU. Por tomar solo un indicador: el salario medio de los trabajadores ‘no supervisores’ es hoy un 10% más bajo que en 1973. 

Los sueldos llevan estancados, en el mejor de los casos, cuarenta años, al tiempo que se disparaba la productividad. Se ha creado una clase de gente, y sus familias, que vive peor que hace una generación. Eso es algo que nunca antes había sucedido en EE.UU. 

El comercio con otros países es una de las causas, pero desde luego no la única. Trump se ha aprovechado de este panorama poniendo el acento en el comercio, y obviando otros factores. En cierta medida, es lo más fácil, porque le permite echarle la culpa de todo a “los mexicanos” o “los chinos”. 

Ha mencionado otros factores. ¿Cuáles son?

Para empezar, la ausencia de una política industrial que promueva la manufactura estadounidense y el desarrollo de la economía ‘verde’. Por otro lado, la falta de inversión pública que renueve nuestra maltrecha infraestructura, lo que redundaría en creación de empleo.

 Y luego están los asuntos puramente ‘distributivos’, como el desvanecimiento del poder de los sindicatos, que defendían a los trabajadores y lograban aumentos salariales. Si nos fijamos en Alemania, por ejemplo, el salario medio en la industria es un 43% más alto que en EE.UU. Y, sin embargo, son una potencia exportadora. 

Lo son porque tienen una política industrial muy activa, que promueve todo lo que nosotros no promovemos, como la infraestructura, la investigación y el desarrollo, la formación de los trabajadores o los programas de empleo. No digo que Alemania sea una utopía (...)

¿Qué se puede hacer, desde la política, para frenar algunos de los efectos nocivos de la integración global?

Incluso si estamos de acuerdo en que abrir las puertas al comercio es bueno para un país, porque aumenta su capacidad productiva, siempre se ha entendido que el comercio es malo para los trabajadores de los países ricos. Es algo que viene implícito en la teoría básica, pero que los economistas a menudo preferimos ignorar. 

Nos centramos en la primera parte –que el comercio aumenta la eficiencia—, pero eso no quiere decir que sea bueno para la igualdad. Como mínimo, son necesarias políticas redistributivas sustanciales para los trabajadores desplazados por el comercio, que pierden su trabajo por la competencia salarial de otros países. Estas existen, pero son tan mínimas que los sindicatos las llaman, con acierto, ‘seguros de entierro’. Hay que tomarse esas políticas de asistencia más en serio. 

Pero lo más importante, más allá de tratar los síntomas de la integración global, es propugnar la inversión pública en infraestructuras y energías renovables, además del gasto de los gobiernos locales en educación y sanidad. En lugar de recortar esas inversiones, como hacemos ahora, deberíamos expandirlas, porque son buenas para el bienestar social y crean empleo. Eso es lo fundamental, fortalecer la economía doméstica.

Si EE.UU. hiciera lo que dice, los trabajadores de otros países lo pagarían muy caro, ¿no cree?

Por eso los países, sobre todo los más ricos y los gigantes emergentes, como China e India, deberían permitir que sus mercados internos crezcan aumentando los salarios de sus trabajadores. De este modo, no dependerían tanto del comercio exterior. 

No estoy en contra del comercio, pero no debería ser la pieza fundamental del bienestar nacional. Así, si EE.UU. lograse cerrar la brecha de su déficit comercial por medio de la política industrial, no lo haría en detrimento de otros países, ya que estos estarían creciendo a base de salarios más altos y consumo doméstico.   (...)

Trump se dirige a menudo a la clase trabajadora, y ha basado gran parte de su éxito en el apoyo que tiene entre los obreros, en especial los de raza blanca. ¿Se beneficiarían estos de sus políticas económicas?

Tomadas en su conjunto, no creo que sus propuestas beneficiasen a la clase trabajadora. Aunque son tan incoherentes que es difícil de entender qué propone realmente. Su principal rasgo es la agresividad. A veces habla de imponer aranceles del 35% a China. 

Eso supondría un trastorno enorme para la economía global. EE.UU. tiene una relación simbiótica con toda Asia. Decir: “EE.UU. tiene que cerrar su déficit comercial” es algo con lo que yo estaría de acuerdo. Pero ser tan agresivo con China, o con México, haría que la economía se volviera mucho más frágil. No es la manera de solucionar nada.

A Hillary Clinton se le acusa a menudo de ser demasiado cercana a Wall Street. ¿Se ve reflejada esa cercanía en sus propuestas o su discurso económico? 

Creo que sí. El problema con los demócratas, incluido Obama, ha sido la implementación. La ley de regulación financiera Dodd-Frank está bastante bien sobre el papel a la hora de limitar los excesos de Wall Street, pero sigue estancada, seis años después de aprobarse, y casi no se ha puesto en práctica. 

Las regulaciones propuestas en el programa de Clinton son razonablemente buenas. El problema, de nuevo, recaerá en la implementación. Si uno es tan cercano a Wall Street… si no es firme a la hora de hacer cumplir las políticas, o de nombrar a los reguladores adecuados, las propuestas no importan. 

Que el programa contenga ciertas cosas no quiere decir que luego se vayan a poner en práctica. No es un problema de Clinton, sino del Partido Demócrata históricamente. 

A Clinton le gusta alardear de los éxitos económicos de la presidencia de su marido. En los debates de la campaña ha celebrado el aumento de la calidad de vida en los noventa. Usted escribió un libro sobre la política económica de aquellos años y sus resultados. ¿Cuál es su veredicto?

Lo que dice es falso si uno se centra en datos básicos y no los que más le convienen en cada momento. Durante los ochos años de mandato de Bill Clinton, los salarios se estancaron. No aumentaron, ni siquiera en comparación con la época de Ronald Reagan. 

Otro indicador básico, como la tasa de pobreza individual, se mantuvo al nivel de la era Reagan y por encima de los gobiernos de Jimmy Carter o Richard Nixon. Lo mejor que se podría decir es que el saldo de su gobierno fue mediocre en lo económico.

 Es cierto que en los últimos dos años hubo un gran boom, pero estuvo basado en una gran burbuja tecnológica, la de las puntocom. Y Bill Clinton culminó su presidencia con la desregulación financiera, al derogar la ley Glass Steagall, de los años treinta. Eso nos llevó, directamente, a la burbuja y el crash de 2007.

Y usted tiene la impresión de que Clinton continuaría con esa tradición…

Nadie puede saberlo con certeza. Pero sí creo que continuará la línea de los Demócratas ‘de centro’. Hoy en día, eso se traduce en políticas neoliberales, a favor de Wall Street, y poco apoyo a la regulación financiera, los aumentos salariales o la política industrial.

Dada la dicotomía entre Clinton y Trump, ¿cree que la trayectoria de declive en las condiciones de vida que ha mencionado al principio de la entrevista se verá alterada a partir de noviembre?

Desgraciadamente, no lo creo. Resulta irónico, pero Trump es el más agresivo de los dos a la hora de denunciar que las cosas no han ido bien en mucho tiempo, y hay que mejorar la situación. Por eso su mensaje ha calado entre la clase trabajadora. 

Clinton ni siquiera habla de esos problemas. Pero no creo que Trump tenga la intención, ni la capacidad, ni tan siquiera un programa coherente para resolver ninguno de esos problemas. Así que sí, diría que al margen de quién salga elegido, lo más probable es que continúe esa trayectoria descendente. 

La única manera de que esto cambie de manera significativa es que la facción del espectro político de Bernie Sanders gane influencia, ya sea bajo una presidencia de Trump o, lo más probable, de Clinton. Sanders es el que más se ha aproximado a articular una visión alternativa igualitaria.

Así que, si hay alternativa, ¿será después de las elecciones?

Eso es. A mí ya se me han acercado varios grupos que tratan de organizar movimientos de resistencia, gane quien gane. La Historia nos sorprende a menudo. Los movimientos sociales pueden ganar impulso. ¿Habías oído hablar de Bernie Sanders hace año y medio? "                  (Entrevista a Robert Pollin, Álvaro Guzmán Bastida, CTXT, 11/10/16)

24.5.16

Los grandes avances tecnológicos se han producido allá donde los salarios eran comparativamente más altos

"Lo ha vuelto a hacer. El servicio de estudios del BBVA no contento con el exotérico informe de 2014 ¿Puede la moderación salarial reducir los desequilibrios económicos?, entra en precampaña electoral con un nuevo estudio espurio titulado Hacia un mercado de trabajo más eficiente y equitativo. 

Las recetas, las de siempre, enésima desprotección del factor trabajo -se trata de reducir ahora las prestaciones por desempleo-; contrato indefinido con indemnización creciente, similar a la del contrato único; y reducción de las cotizaciones a la Seguridad Social financiadas con aumento del IVA. Se pretende, en definitiva, abaratar aún más el factor trabajo  (...)

Estas propuestas parten de un profundo error de diagnóstico. No han entendido absolutamente nada de qué va la actual crisis sistémica. No han echado ojeada alguna a los distintos estudios académicos sobre la financiarización de la economía y sus consecuencias. No interiorizan aún que el factor productivo sobrevalorado es el capital, especialmente en el sector financiero, y no el factor trabajo. 

Si analizaran la rentabilidad de las empresas no financieras patrias, verían que el problema se encuentra en el excesivo endeudamiento alrededor de actividades financieras cuyo retorno es bajísimo. Como entidad financiera, el BBVA haría bien de preocuparse de lo suyo, de su actividad, de garantizar que se encuentra bien capitalizada, solo por si vinieran mal dadas.  (...)

El estudio de BBVA asume algo que no es cierto: la fiscalidad del trabajo en España es muy alta y hay que reducirla sustancialmente. En los países europeos el coste laboral para la empresa es la suma del salario bruto del trabajador más las cotizaciones adicionales a la Seguridad Social por parte del empresario. 

Los trabajadores deben también cotizar a la Seguridad Social y pagar sus impuestos sobre sus ingresos del trabajo. Se produce así una diferencia entre lo que le cuesta un trabajador a la empresa de lo que éste recibe como salario neto. Esta diferencia se denomina “cuña fiscal” y constituye una buena aproximación de los impuestos que se cargan al trabajo.

 La Unión Europea en el documento Tax Reforms in EU Members states 2015, calcula las cuñas fiscales en los diferentes países de la Unión Europea. La cuña fiscal española está en la media. Por lo tanto, la afirmación de que la fiscalidad del trabajo en España es de las más altas de Europa es falsa.   (...)

En realidad, hace falta exactamente lo contrario a lo que pretende el análisis del servicio de estudios del BBVA. Es necesario revertir la pérdida de participación del factor trabajo en la renta nacional, a la vez que se debe disminuir la participación de todos aquellos rentistas que han vivido a costa de trabajadores y productores. La verdad universal es que un bajo nivel salarial no significa un bajo coste de producción.

 Todo lo contrario. En líneas generales aquellos países donde los salarios son más altos producen con mayores economías de escala, asociadas a una mayor formación, mayor ingenio, mayor habilidad. Los grandes avances tecnológicos se han producido allá donde los salarios eran comparativamente más altos. Y la eficacia del trabajo es mayor donde los trabajadores viven mejor, tienen más descanso, y reciben salarios más altos."                     (Juan Laborda, Vox populi, 07/05/16)

17.5.16

No al TTIP de Obama, que sólo beneficia las multinacionales establecidas libremente a lo largo del planeta para buscar la mano de obra más barata

"La economía global se encuentra en el final de un ciclo. La actual crisis sistémica se está adentrando en una fase de resolución que requiere de un nuevo paradigma, entendido como un nuevo conjunto de instituciones globales, y un nuevo equilibrio de poder entre las fuerzas contendientes, dentro y entre las naciones.

 Durante ese proceso, jugará un papel vital la recuperación de la rentabilidad de las empresas supervivientes mediante la adquisición de los activos de sus competidores fallidos a precios de ganga -se quedarán atónitos viendo caer empresas que todos consideraban estables-.

 Pero además será necesaria una actuación institucional diametralmente opuesta a la actual, encaminada a producir un reequilibrio entre el factor trabajo y el factor capital, mediante un aumento claro y contundente de los salarios reales.

Por eso, Europa en su conjunto debería negarse a las propuestas y sugerencias de Obama, que simplemente suponen alargar la agonía actual. Pero me temo que no va a ser así. Y nos arrastrarán en su caída.  (...)

Barack Obama, en sus viajes por Asia y Europa, desde 2014, se ha dedicado a mendigar y “amenazar” a unos y a otros. Pretende varias cosas. Por un lado, el enésimo intento de las élites extractivas occidentales de mantener sus tasas de ganancia a costa de sus conciudadanos, a través del Tratado de Comercio Transatlántico (TPPI).

Por otro lado, como objetivo final no escrito del mismo, la creación de un área monetaria del hemisferio occidental, unificando el euro y el dólar. Se trata de mantener un privilegio que no tiene ningún otro estado planetario: imponer en todas las transacciones comerciales y financieras globales esta nueva moneda. Ello permitiría a Occidente, especialmente a los Estados Unidos, piensan sus promotores, seguir financiando un stock de deuda privada y pública impagable.

 Finalmente, en un mundo multipolar, Obama reclama un incremento del gasto de defensa en Europa, ya que el imperio no puede sufragar más, ha llegado al límite. Ante todas y cada una de esas propuestas Europa debería alzar su voz de manera rotunda y clara, ¡no!

Las democracias occidentales atraviesan, sin duda, uno de los peores momentos de su historia. La mayoría están atrapadas en un Totalitarismo Invertido “a la Sheldon Wolin”. El TPPI socava garantías constitucionales y la soberanía nacional.

 Se pretende, en realidad, eliminar los impedimentos comerciales no tarifarios, es decir, que los estándares de producto, las obligaciones relativas a la protección del clima y todas las demás limitaciones comerciales, excepto los aranceles, den mayor facilidad a la compraventa de mercancías y servicios entre la Unión Europea y los Estados Unidos.

 Se ansía eliminar todas las garantías que en Europa se han conseguido de protección del consumidor y del medio ambiente. Entonces, ¿quién se beneficia realmente del libre comercio? Sólo aquellas empresas multinacionales establecidas libremente a lo largo del planeta para buscar la mano de obra más barata.

El libre comercio, tal como le entienden, es una carrera global que arrastra al factor trabajo al fango, a la cuasi-esclavitud. ¿Es esto lo que quieren conservadores, socialdemócratas y liberales? Yo, ¡no!  (...)

Frente a la actitud defensiva y obstruccionista de Estados Unidos, Europa debería haber promovido reuniones de expertos de países Euro-BRICS en temas tan diversos como el sistema monetario y financiero, relaciones comerciales, energía y materias primas, o seguridad y gobernanza mundial.  (...)

 Las bases en favor de un mundo multipolar eran evidentes tras el estallido de la crisis. Un diálogo directo Euro-BRICS, por ejemplo, abarcaría la mitad de la población mundial, más de 3.500 millones de habitantes, e implicaría indirectamente a cuatro continentes -Asia, América del Sur, África, y Europa-.

Reafirmaría, además, la convergencia crítica en muchos temas relativos a la gobernanza mundial y los principales retos globales de las próximas décadas. Sin embargo, Europa y el mundo parecen caminar en otra dirección, donde los intereses de clase y de hegemonía geopolítica intentan prevalecer, retrasando lo inevitable. Por eso, en el ínterin, continuaremos con el caos instalado durante los últimos años."                (Juan Laborda, Vox Populi, 27/04/16)

1.4.16

California aprueba de manera fulminante una subida sin precedentes del salario mínimo

" Hace solo un mes se consideraba imposible. Pero en apenas dos semanas, California ha aprobado la subida del salario mínimo más grande de Estados Unidos, un 50% en los próximos seis años. 

La subida a 15 dólares la hora es una reivindicación de los sindicatos y del ala más izquierdista del Partido Demócrata y es considerada un peligro para la economía y la creación de empleo por parte de los republicanos y casi todas las organizaciones empresariales.

California se convierte en el primer estado en adoptar los 15 dólares la hora, una cantidad que ya había sido puesta en marcha por grandes ciudades como Los Ángeles o San Francisco. Ahora, afectará a 38 millones de personas en el estado más poblado del país y la economía más desarrollada de Estados Unidos.

 Cuando Los Ángeles aprobó esta subida el año pasado se convirtió en el laboratorio más grande de EE UU para ver los efectos de la medida. Ahora todo California es el laboratorio, tras una reacción fulminante de sus políticos e impensable hace solo un mes.

La razón de que se haya aprobado tan deprisa está en el particular sistema de democracia directa de California, uno de los más extremos del mundo junto con el de Suiza. Los sindicatos habían planteado dos propuestas diferentes que se dirigían sin remedio hacia la votación en las próximas elecciones presidenciales de noviembre. 

La semana pasada, los sindicatos anunciaron que una de las propuestas ya tenía las firmas necesarias para ser enviada a votación. Las encuestas indican un amplio apoyo popular a esta medida. Inmediatamente, el gobernador y los líderes del Legislativo se sentaron a negociar una propuesta de ley alternativa para evitar ser atropellados en las urnas.

La posibilidad de renegociar una medida popular solo existe en California desde el año pasado. Las normas de la iniciativa directa se cambiaron a propuesta del Instituto Berggruen, de forma que los proponentes de una iniciativa pueden retirarla si sus demandas tienen respuesta por parte de los legisladores.

A partir de ese momento, los acontecimientos se han sucedido a toda velocidad. El pasado lunes, 28 de marzo, la oficina del gobernador Jerry Brown y los líderes del Legislativo anunciaban un acuerdo con los sindicatos para matizar la propuesta. 

Este jueves por la mañana, el proyecto ha sido aprobado en la Asamblea de California. Por la tarde lo ha aprobado el Senado e inmediatamente la oficina del gobernador ha enviado un comunicado diciendo que ratificará la ley el lunes en un acto en Los Ángeles.

Con el acuerdo enmendado, la subida se va a realizar de forma un poco más escalonada (en seis años en lugar de cinco) y se añaden algunas excepciones, como dar un año más a los pequeños negocios. Además, el Estado podrá suspender la subida en un mal año económico. A partir de 2022, el salario mínimo quedará indexado al coste de la vida.

La votación en el Capitolio de Sacramento, la capital de California, se realizó entre gritos de “¡sí se puede!”, el lema con el que César Chávez movilizó a los jornaleros en los años sesenta y creó el mayor sindicato agrario de California. Justamente, hoy es el día de recuerdo de César Chávez en Estados Unidos. (...)"             (El País, Pablo Ximénez de Sandoval, 01/04/16)

2.2.16

El nuevo gobierno portugués pretende estimular la demanda mediante subidas del gasto público, salarios y recortes de impuestos

"(...) Desde que Portugal se vio forzado a pedir el rescate en el 2010 –créditos por 70.000 millones de euros condicionados a una serie de duros ajustes–, medio millón de jóvenes se han marchado de un país de sólo diez millones. Unos 110.000 –el 2% de la población activa– se han ido en el último año.

 “Los jóvenes no tienen ninguna oportunidad aquí y si consiguen trabajo los salarios son irrisorios, 500 o 600 euros al mes”, dice Estanque.

La ironía no puede ser mayor. Muchos de los migrantes son universitarios formados en un sistema público de educación que había ido mejorando a lo largo de los años anteriores (Portugal ya tiene cinco universidades en el ranking de las 500 mejores del mundo, más que España). Ahora muchos están trabajando en Brasil, Angola, aunque el destino más común es Alemania, país necesitado de mano de obra cualificada.  (...)

Para los tecnócratas de la unión monetaria, la movilidad de mano de obra es el mecanismo clave de ajuste en la unión monetaria. Pero como explica Manuel Caldeira Cabral, el ministro de economía del nuevo gobierno de izquierdas en Portugal: “Si no actuamos, el éxodo masivo de jóvenes perjudicará el crecimiento potencial de la economía de manera permanente”.

El voto juvenil ha sido clave para la formación de un nuevo gobierno liderado por Antonio Costa, de talante dialogante, apoyado por la corriente más joven del partido socialista desde sus días de alcalde de Lisboa. 

Costa ha logrado convencer a los dos partidos de izquierdas, O Bloco de izquierdas y el Partido comunista de apoyar un gobierno de minoría. “Coincidimos en no coincidir en áreas como la reestructuración de la deuda pero estamos todos comprometidos a restaurar la justicia social”, explicó Caldeira.

En Portugal no habrá choque frontal con la Troika como en Grecia, al menos al inicio. La nueva estrategia anti austeridad se basa en numerosos estudios, hasta del Fondo Monetario Internacional, que demuestran que la austeridad excesiva frena la actividad económica y es contraproducente para reducir el déficit público (como porcentaje del PIB). 

“La prueba del fracaso de los ajustes es fácil de ver”, afirma José Caldas, de la Universidad de Coimbra. “Cinco años después somos un país más pobre con un PIB un 15% menor que en el 2007 y una deuda mucho más grande”. 

La deuda pública en Portugal rebasa el 120% del PIB y sumada a la privada alcanza el 350% del PIB. El Gobierno ha elevado el objetivo del déficit del 1,8% al 2,6% para dar más tiempo al crecimiento y lograr el ajuste con menos costes sociales.

Asimismo se pretende invertir la discutible lógica de la devaluación interna, es decir recortes salariales para aumentar la competitividad. Subirá el salario mínimo de 505 a 530 euros mensuales. Revocará los recortes salariales en el sector público.

 “Buscamos la competividad por vía de la inversión productiva y no recortes cortoplacistas de salarios”, explicó Cabral. Se anularán los recortes de pensiones y las subidas de impuestos para los asalariados de menos ingresos. Toda esto restaurará la demanda interna, asegura Cabral. “No son políticas radicales sino diferentes y más inteligentes”.   (...)"           (, Lisboa, La Vanguardia, 31/01/2016)

14.6.15

Los datos demuestran que los trabajadores de la zona euro ganan cada vez menos, en términos reales


"(...) Tomo los datos de Eurostat: datos trimestrales, agregados para los países de la UE, en variaciones interanuales.

Datos de marzo de 2001 a diciembre de 2014, 56 trimestres:
Incremento medio de las remuneraciones por asalariado, restando el incremento de precios al consumo: 0’21% trimestral.
Pero restando adicionalmente los aumentos en la productividad laboral: -0’30% trimestral.
Incremento medio de las remuneraciones, restando el aumento del deflactor implícito del PIB: 0’49% trimestral.
Pero restando adicionalmente los aumentos en la productividad laboral: -0’02% trimestral.
La remuneración de los trabajadores no es el dato clave, sino esa remuneración nominal menos los incrementos en los precios, y menos la productividad de esos mismos trabajadores. Si lo que ganan crece por debajo de la productividad, como de hecho ha pasado, entonces están produciendo más por un salario real menor.

Los datos demuestran que los trabajadores de la zona euro ganan cada vez menos, en términos reales, y en relación con la producción total. Es decir, ganan cada vez una parte menor de la renta nacional que contribuyen decisivamente a producir. Lo que implica que la renta salarial va descendiendo en porcentaje de la  renta nacional, mientras que las rentas del capital aumentan.

Gráficamente se observa que los períodos de pérdida de remuneración son la norma, y los de aumento la excepción.

 En conclusión, la izquierda de los diferentes Estados de la zona euro debe acordar un plan económico de reforma de la zona euro, que permita encontrarnos en un entorno totalmente diferente. Un programa de expansión de la demanda efectiva, a través de impulsos monetarios y fiscales concertados, junto con una reglamentación sociolaboral que impida que los trabajadores sigan perdiendo en el reparto de la renta nacional.

Es necesaria y urgente una normativa laboral que nos permita evitar que los Estados miembros compitan entre sí para reducir los salarios y pensiones reales. Una vez aumente la remuneración salarial y las políticas de gasto social, vendrán las mejoras graduales de productividad asociadas a la reducción de la desigualdad.  

Más motivación, mejor organización, más experiencia, mejor formación, incorporación de nuevas tecnologías de manera más eficaz. Es ahí donde los Estados deben competir."             (Ignacio Escañuela Romana , Rebelión, 09/06/2015)

22.3.15

Islandia reduce el paro en 2014 con una subida de sueldos de casi el 6%

"Islandia, el país que dejó caer a sus bancos, la economía que acaba de rehusar formar parte de la Unión Europea, está a punto de recuperar todo el terreno perdido durante la crisis de 2008 y 2009 y de incluso superar su nivel previo al declive.

 Esa es la conclusión del último informe del Fondo Monetario Internacional (FMI) sobre la economía islandesa, en el que destaca que la tasa de desempleo bajó al 4,1% en 2014, pese a que los salarios del país aumentaron un 5,8% en términos reales (el año anterior habían subido el 3,5%).

La pesca y el auge del turismo han tirado especialmente del país, uno de los más dinámicos. "Islandia ha sido una de las mejores economías de Europa en los últimos años en términos de crecimiento económico y tiene una de las tasas más bajas de paro", explica Peter Dohlman, el jefe de la misión del FMI para el país, que ha terminado recientemente el informe del Artículo IV, el documento que el Fondo elabora anualmente sobre cada nación. (...)

El Fondo aplaude en su análisis la rápida recuperación de su sector bancario -lo que ha ayudado con la deuda doméstica- y un ajuste fiscal que no ha impedido mantener "el modelo nórdico de bienestar social", destaca Dohlman.

 Además, la política del banco central ha servido para controlar la inflación al mismo tiempo que la temprana depreciación de su divisa impulsó la competitividad. (...)

El presidente islandés, Olafur Ragnar Grimsson, estuvo en febrero en Barcelona y atribuyó en parte esa recuperación a haber desoído los consejos de los organismos internacionales, en particular la Comisión Europea, para que aplicara medidas de austeridad."                  ( El País Madrid 20 MAR 2015)

22.1.15

España no genera empleo, reparte miseria

"El año 2002 el Instituto Aspen publicó un excelente informe titulado “Grow Faster Together. Or Grow Slowly Apart. How Will America Work in the 21st Century?” Bajo la dirección de David T. Ellwood, este estudio advertía de una crisis inminente del factor trabajo en los Estados Unidos.

 Detallaba las tendencias alarmantes que daban forma a las principales características de la fuerza laboral estadounidense: salarios estancados, escasez de mano de obra cualificada, envejecimiento poblacional.

Con este informe, el Grupo de Estrategia Nacional del Instituto Aspen emitía un llamamiento, un S.O.S. para despertar conciencias y alertar de una crisis que se había ido construyendo de manera silenciosa, soterrada, sin avisar. Hacía referencia a la crisis del factor trabajo. Si no se hacía nada, su impacto sería brutal y de muy larga duración. (...)

Todas estas ideas quedan reflejadas en la foto del mercado laboral hecha en el mes de diciembre. La afiliación a cierre de diciembre, pensemos en la duración miserable de muchos contratos, ¡descendió en 79.323 personas respecto al mes anterior! Se centró exclusivamente en el sector público, y sectores de muy bajo valor añadido, comercio y hostelería. 

El empleo que se crea es temporal y precario, es decir, inestable y de bajos salarios. No existe ningún cambio de modelo productivo basado en la industria y en otras milongas que nos vendieron. Solo es consumo financiado con más deuda externa. ¿Se acuerdan de Grecia?

En España encontrar un trabajo ya no garantiza sortear la pobreza, tampoco permite a los jóvenes emanciparse. Paralelamente se disparan los índices de exclusión social. La reforma laboral tenía como objetivo final repartir la miseria, y así dar una imagen distorsionada de la realidad laboral.

Propuestas del Grupo Aspen

Las propuestas del Grupo Aspen en el informe que hemos detallado al principio son exactamente las contrarias a las aplicadas en estos lares. Son recomendaciones amplias con unos objetivos muy claros

Primero, cualquier persona que trabaje será capaz de escapar de la pobreza.

Segundo, vamos a construir una fuerza de trabajo más cualificada y fomentar la movilidad  ascendente.

Tercero, restauremos la seguridad de los trabajadores, al tiempo que mejora la flexibilidad laboral. 

Cuarto, proporcionemos un lugar de trabajo mucho más propicio para las familias trabajadoras. 

Finalmente, repensemos la política de inmigración.

Recomiendo encarecidamente que lean las recomendaciones para alcanzar esos objetivos.  (...)

Ninguna de las medidas propuestas por el Grupo Aspen aparece en la reforma laboral de Rajoy. Aquí simplemente idearon como abaratar salarios y desproteger a los trabajadores para que en una situación límite aceptaran cualquier tipo de contrato. 

Idearon como España debería crecer, dejando a un lado a un grupo cada día mayor de la población. Pero se olvidaron de algo, estamos en una democracia y esa gente va a votar, quiere votar, y se acuerda perfectamente de las horas trabajadas, del salario que cobran y de mucho más."                 (Juan Laborda, Vox Populi, 07/01/2015)