"(...) Estamos hablando de ese eterno debate sobre la conveniencia o no de subir el salario mínimo,
y el impacto positivo o el deterioro que algunos ven en la economía,
según sea su importe o meramente si es una subida o una bajada.
En Seattle han tenido una reciente experiencia al respecto, y los resultados sobre la economía no sólo no han sido los esperados,
sino que los economistas no los alcanzan a entender, y menos a ser
capaces de explicarlos sin dejar margen para las dudas más sistémicas.
Como pueden leer en esta noticia de Bloomberg,
Seattle fue una de las primeras ciudades de Estados Unidos en empezar a
dar señales de vida, tras el electrocardiograma plano en el que la Gran
Recesión dejó a la economía de las metrópolis estadounidenses (y
mundiales). (...)
Así, las autoridades locales optaron por valorar subir el salario mínimo en la ciudad,
como forma de atajar esa tendencia creciente de la desigualdad. Una
parte importante del sector económico estadounidense y de Think Tanks
muy infuyentes se les echaron encima, y predijeron un futuro económico
desolador para la ciudad, con mayores niveles de paro y una vuelta a la
reciente depresión económica tras el desastre de Lehman Brothers.
Esto supuso en su momento una gran controversia
especialmente desafiante, y puso a prueba las convicciones más férreas
de los gobernantes locales. Debemos ponernos en situación y recordar
que, tras la Gran Recesión, y en una ciudad donde por fin veian tímidos
atisbos de recuperación, era toda una gesta tomar unas medidas tan
trasgresoras en EEUU, y por las que muchos economistas y académicos les acusaban de enterrar una tímida recuperación económica aún muy renqueante.
Las categóricas predicciones de gran parte del mundo
económico de EEUU dejaban tan poco margen para la ambigüedad como
llegaban a ser incluso osadamente específicas: auguraban un panorama
especialmente desolador en concreto para el sector de la hostelería de
la ciudad, uno de los empleadores de bajo coste más importantes de su
tejido socioeconómico.
Desde muchos sectores se
llegó a calificar la nueva medida económica "Seattleliana" como "un mero
intento estúpido de elevar los estándares de vida de la ciudad".
Tras subir el salario mínimo a 15$/hora, la economía de Seattle no sólo se resintió, sino que demostró un renovado vigor,
que no hizo sino reforzar la por entonces todavía incipiente
recuperación económica. Eso además de, obviamente, reducir también los
índices de desigualdad social que habían empezado a alarmar a las
autoridades locales, y que habían dado origen a lo que resultó ser toda
la prueba de campo en la mayor (y capitalista) economía del planeta.
Aunque en su momento supuso un efímero punto de
refuerzo para los más agoreros, lo cierto es que la realidad hizo que
tan sólo una cadena de pizzerias bajase la persiana definitivamente tras
la subida. Sólo por llevar la contraria, no
sólo no cerraron más negocios de hostelería, sino que se abrieron
multitud de ellos, y el sector hostelero en concreto experimentó una
marcada y sostenida tendencia al alza como pueden ver en el
gráfico del enlace anterior de Bloomberg. Por otro lado, los
trabajadores del segmento de salarios mínimos pasaron a trabajar menos
horas, pero ganando más en el cómputo total de ingresos por trabajador.
En términos más generales, el crecimiento económico de
Seattle resultó demostrar una solidez tal, que a nadie le queda ya la
sombra de la duda de que el balance de los aspectos positivos de subir el salario mínimo han superado con creces el de los aspectos negativos
(al menos en este caso concreto).
Tan sólo se puede poner un "pero" con
fundamento, y es que, en el segmento de salarios mínimos, los trabajadores con mayor experiencia fueron los más beneficiados, pero apenas nadie parece darle demasiada importancia al dato, y de hecho otras ciudades han replicado o van a replicar la medida, incluida la influyente y puntera Nueva York.
El caso (con tintes académicos) de Seattle es doblemente significativo, y lo revelador va mucho más allá de la simple pregunta de si subir el salario mínimo crea o destruye empleo,
y si mejora o perjudica a la economía. En primer lugar, lo relevante
del caso viene porque, cuando en la ciudad decidieron subir por ley el
salario mínimo, muchos medios y Think Tanks estadounidense se llevaron
las manos a la cabeza, y predijeron taxativamente que la ciudad iba a
sufrir una calamidad económica por haberse atrevido a semejante medida.
La realidad ha traído datos tangibles de que ha
ocurrido exactamente lo contrario a lo que muchos economistas
estadounidenses predecían con rotundidad. Quedó patente una de las tesis
del espíritu crítico más constructivo de estas líneas, y es que no todo
debe ser directamente liberalismo en la economía, sino sólo en aquellos asuntos en los que la solución que aporte el liberalismo sea la adecuada (que ni lo es siempre, ni lo es nunca).
Paradójicamente, y para alegría de un servidor, uno de
los grupos de académicos que más claramente muchos tomaron como base
para vaticinar un desastre económico en Seattle, la Universidad de
Washington y su estudio sobre el salario mínimo de 2017, demostró
ser capaz de realizar todo un alarde de autocrítica, y reconoció los
errores propios, saliendo reforzado en opinión de los sectores más
constructivos (como nosotros).
El estudio había cometido
errores como pasar por alto estudiar el impacto de esta medida en los
grandes empleadores de salarios mínimos, muchos de ellos además de
carácter interestatal, y que además habían resultado ser el objetivo
principal de la nueva política salarial de Seattle, incluso con medidas
especiales para ellos como un salario mínimo aún más alto.
Como también relata Bloomberg, otro aspecto esencial
que se pasó por alto en este estudio que había hecho las delicias más
liberales, fue el hecho de que, ya en 1994, los economistas Alan Krueger
y David Card demostraron cómo los aumentos de
salario mínimo graduales y no drásticos no tenían por qué reducir el
empleo ni impactar en las horas trabajadas de una forma significativa.
La reacción de los responsables del estudio de la Universidad de
Washington fue peinarse por dentro y tratar de incorporar los nuevos
datos a nuevas investigaciones, demostrando que su objetivo real no era
llevar razón, sino llegar a la teoría más correcta. (...)" (DerBlaueMond , El blog salmón, 08/01/19)
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