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5.3.19

El genocidio de los migrantes: la banalidad de la democracia... Dentro de 40 años, lo que definimos como la "crisis migratoria" en Europa se informará en los libros de historia como genocidio de los migrantes... ¿Por qué los gobiernos europeos perpetraron el genocidio de los migrantes?

"Los vastos números de ahogados invisiblemente en el Mediterráneo han provocado poca simpatía europea. Debemos redefinir esta tragedia ya que el genocidio de los migrantes podría causar un shock.
 Dentro de 40 años, lo que definimos como la "crisis migratoria" en Europa se informará en los libros de historia como genocidio de los migrantes. El genocidio de migrantes de principios del siglo XXI revela la banalidad de la democracia y sus supuestas normas, principios, valores e instituciones.

La violencia cometida por regímenes no democráticos podría explicarse por su opresión intrínseca. En periodos de gran inestabilidad, tiranía y violencia, durante los cuales las personas afirmaron que estaban cumpliendo con las leyes y las órdenes para perpetrar crímenes contra la humanidad, uno no disculparía un genocidio sino que lo contextualizaría. Sin embargo, la banalidad del mal en la tiranía no era nada en comparación con la banalidad del mal que los regímenes democráticos permitieron durante el genocidio de los migrantes.

El genocidio de los migrantes es un estudio de caso porque, a diferencia de la mayoría de los otros casos, los europeos no estaban obligados a participar en ese crimen, ya que representaban a las personas más ricas y privilegiadas del mundo, política, social y económicamente. Los europeos sopesaron el precio de convertirse en ciudadanos activos frente a los beneficios de ser consumidores pasivos y optaron por este último.

¿Por qué los gobiernos europeos perpetraron el genocidio de los migrantes? ¿De qué tipo de instrumentos carecían las democracias europeas durante el genocidio de los migrantes que podrían haber usado para detener las sirenas del odio y la violencia? Y, finalmente, ¿cómo fue posible que incluso los europeos que no apoyaban las políticas de sus gobiernos no impidieran que ocurriera el genocidio?

 Continente rico

Los gobiernos europeos afirmaron que no podían permitir que los migrantes entraran a sus fronteras ya que no había suficientes recursos para cuidarlos. Los datos reportados por los medios de comunicación, los gobiernos, los políticos dieron miedo. Sin embargo, los datos fueron mal representados y manipulados. Es fácil mentir con las estadísticas; incluso escribieron libros al respecto. 

Europa era un continente rico en ese momento, pero la narrativa dominante sostenía que para preservar la riqueza acumulada, después de siglos de dominio colonial, innovación tecnológica, imperialismo y globalización, era mejor construir muros en lugar de puentes.

Sin embargo, el genocidio de los migrantes también fue una de las razones de la desintegración interna de la Unión Europea (UE), ya que la unión cerró sus ojos, sus fronteras y su billetera, permitiendo que el genocidio se desarrollara sin problemas. Se dijo que esto era necesario para preservar lo que quedaba de la idea de Europa ... pero, por supuesto, esto aceleró la disolución de la UE.

Se llevaron a cabo enormes luchas entre los gobiernos europeos para determinar quiénes deberían abrir sus puertos y fronteras para permitir que los barcos con solo 20, 30 o incluso 200 personas lleguen a sus costas. Se entregaron miles de millones de euros a los dictadores del vecindario de la UE para evitar la entrada de inmigrantes. La UE en ese momento todavía estaba compuesta por 28 países miembros, contando con 500 millones de personas y un PIB per cápita promedio entre los más altos del mundo.

La globalización y el nacionalismo se utilizaron alternativamente para justificar lo que fuera más conveniente justificar. Europa estaba tratando de recuperarse después de una terrible crisis financiera y económica mundial, se dijo. La gente estaba enojada con sus propios gobiernos, ya que los cuentos de hadas que les habían contado en las tres décadas anteriores sobre los beneficios de las recetas neoliberales eran los responsables de la peor crisis mundial desde 1929. 

La desigualdad estaba aumentando en el mundo, por lo que los más ricos, 1 El 100 por ciento, poseía la mitad de la riqueza global. Los que están en el poder podrían asumir la responsabilidad por el fracaso de sus recetas haciendo que las cosas sean más iguales o podrían encontrar a alguien a quien culpar.

 Los gobiernos europeos encontraron un chivo expiatorio perfecto: los migrantes. Los gobiernos se retrataron a sí mismos como los caballeros que defenderían a las personas del asalto de los migrantes, que desafiarían su nivel de vida, trabajos, familias e identidad (sea lo que sea). De lo contrario, los piadosos europeos podrían agarrar sus hachas y levantarse contra aquellos que supuestamente estaban provocando la crisis económica que los estaba poniendo de rodillas, mientras permitía que unos pocos se enriquecieran cada vez más.

Sociedad civil débil

Por muy complejos e ideales que puedan ser los sistemas democráticos, no hay nada en el marco institucional que impida el deslizamiento hacia un régimen no democrático. Lo que faltaban a los regímenes democráticos europeos en el momento del genocidio de los migrantes era una manifestación europea y sociedades civiles fuertes capaces de resistir la manipulación, cayendo así en la trampa nacionalista, proyectando su miedo y enojo hacia los vulnerables (migrantes) en lugar de a los poderosos (los que detentaban el poder).

No había europeos en la UE a principios del siglo XXI: solo había franceses, holandeses, italianos, alemanes, etc. Ninguna protesta obligó a los gobiernos a revocar "leyes de seguridad" supuestamente aprobadas para proteger el "interés nacional". Excepto por unos pocos actores: reporteros valerosos, alcaldes, ONG, la "sociedad civil" en ese momento estaba en silencio, si no se encendía el fuego del odio y la violencia que culminó en el genocidio de los migrantes.

 El silencio es lo que necesita ser explicado. La pregunta no es sobre quienes apoyaron y promovieron activamente la propaganda y las leyes necesarias para perpetrar el genocidio de los migrantes. Culpar a los malos no explica por qué los supuestamente buenos siguieron su ejemplo.

La "sociedad civil" en Europa —la élite, el estrato de ingresos medios, la clase trabajadora y los desempleados— tenía un denominador común: eran consumidores, dentro y fuera, no ciudadanos. Por supuesto, los consumidores estaban divididos entre los que están en la parte superior y los que están en la parte inferior de la pirámide, pero ninguno defendería los derechos fundamentales existentes. (...)

El consumismo y el individualismo produjeron personas solitarias e impotentes que pensaron que, incluso si algo malo le estaba sucediendo a otra persona, todavía estaban a salvo. En una macroescala, esta fue la receta perfecta para eliminar la presión que el público podría haber ejercido.

El genocidio de los migrantes es un subproducto de una cultura ideológica individualista y mercantilista. Y, sin embargo, cualquiera que sea la explicación macro, el genocidio de los migrantes también es nuestra culpa."              (Irene Caratelli, Social Europe, 12/02/19; traducción google)

16.12.13

Los judíos se sienten amenazados en Europa

"Y ahora se puede añadir otro problema a la lista. A principios de noviembre, la Agencia de Derechos Fundamentales (FRA en sus siglas en inglés) de la UE hizo público un exhaustivo estudio sobre las experiencias de los judíos en ocho de los 28 países miembros —Bélgica, Francia, Alemania, Hungría, Italia, Letonia, Suecia y el Reino Unido—, que constituyen el 90% de la población judía total de la Unión. En la encuesta participaron casi 6.000 personas.

El trabajo, que confirma las conclusiones de estudios anteriores llevados a cabo por grupos independientes y comunidades judías locales, suscita grave preocupación. Una preocupación que no debería importar solo a los judíos, porque, cuando los judíos de Europa se sienten amenazados, está amenazada toda la UE, por dos motivos.

En primer lugar, se pone en peligro el loable compromiso de la UE de proteger la dignidad humana de cada uno de sus ciudadanos. Y en segundo lugar, la historia del antisemitismo nos muestra que quienes atacan a los judíos suelen tener como último objetivo la propia democracia, incluidos los derechos de las minorías. En otras palabras, aunque la intolerancia empiece con los judíos, no suele terminar con ellos.

He aquí varios hechos preocupantes que revela el informe recién publicado por la FRA:

— Dos tercios de los judíos entrevistados consideran que el antisemitismo es hoy un problema en sus países.
— Tres cuartas partes creen que el problema se ha agravado en los cinco últimos años.
— Un tercio tiene miedo a sufrir una agresión física por ser judío en los próximos 12 meses.
— Más de la mitad asegura que ha presenciado personalmente algún incidente en el que se negó, se trivializó o se exageró el Holocausto.
— El 23% dice que en alguna ocasión ha evitado asistir a actos judíos o visitar lugares judíos por miedo a la inseguridad.
— Y más del 40% de los preguntados en Bélgica, Francia y Hungría indican que han pensado en emigrar debido a la situación.

También es muy inquietante el siguiente resultado, en palabras textuales del estudio: “En los últimos cinco años, una mayoría de las víctimas de acoso antisemita (76%), violencia física o amenazas (64%) y vandalismo contra sus propiedades personales (53%) no denunció el incidente más grave, el que más le afectó personalmente, a la policía ni a ninguna otra organización”.

Si la mayoría de las víctimas de incidentes antisemitas ni se molestan en denunciarlos a las autoridades, eso quiere decir que no confían en el sistema, temen las represalias de los autores, no saben dónde acudir a pedir ayuda o se han resignado a aceptar la intolerancia como parte del “precio” de ser judíos. (...)"           ( , El País, 29 NOV 2013 ) 

27.11.13

Se está generando un ambiente de enfado y desdén entre acreedores y deudores, entre teutones y latinos

"(...) ¿quién votó en contra de la rebaja de los tipos? Los dos miembros alemanes de la directiva del BCE, respaldados por los dirigentes de los bancos centrales holandés y austriaco. ¿Quién, fuera del BCE, fue más crítico con la medida?

 Los economistas alemanes, que defendieron sus argumentos no solo atacando el contenido de la decisión, sino también poniendo de relieve la nacionalidad de Mario Draghi, el presidente del banco, que es italiano. 

El influyente economista alemán Hans-Werner Sinn dijo que lo único que quería Draghi era que Italia pudiese acceder a préstamos con intereses bajos. El jefe de economía del semanario WirtschaftsWoche tachó la rebaja de los tipos de “decreto de un nuevo Banco de Italia con sede en Frankfurt”.

Estas insinuaciones son terriblemente injustas con Draghi, cuyos intentos de frenar la crisis del euro han sido poco menos que heroicos. A estas alturas, me atrevería a decir que, sin su liderazgo, el euro probablemente habría fracasado en 2011 o 2012. Pero las personalidades son lo de menos. 

Lo que da miedo en este asunto es el modo en que se está convirtiendo en una pugna entre teutones y latinos, con el euro, que debía servir para unificar Europa, dividiéndola en vez de unirla.
 
¿Qué está pasando? En parte, tiene que ver con los estereotipos nacionales: la ciudadanía alemana está permanentemente en guardia ante la posibilidad de que esos perezosos europeos del sur vayan a largarse con el dinero que a ellos tanto les ha costado ganar. Pero también hay un verdadero problema. 

Los alemanes sencillamente odian la inflación, pero si el BCE tiene éxito en su intento de lograr que la inflación media europea vuelva a situarse alrededor del 2%, hará que la inflación alemana —que está aumentando aun cuando otros países europeos sufren unas tasas de paro similares a las de una depresión— suba hasta un nivel considerablemente superior, quizás hasta el 3% o más.

Puede que esto parezca malo, pero así es como se supone que debe funcionar el euro. De hecho, es el modo en que tiene que funcionar. Si uno va a compartir moneda con otros países, a veces tendrá una inflación que estará por encima de la media.

 En los años anteriores a la crisis financiera mundial, Alemania tenía una inflación baja mientras que países como España tenían una inflación relativamente alta. Ahora, las reglas del juego exigen que se intercambien los papeles, y la pregunta es si Alemania está preparada para aceptar esas reglas.

Lo verdaderamente triste es que, como he dicho, se suponía que el euro debía unir a Europa, de un modo tanto fundamental como simbólico. Debía reforzar los vínculos económicos y, al mismo tiempo, alimentar un sentimiento de identidad común. Lo que está generando, sin embargo, es un ambiente de enfado y desdén por parte de acreedores y deudores. Y sigue sin vislumbrarse el fin."               ( , El País, 16 NOV 2013 )

20.11.13

'Que se jodan'... la guerra contra los pobres es el asunto central y definitorio de la política en Estados Unidos

"Últimamente, John Kasich, gobernador republicano de Ohio, ha hecho algunas cosas sorprendentes. En primer lugar, sorteó a la asamblea legislativa de su Estado —controlada por su propio partido— para llevar adelante el programa Medicaid, financiado con fondos federales y una pieza importante de la reforma sanitaria de Obama. 

Luego, en defensa de su actuación, disparó contra sus aliados diciendo: “Me preocupa el hecho de que, en apariencia, se está librando una guerra contra los pobres. O sea, que si eres pobre es que, de alguna manera, eres un incompetente y un vago”.

Evidentemente, Kasich no es el primero en hacer esta observación. Pero el hecho de que venga de un republicano bien considerado (aunque, a lo mejor, ya no tanto), precisamente de alguien que tenía fama de ser un agitador de ideas conservadoras, es revelador.

 La hostilidad republicana hacia los pobres y los desfavorecidos se ha exacerbado hasta tal punto que en realidad el partido ya no defiende otra cosa, y solo un observador obstinado en su ceguera puede ser incapaz de verlo.

La gran pregunta es: “¿Por qué?”. Pero antes vamos a hablar un poco de qué está corroyendo a la derecha.

A veces aún veo a algunos expertos declarar que lo que mueve al Tea Party es básicamente la preocupación por los déficits presupuestarios. Fantasías. Lean el chorrero de Rick Santelli, de la CNBC: no hay ni una sola mención a los déficits. En cambio, sí una andanada contra la posibilidad de que el Gobierno ayude a los “perdedores” a evitar la ejecución de sus hipotecas. 

O lean las transcripciones de Rush Limbaugh o de otros invitados radiofónicos de la derecha. No contienen mucho acerca de la responsabilidad fiscal, pero sí acerca de cómo el Gobierno recompensa a los vagos que no lo merecen. (...)

No cabe duda de que les sigue enardeciendo la idea de asegurarse de que los pobres y los desafortunados reciben la menor ayuda posible, y de que —tal como lo expresó el diputado Paul Ryan, presidente de la Comisión Presupuestaria de la Cámara de Representantes— el colchón de protección social se está convirtiendo en “una hamaca en la que se acuna a gente físicamente sana para que vivan de la dependencia y la complacencia”. 

Sus propuestas presupuestarias incluyen recortes salvajes de los programas de protección social como los cupones para alientos o el programa Medicaid.

Toda esta hostilidad contra los pobres ha culminado con la negativa verdaderamente increíble de muchos Estados a participar en la ampliación de Medicaid. Recuerden que el Gobierno federal pagaría esta ampliación, y que el dinero que se gastase iría en beneficio de los hospitales y de la economía local tanto como de los receptores directos.

 Pero resulta que la mayoría de los Gobiernos de los Estados bajo control republicano están dispuestos a pagar un alto precio económico y fiscal para asegurarse de que la ayuda no llega a los pobres. (...)

En un reciente ensayo, el sociólogo Daniel Little insinuaba que una de las razones es la ideología del mercado: si el mercado siempre tiene razón, entonces la gente que acaba en la pobreza es porque merece ser pobre. Y yo añadiría que algunos dirigentes republicanos representan en sus mentes fantasías libertarias adolescentes.

 “Es como si en este momento estuviésemos viviendo en una novela de Ayn Rand”, decía Paul Ryan en 2009. Pero, como afirma Little, también está el estigma que nunca se borra: la raza.

En un informe reciente citado en múltiples ocasiones, Democracy Corps, una organización de tendencias demócratas dedicada a los estudios de opinión, exponía las conclusiones de los grupos de debate con miembros de diferentes facciones republicanas. 

Descubrieron que las bases republicanas son “muy conscientes de su condición de blancos en un país en el que esto es cada vez más minoritario”, y que consideraban que el sistema de protección social ayuda a los otros, no a la gente como ellos, y vincula a la población no blanca al Partido Demócrata. Y, efectivamente, la ampliación del programa Medicare que muchos Estados están rechazando habría favorecido de forma desproporcionada a los negros pobres.

Así que es verdad que se está librando una guerra contra los pobres, coincidiendo con —y ahondando en— el padecimiento que ocasiona una economía con problemas. Y esa guerra es ahora el asunto central y definitorio de la política en Estados Unidos."       ( , El País, 3 NOV 2013 )

17.11.13

Seguimos en el túnel

"(...) Como dicen muchos analistas, las variables económicas principales indican, para España y el sur europeo, una prolongada fase de estancamiento o, en el menos malo de los supuestos, de un leve crecimiento. 

Son el flojo nivel de consumo público y privado, duradero por la fuerte pérdida de poder adquisitivo de la mayoría de la población, la poca fluidez del crédito para empresas y familias, las deficiencias y dependencias de nuestro sistema económico, el fuerte endeudamiento, sobre todo privado y financiero, y la ausencia de una política estatal y europea de inversión y expansión económica. 

Es una dinámica incapaz de resolver los principales problemas de la economía española: expansión de empleo decente, modernización del aparato productivo, reforma fiscal progresiva con redistribución equitativa y consolidación del Estado de bienestar con mayor igualdad social. 

Esa realidad se impone al intento de creación artificial de ‘confianza’ para que consumidores gasten más o haya más inversiones productivas, o que los cuantiosos beneficios de las grandes fortunas y empresas reviertan en la expansión económica y del empleo.

Es falsa la idea de que hay un cambio relevante de tendencia económica y empezamos a caminar hacia la salida del túnel. Y menos que la luz que nos anuncian sea la solución. Pretenden hacer pasar por el conjunto de la realidad, lo que en el mejor de los casos son mejorías muy limitadas. 

El aspecto principal de su discurso es intentar legitimar su política de austeridad y sus ajustes y recortes (el eufemismo de sus ‘reformas estructurales) que de forma machacona la derecha intenta construir en la opinión pública. Ese supuesto camino apenas puede esconder sus rasgos antisociales; solo pretende justificarlos como el mal menor, con la venta de la ilusión de que es el único y eficaz medio para alcanzar la ansiada luz.

 Pero, ¿cuál es la estructura social y económica y el sistema político que nos ofrece la derecha en ese final del túnel?: Una sociedad más desigual, empobrecida y desarraigada, eso sí con una minoría oligárquica y de capas altas con mayores ventajas y privilegios; un aparato productivo y económico más dependiente (el 40% del valor de las empresas en la Bolsa ya está en manos del capital extranjero, aparte de las multinacionales foráneas), y un sistema político con una democracia débil y la completa hegemonía institucional de las derechas.

En definitiva, seguimos en el túnel, la política de austeridad y recortes sociales profundiza los problemas socioeconómicos para la mayoría de la sociedad, genera fuertes desigualdades y brechas sociales, afectando a la cohesión social, y debilita la democracia al alejarse las élites institucionales de la ciudadanía y no escuchar sus demandas. Es preciso otro camino y otra opción: un giro social a la política socioeconómica, una amplia participación ciudadana y un cambio político progresista."            (Antonio Antón, Attac Madrid, 15/11/2013)

15.10.13

Sostres: "En España no hay paro, quien quiere trabajar, trabaja". La criminalización del parado como sospechoso de holgazanería cala en el discurso político. El relato de la 'catástrofe' se impone al de 'la estafa'

"Salvador Sostres vuelve a ser noticia por una columna que ha despertado revuelo en las redes sociales. El colaborador de El Mundo asegura que en España "no hay paro" y que "quien realmente quiere trabajar, trabaja".

El columnista arremete contra la sociedad, llena de "listillos y holgazanes" beneficiados por el Estado. En esta línea asegura que la crisis "nos ha pillado reblandecidos y estúpidos". "Hoy a muchos les da miedo trabajar. No es que haya paro, es que hay pánico", dice.(...) "            (Ecoteuve, 15/10/2013)


"Si es pobre, por algo será. Si le van mal las cosas, es que no se ha esforzado suficiente. Como una lluvia fina, el pensamiento que culpabiliza al pobre por ser pobre y al parado por no encontrar trabajo va calando en el discurso político. (...)

Aunque pocas veces se expresa abiertamente, el desprecio por quienes necesitan ayudas públicas acaba aflorando. A veces de forma inoportuna, como le ha ocurrido al candidato republicano Mitt Romney. Sugerir que casi la mitad de los norteamericanos son parásitos sociales ha arruinado su carrera a la presidencia de Estados Unidos.

 Otras, de forma estridente, como cuando la diputada Andrea Fabra lanzó en el Congreso de los Diputados aquel burdo “que se jodan” en el momento en que se debatía recortar prestaciones a los parados. Y a veces sibilinamente, como cuando el diputado Josep Antoni Duran i Lleida afirmó que mientras los payeses catalanes lo pasan mal, en otras partes de España “hay campesinos que pueden quedarse en el bar de la plaza y continúan cobrando”.

Estas palabras no son inocentes. “El relato que se hace de lo que ocurre es determinante porque contribuye a construir el marco conceptual que servirá de referencia a la hora de valorar lo que ocurre”, explica Montserrat Ribas, profesora de la Universidad Pompeu Fabra y coordinadora del grupo de investigación sobre Estudios del Discurso. 

Si en ese relato se introduce la idea de que los parados y los pobres son parásitos, es presumible que cuando se decidan recortes en las prestaciones, estos no encuentren resistencia entre quienes no sufren esa situación. (...)

 Cuando la ideología conservadora, afirma Lakoff, utiliza por ejemplo la expresión “hay que aliviar la carga impositiva”, el marco conceptual en el que se inscribe implica una visión de los impuestos como algo que aprieta, que oprime a la sociedad.

 Del mismo modo, cuando Mitt Romney se refiere a “ese 47% de la población norteamericana que no paga impuestos y depende de las Ayudas del Estado”, que se siente “víctima” y se “cree con derecho a recibir atención médica, comida o vivienda”, está diciendo que ni es víctima ni tiene derecho a esas ayudas.

 Esa idea forma parte de un marco ideológico según el cual, cada uno ha de espabilarse y si alguien es pobre o fracasa, es por su culpa. Algo habrá hecho mal. En este marco conceptual, los poderes se sienten legitimados para abandonar a su suerte a los desfavorecidos.

Todo discurso político tiene un marco conceptual de referencia. También el de la crisis. Montserrat Ribas ha observado que el relato que se hace de la crisis está orientado a neutralizar cualquier resistencia a las medidas que se aplican.

 “El relato hegemónico presenta la crisis como una catástrofe natural, que ha ocurrido por una serie de fuerzas que no podemos controlar y que tiene consecuencias graves para todos. Como en las catástrofes, hay que resignarse, aceptar los sacrificios y colaborar para salir de ella”.

 Con este enfoque, la crisis no tiene responsables, ni se considera importante determinar cómo se reparten sus cargas. Una vez instaurado este discurso, quienes cuestionan las políticas de ajuste y se resisten a los sacrificios son malos ciudadanos, como sugirió Rajoy en Nueva York al ensalzar “a la mayoría de españoles que no se manifiesta, que no sale en las portadas de prensa”, en referencia a las protestas de la plaza de Neptuno de Madrid. (...)

Montserrat Ribas invita a imaginar qué ocurriría si en lugar del “relato de la catástrofe” se impusiera “el relato de la estafa”. Estaríamos buscando a los responsables de lo ocurrido, les estaríamos exigiendo responsabilidades políticas y penales, y exigiríamos cambios radicales en la regulación del sistema financiero para evitar que vuelva a repetirse. 

“En este relato, el papel del ciudadano es totalmente diferente. No es de pasividad y resignación, sino de exigencia y reforma”, señala.

Y aún hay un tercer relato posible: el de la crisis como “golpe de Estado del capitalismo”. En este relato, la recesión es utilizada para limitar la democracia e imponer un sistema autoritario que permita someter a toda la población a los dictados del poder económico, en beneficio de este.

De momento, el relato de la crisis como estafa pugna por abrirse paso desde la plaza de Neptuno de Madrid y desde los foros sociales abiertos al calor del movimiento del 15-M. Pero en el discurso oficial el que predomina es el de la crisis como catástrofe.
La culpabilización de las víctimas aparece, en este contexto, como un mecanismo de legitimación de los recortes sociales. 

 En la presentación del plan Prepara, la ministra de Trabajo, Fátima Báñez, insistió en que se iban a aplicar medidas contra los parados que no quisieran aceptar un trabajo, como si los parados españoles recibieran muchas ofertas de empleo. (...)

Para justificarlo, declaró sentirse “insultada” al saber que había “hogares que ingresan 8.000 euros, en los que un niñato recibe una paga de 400 por no hacer nada”. De entrada, hogares en los que entran 8.000 euros al mes no hay tantos como para ponerlos como paradigma, pero lo que en realidad la ministra encubría con esta retórica era un drástico recorte en las ayudas, que a partir de ahora solo podrán cobrar quienes estén prácticamente al borde de la indigencia. (...)

Durante la crisis han aumentado las diferencias sociales. “En 2007, la diferencia del PIB per cápita medio del 20% de los más ricos era 5,3 veces mayor que el del 20% más pobre; ahora es 6,9 veces mayor”, señala Carreras. Hay pues más pobres que además están peor y tienen menos posibilidades de salir del agujero. Porque justo cuando más se necesitan, la crisis está erosionando también las políticas de inserción social.  (...)

En este contexto, la idea de que solo los mejores saldrán adelante y de que quienes quedan relegados es porque no valen o no se esfuerzan está teniendo efectos psicológicos devastadores en los muchos jóvenes que se estrellan una y otra vez contra la realidad de un mercado laboral en caída libre.

 El mismo marco conceptual que permite culpabilizar a los pobres y a los parados es el que opera en los países del norte contra los del sur. El discurso culpabilizador genera angustia, pero también insolidaridad. Y abre la puerta a una nueva ignominia: la competencia feroz entre los mismos pobres por los escasos recursos disponibles. “No quiero ser apocalíptico, pero lo peor que nos puede ocurrir es que después de la crisis económica venga la crisis social”, afirma Isidro Rodríguez."                   ( , El País, 5 OCT 2012 )

27.9.13

Se engaña a los alemanes, y los dirigentes alemanes engañan a los europeos, cuando se les dice que Grecia, Portugal o España requieren rescates multimillonarios para sacarlos adelante, cuando esos rescates sólo sirven para salvar a los bancos alemanes

"(...) Si hay europeos que están siendo especialmente engañados son los alemanes y si alguien engaña más que otros a los demás europeos son los dirigentes políticos y económicos alemanes.

Se engaña a los alemanes al hacerles creer que Alemania es la que financia al resto de Europa, cuando resulta que sus grandes empresas y bancos han sido desde hace años los grandes beneficiarios de una construcción europea y del euro mal diseñados por haberse hecho a su medida. 

Alemania no es generosa sino que aprovecha su inmenso poder para tratar de someter a los demás, otra vez, en un espacio económico que sus grandes grupos económicos consideran suyo en toda Europa.

Se les engaña cuando se les hace creer que el despilfarro y la irresponsabilidad de los ciudadanos de otros países han sido los que han producido la crisis y los males que se sufren, cuando la verdad es que han sido los bancos alemanes quienes han financiado sin miramiento ni medida las burbujas y los excesos que han destrozado las economías para engordar durante años, eso sí, sus cuentas de resultados.

Se les engaña cuando se les hace creer que son otros países quienes se aprovechan del esfuerzo y los ingresos de los trabajadores alemanes cuando en realidad son sus propios grupos de poder económico y financiero los que han impuesto a su favor políticas que crean creciente desigualdad y más pobreza y los que han colocado fuera de Alemania el colosal excedente que han obtenido de sus trabajadores en los últimos años.

Se engaña a los alemanes cuando se les dice que su modelo social es insostenible por culpa de Europa y del coste de la solidaridad con otras naciones cuando en realidad si hay problemas de financiación es por la cada vez menor contribución de los propietarios de capitales alemanes a la financiación de los intereses colectivos y por la colocación de los excedentes que obtienen fuera de Alemania.

Se les engaña cuando se les dice que han de trabajar más que los trabajadores de cualquier otro país cuando las estadísticas muestran que si bien pueden ser más productivos en los sectores de vanguardia por el mayor avance de sus economías, trabajan menos, afortunadamente para ellos, aunque por cierto, cada vez en peores condiciones de trabajo e ingreso.

Se engaña a los alemanes y los dirigentes alemanes engañan a toda Europa cuando se les dice que la deuda que hay que reducir deriva de excesivo gasto público dedicado al bienestar social cuando en realidad procede de los intereses gigantescos que se pagan a los bancos privados al imponer un banco central en Europa que no lo es y que sólo sirve para apoyar y salvar a los bancos privados.

Se engaña a los alemanes y los dirigentes alemanes engañan a los europeos normales y corrientes cuando se les dice que países como Grecia, Portugal o España requieren ayudas o rescates multimillonarios para sacarlos adelante cuando en realidad esos rescates sólo sirven para salvar a los bancos alemanes o a las grandes empresas que viven de hacer inversiones imperiales en el resto de Europa, en muchos casos promoviendo y financiando todo tipo de prácticas corruptas.

Se engaña a los alemanes y los dirigentes alemanes engañan a los europeos cuando se les dicen que hay que rebajar salarios para crear empleo y de esa forma sólo se consigue que aumente el beneficio empresarial y la pobreza (...) 

Se engaña a los alemanes y los dirigentes alemanes engañan a todos los ciudadanos cuan se presentan como justos y eficientes reclamando estrictas condiciones de pago a los ahora sus deudores. Ocultando que países como Grecia fueron generosos con Alemania cuando era ésta quien tenía que pagar su deuda. (...)

 En Alemania, como en los demás países europeos, han conseguido convertir a los ciudadanos y ciudadanas titulares de derechos en los “súbditos dóciles” de los que decía el gran Thomas Mann en La Montaña Mágica “que demuestran en toda oficina y en todo local de servicio el respeto debido a la autoridad”.

Cuando los votantes hayan dejado de ser dóciles e ingenuos como vienen siendo la mayoría de los alemanes y europeos en general, y cuando se enfrenten antes con decisión a las autoridades corruptas y totalitarias que nos gobiernan, las elecciones empezarán a tener otro significado y entonces sí que abrirán paso a verdaderos cambios políticos."                     (Juan Torres López, 23/09/2013,Publicado em Público.es el 22 de septiembre de 2013)

19.9.13

Los contribuyentes alemanes no han pagado un solo euro por la crisis griega

"George Stathakis, profesor de economía de la Universidad de Creta, es diputado de SYRIZA y ministro de Desarrollo alternativo de la oposición (1). Recientemente escribió [en griego] “La cuestión griega en la imaginación de los políticos alemanes” en el que señala seis verdades obvias acerca de la crisis griega que se han evitado en las discusiones electorales en Alemania acerca de Grecia. (...)
  1. Los contribuyentes alemanes no han pagado un solo euro por la crisis griega. El mecanismo que proporciona créditos para los países en crisis toma prestado el dinero de los mercados, no de los contribuyentes, sobre la base de garantías de gobierno que ofrecen países como Alemania. El patrimonio de la organización es de solo 80.000 millones de euros, de los que 20.000 provienen de Alemania. Solo estos se pueden denominar teóricamente “dinero de los contribuyentes”. Solo en el caso de una “quita” (2) habrá algún coste fiscal para los Estados garantes.
  2. El Banco Central Europeo (BCE), que ha estado implicado en la compra de bonos de países según los memoranda, está obteniendo beneficios hasta el momento. Lo mismo ocurre con los demás Bancos Centrales a los que se está pidiendo que devuelvan esos beneficios a Grecia, como ya han hecho algunos.
  3. Los bancos alemanes minimizaron sus pérdidas de los bonos griegos a través del primer memorándum griego, a pesar del posterior acuerdo PSI (Private Sector Involvement) y Alemania se ha beneficiado de la crisis europea debido a que puede solicitar préstamos a interés cero.
  4. El programa griego es una farsa que está hundiendo la economía griega y debilitando su capacidad para pagar los intereses no solo de la deuda actual sino incluso una carga de la deuda menor. (...)
  5. Se necesita un tercer “paquete de préstamo” debido al primer y segundo de esos paquetes. Puede que se haya pospuesto hasta 2020 la devolución de 300.000 millones, pero hasta entonces habrá que pagar 83.000 millones de euros de intereses, una deuda que la Troika calcula que se pagará por medio de superávits de presupuesto después de 2014 que llegarán al 4,5% del PNB y de privatizaciones, que actualmente se calculan (después de la revisión del escandaloso objetivo inicial de 50.000 millones de euros) en 22.000 millones de euros.
  6. Grecia debe salir del memorándum y evitar por todos los medios nuevos préstamos.

     El problema griego es más conveniente para la campaña electoral alemana que el italiano o el español. Revive la idea inicial de un “caso especial” y desvía la discusión de sus verdaderas dimensiones que son europeas. Alemania, como un “hegemon [líder] incompleto”, puede masacrar al enemigo imaginario de una Grecia “problemática” y evitar así la discusión que le concierne, o debería concernirle, y que es la crisis europea. En esto domina el silencio."             (George Stathakis, Talos / European Tribune, Rebelión, 16/09/2013)

23.7.13

El espectro de la desigualdad recorre Europa

"Entre los costes morales de la crisis, ninguno más insoportable que el incremento de las desigualdades en la UE. Entre los Estados miembros y dentro de ellos. El manejo de la recesión impuesto por la hegemonía conservadora ha dividido a los europeos hasta amenazar un proyecto que, hasta hace poco, se explicaba a sí mismo como la historia de un éxito.

 La brecha más elocuente no es hoy la que enfrenta al norte contra el sur, ni al centro contra la periferia; ni siquiera a los acreedores contra los endeudados; sino la que, socialmente, enfrenta a los ganadores que pescan en el río revuelto contra los perdedores, que son muchísimos más.

Tan impactante apoteosis de la desigualdad es contraria a la razón de ser de la integración europea. Su motor fue, en origen, un pacto social de rentas —interpersonal, interterritorial e intergeneracional— de aliento supranacional.

El espectro de la desigualdad recorre Europa. La confrontación entre las opiniones públicas de los Estados miembros, más desunidos que nunca ante la adversidad, bulle en un caldo de cultivo de tentaciones reaccionarias, rebrotes identitarios y pulsiones nacionalistas alternadas con señales de integrismo religioso. 

Prejuicios largamente larvados desatan el señalamiento de chivos expiatorios y la estigmatización del diferente o del otro: los exabruptos racistas de un eurodiputado extremista contra la ministra italiana de Integración reclaman que el discurso del odio sea penalizado en toda la UE. ¡Y el Parlamento Europeo es ahora el legislador para ello!  (...)

Pero en España esta secuencia raya la exasperación. El relanzamiento aquí de viejas desigualdades viene acompañado de una apología narrativa que exhibe toda su crudeza: 

El amedrentamiento ante la pérdida de empleo es instrumentalizado para encubrir atropellos al principio de igualdad como la amnistía fiscal, la represión salarial para abaratar el despido y las privatizaciones en sanidad, educación, seguridad y justicia. Las tasas contra el acceso a la tutela judicial imponen un canon fast track para los pudientes y un callejón de indefensión para todos los demás.

 El paro masivo golpea más a las mujeres y espolea la indignación entre millones de jóvenes a los que se condena a emigrar o a no alcanzar en su vida pensiones como sus abuelos. 

Algunas advertencias son claras y para leerlas no es preciso chequear el índice de Gini. Como con la libertad, la lucha por la igualdad nunca se da por acabada. Ese combate es un proceso, no una conquista. Los avances en las oportunidades no duran sin más para siempre, ni se sostienen por sí solos, indefinidamente. 

Su reversibilidad es una amenaza verosímil, un riesgo constante. Cada consecución debe ser peleada para garantizarla, preservarla hacia el futuro y defenderla ante las muchas reinvenciones de la desigualdad.

Exactamente por ello esa razón social de Europa se encuentra en juego más que nunca."           ( , El País, 18 JUL 2013 )

24.5.13

Alemania no es consciente de haber hecho nada para merecer una actitud de rechazo por parte de los demás europeos

"Tras haber tratado con virulencia en los medios de comunicación alemanes a todo el sur europeo, hace unos meses los políticos alemanes incluyeron en sus ataques a Francia, ese “enfermo crónico”, según ellos. Y después de que Alemania aplicara un extremo y violento neoliberalismo en gran parte de Europa, el continente se resiente.

 En el verano del año pasado, Mario Monti en su viaje por Alemania lo describió lapidariamente: “La Alemania actual despierta odio en Italia, y ese odio va extendiéndose a otros países”. (...)

Los ciudadanos alemanes empiezan a darse cuenta de la animadversión que su política y sus envenenadas campañas contra todos los países latinos, además de Grecia y Chipre, han generado en el sur y oeste europeos. Y lo grave es que una gran parte de Alemania no es consciente de haber hecho nada para merecer una actitud de rechazo por parte de los demás europeos. 

Al contrario: el término “chivo expiatorio”, con el que muchos ciudadanos alemanes se refieren a sí mismos, se ha puesto de moda en el país germano. “Nos hemos convertido en el chivo expiatorio de Europa”, dicen cerrando los ojos ante el sufrimiento que sus autoridades han impuesto implacablemente sobre el sur, escondiéndose detrás del escudo de la Unión Europea.

“Alemania ha ganado la guerra”, me decían, durante mi última visita a los Estados Unidos, algunos de mis conocidos americanos, expertos en las finanzas: “ha ganado la guerra financiera; solo hay que echar un vistazo a los mercados”. 

La guerra: el que entra en ella tiene ánimo de lucha y se bate por sus intereses contra los demás. Y me pregunto: ¿Puede ser chivo expiatorio alguien que ha batallado contra los demás y ha salido vencedor? Evidentemente, la respuesta es no.

 El resentimiento entre Alemania y el resto de Europa es mutuo. Los contribuyentes alemanes tienen la sensación de que ellos solos pagan por los pecados de los demás: han ayudado —muy a disgusto, todo sea dicho— a salir a flote a sus vecinos de la antigua Alemania del Este. 

Las autoridades no paran de meter cizaña recordando a los alemanes que mientras que unos se divierten y holgazanean (el sur), los otros trabajan y pagan (el contribuyente alemán). Pero la realidad es muy distinta de lo que afirma el Gobierno alemán. Si Alemania aporta un 27% al fondo de rescate común europeo, Francia proporciona un 20% y España e Italia juntas un 30%. Y si lo calculamos per capita, la aportación alemana ocupa el sexto lugar entre 17 países. 

Sin embargo, esas cifras no suelen hacerse públicas en Alemania, así que el contribuyente alemán medio tiene la sensación –que las autoridades políticas hábilmente alimentan– de que él paga los platos rotos de los demás.

Por eso, cuando hace unas semanas un estudio del Banco Central Europeo demostró que en un hogar alemán promedio hay menos riqueza que en uno español o italiano (debido básicamente al hecho que la práctica común alemana es alquilar la vivienda en vez de tenerla en propiedad como se suele hacer en los países meridionales), en Alemania se produjo un estallido de ira tan grande que el ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble, tuvo que aplacarla pidiendo a la población más solidaridad con los coeuropeos del sur.  (...)

Endeudados y con una crisis que apaga cualquier iniciativa, a los países del resto de Europa les cuesta ofrecer resistencia frente a una Alemania dinámica, agresiva y cada vez más segura de su poder dentro de Europa y del mundo.

 Haciendo caso omiso de la opinión pública mundial que pide el cese de la austeridad, Alemania sigue con sus prácticas, pero ha optado por sustituir la palabra “austeridad” en su discurso oficial por el término tecnocrático e incomprensible de “consolidación fiscal”.

Mientras que Alemania construye un imperio, según unos recientes estudios la inmensa mayoría de la población europea pide un orden económico más social. Sin embargo, la mayoría de los votantes alemanes no tienen en cuenta ni las voces críticas ni la desesperación de los pueblos del sur y se están preparando para depositar su voto a favor de la canciller y de su partido, que les han convencido de que son la envidia de todo Europa. Estamos ante una situación peligrosa."        ( , El País, 18 MAY 2013 )

2.5.13

El problema de Francia es la caída de sus flujos comerciales hacia la Europa meridional arruinada por la austeridad alemana.

"La tendencia alemana de utilizar a Europa para su propia proyección de poder, siempre se ha encontrado enfrente con Francia, el único país europeo capaz de ejercer una inspiración alternativa al modelo alemán de Europa. 

Las dudas de París sobre el neoliberalismo alemán forman parte de los impulsos que hay que aniquilar. Después de la campaña de Grecia, la campaña de Francia ha sido, está siendo, el fenómeno más notable de la serie. 

Casi todos los grandes medios alemanes han titulado en los últimos meses sobre la “Francia enferma”, sin mencionar que el grueso del problema de Francia es la caída de los flujos comerciales hacia ese país de parte de la Europa meridional arruinada por la austeridad alemana.

 “El Paciente francés” (Frankfürter Rundschau), “El niño problemático de Europa” (Tagesspiegel), han sido menús corrientes aquí, sin que faltaran titulares impertinentes como el de la portada de Die Welt del 22 de febrero: 

“¿Cuan perezosos son los franceses?”. Cuando el Bild Zeitung se pregunta en portada, “¿Será Francia la próxima Grecia?” no está formulando preocupación, sino más bien un oscuro deseo freudiano.

Para el semanario portugués Expresso, “Alemania está mostrando los crónicos problemas que tiene con su propia identidad que hacen que le sea muy difícil convivir con sus vecinos europeos”. 

 Desde Bruselas el analista Wolfgang Münchau recuerda esta semana una declaración de 1990 del ministro de industria de Thatcher, Nicholas Ridley, según la cual la entonces planeada unión monetaria europea no era más que una conjura alemana con el objetivo de tomar el poder en Europa. “Recuerdo que aquella declaración antialemana me indignó entonces, pero ahora hay que reconocerlo: eso es precisamente lo que ha pasado”, dice."        (Rafael Poch, La Vanguardia, Rebelión, 23/04/2013)  

25.4.13

La desfachatez de la prensa alemana: “¡Pobre Alemania!” “Los alemanes pobres, rescatan a españoles ricos”


"La desfachatez de la prensa alemana alcanza esta semana su apogeo en la portada de su principal semanario, Der Spiegel, con una presentación particularmente manipulada de la distribución de la riqueza en Europa. 

La idea que se vende es el absurdo de que la población de la periferia del sistema europeo es más rica que la de su centro. Los del sur son más ricos, dice el semanario, que sigue la estela de un fraudulento informe del Bundesbank que el BCE, su aparente sucursal europea, hizo suyo a principios de mes. 

Arrogancia y lloriqueo son los dos componentes esenciales de esa desfachatez. Der Spiegel, publicación que las agencias de prensa españolas suelen presentar como “prestigioso semanario”, se apunta en este caso al lloriqueo. “¡Pobre Alemania!” se titula su artículo central, que se pregunta si “es justo el rescate del euro cuando la gente en los países receptores del crédito es más rica que los ciudadanos de los países donantes”. 

Las fotos que ilustran este fraude informativo presentan los yates de millonario amarrados en la bahía de Portofino, imagen que se ofrece de “los italianos”, y los coches de lujo de la jet-set en un animado puerto deportivo de Marbella, los “españoles”.

En la portada otro obtuso desafío a la inteligencia: un rústico mediterráneo a lomos de su burro que carga unas alforjas repletas de euros bajo la sombra de un paraguas con el azul estelado de la Unión Europea. “La mentira de la pobreza, cómo los países en crisis de Europa esconden su fortuna”.
 El mismo semanario dedicó en agosto su portada al gran problema de Europa: ¿el paro? ¿los desequilibrios entre naciones?, ¿la especulación y el latrocinio bancario?. No: la inflación. Ni en Alemania ni en la euro zona supera el 2%, pero, Der Spiegel considera que la inflación amenaza a los alemanes con una “latente expropiación”. 
El estudio del Bundesbank, al que la propia institución y el ministro de finanzas alemán, Wolfgang Schäuble, restan todo valor para extraer conclusiones comparativas, presenta una muestra de patrimonios por hogares (uno de cada cinco alemanes vive solo) y compara su valor medio, lo que queda en el centro de la muestra, no el promedio.

 Una comparación más real, arrojaría lo que todo europeo sabe; que en Europa hay un centro y una periferia y que los mas pobres están en esta última, pero la prensa hace un uso obtuso del estudio y concluye que, “Los españoles son un tercio más ricos que los alemanes” (titular del Frankfurter Allgemeine Zeitung), que “Los alemanes pobres, rescatan a españoles ricos”, (Die Zeit) o que “Italianos y españoles tienen mucho más dinero que los alemanes” (Die Welt).

 Esta súbita defensa de los pobres a cargo de una prensa tan poco social se acomete únicamente desde un punto de vista nacional, de una disparatada comparación entre naciones.

Desde que comenzó la crisis, la prensa alemana –no confundir con su opinión pública- ha sido pionera y se ha centrado, con honrosas excepciones minoritarias, siempre en lo mismo: identificar la crisis del casino internacional europeo, en el que las deudas irresponsables del Sur fueron alimentadas con créditos irresponsables del Norte, como un problema entre naciones.

Esa labor ha servido para desviar el descontento de los propios alemanes por la creciente desigualdad de su sociedad y por el secreto y abuso con el que el gobierno federal desembolsó casi medio billón de euros de dinero público para rescatar bancos alemanes en 2009. 

La propia estadística del gobierno federal confirma que Alemania es uno de los países más desiguales de Europa en reparto de riqueza: al 50% más pobre de la sociedad le corresponde el 1% de la riqueza (hace diez años era el 3%) y al 10% más rico el 53%. El 1% más rico concentra el 23%. Alemania es el cuarto país del mundo en cantidad de personas con fortunas de miles de millones, solo por detrás de EE.UU, China y Rusia. 

Como la opinión pública no está muy contenta con este panorama -ocho de cada diez alemanes están convencidos de que la brecha entre ricos y pobres es una amenaza para la democracia-, la prensa se dedica a entretener con leyendas nacionales en sus dos modalidades: arrogancia o lloriqueo. 

A partir de 2010 diversos medios de comunicación alemanes iniciaron una bochornosa campaña de insulto contra Grecia y los griegos que en pocos meses logró transformar en chivo expiatorio la imagen de un país amigo y socio.

 Iniciada por las publicaciones populares más rastreras, como el diario Bild y el semanario Focus, la marea fue claramente propiciada por el establishment para desviar por vías nacionalistas la agresividad y el enfado que creaba la percepción de la estafa bancaria, y fue enseguida asumida por el conjunto de la prensa nacional, explica un informe de académicos alemanes y griegos publicado el año pasado."         (Rafael Poch, La Vanguardia, Rebelión, 23/04/2013)  

Así ven los alemanes a los españoles: vagos y corruptos

"Débil, corrupto, tradicional y un país de ociosos. Esa es la imagen de España que tienen gran parte de los alemanes, según el último barómetro del Real Instituto Elcano, elaborado entre el 25 de marzo y el 4 de abril. 

En poco menos de 20 años, la desconfianza de los teutones se ha multiplicado por cinco. Así se desprende de la comparación de una encuesta del Instituto Universitario Ortega y Gasset elaborado en 1996. Entonces, uno de cada 10 alemanes consideraban que se trataba de un país poco fiable. Ahora, cinco de cada 10. 

El barómetro del Observatorio de la Marca España del instituto también recoge la imagen de España en China, Reino Unido, Rusia, Estados Unidos y México. Destaca, no obstante, la evolución de esta visión en Alemania: en 1996 solo dos de cada 10 teutones consideraban a los españoles poco trabajadores y hoy son ya cuatro de cada 10; la calificación de España como país débil ha aumentado del 20% al 44%, probablemente por el efecto de la crisis; en 1996 dos de cada 10 alemanes creían que los españoles eran poco trabajadores y ahora cuatro de cada 10 los define como ociosos. Algo que no ha cambiado sustancialmente en este tiempo es el porcentaje de alemanes que opina que España es un país tradicional: 85% en 1996, frente al 77% en 2013. (...)

Las perspectivas sobre el futuro no son muy buenas. En el exterior todavía son mayoría los que piensan que España no saldrá pronto de la crisis. El 36% de los encuestados opina que la recuperación solo será a largo plazo; el 52%, a medio plazo, y solo el 12%, a corto plazo. Los escenarios más pesimistas se dibujan en el Reino Unido y en Alemania. 

Ahí el número de entrevistados que ven el final de la crisis a largo plazo es más alrgo (53% en Reino Unido y 44% en Alemania). El 62% de los encuestados en los seis países en los que ha tomado datos el Real Instituto Elcano consideran que España puede necesitar un rescate exterior para afrontar sus dificultades."          (El País, 24/04/2013)

31.3.13

La ultraderecha dicta la política de inmigración en Europa

"Las medidas anunciadas por David Cameron para restringir el acceso a los extranjeros a sanidad y vivienda son las últimas en un continente cada vez más posicionado en un discurso anti inmigración como consecuencia del auge de los partidos xenófobos.

 La extrema derecha marca el paso. El auge de los partidos racistas desde que arrancó la crisis económica ha llevado a distintos gobiernos a endurecer sus políticas de inmigración ante el miedo de perder votos por su flanco derecho. El último ejemplo de una larga lista lo ha protagonizado Reino Unido.

 El primer ministro David Cameron anunciaba el lunes nuevas medidas para endurecer el acceso de los inmigrantes, incluidos los comunitarios, a las prestaciones sociales. En el trasfondo de esta decisión se sitúa el éxito en las encuestas del Partido por la Independencia del Reino Unido (UKIP), una formación con un discurso euroescéptico y antiinmigración

Hay abundante bibliografía que analiza las causas de este nuevo auge de la xenofobia o el racismo. Un informe del Consejo de Europa -organismo independiente de la Unión Europa que vela por el cumplimiento de los derechos humanos- señaló directamente a la política de recortes de la Unión Europea como culpable del aumento del racismo y acusó a los partidos políticos de utilizar a los inmigrantes como cabezas de turco ante el recorte en los servicios sociales. 

El aumento del desempleo, la saturación de los servicios públicos y unas perspectivas de futuro más que inciertas han servido de caldo de cultivo para el florecimiento de una larga lista de partidos políticos xenófobos tales como Unión por el Futuro de Austria (BZÖ); los Verdaderos Finlandeses en Finlandia; el Partido por la Libertad (PVV) en Holanda o Amanecer Dorado en Grecia.

 La ideología que subyace a estos nuevos partidos de tinte xenófobo suele ser la misma: primero los ciudadanos autóctonos, después el resto. La falacia de la economía globalizada tiene este tipo de cosas. 

En una Europa deprimida desde el año 2008, los gobiernos de la Unión buscan inversores chinos para salvar la industria y acuden a jeques árabes para reflotar el sistema financiero patrio, pero con la otra mano restringen la llegada de nuevos inmigrantes, endurecen las condiciones para obtener la residencia o refuerzan la identidad nacional bajo la excusa de una deseada cohesión social.   

En Francia, en el año 2011, el Gobierno de Nicolas Sarkozy endureció las condiciones de acogida de personas extranjeras en suelo francés. El Ejecutivo ultraderechista de Hungría ha convertido el nacionalismo y el racismo en el ADN de la acción de gobierno señalando a los gitanos y a los judíos como los grandes culpables de los males de la patria

En España, el Gobierno de Mariano Rajoy excluyó a los inmigrantes en situación irregular del Sistema Nacional de Salud alegando un supuesto abuso por parte de los extranjeros de los servicios sanitarios estatales. Idéntico argumento ha sido esgrimido por Cameron."        (Público, 27/03/2013)

22.3.13

Aquí yace la credibilidad europea. La crisis que está sufriendo Chipre amenaza con desencadenar un pánico bancario internacional


"La crisis que está sufriendo Chipre amenaza con desencadenar un pánico bancario internacional y al mismo tiempo revela la crisis de confianza entre los miembros de la UE, así como la exasperación de Europa del Norte hacia el que considera su vecino inútil del sur. 

Sin duda, los líderes europeos saben que están asumiendo un gran riesgo con Chipre. El peligro es obvio. Ahora que se obligarán a todas las personas con dinero en bancos chipriotas a que asuman el golpe, los nerviosos depositantes de otros lugares en Europa podrían haberse percatado de que se ha establecido un peligroso precedente. [En el momento en el que se escribió este artículo, el Gobierno chipriota propuso aplicar impuestos a todos los ahorradores.]

 En lugar de correr el riesgo menor de una indeseada "quita" financiera en el futuro, los clientes de los bancos griegos, españoles, portugueses o italianos podrían optar por sacar su dinero ahora. Si sucediera algo así, volverá la crisis del euro, con una venganza.

Los responsables del plan de Chipre esperan que el riesgo de contagio sea reducido. Creen que los bancos españoles se están recuperando y que Grecia también se ha alejado del precipicio.

No hay ningún motivo para que los depositantes saquen conclusiones del peculiar caso de Chipre, cuyos bancos están repletos de dinero ruso.
Puede que sea así. Y sin embargo, los líderes de la UE se han equivocado en estos cálculos antes. En una cumbre en Deauville en septiembre de 2010, anunciaron que los titulares de bonos soberanos en países rescatados perderían algo de su dinero. 

El resultado fue un empeoramiento severo de la crisis del euro, ya que los inversores comenzaron a exigir unos tipos de interés mucho más altos en los préstamos a países aparentemente con riesgos, como Italia o España.
 
Entonces, después de todos los esfuerzos concienzudos para restablecer el euro, ¿por qué los líderes europeos han hecho una apuesta tan arriesgada en Chipre? La respuesta es que a ellos también se le ha acabado el crédito: el crédito político.

Esta escasez de crédito adopta distintas formas en Europa del Norte y del Sur. Los líderes de naciones como Alemania, Países Bajos y Finlandia tenían la sensación de que sus votantes y sus Parlamentos simplemente no aprobarían otro rescate, a menos que se impusieran sanciones estrictas.

Chipre es un lugar pequeño, al igual que la cantidad de dinero necesario para apuntalar al país es relativamente pequeña: “sólo” 17.000 millones de euros. El problema es que Chipre también es un ejemplo especialmente claro del déficit fundamental de confianza entre los europeos del norte y del sur. 

Desde que comenzó la crisis, los medios de comunicación alemanes no han dejado de hablar de la corrupción del sur. A los votantes alemanes se les ha instado a creer que su dinero ganado con tanto esfuerzo iba a ayudar a países fundamentalmente corruptos.

Chipre plantea un problema especialmente grave, ya que sus bancos se han ganado a pulso la reputación de ser paraísos para el dinero sucio de Rusia. La cantidad que “realiza el viaje de ida y vuelta” a través de Chipre, ya que entra y sale de Rusia, realmente indica que la lavadora de la banca chipriota ha estado girando sin parar.

 Aplicar impuestos a los depositantes con más de 100.000 euros parece un modo eficaz de apuntar al dinero ilícito ruso. La desconcertante y peligrosa decisión de gravar también a los pequeños depositantes demuestra hasta qué punto se ha acabado la empatía, incluso hacia el “pequeño país” de Europa del Sur.   (...)

Ahora, está claro que esta falta de convergencia en la confianza y la cultura política es al menos igual de importante que la falta de convergencia económica. También es cierto que los alemanes, los holandeses y los escandinavos tienen sus propios problemas de corrupción en la vida pública y que la caricatura de todo el sur de Europa como corrupto y perezoso es sumamente injusta.

Y aún así, es un hecho que la evasión fiscal abunda en países como Grecia e Italia. Esto siempre ha hecho que fuera más difícil convencer a los votantes del norte para que rescataran al sur.

Incluso la observación trivial confirma que las actitudes ante el dinero público varían en gran medida. Hace unos años, me invitaron a una reunión de los embajadores holandeses de todo el mundo. El almuerzo fue una variedad no my apetitosa de sándwiches y patatas fritas que se comían de pie. Sospeché que, aunque las finanzas públicas de Italia y Grecia estaban en peor estado, sus embajadores comían mejor.

Es una anécdota insignificante. Pero es el tipo de diferencia cultural que explica por qué los europeos del norte ahora han dicho “basta” con respecto a los bancos chipriotas.A menos que Europa pueda crear una convergencia real en los estándares de la vida pública, el abismo resultante en la confianza podría acabar primero con el euro y luego con la propia UE."             ( , Preseurop, 21 marzo 2013, Financial Times Londres)   

20.3.13

Los jubilados alemanes quieren cobrar sus pensiones, y para ello no importa condenar al paro, a la miseria, al desahucio, a millones de personas en los países del sur

"Deutschland Uber Alles. Esta es la única lectura que se puede hacer de lo que está ocurriendo ahora mismo en Europa. Alemania por encima de todos. Alemania, contra todos. Alemania quiere más castigo para Chipre, como antes lo quiso para Grecia, Portugal, España…. 

No es una cuestión de economía, o sí, es una cuestión económica pasada por el filtro de la idea de superioridad. No la del nazismo, que está un poco demodé, sino la de los chicos buenos que hacen bien los deberes frente a los malos que acaban palmando dinero. 

Eso nos dicen. Los jubilados alemanes quieren cobrar sus pensiones, y para ello no importa condenar al paro, a la miseria, al desahucio, a millones de personas en los países del sur. Portugal, Italia, Grecia, España. ¿No son los PIGS, al fin y al cabo? Pues que se jodan.

 Es la versión germanizada de la frase de la Fabra. Que se joda España. Y puestos a joderse, dicen los políticos, que se jodan los de abajo. Es la guerra de siempre, el Norte contra el Sur, los pobres contra los ricos. ¿No vaticinaba Marx algo parecido? (...)

Y los que tengan alguna formación, que se vengan pa Frankfurt, que aquí siempre hay trabajo para un ingeniero que hable alemán y esté dispuesto a soportar desprecios y prepotencias. El sur tardará décadas en recuperarse, habrá calles llenas de mendigos y millones de vidas destrozadas. ¿A quién le importa? Cuando haya demasiados siempre podemos tirar de cámaras de gas. 

Y mientras tanto nuestros gobernantes besando la mano que les esclaviza, sonriendo ante las agresiones cada vez más atroces. Nuestros políticos conniventes, complacientes, no es que pongan la otra mejilla, es que ponen directamente el culo. 

Y Nietszche removiéndose en la tumba, me han interpretado mal, no era esto, y la Merkel dando palmaditas a Rajoy, si te portas bien te dejaré que te pongas mis ligueros y te daré órdenes en alemán (ya decía Carlos V que el alemán era el idioma con el que había que hablar a los caballos). 

Alemania, ay, no es el motor. Alemania es el problema. Cuanto más tardemos en darnos cuenta, más gente seguirá sufriendo. Alemania seguirá apretando las tuercas hasta que la dominación sea completa, o hasta que los de abajo digamos basta ya.

 Hasta que mandemos al euro a tomar por Berlín, hasta que nos plantemos y digamos, ¿qué deuda?, hasta que recuperemos la soberanía que, ay, perdimos el día en que dejamos nuestras vidas en manos de ese Capitalismo 2.0 llamado eufemísticamente Europa, y más verosímilmente Alemania."          (Antonio López del Moral, Rebelión, 20/03/2013)

5.12.12

“Los españoles nos roban”: Así nos ven en el extranjero

"SIEMPRE HABÉIS SIDO UNOS VAGOS, Y AHORA MÁS”

De la admiración por el “milagro español” al recelo y, cada vez más, al odio irracional. La percepción exterior de los españoles se ha ido deteriorando a una velocidad de espanto durante el último lustro, paralelamente a la profundización de la crisis económica. Europa comienza a dividirse entre norte y sur

O mejor dicho, entre los países solventes y “los países del ajo”. Una peyorativa mención utilizada por la prensa de los países del norte y el centro europeo para referirse a España, Portugal, Grecia e Italia. Y es que la responsabilidad de la actual situación económica está cayendo sobre los más débiles, los países rescatados de la periferia europea. (...)

 El chivo expiatorio de los males de la UE ya no son los emigrantes, sino los “vagos” del sur. Los estereotipos sobre la personalidad de los españoles se han visto reforzados con la crisis. “En Holanda está calando la idea de que le estamos pagando la crisis a España, algo que no se acepta debido a que se cree que los españoles se pasan el día de fiesta. 

Los prejuicios sobre que los españoles son unos vagos siempre estuvieron ahí, pero ahora han vuelto con más fuerza que nunca”, explica Merijn de Waal, un holandés de 31 años que trabaja para NRC Handelsblad. 

Los españoles como fuente de todos los males

El sentimiento de que los españoles son los causantes de la crisis financiera también es mayoritario entre los alemanes. El periodista y corresponsal en España Hans-Günter Kellner subraya que esta percepción “es un poco injusta porque en la misma medida que España pedía dinero, los bancos alemanes se lo prestaban, pero casi nadie entiende que ambos países sean corresponsables de la situación”.

 La manidaafirmación de que “los españoles han vivido por encima de sus posibilidades” también ha tenido un fuerte eco en la prensa teutona. Un argumento que por su repetición constante ha provocado que los alemanes nos perciban como un pueblo “arrogante”.
 
La cultura económica basada en el pelotazo urbanístico, que desde Alemania siempre se vio con escepticismo, nunca más podrá ser perdonada. “Mientras España estaba en pleno boom inmobiliario, nosotros ya vivíamos una crisis profunda yno entendíamos cómo se vivía con tanto lujo y se enriquecían tan rápidamente.

 Ahora vemos cómo están pagando las consecuencias, pero es una pena que se generalice porque la gente que está ahora en la cola del paro no es la misma que la que protagonizó el auge de la cultura del ladrillo”.

A medida que se va descendiendo hacia el sur de Europa, la visión negativa sobre los españoles comienza a moderarse. En Francia, la imagen que se tiene “sigue siendo buena, pero ojo, cada vez hay un sector mayor de la población que piensa que han despilfarrado su dinero, principalmente el aportado por la UE.  

Se tiene la sensación, amplificada por algunos medios, de que han gastado demasiado y ahora quieren pasarle la factura a los demás países. Esta idea está calando en un número cada vez mayor de gente, pero no quiere decir que culpen a la población, sino a sus dirigentes”, según la visión de Cécile Thibaud, que lleva más de una década afincada en Madrid pero que viaja con regularidad a su país de origen.

Los estereotipos de que los españoles son poco trabajadores y algo inconscientes por no haber reaccionado antes contra la burbuja inmobiliaria, también comienzan a oírse en el país vecino, añade Thibaud, aunque matiza que “estas ideas todavía son solo de una minoría”.

La francesa insiste en una idea que parece predominar en el resto de países de la UE y es que “los españoles han sido unos inconscientes” durante los años previos al estallido de la burbuja. “Los tiempos de bonanza impresionaron mucho a la sociedad francesa, que incluso tenía ciertas envidias y la sensación de que se les estaba pagando el crecimiento con dinero de todos los europeos. 

Sin embargo, ahora lo que más les sorprende es cómo están capeando el temporal sin quejarse demasiado. Desde mi punto de vista, si en Francia hubiese las mismas tasas de paro que en hay en estos momentos en España la gente se rebelaría, habría muchas más huelgas generales y casi se produciría una guerra civil. 

Puede ser que no se tenga una visión del todo exacta del empobrecimiento de las clases trabajadoras, pero nadie comprende cómo los españoles siguen saliendo adelante con toda la miseria que hay”, explica Thibaud.

Los españoles, más cerca de África que de Europa

Una percepción quizá un tanto distorsionada por imágenes como las de los desahucios violentos o las de los jornaleros del SAT en los hipermercados, que ocuparon las primeras planas de los periódicos de medio mundo y que, más que presentarlas como acciones políticas, se ceñían a subrayar la miseria y la extrema pobreza en la que habrían caído los españoles. 

El periodista keniata de 37 añosMoses Maina ha seguido muy de cerca estos últimos conflictos por los medios de comunicación y no puede dejar de sorprenderse de que “lo único que parece importar a los españoles son sus ganas constantes de fiesta y el fútbol”. Una contradicción, dice, que “los acerca más a la filosofía de vida africana que a la europea”.  (...)

 Los representantes políticos tampoco parecen ayudar demasiado a mejorar la imagen de los españoles en el exterior, más bien todo lo contrario. En los Países Bajos, la percepción de los políticos españoles es que viven constantemente en un mar de dudas, según ha comprobado entre sus compatriotas Merijn de Waal. “El Gobierno de Mariano Rajoy no ofrece ninguna confianza.

 La gente no entiende su falta de determinación y valentía después de obtener una mayoría absoluta y contar con cuatro años por delante para hacer todo lo que pueda. En Holanda no se entienden las medias tintas y parece que el Gobierno de España no está totalmente convencido de que el país pasa por serios apuros. No reconocer esta evidencia es muy serio y genera cierta polémica”, añade de Waal.

Para Kellner, en Alemania se ve con buenos ojos a los italianos “porque se entiende que están comprometidos en la lucha contra la crisis, mientras que se duda mucho de los españoles.  (...)

A pesar del cambio de tendencia de la visión que se tiene en el exterior de los españoles, todavía no estamos a la altura de las desconsideraciones a las que son sometidos los griegos. En la mayoría de países de la UE ya se comienza a defender abiertamente su expulsión de la zona euro. 

La francesa Cécile Thibaud aclara que “la sensación es diferente porque en Grecia se ha visto que la gente apenas paga impuestos, hay una economía sumergida mucho más abultada y el despilfarro ha sido si cabe mayor que en España”. Además, añade la francesa, “la deuda griega es pública y la española eminentemente privada, por lo que se sabe que la gente común no es tan culpable de la situación”. (...)

 De lo que no cabe duda es que, en mayor o menor medida, los españoles son señalados con el dedo como los culpables de crisis, sacando a la luz ciertos estereotipos que parecían cosa del pasado. La pérdida de poder adquisitivo de las poblaciones del norte y del centro de Europa no hará más que acentuar estos negativos puntos de vista. 

Un contexto cuyos efectos secundarios son la polarización ideología y el auge de los populismos, siempre asentados sobre la base del odio al “otro” a quien se le responsabiliza de todos los problemas propios.  

Un escenario complicado para seguir construyendo una Europa más unida o federal, como ingenuamente proponía ayer mismo el presidente de la Comisión Europea José Manuel Durao Barroso. Toda una quimera para los vientos populistas que soplan en el Viejo Continente."       (El Confidencial, 14/09/2012)

2.11.12

Señores y señoras, acabo de contaros la muerte de un País... Grecia

"En el País heleno, si aún se puede definir así porque ya dudo de que pueda ser denominado de esta forma, ha desaparecido – desde hace tiempo – el concepto de conciencia cívica. Hasta puedo afirmar que la sociedad ha dejado de existir.

La noticia estrella de la jornada de ayer fue que la policía griega ya da la caza a todo extranjero sin importarle mucho si se encuentra en el País en calidad de turista o de residente legal o aún sin papeles. Ser de otra nacionalidad, en Atenas y alrededores, constituye ya un delito.

Un señor de nacionalidad coreana (del Sur) decidió visitar Atenas durante este mes de Octubre. Un día, cerca de la Plaza Omonia, es decir la zona de la capital donde más se concentran los inmigrantes, la policía le paró pidiendole de malas maneras la documentación. 

El turista exigió que los agentes les mostrasen su número de placa. Resultado: le gritaron que tenía ya que volver a Corea, se lo llevaron a la comisaría donde sucedió de todo y cuando terminaron su “trabajo sucio” le soltaron. Este acontecimiento fue primera noticia en todos los telediarios del País asiático.

De todas formas, hay otros episodios para relatar. Un joven sudanés de 19 años que tenía estatus de refugiado político en Grecia fue parado por la polícia mientras se embarcaba en un vuelo hacia París (aeropuerto internacional de Atenas). Tres agentes le ordenaron que se fuese con ellos en un lugar apartado y empezaron a gritarle: “Grecia no es un lugar que da asilo político a árabes, Grecia pertenece a los griegos”.

 Le escupieron en la cara, le dieron puñetazos y patadas en la zona de los riñones. Rompieron en mil pedacitos sus papeles de refugiado. El joven tuvo que irse a una ONG donde le dijeron que no tienen recursos para hacer nada y que de casos como el suyo ya hay miles.

El tercer suceso tiene relación con la feista nacional del 28 de Octubre donde se recuerda el rechazo de los griegos a las pretensiones de Mussolini que pretendía invadir el País. Ese día se organizan en todas las ciudades desfiles estudiantiles y los mejores alumnos llevan la bandera.

 En la ciudad de Fársala (Grecia Central) en un Instituto de Enseñanza secundaria se distinguía por su destreza una chica de origen albanés a la que tocaba llevar el símbolo nacional griego.

Sus compañeros la boicotearon amenazando, en este caso, recurrir a Amanecer Dorado. Resultado: la chica llevó la bandera por pocos minutos para pasarla después a una griega 100%.

Señores y señoras, acabo de contaros la muerte de un País."     (, Colectivo burbuja, 31/10/2012)