"(...) ¿quién votó en contra de la rebaja de los tipos? Los dos miembros
alemanes de la directiva del BCE, respaldados por los dirigentes de los
bancos centrales holandés y austriaco. ¿Quién, fuera del BCE, fue más
crítico con la medida?
Los economistas alemanes, que defendieron sus
argumentos no solo atacando el contenido de la decisión, sino también
poniendo de relieve la nacionalidad de Mario Draghi, el presidente del
banco, que es italiano.
El influyente economista alemán Hans-Werner Sinn
dijo que lo único que quería Draghi era que Italia pudiese acceder a
préstamos con intereses bajos. El jefe de economía del semanario
WirtschaftsWoche tachó la rebaja de los tipos de “decreto de un nuevo
Banco de Italia con sede en Frankfurt”.
Estas insinuaciones son terriblemente injustas con Draghi,
cuyos intentos de frenar la crisis del euro han sido poco menos que
heroicos. A estas alturas, me atrevería a decir que, sin su liderazgo,
el euro probablemente habría fracasado en 2011 o 2012. Pero las
personalidades son lo de menos.
Lo que da miedo en este asunto es el
modo en que se está convirtiendo en una pugna entre teutones y latinos,
con el euro, que debía servir para unificar Europa, dividiéndola en vez
de unirla.
¿Qué está pasando? En parte, tiene que ver con los estereotipos
nacionales: la ciudadanía alemana está permanentemente en guardia ante
la posibilidad de que esos perezosos europeos del sur vayan a largarse
con el dinero que a ellos tanto les ha costado ganar. Pero también hay
un verdadero problema.
Los alemanes sencillamente odian la inflación,
pero si el BCE tiene éxito en su intento de lograr que la inflación
media europea vuelva a situarse alrededor del 2%, hará que la inflación
alemana —que está aumentando aun cuando otros países europeos sufren
unas tasas de paro similares a las de una depresión— suba hasta un nivel
considerablemente superior, quizás hasta el 3% o más.
Puede que esto parezca malo, pero así es como se supone que debe
funcionar el euro. De hecho, es el modo en que tiene que funcionar. Si
uno va a compartir moneda con otros países, a veces tendrá una inflación
que estará por encima de la media.
En los años anteriores a la crisis
financiera mundial, Alemania tenía una inflación baja mientras que
países como España tenían una inflación relativamente alta. Ahora, las
reglas del juego exigen que se intercambien los papeles, y la pregunta
es si Alemania está preparada para aceptar esas reglas.
Lo verdaderamente triste es que, como he dicho, se suponía que el
euro debía unir a Europa, de un modo tanto fundamental como simbólico.
Debía reforzar los vínculos económicos y, al mismo tiempo, alimentar un
sentimiento de identidad común. Lo que está generando, sin embargo, es
un ambiente de enfado y desdén por parte de acreedores y deudores. Y
sigue sin vislumbrarse el fin." (
Paul Krugman
, El País, 16 NOV 2013 )
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