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3.9.24

Argentina se hunde bajo los recortes de la motosierra de Milei... el precio del arroz subió un 950% en un año, seguidos por las tarifas de servicios básicos como el gas (300%) y el agua (200%)... La inflación tendencial anual en julio, es decir, comparada con el mes correspondiente del año anterior, el Indec nos informa que se situó en el estratosférico nivel del 263,4%... la producción industrial cayó un 19,5% interanual... El consumo en su conjunto, cayó un 9,4% en los siete primeros meses del año debido a la disminución del poder adquisitivo de las pensiones, sueldos y salarios... El gobierno de Milei no parece capaz de frenar la carrera hacia el abismo de la economía y la sociedad argentinas... Acontecimientos que eran ampliamente esperados, ya que el nuevo presidente está aplicando una política servilmente en línea con los dictados neoliberales de la escuela de economistas de Chicago, que ha creado desastres incalculables en el subcontinente desde la década de 1970 (Andrea Vento)

 "El «estancamiento secular neocolonial» latinoamericano

El 13 de agosto, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) de las Naciones Unidas publicó su habitual «Estudio Económico sobre América Latina y el Caribe 2024», en el que se analiza en detalle la situación económica y laboral y se hacen previsiones sobre la evolución del subcontinente en su conjunto, en sus subregiones y en los 33 Estados que lo integran. 

El elemento sobresaliente identificado por Cepal dentro del estudio es la continuación de la fase de lenta expansión económica que ya dura una década, caracterizada por bajas inversiones productivas, bajos niveles de crecimiento de la productividad laboral y limitado espacio fiscal para la implementación de políticas de recuperación macroeconómica, principalmente inversiones productivas públicas. Todo ello, como veremos más adelante, en un contexto de incertidumbre global.  (...)

A nivel de países individuales, entre las 6 principales economías latinoamericanas, observamos que Brasil mantuvo una decente previsión del +2,5% ya en mayo, mientras que Chile y Venezuela muestran un aumento significativo del +2,3% al +2,6% y del +4% al +5% respectivamente. La previsión de crecimiento de Colombia también se mantuvo estable, aunque muy modesta, en el +1,3%, mientras que México retrocedió del +2,5% al +1,9%, manteniéndose ligeramente por encima de la media latinoamericana (+1,8%), pero por debajo de la de su propia subregión (+ 2,2%) (Tab. 2 últimas 2 columnas). 

Argentina se hunde bajo los recortes del salvamotor Milei

Dramática es en cambio la situación de Argentina, que bajo el cuidado hiperliberal del salvamotor de extrema derecha Javier Milei, a quien incluso el FMI ha aconsejado moderación en los recortes, está llevando a la progresiva deconstrucción de la economía de su país, ya debilitada por los efectos del macropréstamo de 45.000 millones de dólares suscrito con el FMI por el expresidente de centroderecha Mauricio Macri en 2018 (...).

Desde que Miliei asumió en la Casa Rosada a principios de diciembre pasado, sus medidas de economía de shock han ido empujando a la economía argentina al abismo, como confirma la tendencia de las 3 últimas previsiones de Cepal para 2024: diciembre de 2023 -1%, mayo de 2024 -3,1% y agosto -3,6%, con fuertes repercusiones sociales también por los drásticos recortes del gasto público.

De hecho, el Observatorio de la Deuda Social Argentina (Odsa) de la Universidad Católica Argentina (Uca), que viene relevando las condiciones socioeconómicas desde hace tiempo, en su informe publicado a principios de junio destaca cómo la pobreza ha pasado del 44,7% en el tercer trimestre de 2023 al 55,5% en el primer trimestre de este año, mientras que la pobreza extrema (también definida como indigencia) casi se duplica, pasando del 9,6% al 17,5%iii en el mismo período.

La grave situación social, sobre todo en relación con el aumento de la pobreza extrema, según los analistas más atentos, es atribuible al vertiginoso aumento de los precios de la canasta básica, a raíz de la devaluación del peso en un 50% en el tipo de cambio con el dólar implementada en diciembre pasado por Milei que, sumada a la supresión de los controles de precios, generó un fuerte aumento de la ya de por sí elevada inflación, alcanzando, según el Instituto Nacional de Estadística argentino (Indec), un incremento cíclico mensual en diciembre, es decir respecto al mes anterior, del 25,5%, antes de retroceder al 13,2% en febreroiv (Gráfico 2). (...)

Los alimentos, en particular, experimentaron los mayores aumentos, con el precio del arroz llegando a subir un 950% en un año, seguidos por las tarifas de servicios básicos como el gas (300%) y el agua (200%), así como el transporte público (60%)v. Incrementos que golpean principalmente a los estratos sociales más bajos, dados sus bajos ingresos y la alta incidencia porcentual que ejercen sobre ellos tanto la canasta alimentaria como los servicios básicos del hogar, tipos de consumo que los economistas denominan «demanda inelástica».

Según los últimos datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística argentino (Indec), la tasa de inflación cíclica se situó en julio en el 4%, valor todavía decididamente elevado para una economía «normal», pero en descenso respecto a principios de año, tendencia inducida principalmente por la fuerte caída de la demanda interna debida al empobrecimiento de la población, que, penosamente probada, se vuelca periódicamente a las calles argentinas en oceánicas manifestaciones de protesta. La inflación tendencial anual en julio, es decir, comparada con el mes correspondiente del año anterior, el Indec nos informa que se situó en el estratosférico nivel del 263,4% (Gráfico 3), mientras que la inflación acumulada desde principios de año se situó en el 87,0%vi. (...)

El gobierno de Milei, tras varios meses de actividad, no parece capaz de frenar la carrera hacia el abismo de la economía y la sociedad argentinas; de hecho, según los datos que obran en nuestro poder, la industria manufacturera argentina sólo utilizó en junio el 54% de su potencial, cifra incluso inferior a la del período de incumplimiento de 2001.

En cuanto a la producción industrial, el Indec también informó que en el mismo mes cayó un 19,5% interanual, es decir respecto a junio de 2023, y un 5,7% intermensual, marcando el decimotercer mes consecutivo de caída, la racha negativa más larga desde la crisis de principios de milenio.

De la grave crisis económica y social que atraviesa el país da fe también la preocupante caída de las compras en la gran distribución, que, según el diario argentino Página 12, alcanzó en julio el 16,1% en términos de tendencia anual y el 4% en términos cíclicos mensuales, acentuándose.

El consumo en su conjunto, por su parte, cayó un 9,4% en los siete primeros meses del año debido a la disminución del poder adquisitivo de las pensiones, sueldos y salarios, la subida de los tipos de interés y la disminución de los salarios de los trabajadores públicos, además de los despidos masivos en el sector estatalvii. Estas medidas, a las que se suman los recortes de los gastos sociales y de las subvenciones a las franjas más desfavorecidas de la población, no sólo están provocando un desastre económico y social, sino que están reconfigurando la renta nacional a favor de la oligarquía empresarial y de los sectores vinculados a la renta financiera y de la tierra, y en detrimento de las clases más bajas.

Acontecimientos que eran ampliamente esperados, más allá de la retórica populista de Milei que prometía un futuro halagüeño para Argentina tras las penurias del pasado, ya que el nuevo presidente está aplicando una política servilmente en línea con los dictados neoliberales de la escuela de economistas de Chicago que ha creado desastres incalculables en el subcontinente desde la década de 1970, y cuyos efectos, como demuestra la evidencia de un amplio corpus de literatura académica, generan ventajas exclusivas para las potencias fuertes nacionales e internacionales, los verdaderos referentes del «proyecto Milei»."

(Andrea Vento, Grupo Autoorganizado de Profesores de Geografía, Marx21, 03/09/24, traducción DEEPl, notas, gráficos y enlaces en el original)

6.2.23

Parece que se está produciendo un cambio fundamental en el panorama político de todo el continente... Lula liderará la creciente marea izquierdista en América Latina hacia un nuevo punto álgido, lo que inevitablemente mejorará el entorno internacional de países de izquierda como Cuba y Venezuela, y aumentará la autonomía de la diplomacia latinoamericana... la crisis de la política estadounidense que puso al descubierto las debilidades de la democracia liberal norteamericana espoleó a los países latinoamericanos a buscar una vía no occidental. Asimismo, la ineficaz e insensible respuesta a Covid-19 puso al descubierto los defectos de la vía capitalista de desarrollo. El Foro de Sao Paulo y el Foro Social Mundial han proporcionado una nueva plataforma... la ola izquierdista pone de relieve el debilitamiento del liderazgo mundial de EE.UU. y la erosión masiva del control de Washington sobre América Latina... La victoria de Lula hará avanzar significativamente el proceso de cooperación latinoamericana para explorar un nuevo orden mundial alternativo

 "Un editorial de The Guardian señalaba recientemente que, dado que América Latina posee el 60% del litio mundial, el oro blanco de las baterías eléctricas, y las mayores reservas de petróleo del mundo (...)

omo escribió en noviembre Jin Chengwei, investigador del Instituto de Historia y Literatura del Partido del Comité Central del Partido Comunista Chino: (...) En la década de 1980, utilizó a América Latina como "campo de pruebas" para promover el neoliberalismo. Ser la alternativa al neoliberalismo fue el motor de la última oleada de izquierdismo en América Latina. Alcanzaron logros significativos en la promoción del proceso de integración en América Latina y en el debilitamiento de la influencia de EE.UU., acumulando experiencia para la resistencia a la hegemonía estadounidense.El fracaso del neoliberalismo y sus consecuencias negativas siguen siendo el motivo fundamental para la formación de la actual ola de izquierdismo."

Sin duda, la crisis de la política estadounidense que puso al descubierto las debilidades de la democracia liberal norteamericana espoleó a los países latinoamericanos a buscar una vía no occidental. Asimismo, la ineficaz e insensible respuesta a Covid-19 puso al descubierto los defectos de la vía capitalista de desarrollo. El Foro de Sao Paulo y el Foro Social Mundial han proporcionado una nueva plataforma. 

 En sus dos mandatos anteriores como presidente, Lula animó a la gente a participar en política, concilió el crecimiento económico con un aumento del gasto social y de la inversión pública en sectores críticos de la economía, introdujo regulaciones para la mano de obra doméstica, proporcionándoles asistencia social y salarios más altos, promovió la justicia social ampliando el empleo y participó proactivamente en la formulación de normas internacionales.

El mayor reto de Lula en la actualidad son las actuales divisiones de la sociedad brasileña entre izquierda y derecha y el enfrentamiento entre distintos campos sociales, aparte de la necesidad de impulsar reformas en un Congreso de mayoría derechista.

Dicho esto, liderará la creciente marea izquierdista en América Latina hacia un nuevo punto álgido, lo que inevitablemente mejorará el entorno internacional de países de izquierda como Cuba y Venezuela y aumentará la autonomía de la diplomacia latinoamericana. Lula escribió en el plan de gobierno:

"Abogamos por trabajar en la construcción de un nuevo orden global comprometido con el multilateralismo, el respeto a la soberanía de las naciones, la paz, la inclusión social y la sostenibilidad ambiental, que tenga en cuenta las necesidades de los países en desarrollo."

Parece que se está produciendo un cambio fundamental en el panorama político de todo el continente.En concreto, el primer movimiento importante de Lula en política exterior -la decisión de asistir a la Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de la Celac en Buenos Aires el 24 de enero junto a los líderes de Cuba, Venezuela y Nicaragua- envía un mensaje a Washington de que va a ser difícil encontrar un punto de apoyo para su estrategia de "diferenciación-desintegración" en América Latina.

Significativamente, el tono de la condena del presidente Biden a los disturbios en Brasilia fue de lo más agresivo. Aquí entran en juego tres factores. En primer lugar, el político que hay en Biden ve que el paralelismo con los "disturbios del Capitolio" del 6 de enero en Estados Unidos le beneficia de cara a las elecciones de 2024. Los disturbios, tanto en Brasil como en Estados Unidos, se remontan a la Conferencia de Acción Política Conservadora, la conferencia política anual a la que asisten los activistas conservadores de todo el mundo y que organiza la Unión Conservadora Americana. Está claro que el hecho de que Lula pueda contener las llamas de la extrema derecha no sólo es crucial para Brasil y América Latina, sino que también puede tener consecuencias para la política estadounidense. 

En segundo lugar, Lula apuntó a los agronegocios como responsables de los disturbios. Según los grupos ecologistas, los responsables de la deforestación y la minería ilegal en la Amazonia estaban detrás de los disturbios, tras el giro de 180 grados dado por Lula a la política medioambiental con el nombramiento de las ministras Marina Silva y Sônia Guajajara, una ecologista de fama mundial y una activista aborigen, respectivamente.

Lula acusó al agronegocio y a las mafias de la minería ilegal de financiar este golpe. El programa climático de Biden y el trágico destino del río Amazonas están unidos por las caderas.

En tercer lugar, se espera que Lula realice viajes oficiales a China y Estados Unidos en sus tres primeros meses de mandato. No cabe duda de que con Lula, el "viejo amigo" de China, la cooperación económica y comercial se intensificará. Los regímenes de izquierda suelen "alejarse" de Estados Unidos y abogan por una diplomacia diversificada y equilibrada.

En realidad, sin embargo, la profundización de las relaciones China-Brasil sigue la tendencia y tiene un fuerte motor interno en la complementariedad entre ambas economías. Los intercambios bilaterales entre China y Brasil nunca han estado demarcados por la ideología. Bajo Bolsonaro, el comercio China-Brasil todavía alcanzó el récord de unos 164.000 millones de dólares en 2021 a pesar de la pandemia.

No obstante, EE.UU. estará preocupado porque Brasil es una potencia internacional y comparte amplios intereses y responsabilidades comunes con China en un momento en que la ola izquierdista pone de relieve el debilitamiento del liderazgo mundial de EE.UU. y la erosión masiva del control de Washington sobre América Latina. (Argentina también ha solicitado el ingreso en los BRICS).

La victoria de Lula hará avanzar significativamente el proceso de cooperación latinoamericana para explorar un nuevo orden mundial alternativo. En este contexto, la mayor esperanza de Biden reside en animar a Lula a seguir una línea diplomática moderada y adoptar una estrategia de equilibrio entre las grandes potencias. Estados Unidos se siente alentado por los dos mandatos anteriores de Lula y su historial de moderado de izquierdas."   
                           

(Indian Punchline, 12/01/23; Traducción realizada con la versión gratuita del traductor www.DeepL.com/Translator)

14.12.22

La destitución y el arresto del presidente Castillo en Perú tiene paralelos ineludibles con el acoso mediático y judicial en Argentina en contra de la vicepresidenta Cristina Fernández, con la persecución mediática, legislativa y judicial que depuso a Dilma Rousseff en Brasil y llevó a la cárcel al ahora presidente electo Lula da Silva, así como con la ilegal destitución de Lugo en Paraguay

 "La destitución y el arresto del presidente Castillo en Perú tiene paralelos ineludibles con el acoso mediático y judicial en Argentina en contra de la vicepresidenta Cristina Fernández, con la persecución mediática, legislativa y judicial que depuso a Dilma Rousseff en Brasil y llevó a la cárcel al ahora presidente electo Lula da Silva, así como con la ilegal destitución de Lugo en Paraguay. 

El golpe legislativo perpetrado el miércoles en Perú representa la apuesta de las élites para cortar de tajo cualquier intento de emprender la urgente renovación institucional que el pueblo peruano exige y merece y poner otro escollo a la posibilidad de rearmar el proceso de integración regional. (...)

Lo que se produjo en Perú fue un golpe de Estado parlamentario con apoyo militar que destituyó al maestro rural y sindicalista Pedro Castillo, detenido por su propio jefe de custodia y trasladado a un cuartel en Lima, para que asumiera la vicepresidenta Dina Boluarte, quien no fue electa para ese ni otro cargo, traicionando así el mandato popular para sumarse el golpismo.

Pedro Castillo fue elegido por el voto popular con la promesa de convocar a un proceso constituyente que pusiera fin al caos político y permitiera devolver una gobernabilidad mínima a una nación que hoy por hoy se encuentra sumida en una especie de dictadura parlamentaria.

Sabía que debía sacar a las calles al pueblo de las regiones históricamente olvidadas por las élites y  las clases medias y altas de Lima, que con un 35% del padrón electoral, había definido siempre quién sería el Presidente, para llegar a una nueva Constitución en sustitución de la promulgada por el dictador Alberto Fujimori en 1993. En Perú hay un Parlamento unicameral, pensado como contrapeso al poder presidencial, hiciera surgir un poder capaz de generar los equilibrios necesarios.

 El GAN propuso una tregua de 100 días e hizo una invocación al diálogo, pero ninguna de las partes aceptó. Castillo nombró a Betssy Chávez, una ministra ya censurada por el Congreso, como presidenta del Consejo de ministros en reemplazo de Aníbal Torres, buscando que el Congreso le negara la confianza cuando presentara a su nuevo Gabinete en un plazo máximo de 30 días. Al denegarse por segunda vez, el Ejecutivo estaría facultado a disolver constitucionalmente el Congreso y a convocar a nuevas elecciones.

Pero el juego se terminó el 7 de diciembre con su anuncio del quiebre institucional. El Consejo Permanente de la OEA celebró en Washington una sesión extraordinaria, en la que su secretario general, Luis Almagro, llamó al diálogo y tildó de “alteración del orden constitucional” las acciones de Castillo (disolver el Parlamento), y casi inmediatamente, reconoció a  Boluarte como nueva presidenta.

En la sesión de la OEA hubo algunas voces que alertaron sobre la constante conspiración que enfrentó Castillo, y el gobierno de México comunicó que ofreció asilo político para el presidente destituido, a quien ahora le espera un proceso penal, motorizado por un poder judicial que también colaboró en ponerlo contra las cuerdas, por intentar dar un golpe de Estado. 

Los procesos destituyentes

Las derechas latinoamericanas han sustituido los sangrientos cuartelazos y las dictaduras militares por campañas de difamación y de siembra de odio y de pánico, por la subversión y la ingobernabilidad inducidas por el llamado y por las asonadas legislativas.

 La condena a la vicepresidenta argentina Cristina Fernández de Krichner es un nuevo capítulo de la articulación en América Latina de los poderes judiciales, económicos y mediáticos contra los gobiernos populares como ha sucedido estos últimos años. 

A su imposibilidad de apelar al Poder Militar como disciplinador como en el siglo XX apelan a los otros poderes del Estado. Ahora lo que se trata no es sólo de proscribir a Cristina e inhabilitarla políticamente, sino de desmantelar un movimiento popular que no pudieron destruir en el pasado y seguramente tampoco lo podrán hacer ahora.

El apuro de Washington

Washington reaccionó dando luz verde al golpe de Estado antes de que ocurriera y festejándolo una vez consumado: cuando Castillo anunció la disolución del Congreso, el inicio de un gobierno de emergencia excepcional, la reorganización del Poder Judicial y la Fiscalía de la Nación, y la convocatoria a una Asamblea Constituyente, la embajada estadunidense en Lima rechazó categóricamente cualquier acto extraconstitucional para impedir que el Congreso cumpla con su mandato,.

Y llamó a revertir el intento de cerrar el Parlamento para proseguir el funcionamiento normal de las instituciones democráticas. El jueves, el Departamento de Estado elogió a las instituciones peruanas y a las autoridades civiles por asegurar la estabilidad democrática o sea para seguir su libreto de golpe blando. Ya un portavoz del Departamento de Estado había declarado que considera a Castillo un “ex presidente”. (...)

El sabotaje parlamentario contra el gobierno de Castillo fue permanente en estos 16 meses.

Ésto obligó a realizar 60 cambios en el gabinete en ese lapso, y que en los últimos seis años ha removido a tres presidentes. ¿Es normal el funcionamiento de las instituciones para referirse a un sistema político que desde 2016 ha impedido el desarrollo completo de un término presidencial y ha hecho desfilar a seis presidentes, con episodios tan bochornosos como la presidencia de cinco días de Manuel Merino o la juramentación de Mercedes Aráoz sin siquiera permitirle llegar a ocupar el cargo?.

La profunda disfuncionalidad del sistema político vigente solo favorece a la derecha oligárquica y a las imposiciones de Washington para la elección de otro presidente corrupto (siete de los últimos 11 presidentes han sido procesados por este cargo), o dejar el país en manos de un Parlamento con poderes omnímodos, lo que haría imposible gobernar el país. (...)"                  (Aram Aharonian , Rebelión, 13/12/2022)

4.7.22

Tres semanas de movilización en Ecuador terminan en victoria indígena... Las principales victorias de este movimiento social han sido la reducción del precio del combustible Extra y Ecopaís en 15 centavos el galón, la derogación del estado de excepción, una serie de compromisos para respetar los derechos de los pueblos indígenas en sus territorios y garantías para que las industrias extractivas no arrasen el patrimonio natural de Ecuador... destaca la derogación del Decreto 95, que suspende la ampliación de “la frontera petrolera” para proteger los territorios de la Amazonía

"Tras 18 días de movilización constante en cientos de puntos de Ecuador y especialmente en la capital, Quito, el Gobierno neoliberal y ultraconservador de Guillermo Lasso y los convocantes del Paro Nacional han llegado a un acuerdo para suspender las protestas.

Para la Conaie, la organización social más grande del país y principal impulsora de las movilizaciones, “la contundencia” del Paro Nacional se ha traducido en “logros importantes”. A pesar de que el presidente Lasso “nunca se sentó en la mesa de diálogo, su gobierno se vio obligado a responder al pueblo”, dice esta organización que cuenta en sus bases con varios millones de personas y con tres décadas de historia.

Las principales victorias de este movimiento social —aliado con las organizaciones Feine y Fenocin— han sido la reducción del precio del combustible Extra y Ecopaís en 15 centavos el galón, la derogación del estado de excepción, una serie de compromisos para respetar los derechos de los pueblos indígenas en sus territorios y garantías para que las industrias extractivas no arrasen el patrimonio natural de Ecuador.

Entre estas medidas, destaca la derogación del Decreto 95, que suspende la ampliación de “la frontera petrolera” para proteger los territorios y los derechos colectivos de los pueblos indígenas, especialmente de la Amazonía, donde se concentran las explotaciones de crudo en Ecuador. Esta disposición fue aprobada el 7 de julio de 2021 y pretendía duplicar la producción de petróleo en unas regiones ya azotadas por los periódicos derrames y otras afectaciones vinculadas a la industria petrolera que ponen en peligro el modo de vida de los pueblos indígenas.

Otro de los logros del Paro Nacional, según la Conaie, es la reforma del Decreto 151, que define la política minera en el país. Según celebraban en un comunicado, el acuerdo con el Gobierno de Lasso supone el fin de la minería en áreas protegidas y territorios ancestrales indígenas, en zonas declaradas como intangibles, zonas arqueológicas y áreas de protección hídrica.

El pacto también incluye garantías de una “consulta previa, libre e informada” para proyectos económicos en comunidades indígenas, un fortalecimiento de los mecanismos de control de precios “en la especulación en el mercado de los productos de primera necesidad” y la declaración de una emergencia en el sistema de sanidad pública con la distribución de recursos y medicamentos en los centros sanitarios del país.

En las movilizaciones, que duraron casi tres semanas, han muerto al menos seis personas y otras 500 han resultado heridas, según el informe Violación de derechos humanos en Ecuador en el marco del Paro Nacional 2022. La alianza de ONG y organizaciones de DD HH encargada de este informe describe de “desgarradores” los testimonios recogidos. “Todos coinciden en destacar la violencia represiva desplegada y el ataque masivo sobre población civil indefensas. Las fuerzas de seguridad actuaron con vehemencia e impunidad en el ejercicio de la represión”, señalan. Agentes de la Unidad de Mantenimiento del Orden “dispararon directamente al rostro, de manera horizontal, a corta distancia, con el claro objetivo de matar”, apuntan.

En la represión de las manifestaciones se utilizaron municiones antitumulto, cartuchos de gases lacrimógenos, así como perdigones y balas de plomo. “El criterio abusivo, arbitrario y desproporcionado de las facultades para detener; el trato cruel dispensado a los detenidos que incluye tormentos, malos tratos, inhumanos o degradantes, configuran especiales vulneraciones dirigidas a menoscabar la propia condición humana”, denuncian.

Pese al compromiso arrancado al Gobierno, las organizaciones convocantes recelan del cumplimiento de los acuerdos y advierten a Guillermo Lasso que harán un seguimiento firme de lo pactado. “No renunciamos al derecho a la resistencia. Si no cumplen volveremos millones”, advierten desde la confederación indígena."                       (Martín Cúneo , El Salto, 1 jul 2022)

20.6.22

Petro define las líneas de su gobierno: la reconciliación del país y la de un Acuerdo Nacional alrededor de las reformas que necesita Colombia... la paz, la justicia social y la justicia ambiental, con un gran énfasis en el tema del cambio climático... “Nosotros vamos a desarrollar el capitalismo en Colombia. No porque lo adoremos. Sino porque primero hay que superar la premodernidad en Colombia, el feudalismo, la nueva esclavitud”... el alcalde de Bogotá que consiguió que, por primera vez en la historia, ni un solo niño muriera de hambre en la ciudad, puede conseguirlo

 "Gustavo Petro es el nuevo presidente de Colombia. (...)

Su triunfo es inédito porque representa voces de sectores que han estado tradicionalmente excluidos de las instancias de decisión. (...)

Esto sin contar con que con él llega a la vicepresidencia Francia Márquez, una líder social de La Toma (Suárez), Cauca, una mujer negra quien antes de ser abogada fue empleada doméstica. Ella representa a sectores étnicos y regionales que nunca habían ocupado la Casa de Nariño. 

Además, lo hicieron con una participación electoral que rompió todos los récords. Votó el 58 por ciento de los colombianos, la más alta en medio siglo (...)

La campaña de Petro arrancó una operación sistemática para destruir la imagen de su rival (con un poderoso aparato de bullying digital y la ayuda de Rodolfo, claro) pintándolo como machista, antidemocrático, explotador de los pobres y hasta viejo verde. (...)

En paralelo, Petro –con un discurso mucho más moderado que el que usó en primera vuelta y la promesa de convocar un Acuerdo Nacional– fue sumando apoyos de gente visible del centro como los economistas Alejandro Gaviria y Rudolph Hommes, políticos como Angélica Lozano y Juan Fernando Cristo, y otros líderes de opinión que acompañaron a Fajardo en primera. De esta manera, Petro se proyectó como el candidato más institucional y desplegó un ejército de alfiles políticos por todo el país.

Por debajo de la mesa, el candidato del Pacto hizo también alianzas con estructuras políticas menos respetables como las de la investigada por parapolítica Zulema Jattin y los de condenados como William Montes, los “Ñoños” y hasta de Eduardo Pulgar, que pusieron el transporte para llevar a los petristas a votar en varias regiones del país.

Esta logística del Día D también ayudó a aumentar el porcentaje de votación total en zonas afines a Petro, lo que a la postre le dio el triunfo. La votación total aumentó 1,2 millones de votos respecto a la primera vuelta.(...)

 Y, obviamente, a Petro le ayudó tener un rival que durante la segunda vuelta no pautó casi en televisión ni en redes, que prácticamente no salió a las calles ni dio entrevistas y que le rehuyó a los debates en televisión. Y sobre todo, que no puso una sola idea sobre la mesa, salvo acabar “la robadera”.

Aún así, Rodolfo también hizo historia. Sacar más votos que los que le dieron la Presidencia a Iván Duque, sin el apoyo de políticos y sin una trayectoria política larga, sin invertir casi dinero y sin apuntalarse en nada más que sí mismo y una estructura digital multinivel tipo Herbalife, abre un camino inédito para llegar a la Presidencia de ahora en adelante. (...)

Y es que el triunfo de Petro, el líder de oposición más importante en Colombia, fortalece la democracia, porque deja sin piso la idea de que sigue la exclusión política que justificó durante años la violencia política y alimentó el imaginario de los colombianos que entraron a militar en la guerrilla, incluido Petro.

En su discurso de victoria, Gustavo Petro hizo énfasis en la reconciliación del país y en su idea de un Acuerdo Nacional alrededor de las reformas que necesita Colombia. Dijo, explícitamente, que no llegaba con un ánimo de revancha y que estaría abierto a reunirse con la oposición en cabeza de quien esta se organice.

Definió las tres líneas de su gobierno: la paz, la justicia social y la justicia ambiental, con un gran énfasis en el tema del cambio climático, la sombrilla bajo la cual terminará impulsando las transformaciones al modelo económico que prometió. (No mencionó la pandemia y tampoco al presidente Iván Duque, uno de los grandes derrotados de la jornada).

“Nosotros vamos a desarrollar el capitalismo en Colombia. No porque lo adoremos. Sino porque primero hay que superar la premodernidad en Colombia, el feudalismo, la nueva esclavitud”, dijo. (...)

También dejó claro que su ambición no se limitará a Colombia, sino que bajo el paraguas ambiental intentará proyectarse como un líder latinoamericano. (...)

Hoy comienza una nueva época para Colombia."                 (Juanita León, CTXT, 20/06/22)


"(...) El alcalde en la plaza pública

Fueron días de aprendizaje (a las malas). En enero de 2012 Gustavo Petro tomó posesión como alcalde Mayor de Bogotá, reconociendo que le esperaba un enorme reto: la idea de una “Bogotá Humana” –su eslogan, pero también el sentido mismo de su programa de gobierno– implicaba poner al fin las instituciones al servicio de la dignidad de todos, de los derechos fundamentales, y ello implicaba ir en contravía de la inercia histórica del poder ejecutivo en Colombia. No se había posesionado y ya estaban varios medios de comunicación exigiendo su renuncia. (...)

El programa de la Bogotá Humana fue, en el ámbito colombiano, ambicioso: combatir la segregación social, con todo lo que ello implica en políticas públicas para los más pobres; proyectar una ciudad que no deprede la naturaleza, que afronte el cambio climático y que se organice en torno al agua; fortalecer el poder público, el patrimonio de los ciudadanos, la capacidad de las instituciones para defender a la gente de a pie. De la mano de esto había que combatir la corrupción estructural (en una ciudad que apenas despertaba del “carrusel de la contratación”) y brindar una atención especial a las víctimas del conflicto armado, esas millones de personas que sólo conocían al Estado como aparato militar, es decir, como adversario. Así, no se trataba solamente de desplazar a las mafias enquistadas en las instituciones, sino de darles un nuevo sentido a las mismas en medio de la hegemonía neoliberal.

Y aun siendo el blanco de todos los ataques, lo que se logró fue –ya lo dije– revolucionario: si miramos, por ejemplo, el índice de pobreza multidimensional de la ONU, que mide no sólo la pobreza monetaria, sino también el acceso efectivo a los servicios públicos, sociales y calidad de vida en general, en la alcaldía de Gustavo Petro casi medio millón de personas salieron de la pobreza (el índice pasó de 11,9% a 4,7%). Fue el resultado de una combinación de políticas públicas (mínimo vital de agua, programa de salud preventiva en los barrios populares, jardines infantiles, fortalecimiento de la educación pública, centros juveniles de enseñanza artística, tarifa diferencial de transporte) que empezaron a arrastrar consigo los demás indicadores: la victimización directa bajó a su mínimo histórico, la tasa de homicidios fue la menor en cuarenta años, disminuyeron todas las cifras de mortalidad infantil y, por primera vez en la historia, ni un solo niño murió de hambre en la ciudad de Bogotá. (...)

La Bogotá Humana estaba frenando las perspectivas de ganancia de los grupos más poderosos: ¿cómo era posible que no se adjudicaran las tradicionales grandes obras de cemento y ladrillo (para priorizar la contratación de maestros y médicos), que se impidiera el crecimiento horizontal de la ciudad (para buscar una ciudad más densa y sostenible), que no se siguieran construyendo troncales de buses articulados (para proyectar y diseñar, al fin, la primera línea de metro de Bogotá)?

Tarde o temprano iba a pasar: luego de que Petro, cumpliendo una sentencia de la Corte Constitucional, formalizó el trabajo de los recicladores de calle (miles de familias de población vulnerable) e introdujo un operador público en el servicio de recogida de basuras de Bogotá (hasta entonces, en concesión a cuatro poderosas empresas privadas), la maquinaria de guerra apretó el acelerador. El sabotaje de los viejos operadores que perdían el monopolio –no de un negocio sino de una renta millonaria– hizo que durante tres días hubiera dificultades en el servicio de aseo. Los medios de comunicación hicieron lo suyo: Bogotá era, en todos los titulares de prensa, poco menos que un campo de guerra en manos de un alcalde improvisador e irresponsable. Un año después, el entonces Procurador General de la Nación –un puesto de control administrativo en manos de un integrista religioso– destituyó a Gustavo Petro y lo inhabilitó por quince años para ejercer cargos públicos.

Fue entonces cuando el nombre de Petro resonó con más fuerza en los medios de comunicación internacionales: durante tres días seguidos la ciudadanía llenó la Plaza de Bolívar de Bogotá en respaldo al alcalde, pero sobre todo en defensa de sus propios derechos políticos, y de la posibilidad de elegir un gobierno que no se arrodille ante los poderes establecidos y que defienda a los más humildes.

Petro dio la batalla judicial tanto dentro como fuera del país, impulsado por el apoyo popular, y gracias a una combinación de recursos y fallos judiciales volvió al cargo en abril de 2014, cuatro meses después del fallo de la Procuraduría y un mes después de su destitución oficial firmada por el Presidente Santos.

Conviene precisarlo: para el establishment su pecado no fue tanto la formalización laboral de población vulnerable, o plantear un modelo de limpieza basado en el reciclaje, y ni siquiera sería correcto decir que fue el solo hecho de haber afectado el negocio millonario de cuatro poderosos empresarios. Su mayor pecado, a ojos de un establishment furiosamente neoliberal, fue haber planteado –y llevado a cabo– la desprivatización de un servicio público.

Y las grandes movilizaciones ciudadanas no fueron exclusivas del periodo de su destitución. Durante el gobierno de la Bogotá Humana la ciudad vivió una atmósfera política que no sólo toleraba, sino que incentivaba la organización y la movilización popular. Recuerdo dos escenas paradigmáticas. La primera, en el marco de una protesta que paralizó el obsoleto sistema de transporte colectivo de Bogotá (basado en buses articulados por carril exclusivo y que es, en esencia, el negocio privado de un puñado de contratistas y fabricantes de buses). Por lo general, ante casi cualquier movilización popular, los gobiernos envían al Escuadrón Móvil Antidisturbios de la Policía (ESMAD) para disolverla con golpes indiscriminados, gases lacrimógenos y granadas de aturdimiento. Pero Petro, como alcalde Mayor, ordenaba que en lugar de la Policía –que no siempre le obedecía– hicieran presencia los mediadores sociales de la alcaldía. Y en la ocasión a la que me refiero, Gustavo Petro fue en persona hasta el lugar del bloqueo, se subió al techo de un vehículo, y empezó ahí mismo una asamblea ciudadana para discutir, durante cinco horas, la problemática del transporte público de la ciudad.

La segunda escena fue en el marco de unas jornadas de protesta y movilización de la Universidad Distrital. Los estudiantes en asamblea decidieron marchar hasta la Plaza de Bolívar y exigir una reunión con el alcalde. Petro estaba en su despacho, en reunión, y escuchó las arengas que venían de la plaza. Al informarse de lo que estaba sucediendo dio instrucciones para que reprogramaran sus reuniones de la tarde, y salió a dialogar, a responder al legítimo llamado de los estudiantes.

Son dos ejemplos paradigmáticos de la concepción que tiene Gustavo Petro de los funcionarios públicos –como empleados de la ciudadanía–, de la movilización social –como eje vertebrador de la política– y, sobre todo, del carácter sagrado de la Soberanía popular.

Lo digo, evidentemente, con emoción: al enfrentar a las mafias, los oligopolios, el dogmatismo neoliberal que privatiza las ganancias y socializa las pérdidas; al defender a los más humildes, combatir la pobreza y la exclusión social, reconocer la diversidad, fortalecer las empresas públicas, lograr que ningún niño –¡por fin!– muriera de hambre en la ciudad; al plantear, en suma, un nuevo proyecto de convivencia y dignidad compartida, la Bogotá Humana de Gustavo Petro fue la primera experiencia de gobierno con un horizonte realmente democrático en la historia de Colombia.

Por eso era –y sigue siendo– tan peligroso.  (...)

(Iván Olano Duque es escritor colombiano, CTXT, 19/05/18)

7.2.22

Con su nueva presidenta Xiomara Castro, los hondureños han puesto por fin fin fin a la narcodictadura... ayuda que el interés de Estados Unidos sea detener la migración de uno de los países más pobres del mundo... la nueva presidenta anunció que los hogares más pobres, que consumen menos de 150 kW de electricidad al mes, no tendrán que pagar por la electricidad a partir de ahora. Aunque no es un cambio sistémico, Xiomara Castro ya se ha asegurado el apoyo de los más pobres

 "Honduras se ha desprendido por fin de los grilletes de su narcodictadura. Durante 12 años, el país -uno de los más pobres del mundo- fue gobernado por el conservador Partido Nacional. Sin embargo, las elecciones de finales de noviembre de 2021 dieron la victoria a Xiomara Castro Sarmiento, del partido opositor Libertad y Refundación, o Libre. El 27 de enero juró su cargo en el estadio de fútbol de Tegucigalpa, ante miles de seguidores e invitados extranjeros.

En el período previo a las elecciones, se extendió el temor de que se produjera un fraude electoral y de que un resultado ajustado de las elecciones pudiera ser impugnado y dar lugar a enfrentamientos violentos. Pero lejos de eso, el resultado fue sorprendentemente claro, con un 51% de los votos populares para Xiomara Castro, la esposa del ex presidente Manuel Zelaya. La victoria no fue impugnada, anunciando el fin de la era autoritaria de Juan Orlando Hernández.

El reinado de Hernández había comenzado con un golpe de Estado contra el entonces presidente Manuel Zelaya en 2009. Fue recibido con resistencia y protesta social: un pueblo indignado se rebeló, hubo marchas de antorchas, se movilizó una plataforma por la educación y la salud. Al mismo tiempo, la corrupción floreció cada vez más. Los altos funcionarios estaban implicados en el tráfico de drogas a través de las fronteras. La élite económica trató de extraer el máximo beneficio, creando oasis designados como "zonas económicas especiales", en los que el Estado renunciaba a la soberanía. En enero, el entonces presidente en funciones, despreciado por muchos ciudadanos, tuvo que marcharse, dejando a Xiomara Castro al frente.

El nuevo papel de Estados Unidos en la región

 ¿Qué ha hecho posible esta transición? Además del resentimiento que se ha ido acumulando entre la población durante más de una década, el cambio de gobierno de Estados Unidos sin duda ha influido. El demócrata Joe Biden está adoptando un enfoque político con sus vecinos del sur claramente diferente al de su predecesor.

 Biden ha encargado a la vicepresidenta Kamala Harris las relaciones con Centroamérica, centrándose en la migración y la lucha contra la corrupción. Harris asistió en persona a la toma de posesión de Castro para apoyar al recién investido presidente hondureño. Cuando la vicepresidenta estadounidense llegó al estadio, la multitud coreó para que se llevara al corrupto ex presidente Juan Orlando Hernández de vuelta a Estados Unidos para ser juzgado por su implicación en el tráfico de drogas.

Tal vez el Partido Nacional no se habría apresurado a conceder la derrota el día de las elecciones si Estados Unidos no hubiera seguido de cerca los acontecimientos políticos en Honduras. Pero la transición de poder siguió estando llena de dificultades. Los partidarios de Libre y los miembros de las organizaciones de la sociedad civil y los movimientos sociales se pusieron a trabajar ya en diciembre, elaborando iniciativas y propuestas legislativas para los primeros 100 días del nuevo gobierno. Los dirigentes del Partido Nacional, sin embargo, estaban demasiado ocupados tratando de conseguir sus despedidas de oro. Con 50 diputados elegidos, Libre no tiene mayoría en el parlamento del país, el Congreso Nacional. Incluso con sus socios de coalición más pequeños, sigue sin ser suficiente.

Dos presidentes rivales

La semana anterior a la investidura se convirtió entonces en un enfrentamiento: Los diputados no eligieron a Luís Redondo, del Partido Salvador de Honduras, como presidente del Congreso Nacional, en contra de lo que se había acordado previamente. En su lugar, se eligió a Jorge Cálix, de Libre, con los 44 votos del Partido Nacional y los 20 de su propio grupo. Esto provocó un gran revuelo en el Congreso. Cálix y los disidentes fueron calificados de traidores y excluidos del partido. A esto le siguió otra elección, también dudosa, que designó a Redondo como Presidente del Congreso Nacional, aunque sólo votó la mitad de los diputados.

 Xiomara Castro tomó posesión de su cargo el 27 de enero, en medio de una verdadera crisis sistémica, con dos hombres que se disputan la presidencia del Congreso. El Tribunal Supremo, encargado de resolver la crisis, sigue lleno de jueces afines al ex presidente Hernández. Ahora, Castro puede empezar a gobernar por decreto, pero el parlamento es, por supuesto, el corazón de la legislatura.

El Congreso hondureño también es responsable de nombrar a los cargos de las principales instituciones, como la Corte Suprema Constitucional y el Ministerio Público. Las élites corruptas están construyendo una barricada: se rumorea que están sobornando y extorsionando a los diputados para asegurarse la inmunidad. Está por ver si Estados Unidos tiene la influencia necesaria para romper este bloqueo.

El interés de Estados Unidos: detener la migración

Detener el flujo de refugiados es una de las prioridades de Estados Unidos para el nuevo presidente. Pero aún queda mucho por hacer en Honduras para evitar que las caravanas de migrantes se dirijan regularmente a Estados Unidos a pie. Se necesitan perspectivas reales de desarrollo económico y empleo, y las condiciones de vida deben mejorar drásticamente. Un elemento fundamental es la lucha contra la corrupción, que el Presidente Castro ha puesto en primer lugar. Está abogando por una misión internacional de las Naciones Unidas para combatir la corrupción y la inmunidad que se ponga en marcha rápidamente, un modelo que ya temen algunos de los más poderosos de la región.

 Los hondureños han abandonado el país no solo por razones económicas. Muchos también han huido de la persecución política, ya que las protestas tras la reelección ilegal y amañada de Juan Orlando Hernández en 2017 fueron reprimidas con violencia. Los manifestantes fueron amenazados y se exiliaron, temiendo por sus vidas.

Algunos de ellos están regresando ahora a Honduras, apoyando al país en la construcción de un nuevo gobierno. Toda ayuda es bienvenida, porque los últimos años han estado marcados por el beneficio personal y el saqueo de las arcas del Estado. Al entregar a los nuevos ministros, los guardias salientes se llevaron incluso parte del material de oficina. Construir instituciones democráticas competentes es una tarea ingente, especialmente mientras los políticos corruptos sigan dominando el sistema.

Para muchos, está claro que la situación económica y social, así como la situación de los activistas en materia de derechos humanos y protección del medio ambiente en diversas partes del país, tardarán en cambiar. Pero el ambiente sigue siendo esperanzador, porque el cambio está a la vista. En su discurso de investidura, la nueva presidenta anunció que los hogares más pobres, que consumen menos de 150 kW de electricidad al mes, no tendrán que pagar por la electricidad a partir de ahora. Aunque no es un cambio sistémico, Xiomara Castro ya se ha asegurado el apoyo de los más pobres."  
              (Ingrid rose, IPS, 04/02/22)

22.12.21

La victoria de Boric, que detiene el avance de la ultraderecha que se ha fortalecido en la región, es resultado de la intensa transformación social provocada por el estallido iniciado en octubre de 2019... El recuento de lo ocurrido en Chile en este breve lapso emociona... porque reúne protesta social, represiones, violaciones de derechos humanos, plebiscito, elección de convencionales constituyentes, redacción de una nueva Constitución, la debacle del Gobierno, la renovación de la clase política, candidatos inesperados, el triunfo de la ultraderecha en la primera vuelta y de la izquierda en la segunda. El país cambió por completo... Todo comenzó hace apenas dos años, cuando jóvenes estudiantes comenzaron a saltar los torniquetes del metro en la ciudad de Santiago para protestar por el alza al precio del boleto... El espejismo neoliberal que hasta entonces ponía a Chile como alumno modelo se derrumbó... con el canto de sus manifestaciones: «nuestro legado será borrar tu legado»

 "El próximo 11 de marzo, el izquierdista Gabriel Boric se convertirá en el presidente más joven y el más votado de la historia de Chile.

A sus 35 años, la edad mínima que se exige en ese país para postularse a la presidencia, el diputado del Frente Amplio obtuvo el 55,9 % de los votos frente el 44 % del ultraderechista José Antonio Kast, quien, ante la contundencia de los datos dejó atrás las bravuconadas –había anticipado impugnaciones si la diferencia era acotada– y aceptó de inmediato la derrota.

La victoria de Boric, que detiene el avance de la ultraderecha que se ha fortalecido en la región, es resultado de la intensa transformación social provocada por el estallido iniciado en octubre de 2019.

 El recuento de lo ocurrido en Chile en este breve lapso emociona. Y quita el aire, porque reúne protesta social, represiones, violaciones de derechos humanos, plebiscito, elección de convencionales constituyentes, redacción de una nueva Constitución, la debacle del Gobierno, la renovación de la clase política, candidatos inesperados, el triunfo de la ultraderecha en la primera vuelta y de la izquierda en la segunda. El país cambió por completo

 El próximo 11 de marzo, el izquierdista Gabriel Boric se convertirá en el presidente más joven y el más votado de la historia de Chile.

A sus 35 años, la edad mínima que se exige en ese país para postularse a la presidencia, el diputado del Frente Amplio obtuvo el 55,9 % de los votos frente el 44 % del ultraderechista José Antonio Kast, quien, ante la contundencia de los datos dejó atrás las bravuconadas –había anticipado impugnaciones si la diferencia era acotada– y aceptó de inmediato la derrota.

La victoria de Boric, que detiene el avance de la ultraderecha que se ha fortalecido en la región, es resultado de la intensa transformación social provocada por el estallido iniciado en octubre de 2019.

El recuento de lo ocurrido en Chile en este breve lapso emociona. Y quita el aire, porque reúne protesta social, represiones, violaciones de derechos humanos, plebiscito, elección de convencionales constituyentes, redacción de una nueva Constitución, la debacle del Gobierno, la renovación de la clase política, candidatos inesperados, el triunfo de la ultraderecha en la primera vuelta y de la izquierda en la segunda. El país cambió por completo.

Todo comenzó hace apenas dos años, cuando jóvenes estudiantes comenzaron a saltar los torniquetes del metro en la ciudad de Santiago para protestar por el alza al precio del boleto. Vestidos con sus uniformes, se juntaron, gritaron, cantaron y siguieron evadiendo los molinetes. La rebeldía se contagió y replicó luego en inéditas e imparables movilizaciones masivas que pusieron en jaque al Gobierno de Sebastián Piñera.

El espejismo neoliberal que hasta entonces ponía a Chile como alumno modelo se derrumbó. A esas marchas, en las que la Plaza España de Santiago fue rebautizada como Plaza Dignidad, se sumó Boric, un joven dirigente con estudios inconclusos de abogacía que había comenzado a adquirir visibilidad pública en 2011 como presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile.

Las violentas represiones ordenadas por Piñera no amedrentaron a los manifestantes. La crisis creció a una magnitud tal que el Gobierno tuvo que ceder y convocar a un plebiscito para que la sociedad dijera si quería que se redactara una nueva Constitución que sustituyera a la que rige actualmente y que es herencia del dictador Augusto Pinochet. En octubre de 2020, un abrumador 78 % aprobó la propuesta.

Épica

Desde entonces, un canto se impuso en las manifestaciones: «nuestro legado será borrar tu legado». Era la advertencia de las y los jóvenes manifestantes al fallecido Pinochet y a sus admiradores, entre ellos Kast, defensor permanente de la dictadura.

La consigna, que Boric también repetía en esas movilizaciones, hoy tiene un dejo de profecía, porque uno de los primeros legados de su presidencia será la promulgación de la nueva Constitución, que sustituirá a la que dejó Pinochet y que ya están redactando los 155 convencionales que fueron electos en mayo pasado en un proceso que demostró la metamorfosis política que estaba ocurriendo en Chile.

El nuevo órgano, que tiene paridad de género, quedó integrado en su mayoría por militantes ajenos a los partidos políticos tradicionales, progresistas o de izquierda que designaron como su primera presidenta a la académica mapuche Elisa Loncón. Que una mujer indígena fuera electa en este cargo implicó una bisagra en la historia de los pueblos originarios chilenos tradicionalmente marginados y discriminados. Y fue otro de los resultados concretos del estallido social de 2019. (...)

Por eso no deja de ser paradójico que los resultados de la elección sean exactamente iguales a los del plebiscito que puso fin a la dictadura. En 1988, el 55 % de los chilenos dijo «no» a la posibilidad de que Pinochet siguiera en el poder. Es el mismo porcentaje que, 33 años después, votó a Boric para presidente.

Impacto

Las elecciones de Chile concitaban la atención en América Latina porque impactan en el siempre oscilante mapa político de una región en donde en la última década fueron electos en su mayoría gobiernos de derecha y comenzaron a crecer líderes de extrema derecha como Kast, que tienen en el brasileño Jair Bolsonaro a su principal modelo a seguir. 

Por eso, el presidente argentino Alberto Fernández fue uno de los primeros en celebrar la victoria de Boric. Ya lo cuenta como aliado junto al mexicano Andrés Manuel López Obrador; el boliviano Luis Arce y el peruano Pedro Castillo, quienes encabezan la oleada de políticos de diversas facetas de la izquierda que han ganado las elecciones en los últimos años.

Ahora las expectativas de los movimientos de izquierda están puestas en el avance de Gustavo Petro para las presidenciales de mayo en Colombia y, sobre todo, en la nueva postulación de Luiz Inacio Lula da Silva en octubre en Brasil.

Pero para eso falta mucho todavía.

Ahora en Chile comienza la transición de poco más de dos meses en los que Boric designará a su gabinete y se preparará para gobernar con múltiples retos inmediatos, como el hecho de no contar con mayoría en el Congreso y enfrentar las secuelas económicas de la pandemia. Mientras tanto, en su primer mensaje saludó en mapuche, habló de esperanza, responsabilidad, diálogo; derechos de las mujeres, diversidades sexuales y pueblos indígenas; responsabilidad fiscal, cambio climático, democracia, derechos humanos y unidad.

El domingo, en cuanto se conocieron los resultados las y los chilenos que salieron a protestar en masa durante estos dos años volvieron a tomar las calles, pero ahora para celebrar.

¿Qué habrán pensado anoche todas esas jovencitas que empezaron a saltarse los molinetes del metro en octubre de 2019, sin imaginarse el vendaval histórico que iban a provocar? Ya aprendieron que luchar colectivamente siempre sirve. Es una gran lección."                 (Cecilia González, Observatorio de la crisis, 20/12/21)

17.12.21

La segunda oleada progresista latinoamericana: la incomprensión de su propia obra y la tardanza en plantarse los nuevos ejes de articulación entre el trabajo, el Estado y el capital, dieron paso desde 2015 a un regreso parcial del ya enmohecido programa neoliberal. Pero, inevitablemente, este tampoco duró mucho... Ello dio pie a la segunda oleada progresista que desde 2019 viene acumulando victorias electorales en México, Argentina, Bolivia, Perú y extraordinarias revueltas sociales en Chile y Colombia... enfrentada a unos opositores políticos cada vez más escorados hacia la extrema derecha... De una tolerancia y hasta simpatía hacia la igualdad hace 15 años, la opinión pública construida en torno a las clases medias tradicionales ha ido girando hacia posiciones cada vez más intolerantes y antidemocráticas ancladas en el miedo... La melancolía por un antiguo orden social abandonado y el miedo a perder grandes o pequeños privilegios de clase o de casta ante la avalancha plebeya han arrojado a estas clases medias a abrazar salvacionismos político-religiosos que prometen restablecer la autoridad patriarcal en la familia, la inmutabilidad de las jerarquías de estirpe en la sociedad y el mando de la propiedad privada en la economía ante un mundo incierto que ha extraviado su destino. Es un tiempo de politización reaccionaria, fascistoide, de sectores tradicionales de la clase media... pero, ni el neoliberalismo en su versión autoritaria logra superar sus contradicciones para irradiarse nuevamente ni los diversos progresismos logran consolidarse hegemónicamente. Esto hace prever un tiempo caótico de victorias y derrotas temporales de cada una de estas u otras opciones... el progresismo debe apostar a producir un nuevo programa de reformas de segunda generación que, articuladas en torno a la ampliación de la igualdad y la democratización de la riqueza, propugne una nueva matriz productiva para el crecimiento y bienestar económicos. Pero, además, con ello, ayudar a impulsar un nuevo momento histórico de reforma moral e intelectual de lo nacional-popular, de hegemonía cultural y movilización colectiva, hoy ausentes, sin los cuales es imposible imaginar triunfos políticos duraderos

 "El mundo está atravesando una transición política-económica estructural. El viejo consenso globalista de libre mercado, austeridad fiscal y privatización que encandiló a la sociedad mundial durante 30 años, hoy se ve cansado y carece de optimismo ante el porvenir. La crisis económica de 2008, el largo estancamiento desde entonces, pero principalmente el lockdown de 2020 han erosionado el monopolio del horizonte predictivo colectivo que legitimó el neoliberalismo mundial. 

Hoy, otras narrativas políticas reclaman la expectativa social: flexibilización cuantitativa para emitir billetes sin límite; Green New Deal, proteccionismo para relanzar el empleo nacional, Estado fuerte, mayor déficit fiscal, más impuestos a las grandes fortunas, etc., son las nuevas ideas-fuerza que cada vez son más mencionadas por políticos, académicos, líderes sociales y la prensa del mundo entero. Se desvanecen las viejas certidumbres imaginadas que organizaron el mundo desde 1980, aunque tampoco hay nuevas que reclamen con éxito duradero el monopolio de la esperanza de futuro.

 Y mientras tanto, en esta irresolución de imaginar un mañana más allá de la catástrofe, la experiencia subjetiva de un tiempo suspendido carente de destino satisfactorio agobia el espíritu social.

América Latina se adelantó a estas búsquedas mundiales hace más de una década. Los cambios sociales y gubernamentales en Brasil, Venezuela, Argentina, Uruguay, Bolivia, Ecuador, El Salvador, Nicaragua, dieron cuerpo a esta primera oleada de gobiernos progresistas y de izquierda que se plantearon salir del neoliberalismo. Más allá de ciertas limitaciones y contradicciones, el progresismo latinoamericano apostó a unas reformas de primera generación que logró tasas de crecimiento económico entre 3 y 5 por ciento, superiores a las registradas en tiempos anteriores.

 Paralelamente, se redistribuyó de manera vigorosa la riqueza, lo que permitió sacar de la pobreza a 70 millones de latinoamericanos y de la extrema pobreza a 10 millones. La desigualdad cayó de 0.54 a 0.48, en la escala de Gini y se aplicó un incremento sostenido del salario y de los derechos sociales de los sectores más vulnerables de la población que inclinó la balanza del poder social en favor del trabajo. 

Algunos países procedieron a ampliar los bienes comunes de la sociedad mediante la nacionalización de sectores estratégicos de la economía y, como en el caso de Bolivia, se dio paso a la descolonización más radical de la historia, al lograr que los sectores indígena-populares se constituyan en el bloque de dirección del poder estatal.

Esta primera oleada progresista que amplió la democracia con la irrupción de lo popular en la toma de decisiones, se sostuvo sobre un flujo de grandes movilizaciones sociales, descrédito generalizado de las políticas neoliberales, emergencia de liderazgos carismáticos portadores de una mirada audaz del futuro y un estado de estupor de las viejas élites gobernantes.

La segunda oleada progresista

La primera oleada del progresismo latinoamericano comenzó a perder fuerza a mediados de la segunda década del siglo XXI, en gran parte, por cumplimiento de las reformas de primera generación aplicadas.

El progresismo cambió la tasa de participación del excedente económico en favor de las clases laboriosas y el Estado, pero no la estructura productiva de la economía. Esto inicialmente le permitió transformar la estructura social de los países mediante la notable ampliación de las clases medias, ahora con mayoritaria presencia de familias provenientes de sectores populares e indígenas.

 Pero la masificación de ingresos medios, la extendida profesionalización de primera generación, el acceso a servicios básicos y vivienda propia, etc., modificó no sólo las formas organizativas y comunicaciones de una parte del bloque popular, sino también su subjetividad aspiracional. Incorporar estas nuevas demandas y darle sostenibilidad económica en el marco programático de mayor igualdad social, requería modificar el modo de acumulación económica y las fuentes tributarias de retención estatal del excedente.

La incomprensión en el progresismo de su propia obra y la tardanza en plantarse los nuevos ejes de articulación entre el trabajo, el Estado y el capital, dieron paso desde 2015 a un regreso parcial del ya enmohecido programa neoliberal. Pero, inevitablemente, este tampoco duró mucho. No había novedad ni expansivo optimismo en la creencia religiosa en el mercado, sólo un revanchismo enfurecido de un libre mercado crepuscular que desempolvaba lo realizado en los años 90 del siglo XX: volver a privatizar, a desregular el salario y concentrar la riqueza.

Ello dio pie a la segunda oleada progresista que desde 2019 viene acumulando victorias electorales en México, Argentina, Bolivia, Perú y extraordinarias revueltas sociales en Chile y Colombia. Esto enmudeció esa suerte de teleología especulativa sobre el fin del ciclo progresista. La presencia popular en la historia no se mueve por ciclos, sino por oleadas. Pero claro, la segunda oleada no es la repetición de la primera. Sus características son distintas y su duración también.

 En primer lugar, estas nuevas victorias electorales no son fruto de grandes movilizaciones sociales catárticas que por su sola presencia habilitan un espacio cultural creativo y expansivo de expectativas transformadoras sobre las que puede navegar el decisionismo gubernamental. El nuevo progresismo resulta de una concurrencia electoral de defensa de derechos agraviados o conculcados por el neoliberalismo enfurecido, no de una voluntad colectiva de ampliarlos, por ahora. Es lo nacional-popular en su fase pasiva o descendente.

Es como si ahora los sectores populares depositaran en las iniciativas de gobierno el alcance de sus prerrogativas y dejaran, de momento, la acción colectiva como el gran constructor de reformas. Ciertamente, el gran encierro mundial de 2020 ha limitado las movilizaciones, pero curiosamente no para las fuerzas conservadoras o sectores populares allí donde no hay gobiernos progresistas, como Colombia, Chile y Brasil.

Una segunda característica del nuevo progresismo es que llega al gobierno encabezado por liderazgos administrativos que se han propuesto gestionar de mejor forma en favor de los sectores populares, las vigentes instituciones del Estado o aquellas heredadas de la primera oleada; por tanto, no vienen a crear unas nuevas. Dicho de otra manera, no son liderazgos carismáticos, como en el primer progresismo que fue dirigido por presidentes que fomentaron una relación efervescente, emotiva con sus electores y disruptivas con el viejo orden. 

Sin embargo, la ausencia de relación carismática de los nuevos líderes no es un defecto sino una cualidad del actual tiempo progresista, pues fue por esa virtud que fueron elegidos por sus agrupaciones políticas para postularse al gobierno y, también, por lo que lograron obtener la victoria electoral. En términos weberianos, es la manera específica en que se rutiniza el carisma, aunque la contraparte de ello será que ya no puedan monopolizar la representación de lo nacional-popular.

En tercer lugar, el nuevo progresismo forma ya parte del sistema de partidos de gobierno, en cuyo interior lucha por ser dirigente. Por tanto, no busca desplazar el viejo sistema político y construir uno nuevo como en la primera época, lo que entonces le permitió objetivamente enarbolar las banderas del cambio y de la transgresión por exterioridad al sistema tradicional. Lo que ahora se proponen es estabilizarlo preservando su predominancia, lo que los lleva a una práctica moderada y agonista de la política.

En cuarto lugar, la nueva oleada progresista tiene al frente a unos opositores políticos cada vez más escorados hacia la extrema derecha. Las derechas políticas han superado la derrota moral y política de la primera oleada progresista y, aprendiendo de sus errores, ocupan las calles, las redes y levantan banderas de cambio.

 Han cobrado fuerza social mediante implosiones discursivas reguladas que las ha llevado a enroscarse en discursos antiindígena, antifeminista, antiigualitarista y anti-Estado. Abandonando la pretensión de valores universales, se han refugiado en trincheras o cruzadas ideológicas. Ya no ofrecen un horizonte cargado de optimismo y persuasión, sino de revancha contra los igualados y exclusión de quienes se considera son los culpables del desquiciamiento del viejo orden moral del mundo: los populistas igualados, los indígenas y cholos con poder, las mujeres soliviantadas, los migrantes pobres, los comunistas redivivos…

Esta actual radicalización de las derechas neoliberales no es un acto de opción discursiva, sino de representación política de un notable giro cultural en las clases medias tradicionales, con efecto en sectores populares. De una tolerancia y hasta simpatía hacia la igualdad hace 15 años atrás, la opinión pública construida en torno a las clases medias tradicionales ha ido girando hacia posiciones cada vez más intolerantes y antidemocráticas ancladas en el miedo. Las fronteras de lo decible públicamente han mutado y el soterrado desprecio por lo popular de años atrás ha sido sustituido por un desembozado racismo y anti-igualitarismo convertidos en valores públicos.

 La melancolía por un antiguo orden social abandonado y el miedo a perder grandes o pequeños privilegios de clase o de casta ante la avalancha plebeya han arrojado a estas clases medias a abrazar salvacionismos político-religiosos que prometen restablecer la autoridad patriarcal en la familia, la inmutabilidad de las jerarquías de estirpe en la sociedad y el mando de la propiedad privada en la economía ante un mundo incierto que ha extraviado su destino. Es un tiempo de politización reaccionaria, fascistoide, de sectores tradicionales de la clase media

Y finalmente, en quinto lugar, el nuevo progresismo afronta no sólo las consecuencias sociales del gran encierro planetario que 2020 desplomó la economía mundial sino, en medio de ello, el agotamiento de las reformas progresistas de primera generación.

Esto conlleva una situación paradojal de unos liderazgos progresistas para una gestión de rutina en tiempos de crisis económicas, médicas y sociales extraordinarias.

Pero, además, globalmente se está en momentos de horizontes minimalistas o estancados: ni el neoliberalismo en su versión autoritaria logra superar sus contradicciones para irradiarse nuevamente ni los diversos progresismos logran consolidarse hegemónicamente. Esto hace prever un tiempo caótico de victorias y derrotas temporales de cada una de estas u otras opciones.

Sin embargo, la sociedad no puede vivir indefinidamente en la indefinición de horizontes predictivos duraderos. Más pronto que tarde, de una u otra manera, las sociedades apostarán por una salida, la que sea. Y para que el porvenir no sea el desastre o un oscurantismo planetario con clases medias rezando por orden a la puerta de los cuarteles como en Bolivia, el progresismo debe apostar a producir un nuevo programa de reformas de segunda generación que, articuladas en torno a la ampliación de la igualdad y la democratización de la riqueza, propugne una nueva matriz productiva para el crecimiento y bienestar económicos.

Pero, además, con ello, ayudar a impulsar un nuevo momento histórico de reforma moral e intelectual de lo nacional-popular, de hegemonía cultural y movilización colectiva, hoy ausentes, sin los cuales es imposible imaginar triunfos políticos duraderos."               ( Álvaro García Linera , El Viejo topo, 03/12/21; fuente: La Jornada.)

9.12.21

JACOBIN: Testimonios del triunfo popular en Honduras

"Doce años atrás, el 28 de junio de 2009, un grupo de militares entraron en la madrugada a la casa del presidente Zelaya y lo llevaron preso a Costa Rica, pasando por la base norteamericana de Palmerola, lo que da cuenta de la participación gringa en ese golpe. Se abrió una etapa sangrienta que significó la pérdida de derechos, muy especialmente de los de las comunidades indígenas y garífunas, de las mujeres, de la población empobrecida, de la comunidad LGTTBI+ y los derechos de la naturaleza.

Para arrasar con la vida y con quienes la defienden, se profundizó la militarización y la represión y el ataque directo a los defensoras y defensoras —entre ellos, el crimen en la madrugada del 3 de marzo de 2016 de Berta Cáceres, coordinadora general de COPINH (Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras)—.

Luego del golpe del 2009, hubo otros dos golpes. El 12 de diciembre de 2012 el Congreso, presidido por Juan Orlando Hernández (JOH), acordó la destitución de cuatro de los cinco magistrados de la Corte Suprema de Justicia. Y en 2017, a través de un gigantesco fraude electoral, se le robó el triunfo al candidato de LIBRE, Salvador Nasrallah, en un proceso enmarcado en una fuerte represión al movimiento popular que fue convalidado por la institucionalidad decadente.

Partícipe y heredero de esos golpes es Juan Orlando Hernández, quien encabezó en los últimos ocho años una narcodictadura que destruyó al país, entregó sus riquezas a las transnacionales y golpeó al pueblo duramente, al punto que éste comenzó a migrar en caravanas multitudinarias hacia los Estados Unidos. Más de una docena de caravanas de migrantes partieron de Honduras hacia Estados Unidos desde octubre de 2018, a pesar de que miles de migrantes fueron devueltos violentamente desde allí o desde México, cuando lo atravesaban en su marcha.

El pueblo hondureño intentó todas las formas de resistencia y con esa memoria y experiencia logró este 28 de noviembre derrotar electoralmente al sucesor de JOH, ganando la presidencia Xiomara Castro, esposa de Mel Zelaya. Xiomara Castro se convirtió así en la primera presidenta mujer de Honduras. (...)

Honduras es también el país con mayor violencia hacia las defensoras y defensores de derechos humanos en América Latina, y en proporción geográfica es el país más violento y más inseguro para las defensoras y defensores a nivel mundial.

Un tema particularmente grave es la decisión del poder de implantar las ZEDES (Zonas Especiales de Desarrollo), que fragmentan al país. Señala Miriam Miranda, dirigente de OFRANEH (Organización Fraternal Negra de Honduras): 
 
Las ZEDEs son las mayores violaciones de los derechos humanos, porque el poder económico se está asegurando, primero, que nadie va a poder organizarse bajo las leyes nacionales; segundo, que los impuestos no se pagan, o sea, son territorios autónomos dentro de Honduras, en los cuales el Estado no va a tener ningún control. Es un riesgo para los derechos humanos, para los derechos de las comunidades que podrían, eventualmente, ser desplazadas para la instalación de estas zonas especiales de desarrollo. Es un proyecto político de Juan Orlando Hernández, que responde a la lógica de los libertarios.

Otro tema crítico es el narcotráfico, que atraviesa la institucionalidad política. Yan Rosenthal, candidato del Partido Liberal en estas elecciones, estuvo detenido tres años en Estados Unidos acusado de lavado de activos. Tony Hernández, hermano de JOH, está condenado a cadena perpetua en ese mismo país por narcotráfico. Fabio Sosa, el hijo del expresidente Porfirio Lobo Sosa (que gobernó Honduras entre 2009 y 2013, institucionalizando la dictadura), recibió una condena de 24 años de prisión por la misma causa. Seguramente, en estos momentos, Juan Orlando Hernández esté conspirando para evitar seguir ese camino. Algunos narcos que se entregaron a los Estados Unidos lo señalaron como partícipe del tráfico de drogas. (...)
 
Xiomara Castro se hizo conocida en la resistencia al golpe de Estado. Cuando Mel Zelaya fue llevado hacia Costa Rica ella se escondió y luego salió a marchar por el fin de la dictadura. Señala Bertha Zúniga Cáceres, hija de Berta Cáceres y actual coordinadora general del COPINH (Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras),
 
Es algo importante que haya por primera vez en la historia de Honduras una mujer presidenta, en uno de los países más machistas -sin dudas- de la región, y qué bueno que ya ha asumido un compromiso con los derechos de las mujeres. Vamos a ver qué tanto se logra avanzar, pero también en ese sentido: cuánto nosotras logramos defender nuestros planteamientos y nuestras demandas. 
 
Este triunfo de doña Xiomara representa el voto de castigo y la desesperación del pueblo de Honduras de acumular tantas situaciones graves y en las cuales se han buscado diversos canales: en las calles, en la lucha cotidiana y también a través de las urnas, ya en procesos anteriores, frente a todos los males acumulados que tienen que ver con la instalación de la violencia generalizada, el miedo, la persecución selectiva de las personas que luchan en defensa de los derechos humanos, frente a la corrupción, el saqueo, el robo al pueblo, ya constante pero muy específicamente sobre los temas de salud, el saqueo al Instituto Hondureño de Seguridad Social, el robo tan descomunal que hubo durante la pandemia, y la falta de empleo —sobre todo entre la juventud— y una serie de males que pues en los que ya había una fuerte sanción social. (...)

Sobre la reacción de los sectores fundamentalistas también llama la atención Gilda Rivera:
Xiomara tiene sensibilidad y compromiso con las mujeres, pero eso puede verse muy limitado por los sectores de derecha (incluso de los que son parte de sus alianzas), especialmente en lo que tiene que ver con derechos sexuales y reproductivos. 
 
En el programa de gobierno participaron algunas feministas jóvenes de nuestras organizaciones —aunque participaron a título individual— que lograron incluir en el programa el matrimonio igualitario, el derecho al aborto por las tres causales y algunas demandas del movimiento feminista y de la comunidad LGTTBI+. Sin embargo, esas fueron las armas que utilizó la derecha para atacarla (...)
Por la refundación de Honduras 
 
Los desafíos de los sectores populares y de los feminismos en Honduras son muy grandes en este momento político. Las organizaciones populares más radicales retoman entonces la propuesta que lideró Berta Cáceres: la Refundación de Honduras. Reflexiona al respecto Miriam Miranda: 
 
Hay que profundizar la construcción de poderes locales territoriales integrados, que puedan sostener la lucha en esos territorios. Hay algo muy certero: este gobierno está con miedo, porque hay todo un movimiento de personas que sí quieren rendición de cuentas. También es cierto que hay una diferencia con el 2017: la gente no tiene miedo. El miedo cambió de bando, ahora lo tiene el gobierno. (...)

Así como es un riesgo la cantidad de enemigos violentos y poderosos con los que se va a enfrentar Xiomara Castro, también hay debilidades que surgen de las mismas alianzas tejidas para su elección. Señala al respecto Gilda Rivera:
 
Creo que son alianzas frágiles, que podrían correr el riesgo de fracturarse, especialmente si doña Xiomara asume posiciones fuertes, por ejemplo, en relación a las demandas del movimiento de mujeres. (...)

Miriam Miranda también analiza:
 
No va a ser fácil gobernar un país destruido, saqueado. Entendemos que no va a lograr hacer grandes transformaciones, sobre todo en los temas estructurales, y que solo va a dar un respiro a las organizaciones que hemos estado tan acechadas. A partir de la experiencia que se ha vivido en toda Latinoamérica, sabemos que las organizaciones debemos mantener la beligerancia en nuestras luchas, y no dormir y esperar que los cambios vengan desde esos lugares. (...)

Señala Bertha Zúniga Cáceres: 
 
Creo que se puede retomar la discusión refundacional de Honduras, una propuesta que nació de los pueblos. Es algo que nos compete a las organizaciones sociales. Puede ser una coyuntura que ojalá permita reconfigurar esta propuesta, pues la correlación de fuerzas en Honduras está más cercana a los proyectos y las demandas históricas de los pueblos. Nos toca mucha actividad en Honduras, y vamos a necesitar el hermanamiento de todos los pueblos y las organizaciones que han estado de nuestro lado."          ( , JACOBIN Latinoámerica, 08/12/21)

2.12.21

La paliza de Xiomara Castro al poder constituido del narcotráfico alimenta la esperanza de los hondureños

 "Los hondureños eligieron a la líder del Partido Libertad y Refundación (Libre), Xiomara Castro, como nueva presidenta de la nación y sucesora de Juan Orlando Hernández (JOH), cuestionado por corrupción y narcotráfico, cuyo Partido Nacional fue desbancado tras 12 años del poder, al que llegó tras el «golpe blando» contra Manuel Zelaya, coincidentemente esposo de la mandataria electa.

En unos comicios sin mayores incidentes y con una importante participación en torno al 69 por ciento, obtenía –cuando aún no se daban los resultados finales- por casi 20 puntos de diferencia sobre el candidato oficialista y alcalde la capital, Tegucigalpa, Nasry Asfura.(...)

 Su gobierno sin duda será complejo, por todo lo que hay para intentar resolver, y por los posicionamientos que la misma Xiomara Castro ya tomó, y que le valdrán, de entrada nomás, un hostigamiento de poderes constituidos y de los Estados Unidos, que sabemos, con la administración Joe Biden ha vuelto a mirar a América Latina, a la que no dejan de ver como su patio trasero, señala el analista de Suysurtv Marcos Salgado.  (...)

Castro, quien asegura promover un «socialismo democrático» con una agenda progresista, ha sido tildada de comunista por sus rivales más reaccionarios y la prensa hegemónica, y ese discurso caló en una parte de la sociedad. (...)

Narcopoder

Los expedientes judiciales documentan que los primeros tratos de Hernández con el narcotráfico empezaron cuando él era presidente del Congreso, entre 2010 y 2011. Juan Orlando y su hermano Juan Antonio “Tony” Hernández se asociaron con Alexander Ardón, alcalde de El Paraíso, en el occidental departamento de Copán, fronterizo con Guatemala. Ardón y el clan de la familia Valle Valle dominaban esa porción de la ruta de la cocaína cuando los Hernández empezaron a hacer tratos con ellos.

Ardón mismo declaró a autoridades estadounidenses que Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera, líder del Cartel de Sinaloa, entregó a Tony Hernández un millón de dólares para la campaña presidencial de JOH en 2013. Un año antes, Juan Orlando había pedido al alcalde de El Paraíso que bajara su perfil político y financiara su campaña. A cambio, Ardón recibió el espaldarazo oficial para ampliar su imperio en occidente y acceso a fondos públicos a través del nombramiento de su hermano Hugo en un ministerio.

Asimismo, en el juicio contra el capo Giovanny Fuentes en EEUU, la fiscalía presentó pruebas de los encuentros entre ambos. Fuentes viajó de Choloma -su centro de operaciones criminales- a Tegucigalpa el 29 de mayo de 2019 para reunirse con el presidente JOH, un día después que fiscales del Departamento de Justicia estadounidenses habían denunciado judicialmente al presidente como “objeto de una investigación” por narcotráfico.

En esa reunión, según la investigación de los fiscales que litigaron en Nueva York el caso por narcotráfico, portación y tenencia de armas de guerra y homicidio agravado contra Fuentes, este entregó un soborno por de 25 mil dólares Hernández.

Contexto

Desde 2009 la política de Honduras gira alrededor de la crisis provocada por el derrocamiento del presidente Manuel Zelaya, quien decidió impulsar reformas progresistas para favorecer a los sectores más postergados. La elección de este 28 de noviembre parce cerrar el ciclo con el triunfo de Xiomara Castro, la esposa de Zelaya, quien en 2009 lideró en las calles la resistencia a los golpistas.

 Con Zelaya se inauguró el ciclo del llamado “lawfare” en la región, diferente de los golpes de Estado “tradicionales” del siglo XX donde las fuerzas armadas tomaban el poder y cerraban el parlamento provocando una ruptura institucional. (...)

Los temores de fraude y los reportes de al menos 31 muertos como parte de la violencia política en esta campaña avivaron las tensiones, mientras el país experimentó un salto del desempleo de 5,7 por ciento en 2019 a 10,9 por ciento en 2020, según la Universidad Nacional Autónoma, y tiene al 59 por ciento de sus diez millones de habitantes sumidos en la pobreza.

Más de 300 mil hondureños, entre ellos niños sin sus padres, emigran al norte, producto del crecimiento de la pobreza y la violencia en 2019.  Entre 2004 y 2018 se registraron casi 72 mil homicidios, con un promedio de una decena  de homicidios diarios (...)

Honduras y Haití son los países más pobres de la región: el 40 por ciento de la población está en situación de pobreza extrema y más del 70 por ciento de la población rural vive en condiciones de miseria, situación que se agravó con la pandemia de la coronavirus.

La seguridad social es desastrosa, ya que solo una persona de cada diez tiene acceso a ella. En el marco de la pandemia, puede pensarse que con cinco hospitales  y la falta de médicos y enfermeras la crisis de salud es más que alarmante.

Hasta el 24 de noviembre último, Honduras sumaba un total de 10,397 fallecidos y más de 377 mil infectados y es uno de los países más golpeados proporcionalmente en la región.

En Honduras por primera vez una mujer va a ser presidente y el actual mandatario podría terminar preso"       (Álvaro Verzi Rangel , Rebelión, 01/12/2021)

 

"(...)  El golpe de Estado a Manuel Zelaya en el 2009, fue un golpe al corazón del pueblo hondureño, los resultados los hemos visto: familias migrando en grandes caravanas. 

El narco-Estado de Felipe Calderón y Peña Nieto hicieron mella en territorio centroamericano, los canallas sin escrúpulo alguno decidieron hacer de Guatemala, El Salvador y Honduras la versión centroamericana de Colombia. (...)

En el año de la post pandemia, sucedió lo inverosímil, Honduras decide ponerse en pie, honrando a todos los que fueron silenciados a la mala, a todos los que fueron lanzados al exilio y al olvido, a todos los que quedaron en el camino de la ruta migratoria, a todos los que jamás volverán, a todos los que sueñan con el regreso, a los que añoran. (...)

No es tarea fácil la que tiene Xiomara Castro, pero sabemos que con dignidad, amor, humildad, memoria y ahínco podrá desempeñar a cabalidad la  responsabilidad que ha depositado el pueblo hondureño en ella. (...)"                 ( Ilka Oliva Corado  , Rebelión, 01/12/2021)